Dirigido por: José Antonio Guardiola

Espacio que ofrece reportajes que acercan al espectador a la actualidad internacional a través de situaciones conflictivas que sufren determinados países. ''En portada'' tiene varios premios, entre los que destacan el Premio UNICEF y el Premio Rey de España de Periodismo.

Contacto

Escriba al programa En portada: enportada.tve@rtve.es

2878775 www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
Para todos los públicos En Portada - Atrapados en Gaza
Transcripción completa

A Rewaa le cuesta mantener el equilibrio.

(SIRENAS)

La destrucción ha desfigurado su barrio.

Los esqueletos de las casas, con las entrañas al descubierto,

le recuerdan que su vida nunca volverá a ser la misma.

(EXPLOSIONES)

(GRITOS)

(EXPLOSIONES)

(SIRENAS)

(SIRENAS)

La última guerra entre Israel y Gaza la sobrecogió con 12 años.

Ahora tiene 13 y cubre su cabello.

Solo han pasado unos meses, pero en su mirada se intuye

el cansancio de mucho más tiempo.

Sus ojos inocentes han visto tres guerras en menos de seis años.

A muchos niños gazatíes el conflicto israelo-palestino

les han robado su infancia.

A Rewaa la última guerra le arrebató mucho más.

Un día la gente empezó a abandonar aquella escuela

y la Cruz Roja vino a ayudarnos. Estábamos preparándonos para irnos.

Había mucha gente en el patio y antes de que saliéramos

bombardearon con misiles.

Recogí a mi hermana herida y entré en la clase,

y salí otra vez a recoger a mi hermano.

Entonces vi a mi padre muerto en el suelo.

Dos minutos antes de morir me dijo, guárdalo contigo

hasta que los autobuses vengan y nos lleven a Jabaliya.

Entonces ocurrió el bombardeo.

Guardé el maletín y no quería separarme de él.

Cuando abrazaba el maletín sentía que estaba abrazando a mi padre,

que no se había muerto, que aún seguía vivo.

En aquel hospital no cabía más dolor.

Cientos de mujeres y niños a la búsqueda desesperada

de un refugio que ya no existía.

Llevaban 16 días de infierno y las escuelas de las Naciones Unidas

parecían el único lugar seguro.

Aquel ataque marcaría un antes y un después.

Entre el llanto inconsolable de los pequeños

se alzaban los gritos de indignación de sus madres,

incapaces de protegerlos.

En sus rostros, el horror de no saberse a salvo en ningún lugar.

Nos dijeron que fuéramos a la escuela de la UNRWA,

porque era un lugar seguro.

Al principio allí me sentía segura, pero luego vi cómo mi familia

se convertía en un objetivo.

Atacaron a mis hijos y a mi marido ante mis ojos.

Desde entonces ya no he podido sentirme segura nunca más.

En aquella ambulancia Rewaa emprendía un viaje

hacia la salvación, pero en su nueva huida

el temor y el desgarro no dejaban lugar para nada más.

La esperanza se quebraba con cada nuevo bombardeo.

Rewaa y su familia ya no pueden vivir en Beit Hanoum.

El zarpazo de la sinrazón también dejó tambaleándose

los pilares de su casa. Aún así vienen casi a diario.

Necesitan sentir que todavía algo les pertenece.

La guerra ha cambiado toda mi vida.

He perdido a mi padre, mi casa, dos de mis hermanos están heridos.

Antes de la guerra era una persona normal.

Tenía algo de felicidad. Esta guerra lo ha cambiado todo.

Espero poder volver a llevar alguna vez una vida normal.

El último enfrentamiento armado

entre el ejército israelí y las milicias palestinas

ha truncado miles de vidas en la Franja de Gaza.

A las ausencias de las vidas segadas

se suma una destrucción sin precedentes,

una devastación que se ha apoderado del paisaje

y ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar.

El invierno acecha.

Pequeños y mayores esperan, ansían una reconstrucción que no llega,

huérfanos de una protección que nunca han hallado en esta franja,

con demasiadas heridas abiertas. Unas, al descubierto.

Otras, las más profundas,

ni siquiera encuentran el tiempo para cicatrizar.

Estaba aterrorizada porque nadie se podía mover

y en todo momento teníamos las bombas y los drones

sobre nuestras cabezas.

Cuando la muerte más se acercaba llegó una nueva vida.

Afaf tiene solo unos meses.

Su nacimiento e iluminó la noche más oscura en Beit Hanoum.

Esa noche Israel lanzaba la segunda fase de su ofensiva,

la que resultaría más mortífera, la invasión de la franja.

Esa misma noche Rewaa y su familia huyeron a la escuela

en la que una semana después les golpearía la muerte.

El primer mes de vida de Afaf

transcurrió entre estas cuatro paredes,

en el bajo de un edificio.

El frente de guerra estaba a menos de 2 km,

y todo el vecindario, evacuado.

Su familia y otra más se lo jugaron todo a una carta.

Solo ellas pensaron que quedarse, cobijarse en aquel lugar,

entre incesantes bombardeos, era más seguro que huir.

Huíamos de la muerte hacia la muerte.

Donde nos quedamos no estaba acondicionado para la vida humana.

Habían bombardeado mi casa.

Nos vimos forzados a marcharnos a otro lugar que creímos más seguro.

Sentía miedo, felicidad y preocupación por mi bebé

y por dejar nuestro hogar.

Al empezar la invasión todo se hizo más difícil cada día.

-No había sitio seguro.

Cada uno estaba según su lotería, según su suerte.

Nadie se consideraba a salvo.

