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Para todos los públicos En Portada - La casba rebelde - ver ahora
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Cuando algo sucede en Argelia, la casba de Argel se tambalea.

Un lugar en el que la fraternidad y la solidaridad,

constituyen el alma del barrio.

Hoy su espíritu se congrega para despedir a uno de los suyos.

Era un chico de la casba como cariñosamente llaman

a aquellos que se han entregado, de alguna manera, a esta barriada,

tan olvidada como amada, de la capital argelina.

Amar Ezzahi fue uno de los grandes de la música chaabi,

la música popular que recorre las callejuelas

de esta mítica casba.

Querido no solo por su arte,

sino también por su modo de vida, humilde, solidario.

Repartía sus bienes con los más necesitados

y a pesar de su fama no permitió que las autoridades

le costearan un viaje al extranjero para ser atendido de su enfermedad.

Era un chico de la casba

y quiso morir como tal, con los suyos,

que hoy han pintado de luto,

todos los rincones de esta vieja alcazaba,

de su querida casba de Argel.

Argelia sigue envuelta en un cierto mutismo

ajena a los grandes titulares de prensa,

reposando en una aparente tranquilidad,

pero con enormes desafíos a la vuelta de la cada esquina.

La casba es la representación emblemática

del Estado de decadencia del país, de la Inquisición, del subdesarrollo,

de la incapacidad de Argelia para renacer.

Es una imagen de lo que es Argelia.

Por la casba de Argel es fácil perderse,

un laberinto de calles, que parecen no conducir a ninguna parte.

La calma se ha asentado por fin en este barrio,

el más antiguo de Argel, en el que se han vivido

algunos de los momentos de máxima tensión del país.

Un lugar, por donde la sombra de la tragedia,

parece discurrir por sus estrechos pasadizos.

De la casba han desaparecido ya

aquellos sueños que despertó la Independencia.

Muy pocos creen en aquel socialismo a la argelina,

que instauró durante mucho tiempo el que fue hasta 1991 partido único,

el Frente de Liberación Nacional, el FLN.

En 1956, el Frente de Liberación Nacional,

que aglutinaba a todas las facciones que luchaban por la Independencia,

trasladó su cuartel general a la casba

y el barrio entero sufrió la feroz represión del Ejército francés.

Jamila Boupacha tenía 18 años

cuando una división de paracaidistas franceses,

con el general Massu al mando,

irrumpía en la casba con el objetivo de desmantelar

la complicada infraestructura piramidal de la cúpula del FLN.

No escatimaron en torturas y ejecuciones,

pero la casba resistió.

Son momentos inolvidables, inolvidables.

Las casas de la casba estaban siempre abiertas,

las puertas no se cerraban.

Recuerdo cuando llegaba una patrulla de militares

que pasaba por la casba, yo empujaba cualquier puerta y entraba.

La casba marcaba territorio

y era lugar exclusivo de la población árabe,

infranqueable para los franceses.

Con su herencia otomana y su pasado andalusí,

el barrio era una recopilación de culturas,

con sus sinagogas, iglesias y mezquitas.

En la parte alta de la casba se encuentra el mausoleo

del patrón de Argel, Sidi Abdelrahman,

a quien atribuyen milagros

y al que siguen visitando sus vecinos.

En la casba, la religión actuaba también

como elemento unificador contra el colonialismo.

Sus cafés eran lugares de reunión y convivencia,

ahora, en los pocos que quedan,

cuelgan los retratos de aquella época,

inmortalizada en la famosa película "La batalla de Argel".

Los franceses cuando entraron en Argelia

quisieron romper este rito cultural y, ¿cómo lo hicieron?,

sacando a la gente de sus casas y trayendo a mujeres

para convertirlas en casas de tolerancia,

lo que se conoce como burdeles.

Y de repente, este barrio, tuvo varias casas así.

Lo que pretendían era romper con la cultura

y la parte religiosa del barrio.

Por sus estrechas y laberínticas calles, repletas de pasadizos,

los combatientes se movían como pez en el agua.

Conocían al dedillo cada recoveco del viejo barrio.

Para los franceses era muy difícil porque no conocían la casba.

