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Para todos los públicos En portada - África en el nombre de las mujeres - ver ahora
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Subtitulado por TVE

Podemos servir de inspiración a un gran número de mujeres,

especialmente a las jóvenes, que ahora saben

que pueden hacer lo que quieran si trabajan para ello.

Realmente no ha habido mucha opresión contra las mujeres

en el espacio público.

Tenemos una cultura de la hipocresía.

Las mujeres son permitidas en público,

en privado se dan los casos de abuso.

Hay que dar más oportunidades a las mujeres en Liberia.

Los hombres lo dominan todo.

Las mujeres han desempeñado un papel muy importante aquí.

Han sido las principales pacificadoras.

Las mujeres ocupan puestos importantes.

No importa de dónde proceda una niña

puede ser lo que ella quiera si se concentra en la educación

y está decidida

y tiene una prioridad en la vida

y sigue ese camino.

Hay muchas mujeres

que por primera vez en sus diez años de liderazgo

han trabajado realmente duro y han ido al colegio,

se han formado y empleado en el sector público.

Son muy independientes y se hacen cargo de la familia.

Continuamos intentando cumplir las expectativas

y aspiraciones de las mujeres y de las jóvenes del país,

en África y más allá.

Son africanas de un país con nombre de mujer,

Liberia.

Fueron cruciales para lograr la paz después de años de guerra

y para llevar a una mujer Ellen Johnson Sirleaf

a la presidencia en 2005.

Aún así, la lucha por sus derechos no se detiene.

Pesa todavía la carga de las estructuras machistas

que impiden su acceso a todos los sectores de la sociedad.

Las liberianas son ejemplo

del creciente papel de las mujeres en África

son su espina dorsal,

la columna vertebral de sus sociedades, su motor,

porque el futuro de ese continente se escribe en femenino.

Liberia, tierra de los libres.

La de los negros liberados de la esclavitud en Estados Unidos

que a principios del siglo XIX decidieron asentarse en este lugar

de la costa occidental de África.

El amor a la libertad nos trajo aquí reza su emblema.

Su bandera se asemeja a la norteamericana.

No fue colonia de nadie,

declaró su independencia en 1847 para ser la primera

y más antigua república del continente.

Hace más de una década, Ellen Johnson, de 77 años

se convertía en la primera mujer presidenta de Liberia

y del continente africano.

Y en la pionera para millones de mujeres africanas

que ven su éxito o fracaso como propio.

Me gusta pensar que he roto el cristal en África,

que he abierto esa puerta por la que muchas mujeres van a pasar ahora.

Mi contribución es haber abierto la puerta

para que las mujeres sean capaces

de alcanzar el nivel más alto en cualquier país.

Economista con experiencia internacional

era ministra de Hacienda

en el gobierno derrocado en un golpe de estado en 1980.

Muchos de sus colegas de gabinete fueron asesinados.

Ella se libró de milagro.

Sufrió cárcel y exilio.

Cuando llegó al poder encontró un país devastado

por años de guerra civil y traumatizado.

Y una gigantesca y abrumadora tarea por delante

ante la que no se arredró.

La economía había colapsado,

todas las infraestructuras estaban destruidas,

las instituciones no funcionaban.

La gente no tenía esperanza.

Para nosotros era doloroso.

Desde que los negros libres americanos se asentaron en Liberia

y coparon la élite,

hubo tensión con las tribus indígenas.

Pero la desgracia no caería sobre Liberia

hasta los años 80 del siglo pasado.

Cuando el país, después del golpe de estado,

se sumergió en dos sanguinarias guerras civiles,

entre 1989 y 2003.

Murieron más de 200.000 liberianos

y casi otro millón se vio desplazado de sus hogares.

Se cometieron los peores actos de barbarie imaginables,

crímenes de guerra todavía no juzgados.

Los señores de la guerra no tuvieron reparo en reclutar niños soldados

la violación fue un arma de guerra.

Se calcula que un 75% de las liberianas sufrió

algún tipo de violencia sexual

e incluso hubo actos de canibalismo.

Joshua Milton fue señor de la guerra

Conocido como el general But Naked porque combatía desnudo

en su haber hay actos de canibalismo

Dice que en su tribu, la Krahn, es tradición.

Miles de muertes, violaciones, niños soldados,

cuenta que allá por 1996 se le apareció Jesús en el frente

y le pidió arrepentirse.

