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No recomendado para menores de 7 años En la tuya o en la mía - Arévalo - ver ahora reproducir video 01h 43 min
Transcripción completa

(Timbre)

(Timbre)

Un poquito de 3-EN-UNO en la cerradura.

¡Paquito!

¡Eh!

Ni como a las cabras.

Siempre está fuera.

Mira, aquí con el Rey. Mira qué buen Rey tenemos.

(Teléfono)

¿Dónde está el teléfono, hombre? Oye, no contesto, ya está.

Contestador.

Y Cantinflas también. Mira qué gracioso.

Hoy entro en la casa de un ser muy querido.

De una de las personas más grandes que he conocido.

Porque Francisco Rodríguez Iglesias, Arévalo para el público,

Paco para los amigos, tiene un corazón de una envergadura

que no sé cómo le cabe en semejante estatura.

Su mujer, Elena, el amor de su vida,

era quien mejor lo sabía.

Novios desde los 18 años, han estado juntos más de 50.

Hasta que el mes pasado un maldito cáncer la arrancó de su lado.

Dejándolo no solo viudo, sino también huérfano.

Mi mujer era mi mujer, la madre de mis hijos, mi padre, mi madre;

todo era mi mujer para mí.

Hijo de torero cómico.

De su padre heredó el nombre artístico,

la gracia y las hechuras.

Cocinero de altura.

Hoy me he propuesto que Paco me enseñe a hacer una paella.

Y yo que él se desenvuelva sobre una montura.

¡Arre!

¡Vamos, coño!

A Paco le conozco desde hace más de 30 años.

Y como pareja de hecho, llevamos cinco.

Eso sí, en el escenario, donde no solo somos hermanos,

sino mellizos.

A pesar de compartir genética solo en la nuca,

concretamente, en los rizos.

Este es el de Carlitos, mi hijo. Ah.

Pero póntelo, porque yo creo que es el de tu tamaño.

Sí. (RÍE)

Ya estamos con la guasita.

Es lo que tenemos Paco y yo, que ya no nos cortamos un pelo.

Aunque él a veces se muerda la lengua.

Pero ojo, no por prudencia, sino por un defecto.

¿Tú crees que si no hubiese sido tan...?

Me he mordido la lengua.

Es que la gente no lo sabe. No.

Tengo una llaga, me la muerdo. Paco tiene una muela

que tiene una cosita, que, de vez en cuando,

se muerde la lengua. Sí.

Y cuando se muerde...

Y le pasa en el escenario.

Hoy estoy en Valencia para mostrar el Arévalo padre,

familiar y casero.

Hoy visito al cómico, al currante, pero también al amigo y compañero.

Si es que aparece.

Paco, a ver si te metes un poco de bulla,

que, al fin y al cabo, el programa de hoy no es en la mía,

sino en la tuya.

Paco es un tío que cae bien porque realmente es buena gente.

Bueno, generoso...

Jamás le he oído hablar mal de nadie.

Es una buena persona.

Y para eso hace falta ser muy valiente.

La gente puede pensar: "no era un humorista elitista".

Pero eso es lo bueno que tenía Arévalo.

Porque no es fácil llegar a mucha gente.

Y él, en aquel momento, conectaba con todo el mundo.

Me gustaría ponerle a parir, porque ya que es su programa,

para que sufra un poco. Pero no puedo.

(TOSE)

Chiquillo, macho.

Que siempre que vengo estás fuera. Menos mal que tengo llave.

Si he ido a comprar el arreglo para la paella.

Voy a hacer una paella.

Menos mal. Si tú me enseñas a mí...

A ver si me enseñas ya de una vez. Que llevamos ya 45 paellas juntas.

Yo te enseño a hacer una paella cuando quieras.

Vale. Y yo te enseño a montar a caballo.

Fenomenal, trato hecho.

# El torero ha llegado # ya a la ciudad.

# Se ha apodado "El Tuerto". # Su profesión es matar.

# El pueblo entero ha volado. # Nadie quiere salir.

# En el salón, # el barman dejó ya de servir. #

Mira, mira, mira las bromitas.

No, me tira y me fastidia la espalda.

Esa es una reborde. En cuanto vea que...

Me subo encima y se acabó.

Y si me caigo y me rompo la espalda, ¿qué?

Yo estoy mal de las cervicales. Te vas a romper la espalda, tonta.

Hombre, claro, si lo sabes, coño.

Vamos a sentarnos aquí un ratito. Pasa, hermanito.

Ay. Ay, qué alegría.

Fíjate que yo venía para acá pensando...

Estamos juntos más que con nuestra familia.

Desde luego.

Pero no me acuerdo cómo nos conocimos tú y yo.

Nos conocimos hace muchísimos años.

Sí, más de 30 seguro.

Sí. Coincidimos, en uno de los sitios importantes,

fue en el "Un, dos, tres...". Quién nos iba a decir

que con el tiempo íbamos a ser pareja.

Y aparte de eso, acuérdate en Barcelona,

cuando nos daban premios por los más contratados

en aquella época. Alaska, la Orquesta Mondragón...

La Trinca. La Trinca, efectivamente.

Manzanita, tú, yo. En fin, los más contratados.

Y cuando nos daban los premios,

yo salía a recoger el tuyo y tú el mío.

Intercambiábamos los papeles. Eso sí es verdad.

Siempre tenemos buen feeling, sí, en ese aspecto.

Paquito, ¿yo cómo soy como pareja? Porque yo creo que es la relación

más larga que yo he tenido en mi vida.

Sí, es verdad.

Bueno, la verdad que como pareja eres fantástico en el escenario.

Nos complementamos muy bien los dos,

pero, sobre todo, tú tienes algo muy bonito.

Y lo voy a decir públicamente.

No eres celoso en el escenario,

no eres de los que quieren acaparar todo ni la atención.

Compartes muy bien el escenario. Y eso hace, posiblemente,

que nosotros sigamos estando juntos.

Con Bertín hace muy buena pareja. Se le nota la compenetración.

Cuando hicieron "Un par de mellizos",

me acuerdo que fui con Pablo Motos, fuimos a verles una noche,

y no dábamos crédito. Son dos tipos muy distintos,

desde el físico hasta la forma de hacer humor,

pero funciona y empasta.

En música dicen que lo más difícil es empastar,

que cuando las cosas se juntan sigan siendo bonitas.

Y ellos lo hacen.

Nosotros llevamos ahora... ¿Cuánto, cinco?

Cinco años, para seis vamos ya. ¿Cuántas funciones habremos hecho?

Más de 100 al año. No sé.

Hemos hecho más de 100... Bueno, más de 500.

Y porque muchas veces ha surgido que vas a hacer conciertos y eso

y hemos quitado fechas para hacer conciertos.

Pero, si no, estaríamos trabajando todo el año seguido.

¿Sabéis lo complicado que puede ser para un humorista

llevarte tantos años en activo, seguir vendiendo y que la gente

compre una entrada para ir a verte? Es muy complicado, de verdad,

porque las generaciones van cambiando y, como humorista,

tienes que ir adaptándote. Ahí demuestras que eres un genio.

El teatro tiene una magia que no la tiene nada.

Yo no lo conocía, lo he conocido gracias a ti.

Porque yo he ido al teatro de espectador.

¿Qué sensación te ha dado? Espectacular.

¿Verdad? Sobre todo, yo creo,

que si te lo tomas como me lo tomo yo,

que yo no soy profesional, vamos a estar claros,

yo no me considero por lo menos, entonces voy a echar el rato.

Y me lo paso muy bien. Y te voy a decir una cosa.

Ahora te lo voy a decir públicamente.

Cuando estamos trabajando, como en el palco haya alguna señorita,

tu mirada es fija allí. Y yo te hablo al hombro.

No me miras. Eso descoloca que no te puedes imaginar.

Pero es por... No, por curiosidad.

La curiosidad no se te puede quitar.

No, curiosidad.

El teatro es lo más difícil que hay,

lo que más nervioso pone a un actor.

Yo recuerdo una obra de teatro que a uno del pueblo,

que era muy representativo del pueblo, dice:

"Oye, tú vas a salir en la obra. Tú eres el médico.

Y cuando bajes, el actor te preguntará:

'¿Cómo se encuentra la señora?'. Y tú tienes que decir:

Regular nada más".

Yo: "Regular nada más". "Vale, vale".

Se pasa un mes y medio con la frase.

"Regular nada más. Regular nada más".

"No, es demasiado". (OTRO TONO) "Regular nada más".

"No, no, más...". "Regular nada más".

Total, el día del estreno, él arriba de la escalera,

detrás de la puerta el regidor. "Y ahora digo yo, cuando...".

Todo nervioso.

La secuencia en marcha, ¿no?

Y de repente: "Ahora". Y sale ese tío con el maletín,

desde arriba, bajando 14 ó 15 escaleras.

Y cuando llega abajo, el actor principal un tío alto,

como tú, fuerte, dice: "¿Cómo se encuentra la señora?".

Y hace él...

No le salía.

No le salía. Se había quedado totalmente en blanco.

Sí, es verdad. Se ensaya, se ensaya, se ensaya,

y luego sale. Pero sí que es verdad,

en honor a la verdad, que tú me has dicho como pareja,

yo, como pareja un diez.

Bueno, mucha gente lo sabe, la mayoría de la gente.

Pero a mí una de las cosas que más me admiran de ti

es que te subes al escenario, especialmente de un mes y medio

para acá, conmigo, casi todas las semanas,

a pesar de haber tenido una situación tremenda en tu casa.

Sí. Elena, tu mujer,

murió hace mes y medio. Un mes, más o menos.

Un mes. Y de un mes para acá hemos hecho cinco o seis funciones,

hemos parado en Navidad, pero hemos hecho cinco o seis funciones.

Cuéntanos un poco.

O sea, cómo te encuentras, en qué...

Lo voy a contar, aunque tú ya lo sabes de sobra,

que ha sido empezar "Mellizos", hace cinco años,

y al cabo de unos meses de empezar mi mujer empezó a ponerse enferma.

Y al año ya tuve que llevarla a que la vieran

todos los especialistas en el IVO. La han tratado fenomenal.

Le han puesto la quimio. Yo la llevaba.

Estaba con ella todo el tiempo hasta que terminaba la quimio.

Alternaba el trabajo con el hospital.

Y, lógicamente, lo hemos pasado muy mal.

Ella, la pobre, llegó un momento en que ya,

al cabo de tres años y después de mucha quimio,

le dan el alta con el fin de que estaba todo radicado.

Y resulta que se le sube a la cabeza.

Entonces ahí no hubo nada que hacer.

Pero sí que mi mujer estuvo un año y pico,

que son los últimos momentos, donde yo lo he pasado tan mal,

yo he llorado tantas veces. Yo me acuerdo que...

Me tomo unas pastillas para aguantar, ¿no?

Y, lógicamente, cuando ya sabes que se va a ir,

porque el pronóstico es ese. Sí.

Ya en la cama, ya no se movía, ya no la podíamos ni sacar,

ni bañarla en la bañera, ni ducharla ni nada.

Y así la pobrecita se fue, pero en silencio,

se fue sin darse cuenta de nada y con la sonrisa siempre.

Yo le hacía un payasito. Mi mujer se reía conmigo,

se reía mucho conmigo, pero hacerle un payasito, ni de coña se ríe.

Bueno, pues me ponía una nariz, me despeinaba y le hacía

alguna tontería y se reía. Era como una niña,

al final como una niña era. Nos ha dejado muy tristes.

Yo lo... Tú estuviste.

Además, te lo agradezco mucho. Porque los amigos de verdad

los ves en los momentos esos. Y, la verdad,

me hizo mucha ilusión, dentro de mi pena,

pues verte a ti y a Fabiola compartiendo el dolor.

Eso no lo voy a olvidar jamás.