Los combatientes argelinos la conocían muy bien

así que les resultaba muy fácil ir de azotea en azotea

y avanzar tres kilómetros rápidamente para huir.

Para ellos era muy fácil, como podéis ver,

las terrazas están pegadas unas a otras.

Aquella casba en blanco y negro se había convertido

en la mayor fortaleza contra el colonialismo francés.

Francia, que ocupaba el país desde 1830,

seguía considerando a Argelia una parte de su territorio,

expoliando sus riquezas y reprimiendo a su población,

que cada vez veía más difícil conseguir la independencia

por la vía pacífica.

A partir del día en el que pusieron una bomba,

en la casba, en la calle Teb,

donde hubo decenas de muertos y heridos, ahí ya se acabó.

Cruzaron la línea roja.

Eso supuso un antes y un después.

Teníamos que hacer como ellos: ojo por ojo, diente por diente.

Jamila fue elegida para una misión:

Colocó una bomba, que no llegó a explotar,

en uno de los cafés de Argel más frecuentados

por los llamados peyorativamente pies negros,

ciudadanos de origen europeo,

que constituían una décima parte de la población

de aquella Argelia francesa.

Houria, aunque era solo una niña, recuerda muy bien aquellos años

en los que la unión de los chicos de la casba,

la unión del barrio, era un arma más a su favor.

Los militares franceses

entraron un día en su casa de una patada en la puerta,

patearon a su madre y se llevaron a varios detenidos.

Al lado de casa estaban históricos combatientes,

Hasiba ben Boualili una mujer muy bella,

el pequeño Omar que tenía tres años, Yacef, Ali La Pointe.

Era la casba en todo su esplendor y mi madre decía con voz muy fuerte:

¡Sed hombres, no habléis, no entreguéis a vuestros hermanos!

Era la señal para que la gente que estaba a su alrededor huyera,

porque los militares iban a ir también a sus casas después.

Para ellos la casba representaba un peligro constante,

un lugar de revolución

y la prueba es la batalla de Argel, la gran batalla de Argel,

que iniciaron los chicos de la casba y en la que perdimos 2000 mártires,

así que la casba pagó un precio muy alto

y por eso la adoro, por eso no puedo olvidarla.

Yo he jugado al futbol aquí.

Si me cortaras las venas, en la sangre leerías: casba.

Encontrarme en un lugar tan histórico como éste,

la casa de la combatiente familia Bouhired,

por donde pasaron tantos hermanos y hermanas,

muchos de ellos, no están aquí ya...

No puedo, no puedo seguir...

Jamila se convirtió en un icono contra la tortura.

Las vejaciones sexuales que sufrió,

como haber sido violada con una botella de cerveza

por militares franceses,

se hicieron públicas gracias a su abogada, Giselle Halimi

y la célebre escritora y feminista francesa, Simone de Beauvoir.

El escándalo que desató su caso,

entre la opinión pública francesa e internacional,

destapó las barbaridades y ocultaciones

de altos mandos del Ejército francés y libró a Jamila de la guillotina.

Cuando nos comprometemos con una revolución, con el combate,

no vemos la muerte.

Al principio si es verdad que tenemos miedo,

antes de ser arrestadas tenemos miedo, mientras nos arrestan,

pero una vez arrestadas hemos aceptado nuestro destino,

nuestra suerte, nos hemos comprometido,

o vivimos o morimos.

Jamila, a quien Picasso inmortalizó en un retrato,

fue indultada tras la firma de los acuerdos de Evian en 1962,

que dieron paso a la Independencia de Argelia.

Pintó este retrato a través de mi foto,

pero yo creo que ese no es solo mi retrato,

es el de todas las mujeres combatiente.

Es un homenaje, en cierto modo, a las combatientes argelinas.

Como la propia casba,

aquellas heroínas fueron cayendo en el olvido.

Una de ellas escribió en 2009 una carta al presidente Buteflika:

No nos humillen y mejoren nuestra insignificante pensión

de manera que podamos vivir con dignidad

el tiempo que nos queda.

Con el final de la guerra

y la proclamación de la Independencia,

se olvidó también

el importante papel desempeñado por las mujeres

y se les relegó de nuevo a la casa y a la tradición.

