Dirigido por: José Antonio Guardiola

Espacio que ofrece reportajes que acercan al espectador a la actualidad internacional a través de situaciones conflictivas que sufren determinados países. ''En portada'' tiene varios premios, entre los que destacan el Premio UNICEF y el Premio Rey de España de Periodismo.

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Subtitulado por TVE.

-¿Qué es Berlín para usted?

¿Cómo la describiría?

Son las señas de identidad de un Berlín en constante transformación

y vanguardia, de una ciudad de ensueño de la que surgieron

las peores pesadillas para Europa y el mundo.

Ninguna otra ciudad ha estado en estos últimos cien años tan alto

y ha caído tan bajo como ella, ninguna ha sido tan temida,

tan odiada y tan querida.

Ninguna está tan perseguida y obsesionada por una historia

que ha dejado profundas huellas de las luces y sombras

de la Alemania del último siglo.

Estamos físicamente en la Consejería de Urbanismo de Berlín

que está emplazada en el barrio céntrico, en el barrio de Mitte,

pero lo curioso es que está emplazada

donde nace Berlin en el siglo XIII.

Nació además del enfrentamiento de dos asentamientos en torno al río.

Estamos en esa zona.

Curioso que Berlín luego, su historia moderna,

también ha sido marcada por dos partes.

Berlín era antes una ciudad bastante pequeña y no tan importante

pero a finales del siglo XIX y en el XX se convirtió en una metrópoli.

Capital del imperio prusiano,

generadora de innovación, desarrollo y tecnología,

de futuro y modernidad, su esperanza de convertirse

en la gran capital mundial de una ambiciosa Alemania

se vio truncada por la Primera Gran Guerra, la de 1914.

Personificó la responsabilidad en la contienda,

que condujo a Alemania al gran desastre

y a purgar las culpas por un nacionalismo desmedido.

Cayó en un negro túnel del que emergió, después de una revolución,

para fundar una república,

la de Weimar y sus dorados años 20,

cuyo espíritu pervive hoy en Berlín a través de noches

como las organizadas por la Bohème Sauvage.

Son justo los años entre las dos guerras mundiales,

cuando se pasó de la monarquía a la democracia,

cuando hubo tremendos cambios,

con la nueva mujer que se liberó del corsé.

Hubo muchos cambios políticos, hubo revueltas callejeras en Berlín.

Y todo escaló, digamos que fue una especie de evasión,

que viene de escapismo.

Hubo distintas inflaciones y crisis,

la crisis económica mundial de 1929 con el Viernes Negro de Nueva York.

Y aquí sencillamente se lió muy gorda.

Había cines, varietés, teatro, arte, pasaban muchas cosas.

La gente cobraba dos veces el sueldo al día. Pues, ¿qué hacía la gente?

Si mañana no me vale el dinero por la alta inflación,

pues me lo gasto por la noche,

cabarets, lujuria, jazz y muchísimo transformismo.

Babelsberg era realmente a principios de los 20

o a mediados de los 20 el estudio de cine más grande del mundo,

también el más exitoso, mucho más grande que Hollywood,

mucho más grande que los estudios Paramount.

Estamos ahora en el estudio Marlene Dietrich.

Es nuestro estudio más antiguo y el de más rica tradición.

Fue construido en 1926 para la película Metrópolis de Fritz Lang,

la madre de todas las películas de ciencia ficción.

Pero la humillación por la derrota,

las reparaciones de guerra,

la hiperinflación y la gran depresión del 29

acabaron despertando los demonios del pasado.

Berlín iba a ser testigo mudo del abismo alemán hacia la IIGM

y del nacionalismo irredento de los nazis y Hitler.

Lo vi un par de veces.

Tenía en el 33, 11 años.

Fui con mis padres a la Wilhemstrasse.

Todavía lo recuerdo, había mucha gente.

Desde entonces no puedo soportar a la multitud.

Siempre se ejercía presión para que entrásemos en la Juventud Hitleriana

y muchos lo hicieron pero yo no lo hice.

Cada sábado se celebraba el Día de la Juventud y siempre me preguntaban

que por qué no estaba ya en la Juventud Hitleriana

y se me tenía que ocurrir alguna excusa para justificarme.