Todo el mundo contaba los días y las horas para que finalizara la guerra,

o para que por lo menos haya un alto el fuego.

Solo unos pocos pudieron escapar de aquella lotería infernal

que duró 50 días, solo los más afortunados.

Salah El Sousi nació en Gaza, pero vivió en España 25 años.

Allí se licenció y doctoró en farmacia.

Volvió a la franja en 1994, cuando los Acuerdos de Oslo

y el proceso de paz dibujaban un horizonte de esperanza

para los palestinos, ahora, tan lejano.

Su pasaporte español se convirtió durante la guerra

en su único salvoconducto.

Sin la ayuda, sin este ofrecimiento que nos dio el gobierno español

o el consulado español no habría sido posible.

Hasta este derecho de poder escapar,

de poderte refugiar en las fronteras,

no lo tuvieron los de Gaza.

Salah y su familia se marchaban con el corazón dividido.

Sabían que no podían rechazar la oportunidad que les brindaba

su doble nacionalidad, una salida segura

en un autobús fletado por el consulado español en Jerusalén

y coordinada con la ONU y el ejército israelí,

pero el resto de su familia se quedaba aquí.

Basta, basta de guerra. Ya no aguantamos.

La gente ya no aguanta.

El que su vecino está muerto, el que a su hija o a su niño

le han cortado las piernas...

Toda la gente está con una tristeza

y no tiene ganas de nada.

-Toda la gente y todos los niños que murieron,

que perdieron un brazo o una pierna, estaban desarmados.

No eran ni de la resistencia ni luchadores.

¿Qué hicieron para merecer eso?

Yo perdí a mi marido, los brazos de mis hijos y mi casa,

y como yo, muchas madres. Le hablo a Israel y a Palestina.

No queremos guerras.

Las guerras han quemado nuestros corazones. Queremos paz.

-Lo que necesitamos son casas, eso es lo primero.

Necesitamos que nuestras casas vuelvan a ser como antes,

es la prioridad para todo el mundo, para sentirnos al menos

con lo mínimo, no ser unos sin techo.

Nidal, su mujer y sus cuatro hijos comparten este aula

con otras dos familias.

Meses después de que palestinos e israelíes

firmaran el acuerdo de alto el fuego

30.000 gazatíes siguen viviendo en escuelas-refugio de la UNRWA,

la agencia de Naciones Unidas de ayuda a los palestinos.

En una sociedad donde la inmensa mayoría de mujeres

se cubren para salir de casa

los hombres pasan el tiempo fuera para dejarles al menos

algo de intimidad.

Este invierno Nidal y otros padres dormirán en la cantina del colegio.

Cuando miré fuera vi a muchos milicianos.

Me preguntaron, ¿qué haces aquí? Te tienes que marchar.

Les dije que no, y me dijeron, quien se quede, morirá.

Cuando salí, lanzaron un cohete Al Qassam.

Sentí el fuego en mi cara.

Empujé a mis hijos contra la pared y los abracé para protegerlos.

Hubiera sido mejor morir en casa que ver lo que vi.

La madre de Nidal, Om Nidal, como se hace llamar,

habla con una valentía inusual en la franja,

la misma con la que se resistió a abandonar su casa

la noche que empezó la operación terrestre en Al Sayahia,

el barrio más oriental de la ciudad de Gaza.

Cuando volvió solo encontró ruinas.

Ahora vive entre ellas, como muchas familias gazatíes,

prácticamente a la intemperie.

Insiste en que también se quedará aquí en invierno,

aunque llueva y el techo se le caiga encima.

Ese es una farmacéutico, uno de mis alumnos, el que está en la esquina.

Salah conoce bien el barrio de Al Sayahia,

donde pasó toda su infancia.

La calle de Nayad es la más castigada de toda la guerra de Gaza.

Lo vamos viendo nada más entrar en la calle.

Mira. Izquierda, y ahora mira a la derecha.

Esta calle ha sido una locura.

Ni siquiera las ambulancias podían pasar por aquí,

y las que pasaron por aquí, les dieron.

Salah y su familia salían de la franja

pocas horas después de que Om Nidal y sus hijos dejaran su casa.

Solo un alto el fuego permitió rescatar a las víctimas

en medio de aquel asedio. Olía a pólvora y a carne quemada.

Los equipos de socorro no tenían manos suficientes,

pero los milicianos decidieron poner a salvo sus armas

antes que a su población civil.

Cuando matan a un judío se vengan de nosotros

y hacen una matanza en casi toda Gaza.

Los palestinos están locos, solo quieren lanzar cohetes.

¿Para qué, qué nos va a traer ese cohete?

No tengo miedo de decirlo.

Solo se muere una vez, que me hagan lo que quieran.

Cuando los milicianos se sentaban frente a mi casa

yo los trataba como a mis hijos, pero ahora somos unos sin techo.

Tienen que venir y encontrarnos una casa.

Al Sayahia era el barrio más poblado de la ciudad de Gaza.

Hasta aquí se adentraron los tanques israelíes.

Hoy parece sacudido por un cataclismo.

Aquí se alzaba el hospital Al Wafa, con enfermos terminales.

Recibió varios avisos, y después de ser evacuado

lo pulverizaron.

Ni el ejército israelí ni los milicianos palestinos

evitaron librar su batalla en torno a lugares llenos de inocentes.

Dos días antes de que mi marido muriera

tiraron un cohete desde nuestra zona, justo detrás de la escuela.

Toda la noche sentimos que disparaban a nuestro alrededor.

La vida intenta recobrar el pulso en las escuelas de la franja palestina.

En este colegio de primaria de Beit Hanoum

la UNRWA se ha esforzado en borrar cuanto antes

las huellas de la guerra para que los niños caminen

hacia una difícil normalidad.