El mayor momento de decadencia de la casba

fue cuando destruyeron tantas casas

y después de la Independencia la abandonamos,

dimos la espalda a la casba.

La gente de la casba también olvidó su barrio,

tentados por aquellos grandes apartamentos coloniales

que iban quedando vacíos.

Mientras, campesinos y gente llegada de otros pueblos de Argelia

empezaba a ocupar las casas vacías de la casba.

La denominada en francés Nouvelle Ville,

con aires de gran metrópoli, creada para los colonos,

abrió amplias avenidas, bulevares

y un frente marítimo que le separó para siempre del mar.

La casba da al mar, la casba es la hija del mar,

vivía de los productos del mar y ahora se le ha dado la espalda.

¿Por qué?,

porque empezaron a construir durante la época colonial.

Y esta relación con el mar era importante

y la hemos ido dejando,

inclusive para los gatos era muy importante,

cuando llegaban barcos todos los gatos bajaban al puerto,

era increíble, increíble.

Así que fue una ruptura con la ciudad colonial

y eso ha hecho que la gente de la casba, siga siendo rebelde.

Están por cualquier esquina de la casba,

los llaman los heitiste,

termino derivado de la palabra árabe, het, pared

y utilizado para referirse a los jóvenes

que pasan casi todo el tiempo con el pie apoyado en cualquier muro

contemplando ociosamente el transcurrir del día.

La falta de empleo es uno de los males del país

que afecta sobre todo a los jóvenes,

que constituyen más de la mitad de la población.

Muchos deciden irse, a Europa en general,

que es lo más cercano.

Piensan que Europa es el futuro, pero acaban ahogándose en el mar.

Rabah, como muchos jóvenes,

se siente desencantado por la falta de expectativas

y preocupado por las constantes subidas de los precios,

los mismos problemas que, en distintos momentos,

han originado protestas y disturbios en el país.

El petróleo tiende a dejar de ser el maná protector de su economía,

los bajos precios del crudo alertan de más ajustes y reformas.

Los últimos presupuestos del Estado, aprobados el pasado noviembre,

ya han originado enfrentamientos entre jóvenes y policía

en algunos puntos del país,

especialmente en la Cabilia, de mayoría bereber.

Lo que hay que revisar

son los sistemas de subvenciones en Argelia.

Aquí, el Estado subvenciona los cereales, la leche,

y también la energía como el gas, la electricidad y la gasolina,

así que deberíamos replantear cómo se asignan esas subvenciones

porque cuestan mucho dinero al Estado y no benefician a los más pobres.

Durante mucho tiempo no se ha desarrollado el turismo,

primero, porque había una economía socialista,

después, vinieron los ingresos por petróleo,

con lo cual el Gobierno no iba a buscar ingresos por el turismo,

luego ha habido años de inseguridad como la década de los 90

que no permitieron desarrollarlo,

así pues, ha sido un sector que se ha ignorado.

Las autoridades animan a los turistas

presentándose como un lugar seguro en la zona,

para lo cual no escatiman en operativos antiterroristas,

especialmente en sus fronteras con Mali y Libia.

El futuro de Argelia es un poco abstracto.

¿Va a cambiar el Gobierno de Argelia?

Puede ser que sí, para un mejor futuro.

Pero actualmente, para los jóvenes,

y yo igual que todo el mundo, creo que no hay futuro en Argelia.

Las parabólicas presiden ahora las terrazas de la casba,

se busca fuera la información que el país restringe.

Argelia ha sufrido diversos episodios terroristas,

uno de los últimos,

el ataque contra la planta de gas de Tiguentourine,

cerca de la frontera con Libia,

pero también el terrorismo ha servido de excusa

para limitar libertades, como la de expresión.

Cierres de periódicos incómodos,

encarcelamiento de periodistas y blogeros críticos,

impedimentos administrativos y burocráticos,

para seguir salvaguardando la opacidad,

de lo que los argelinos llaman de modo abstracto “el poder”,

un triunvirato compuesto por el Estado Mayor del Ejército,

que mantiene su poder político y económico,

los poderosos Servicios de Seguridad,

conocidos por sus siglas en francés DRS y la presidencia.

