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No recomendado para menores de 7 años En la tuya o en la mía - Adolfo Suárez Illana - ver ahora
Transcripción completa

Qué bonito.

Qué buena casa tiene. Esto no es un adosado.

Jardincito. Vamos, jardincito...

Aquí la máquina de césped se tiene que volver loca.

Bertín, ¿se puede?

Qué puerta, hijo, más grande, es igual que él.

No he visto una puerta... Qué cosa más bonita todo.

Qué silla... ¿Qué pasa?

¡Ey! Vaya casa.

Vaya casa, hijo.

Son Ficus benjamina, ¿no?

Sí. Faltan las uvas, pero... Ah, que son parras.

Claro. Me encantan las parras.

Qué de parras. Fíjate tú.

Esta parra tiene sus añitos, más que tú y que yo.

Es un clásico,

todo el que entra aquí me pregunta por la parra.

Esto es una dama de noche. Encantado. La dama de noche.

Y otra parra. Otra parra.

Qué de parras tienes aquí. Una barbaridad.

Te ha dado por criar parras. ¿Y Ken?

No te lo vas a creer, la madre tiene un club de fans tuyo

en Michigan. ¿En dónde?

En Michigan. Venga ya.

En Troy. No en Detroit, en Troy.

¿Sí? Es un pueblecito precioso.

Un club. Encantada contigo.

Creo que le has hecho el amor a la madre de Ken.

No. Tú ves a mi suegra en americano:

# Buenas noches, señora. #

Y todos los hijos: "Hasta...". Cuando se va al mercado.

"Hasta la vista".

Señor Osborne.

Qué puerta más grande, hijo. ¿Qué pasa?

¡Hombre! ¿Qué haces?

Está lloviendo. Por una vez que llueve aquí,

casi es hasta bonito.

¿Qué tal? Qué bonita tu casa, me encanta.

Si ya la conoces, has estado 50 veces.

Sí, pero tengo que decirlo porque estamos grabando.

Vale. Esta parra tendrá muchos años.

Vete a la mierda ya con la parra. No puedo más de parra.

(NARRA) "Así son Los Morancos de Triana,

mezcla genial de sevillano y catalana."

Mi padre, cuando empezamos en esta historia

él termina de trabajar en el banco,

se jubila después de estar 30 años en un banco,

y empieza con nosotros. Era supergracioso.

Teníamos muy pocos contratos, a lo mejor teníamos tres

en todo el verano. Y llamaba uno y decía:

"Muy buenas. Mire, Los Morancos. -Sí.

-Para el 12 de agosto. -Están ocupados.

-¿Que estamos ocupados de qué? Si no tenemos...

-Le puedo hacer el 11 o el 13. -Bueno, lo dejamos para el 13.

-¿Y esto, papá?

-Para que el tío vea que tenemos mucho trabajo

y tenga ganas de contratarnos".

"De César sabía la autoría de ese color tan especial

que tiene Sevilla,

pero no que hiciera para Camarón una bulería,

ni que en su juventud luciera coleta

ni que un psiquiatra le quitara la hipocondría."

He despertado a Jorge 37.000 veces.

¿Por qué?

A las dos de la mañana: "Jorge, me estoy muriendo".

Entonces me miraba así y decía: "¿Te estás muriendo? ¿Qué te pasa?

-Mira, me estoy asfixiando, el corazón".

Imagínate a mi mujer las veces que le he dicho:

"Patricia, me estoy muriendo".

¿Sabes que me dijo un día que la tenía amargada?

"Patricia, que me estoy muriendo. -Haz caca."

Como a los niños chicos.

"Haz caca y déjame ya, que eres muy pesado.

A ver si te mueres de verdad."

Con lo que le gustaban a mi padre los vaqueros, digo:

¿por qué no se va a enterrar con los vaqueros?

Mi padre estaba loco con los vaqueros.

Digo: "Mi padre, en vaqueros.

Mi padre se va en vaqueros para allá".

Y le pongo los vaqueros

y en el transcurso que le pongo los vaqueros

mi padre hace así, te lo prometo... (HACE UNA PEDORRETA)

Se tiró lo que es un pedazo de pedo.

No me lo puedo creer. Le digo al médico:

"Mi padre está vivo. -No, a veces que...

-Se ha tirado un pedo para mí

que ha dado gusto cuando le subía el pantalón".

Te lo prometo. Es que es muy fuerte.

Es muy fuerte, yo me maté.

Nosotros nos reímos porque nos hace gracia todo.

Y lo pongo... Y echándole colonia a mi padre.

Y mi hermana: "¿Para qué le echas tanta colonia?

-Papá tiene que estar muy limpio".

Lo habíamos lavado. "Que vaya perfecto.

¿Cómo se va a ir para allá sin oler bien?".

Le echamos colonia y todo era una película.

Ponemos a mi padre y lo bajamos

porque te venía la funeraria con la caja.

Llega mi padre, la caja abajo y lo meten

y mi padre puesto así. Digo: "Eso es de muertecito".

Eso es...

"No me gusta mi padre de muertecito".

Mi hermana y yo: "A papá hay que ponerlo...".

Pongo mi padre con la mano metida en el vaquero, así, y...

Dice mi hermana:

"Está un poquito chulo para que venga la gente a verlo.

-Vamos a poner a papá de otra forma".

Con las dos manos aquí así.

Lo pusimos de 80 posturas con el vaquero.

Así. Y mi hermana: "Así no se puede poner papá.

Esto no es serio".

"De Jorge he descubierto los tres amores de su vida:

el cine, la familia y, por supuesto, María,

gran madre y mejor amiga."

Mi madre para mí era maravillosa en todos los sentidos.

En todos los sentidos.

Mi madre era amiga, era madre,

el concepto de madre lo tenía clarísimo,

no mezclaba la amistad con ser madre.

Y a la misma vez era íntima amiga mía,

que eso es dificilísimo, pero lo hacía.

¿Sabes qué es lo que más echo de menos?

El poder ahora tocarla,

el poder besarla. Ese abrazo.

Sí. Lo echamos de menos

todos los que perdimos una madre. Y verla,

sobre todo porque la mirada de una madre a un hijo

es tan limpia siempre.

La limpieza de tu madre hacia ti.

Por muy mal que estén las cosas,

la mirada de una madre a un hijo siempre es limpia.

"Cuánta razón tiene al decir que nunca estamos preparados

para perder a quien se quiere.

Y qué decir de Ken, menudo descubrimiento."

Jorge. Bertín.

¿Esto no será su cuarto? Ostras.

Vaya baño.

Aquí he visto a Bertín afeitándose.

Ya que estoy voy a aprovecharme.

"Su madre, mi fan michiganera,

en mi próxima gira le dedico una ranchera."

# Toda, toda, toda,

# te necesito toda, toda.

# Por un mundo... # Es lo que quiero.

# -Que me quieras.

# Toda, todo, toda,

# te la metía... # No, no.

Así no era, ¿no?

Perdón.

"César, Jorge, Jorge, César; tanto monta, monta tanto.

Uno como otro, Moranco,

por supuesto juntos y también por separado."

Adolfo, ¿qué haces? ¿Has llegado a casa ya o no?

Yo estoy aquí. Vente ya, ¿no? Bueno, te voy a buscar yo.

Venga, vale. Hasta ahora.

"Quién me iba a decir a mí que iba a tener por vecino

al hijo del hombre clave de la Transición,

al hijo del primer presidente de la democracia

tras 40 años de dictadura."

¡Eh!

¿Qué pasa, chavalín?

Fenómeno. ¿Nos vamos?

Vamos para tu casa.

"Al hijo de aquel joven político que ambicionaba la paz

en tiempos de una guerra recién enterrada,

tiempos en los que España aún era un polvorín."

Me enseña una carta en la que hay una amenaza

y es... Bueno, van a secuestrar a su hijo.

