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No recomendado para menores de 7 años En la tuya o en la mía - Jurado de MasterChef
Transcripción completa

Yo necesito...

¡Carlitos!

Sí. Vente para acá.

Que necesito ayuda.

Vienen hoy los de "Masterchef".

Y vamos a hacer un plato que es un plato muy importante

en la gastronomía española.

Se llama "El león come gamba".

No sé dónde coño está el león, pero las gambas se ven.

Ah, no, en los bigotes, mira.

¿Cómo hay que hacer eso?

Hervir las patatas.

Venga, vamos a hervir patatas.

No le digas a tu madre que no sé encender esto, ¿vale?

¿Eso qué es?

Para calentar. Ah, hay que echarle agua, claro.

¿Dónde se le echa el agua? ¿Qué agua le echamos?

De aquí, agua de esta será.

Escúchame, esto hay que hacerlo bien,

porque al que hizo eso en el programa le echaron.

Mira, vamos a ver, gordito,

hay que buscar una cacerola para meter eso en el horno.

¿Esto cómo se mete? Ah, no, no.

Eso de...

Eso va a ser, ¿no?

O los pimientos... Era esto, esto.

Eso es. Menos mal que tengo a este, si no...

¿Tú sabes cómo se enciende el horno, niño?

¿No? Verás tú el lío...

Vamos a pegar un petardo horroroso.

Creo que esto deberíamos cortarlo así.

Vamos a ver... Hay que darle aquí.

¿Dónde hay que darle?

Como ahí se encendía con esta cosita,

pues habrá que darle aquí, ¿no?

¿Ahí hay que darle?

Ahí está, mete eso corriendo que eso va a salir

echando humo ya. Corre.

Oye, ¿tú sabes cuánto tiempo tiene que estar esto aquí?

No lo ponía.

¿No lo pone? Joer...

Vamos a pelar los tomates,

para el gazpacho se le quita la piel.

Sale muy bueno sin piel. Sí.

Mira, vamos a hacer una cosa,

vamos a meter... Nadie se va a enterar

si tiene piel o no tiene piel. Vamos a meterlo en la batidora.

Estos con piel tiene que ser buenísimos,

son tomates especialistas de piel.

Ahí está...

(Ruido)

¡Uh, párate! Que se sale esto.

Cago en los...

(RÍEN)

Estamos tú y yo para debutar en el programa de "Masterchef".

Tallar la cabeza de un león, eso es lo que tenemos que hacer.

¿Quién te cae mejor de los de "Masterchef"?

Pepe, porque come...

Así.

Pruébalo como lo probaría Pepe.

(RÍE)

Ponle más bigotes, mi vida.

Un león tiene una "jartá" de bigotes.

Que pone que solo hay que poner seis bigotes.

Bueno, mi vida, es un león bigotón.

Vamos a hacer una cosa,

vamos a pedirles a ellos que se coman esto

y nosotros nos comemos lo de ellos. ¿Te parece?

Vale. Vale.

Eres un fenómeno, chaval.

Será porque soy sospechoso de que me guste el buen comer

o porque tengo antecedentes,

no por delincuente, sino por hincar el diente.

O porque soy culpable de invitar a mi casa

a la "crème de la crème".

El caso es que hoy me enfrento a un jurado popular,

el más popular en esto del yantar.

Os hemos hecho Carlos y yo un plato emblemático.

León come gamba.

Pero os voy a decir una cosa,

lo hemos hecho con mucha categoría.

Jordi, Pepe y Samantha, trío de ases de la gastronomía.

Jueces, sí, pero a los que vemos con las manos en la masa,

a los que les gusta meterse en harina.

Jordi es el cañero, el guaperas,

el que se lleva de calle a las aspirantes a cocineras.

El benjamín al que las malas lenguas

unieron con Eva. Que, por cierto, además de González,

ahora es Rivera.

Pero Jordi también es el tímido, el sentimental,

el que se esmera en no quedarse sin decir

lo que merece la pena.

Mi padre murió con un alzhéimer terrible

y jamás me dijo "te quiero", así a cascoporro, ¿sabes?

Te quiero. Yo tampoco a él.

Y la noche que murió

imagino que ese alzhéimer, el hecho de no ver a nadie

en esos ojos quitó esa barrera y le dije "te quiero".

Pepe es el cocinero de carretera,

el de las gachas, las migas y la comida casera.

El sencillo y disfrutón

al que lo mismo le gusta cocinar en horno

que entrevistar a un actor porno.

Lo que falta aquí es un poquito de jamoncito,

lomito, fíjate que lo tiene siempre Bertín

en todos los programas que lo veo yo.

Hay dos personajes con los que siempre

he querido grabar. Uno ha sido Bertín,

ya lo he conseguido. Y el otro es Nacho Vidal.

Y por último, está Samantha,

la chica fina dentro y fuera de la cocina.

La chavala que empezó repartiendo comida a domicilio

y ahora regenta el cáterin más importante de España.

Chef, madre y empresaria,

tres facetas que vive con pasión.

Sobre todo, la de seguir aprendiendo

de su hijo Roscón.

Patricio, que le llamo Roscón porque nació el día de reyes,

entonces se llama Roscón, es mi hijo

que tiene síndrome de Down. Ese es el que te mata a ti,

te mueres por él. Bueno, es que...

Tú sabes perfectamente lo que te aportan estos niños

y no es que te mueras por él. Bueno, es que me muero por él

porque es un crack. Y aparte, esto te da

una cosa por dentro diferente. Sí, sí.

En la mesa, pero también en el juego,

se conoce al caballero.

Y eso es lo que espero de nuestro encuentro de hoy,

conocer de este jurado lo que hasta ahora

no se ha mostrado.

Y de paso, dar una paliza al futbolín

a tanta Estrella Michelín.

¡Bien!

Lo de Eva era un rumor. Eso era...

No, no. (RÍEN)

Pero dime una cosa, ¿es tu tipo de mujer o no?

¿Con quién te liarías antes, conmigo o con Pepe?

Esa portada de "Men's Health". (RÍE)

¿Tenía retoque o no tenía retoque?

¿Te gustó el beso de Pepe?

Jo, todo lo que traigo aquí.

Me extraña que no se apunte Jordi a esta comida.

Que es gratis.

Vamos a ver qué nos hace Bertín aquí hoy.

Ha el castillo.

¿Qué pasa, campeón? ¿Se puede?

(RÍEN) ¿Cómo andamos?

Como se nota que eres manchego.

En vez de tocar el timbre, llama a la puerta. (RÍE)

Cago en diez, digo "me falta el llamador".

Es verdad, sí, sí.

Yo me he criado en la Mancha, ¿sabes, no?

No sabía eso, pensaba que eras andaluz cerrado.

Yo me he criado en Villanueva de los Infantes.

Coño. En Ciudad Real.

Sí, manchego... Y soy de corazón, o sea, de...

Entonces, lo que te traigo hoy lo vas a disfrutar,

creo que sabes lo que es entonces.

¿Has probado alguna vez las gachas?

Pero, hombre, por Dios.

Yo soy cazador, yo de toda la vida.

Se hace en medio del campo. Y las migas.

Migas, sí, pero yo soy de gachas. De gachas.

Me parece el plato más emocionante del mundo entero.

Ahora te lo contaré. Te traigo esta chuchería para...

Qué maravilla. La podemos abrir hoy,

la puedes abrir con tu familia, cuando tú quieras.

Fenomenal. Oye, no sé si esta cocina

te va a servir o no. Bueno.

Carlos Herrera dijo que era un váter.

Es que no tengo la altura ni el peso vuestro,

pero es verdad que el que hizo la esta...

Sí, sí.

20 centímetros más la campana, coño.

Tienes razón. No hubiera pasado nada.

No me vieron a mí cuando la instalaron.

No te tomaron medidas. Yo tampoco me meto aquí nunca,

pero que el Herrera desde aquí: "Eso es un váter".

Un infierno. ¿Sabes cómo funciona o no?

Tú esto no tienes problema, ¿no? Yo es que esto tan moderno...

¿Por qué no ponemos fuegos en las casas?

Ay, qué maravilla. Mira, yo lo que procuro...

en este programa, es que...

Se os conozca como personas

más que como profesionales de lo que hagáis, ¿no?

Sí, sí.

Y a mí me gusta empezar por el principio.

¿Cómo recuerdas tú tu infancia?

Bueno, pues una infancia muy feliz.

En un pueblo de Toledo, Illescas.

Que yo recuerdo cuando era un niño:

¿cuántos habitantes tiene Illescas?

5.000 o 4.000 habitantes.

Y además, lo que sí me ha marcado de mi infancia

es haber nacido en la barra de un bar.

Porque era pasar continuamente para subir a dormir,

para ir al baño, para hacer los deberes...

Pasar por la cocina y pasar por la barra.

Podía estar la barra llena de gente,

la gente se metía contigo... No era una casa particular.

Yo no vivía en una casa particular.

Porque tu familia tenía un bar, un restaurante, o cómo era.

Claro, se montó un mesón en el 71,

pero antes de la Guerra Civil

ya existía El Bohío.

Que era aquello pues una tasca,

un taberna

donde cocinaba mi abuela

y una hermana suya. Luego un impasse en las posguerra

que se cerró, pero del 71 hasta ahora ininterrumpidamente

El Bohío está ahí. Entonces, con tres añitos,

ya he contado los años que tengo si calculamos.

(RÍE) Pasaba por la barra, imagínate,

está la gente dándole al alpiste. "Oye, el niño, Pepe".

Me he criado en ese bullicio. Porque vivíais allí.

Claro, arriba teníamos la vivienda.

Y abajo el bar, el comedor, la cocina.

¿Erais muchos hermanos o no? Somos tres.

Tres. Mi hermano y yo,

que somos los que llevamos el restaurante,

y mi hermana, la más inteligente, la que estudió

y no se dedicó a la hostelería.

¿Quién es Teresita la de El Bohío? Mi madre, coño.

¿A qué se dedicaba ella en el restaurante?

Mi madre acabó cocinando, mi madre no tenía nada que ver

con la gastronomía ni con la hostelería,

se había criado en El Bohío aquel primitivo,

pero tuvo la suerte de no tener que trabajar

en su vida.

Mi madre era la señorita del pueblo.

Una niña bien criada cuando en esta época...

había penurias y tal, ella vivía bastante bien.

Y tuvo la desgracia o la gran suerte

de casarse con mi padre, que era un personaje

que no tenía nada que ver con ella.

Mi padre, torero... ¿Tu padre era torero?

Mi padre quiso ser torero, luego no llegó a nada,

tenía más miedo que siete viejas. (RÍE)

Nunca lo reconoció, pero torero...

Mi padre vivía el mundo de los toros

y montó el mesón harto de dar volteretas por el mundo

haciendo fotografía taurina después.

Y mi madre le dijo: "Oye, aquí no podemos vivir

de cuatro fotos, que andas para arriba, para abajo.

Vamos a montar un bar". Y montaron El Bohío.

Mi madre le echó dos narices, que no había currado en su vida

y le tocó con cuarenta y muchos agarrarse a la cocina

y acabó siendo una cocinera extraordinaria.

Fíjate que cosas. Extraordinaria.

A ti te ha dado por la cocina y no por los toros,

pero de casualidad o qué. Yo tenía también mucho miedo.

Me gustan los toros, me gusta el mundo del toro.

El personaje y tal, pero no, no.

Gracias a Dios, mi padre... Pero tienes pinta de torero.

(RÍE) Tienes aspecto de torero.

Como eres, como eres, no, no, ni mucho menos.

Pero creo que en esto sí fue inteligente mi padre,

porque en cuanto vio que flojeábamos en los estudios

y nos metimos un poquito a trabajar en el bar,

nos cedió el terreno rápido y se quitó.

Joder, qué listo fue. Ah, qué bien,

ahí sí estuvo listo. Estuvo al quite.

Visionario. Un visionario, fue un listo.

Visionario total. (RÍE)

Y ahora en tu restaurante, en El Bohío,

¿qué haces? O sea, te metes en la barra

y charlas con la gente o...

Ya nos hemos hecho modernos mi hermano y yo,

quitamos la barra primitiva del bar,

hicimos lo que llaman ahora

un restaurante gastronómico

creo que dice Jordi. Algo así,

le pone unos nombres modernitos,

¿sabes lo que te digo?

¿Plato grande y poquita comida?

En mi casa se come, eh,

de hecho verás el plato que te he traído, gachas.

Aquí no vengo a tontear. Vale, vale.

Jordi seguro que trae el humo este y el potasio

que baja y que sube. (RÍE)

Hemos venido a comer, tío. (RÍE)

No, no, es un gran cocinero, pero es verdad que, joder,

el rollo minimalista que se ha instalado, ¿verdad?

Olvidémonos de la cocina.

¿Qué significó tu madre para ti?

Joder, es que es la... El, el...

Es donde me gustaría mirarme.

Sí, mi madre era un personaje con una fuerza...

Sacó fuerza de donde no la había

y le echó un coraje y unas narices.

Qué maravilla. Eso es gigante,

eso es el mayor ejemplo que me dejará.

Yo creo que Pepe está influenciado, ya no por la cocina,

sino la manera de ser de mi madre, es espiritualidad

que tenía mi madre yo creo que,

desde luego, yo no la he heredado, pero mi hermano sí.

¿Qué pensaba ella del éxito tuyo?

Cuando te llegó, porque...

Lo ha vivido, lo ha visto, pero...

Era... Siempre me decía:

"¿No se te subirá a la cabeza?" (RÍE) ¿Te decía eso?

Sí. Me encanta.

Claro, esa prudencia de: "Tú habla bien

de la gente del pueblo, tú no...". ¿Sabes? No quería que...

Como diciendo: "Ahora este no se va a hablar

con los de siempre". Yo hago la compra en el mercado

con la gente de mi pueblo, normal.

Lógico, ya te conocen,

se meten contigo, se ríen y tal. (RÍE)

Pero ya lo tienen normalizado. ¿Le gustaba verte en la tele?

Sí, era un poco extraño la sensación,

porque claro, no sabía...

Y se murió sin saber un poco

toda la repercusión exacta de lo que tenía.

Oye, me contaron una historia que me impresionó mucho,

que la noche que diste las campanadas

ella no te pudo ver, ¿no?