De vez en cuando hay rivalidad.

Por ejemplo, en cuanto a la sucesión que tendría que llegar en 2019.

Supone un problema serio la sucesión

porque no sabemos cómo se va a organizar,

¿se va a hacer como se ha hecho siempre o de manera violenta?,

porque cada partido tiene ambiciones de llegar al poder.

El presidente Buteflika, que lleva 18 años en el poder,

casi ha desaparecido de la escena pública

desde que sufrió un derrame cerebral en 2013.

Hospitalizado varias veces en París, se rumorea que es su hermano Said,

que se perfila como posible sucesor, el que ahora manda en la sombra.

Una de las últimas decisiones presidenciales

ha sido sustituir los todo-poderosos Servicios Secretos

por un organismo que depende directamente de la presidencia

y el cese de su responsable durante más de 25 años,

el conocido como general Tawfiq.

Una silenciosa batalla interna,

a la que la oposición asiste como invitado de piedra.

Siempre que se quiere construir un programa en esa oposición,

no es posible, se les persigue,

incluso aunque se permita formalmente la creación de ese partido,

en la práctica hay una fuerte represión.

Diría que es un milagro que hoy en día,

existan partidos de oposición.

Los jóvenes argelinos odian la política

y sobre todo la política argelina y la árabe en general, ¿por qué?

Porque no les beneficia en nada, el Estado no da nada a los jóvenes.

Argelia vivió antes que otros países su particular primavera.

En las llamadas revueltas del pan,

los jóvenes y los islamistas fueron los primeros en echarse a la calle.

La represión causó centenares de muertos

y obligó al Estado a introducir reformas,

entre ellas la legalización de decenas de partidos.

Uno de ellos fue el Frente Islámico de Salvación.

Pero el golpe militar del 92 impidió que este partido llegara al poder,

tras anular la segunda vuelta de las elecciones municipales,

cuya victoria se daba por segura.

Así comenzó una espiral de violencia sin precedentes en el país.

La conocida como década negra

que causó la muerte de más de 150.000 personas

y un elevado número de desaparecidos, oficialmente 6000,

una cifra que triplican la mayoría de organizaciones

de derechos humanos.

La casba volvió a ensombrecerse,

una guerra sucia en la que participaron

tanto integristas, como servicios secretos militares,

infiltrados en grupos armados.

Casi nadie sabía quién era su enemigo,

la mayoría de las víctimas, civiles.

Desapariciones, torturas y ejecuciones sumarias.

La casba se convirtió en territorio hostil, casi vetado.

Nadie se atrevía a deambular por sus calles,

la fraternidad se transformó en desconfianza,

era el escondite perfecto para llevar a cabo

asesinatos, degollamientos, arrestos.

Las puertas de las casas de la casba se cerraron.

Todo fue duro en esos años,

pero lo terrible son las secuelas que han quedado,

la desaparición de nuestros hijos porque no sabemos,

estamos esperando, pero no sabemos qué.

Decimos que estamos esperando la verdad, pero no sabemos,

estamos esperando la justicia,

esperamos encontrar a nuestros hijos vivos, es algo humano, somos madres.

Para una madre es muy difícil aceptar que su hijo está muerto,

se lo llevaron vivo, ¿por qué va a estar muerto?

¿por qué se van a llevar a una persona y matarla?,

¿piensan que tienen el derecho a matarla sin más?, no.

Al hijo de Nássera se le llevaron en pleno mes de Ramadán,

ante la mirada de sus amigos con los que había quedado

para ir a un video club a cambiar unas películas.

Nássera, portavoz y fundadora de esta asociación

escucha a diario historias muy similares a la suya.

Testimonios de los familiares que contradicen el argumento

de que todos los desaparecidos estaban vinculados al terrorismo.

Todos los miércoles, a la misma hora,

aunque cada vez más arrinconados,

porque la policía les ha ido empujando,

desde la transitada Plaza de los Mártires

a esta solitaria calle adyacente.

Los familiares se manifiestan para exigir la verdad,

aunque sus fuerzas van mermando con el paso del tiempo.

Al principio era dura, como ahora,

pero entonces tenía mucha más esperanza.