No podía decir:¡No os aguanto!

Hitler pronto se dio cuenta de la posibilidad

de presentar a Alemania como un gran país pacífico.

Y esos Juegos fueron en última instancia un éxito en ese sentido.

Y también sirvieron para la estabilización de todo el sistema,

porque el éxito fue, naturalmente,

que Alemania quedó por ejemplo muy arriba en el medallero.

Con el deporte se podía generar aprobación.

Cada día era peor.

Y llegaron los sucesos con los judíos.

Primero empezó con que ya no podían dirigir en solitario un negocio

y después se llegó hasta el punto de que tuvieron que abandonar el negocio

y después llegó una noche, no recuerdo cómo se llama.

Esa noche de los cristales rotos estaba en la ciudad

con algunos conocidos y dijimos: ¿Qué ocurre? Y ahora sí lo recuerdo.

Son las imágenes que he visto en televisión.

¡Judíos, fuera! No sé bien cómo fue, o lo hemos eliminado de la memoria

o estábamos tan acostumbrados que no nos lo cuestionábamos.

No sé por qué éramos así.

No sabíamos cómo pasó.

Las tiendas judías fueron saqueadas y las sinagogas quemadas.

Los bomberos estaban al lado y no movieron un dedo

para intentar apagar el fuego

sino que el lema parecía ser reducirlas a cenizas.

Al final sabemos que no sólo fueron asesinados seis millones de hombres,

mujeres y niños, una gran cantidad de personas inteligentes, sensatas,

importantes, ingeniosas.

Esto es siempre para un país, para un continente, una pérdida.

Esos grandes cineastas, directores como Billy Wilder o Fritz Lang,

trabajaron en otros países y buscaron allí el éxito.

Y Alemania los perdió.

Pero no fueron solo directores y actores, fueron también sobre todo

cámaras, decoradores, diseñadores de vestuario.

Ya no podían trabajar aquí. Y eso fue muy grave.

Hitler estaba una manzana más allá, en la nueva cancillería del Reich.

Estaba aproximadamente a 300 metros en esa dirección.

Aquí estaba todo el distrito gubernamental.

Y para los nacionalsocialistas era importante

que la policía secreta del Reich

fuese visible en el barrio gubernamental.

Se hizo política con el miedo, con la represión de las personas.

¡Megalomanía absoluta! Ser grande, construir espacios grandes,

grandes edificios que hiciesen pequeñas a las personas

era la idea que tenían en la cabeza originariamente

para el aeropuerto de Tempelhof.

Es una herencia, por así decirlo,

de los planes de la Germania de Albert Speer.

Esto es el búnker de las películas

que está muy profundo debajo del aeropuerto de Tempelhof.

Aquí tenía la Hansa Luftbild, una filial de Lufthansa,

un almacén de reconocimientos aéreos, es decir se hacían fotografías

desde los aviones en celuloide y este material fue almacenado

en estas estancias, altamente sensible e inflamable.

Después de 1945, después del final de la II Guerra Mundial,

entraron tropas soviéticas en el edificio del aeropuerto.

En la entrada de este gran búnker había una puerta de acero.

La volaron.

Probablemente, aunque no es seguro,

saltó alguna chispa por la carga explosiva e incendió todo el almacén

de películas en celuloide.

Estamos en el centro de Berlín.

Este búnker no era para los dirigentes nazis,

sino para la población, madre e hijo.

Tenía más de 100 habitaciones, había hospitales de campaña, cocinas,

baños y habitaciones pequeñas.

Al final de la guerra, cuando se luchaba también en las calles,

esto estaba atestado de soldados heridos o similares.

Si uno tenía visita y había un bombardeo, venía con ella al búnker,

pero en principio había pases.

Por ejemplo, los judíos no podían entrar en el búnker.

Berlín quedó reducido a escombros y cenizas,

de las que cual Ave Fénix acabó resurgiendo.

Penó la responsabilidad alemana en la guerra y en el holocausto.

El país quedó dividido en dos, la República Federal,

tutorizada por las potencias vencedoras occidentales,

y la República Democrática, bajo el dominio de la Unión Soviética.

