Dirigido por: José Antonio Guardiola

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Para todos los públicos En Portada - Atrapados en Gaza
Transcripción completa

A Rewaa le cuesta mantener el equilibrio.

(SIRENAS)

La destrucción ha desfigurado su barrio.

Los esqueletos de las casas, con las entrañas al descubierto,

le recuerdan que su vida nunca volverá a ser la misma.

(EXPLOSIONES)

(GRITOS)

(EXPLOSIONES)

(SIRENAS)

(SIRENAS)

La última guerra entre Israel y Gaza la sobrecogió con 12 años.

Ahora tiene 13 y cubre su cabello.

Solo han pasado unos meses, pero en su mirada se intuye

el cansancio de mucho más tiempo.

Sus ojos inocentes han visto tres guerras en menos de seis años.

A muchos niños gazatíes el conflicto israelo-palestino

les han robado su infancia.

A Rewaa la última guerra le arrebató mucho más.

Un día la gente empezó a abandonar aquella escuela

y la Cruz Roja vino a ayudarnos. Estábamos preparándonos para irnos.

Había mucha gente en el patio y antes de que saliéramos

bombardearon con misiles.

Recogí a mi hermana herida y entré en la clase,

y salí otra vez a recoger a mi hermano.

Entonces vi a mi padre muerto en el suelo.

Dos minutos antes de morir me dijo, guárdalo contigo

hasta que los autobuses vengan y nos lleven a Jabaliya.

Entonces ocurrió el bombardeo.

Guardé el maletín y no quería separarme de él.

Cuando abrazaba el maletín sentía que estaba abrazando a mi padre,

que no se había muerto, que aún seguía vivo.

En aquel hospital no cabía más dolor.

Cientos de mujeres y niños a la búsqueda desesperada

de un refugio que ya no existía.

Llevaban 16 días de infierno y las escuelas de las Naciones Unidas

parecían el único lugar seguro.

Aquel ataque marcaría un antes y un después.

Entre el llanto inconsolable de los pequeños

se alzaban los gritos de indignación de sus madres,

incapaces de protegerlos.

En sus rostros, el horror de no saberse a salvo en ningún lugar.

Nos dijeron que fuéramos a la escuela de la UNRWA,

porque era un lugar seguro.

Al principio allí me sentía segura, pero luego vi cómo mi familia

se convertía en un objetivo.

Atacaron a mis hijos y a mi marido ante mis ojos.

Desde entonces ya no he podido sentirme segura nunca más.

En aquella ambulancia Rewaa emprendía un viaje

hacia la salvación, pero en su nueva huida

el temor y el desgarro no dejaban lugar para nada más.

La esperanza se quebraba con cada nuevo bombardeo.

Rewaa y su familia ya no pueden vivir en Beit Hanoum.

El zarpazo de la sinrazón también dejó tambaleándose

los pilares de su casa. Aún así vienen casi a diario.

Necesitan sentir que todavía algo les pertenece.

La guerra ha cambiado toda mi vida.

He perdido a mi padre, mi casa, dos de mis hermanos están heridos.

Antes de la guerra era una persona normal.

Tenía algo de felicidad. Esta guerra lo ha cambiado todo.

Espero poder volver a llevar alguna vez una vida normal.

El último enfrentamiento armado

entre el ejército israelí y las milicias palestinas

ha truncado miles de vidas en la Franja de Gaza.

A las ausencias de las vidas segadas

se suma una destrucción sin precedentes,

una devastación que se ha apoderado del paisaje

y ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar.

El invierno acecha.

Pequeños y mayores esperan, ansían una reconstrucción que no llega,

huérfanos de una protección que nunca han hallado en esta franja,

con demasiadas heridas abiertas. Unas, al descubierto.

Otras, las más profundas,

ni siquiera encuentran el tiempo para cicatrizar.

Estaba aterrorizada porque nadie se podía mover

y en todo momento teníamos las bombas y los drones

sobre nuestras cabezas.

Cuando la muerte más se acercaba llegó una nueva vida.

Afaf tiene solo unos meses.

Su nacimiento e iluminó la noche más oscura en Beit Hanoum.

Esa noche Israel lanzaba la segunda fase de su ofensiva,

la que resultaría más mortífera, la invasión de la franja.

Esa misma noche Rewaa y su familia huyeron a la escuela

en la que una semana después les golpearía la muerte.

El primer mes de vida de Afaf

transcurrió entre estas cuatro paredes,

en el bajo de un edificio.

El frente de guerra estaba a menos de 2 km,

y todo el vecindario, evacuado.

Su familia y otra más se lo jugaron todo a una carta.

Solo ellas pensaron que quedarse, cobijarse en aquel lugar,

entre incesantes bombardeos, era más seguro que huir.

Huíamos de la muerte hacia la muerte.

Donde nos quedamos no estaba acondicionado para la vida humana.

Habían bombardeado mi casa.

Nos vimos forzados a marcharnos a otro lugar que creímos más seguro.

