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No recomendado para menores de 7 años En la tuya o en la mía - Ana Obregón - ver ahora reproducir video 01h 58 min
Transcripción completa

Hoy ejerzo de invitado y no de anfitrión,

porque me espera en su casa la mismísima Ana Obregón,

Anita, como yo la llamo, o Antoñita,

de apellido, Fantástica,

como su familia y la prensa la han bautizado.

Y es que son tantas las facetas de la Obregón

que su vida parece sacada de un guion de ficción.

Está la Ana de los posados veraniegos,

la Ana de las portadas en bañador, sea de una pieza o de dos,

incluso en triquini, una prenda que tapa más de lo que enseña,

porque lo que esconde es una cicatriz que le recuerda

que a los 13 años estuvo a punto de dejar de contarlo.

Eso es lo que más me ha marcado en mi vida,

el pensar que no tenía un mañana, a los 13,

y el que cada día sea: "Que estoy bien y que estoy viva

es un regalo".

Está la Ana bióloga, con su máster y su licenciatura.

Hoy voy a comprobarlo, por si hay alguien que aún lo duda.

Está la Ana actriz,

la que ha peleado por ser una estrella,

la que se ha paseado del brazo de Robert de Niro,

la que al propio Spielberg le hizo una paella.

Está la Ana enamoradiza, con un corazón enorme,

en el que han cabido desde cantantes y futbolistas

hasta un príncipe y no sé si algún dentista.

Pero también la Ana traicionada

a la que un conde conquistó pero que le salió un poquito rana.

¿Tú sabes lo que es ver en la portada de una revista

al padre de tu hijo con otra y salir... # Qué apostamos... #

delante de toda España? Es muy difícil.

Está la Ana y los siete,

la Ana protagonista de una serie de televisión

que diseñó inspirándose en su propia vida.

Y está, por supuesto, la Ana madre,

Ana protectora leona de su hambriento cachorro,

Ana madre fiera pero también referente y compañera.

Para mí es un ejemplo a seguir, a nivel profesional,

pero en el día a día es como una amiga más.

Anita es Anita, es que es... Es una más,

de verdad que es una más. Flipo.

Y está la Ana de ahora, Ana espiritual,

en constante crecimiento personal,

la Ana entregada a la meditación, el yoga y la vida sana.

Y yo que creía que venía a un rato de relajo

y resulta que en cuanto me despisto va y me pone boca abajo.

Culo en pompa. ¿Y ahora qué? Culo en pompa.

Y ahora das un saltito y te vienes aquí. (RÍE)

(RÍEN)

Aquí.

Ahí, bonito.

(Timbre)

(Timbre)

Zapato... Ay.

Ay, ay, Anita, Anita.

(Móvil)

Ay, no. Ay... Ya está aquí.

Y ahora, encima, no contesta.

Ay... Ya.

(Móvil)

Jolín. (RESOPLA)

Bertín.

(Móvil)

Ay, Bertín, que he roto mi móvil.

Y sigue so... Ay... Bertín.

Anita, que llevo aquí en la puerta un rato, abre.

Pero si te estoy esperando desde hace una hora.

Claro, y casi me cargo el móvil, mira.

¿Que estás en la puerta? Pero si no he escuchado el timbre.

Sí, ya voy, ¿eh? Ya. Venga.

Que hace frío, joer.

¡Voy!

Ya voy, ya voy.

¡Eh!

¿Qué pasa? Qué alegría.

Niña, no se puede tardar tanto.

Pero si te llevo esperando una hora.

Ah, sí, hombre, claro. Que llevo una hora esperándote.

Vale, vale. No hacía frío ni nada. Y estaba maquilladita...

Te veo muy bien. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Yo sí, yo... Cojo, porque vengo con un ataque de gota,

que no sé quién... Tú estás con un ataque de gota

y yo estoy con un ataque de ciática.

¿Tú también? Sí. (RÍE)

Ven aquí.

Tú con una ciática y yo, con la gota.

¿Esto qué es? Esto es mi sala de yoga.

¿Eh? Aquí me pongo yo en forma.

¿Qué te parece? Pero ¿esto qué es lo que es?

Esto son los "mads" de yoga, que luego te voy a poner a ti...

¿A mí a hacer yoga? No me jodas. A ti.

Y te he traído unas mallas, mira. (RÍEN)

Que yo me rompo por la mitad. ¿Qué te vas a romper? Ni la gota...

La gota, la gota. Bueno, ya vemos esto luego.

Luego te lo enseño. Pero te haré hacer un poquito, ¿eh?

Alguna posición. Bueno, vale.

Tienes hasta un Buda y todo ahí. Tengo mi Buda,

para hacer el om. Luego te enseñaré a hacer el om, para que te relajes.

¿El om? El om.

Quiero que la gente te conozca más así íntimamente.

Me parece muy bien, un poco más. Eso es.

Y, luego, eliminar algunos prejuicios que hay,

para que sepan cómo eres en realidad...

Y que tú lo sabes bien, porque nos conocemos...

Yo lo sé bien, sí. desde hace unos pocos años.

Hace unos cuantos, muchos. Vamos a pensar hace cuántos.

No, sí, se pueden decir, 30 y tantos.

Hala. (RÍE)

30 y tantos, sí, 30 y tantos y muchos tantos.

¿Podemos decir que estamos delante de Antoñita la Fantástica o no?

No.

Bueno, sí, a ver, la imaginación es importantísima.

Decía Einstein que la imaginación es el preestreno de tu vida.

Entonces, yo siempre he sido muy imaginativa,

de pequeña en casa me llamaban así. ¿Quién te llamaba así?

Mi madre. Ah, ¿tu madre?

Mi padre, mis hermanos... Todo el mundo.

Porque tenía mucha imaginación. Y entonces, siempre...

Me gustaba que la vida fuera más bonita

de lo que era en realidad.

Como estuve muy malita, con 13 años...

Eso está muy bien. ¿Estar malita con 13 años?

No, hombre, que está muy bien... Ah. (RÍE) Digo: "Pero bueno". (RÍE)

Está genial... Que quisieras que la vida

fuera más bonita de lo que era, está fenomenal.

Yo toda mi vida me la he ido imaginando

y luego muchas cosas han salido y otras no,

pero bueno, que en casa yo era Antoñita la Fantástica.

Eso es. Oye, por cierto, y hablando de tu casa,

¿cómo está tu madre? Pues, eh...

Va mejorando, pero es muy duro, Bertín,

es muy duro, es muy difícil.

Mi madre y yo tenemos una unión impresionante,

es decir, no es una relación madre-hija, es amigas,

es que mi madre es mi amiga.

Entonces, ahora, desde que ha tenido el derrame,

es muy complicado, la rehabilitación...

La echo de menos, la echo de menos un montón.

De hecho, lo que hago es que cada día le escribo una carta,

para que cuando ella esté bien del todo que pueda leer lo que...

Y ahí estamos todos, como una piña, aguantando el tirón

y, sobre todo, pues... la tristeza de... de eso.

No sé si lo has dicho o creo que lo has dicho,

que lo que le reprochas a tu madre es que no se haya dedicado más

a ella misma, en vez de a vosotros. Exacto.

Mi madre, ¿sabes qué pasa?

Bueno, tú lo sabes, nos conoces a la familia de toda la vida.

Mi madre es la típica mamá gallina

que se ha dedicado a sus cinco hijos, a su marido,

se levanta todos los días a las 07:30

a prepararle a mi padre, que digo:

"Mamá, coño, que lo llevas haciendo 60 años",

a prepararle la frutita que le gusta a mi padre, cortadita,

la naranjita... Qué maravilla.

Es maravilloso. Yo, cuando veo a mis padres...

Este verano, antes de que tuviera mi madre el derrame,

yo los veía sentados a los dos, de la mano, viendo la tele,

y te lo juro que me emocionaba, me emocionaba,

porque digo: "El amor existe". Eso es.

Y envidia sana. Envidia sana.

Envidia sana.

Y ella ha sido la que nos ha mantenido,

la que ha dedicado su vida a sus hijos,

la persona más buena y generosa del mundo,

y, claro, que le haya pasado esto, que es una cosa terrible,

porque ella quiere estar bien, pero no puede,

porque el cerebro se daña y...

Es muy duro para los que están alrededor.

Entonces, no sabes qué hacer. ¿Y tu padre?

Mi padre, aguantando como un campeón.

Mi padre es la persona más fuerte que he conocido en mi vida.

Mi padre todavía se levanta a las 08:00 y se va a trabajar.

Eh... Está...

Tu padre tiene la edad del mío, me parece.

Sí, 86, creo. Yo creo que sí.

Tampoco llevo muy...

Pero, digo, qué barbaridad, qué fortaleza de hombre,

un hombre que se ha hecho a sí mismo,

mi padre empezó a trabajar con 11 años,

limpiando las pajas en establos, es lo que hacía,

y de ahí, fíjate.

Todas estas casas las hizo él, ¿no? Sí, todas estas las hizo él.

¿Aquí es donde vivís...? Todos los hermanos.

Todos tenéis casa aquí. Estamos todos los hermanos.

Mi familia es una piña, gracias a Dios,

porque para mí es fundamental la familia.

Entonces, aquí estamos todos los hermanos,

unos al lado de los otros.

Ahora mismo, todos, en piña, también,

para cuidar a mi madre y estar ahí.

Pero lo que te digo, que, mi padre, qué campeón, ¿eh?

¿A mí mi padre sabes lo que me...? Esas cosas... ¿Verdad?

Cuando llegan los momentos duros es cuando se ve de verdad

la categoría de la gente. Ahí está, ahí está.

Porque, claro, con las risas y tal, como digo yo...

Yo siempre digo una frase, que la he dicho varias veces,

pero te la repito, yo creo que la felicidad es ese instante

entre una putadita y la siguiente.

Entonces, ese instante, cuando llega...

Sí. Estoy de acuerdo contigo. Estás de acuerdo, ¿verdad?

¿A que es así? Hay muchos que ves en entrevistas

y les preguntan: "-¿Tú eres feliz? -Sí, soy feliz".

Yo flipo. Digo: "Pues yo ahora mismo no soy nada feliz".

Yo creo que en la vida se es feliz a ratos.

Claro. El otro día estuve...

Llevo, desde que ha tenido esto mi madre, compaginando el teatro,

que digo: "¿Por qué no estaré yo haciendo en teatro un drama?

Me saldría increíble". Pues no, tengo que hacer comedia.

Y es maravilloso hacer reír a la gente,

pero, claro, cuando quieres llorar

y te tienes que subir a un escenario,

no solo a estar, ni a reírte tú, sino a hacer reír, es muy duro.

Yo, por ejemplo, me subo al escenario,

hago la función, la gente muere de la risa, estamos con sofocos,

y ya en los aplausos no me puedo aguantar las lágrimas,

ya me tengo que ir al camerino a llorar,

porque necesito sacarlo por algún lado.

Claro, claro, normal. Porque no estoy bien.

Entonces, ¿qué voy a hacer? ¿Cuántos hermanos...? Yo lo sé,

pero cuéntanos, ¿cuántos hermanos tienes?

Te lo sabes de memoria. Somos cinco.

Juancho, Celia, Amalia, Javier y yo.

Y, la verdad, como te digo, todos trabajan con mi padre,

son economistas, abogados...

Yo he sido un poco la... Antes era la oveja negra.

Ahora mi padre está muy orgulloso de mí,

pero en un momento, cuando la niña quería ser actriz,

mi padre, imagínate. Pues no le sentó nada bien.

¿Y eras buena estudiante tú o no? Sí.

La verdad es que era... Más que empollona,

yo creo que me resultaba muy fácil, como ahora, aprenderme los guiones.

La gente flipa, me dan un directo de tres horas

y hago así y ya lo sé. Tengo muy buena memoria, muy buena.

Y entonces, no es que fuera buena estudiante, pero era...

No sé, en el cole, todo sobresalientes y matrículas.

Me da vergüenza decirlo, pero es que es así.

Cuando le dije a mi padre: "Mira, papá, quiero ser actriz".

Y yo estaba en la carrera, ¿eh? Estaba en primero de Biológicas.

Dice: "Hija, tú acaba la carrera y luego haz lo que te dé la gana".

Además, yo estudié la carrera por un motivo muy...

Claro, es que... El motivo fue que, como te contaba antes,

con 13 años estuve malita y entonces yo decidí...

Cuéntanos, ¿qué te pasó? Pues...

Al principio, no lo sabían, tenía 13 años, empecé a adelgazar,

y la verdad es que fue un momento duro.

Me acuerdo de que un día pasaba por el cuarto de mis padres

y le escucho a mi madre diciendo: "No me puedo creer

que Anita esté tan mal, que la tengan que operar...".

No me digas. ¿Y lo escuchaste sin saberlo?

Sí. No me gusta mucho hablar de esto, la verdad, Bertín,

porque no me gusta dar pena, para nada.

No, no, pero si esto...

Vamos a ver, en absoluto es dar pena,

esto es parte de tu vida y queremos conocer tu vida.

Pues te lo voy a decir.

Eso es lo que más me ha marcado en mi vida,

el pensar que no tenía un mañana, a los 13,

y el que cada día sea: "Que estoy bien y que estoy viva

es un regalo". Eso ha sido...

Porque la gente dice: "Qué vitalidad tienes".

Digo: "Es que tengo la suerte de estar viva". Es un milagro.

Entonces, escuchaste a tu madre decirle eso a tu padre,

fuiste consciente de que tenías un problema...

Sí, un problema. Entonces, me tuvieron que operar,

una operación de ocho horas. Pero fíjate si era, no empollona,

pero fíjate si era responsable que el día que me fueron a operar

me dijeron...

No me lo querían decir hasta el día anterior.

Me dijeron: "Anita, te van a tener que operar".

Yo dije: "No, que sea a las 11:00,

porque a las 10:00 tengo un examen de matemáticas".

Ah, ¿sí? (RÍE)

Y me fui a hacer un examen de matemáticas

y, luego, una operación prácticamente de vida o muerte.

Y lo más increíble de todo es que me contó luego el médico

que, como estaba anestesiada,

no paraba de hablar de raíces cuadradas.

¿De verdad? Te lo juro.

Bueno, yo hablo hasta anestesiada y dormida,

yo hablo debajo del agua. Pero fíjate tú qué fuerte.

Entonces, ya eso me dio...

Yo creo que eso me hizo, yo qué sé, tener mucha vitalidad

y, sobre todo, me condicionó

y digo: "Quiero estudiar Biológicas".

Ah, ¿eso fue a raíz de...? Sí, sí.

Pero... Ya es curiosidad, ¿eh?

¿Qué es lo que tenías en el estómago?

Era como una especie de tumor o un tema.

Ah, vale, vale. Entonces...

¿Y te dijeron cicatriz y eso? Sí, yo tengo una...

Bueno, no te la voy a enseñar, pero tengo... A ver si la...

No, no te la voy a enseñar. Bueno, es igual. Que la tienes.

Tengo una cicatriz de aquí a aquí.

Por eso, muchas veces, en los posados de verano,

me pongo triquini, para que no se me vea.

¿Te pones el qué? Triquini.

¿Eso qué es lo que es? Joer, el triquini.

¿Eso qué es? A ver, el triquini, hijo mío,

es lo que lleva lo de arriba, lo de abajo

y una rayita aquí en medio. Ah, ¿eso se llama triquini?

Triquini. (RÍE) Qué bueno.

Y muchas veces he tenido que... ¿No lo sabías?

¿Yo qué sé? ¿Me he puesto yo uno en mi vida?

A ver, ¿que no sabes lo que es un triquini?

No sé lo que es un triquini, ya me acabo de enterar.

¿Por qué hemos acabado hablando de triquinis?

Por lo de la cicatriz. Ah, mi cicatriz.

Entonces, muchas veces, para que veas cómo es la prensa,

han dicho: "No, es que Ana está operado de las costillas,

que se le va la cicatriz". Es verdad, eso lo escuché una vez.