El simbólico Telón de Acero desgarraría

Alemania y Berlín durante más de cuatro décadas.

Berlín Oeste se convirtió

en una isla en medio del comunismo de la RDA y fue víctima

de un terrible bloqueo de la URSS desde 1948 a 1949.

Berlín Occidental fue abastecido desde el aire

durante más de un año por los aliados occidentales.

Esto jugó un papel central en la memoria colectiva de la ciudad,

sobre todo del oeste.

El aeropuerto de Tempelhof fue el centro del puente aéreo, el símbolo.

Había de todo pero solo en pequeñas cantidades

porque todo era traído con los aviones.

Hoy es imposible imaginarse la frecuencia con la que aterrizaban

y despegaban esos aviones.

Traían en sacos harina y todos los alimentos.

Los americanos se superaron a sí mismos.

Los americanos estuvieron aquí hasta principios de los 90,

desde 1945 hasta 1993,

y marcaron la historia de la posguerra de este lugar,

de Tempelhof, y también de Berlín Oeste.

Berlín sanaba sus heridas, unos bajo el comunismo,

otros bajo el capitalismo.

Pero, en 1961, el destino iba a jugarle otra mala pasada

en forma de un muro de hormigón, el muro de la vergüenza,

construido por el régimen comunista, oficialmente como muro antifascista.

En realidad,

se trataba de parar la huida de los germanoorientales al oeste.

El muro recorría 43 km por el centro de la ciudad

y no sólo partía una ciudad y había berlineses del este

y del oeste sino que el muro atravesaba familias.

Unos de mis abuelos vivían en Berlín Oeste, los otros en Berlín Este.

Y dos tíos, dos tías, once primos, en el este.

Es decir, el berlinés siempre tuvo la sensación

de estar partido de alguna manera.

Ahí había muchos soldados armados o miembros de las tropas de asalto

y no habría podido.

Ya era por la tarde, quizás las 5.

Aquí sólo había uno, al que pude engañar y seguí, lentamente,

sin excitación, hacia el de delante.

Este naturalmente se dio cuenta de que pasaba algo,

que quería huir y entonces tuvimos una pelea y se montó un bullicio

y corrí los últimos 15 metros.

En enero de 1962,

me llegó la carta de mi madre en la que me pedía ayuda para huir,

lo que no era fácil, mis condiciones para ello eran malas.

No tenía carné de conducir ni coche, ni conocimientos de inglés.

En la RDA había aprendido ruso.

Lo que hice fue precisamente aprender como loco a conducir, idiomas.

El 4 de mayo de 1962, aprobé el carné de conducir.

Y el 8 de mayo, 4 días después, pasé a mis padres.

-¿Con pasaportes diplomáticos falsos?-

Con pasaportes falsos, con coche, un Chevrolet americano.

Reinhard ayudó a huir a otras 50 personas más desde Berlín Este,

capital de una dictatura de absoluta opacidad y control.

El otro mundo detrás del muro estaba espacialmente muy cerca.

Pero al mismo tiempo estaba tan lejos como el reverso de la luna,

infinitamente lejos, en un mundo muy extraño.

Este es el Alexanderplatz.

En tiempos de la RDA era prácticamente el centro.

¿Cómo se vivía?

Yo diría que vivíamos, amábamos, reíamos,

llevábamos una vida muy normal,

teníamos nuestro círculo de conocidos, familia,

el entorno laboral.

La vida cotidiana en el fondo no era distinta a la de ahora.

No había mucho surtido de productos en oferta pero nos adaptamos

y vivíamos muy modestamente.

Estamos en las estancias de trabajo del ministro Mielke.

Desde aquí dirigía todo su imperio de servicios secretos,

al que pertenecían el espionaje exterior, el contraespionaje militar,

pero sobre todo la seguridad del estado

para afianzar la dictadura del proletariado,

del poder del partido en Alemania del Este.

Aquí se adoptaban las decisiones, en esta mesa,

sobre quién y dónde iba a ser detenido

y qué iba a pasar con la gente.

Mielke decía: “Tenemos que saber todo de todos”.

Seguro que era así, pero personalmente no lo viví así,

ninguna persecución, ni vigilancia, ni represalias.