Sentía miedo, felicidad y preocupación por mi bebé

y por dejar nuestro hogar.

Al empezar la invasión todo se hizo más difícil cada día.

-No había sitio seguro.

Cada uno estaba según su lotería, según su suerte.

Nadie se consideraba a salvo.

Todo el mundo contaba los días y las horas para que finalizara la guerra,

o para que por lo menos haya un alto el fuego.

Solo unos pocos pudieron escapar de aquella lotería infernal

que duró 50 días, solo los más afortunados.

Salah El Sousi nació en Gaza, pero vivió en España 25 años.

Allí se licenció y doctoró en farmacia.

Volvió a la franja en 1994, cuando los Acuerdos de Oslo

y el proceso de paz dibujaban un horizonte de esperanza

para los palestinos, ahora, tan lejano.

Su pasaporte español se convirtió durante la guerra

en su único salvoconducto.

Sin la ayuda, sin este ofrecimiento que nos dio el gobierno español

o el consulado español no habría sido posible.

Hasta este derecho de poder escapar,

de poderte refugiar en las fronteras,

no lo tuvieron los de Gaza.

Salah y su familia se marchaban con el corazón dividido.

Sabían que no podían rechazar la oportunidad que les brindaba

su doble nacionalidad, una salida segura

en un autobús fletado por el consulado español en Jerusalén

y coordinada con la ONU y el ejército israelí,

pero el resto de su familia se quedaba aquí.

Basta, basta de guerra. Ya no aguantamos.

La gente ya no aguanta.

El que su vecino está muerto, el que a su hija o a su niño

le han cortado las piernas...

Toda la gente está con una tristeza

y no tiene ganas de nada.

-Toda la gente y todos los niños que murieron,

que perdieron un brazo o una pierna, estaban desarmados.

No eran ni de la resistencia ni luchadores.

¿Qué hicieron para merecer eso?

Yo perdí a mi marido, los brazos de mis hijos y mi casa,

y como yo, muchas madres. Le hablo a Israel y a Palestina.

No queremos guerras.

Las guerras han quemado nuestros corazones. Queremos paz.

-Lo que necesitamos son casas, eso es lo primero.

Necesitamos que nuestras casas vuelvan a ser como antes,

es la prioridad para todo el mundo, para sentirnos al menos

con lo mínimo, no ser unos sin techo.

Nidal, su mujer y sus cuatro hijos comparten este aula

con otras dos familias.

Meses después de que palestinos e israelíes

firmaran el acuerdo de alto el fuego

30.000 gazatíes siguen viviendo en escuelas-refugio de la UNRWA,

la agencia de Naciones Unidas de ayuda a los palestinos.

En una sociedad donde la inmensa mayoría de mujeres

se cubren para salir de casa

los hombres pasan el tiempo fuera para dejarles al menos

algo de intimidad.

Este invierno Nidal y otros padres dormirán en la cantina del colegio.

Cuando miré fuera vi a muchos milicianos.

Me preguntaron, ¿qué haces aquí? Te tienes que marchar.

Les dije que no, y me dijeron, quien se quede, morirá.

Cuando salí, lanzaron un cohete Al Qassam.

Sentí el fuego en mi cara.

Empujé a mis hijos contra la pared y los abracé para protegerlos.

Hubiera sido mejor morir en casa que ver lo que vi.

La madre de Nidal, Om Nidal, como se hace llamar,

habla con una valentía inusual en la franja,

la misma con la que se resistió a abandonar su casa

la noche que empezó la operación terrestre en Al Sayahia,

el barrio más oriental de la ciudad de Gaza.

Cuando volvió solo encontró ruinas.

Ahora vive entre ellas, como muchas familias gazatíes,

prácticamente a la intemperie.

Insiste en que también se quedará aquí en invierno,

aunque llueva y el techo se le caiga encima.

Ese es una farmacéutico, uno de mis alumnos, el que está en la esquina.

Salah conoce bien el barrio de Al Sayahia,

donde pasó toda su infancia.

La calle de Nayad es la más castigada de toda la guerra de Gaza.

Lo vamos viendo nada más entrar en la calle.

Mira. Izquierda, y ahora mira a la derecha.

Esta calle ha sido una locura.

Ni siquiera las ambulancias podían pasar por aquí,

y las que pasaron por aquí, les dieron.

Salah y su familia salían de la franja

pocas horas después de que Om Nidal y sus hijos dejaran su casa.

Solo un alto el fuego permitió rescatar a las víctimas

en medio de aquel asedio. Olía a pólvora y a carne quemada.

Los equipos de socorro no tenían manos suficientes,

pero los milicianos decidieron poner a salvo sus armas

antes que a su población civil.

Cuando matan a un judío se vengan de nosotros

y hacen una matanza en casi toda Gaza.

Los palestinos están locos, solo quieren lanzar cohetes.

¿Para qué, qué nos va a traer ese cohete?

No tengo miedo de decirlo.

Solo se muere una vez, que me hagan lo que quieran.