Se convirtió.

Hoy es predicador evangelista.

A través de la no violencia quiere reintegrar a antiguos combatientes.

Dos norteamericanos han venido a ayudarle en esa tarea.

Asumí la responsabilidad por la muerte de miles de personas.

No solo por las que maté directamente

sino de las que soy responsable

por reclutar niños y jóvenes para la guerra.

Para que perpetrasen lo que yo quería

Así que asumí la responsabilidad por la muerte de miles de personas.

En el presente, un asesino llamado general But Naked ha cambiado

y ahora es el evangelizador Joshua Milton Blahy.

Un asesino puede cambiar.

Escuchar nombres como But Naked o Prince Johnson

o Charles Taylor o Samuel Doe provoca miedo, terror

y odio entre los liberianos.

Los hombres no pararon el conflicto hasta que un grupo de mujeres

hartas ya de violencia y muertes y de no ver futuro para sus hijos

dijo: Basta ya.

Las mujeres desempeñaron un gran papel

al presionar a los señores de la guerra.

Al presionar y movilizar a los líderes africanos,

a la comunidad internacional.

Creo que el mérito de la paz es de las mujeres de Liberia.

Se propusieron devolver al diablo de nuevo al infierno,

como reza el título de un reportaje

sobre la lucha no violenta de estas mujeres

con Leyma Gbowee, entonces una trabajadora social, al frente.

Dijeron a los señores de la guerra, incluido al presidente Taylor

que el conflicto tenía que acabar.

El movimiento acabó aglutinando

a miles de mujeres cristianas y musulmanas.

Llega un momento en que una se dice a sí misma

que tiene que ocurrir algo para que cambie la situación.

Y no solo era mi sentimiento,

era el sentir del resto de las mujeres.

Cada mujer pensaba que necesitábamos hacer algo

y algo drástico.

Hicieron sentadas, manifestaciones pacíficas

llamamientos a través de los medios de comunicación.

La campaña "Acción masiva por la paz"

de las mujeres de Liberia

acabó convocando a las mujeres a una huelga de sexo

hasta que los hombres dejaran de matarse.

Hubo un momento en el que estábamos tan desesperadas

que decidimos hacer una huelga de sexo.

Y la huelga de sexo, básicamente, era decir a los hombres

que tenían que hacer algo para poner fin a la guerra.

El éxito de la huelga de sexo fue

que llamó mucho la atención sobre lo que hacíamos.

Consiguieron al final que los señores de la guerra

se sentaran a negociar

y firmasen un acuerdo de paz en 2003.

Leymah y Ellen Johnson vieron recompensados sus esfuerzos

con el máximo galardón: El premio Nobel de la paz en 2011

Era una manera de reconocer

el épico viaje de las mujeres liberianas

y su inspiración para otras muchas en el continente africano.

Se han enfrentado a guerras, a post conflictos, a la muerte,

a la violencia sexual, la vergüenza, el estigma

y a entornos económicos y sociales desafiantes

y han sido determinantes

en la lucha de los liberianos por salir adelante.

Han intentado volver a unir a su país

reconciliar a las partes divididas de su sociedad,

construir un sistema decente de gobierno.

Estabilizar la economía

y llevar a cabo los servicios normales de un gobierno

para ayudar a su población.

Darle protección y seguridad.

Ha habido logros y éxitos impresionantes

que empezaron aproximadamente hace doce años.

Se eleva sobre la capital liberiana, Monrovia,

como un centinela, vigilante.

Pero hoy es una ruina, abandonado,

símbolo de la terrible contienda.

Es el Dukor Palace,

antes de la guerra, un lujoso hotel de 5 estrellas

y uno de los más grandes de África.

Fue destruido y saqueado

y ocupado por los desplazados de sus hogares.

Hubo muchas personas analfabetas reclutadas por los líderes rebeldes

que vinieron aquí.

Algunas que no sabían nada, bebían agua del inodoro.

Veían por primera vez un inodoro.

Era tal locura, mira dónde estamos.

Estamos en la nada por la guerra sin sentido.

Hemos aprendido mucho.

Seguimos lamentando lo que ocurrió.

Pero aprendimos de nuestros errores

y nunca los repetiremos.

La frágil paz se mantuvo con las mujeres siempre vigilantes

para que el proceso no descarrilase.