Y es la cicatriz de la enfermedad que tuve.

Esas cosas hay que aguantar, imagínate.

Pues eso me condicionó para hacer Biológicas.

Entonces, claro, cuando quise... Me dieron...

Me presenté a un casting,

para una película que hacía Miguel Bosé,

y entonces yo no le quise decir a mi padre

que me presentaba al casting.

Total, que me presenté, con un montón de niñas,

y van y me dan el papel, y, como tenía menos de 18,

cuando le voy a mi padre... Claro, como era Antoñita la Fantástica:

"Papá, que voy a hacer una película."

"Sí, sí". No me hacían ni caso, se creían que era mentira.

(RÍE) Eso te ha pasado mucho. Me ha pasado mucho.

El día que viene la estilista para ver el vestuario mío,

pues dijo que no, y como no podía firmar el contrato,

porque era menor de 18... Era una película que se llamaba...

Ah, entonces no la hiciste. No la hice.

"Sentados al borde de la mañana con los pies colgando".

Sí, hombre, de eso me acuerdo yo. ¿Te acuerdas? Pues esa.

No me acuerdo de la película, no la vi,

pero la foto, que salen sentados todos en una tapia,

de eso me acuerdo. Pues eso. Y no la pude hacer.

¡Joer! Bueno, entonces, cuando tu padre se enteró

de que eso era verdad, ¿qué pasó? Dijo: "Vale, acaba la carrera

y te vas a estudi...".

Que esperen los de los pies colgando,

que ya llegaré. Exacto.

Y, entonces, ya poquito a poco... Bueno, hice más truquis, ¿eh?

Le engañé otra vez.

Hacía una película Julio Iglesias. Julio es muy amigo de mis padres.

De hecho, mis padres estuvieron en su boda con Isabel.

Y yo me enteré de que Julio hacía una película en París

que se llamaba "Me olvidé de vivir".

Y hacían unas pruebas a las niñas.

Yo daba clases de ballet. Y buscaban.

Entonces, yo me presenté

y, sin saber que yo era la hija de Antonio, de mi padre,

me cogieron para hacer un papelito de nada,

decía una frase o dos. Y me escapo a París a rodar

y le digo a mi padre que me voy a hacer un curso de genética...

Fíjate tú. a Sevilla,

y me voy a París a rodar con Julio Iglesias.

Lo mismo. Un curso de genética...

Y tengo la malísima suerte de que nos hacen fotos

y salen en el Paris Match.

Y, claro, la hermana de mi padre vive en Francia,

está casada con un francés,

y le dice: "Oye, que he visto a Anita con Julio Iglesias". (RÍE)

Y tu padre: "¿En Sevilla? ¿Era en Sevilla o dónde?".

¿Era en Sevilla o dónde era el curso

de la Drosophila melanogaster? Entonces, eso sí que lo hiciste.

Eso sí lo hice, sí. Ese fue mi primer papel en...

Que no fue ni un papel, creo que dije dos palabras.

Bueno, es igual, estuviste allí. Allí estuve.

¿Y eso fue bronca total o no? Bronca... Bueno, pero bronca total.

Entonces, yo dije: "Venga, no voy a hacer nada

hasta que acabe la carrera". Sí, iba a ser mejor, desde luego.

Entonces, me lié con la carrera, saqué muy buenas notas,

fui el número dos de mi promoción.

A mí me hacía mucha ilusión, porque yo tenía...

Pero vamos a ver, Anita, organización, como el chiste.

Organízate. Vamos a ver.

¿Tú terminaste la carrera? Porque hay que ver el cachondeo

con la carrera de la bióloga. Sí, que no lo entiendo,

porque si hay que fomentar que la gente estudie y prepararse,

¿por qué se cachondean de que una mujer tenga un título?

No, no, si es que lo que dicen es que no lo tienes.

Ah, ¿que no lo tengo? Lo que dicen es:

"Esto es un cuento más de Antoñita la Fantástica".

Vale, luego te lo enseño, mi amor. Ah, ¿sí? ¿Lo tienes aquí?

Sí, sí, y el máster.

Luego vamos a ver la sección de títulos.

Vale, vale, para los incrédulos. Exactamente.

Entonces, terminaste la carrera. Sí.

Y te fuiste a EE.UU. Sí, me fui a EE.UU.

Y cuéntame. Eso fue increíble.

Yo había hecho mis pinitos como modelo, tenía dinero,

porque yo siempre he sido: "Yo no quiero nada de mis padres,

quiero hacerlo yo sola". Me fui con mi dinero.

Y te admiten en el Actors Studio y tal,

pero el problema es que yo no hablaba inglés,

yo era como: "Hello...". ¿Tú qué tal dominas el inglés?

¿Yo? No, si tú hablas muy bien.

Sí, yo soy casi bilingüe. Tú eres bilingüe.

Pues yo no era. Era "Hello, how are you?"...

Yo te recuerdo a ti hablando inglés.

Pero luego, porque me has conocido luego, al volver.

Ah, vale. Bueno, total, que allí fuiste como los indios.

Como los indios. Me presento a las pruebas...

"I am Ana". "I am Ana".

"I want to be actress". "From Spain".

"I am from Spain and my name is Ana Obregón".

Eso es. Total, que hice las pruebas

y dije: "Tengo que hacerlo en español".

Entonces, hice...

Creo que fue, no me acuerdo bien, algo de Miguel Hernández, un poema.

Y les gustó, me admitieron. Entonces, llamo a mi padre

y digo: "Papá, lo siento mucho, pero me han admitido,

voy a estudiar aquí,

en el Lee Strasberg Theater Institute de Nueva York".

Y allí me quede. ¿Y cómo te lo pasaste allí?

La verdad es que fue la mejor experiencia de mi vida.

¿Sí? La mejor, sí.

¿Y allí trabajabas también para mantenerte?

Claro. Allí acabé trabajando en una pizzería.

Ah, en una pizzería. Sí.

¿Haciendo pizzas o sirviéndolas? No, ¿qué coño, haciendo pizzas?

Fregando platos. (RÍE)

Bueno, los platos de las pizzas son grandes.

Son muy grandes. Te lo curraste bien.

Sí, me lo he currado, yo la verdad es que me lo curré.

No quería... Pero ¿vivías bien?

No, vivía fatal, vivíamos siete metidas en un piso al principio.

Fíjate tú, pa' haber estado allí. Tenías que estar tú allí,

todas ahí con 21 añitos... Siete en un piso.

Sí, en el Village.

¿Y todas, chicas? Todas, chicas.

Te hubiera encantado. (RÍE)

Eso hubiera sido un descontrol terrible,

aquello debía de ser una leonera. Pero éramos todas...

Mira, todas estudiaban, todas trabajaban,

y la verdad es que fue una experiencia increíble.

Conocí a Robert de Niro antes de irme para allá.

Y, entonces, allí, cuando yo decía en la escuela: "Es que lo conozco".

Claro, se reían de mí.

Y tuve la suerte de que en mi 22 cumpleaños

yo le dije de cachondeo si quería venir

y apareció en mi cumple. Y se portó muy bien.

De hecho, pues estuve en su casa...

Digo: "Pero ¿qué hace el óscar encima del váter?

Ah, ¿sí? (RÍE)

Voy un momento al baño y digo... Como no veo bien de lejos,

me acerco y digo: "¿Este es el óscar?".

Y lo tenía allí, encima del váter.

Y digo: "¿Por qué tiene Robert de Niro el óscar

encima del váter?". Pues ahí lo tenía.

Yo lo tendría, vamos, nada más entrar,

en la puerta de mi casa.

Oye, ¿y la película esa que hiciste con Bo Derek

cómo salió? Eso fue un cachondeo...

Mira, no te lo vas a... Esto fue muy fuerte.

Yo estaba en la escuela y yo no tenía...

Allí tienes que tener agentes, representantes. Yo no tenía nada,

nada, cero patatero.

Entonces, me dicen en la escuela: "Ana, hay un casting

para hacer una película con Bo Derek".

Que, en ese momento, te acordarás, estabais todos locos por ella.

Sí, perfectamente.

¿No te gustaba? A mí no.

Ah, ¿no? No, no.

Además, ha estado en casa, en Sevilla, montando a caballo...

Pues eres de los pocos. En el momento de las trencitas...

A mí, personalmente, no es el tipo de mujer que me gusta.

Rubita, con los ojos azules... Sí, pero no, demasiado muñeca.

Tú eres más de latinas.

Demasiado muñeca, para mí, para mi gusto.

Pero bueno, era un "sex symbol". Que sí, que estaba estupenda.

Entonces, a mí me dicen de coprotagonizar una peli

con esta, que era el "sex symbol", y digo: "Me presento de cachondeo".

Entonces, me presenté al casting, pero, claro, morena, ¿sabes?

Tal, no sé qué, y llego ahí

y veo a estas americanas todas de 2 m

y digo: "¿Qué coño hago aquí?". Bo Derek no, que es chiquitita.

Bueno, ella es chiquitita, pero las americanas cómo son todas.

Sí, sí. Digo: "¿Qué hago yo aquí?".

Entonces, hice un casting de cachondeo.

Me enfoca la cámara, pues lo mismo: "My name is Ana Obregón,

I am from Spain". Y me dicen: "¿Tu representante?".

Y digo: "No, que mañana me voy a casa,

les doy el teléfono de mis padres. 'Home'". (RÍE)

Y les di el teléfono de Madrid,

porque acababa justo el curso de interpretación.

Y me vine a Madrid, tan contenta.

Digo: "A mí estos no me cogen ni de coña".

Y un día estoy dormida y viene mi madre,

con el "jet lag" este que coges,

y dice: "Anita, que te llama John Derek."

Digo: "Esto es un cachondeo, mamá".

Como les conté a todos mis amigos que había hecho la prueba...

"Cuélgales, que voy a seguir durmiendo".

Y no le cogí el teléfono.

Y a la tarde me llama mi madre otra vez.

"Oye, Ana, que es un señor hablando en inglés

que dice que es John Derek,

que te quiere hablar de una cosa muy importante".

Y yo lo cojo de mala gana y digo: "¿Quién es?".

Iba a decir un taco.

Y me dice: "Ana, I am John Derek... Que tienes el personaje,

que te han dado el papel". Y digo: "¿Qué?".

"¿Puedes estar pasado mañana en la rueda de prensa,

en Londres?". Y yo: "¿Qué?". (RÍE)

Digo: "Espere un momentito". Me senté... (RÍE)

"¿Que si puedo estar mañana?".

Estuve a punto de decir: "No, tengo que mirar mi agenda".

Y digo: "No, no, Ana, no seas chula, diles que sí".

Y así fue. ¿Y fue y se presentó en Londres?

Oye, pero si tú la conociste en esa época, perdona.

Que sí. ¿Cómo que que sí?

¿No lo estabas diciendo? Sí, pero ¿para qué voy a decir,

si estamos hablando contigo? Pero si estuviste en casa con ella

y conmigo. Que sí, que sí.

Que... ¿Cómo que qué?

¿Ves como cambias de tercio? ¿Y después eso lo presentaste...?

¿El qué? Calla, que me estás liando.

(RÍEN)

Venga, momento de seriedad. Escucha.

Anita, ponte derecha, hija.

Vale.

Estábamos hablando... No, pero que no estuviste con ella.

Que no. De la presentación en Londres,

fue en Londres donde se presentó. Sí.

Pero te voy a contar una cosa. ¿Puedo?

¿El qué? Aquí te voy a involucrar.

Sí, vale, cuenta lo que quieras. Es algo tuyo.

Adiós... Bueno, va.

Me ha venido a la memoria en este momento.

Vale.

Cuenta, cuenta, a ver, cuenta.

¿Puedo? Sí, sí, puedes.

Vale.

Te voy a decir una cosa. Y yo te estoy agradecida por una cosa.

¿A mí? Sí.

Ah, vale. Y nunca te lo he dicho.

30 años sin decírtelo. Te lo voy a decir.

Cuando me dan el personaje para hacer "Bolero" me hacen un...

Pues esto de que vas al ginecólogo, te hacen unas pruebas,

y me dicen que tengo células precancerosas en el útero.

Y digo: "Esto espera. Primero, la película".

Y me voy y me hago la peli.

Y cuando volví lo pasé muy mal.

Y tú te portaste muy bien, porque eras amigo de mi cuñado,

y estuviste cariñosísimo y subiéndome la moral mucho.

Y te lo quería agradecer.

Qué susto me ibas a dar.

Menos mal que ha sido eso.

Pero ¿tú qué creías que iba a contar?

No, podías haber contado más cosas, pero que esa justo me parece...

No sé, no me acuerdo exactamente, pero era lo normal.

No, lo normal no, yo lo pasé muy mal...

Pero era lo normal. Tú estuviste muy cariñoso,

me sacabais a cenar. Y yo lo pasé muy mal.

Bueno, pero es que, además, en aquel momento

nos veíamos constantemente y era lo normal.

No, no era lo normal, Bertín, no. Bueno, pues yo te agradezco mucho

que te acuerdes de eso. Es que es la verdad, me acuerdo,

y lo cariñoso que estuviste, además.

Pues fenomenal.

¿Qué te creías que iba a contar? No, yo qué sé, yo qué sé.

Lo de "El equipo A", cuéntame lo de "El equipo A".

"El equipo A" fue genial. Porque era la serie de moda.

Era la serie de moda en EE.UU.

Entonces, yo llego de...

Hago la película "Bolero", se estrena en mogollón de cines,

conozco a Spielberg justo en el doblaje de "Bolero",

y, gracias a Dios, me cojo una agencia, la William Morris.

Ah, William Morris, sí. Estuve con ellos yo hace mil años.

¿De verdad? Sí.

Es que yo el primer currículum lo tuve que quitar,

porque yo llevé un currículum inventado,

la primera vez que fui a la William Morris

me inventé todo. (RÍE)

Me inventé hasta que había... ¿Ves? ¡La fama te viene por algo!

Me viene porque hay que luchar, y quien "no mama no llora".

Sí, es al revés, pero es igual, lo hemos entendido.

Quien no llora no mama. Aquí la vida hay que buscársela.

¿Tú crees que alguien va a venir a tocarte tu puerta?

¿Quién ha ido a tocarte la puerta en la vida? Nadie.

No, no. Tienes que luchar,

tienes que luchar, y entonces yo oigo:

"Quiero trabajar en EE.UU., ¿qué hago?

Si digo que he hecho dos películas, me van a mandar a casa".

No tenía antecedente de Antonio Banderas,

ni de Penélope ni de nadie, ni de Paz Vega,

entonces me lo inventé. No tenía ni penales.

No tenía nada, no tenía nada. No tenía nada.

Todo, me lo inventé todo: currículum,

puse que había rodado con un director de cine,

que ahora no me acuerdo cuál era, pero que era un italiano

y que se había muerto antes de que yo naciera, ¿sabes?

No, no, y tragaron y se acabó, y eso es lo que hay.

Tenían ese currículum guardado y, cuando ya hice la peli,

yo digo: "Como rescaten el currículum este antiguo...".

No, no, muy mal. Entonces cambiaste el currículum

y les diste ya uno... Y ahí me cogieron

y ya empecé a hacer castings, e hice un casting

para hacer "El equipo A", yo como loca,

era la serie que veía, era la serie número uno en EE.UU.,

y entonces me dieron. Hice tres capítulos.

Para mí era todo como alucinante, digo: "Pero ¿qué hago yo aquí?".

Oye, este... A Spielberg lo conociste en Londres.

Cuando estaba doblando "Bolero". ¿Y qué tal? ¿Cómo es?

Increíble. ¿Le gusta la paella o no le gusta?

Joder, le hice una paella... Si tú no has cocinado en la vida.

Pues ya lo sé, tú también lo sabes. (RÍE)

Yo soy la peor cocinera.

Yo soy capaz de hacer un huevo frito

y que me salga alrededor lo rojo y blanco en medio.

¿Cómo es posible eso? Sin quererlo. Eso ya es insólito.