Sí, eso es dañino, ¿eh? Lo que es la vida.

De hija de zorra.

Yo lo digo mucho, la vida es así de tremenda.

Pues fíjate, dar las campanadas

es algo que los mundanos de a pie,

para ti puede ser muy normal

porque eres un hombre

muy reconocido, público.

Personaje de toda la vida española,

¿quién no conoce a Bertín Osborne? A Pepe el de El Bohío

no lo conocía nadie.

Entras en un programa de televisión

y te ofrecen dar las campanadas, es surrealista.

Aquello con un subidón, decir: "Las campanadas,

eso lo he visto de crío comiendo las uvas".

Siempre se equivocan. Claro, y quedar mal.

Pero, joder, es el momento cumbre

de algo tan... Donde todos los españoles

estamos reunidos para celebrar el año nuevo.

Y que lo puedas dar es la leche.

Muy buenas noches, Jordi Cruz y Pepe Rodríguez.

Buenas noches. Buenas noches a todos.

¿Cómo estáis? Bienvenidos. Encantados.

Exultantes, para mí es un honor estar al lado

de la mujer más guapa de televisión española

y al lado de uno de los hombres más guapos

del jurado de "Masterchef". A punto de bajar el carrillón.

¿Estamos a cuánto? Ocho segundo de carrillón,

20 segundo de cuartos y campanadas. ¿No ha empezado ya?

Hay mucho ruido. Tenemos que estar muy atentos.

Creo que ha empezado. Feliz 2014 a todos.

Feliz año. Jordi.

Salud. Pepe.

Mucha salud para todos.

Yo estuve por la tarde, toda la tarde...

Como si fuera un jugador de fútbol.

En casa, ¿sabes lo que te digo? Sin salir.

Nervioso un poco, las cinco, las cuatro.

Mi madre ya se había caído por la mañana.

¿Se había caído? Se había caído,

estaba muy torpona, se dio un golpe en la cabeza.

A partir de ahí no salió,

mis hermanos la llevaron al hospital.

No me dijeron nada.

Pues fue muy triste, yo llegué a casa de mi hermana

y le dije a mi madre que Pepe daba las campanadas

en televisión

y al poco me llamó mi hermana, que se había caído.

Ya pasé todo el día con ella, nos fuimos al hospital...

Y por supuesto, se lo ocultamos a Pepe.

Pepe es un tipo duro

y sabe morder los dientes cuando hace falta,

pero aquello se lo ocultamos.

Yo me fui, di las campanadas tan a gusto.

Ya te baja ese exceso de adrenalina

de ese momento y nos regalaron un ramo de flores,

uno a Jordi, que dio la campanadas conmigo,

y a Anne Igartiburu.

Nos dieron un ramo de flores muy bonito y digo:

"Se lo voy a llevar a mi madre que lo habrá estado viendo".

Y llego a casa y vi los caretos de mi hermano,

de mi hermana, todos serios.

Y digo: "¿Mamá?".

"Mamá se ha caído esta mañana y está...".

Yo sabía que no salía, no me interesaba el golpe

porque estaba tan delicada

que esto acabaría con ella.

Y efectivamente, no pudo ver ese momento.

Pero bueno, esa es la vida.

(TOSE)

Que...

Es que la vida esta muchas veces te da esos palos

que son para toda la vida. Esa es la vida.

Lo tienes aquí para toda la vida.

Y además, creo que...

Creo que eso fue la final de "Masterchef".

Ella se cayó el 31,

murió el día 4.

El día 3...

No, el día 4 grabamos la final de "Masterchef Junior".

Fíjate.

Claro, yo llamaba a la productora, mi madre se está muriendo,

puede ser hoy, puede ser mañana, puede ser pasado.

Pero claro, una final...

Es que muchas veces la gente... No puedes faltar.

Es que fíjate tú,

es que lo que acabas de decir: "Y no puedes faltar".

Es que eso no te pasa en ninguna profesión,

la gente no lo sabe muchas veces

las que pasamos nosotros aquí.

Sí, hay que verlo.

Cuando tienes tantísima gente.

Esta chica me dijo: "Mira, Pepe,

los actores se muere su padre, su madre...".

Con una frialdad me lo dijo, pero llevaba toda la razón.

"Se muere su madre o su padre y tienen que salir a escena".

Es que está puesto así,

hay un contrato, hay unas entradas vendidas.

Bueno... Hay una profesionalidad.

Por eso te digo que muchas veces la gente no sabe

las que pasamos muchos

de los que estamos aquí dando vueltas.

Es que la televisión engaña.

Engaña en el sentido... Yo creo que hay mucha realidad.

Glamur, todo maravilloso. Piensa que vives

en "Los mundos de Yupi". Te dicen: "Estás en la tele".

Claro, como estoy en la tele no regaño con mi mujer,

mi hijos sacan dieces y a mí no me duele la espalda.

Y el cliente se ha ido encantado de comer en El Bohío.

Ya estoy en la tele, ya está todo solucionado.

Para mí la tele es otro trabajo.

Ya, y en esos casos, además,

cuando pasan de esa manera y dices:

yo estoy grabando y tal...

Seguro que siempre pensamos...

Me quedaron cosas que decirle a mi madre

o te quedaron cosas que decirle a la tuya.

A mí me quedaron cosas que decirle a la mía.

Siempre, yo creo que sí.

Ahí es cuando te das cuenta,

¿cómo podremos ser tan idiotas?

Hemos perdido el tiempo, teníamos que haberlo pasado más.

Como se nos va el tiempo en cosas banales

que no aportan nada y lo sustancial lo perdemos

por no estar pensando en lo que deberíamos.

Sí.

Pero ya, qué fácil es predicar.

Pero luego hay que estar ahí y hacerlo.

Es verdad, es verdad. No es fácil.

Oye, ¿tú te acuerdas del primer plato que cocinaste?

Sí, sería algo que le diría a mi madre: "Enséñame".

Yo me metí en la cocina por obligación,

sin saber ni tener ni idea.

Ni gustarme ni interesarme. ¿Con qué edad más o menos?

22, 23 años. Ah, ya mayor.

Ya mayor sí, yo entré, pero por obligación.

Yo estaba haciendo segundo de BUP, mi hermano estaba en COU

y habíamos trabajado toda la vida en el bar,

los fines de semana teníamos que echar una mano.

Y tampoco éramos los mejores estudiantes

de la zona, también hay que decirlo.

A mí me quedaron cuatro o cinco y dije: "¿Qué hago?

Recupero Inglés, Física...

No sé qué, Religión si es que se daba".

Alguna que podría haber sacado.

Y mi hermano me dijo: "¿Qué te parece

si nos ponemos a trabajar aquí? Si tampoco estamos...".

Y digo: "Pues vale". Y nos metimos de lleno.

Fue convencimiento a esto.

Sí, fue así, eso es. Y nos metimos a trabajar,

yo estaba de camarero, mi hermano y yo de camareros.

Mi madre cayó enferma, metimos cocineros

uno duraba un año, un mes, tal.

Llegó un momento que no podía seguir así.

O te metes tú o me meto yo.

Un día cocinó mi hermano, al día siguiente yo,

al día siguiente mi hermano y al día siguiente yo.

Mira, ya me quedo yo, no vamos a ir cambiando.

Y hasta ahora. ¿Y tu hermano cocina actualmente?

No, no, además debe cocinar muy mal.

Porque a veces le oigo: "Me he hecho un risotto".

Y digo: "Madre mía". (RÍE)

Lo que tiene que haber salido de ahí.

No cocina nada. (RÍEN)

Qué bueno.

Oye...

A mí me apasiona ver gente que de la nada,

un bar de carretera, ¿no? Sí, sí.

De repente hacen un pedazo de restaurante,

fantástico, de vanguardia.

Porque es de vanguardia, aunque no lo he visto,

pero me lo han dicho.

¿Cómo se come eso?

Pues yo creo que tuve la suerte de aparecer en la cocina

en un momento clave en este país.

Era cuando estaba... "Po, po, po".

Aquello estaba en ebullición.

La alta cocina española.

Tuve la suerte de que cuando llevaba un año

en la cocina aparece un folleto en mi casa:

"Alta cocina de autor. Vitoria".

Coño. Y veías el cartel.

Valía una pasta entonces, eh.

Pero era comida y cena, comida y cena.

Michel Bras, Pierre Gagnaire, Alain Senderens...

Jöel Robuchon, un Ferrán Adrià,

un Martín Berasategui.

Eran dos chavalitos jóvenes que no los conocía ni Dios,

pero ya empezaban a sonar entre los profesionales,

pero muy poquito. Y tú veías los menús...

Y tú decías: "Madre mía, ¿y esta burrada?"

Pum, me apunté. Ah, ¿fuiste?

Sí, hombre, claro.

Y ese año éramos veintitantos congresistas.

Luego Vitoria fue un hito,

si tú hablas a los gastrónomos de peso

de este país, saben que Vitoria fue un antes y un después.

Allí empezaba a fraguarse lo que es la alta cocina española.

Y ya se intuía un Ferrán Adrià, un Martín

qué decías tú: "Joder, estos dos personajes

vienen en cohete".

¿Qué año fue eso más o menos?

Año 90 por ahí. Por ahí.

89, 90. Sí.

Entonces tuve la suerte

de tener ese primer contacto con lo que estaba ocurriendo.

Y yo llegué a mi casa y dije: "Esto es lo que quiero hacer".

Pepe es uno de los mejores cocineros contemporáneos

de este país sin duda alguna.

Otra cosa es que le encante la cocina popular y a mí también.

Hay una cosa que me divierte mucho,

que yo pensaba que los artistas éramos los únicos

que teníamos club de fanes.

Pero veo que los cocineros también.

(RÍEN)

Creo que tienes un club de fanes, macho.

Calla, calla, qué vergüenza, por Dios.

Es surrealista, de verdad.

Es surrealista. Pero, macho.

Es que ha habido...

Que seas el cuarto cocinero más sexi de España

como me han dicho que eres. No, no, perdona.

¿Cómo que no? Yo soy Pepe Rodríguez,

no soy Jordi Cruz. No, no.

A mí no me metas en ese grupito. Jordi es el número uno.

No, no, ¿te enseño la tripa que tengo?

(RÍEN) Eso no lo pueden decir de mí,

Jordi sí.

¿Qué le ven a él que no me ven a mí?

Hombre, por favor. ¿Qué tiene Pepe que gusta tanto?

Por favor, por favor.

Es más guapo él.

¿Ves? Una señora con buen gusto.

Con criterio.

Como te imaginas, para mí de sexi tiene poco Pepe.

Para mí. (RÍE) A las mujeres seguramente...

Se lo tendrás que preguntar a ellas.

Ahora, también te tengo que decir que antes los cocineros

no ligábamos. Es que los cocineros

hemos tomado el poder mundial.

Es terrible, hoy un gran cocinero de este país

es un futbolista.

Los niños conocen a los cocineros y no a los futbolistas,

¿qué está pasando en este país? ¿Qué daño hemos hecho

con los programa de televisión? La tele, macho.

Terrible. (RÍE) La tele que es mágica.

Cocineros con club de fanes.

¿Dónde vamos a llegar? Es muy cachondo.

Es muy cachondo y además ligarás más seguro.

(RÍE)

No me deja mi mujer. (RÍEN)

Me lo tiene prohibido.

Nuestras mujeres son santas porque eso lo tiene que llevar.

Si somos decentes, eso lo tienen que llevar bien.

Además tú y yo lo somos.

Cuando llegas todo churreteado, yo, por ejemplo,

que vienes de algún programa o alguna firma de discos

y vienes todo churreteado.

Antes te escondías,

hoy día es que...

Vengo de... "No te preocupes, si ya...".

(RÍE) La mía lo va entendiendo. (RÍE)

Yo me hice cantante para ligar, macho.

¿Ah, sí? ¿Tú?

¿Te hiciste cocinero para lo mismo?

No, yo me hice a la fuerza, me cago en la mar.

Pero no se me ha dado mal el ligoteo,

no he necesitado la cocina para ligar.

¿Cómo llega "Masterchef" a tu vida?

De casualidad, como todo en la vida, con suerte.

Yo es que he tenido mucha suerte en la vida,

me metí en la cocina por obligación,

caí en esa época en la que a un cocinero

lo premian por recalentar la sopa de ajo de tu madre.

O sea, tiene pelotas la cosa.

Mi madre toda la vida haciendo la mejor sopa de ajo del mundo

y nadie la saca en la tele ni le dice:

"Señora, qué bien lo hace". Yo recaliento su sopa

y soy un héroe nacional. (RÍE)

Fíjate lo que ha cambiado el país.

Y luego, tengo suerte, en entrar en la televisión.

Una señorita me llama, señora, que está casada ya.

"Oye, Pepe, me gustaría hablar contigo".

"Dígame, sí, quedamos. Ah, bueno, pues nos vemos".

Hice un programa piloto.

Ya terminado dije: "Esto de la televisión...".

¿14 horas para grabar un programa?

Un sábado entero, el día más frío del mundo, nevando...

Yo iba con el coche a Moralzarzal que grabamos allí...

No entendía nada, gente por todos lados, redactores,

esto, lo otro... Ahora los voy conociendo a todos.

El cámara, el otro...

"Tú haz como que pruebas, tú tal". Allí conocí a Jordi y a Samantha,

que no nos conocíamos. Había algún personaje más.

Yo tenía que probar, el otro...

Era todo surrealista, porque no era nada verdad.

Pero...

No sé qué pasa aquí.

Y este plato, es una mierda. ¿Te dieron guión y todo?

Sí, había como un guión, ¿cómo voy a estudiar un guión?

Llevaba 40 años sin estudiar. Déjame de guión.

No me gusta tu plato, esto es aberrante.

Esto no tiene sentido, ¿no te has dado cuenta?

Yo me reía, tal... Lo que hiciese, no lo sé.

Yo llegué a mi casa y le dije a mi mujer:

"Qué agustito estoy en mi cocina".

¿Qué necesidad tengo yo de esto? (RÍE)

Y al mes me llama esta chica: "Tienes que verte, estás enorme".

Y yo digo: esta es una vendedora de crece pelo...

(RÍE)

Efectivamente, me lo enseña y no veía nada.

Bueno, ¿qué? No sé.

Estos desgraciados ven donde no hay.