Hombre, en un momento así no podíamos fallarle.

Para nosotros... De hecho, nos enteramos de madrugada,

y enseguida nos organizamos para estar con él.

Mi mujer era mi mujer, la madre de mis hijos, mi padre, mi madre;

todo era mi mujer para mí. ¿Cuántos años estuvisteis juntos?

Pues 52.

Yo la conocí a los 17 años.

La conociste a los 17 años. Y a los 18 años ya éramos novios.

Y hemos pasado de cosa juntos, Dios mío.

¿Qué es lo que más te gustaba de Elena?

Lo que más me gustaba de Elena era la clase de mujer que era,

tan buena, tan prudente y tan cariñosa.

Es lo que más me gustaba. Y, sobre todo,

que era una defensora a ultranza mía.

Todo lo que yo hacía, ella lo supervisaba,

y si alguna cosa no le gustaba, me lo decía.

Aunque me daba la opción de que yo siguiera.

"Yo esto no lo haría". Se equivocaba pocas veces.

Es que se equivocan pocas veces. Tenemos esa desgracia,

que las mujeres se equivocan menos que nosotros.

Sí, es verdad. Yo, cuando le dije a mi mujer

que íbamos a hacer esto, dice: "No te puedes imaginar

el éxito que vais a tener". ¿Te lo dijo, sí?

Eso no me lo has dicho nunca. Sí, sí.

A mí me hacía mucho gracia cuando estábamos por ahí,

de gira o lo que sea, y vas a hacer una paella.

Me acuerdo que la llamabas por teléfono y le preguntabas.

Algunos detalles se los preguntabas por teléfono.

Sí, sí. Fíjate en tu finca, un día, cuando te hice una paella,

y estaba Paco Gandía. Lo bien que lo pasamos.

Qué risa. Todos metiéndose conmigo.

Sí. "Me parece a mí que la paella esta

va a estar muy mala". "No sé cuánto...".

Y Paco Gandía, el hombre, tan serio.

Dice: "Deja al muchacho, hombre, que yo lo veo que lo está haciendo

con muy buen son".

Y salió muy buena, por cierto. Sí, sí.

¿Qué es lo que tú crees que le enamoró a ella de ti?

Lo que más le impresionaba a mi mujer, no sé si lo hacía...

en aquel entonces por decir algo, cuando le hablaba como Cantinflas.

¿Ah, sí? Le volvía loca.

Y a sus amigas le decía: "Mira cómo habla como Cantinflas".

La verdad que Cantinflas ha resultado importante en mi vida.

¿Por qué? Porque los que no estamos dotado

de un tipazo, unos ojos, una gallardía...

Somos más bien pequeñitos, nos tenemos que espabilar

para lograr alguna cosa.

Recuerdo que en los bailes yo sacaba a una chica

y me decía que no. "¿Por qué?". "Estoy cansada".

"Si acabas de llegar." Una conversación.

Sí, sí. Y llega otro amigo mío, que un tío parecido a ti,

extendía la mano y cogía la que quería.

Sin más. "Coño, ¿esta no estaba cansada?".

¿Cuál es el secreto, para estar cincuenta y tantos años

con una sola persona?

Hombre... Ilústrame, Paco.

No. ¿Sabes qué pasa? Es una cuestión de cariño.

Es una cuestión de perdonarnos muchas cosas,

porque si uno es cabezón y ella es cabezota también,

pues por una tontería, a veces se alarga y termina la cosa mal.

Mi mujer es la mujer que más he querido en mi vida.

Por encima de todo.

O sea, nunca he dejado a mi mujer por nadie, nunca.

Ni la hubiera dejado jamás.

Y vosotros tuvisteis el primer embarazo...

Sí. Pues antes de tiempo.

Sí. ¿Cómo fue aquello para decirlo?

Elena me dice un día que tenía unas faltas.

Y yo: "Esto lo ha hecho para que yo me relaje un poquito

y no salga tanto".

Y entonces voy a la farmacia para que hagan la prueba.

Y al día siguiente voy. Y digo: "Vengo a por...".

Dice: "Sí, sí. Es positivo".

Digo: "¿Qué?".

"Sí, está embarazada. Enhorabuena".

Digo: "Vaya". Total, que se lo digo a mi mujer.

Dice: "¿Ves cómo yo sabía?". "Pues no pasa nada,

nos casamos y ya está. Punto".

Dice: "Sí. ¿Y ahora cómo se lo decimos a mi padre?".

Su madre era fácil que lo entendiera.

Pero el padre era de misa diaria.

El padre, Enrique Pastor, era...

Era un hombre de ir a la misa, cuando no podía ir los domingos,

por la televisión, se arrodillaba en el suelo y todo.

Ahora ve y dile que su hija va a tener un niño

y que nos tenemos que casar.

Yo decía: "Díselo tú, es tu padre, tienes más confianza".

"¿Yo? Se lo tendrás que decir tú".

Total, una pelea a ver quién se lo decía.

Se lo tuve que decir yo. Entonces, ¿cómo se lo digo?

"Mire, su hija y yo nos vamos a casar".

Dice: "Sí, pero más adelante". "No, más adelante no".

Dice: "No se puede uno casar tan pronto".

"No, no es tan pronto". Digo: "Se lo digo sobre la marcha".

"Tan pronto no es. Como va a tener un niño,

pues ya nos casamos y...". "¿Qué?".

Dice: "Papá, no pasa nada". "¿Cómo que no pasa nada?".

Se lo tenía que decir a mi suegro, a su hermano mayor, Enrique,

y se lo tenía que decir a mis padres, claro.

Mi madre y mi padre lo entendieron enseguida.

"Estupendo, os casáis y tal". Pues eso, toda una vida juntos,

con muchas anécdotas, con muchos momentos malos y raros,

con veces de tener la nevera llena de frío.

¿Me entiendes? Y alguna col para matar.

La verdad es que muy mal.

¿Crees que pudiste despedirte de ella?

Sí. Yo he estado todos los días durmiendo a su lado,

cogiéndole la mano.

Me decía: "No me cojas la mano". Y yo: "Sí".

Siempre, y dándole muchos besos. Le he dado muchísimos besos.

Le he dado todos los besos que me hubiera gustado darle y más.

Bueno, te acuerdas que cuando fuimos a hacer

lo de televisión, teníamos que ir a Ciudad Real,

me dijiste: "Vuélvete a casa, no seas tonto".

Digo: "No, porque el médico me ha dicho

que igual dura dos días, una semana o 15 días.

Está bien atendida, están mis hijos".

Se quedó Paquito.

Y nada, me tuve que volver, no pude ir a Ciudad Real.

Bueno, casi lo prefiero,

no hubiera resistido verla morir.

Vamos a hablar de cuando eras pequeño.

Uy... ¿Por qué?

Tú naciste... No naciste en Catarroja.

No, no. Como piensan muchos.

Nos tienen confundidos.

Nosotros somos mellizos y hemos nacido en Madrid.

Claro. La gente piensa que has nacido en Valencia

o en Catarroja y yo en Jerez y no, hemos nacido en Madrid.

Exacto. ¿Cómo fue tu infancia,

fue una infancia feliz? ¿Cómo la recuerdas?

Muy feliz. La infancia es lo más feliz

que podamos recordar porque eres inocente de todo,

eres un niño, te lo pasas bien con cualquier cosa.

Yo he sido un niño muy feliz.

¿Cuántos hermanos sois vosotros? Mi hermano José Luis, que murió;

era mi hermana Mari, que es la mayor,

mi hermana Chelo... El gamberro de la familia eras tú.

Yo era un gamberro, no he dado una clase bien nunca.

Yo confundía el río Turia con el Manzanares,

una cosa tremenda. Sí, es verdad, una cosa tremenda.

Se iba el profesor a lo que fuese

y ya estaba yo en una mesa contando chistes y tonterías.

O sea, ya de pequeño. Sí, sí.

El centro de atención era yo.

Me gustaba, pero... ¿Sabes a quién me recuerdas?

No. A Pablo Motos.

Tú trabajaste con él en la radio, ¿no?

Trabajé no, me invitaba a un programa que él tenía

y nos juntábamos él, Ramón Palomar y yo.

El primer recuerdo que tengo de Paco

es que era superfamoso.

Yo compraba todas sus cintas de casete.

Había Arévalo 1, 2, 3, 4, 5 y 6.

En medio de toda esa fama,

que no se podía ir por la calle con él,

él vino a mi programa gratis porque es un hombre supergentil.

Tengo un recuerdo y una sensación de que le debo algo

y que se lo deberé toda la vida

porque hay que ser muy excepcional y muy generoso para hacer eso.

Y la gente se lo pasaba genial y nosotros también.

Pablo es un tío fantástico.

¿Verdad? Sí.

Un tipazo. ¿Te acuerdas que le puse a hacer ejercicio?

Sí. Contigo vamos a hacer equitación.

Equitación. Vamos a hacer equitación.

¿Lo ves bien, que no pegará saltitos ni nada?

A mí no me los pega, Paco. No conozco al poni, Paco.

Preséntaselo, Bertín, que no lo conoce.

Me tenéis que ayudar un poquito. Ayúdame, hombre.

Sujétame.

¡Ay!

Espera, ponme esto ahí.

¿Está en el sitio? Ya estamos arriba, Paco.

Por lo menos estamos arriba. Ahí está, el caballo ese...

Vamos. ¡Arre!

Me cago en la madre...

¡Vamos, coño!

Tu puta madre.

Tu padre sabemos que fue torero,

cómico, trabajó con el bombero torero,

pero ¿él fue torero torero, quiso ser torero serio

o fue torero serio? Él quiso ser torero serio.

Toreó varias veces.

Cuando toreó una vez de verdad, de sobresaliente,

con un toro, fue con Alfonso Ordóñez.

Y le pegó mi padre tres faroles de rodillas

y al cuarto le pasó el pitón muy cerca

y pegó un salto...

Saltó la barrera, se fue al público y se fue al último del tendido

y Alfonso decía: "Baja". Y decía: "No".

Y ya no bajó. Era conocido como torero de valor.

Sí, sí. De valor y de correr. Como Martín Pareja.

Como torero serio toreaba muy bien,

pero como cómico no ha habido quien le haya echado un galgo.

Mi padre ha sido el mejor que ha dado la historia

de torero cómico. Te lo digo sin pasión de padre.

Había que verlo, era un fenómeno, improvisaba, toreaba de diez,

lo hacía todo perfecto.

Lo he visto hacer imitaciones de Charlot.

Bueno, el mismo Charlot vio torear a mi padre y le dijo:

"Mire usted, no he visto nunca hacer una imitación de Charlot

tan perfecta y encima con un novillo".

A qué extremos ha llegado el llamado pase circular.

Tras el desperezo, un ratito de conversación.

Hablarán de fútbol, naturalmente,

y Arévalo le explicará al bicho

un sistema infalible para ganar las tierras.

¿Tu padre qué edad tiene ahora mismo?

90 y tantos años. ¿Y cómo está?

Creo que está muy bien.

Vino a vernos al teatro,

después sucedieron unas cosas con mi hermana,

que no nos hablamos,

y como mi padre está en casa de mi hermana,

están juntos, eso hace que no nos veamos.

Yo lo quiero mucho, mi padre sabe que para mí

es lo más importante que tengo, mi ídolo,

la persona con la que he soñado querer ser como él,

el referente más grande que he tenido.

Esto no...

Pero qué cosa más asombrosa, la verdad.

A mi hermana la mayor también le pasa igual,

tampoco se ven.

Es que no soy nadie para decir nada,

pero me encantaría que si nos está viendo

o nos está viendo tu hermana,

que esta situación se arregle.

Por los clavos de Cristo, esto hay que arreglarlo, por Dios.