Y me dice: "No permitas jamás que te lleven vivo

porque yo no podré hacer nada por ti".

"El hombre decidido que sacrificó la concordia con los suyos

para lograr la de todos."

Yo a lo largo de una noche pasé de ser Adolfo en el colegio

al hijo puta de Suárez.

"El hombre dispuesto a encajar todos los golpes,

salvo el asestado

a la por entonces aún frágil democracia."

¡Al suelo! ¡Al suelo todo el mundo!

Dos minutos después te dicen: "A tu padre le han matado".

"El hombre caballero, fiel al soberano,

aun cuando ya ni siquiera podía reconocerlo".

De repente mi padre le dice al Rey: "¿Y tú quién eres?

-¿Quién coño voy a ser, idiota? Tu amigo, el Rey, Juan Carlos".

"El hombre extraordinario que solo pudo hacer lo que hizo

con el consenso de una mujer igualmente excepcional."

Hubiera sido imposible todo lo que hizo mi padre

si no hubiera tenido a la mujer que tenía lado.

Imposible.

Pero fantástico me parece.

Es bueno. Pasa.

Vente, vamos a tomarnos algo, ¿no? Un cafetito sí...

¿Tú cómo te encuentras físicamente?

A Dios gracias, muy bien.

Las hemos pasado canutas.

Este traguito no es fácil.

Me he pasado 20 años

dando clases a mi madre,

a mi hermana, a mi otra hermana,

a mi otra hermana, a todo el mundo de cómo se sufría,

cómo había que aguantar, cómo no sé qué,

que cuando me toca a mí no voy a pegar la espantada.

He aguantado.

Cuanto más veo lo que he pasado,

más admiro a mi madre

y a mis hermanas.

Yo creo que ha sido

infinitamente peor que lo mío.

Ya.

Me quedo con algunas cosillas.

Por ejemplo, cuando miro para este lado,

me pongo gangoso como tu hermano Arévalo.

Cualquier día actuamos los tres.

Se me ha quedado un vacío en la garganta

y estoy gangoso cuando miro para acá

y para el otro lado no pasa nada. Bueno, estamos sentados perfectos.

Sí, ahora estamos bien. No ha sido a propósito.

Si no, giro más, no te preocupes.

Supongo que no es lo mismo ser un hijo

de una persona anónima o normal que hijo de tu padre.

Cuando tú eras chiquitillo... Dicho por ti te lo acepto.

No, no. Oye, cuando eras chiquitillo,

¿en qué momento fuiste consciente de la figura de tu padre,

de quién era tu padre? Yo lo tenía claro.

Ibas a los sitios, era el gobernador,

en el que mandaba.

Me acuerdo del desastre de Los Ángeles de San Rafael,

en qué año ocurrió

y cómo salió mi padre corriendo inmediatamente hacia allá.

En casa eso ha sido normal.

La normalidad nuestra

es que mi padre tenía un cargo público y lo ejercía.

Ahora que hablas

y sacas el tema del desastre de Los Ángeles de San Rafael,

creo que fue de las primeras veces que se vio a tu padre,

lo hemos traído además. ¿Tenéis la cinta?

Sí. Quiero que recuerdes y que veamos además

a tu padre que siendo gobernador

cómo se paseaba entre los escombros.

Entre los escombros. Fue muy criticado en aquel momento

por algunos porque decían que el gobernador debía estar

en su puesto, que era el despacho, y mi padre dijo:

"El sitio del gobernador es donde está el gobernador.

Ahora aquí está el gobernador". Es una frase genial,

el despacho del gobernador está donde está el gobernador.

Es fantástico.

Fíjate en las imágenes... Las tenéis.

De aquello.

Ahí está tu padre. ¿Ves el círculo? Sí, sí, perfectamente.

Ahí va tu padre. Perfectamente.

Le marcó de por vida.

Pero eso era muy típico,

le calificaba a tu padre perfectamente.

Cada vez que había algún problema o alguna cosa

estaba en primera línea siempre.

Era un hombre tremendamente cercano.

Entendía la política como un servicio de verdad

y dar la cara.

Aquellos había caído delante de las narices

del gobernador.

Aquello no se había hecho bien

y había que intentar...

Lo primero ayudar a paliar el desastre

y, por supuesto, estar dando la cara

y que la gente sintiera que su Gobierno le acompañaba.

Le marcó para el resto de su vida.

Las víctimas que vio allí le marcaron de una forma brutal

incluso para poder comer, para todo.

Se llevó una imagen extraordinariamente dura

y vivió con ella siempre.

Hubo casi 60 muertos, 58 muertos creo que fueron.

Oye, y también se comentó

que en ese momento fue cuando conoció tu padre a Franco,

que antes no le conocía. Bueno, la historia es simpática.

A Franco le llegan con el mensaje de que este era un chaval

que servía para darle un puesto importante,

importantísimo en aquella época, un gobernador civil.

El saliente me parece que tenía 67 años

y el entrante, mi padre, tenía 31 o 32 en aquel momento.

Franco la costumbre que tenía

era que al cabo del mes de estar en el Gobierno Civil

el gobernador de turno

lo llamaba a capítulo y le hacía un examen

de cómo estaba la provincia.

Franco se conocía España entera de cabo a rabo

por el tema de la contienda, la Guerra Civil, etcétera.

Se conocía cada cota, cada pueblo.

Total, mi padre se va para allá y le pregunta:

"¿Qué tal, cómo va la provincia?".

Y le dice: "Pues, mi general, hecha un desastre".

Se le quedan los ojos como platos

y dice: "Pero si acabo de estar allí

y me decían que iba muy bien.

-Si quiere, le cuento la verdad; si no, pues...

-No, cuénteme".

Y le empezó a contar que no había agua,

luz, teléfono en no sé cuántos pueblos

y cómo estaba la situación.

Franco le dice: "Espero que no haya venido a contarme

nada más que problemas.

-No, no, tenemos una solución. -¿Cuál es?

-Que me deje usar su nombre durante 24 horas".

El otro se quedó perplejo y dijo:

"Es usted muy audaz, Suárez, hágalo y deme cuenta".

Y de allí mi padre se salió a ver a Laureano López Rodó,

que entonces era el director de los planes quinquenales,

y le dijo que Franco le acababa de decir que había que declarar

a Segovia provincia de acción especial.

Aquello significaba dar una partida de dinero enorme al gobernador

para poder trabajar sobre la provincia.

El otro montó en cólera, dijo que ni hablar,

que eso no podía ser y le dijo mi padre:

"Llama al Pardo y pregunta".

El otro no se atrevió a llamar a Franco, pero dijo a la secretaria:

"Entérese si Suárez ha estado en El Pardo últimamente".

Y la secretaria, al rato, le dijo: "Acaba de salir de allí".

El otro firmó el cheque y para adelante.

Algún día habrá que descubrir muchas cosas de aquella etapa

de España, que yo entiendo que a mucha gente le revuelva la tripa,

entiendo que cuando hay una contienda civil, hay muertos

y es un desastre y es muy difícil olvidarlo y perdonarlo,

pero yo creo que eso es parte de la labor de la transición

y una de las cosas que habrá que recordar en su día

es cuando mi padre, con la ayuda de mucha gente,

como el Rey,

Torcuato Fernández Miranda,

Miguel Primo de Rivera,

y otro muchísimos, acaban aprobando la Ley de Reforma Política.

Aquellas cortes, que eran las cortes de Franco,

las cortes franquistas, las cortes del dictador, llámale...

Carga el bombo ahí todo lo que quieras,

esas cortes tenían la llave del futuro de España,

pero fueron conscientes de que ese futuro no era suyo,

sino de otros y la enorme generosidad de votar que sí.

Pues eso es exactamente el segundo vídeo que te quiero poner.

(RÍE) Voy dando una detrás de otra.

Parece broma, pero las vas dando todas.

Este fue el momento en que se votó que sí y...