Sí, no me sale ni el huevo frito. ¿Cómo te da por hacer una paella?

¿Cómo? Porque yo, a ver... Me lo presentaron,

luego, cuando llegué a Los Ángeles, él me llamó:

"Te invito a mi casa, a Malibú". Yo, como loca para conocer Malibú.

Y le digo: "¡Uy! Si quieres, te hago una paella".

Porque me dijo que le gustaba. Y cuando lo estoy diciendo,

ya en el momento que lo digo: "Ana, calla, si no sabes hacer paella,

si no tienes ni idea". Total, llamando a mi madre:

"Mamá, ¿cómo se hace la paella?". (RÍE) Desde Los Ángeles.

Y mi madre: "Pues echas esto...". Yo tomando nota.

Me voy a su casa a hacer la paella y me olvido las notas.

¡Bueno, bueno! Y encima se fue la luz de la casa.

Tiene una casa muy bonita en Malibú.

Y entonces, mira, yo digo: "Pensar que yo estoy aquí

haciéndole una paella a Spielberg, que se fue la luz

y Spielberg con una linterna alumbrándome...".

Sí, bueno, no se murió de milagro, seguro.

Bueno, la paella era lo más repugnante.

¡No te puedo explicar! Era incomestible. Y se la comió.

Pobre, educadísimo. Pobrecito. Educadísimo.

Educadísimo. No sé cómo no se murió después.

Claro, y desde luego no te dio ningún papel.

La paella era lo más... No te dio ningún papel.

Está claro... ¡Yo creo que fue por eso!

Estuvo con diarrea una semana.

Pero es que el arroz no me salía ni amarillo

y me decía: "¿No tiene que estar amarillo?".

Él recordaba de...

El arroz no estaba amarillo, estaba como verde, no sé qué hice.

Oye, y en EE.UU. no fue todo tan maravilloso,

tuviste alguna experiencia dura. Pues entraron en mi casa dos...

Los malos. Los malos, los malos.

Los malos entraron. Y la verdad es que lo pasé fatal.

Me dio sensación de impotencia.

Menos mal que no tenía nada para llevarse,

pero tampoco no "menos mal",

y menos mal que no me hicieron nada,

pero me ataron a una silla.

Y, gracias a Dios, llegó un vecino y se asustaron y se fueron.

Pero fue una experiencia horrible, porque encima me dieron un empujón.

Venía de mi clase de baile, y me empujaron y me encerraron.

Fíjate lo que me pasaba por la cabeza:

"Están estos dos aquí y yo estoy:

'Mi madre igual no me llama hasta mañana'".

Claro, no estás en tu casa, que todo el mundo...

En ese momento estaba viviendo sola.

Te pasa algo y no se entera nadie. Nadie hasta dos días después.

Y me dio un poco ataque de pánico de vivir allí.

Y como tenía que seguir porque estaba rodando,

mi mejor amigo, que es Toncho Nava, que era la mano derecha de Julio.

¿Toncho? ¡Tonchete! ¿Cómo es mi Tonchi?

Hombre, Toncho... Ha trabajado con Julio toda su vida.

Ha sido la mano derecha de Julio toda la vida.

Exjugador de baloncesto del Real Madrid.

Fue el que me presentó además a Fernando Martín, Toncho.

¿Ah, sí? Sí, claro.

Entonces Toncho me llama y me tuvo que venir a buscar,

me llevaron al hospital, ¿eh? Porque me dio un ataque de tal,

y entonces hablo con Julio y me llamó Julio y me dice:

"Ana, te vienes a casa".

Yo no podía estar sola, me daba un ataque.

Entonces estuve viviendo en casa de Julio casi dos años.

¿Ah, sí? Sí. Eso nunca lo he contado.

Y eras el mito erótico de los hijos: de Enrique...

¡Madre mía! Pero de eso me he enterado después.

Yo, a ver, yo no lo sabía, yo veía a dos críos de 11 años, de 12 años,

y yo no sabía que los niños de 11 y 12 años

tienen ya el instinto sexual ahí. ¿Tú lo tenías?

Con 11 o 12... O 13.

No. Con 13... no, tampoco. Más o menos, pero no.

Pues ya... Es que estos están precoces.

Es que los niños ahora son más precoces.

Y entonces, claro, muchas noches yo me iba a contarles, no cuentos,

porque ya eran mayores, pero historias de miedo.

Y: "Vente, Anita. Vente, Anita". Y yo me iba a su habitación.

En camisón. ¿Cómo voy a ir?

Con el camisón corto; si ya te estoy viendo.

Te estoy viendo. ¿Cómo quieres que vaya?

A pique de que les diera un infarto a los dos.

Si es que estas cosas pasan. Era con toda mi buena voluntad.

Esto pasa.

Yo iba con toda mi buena voluntad y les contaba historias.

La madre de Julio, Charo, que era amorosa,

decía que los cuidaba muy bien, y eso que yo era una cría, vamos.

Y luego, al cabo de los años,

cuando Enrique una vez vino a dar un concierto aquí,

el primero yo creo, fui a verle y fui a cenar y me dice:

"Te tengo que confesar una cosa, Anita".

Que luego lo ha confesado en todas las teles.

"Tú eras mi mito erótico. -Pero ¿qué dices, Enrique?

-Pues claro".

Tenía el poster de Bo Derek y el mío y tal.

Y otra cosa que no puedo contar. Bueno.

Que vamos, que era como su mito erótico.

Fíjate tú qué fuerte. Bueno.

Entonces te vienes para España... No es que me venga para España,

es que cuando estaba allí conocí a Fernando Martín.

Pero ¿cuando él jugaba allí o...? Él estaba jugando en el 84,

que quedaron medalla de plata, lo que jugaron en Los Ángeles,

la olimpiada, claro. Claro, claro, sí, sí.

Entonces, como estaba Toncho con Julio y yo vivía en su casa,

invitó a todos los de la... Ah, claro, claro.

Y ahí lo conocí. Y dije: "Señores, hasta aquí hemos llegado.

Me voy para España, que he conocido al amor de mi vida".

Y me vine. Yo tenía que haber sido más cerebral, pero no...

Te fue bien cuando llegaste, ¿no? Aquí me fue genial.

¿Y te digo una cosa?

No cambiaría los cuatro años que viví aquí con Fernando

por haber seguido mi carrera en EE.UU. No, para nada.

¿Qué hubiera conseguido, más películas y más tonterías?

Y aquí cuatro años maravillosos viví con él. Eso no lo cambio.

Bueno, y luego en España hiciste el "¿Qué apostamos?" al llegar,

¿o cómo fue eso? ¡Uf!

Nada más llegar hice un montón de películas,

pero no me las sé todas, ¿eh?

"La vida alegre" con Fernando Colomo, eh...

No sé, en total he hecho como 45 películas

y no me acuerdo de todas, pero muchas.

¿45 películas has hecho? Sí, sí.

Me tienes impresionado, Anita. Pensé que te conocía perfectamente.

Muchas, muchas. En Italia, muchas también,

hice como tres o cuatro películas también en esa época.

Pero escúchame, estamos en Televisión Española...

Ah, vale. No, no, no, pero...

Lo primero que hice en Televisión Española fue...

El "¿Qué apostamos?", ¿no? Pedro Ruiz. ¿Qué dices?

¿Cómo Pedro Ruiz?

Con Pedro Ruiz hicimos el "Pirulí que te vi".

Pues yo, yo, yo personalmente, ¿eh? El que más recuerdo,

con gran diferencia, es el "¿Qué apostamos?".

Con Ramón. Ese fue en el 93.

Claro, también es verdad que yo antes vivía en EE.UU.

Vivías en EE.UU. Entonces yo empecé en la tele...

¿Cómo fue ese programa para ti? Fue maravilloso.

¿"¿Qué apostamos?"? Yo creo que es ya un programa mítico.

Sí, sí, completamente. Completamente.

La gente lo canta en los pueblos, el "¿Qué apostamos?".

Y Ramón ha sido... Decían que éramos la pareja...

Nos compaginábamos muy bien. Es que es un tipazo.

¡Es un tipazo! Lo echo de menos en televisión.

Es un tipazo.

Pues Ana, yo siempre lo digo, buena compañera, buena madre,

buena hija y también Antoñita la Fantástica;

si no, no sería Anita.

¿En "¿Qué apostamos?" te echaban agua?

Helada. Mira, ¿por qué me cabreaba yo?

Porque estaba todo el año con anginas.

Todo el puñetero año con anginas. Y me decía la comisión: "Obregón".

Y, claro, era el minuto de oro, a ver si se me transparentaba algo

con el vestido; me entiendes, ¿no? Y cada vez que me decían

que fuera a la ducha, digo: "¿Serán desgraciados?". Anginas.

¡Que es mentira! ¿Qué anginas ni qué leche?

¡Si el que más se duchaba era yo! Ana, ¡por favor!

Bueno, alguna vez sí te duchaste

y no ha habido mujer más guapa en la ducha que tú.

# ¿Qué apostamos? ¿Qué apostamos?

# Arriesga lo imposible # y no des marcha atrás.

# ¿Qué apostamos? ¿Qué apostamos?

# Cualquier cosa que inventes # servirá.

# Esto es un juego.

# La vida es un juego # y hay que apostar.

# Todo es posible.

# La vida es una apuesta # y nada más. #

Y yo había empezado a dar las campanadas

con Joaquín Prat la primera, las he dado diez años, creo,

o nueve, no me acuerdo ahora, y me acuerdo que el primer año

lo di con Joaquín Prat, el gran maestro.

Y Joaquín... Me río porque él se ponía nervioso

y me decía: "Anita, ¿no estás nerviosa?

-¿Qué dices? Que me vean 13 millones de personas me pone,

todo lo contrario".

(Campanada)

¡12! ¡Feliz año! A España, feliz 1995. ¡Ahí está!

¿Las diste bien alguna vez o no? Las he dado bien siempre, lo juro.

Si no, no me hubieran insistido diez años.

¡Venga! Y el último año estuvo muy bien, con Ramón,

porque conseguí cogerle la capa famosa

y se la tiré en mitad de las campanadas.

(AMBOS) ¡Feliz 2005!

Dame tu capa. Esta mujer...

Estoy morada ya. La capa, coge la capa.

Coge la capa. Vamos para allá. ¡Olé!

Otra vez. Por España.

¡Obregón! ¡La capa! ¡Ay!

Y hubo suerte, porque había obras en la Puerta del Sol

y se quedó enganchado todo aquello en un lío que había allí.

Pero bueno, las cosas de la Obregón.

Ya empecé con series míticas también, "A las once en casa",

"Hostal Royal Manzanares", entonces estaba compaginando todo.

De hecho, era tal mi locura en televisión

que es que, como me querían poner en todo, yo decía: "Pero a ver...".

Que recuerdo que cogía Ramón Colón una pizarra y empezaban:

"De lunes a viernes, está con 'Hostal Royal Manzanares';

viernes por la noche y sábado, '¿Qué apostamos?', y mientras...".

Yo qué sé, así era.

¿Cómo recuerdas el trabajo con Lina?

Maravilloso. ¿Sí?

Lina, de verdad, es que no sé cómo explicarte.

Es esa persona que ya es una maestra

y que encima te están pagando por estar con ella.

Era la maestra de la comedia. Era la maestra.

Tenía un ritmo, un sentido del humor...

Era maravillosa. Para mí eso fue... Y luego nos hicimos muy amigas.

Eso te iba a decir, ¿te llevabas bien con ella?

Lina era fantástica.

# Vamos a romper ese coco, # a ver qué cosa tendrá.

# Vamos a romper ese coco, # que te tiene "trastorná".

# Que te quito la guitarra. # Que te quito el ron.

# Que te quito las maracas. # Que te quito el colchón.

# Que te quito el pañuelo. # Que te quito el blusón.

# Que te quito el sombrero. # ¡Que te quito el pantalón! #

Era directo, se rodaba como en las americanas,

hay público y no cortan. Y en el contrato dice:

"Te pase lo que te pase, no cortamos".

Me acuerdo que, como yo hacía de cegata, me iba dando golpes.

No es que lo hicieras, estabas. Estaba.

Yo no sé ahora, pero antes eras cegata, cegata.

Más todavía, no veía un carajo. ¿No te has operado?

Anita, a mí me han pasado contigo cosas muy graciosas

porque no ves tres en un burro. Cuéntalas.

Yo me acuerdo que andabas como medio de lado

y la gente: "Cómo anda de raro. -Es que mira por el ojo que ve".

Y anda para un lado, anda así, parece como los caballos,

es porque ves mejor con el derecho que con el izquierdo.

Me estás comparando con un caballo ahora. Si nací ya cegata.

Oye, y otro de los éxitos gordos que tuviste es "Ana y los siete",

que fue idea tuya, ¿no? Sí.

Esto fue genial porque, fíjate, yo creo que fue gracias a mi hijo.

¿Ah, sí? Mi hijo tenía como cuatro años

y te pasas la vida viendo las películas

que les gustan a los niños, los vídeos, una y otra vez,

y pensé: "¿Por qué no ideo yo una serie

que puedan ver los padres, los hijos, los abuelos,

la familia?". Y entonces empecé a dar vueltas

y se me ocurrió la idea de "Ana y los siete".

Entonces yo estaba trabajando mucho en tele,

no sé qué acababa de hacer, no me acuerdo ahora mismo,

y fui a hablar con... Ay, cómo estoy hoy.

¿Te acuerdas cuando hablábamos de corrido?

¡De verdad! Bueno, con quien fuera.

Espera, no, porque fue maravilloso. Bueno, Álvaro, Álvaro...

¿Álvaro de la Riva? De la Riva, que en paz descanse.

Entonces me acuerdo que tenían varias series

que me ofrecieron y tal, y digo: "Yo tenía una idea, que es esta".

En dos minutos se la expliqué y dijo: "Escríbela.

-Pero ¿yo? -¡Escríbela!".

Tenía mucha seguridad en sí mismo.

La escribí, busqué la productora y, mira, exitazo de audiencia.

Además, sabes cómo es la prensa, que yo dije en algún momento:

"Es que he escrito una serie". Y era un cachondeo:

"Mira la Obregón". Tienes una fama de eso increíble.

Ahora os reís, pero quien ríe el último ríe mejor.

Mira el éxito que tuvo, se ha vendido a todo EE.UU.,

a través de Televisa ha sido el exitazo de la versión americana,

y bueno, pues ahí está.

# A los que ligan a pie # por la cara.

# Es lo que baila Ana. ¡Ana! #

¿Y tú la hiciste por tu hijo? Por mi hijo, por mi hijo,

porque yo digo: "Tengo que hacer algo

para que las madres, tan sacrificadas,

porque qué son las madres, ese trabajo tan mal remunerado

de las madres, que lo aguantan todo,

que es que me veía 'Dumbo' 700.000 veces, el tal...

Vamos a hacer algo para que las madres, los abuelos,

todos, los tíos, digan...". La idea desde luego era estupenda.

Era una serie bonita.

¿Sabes qué pasa? Que era un cuento de hadas.

A mí me gustan los cuentos que acaban bien.

Acababa el día de la boda y, por mucho que querían prolongar,

todo el mundo: "Ana, ¿cómo dejas una serie...?".

El último capítulo tuvo seis millones de audiencia.

Un hada estríper, pero hada. Sí, era un hada estríper.

Es que era un poco basado en "Sonrisas y lágrimas",

pero para qué iba a ser una monja. Estamos liando, un disparate ya.

¿Por qué voy a ser monja? Voy a ser una estríper

para darle un poquito de pimienta al tema.

Si era una monja, imagínate qué rollo.

No, bien, pero... Pero te digo una cosa.

Eso dentro de tu cabeza está estructurado.

Sí, yo me lo estructuro bien, ¿ves? Ahí el...

Es la imaginación al poder. ¿Qué te he dicho?

Si no hubiera tenido esa imaginación

ni hubiera sido Antoñita la Fantástica,

no habría creado "Ana y los siete". Y no serías Ana Obregón.