Podía reunir a las madres, contarles qué hacía en el extranjero,

con quién hablaba, con quién me encontraba,

qué resultados tenía.

Ahora, 20 años después, ya no sé qué decirles,

aparte de que hay que seguir luchando,

que hay que saber la verdad, no solo por nosotros,

sino por nuestros hijos, por nuestros nietos,

por los argelinos.

La pesadilla oficialmente terminó cuando el presidente Buteflika

logró que se aprobara en referéndum en 2005

la Carta para la Paz y la Reconciliación nacional

que pretendía poner punto final,

una amnistía que establece la impunidad total

para los culpables de todos los bandos

y que, según las familias de los desaparecidos,

ignora la obligación del Estado a investigar

y les priva de su derecho a saber la verdad.

Hay tres mil tumbas anónimas en el cementerio de El Alia.

Estamos pidiendo autorizaciones para que nos dejen abrirlas.

Tenemos los medios, gente que puede trabajar con nosotros,

pero no nos dan la autorización.

Queremos que nos autoricen,

queremos saber quiénes están enterrados en esas tumbas.

Esas ya serían respuestas.

¡Son argelinos, por Dios!

El Estado ha ofrecido indemnizaciones

a cambio de dar carpetazo al asunto.

Para cobrarlas, los familiares de las víctimas

tienen que presentar ante el tribunal

un acta de defunción,

en el que en la mayoría de los casos se dice

que han muerto en enfrentamientos armados

y llevando ellos mismos a los supuestos testigos.

¿Por qué soy yo quien tiene que ir a buscar el acta de defunción

si son ellos los que le han matado?

¿Soy yo, la madre,

la que tiene que ir delante de los militares

que han matado a mi hijo?

No solo son ellos los que le matan,

además yo soy la que tengo que firmar. No.

En la casba como en toda Argelia el recuerdo de la década negra

sigue ronroneando en las conciencias de todos los argelinos.

Las autoridades recurren a este recuerdo

y a la actual estabilidad para evitar protestas.

En plena efervescencia de las primaveras árabes,

se prometió una reforma de la Constitución

que no se llevó a cabo hasta el año pasado

y que para la mayoría supone solo un retoque.

La casba, donde ahora se refugian los más humildes,

sigue conservando la tradición y cierto conservadurismo,

pero muy alejado de aquel Islam político de los 90.

Hoy en día hemos pasado a un islamismo

yo diría que más peligroso, es el islamismo social.

No están los partidos,

no está estructurado en organizaciones civiles

sino en las mezquitas,

son mezquitas que promueven un islam muy radical de tipo wahabí,

sigue el islamismo de Arabia saudí.

Los partidos islamistas

no son una fuerza política importante.

Hemos quedado con Abdehaq Ayada uno de los fundadores del GIA,

el grupo islámico armado, la rama más radical del FIS.

Gracias a la amnistía,

él, como otros líderes del FIS, quedaron en libertad,

aunque excluidos de la vida política

y no lejos de la atenta mirada de las Fuerzas de Seguridad.

Al llegar a su casa, situada a las afueras de Argel

y donde a escasos metros han instalado una comisaria,

su hijo nos comunica que la entrevista está cancelada.

Que no tiene autorización y que no puede hablar,

así que nos vamos.

¿Tiene un permiso especial del Ministerio del Interior

para entrevista que de, o no puede hablar?

La incertidumbre política no parece afectar a la vida diaria,

como si todo lo que sucede en las altas esferas

estuviera en otra dimensión.

La casba está enferma.

A pesar de que en 1992

fue declarada Patrimonio Nacional de la Humanidad por la Unesco,

sus viejas e históricas casas se derrumban,

mientras el barrio sigue superpoblándose.

Actualmente hay más de 60.000 habitantes

en una superficie de unas 100 hectáreas.

La casba seguirá deteriorándose y más teniendo en cuenta

que hay un 20 o 25 por ciento de propietarios en la casba,

mientras que hay un 60 o 70 por ciento de población pobre

que utilizan la casba como vivienda social.

Nássera vive con sus hijos entre estas ruinas.