Nadie te va a creer que no lo teníamos preparado, ¿eh?

(TV) "El proyecto de Ley ha sido aprobado. Se levanta la sesión."

Ahí le estaba dando gracias a Dios.

Y está aplaudiendo mi padre a las cortes.

Es la primera vez que se contestaba

un aplauso con un aplauso.

Ahora se ha puesto de moda, pero aquella fue la primera vez.

Y precisamente ahí mi padre está agradeciendo

a quienes están haciendo el harakiri que se lo hayan hecho.

Antes de llegar a este momento tu padre conoció al Rey.

Después de esa entrevista que te conté antes.

¿Cómo fue la cosa? Perdona. Cuando...

La entrevista...

La entrevista que tuvo mi padre con Franco, tal...

La tiene, fuera, se acabó. Y él se va para Segovia.

Quiere Dios que al poco tiempo es cuando termina...

don Juan Carlos, que en aquel momento no era ni príncipe,

sus academias militares, su formación, etc,

y hay una famosa anécdota de Franco,

que llega el Rey y dice:

"Ya he terminado, ¿ahora qué hago?"

Y Franco le pone un mapa de España delante y le dice:

"Aquí tiene España, conózcala".

Y dijo: "¿Y por dónde empiezo?".

El otro dijo: "Leñe, en Segovia acabo de entrevistar a un paisano

que es francamente especial y se va a llevar usted muy bien".

Se hablaban siempre de usted.

Es muy joven, empiece por ahí.

Y efectivamente se va el Rey a Segovia

y empiezan una amistad enorme, que siete años después,

esto es en el año 69, o seis años después acabaría...

Cuando el Rey nombra a Suárez...

No es que esté nombrando a alguien que no conoce.

Claro. Está nombrando a alguien

con el que ha tenido mucho ya que ver.

Y tu padre, siendo director de Televisión Española hizo

mucho por la imagen del Rey, ¿no? Mucho, mucho.

De hecho, allí en aquel momento era la única televisión

que existía.

Si hoy en día cualquier televisión es un medio poderoso, potente,

de influencia en la sociedad,

imagínate en aquel entonces, ¿no?

¿Sabes si él se implicaba...?

En la época de tu padre se estrenaron programas de televisión

en La 1 bastante emblemáticos, ¿no?

"Estudio 1", "Los Chiripitifláuticos".

"Un millón para el mejor". "Un millón para el mejor", fíjate.

¿Tú sabes si él se involucraba? Sí, absolutamente.

Le encantaba y vivía permanente.

Llegaba a casa y estaba viendo la tele. Me acuerdo yo.

Llamaba al de continuidad...

Que yo no tenía ni idea de lo que era la continuidad.

"Que me pongan con el de continuidad" porque había habido

un salto o un problema... Estaba permanentemente metido...

Mi padre siempre... El tío gestionaba la parrilla.

Se ha metido siempre muy en vivo y en directo.

Lo ha vivido siempre en directo y se involucraba en cada cargo

que tenía, como habéis podido comprobar.

Y después de ahí le nombraron Ministro Secretario General

del Movimiento. Primero fue subsecretario.

Perdón... Sí, subsecretario.

Era el segundo del ministerio,

el que ahora sería el Secretario de Estado porque aquello era especial.

Siendo ministro Fernando Herrero Tejedor,

que será para echar

otro programa entero y largarlo.

Ese hombre era una bendición.

Un tipo simpático, cercano...

Bueno, bueno. Y fue el mentor político de mi padre y,

cuando se mata en el accidente,

en el siguiente Gobierno de la democracia,

a mi padre lo nombran Ministro Secretario General

del Movimiento para desmantelar el ministerio y el movimiento, ¿no?

Ese era el motivo.

Eso parecía, ¿no?

Es que no tenía sentido el Movimiento muerto Franco.

El propio Franco sabía que era imposible...

Mantener la situación. Mantener la situación

después de su muerte. De hecho, nombra como sucesor

al Rey Juan Carlos, que no tiene nada que ver

y en alguna ocasión, y esto se contará

por más que por mí solo,

en alguna entrevista que mi padre tiene con Franco le dice:

"¿Qué futuro le espera a España después

de las previsiones sucesorias?" Palabras textuales de Franco.

Y él le dice que el futuro será un futuro democrático

sin ninguna duda. Y el propio Franco:

"¿Pues habrá que prepararse para ganar ese futuro democrático

para España, ¿no?"

Tú padre... ¿Tú crees que...

él sabía o pensaba o estaba convencido

de que iba a llegar a ser Presidente del Gobierno

en algún momento de su vida o no?

Él lo deseaba. Absolutamente.

De hecho, a un amigo le firmó un libro "del futuro presidente".

Y no lo era. Estaba en la facultad. Imagínate.

¿Y eso con cuántos años sería?

20... 18 o 20 años sería.

De los 16 a los 21 era entonces la carrera, pues ahí en medio.

No sé. O sea, que además de querer

estaba convencido. Él estaba convencido.

De hecho, cuando le fue a pedir a mi abuelo la mano de su hija,

le dijo: "Yo tengo un presente desastroso,

pero un porvenir muy bueno". ¿Sí?

Sí. Se lo llegó a decir con dos narices

al coronel jurídico del ejército en aquel momento.

¿Y tú crees que él quería ser presidente para cambiar las cosas

o por serlo?

No. Mi padre nunca ha querido parecer. Nunca.

De hecho, el protagonismo le costaba,

pese a lo que la gente crea.

La ambición de mi padre ha sido siempre finalista.

Es decir, yo tengo ambición para hacer esto y,

cuando está hecho, me voy.

¿Te acuerdas del día en que el Rey le dijo que quería

que fuera Presidente de Gobierno o no? ¿Recuerdas eso?

Como si fuera ahora mismo. ¿Sí?

Cuéntame cómo sucedió aquello.

Yo no estaba presente en la...

Imagino, pero ¿cómo vivisteis...?

Pero sí estaba presente en casa. Estaban todos fuera...

¿Qué edad tenías más o menos?

Yo tenía entonces creo que eran 11 años.

Y llaman de Zarzuela,

preguntan por mi padre, tienen la conversación y me dice:

"Me voy a Zarzuela, ahora vengo".

Y se marchó para allá. Luego, claro, me ha contado

lo que sucede en Zarzuela, que le estaba esperando

detrás de la cortina el Rey, que le pegó como un susto...

¿Ah, sí? Sí. Había una relación entre ellos

muy especial de amistad de dos tíos jóvenes.

¿Qué edad tendrían en ese momento? Mi padre tenía 42 años.

¿Y el Rey? Y el Rey cinco menos.

Cinco menos. Llegan,

con todo el respeto al Rey y a mi padre, eran dos chavales.

Claro. Y se trataban como tales.

Incluso entonces se tuteaban y era una relación muy personal.

Juro desempeñar el cargo de Presidente del Gobierno

con absoluta lealtad al Rey y estricta fidelidad a los principios

del Movimiento Nacional y leyes fundamentales del reino.

¿Tú crees que alguien se esperaba ese nombramiento?

Incluso él mismo, ¿se lo esperaba?

Hombre, él sí. Él sí.

Hubo un enfrentamiento grave entre dos personas en aquel momento,

que eran Torcuato y mi padre. Torcuato Fernández Miranda.

Torcuato Fernández Miranda.

Yo estoy empeñado...

Yo sé que la familia de Torcuato

está muy dolida,

yo sé que siempre ha vivido en un odio...

Y lo digo con prudencia y con respeto, pero ha vivido en un odio

que no tiene sentido y, si alguna vez lo tuvo, hora es de olvidarlo.

El hombre que utilizó

el Rey para colocar a mi padre en la presidencia fue Torcuato.

Y no hubo mejor hombre que él. ¿De qué manera?