Sí, es verdad.

Hay alguno que tiene el poder de decir:

"Este tío puede funcionar ahí".

Qué desgraciados. Por eso trabajan

en lo que trabajan. Son buenos en lo que son buenos.

Efectivamente.

Y fíjate. Y hasta aquí.

¿Y cómo lo llevas? Que te conozca todo el mundo.

Ya me río, ha sido un regalo. Es un regalo.

Porque hago un programa

que me entretiene mucho, que me divierte,

que voy a pasarlo bien.

No creo que nos estén oyendo, pero debería pagar yo por hacerlo.

(RÍE) No lo digas muy alto. Te cogen la palabra rápido.

Bueno, me deberían subir el sueldo, coño.

No, pero es verdad, es tan bonito,

te tratan tan bien, te llevan tan bien.

Te hacen sentir como una estrella, cuando no soy ninguna estrella.

Y te llevan en un coche... Eso es lo bueno que tienes tú,

que no soy una estrella, todavía tienes eso en la cabeza.

Me cago en diez. Es importantísimo, desde luego.

¿Cuál es el problema?

Tú pasas de no ser conocido

a en dos años salir en las portadas de los diarios.

O eres una persona muy equilibrada como Pepe

o te vuelves loco.

Te vuelves loco.

Tú no tienes conciencia de que hayas renunciado a nada

por hacer lo de la televisión o por ser famoso

o porque sea conocido.

No, al contrario, me ha dado tanto,

le debo tanto.

Porque ya había renunciado a lo principal

antes de entrar en la tele, a mi vida familiar.

Porque no la conciliaba. Echo muchas horas en la cocina.

Y ahora echo el doble.

Porque tengo que estar en un programa y luego en la tele.

Me tiro a lo mejor...

El año pasado libré de 365 días,

los 30 de agosto, eso son sagrados.

Pero luego ya no cojo un día libre más.

Imagínate, con tres hijos. Cojo tardes.

Tú fíjate conciliar eso, pero ya lo hacía, eh.

Estando sin "Masterchef".

Es que es muy duro, muy sacrificado.

Y porque me lo exijo yo, nadie me lo exige.

Me gusta estar en la cocina.

¿Y qué dice tu familia?

¿Has hablado con ellos alguna vez de este tema?

Sí, bueno, bueno, tiramos de la cuerda.

Uno tira más, otro tira menos y nos damos momentos.

Al final es importante el minuto que tú pases con ellos.

¿Y qué haces ese mes de agosto que andas por ahí?

¿Qué haces? Pues nos vamos de vacaciones.

¿Os vais todos? Sí, sí, todos.

Eso es sagrado, me voy con los nenes.

Quiero desayunar, comer, cenar, que me molesten,

que se me tiren encima, que me cansen, que me aburran

porque no lo hacen nunca. Entonces esos me encantan.

Desayunar con ellos, ver qué les gusta, qué no.

Comer con ellos, echarme la siesta con ellos...

Todo eso que no puedo hacer en todo el año

lo condenso en 15 días.

Y lo paso de maravilla, es lo más bonito del mundo.

¿Y qué opinan tus niños de que seas conocido y famoso?

Pues depende las edades.

A María le cuesta mucho más. "Papá que se meten contigo,

que dicen que comes así

y el otro dice que eres un salvaje".

(RÍE) Y el otro que no sé qué.

El mediano lo lleva bastante bien, está un poquito orgulloso

y la pequeñaja que ha hecho ahora seis años

se va enterando de lo que es "Masterchef".

Al principio no lo sabía, entonces no le llamaba la atención

y ahora lo ve en la tele y lo quiere ver.

¿A alguno le gusta lo cocina? No, les gusta comer.

Bueno, eso sí, pero...

Meterse en la cocina, alguna vez rara.

"Déjame que te...". Como cualquier otro.

Tengo mi hijo chico, Carlitos, que ahora le conocerás,

es un fan vuestro, no te puedes imaginar.

Hay muchos niños que, gracias a programas

como el tuyo, tienen ya esa mentalidad

de que quieren aprender a cocinar.

Hemos decidido que vamos a hacer un curso de cocina los dos juntos.

Yo soy una catástrofe,

pero me divertiría hacer un cursito de cocina

con Carlete. Es superdivertido.

¿Quién será, Jordi o Samantha? ¿Te acompaño?

¿Jordi o...? Sí, venga, vente. ¿Jordi o Samantha?

Depende de la hora. (RÍE)

Jordi no suele llegar muy temprano.

Caballero. ¿Qué pasa, campeón?

Bien, hombre. ¿Cómo estás?

Jorge. Pepito.

Aquí llevo un ratito con Pepe.

¿Qué pasa? Bien.

Estamos hablando... Oye, está fuerte el tío.

Soy canijo, pero...

El cocinero ese que hablabas antes es él, no yo.

(RÍEN)

¿Has estado hablando de mí? Pero bien siempre.

Hemos hablado bien. Bien, bien.

¿Todo bien?

Bien. ¿Vas a hacer algo en la cocina?

Algo para que me guardes en frío.

¿Has traído alguna cosa?

He traído unas ostritas. Es de pico fino mi Pepe.

Bueno, ¿quieres ir preparando lo tuyo?

Voy haciendo lo mío y tal. Venga.

No tardéis mucho que lo mío se me pasa.

¿Qué marranada vas a hacer? Vas a comer como Dios manda.

¿Sí? No va a haber tonterías

de esas que me haces. (RÍE)

No espero nada de ti. Ahora te vemos.

¿Qué hacemos? ¿Qué pasa, campeón? Nada.

Tú no tienes casa, eh.

Charlar un poquito, ¿no?

Bueno, tengo un casoplón. Sí, está bien, bueno...

Veremos algún día si es mía. Siéntate si quieres.

Bueno, bueno. ¿Qué me cuentas, Bertín?

¿Qué tal, cómo estás? Bien.

Contento de estar en tu casa.

Oye, macho, yo que no te conocía, tienes una cara de niño... (RÍE)

Tengo buena genética, eso sí es cierto.

¿Sí? ¿Eres precoz o no?

En muchas cosas, en currar mucho sí.

Y en algunas muy poco precoz.

Estoy poco gozado. (RÍE)

Bueno, en la cocina sí que lo has sido.

En la cocina sí,

pero en la cocina...

Lo inteligente es que focalicé en algo

que se me daba bien.

Y como el resto se me daba mal,

pues lo inteligente fue...

Algo que era un hobby que tenía mano,

y le metí mano, le metí toda.

Ya que se me da bien, pues al 100%.

Oye, me quito esto, que tengo un calorazo.

Sí, sí, lo que te dé la gana, tú.

Oye, en la cocina tienes bodega, ¿no?

No, la bodega la tengo en Sevilla. Ah.

Hombre, aquí tengo...

¿No tendrás vino bueno en la bodega?

En la cocina. Sí, sí.

Pepe es de vino, eh. ¿Ah, sí?

Uh. Pues le hemos dejado solo,

menudo peligro. Por eso te digo.

Esto, cuéntanos, para conocerte un poco más,

¿cuándo empezaste a cocinar?

A los siete años empecé a hacer mis cositas.

¿Siete? Siete.

¿Ah, sí?

Joder, ¿y a los siete años qué hacías?

Pues lo que hacemos todos,

reproducir un plato de judías con patatas.

Mi padre siempre tuvo el colesterol por las nubes

y siempre comía judías con patatas

y un pescadito al vapor. ¿Por qué judías con patatas?

¿Es bueno para el colesterol? Era lo que se consideraba sano,

la verdurita típica. Yo tengo el colesterol también...

Alto. (RÍE) Verdurita típica.

Y mi madre lo hacía muy a menudo y se puso enferma

y le cociné las judías con patatas y el pescadito al vapor.

Aquí la servilletita y se lo serví.

Y me dijo: "Tú serás cocinero". Pues vale.

¿Cuántos hermanos sois? Seis.

Seis hermanos.

Cuatro chicas y dos chicos. ¿Y tú eres el más pequeño?

Yo soy el goma rota.

El goma... (RÍE)

Sí, sí.

El chiquitín.

¿Qué tal eras como estudiante?

Pésimo, malo. ¿Sí?

Malo, malo.

Horrible.

Yo creo que cuando te pierdes en las restas,

pues lo que sigue es complicado.

Yo creo que no focalicé nunca.

Nunca puse atención,

creo que a los niños hay que saber motivarlos

y saber...

Bueno, llamarles la atención en algo que les ilusione.

Si no encuentran esa ilusión, se pierden en otras historias.

Y andas más perdido que una cabra por el monte.

Sí, pero mira por donde,

tú en seguida encontraste...

No, encontré algo que me gustaba

y a la que dejé el colegio, me puse a estudiar.

¿Por que eras gamberrete o no?

No, era...

Era llamador de atención profesional.

Era el chiquitín,

siempre iba a remolque de mi hermano, de mis hermanas,

siempre buscaba llamar la atención porque no me sentía...

mucha cosa.

Era chiquitito, me sentía muy lelo, muy bobo.

¿Sí? A mí me han contado que te gastaste 10.000 calas

de tu madre en chuches. Sí.

Un día le cogí uno azul de esos gordos,

me fui a la tienda de chuches y dije:

"Chavales, hoy pago yo".

Compró juguetes para toda la clase

y luego chucherías.

La profesora cuando vio tanta generosidad

ya supuso que algo no era normal

y entonces fue cuando me avisó.

Lo pasé muy mal, eh. (RÍE)

Porque en aquella época me hacían falta.

Una de las cuatro grandes bofetadas

que me ha dado mi madre en esta vida,

una fue esa. (RÍEN)

No me extraña nada.

No, no, y a parte, grandes bofetadas merecidas

y de esas que dices: "Me la he ganado. A pulso".

Oye, y también me dijeron que habías sido un poco pirómano.

¿Quién te ha chivado eso? (RÍE)

Yo tengo información confidencial. No, hombre...

Mi hermano, teníamos una torre, un campo de esos en agosto,

dorado, hermoso.

Y haciendo el borrico con los petardos,

mi hermano tiraba cerillas...

Dije: "Eso no prende".

Yo tiré un periódico ardiendo.

Y la liamos parda. No me digas.

Mi hermano con el chándal intentando apagarlo,

mi padre destapó la piscina...

Yo me piré. (RÍE) Dije: "Jaleo". Y me escaqueé.

Gamberrillas de cuando eres chico.

Sí, joder, macho. Sin cabeza.

A ver, sin mala intención,

pero con la intención de llamar la atención

y de que seas lo que no eres,

el gracioso, el simpático.

(RÍE)

Me estás recordando a Pablo Motos.

¿Sí, por qué?

Porque Pablo también hacía lo mismo.

En plan... También hacía lo mismo.

Pero yo no era malo, era descerebrado.

Bueno. ¿Tus padres a qué se dedicaron?

Seguros. Seguros. ¿Ah, sí?

Yo quemando campos y mi padre haciendo seguros.

(RÍEN)

Sí, seguros.

¿Y cómo era tu relación con ellos?

Muy buena, mi padre, que era mayor,

pues sí que tuvo una vida más...

A los 12 años estaba en una fábrica.

12 o nueve, muy chiquitín.

Y mi padre no tuvo la suerte de ser una persona

ni muy afable ni muy cariñosa.

Porque tuvo una infancia complicada,

tuvo que sacar la familia adelante siendo muy chiquitín

y tenía un carácter... Duro.

Duro, aparte, pues vivió la época que vivió

y tenía un carácter duro.

No era una persona que le resultase fácil

decir "te quiero".

Les relaciones personales eran complicadas,

o sea, eran difíciles. Eran muy complicadas.

Pero aparte, yo lo veía con mucha...

realidad, yo entendía lo que estaba sucediendo

aún siendo muy chiquitín. Dices que le costaba trabajo

decir "te quiero", pero ¿tú se lo dijiste

alguna vez a él? No, claro.

No, es que...

Yo creo que he sido muy parecido a mi padre en muchas cosas.

Y ese es el tema, yo no quería parecerme a mi padre.

No, no parecerme, si no quería superar

esas limitaciones que había visto en él.

Que él tenía mil cosas buenas.

Pero esa limitación de no poder decir "te quiero"

cuando en el fondo te apetece un montón,

de no poder dar un abrazo

porque te da una vergüenza que no la entiendes,

pues eso me cabreaba, me tocaba mucho la pera

y no quiero ser así

porque soy una persona muy cariñosa

como era mi madre y como lo era él,

pero no lo demostraba y no podía hacerlo.

Lo que pasa que le cuesta expresar los sentimientos

que le inspira una situación.

Pero en el fondo es muy cariñoso,

es muy tierno.

Es Jordi.

¿Tú crees que se llegó a sentir orgulloso de ti?

Sí, mi padre tenía sus colegas

y a mí me metía caña, era cañero.

Pero...

Jamás te decía: "Bien". Era más decirte: "Mal".

Pero en ocasiones, de lejos,

le veía con sus colegas: "Pues mi hijo, el Michelín".

En su despacho tenía una foto mía.

Yo sabía que él estaba orgulloso

porque de chico siempre me decía: "Este será un delincuente".

¿Ah, sí? Sí.

(RÍE)

¿Te lo decía a ti o lo decía? Lo decía en voz alta...

A la primera que podía.

Y mi padre yo sé que estaba muy orgulloso de mí.

Y murió estando muy orgulloso de mí,

o sea, que...

Que me apetecía un montón poder demostrarle

que con ganas y empeño pues...

¿Él vivió tu éxito en la cocina, en la tele...?

No vivió lo que ha pasado con la televisión,

pero si vivió el éxito gastronómico de ganar.

Varias Estrellas Michelín

y de pasar a ser un...

Bueno, un descentrado,

a alguien que pone mucho empeño en trabajar,

en buscarse la vida y en intentar que la familia esté orgullosa

que siempre es lo que he intentado.

¿Y le echas de menos o no?

Sí, lo que pasa que tuve la suerte de cerrar mi círculo con él

de una forma de la que me siento feliz.

Mi padre murió con un alzhéimer terrible.

Él tenía pánico a morir.

Pánico.

Lo llevaba fatal y tuvo que ser el alzhéimer

el que se lo llevó.

Y jamás me dijo "te quiero" así a cascoporro, ¿sabes?