Seguro que fui vigilada porque era un denominado cuadro extranjero.

Trabajé muchos años fuera.

Pero, sinceramente, no lo noté.

Tampoco pensé nunca en ello.

Muchos eran felices en la RDA,

no porque viviesen en una dictadura sino porque a pesar de eso

se creaban su propia vida privada.

En el caso de los alemanes occidentales,

la mayor parte de las veces se sorprenden de que al final

muchas cosas eran parecidas.

Esta sala de estar en la que estamos parece algo convencional

y vieja pero en los años 60-70 en la República Federal era muy diferente.

La fractura de la ciudad llegaba incluso a sus entrañas

en las que nos sumergimos para ver las cicatrices ya sanadas

de la red del metro, en su día también partido.

Había dos líneas norte-sur, la U6 y la U8.

Iban de Berlin Oeste,

por debajo de Berlín Este, de nuevo a Berlín Oeste.

Estaban dirigidas por el metro de Berlin Oeste

y circulaban por debajo de Berlín Este.

En esas líneas se encontraban las estaciones fantasmas del este

por las que pasaban los trenes pero no paraban.

Esto era zona prohibida, nadie podía pasar al otro lado.

-¿esto era zona prohibida?-

Sí, zona fronteriza.

Aquí se puede ver muy bien cómo el túnel va muy por debajo del Spree.

En todo recorrido por debajo del río existen estas cámaras de protección.

Si se cae el techo, podemos cerrar este portón como una esclusa.

En el otro lado, hay otro.

Estos portones siempre estaban cerrados en los tiempos de la RDA

porque esta puerta era, por así decirlo, la frontera.

La frontera y la división provocaron el vertido de no pocas lágrimas

en este Palacio de las Lágrimas, entonces el lugar,

en la estación de Friedrichstrasse,

donde se despedían los germanooccidentales

de sus familiares y amigos encerrados en el este.

En el oeste, en cambio, crecía un Berlín libre,

colorido y multicultural,

que servía de escaparate del capitalismo ante el comunismo.

La inmigración, sobre desarrollo, fue poblando el barrio de Kreuzberg

en ese Berlín mosaico de diversidad.

Berlín es quizás la única ciudad o una de las pocas en el extranjero

que representa para los turcos algo como Turquía.

En Berlín, se tiene la posibilidad como turco de vivir igual

que un turco en Estambul, Esmirna o Ankara.

Berlín es para los turcos una ciudad especial,

por eso se llama el pequeño Estambul.

Ya en los años 20 del siglo XX aquí había un lugar de diversión

para el ambiente homosexual y hoy sucede lo mismo.

Hay muchos locales y mucha gente sale, hay muchas organizaciones

y muchas lesbianas y gays viven aquí en el barrio

y se encuentran como en casa y somos una parte de esta ciudad.

Igual que Kreuzberg es muy multicultural,

Schöneberg es homosexual.

En esta ciudad podemos encontrar más de 180 nacionalidades.

Tradicionalmente, ha sido una ciudad a la que ha venido mucha gente,

empezando por los hugonotes

y otras grandes transformaciones poblacionales

en la historia de Berlín.

Nunca pensé poder vivir en mi vida esa pacífica revolución,

esa caída del muro.

Ese día, el 9 de noviembre de 1989,

estaba sentada viendo tv a las 18h y seguí esa rueda de prensa en directo.

Y escuché cómo Günter Schabowski decía que eran posibles

los viajes al oeste y un periodista preguntó cuándo y cómo.

Entonces Schabowski sacó un papel del bolsillo y dijo:

“Según leo aquí, de inmediato y sin formalidades”.

Entonces, fui a la ventana.

Vivía en el tercer piso al lado del Checkpoint Charlie

y vi cómo las masas de gente del este venían hacia el oeste

y pensé que tenía que plasmar esas caras de inmediato.

Dos meses después pinté este cuadro.

La East Side Gallery es un muro de 1.3 km de largo,

donde en los 90 muchos artistas y yo pensamos que teníamos que intentarlo.

Hasta entonces, en el oeste todo el mundo podía pintar

pero en el este no lo podía hacer nadie.