Le hizo a Adolfo Suárez Presidente del Gobierno y,

para poder ser Presidente del Gobierno le necesito en la terna,

que me pase el consejo del reino. Si no, no hay manera.

Ajá. Entonces,

Torcuato, que era fino como pocos, organizó el consejo,

y de entrada dijo: "El sistema de votaciones, en vez de cada uno vote

y los tres más votados nos los llevamos,

vamos a hacerlo de otra forma.

Vamos a ver quién no debe estar en la lista".

Claro. Ahí las grandes familias empezaron a atacar al otro grande.

Y lo que quería cada uno es el nombre de su...

Candidato. Candidato más dos

lo más chiquitajos e insignificantes posible

porque aumentaba las posibilidades. Sí.

Y claro, a Suárez nadie le votaba en contra

y se fue colando y "pum".

Y esa fue la forma.

Entonces no entiendo cuando decías del porqué del problema con...

Muy sencillo.

Al día siguiente de ser nombrado mi padre presidente,

da un discurso en televisión...

Él hace el programa del Gobierno.

Completo y que lo vea la gente y que compare lo que se hizo

en ese primer año. Es exactamente lo que él dijo.

Y se compromete...

"Antes de un año voy a convocar elecciones democráticas libres".

Un compromiso del Presidente del Gobierno, ahí.

Curiosamente nadie se ha preguntado nunca por qué quien ha hecho

esa promesa, que es presidente del Gobierno,

y que sabe que la va a cumplir y de hecho da todos los pasos

para cumplirlo, no crea un partido político antes

para presentarse a las elecciones.

¿Es que Suárez es tonto?

¿Es que no se entera?

¿No será quizá que había un plan y ese plan era que Suárez

no se iba a presentar a esas elecciones?

Suárez iba a llevar el país hasta las elecciones y una vez...

que estuviéramos allí,

ya serían otros los que ganando las elecciones pudieran...

Ah. ¿Esa era la idea?

Esa era la idea inicial y esa era la promesa de mi padre.

Torcuato toma esa promesa al pie de la letra y mi padre la asume

al principio, pero de repente le empiezan a llegar datos a mi padre

que controla los instrumentos del Gobierno, lógicamente,

de que el que va a arrasar es Felipe González con el PSOE.

Que Manuel Fraga se queda muy abajo y que si no es él el candidato,

se pierden las elecciones y no es que fuese un drama,

pero el Felipe González de entonces no es el Felipe González de ahora,

a quien admiro profundamente. Eso está claro.

Yo le quiero mucho y tengo bastante trato con él.

Yo he tenido mucho lío con él, me las he tenido tiesas,

pero yo le guardo mi cariño y mi gratitud.

Es un hombre de Estado. Es un hombre de Estado.

Entonces mi padre empieza a ver esto y lo empieza a transmitir.

Esto empieza a crear en Torcuato la idea de que mi padre es un traidor.

El Rey, por el contrario, lo asume, ve la gravedad del asunto

y le da permiso, digámoslo así, para presentarse a las elecciones,

cosa que no habían previsto.

De hecho, se llegó a prohibir a los ministros que se presentasen

a las elecciones, etc. Hay varias cosas.

Y en ese momento es cuando mi padre, a toda prisa,

empieza a hacer gestiones para crear la UCD. O un partido.

Entonces no era la UCD. Y cuenta con Torcuato.

Torcuato dice que ni hablar, él está en lo suyo y fuera.

Cuenta con Fraga, que también le dice que ni hablar y fuera.

Y empiezan las prisas y las dificultades de crear un vehículo

para presentarse a las elecciones, que al final se consigue

y de hecho la UCD se crea en marzo-abril del 77.

Es una locura absoluta.

Se celebran las elecciones

y curiosamente el resultado

de aquel sondeo se clava.

Incluso si hubieran conseguido que Fraga hubiera ido de número dos

en la lista con mi padre, hubieran tenido mayoría absoluta.

Casi, a Dios gracias no se dio esa mayoría absoluta y eso dificultó

las cosas y a lo mejor hizo mucho más plural la Constitución.

El Partido Comunista se legaliza justo después,

en Semana Santa,

que ahí también hay una maniobra tremenda.

Eso sí que tuvo que ser un momento muy difícil, ¿no?

Ese seguramente es uno de los momentos clave.

Yo, a lo largo de una noche, pasé de ser Adolfo en el colegio

a "el hijoputa de Suárez". Así, de buenas a primeras

por la legalización del partido.

La gente, una parte de la gente...

Una gran parte en aquel momento.

Había mucho facha, digámoslo así, en el mal sentido,

entre los cuales te encontrabas tú, canalla,

que tú eras más de allá que la pera.

En aquel momento no se entendía tanto,

y yo lo respeto,

pero legalizar el partido comunista...

Legalizar a Carrillo, ¡coño!, Era...

Aquello era como una herejía, sí. Era una cosa asombrosa.

Y bueno, tuvo que asumir mi padre la legalización.

Pero en tu propia familia también hubo problemas.

Sí. Bueno, la gente también ha desbordado ese asunto,

que si mi madre no sé cuántos...

A mi madre, hombre, Carrillo no le gustaba nada,

pero no le gustaba nada ideológicamente,

y a mí me sigue sin gustar.

Y yo soy o he sido amigo de Carrillo

y he tenido la oportunidad de charlar con él

y tomarme muchos cafés, y su mujer Carmen, que es adorable,

todavía me sigue hoy en día llamando.

Desde aquí le mando un beso enorme.

Para preguntar cómo estoy, qué tal, qué cuál...

O sea, una cosa es la política y otra cosa es...

Las relaciones personales.

Las relaciones personales, e incluso el sentido de Estado.

Cada uno tenía una gran admiración por el otro.

Se respetaban mucho.

El que da legitimidad por la izquierda a la transición

es Santiago Carrillo, es el Partido Comunista de España,

que eran quienes encarnaban la oposición real a Franco.

El PSOE no tenía ese protagonismo en aquel entonces.

Hay un juego ahí con aquella negociación

entre mi padre y Carrillo de aquella noche entera

que se pasaron fumándose hasta las plantas del florero.

En la que acaba la discusión

y dicen: "Bueno, uno se tiene que fiar del otro".

¿Y quién se tiene que fiar primero?

Pues lógicamente el que tiene más: el presidente del Gobierno.

Y el presidente del Gobierno se la juega

y legaliza el Partido Comunista casi personalmente.

Y al poco rato sale Santiago Carrillo anunciando

que cambiaban los estatutos del Partido Comunista,

que se aceptaba la bandera, que se aceptaba la monarquía

y que se tiraba para adelante.

Ese día también cambia la historia de España

y cambia porque un tío se la juega.

Tú en aquel momento, claro, ya vivías en la Moncloa,

¿cómo, con esa edad, viviste amenazas terroristas,

incluso atentados...? Con mucha normalidad.

¿Con mucha normalidad? Pero te lo cuento.

No, no, si yo no tengo ningún problema.

Es decir, ¿que estaba sometido a una amenaza terrorista? Sí.

Pero en aquel momento se mataban a 100 personas al año.

(ASIENTE)

Es decir, desgraciadamente, en aquel momento, el atentado,

la muerte era una cosa muy cercana y tú tenías que asumir

que a ti te podía pasar en cualquier momento.

A mí, en un momento determinado, mi padre me llama a su despacho,

me enseña una carta en la que hay una amenaza.

Y es que le van a secuestrar a su hijo.

Me la enseñó, no la leí y me lo contó.

Y me dijo: "Adolfo, ¿eres consciente de esto?".

Y yo: "Sí, sé perfectamente lo que significa".

Y me dice: "No permitas jamás que te lleven vivo,

porque yo no podré hacer nada por ti".

Joder.

Bueno, a mí, lejos de ponerme triste aquello,

me enorgulleció.

Dije: "Coño, ya tengo mi misión.

Mi padre me ha encomendado una misión.

Me tengo que proteger".