Ni tampoco el desarme.

A través incluso de las llamadas "chozas de la paz"

trabajan por la convivencia, el diálogo y la justicia.

Sobre todo en el mundo rural.

La destrozada economía fue volviendo a la vida.

Los desplazados retornaron a sus granjas, negocios o comercios.

Escuelas, hospitales y oficinas gubernamentales reabrieron.

Las infraestructuras dañadas se empezaron a reparar.

El gobierno comenzó a reformar las instituciones del estado,

a acelerar la recuperación económica

y a promover la reconciliación nacional.

Se trataba de intentar reconstruir, de empezar todo de nuevo.

Era necesario en todo.

Había que reconstruir cualquier sector en el que uno pensase.

Así que era un reto muy importante.

Pero creo que lo primero era asegurarnos

de encontrar un camino para mantener la paz.

Asegurarnos de que todo el mundo creyese que había esperanza.

Naciones Unidas ha ayudado con la presencia

de miles de pacificadores durante estos años.

Militares y policías para proveer seguridad

y formar al ejército y a la policía de Liberia.

Entre las fuerzas internacionales ha habido

una unidad india de mujeres policías

encargadas de la guardia en el Ministerio de Asuntos Exteriores

donde tiene su oficina la presidenta

y de patrullar por diferentes áreas de Monrovia

para acercarse a las comunidades.

Las acompañamos en uno de sus últimos días en Liberia,

con la ONU empezando a traspasar la seguridad

a las autoridades locales en diferentes lugares.

Siempre que patrullan,

las niñas y las mujeres liberianas las ven en uniforme

e inspiran confianza en la gente.

Ven que el imperio de la ley está ahí que hay seguridad

y sienten que estamos seguras.

Cuando vino el primer relevo de la unidad india

había un 6% de mujeres en la policía nacional.

Hoy, según los informes, ya hay un 17%.

Se puede ver un cambio.

A la ceremonia de despedida no podía faltar la presidenta Ellen Johnson

Estas mujeres han contribuido

a capacitar a las instituciones locales de seguridad

y a formar a sus colegas liberianas.

Las mujeres han podido ver

que pueden hacer el mismo trabajo que los hombres.

El despliegue de más mujeres uniformadas

puede ayudar también a la ONU en sus esfuerzos de lucha

por los derechos de la mujer.

Ustedes han contribuido a inspirar a las mujeres liberianas.

Les han enseñado el espíritu de la profesionalidad.

Las han animado a entrar en las instituciones

y en las operaciones de protección de la nación.

Por eso siempre les estaremos agradecidos.

Creo que hay que reconocer a las mujeres el papel que desempeñan.

Deben estar implicadas en todos los procesos de paz.

Deben ejercer un papel de liderazgo en la sociedad

porque las mujeres aportan otro tipo de dimensión.

Una sensibilidad diferente en el liderazgo en el mundo.

A pesar de tener una presidenta,

alabada por promover los derechos de las mujeres,

la vida es dura para ellas en Liberia.

Las violaciones, la violencia sexual en general y la doméstica

siguen siendo una constante

y es complicado hacerles frente.

La situación es especialmente terrible en los barrios pobres,

como el de West Point en el que nos adentramos.

Es uno de los más deprimidos de la capital.

La pobreza, el desempleo, la insalubridad

y la alta congestión en las viviendas

no contribuyen a mejorar la situación.

Pero aquí sus mujeres, hace ya más de una década, en 2002,

decidieron coger el toro por los cuernos.

Nos dimos cuenta de que los hombres,

cada hombre iba y pegaba a cualquier mujer

y no pasaba nada, nada.

Y eso no está bien.

Porque pegarme no está bien, tengo mi propio cuerpo.

Este es mi cuerpo y no tienes derecho a pegarme.

Muchas cosas han cambiado.

Cuando las mujeres empezaron

la gente tenía muchas cosas en contra de nosotras

incluso nos amenazaban.

Decían que intentábamos cambiar la mente de las mujeres

para que no respetasen a sus maridos.

Acuden a la policía y a los tribunales

en los casos más graves de violencia de género.

Los problemas del día a día y menos graves

los intentan solucionar de forma comunitaria.

El hombre pega a la mujer

y luego la deja con el cuerpo magullado.

Lo mando llamar y le digo que por qué le ha pegado

que lleve a la mujer al hospital.