Cuando los milicianos se sentaban frente a mi casa

yo los trataba como a mis hijos, pero ahora somos unos sin techo.

Tienen que venir y encontrarnos una casa.

Al Sayahia era el barrio más poblado de la ciudad de Gaza.

Hasta aquí se adentraron los tanques israelíes.

Hoy parece sacudido por un cataclismo.

Aquí se alzaba el hospital Al Wafa, con enfermos terminales.

Recibió varios avisos, y después de ser evacuado

lo pulverizaron.

Ni el ejército israelí ni los milicianos palestinos

evitaron librar su batalla en torno a lugares llenos de inocentes.

Dos días antes de que mi marido muriera

tiraron un cohete desde nuestra zona, justo detrás de la escuela.

Toda la noche sentimos que disparaban a nuestro alrededor.

La vida intenta recobrar el pulso en las escuelas de la franja palestina.

En este colegio de primaria de Beit Hanoum

la UNRWA se ha esforzado en borrar cuanto antes

las huellas de la guerra para que los niños caminen

hacia una difícil normalidad.

Semanas antes aún se veía el rastro que había dejado el fuego.

El cemento intentaba recubrir las marcas de metralla

y disparos en la fachada.

Pero en el centro del patio hay una huella que se resiste a desaparecer,

la que dejó el ataque que arrancó la vida al padre de Rewaa

y a otras 15 personas, la que convirtió este lugar de vida

en un nicho de muerte.

Hay otras huellas indelebles e invisibles.

Desde aquel 24 de julio Rewaa no ha vuelto a pisar aquella escuela.

Por primera vez encamina sus pasos hacia el lugar de la tragedia.

Es viernes y el colegio está vacío, pero Rewaa no se atreve a entrar.

Mira hacia el patio y a su mente vuelve un torbellino de recuerdos,

una punzada de dolor.

Después de que mi padre muriera

la guerra me demostró que no había ningún lugar seguro.

Había muerte por todas partes.

En cualquier lugar en el que te escondieras,

la muerte te perseguiría.

-Desde la anterior guerra Rewaa estaba totalmente afectada,

y antes de que la guerra volviera, con el tratamiento psicológico,

había empezado a mejorar.

Iba muy bien, incluso en los estudios,

pero cuando llegó esta guerra la niña cambió otra vez, empeoró.

Estaba asustada todo el tiempo.

Le hemos rogado que vaya a la escuela, pero ya no quiere ir.

Son las 12:00 y en este colegio se cruzan los alumnos

que acaban su jornada con los que la empiezan.

La escasez de escuelas, hacen falta 200 más,

obliga a los niños gazatíes a estudiar por turnos.

Rewaa está en el de mañana.

En los dos minutos de recorrido hasta su casa semiderruida

la envuelve un paisaje desolador.

Extraña a sus amigos, sus vecinos, sus primos.

La guerra ha destruido sus hogares y ha deshilachado sus lazos.

Deseo que la vida en Gaza sea segura

y que todas las casas se reconstruyan igual que eran antes,

y que los niños jueguen otra vez en la calle,

en los jardines, y que Gaza se recupere

y la gente vuelva a sus casas, como antes.

Beit Hanoum es la primera población de la franja

que se pisa al cruzar desde Israel.

Sus vecinos han tenido que abandonar sus hogares

en dos de las tres guerras, y en todas han sufrido

un fuerte hostigamiento.

Pero esta ha sido la más larga y sangrienta,

y ha dejado a Gaza al borde del colapso.

Este es el punto más elevado de la franja.

Desde aquí se abastecía a miles de personas

de uno de los bienes más escasos y preciados, el agua.

En la última ofensiva Israel bombardeó instalaciones civiles

vitales para los ciudadanos, como este depósito de agua potable

o la única central eléctrica que hay en el territorio.

Arwa Mhanna nos lleva a este lugar

para mostrarnos el descomunal reto al que se enfrentan ahora las ONGs.

La crisis humanitaria que Gaza arrastra hace años

es ahora una emergencia.

Desde 2007 se ha impuesto un bloqueo sobre la Franja de Gaza,

lo que afecta a todos los aspectos de la población.

Esto impide que la gente tenga acceso a necesidades muy básicas.

Para Rewaa la escasez de agua es otra carga sobre sus espaldas.

Muchos niños gazatíes se pasan parte del día acarreando bidones.

La familia Abu Oda lleva 10 días sin que del grifo salga ni una gota.

La última vez esa suerte duró solo cuatro horas,

pero ni el agua corriente ni la de estas garrafas es potable.

Cuando quiero ducharme lleno una cazuela con agua

y la caliento con el gas.

Si hay electricidad lo hago con un pequeño calentador eléctrico,

depende de si hay o no, pero muchas veces no hay ni luz ni gas.

Dos dormitorios para 12 personas.

Son las que viven en este humilde piso,

alquilado por su tío, en el campo de refugiados de Jabaliya.

Su hermana pequeña, Qamar, tiene una discapacidad psíquica.