Te voy a decir una cosa, Bertín,

yo no he hecho absolutamente nada para estar así.

Las personas populares o que nos conocen

no podemos hacernos ni los malos ni los buenos porque se sabe.

Eres tan popular que todo el mundo sabe

de qué pie cojea uno u otro.

Cuando una persona como por ejemplo yo,

por hacer un símil con el ejército,

tengo mi hoja de servicio muy limpia,

no hay nadie que pueda decir nada en contra mía

porque no he hecho mal nunca. Pero es una tristeza.

Total. Es una tristeza.

He tenido más tristezas.

He superado la muerte de un hijo, de dos hijos,

estoy superando la muerte de mi mujer

y, sobre todo, estos años que ha estado enferma

no ha habido ni un momento de la parte contraria de decir:

"Voy a llamar a mi hermano o voy a ir, ya está bien".

No.

Yo no voy a mover ficha, me es igual.

Yo sé que con mi padre me he portado muy bien

y que lo adoro y punto.

Qué cosas. Sí.

Es triste. Ojalá... No sé...

Desde aquí, papá, te mando un beso muy fuerte.

¿Tú intentaste también ser torero profesional?

No. Yo siempre he querido ser torero cómico.

Estaba muy influenciado por lo que era mi padre.

Desde pequeñín, Cantinflas y todo esto me enloquecía.

Yo quería ir a México.

Me puse a torear con el bombero torero

con la ilusión de ir algún día a México a torear.

Tenía esa cosa romántica de la plaza de México,

no sé, todo esto que me envolvía desde pequeño.

Y luego resulta que estuve cuatro temporadas

con el bombero, fueron cuatro y media,

y se fueron al terminar a México.

No me digas. Joder, fíjate, sí.

Y ya estabas... Ya me había quitado. Sí, sí.

Ya me había quitado. Luego has hecho muchos trabajos.

Me has contado que has trabajado de todo.

Lo sabes, de todo. De camarero...

De todo.

De camarero, de dependiente,

de aprendiz en la Reina de los Bordados.

Al principio lo decíamos en el espectáculo.

Y después decides ser cómico. ¿Cómo fue de repente que...?

Resulta que estaba trabajando

y bien, todo fenomenal,

pero como había una huelga textil muy importante,

cuando vendías las prendas a una tienda,

le venían dos meses tarde y la devolvían.

Yo tenía que pagar... En vez de cobrar comisión,

casi me costaba dinero a mí. ¡Oh!

Después de la paliza que me pegué durante un año vendiendo...

Total, me fui solo, sin trabajo, la luz cortada, una ruina.

No te puedes ni imaginar.

¿Tú ya estabas casado? Sí, sí, y con tres hijos.

Estaba desahuciado, madre mía, el teléfono cortado...

El teléfono me da igual, ¿a quién voy a llamar?

Estaba sentado a verlas venir.

Los amigos...

Creo que mi cara siempre refleja lo que me pasa,

si estoy alegre, contento, triste.

"¿Qué te pasa? -No, me he quedado sin trabajo,

me he despedido y no tengo nada. -Te debías dedicar al humor".

Fíjate, un amigo.

"Escucha, ¿quieres trabajar en Valencia?

Yo te pago el esmoquin, te hago la publicidad,

yo pongo la sala".

Oye, me lo contaron todo... ¿De verdad?

Sí, sí. Te montaron entre todos los amigos

la primera actuación. Sí, sí.

¿Y cómo fue?

Isabel, que era la que dirigía la sala,

me lo hizo todo perfecto

y me dieron un dinero que ahora te cuento.

"Oye, te vamos a pagar tanto por una actuación".

Cuando oí la cantidad, digo: "¿Qué?".

Yo haciéndome... Igual a lo mejor...

Y digo: "Esto no puede ser".

Hice de Cantinflas, de Charlot, todo casi dos horas yo solo.

Por primera vez en... Sí.

Y la sala hasta arriba.

Mi madre, toda mi familia y toda la sala llena.

Gusté y a los dos o tres días me dice:

"Quiere contratarte el de la sala,

pero claro, tú pídele 16.000 diarias.

-¿Qué?".

16.000 diarias. Tú imagínate, que 16.000 diarias...

Empiezo: "Por tres, 400. No puede ser esto.

-Pídele 16 para que te dé 14.

-¿Crees que me daría 16? -Yo te quiero contratar...".

Era italiano.

"¿Cuánto quieres cobrar? -Yo...".

Y aquel: "16".

No me salía.

"14".

Y dice él: "13. -Hecho".

Yo estaba con lo mismo, 330...

Bueno, cuando empecé a cobrar ese dinero,

yo no me lo creía,

pero bien el tema de que ahora tienes que trabajar

no para toda esa gente, sino para los que vayan a esa sala.

Había veces de 12 o 14 personas.

Muy duro, con el micrófono para 12 personas.

No es lo mismo, pero me hice muchas tablas así,

me recorrí todos los cabarés de España varias veces.

Has actuado en todos lados, todo tipo de salas.

En todos sitios. Todo tipo de salas.

Todo tipo de salas, no te puedes imaginar.

Te voy a contar, por ejemplo, donde hemos estado hace poco,

en Las Palmas de Gran Canaria,

en el cabaré de Piquito de Oro. ¿Ah, sí?

Allí era todos los días lleno de coreanos.

Lleno.

Y los coreanos... (IMITA EL IDIOMA COREANO)

Así constantemente el ruido. ¿Y tú qué hacías ahí?

El momento mío de humor. ¿Cómo era?

Pues encima de... (IMITA EL IDIOMA COREANO)

Las chicas que había de alterne con los señores que habían ido

son las que aplaudían.

Te digo una cosa, las chiquitas de alterne,

las que están alternando,

me ayudaban que no te puedes imaginar.

A veces me decían: "Paco...". ¿A qué te ayudaban?

Aplaudiendo. Vale.

Imagínate lo que es ese tumulto de gente.

Y tirándose botellas.

Muy trabajador, muy trabajador.

Y lo sé porque gente que ha trabajado con él

me dice que se cogía el petate,

carretera por arriba, pueblo para acá,

pueblo para allá.

Antes no había las comodidades de ahora.

Se ha recorrido España para arriba y por abajo

y siempre con buen carácter y muy cercano al público.

No sabéis lo importante que es eso.

¿Y cómo fue el paso ese a las casetes famosas tuyas?

Me compré un aparatito para acordarme de un chiste,

lo grababa y tal.

Un reproductor de esos. Sí.

Recuerdo que un día estaba en un váter de mi casa

y estaba...

Y empiezo a hacer una tontería.

Digo: "Que no puedo".

Ay, que no puedo.

Y decía yo: "Pero, cariño, si tú siempre has podido.

-Sí, pero ahora... Ahora no puedo.

-Inténtalo, inténtalo. Haz fuerza".

Para que diera una sensación...

Luego al final: "Ya, ya". Y la cadena.

Daba una sensación y era otra.

Viene un señor de Barcelona

que quería a alguien que contara chistes

para grabar una cinta.

Y Sebastián Vernetta, hermano de Enrique García Vernetta,

dice: "Conozco a uno que es un fenómeno.

-Preséntamelo".

Y voy y dice: "Tráete la cinta que grabaste".

Ya se la habías puesto tú. Sí, sí.

"-¿Esa? -Sí, sí, tráela".

Y se la pongo y este muerto de risa.

Dice: "Esto hay que grabarlo".

Empezamos a grabar y fue un éxito de miedo.

Cuando íbamos en coche, que íbamos de Cádiz a Zahara,

mi padre nos llevaba todos los fines de semana,

siempre era...

# A reír, a reír # con los chistes de Arévalo.

# A reír, # a reír con su buen humor. #

Así empezaban las cintas de Arévalo.

Luego se escuchaba a él: "Este que va y le dice",

y ya contaba él su chiste.

La cita era: "Papá, dale la vuelta".

Otra vez. # A reír... #

# A reír # con los chistes de Arévalo.

# A reír, # a reír con su buen humor. #

Cada vez que he grabado una cinta, salían 50.000 de golpe.

Cuidado, que 50.000 cintas de golpe era una cantidad tremenda.

Eso para todas las grandes superficies:

Corte Inglés, tal...

Muchos: "El rey de la gasolinera". No, esa era una segunda marca

que sacaban para gasolineras.

Creo que no había ni una sola gasolinera

que no tuviera una cinta de Arévalo.

Para mí creo que sería como a los médicos el vademécum,

es como la Biblia.

Creo que fue el detonante de que yo me dedicara a esto.

Tengo discos de oro, casetes de oro,

discos de platino. Lo que no tengo es un duro de eso.

No me han pagado nunca.

Eso me lo has contado alguna vez, me parece insólito.

Insólito... Cómo te tangaron de esa manera.

Pues sí.

Yo me acuerdo de la mía, cosa curiosa,

pero ¿te acuerdas de la primera vez que saliste en la tele?

Yo sí. ¿Dónde fue?

La primera vez que salí en la tele de verdad.

No lo notas porque he salido en cosas,

pero en el "Estudio abierto". Con Iñigo.

Iñigo. José María.

No había grabado ningún casete todavía.

Y estaban entrevistando a María Jiménez.

Después de María Jiménez, José María: "No...

Arévalo". Y hacen las cámaras...

Me faltó así para decir: "Socorro".

No me salía nada.

¿Viste lo que te dije antes? Sí.

Vamos a presentarles a un humorista nuevo,

nuevo para nosotros, lleva un año dedicado profesionalmente

a hacer reír.

Es la primera ocasión que tiene de presentarse en televisión,

en Televisión Española.

Los españoles, que era la primera vez, dicen:

"La primera vez que vamos a mandar un cohete de esos

y lo mandaremos al Sol.

-Es imposible, el Sol es un planeta destructible,

cualquier cosa que se acerca el calor lo deshace.

-Estos se creen que vamos a ir de día".

La aportación al humor de nuestro país de Arévalo

creo que fue el primero que creó

el chiste donde lo más gracioso era el desarrollo.

Me acuerdo que había finales de chiste de Arévalo

que era para directamente abofetearle.

Decía: "¿Para esto me has tenido?".

Pero claro, te ha tenido dos minutos escuchando algo

que te estabas riendo. Era el chiste monólogo.

La primera vez que oyes un chiste lo que te gusta es el chiste,

pero si vuelves a escuchar otra vez el chiste,

lo que te gusta es quién te lo está contando.

Cuando Gila contaba el monólogo de la guerra,

tú te sabías los chistes, pero querías que él te lo contase.

Con Arévalo pasa lo mismo.

Y en aquella época hiciste tu primera película.

Sí. Era "Su majestad la risa".

Horroroso, qué película, por Dios.

Tipo "Star Trek" o algo así.

Madre mía, qué película. El director no tenía ni idea.

No ha tenido ni pies ni cabeza.

Yo no fui al estreno en Barcelona, menos mal.

Luego pasó un tiempo

y estaba yo con Vernetta en Barcelona y digo:

"Ahí ponen la película que salgo yo de protagonista. ¿La vemos?".

Y entramos.

En el cine había siete.

Y yo me siento.

Y a los 5 minutos de proyección dice uno:

"Pero ¿esto qué coño es?".

(HABLA DE MODO INCOMPRENSIBLE)

Muy mala.

Bueno, a mi madre era la que más le gustaba.

Mi madre siempre ha sido para eso...

Qué mala. Las madres son así.

"A mí me gusta. Está muy bien, hijo".

Muy mala la película.

Oye, tu éxito empezó con el "Un, dos, tres".

¿Cómo fue?

Me llamó Chicho cuando estaba trabajando en Barcelona

y me dijo: "Mira, he mirado unas cintas tuyas,

¿puedes venir a hacerme un programa?

-Encantado".