Y no estaríamos sentados aquí. Y no estaríamos aquí sentados.

Oye, cuéntanos, ¿cómo es Álex? Álex es maravilloso.

Álex es el motor de mi vida, es mi regalo,

es lo mejor que me ha dado la vida, me la dio Alessandro,

y sin Alessandro padre no hubiera tenido a Álex.

Y, bueno, además tengo una relación maravillosa

con el padre de Álex,

porque para mí lo fundamental son los hijos,

y, si la pareja no se lleva bien, es nuestro problema.

Esa es mi teoría también, absolutamente.

Y además creo que es dar ejemplo. A mí me cae bastante bien tu ex.

Es muy simpático, te ríes mucho con él.

Mira, yo, hasta cuando me ponía los cuernos...

Siempre que le veo es con mucho cariño,

es un tío que me cae muy bien. Es una persona que, como te decía,

aunque te ponga los cuernos, luego te lo dice con gracia.

¿Sabes lo que te digo? Yo no conozco a tu hijo.

El único recuerdo que tengo es que no sé si le pegó un bocado

a un periodista, a un micrófono o algo así;

es lo que recuerdo de tu hijo. Tú date cuenta.

Ho he luchado mucho por mantener a mi hijo

totalmente apartado de todo; de hecho, toda la ley del menor,

me acuerdo que me fui con Eugenia Martínez de Irujo

a ver al fiscal de Menores y tal. ¿Ah, sí?

Sí, yo estaba luchando con Eugenia. Me fui con Terelu, con Eugenia,

fuimos, sí, sí, para el tema de que tapen las caras.

Por la ley del menor, claro. Ah, no sabía yo eso.

¿Y funcionó? Y funcionó.

¿Y qué quieres que te cuente de mi hijo?

Pues me encanta, me encanta que sea un niño

que no haya querido ser "hijo de", él todo lo ha querido hacer solo.

De repente estaba en el colegio, con notas más o menos bien,

pero dice: "Me voy a esforzar porque quiero aplicar

a una universidad americana, que te piden un 9".

Y el tío aplicó, se fue a estudiar a Duke,

a la Universidad de Duke, que es una de las diez mejores del mundo,

le aceptaron. ¿Y qué estudió?

Dos carreras. Ya te contará luego, luego viene.

Está trabajando. Me tienes impresionado.

Cuando me enseñes el diploma tuyo de Biología,

que no te vas a escapar... Y el del máster.

Y el del máster. Son una familia de lo más...

Y no, lo que me encanta es... ¿Ha vuelto? ¿Vive aquí contigo?

Yo estoy feliz porque, cuando se fue,

era el síndrome del nido vacío, entonces me fui yo para allá.

A mí me dijeron, lo pregunté: "Está viviendo en Miami".

Sí, estuve allí cuatro años, de ahí me salió la película

que acabo de rodar, una película maravillosa americana,

que no sé por qué viene un americano

a hacer una película sobre Santiago Apóstol.

¡Ah, cállate! Me llamaron a mí para hacerla.

¡Claro, te llamé yo! Les dije que te llamaran a ti.

Papel del rey no sé qué, el rey no sé qué, que no pude.

Que no pudiste. Y yo se lo dije, le dije,

porque uno de los productores es gallego, vive en Miami...

Lo rodábamos en Santiago. Sí, en Santiago.

Yo he hecho de la reina de Hispania.

¿Tú eres la reina de España? De Hispania, era Hispania.

Yo hubiera sido... Yo era el rey, ¿hubiera sido tu marido?

Sí. Es una pena. ¡Me cago en diez, lo que me perdí!

Te la has perdido.

¿No te planteaste tener más hijos? No.

Bueno, si hubiera encontrado a alguien, Bertín,

pero no lo he encontrado,

y luego me he dado cuenta de mi trabajo,

yo llevo, gracias a Dios, sin parar desde que empecé a trabajar,

llevo 33 años trabajando sin parar, enlazando un programa con otro,

una serie con otra, una peli con otra, entonces...

Los hijos necesitan tiempo; de hecho, "Ana y los siete"

fue la época de mayor éxito de audiencia,

de mayor éxito de todo,

y la más infeliz de mi vida porque no estaba con mi hijo.

Prácticamente rodábamos de lunes a sábado 12 o 14 horas

en Navalcarnero, desde aquí tardaba y no veía a mi hijo.

Llegó un momento que dije: "Mi hijo ya tiene 14 años,

quiero estar aunque sea un año con él".

Porque con 15 ya va a decir: "Mami, eres una pesada. Déjame en paz".

Que es el momento más duro para una madre, ¿sabes?

Cuando te dicen eso. Es verdad, lo hemos vivido.

¿Alguna vez te lo ha reprochado él? ¿El que trabajara tanto?

(ASIENTE) No, pero de repente le veo

que hacía cosas increíbles, que digo: "¿Cómo has aprendido?".

Ganó el Talent de todos los colegios de España,

de Madrid, que diga, porque hace una cosa que se llama "beatbox",

que es con la boca, que hacen... ¿Sabes qué es el "beatbox"?

No tengo ni idea. Pues con la boca hacen orquestas,

orquestas con la boca. ¡Es increíble!

Y digo: "¿Cuándo aprendió eso?".

Y era la cantidad de horas que se pasaba el pobrecito solo,

pues por internet y tal. "Beat...". "Beatbox".

"Beatbox". "Beat", de "beat". Del "beat".

¡Ah, "beat"! "Beatbox". Qué fenómeno.

"¿Cómo has aprendido eso? -Las horas que me tiraba solo".

Hay una cosa curiosísima:

fuiste objetivo de ETA, de la ETA, ¿es verdad eso?

Sí, pero es que no me gusta mucho hablar de eso.

Bueno, mira, gracias a Dios ha pasado.

Muchos han sido objetivo de ETA y están ahí, mira Carlos Herrera.

Sí. El otro día hablando con un amigo

me contaba que, bueno, se puede decir,

Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, me dice:

"Fíjate tú que en el zulo de Ortega Lara

encontraron los papeles, encontraron unos papeles

de todo el seguimiento que me habían hecho".

Lo mismo encontraron mío, lo mismo. ¿A ti? ¿En el mismo sitio?

Sí. De hecho, tenían una foto dedicada por mí.

¡Anda ya!

Debieron entrar a algún camerino o algo.

¡Qué me estás contando! En mi vida me ha pasado de todo.

Mira, había un momento, yo no lo sabía, que me seguían,

por un lado, ETA,

por otro lado, que ya lo sabía la Policía,

que te ponen contravigilancia, y, por otro lado, los paparazis.

Y yo como una loca que me iba a mis clases de baile y a mis...

¿Cómo te enteraste? ¿Te avisó el Ministerio del Interior?

Sí, me avisaron.

Me enteré mal enterada porque creí que era una broma.

Como siempre, sí. Como siempre.

Yo estaba rodando una película con Vicente Aranda

y con José Coronado, el director era Vicente Aranda,

y me acuerdo que tenía una secuencia dificilísima,

de estas de amor con un texto muy fuerte,

ya sabes cómo es Vicente Aranda, y estaba con la escena esa,

que me tenía loca, y por la mañana me levanto

y veo en la portada de un periódico lo de Ortega Lara y Ana Obregón,

y digo: "¿Me están liando a mí con Ortega Lara o qué?".

No entendía nada el vínculo,

y era que habían encontrado todo mi seguimiento ahí.

¿Te enteraste por la prensa? ¿No te llamaron del ministerio?

Es que fue esa mañana, entonces de repente

el teléfono no para de sonar, todo no para de sonar,

yo me voy para allá, mi madre llorando,

me ponen unos polis, me ponen no sé qué,

y el móvil me empieza a sonar y me llama uno y dice:

"Soy el ministro. -Sí, y yo soy mi tía".

Y le colgué. (RÍE) ¿Cómo me va a llamar el ministro?

Y, bueno, no dije "soy mi tía", dije otra cosa más bestia,

que no lo voy a decir, y le colgué, y entonces al poco tiempo

me llama el director general de Televisión Española y dice:

"Ha llamado el ministro de Interior y le he dado tu tal".

Le colgué, le dije una barbaridad y le colgué.

La verdad es que fue un momento muy duro.

De hecho, digo: "Pero qué chula soy".

De hecho, Televisión Española, cuando Miguel Ángel Blanco,

quieren hacer una gala en la plaza de toros

con Concha Velasco, con Matías Prats y conmigo, ¿no?

Venían los reyes, los ministros, los presidentes,

y me dicen: "¿Quieres presentarlo tú?

-Mira...". Fíjate qué chula.

En vez de estar en mi casa y callarme, digo: "Venga, sí".

Y lo primero, me enfocan, empezamos la gala

y yo lo primero que solté, no me acuerdo, alguna chulería,

como diciendo: "Sabéis que tal y sabéis dónde estoy,

aquí en la plaza de toro. Si queréis venir a por mí, venid".

Miguel Ángel,

estamos aquí porque la muerte no puede tener la última palabra,

porque nosotros somos la mayoría, porque contamos con la razón,

porque tenemos la palabra,

y con ella pedimos la paz y la libertad.

Fueron momentos duros. Gracias a Dios, pasó para todos.

El miedo es frío, muy frío, muy frío,

porque yo tenía a veces miedo con mi hijo, con todo, ¡madre mía!

Te cambia la vida directamente, te cambia la vida.

Pero me salvó la vida... ¿Sabes quién me salvó la vida, yo creo?

¿Quién? Mi hijo.

Porque en todo ese seguimiento, que he quemado,

porque estaba en euskera, porque tuve que ver al juez Garzón,

te dan como por enterado, como ciudadano,

todo el seguimiento era seguimiento a todo,

a tele, a tal, a no sé qué, a las clases de ballet, tal,

y el último fue que estaba embarazada.

Pero ¡bueno! Pero ¡bueno!

¿Esto qué es? Vaya sorpresa. ¡Aquí estamos! Aquí estamos.

Mira, Bertín. ¿Qué pasa, campeón?

Qué pequeño eres.

Oye, perdonadme un momento. Dame un besito, mi vida.

Que digo yo... Poneos al lado. Sois igual de altos, ¿no?

Te has quedado canijita, ¿eh? Estáis altísimos los dos.

Siéntate ahí. Siéntate ahí con él

y quédate ahí, yo me voy a preparar un picoteo.

Oye, fenómeno. Cuéntame.

¡Ay! ¿Cómo estás? Muy bien.

Qué alegría verte. Pues sí, la verdad...

No te he conocido nunca, pero es que nunca se te ve, ¿no?

Te agradezco que te sientes aquí a charlar conmigo un ratito.

Ya, bueno, no paso mucho por la televisión,

pero ahora, como estamos en mi casa y técnicamente no he salido,

entonces es algo que se acepta. Le estaba contando a tu madre

que el único recuerdo que tengo de ti es

lo que todos dicen: "¡Ah! ¿El hijo de Ana?

El que le pegó un bocado...". Ese que tenía hambre.

El que tenía hambre. Sí...

¿Te acuerdas de eso? Eras muy chico, ¿no?

Me acuerdo porque me lo recuerdan todos los días,

entonces es un "déjà vu" constante, no dejo de vivirlo,

pero sí que fue un acontecimiento bastante interesante

cuando yo tenía tres años, dos años, y es la época

en la que te están creciendo los dientes y muerdes las cosas,

entonces yo no había merendado,

me ponen una cosa redonda delante de mí

y lo toqué un poquito y dije: "Venga, para adelante". Y ya está.

Lo he conseguido digerir ya, así que estamos tranquilos.

Pero sí, fue un acontecimiento que me ha marcado bastante.

Oye, pero ¿tú te acuerdas que era incómodo aquello o no?

Lo del tema de la prensa y demás en aquel momento.

Hombre, yo creo que cuando naces en ese círculo, te acostumbras,

llegas a sentir que es parte de tu vida

y no lo ves como algo diferente.

Y teniendo a una actriz como mi madre

en casa las 24 horas, es como un Gran Hermano constante,

entonces es lo que hay.

Me encanta que te lo tomes con sentido del humor.

¿Cuántos años tienes? 23.

23. Y has estado, me decía tu madre, en EE.UU.

Sí, estuve en EE.UU., en Carolina del Norte,

en la Universidad de Duke, estudié ahí cinco años,

la verdad es que fueron cinco años bastante guais, lo pasé muy bien.

Mucho estudio, he estudiado dos carreras,

Ciencias Políticas y Filosofía, y nada, la verdad...

Filosofía, macho. Qué duro es eso. Duro, depende.

A mí me parecía durísimo. Yo no sé por qué,

te diré que en el colegio, en el colegio, ¿no?

En los últimos cursos del colegio, lo de la filosofía era para mí

un peñazo, macho, que no se lo saltaba un romano.

Yo creo que la filosofía te enseña a pensar,

por así decirlo, a ser...

A tener autonomía en tus pensamientos,

no depender de... Sí.

...Los valores y los principios que rigen la sociedad.

Acabo de terminar un máster en Marketing

y ahora pienso hacer un MBA en EE.UU. dentro de un par de años,

pero por ahora estoy aquí tranquilo comiendo micrófonos,

así que estoy contento.

¿Sigues comiendo micrófonos? De vez en cuando.

Hombre, claro. Le has cogido el gusto.

Las cosas que se hacen de niño se repiten muchísimo.

Se repiten muchísimo. Ahora mismo veo dos

que estoy a punto de lanzarme ahí, no sé si...

agarrarlos, pero bueno. (RÍE)

Espero que me dejen unos cuantos para después,

os lo agradecería mucho. (RÍE)

¿Siempre has sido buen estudiante o no?

Sí que es verdad que cuando era pequeño

encontré mi refugio en los estudios.

O sea, lo veía como una forma de ausentarme

de todo lo que pasaba en mi vida.

Como tú comentabas, tener a mi madre de actriz, etc.

Entonces, como que encontré un refugio en los estudios

y a mí me apasionan los libros, también como libros,

y la verdad que al principio me costó un poco,

pero luego cogí la inercia y la verdad que se me...

Siempre he tenido a mi padre, que ha sido como una conciencia,

una voz siempre... Es muy metodológico,

muy: "Álex, tienes que prepararte para el futuro,

Álex, este no es tu futuro, tienes que cultivarte,

tienes que reunir armas para... etc., etc.".

Entonces, llegó un punto donde empecé a estudiar

y empecé a comer libros.

Y de chavalín, cuando estabas en el cole,

¿ser hijo de Ana marcaba mucho o no?

Bueno, es algo que está siempre ahí,

entonces tienes que acostumbrarte.

Siempre me he movido en un círculo de gente internacional,

gente que me podía valorar por cómo soy, no por quién soy,

porque siempre está ese subjetivismo en la mente,

obviamente, porque la gente conoce a mi madre, etc.,

pero te llegas... A tu padre porque también...

Y a mi padre también. Tu padre también es un personaje.

Sí, mi padre es un personaje, mi padre es un cachondo.

Sí, muy simpático. Muy gracioso, sí.

Sí, sí. ¿Y cómo te llevas con tu hermano?

¿Con Clemente? Pues muy bien, la verdad que bastante bien.

No tengo... Oye, ¿quién es el...? ¿Es Clemente?

El otro día vi una foto en un sitio que parece el hijo de Rambo.

¿Es Clemente? Armageddon, sí.

Ese es. Ese mismo, Rambo.

Es que le conocí yo de chico, de muy pequeñito,

que estuvieron en mi casa. Qué niño más encantador.

Yo le tenía muchísimo cariño,

lo que pasa es que luego le dejé de ver.

Hombre... ¿Cómo está ahora?

A ver, yo personalmente no he tenido el placer

de vivir todo este cambio de cerca

porque no le veo recurrentemente,

pero sí que te puedo decir que últimamente

está intentando encontrar el equilibrio entre mente y cuerpo

y como que se ha ido un poco más al cuerpo que a la mente, pero...

Está explicado de pelotas eso. Pero en general es...

No sé, me parece que...

El otro día vi una foto y me quedé asombrado.