El ataque a la escuela la hirió en una pierna y ya no logra caminar.

Es difícil curarse las heridas entre la precariedad y la incertidumbre.

Lo que encontramos en el bolsillo de mi marido

es el único dinero que tenemos.

Lo hemos ido racionando, pero somos una familia numerosa, 10 personas.

Si este mes puedo alimentar a mis hijos, el que viene no podré.

¿De dónde voy a sacar el dinero? No sé lo que haré.

Aún así Iman y su familia no nos dejan marcharnos sin comer.

La guerra no ha minado

la hospitalidad y generosidad de los gazatíes.

Tampoco su espíritu de lucha.

La pequeña Leyla busca un tesoro.

Su uniforme de escuela.

En un lugar donde el tiempo se resiste a avanzar

Abdel Majid se enfrenta a una labor titánica.

La Franja de Gaza lleva años atrapada en una rueda perversa,

destrucción, reconstrucción y más destrucción,

sin saber cuánto tardará en recibir la próxima sacudida.

Abdel Majid es chapista.

A golpe de cincel intenta recuperar la carrocería de este coche

que ardió en la guerra.

Sabe que le llevará mucho tiempo, pero es lo único que tiene.

Estoy aquí arreglando este coche, porque no podemos comprar uno nuevo.

Cuesta demasiado dinero, así que poco a poco

estoy tratando de volver a convertirlo en un coche.

Costará unos 6000 dólares arreglarlo,

pero para traer un coche nuevo

necesitamos ahorrar durante unos 20 años,

y puede que lo consigas o puede que no.

Omar se siente afortunado. Tiene un negocio propio.

Hace tres años abrió esta peluquería en Beit Lahiya,

un modesto local de barrio solo para hombres.

Pero mantener su negocio le cuesta cada día más.

Por un corte de pelo cobra 10 shekels, poco más de dos euros.

Los israelíes se retiraron de la franja hace casi una década,

pero los palestinos siguen utilizando su moneda.

Con suerte Omar sacará hoy 50 shekels,

algo más de 10 euros, insuficiente para el sustento de su familia,

con una boca más que alimentar.

Solía fiar a algunos clientes por unos días.

Ahora más de la mitad tardan un mes en pagarle, si lo hacen.

La situación económica ya era difícil antes de la guerra

por el bloqueo en el que vivimos.

Luego llegó la guerra y puso las cosas más difíciles.

Después de la guerra fui a ver mi peluquería

y la encontré con desperfectos por los ataques de Israel,

así que empecé a restaurarla como podía,

porque la necesitaba para ganarme la vida.

Hay otros negocios que costará mucho más recuperar.

Los bombardeos israelíes han destruido más de 130 fábricas

del débil tejido industrial gazatí.

Empresas como esta, de zumos y ultracongelados,

han perdido toda su inversión.

Sus dueños están en la ruina y sus empleados, en la calle.

La única actividad que se ha fortalecido

después de la guerra es esta.

La reconstrucción es urgente, una necesidad perentoria

para miles de familias y para la reactivación económica,

pero le cuesta arrancar.

Si el saco de cemento no está presente,

no hay cadena de construcción.

Luego, el carburante, y luego, la electricidad.

Sin esos tres elementos imperiosamente necesarios

para cualquier movimiento de industria, de construcción,

pues no hay nada.

Este es el único cruce fronterizo

por el que pueden entrar mercancías a la Franja de Gaza.

Se llama Qar Abu Salem en árabe, Kerem Shalom en hebreo.

Israel tiene la llave.

Justifica su embargo para evitar que las milicias palestinas se armen

y construyan túneles para perpetrar sus ataques.

Según un acuerdo suscrito con la Autoridad Palestina,

Israel debe permitir la entrada de materiales

para la reconstrucción de la franja bajo la supervisión de la ONU.

Por aquí entran cada día unos 250 camiones

pero durante una mañana no vemos ninguno con cemento

u otros materiales.

Fuera de cámara el director palestino del cruce fronterizo

asegura que entran con cuentagotas. Ayer, uno. Hoy, ninguno, nos dice.

A no ser que se haga presión política

para que se acabe el bloqueo y se levanten las restricciones

llevará al menos 50 años reconstruir la Franja de Gaza,

reconstruir los hospitales y las casas,

lo que significa que los niños que se han quedado sin hogar

serán ya abuelos cuando consigan

que se reconstruyan las escuelas y las casas.

La llave de esta puerta la tiene Egipto.

Cuando todo está en calma permite salir únicamente a los gazatíes

que cumplen sus requisitos, como estar enfermo,

ser mayor de 50 años o tener la residencia en otro país.

Los guardias matan el tiempo como pueden en el cruce de Rafah.

A raíz de los ataques yihadistas en el Sinaí

El Cairo ha ordenado su cierre sin fecha de reapertura.

Nadie puede salir ni entrar.

Neama maldice el día en que cruzó esa frontera con su hijo Ouael.

Fue durante la guerra. Lo lograron que ella es egipcia.