Bueno, pues eso que puede sonar muy duro...

¿Cuántos años tenías tú? Más o menos.

Debía tener unos 14 o 15 años más o menos, por ahí.

Durísimo, ¿no? Es duro, pero como te digo,

es muy duro si te lo dicen a ti así por las buenas.

Si estás... En contexto, sí.

En un contexto de 100 muertes al año,

que te ametrallan la valla de Moncloa con cierta frecuencia,

que te pegan un bazucazo y te entra en el recinto de Moncloa

y te estalla y te pega un brinco del demonio...

Esas cosas ocurrían allí y ahora se nos han olvidado,

pero aquello ha ocurrido.

En el Palacio de la Moncloa soltarte un bazuca.

Entonces, lo tomas con más normalidad.

¿Y tu madre cómo...?

Bueno, porque eso supongo que tú se lo contarías

o tu padre le diría:

"Mira lo que he tenido que decirle a Adolfo".

No sé. ¿Eso cómo lo...?

Mi padre era un genio.

Mi madre eran dos.

O sea,

mi madre es un ser extraordinario.

Y... (EMOCIONADO) Me cuesta,

pero la verdad es que

hubiera sido imposible todo lo que hizo mi padre,

si no hubiera tenido la mujer que tenía al lado.

Imposible.

¿Ella lo vivía

de la misma manera, tú crees, que él?

Eres un canalla, tío. Esto no se hace.

Es que a mí me pasa lo mismo.

Es que esto son cosas que nos llegan muy dentro,

evidentemente.

Pero te digo, es imposible que un hombre

sea capaz de hacer todo eso, si no tiene una mujer

permanentemente detrás que le apoya.

¿Ella era una mujer de Estado, tú crees?

Absolutamente.

¿Tú crees que mi padre tiene narices a decirme lo que me dijo,

si no lo hubiera hablado con ella

y si mi madre no estuviera absolutamente de acuerdo?

Sería imposible.

Yo no sabía tampoco que habías escrito

y me parece precioso.

La verdad es que es muy bonito, aunque no está a la venta.

Este...

A mí la afición por la poesía me viene de mi madre.

Con tres años me enseñó el "If" de Kipling

y, a partir de ahí, compartimos mucha lectura, mucha poesía...

Y cuando ella muere,

me dio ahí por la cabeza

hacerle un pequeño homenaje, que era escribir un libro.

Empiezas con una poesía a tu madre, que es esta.

Y esta es a tu padre. Es cortito y muy bonito.

¿Por qué no lees esta, que me encanta?

La que le haces a tu padre.

Qué difícil hacerle un poema a tu padre

y a ese pedazo de padre que yo tenía...

Y luego leerlo. Y luego leerlo.

Pero al final salió.

Y ahora me acuerdo: lo escribí en una clase de Derecho.

Este es antiguo.

"Luces del cielo en el alma,

mieles de gloria en la piel,

y en la soledad inmensa

del que siempre aguarda

sufre."

¿Cómo fue la noche de las elecciones democráticas

primeras que hubo, a las que se presentó como UCD tu padre?

¿Cómo las recuerdas?

Mira, la verdad es que fue algo...

Si tuviera que usar

una sola palabra,

diría "ilusionante".

¿Quiénes estabais allí? Estaba todo el mundo.

Todo el gobierno. Estaba el gobierno entero,

estaban amigos, estaba la familia completa...

Todo el que quiso. O sea, aquello era...

Era muy abierto.

El centro de operaciones lo teníamos

allí en el despacho de mi padre.

Entraba, salía la gente, no sé qué.

Era más lento de lo que es ahora...

Claro, evidentemente, claro.

Porque no había lo que hoy en día se dispone, pero...

Y tu padre estaría en contacto con el Rey, imagino...

Permanentemente. Permanentemente.

Teníamos un teléfono, era un videoteléfono.

Era el primer videoteléfono. Imagínate.

¿Videoteléfono? Sí, era una cosa sideral.

Era un aparato enorme,

tú agarrabas, te ponías allí y se veía al otro en el otro lado.

Qué bueno.

Esto es una cosa... Vamos, del agente 007.

(RÍE)

Cuando pasan unos años, tu padre dimite como presidente.

Esto fue en enero del 81.

Enero del 81. Ahí, tela marinera.

Sí. Fue justo el mes y el año en el que yo empecé a cantar.

¡Olé!

En el 81 saqué yo mi primer disco, "Amor mediterráneo".

Me acuerdo perfectamente de la situación,

porque yo me acuerdo de que estaba muy interesado,

empecé a estar interesado en aquella época. Fíjate.

Vamos a ver...

Te convertiste en un número 1 en aquel momento.

Sí, sí, en ese momento sí. En ese momento sí.

Y ya no has dejado de serlo hasta ahora.

Si no, ¿de qué voy a estar yo aquí contigo?

¿Qué dices, tú?

Oye, vamos a ver. Vamos a recordar ese momento.

He llegado al convencimiento de que hoy

y en las actuales circunstancias

mi marcha es más beneficiosa para España

que mi permanencia en la Presidencia.

Esa es la clave.

Me voy pues sin que nadie me lo haya pedido,

desoyendo la petición y las presiones

con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto

y me voy con el convencimiento de que este comportamiento,

por poco comprensible que pueda parecer a primera vista,

es el que creo que mi patria me exige en este momento.

Bueno, es que lo de las dimisiones nunca ha estado bien visto, ¿no?

Creo que mi padre es el político más querido,

más respetado de toda la clase política y,

curiosamente, no le han creído nunca.

Siempre me preguntan:

"¿Y por qué dimitió tu padre? Seguro que hay alguna cosa...".

Digo: "Coño, léete el discurso y verás cómo no encuentras nada".

Él toma la decisión en agosto del año anterior.

Estábamos veraneando en Galicia

y él tiene en su cabeza dos cosas.

Una, o convoca elecciones inmediatamente

o agota la legislatura. La legislatura llegaba hasta el 83.

Las elecciones últimas habían sido en el 79,

después de la Constitución.

Y él entiende que el pueblo español no estaba preparado,

y especialmente una parte de él,

para un gobierno del Partido Socialista. Era...

Le parecía temprano.

Lo que hace es buscar un sustituto, igual que hizo Torcuato con él:

buscar alguien que no atrajera las iras de nadie

y que fuera capaz de mantener

ese equilibrio inestable

que se daba en la UCD

hasta el 83, momento en el que seguramente

iba a ganar Felipe González, el PSOE, pero bueno,

ya habría pasado más tiempo,

estaríamos todos más acostumbrados al rodaje democrático,

que ahora mismo llevábamos dos años nada más.

Cuan acertado estaba mi padre en esto, que luego se demostró.

Si el día 23 de febrero, en vez de estar votando

la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo,

estuviéramos votando la investidura de Felipe González

con la chaqueta de pana, no sé si todos los militares

que se mantuvieron leales a la Constitución en su momento...

Lo hubieran...

Lo hubieran sido, pese a que el Rey les hubiera dicho lo que fuera.

Ahora, fíjate, lo que escuchamos

tres semanas después

de que tu padre dimitiera.

Vamos a ver si soy capaz de hacerlo,

que creo que sí.

Te tengo pánico con los vídeos.

Por favor, soy un tecnológico de estos acojonante. Mira.

Escucha.

(RADIO) "En estos momentos... -Se ha oído un disparo.

-Se ha oído un golpe muy fuerte en la Cámara.

No sabemos lo que es, porque...

La Policía... La Guardia Civil entra en estos momentos

en el Congreso de los Diputados. Hay un teniente coronel que,

con una pistola,

sube hacia la tribuna...

En estos momentos apunta...

(TEJERO) -¡Quieto todo el mundo!

-Un guardiacivil apunta

con la pistola. Entran más policías.

Está apuntando al presidente del Congreso de los Diputados

con la pistola y vemos cómo...