Nosotros fuimos los primeros que empezamos a hacerlo

conjuntamente en un trozo del muro en la parte este.

Había soldados de la RDA cuando empezamos.

Esos soldados patrullaban por aquí, pero no decían nada.

A veces, teníamos miedo porque podía ocurrir que viniese uno y disparase.

A la euforia de aquella noche le siguió menos de un año

después la unificación.

Berlín pasaría a ser capital de la nueva Alemania

y de nuevo testigo de la reconstrucción,

esta vez de la convivencia de los dos lados.

La ciudad se va renovando a sí misma en libertad y ladrillo a ladrillo.

Y hay una primera euforia de una ciudad muy moderna,

muy contemporánea, con arquitectos de renombre internacional,

por ejemplo la Potsdamer Platz.

Eso ocurre entre el año 90 y el año 2000.

Luego, hay un poco de parón, y luego estamos volviendo a ver,

hay un segundo reflujo de inversión

pero más enfocado a la industria turística, centros comerciales,

hoteles y quizás también un poco en vivienda.

Berlín es el laboratorio de la unidad,

donde ni los foráneos ni mis propios hijos

perciben ya si hay diferencias.

Yo todavía sé perfectamente donde estaba el muro

y hasta dónde podíamos llegar.

Para mí personalmente, en mi cabeza,

Berlín es naturalmente todavía una ciudad dividida.

La unidad se ha completado económica, política

y sobre el papel también socialmente pero no en las personas.

La gente se siente todavía de segunda clase.

Entre los perdedores hay también gente muy altamente cualificada

que hacían funciones ejecutivas en nuestra época.

La gran mayoría de las veces estaban en el partido, el SED.

Inmediatamente fueron expulsados de sus puestos

y sustituidos por occidentales.

En los años después del cambio, en los 90,

hubo aquí un despertar amargo para mucha gente.

Se vieron abocados al paro, sus empresas fueron disueltas

y sus instituciones cerradas.

Muchos se sintieron engañados.

Decían que se les había robado su biografía.

Y los nuevos venían todos del oeste.

Eso está muy claro.

Por eso, la gente, ante determinados temas,

todavía reacciona de forma distinta, pero, en general,

se ha convertido ya en una sola ciudad y los que vienen nuevos a ella

no pueden reconocer dónde estaba el este y dónde el oeste.

Como en cualquier gran ciudad,

no es oro todo lo que reluce y desde el primer momento la extrema derecha

supo pescar en el caladero de votos del descontento

y la falta de perspectivas en la RDA.

Colocó su sede en el este de Berlín

para aprovechar el caldo de cultivo aunque sus principales dirigentes

fueran del oeste.

Naturalmente que el NPD ha sacado provecho

con un aumento de votos y nuestra organización

se pudo extender a los nuevos estados.

No hay en toda Alemania ninguna ciudad en la que haya tantos pobres

sin nada para comer, en la que haya tanta gente que trabaje

por salarios de menos de cinco euros,

en la que el sistema educativo sea tan catastrófico.

Un ejemplo espantoso.

Así no imagino la capital alemana.

Berlín siempre fue un lugar para los extranjeros,

para los que pensaban de otra manera.

Berlín crea tolerancia, pero naturalmente hay enemigos,

justamente los radicales de derechas, los hay en todos los países.

Ocurre en todas partes en Alemania.

Pero en Berlín los gays y lesbianas salen, no se esconden.

Por eso, son más fáciles de identificar cuando son hostigados

por personas que no los toleran.

En los años 80 se consiguió crear aquí, antes de la caída del muro,

un concepto, el multiculturalismo.

Se decía que daba igual de donde vinieses, lo que fueses,

nos encontrábamos bien juntos.

Pero, poco después de la caída del muro,

de los ataques racistas de Hoyerswerda, Leipzig y Rostock,

llegó el momento en el que se notó

que ya no se recibía tan bien a los extranjeros como se pensaba antes.

Y en el este de la república seguramente aún menos.

Esta ciudad no ha sido tan fuerte económicamente.

Perdimos muchos puestos de trabajo, desaparecieron de hoy para mañana

cientos de miles de puestos de trabajo industriales

después del cambio,

de la reunificación de las dos partes de la ciudad.