Es muy duro para cualquiera vivir en su tierra

sintiendo que no tiene dignidad, sobre todo para los jóvenes.

Se marchó buscando la dignidad en otra parte.

Ningún país árabe deja que nuestros jóvenes trabajen o vivan allí.

Por eso se van a Europa. Es un viaje hacia la muerte.

Ouael era el mayor de sus hijos.

Licenciado en administración de empresas

llevaba tres años sin empleo.

El seis de septiembre se embarcó en Alejandría rumbo a Italia.

Buscaba la libertad y la seguridad, pero halló la muerte.

Solo se salvaron ocho de los 500 pasajeros.

70 eran gazatíes.

Ouael solía pasar aquí las tardes, con sus amigos,

en torno a una shisha.

A principios de julio

el paro azotaba al 40% de la población gazatí.

Entre los menores de 30 años la cifra alcanzaba el 60%.

¿Futuro? No hay futuro en Gaza.

Desde hace siete años estamos bajo el bloqueo,

guerra tras guerra, media juventud ha muerto.

El fenómeno de la emigración irregular se ha disparado en Gaza

desde la última guerra, sobre todo entre los jóvenes.

Intentamos construir un futuro para nosotros y para nuestros hijos,

pero vienen otros y lo destruyen.

Estoy de acuerdo con emigrar de aquí a un lugar seguro,

para vivir a salvo con mi familia,

y si tuviera la ocasión de emigrar con alguna garantía,

emigraría ahora mismo.

-Cuando se pierde la esperanza y no ven luz,

¿entonces qué van a hacer?

No tienen más alternativa, o tienen que salir, refugiarse,

escapar por los túneles, por donde sea

hasta llegar a la mafia de los emigrantes,

o tienen que apuntarse a cualquier grupo militar.

Rewaa sueña con poder bañarse en el mar.

Vive a menos de 8 km, pero esta es la tercera vez en su vida que lo ve.

El suyo es un Mediterráneo contaminado y lejano.

Lo mira y no logra entender por qué ella no puede disfrutar

como los niños de la otra orilla.

Salah vive cerca.

Reclama, como la mayoría de gazatíes,

una salida para esta franja en la conecte con el resto del mundo,

y recuerda con nostalgia aquellos tiempos en los que viajaba

a través del aeropuerto internacional de Gaza,

destruido por Israel en el año 2000.

El aeropuerto siempre ha sido siempre símbolo de la soberanía,

pero en este preciso momento que vive Gaza es la libertad,

es la vida para Gaza, que está muerta.

Necesita un aeropuerto porque es la única salida al mundo,

y yo creo que los de Gaza tienen todo el derecho del mundo

de pedir que haya un acceso libre al mundo.

La ausencia de expectativas, el bloqueo y el aislamiento

asfixian a los casi 2 millones de personas que viven atrapadas

en esta estrecha franja de tierra.

Si no abren las fronteras no hay esperanza

para estos jóvenes ni para nadie. Es lo que más te duele.

Te encuentras encerrada, no puedes salir, no te puedes ir.

Te encuentras que estás como en una cárcel.

La falta de libertad de comercio,

incluso entre los dos territorios palestinos, Gaza y Cisjordania,

estrangulan la economía.

El pan es la base de la alimentación

de una población cada vez más empobrecida.

Cuatro de cada cinco gazatíes viven bajo el umbral de pobreza,

y cada guerra agudiza la miseria y la dependencia

de la ayuda internacional.

Con la caída del sol a Rewaa le cuesta seguir haciendo los deberes.

Desde la guerra en cada hogar de la franja

solo hay seis horas de electricidad al día.

Reconstruir en Gaza es muy difícil.

No hay nada en el horizonte, nada en un futuro cercano.

No hay unidad. Incluso en nuestra sociedad no todos piensan lo mismo,

no tenemos todos el mismo objetivo, reconstruir Gaza.

Cuesta vislumbrar un horizonte de paz

sobre el que construir un futuro.

Mientras la pequeña Afaf duerme, por la ventana se cuela

un espeso hedor a cloaca.

El colector de aguas residuales está a cientos de metros,

junto a tres colegios y un hospital.

Como este colector encastrado,

que inunda el barrio de un olor nauseabundo,

el conflicto se enquista, sofoca y lo pudre todo alrededor,

en una población hastiada de guerras,

que pide a gritos a sus líderes políticos

una unidad que no cristaliza.

Culpo a la autoridad Palestina y al gobierno de Gaza, a los dos.

Ellos son la razón de que nuestros jóvenes estén perdidos

y de que aún habrá otros que se pierdan.

Cada partido solo ofrece oportunidades de trabajo

a sus propios miembros, y Gaza siempre es la oveja negra.

-En Gaza para llevar una vida normal

necesitamos oportunidades de trabajo, hablar libremente,

sin miedo, porque las palabras salen muy caras.

Aquí en Gaza, si quieres hablar, tienes que pensártelo tres veces

antes de abrir la boca.