Cuidado. La Policía.

(GRITOS) ¡Al suelo! ¡Al suelo todo el mundo!

(Gritos)

(LOCUTOR) No podemos emitir más, porque nos están apuntando..."

(Gritos)

(Disparos)

(Gritos)

(Silencio)

Tela. Impresionante, ¿eh?

Impresiona. Impresionante oírlo por...

Dos minutos después,

te dicen: "A tu padre le han matado".

Bueno, eso es lo que yo quería preguntarte.

¿Tú dónde estabas en ese momento? Estaba en Moncloa.

Estaba en el piso de arriba del todo.

Teníamos allí una zona para niños, una zona de estudio y tal y cual.

Estaba yo con mi primo Diego. Yo estaba estudiando griego.

Habíamos estado oyendo incluso el debate y ya,

cuando llega el momento de la votación,

que era un petardo, era nominal,

se decía el nombre, te levantabas,

decías "Sí", "No", lo que fuera...

Entonces, dejamos la radio más baja y seguimos a lo nuestro.

Y de repente empezamos a escuchar esto.

O sea, que tú lo escuchaste en directo.

En directo, mi primo Diego y yo, los dos.

Subimos el este... Hay un momento que dicen

"Encañonan al presidente" y luego, aquí no se ha oído,

o yo no lo he oído tan claro como lo oí o creo haberlo oído,

y empieza el tableteo de las metralletas, que da gusto.

Un tiroteo del demonio.

Y salgo corriendo de ahí al gabinete,

que estaba al fondo del pasillo a la derecha, y digo:

"¿Qué ha pasado?". Claro, era el centro de noticias.

Y dicen: "Pues parece que han matado a tu padre".

Yo me quedo de piedra.

Mi madre no estaba en casa todavía.

Y nada, los hermanos nos vamos

hacia la parte nuestra de la vivienda,

que era una zona blindada protegida.

Yo tenía mis armas de caza. Las distribuí por aquí, por allá...

"Yo, pase lo que pase, voy a tener algo a mano aquí",

porque nos habían dicho que la Guardia Civil había hecho esto.

Claro, a nosotros nos custodiaba la Guardia Civil.

Dices: "Madre mía. El siguiente soy yo. ¿Qué pasa aquí?".

Estás sin información ninguna.

Los ayudantes militares... Todo estaba desplazado al Congreso.

De confianza y con noticias serias, no tenías nada.

Muy poco tiempo después, no me acuerdo cuánto...

Bueno, llegó mi madre, empezamos a calmarnos un poco,

ya sabemos que no se ha matado a nadie.

Todavía no hemos visto las imágenes nosotros.

Las vemos un poco después... De lo que había ocurrido.

Y llegó Barriopedro y nos reveló las fotos,

nos contó que había estado hecho un tío,

vimos las fotos...

Yo saqué el carrete en el zapato.

No sé, fue un momento...

Esas veces que no sabes dónde esconderlo.

Vi un hueco, una posibilidad en el hueco del zapato

y ahí lo guardé y ahí estuvo durante todas las horas

que estuvimos en el Parlamento secuestrados.

¡Alto!

Tiene que ser impresionante

ver entrar a un paisano con una pistola en la mano.

Bueno, la cara... La cara.

La cara del diputado que estaba hablando.

De perplejidad absoluta.

Sí, sí. "Pero ¿este qué hace aquí con el tricornio?"

Es un poco casi de broma, diciendo: "¿Esto es en serio?".

Y todavía más cuando empiezan a disparar.

Y cuando empiezan a disparar... Y a caer los trozos de...

Hay un paisano que se queda de pie,

hay otro que ha salido a enfrentarse,

que es Manolo Gutiérrez-Mellado,

mi querido Guti,

que le echó dos narices.

Y se va hacia el paisano este

a intentar poner orden.

Creo que lo tengo.

Esto me parece que lo tengo en el siguiente vídeo también.

"Reacción". Sí, aquí está. Vamos a verlo.

(TEJERO) ¡Silencio!

Manolo ya está en "prevengan".

Se ha puesto de pie...

(TEJERO) ¡Quieto todo el mundo!

Y se va hacia Tejero y mi padre lo intenta sujetar.

¡Al suelo!

Se levanta...

Empiezan a forcejear con un anciano.

Es un acto de cobardía absoluto.

(Disparos)

Y se queda tan tranquilo oyendo los disparos.

Cuando su compañero de gabinete,

el vicepresidente Gutiérrez Mellado,

fue zarandeado por miembros de la Guardia Civil,

él trató de salir en su defensa,

incluso poniéndose delante de las armas.

Creo que fue una acción de valentía total.

Es que estas imágenes... Están pegando tiros.

Para chavales que hoy en día tengan 15, 16, 18, 20 años,

que, seguramente, no las habrán visto,

esto es un ejemplo de lo que no debe pasar.

Es un ejemplo de dignidad. De dignidad.

De dos políticos que asumen de verdad su cargo.

¿Tú crees que no se tiró al suelo por dignidad?

Porque el espectáculo que ves ahí, de verdad, es para...

Él era el presidente del Gobierno.

Y eso lo tenía asumido. Mucha gente habrá oído

que mi padre era muy chulo. También lo dicen de ti.

Y no es... Y no es verdad.

Confunden la chulería con la dignidad.

Es decir, entonces, la dignidad de cualquiera tiene su límite.

Que son los tiros, por ejemplo. Yo por eso digo,

todo el mundo que se agachó, ¿qué le voy a criticar yo?

Absolutamente nada. Cuerpo a tierra y que no te peguen.

Pero él era el presidente del Gobierno.

Y él lo contaba de broma. Yo no estoy desvelando nada

que no se haya desvelado primero por él.

Él te lo decía en plan de cachondeo:

"Oye, Adolfo, ¿por qué no te tiraste?

Tal, no sé, no sé cuánto. Mira, yo me estaba viendo

en la mesa de autopsia y yo quería que el médico dijera

que la bala le había entrado por el pecho y no por el culo.

O sea, yo no me tiraba al suelo".

Palabras textuales de él. Aunque suenen un poco groseras.

Y el Rey, en ese momento, ¿habló con tu madre, con vosotros?

¿O estaba pendiente de lo que pasaba allí dentro?

Bueno, me imagino que el Rey estaría pendiente del...

merecumbé que tenía liado.

Y no sé cuándo habló con mi madre.

Yo creo que fue ya entrada la noche.

Vamos a ver cómo se vivió de forma cronológica, ¿vale?

Es que yo creo que las imágenes se vieron después de que el Rey

saliera a decir esto.

La Corona, símbolo de la permanencia

y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna

acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir

por la fuerza el proceso

democrático que la Constitución

votada por el pueblo español

determinó en su día

a través de referéndum.

Bueno, salió... Esa frase, ya no hace falta

decir más. Vestido de capitán general.

Para que no hubiera dudas. Aunque luego las ha habido,

y muchas. ¿Eh? ¿Esto lo visteis también vosotros?

Sí. ¿Qué comentarios hubo ahí?

Para nosotros era la ratificación de lo que sabíamos.

Es decir, punto. El Rey hizo lo que tenía que hacer,

poner a la gente en su sitio tan pronto como le fue posible.

¿Tú crees que a día de hoy sabemos de verdad lo que pasó el 23-F?

Sí. A lo mejor faltarán detalles.

Yo no digo que algún detalle no pueda salir.

Pero, básicamente, insisto, se conoce lo que ocurrió.

Yo te lo preguntaba porque, supongo que habrás leído,

yo sí lo he hecho, lo de Pilar Urbano,

donde decía que el Rey nos salvó de un golpe de estado

que él mismo había preparado. Entonces...

Mira, yo insisto, quiero mantener el respeto por las personas.

A mí me cuesta muchísimo decir nada malo de las personas.

Y me voy a centrar en que ese libro me parece una ignominia.