Pero si los daños afectan a los ojos o hay pérdida de sangre

o algún diente roto,

entonces le digo que tengo que ir a la policía

y que vendrá y le detendrá.

Muchas liberianas viven en el último escalón de la sociedad,

con un altísimo desempleo en el país tienen pocas opciones.

A pesar de tener reconocida la igualdad de derechos por ley

esta no se cumple en la práctica.

Lo mismo ocurre con la ley contra la violación

y las medidas contra la violencia doméstica.

Necesitamos más psicoanálisis

sobre lo que le pasó a la gente durante el conflicto.

¿Qué cambió su apreciación sobre el valor de la vida,

sobre las mujeres?

Así nos encontramos con estos abusos.

Los remanentes de la mentalidad de la guerra.

Me frustro mucho cada vez que leo una información

sobre otra niña que ha sido violada.

Otra mujer que ha sufrido violencia doméstica.

Son niñas y adolescentes de West Point

enfrentadas a la violencia sexual y a otro grave problema.

El de los embarazos adolescentes.

En la asociación de mujeres tratan de inculcarles confianza

y la importancia de la educación y del uso de anticonceptivos.

Os van a intentar embaucar y hacer que dejéis el colegio.

Ellos seguirán en la escuela

y nosotras las chicas la abandonaremos por estar embarazadas.

Si no tomas la píldora y tienes relaciones sexuales

¿te quedas embarazada? -Sí, puede.

Como adolescente que está en pleno desarrollo

normalmente puede ser muy fértil.

Esta comunidad es una comunidad violenta,

podemos ser atacadas en cualquier momento.

Por eso nuestro consejo y nuestro método es tomar en serio la educación

tomar la píldora e ir al colegio.

Ellas no deben abandonar la escuela.

Antes, los embarazos adolescentes eran demasiados

pero, gracias a Dios, en este tiempo está bajando el número de violaciones

Ahora se pueden ver más chicas hablando de educación,

no hablan de embarazos.

Durante 14 años, durante la guerra,

la violación era algo cultural.

La gente joven que pasó esa época

no ve la violación como un hecho problemático.

Veía la violación como su derecho.

La cuestión es, volviendo a la historia

¿cómo resocializamos a nuestros chicos?

Histórica, tradicional, culturalmente

para que empiecen a asumir

que la mujer no fue creada solo para el sexo.

La educación sigue siendo un gran reto.

Hemos introducido la educación gratuita

en los colegios públicos hasta el grado medio

y puesto en énfasis en las niñas.

Sin embargo, la calidad de la educación no está a la altura

principalmente en los niños del mundo rural

porque no tenemos profesores cualificados.

Ya hay 1,5 millones de niños escolarizados

de una población de más de 4.

Pero el nivel de analfabetismo,

especialmente entre las mujeres, sigue alto.

Y las aulas están súper pobladas.

Durante el conflicto, más del 70% de los colegios

fueron dañados o destruidos.

Y centenares de miles de estudiantes fueron desplazados.

Se perdieron preciosos años de educación.

La educación es, sin duda, la mejor arma

para que las mujeres ganen confianza en sí mismas

y así poder cambiar la mentalidad de los dos lados.

En la academia More Than Me, "Más que yo", lo saben bien.

Puesta en marcha por la norteamericana Katie Mayler

está abierta a la educación de las niñas más pobres

y con una mayor exclusión social de la barriada de West Point.

Todos somos conscientes de que durante la guerra y los conflictos

las mujeres y las niñas son muy vulnerables

debido a muchos factores.

Así, muchas niñas fueron forzadas a casarse para sobrevivir.

En ese tiempo la educación no era una prioridad.

Incluso antes de la guerra,

si se mira la historia de Liberia, o de muchos países africanos,

se prefiere entre los hijos

enviar al colegio en primer lugar al niño que a la niña.

Es importante educar a una niña porque es cierto el principio

de que formando a una niña se educa a toda una nación.

Liberia y su educación recibían de nuevo un duro mazazo

cuando apenas empezaban a levantar cabeza.

La epidemia del ébola pegaba en 2014 de lleno en el país.

Y obligaba a cerrar los centros de enseñanza.

Iris y More Than Me estuvieron en primera línea de batalla

contra el virus en West Point donde el ébola se cebó.

El barrio fue cerrado durante unos días

y puesto en cuarentena.