Y mucha gente perdió su trabajo.

Hoy tenemos un paro del 11%, es complicado,

pero tuvimos hasta un 20%.

La ciudad se ha desarrollado económicamente.

Está en el camino hacia arriba.

Todo ello no ha impedido

que Berlín mantenga su característico ambiente vanguardista

y transgresor, ese que crece en sus momentos de luz,

después de las guerras o cuando sobrevivía como una isla

o después de la caída del muro.

Hay que tener una cultura de la acogida,

entender que es una riqueza el que mucha gente quiera venir a Berlín

y se decida por Berlín y quiera vivir aquí.

El cometido de los que están ya aquí es recibirlos

con los brazos abiertos, pero el que viene tiene que estar

dispuesto a integrarse.

Aceptar al otro en su diferencia

es el credo de una gran ciudad como Berlín.

Klaus Wowereit dio muestras de ello con su “soy gay y así está bien”,

que fue muy aplaudido por muchos en una ciudad que,

como también dijo, “es pobre, pero sexy”

y muy liberada.

La ciudad digamos que siempre ha estado sobre todo

en la era moderna muy abierta en términos de sexo y género,

sin ningún tipo de prejuicios.

Así que estamos en uno de los sitios clave en este aspecto,

que es el museo de Beate Uhse, un personaje mitico

en términos de liberación sexual en Alemania.

Esta es su tienda, la primera que abrió en Berlin, en 1962.

Ahora está emplazada aquí en la Ku’Damm

al lado de la avenida comercial típica del Berlin Occidental.

Fue el primer sex shop que se fundó en el mundo en 1962. Lo fundó ella.

Hi, mi nombre es Tina Darling.

Un swing que quiere también recuperar el espíritu de antaño

en este local en el este de la ciudad

que ha cumplido ya un siglo de vida.

La Clärchen’s Ballhaus solo paró durante la guerra.

Es una de las pocas salas de baile de principios del siglo XX

que ha pervivido.

Sobrevivió a dos dictaduras.

Durante la RDA, bajo la atenta y desconfiada mirada de la STASI,

fue lugar de encuentro de los bailones y bailonas

del este y del oeste que pasaban el muro

para disfrutar de noches inolvidables.

Lo bonito del swing es que, en los años 20, aquí ya era muy grande.

Después fue muy reprimido por el régimen fascista

y la gente intentó recuperarlo después de la guerra,

la alegría de vivir y también la liberación.

Y es una música que también celebra la liberación de la esclavitud

y esta energía es concretamente muy importante para bailar swing.

Es la ciudad que no para, ni de día ni de noche.

El cristal de sus nuevos edificios,

de la cúpula del Reichstag o de la cancillería

simbolizan la transparencia del Berlín unificado

que no olvida su pasado pero mira esperanzado al futuro.

Berlín, como capital de Alemania,

será también una especie de escaparate como fue Berlín Oeste

respecto al Este.

Esto promete todavía tiempos apasionantes en Berlín.

El carismático alcalde berlinés, Klaus Wowereit,

se ha visto superado

por el escándalo de las obras del nuevo aeropuerto,

cuyo coste podría incluso triplicarse y cuya finalización

estaba prevista para finales de 2011.

-Se terminará

-Pero, ¿cuándo?

-Ciertamente, se ha desbordado por completo.

Realmente, es urgente que se acabe el nuevo aeropuerto.

Trabajamos duramente en ello.

Unas semanas después de nuestro encuentro, Wowi,

como le llaman los berlineses,

anunciaba que en unos meses dejaría la alcaldía

que ha ocupado desde junio de 2001.

Se irá pero nunca abandonará su Berlín del alma.

Cada uno, como dijo Federico el Grande en el siglo XVIII,

puede ser feliz a su manera en Berlín.

Así era y así es.

Es quizás algo que atraviesa la historia.

Es la ciudad del “Ich bin ein Berliner de Kennedy”

y de hijos pródigos

como Marlene Dietrich o el fotógrafo Helmut Newton.

La dejaron un día para buscar fortuna en otros lares

o huyendo de los totalitarismos

pero pidieron descansar aquí para la eternidad.