Digo: "Pero bueno". Sí, pero es un chico genial, yo...

Es muy interesante cómo es una persona

con la que no he tenido el placer de vivir,

de apreciar su compañía toda mi vida,

pero cuando empezamos a volver a vernos hace tres, cuatro años,

es impresionante cómo juegan los genes

aunque no hayas visto a esa persona en toda tu vida.

Te sientas con él y parece que le conoces de siempre.

La verdad que nos llevamos superbien.

Oye, ¿y con las chavalas todo bien? ¿Tienes novia y esas cosas o no?

Pues... No sé. ¿Estás interesado?

He tenido novias

y la verdad que he tenido una novia hasta hace poco

y he apreciado mucho su compañía, es una chica genial,

pero ahora de momento estoy soltero y es que veo a las mujeres...

Las mujeres, mi padre habrá dicho esto 300.000 veces,

también son mi debilidad.

Como que cuando me enfoco en algo y quiero perseguir mi sueño

las mujeres siempre se entrometen en mis ambiciones

y acabo tirando para allá, ¿entiendes?

Entonces... No sabes cómo lo entiendo.

Seguro que lo entiendes de putísima madre.

Mejor que nadie.

Entonces ahora me he encerrado un poco hacia las relaciones y tal,

pero... Bueno, hasta que no estés,

yo creo, mi opinión es

que hasta que no esté tu vida centrada contigo mismo bien

es imposible mantener una relación que funcione.

Se pueden tener 2.000, pero que funcionen es imposible.

Estoy de acuerdo contigo.

Yo relaciones de tres meses las que tú quieras,

pero de superar un año ya es... Es verdad.

Estamos escasos. Estoy de acuerdo porque es así,

así es la vida. Pero yo soy un hombre tradicional,

espero casarme en un futuro, obviamente.

¿Y tener muchos niños? ¿Te gustan los niños o no?

Muchos no. Quiero...

Tengo que tener descendencia porque si no mi padre me capa.

Pero muchos no.

Bueno, con lo que me ha dejado tu madre asombrado, muy gracioso,

es cuando me ha explicado... Ya se me ha olvidado lo que hacías.

¿Lo del "beatbox"? "Beatbox", eso es.

¿Eso qué demonios es?

Pues mira, nosotros compartimos pasión por la música,

pero tú la cantas y yo la hago, esa es la diferencia.

Si quieres podemos hacer ahora... Joder, ¿cómo es la vaina esa?

Tú haces la música...

Se basa en hacer sonidos con la boca.

Entonces, básicamente copiar instrumentales o canciones

y combinar con sonidos. Tienes el básico, que es...

(HACE "BEAT BOX") Y luego puedes ir sumando sonidos.

(HACE "BEAT BOX")

¿Sabes?

(HACE "BEAT BOX")

¿Sabes? En plan puedes darle... (RÍE)

Ostras, me he quedado flipado. Eso es el aburrimiento.

Hombre, no tengo más que sentarme

y ver al gilipollas hacer sonidos con la boca

y yo copiarlos y seguir, pero me lo paso bien.

Madre mía de mi vida, qué gracioso, por favor.

Cuando me quedo sin batería en el iPhone o en el iPod

digo: "A tomar por culo, me hago la música".

Voy por la calle haciendo sonidos y la gente dice:

"Pero ¿a este qué le ha pasado?

¿Le han sentado mal los micros al chaval o qué?". ¿Sabes?

(RÍE) Qué bueno, macho. Joder, qué divertido eso.

Soy muy autoeficiente, me encanta la música.

Yo le doy ahí, no paro. Pero ¿no cantas? Tú no cantas.

Pues yo hice rap en su día. Bueno, rap...

Pero yo veo... Sí que hice un videoclip en su día...

¿Hiciste un videoclip? Sí.

No me digas. Sí, con unos amigos.

Salió el tiro por la culata. ¿Por qué?

Eh... No estuvo muy bien aceptado, pero bueno.

Yo sigo escribiendo, me encanta escribir,

pero yo utilizo el rap... Me parece que es, no sé,

un medio para transmitir bastante eficiente,

bastante interesante.

# Esta es su historia, # así empezó todo.

# Es mi vida, es mi historia, # es mi cuento,

# es mi ser, te está diciendo # este sentimiento.

# Mi pasado y por ello mi presente,

# eso nunca traigo, # intente quien lo intente. #

Y seguiré haciendo rap, ya sea yo con mis soniditos

o de cara al público.

Pero es que tú ya eres autosuficiente.

Haces el rap, te lo escribes y encima haces la música.

No puedes rapear y la música al mismo tiempo.

Lo he intentado y no me ha salido bien.

Una vaina complicadísima. (RÍEN)

Bueno. Oye, ¿cómo te llevas con tu madre?

Mi madre... De verdad, ahora que no nos oye.

¿Cómo te llevas? Genial, la verdad que genial.

¿Sí? La verdad que genial.

No sé, siempre la he...

Para mí es un ejemplo a seguir ya a nivel profesional,

pero en el día a día es como una amiga más.

O sea, es como mis amigos, básicamente.

Sale con nosotros, se viene a cenar con nosotros.

Es una más, de verdad que es una más.

Flipo cuando... Igual, pero...

Yo la conozco desde los 20 años. Sí.

Es igual de simpática, de normal, de cachonda.

Yo me he reído con ella todo lo del mundo

y es una tipa de primera. Es una "crack".

Yo la verdad que me lo paso genial.

Hombre, tenemos nuestros pequeños contratiempos,

obviamente es mi madre, entonces siempre ejerce de "big brother",

siempre... (LA REMEDA) Pero son cosas normales,

supongo que todas las madres hacen eso.

Pues disfrútala porque... ¿"Ana y los siete" lo veías o no?

Sí, sí. Lo veía más que nada

porque es una idea inspirada en la vida de mi madre.

Hay uno que se llamaba Álex, que está inspirado en mí,

era el más gamberro, estaba Guille, que era mi mejor amigo de pequeño,

luego estaban Celia, Amalia, y la verdad que me gustaba mucho

porque era ver una sátira de lo que pasaba en mi vida,

por así decirlo.

Hombre. ¿Os interrumpo?

Hombre. He traído un vinito para Bertín.

Pero ¿cómo me traes un vino blanco? A ti no te he traído

porque prefiero que no bebas ahora, que ya bebes a veces.

¿A él? Pensé que me lo decías a mí. Oye, ¿qué te ha contado mi hijo?

No, nada.

No me he enterado, he estado preparando el...

Me ha hablado fenomenal.

Además, es buenísimo porque está frío, helado,

como tiene que ser el vino blanco, que siempre te lo dan calentorro.

Tú y yo estamos con dos ibuprofenos,

que aquí donde nos ves no somos lo que éramos.

Él está con la gota y yo con ciática. (RÍE)

Oye, te diré que me ha hablado fenomenal.

¿Qué tal? Es que yo digo: "Pero a ver, mi hijo,

que no ha estado nunca delante de las cámaras".

Pues macho, tienes un coco, Álex, de lo más centrado,

me ha encantado. ¿De verdad?

De verdad. Pues voy a brindar por eso, Bertín.

¿Sí? Por nuestros hijos, ¿qué te parece?

Me parece un brindis adecuado.

Oye, ¿qué cosas hacéis juntos los dos?

¿Qué no hacemos juntos? Hacemos todo, todo el día juntos,

menos cuando está trabajando o está estudiando.

Nosotros tenemos un trato que durante la semana

hemos firmado... No, superfirmado.

Es un consenso tácito, no lo hemos firmado,

no es explícito,

pero yo durante la semana tengo completa autonomía

y yo el día para pasar con mi madre es el sábado.

Exacto. De todas formas...

Nos hablamos por WhatsApp

aunque esté en la habitación de al lado, que está trabajando,

pues por WhatsApp. "Álex, ¿te gustaría cenar?"

Pero no sabes cómo fue cuando llegué de EE.UU.

Abría la puerta de mi cuarto

y tenía un pequeño gnomo: "Álex, a dónde vas".

Yo, era yo.

Es que tenía tantas ganas de estar con él.

Bajo a por un vaso de agua. "Ah, vale." Se mete en el cuarto.

Cuatro años sin estar con mi hijo, horrible.

Me levanto para ir a trabajar: "Álex, ¿qué haces?".

Yo estoy esperando a oír la puertita que se abre

para poder verle un segundo. ¿Tú trabajas ahora en Madrid?

Sí, he montado una agencia de marketing digital.

Marketing digital. Sí.

Qué bien. Estoy orgullosa, se me cae la baba.

Tienes toda la camisa ya toda babeada.

Y lo que te decía, nos hablamos durante el día por WhatsApp

aunque esté en casa porque es imposible,

y entonces él dice: "Mamá, ya sabes que el sábado hablamos".

Pues el sábado es el día familiar, como dice él.

Pero ¿sabes por qué me dice el sábado?

Porque estoy de gira de teatro y estoy fuera,

entonces el sábado hablamos pero por teléfono,

que estoy en Málaga, en Valencia con el teatro, y así.

Pero ¿cuántas veces has llegado tú más tarde por la noche que él?

Una vez. Di la verdad.

Y, además, le dejamos una nota. Luego lo vamos a ver.

La única vez que mi madre llegó después de mí.

Pero sé sincero. Le dejamos una nota en plan:

"Enhorabuena por ser la primera vez

que llegas más tarde que nosotros, te acabas de ganar 10 puntos".

¿Tú sabes cómo se pasa cuando no aparecen

y estás llamando, habrá pasado algo, con el coche y tal?

Es horroroso. Ya, pero es que...

Mira, yo lo viví con mis hijas, pero relájate y disfruta.

Yo tenía mis dudas del título de Biología, de bióloga,

y ese título tenemos que... No ya por mí, Anita,

esto es un interés nacional, hay un interés nacional

en saber dónde coño está ese título, si es que existe.

Vamos a por él.

(Música)

Mira, esta es la nota que dice mi hijo,

el único día que he llegado después que él.

"Querida señora Ana:

Es la primera vez que usted aterriza en casa

después de nosotros, enhorabuena. 'Way to go. Kind Regards.'

Firmado." ¿Qué te parece?

Mira, Bertín, este es mi cuartito.

Aquí me paso las pocas horas cuando estoy en mi casa.

Pues me parece estupendo. ¿Te gusta?

¿Quieres ver el título ese famoso?

Pero te sientas, que tienes la gota.

No, si estoy bien. Que te relajes con la gota.

Vale. El título.

A ver, que tengo que buscar dónde lo he puesto.

Yo con lo de los títulos lo tengo todo como tirado.

A ver, aquí hay uno... Ah, no, este es de...

A ver, vamos a ver los títulos. Mira, este es del Rector

de la Universidad Politécnica de Madrid, Ana García Obregón,

con el título de Licenciada en Biológicas,

ahí matamos dos pájaros de un tiro.

(LEE) Un título de Máster en Biológicas.

Aquí tenemos uno.

Aquí dice que soy Licenciada en Biológicas.

Eso es, bien, fenomenal. Aquí hay otro título,

que este sí que me gusta a mí,

que es del Festival de Cine de Montecarlo,

"A Life Achievement Award", a la trayectoria.

De ese me siento orgullosa

porque es un festival de cine internacional y tal.

¿Y qué más te puedo enseñar de mi cuarto?

¿Quieres ver algún guión de, por ejemplo, "Ana y los siete"?

Pero... Bueno, vale. ¿Estás cómodo en mi cama?

Estoy fenomenal, estoy por quedarme aquí.

Pues túmbate y... Oye, ¿cómo...?

A ver, déjame ver un guión de esos. Sí, para que leas los guiones.

Lo tengo aquí. Mira, espera.

Tú no te muevas, que estás con el...

Normalmente me gusta guardarlos. Doña Ana García Obregón,

con título de Licenciada en Ciencias Biológicas

por la Complutense de Madrid. ¿Has visto?

Para los que no se lo crean, ahí está.

Hala, mira. Sí, está aquí,

o sea que para los que no sois crédulos...

"Ana y los siete."

Ese era el episodio 19, "Cuento de Navidad",

y lo he guardado, no he guardado todos.

Los has guardado, macho. Yo no guardo nada.

He guardado uno.

No puedo guardar porque hicimos ciento y pico episodios,

imposible guardar, ¿sabes? Yo no guardo nada.

¿Te gusta mi cuarto?

Me gusta, pero me va a gustar más la cocina porque tengo un hambre...

Yo tengo un hambre. Os he preparado un picoteo.

¿Vamos a por él? Vamos.

Venga, nos vamos, hala. Vamos para allá.

Y este es el que te ha gustado, de mi madre. Mira qué bonito.

Estos son los álbumes que hago yo. Me recuerda a tu hermana Celia.

Se parece, sí. ¿Verdad? Cuando era más jovencilla.

Mi mamá. Hala, vámonos a comer,

a ver si te gusta lo que te he preparado, venga.

(Música)

A ver, te he preparado un pequeño picoteo: jamoncito...

Estaba canino. Claro, mi vida.

Además, esto se presta a un momento de conversación interesante.

Ah, ¿sí? Sí.

¿Como qué? Cosas íntimas y cosas importantes.

Pero ¿como qué? Te voy a explicar.

Tú en ficción te has casado seis veces por lo menos.

Pues sí, es verdad. Pero en la vida real...

No.

O sea, no, no...

Ay, que me ahogo. Espera, vino, vamos a brindar

porque no me he casado, venga. Vale.

Digo, ¿cómo se compagina eso de que estés...

Seis veces casada en la ficción,

y que tienes fama de "come hombres"...?

Y que no me haya casado nunca en la vida real.

Pues mira, ¿sabes la película de Julia Roberts,

"Novia a la fuga"? No sé si... Sí.

¿Te acuerdas? Pues soy una especie de novia a la fuga en España.

Pero ¿te ha pasado varias veces de estar a punto

y decidir que no? Me da pánico.

¿Sí? Pero ¿por qué? No sé, es como alergia.

Mira, cuando me casé en "Ana y los siete"...

Tengo alergia.

Mira, en "Ana y los siete", es tal la alergia...

Además, me casé dos veces.

Me casé con el que hacía de Fernando,

con Roberto Álvarez, que le llamaban el calvo...

No me tenías que haber dado vino. (RÍE)

No me tenías que haber... Ahora voy a largar lo que no debo.

La gente no sabe que cuando Ana se toma mucho vino

se desnuda y se sube en la mesa. Por eso te digo.

Entonces, mira, cuando me casé, solo ponerme el vestido de novia,

que era maravilloso, me lo mandó Elie Saab, el diseñador francés.

No es francés, es... Bueno.

El vino. Extranjero.

Yo solo ponerme el traje de novia...

Mira, que me ahogo. Pero tanto era mi pánico

que al cura, que era una actor, fui siete veces a preguntarle

si era un actor o un cura de verdad.

A ver si me iba a casar... Solo hubiera faltado.

Además, me pasó una cosa terrible.

Nos cambiábamos en la sacristía, estábamos en una iglesia rodando.

Entonces yo, como soy muy despistada,

entro, me empiezo a desnudar para ponerme el traje de novia,

y como vi al... Los actores nos cambiamos con los actores,

no es que haya en una iglesia camerino de hombres y mujeres.

Claro, vi a uno vestido de cura

y dije: "Debe de ser el que hace de cura".

Yo me estaba desnudando y veía que el hombre me miraba mucho

y se tapaba, y era el cura de verdad.

Era el cura de verdad. Estaba liado con la sagrada forma.

Y yo ahí, hala, venga. Menudo despelote.

A mi madre le hacía tanta ilusión que me casara,

que te voy a contar una anécdota. Ella siempre se ha imaginado

bajar las escaleras de casa vestida de blanco.

Como no lo va a ver en su vida porque no pienso casarme

en lo que me queda ni de guasa, entonces, el día que me casé

en Los Jerónimos en "Ana y los siete",

le dije: "Mira, mamá, como es la boda de la peli, vente,

que es como si me casara de verdad".