Te quiero. yo tampoco a él.

Y la noche que murió,

imagino que ese alzhéimer, el hecho de no ver a nadie

en esos ojos, quitó esa barrera y le dije "te quiero".

Y murió.

Y yo sé que él estaba por ahí.

Y me quedé en paz, sencillamente.

O sea, yo creo que...

Cerramos ese círculo, todo estuvo bien.

Yo siempre le pedí a Dios

que no pasara eso sin haberle dicho "te quiero"

a mi padre y se lo dije.

No como me habría gustado,

pero se lo dije.

Fue una despedida,

una reconciliación con el padre

por si antes había alguna carencia.

¿Tú has superado eso, en este momento,

de decirlo a las personas a las que quieres?

Tengo mis dejes. Te cuesta trabajo.

Sí, yo siempre lo digo, soy muy tímido,

muy reservado, tengo carácter fuerte.

He aprendido a sacarle partido a ese animal

que tenía mi padre, que yo sé que lo tengo dentro.

Que, sencillamente, es un animal.

Es un bicho que puede ser muy malo si está mal gestionado,

pero que si le sacas partido, si lo dominas,

si aprovechas su fuerza

y la canalizas, pues tiene un tirón acojonante.

Mal utilizada, pues...

Pues se puede enfadar y puede ser un idiota, ¿no?

Pero bien utilizada

es una fuerza que te ayuda a afrontar

lo que sea.

Y yo me quedo con esa parte.

Yo siempre he sido... Pues deberías probar, eh.

Lo de decir "te quiero" más a menudo.

Sí, porque aparte soy muy mimosín, soy un osito de peluche.

Es muy bonito.

Y, a menudo, pues... Bueno, a menudo,

a quien quieras de verdad, claro. Sí.

(RÍE) Lo estaría diciendo todo el día.

Prueba, que eso es muy bonito y además te...

Ahora estoy aprendiendo esas cositas

y a intentar ser más abierto.

Estoy haciendo televisión, que es...

Siempre lo digo, soy tímido. "Qué vas a ser tímido".

Pues sí, si te encierras en ti mismo,

no hacer caso a una cámara es sencillo.

A parte, trabajamos con un equipazo

que nos mima, nos cuida y te sientes seguro con esa gente.

La verdad es que, por lo menos, la impresión que tengo

es que eres un tío muy seguro, a pesar de la timidez.

La timidez es una cosa y la seguridad es otra.

¿No? Es que es fácil.

O sea, si tú dices : "Allá voy",

lo fácil es no llegar.

Pero si le pones ganas, lo fácil es llegar.

Yo le pongo todas las ganas. Eso es ser seguro.

Es que me da igual perder.

Yo, dándolo todo,

ya estoy contento. Con esa primera estrella

con 24 años cubrí mi expectativa.

Pasé de delincuente

a tener una Estrella Michelín.

(RÍE) Presunto delincuente.

Presunto delincuente a tener una Estrella Michelín.

Yo, satisfacción personal, toda, mi familia orgullosa.

Es que...

Es que para qué vas a andar con tonterías.

Mientras tú cocinabas, ¿tus amigos qué hacían?

De copas, me imagino.

Yo salí un par de días, algún domingo.

Algún sábado por la noche y el domingo no era persona.

Porque yo todo a cascoporro, yo soy muy de barra.

(RÍE)

Si salgo, salgo, no me tomo una, me tomo diez.

Y dije: "No, esto no es lo mío".

Yo el domingo estoy mal

y yo tengo que estar bien para trabajar.

Y me pasé la infancia currando, me pasé diez años

sin salir del restaurante, directamente.

Lo primero, a calentar esta panceta.

Estos van a alucinar,

van a saber lo que es comer de verdad.

El Jordi este que no trae de nada.

Cuando pruebe las gachas, que no lo ha probado en su vida.

Se va a volver loco, lógico.

Vale, esto ya lo tengo aquí,

lo voy a meter con un poquito de agüita.

El agua que lo tenemos aquí.

Bueno.

Ahora aquí el problema es saber cómo funciona esto,

me cago en su padre. A ver.

(Pitido)

Ha sonado.

(Pitido)

Ha sonado pero no tengo nada.

Me cago en su padre.

¿Habrá dejado Bertín el libro de instrucciones?

No sé por qué tiene que grabar en esta cocina,

que todo el que viene las pasa canutas.

Lo hacen aposta.

Con 24 años te dieron la primera Estrella Michelín.

Yo no sabía ni qué era. No tengo ni idea cómo funciona

ni cómo se consigue. Pues vendría un señor,

le gustó...

¿Eso cómo funciona? Para que lo sepamos.

Muchísima gente no lo sabrá.

Hay un equipo de seis u ocho inspectores

que tienen que venir a tu casa, te tienen que conocer

de alguna forma.

¿Pero van sin avisar o te avisan? Nunca, no.

Ah, ¿no avisan? La Guía Michelín es grande,

sobre todo porque no pide explicaciones,

no te exige nada.

Ellos vienen, no se presentan,

comen, pagan,

se van. Y es un personal muy cualificado

que valora todo el conjunto.

Y si mereces una Estrella,

que es un sitio pues que lo hace muy bien,

que la comida es muy buena. Que vale la pena desviarse.

Pues eso es una Estrella Michelín.

¿Y cuando te dan la Estrella, te dan algo?

No, no, es efímera.

No hay...

No existe físicamente. Algunos años han dado un cuadro,

un adhesivo, pero la Estrella... Hombre, en tu restaurante,

si tienes una Estrella o dos, lo lógico es tenerlas puestas.

Sale en la guía y ahí está. La guía suma un riesgo

cuando te pone y la manera de forzarte,

la manera de decir: "Oye, no te bajes del burro,

sigue azotando la cazuela,

sigue haciéndolo bien", es que sea efímera

y que te la puedan quitar. Te la pueden quitar, claro.

Claro, y eso es muy complicado.

Porque que te la den es honor y te da mucha satisfacción,

si te la quitan, es un putada.

Claro, claro.

Es como decirte que lo estás haciendo mal.

Claro, claro.

Yo he compartido con él la pérdida de una Estrella

cuando nosotros cambiamos de cocinero.

Lo supo encajar muy bien.

Eso picó su amor propio

y al próximo año la volvimos a recuperar

y espero que pronto consigamos la tercera.

Tú tienes... ¿Cuántos restaurantes tienes?

Tengo tres. Tres.

Camino del cuarto. Y camino del cuarto.

Oye, y por curiosidad,

ya te digo que esto es curiosidad malsana.

¿Cuánto es el precio por cubierto

en cualquiera de los restaurantes?

Pues yo tengo uno de 50 pavos,

tengo uno de ciento y poco

y el Abac que hay dos menús, 135 y 165

y en vino te puedes gastar lo que tú quieras.

Y creo que no son nada caros

por la dimensión que tienen, sobre todo Abac.

Por el producto que damos,

te diría que somos baratos.

El equivalente a mi casa

o a casa de Pepe en Europa

creo que puede ser tres o cuatro veces más caro.

¿Ah, sí? Sí.

Oye, ¿y cómo ves la popularidad que te ha dado el programa?

¿Para ti qué ha supuesto o qué supone?

Muy buena, primero porque soy cocinero

y mi restaurante es un sitio público,

que cuanta más gente te ve, mejor.

Lo veo un arma de doble filo,

porque aunque tengas los pies en el suelo,

te puedes creer algo que no eres.

Y eso es tontería.

Porque igual que te sube, te baja.

Y te puedes dar una hostia... (RÍE)

Que yo no la quiero para mí.

No quiero pasar de ser un tío tímido

que se considera poco

a pensarme que soy alguien especial.

Muy trabajador, alguien que se lo curra,

soy alguien ambicioso, pero no soy estúpido.

Y también te digo que la televisión fácil, fácil,

te puede emborrachar.

Cuando te acostumbras a que te lleven...

"¿Quieres un café?"

No sé qué...

Te lo ponen fácil. Claro, llegas a casa

y dices: "¿Y el café?"

Claro. (RÍE) Eso pasa.

Lo mejor es sacarle la parte positiva,

que tiene muchas.

La parte divertida, que tiene muchas.

Pero la parte mala,

que es la de considerarte singular de más

o mejor que "pum", pues no,

esa hay que ser consciente.

Es que eso es fundamental.

Yo, una vez en mi cocina pues alguien que...

Mi cocina es estricta, es regia,

somos un poco espartanos.

Desde el respeto y el cariño, porque hay que mimar mucho

a tu equipo.

Tiene muchos dotes de jefe,

tiene dotes de mando,

es líder, sabe crear equipo,

tiene autoridad.

Yo creo que reúne

la mayor parte de las condiciones que tiene que tener un buen jefe.

Y que te venga un jefe de partida y te diga:

"Chef, ¿te puedo decir una cosa?". "Dime, Alberto".

"Estás un poco imbécil".

Yo creo que los amigos tienen que decirte estas cosas.

Aunque no te guste. Ponerte en tu sitio.

Sí, lo fácil es decir: "Qué guapo eres,

qué simpático eres o qué bien haces las cosas".

Lo agradable es que alguien que te ve desde fuera

te pueda decir...

Si lo ha analizado, si realmente lo piensa

y realmente es útil,

pues que te lo diga, luego harás con esa información

lo que te parezca. Y yo pensé: "Coño,

quizá sí que andas un poquito...".

Subidito hoy. Subidito.

Sí que estás un poquito subidito

y sí que estás un poquito distante.

Y con mi equipo no me gusta estar distante

porque somos una familia.

Bueno, me voy a echar una copeja, me cago en la mar.

Estar cocinando y sin una copita.

En todos los programas de Bertín he visto a todo el mundo

dándole al sople menos en este. Se va a enterar este.

A ver, un vino decente.

Joder, este me interesa.

Bueno, de Jerez.

Me voy a echar una copita, como Dios manda.

Aquí tenemos...

Mira qué copa, con la "B", será de El Bohío.

Tenía preparada para mí la copa.

Me voy a echar una copeja.

Un poquito de vino de Jerez, me encanta este vino.

Es una cosa única.

Mira qué color, qué oloroso.

Lo que falta aquí es un poquito de jamoncito,

lomito, fíjate que lo tiene siempre Bertín

en todos los programas, que lo veo yo.

Hay dos personajes con los que siempre

he querido grabar, uno ha sido Bertín,

ya lo he conseguido. Y el otro es Nacho Vidal.

Te digo esto que te voy a preguntar ahora

porque yo me lo he planteado. ¿Cómo fue lo de "Men's Health"?

Un reto, el director de la revista

sabe que soy un picado

y lo primero que me dijo,

que por ahí me ganó es:

"¿A que no tienes pelotas?"

Dije: "¿Perdón?".

Yo soy bajito de lo que me pesan.

(RÍEN)

Eso lo dice mucho Martín Berasategui.

Y me dijo: "Oye, te enseñaremos a comer".

"¿Cómo que me vas a enseñar a comer?

Soy cocinero". "Ya, pero no sabes comer

para estar sano y para comer bien".

Una dietista, nutricionista, te vamos a obligar.

Esa época que pasas de los treinta y poco

y que ves que...

comes igual y te ensanchas,

he llegado a pesar 90 kilos.

¿90 kilos has pesado? Sí.

Joder. Lo que pasa

que siempre he sido muy cuadrado

y con un cuello así.

Y no lo parecía, pero estaba...

Con papel de aluminio en las orejas

y la manzanita, en Navidad me asas y tan a gusto.

Mis amigas, todas: "Jordi, qué guapo,

qué bien ha salido en las fotos".

Muy bien, sí, gusta, gusta.

A las chicas jóvenes y a las señoras también.

Y me pareció que me obligaría, un reto.

Y dije, ¿y por qué no?

¿El precio qué es, una portada?

Pues mira, esa portada me servirá para obligarme.

Y me apetece ponerme en forma

y que me enseñen y tal.

Y estoy encantado.

¿Personalmente cómo estás? ¿Bien?

Buscando esa tercera estrellita, a ver si cae.

Con muchas ganas.

¿Cómo se llama la estrellita? La tercera Estrella Michelín.

(RÍE)

No tiene nombre de estrella, no es estrella,

que se llama Estrella digo. Sí.

Vamos a ver, que si estás casado, tienes novia, por saber,

no tengo ni idea. Tengo el corazón repleto de amor.

¿Sí? Sí.

Te pasa como mí, estamos igual.

¿Te molestó en algún momento dado que te relacionaran con Eva?

A ver, yo soy muy burro, muy zoquete.

Más de pueblo que las amapolas.

Y al principio me hizo gracia.

Que a un bobo como tú, cocinero,

se le relacione con un pedazo de mujer como Eva González.

Prestigio Te hace gracia.

Te encuentras con tus colegas. Subidón.

Y dices: "Qué gracioso".

Pero, coño, cuando lo ves en revistas,

cuando ves que...

Pues no hace falta.

No hace falta.

Al final, superbuenos amigos, compañeros,

como con Samantha, con Pepe.

Muy buen rollo, somos de la misma quinta,

coincidía que en esa época se dio un tiempecito con Caye.

Y a un punto...

¿Tú tenías pareja?

Sí, sí. No me hizo...

Además.

Sí, al final se fue de las manos

y bueno, gracias a Dios que han vuelto.

(RÍE)

Porque...

Yo creo que tú sabrás esas cosas

porque tiempo atrás... Me ha pasado de todo.

Te habrá pasado de todo y me entiendes perfectamente.

Al final, no controlas nada,

ni lo controlas ni lo controlarás.

Yo siempre intento mantenerme al margen

porque me considero cocinero

y, francamente, creo que mi vida privada...

No es que me moleste, porque no me molesta,

yo lo explico todo y me tan ancho.

Pero te da la sensación de que no es importante.

Si es que nunca he tenido vida privada,

siempre he estado currando en mi cocina metido

y no tengo grandes historias personales que contar.

Me parece curioso que tengamos que buscar

estas cosas cuando a la vida que hay que sacar partido

es a la vida propia.

Hay que luchar cada momento que se nos da

para tener una vida singular.

Oye, yo estoy un poco mosca con Pepe.

¿Por qué?

No sé, lleva solo un motón de tiempo

y creo que deberíamos ir a echar un vistazo.

Sí. ¿No?