Hay momentos en que te enfrentas a retos y huyes de ellos.

Así nunca serás capaz de superar ningún reto.

A veces se necesita hacer frente a los retos y superarlos.

Eso te da inmunidad de cara a un reto mayor.

Había mucha gente muriendo en la comunidad.

Todos sabíamos que si una persona enferma sigue en la comunidad

puede empeorar todo.

La posibilidad de transmitir la enfermedad es muy, muy grande.

Tuvimos la idea de las enfermeras para el cuidado en casa

que yo dirigía.

El paupérrimo Sistema de Salud liberiano, solo contaba

con 50 médicos para toda la población, colapsó.

La respuesta internacional,

salvo la de la ong Médicos Sin Fronteras, fue tardía.

Ante el miedo al contagio, los hospitales y clínicas cerraron.

Solo funcionaban los centros de tratamiento contra el ébola.

Tuvimos que llamar a todos nuestros socios y al mundo

y decirles:

No olviden que esta enfermedad no es solo de Liberia

o de África Occidental, que puede ampliarse.

Finalmente la respuesta llegó, llegó tarde,

pero cuando llegó fue muy potente.

Tenemos que reconocer el exitoso esfuerzo del gobierno

y de las comunidades de toda Liberia,

para unirse y convertirse en uno.

Y combatir con éxito el ébola.

Pero las consecuencias para la economía nacional han sido tremendas

y muy devastadoras.

Los liberianos han quedado marcados por la terrible experiencia.

El miedo no ha desaparecido

y supervivientes y familiares de víctimas,

como este grupo de West Point,

se han visto estigmatizados y sufren secuelas físicas y psicológicas.

Les duele el recuerdo.

Fatu perdió a su hermana y a su cuñado

ahora tiene a su cargo a sus dos sobrinas, supervivientes.

Una de ellas, esta pequeña.

En Liberia hay más de 5000 niños huérfanos por el ébola.

Me duele tanto,

fue tan difícil para mí.

He podido por la gracia de Dios.

Pero, fue muy difícil.

Marido no, el marido se fue.

¿Por el ébola? Por el ébola.

Mi familia murió de ébola y él se fue.

Ahora soy madre soltera.

Tengo cinco hijos, soy una madre soltera.

Algunos de estos supervivientes fueron tratados

en el centro de Médicos Sin Fronteras,

la organización médico humanitaria sigue al pie del cañón

ayudando en su clínica a los supervivientes

física y mentalmente.

También ha abierto un hospital pediátrico para menores de 5 años

que podría incluso funcionar durante una epidemia de ébola.

Los supervivientes, muy comúnmente se quejan de problemas en los ojos

de dolor en las articulaciones,

a veces de dolor de cabeza.

Luego está el componente de la salud mental que no se puede subestimar

porque el 30% de los supervivientes tienen problemas de salud mental.

Es decir, depresiones,

desorden por estrés postraumático, ansiedad.

En la crisis, la estigmatización fue muy fuerte,

eran expulsados de sus comunidades, no podían volver a su casa

perdieron sus viviendas, su trabajo, sus ingresos

y muchos de los pacientes

que estuvieron en la unidad de tratamiento de ébola

probablemente perdieron a la mitad o más de la familia.

En septiembre, cuando vine, el médico me dijo

que si continuaba preocupada eso me conduciría a la locura.

Y la locura no sería buena.

Pero, con las medicinas,

me siento bien,

ya no me preocupo, como bien, duermo bien,

ahora llevo una vida normal, gracias a Dios.

Su marido murió, su hijo murió,

el marido era su sustento, el que trabajaba.

Él ya no está, ella necesita dinero

ayuda financiera para continuar con su vida.

Miembros de Unicef nos acompañan a conocer a Mary Howard

superviviente y viuda del ébola.

Perdió también a una de sus hijas y a un nieto.

Vive en los manglares de un suburbio de la capital.

Sus cuatro hijos huérfanos han recibido una ayuda de emergencia

de 150 dólares

del Ministerio de Género y Protección de la Infancia y Unicef

que hace también un seguimiento médico y social de los niños.

Los resultados de los análisis llegaron,

decían que mi hija Sara Howard murió de ébola

y que su bebé y mi marido también habían muerto de ébola.

empecé a llorar y a decir:

Si yo también muero, ¿quién cuidará de mis hijos?