Vino muy humilde, se presentó,

pero después en el programa

salía con una seguridad,

siempre se sabía lo que tenía que decir

y siempre creaba personajes nuevos.

Ya me pareció que sería alguien

muy positivo desde el primer momento

en el programa.

Y me dijo Chicho

si quería continuar haciendo más programas.

Lo podía hacer contando chistes vestido normal o personajes.

Y yo elegí personajes.

Yo recuerdo a Paco en el "Un, dos, tres"

siempre vestido de romano, de torero, de bombero,

de cosas muy raras y le quedaban los trajes muy grandes.

Como era menudito, era muy gracioso.

Solo verlo aparecer era gracioso.

# Un, dos, tres. #

¿Se puede saber qué está usted mirando?

¡Eh!

Para ya, hombre, hay que ver el burro este con los empujones.

Buenas noches, señoras. Soy Adán.

¡Eh, no!

El pasota, que lo hice yo; el valenciano de la Ribera.

El gangoso. El gangoso...

Yo qué sé la de gente... 14 me han dicho.

Y alguno por Twitter, que parece que le moleste,

que una época yo haya hecho el gangoso,

porque el gangoso que yo hacía era mi hija

cuando tiene amígdalas, que hace así.

Pero nunca... Vamos, en la vida me reiría de nadie,

de una enfermedad.

Pero hay gente así, yo qué sé.

Pero ¿será posible que haya gente tan retorcida?

Y no he tenido nunca una queja de nadie, de nadie.

Pero se ha perdido el sentido del humor en este país.

Totalmente.

En los últimos 25 años se ha perdido...

Te voy a contar un chiste... Un mariquita...

"Oye, no te metas con...". Yo no me estoy metiendo.

El protagonista de este chiste es un chico afeminado.

Sí, pero se ha perdido el sentido del humor en este país.

Ya está. Ya está.

Y se entra en una rueda de polémica...

Nada, es igual.

Pero de cualquier modo...

¿Tú te acuerdas que en el "Un, dos, tres"

intentaste ligar conmigo? Hombre.

Claro.

Fue casi premonitorio,

porque él hacía de un mecánico gay

que le tiraba los tejos a Bertín.

¿Y quién iba a decir que con el tiempo

se convertirían en pareja de hecho?

Bertín Osborne y yo con estos pelos.

Bueno, si alguna vez se te afloja algún tornillo,

me avisas, vendré a apretártelo.

(RÍEN)

Menuda risa.

Además, tenía a las azafatas revolucionadas.

Mi suegra, cuando te veía en la televisión,

le decía a mi mujer:

"Elena, ven, que salen chicos guapos".

Tu suegra. Mi suegra.

¿Y cómo era tu relación con Mayra? Muy buena.

Con Mayra... Mayra es adorable,

Mayra es una mujer que quiero.

Aunque no la veo mucho, nos queremos mucho los dos.

Ella me produce mucha ternura.

Siempre la he querido tanto; además, es tan buena compañera,

es tan buena profesional.

Es un encanto en todos los aspectos.

Yo recuerdo a Paco en el "Un, dos, tres"

siempre con una sonrisa.

Paco es tan profesional,

es tan buena gente.

Se toma en serio su trabajo, estudia todo el tiempo.

Y se ponía igual de nervioso que todos los cómicos,

porque ellos estaban muy conscientes

de que, si tenían que repetir, el público no se reiría igual.

¿A tu madre también le gustaba mucho?

(RESOPLA) A mi madre le encantaba todo.

Si le gustó la película primera... Ya te digo.

Es que mi mujer le decía: "Mari, si es horrorosa".

Dice: "No, no está tan mal. A mí me gusta".

A nadie de mi familia le gustaba. A nadie.

Pero bueno, las madres son las madres.

Es verdad.

¿Hace muchos años que murió tu madre?

Sí, ya hace años.

Murió de Alzheimer y es una putada.

Yo creo que eso es lo peor, es la peor enfermedad.

Sí, porque realmente lo que le pasó a mi mujer era eso,

¿sabes? Al final ya no era ella, pero lo de mi madre es muy triste,

porque ponía los ojitos... En fin.

Pero mi madre una fan mía terrible.

Y una cómica con mi padre. Bailaban un tango los dos...

Venía todo el pueblo a verles bailar el tango.

Oye, ¿y tus hijos heredaron eso o no?

Paquito es buen actor, te lo digo,

imita muy bien, tiene una cabeza muy despejada

y él fenomenal.

Y nos reímos con él, tiene su mal genio,

pero nos reímos con él. Sí.

Porque tú has tenido cuatro hijos. Sí.

El primero se murió al mes. Como el mío.

Tenemos muchas cosas paralelas tú y yo.

Luego mi hijo con 26 años, Quique, que estuvimos en tu finca.

Me acuerdo. Y que era divino.

Un tío que hacía surf, hacía de todo,

pero bueno, la vida que es así. Ya.

Y Paquito y Nuria. Paquito y Nuria.

Nuria es mi tesoro.

Te hacen mucha compañía.

Tener un hijo con discapacidad siempre te sensibiliza

ante muchas cosas

y yo creo que igual que Nuria cambió la vida de Paco,

pues Paco siempre ha intentado ser solidario

con muchas causas

en las que siempre se le pidió que esté

y él nunca ha fallado.

Son niños especiales.

Los niños especiales tienen eso,

que te dicen la verdad...

No tienen ninguna malicia.

Son niños especiales. En absoluto.

Bueno, no sabes la risa que le entra ahora,

porque ¿dónde están? ¿No están aquí?

No, no sé por dónde estarán.

¿Te acuerdas que un día le dije: "Tía buena"?

Se mata de risa. Se mata.

Verás ahora si la vemos.

Un día se lo dijiste delante de tu mujer: "Tía buena".

"Oye, ¿delante de tu mujer?". Es verdad.

Y a ella le da apuro

porque cuando estoy yo... "Bertín, que está tu mujer,

que se pondrá celosa".

Bertín la quiere muchísimo.

Es un fenómeno. Bueno.

Cuando murió tu hijo Enrique, ¿qué te dijo Gila?

Gila me dijo: "Mira, Paco,

te voy a dar un consejo,

tú ahora tienes que tener una foto de tu hijo

y cada vez que actúes, la besas y se lo dedicas a él".

Es duro salir a trabajar tras una cosa así.

Y yo le hice caso y desde entonces aquí la llevo.

Ah, yo siempre he visto que lo haces,

pero no sabía qué era. Mira.

Este es Quique y aquí tengo a Elena, a todos aquí.

Ah, es que te veo que sales... Yo pensaba que era...

No sé, una cruz o algo. Es mi hijo

y en el otro todos los nombres de mis hijos, mi mujer,

de Nuria, de todos.

Claro, te veo que sales, lo besas y no sabía qué era.

Sí, se lo dedico a él.

Eso me lo dijo Gila y desde entonces lo hago.

De mi mujer no llevo, pero lo llevo escrito aquí.

Están los dos juntos.

A la mayoría de la gente les pasa la mitad de las cosas

que le pasó a Paco y a lo mejor tiran la toalla,

pero no es la actitud.

Yo no sé de dónde saca la fuerza para seguir trabajando,

haciendo reír.

Es entrar en el escenario y cambia.

Cambia, lo da todo y se vuelve hasta ágil.

Se repente se mueve, baila y se ríe.

Y sabes lo que lleva por dentro.

Oye, Paco, ¿ya eres abuelo?

Sí. Tengo una nieta guapísima.

Con 13 años. Enorme.

Está enorme. ¿A quién ha salido?

Porque a vosotros no.

No, más a la familia de los abuelos por parte de su madre.

Sí, porque tu nieta ha pegado un estirón...

Está muy guapa, muy grandota, sí.

Sí, es verdad. Y eres un abuelo moderno,

porque estás con el Twitter liado.

Estás todo el día con la mierda del teléfono.

Claro, y tú porque no... No, yo enganchado no estoy.

Poco, pero sí que pones cositas. Sí, pero lo uso.

Es que es lo bueno.

Mira, lo voy a decir, mi Twitter es...

@arevaloOK

Muchos me dicen: "Oye, ¿tú llevas el Twitter o no?

¿Es verdad que eres?".

Yo sí que soy. Lo llevo yo, me gusta.

No, no. ¿Lo tienes ahí o no? Sí, hombre.

Aquí lo tengo.

¿Y qué pones tú ahí? Hombre, pongo lo que...

Por ejemplo, a ver.

Ahora he estado... Mira, 17 tengo aquí.

¿17 qué? Tweets.

Que te mandan. Sí.

¿Ves? Ahora me estoy enterando.

Mira, aquí estoy yo.

Olé.

¿Eso qué es? Del "Un, dos, tres".

Es verdad. Mira cómo estoy.

Parezco el Clark Gable en "Lo que el viento se llevó".

Me gusta más la de drag. Sí.

Sí, me gusta. El selfie me encanta.

Y los selfies... Es que Paco y yo tenemos que hacer

los selfies sentados, de pie solo sale uno.

Dale. Ahí está.

Ponla, ponla en el Twitter. La voy a poner en el Twitter.

Mira, la pongo en el Twitter.

Ahí está.

Ya está.

Bueno, vámonos a comer.

Tú, que se nos pasa el arroz.

Vamos.

Vamos a aprender a hacer la paella, hermano.

Oye, pero venía alguien más.

¿Quién venía? Mi amigo Fernando.

Ah, vale. Fenomenal.

No, ponte este.

Este es el de Carlitos, mi hijo,

pero póntelo, creo que es de tu tamaño.

Sí. (RÍE)

Empezamos con la guasa. (RÍE)

Bueno, abróchame aquí. ¿Qué? Pero si te está bien.

¿No has visto? Luego te quejas. Mira.

Oye, el fueguecito qué bien. ¿Eh?

Fueguecito, leña. Te voy a enseñar a hacer la leña.

Dale.

Con lo grande que eres tú y no te veía.

El mío al revés.

Bueno, tú me tienes que enseñar bien esto

que yo me lo voy a tomar en serio, voy a aprender de verdad.

Vamos a poner la paella ahí. Tú de un asa y yo de otra.

Vale. La ponemos en el medio.

Ponemos el aceite. Vale.

El aceite es importante. ¿Cuánto se echa?

Eso a ojo, pero este aceite, como es muy bueno y puro, crece.

¿Cómo que crece? Que crece un poco.

¿Y no te podías echar tú un poco por lo alto?

¿Eh?

Te podrías echar un poquito.

Sí, no empieces.

¿Lo primero que se echa es la carne?

Lo primero es el sofrito de la carne.

Carne, como vemos,... ¿Qué lleva?

Pollo de corral, conejo y pato.

Yo te sujeto y tú vas poniendo.

¿Y se pone chorreado o cómo se pone?

Tú ve poniendo. Ah, que no hace falta...

Nos hemos lavado las manos, que lo sepa la gente.

Hombre, claro.

Aquí no va a caber el arroz. ¿Tanta carne hay que echar?

Sí.

Vamos a ver ahora... (RÍE)

Hay que ver.

Venga.

Toma.

Ahora lo colocamos un poco

y ya a dejarlo que se vaya haciendo.

Vale.

La que te gusta ya ves el tono ahí.

Oye, ¿esto lo has hecho a tu altura?

Es como la campana de la cocina de mi casa

que es para la altura del que la hizo.

Mira qué bonito. Mira la leña.

Oye, ¿y por qué es mejor hacerlo con leña?

Porque usamos leña de naranjo.

Si te agachas, verás que lleva una llama uniforme.

Yo no he cocinado en mi vida,

pero en este programa me estoy poniendo.

Tenemos que hacer uno de cocina.

¿En mi cocina o en la tuya?

Oye, no, pero esto es mucho mejor que la inducción.

Espero que se le dé mejor la leña que la inducción de casa.