O se lo ha bebido todo... Por eso, sí, sí.

Vamos para allá.

Bueno, tú vas a preparar algo ahora, ¿no?

Sí, me he traído una ostritas, algo medio modernito.

No en demasía, porque Pepe...

Que también te digo, dice que no le va lo moderno,

pero le gusta, eh. ¿Sí?

Este es un cultivado. (RÍE)

¿Qué? Has abierto botella, ¿no? Chavalín, ¿qué pasa?

Oye, Bertín, siempre que veo tu programa

la gente se está atiborrando a jamón, a lomo, a chorizo.

Hombre, es que es lo suyo. Me he servido una copa

sin pedirte permiso.

¿Quieres probar esto?

Debo. Esto es de mayores, eh.

Lo sé. A ver si se nos va a mear

en la cama. (RÍEN)

¿Sabes lo que te digo? A ver, de verdad...

Oye, cuéntanos, ¿eso qué es?

Cerdo, llevará cerdo, esto te lo digo seguro.

Gachas. ¿Gachas?

No sabes lo que es eso.

¿Qué te parecen a ti? ¿Has probado gachas buenas?

En el nuevo diccionario gastronómico...

Es que este se piensa que soy tonto.

No, no. A mí me encanta

la cocina tradicional como la moderna.

Y unas gachas bien hechas, que seguro que las haces bien.

Si no las ha comido nunca. Porque en el paleolítico

hacían gachas. (RÍEN)

¿Mucho problema con la cocina de inducción?

Oye... ¿Sabes cómo va?

Yo no entiendo una cosa. (RÍE)

si le tengo que contar todo lo del móvil

porque no tiene ni... ¿Qué os cuesta poner un fuego?

No, no, lo vamos a cambiar porque no aguanto más

el coñazo que me dais cada vez que entráis aquí

los cocineros. Caliéntame esa olla

si tienes pelotas.

Como me apetece cocinar con esta familia

que me cae tan bien.

Qué planazo.

Oye, espérate, que ha sonado la puerta, tú.

Será Samantha, ¿no?

Oye, ¿cómo se le da al play? Qué bueno está esto.

¿Me quedo con Jorge aquí? Voy... Oye.

Ya está. Que no se queme, que te lo he puesto.

Diez minutos. Voy a abrir la puerta

que está Samantha ahí, yo creo.

Venga, fenomenal. ¿Tienes hambre?

A ver si ha traído algo de comer esta.

(RÍE)

Qué elegancia, la Samantha de España.

¿Samantha de España? Bertín de España tú.

¿Qué tal?

¿Qué pasa? Muy bien. Qué colorido más bueno traes.

Ya ves, yo siempre la alegría por delante.

A ver, trae para acá esto, lo vamos a dejar...

Te lo dejo aquí, ¿vale? Sí, fenomenal.

Vente a la cocina, que están allí estos dos.

Sí.

Tengo una bolsa para ellos. ¿Sí?

Sí.

Yo les voy a dejar... Me encanta que vayan ellos

haciendo las cosas, ¿sabes? Fardan tanto

de que cocinan, de que no paran de trabajar.

Mira, mira, ahí están los dos currando.

Como Pili y Mili. Mírales. Samantha "of Spain".

"Hello". ¿Qué pasa?

¿Qué tal? Ahora sí que estamos todos.

Ya puedes cerrar la puerta, Bertín.

Oye, qué ilusión veros, ¿no?

Cuanto tiempo. Mi "amol".

Pepito. Dame.

¿Qué haces? Gachas.

Vengo a romper tu régimen. (RÍE)

Cocina moderna.

Ya sabes que cuando yo puedo... Vengo a romper tu régimen.

Gachas, tú tampoco sabes lo que son.

Bueno, sí. De Madrid, Barcelona,

no han comido gachas en su vida, ya te lo digo yo.

Bueno, pero vamos a comerlas hoy, ¿no?

Lo importante es probarlo. Todos los días se aprende algo.

Yo traigo aquí para hacer mi tarta de obleas.

¿Qué vas a hacer tú?

Bueno, no voy a hacer nada.

Vale, tarta de obleas que la haremos nosotros.

Me hacéis una cremita pastelera con vainilla, ¿vale? Bien buena.

El maestro. La metéis en una manga pastelera

en la nevera. Yo luego coloco las fresitas.

Y me freís las hojas de brick. Muy bien, guapa.

¿Freír hojas de brick también? Sí.

Una por una, como diez.

¿Quieres que te demos un cáterin también?

No, eso lo doy yo. Yo me voy con Bertín.

Como manda la... ¿Qué te parece?

Es la jefa.

Las hojas de brick, aceite de girasol.

Bien calentito... Eso es cosa tuya.

Eres tonto. Yo cuando venga, lo monto.

Yo pensaba que Pepe era el jefe. No, no.

No, no. En todas las casas

manda una mujer. Como en todas las casas.

Que no se te quemen, eh.

Pásate por aquí. Sí.

Y ve por ahí.

¿Qué tal te ha ido con ellos? Vaya dos.

Fenomenal, oye.

Vaya dos. Te lo debes pasar estupendamente

porque son encantadores. Pues mira.

Oye, esto de Samantha de España, ¿cómo es? Cuéntame.

Samantha de España.

Pues la reina del mambo, yo qué sé. (RÍE)

Samantha de España es el nombre de mi empresa

desde hace 20 años,

nombre legal y todo.

O sea, que es el nombre real,

que todo el mundo

se lo toma a guasa.

¿20 años?

Llevo en Madrid 20 años, sí.

Pero Samantha de España empezó a dar guerra

a los 20 años, cuando yo tenía 20,

que es un poquito más que hace 20, pero muy poquito más.

Me fui a Londres a vivir de "au pair"

después de estudiar y tal.

Típico "au pair" un año.

Entonces, yo ya había cocinado,

ya te contaré como empecé a cocinar,

y me ganaba el dinerito cocinando en las casas.

Entonces me llamaba Samantha Vallejo-Nájera,

y es que eso en inglés...

Es complicadísimo.

Entonces, me vi una máquina de esas que te hacían las tarjetas,

tarjetas de visita y tal.

Me puse... Yo siempre he sido muy española.

Folclórica, española...

Alegre y tal. Y dije: Samantha de España.

Que con eso... Vas a todos lados.

Voy a todos lados. Y me hice unas tarjetitas

y hasta hoy.

Cuéntanos un poco de pequeña,

¿qué recuerdas de tu infancia?

No referente a la cocina, sino en general, ¿cómo fue?

Bueno, pues nada, nosotros somos tres hermanos

de padre y madre.

Colate,

Samantha, que soy la del medio,

y luego el hermano mayor que se llama Antonio.

Antonio es "l'inconnue".

Le llamamos "l'inconnue" porque nadie sabe que existe.

¿Has oído hablar de Antonio alguna vez?

No. Pues el intelectual, el profundo,

el inteligente, el culto, tal.

Colate y yo somos los "así".

Ya sabes lo que te quiero decir, ¿no?

Los más conocidos. Sí, una familia...

Pues los tres muy piña toda la vida,

mis padres se separan cuando yo era muy pequeña,

como con cuatro años o por ahí.

Y al separase mis padres, mi padre se vuelve a casar,

tiene una nueva familia y sabes cómo va esto.

Al final, la que tira para casa es la madre con los hijos.

Y mi madre se vuelve a casar con Paco Muñoz

y para mí Paco ha sido como otro padre

porque he convivido más con Paco que con mi madre.

Perdón, he convivido más con Paco...

Que con tu padre. Mi auténtico padre, sí.

Tu padre era psiquiatra, ¿no?

No, es el hermano del psiquiatra. Ah, el hermano.

Yo tenía los Vallejo-Nájera... O tu abuelo.

Mi abuelo era psiquiatra

y Juan Antonio Vallejo-Nájera,

que no es mi padre.

Luego mi padre, que era ingeniero

y luego Alejando, que era el hippie.

¿No le conocías a ese? No.

Uno muy golfo, muy divertido. No, ¿por qué tengo que conocerle?

No sé. (RÍE)

No sé por qué. Algún motivo especial.

Pues no sé, imagínatelo.

Vivió en la India, en Goa... Bueno, me acuerdo que La Clave

le hizo un programa que se llamaba "El último hippie".

La familia Vallejo tiene esa rama un poco folclórica,

todos son un poco así... (RÍE)

Hay un psiquiatra y los loquitos. ¿Y tu madre?

Es francesa, Sabine.

Una señora guapísima,

una persona...

Pues que he tenido una relación...

Pues eso, de madre-hija de pequeña muy bien,

luego durante mi época un poco más juerguista

tuve, pues eso...

Salía y tal...

Pues desde la adolescencia, que me duró un poquito,

como hasta los 30, pero vamos.

Ha sido un terremoto siempre.

En esta época que estamos hablando,

ha sido una niña buenísima,

un bebé maravilloso que no se enseñaba

porque era bastante feíta. (RÍE)

Pero Samantha no ha parado nunca.

Yo soy su vivo retrato en todo,

creo que con ella aprendo con la que más.

Creo que es una persona que todo lo que he hecho

en mi vida profesional, al final, es el reflejo

de lo que he aprendido de ella.

¿Y a tu familia cómo le preparas tú

lo del brazo gitano? Bueno...

Esto es mi cocina, ¿no? Como entró la cocina en mi vida.

Yo coincidí en el colegio con María Llamas,

que es la hija de una mujer que se llama Clara María Llamas.

Íntima amiga de mi madre. Su hija María estaba en mi clase.

Que cocinaba fenomenal. Claro.

Entonces cuando era pequeña, en un cumpleaños me regaló

su primer libro de cocina, que fue mi primer libro,

que se llamaba: "Yo, tú, él, ella cocina".

Que salían muchos niños. Una de ellas mi hermana.

Pues seguramente. Sí, sí.

Pues lo tengo todavía. Sí, sí.

Y en esas recetas... Blanco y rojo.

Blanco y rojo con los dibujitos de los huevos.

Pues ahí salían mis hermanas. Claro, había muchos niños.

Y ese fue mi primer libro de cocina

y ahí había una receta de brazo gitano

que me debió de parecer fácil.

Mi tía Clara, si yo...

Con la que martiricé a mi familia durante cuatro o cinco años.

Con mucha mermelada y mucho bizcocho.

Pero se repetía muy a menudo.

Esos son mis primeros pinitos en la cocina,

luego, en mi casa siempre he visto cocinar muy bien.

Y de repente, un día, ya más mayor, ya con unos años.

Bueno, siempre he sido como curranta,

vendía piedras de pequeña,

limpiaba cristales de los coches en la granja, siempre...

El fin de semana siempre íbamos a la granja

o a Pedraza. Depende de con mi madre o con mi padre.

Cuidaba niños, siempre he sido como espabilada.

Un día con Mopi Horcher, ¿sabes quién es?

Sí, perfectamente.

El dueño de Horcher,

que es de los que más quiero

en este mundo.

Sentado en el sofá contigo,

porque nos quedamos en Pedraza.

Después de cenar, un gin-tonic, hablando y tal

y ya a las dos de la mañana me empezó a decir

que yo no valía para nada, que él había trabajado un montón...

(RÍE) Que él había estado

en una cocina profesional, que eso era durísimo,

que yo no aguantaría ni cinco minutos.

"Pero, Mopi, ¿cómo que no? Yo soy supertrabajadora".

"Mañana te quiero ver en Horcher un servicio entero

a ver lo que duras".

"Pero qué tonterías dices". "Que sí, yo te quiero ver,

te vas a una tienda que se llama La Gloria,

en la calle Augusto Figueroa número 4,

te compras un uniforme de cocinero, un gorro bajo

y a ver cuánto duras".

Yo no daba un duro por ella.

Samantha era una niña muy vivaracha,

con muchísimo temperamento, lo sigue teniendo, hiperactiva.

Y no pensé que iba a aguantar nada.

Bueno, pues chula de mí,

el lunes por la mañana me voy a La Gloria,

me compro un uniforme y aparezco en Horcher

con 17 años,

con mi traje de cocinera,

con unos tíos que hablaban de la Vuelta ciclista

y de fútbol, que pelaban cangrejos de río,

que hacían fondos de alcachofa y allí me tiré dos años.

Después de eso yo dije: "Mamá, quiero ser cocinera".

Pues me acuerdo perfectamente,

estábamos las dos sentadas en un sofá,

acababa de terminar...

Bueno, estaba haciendo unas prácticas

en casa de un paisajista

y me dijo: "Mamá, lo que me gusta es la cocina".

Y dije: "Bueno, pues nada, pues adelante.

Vamos a por la cocina".

Me dice mi madre: "Pues nada, acaban de abrir una escuela en Lion

que me he enterado, una escuela que el director

es Paul Bocuse, está al lado de su restaurante,

es un castillo, vives allí".

Es la pera, porque es una escuela de hostelería

pero muy orientada a la restauración y a la cocina.

Mira, yo no voy a hacer una escuela de tres años ahora

porque no tengo edad, pero voy a hacer un año entero.

Y hablé con el colegio y me dejaron hacer un año

solamente metiéndome en las clases de cocina.

Hice cocina desde las siete de la mañana

hasta las 12 de la noche un año entero.

Dormíamos en una residencia y nos levantábamos

e íbamos vestidos de cocinero desde por la mañana

hasta por la noche. Salíamos de marcha

y hablábamos de mayonesas, de holandesas,

me parecía alucinante.

Aprendí muchísimo con mis profesores franceses,

que me tenían bastante enchufada,

gané el concurso de cocina de 300 hombres franceses.

¿De verdad? Una chica española

de mi promoción, de mi año que estuve,

había un concurso a final de curso

y gané, imagínate cómo estaban los franceses.

Me querían matar. (RÍE)

Samantha la española. La española.

Y luego teníamos unas prácticas fuera de esto

y en vez de irme a dar prácticas fuera,

los profesores de la escuela me dijeron:

"¿Te quieres quedar a hacer las prácticas?

Te cogemos de intermediaria entre unos alumnos nuevos".

Y allí aprendí un montón a mandar, que es lo que más me gusta.

(RÍE) Se te nota.

A organizar todo,

soy como una especie de organizadora.

¿Y lo de repartir paellas en patines?