Los supervivientes se sienten, de alguna manera,

abandonados.

El Hospital Católico ST. Joseph's de Monrovia

se vio también muy afectado.

Perdió a nueve miembros de su personal.

Entre ellos el sacerdote español Miguel Pajares.

Muchos más fueron infectados, pero sobrevivieron.

Tuvo que cerrar, pero reabrió en cuanto pudo.

Es uno de los hospitales importantes del sistema sanitario liberiano

y atiende a los más necesitados.

Cuando sobreviví, ni siquiera estaba segura de que vivía.

Pensaba que ya estaba muerta

y que estaba en el mundo de los muertos.

Cuando veía a alguien le preguntaba, ¿Estoy viva?

Y me decían: Sí, estás viva, ¿por qué lo preguntas?

Me llevó como dos semanas asumir que estaba viva.

Las mujeres fueron las que se vieron afectadas por el ébola

de forma desproporcionada.

Incluso después de que la enfermedad fuese erradicada

los hombres que todavía la tenían seguían infectando a las mujeres.

Y estas seguían muriendo.

Las mujeres son una de las prioridades del ST. Joseph's

su maternidad es una de las mejores del país.

Hay enfermeras competentes, hay equipos,

el servicio de maternidad está bien equipado

como resultado, el paritorio siempre está lleno

y es uno de los lugares más seguros para dar a luz.

Aquí ha encontrado su espacio el proyecto "Parad la fístula"

de la ong española "Mujeres por África"

Miles de mujeres padecen esta lesión en Liberia

que se puede curar y que produce rechazo social y marginación.

Ha salvado muchas vidas y ha hecho posible

que muchas personas puedan vivir en sus comunidades sin vergüenza.

Han hecho un buen trabajo.

La fístula es una incontinencia permanente.

Las mujeres no pueden controlar la orina.

Esa lesión se produce durante el parto,

acaban en un rincón,

no pueden estar cerca de la gente porque huelen a orina.

Es como alguien que ya ha muerto, pero está vivo.

George Oleko es el ginecólogo al frente del proyecto

sobre el terreno.

Aunque la cirugía la realizan médicos que acuden desde España.

Explica a sus pacientes los factores de riesgo

y les insta a que lo cuenten en sus comunidades

para que otras mujeres sepan si pueden llegar a padecerla.

Tiene riesgo, porque ella es pequeña, baja.

Su bebé parece grande.

Ahora tenemos que ver el tamaño de su pelvis

y si ésta es pequeña para el peso de su bebé.

Y juzgaremos.

La sanidad y la educación son, sin duda, las principales prioridades.

Pero no hay que olvidar la lucha contra la endémica corrupción.

La propia presidenta no se ha librado de las críticas

por algunos ministros corruptos

y de acusaciones de nepotismo

por colocar a sus hijos en puestos importantes.

Quienes dan sobornos son igual de culpables que quienes los reciben.

Son igual de culpables y están sujetos a castigo.

Como pueblo,

tenemos que continuar inculcando el espíritu del trabajo duro,

la integridad y la honestidad.

Está en todos los ámbitos del país, no sólo en el gobierno.

Hay corrupción en la iglesia, en el sector privado,

en nuestras casas, en nuestra relación.

Es muy, muy terrible.

Jugbeh Kekula, una mujer, enfermera de la ciudad de Buchanan,

es la Ídolo de la Integridad 2015, la heroína anticorrupción,

la ganadora de un show de televisión

para elegir al funcionario más honesto, menos corruptible

y más competente del país.

La iniciativa es de la ONG Responsabilidad Lab

como forma de combatir la corrupción.

Y la pregunta parece obligada.

¿Quiénes son más corruptos, los hombres o las mujeres?

-Para mí es difícil decir.

Diría que los hombres son más corruptos, porque soy una mujer.

No creo que una mujer sea tan corrupta,

las mujeres siempre quieren hacer las cosas bien.

Si una mujer es líder, intentará hacer algo que sea muy bueno.

Incluso aunque haya algo de corrupción,

las cosas buenas serán más.

En la Isla de Providencia, adonde llegaron los primeros negros libres,

se levanta hoy el árbol de la paz

hecho con la chatarra de las armas de la guerra.

Chatarra del proceso de desarme de los antiguos combatientes

y que no falta en la herrería del artista alemán Manfred Zbrzezny,

situada a una hora de la capital.