Semanas antes aún se veía el rastro que había dejado el fuego.

El cemento intentaba recubrir las marcas de metralla

y disparos en la fachada.

Pero en el centro del patio hay una huella que se resiste a desaparecer,

la que dejó el ataque que arrancó la vida al padre de Rewaa

y a otras 15 personas, la que convirtió este lugar de vida

en un nicho de muerte.

Hay otras huellas indelebles e invisibles.

Desde aquel 24 de julio Rewaa no ha vuelto a pisar aquella escuela.

Por primera vez encamina sus pasos hacia el lugar de la tragedia.

Es viernes y el colegio está vacío, pero Rewaa no se atreve a entrar.

Mira hacia el patio y a su mente vuelve un torbellino de recuerdos,

una punzada de dolor.

Después de que mi padre muriera

la guerra me demostró que no había ningún lugar seguro.

Había muerte por todas partes.

En cualquier lugar en el que te escondieras,

la muerte te perseguiría.

-Desde la anterior guerra Rewaa estaba totalmente afectada,

y antes de que la guerra volviera, con el tratamiento psicológico,

había empezado a mejorar.

Iba muy bien, incluso en los estudios,

pero cuando llegó esta guerra la niña cambió otra vez, empeoró.

Estaba asustada todo el tiempo.

Le hemos rogado que vaya a la escuela, pero ya no quiere ir.

Son las 12:00 y en este colegio se cruzan los alumnos

que acaban su jornada con los que la empiezan.

La escasez de escuelas, hacen falta 200 más,

obliga a los niños gazatíes a estudiar por turnos.

Rewaa está en el de mañana.

En los dos minutos de recorrido hasta su casa semiderruida

la envuelve un paisaje desolador.

Extraña a sus amigos, sus vecinos, sus primos.

La guerra ha destruido sus hogares y ha deshilachado sus lazos.

Deseo que la vida en Gaza sea segura

y que todas las casas se reconstruyan igual que eran antes,

y que los niños jueguen otra vez en la calle,

en los jardines, y que Gaza se recupere

y la gente vuelva a sus casas, como antes.

Beit Hanoum es la primera población de la franja

que se pisa al cruzar desde Israel.

Sus vecinos han tenido que abandonar sus hogares

en dos de las tres guerras, y en todas han sufrido

un fuerte hostigamiento.

Pero esta ha sido la más larga y sangrienta,

y ha dejado a Gaza al borde del colapso.

Este es el punto más elevado de la franja.

Desde aquí se abastecía a miles de personas

de uno de los bienes más escasos y preciados, el agua.

En la última ofensiva Israel bombardeó instalaciones civiles

vitales para los ciudadanos, como este depósito de agua potable

o la única central eléctrica que hay en el territorio.

Arwa Mhanna nos lleva a este lugar

para mostrarnos el descomunal reto al que se enfrentan ahora las ONGs.

La crisis humanitaria que Gaza arrastra hace años

es ahora una emergencia.

Desde 2007 se ha impuesto un bloqueo sobre la Franja de Gaza,

lo que afecta a todos los aspectos de la población.

Esto impide que la gente tenga acceso a necesidades muy básicas.

Para Rewaa la escasez de agua es otra carga sobre sus espaldas.

Muchos niños gazatíes se pasan parte del día acarreando bidones.

La familia Abu Oda lleva 10 días sin que del grifo salga ni una gota.

La última vez esa suerte duró solo cuatro horas,

pero ni el agua corriente ni la de estas garrafas es potable.

Cuando quiero ducharme lleno una cazuela con agua

y la caliento con el gas.

Si hay electricidad lo hago con un pequeño calentador eléctrico,

depende de si hay o no, pero muchas veces no hay ni luz ni gas.

Dos dormitorios para 12 personas.

Son las que viven en este humilde piso,

alquilado por su tío, en el campo de refugiados de Jabaliya.

Su hermana pequeña, Qamar, tiene una discapacidad psíquica.

El ataque a la escuela la hirió en una pierna y ya no logra caminar.

Es difícil curarse las heridas entre la precariedad y la incertidumbre.

Lo que encontramos en el bolsillo de mi marido

es el único dinero que tenemos.

Lo hemos ido racionando, pero somos una familia numerosa, 10 personas.

Si este mes puedo alimentar a mis hijos, el que viene no podré.

¿De dónde voy a sacar el dinero? No sé lo que haré.

Aún así Iman y su familia no nos dejan marcharnos sin comer.

La guerra no ha minado

la hospitalidad y generosidad de los gazatíes.

Tampoco su espíritu de lucha.

La pequeña Leyla busca un tesoro.

Su uniforme de escuela.

En un lugar donde el tiempo se resiste a avanzar

Abdel Majid se enfrenta a una labor titánica.

La Franja de Gaza lleva años atrapada en una rueda perversa,

destrucción, reconstrucción y más destrucción,

sin saber cuánto tardará en recibir la próxima sacudida.

Abdel Majid es chapista.

A golpe de cincel intenta recuperar la carrocería de este coche

que ardió en la guerra.

Sabe que le llevará mucho tiempo, pero es lo único que tiene.

Estoy aquí arreglando este coche, porque no podemos comprar uno nuevo.

Cuesta demasiado dinero, así que poco a poco

estoy tratando de volver a convertirlo en un coche.

Costará unos 6000 dólares arreglarlo,

pero para traer un coche nuevo

necesitamos ahorrar durante unos 20 años,

y puede que lo consigas o puede que no.

Omar se siente afortunado. Tiene un negocio propio.