Bueno, llego a Madrid, enero,

carrera de cocina hecha, todos los estudios hechos,

el inglés regulín. Como ya me iba a poner a trabajar,

tendría como 23 años y digo:

"Me voy a Nueva York".

Me cogí una maleta, me fui a Nueva York

un siete de enero, me acuerdo perfectamente,

y empecé a hacer paellas a domicilio.

Yo tenía unos patines, me iba a China Town,

compraba "one pound clam", "one pound" no sé qué

a los chinos de la tienda de pescado.

En frente compraba el arroz, el pimiento, la cebolla...

Todo a la mochila y con la paella subía las calles de Nueva York.

Calle 72, llegaba, "ding, dong".

Picaba todo... Imagínate, paella para 40

en cuatro fuegos, en una cocina de un piso de Nueva York.

Se me quemaba un lado, el otro no se hacía.

(RÍE) Venga a dar giros a esa cosa

para que salga bien. Arévalo se volvería loco.

Les encantaba. Les encantaba.

"Oh, this is delicious". No tienen ni idea, es de guasa.

Mira qué cosa más gordota.

Cosa buena, eh.

Mitad y mitad, venga. Mitad para ti

y mitad para mí. ¿Se marranea con las ostras?

Con esa boca que tienes enorme. Sí, pero ya sabes.

Te cabe con cáscara. Si me las tengo que comer...

Cómetela. Joder.

No seas bobo. No, que no me importa,

pero no es el bicho que yo más disfruto.

Ya sé. Me encantan los percebes,

la cigala, la almeja... La ostra, sin embargo...

El mejor bicho que te vas a comer. Ya lo sé.

Pues ya está. Hoy.

Y mañana seguramente también, Fitipaldi.

Esta me la voy a zumbar yo. Como cuando estás en el mar

y pegas una bocanada de agua. Efectivamente.

Que tragas agua y dices: "Me cago en Dios".

Yo es que hace mucho que no voy a la playa,

no como tú. Has ido a México este verano, ¿no?

Pues voy todo lo que puedo. Has hecho vacaciones, ¿no?

¿Tú no haces? Yo sí. Ya haré

cuando tenga tu edad.

Lo que pasa es que tú vas donde te lleven gratis.

A casa de tus suegros, o a casa de tu madre,

¿dónde vas? (RÍE) Tú no gastas nada.

Te acoplas allí y que te lo den.

A veces tienes una bofetada buena. (RÍE) Es que es verdad, cabrito.

Dame vino de Jerez, anda,

que esto solo se pasa con alpiste.

La copita pequeña tienes. Qué vino.

Salud. Qué bien va.

Tú y yo nos hemos conocido en otra época, ¿no?

Es que tú y yo hemos tenido nuestra juergas juntos.

Con unas amigas nuestras que nos llevabas ahí...

a unos Tech House de la carretera del aeropuerto.

¿Te acuerdas? Sí.

Y luego nos íbamos con unas amigas, unos amigos tuyos.

Era un sitio mío de escaqueo, ahí no me veía nadie.

Contigo hemos hecho fiestecillas, si es que somos...

No somos de la misma quinta, pero casi.

No, no. Tú para abajo,

bajándote hacia mí. Muchas gracias, muchas gracias.

Pero vamos.

Bueno, bueno.

Entonces salías mucho.

Es que hay que pasarlo bien, creo que es una época de la vida

que hay que quemar. Yo veo a Jordi, por ejemplo,

Jordi es encantador, yo le adoro, pero el pobre

ha trabajado muchísimo desde los 14 años

y acaba de descubrir lo de la noche, la marcha y salir.

Entonces está como emocionado, y nos dice a Pepe y a mí,

que estamos de vuelta y media que si nos vamos a tomar algo

y que no tenemos marcha. Le miramos como diciendo:

"Es que no sabes con quién estás hablando".

(RÍE)

Seguro que la gente que te ve en "Masterchef",

que te ven muy seria, no se lo imagina.

Bueno, todo el mundo me dice lo de seria,

pero es que luego trabajando soy muy seria.

Y creo que "Masterchef" es un formato

que está muy bien organizado y cuando estamos juzgando un plato,

cuando estoy trabajando soy muy seria.

Me encanta ser simpática con mis empleados

hasta que se pasan.

Y hay veces que en "Masterchef" cuando valoro

y que alguien lo ha hecho bien, creo que soy muy cariñosa.

Me cuesta, lo de abrazarme a los concursantes

me cuesta muchísimo. (RÍE)

Sois los tres iguales. Me dicen por el pinganillo:

"Abraza, abraza". Y yo hago así. ¿Nunca me has visto?

Fíjate la palmadita en la espalda. Soy muy poco de tocar y eso.

Pero bueno, lo consigo.

Y luego el papel serio, yo creo que es el que me sale.

Al final es que me sale porque yo soy exigente.

¿Quién manda? -Mando yo.

-Pues contéstame. -Estoy contestando, Samantha.

-Estás emplatando y no estás contestando.

-Estoy concentrado con el emplatado.

-Cuando un chef te habla, escuchas y además obedeces.

A ver, Mateo, he puesto dos trozos de queso,

son dos trozos de queso. -Ah, vale.

-No se inventa uno el emplatado.

Es un grupo. -Es que había visto tres.

-Es que has cortado como has querido.

Han llegado los camareros, ¿oído? (TODOS) Oído.

Tienen que salir los platos, ¿oído? (TODOS) Oído.

Todo listo ya, dejad de hacer vuestras cosas

y acabad el primer pedido.

A pesar de que eras conocida antes de lo de "Masterchef",

"Masterchef" supongo que ha sido importante

a la hora de mejorar tu proyecto empresarial.

Por supuesto, "Masterchef" nos ha venido a todos fenomenal,

ya te digo, mentiríamos todos.

Nuestras empresas van mejor, somos más conocidos,

la gente nos quiere más. Lo que nos quiere la gente

a los que salimos en la tele. Es alucinante.

A mí me encantó una vez una historia.

Estaba en Ibiza y me dicen... Había "Masterchef" esa noche.

Y me dice la pescadera:

"La Samantha, la de 'Masterchef', la foto".

Y me dice: "Por favor, dime que sale esta noche

que si yo lo compro en el mercado, mañana lo vendo todo".

Y le dije: "Vieiras". Al día siguiente fui.

"Todas, a las diez de la mañana no me quedaba ninguna".

La gente se poner a cocinar lo que hacemos ese día

como locos al día siguiente.

Mira, se las he horneado, a ver si se van a quemar.

Me achicharro.

¿Ha quedado crujiente?

No nos lo vamos a comer, Pepe, es el postre de Samantha.

(RÍE)

Qué cabrita, se trae un postre medio hecho...

No, ponte a freír una oblea que parece la piel de un tambor.

No ponte, poneros a freír.

Tarde y con órdenes.

Estoy yo para freír obleas. Efectivamente.

Esto es igual la comida de los niños.

¿Qué niños, los de Bertín? Comen muy bien. Sí.

Me da cosa por ellos. Comen fino, eh.

Déjate dos. Casa buena, eh.

Déjate dos.

Oye, ¿tú familia cómo lleva tu popularidad?

Mi familia... Tu familia, familia.

Mi marido, mis hijos... Sí, en general, y tus hermanos.

Bueno, yo creo que bien.

Yo creo que cuando te metes en este mundo,

sabes perfectamente a lo que te metes.

Mi marido, a lo mejor,

al principio no lo llevaba...

O sea, no le gusta mucho, pero bueno.

¿Has visto a mi marido alguna vez? No.

Tengo marido.

(RÍE)

Pero bueno... ¿Qué hace tu marido?

Mi marido vende...

Trabaja en una bodega muy buena que se llama Marqués de Riscal.

Ah, mira qué bien. Lleva toda la vida,

ha estado haciendo vinos 20 años en Rueda

y lo saqué de allí y lo traje a la capital.

Y nada...

También es como tú, un poco de segunda familia,

tiene una hija de antes mayor y luego cuatro hijos conmigo.

Ajá. Con lo cual está...

¿Son críticos contigo o no?

Tu familia en general.

Mi marido es supercrítico conmigo.

Casi como Pepe de crítico, Pepe es pesadísimo,

mi marido es más o menos igual. (RÍE)

Es imposible que me eche una flor, pero bueno, me mola eso.

Es importante eso, tener ahí...

A mí me gusta más que me critiquen a que me alaben.

¿Se dice alaben? Sí.

Pues me cuesta más, me da más vergüenza.

¿Y tienes cuatro hijos? Cuatro hijos.

Cuatro hijos estupendos. Niños, niñas...

Una niña, la mayor, Cloe, mi princesita.

Y luego tienes tres niños. Pedrito, el futbolista.

Bueno, futbolista porque quiere ser futbolista.

Como todos.

¿Ese quién es de los dos? El segundo chico.

Primero Cloe, la mayor. Luego Pedrito.

Pedro. Quiere ser futbolista.

Luego viene Roscón, Patricio.

Patricio, que le llamo Roscón porque nació el día de reyes,

entonces se llama Roscón,

es mi hijo que tiene síndrome de Down,

que cumple ahora en enero ocho años.

Que ese es el que te mata a ti, te mueres por él.

Bueno, es que tú sabes lo que te aportan estos niños

y no es que te mueras por él. Bueno, me muero con él

porque es un crack, y aparte,

bueno, que esto te da una cosa por dentro diferente.

Mi nieto Roscón ha sido una...

Un milagro, una maravilla.

Una maravilla, le queremos muchísimo,

nos quiere muchísimo.

Y la verdad es que es un niño totalmente integrado

con sus hermanos, con su familia, con nosotros.

Y es la alegría de nuestra casa.

Y luego... Luego Dieguito, que también, eh.

El pequeño. Puf.

Es que es una pasada. Sí, los pequeños, además...

Monísimo, cariñosísimo. En estas familias

cuando tienes varios por arriba son unos fenómenos.

Claro, varios por arriba no, tienes a Roscón encima.

Roscón es un líder, un bailarín,

simpático, es divertido y tal.

Y ser el que viene después de Roscón

es muy complicado.

Ganarse el terreno, y lo consigue.

Dieguito lo consigue, le cuesta, pero es un...

Sí, porque luego los otros acaparan la atención

de casi todo el mundo.

Saber perfectamente que la gente llega y pregunta...

Eso pasa con Quique. Al pobre Carlitos

le pasa exactamente igual. Y Carlitos se viene arriba.

Y acaban sacando allí... Es verdad.

¿Qué te ha aportado Roscón?

Bueno, Roscón me ha hecho...

entender miles de cosas que te enseñan estos niños.

Al principio eres...

Yo siempre he sido solidaria

y siempre me ha gustado ser generosa y ayudar y tal,

peo hay una cosa sentimental de dentro

que creo que solo los padres que tenemos niños discapacitados

lo sabemos que es entender, que hay un mundo

que se llama el mundo de capacidades diferentes,

que lo llaman ahora, me parece muy bien.

Yo lo digo así.

Yo soy bastante... Me parece todo bien,

yo no tengo prejuicios. No, no son prejuicios.

Capacidades diferentes.

Y creo que hay un montón de gente, más de lo que pensamos,

que tiene niños con problemas, que están viviendo esto

y acercar, nosotros que podemos ayudar

a que la gente se acerque a estos niños

y que sepan que existen,

y que sean integrados en la vida

del día a día, o sea,

que no te vayas cuando veas un niño discapacitado,

sino que te acerques, que le abraces, que le toques...

Ahí me entra una cosa de... (RÍE)

De achuchar.

Yo soy de la opinión de que los niños nuestros

tienen capacidades diferentes

porque tienen una capacidad de demostrar cariño

y de amar que no la tenemos nosotros.

Esa capacidad sí la tienen diferente.

Y a ti te ha cambiado.

No, no, a mí toda la vida. Me ha cambiado la vida entera.

La vida, o sea, una persona como tú,

un tío guapo, un tío tal, a ti te ha hecho persona.

Ahora este programa te va bien y tal

y te lo digo en serio

porque eres una persona que ya estás como maduro...

No... Quique te ha ayudado mucho a eso.

Sí, sí, a tener la prioridades claras.

A saber los valores de la vida...

Y especialmente en trabajos, profesiones como la mía,

pues muchas veces no tienes las prioridades claras

porque las circunstancias que te rodean te las cambian.

Sí. Y muchas veces dices...

Das importancia a cosas

que tu profesión te las pone ahí

y que luego tu niño te las coloca en su sitio.

Estos te colocan todo. Sí, sí.

Te colocan a ti y a toda tu familia.

¿Cómo se llevaba eso de ser cuñada de Paulina Rubio?

Bueno, pues mira,

Colate se casó con Paulina Rubio,

fue un momento así como...

huracanado en nuestras vidas.

Pero bueno, como todas la parejas.

Ella es simpática, divertida... Es simpática, sí.

Listísima... Y bueno, pues fue un momento en la vida.

Se han separado como se separan miles de parejas,

tiene un niño maravilloso que es íntimo

de mis dos bebés. Sí.

Que se aman.

Y nos encanta verlos juntos

y disfrutamos muchísimo de Nico cuando viene y está con sus primos.

Pues fenomenal.

Oye, estos dos no sé qué estarán haciendo,

¿tú te fías de que vayan a hacer lo tuyo?

Les has dicho bien o no.

Vamos para allá. Vamos.

Venga. Sí.

Oye, os voy a decir una cosa:

Os hemos preparado una sorpresa mi hijo Carlos y yo.

Porque, Carlitos, ven para acá, campeón.

Pero bueno...

¿Qué pasa, mi vida? Carlos, ¿qué pasa, hombre?

Hola. -Hola.

-¿Qué tal?

Qué guapo. Saluda, Carlitos, a los demás.

Ven aquí, Carlos. Este es fan vuestro.

Sí, ¿no? Este ve el programa vuestro.

Macho, ¿cómo estás? (RÍE)

Dame un beso.

Tiene nombre de campeón, eh.

Como el de nuestro Carlitos. ¿Qué pasa?

Oye, os hemos hecho Carlos y yo un plato emblemático.

Qué es... ¿Cómo se llama? Lo del león come gamba.

Ahí va, ya estamos. León come gamba.

Pero os voy a decir una cosa, lo he hecho con mucha categoría.

¿Quién lo ha hecho, tú o Carlitos?

A mí me da cierto miedo. Lo hemos hecho los dos.