-Los políticos claro que tienen un papel muy importante,

pero en este preciso momento necesitan ceder un poco cada uno

y estar de acuerdo con la unidad del pueblo palestino.

Tienen que estar siempre al lado del pueblo, en este momento,

para que haya una voluntad nacional e internacional

para que se termine este embargo y termine este cerco a Gaza.

Mientras el mundo aguarda sin empujar

a unas negociaciones que llevan décadas fracasando,

cerca de 2 millones de gazatíes respiran, palpan,

sienten a cada paso los efectos de un despiadado ciclo bélico

en el que siempre pierden los mismos.

Lo que Gaza necesita realmente es un desarrollo duradero,

que no ocurrirá a menos que haya una voluntad política

y una solución política a la situación.

Eso significa que debería haber una presión política

para que se alcance un acuerdo que ponga fin a las hostilidades

y el levantamiento completo del bloqueo.

Entre los escombros de Beit Hanoum, frente a la casa de Rewaa,

alguien ha pintado este 3-0, como si las tres últimas guerras

hubieran sido un macabro partido de fútbol.

Los dos contendientes se proclamaron sin pudor victoriosos.

Hamas y los israelíes, todos han perdido,

porque hay mucho sufrimiento y hay muchos muertos.

Todos han perdido, nadie gana, en esta guerra nadie ha ganado.

-El día que Hamas declaró que la guerra se había acabado

hubo una celebración, con fuegos artificiales y dulces,

pero en aquel momento fue cuando nosotros sentimos realmente

la muerte de mi marido, porque no era una victoria,

no conseguimos nada, solo hemos perdido nuestra sangre.

-Nadie les dijo que quisiéramos una guerra. Estamos igual que antes.

¿Dónde está la victoria, cómo pueden decir que ganamos?

¿Para qué? Como árabes y musulmanes no podemos ver la victoria,

solo muertos y nuestros hogares destruidos.

Se engañarán a sí mismos, pero a nosotros, no.

-Le hablo a todo el mundo, oriente u occidente.

No culpéis a Gaza de todo lo que pasa en el mundo.

Ya basta. No nos carguéis con ese peso.

Dejad a Gaza libre, y nosotros la construiremos

y la haremos más bella que Singapur.

Convertir la Franja de Gaza en un nuevo Singapur,

ese era el sueño del carismático líder Yasser Arafat.

Tengo esperanza, no la pierdo y no quiero perderla.

Dicen que en esta franja tanta penuria y tantas guerras

han reforzado la resiliencia del pueblo gazatí,

su capacidad de asumir situaciones límite y sobreponerse a ellas,

de recuperarse frente a la adversidad

para seguir construyendo futuro.

Las primeras lluvias otoñales

auguran el que será el invierno más duro para Rewaa

y otros muchos gazatíes.

En el peor de los escenarios

la naturaleza dibuja un rayo de esperanza.

Ojalá en el futuro sea periodista y pueda enseñar

todo lo que pasa en Gaza, y apoyar a Gaza con mi trabajo.

Y si viene una nueva guerra, le enseñaría Gaza al mundo.

Sabe que nadie le devolverá todo lo que ha perdido,

pero reúne fuerzas y mira hacia adelante.

En aquel maletín al que se aferró en el momento más doloroso

Rewaa encuentra una ventana al mundo para empezar a construir su futuro.

Ella y su pueblo ansían, necesitan que después de este invierno

llegue una nueva primavera.

En Portada - Atrapados en Gaza

38:28 27 nov 2014

La última guerra entre Israel y Gaza, la tercera en menos de seis años, ha dejado la Franja palestina al borde del colapso. En 50 días, la ofensiva militar israelí causó más de 2.100 muertos, 11.000 heridos y una devastación sin precedentes, que ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar. Meses después, decenas de miles de gazatíes siguen esperando una reconstrucción que no llega.

El mismo equipo de TVE que estuvo cubriendo el enfrentamiento armado este verano se adentra ahora en las vidas de algunos de los personajes que han sufrido de cerca el zarpazo de la guerra.

La protagonista es Rewaa, una niña de 13 años de Beit Hanoun, la población más septentrional de la Franja, por donde empezó la invasión israelí. Rewaa vivió el primer ataque mortal a una escuela-refugio de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos). A partir de entonces, ningún gazatí se volvería a sentir seguro.

'Atrapados en Gaza' muestra el presente que ha dejado la guerra, pero también habla de futuro: de lo que los gazatíes reprochan a sus líderes y lo que reclaman para poder reconstruir la Franja y recuperar sus vidas, truncadas por el conflicto israelo-palestino.

Este reportaje es un relato de vidas que se van y de otras que llegan, de viajes a la salvación y viajes a la muerte, de destrucción y reconstrucción, de pérdidas y superación, y de cómo aferrarse a la esperanza para seguir construyendo futuro.