Pero lo mejor de todo es que estoy rodando

el momento de la boda de Ana y la puse en el primer banquito.

Entonces: "Ana, ¿quieres a Fernando...?".

Todas estas cosas que se dicen. Y en un momento determinado

miro para atrás y veo a mi madre llorando emocionada.

(RÍEN) Mi madre, más mona.

Qué mona.

"Yo, Ana,

prometo amarte y respetarte

todos los días de mi vida

hasta que la muerte nos separe.

Yo os declaro marido y mujer.

Puede besar a la novia."

Qué mona, llorando, se lo creyó.

Por fin te ha visto, aunque sea mentira.

Y cuando cortaron le dije que era mentira

y dice: "Hija, pero me hacía mucha ilusión de todas formas".

Ay, Dios mío. Buenísimo.

Pues eso. Oye, ¿y novios formales?

Porque informales... Me han sacado tres millones.

Informales hay muchos, pero formales...

Formales, poquitos. De verdad, Miguel, mi primer novio.

Es el amor de juventud, de adolescencia,

empezamos muy jovencitos, y maravilloso,

forma parte de mi vida,

es que Miguel es como parte de mi infancia,

de mi adolescencia, forma parte de mi vida.

Viví toda la época... Bueno, me llevé un puñetazo,

también me rompieron un diente por ser novia de Miguel.

¿Quién? Una fan.

No me puedo creer...

Porque eras novia de Miguel te rompieron un diente.

Un diente. Iba por la Gran Vía... Solo a mí.

Iba por la Gran Vía a una entrevista,

empezaba a hacer mis pinitos de cine y tal,

y una fan dice: "¿Tú eres la nova de Miguel Bosé?".

Yo dije: "Sí". Hizo "puah" y me metió un directo

que me rompió un puñetero diente la tía. Eso me costó.

Pero ¿estuviste con Miguelito una temporada?

Sí, estuvimos como tres o cuatro años.

Cuando conocí a Miguel, fue en casa de una amiga nuestra,

Vicky Fierro, iba con mis hermanas,

mi madre nos llevaba igual vestidas.

Ah, ¿sí, a las tres? ¿Recuerdas los guateques?

Sí, claro. Bueno, íbamos la tres iguales

y en esto que aparece Miguel, que ya era con Linda y con todo,

era yo qué sé, el ídolo de todas las niñas en España

y de repente veo que aparece Miguel

y yo con mis hermanas al lado igual vestidas y digo: "Las mato".

Mandé a Celia para un lado, Amalia para el otro.

No me lo puedo creer, aquí con la falda escocesa

y los calcetines y el ídolo de las jovencitas, que estaba ahí.

Sí, fue terrible, pero...

¿Tú no le dedicaste una canción o cantaste en un especial de TV

o lo he soñado?

En un especial que hice le canté una canción a él suya,

pero él me escribió una que se llamaba Ana, sí.

# A... # Bueno, como me ponga a cantar.

Empieza a llover. ¿Cómo era?

No, qué te voy yo a tararear

si no puedo entonar ni "Cumpleaños feliz", Bertín.

Canto muy mal. Sí es verdad.

Doy fe, mejor que no cante. Déjalo, mejor que no cante.

Callémonos.

Pero la que tú le cantaste a él, ¿cuál fue?

Creo que fue "Seré tu amante bandido",

me parece. # Corazón, corazón malherido. #

¿Esa?

# Seré tu amante bandido, bandido,

# corazón, corazón malherido.

# Seré tu amante cautivo, cautivo.

# Gracias por todo, Miguel. #

Pero bueno, Miguel fue eso, fue maravilloso.

Oye, ¿y con Robert de Niro hubo alguna historia o no?

(DUDA) Pudo haberla, pero no hubo.

Pasó una anécdota muy divertida. Yo cuento todo lo que me pasa,

lo que pasa que son cosas muy increíbles.

Entonces, conté... Algunas son bastante increíbles.

Algunas. Le conté a no me acuerdo de qué periodista español fue

que había conocido a Robert de Niro y todos: "Ah, esta se lo inventa".

Y estrena "La misión" en España,

que eran Jeremy Irons y Robert de Niro,

y viene Robert de Niro y me hace ir con él al estreno.

Se me acerca este periodista

y me dice: "Preséntamelo". Y le digo: "No, que no lo conozco".

(RÍEN)

Sí. ¿Te atreves con el sushi? ¿Cómo que si me atrevo?

Lo he preparado con cariño. Mi comida favorita.

Ah, vale. No te comas los palillos. Es mi comida favorita, mi vida.

Bueno, pues entonces...

Mira, me estoy cogiendo un este con el vino.

Ahora te voy a contar yo una cosa.

Yo, durante un tiempo, hace años, tuve cierta relación simpática

con Alberto de Mónaco. Sí.

Y una vez me habló de ti. Anda, ¿de verdad?

Sí. ¿Qué te dijo?

Soy muy amigo de una chica española que seguro conocerás.

Me dijo: "Ana Obregón". Digo: "No me lo puedo creer".

¿Sí? Sí.

¿O sea que por qué te conocía...? Buen tío, ¿verdad?

A mí me pareció encantador. Encantador.

Pero ¿por qué te conocía a ti? Fue muy curioso.

Un año nos invitaron a unos torneos.

No me acuerdo de qué champán era o de qué vino.

Era un torneo de golf que jugaban Rainiero y Ballesteros,

Severiano.

Entonces, llevaban un grupo de españoles.

A mí me llevaron con un grupo de españoles.

Fíjate, estaba Carmina Ordóñez, por cierto, y no sé quién más.

Entonces, fuimos para allá

y a mí el golf no me gusta nada, con perdón, es un coñazo.

A mí tampoco. Aburridísimo.

Entonces, llego, estoy por el campo de golf dando vueltas

y me viene un señor

y me dice que está ahí alguien que me quiere conocer.

Digo: "Pues que venga". Si alguien me quiere conocer...

Y estábamos siguiendo los hoyos. "No, es que tiene que ir."

Entonces ya voy porque insistió tanto

y era Alberto de Mónaco,

que me había visto y me quería conocer.

Entonces le saludo, muy bien. ¿Qué tal? Fenomenal.

Esta noche es la cena de gala en el Sporting, ¿vas?

Digo: "Sí, voy con mi grupo de españoles".

Fenomenal todo hasta ahí, hasta ahí todo perfecto.

Llega la cena, me fui a la playa, se me pasó la hora,

además las fotos son horribles, estoy con el pelo rizado,

no me dio tiempo ni de tal. Me doy cuenta de la hora que es,

me voy corriendo y ya había salido el coche que habían puesto

para ir a la cena de gala del Sporting.

Me meto en otro coche, llego a la gala, no los encuentro,

me vine un señor y me dice: "Usted, por aquí".

Como Cenicienta. Como Cenicienta.

A última hora, con el pelo mojado.

Y me viene un señor y me dice: "Monseigneur veut diner avec vous".

Y digo: "¿Monseñor, un cura?". ¿Monseñor no es un cura?

Monseñor en español es un cura. Monseñor es un cura, pero allí no.

En Francia es "monseigneur".

Y digo yo: "No, yo no quiero cenar con un monseñor, para nada".

"Sí, pase."

Entonces, me pasa a un cuarto donde estaba toda la familia real.

Estaba Rainiero, Alberto y viene todo sonriente y dice:

"Te sientas a mi lado". Y yo: "¿Qué?".

Digo: "Mira, no me siento a tu lado".

Además, me acuerdo de que el problema mío

era que llevaba un vestido largo negro

y al hacer la maleta a toda leche había metido dos zapatos negros,

pero uno de tacón y otro plano.

Como no veo, no eran los dos de tacón.

O sea, iba con el vestido

que, en cuanto se me olvidaba que no llevaba tacones,

me iba para abajo.

Total, que digo: "No, gracias, Alberto, príncipe o quien seas,

yo no quiero...".

Pero no, que cenas, que cenas, como que sí cenas.

Que estaba toda la gente ya ahí en la cena de gala sentados

y ahora hace la entrada la familia real conmigo al lado.

Claro, la cara de alucinación

de los españoles que nos acompañaban

te la puedes imaginar, ¿no? No se le olvidó, me lo comentó.

Porque luego nos vimos más.

Voy a contar otra cosa que me pasó con Anita.

A ver. Que tampoco se acuerda de ella.

Un día, saliendo de tu casa de Carbonero y Sol,

hace treinta y tanto años... No digas más 30.

Pero es verdad, hace muchos años. Hace muchos.

Hace muchos años. Y me tuviste 5 minutos largos

intentando entrar en tu coche con la llave,

un forcejeo con la llave que parecías una borracha.

Esto lo ves en la televisión y dices:

"Un borracho queriendo entrar en su casa".

Y resulta que te habías confundido de coche.

Era otro. Era otro, no era el tuyo.

El tuyo estaba dos coches más atrás aparcado.

Te querías meter a toda costa en un coche que no era el tuyo.

Me ha pasado muchas veces.

Los despistes de esta es una cosa que yo me he reído mucho.

Son despistes que llaman "Obregonadas".

Por ese motivo un tío como Alberto se sigue acordando de tu nombre.

Pero cómo no se va a acordar si empieza el vals,

que hay que abrir con el vals la cena de gala esta,

y dice Rainiero: "Alberto, abre el vals con Ana".

Y yo pensando en mis tacones. ¿Cómo...?

Y yo: "No, merci beaucoup".

Y me decía Alberto: "No puedes decir que no".

Digo: "Alberto...".

Le enseño el zapato y se tiraba al suelo de la risa.

Claro.

Pues tuve que bailar el vals con él.

Al margen de todas tus historias. Pero Alberto me gustó,

que tuvimos ahí un tema... Y tú a él le debiste de gustar

porque el tío cuando me preguntaba por ti lo hacía con cariño.

Sí le he vuelto a ver. ¿Sí?

Sí.

A ver qué me vas a sacar ahora. A ver qué me vas a preguntar.

Por alguien serio, por Fernando. Ay, Fernandito.

Antes me hablabas con especial cariño de Fernando.

Cuéntame un poco cómo era, conocía a su hermano Antonio.

Conocí a Antonio, a Fernando no. Era maravilloso.

Fernando era buena gente, callado, hacíamos buena pareja

porque decía: "Para qué voy a hablar si ya lo hablas tú todo".

Era muy callado, muy observador y, no sé,

ha sido el amor de mi vida, sin lugar a dudas.

Imposible reemplazarlo. Habrá otros y, como digo yo,

el corazón tiene una llave y los demás son simulacros.

Pues...

Fernando era maravilloso. Yo me acuerdo...

Yo quiero mucho a Fernando, a Antonio, a su madre, Carmela,

era mi segunda madre, y me río porque como yo ya trabajaba

y rodaba películas, por ejemplo me iba a Italia tres meses a rodar.

Y Fernando, que tendría 28 años en ese momento,

que siendo del Real Madrid, siendo Fernando Martín,

podía salir, y me decía su madre: "Este es tan tonto.

Te vas y se queda todas las tardes, cuando llega de entrenar

no hay quien le mueva de casa, no sale ni con los amigos".

Era difícil encontrar eso, Bertín.

Difícil, sí.

¿Por qué teníais esa especie de relación...?

Bueno, especie de relación no, esa relación en total secreto.

Total porque él era

totalmente reacio a la prensa del corazón,

a que se supiera de su vida.

De hecho, cuando iba a Portland ni a sus amigos

les quiso decir que estaba conmigo, solo el último año,

que casi enveneno a toda la selección, por cierto.

¿Cómo? ¿Que qué? (RIENDO) Que casi enveneno...

¿Tú? Sí.

¿Por qué? ¿Qué pasó? Dice: "Vamos a hacer una barbacoa".

Y yo, que me creía muy ama de casa, que no tengo ni idea de cocinar,

digo: "Habrá que meterle a la carne hierbas".

Entonces me fui a por unas hierbas que tenía allí, en la despensa,

las puse todas, hicimos la carne, todo bien.

Yo no tomé, ¿eh? No sé por qué, porque no me fiaba de mis cosas.

Y al poco tiempo veo que empiezan todos,

todos, hasta Alfonso Corral: "Eh, Ana, ¿el baño?".

(RÍE) No me lo puedo creer,

envenenaste a la Selección. No, que les puse unas hierbas

que se ponía él, porque tenía mal el tobillo,

el tendón de Aquiles, y les hacían como una plasta...

¿Como una cataplasma de esas? Sí.

Y lo pusiste encima de la carne. No, si es que claro,

si es que es normal. Y no cascó ninguno de milagro.

No, pero muy malitos todos. (RÍEN)

¿Y cuánto tiempo estuvisteis allí juntos?

Estuvimos cuatro años.

Pero ya te digo, los más felices de mi vida.

De hecho, yo me planteé hasta dejar todo.

Él no quería que yo fuera actriz.

Y me daba igual, yo lo hubiera dejado.

Lo hubiera dejado. Te lo digo de verdad, ¿eh?

¿Y en cuatro años no se te ocurrió, no pensasteis en tener

ningún niño ni nada? Sí.

Y de hecho, un poco pues... Tuvimos la gran bronca.

Cuando él tuvo el accidente, estábamos cabreados.

Y la gran bronca fue esa, porque era que dejara mis temas

y entonces, si yo dejaba todo, pues formábamos ya una familia,

y yo no entendía por qué había que dejarlo todo.

Bueno, un poco de lío ahí y yo... Esas cosas que hacemos las mujeres

que damos como un jaque mate: "Pues entonces me voy y se acabó".

Y ya no le volví a ver.

"A primeras horas de esta tarde ha fallecido

en un accidente de tráfico en la M-30 de Madrid

el jugador de baloncesto Fernando Martín."

(Canción en inglés)

Aquello fue como un mazazo. Es decir, me di cuenta

de que la vida se puede jugar, pero no tanto.

¿Sabes?

¿Y te...? Y otra cosa.

O sea, aprendí que... Te sobrepusiste, pero...

Me sobrepuse a duras penas, pero me quedé dentro con la cosa

de que se fue sin saber que yo seguía enamorada de él

por esa tontería de: "Venga, se acabó".

Desde ese momento, fíjate tú, yo no acabo una noche

en que no llame a mi madre, a mi padre, a la gente que quiero

y les digo que les quiero y todo, porque no sabes

si vas a poder hacerlo luego, ¿sabes?

Eso es una lección que aprendí. Bueno, hay momentos en la vida

en los que te planteas muchas cosas que no te las plantearías

si no ocurrieran determinados sucesos.

Está claro. Y de ahí, la verdad que estuve...

Dejé todo, dejé de hacer cine, dejé de hacer todo

y me metí a hacer un máster en Dirección de Empresas,

el título. Ah, el que me has enseñado.

Que ya le hubiera gustado a él saber que lo...

¿Te pusiste a estudiar? Sí.

No quería saber nada de nada. Oye, y después de esto

empezaste a salir con Alessandro, ¿no?

Claro. Pasó como un año y bastante que estuve destrozada

y un día conozco a Alessandro.

Que en el fondo, fíjate tú qué gracia tiene,

quien me presentó a Alessandro fue Antonia en Italia, en Roma.

Yo estaba rodando una película con Peter Fonda.

¿Te acuerdas de Peter Fonda?

El hermano de Jane Fonda, creo. Hermano no, será el padre.

Ah, eso. No, el hermano. Peter Fonda era el hermano...

Estoy liada ahora mismo. No, hermano no,

era el padre de Jane Fonda, ¿no? Henry Fonda era el padre, sí.

Peter Fonda es el hermano, es verdad, sí.

Estaba rodando una película con él en Roma.

Y entonces voy a un restaurante y de repente veo

a una chica guapísima, que era Antonia, yo no la conocí,

y dice: "Ah, mira, es la actriz española no sé qué.

Mira, mi marido...". Y me presentó a Alessandro.

Y ahí lo conocí.

Y luego nos volvimos a ver en Madrid.