Lo he hecho, pero...

Bertín, la gran pregunta, ¿por qué ese plato?

Sí, ¿por qué?

¿Qué necesidad? Es un plato...

Un plato estrella. Eso sí.

De vuestro programa. (RÍE) Chicos, miradlo.

A ver. Mirad, por favor.

Por un momento he tenido una regresión.

Está perfecto, eh.

Oye, ahora hay que probarlo.

No, no, esto no está perfecto porque de entrada,

la patata está cocida. Claro.

La patata original no estaba cocida.

Madre mía. Está mejorado.

Carlitos, échalo tú, que tú sabes, alrededor.

Espérate que lo va a echar.

Oye, Carlos, la idea de hacer ese plato

¿de quién ha sido?

¿Tuya? ¿Tienes esas malas ideas?

¿Tan pequeño ya? No me lo puedo creer.

Ay, qué bien, qué mano tiene. Madre mía.

Ahí está. Muy bien.

Échale un chorrito más, gordo. La ha clavado.

Ya, ya. Vamos a ahora la patata.

Ya se ha hecho esto.

Esto es lo que nos ha preparado para nosotros, ¿no?

Esto no está bien.

Esto está bueno.

Oye, siéntate, Carlos, no le hagas ni caso.

Está bueno, está rico. No tienen ni idea.

¿Está bueno o qué has dicho? La patata está cocida...

Que está bueno y que el original no estaba bueno.

Ah. Por eso dice que no está bien.

La idea no era una locura, pero la ejecución no era buena.

¿Ah, sí? Vale, vale. El problema es que este plato

para un concurso de "Masterchef", pues...

Hemos pasado el corte, tú.

¿Y cómo está eso? Rico.

¿Rico? ¿Sí?

¿Por qué le distéis tanta caña al chaval que hizo...?

Yo no creo que le diéramos caña.

Qué malo eres, Bertín.

Concurso de cocina...

El plato no estaba bien resuelto.

Salud. Y se lo dijimos amablemente.

¿Esto qué es?

He tenido problemas de cocción con la patata.

Esto es un insulto a mi inteligencia,

un insulto al jurado y un insulto a 15.000 personas

que se han quedado fuera en esta tercera edición.

En mi vida he visto una marranada como esta

y tú que me la intentes colar.

Estás expulsado de "Masterchef".

El chico se equivocó.

Se equivocó. Y él lo sabe.

O sea, hizo una fricada.

Una fricada, tú ves esto y te da la risa.

Si esto me dices que lo ha hecho Carlitos,

yo me río. Qué mono Carlitos.

Una cosa para un niño, fenomenal,

pero un tío con 18 años... El león de Carlitos y mío...

Yo creo que pasa... Está malo porque está bien hecho.

Ahora te digo una cosa, eso lo habrá hecho Carlitos,

pero tú no. ¿Papá cocina mucho? No.

¿Qué?

¿Cuánto cocina?

Me juego lo que quieras que lo ha hecho Carlitos.

Carlitos es un máquina. Niño.

No hace nada. Vete a estudiar.

A estudiar, castigado. (RÍEN)

No, no.

Vete a estudiar, campeón.

Sí, gordito, que tienes que hacer los deberes.

Luego me tocas el piano un poquito. Muy bien te ha quedado.

Carlos, por lo menos te diré una cosa,

la patata estaba cocida.

Que ya es mucho. Ya hemos avanzado mucho.

Un beso. Es que le veo...

Jordi. Carlitos.

Olé tú, guapo.

Samantha, ¿tienes pensado cocinar algo hoy?

Yo tengo todo hecho,

hay gente que tarda más porque hace más cosas complicadas.

Voy a decir una cosa, no veas cómo están las gachas.

Parece que no las he hecho yo. (RÍE)

Están riquísimas. ¿Por qué no contáis

lo que habéis hecho cada uno?

Empezamos por Jordi, venga.

Yo me he traído una fruta colombiana, lulo,

a medio camino entre un pepino, un kiwi...

Tiene mucho rollo.

Tan ácido que no te lo puedes comer solo

porque es muy bestia.

Y lo equilibramos con ostra dulce,

un ostra que se cultiva mitad mar, mitad río

y es dulzona.

Y aquí en esta esquinita, porque el lulo

tiene esta forma triangular tan graciosa,

en este tranchete que me ha quedado

te voy a meter un sorbete de pisco.

Al final tendremos Colombia, Perú, todo en un bocadito.

Muy potente, porque es un ceviche muy cañero.

Él viaja así.

Sí, no me dejan salir del restaurante.

Eso es un flipe. Todo el día ahí y viajo así.

A ver, ¿tú qué te tomas? Porque esto es un flipe.

Ha venido tomado como dicen en México.

Sí, sí.

A ver, ¿cómo son las gachas?

Harina, necesitas harina de almorta,

la almorta es como una haba, es un cereal.

Esto era un plato que se comía mucho en la guerra

y en la posguerra. Por eso hubo una leyenda negra

sobre las gachas que decían que eran cancerígenas

porque la gente se alimentaba mucho de gachas.

Era un tocino, un trozo de no sé qué,

agua y ese harina. Esto se sirve frío, el pisco.

¿Esto qué es? ¿Esto es así?

Pisco. Eso coges un colocón que verás.

Pisco de toda la vida.

Oye, te he cogido, entre el kiwi y el yogur

tenías una garrafa de nitro, te la he cogido.

Te cuidado, no explote, quieto.

¿Esto qué es? Nitrógeno líquido.

¿El qué? Nitrógeno.

Con lo que congelaron a Walt Disney.

¿Tú sabes qué hago con eso? Herrar a los caballos.

(RÍE) ¿Con el nitro?

Nitrógeno líquido, así no sufren. No les duele la pierna.

Los hierras en frío. Claro.

Les pones le hierro, lo afeitas muy bien.

Eso es de lo que yo entiendo. Cada uno de...

Oye, poquito a poco, eh, no te calientes.

Oye, que quema. Eso te queda...

¿Eso cómo? Cuidado. Poquito a poco.

Un dedo se te queda congelado. Sóplale que no veo.

Lo bueno que tiene, es que... ¿Qué estáis haciendo?

Un sorbete al momento.

Es un sorbete, lo enfría. Ah.

Está tan frío que el pisco que tenía

lo hace sorbete en un segundo. ¿Necesitamos tanto lío

para comernos un sorbete?

Lo pongo ya esto, eh. ¿Empezamos con eso?

Yo luego os cuento mi postre.

Muy sencillo, unas obleas de brick fritas

con azúcar glas.

Vamos a ponerla una encima de otras

y las rellenamos con crema pastelera, frutos rojos

y almendra garrapiñada. Tirado. Buenísimo.

Maravilloso. Vamos a probar esto, ¿no?

Esto está buenísimo, tengo que reconocer

que me encanta meterme contigo, pero...

Sí, pero claro...

Por favor, qué bueno.

Espectacular. Además tiene lo que tú dices.

Joder, Bertín.

No, no, te lo juro, buenísimo.

A tope.

Además te digo una cosa,

tiene el acidito del ceviche peruano.

El lulo este que es tan cañero,

pues la ostrita lo rebaja. Está buenísimo.

Está muy bueno.

Yo pensé que había más cachondeo entre vosotros,

más tirantez.

No. No, lo hay es muy bien rollo.

Hay un rollo buenísimo aquí.

Yo con este me he enfadado una vez.

Es verdad. En serio, una vez.

Es verdad, como se puso, estuvo sin hablarme 15 días.

No, tres, tres días. Tres días.

Pero ¿quién, quién? Él.

Ya porque fue mi cumpleaños me tuvo que felicitar.

Si no, no... Estábamos en el programa

y yo soy un tiquismiquis, me gusta que me salga perfecto.

Y soy un tocapelotas. Enciendo el horno

para hacer una Sacher, que quería clavarla.

Y va el desgraciado y me apaga el horno.

¿Y qué? Y me apaga el horno.

¿Y qué? No, coño.

Como si le hubiera jorobado el programa de su vida.

¿Te cabreaste de verdad? No, le dije...

Tres días sin hablarse.

Él sabe que el horno tiene que estar caliente

para que suba el bizcocho y me lo ha apagado

y es mi amigo el desgraciado y no va a salir, me cago...

Y me enfadé.

Eh, a ver, a ver. ¿Qué ha hecho este?

Pepito, si no me sube por tu culpa,

te comes la licuadora.

Mario, ¿te ha tocado el más torpe? (RÍE)

Me falta matar algún jurado cabroncete.

Un puteo que no... Tres días sin hablarse.

Mosqueado sin hablarnos. Uno de un lado y otro del otro.

Y grabando juntos, ¿sabes lo que es no hablarnos?

(RÍE) Que tengas que estar al lado

y que no te hable.

Este desgraciado. Me encanta que estéis aquí.

Vamos a brindar. Pepe, estabas tristón, eh.

Claro, lógico. Y tú también, Jordi.

Tengo mi corazoncito.

Yo era como la pacificadora. Le echaba mucho de menos.

Para un lado, para otro, hablaba.

Y vosotros, si tuvierais, ahora mismo, que decir...

Hablar de vuestras carreras. Es el momento, que quizás,

consideráis que es mejor vuestro. El de Pepe sí,

Pepe le queda el ocaso, la bajada. (RÍE)

Estoy cuesta abajo ya.

Todo lo que me den es bueno. Y tampoco eres tan joven, eh.

Vas de que tienes 22, tampoco nos llevas tanto.

Casi 38. Todo lo que me den es bueno.

A ti también, eh. (RÍE)

Qué burrada, macho. Yo soy jovencísima.

Esto es un plato serio. Señorita, el "dolce".

Ya voy, ya voy.

Espera con las prisas, joder.

Una pregunta, ¿os hubierais presentado

a un concurso como "Masterchef"? Yo me presenté a mil.

¿Tú sí? ¿Ah, sí?

De cocina. Ah, de cocina.

Eran concursos. Cuéntalo.

¿Cuál?

Se presentó, yo estaba de jurado. Ah, sí.

(RÍE) No me digas, ¿sí?

Yo de jurado en Marbella. Hace 20 años...

Hace 20 años por lo menos. Yo de jurado.

Y, yo no me acordaba, ¿quién iba a conocer a Jordi Cruz?

Un crío, tal y cual.

16 o 17 años. Y un chaval que estaba conmigo

también de jurado que era de Santander

y me decía: "El niñuco ese catalán

lo hace bien". (RÍE)

Yo: "Sí, puede ser". No sabía quién era

y estaba juzgando a este pájaro.

De verdad, qué gracioso. Sí, sí. Después de 20 años.

Ya despuntaba cuando era un crío.

Yo me presenté una vez a un concurso de estos de cocina

de la Asociación de Empresarios de Hostelería en Toledo

y lo hice tan mal, hice tal ridículo.

(RÍE)

Te lo juro, que yo me vi...

Cuando yo empezaba en la cocina. "Venga, apúntate".

Y dije: "No me presentaré jamás a un concurso".

Oye, Samantha. ¿Qué?

¿Estamos de cachondeo o qué? Ya está, vamos.

Oye, esto está espectacular. Está bueno.

Yo no soy muy de postres, pero madre mía de mi vida.

Está muy rico, Sami, eh. ¿Te gusta?

No conocías tú este, lo he traído para sorprenderte.

Oye, vamos a ver, yo explico una cosa ahora.

En Sevilla tengo un billar, allí tengo una casa más de campo,

y tengo un billar muy divertido que hacemos al final del programa.

Entonces, aquí, como no tengo billar,

tengo un futbolín. A Pepe le encanta.

Entonces, vamos a hacer... Vamos par allá.

Echamos una partida. Soy buena, eh.

Una partidita. Los equipos, escucha un momentito.

A ver si voy a tener mala suerte y me va a tocar el catalán.

No, no. ¿Qué equipos son el futbolín?

Madrid y Barça. Como toda la vida.

Entonces, Pepe y yo que somos... ¿Tú no?

No hay presupuesto para que me vaya con el del Barça.

(RÍE)

No hay ningún problema, os zumbo a los tres.

Los tres contra él. Yo no voy con el Barça.

Os pongo mirando a Cuenca a los tres.

Es que mi marido me deja. Venga, vamos para allá.

A mí no me hagáis jugar con el Barça.

Eso es... Os vais a ir calentitos los tres.

Voy a ir calentando, ¿no?

Joder.

Ahora toca deporte.

En la cancha te quiero ver. Es un problema.

Entonces, ¿qué hacemos?

Tú, Samantha, vale.

¿Te vas al Barça? No, no, qué coño.

Yo no juego con el Barça ni en broma.

Yo delantera. Me gusta jugar atrás,

soy buen portero.

Bueno, entonces juegas de portero.

No está equilibrado. Ella adelante.

Sé cómo juega, no vale molinillo. Tres contra uno no es lo suyo,

esto es dos contra dos.

¿Y quién se va al Barça? Claro.

El que meta gol, pregunta. Nadie quiere ir con el Barça.

El que meta el gol, pregunta al contrario.

¿Vale? Muy bien.

Pero tiene más posibilidades de preguntar él.

Tú a esos dos, ¿no? ¿Y tú qué haces?

Yo aquí en medio.

Venga. Vamos al lío.

¿Vamos a ello? Sí, sí.

Metes con la media y todo, como los niños.

¿Esto qué es? Bueno, preguntas tú.

¿A quién le preguntas? A Pepe.

Mira que hay tres, me tiene que tocas a mí.

Pepe, cuéntame, sincérate,

¿qué pasó con Maribel?

(RÍE)

Sabes que me gustan maduritas, Jordi.

Por eso te digo. (RÍE)

Maribel la de la alcachofa, eh.

Me he imaginado.

¿Qué pasó? No pasó nada,

lo que pasa que era un personaje extraordinario.

Un personaje televisivo de los que salen pocos.

Había química más allá de...

Siempre con mucho respeto, podía ser casi mi abuela.

Me imagino que no estará viendo el programa

porque ya lleva dos horas acostada.

No hay ningún problema. Te va a dar para el pelo.

Es un personaje, Maribel. Ella fue concursante, ¿no?

Sí, de la primera edición. Miraditas...

Extraordinaria, cariñosísima. Muy buena amiga.

Con todos. Contigo especialmente.