La última guerra entre Israel y Gaza, la tercera en menos de seis años, ha dejado la Franja palestina al borde del colapso. En 50 días, la ofensiva militar israelí causó más de 2.100 muertos, 11.000 heridos y una devastación sin precedentes, que ha dejado a más de 100.000 personas sin hogar. Meses después, decenas de miles de gazatíes siguen esperando una reconstrucción que no llega.

El mismo equipo de TVE que estuvo cubriendo el enfrentamiento armado este verano se adentra ahora en las vidas de algunos de los personajes que han sufrido de cerca el zarpazo de la guerra.

La protagonista es Rewaa, una niña de 13 años de Beit Hanoun, la población más septentrional de la Franja, por donde empezó la invasión israelí. Rewaa vivió el primer ataque mortal a una escuela-refugio de la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos). A partir de entonces, ningún gazatí se volvería a sentir seguro.

'Atrapados en Gaza' muestra el presente que ha dejado la guerra, pero también habla de futuro: de lo que los gazatíes reprochan a sus líderes y lo que reclaman para poder reconstruir la Franja y recuperar sus vidas, truncadas por el conflicto israelo-palestino.

Este reportaje es un relato de vidas que se van y de otras que llegan, de viajes a la salvación y viajes a la muerte, de destrucción y reconstrucción, de pérdidas y superación, y de cómo aferrarse a la esperanza para seguir construyendo futuro.

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  • Amor de ley

    Amor de ley

    38:45 06 jun 2019

    38:45 06 jun 2019 En Portada viaja a Ecuador para mostrar un éxito poco conocido que tuvo lugar en los barrios más duros de este país: la transformación de las pandillas callejeras (Latin King, Ñetas, Masters y otras) en agrupaciones juveniles urbanas, con la consiguiente reducción de violencia y delincuencia. La clave ha sido, no la represión policial, sino la vía política, la negociación entre las autoridades y los distintos grupos para que, mediante programas de formación y culturales, los jóvenes mantuviesen su identidad grupal pero se desvincularan de la violencia. El programa, puesto en marcha hace más de 10 años, tuvo precedentes en Barcelona, Nueva York y Chicago. En todos los casos, ha probado su eficacia. En estos momentos, Ecuador tiene uno de los índices de violencia y delincuencia más bajos de América Latina.

  • Amor de ley

    Amor de ley

    00:27 04 jun 2019

    00:27 04 jun 2019 Viajamos a Ecuador para mostrar un éxito poco conocido que tuvo lugar en los barrios más duros de este país: la transformación de las pandillas callejeras (Latin King, Ñetas, Masters y otras) en agrupaciones juveniles urbanas, con la consiguiente reducción de violencia y delincuencia.

  • Addio dolce vita

    Addio dolce vita

    41:07 23 may 2019

    41:07 23 may 2019 Italia es uno de los socios fundadores de la Unión Europea. Y es también, según el último Eurobarómetro, el país más euroescéptico de la Unión. En vísperas de las elecciones europeas, En Portada viaja al país transalpino para tratar de explicar las razones de ese desencanto.

  • Addio, dolce vita

    Addio, dolce vita

    00:54 22 may 2019

    00:54 22 may 2019 Viajamos a Italia para mostrar el desencanto que viven sus ciudadanos ante las elecciones europeas del próximo domingo. Según el último eurobarómetro, es el país más euroescéptico de la Unión.

  • La batalla por Europa

    La batalla por Europa

    39:50 09 may 2019

    39:50 09 may 2019 En Portada analiza la amenaza que plantea para el proyecto de construcción europea el auge de los partidos populistas de derechas, euroescépticos o soberanistas de cara a las elecciones europeas del 26 de mayo. Nos adentramos en el intento de Steve Bannon -.el ex estratega del presidente Donald Trump- y de The Movement -una organización que promueve a grupos populistas de derecha en Europa- de unir a esos partidos para crear un supergrupo en el Parlamento Europeo que dificulte el proceso de integración europea.

  • La batalla por Europa

    La batalla por Europa

    1:59 08 may 2019

    1:59 08 may 2019 En Portada analiza la amenaza que plantea para el proyecto de construcción europea el auge de los partidos populistas de derechas, euroescépticos o soberanistas de cara a las elecciones europeas del 26 de mayo. El equipo del programa ha entrado en el monasterio de Trisulti, en Italia, donde se prepara la academia en la que Steve Bannon, -el exestratega del Presidente Donald Trump-, quiere formar a los líderes populistas del futuro. En un intento de saber por qué votantes tradicionales de izquierda acaban votando a la extrema derecha, el programa viajó a la ciudad freancesa de Hénin-Beaumont, conocida como el laboratorio de Marine Le Pen. 