Hace tres años abrió esta peluquería en Beit Lahiya,

un modesto local de barrio solo para hombres.

Pero mantener su negocio le cuesta cada día más.

Por un corte de pelo cobra 10 shekels, poco más de dos euros.

Los israelíes se retiraron de la franja hace casi una década,

pero los palestinos siguen utilizando su moneda.

Con suerte Omar sacará hoy 50 shekels,

algo más de 10 euros, insuficiente para el sustento de su familia,

con una boca más que alimentar.

Solía fiar a algunos clientes por unos días.

Ahora más de la mitad tardan un mes en pagarle, si lo hacen.

La situación económica ya era difícil antes de la guerra

por el bloqueo en el que vivimos.

Luego llegó la guerra y puso las cosas más difíciles.

Después de la guerra fui a ver mi peluquería

y la encontré con desperfectos por los ataques de Israel,

así que empecé a restaurarla como podía,

porque la necesitaba para ganarme la vida.

Hay otros negocios que costará mucho más recuperar.

Los bombardeos israelíes han destruido más de 130 fábricas

del débil tejido industrial gazatí.

Empresas como esta, de zumos y ultracongelados,

han perdido toda su inversión.

Sus dueños están en la ruina y sus empleados, en la calle.

La única actividad que se ha fortalecido

después de la guerra es esta.

La reconstrucción es urgente, una necesidad perentoria

para miles de familias y para la reactivación económica,

pero le cuesta arrancar.

Si el saco de cemento no está presente,

no hay cadena de construcción.

Luego, el carburante, y luego, la electricidad.

Sin esos tres elementos imperiosamente necesarios

para cualquier movimiento de industria, de construcción,

pues no hay nada.

Este es el único cruce fronterizo

por el que pueden entrar mercancías a la Franja de Gaza.

Se llama Qar Abu Salem en árabe, Kerem Shalom en hebreo.

Israel tiene la llave.

Justifica su embargo para evitar que las milicias palestinas se armen

y construyan túneles para perpetrar sus ataques.

Según un acuerdo suscrito con la Autoridad Palestina,

Israel debe permitir la entrada de materiales

para la reconstrucción de la franja bajo la supervisión de la ONU.

Por aquí entran cada día unos 250 camiones

pero durante una mañana no vemos ninguno con cemento

u otros materiales.

Fuera de cámara el director palestino del cruce fronterizo

asegura que entran con cuentagotas. Ayer, uno. Hoy, ninguno, nos dice.

A no ser que se haga presión política

para que se acabe el bloqueo y se levanten las restricciones

llevará al menos 50 años reconstruir la Franja de Gaza,

reconstruir los hospitales y las casas,

lo que significa que los niños que se han quedado sin hogar

serán ya abuelos cuando consigan

que se reconstruyan las escuelas y las casas.

La llave de esta puerta la tiene Egipto.

Cuando todo está en calma permite salir únicamente a los gazatíes

que cumplen sus requisitos, como estar enfermo,

ser mayor de 50 años o tener la residencia en otro país.

Los guardias matan el tiempo como pueden en el cruce de Rafah.

A raíz de los ataques yihadistas en el Sinaí

El Cairo ha ordenado su cierre sin fecha de reapertura.

Nadie puede salir ni entrar.

Neama maldice el día en que cruzó esa frontera con su hijo Ouael.

Fue durante la guerra. Lo lograron que ella es egipcia.

Es muy duro para cualquiera vivir en su tierra

sintiendo que no tiene dignidad, sobre todo para los jóvenes.

Se marchó buscando la dignidad en otra parte.

Ningún país árabe deja que nuestros jóvenes trabajen o vivan allí.

Por eso se van a Europa. Es un viaje hacia la muerte.

Ouael era el mayor de sus hijos.

Licenciado en administración de empresas

llevaba tres años sin empleo.

El seis de septiembre se embarcó en Alejandría rumbo a Italia.

Buscaba la libertad y la seguridad, pero halló la muerte.

Solo se salvaron ocho de los 500 pasajeros.

70 eran gazatíes.

Ouael solía pasar aquí las tardes, con sus amigos,

en torno a una shisha.

A principios de julio

el paro azotaba al 40% de la población gazatí.

Entre los menores de 30 años la cifra alcanzaba el 60%.

¿Futuro? No hay futuro en Gaza.

Desde hace siete años estamos bajo el bloqueo,

guerra tras guerra, media juventud ha muerto.

El fenómeno de la emigración irregular se ha disparado en Gaza

desde la última guerra, sobre todo entre los jóvenes.

Intentamos construir un futuro para nosotros y para nuestros hijos,

pero vienen otros y lo destruyen.

Estoy de acuerdo con emigrar de aquí a un lugar seguro,

para vivir a salvo con mi familia,

y si tuviera la ocasión de emigrar con alguna garantía,

emigraría ahora mismo.

-Cuando se pierde la esperanza y no ven luz,

¿entonces qué van a hacer?

No tienen más alternativa, o tienen que salir, refugiarse,

escapar por los túneles, por donde sea

hasta llegar a la mafia de los emigrantes,

o tienen que apuntarse a cualquier grupo militar.

Rewaa sueña con poder bañarse en el mar.

Vive a menos de 8 km, pero esta es la tercera vez en su vida que lo ve.

El suyo es un Mediterráneo contaminado y lejano.

Lo mira y no logra entender por qué ella no puede disfrutar

como los niños de la otra orilla.

Salah vive cerca.

Reclama, como la mayoría de gazatíes,

una salida para esta franja en la conecte con el resto del mundo,

y recuerda con nostalgia aquellos tiempos en los que viajaba

a través del aeropuerto internacional de Gaza,

destruido por Israel en el año 2000.