Con todos. De las grandes que hemos tenido.

A ti te veía como... La ponía choto.

A ti te veía como un nieto, Jordi. Entonces, claro.

Y a ti como un pedazo de carne, bribón.

(RÍEN)

No, no es verdad. Venga, va.

Vamos a ello.

Bertín, ¿vas conmigo? No, es que...

Ay, coño.

Paso, vámonos.

¡Ay!

Será posible esto, tú.

¿Le estamos dejando o somos muy malos?

Cuéntame, una noche de rodaje

que acabamos piripis...

¿Con quién te liarías antes, conmigo o con Pepe?

Hombre, a mí, como te puedes imaginar,

sabes que estoy muy bien con mi marido,

pero de liarme con uno, con el tío.

(RÍE)

¿Con el tío Pepe o qué? El hombre, el hombre.

A mí me gustan hombres como vosotros.

No preguntes más, Jordi.

Tú, aunque metas gol.

A ver si metemos un gol, que esto es una vergüenza.

Tendría que estar muy piripi, eh. (RÍE)

Venga, dale. Venga, que esto es una vergüenza.

Se nos va de las manos el partido. Se nos va de las manos, macho.

Esos del Madrid ahí.

¡Bien!

Vamos.

¿Quién pregunta?

Bueno, pregunta tú que lo has metido.

Vale, ¿pregunto a Jordi? Sí.

Yo... (RÍE)

Jordi, tengo una curiosidad.

Esa portada de "Men's Health". (RÍE)

¿Tenía retoque o no tenía retoque?

(RÍEN) No tenía retoque.

Eso lo quiero yo ver. Se ha puesto serio el tío.

No tenía retoque. Es que no lo tenía.

Hay un vídeo que puedes ver, no tenía retoque.

Cuéntame la verdad.

No tenía retoque. No tenía retoque.

La verdad. Que no tenía retoque.

Pepe, joder. Vale.

Va, mis ojitos eran más azules,

el trabajo... ¿Te quedas tranquila

con lo que ha dicho?

Samantha me ha visto más de un día en pelotas, eh.

En esa época, ahora estoy bien. Cuando él está cachas...

Jordi cuando está cachas se quita la camiseta

y está todo el tiempo sin camiseta por el vestuario.

(RÍE) Y cuando se pone más gordito

no se quita la camiseta. Va tapado.

Verte, te he visto porque cuando enseñas...

Si le decimos que se quiete la camiseta,

tenemos aquí un disgusto porque hace un frío...

Venga, va. Hay que meter otro,

tengo otra pregunta.

La voy a meter yo. Joder, Bertín, macho.

Qué paquete. Sí que eres malo.

No he jugado a esto en mi vida. Se nota.

Ostras, menos mal que has parado.

¡Vale! ¡Bien!

Pepe, menos mal que hay alguien aquí...

Bien, Pepe, macho. Vamos.

Los metemos de la defensa. Desde atrás.

Dos a dos. Pregunta tú, Samantha ahora.

Yo quiero saber una cosa y quiero que me contestes bien.

Bien. Sinceramente.

¿Te gustó el beso de Pepe?

¿El qué de qué?

No sé de qué está hablando. Un día se dieron un beso.

Pero con cariño. ¿Os distéis un piquito?

Me lo hizo a traición, yo estaba ahí...

¿Qué sentiste?

A ver, es una combinación entre cariño y asco.

No sé cómo decirlo. (RÍEN)

¿Ese 50% se decanta más hacia el asco?

Si llegas a poner la lengua, al asco.

Pero no. Pero como no la puso, ¿qué?

No iba a poner la lengua encima. ¿Cosquillitas?

No, las cosas que están hechas con gracia y con cariño,

están hechas con gracia y cariño. No gocé nada.

No hubo chiribitas. Que eres muy guarrete.

¿Te gustó? (RÍE)

Que eres muy guarrete. (RÍEN)

Pon una bola ahí.

Venga, va. Dos iguales, eh.

Dos a dos, eh.

Casi lo meto, macho.

(GRITAN)

Bien. Gol absurdo.

Ostia, qué rabia de gol absurdo. Pregunta tú, Bertín.

Pregunto yo ahora.

Suerte que ahora tu pregunta será ligera.

Va.

Vamos a ver, lo de Eva era un rumor.

Esto ya... No, no.

(RÍEN)

Era un rumor, yo digo que era un rumor.

Era un rumor. Pero dime una cosa,

¿es tu tipo de mujer o no?

¿Tú no la has visto o qué? ¿El qué?

A Eva. Claro que la he visto,

pero igual te gusta un soldado de la legión.

(RÍEN)

Te he preguntado antes y no contestas, ya no sé.

(RÍE)

Un legionario o alguien como Eva.

Me gusta mucho más la Eva que el legionario.

Sí. ¿Dónde va a parar?

Te voy a decir una cosa.

¿Si, no? Sí, ya está, ¿vale?

Vale. Venga, otro.

(RÍEN)

Joder, Bertín, que es para adelante, huevo.

¡Toma! Pero, macho.

¿Tengo que meter yo todos los goles?

Te dejamos el camino abierto. Es el pasillo.

Parece Roberto Carlos. Venga, va.

(RÍE) A ver, ¿qué?

Yo. A ver, tú, Pepe.

Le voy a preguntar. Venga.

Jordi, ¿alguna vez nos vas a pagar las comidas que nos debes?

A mí no, porque me debes muchas, a Samantha, al resto del equipo.

¿Yo te he negado alguna vez una comida, desgraciado?

Jordi, no gastas un duro.

No saca la cartera ni aunque la lleve.

Y lo sabes.

Y lo está ganando, es que lo está ganando.

Eso es una leyenda... Pero cierta.

Los que sí es verdad que este es un espléndido

que "chas", no deja pagar una.

¿Cuántas veces te he dicho?

(IMITA A PEPE) "No, Jordi, que soy como tu padre".

Oye, defiéndeme tú a mí.

Tres o cuatro comidas de esas perdidas.

Tú también eres muy espléndida, que siempre paga este.

Siempre paga este. Pero ¿de apuestas?

Defiéndeme, ¿yo no pago? Pago yo y luego Samantha.

Hombre, vamos. Eva y tú sois dos rácanos

de mucho cuidado. Estamos esperando todavía.

Me parece muy injusto, tío. ¿Cómo que injusto?

¿Cuántas veces te he dicho: "Pepe, quítate de ahí"?

Lo dices, pero no lo haces, mucho de aquí y nada.

¿Lo dice a toro pasado? "Es que no llevo la cartera...".

El que saca el dinero rápido es el que quiere pagar.

Siempre tiene un problema. No lo tengo, que me lo adelantes...

Jordi, y lo sabes. ¿De dónde eras?

Idos a la mierda. (RÍEN)

Venga, va, una más.

Yo me estoy hinchado, estoy encantado.

Has marcado tres de chiripa. Sí, ya, ya.

Te he metido dos a cascoporro.

¡Cuidado! ¡Sí!

Yo lo dejaría aquí, eh. No, no.

A ver.

Mi pregunta. ¿A quién preguntas?

A Bertín.

Tú que estás metido en moda y tal.

¿En moda? (RÍE)

Es igual.

¿Tú harías una portada de "Men's Health"?

¿Te entrenarías? Sí, sí, lo haría.

Lo he pensado y sí que lo haría,

lo que pasa es que necesito dirección.

Necesito alguien que me dirija, pero me encantaría.

Te voy a decir una cosa. Qué divertido.

Será en un magazine, porque en la portada,

si entras tú, Bertín no entra, perdona que te diga.

(RÍEN)

Él apaisado, a mí vertical.

No, no, pero sí que lo haría.

De los que se abre, se desdoblan. Pues te parecería maravilloso.

Tú yo sé que lo harías, el que es imposible es este.

Yo no, lo tengo claro. Recomiéndame

a los que te hayan hecho, a ver si nos ponemos serios

y lo hago yo.

Que te digo una cosa, una portada de Men's Health

con yo, que tengo más años que un bosque,

puede impresionar mucho. Por eso mismo.

Yo impresiono ya como estoy, eh. Ya.

Ahora porque me ves vestido, pero desnudo gano muchísimo.

(RÍE) Todo lo contrario que yo.

(RÍEN)

Si me ves sin camisa, puedes flipar, eh.

O sea, quiero decir,

tú necesitaste tres meses,

yo al igual con mes y medio es posible que pudiera...

Me interesa una última pregunta, venga.

Venga, va. Hay que meter gol, eh.

Venga, va. Hay que ganárselo, eh.

La voy a meter yo.

Joder, siempre para atrás.

Olé, Pepe, di que sí. Pero, Pepe.

¡Hala Madrid!

(TARAREAN)

¿A qué he venido aquí? (RÍE)

Bueno. Yo ya no sé qué preguntarle.

Alguna pregunta, Samantha.

¿Cómo llevas...? Hay una cosa muy importante

que le va a gustar mucho a tus fanes que te pregunte.

¿Cómo llevas el acoso de las mujeres?

(RÍEN)

¿Ese con comodín o sin comodín?

¿Cómo lo llevas en tu vida? El día a día...

Eres un icono sexual, admítelo. Tienes que admitirlo.

El icono eres tú con ese pelito que te asoma.

¿Cómo llevas ese día a día? Cuéntanos.

Yo no lo llevo, no salgo mucho del restaurante.

No vienen las chicas a... A mí me ha dicho eso, que no sale.

Me mandan fotos con él. Me parece maravilloso

que te digan que tal, que cual.

Yo no percibo esa cosa tan maravillosa.

No me tiran como a Jesulín las bragas en la cara, no.

(RÍE)

Es así, yo no lo veo.

¿Qué, está mintiendo o no? Yo creo que sí.

Detector de mentiras.

Va, una más, venga. Sí, queda una.

Esto es extraordinario.

Esto es extraordinario.

(RÍEN)

Pero es que tengo una defensa de mierda, no se mueven.

Ha metido todas. No hemos metido ni uno.

Tú y yo nada. Yo no.

Tres segundo para preguntar, si no, pregunto yo.

Pregunta, déjale a Jordi. Va a preguntar él si quiere.

Cuando tú estabas en pañales yo estaba harto

de ganar campeonatos de futbolín. Si te pones solo aquí, no metes.

Te queda claro, ¿no? Venga. Ponte tú solito.

Esto de jugar... Ponte solito.

Pero esto no es para hacer un alarde.

No nos calentéis.

Bueno, como ha sido tres contra uno,

si quieres, pregunta tú ahora.

Os voy a hacer un regalo, no quiero una pregunta.

Me gustaría, de corazón,

que Pepe y Samantha te hagan coros

con un: # Buenas noches, señora. #

(RÍEN)

Con lo que me gusta cantar. Lo hago fatal, eh.

Me ha dado tantas cosas Dios, pero la voz te juro que no.

(RÍEN)

Qué terrible. Vamos.

A ver, empieza.

Oye. No, no.

Va a ser el...

Eh, no. (RÍEN)

Tenéis que decir hasta la vista.

Yo hago bailecitos y tú también. Así, Pepe.

No, yo no.

# Buenas noches, señora. # Buenas noches, señora.

(TODOS) # Hasta la vista. #

Bien.

Mira la carita del niño. Sigue, hijo.

No, pero ya... Que lo ha hecho muy bien.

Pepe de gilipollas no ha hecho nada.

¿Ya está? No tengo voz, no tengo voz.

Chicos, ha sido... Placer el mío.

Un placer teneros aquí. Qué día.

Un lujazo. Qué día hemos echado.

Que hayáis estado... Gracias por todo.

Bueno.

Lo hemos pasado de maravilla. Mi vida.

Muchísimas gracias por haber venido.

Te voy a coger de jurado y estaría más divertido.

(RÍEN)

Yo encantada, un tío más.

Si todos los programas me dejan un buen sabor de boca,

sin duda el de hoy ha superado a todos.

Sí, es cierto, me he puesto hasta las cachas

de ceviche, tarta de obleas y gachas.

Ahora que lo pienso, ninguno ha probado

nuestro león come gambas.

De cada uno de mis invitados he descubierto algo.

De Pepe, que es tan campechano como parece

y que pudo disfrutar de las campanadas

gracias a la complicidad de sus hermanos.

Pero que en la final de "Masterchef Junior"

tuvo que interpretar el papel más duro,

el de saberse huérfano y mantener el tipo.

De Jordi, no podía imaginar que el cocinero español

más joven en ganar una Estrella Michelín

fuera un delincuente en potencia.

Ni que a los 38 años sea cuando ha empezado a disfrutar

de la vida.

Lo que me ha quedado claro es que no tuvo nada

con su presentadora.

Aunque me da a mí que adorarla, la adora.

Y qué decir de Samantha, si ella me deja,

ese torbellino de mujer que no calla

ni debajo del agua.

Nieta de reputado psiquiatra,

empiezo a estar de acuerdo con que de la familia,

su abuelo fuera el único cuerdo.

Me maravilla su pasión en el trabajo,

su fuerza como empresaria y como madre, su maña.

Bien merecido tiene lo de Samantha de España.

Y de los tres me ha fascinado lo que se respetan,

se admiran y se quieren.

Salvo en el terreno de juego,

imaginaba que Pepe se decantaría por el Madrid,

pero no que no hubiera presupuesto para que Samantha

jugara con el Barça.

A pesar de ser tres contra uno, Jordi como buen culé,

ha dejado el listón más alto que él.

En cualquier caso,

ha sido un auténtico placer tener en mi casa

al jurado de "Masterchef".

Vaya desde aquí mi gran ovación para su próxima edición.

  • Jurado de MasterChef

En la tuya o en la mía - Jurado de MasterChef

09 dic 2015

Bertín Osborne invita hoy al jurado de Masterchef: Pepe Rodríguez Rey, Samantha Vallejo-Nágera y Jordi Cruz con los que mantendrá una divertida e interesante entrevista. Bertín Osborne descubrirá a las personas que están detrás del jurado de ‘MasterChef’ y ‘MasterChef Junior’, dos de los programas de más éxito de TVE. Para ello, reunirá a los tres chefs en su casa de Madrid para profundizar en su lado más desconocido con ayuda de testimonios como el del hermano de Pepe, las madres de Jordi y Samantha o el prestigioso cocinero Ferran Adrià.

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