Es que, aunque fuese verdad, se está desdiciendo entonces ella

de todo lo que había escrito hasta entonces.

Y siempre está poniendo cosas en boca de muertos.

Otra de las cosas que no cuadra.

Yo he sido confidente de mi padre y me ha contado muchísimas cosas.

Como estáis viendo.

¿Me estaba preparando mi padre a mí para una cosa

y estaba haciendo exactamente lo contrario

con otra persona, que era ella, de la cual no se fiaba?

Y de eso sí tengo absoluta constancia.

No cuadra.

¿Alguna vez has hablado con el Rey del 23-F?

Sí, sí. ¿Ah, sí?

Sí. Con toda la naturalidad del mundo.

Si es un hecho...

Pero, insisto, no hay donde rascar.

Yo, todo lo que le he oído a mi padre,

todo lo que le he oído al Rey...

He estado muchas horas con él hablando,

he estado en el monte, tranquilamente, nunca he oído...

He oído diferencias, eso sí, oye. Se han dicho de todo menos guapo

en algún momento, pues sí, como nos lo podemos decir tú y yo

ahora, o nos lo hemos dicho en algún momento del pasado

hablando del PC. Pero ¿y qué?

Es decir, una cosa es una discusión entre amigos,

una discusión entre un matrimonio, y otra cosa es el proyecto

de vida común que se tiene.

Que se respeta y se mantiene siempre.

¿Por qué crees que tu padre volvió,

un año después de dimitir, a la política?

Porque creía que podía aportar cosas.

Sinceramente, visto por mí y hoy,

quizá hubiera sido mejor no haberlo hecho.

Pero en aquel momento,

bueno, la decisión era de mi padre.

Y su pasión era esa.

Y además, creía que podía aportar

ese punto de moderación que hoy existe

y que entonces no era tan fácil.

Recuerdo que hay que ir atrás,

ver los datos que se tenían entonces, la sociedad de entonces.

El AP de entonces no era el gran partido de centro

que es hoy el PP. El PSOE estaba...

Bueno... Más radicalizado de lo que es hoy.

Ojo. Entonces... Con alguna excepción.

No había un colchón entre medias.

Y ese fue el espacio político que intentó ocupar mi padre.

El problema de los partidos de centro, o bisagra, mejor dicho,

es ese, que si empiezas a apoyar a uno o a otro, empiezas a perder

los del partido que te han votado a ti o los del otro.

A Adolfo Suárez, el genio de la transición le ocurrió.

Bueno, chico, se dio, pasó,

llegaron las elecciones municipales del 89, creo recordar,

no, del 90. Sí, fue el 90 ó 91.

Y fue un desastre, se cayó.

Y ese día dice definitivamente adiós a la política.

Que creo que fue esto. ¿También lo tienes?

Creo que sí. Jolín, machote.

De todos los errores que haya podido cometer el CDS,

e incluso de la incapacidad para poder transmitir

a la sociedad española la importancia que tiene

una fuerza política... Ahora te diré quién es

el que está a la derecha, Carlos Revilla.

Y por ese sencilla razón les comunico a ustedes

que he presentado la dimisión.

El tío asumió toda la responsabilidad, absolutamente,

era él, la responsabilidad

era suya, el error era suyo.

Digo que de eso deberían aprender mucho de los que hay hoy en día.

Bueno, pero es que... ¿Quién era el de la derecha?

El que está a la derecha es uno de los personajes

más importantes que ha habido en la vida de mi padre

y, desde luego, en la mía. ¿Por qué te digo esto?

Porque es Carlos Revilla.

Era diputado nuestro. Este hombre provenía del PSOE.

Acabó en las filas del CDS. Pero su formación

es la de un eminente científico, neurólogo.

Cuando mi padre empieza a estar mal y yo me empiezo a dar cuenta

de que aquello no va bien,

y que lo que nos parecía que era

una depresión en un principio,

hablo con Carlos.

Para llevar a mi padre

a un psiquiatra

o un neurólogo o así.

Vamos, no te lo llevabas ni borracho.

Se me ocurrió hablar con Carlos y que Carlos viniera.

A Carlos le aceptaba, absolutamente,

era un compañero suyo en el CDS, un buen amigo suyo.

Y fue Carlos el que le fue haciendo esos test poco a poco

y el que me iba informando. Y es el que a mí, en mayo de 2003,

justo después de pasar las elecciones,

ya me dice: "Adolfo, tu padre no tiene una depresión.

Tu padre está en un estado avanzado de Alzheimer

y va a necesitar muchísima, muchísima atención.

Esto que me estás contando ahora, ¿es antes o después de aquel mitin

tuyo del 2003...? Es justo después.

Justo después. Después de eso.

Justo después.

A ver si te acuerdas de esto. Está entre...

Tengo un lío de mil diablos con los papeles.

Qué fenómeno.

Este día es de los más tristes y más bonitos

que yo he tenido en mi vida.

A mí se me pidió que mi padre estuviera conmigo

en la presentación mía como candidato.

Un año antes de esto.

Yo dije que ni hablar.

Que el que se presentaba

a las elecciones

era Adolfo Suárez Illana.

Además, tampoco hacía falta que me apoyara mi padre.

Si soy su hijo, qué más me va a dar.

Y yo me negué.

Yo hice una campaña de un año completo, de mayo a mayo.

Y de repente mi padre, en un momento determinado, me dice:

"Me gustaría ir a un mitin contigo".

"Ah. Bueno, sí, ya irás".

Pero yo no le quería mezclar.

"Mira, papá, si todo el mundo sabe que eres mi padre.

Todo el mundo sabe quién soy yo y...

¿Para qué te vas a venir?".

Un día agarra y me dice... Palabra de honor.

Dice: "Adolfo, te has pasado toda tu vida acompañándome

a mítines a mí. Y a mí me apetece ir a un mitin tuyo.

Entonces tienes dos opciones: que me invites tú

o te doy mi palabra de honor que me planto en un mitin tuyo.

A ver si tienes cojones a decirme que no.

Y que me niegas la palabra". (RÍE)

Claro, mi padre era dicho y hecho. Le creí absolutamente.

Y dije: "Entonces hay que organizarlo".

Entonces, bueno, lo organicé en Albacete,

en un sitio de mi circunscripción.

Era por la que yo me presentaba también.

Y era un sitio muy amable para mí, donde yo lo podía organizar bien.

Y organizamos un mitin lo mejor que pudimos y que supimos.

¿Y es este que acabamos de ver?

Y es ese mitin. Se lo digo a Aznar.

Y le abro la puerta. Le digo: "Presidente, si quieres".

El dijo: "Encantado". Que se venía. Y allí nos vamos.

Y estábamos en casa de mi suegro, y mi padre me dice:

"Oye, Adolfo, te voy a contar lo que voy a decir de ti".

"Papá, no me digas, no quiero saber.

Haz lo que quieras. Me voy a poner nervioso...".

No quería.

Pero mi padre dice que lo hace y lo hace y punto.

Y me contó. Y me lo enseñó en un folio.

Con una letra muy pequeñaja, tal y cual.

Le digo: "Papá, yo no sé, tú, con las gafas,

aquí te vas a hacer un lío del demonio".

Si quieres, le digo a mi gente que te haga el discurso

como las notas que llevo yo. Que yo llevo un papel,

solo ocupo medio folio y, además, con una letra enorme.

Para que, con un vistazo, yo sepa por donde voy

y lo que quiero ir contando".

Total, que le hacemos su folio. Se convirtió, creo que fueron,

en tres o cuatro, una cosa así.

Y, por supuesto, me llevé dos copias.

La suya y otra que tenía, que era de mi jefe de gabinete,

por si acaso.

Total, se sube el jefe al atril, empieza y tal...

Y en uno de los cambios de papeles, no sé qué dice alguien,

levanta la vista, contesta...

Y empieza a leer otra vez el anterior.