Y allí empezamos nuestra historia con el resultado mejor de mi vida,

que es mi hijo. Y ahora tenemos una relación estupenda, ¿eh?

De verdad. Pues me alegro mucho, ¿eh?

Porque merece la pena. Merece la pena.

¿Sabes qué pasa? Bueno, como padre, dices tú,

que es buenísimo, pero como marido, una catástrofe.

Eso me decía un cuñado. Exactamente.

Un cuñado mío me decía: "Tú como amigo eres el mejor,

pero como cuñado, una catástrofe". ¿Te decía? (RÍE)

Sí. ¿Sabes qué pasa?

Que yo he descubierto...

He descubierto, no, tengo un gran amigo.

Y me he dado cuenta de que él como marido

era imposible, muy golfo. ¿Qué se le va a hacer?

Sí, sí. Bueno, esas cosas pasan. ¿Por eso acabasteis o qué?

Sí. Yo le pillé, bien pilladito,

y hala, se acabó. Ya.

Pero Álex tenía dos años, ¿eh? Fíjate, hace 20 años. Mucho.

Claro, tú infiel no has sido nunca. Yo no.

No, no. Por eso digo, que no has sido nunca infiel.

Tú lo sabes. Sí, sí, que no...

¿Sabes qué pasa? Que no creo que seas infiel a esto,

creo que eres infiel a ti mismo. Sí. Bueno, sí, es...

Bueno, déjalo, no hablemos de la infidelidad.

No, que sí. Como dice Cantinflas: "Hay opiniones...".

Hay opiniones. Hay opiniones. Pero bueno, que sí.

Tu relación con Antonia al principio fue

una cosa turbulenta. Al principio fue terrible.

Sí, pero yo me ponía en su lugar. Entonces tú ponte en el lugar

de una persona que, aunque estuvieran mal

en su matrimonio, pues aparece otra. Pues eso,

te sienta como una patada en los... Encima te presentó a su marido.

O sea, ya... (RÍE) Exacto, claro.

Y eso que fue mucho más tarde, ¿eh? Fue como a los ocho meses

de que me lo presentara. Pero lo que sí es verdad es

que el tiempo pone a todos en su lugar.

Oye, Antonia es la madre del hermano de mi hijo.

Ahora nos hemos vuelto a ver por un tema doloroso,

que fue la muerte de Sandra, de la abuela de Álex,

y mira, estoy feliz. ¿Sí?

Porque sí, porque es una tía que me cae fenomenal.

Yo estoy encantada. O sea, este año, aparte del mazazo,

que ha sido lo de mi madre, haber recuperado a Antonia,

que es como de la familia, es que es la madre

del hermano de mi hijo. Es lo que te decía antes,

cuando la vida se pone así, todo en un sitio un poco,

y da gusta, de verdad, ¿eh? Pero ¿qué habéis hecho?

¿Una reunión de todos o cómo ha sido?

Fue en el funeral, en el entierro de Sandra,

de la abuela de Álex. Y abuela de Clemente.

Entonces nos vimos en Roma por primera vez.

Y no hubo palabras, un abrazo, y ya está.

Tú tuviste que trabajar cuando te enteraste

de que Alessandro te estaba poniendo los cachos

con alguien. (RESOPLA) No, es peor.

El mismo día. Es peor que eso.

O sea, yo no sé por qué, el "¿Qué apostamos?" era los jueves

y las revistas salían los jueves. Entonces, me acuerdo...

Además, ahí Ramontxu, más mono, me ayudó muchísimo.

¿Tú sabes lo que es ver en la portada de una revista

al padre de tu hijo con otra y salir en "¿Qué apostamos?"

delante de toda España? Es muy difícil.

Eso es muy complicado. Eso es muy difícil.

Y me acuerdo de que me estaban maquillando

y yo no paraba de llorar. Y: "Se te ha corrido el rímel".

Y lloro otra vez. Y decía: "¿Cómo voy a salir aquí

cantando el '¿Qué apostamos?' si soy la cornuda nacional?

Es que es muy difícil, ¿sabes lo que te digo?

Es que no sé cómo hacerlo". Pues lo hice.

Y Ramontxu me... Vamos. Es un tipazo.

Es un tipazo. Y me ayudó. Y eso no lo olvidaré en mi vida.

Estuvo... Me ayudó pero muchísimo, muchísimo.

"Entré en su camerino y le dije: 'Tenemos que salir,

hay que hacerlo, el mejor día'. Y siempre nos poníamos en un túnel,

sonó la sintonía de '¿Qué apostamos?',

la agarré de la mano, la miré y: '¡Vámonos!'.

(TARAREA LA SINTONÍA DE '¿QUÉ APOSTAMOS?')

Y allí fuimos."

Pero bueno, hay que torear... Bueno, son...

Al final, la vida está llena de ese tipo de cosas.

Lo que te decía, la putadita y putadita, ¿no?

Que te hacen. Sí, bueno, y te hacen aprender.

Y te hacen más fuerte. Y te hacen...

Ahora yo estoy harta también de ser fuerte,

¿qué quieres que te diga? Tengo ganas de ser débil. (RÍE)

Estoy harta de tirar del carro, de tirar de la casa,

del hijo, de todo. Estoy harta. Hay una cosa que a mí me hizo

mucha gracia, la verdad. Hoy, conociéndote bien...

¿Sí? Tuviste una relación...

A ver, a ver. No, no, que me divertía muchísimo.

Yo que le conocía poco, pero algo le conocía,

me parecía el tío más cachondo, Suker.

Ay, Davor. Davor Suker me parecía un cachondo.

Era divino. Era divino. Era divino. Era tan perfecto.

Era gracioso, simpático, un tío... Gracioso, simpático...

Qué gracioso. Era el tío perfecto. Lo conociste aquí, en Madrid.

Sí. Yo a él lo conocí porque él quería conocerme.

Me vio en la tele y como él iba a comprar

a esta tienda, a Versace y tal, y la directora dijo que me conocía,

pues un día me dice: "Oye, que...". Fíjate, estaba en Prado del Rey,

me estaba maquillando para... Yo creo que estaba haciendo

no sé qué programa, creo que era el "¿Qué apostamos?".

No me acuerdo. Y entonces me dice esta amiga mía:

"Oye, que Suker te quiere conocer". Y yo: "¿Y quién es ese?".

No sabía nada de fútbol. Y yo por un periódico buscando

a ver cómo es físicamente. (RÍE)

Pedí allí en maquillaje en Prado: "Dadme el As o algo.

A ver, el Marca. A ver quién es". Y así fue.

Y me invitó varias veces y no fui a verle a un partido

y ya un día fui y ahí empezó todo. Maravilloso.

Era un "gentleman" además. Un tío simpático

y además un tío bien. De verdad, generoso, buena gente.

Era tan perfecto, que era demasiado perfecto.

Yo no sé por qué a mí... (RÍE)

¿Sabes? Era tan perfecto, que... ¿Sí?

Sí. Ah, ¿sí? ¿Era tan perfecto?

Perfecto, todo era perfecto. Todo era perfecto.

Y ya a mí cuando es tan perfecto, necesito un poco más de emoción.

No sé, tú me entiendes, ¿no? (ASIENTE)

Pero igual ya no, ¿eh? Esto va por rachas en la vida.

Ahora voy a buscar algo como... No, claro, claro.

Es que vino en un momento que igual no era.

Igual ahora sí necesito... Eso es lo fundamental, el "timing".

Exacto, el "timing". No era el "timing" para...

Tiene que ser para los dos. Si es para uno y para el otro no,

es imposible. Con Davor no era el "timing".

Yo estaba todavía... No, el "timing" hubiera sido ahora.

Ahora mismo quiero un Davor. Ahora hubiera sido el momento.

Exacto, una relación así. Esto es muy bueno:

"Ahora mismo quiero a un Davor". O a un Beckham o a un...

Sí. Hombre... (RÍE) ¿Quién no quiere a un Beckham?

Pero sí, sí. A este le conociste también, ¿no?

A Beckham, ¿no? Sí, a David. Muy simpático.

Me llevé una buena bronca de su mujer, pero bueno.

Es verdad, es verdad. Yo no sé por qué.

Eso alguien me lo contó también. En el gimnasio me vino a atacar.

Luego te hago la escenificación, cuando te lleve a hacer yoga,

que te veo la pierna y digo: "¿Cómo le voy a hacer yoga?".

No, qué voy a hacer yoga yo. Debemos hacer algo de yoga

para relajarnos. Y esta te pilló en el gimnasio

y te formó la bronca padre. Padre.

¿Por nada? ¿O habías tonteado? No, yo no había tonteado.

Él me acribillaba a mensajes. Entonces le vio el móvil.

Ah, ¿sí? (ASIENTE)

Ah, le pilló el móvil. Sí.

Pero ¿qué te decían los mensajes? Cosas. (RÍE)

Mira, se me está cayendo el... (RÍE)

Pero bueno... Es que claro, en los mensajes se puede decir

cualquier cosa, es verdad. Y, además, es tonto,

porque los mensajes al final te los pillan.

Hay que borrarlos. Pero te los pillan siempre.

Es tontería. Un día se te olvidan y tal.

Es mejor no mandarlos. ¿Se presentó allí, en el gimnasio,

a por ti o cómo fue? No, no, es que fue muy gracioso.

Yo estaba en el gimnasio estirando, luego te enseñaré

cómo me estiro de bien. La posición no tenía desperdicio,

estaba tumbada, con una pierna aquí y la otra aquí.

Y como no veo muy bien de lejos, empiezo a mirar así y digo:

"Uy, se parece a Victoria Beckham esta que viene".

Según se va acercando, veo que es Victoria y digo:

"Uy, qué amable, ¿no? Viene a saludarme".

Y digo: "Hello". Y me dice: "Hello?".

Me levanta, me agarra así de la tirilla de la camiseta

y me empezó a gritar lo más bonito del mundo.

Muy fuerte. Me la lío. Y, además, es boba,

porque se está poniendo en evidencia.

Luego sacaron todos los tabloides estos ingleses

todo el lío. Deberías haberle dicho:

"La que se pica, ajos come". Se lo dije.

Ah, ¿se lo dijiste? Hombre, claro.

Digo: "La que se pica, ajos come". Por eso tiene ese odio a los ajos,

que dijo que España olía a ajo. Claro, claro.

Y ya sabéis, la culpa la tiene Ana. Y luego me llaman

de estas televisiones y de una televisión de Inglaterra,

como salió en la portada de estas revistas que hay...

Ah, ¿sí? ¿En "The Enquirer"? Sí, claro, en todos los lados.

En "The Enquirer", en el otro, en todas estas revistas inglesas.

Y me llaman y me dicen: "Dos millones de libras por contar

lo que te ha pasado con Beckham". Digo: "Tú estás loco".

Mira, Anita, no trago ni de coña. Dos millones le dieron a la otra

que estuvo con él. ¿Cómo le van a dar

dos millones de libras por contar eso? Vamos a ver...

Dos millones. Mira, pregunta cuánto le dieron a Rebecca.

Mira... ¿Cuánto le dieron a Rebecca?

Entérate. No sé quién es Rebecca.

La amante que tuvo David. Y yo qué sé, yo...

No sé, por dos millones de libras yo hubiera ido. Te lo inventas.

"Mira, tiene un tatuaje aquí". ¡No, no, no!

Yo qué sé, por decir algo. No hay dinero en el mundo.

No hay dinero en el mundo. Bueno, vale, que está muy bien.

Oye, que está muy bien. Dos millones... (RÍE)

Ay, Anita, de verdad. Tampoco hay que perder el norte.

Que cuando uno lleva su vida, que es su trabajo...

Que sí, que sí. Como no me he ido

a ninguno de estos programas que pagan dinero por hablar y tal.

Es que no. No, no, no. Y si hablara... (RÍE)

Si Anita hablara... Estoy hablando demasiado,

que me estoy bebiendo todo el vino. No te has bebido nada.

Yo me he bebido dos copas y tú aún estás con la primera ahí.

(Canción en inglés)

Bueno, que estamos pegando aquí un repaso horroroso

a los novios, ¿eh? Sí, coño. Pero a ver...

Y ya terminamos con este muchacho, este que...

¿De dónde es? De Polonia, no sé de dónde era.

Ah... ¿Cómo era este?

Pero ese no ha sido novio. Pero ¿cómo se llamaba él?

¿Cómo se llamaba? Es verdad. ¿Cómo se llamaba?

Pues no me acuerdo. Venga, Ana, no me tomes...

Espera, ¿cómo era? ¡Espera! Uno grande,

con pinta de simpático. Espera, te lo voy a decir

porque empezaba por "D", que yo decía:

"Coño, llevo una época de 'D'". ¿"D"?

"D". ¿Cómo se llamaba? Que se me ha ido. (RÍE)

Derek. ¿No era Derek? Eso, Derek.

Darek. Coño, que se me había ido. Eso, Darek. Pero vamos a ver,

si te paseabas por ahí con él... Yo no me paseaba. Salía con él

y me seguían los fotógrafos, pero yo no me paseaba.

Total, que ese no fue... Ese no fue nada.

Veo que no fue nada importante. Hombres importantes en mi vida,

los que te he dicho. Y el más importante,

el padre de mi hijo, por haberme dado a mi niño.

Eso sí. Pues mira, eso está muy bien.

Ese es el más. Te lo digo, ese es el más.

¿Ahora no hay hombres en tu vida? No. Qué felicidad.

Primero, no tengo tiempo. Yo no sé qué hago

preguntándote todo esto. Yo estas cosas no las pregunto.

Me ha entrado una curiosidad... Pero escúchame.

Todo lo que sea la tranquilidad que tengo ahora, de verdad, ¿eh?

De estar conmigo misma, de ser yo, de que tengo muchísimo trabajo,

de que tengo que cuidar un poco de mi madre,

de estar bastante con ella, tal, es que no tengo necesidad.

No, con un tío al lado eso se complica.

Necesitaba un tiempo para estar conmigo misma.

Que vamos enlazando una relación con otra

y tienes que un poco estar contigo. Estoy muy pesada con el yoga

y la meditación, pero... No, pero el yoga...

O sea, te veo muy bien. Es el yoga.

¿Eso te mantiene o qué? Te mantiene.

Pero ¿qué haces con el yoga? Explícame antes de ir a la moqueta.

Yoga es unión mente-cuerpo. ¿Qué es?

Unión mente-cuerpo. Creía que era un equipo de fútbol.

No. (RÍE) Unión no sé qué.

Unión Mente-Cuerpo, primera división.

El yoga es unión mente-cuerpo. Exactamente.

Y con la vida que llevamos, que es todo el día corriendo,

todo el día con gente alrededor, llega un momento

que solamente cierras los ojos para irte a la cama

y enseguida caes. ¿Cuándo estás contigo mismo? Nunca.

Con diez minutos de meditación, descanso como unas cuatro horas.

¿Qué me estás contando? Eso lo necesito yo entonces.

Pues hazlo. Tienes que empezar a meditar,

pero con algún maestro. ¿Lo del "Om" qué es?

El "Om" es la respiración. Ah...

Tienes que poner aquí... Ahora te lo explico.

Hay posiciones estupendas. ¿A ti cuál te gusta?

A mí me gustan casi todas, ¿eh? Ah, ¿sí? (RÍE)

Sí, sí. Es cuestión de imaginación. O sea, que las posiciones tienen

un encanto especial. ¿A la vela la has hecho?

¿La vela? ¿La vela? Sí. Sí. (RÍE)

Esa no la he visto yo. (RÍE) ¿Posición de vela?

Puede ser en una vela, pero... ¿Y el perro cabeza abajo?

¿Cómo? ¿El perro cabeza abajo?

Esa la hago yo divinamente. Ah, ¿sí?

Me encanta, un disparate. Pues ahora me la haces.

Pero hay que ser prudente en este programa.

¿Por qué no? Pero si es una posición de yoga.

Es una sana, "downward facing dog". Puede ser de yoga,

pero también se puede utilizar para cualquier menester.

Perro cabeza abajo, "downward facing dog".