Pero cualquiera le cambia a Fabiola la inducción.

No hay cojones. ¡Ay!

¿Qué es lo que te duele hoy? Me duele...

Me duele la ciática. La ciática.

Sí, pero no me duele mucho.

Se me ha dormido la pierna, me levanté,

y no sabía si iba para aquí o para allá.

¿Tú viste el programa de Los Morancos?

Claro. Te voy a decir igual que la mujer.

Patricia, la mujer de César.

"Cada mañana que me levante y te diga:

'¿Qué te duele hoy, Paquito?'.".

Y además, no lo coge, te lo digo de cachondeo.

"Paquito, buenos días, ¿cómo estás? -Muy bien.

-¿Qué te duele hoy?".

Y siempre te duele algo.

Te diré como Patricia: "Haz caca". "Haz caca".

Me hizo una gracia eso. Eso tiene arte.

Te prometo que cuando... Tan serio. Cuando dice: "Haz caca".

Mira, no me esperaba eso. No, te lo voy a decir a ti.

Tú, como eres alto, te va todo el humo para los ojos.

Me cago en... Pero no te pongas ahí,

ponte más lejos. Ay.

¡Eh! ¡Ah!

Se te ha abalanzado. Ay, zas.

Quieto, zas.

No tenemos cubiertos. Ahora los traigo yo.

Cubierto y un poco pan. Voy a ver.

¿No tienes aquí? Controla tú la paella mientras voy.

Unos meneítos más. Vale.

Yo controlo. Controla.

No largues de mí ahora que no estoy.

No.

Que te conozco.

Y ahora habrá que saber. ¿Esto cuándo está hecho?

¿Cómo se sabe cuándo está hecho esto?

No te pondrás a morder los pedazos.

Yo creo que él no aprenderá a hacer la paella como Paco.

Bueno, como Paco... Es que no creo que va a aprender.

(SOPLA)

Joder.

Paquito. Ya estoy aquí.

Paquito, ¿cuándo se sabe que esto está hecho?

Hombre, ya está doradito. ¿No lo ves?

Sí, pero ¿tú cómo sabes que ya se puede comer?

Ahora cualquier tajada te la puedes comer.

Pero claro, si ahora le echarás un chorro de cosas

y tienes que esperar y luego el arroz,

eso se pasará. Qué va.

¿No se pasa? Para nada.

Bueno, si tú lo dices...

¿Hay que moverlo? Ve moviendo eso.

¿Lo muevo? Sí.

Oye, tú no te sientes. ¿Eh?

No, nada.

Pero me tienes que explicar qué haces;

si no, no me enteraré de nada.

Poniendo la alcachofa y las verduras.

Se pone la carne.

Cuando está dorada la carne, dorada, echas la alcachofa.

La alcachofa y las judías verdes. Vale. Bien.

Ahora se mezcla todo y echaremos el tomate.

Vale. Pero mi pregunta es:

¿las alcachofas...?

Me voy a cagar en los muertos del humo.

Vaya. ¿Tú sabes lo guapo que estás haciendo la paella?

¡Madre mía!

Si esto sale en televisión, acabarás con el cuadro.

A mí me importa un carajo salir guapo que no, me da igual.

¿Eso qué es? Tomate triturado.

¿Y tú crees que el arroz cabe? Claro que cabe.

Tú coge el agua. Vale.

Para que no se queme hay que ponerlo ahí

y moverlo enseguida. Vale. ¿Y echar agua?

Sí, ahora echar el agua.

Tranquilamente.

Pues sí.

Todo, todo el agua.

Pero el agua, escúchame. Pon más agua.

Más, más. ¿Cuánta hay que poner?

Más. Joder, más, pero ¿hasta dónde?

Ahora te lo digo.

Mira, ¿ves los hierros? Sí.

Hasta ahí abajo.

Ah, ¿tiene que haber agua hasta ahí?

Sí. Vale.

¿Un poco más? No, ya vale.

Lo importante de esto es saber las proporciones;

si no, uno hace un desastre.

La Obregón me dijo que le había hecho una paella...

¿A quién me dijo que se la había hecho?

A Spielberg.

¿A quién le has hecho paellas tú? A...

Por ejemplo, a doña Elena. A doña Elena.

Claro.

A doña Elena le hice una paella, a la hija del rey.

¿Y le gustó? Le encantó.

Aparte de que le encantara, es que es muy simpática,

es muy agradable y lo pasamos muy bien.

Es una mujer estupenda, un encanto de persona.

¿Qué es eso? Como si fuera azafrán.

Pero ¿cómo? Colorante.

¿Y para qué es? Para que el arroz no salga blanco.

Esto es el garrofón.

Esas judías blancas que te gustan tanto

se echa cuando pones el agua.

Te queda muy bien el delantal de Carlitos.

Es verdad. Sí.

Estoy gordito, pero me está bien.

A medida, sí.

Hay que ver la pareja que hacemos tú y yo.

Yo entiendo que la gente venga a vernos, porque es que de verdad,

¡qué cosa más rara! Hay mucha complicidad entre ellos.

De hecho, lo llama muchísimas veces.

Hay veces que hasta me fastidia:

"Pero ¿cómo te puede llamar tantas veces al día?".

Pero no pueden estar sin hablarse, sin contarse cosas a diario.

Ahora viene lo principal, el arroz.

¿Tú no querías aprender? Sí. Bueno, esto lleva...

Tú me has dicho: "Cuando hierva, le echas el arroz".

Paco, lleva esto hirviendo media hora, cojones.

Tiene que coger el gustillo.

Yo hubiera echado el arroz hace media hora.

Pues mal, te hubiera salido una cataplasma.

Ábreme esto, tú que tienes los dedos gordos.

Yo que entiendo de esto. (RÍE)

Quita, que vamos a pegar un petardo

delate de la televisión, vamos...

Ábreme el otro, corre.

¿Dónde está? Ahí en la mesa.

Corre. Ya verás qué petardo.

Toma. Está abierto.

Toma, coge esto. Trae.

Habrá que... Tipo cruz lo echas, ¿no?

Sí. Vale.

Hala, ya está.

Claro, ¿cómo voy a hacer yo una paella así?

No, hombre, pero vamos a ver... No sé ni lo que has echado,

ni cuánto has echado ni nada. He puesto 1 kg y un poquito más.

1,200 kg. Sí, para esta paella va bien.

Tú contrólame la hora que es, para yo...

¿Qué? La hora que es.

Vale. La tenemos 20 minutos

para que se haga. Ni uno más ni uno menos.

Yo quiero ver el disco de oro que dices que tienes.

Te lo enseño todo ahora mismo. Vale.

Venga, ahora ya está. Ahora pongo un poco de esto.

¿De qué? De fuego. Dime qué hora es. ¡Ay!

¿De qué te ríes?

Vas a meter la cabeza en el fuego, coño.

No te rías. ¿Qué te cojo?

No te rías. Vamos a ver lo de los discos.

Aquí podemos dejarlo así como está, ¿no?

Oye, ¿esto qué es, macho?

Esto es una cosita que te tengo preparada.

Porque tú juegas muy bien a todas las cosas,

pero yo no sé jugar a casi nada.

Te voy a enseñar este juego, pero ahora luego.

Pero ¿eso es un juego de aquí? Un juego que me he inventado yo.

¿Eh? ¡Eh!

Mira, mira, mira.

Estoy con la princesa. Ahí está. ¡Tía buena!

(NO SE LE ENTIENDE) ¡Tía buena!

Ese culito que me gusta a mí.

Bueno, ¿qué? Bien, ¿y tú?

Estamos haciendo una paella. Me está enseñando, macho.

No sé si lo voy a conseguir,

pero por lo menos sí que lo he intentado.

¿Qué vais a hacer vosotros? ¿Os vais a venir?

Esta quiere ir a comer al chino. El arroz chino es el que le gusta.

Sobrina...

Es que no puedo, tío, el chino me llama, cariño.

(RÍEN) "El chino me llama".

¿Y al jefe lo estáis cuidando?

Sí, sí, lo estamos cuidando. Todos a todos.

Todos a todos nos cuidamos como Fuenteovejuna: "Todos a una".

(RÍE) Vamos, mi vida.

Bueno, chavalín, nos vemos ya el fin de semana.

Venga.

(Telefonillo)

-¡Paco!

¡Paco! Ya estoy aquí.

¡Paco! ¡Bertín!

¿Cómo va el arroz?

¡Paco!

Soy yo.

¿Bertín? ¿Paco?

¿Cómo va el arroz?

¿Dónde están?

Mira, aquí en el despacho... ¿Ves?

Discos de Oro, Casete de Oro, de Platino, de Oro, de Oro.

Tengo 25 Discos de Oro y 4 de Platino.

¡Qué barbaridad, macho!

Lo tengo con los certificados de SGAE.

Ten cuidado, no te des ahí, que yo me he dado más de una vez

y oye... (RÍE)

Oye, pero no había visto yo nunca eso, macho, una Casete de Oro.

Sí, esas me las entregaron en Madrid.

Fue un día muy bonito.

¡Paco! ¡Bertín! Ya estoy aquí.

Hola. Traigo unas ostras.

(RÍE) Oh, qué bien huele.

Espera. ¿Qué pasa aquí?

Pero ¿y el arroz? Se lo han dejado solo.

¡Me cago en la leche!

Dios de mi vida. A ver cómo está.

Uh, uh, uh.

Este es mi Paco. Me cago...

Voy a ir abriendo las ostras mientras tanto

y les preparo la sorpresa.

¡Paco!

¡Bertín! ¡Que se pasa esto!

Joder, pero ¿dónde se han metido? ¡Qué alegría!

Hola, Fernando.

¡Ay, ay, ay! ¡Mi chico!

El arroz, el arroz. ¡Me cago en la mar!

¡Qué alegría! ¿Qué pasa, campeón?

¡Qué alegría verte! No sabía que venías.

Bertín, ¿cómo vamos de tiempo? Es que yo tengo la llave.

El tiempo, Bertín. ¿Tienes la llave?

Soy el único Fernando que tiene las llaves de casa de Paco.

Pero, bueno, ¿cuánta gente tiene las llaves de tu casa, coño?

¡Yo qué sé! Menos yo, las tiene todo el mundo.

Quedan dos minutos todavía. Vale.

He traído unas ostritas para el aperitivo.

Ah, esto es un tío. ¡Qué detalle más bueno!

Lo del ticket lo arreglaremos luego, ¿no?

Claro. ¡Qué detalle más bueno, Fernando!

Gracias. Sí, señor.

Una paella sin ostras es como un jardín sin flores.

Mi chico... ¡Eh!

La última fue para 60. 60. Tú estabas.

Un tentadero, ¿te acuerdas? Sí, sí.

60 personas. Yo estuve vigilando el fuego

todo el rato porque yo lo de tentar la vaca...

¿Una paella para 60 cómo es de grande, Paco?

Bastante, bastante grande. Más grande que esa.

He probado con la cucharita. ¿Esta?

Tiene que estar buenísima. Hace unas paellas buenísimas Paco.

Rica, rica, rica.

Oye, vamos a tomarnos las ostras mientras...

Sí, porque si no van a venir y se las van a comer.

Escúchame, ¿esto tiene que orearse un poquito o no?

Exacto. Ahora es dejarla reposar.

Ahora es cuando dicen: "Va, que se pasa el arroz". No.

Ahora ya no se pasa.

Te la puedes llevar a Miami y comértela en Miami.

Vamos a comérnosla aquí. Mejor.

Mejor, mejor, mejor.

Bueno, a ver, Bertín, haz los honores.

¿Qué? Haz los honores.

¡Jo!

Está buenísimo. Buenísimo. Anda, al ataque.

Buenísima.

¿A ver? La próxima la voy a hacer yo, Paco.