El aeropuerto siempre ha sido siempre símbolo de la soberanía,

pero en este preciso momento que vive Gaza es la libertad,

es la vida para Gaza, que está muerta.

Necesita un aeropuerto porque es la única salida al mundo,

y yo creo que los de Gaza tienen todo el derecho del mundo

de pedir que haya un acceso libre al mundo.

La ausencia de expectativas, el bloqueo y el aislamiento

asfixian a los casi 2 millones de personas que viven atrapadas

en esta estrecha franja de tierra.

Si no abren las fronteras no hay esperanza

para estos jóvenes ni para nadie. Es lo que más te duele.

Te encuentras encerrada, no puedes salir, no te puedes ir.

Te encuentras que estás como en una cárcel.

La falta de libertad de comercio,

incluso entre los dos territorios palestinos, Gaza y Cisjordania,

estrangulan la economía.

El pan es la base de la alimentación

de una población cada vez más empobrecida.

Cuatro de cada cinco gazatíes viven bajo el umbral de pobreza,

y cada guerra agudiza la miseria y la dependencia

de la ayuda internacional.

Con la caída del sol a Rewaa le cuesta seguir haciendo los deberes.

Desde la guerra en cada hogar de la franja

solo hay seis horas de electricidad al día.

Reconstruir en Gaza es muy difícil.

No hay nada en el horizonte, nada en un futuro cercano.

No hay unidad. Incluso en nuestra sociedad no todos piensan lo mismo,

no tenemos todos el mismo objetivo, reconstruir Gaza.

Cuesta vislumbrar un horizonte de paz

sobre el que construir un futuro.

Mientras la pequeña Afaf duerme, por la ventana se cuela

un espeso hedor a cloaca.

El colector de aguas residuales está a cientos de metros,

junto a tres colegios y un hospital.

Como este colector encastrado,

que inunda el barrio de un olor nauseabundo,

el conflicto se enquista, sofoca y lo pudre todo alrededor,

en una población hastiada de guerras,

que pide a gritos a sus líderes políticos

una unidad que no cristaliza.

Culpo a la autoridad Palestina y al gobierno de Gaza, a los dos.

Ellos son la razón de que nuestros jóvenes estén perdidos

y de que aún habrá otros que se pierdan.

Cada partido solo ofrece oportunidades de trabajo

a sus propios miembros, y Gaza siempre es la oveja negra.

-En Gaza para llevar una vida normal

necesitamos oportunidades de trabajo, hablar libremente,

sin miedo, porque las palabras salen muy caras.

Aquí en Gaza, si quieres hablar, tienes que pensártelo tres veces

antes de abrir la boca.

-Los políticos claro que tienen un papel muy importante,

pero en este preciso momento necesitan ceder un poco cada uno

y estar de acuerdo con la unidad del pueblo palestino.

Tienen que estar siempre al lado del pueblo, en este momento,

para que haya una voluntad nacional e internacional

para que se termine este embargo y termine este cerco a Gaza.

Mientras el mundo aguarda sin empujar

a unas negociaciones que llevan décadas fracasando,

cerca de 2 millones de gazatíes respiran, palpan,

sienten a cada paso los efectos de un despiadado ciclo bélico

en el que siempre pierden los mismos.

Lo que Gaza necesita realmente es un desarrollo duradero,

que no ocurrirá a menos que haya una voluntad política

y una solución política a la situación.

Eso significa que debería haber una presión política

para que se alcance un acuerdo que ponga fin a las hostilidades

y el levantamiento completo del bloqueo.

Entre los escombros de Beit Hanoum, frente a la casa de Rewaa,

alguien ha pintado este 3-0, como si las tres últimas guerras

hubieran sido un macabro partido de fútbol.

Los dos contendientes se proclamaron sin pudor victoriosos.

Hamas y los israelíes, todos han perdido,

porque hay mucho sufrimiento y hay muchos muertos.

Todos han perdido, nadie gana, en esta guerra nadie ha ganado.

-El día que Hamas declaró que la guerra se había acabado

hubo una celebración, con fuegos artificiales y dulces,

pero en aquel momento fue cuando nosotros sentimos realmente

la muerte de mi marido, porque no era una victoria,

no conseguimos nada, solo hemos perdido nuestra sangre.

-Nadie les dijo que quisiéramos una guerra. Estamos igual que antes.

¿Dónde está la victoria, cómo pueden decir que ganamos?

¿Para qué? Como árabes y musulmanes no podemos ver la victoria,

solo muertos y nuestros hogares destruidos.

Se engañarán a sí mismos, pero a nosotros, no.

-Le hablo a todo el mundo, oriente u occidente.

No culpéis a Gaza de todo lo que pasa en el mundo.

Ya basta. No nos carguéis con ese peso.

Dejad a Gaza libre, y nosotros la construiremos

y la haremos más bella que Singapur.

Convertir la Franja de Gaza en un nuevo Singapur,

ese era el sueño del carismático líder Yasser Arafat.

Tengo esperanza, no la pierdo y no quiero perderla.

Dicen que en esta franja tanta penuria y tantas guerras

han reforzado la resiliencia del pueblo gazatí,

su capacidad de asumir situaciones límite y sobreponerse a ellas,

de recuperarse frente a la adversidad

para seguir construyendo futuro.

Las primeras lluvias otoñales

auguran el que será el invierno más duro para Rewaa

y otros muchos gazatíes.

En el peor de los escenarios

la naturaleza dibuja un rayo de esperanza.