Eso es. En inglés parece que suena mejor.

Sí. (RÍE) El perro cabeza abajo,

no lo he hecho yo veces eso. Perro cabeza abajo

y perro cabeza arriba. (RÍE) Sí.

Que sí, eso lo he hecho yo muchas veces.

No sé si sería "perro" o qué, pero lo he hecho yo, coño.

Yo tengo que ver lo del yoga. Mira, vamos a dejar esto porque...

(RÍE) Vamos a hacer lo del yoga.

(Canción en inglés)

Bueno, mi sala de yoga. ¿Qué te parece?

Me parece divinamente. Pues si quieres y te parece,

como quiero que hagas el perro cabeza abajo,

que te lo voy a enseñar. Para esto habrá que cambiarse, ¿no?

No, me voy a cambiar yo. Tú siéntate ahí.

Vale, yo me siento aquí. Que yo tengo aquí todo preparado.

Esperas con paciencia, que me voy a cambiar rapidito, ¿eh?

Mira, me meto aquí, en mi biombo, y ahora salgo, ¿vale?

Tienes preparadísimo esto. Sí, está superpreparado.

Ahora me cambio, espera. Espera, que esto tiene su intríngulis.

¿Estás ahí? Vale. Sí, sí, estoy aquí.

No me muevo. No miro tampoco. No, no mires,

porque estoy aquí metida, pero necesito ahora ya...

Lo que daría ahora mismo España por que pusiera una cámara yo ahí.

Toma, una bota. ¡Niña!

(RÍE) ¿Te he dado? Pero...

¿Te he dado? (RÍE) ¿Qué haces?

Toma. ¡Niña!

¿Qué? Vale, nada. Sigue tirando cosas.

Si es que me estoy desnudando. Como me tires...

¡Toma! Como me tires más cosas, entro.

Que no entres. Que no entres, que ya salgo.

Espera. Me quedan los pantalones. Oh, esto...

Ya estoy, de "yoguis". Ahora más bajita todavía.

Bum, cáete. Venga, Bertín. No, no, no. Yo te veo, yo te veo.

No, no. ¿Qué tú me ves? Espera. Un momento, un momento.

¿Qué voy a hacer? Si no puedo ni... Que te he traído a ti ropa también.

No, no. Pero, Anita... ¿Cómo que no? Espera, espera,

que está aquí todo preparado. Mira. A ver, escúchame.

Escucha, tú tienes que... Mira, tienes tus pantalones divinos aquí

para hacer yoga. Pero vamos a ver, que yo no...

Tú puedes hacer... Pero que yo tengo que...

(RÍEN) Tírate al suelo. Tírate al suelo.

Ana, coño, que no voy a hacer yoga. ¿No vas a hacer yoga?

No, quiero ver cómo se hace para yo saber si puedo hacerlo.

Lo primero que tienes que hacer... A ver, hazme el "Um" u "Om" ese.

¿Cómo era el "Om" ese? Tú te tienes que sentar primero

y esta pierna la tienes que... Siéntate primero.

Venga, quítate la chaqueta. Me va a volver loco.

Tienes aquí el "mat". No ha cambiado nada en 35 años.

Y el buda. Quítate la ropa. Está igual de loca

que cuando yo la conocí. ¿No te quitas más cosas?

No, quiero saber cómo se hace eso. Ponte ahí con las piernas cruzadas.

Vale. ¡Ay, ay, ay!

No, no. A ver, Bertín. ¿Qué?

Esta tiene que ir aquí encima. ¿Dónde?

Esta aquí. Esta aquí y esta aquí. Oh... ¡Venga ya, hombre!

Espera, espera. Así. Mira, así. Pero si los tengo así

y me está doliendo ya el culo. ¿Cómo te va a doler el culo?

¡Sí! Si te estoy cruzando la pierna.

No, yo cruzo esto... Esto por aquí, por lo alto.

Pero mira, yo me la meto así, detrás de la cabeza.

Pero tú porque estás loca, coño. Y las dos si quiero.

¡Ay! Muy bien, ahí.

¿Te duele la gota? No, que te iba a tirar la...

Te vas a cargar mi casa. Que te iba a tirar la cortina.

Pues entonces hasta donde puedas. Tú hasta donde puedas.

No, yo no puedo. Y ahora ponte un poco más recto

porque estás así. Y ahora aquí, la postura de agradecer.

Pero aquí te puedes tirar tres peditos sobre la marcha.

(RÍE) Yo pongo los pies

como los has puesto tú, coño, que me cago.

Venga, aquí. Así.

Y ahora vamos a hacer el "Om". El "Om" es inspirar por la nariz

y sueltas por la boca el "Om". Venga, inspiramos.

(INSPIRAN) # Om... #

Pero cierra los ojos. (RÍE) Me cago en la leche,

que parece que voy a rezar un Padre Nuestro aquí.

Venga, venga. A ver, venga, va.

Que esto es muy bueno para... Es muy bueno para la próstata.

Para la próstata no. Mira, para la glándula pituitaria,

que le das un masajito. Venga, vamos. Y hacemos...

(INSPIRA) # "Om bhar bhuva swaha". #

(RÍEN)

A ver, vamos a hacerlo otra vez.

Venga, una dos y tres. Otra vez, que yo...

"Om bhar bhuva swaha". Eso es.

# "Om bhur bhuva swaha". # Acabas de cambiar la letra.

Es verdad. (RÍE) Acabas de cambiar la letra.

Acabas de cambiar la letra, coño. Has dicho antes "barba" no sé qué

y ahora has dicho "burba". A ver si te aclaras.

"Om bhur bhuva swaha". Eso es.

# "Om bhur bhuva swaha".

# Eso. # "Tat savitur varenyam". #

(RÍE)

# Así también. # Espera, espera.

(CANTA)

Oh, lo que dice esta... Bueno, ya está.

¿Hay que soplar mucho? Esto es el principio. Y ahora...

# Om. # Om. Barba...

# Bárbara, esto, que a ti te pillo, # aquí te mato. #

Y ahora ya empezamos con el saludo al sol,

que lleva el perro cabeza abajo. Te pones así, ¿no?

Las manos, aquí. Y ahora, aquí. Ahí, ¿ves?

¿Con el culito en pompa? Ahí, perro cabeza abajo.

Y aquí sería el perro cabeza arriba.

Venga, inténtalo. Eso es el perro de rodillas.

(RÍE) Lo que viene siendo

un perro de rodillas. Luego tienes que intentar esta,

que es mucho mejor. Te pones aquí y te metes aquí las manitas, ¿no?

Y una vez que estás aquí, te quedas aquí.

Y cuando ya estás aquí, ya haces fuerza y subes aquí.

Al perro le ha dado un chungo. Y luego ya bajas.

¿Intentas esa? Pero ¿cómo voy a intentar eso?

¿Tú quieres que me mate aquí, me parta por la mitad?

A ver si me desenrosco de aquí. Desenróscate e inténtalo,

que es sanísimo. Venga. ¿Ahora qué?

A cuatro patas. Abre las manitas. Cuatro patas. Sí.

Venga. Aquí subes el culete. Así.

Y pon los talones abajo. Baja la cabeza. ¡Muy bien!

¿Qué talones? Perro cabeza abajo, muy bien.

No, esto es Bertín cabeza abajo, que ya está mareado.

¿Y ahora qué? (RÍE)

Culo en pompa, ¿y ahora qué? Culo en pompa.

Y ahora das un saltito y te vienes aquí.

(RÍEN)

Ahí. Así, esta es la vela. Mira qué fácil.

Y esta es la fácil. Esta la puedes hacer.

Esta sí que puedes hacerla porque eso sí que puedes.

Te pones aquí y de aquí subes aquí.

Es así. ¿A que esa sí? (RÍEN)

Vale, vale. Ahora ya sabemos que en el yoga hay que decir

unas palabras muy raras y todo esto de la vela

y todo el lío. Pero ¿te has aprendido el canto?

No. Mi pregunta es: ¿esto de da a ti el qué?

Paz interior. Paz interior.

Mira, aquí cortas toda la energía hacia abajo

y te viene toda la energía hacia el cerebro.

Y esto es el chakra sentimental, ¿lo sabías?

Eso es el canalillo. (RÍE)

Dice que es el chakra sentimental. Eso es el canalillo,

que me muera yo. Es el chakra sentimental.

Yo creo que ya lo has pillado, ¿no? Lo he pillado.

(CANTAN) Ay una mosca aquí, espérate.

Quítala. Dale.

# Om bhur bhuva swaha. # (CANTURREA)

# Tat savitur varenyam. # ¡Olé!

No, pero dilo. ¡Vámonos!

¡Olé! ¡Olé! ¡Olé! (RÍEN)

(Canción en inglés)

Oh, qué risas, oye. ¡Madre mía! Yo me lo he pasado de miedo.

Y yo. Cuidado. (RÍE)

Mira, te vas... Ahora, mira...

Yo he aprendido que sigues siendo el tío estupendo

que eras hace 30 años. Y tú has aprendido a hacer

el perro cabeza abajo. No, yo he aprendido...

Que me ha impresionado muchísimo tu título.

Ah, ¿sí? Tu título me ha llegado.

Y ahora ya la última pregunta, que esto es una cosa que ya es

una leyenda urbana completamente. A ver, a ver.

¿A ti te explotó en el avión una pera o no?

Eso lo dijo algún inculto. (RÍE) No, no.

Imagínate cómo sería en los aviones con el 80% de las mujeres

que se han operado. Sería todo pum, pam, pum.

Digo que yo que hace tiempo esas cosas no estaban resueltas.

Eso es una chorrada. Chorrada, ¿no?

Eso, vamos, es de algún inculto,

porque pensar que eso puede pasar. ¿Te quieres poner derecha

como una persona normal? Mira, me estoy estirando. (RÍE)

Ay, Anita, cómo me lo he pasado de bien.

Mi niño, me lo he pasado muy bien.

"Y yo que creía que conocía a Ana Obregón.

Hay que ver de todo lo que me he enterado hoy.

No sabía que su padre empezó a trabajar a los 11 años

limpiando establos, ni que su madre estuviera tan mala.

Desde aquí le mando un enorme abrazo.

De la Obregón sabía que era bióloga,

pero no la número 2 de su promoción.

Había olvidado el mal trago pasado por culpa de un amago de cáncer

y también que yo estuviera a su lado.

Pero ahora que lo sé, me alegro de que me lo haya contado.

Desconocía que hubiera sido el mito erótico

de los hijos de Julio Iglesias, cosa que no me extraña,

aunque la vieran sin peinar y con legañas,

porque Ana es mucha Ana.

Sabía que Fernando Martín fue su gran amor,

pero pensé que, después de tantas relaciones,

algún otro habría colmado su corazón. No ha sido así,

aunque reconoce a Lecquio como el hombre de su vida.

Bien es verdad que no por méritos propios,

pero sí por haberle dado su mayor regalo, Álex, su hijo.

Una interesante mezcla de filósofo-rapero,

al que me ha encantado conocer, aunque fuera a la hora de comer

y los micrófonos corrieran cierto peligro.

Y tampoco me esperaba que Ana, vitalista y luchadora,

reconociera que ahora no es feliz, a pesar de haber conseguido

su sueño de ser actriz, de tener un hijo al que adora

y de todo lo que ha vivido y lo que le queda por vivir.

Ojalá lo sea, y pronto. Ahora puedo rebautizarla

y llamarla Anita la Fantástica, porque lo es,

porque he pasado un rato impagable, a pesar de mi gota y su ciática.

Sigue así, Anita, porque digan lo que digan,

sin tu simpatía y tu imaginación no serías Ana García Obregón."

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En la tuya o en la mía - Ana Obregón

13 ene 2016

La actriz y presentadora Ana Obregón es la invitada de En la tuya o en la mía. En uno de los momentos más delicados de su vida, debido a la enfermedad de su madre, Ana abre las puertas de su casa a Bertín Osborne, quien se propone hacer un repaso por la vida de uno de los personajes más queridos por el público y descubrir quién hay realmente tras el sobrenombre de 'Anita, la fantástica'.

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  1. Marina

    Me ha encantado Ana. No había tenido el placer de conocerte desde este lado tan humano. Eres un 10.

    20 ene 2016
  2. Marisa

    No me gustó este programa, no ha sido una entrevista entretenida para nada. No coincido con los comentarios. Además la vida de Ana Obregón aquí en en España ya es conocidisima y prácticamente nos la sabemos todos. Creo que el comportamiento de Ana es totalmente artificial para ganarse a la gente y no muestra como es ella realmente, pero bueno supongo que esto es como el dicho de que a gustos los colores, pero es mi opinión. He visto que sus risas en todo momento eran forzadas y un pelín falsas así que no me ha convencido. Lo que si que he de reconocer es que Ana tiene un caserón enormeee y con una decoración esquisita. Pero también he de comentar que aunque muchos piensen que Ana es una persona un poco loca y fuera de lo comun por asi decirlo, es una persona con una carrera universitaria y que siempre ha trabajado en televisión y realizado series con mucho éxito, así que algo tendrá y por eso no le falta trabajo aquíen España aunque se haya ido al extranjero algunas veces por cuestiones de dinero supongo. Eso si, Gran PROGRAMA tve! Seguir asi

    18 ene 2016
  3. Nuria Triana

    A mi este programa me ha parecido genial. Ana es sincera, simpática y honesta. Está como una regadera pero es super inteligente y sigue las bromas de Bertín al que se le ve admirándola de una manera sana. A Bertín se le ve diferente un poco con respecto a otros programas pero yo lo achaco a que se conocen desde hace mucho tiempo y a él le es imposible despegarse de eso. Yo me lo he pasado fenomenal viendo el programa y un master no lo tiene cualquiera.... Un saludo y por favor seguid haciendo estos programas.

    18 ene 2016
  4. Ainoha

    A través de los momentos compartidos, gracias al don de gentes de Bertín Osborne, descubrimos al invitado, o una faceta distinta que nos permite rectificar algún prejuicio. Lo siento mucho, pero éste programa no me ha gustado. Totalmente de acuerdo con Alix y Sonia. He visto a Ana Obregón tal como la imaginaba; toda en apariencia, con risas forzadas, artificial.

    16 ene 2016
  5. Sara

    Divertidisimo. Ana me encanta tu casa. Tu niño, que es un año mas que el mio. Tu alegria, espiritualidad ..... Me quedé con las apariencias y como ha dicho Bertín, este programa me ha servido para conocerte mejor, quererte, admirarte y reconocer tus méritos. Muchísimas gracias por entrar en mi casa, en mi corazón. Ojalá algún día pudieramos coincidir. Besos

    16 ene 2016
  6. Yulinda

    Para nada coincico con los anteriores comentarios!!! Fue el programa más divertido de todos y no me he perdido ninguno. Las lágrimas se me caían de tanta risa. Ana es la" loca más cuerda del mundo". Una persona increible: cómica y original como pocas, auténtica y simpática, inteligente y despistada. Su hijo me fascinó, facilidad de palabras, sentido común, capacidad intelectual y responsabilidad. Todo ello mezclado en la personalidad de un joven de nuestro tiempo. Y Bertín, como siempre cachondo e insuperable. DE LAS MEJORES ENTREVISTAS.

    15 ene 2016
  7. Sonia

    Si a mi el también me pareció aburrido. Lo que más me gusto fue la entrevista al hijo, me sorprendió, lo aplaudo un chico con la cabeza bien puesta. Me encanta el programa, lo veo desde Chile, Enhorabuena

    15 ene 2016
  8. Macarena

    Hola, Vivo en EE.UU., los primeros programas los he podido ver, y hace ya bastante que no se me permite. Me gustaria saber cual es el motivo, soy española y este programa me parece interesante. Por favor, ponedlo para el extranjero de nuevo..... Gracias.

    14 ene 2016
  9. Alix

    Petardo, aburrido y rollo patatero. Lo vi xq dijo Berlín q se había fivrryifo y yo creo q hasta el parecía aburrido.

    14 ene 2016
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