Tú me vas a dejar hacer la próxima y venirte conmigo a darme

alguna indicación, pero la voy a hacer yo. ¿Vale?

Enhorabuena, porque la hemos hecho los dos y está extraordinaria.

Ahora tienes que aprender a montar a caballo.

Eso es lo que me temo.

Se para aquí. Bueno, aquí te hago la mirada.

(RÍEN)

Va para atrás la cabrona todo el rato. Hala, para atrás.

Yo aprender a montar a caballo y a esquiar, que tampoco sé.

Yo iré a la otra paella. ¿Tú sabes lo de esquiar de Bertín?

Aquello fue un número, coño.

Yo tenía 18 años. Desde el telesilla, ¿no?

Eso es, tú las escuchado. Tú te acuerdas.

A mí me importaba un carajo la nieve.

A mí me daba igual la nieve.

Yo iba porque había una que estaba muy buena

y, entonces, la llamo y le digo:

"Muy bien, el fin de semana a esquiar".

¡Me cago en diez! Al lado de Madrid.

Digo: "Yo voy". Dice:

"-¿Tú sabes esquiar? -No, pero aprendo del tirón".

Y me presenté... Claro, yo no sabía cómo había que ir vestido.

Y claro, yo que soy de campo, me fui...

Con unos vaqueros... ¡Qué coño vaqueros!

Yo me fui vestido como si me fuera a cazar faisanes.

Iba con un pantalón de pana, un chaquetón...

De campo campo para cazar.

Y cuando me ven bajar del coche, me dicen:

"-¿Tú dónde vas así vestido? -¿Yo? A esquiar.

-¿Así cómo vas a esquiar? -Así esquío yo".

(RÍEN)

"Tú no tienes ni idea, vete para allá...".

Había un bungaló ahí arriba que alquilaban los esquís y las cosas.

Y le conté la historia al tipo: "Mire usted, haga el favor,

ya sé que no alquilas ropa, pero tú fíjate lo que tengo aquí.

Asómate a la ventana y mira la que está aquí.

Yo estoy ahí encelado. Hazme el favor de alquilarme algo".

Me dice: "Hombre, es que así no se puede venir".

Claro, yo con 18 años medía lo mismo que ahora, 2 m casi.

Y me dice: "-Pero es que yo no tengo ropa.

-Algo tendrás, cualquier cosa me meto.

-Bueno, tengo un mono ahí dentro viejo que se dejó un cuñado mío,

pero hace ya dos o tres años que está metido en el almacén.

-Ese me vale". Lo que sea.

Mira, cuando se mete en el almacén y saca aquello.

Eso olía... A 2 o 3 m echaba una peste que tiraba para atrás.

Digo: "Yo me tengo que poner esto como sea,

ya me revolcaré en la nieve para que se quite la peste".

Por lo menos, ¿no?

Total, que hago así, mira...

La primera manga la meto.

Y ahora voy a meter la segunda...

Y dice: "Aprieta, aprieta". Y se oye aquí atrás: "¡Ras!".

Me lo cargué. Digo: "-Bueno, muy bien,

a ver cómo me abrocho esto. -Encoge, encoge".

Encojo. Y aquí se atascó.

¿Tú sabes cuando ya no se sube la cremallera?

Esto ya es muerte súbita. Esto se quedó para toda la vida.

Digo: "¿Cómo voy a salir yo así con un frío del carajo?".

Y me dice el tío: "Mira, ¿tú sabes lo que sirve mucho?".

Entonces no había las cosas que hay ahora,

camisetas térmicas ni un coño...

Un periódico. "-¿Tú tienes un periódico ahí?

-Tengo un ABC. -Pues dámelo".

El ABC de hace 40 años tenía... -Era un tomo.

-Era un libro de texto. -Sí.

Me pongo el ABC aquí.

Mira, el ABC con Fraga en la portada.

Tenía la cara de Fraga aquí, que se veía bien. Se veía.

No podía cerrarme y estaba todo abierto.

Yo llevaba el ABC hasta aquí.

Digo: "-A ver los pantalones.

-Los pantalones no te van a servir. -¿Por qué?

-Porque mi cuñado es muy chico

y además es gordito.

-Pues si es gordito me entran. Trae para acá los pantalones".

Y resulta que yo no sé cómo carajo iría el cuñado a esquiar,

porque esto era verde botella oscuro,

y de la mierda que tenía, de la roña, era negro ya.

Y ahora lo de abajo era un pantalón de esquiar azul como esto.

Azul turquesa.

Digo: "¿Tu cuñado cómo iba esquiando con esto, coño?".

¿No? "Bueno, da igual, yo me lo voy a poner".

Claro, a mí de cintura me entraba,

pero se me quedó con todas las calandracas al aire.

Y ahora yo le decía al tío: "Haga usted el favor,

yo me pongo esto...". Para meterme eso, me costó a mí trabajito.

"Yo me pongo esto, pero estíreme usted del pantalón mío de pana

para abajo porque el pantalón mío se me subía.

¡Qué pinta!

Y ahora me ves a mí agarrado a la pared con una pata tiesa

y el tío tirándome del de pana y yo del azul para arriba.

Yo no me podía mover. Claro, yo andaba como RoboCop.

Andaba un poco de lado. "¿Cómo voy a esquiar yo así?

Pero es igual, me la tengo que ligar como sea, aunque sea así".

Oye, coño, serviros...

No, venga, hombre, que si no me aburre contaros.

Vosotros id comiendo. Vale, vale.

Y le digo: "Botas". Y me dice: "Has venido al sitio justo".

Porque el tío alquilaba botas. Y me dice:

"-¿Qué número? -47".

Mira, ese tío se empieza a reír... Me dice:

"-Yo lo más que tengo es un 44. -Trae para acá el 44 que me meto".

Mira, me da unas botas del 44... Yo con el 47, ¿eh?

Y se entra. Fernando, te lo digo yo.

Te voy a explicar cómo.

Hay que entrar con mucho cuidado y de puntillas.

Por amor. Sí, todo por amor.

Tú te tienes que meter las botas de puntillas

y el talón no lo puedes meter dentro,

tienes que apoyarlo en el respaldo de la bota.

Si es bota, te entra, pero si es zapato no.

Si es bota, ¿qué pasa? Vas medio en puntillas.

Muy serio, voy para la puerta.

Y estas dos habían llamado a 10 o 12 que conocían...

Estaba todo el mundo esperando que yo saliera.

Claro, cuando me ven salir así, no veas el descojone.

Todo el mundo riendo. "Pero ¿qué os creéis, coño?

Uno esquía como puede. Venga, vamos a ponernos los esquís".

Estaba el bungaló ese y una explanadita delante muy buena.

Digo: "Aquí me enseñáis". Yo no sabía nada.

Y siempre en esos grupos hay un tonto.

Siempre sale un pijo tonto de esos. Y dice:

"-Aquí no se puede esquiar, hay que esquiar en las pistas.

-¿Que qué? -Que hay que esquiar en las pistas,

aquí no se puede esquiar. En este sitio no se esquía".

Digo: "A ver, ¿dónde están las pistas?

-En el cerro aquel.

-¿Qué? ¿Cómo que en el cerro, imbécil?

No ves que no me puedo mover, no puedo andar.

Voy en puntillas con la mierda de las botas estas.

¿Cómo voy a subir al cerro ese? -Es que nos llevan".

Y entonces me enteré que había una cosa de estas...

Un tiovivo. Telesilla.

¿Cómo se llama eso? Telesilla.

Mira, cuando yo subo la escalera, y una cola...

Yo veo una fila de dos, y me pongo en la fila, como iba yo.

Y se me pone al lado una señora. A la señora había que verla.

La señora era como esta mesa.

La señora pesaría 130 o 140 kilos, te lo juro por mi vida.

Total, que yo al ladito: "-Buenos días, señora.

-Buenos días". Ella me miraba a Fraga.

Estaba pendiente de Fraga. ¿Qué le iba a decir?

"Bueno, pues nada... Ahora cuando pase esto...".

Claro, yo cuando vi pasar dos asientos,

le miré yo el culo a la señora. "Ahí no cabemos".

En el asiento que pasaba no cabían los dos culos, el de ella y el mío.

"Y yo me tengo que ir, porque como se me escapen las dos,

¿para qué carajo me he puesto todo esto?".

Y ahora yo dándole conversación a la señora: "Señora, mire usted,

ahora cuando esto pare, vamos a meternos con cuidadito

porque yo me tengo que ir. -No, si esto no para.

-¿Que no qué? -Esto no para.

-¿Que no para? ¿Y cómo hay que subirse aquí?

-Hay que saltar. -¿Que hay que saltar?".

"Bertín, estás sobrado".

Fíjate tú, yo estoy sobrado ahora, imagínate con 18.

Si yo pegaba un salto, a una mosca le pegaba en el techo.

Y pienso: "Yo salto antes que esta. Meto yo primero el culo seguro".

No he visto en la edad que yo tengo una gorda más rápida.

(RÍEN) Cuando pasa el asiento,

ya estaba la tía sentada. No sé cómo se había sentado.

Mira, pero no se sentó, se dejó caer.

Aquello hacía así.

Y al sentarse, se había esparramado.

Y a mí me había dejado esto.

Digo: "Yo tengo que meter el culo como sea".

Porque ya las otras se habían ido. Yo las veía que se iban remontando.

Digo: "¡Me cago en mis muelas!". Yo me tiro de cabeza a esto,

había una barrita... Yo no sé cómo será ahora,

pero entonces eran dos asientos... Y una barrita en medio.

Y una barra en medio. Y una cadenita.

Para que no hubiera guasita si te caías para delante.

Mira, me agarro como un pavo a la barra, meto el culo de lado

porque yo no cabía entero... Yo con medio culo fuera,

agarrado a la barra, la tía aquí. Y yo llevaba los esquís

y los bastones debajo del brazo porque yo no me los había puesto.

Claro, al yo hacer así, me fijo que todos los que iban en la línea,

llevaban los esquís puestos.

Y para sentarme le había pegado a la señora con el esquí

en la cabeza tres veces... Un número.

Y le digo: "-Ahí va, señora, mire usted,

que me he dado cuenta...". Y ella también los llevaba puestos.

"-Señora, veo que todo el mundo lleva los esquís puestos.

-Claro, hijo, hay que ponérselos porque ahora cuando lleguemos allí,

esto da la vuelta y hay que bajarse, y ya salimos...

-Pero ¿esto no para tampoco? -No, esto no para.

-Pues aguante, que me los voy a poner".

Mira, le doy a la gorda todo lo que yo llevaba.

Y me quedo con uno para ponérmelo. Un mojón para mí.

Yo no sé cómo serán los esquís de ahora.

Igual serán espaciales o lo que sea,

pero los de entonces tenían una tuerca...

Como eran de alquiler, tú tenías que adaptarlos al pie.

Y el 44 mío no lo cogía.

Ella se pone nerviosa y me dice: "Oye, que estamos llegando.

-Bueno, ¿y qué hacemos? -Toma".

Y me vuelve a dar todo lo que yo le había dado a ella.

Mis chivatas, los otros esquís...

Total, que yo no tenía mano para agarrar todo aquello.

El que tenía suelto, agarrado todo...

Y aquello entra así en el garajillo ese que hay arriba,

ella pega un saltito... La gorda no veas tú cómo estaba de ágil.

Pega un saltito, se baja de esto, y voy a saltar yo... La cadena.

Yo no me acordaba que tenía la cadena.

Y no tenía manos para quitarme la puta cadena.

Total, que aquello como no para...

Coño, para abajo otra vez.

Forcejeando con aquello y ella me decía: "A la derecha".

Total, para abajo.

Claro, todo el mundo subía a las 11:00

y el único que bajaba era yo. Con Fraga.

Y todo el mundo: "Mira, el del ABC bajando otra vez".