En Portada - Berlín 14-14

40:47 30 oct 2014

 En Portada viaja esta semana a Berlín para abordar la historia de la capital alemana con motivo del 25 aniversario de la caída del Muro, que se cumple el próximo 9 de noviembre. A través de los testimonios de diversos personajes y testigos de diferentes épocas, se refleja el Berlín de 1914 a 2014: desde las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, con la caída del Imperio y el comienzo de la República de Weimar, hasta la actualidad.

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    Cachitos de otra Cuba

    41:29 02 may 2019

    41:29 02 may 2019 El reportaje ‘Cachitos de otra Cuba’ en el que recoge historias personales del colectivo LGTBI de la isla, sus “cachitos” de vidas, en pleno debate social sobre la reforma de la Constitución que planteó abrir la puerta al matrimonio igualitario. En los últimos diez años, Cuba ha vivido lo que llaman “la revolución LGTBI”, una transición en la que han empezado a dejar atrás la homofobia estatal del castrismo. El movimiento está haciendo su revolución dentro de la revolución. Durante décadas, gais, lesbianas, transexuales y demás miembros del colectivo han sufrido la represión y la persecución institucional en Cuba. Ahora se habla abiertamente de sus derechos. La iniciativa tomó impulso con la diputada Mariela Castro. A ella se han opuesto los sectores más conservadores y homófobos de la sociedad. Mientras, los críticos piden que se protejan también otros Derechos Humanos.

  • La larga noche de Caracas

    La larga noche de Caracas

    40:51 11 abr 2019

    40:51 11 abr 2019 Aeropuerto a oscuras, funcionarios de inmigración tomando nota a lápiz de la identidad de los recién llegados, carretera desierta y sin luces... Así recibió Caracas al equipo de En Portada. Y así se desarrolló el rodaje, en medio de un apagón que el Gobierno de Nicolás Maduro achaca a un ciberataque y la oposición a la falta de mantenimiento de las infraestructuras. En Portada retrata los días convulsos que vive Venezuela. Además del testimonio de venezolanos anónimos, el reportaje presenta a la joven clase política, tanto de la oposición como del poder chavista.

  • 00:16 28 mar 2019 Lizzie Doherty vive en Donegal (Irlanda), pero cruza a Irlanda del Norte para recibir el tratamiento contra un cáncer que padece. Si el Brexit impusiera controles fronterizos, el acceso al centro médico se complicaría mucho. "La salud tiene que ser lo primero. Primero que hablen de salud", asegura a un equipo de En Portada. 

  • 00:23 28 mar 2019 Eamon Fitzpatrick regenta una gasolinera en la frontera que separa la república de Irlanda de la provincia de Irlanda del Norte. Según Fitzpatrick, si alguien se sienta una hipotética frontera en Irlanda tras el Brexit, "primero mandarán al Ejército, y la próxima vez dispararán".

  • 00:23 28 mar 2019 Kate Nash perdió a su hermano a manos del Ejército británico en el Domingo Sangriento en Londonderry en 1972. Cuarenta y siete años después, no sabría decir si está satisfecha con los acuerdos de paz. Según asegura al equipo de En Portada, "creo que nunca me fié en él porque nunca ha habido verrdadera paz". 

  • La frontera del Brexit

    La frontera del Brexit

    40:46 28 mar 2019

    40:46 28 mar 2019 Cuando los británicos votaron salir de la UE olvidaron que tenían una frontera terrestre, y que era muy problemática. Ese olvido ha sido el principal obstáculo que ha llevado a la prórroga del Brexit. En portada ha recorrido la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda y recogido la angustia que provoca en esas poblaciones.

  • 1:12 27 mar 2019 En Portada recoge los riesgos económicos que temen empresarios y ganaderos por la llegada del Brexit; el temor a la restricción de movimiento cuando, con mucho esfuerzo, esa frontera se ha logrado borrar en estos últimos veinte años. El miedo a que el frágil proceso de paz se complique y vuelva la violencia entre católicos y protestantes. En Portada también recoge la voz de quienes votaron a favor de salir de la UE y que en Irlanda del Norte, como en Escocia, fueron minoría.

  • 00:19 27 mar 2019

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