Manfred es el autor de ese árbol de la paz.

Llegó a una Liberia todavía en guerra en 2003,

con su novia liberiana, con la que luego cortó.

Hoy está casado con otra liberiana.

En su herrería,

este artista forjador transforma los símbolos del terror

en signos de esperanza.

Convertimos la chatarra en arte.

Es decir, de un objeto absolutamente inservible hacemos algo bonito,

quizás también útil, abrebotellas, soporte para tarjetas

o sujeta-libros, también pequeñas esculturas.

Me gusta hacer también algo divertido como contrapunto,

como contraste a lo que una vez fueron las armas.

Esto muestra también que nada es tan terrible

para que no se pueda sacar algo bueno de ello.

Es a lo que se ven enfrentados los liberianos una y otra vez

en su reciente historia.

La paz se mantiene,

se apostó por la reconciliación

pero los criminales de guerra no han sido llevados ante la justicia.

Y muchos advierten que no es posible la reconciliación sin justicia.

Se habla incluso de la necesidad de llevar a los culpables

ante el tribunal penal internacional

Todavía hay una necesidad de presionar por una mayor justicia

si está garantizado que las personas que cometieron los crímenes

paguen por ello y sean llevadas a juicio.

Aquellos que han sufrido esas atrocidades y la injusticia

tienen que ser recompensados y reconocidos por su agonía.

No puede haber reconciliación sin justicia

y justicia no significa necesariamente

llevar a alguien a la cárcel o a juicio,

sino que esas personas reconozcan lo que hicieron.

Si alguien se siente agraviado por un crimen contra él

tiene derecho a ir a la justicia y llevar al autor ante la misma.

Creemos en eso.

Pero el castigo a gran escala contra grupos de personas

nos podría llevar de nuevo a la guerra.

Es el día del Discurso del Estado de la Nación de la Presidenta.

A las puertas del parlamento sus partidarios,

venidos desde distintos rincones del país, muestran su agradecimiento

con música y bailes, a su Ma Ellen,

a la que otros califican de Dama de Hierro.

Si tengo que tomar una decisión dura que va a afectar a alguien,

lo hago en interés del país y según nuestra agenda.

Por otro lado, tengo que ser compasiva,

particularmente me gusta estar con los niños,

por eso Ma, madre, Ellen, la abuela,

todo viene por los muchos niños con los que me encuentro.

Así que un poco las dos cosas.

Su presencia en estos años ha sido un factor en común muy fuerte,

un carácter unificador.

Es una líder muy razonable, pragmática y efectiva.

Las mujeres se centran más en las necesidades de seguridad humana

que en las armas y las bombas.

Pienso que con este tipo de liderazgo el mundo sería un lugar mejor.

Las mujeres no hacen la guerra, las mujeres promueven la paz

como se ha demostrado por nuestra experiencia.

Una mujer se preocupa más por la gente.

Como madre, te preocupas más por la humanidad,

cuidas el valor de la vida porque has creado vida.

Por eso, proteges la vida, la aseguras.

Pienso que las mujeres son grandes líderes, son mejores líderes.

Las mujeres de Liberia se mueven en un mar de contradicciones:

igualdad y derechos por ley

pero en el día a día se encuentran

frente a un sistema y una sociedad machistas

y a situaciones terribles de violencia contra ellas.

Han sido decisivas

en el mantenimiento de la paz y la estabilidad

desde hace más de una década.

Y han dejado claro al mundo que el camino se hace al andar.

Y que no están dispuestas a retroceder un ápice.

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En portada - África en el nombre de las mujeres

07 abr 2016

Los conocedores de África están convencidos de que su futuro está en manos de las mujeres. Ningún país refleja mejor esa esperanza que Liberia, donde, en 2006, Ellen Johnson-Sirleaf se convertía en presidenta y en la primera mujer jefa de estado de un país africano.
En Portada viaja a Liberia, donde entrevista a su presidenta Ellen Johnson y a la Premio Nobel de la Paz Leyman Gbowoee, que puso en marcha durante la guerra el movimiento por la paz de las mujeres en Liberia. El reportaje ‘África, en el nombre de las mujeres‘ repasa la historia reciente de un país azotado por el ébola, diez años después de que Ellen Johnson se convirtiera en la primera mujer jefa de estado de un país africano.

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