Y yo gritando a las chavalas: "¡Niñas, esperadme!".

Una hora tardé en volver.

Llegué abajo, me tuve que bajar.

Me ayudaron a ponerme los esquís,

hice cola, porque ya había más gente...

Una hora.

Cuando llego arriba, mira... Cuando llego arriba, estas dos,

como dos princesas esquiando y yo con un cabreo...

Un dolor de pies. Yo ya no podía moverme ya.

Vienen las dos: "-¿Cómo estás?

-No me habléis. Me cago en mis muelas...

-Bertín, no te preocupes, que es la primera vez.

-Y la última. Aquí no vuelvo yo ni por ti ni por tu madre.

-Tranquilo, que te hemos puesto un monitor

y está allí con un grupito que te está esperando.

-Muy bien".

Miro para el grupo, ¿y quién estaba en el grupo?

La gorda. La gorda.

(RÍE)

Lo primero que hacen es contarnos cómo se anda de lado.

"¿Quién carajo quiere andar de lado, coño?

Había que andar con los esquís de lado.

"¿Y cómo se anda para delante?". Había que poner la cuña.

"¿Y la cuña para qué? -Para parar.

-Pero si estamos parados. Enséñame a andar

y ya pararé, cojones. -No, la cuña, por seguridad".

Ea, la cuña. Y cuando estábamos en plena cuña,

dice la señora... La gorda le dice al monitor:

"Hijo, ¿dónde se puede aquí...?".

Le había dado un apretón a la gorda.

Y le dice el monitor: "Señora...".

Había una lomita a la derecha y le dice:

"Vaya ahí detrás, haga lo que...". Entonces no esquiaba nadie.

Allí éramos cuatro y estaban todos abajo.

"Vaya ahí detrás, haga lo que tenga que hacer

y le esperamos aquí". Dice: "Muy bien, hijo".

Una señora era mayor ya. ¿Cómo creéis que se fue la tía?

No se quitó los esquís y se fue andando o corriendo,

dependiendo de la necesidad, se fue andando de lado.

Como le habían enseñado a andar de lado, se fue con los esquís.

Digo: "¿Adónde va esta, cojones? Se va a cagar en la cuesta".

Hace así, baja y desaparece.

A los 20 segundos de desaparecer se oye un grito desgarrador.

(GRITA)

Estábamos nosotros con la mierda de la cuña.

Había una vaguada que conectaba con la pista.

Mira... (GRITA)

Bajando la gorda.

La imagen que os voy a describir ahora

me persigue desde hace 35 años.

Es una cosa mitológica.

Era un culo blanco así...

Así, ¿eh?

Sentado en los esquís, en el suelo.

O sea, sentada encima de... Con el culo en pompa.

Los pantalones por los tobillos. En pelota picada.

Sentada en los esquís, cuesta abajo a 60 Km/h,

gritando como una loca.

Iba para abajo...

Y digo: "¡Coño!". Sentada en el suelo.

A saber cómo llegaría el pavo abajo,

porque iba encima de la nieve.

Mira...

Nos entró un ataque de risa a todos.

Digo: "¡Allá va, allá va".

Y cada vez cogía más velocidad, porque no se caía.

Claro, tenía el centro de gravedad bajo de cojones y así de ancho...

Y ella no se caía.

Ella iba sentada en la nieve con los esquís debajo.

Cuando llegó abajo de la pista, iría a 100 km/h.

Y había unas vaguadas y desapareció la gorda.

Todos arriba: "¡Se ha matado! ¡Vamos a por ella!".

Claro, no sabíamos esquiar ninguno. Menos el monitor,

los demás estábamos aprendiendo. Tardamos en llegar abajo una hora.

Cuando llegamos abajo...

Desaparecida la gorda en combate. No se supo de la gorda.

Tampoco encontré a las dos chavalas.

Las perdí también. Llego abajo y digo:

"Me voy a quitar esto, que me voy a morir".

Unos dolores horrorosos, llorando de risa...

Total... Y en el camino para donde yo iba a cambiarme,

al sitio donde alquilaron eso, veo un bungaló y ponía "cafetería".

Digo: "Voy a entrar aquí, a ver si están las chavalas,

que les tengo que contar lo de la gorda".

Abro la puerta y me encuentro en la barra...

No era la gorda. Me encuentro en la barra

a un amigo mío... Que esquía de narices.

No ha sido profesional porque no ha querido.

Con un brazo así, una venda...

Y le digo: "José Mari, ¿qué ha pasado, cojones?".

Una cerveza, una cara de mala leche...

"José Mari, ¿qué te ha pasado? -No me hables.

-¿Te has caído? -¿Yo cómo voy a caerme?

-Coño, ¿qué te ha pasado? -No te lo vas a creer.

Lo he contado diez veces y no se lo cree nadie.

-¿Qué te ha pasado? -Coño, no sé.

Estaba aquí abajo con un amigo mío charlando

y fumándome un cigarro y no sé de dónde coño salió

una tía en pelota...".

La gorda.

Le había destrozado el brazo.

El hombro salido de sitio, descoyuntado.

Acojonante.

Acojonante.

Oh... Madre mía.

Me han pasado cosas muy graciosas.

Y a este, que le dejé un día en lo alto de un palo...

En un programa de televisión.

Yo presentaba y él hacía cosas de humor.

Esto en Ibiza.

Teníamos el escenario y detrás, el puerto de Ibiza

lleno de barquitos. Para que fuera bonito y tal.

Había un barco pirata y dice el director del programa:

"Paco, sería muy...".

Mira la risita de Paco. Escucha, escucha.

"Paco, sería muy bueno que tú te vistieras de pirata...".

Le dice a Paco. "Que tú te vistieras de pirata,

fueras al barco pirata y desde allí contaras un chiste".

Un momento. Si empezaba la grabación a las 21:00,

yo a las 20:30 estaba yéndome al barco pirata

para estar preparado. Recuerdo que iba mi hijo Quique,

el que faltó... Mi hijo Quique, el pirata y yo.

A remos.

Y yo vestido de pirata con el loro aquí...

Vestido de pirata con un loro de plástico aquí.

No, de tela. ¿Era de tela?

Era de tela. De plástico hubiera aguantado.

El loro hacía así. Cada vez que se movía hacía el loro así.

Y me dice el pirata: "Escúchame,

ponte esas zapatillas para subir por las cuerdas

o te harás daño". Digo: "No, yo no me hago daño.

Subo y no...".

Tenía que subirse... En lo alto del palo mayor

tenían una bañera de esas, una cesta de esas.

Donde dicen "tierra a la vista". Donde dicen "tierra a la vista".

Ahí tenía que subirse este a contar un chiste.

Y yo pensaba que aquello era una plataforma de madera.

Pero ¿quién te convenció? Yo tenía que hacerlo.

¡Ay!

Te subes a un barco y lo primero que haces es quitarte los zapatos.

Es por educación. Te los quitas para no manchar.

Los piratas no. Los piratas van con botas y todo.

¿Sí? Este llevaba unas albarcas,

que son de madera, así de gordas. Y yo digo: "No, yo subo".

Pero como la plataforma no era de madera, sino de cuerda...

Estaba la cuerda metida en el pie.

La cuerda iba metiéndose para dentro, para dentro...

Ya notaba la cuerda aquí.

Las piernas... Digo: "Me voy a morir".

Digo: "Oye, la... Eso.

Voy a bajar y me pongo la cuña".

Eran las 00:00 o las 01:00...

Yo desde las 20:30 o las 21:00 allí.

Me subo otra vez con las calzas esas para no...

¡Madre mía! Y yo ya desesperado.

El loro, de la humedad, se había doblado.

Lo tenía debajo del sobaco.

Eso del pirata me lo había puesto aquí arriba.

Y le daba así al loro para ponerlo derecho.

Y el loro hacía...

Y a las 02:00 o 03:00 yo allí...

No había nadie.

No se veía a nadie ni ninguna luz ni nada.

Y veo que reparten las camisetas.

"Unas camisetas de regalo para todos de Ibiza...".

Apagan las luces y se van.

Y yo: "¡Oiga!".

Y el pirata dormido, el cabrón. Y yo: "¡Oiga!".

No me oía nadie. Y yo con eso aquí.

En medio del puerto, ¿eh?

Y tenías que volver a remo. Una humedad que me moría.

Digo: "Me han dejado aquí".

Escucha. Yo termino, me voy al camerino

y me visto para ir a cenar. Y cenábamos juntos siempre

a las 03:00 en Pachá. En el restaurante daban cenas

hasta las 05:00. Ahí cenábamos juntos.

Yo termino y digo: "¿Dónde está Paco?".

Dicen: "No lo hemos visto". Y uno que pasaba por allí dice:

"A Paco lo vi...". Una de las chavalas dice:

"Se subió al palo del barco pirata, pero eso fue

al principio del programa. Ya se habrá bajado".

Digo: "¿A qué barco?".

"Allí".

Miro y veo unas manos haciendo así.

Y dice Plaza: "Estamos contigo".

Todas las luces. Y yo por dentro estaba...

Mira, el parche levantado, esto caído...

El loro caído.

Un pirata hecho polvo, claro.

Un pirata hecho una mierda.

Dice: "Estamos contigo. Cuenta el chiste. Cinco y acción".

Y cuento el chiste.

Y me dice: "Ha valido como ensayo. Vamos a repetirlo".

Digo: "¡Una mierda!".

Así de gorda.

Allí, en Ibiza,

cómo llevabas el género femenino. Dios mío de mi vida.

Qué barullo. Y yo venga a hacer la imitación de Demis Roussos...

Digo: "No me como nada tal y cual.

Voy a hacer la de Bertín y algo pescaré".

Pero eran todas altísimas de narices,

todas las chicas que eligieron, y entonces me busqué un baúl,

un cajón, para hacer la imitación subido en el cajón,

una chaqueta con los hombros muy anchos...

Entonces pasaban por mi lado...

Pasaban por aquí.

Qué maravilla.

# Buenas noches, señora.

# Buenas noches, señora.

# Hasta la vista. #

¿Qué haces? ¿Adónde vas?

Para. ¿Adónde vas?

Que se van a ver los cajones. Un plano más corto.

Que se ve el truco.

Tampoco funcionó. ¿No funcionó tampoco?

No, y me tuve que bajar. Hay cosas que no se pueden contar.

Me tuve que bajar del baúl.

¿Tu momento más álgido,

de más éxito, fue con las películas que hacías con Pajares o no?

Bueno, fue ya...

Es que las películas... Ya venía del teatro,

venía de los discos...

O sea, venía de "La Ramona", de esto, de lo otro, de...

# La Ramona es la más gorda # de las mozas de mi pueblo.

# Ramona, te quiero.

# Tiene un globo por cabeza # y no se le ve el pescuezo.

# Ramona, te quiero. #

Le va a parecer a la gente que no os ha gustado la paella.

No, la paella está riquísima. Está buenísima,

pero me he enrollado yo y se ha quedado fría.

¿Cómo no va a enfriarse si has hablado de la nieve?

No, pero se le pega otro calentón y es para cenar.

Un calentón y... Es que está buenísima.

De merienda. Y es una pena.

Bueno... Bueno, chicos...

Un brindis.

Gracias por todo. Salud.

Y perdonadme, que yo me tengo que marchar.

¿Te tienes que ir ya? Sí.

La pata de conejo te la mando por correo.

Me la mandas corriendo.

Coge una velocidad... Gracias, chatico.

Hasta luego, Fernandito. Encantado de verte.

Venga. Besos.

Te ha quedado el arroz de maravilla.

Hasta luego. Ya cierro al salir. ¿Nosotros qué hacemos?

Jugar a un juego que se llama la Jenga.

Verás qué bonito. Vale.

Cuéntame cómo va esto. Esto es el juego de la Jenga.