  • Cachitos de otra Cuba

    Cachitos de otra Cuba

    41:29 02 may 2019

    41:29 02 may 2019 El reportaje ‘Cachitos de otra Cuba’ en el que recoge historias personales del colectivo LGTBI de la isla, sus “cachitos” de vidas, en pleno debate social sobre la reforma de la Constitución que planteó abrir la puerta al matrimonio igualitario. En los últimos diez años, Cuba ha vivido lo que llaman “la revolución LGTBI”, una transición en la que han empezado a dejar atrás la homofobia estatal del castrismo. El movimiento está haciendo su revolución dentro de la revolución. Durante décadas, gais, lesbianas, transexuales y demás miembros del colectivo han sufrido la represión y la persecución institucional en Cuba. Ahora se habla abiertamente de sus derechos. La iniciativa tomó impulso con la diputada Mariela Castro. A ella se han opuesto los sectores más conservadores y homófobos de la sociedad. Mientras, los críticos piden que se protejan también otros Derechos Humanos.

  • La larga noche de Caracas

    La larga noche de Caracas

    40:51 11 abr 2019

    40:51 11 abr 2019 Aeropuerto a oscuras, funcionarios de inmigración tomando nota a lápiz de la identidad de los recién llegados, carretera desierta y sin luces... Así recibió Caracas al equipo de En Portada. Y así se desarrolló el rodaje, en medio de un apagón que el Gobierno de Nicolás Maduro achaca a un ciberataque y la oposición a la falta de mantenimiento de las infraestructuras. En Portada retrata los días convulsos que vive Venezuela. Además del testimonio de venezolanos anónimos, el reportaje presenta a la joven clase política, tanto de la oposición como del poder chavista.

  • 00:16 28 mar 2019 Lizzie Doherty vive en Donegal (Irlanda), pero cruza a Irlanda del Norte para recibir el tratamiento contra un cáncer que padece. Si el Brexit impusiera controles fronterizos, el acceso al centro médico se complicaría mucho. "La salud tiene que ser lo primero. Primero que hablen de salud", asegura a un equipo de En Portada. 

  • 00:23 28 mar 2019 Eamon Fitzpatrick regenta una gasolinera en la frontera que separa la república de Irlanda de la provincia de Irlanda del Norte. Según Fitzpatrick, si alguien se sienta una hipotética frontera en Irlanda tras el Brexit, "primero mandarán al Ejército, y la próxima vez dispararán".

  • 00:23 28 mar 2019 Kate Nash perdió a su hermano a manos del Ejército británico en el Domingo Sangriento en Londonderry en 1972. Cuarenta y siete años después, no sabría decir si está satisfecha con los acuerdos de paz. Según asegura al equipo de En Portada, "creo que nunca me fié en él porque nunca ha habido verrdadera paz". 

  • La frontera del Brexit

    La frontera del Brexit

    40:46 28 mar 2019

    40:46 28 mar 2019 Cuando los británicos votaron salir de la UE olvidaron que tenían una frontera terrestre, y que era muy problemática. Ese olvido ha sido el principal obstáculo que ha llevado a la prórroga del Brexit. En portada ha recorrido la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda y recogido la angustia que provoca en esas poblaciones.

  • 1:12 27 mar 2019 En Portada recoge los riesgos económicos que temen empresarios y ganaderos por la llegada del Brexit; el temor a la restricción de movimiento cuando, con mucho esfuerzo, esa frontera se ha logrado borrar en estos últimos veinte años. El miedo a que el frágil proceso de paz se complique y vuelva la violencia entre católicos y protestantes. En Portada también recoge la voz de quienes votaron a favor de salir de la UE y que en Irlanda del Norte, como en Escocia, fueron minoría.

  • 00:19 27 mar 2019

  • 00:00 27 mar 2019 Cuando los británicos votaron salir de la UE olvidaron que tenían una frontera terrestre, y que era muy problemática. Ese olvido ha sido el principal obstáculo que ha llevado a la prórroga del Brexit. Nos adentramos en las fronteras del Brexit desde todos los ángulos en un vídeo en 360º. “No es que se olvidaran de nosotros, es que ni estábamos en su cabeza”, “no vieron venir el problema irlandés”, son reflexiones con las que abrimos "La frontera del Brexit" una road movie por los 500 km de frontera que separará al Reino Unido de la UE el día que la abandone.

  • La ruta de las coimas

    La ruta de las coimas

    40:35 14 mar 2019

    40:35 14 mar 2019 En Portada viaja a Argentina para desenmarañar el mayor escándalo de corrupción de la historia de este país: ‘Los cuadernos de coimas’. Son las anotaciones en ocho cuadernos de todos los cobros de sobornos que percibió el viceministro de Planificación de los Gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Coimas es una palabra muy utilizada en Argentina para describir el soborno. El reportaje cuenta cómo se descubrieron los cuadernos, cómo llegaron a manos del periodista de La Nación Diego Cabot (reciente premio Rey de España de periodismo) y cómo la Justicia ha abierto un proceso en el que hay implicadas 43 empresas y más de 100 investigados. Entre ellos, varios líderes del kirchnerismo y decenas de los empresarios más poderosos de Argentina, incluida la familia de actual presidente argentino, Mauricio Macri. Según el juez que lleva la causa, se recaudaron más de 5.000 millones de dólares como sobornos a cambio de licitaciones de obra pública. El conductor del viceministro fue el que anotó durante diez años todos los cobros de estos sobornos.

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