Ojalá en el futuro sea periodista y pueda enseñar

todo lo que pasa en Gaza, y apoyar a Gaza con mi trabajo.

Y si viene una nueva guerra, le enseñaría Gaza al mundo.

Sabe que nadie le devolverá todo lo que ha perdido,

pero reúne fuerzas y mira hacia adelante.

En aquel maletín al que se aferró en el momento más doloroso

Rewaa encuentra una ventana al mundo para empezar a construir su futuro.

Ella y su pueblo ansían, necesitan que después de este invierno

llegue una nueva primavera.

En Portada - Atrapados en Gaza

38:28 27 nov 2014

La última guerra entre Israel y Gaza, la tercera en menos de seis años, ha dejado la Franja palestina al borde del colapso. En 50 días, la ofensiva militar israelí causó más de 2.100 muertos, 11.000 heridos y una devastación sin precedentes, que ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar. Meses después, decenas de miles de gazatíes siguen esperando una reconstrucción que no llega.

El mismo equipo de TVE que estuvo cubriendo el enfrentamiento armado este verano se adentra ahora en las vidas de algunos de los personajes que han sufrido de cerca el zarpazo de la guerra.

La protagonista es Rewaa, una niña de 13 años de Beit Hanoun, la población más septentrional de la Franja, por donde empezó la invasión israelí. Rewaa vivió el primer ataque mortal a una escuela-refugio de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos). A partir de entonces, ningún gazatí se volvería a sentir seguro.

'Atrapados en Gaza' muestra el presente que ha dejado la guerra, pero también habla de futuro: de lo que los gazatíes reprochan a sus líderes y lo que reclaman para poder reconstruir la Franja y recuperar sus vidas, truncadas por el conflicto israelo-palestino.

Este reportaje es un relato de vidas que se van y de otras que llegan, de viajes a la salvación y viajes a la muerte, de destrucción y reconstrucción, de pérdidas y superación, y de cómo aferrarse a la esperanza para seguir construyendo futuro.

La última guerra entre Israel y Gaza, la tercera en menos de seis años, ha dejado la Franja palestina al borde del colapso. En 50 días, la ofensiva militar israelí causó más de 2.100 muertos, 11.000 heridos y una devastación sin precedentes, que ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar. Meses después, decenas de miles de gazatíes siguen esperando una reconstrucción que no llega.

El mismo equipo de TVE que estuvo cubriendo el enfrentamiento armado este verano se adentra ahora en las vidas de algunos de los personajes que han sufrido de cerca el zarpazo de la guerra.

La protagonista es Rewaa, una niña de 13 años de Beit Hanoun, la población más septentrional de la Franja, por donde empezó la invasión israelí. Rewaa vivió el primer ataque mortal a una escuela-refugio de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos). A partir de entonces, ningún gazatí se volvería a sentir seguro.

'Atrapados en Gaza' muestra el presente que ha dejado la guerra, pero también habla de futuro: de lo que los gazatíes reprochan a sus líderes y lo que reclaman para poder reconstruir la Franja y recuperar sus vidas, truncadas por el conflicto israelo-palestino.

Este reportaje es un relato de vidas que se van y de otras que llegan, de viajes a la salvación y viajes a la muerte, de destrucción y reconstrucción, de pérdidas y superación, y de cómo aferrarse a la esperanza para seguir construyendo futuro.

ver más sobre "En Portada - Atrapados en Gaza" ver menos sobre "En Portada - Atrapados en Gaza"

Los últimos 698 documentales de En portada

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Gambia sonríe de nuevo

    Gambia sonríe de nuevo

    41:06 pasado lunes

    41:06 pasado lunes Gambia se ha convertido en referencia democrática en África. Su transición es un modelo, pero no está exento de amenazas. El pasado enero, en un hecho sin precedentes en la historia reciente de África, caía el régimen del dictador de Gambia sin derramamiento de sangre. Se dio paso a la democracia.

  • Tu casa es nuestra

    Tu casa es nuestra

    40:17 02 oct 2017

    40:17 02 oct 2017 El reportaje ‘Tu casa es nuestra’ muestra la trama de los desahucios en Varsovia. Un equipo del programa ha viajado a Polonia donde miles de inquilinos han sido desalojados de sus casas, después de que el edificio en el que vivían, de propiedad pública, pasara a manos privadas. Los afectados cuentan a ‘En Portada’ hasta dónde puede llegar la intimidación por parte de los nuevos propietarios. Muchos arrendatarios están viviendo auténticas pesadillas en Varsovia, porque algunos de los nuevos propietarios los presionan (con una subida desorbitada del alquiler o, incluso, mediante intimidación y acoso) para que abandonen su hogar, a fin de poder vender o alquilar las viviendas a un precio mucho mayor. Inquilinos, activistas y algunas instituciones denuncian un proceso al que han denominado “reprivatización salvaje”. Señalan a propietarios sin escrúpulos y a una “mafia” que utiliza todo tipo de estratagemas para forzar el desalojo de quienes se resisten a marcharse, y para silenciar a las voces críticas que se alzan en contra. Una ONG en defensa de los inquilinos y periodistas de investigación han destapado las conexiones entre algunos funcionarios del Ayuntamiento de Varsovia y grandes inversores inmobiliarios, envueltos en este proceso de reprivatización. La fiscalía y la Oficina Central Anticorrupción ya han practicado varias detenciones y siguen investigando una posible trama de corrupción. El proceso de reprivatización se inició en Polonia con la llegada de la democracia en 1989. Varsovia quedó prácticamente arrasada durante la II Guerra Mundial y el régimen comunista puso en marcha la rápida reconstrucción de la capital y la nacionalización de la propiedad. En las últimas décadas, antiguos dueños han empezado a reclamar sus derechos sobre la propiedad nacionalizada. Pero la ausencia de una legislación y de una vigilancia por parte de las autoridades ha llevado al desahucio y a la práctica indefensión de unos 40.000 inquilinos sólo en la capital polaca.