De la Jenga. Sí.

Se trata de ir sacando trocitos sin que se caiga.

¿Y ya está?

A quién se le... A quien se le caiga, pierde.

Si se le cae, pierde. Vale.

¿Empiezo yo o tú? Empieza tú.

Vale.

Ah, lo que saques lo pones arriba.

Claro. Vale.

Yo te pregunto a ti. Lo que es una pregunta...

¿Por qué has tardado tanto en traerme a tu programa?

Hombre, Paquito... Somos hermanos y te lo puedo decir.

Porque estos meses atrás tú no estabas para nada.

Estos meses atrás tú estabas centrado

en lo que tenías que estar centrado y no era momento de distraerte.

¿No? Ahora quizá sí.

Ahora es el momento de distraerte, ¿vale?

Estupendo.

Me toca a mí. Te toca a ti.

He visto que tocas aquí como si tuviera esto...

Este dedo es muy importante. Estamos en la era digital.

Sí. El dátil...

Ajá.

Bien. Pero ponlo más acostadito.

No, está bien. Sí, esto. Acostado.

Es verdad, que tiene... Bien, bien.

No lo muevas mucho, que... ¡Eh! Te tengo que preguntar yo.

Pregunta.

¿Tú, cuando yo salgo en la tele, te pones celoso?

Si salgo sin ti, me refiero.

No, porque no vas a hacer un número cómico.

Si hicieras un número cómico con otro no me pondría celoso,

me pondría rabioso.

Pero celoso no, no. Vale.

Venga, tú.

Pareces un médico, coño. El médico de la mutua.

Mira, ha sacado otro el tío.

Paco, esto se va a ir al carajo, porque solo queda uno.

Ahora me vas a dejar a mí el lío.

No. Ponlo derechito. Es igual. No llego.

Ponlo derecho. Es que ya no llego, Bertín.

Si tuvieras que ponerme los cuernos con otro cómico...

O sea, decir: "Voy a hacer un programa con otro cómico".

¿Qué cómico elegirías?

Español, ninguno.

Es que americano... Para entenderlo aquí...

Ese es el problema, por eso no elijo ninguno.

¿El único yo? El único tú.

Vale. Te toca.

¡Eh!

Diste con él, ladrón.

¡Uf! ¡Toma!

¡Toma, moreno!

¡Toma!

¡Toma!

¿Quién te ha dicho a ti

que tú estás bien con esas gafas de bucear que tú te pones, Paco?

Nadie. Se llevan ahora mucho.

¿Se llevan mucho las gafas? Sí, gafas blancas.

¿No te gustan? Si me toca preguntar a mí.

No, lo he arreglado yo.

Estas gafas las llevaba yo hace 30 años

y las han vuelto a poner de moda. Se nota que...

Pero son las mismas.

Las pusiste tú de moda hace 30 años.

Venga, dale.

No me lo puedo creer.

# Son tus perjúmenes, mujer... #

¿Crees que deberíamos modernizarnos un poquito?

Una mierda gorda. Un mojón muy gordo.

Claro. ¿Modernizarnos para qué?

¿Para qué? Eso digo yo. ¿Tú estás mal?

Yo no. Pues yo tampoco.

¿Tú "estrás" "tristre"? (HABLAN DE FORMA INCOMPRENSIBLE)

¡Venga, coño! Vámonos.

¡Coña, ya! Sí.

Un mojón.

Mira, mira. Como aguante esto...

¡Oh!

¿Y ahora qué, campeón?

Paco León, cuando llegó al millón de seguidores,

me dijo que se hizo una foto... Yo no la vi.

En bolas.

¿Tú, cuando llegues, qué es lo que vas a hacer?

¿Te vas a hacer otra?

He dicho que a mandar una foto en bolas, pero tuya.

No veas cómo va el Twitter.

Está la cosita chungaleta.

¡Uy, Paco!

¡Uy!

Si el problema está ahí arriba.

Me cago en la leche.

Qué bueno esto. Este juego tiene su gracia.

¿Crees que si no hubieses sido...?

Ya me he mordido la lengua.

Es que la gente no lo sabe.

No. Tengo una llaga, me la muerdo...

Paco tiene una muela con una cosita

y de vez en cuando se muerde la lengua.

Y le pasa en el escenario.

La gente se queda asombrada. Nos reímos que nos matamos

y nadie sabe por qué. Es que se ha mordido la lengua.

Sí, la llaga. La lengua.

¿Crees que si no hubieras sido tan alto, habrías ligado tanto?

Sí, porque le he echado muchas horas.

Le he echado muchas horas. Sí, señor.

A eso hay que echarle afición y horas.

Da igual la altura. A ver ahora. Ay...

Es ese. Tiene que ser aquí.

No puede ser en otro lado.

No me digas que no es aquí ni nada.

¡Toma, moreno!

¿Y ahora qué? No sé.

Pregunta.

Eres capaz de ganarme también.

Eh...

Tú dices que me imitas bien.

¿Tú eres capaz de imitarme?

No te imito, hago una pequeña parodia de ti.

Bueno. Voy a andar hasta ahí, ¿eh?

¡Qué huevón!

¿Así ando yo? Sí, bueno, andas...

Andas un poquito así.

Esto está ya visto para sentencia.

Creo que he perdido, ¿eh?

Porque el único que podré sacar es este, si me respetan los demás,

que sí.

Toma. Hazme el favor. Te lo pongo yo, sí.

Que yo me río mucho.

Mójate.

¿Qué arroz está más bueno, el mío o el de Carlos Herrera?

El tuyo. Ah, bien.

Y Carlos Herrera no lo hace a leña. No, no.

Carlos Herrera lo hace muy bien, pero el tuyo es espectacular.

Muy bien. Y eso que Carlos es bueno para todo, ¿eh?

Si hubieras sido... No te digo medio metro, pero...

dos cuartas más alto, ¿hubieras tenido el mismo...?

¡Qué susto me he pegado!

Esto ha sido en plena pregunta y las bases del concurso

dicen que es empate. Es empate.

Dame un abrazo.

Gracias, Bertín. Gracias por todo.

Ahora, con tus gafas de buzo, te puedes tirar al agua

para rescatar las... Calla. Ya te contaré.

Resulta que los calzoncillos se me han ido bajando

y los llevo ahora por aquí. Entonces cuando te he imitado...

No puedo ni... Te lo juro, los llevo aquí.

Tengo que ir al baño. La goma se me ha dado de sí...

De sí. Y ha empezado...

Los llevo... Mira, para andar así.

"Sí, lo reconozco, tengo debilidad por Paco.

Me hace gracia todo lo que dice,

porque aunque esté llorando con el corazón, con el alma ríe.

Por eso lo admiro,

porque se le fueron dos hijos; con el tiempo, su madre,

y ahora, Elena, tras tres años de quimio,

de apoyo y de pelea.

Y aun así sigue manteniendo el tipo, sigue metido en faena.

A Paco lo conozco desde hace décadas,

pero hay cosas que he descubierto hoy;

por ejemplo, que el propio Charlot, al ver actuar a su padre,

recuperó el habla para dedicarle una ovación.

Que le tuvo que comunicar a su suegro,

en aquellos tiempos de misa diaria y rodilla en el suelo,

que le hacía padrino porque tenía un nieto en camino.

De lo que yo no era consciente es de que en el teatro

echa de menos mi mirada cuando en la grada

hay alguna chica guapa.

Tampoco sabía que el pelotazo de las cintas de chistes

lo dio gracias a una inspiración en el baño.

Ni que la mejor paella

es la que se hace con madera de naranjo.

Que de su casa no solo tengo yo la llave, sino también Fernando,

y que, a estas alturas,

ninguno de los dos pretendemos modernizarnos.

Es lo que hay, señores, para lo bueno y para lo malo.

Juntos y por separado.

Porque, en el teatro, Paco es mi mellizo,

pero fuera de él, Paco es mi hermano."

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En la tuya o en la mía - Arévalo

03 feb 2016

El humorista Paco Arévalo es el invitado de Bertín Osborne, éste se desplaza hasta Valencia para compartir con su "hermano" su charla más íntima hasta el momento. Después de toda una vida juntos y de subirse con él al escenario cada semana con su obra teatral, Bertín entra en casa de su inseparable amigo y de una de las personas que mejor lo conoce, para descubrir más acerca de su vida.

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  1. Yaiza

    Quiero darle la enhorabuena a Bertín Osborne por este programa porque está genial. Creo que es muy cercano y sincero, como su esposa, que es super mona y una muy buena persona. Me gusta el formato de abrir su casa y entrevistar allí a todos los famosos, es una forma muy peculiar de entrevistar que permite al abrirse más tanto al entrevistado como al entrevistador. Tengo que admitir que los encargados de la musica son también muy buenos. Gracias por entretenerme todas las semanas en el sofá de mi casa con la entrañable compañía de mi familia y de bertín al otro lado de la pantalla. No me suelo perder ningún capítulo, pero cuando fallo siempre me conecto a vuestra pagina web para verlo. Tamién quiero felicitar a RTVE por producir este tipo de programas tan buenos y accesibles para todo el mundo. Por una televisión pública de calidad!. Seguid así. Un abrazo muy fuerte para todos los responsable de en la tuya o en la mia, pero sobre todo para Bertin, jejejeje. Nunca me hartaré de verte este programa, es el mejor!!!!

    30 jun 2016
  2. Manolo aparicio

    Que grande sois los dos arevalo y bertin y te mando desde Barcelona terrassa mi pésame are valor os aprecio mucho alos tres como no esteso grande también un abrazo de manolo

    12 mar 2016
  3. Vane

    Me parece una persona espectacular !!! Tengo 29 y esta persona me ha hecho recordar que aun quedas personas maravillosas como El a pesar de tantos sin sabores que da la vida !!!

    07 mar 2016
  4. Katherine Mora

    Me encantó la entrevista. Ambos son genuinos y honestos. La paella de Arévalo ummmm que ganas de ir al restaurante español más cercano!! Saludos desde El Salvador

    10 feb 2016
  5. Berta

    Que manera de reirme con tu aventura en la nieve Bertín! Muy bueno tu programa. Felicidades saludos desde Noruega. Berta.

    07 feb 2016
  6. Monika Renteria

    Hola soy Monika de Cali Colombia. Me encantó este programa y que las personas hablen tan bien de otra como lo.han hecho del sr. Arévalo que bueno. Me cayó muy bien. Me reí hasta más no poder con lo contado por el.sr. Bertin sobre la señora gorda.

    07 feb 2016
  7. Monika

    Hola soy Monika de Cali Colombia. Veo el programa por televisión internacional. Me encantó este programa y que bueno que las personas hablen tan bien de otra, como lo han hecho del señor Arévalo. Para ser sincera no le conocía, pero me cayó muy bien. Con la historia contada por el señor Bertin sobre la señora "gorda" he llorado de la risa hasta más no poder. Excelente programa. Felicitaciones.

    07 feb 2016
  8. Lily

    Me encanta su programa, lo veo en México y no me lo pierdo. La risa de Bertin me contagia !!

    07 feb 2016
  9. Ferloes

    Desopilante la experiencia esquiadora de Bertin con la gorda. Me reí como pocas veces. Vaya tres piezas, Bertin, Arevalo y Esteso. Unos maquinas. Gracias x ese buen rato que no me canso d recomendar a familia y amigos

    06 feb 2016
  10. Blanca

    Me ha encantado. Muy bueno tal y como yo lo esperaba. Y como ayer no lo pude ver en TVE pues me lo he descargado Enhorabuena a los dos y esperó que dure muchos años mas tanto este programa de" En tu casa o en la mia " como la obra de teatro con los dos hermanos Muchas gracias por estos momentos que nos hacéis pasar Un besote para los dos

    04 feb 2016