Como ella, otras familias vinieron a la casba,

porque encontraban alquileres muy baratos

o incluso se ocupaban las casas vacías.

Pero el lamentable estado de algunas de estas viviendas

provoca continuos derrumbes.

Llevamos así cinco años, no un día ni dos

y todo lo que nos dicen es que tengamos paciencia.

No hacen nada y solo nos dicen que tengamos paciencia.

Miedo, sí que tengo miedo, no es normal esto.

Estoy en esta situación con mis hijos que ni se puede entrar.

Así es que, qué voy a hacer, solo, gracias a Dios,

es lo único que puedo decir.

Miro a la gente y está en la misma situación y qué vamos a hacer.

Mi hija, a veces me dice: "Mamá no tenemos nada",

ella quiere tener una casa, un sitio para poder estudiar,

pero no tenemos nada.

Hoy en día, si vienes a la casba, no hay interlocutores,

no se encuentra la figura del propietario.

Por norma general, el propietario ha abandonado la casba

para irse a vivir al barrio europeo

y luego se ha ido del barrio europeo para vivir en Francia o Italia,

por eso, al llegar a la casba,

no hay nadie a quien el Estado o instituciones privadas

puedan dirigirse.

El mayor combate que llevamos a cabo ahora, es por la limpieza,

me niego a tener una casba sucia.

Que Argel la blanca se vuelva negra.

Cada mañana estos burros, como lo hacían antaño,

recorren las empinadas callejuelas.

Se afanan por recoger la basura

esparcida por todos los rincones de la vieja casba,

una iniciativa de la Asociación de Amigos de la Casba

que pretende devolver parte de su esplendor.

Al entrar en una casa de la casba

lo primero que veis es como un escalón

que es para que la gente se quite los zapatos al entrar.

Todo estaba muy limpio dentro y fuera.

Con agua del mar rociábamos las calles de la casba y limpiábamos,

algo que no existe ya.

No se ha trasmitido a la gente que vive aquí ahora,

esos conocimientos, ese arte de vivir.

En cada ventana había una maceta de albahaca

y también uvas de asma

y con eso se hacia el café casero, con lo que nosotros llamamos el hamas

es decir, ponemos el café verde, lo removemos

y se hace el café al estilo turco,

de manera que desprende todo su aroma en la casa

y todo el barrio quedaba perfumado.

Típicos olores de la casba que se han esfumado,

como el estilo refinado que implantaron

sus primeros habitantes.

La casba se ha quedado en un recuerdo

al que los argelinos se aferran,

sin darse cuenta de que han sido ellos mismos,

los que la han abandonado.

No les gustaría, quizás, ver la casba como Fez

o que su población sea reemplazada por jubilados europeos.

Tenemos un problema para aceptar este tipo de posibilidad,

la gente se resiste a esto, así que hay que buscar una solución.

Los que tiene que invertir en la casba

deben ser los propios argelinos que tengan los medios para ello.

La casba no es solo un escenario

para películas, libros, poesías, o reportajes,

la casba es la memoria de Argelia,

por eso para los argelinos cuando una casa de la casba se cae,

es como si una parte de ellos mismos desapareciera.

Argelia actualmente ha salido de la casba

y se ha abierto a un nuevo horizonte.

La sociedad actual, es la sociedad contraria a la casba,

en la casba existía ese estado de pertenencia, de tranquilidad.

La sociedad actual está en un proceso de transformación,

aún no ha encontrado los valores, ni el modelo a seguir.

El célebre periodista, escritor e historiador Ryszard Kapuscinski

dijo que Argelia es un lugar complejo, como una casba:

Callejones estrechísimos, calles angostas,

una maraña de escalones.

Un laberinto en el que es fácil entrar, pero muy difícil salir.

Subtitulación realizada por Carmen Sevilla Machuca.

  • La casba rebelde

En Portada - La casba rebelde

10 abr 2017

La casba de Argel es mucho más que una medina, mucho más que el barrio más antiguo de la capital y más que el lugar reconocido en 1992 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, por su interés cultural e histórico.

La casba es el corazón del país y late en función del propio sentir de Argelia. Un pulso que se ha mantenido en paralelo con los acontecimientos más sobresalientes de su historia.

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