  • Un pueblo en dos países

    Un pueblo en dos países

    40:41 18 sep 2017

    40:41 18 sep 2017 Durante siglos, la oscilante frontera entre Francia y Alemania ha generado multitud de historias personales de unión o división, según los casos. En Portada ha buscado esos testimonios.

  • Los tiempos de Erdogan

    Los tiempos de Erdogan

    40:05 26 jun 2017

    40:05 26 jun 2017 En Portada aborda la división en Turquía entre partidarios y detractores del presidente Erdogan, un Estambul de relojeros en que el inexorable paso del tiempo afianza las dos Turquías, la tradicional que mira a Oriente y la más juvenil y moderna que se asoma a Occidente.

  • Entre muros y santuarios

    Entre muros y santuarios

    41:20 12 jun 2017

    41:20 12 jun 2017 En Portada aborda el asunto de la inmigración en Estados Unidos: Desde los centroamericanos que acaban de cruzar la frontera hasta aquellos que llevan allí toda una vida trabajando con permiso de residencia y ahora se han lanzado a tramitar la ciudadanía estadounidense por temor a una expulsión. La historia comienza en McAllen, una ciudad del sur de Texas. Allí llegan a diario decenas de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos que cruzan el Río Grande en lanchas fletadas por coyotes. Y desde McAllen, En Portada desarrolla todo el proceso en el que se embarcan los que escapan de sus países en busca de una vida algo mejor. En la inmensa mayoría de los casos, la huida surge de la violencia o la pobreza.

  • 41:21 22 may 2017 En Portada recorre las dos orillas del Dniéster a su paso por Moldavia. El río delimita el conflicto más olvidado de Europa, el de Transnistria (en rumano/moldavo) o Pridnestrovia (en ruso), heredero de la disolución de la Unión Soviética. Cuando se cumplen 100 años de la Revolución Bolchevique, en este pequeño territorio europeo, de poco más de 4.000 kilómetros cuadrados, Lenin merece todo los honores y Moscú es el gran valedor. La autoproclamada República Moldava Pridnestroviana rompió con Moldavia en septiembre de 1990, pero no con la URSS. Delimitada por el río Dniéster al oeste y por Ucrania, al este, este pequeño territorio marca también una de las fronteras del pulso estratégico que, desde el fin de la URSS, mantienen Rusia, la Unión Europea y la OTAN en el este europeo. Hasta ahora, Pridnestrovia no ha conseguido el reconocimiento internacional, ni siquiera por parte de Moscú, su gran aliado. Este conflicto enquistado condiciona además al desarrollo de ambas orillas del Dniéster. Moldavia es el país más pobre de Europa y el más desconocido.

  • La paz empieza mañana

    La paz empieza mañana

    41:14 08 may 2017

    41:14 08 may 2017 En Portada ha sido testigo de la desmovilización de las FARC, la guerrilla más antigua de Latinoamérica. Para todos, sociedad civil, gobierno e insurgentes, comienza la paz, tras medio siglo de conflicto. ¿Se puede superar un conflicto que a lo largo de 52 años ha causado 220.000 muertos; 5 millones de desplazados; más de 40.000 secuestros; 60.000 desaparecidos que yacen en fosas comunes repartidas por todo el país? ¿Se puede poner a cero el contador de la historia?¿Por qué el gobierno de Juan Manuel Santos ha conseguido lo que intentaron, sin éxito, anteriores presidentes? . Nadie sabría responder con certeza, pero los analistas y expertos en el conflicto más antiguo de la región latinoamericana, coinciden en que sólo ahora se han dado circunstancias que antes no existieron: discreción en las negociaciones que han durado seis años y de las que sólo se tuvo noticia en el último tercio; una férrea voluntad por parte del gobierno y de las FARC para llegar a un acuerdo y la externalización del diálogo que transcurrió fuera de Colombia y con la mediación de gobiernos extranjeros y de Naciones Unidas. El proceso está en una de las fases más delicadas: la de la desmovilización de las FARC, la guerrilla que en los 90 estuvo a punto de ganar la guerra al Estado; la entrega de las armas y la puesta en marcha del calendario de incorporación de los guerrilleros a la vida civil. El llamado Mecanismo de Monitoreo y Verificación –del que forman parte el gobierno, la guerrilla y Naciones Unidas-, tenía una hoja de ruta para la entrega de las armas que debería finalizar el 1 de junio.

  • El temporal francés

    El temporal francés

    39:03 24 abr 2017

    39:03 24 abr 2017 Un día después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, En Portada retrata la nueva Francia. Un equipo del programa recorre el país para mostrar los cambios sociales, económicos y culturales que han configurado un nuevo mapa político.

  • 5:53 21 abr 2017 El viraje de Francia hacia la ultraderecha ha llegado hasta el sur del país, tradicional feudo de la izquierda. "No podemos aceptar que las fronteras no existan. Las fronteras nos protegen. Es una locura. Yo no estoy de acuerdo con todo lo que dice Trump, pero su elección en el país del culto al librecambio significa que se lo cuestionan. El voto sobre el Brexit es lo mismo: es el rechazo a eso. Quizás vivamos lo mismo en Francia", explica al programa de TVE En Portada, Robert Ménard, el alcalde de Béziers, la mayor ciudad de Francia en manos de la extrema derecha. Ménard no pertenece al Frente Nacional, pero llegó al poder con su apoyo. Béziers es también la ciudad más pobre de la región de Occitania, en el sur del país. La tasa de paro duplica la media nacional.

  • La casba rebelde

    La casba rebelde

    40:28 10 abr 2017

    40:28 10 abr 2017 La casba de Argel es mucho más que una medina, mucho más que el barrio más antiguo de la capital y más que el lugar reconocido en 1992 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, por su interés cultural e histórico. La casba es el corazón del país y late en función del propio sentir de Argelia. Un pulso que se ha mantenido en paralelo con los acontecimientos más sobresalientes de su historia.

  • 40:55 07 abr 2017 En la actualidad, unas 3.000 mujeres y niñas yazidíes siguen siendo esclavas del Dáesh. En diciembre de 2015, Nadia Murad intervino en el Consejo de Seguridad de la ONU y pidió al mundo que pusiera fin a la barbarie. En su ofensiva en el norte de Irak, el Dáesh ejecutó a miles de hombres y secuestró a más de 5.000 mujeres y niñas yazidíes, para convertirlas en esclavas sexuales. Una de las protagonistas de este reportaje, Nadia Murad, narró ante las cámaras de 'En Portada' el horror que sufrió a manos de los yihadistas.

  • El puente de Bolívar

    El puente de Bolívar

    40:34 27 mar 2017

    40:34 27 mar 2017 En Portada viaja esta semana al punto fronterizo más dinámico de América Latina, el puente Simón Bolívar, que une Cúcuta (Colombia) y San Antonio del Táchira (Venezuela). A ambas orillas del río Táchira, colombianos y venezolanos comparten lengua, gastronomía, familias, historia, economía, problemas y conflictos. Unas relaciones fluidas, no exentas de problemas, que se vieron interrumpidas por el cierre del puente durante un año. Su reapertura en agosto fue una fiesta multitudinaria. Desde entonces, aunque el paso aún está limitado y no ha recuperado la fluidez de antaño. Colombianos y venezolanos cruzan a diario este puente en un incesante ir y venir, buscando en el otro lado lo que más les conviene. Los colombianos, la gasolina barata de Venezuela. Y los venezolanos, los comercios donde encuentran los innumerables productos de primera necesidad que han desaparecido de sus tiendas. Un trasiego de mercancías, abonado por la diferencia de precios, da pie también a un contrabando al por menor y otro, mucho mayor, controlado por grupos criminales.

  • Holanda en claroscuro

    Holanda en claroscuro

    40:21 13 mar 2017

    40:21 13 mar 2017 En Portada retrata las contradicciones de Holanda, un país abierto y tolerante en el que podría triunfar la extrema derecha. Las elecciones se celebran el miércoles 15 de marzo. El populista de extrema derecha Geert Wilders disputa la victoria al primer ministro holandés, el liberal Mark Rutte. En cualquier caso, y según las encuestas, ninguno obtendría mayoría suficiente para gobernar en solitario y de nuevo será necesaria una coalición. En Holanda en claroscuro escuchamos a representantes políticos, sociales, culturales contrarios y favorables a la extrema derecha y también a miembros de la comunidad musulmana y a refugiados. Musulmanes y refugiados están en el punto de mira de la extrema derecha. También hemos viajado a la ciudad de Almere y a la turística Volendam, bastiones en los que Wilders ha ganado en distintas elecciones.

  • Los últimos de Calais

    Los últimos de Calais

    39:23 13 feb 2017

    39:23 13 feb 2017 Las gaviotas han vuelto a colonizar las dunas de Calais sobre las que creció el mayor asentamiento de inmigrantes y refugiados que ha habido en Francia. Los propios desplazados se referían al campamento como 'La Jungla', un lugar insalubre sobre lo que fue un vertedero, sin apenas infraestructuras, tapizado de lonas y plásticos, donde se hacinaban cerca de 10.000 personas. Un equipo del programa ha vivido de primera mano este proceso, que sirve para analizar la política migratoria europea. El desmantelamiento del campamento de Calais fue un golpe de efecto ante 500 informadores de todo el mundo, que veían cómo los inmigrantes subían a los autobuses, aparcando así su sueño de pasar al Reino Unido. Esos autocares les trasladaban a los Centros de Acogida distribuidos por toda Francia. Además, ha sido un éxito político para el Gobierno de François Hollande, al que acusaban de mirar a otro lado y permitir un enclave extranjero en suelo francés. Aunque la dispersión ha rebajado la presión y los incidentes en la autopista del Eurotunnel, nadie duda que la medida no detendrá la hemorragia migratoria de quienes cruzan Europa, con la vista puesta en el Reino Unido, donde tienen familiares o amigos. De hecho, los Centros de Acogida se han vaciado lentamente y la presencia de los inmigrantes y refugiados en el área de Calais ha ido en aumento. Lo que pasó en Calais concuerda con las nuevas políticas de la Unión Europea que, pese a la falta de políticas comunes, sí parece estar de acuerdo en cortar los flujos migratorios de carácter económico y en endurecer sus políticas de asilo.

  • Guerra a la mentira

    Guerra a la mentira

    40:33 30 ene 2017

    40:33 30 ene 2017 Guerra a la mentira aborda una nueva forma de investigar los conflictos, aunque los hechos ocurran en lugares lejanos o inaccesibles: la investigación de fuentes abiertas, basada en analizar lo que se publica en abierto en Internet. Las nuevas tecnologías, con dispositivos móviles e Internet, permiten documentar lo que sucede en cualquier lugar del mundo en tiempo real y compartirlo en la red.

Mostrando 1 de 47 Ver más