Y él se empieza a dar cuenta de que algo...

Empieza a liarse. Y aquello se pone comprometido.

Y yo que me doy cuenta, digo: "Machote, sube con los papeles.

Y sube con su copia en la parte por la que tenía él que continuar".

Pero el tío agarra el papel y lo vuelve a cambiar.

Bueno, se monta un lío ahí. Que conoce todo el mundo.

Y en un momento determinado, no sé si oye allí,

pero yo creo que en las imágenes se debe de oír,

alguien dice: "Suárez, olvídate de los papeles.

Queremos oírte a ti".

Oye, y aquello lo animó, tiró por donde quiso.

Yo he venido aquí a hablar de mi hijo,

mi hijo tal, cual. Mintió todo lo que pudo

poniéndome bien. Y todas esas cosas.

Y salió. Y aquello terminó y fuera.

Para sacar a mi padre de aquel mitin

nos hizo falta una hora y media.

Para recorrer 50, 60 metros hasta la puerta.

Lo comieron vivo al hombre. Y el hombre estaba feliz.

¿Tú eras consciente, o pensabas que no era

una casualidad lo que había pasado? No, yo sabía que había estado mal.

Entonces, yo todavía no tenía... Mi padre lo único que hacía

era repetirte de vez en cuando las cosas.

Pero se desenvolvía con normalidad. Tenía alguna cosilla,

pero, si yo tengo que decir las veces que me olvido de cosas.

Ya, ya. Tela marinera.

Entonces, de repente

oigo a mi padre contar la historia.

Dice: "Oye, Adolfo, muchas gracias. Qué bonito ha sido.

Yo, que hacía que no iba a un mitin tantos años.

Cómo me han tratado. ¿Tú te has dado cuenta?".

Y estaba el hombre encantado por el cariño que había recibido.

Entonces, claro, a mí se me caían unos lagrimones como puños.

Pero dije: "Mira, chico, bendito sea Dios.

O sea, si esto ha servido para darle este baño

de cariño a mi padre, encantado".

Claro. Yo me sentía muy culpable.

"Coño, ¿qué ha pasado aquí?".

Ya te digo, poco después, fue cuando Carlos

se metió a fondo en el asunto.

Y fue cuando nos dijo que no, que de depresión ni hablar.

Que era lo que yo creía en el fondo.

Mi padre, con la muerte de mi madre,

había entrado en depresión.

Y ya las cosas fueron distintas, hubo que tomar medidas.

Muy poca gente sabe que toreas de toda la vida,

pero que toreas en serio,

es una cosa francamente curiosa.

Cuando empecé a torear, en festivales...

Padilla me dijo una cosa: "Mira, hermano,

o te pones delante de un toro o te retiras.

Porque, si no, con lo que tú eres, con lo que representas,

alguien lo va a malinterpretar.

Yo creo que él me lo decía para que me retirara.

Y lo que hizo fue lo contrario.

Dice: "Si tú tienes narices de enseñarme,

yo tengo narices de aprender".

¿Y no te apetece tomar alternativa? Puedo hacerlo

porque tengo mi carnet profesional, tengo mis festejos cumplidos,

podría tomar la alternativa esta tarde?

¿Ah, sí? Pero me lo han ofrecido,

me lo han ofrecido mis compañeros los toreros,

pero creo que sería traicionar.

Creo que hay que mantener un respeto

que le debo a los toreros.

Lo sigues haciendo por afición, porque te divierte y ya está.

Pasión. Entonces, fantástico.

¿A ti cómo se te ocurrió meterte en política?

Joder, tienes tú unas cosas.

¿Y a ti cómo se te ocurrió cantar con la familia que tenías?

Pues rodando, rodando.

"Rodando, degenerando", decía Belmonte.

"Degenerando, degenerando".

Y un torero metido a político que eso era el degenerar.

Bueno, hay una parte romántica digámoslo así.

Era el trabajo de mi padre, yo lo admiraba.

Sí tengo vocación política,

sí creo que es bueno

que gente que no es político

pueda entrar en política,

dar un tiempo de su vida y salir.

¿Cómo ves España hoy?

Yo la veo siempre con esperanza y con ilusión.

Todo depende de nosotros.

Es decir,

podemos salir adelante y podemos hundirnos,

pero no vamos a flotar porque sí.

Hay que trabajar, nada está ganado,

la democracia hay que ganársela cada día.

Por eso dimitió mi padre en su día,

porque pensó que él era un tapón.

Yo creo que las apariciones de extremistas

como los que aparecen en España,

lejos de ser malas,

si las sabemos aprovechar, son oportunidades,

oportunidades para aprender.

La gente está hasta el gorro de los políticos.

Hemos dado una imagen pésima y me incluyo,

una imagen pésima.

Debemos ser capaces ya de decir: "Señores míos, perdón,

nos hemos equivocado mucho estos 30 años en muchas cosas

y hay que poner rumbo otra vez".

Debemos ser capaces de olvidarnos de la gestión,

que está muy bien, pero que se da por hecha,

y poner la vista en la política.

La política es ilusionar,

es poner un futuro delante de la gente y decir:

"Yo no sé si usted tendrá un futuro mejor,

pero si hacemos lo que propongo, sus hijos sí lo tendrán".

¿Cómo fueron esos últimos años?

¿Cómo crees tú que los vivió él?

¿Cuáles? Los últimos que ya estaba enfermo.

¿Los de la enfermedad?

¿Él se daba cuenta? Diría que entrañable.

Tú conoces bien a mi hermano y te podría decir casi lo mismo.

Él lo ha vivido conmigo, Laura y Sonsoles,

los cuatro hemos estado permanentemente al lado de él.

Ha habido momentos difíciles,

sobre todo al principio,

en el que él estaba más beligerante

por decirlo de alguna forma,

pero eso duró muy poco.

Y luego, la enfermedad no sé cómo explicarla, pero...

Puede ser una bendición si sabes aceptarla.

La enfermedad le acaba, digámoslo así,

borrando la base de datos,

pero no le borra su forma de ser.

Es verdad. Le lleva a su punto más entrañable.

Está desinhibido, pero no deja de ser él.

Es curioso las muestras de cariño,

de educación.

Era un dulce, era un placer pasear con él,

yo pasaba horas paseando con él por el jardín,

para arriba, para abajo.

Te iba diciendo cosas sin sentido al principio,

luego ya no te podía decir nada, solo la mirada.

"Este otro, no sé qué... Tal...". Claro.

Fue algo entrañable.

Y los últimos días fueron complicados,

sobre todo los dos últimos en que avisé

que aquello se iba y porque tenía un compromiso

con todo el mundo, porque mi padre no era solo mi padre,

era alguien público y creo que de los españoles.

Y me comprometí a informar de las variaciones

que fueran ocurriendo.

Y, caray, que te digan que tu padre durará 48 h es un cambio.

Y así lo comuniqué.

Y antes de entrar

en el declive final,

hubo un momento, no de lucidez,

pero sí de bienestar.

Muy sonriente, le visitaron sus hermanos,

estuvimos a su alrededor,

se rió un montón, nos regaló sonrisas a todos.

Dulce.

Bueno, yo no sé... Vamos, no he visto muchas visitas,

pero ¿le visitaba gente o tenían intención de visitarle?

Tú supongo que controlarías. Intención sí, muchas, muchas.

Había mucha gente que quería verle. Visitas no.

Yo con mis hermanos llegamos a un convencimiento

y era que, si a esto no se le ponía orden,

podía acabar convirtiéndose en un rosario.

Sí.

Y Adolfo Suárez no estaba en condiciones.

Entonces pusimos una raya que siempre es injusta.

Y yo entiendo y pido perdón a todo aquel al que haya ofendido

o le haya molestado

no permitiéndole el acceso a mi padre.

Pero solo la familia.

La familia entra, lo que no es familia no entra.

Y me refiero a un grupo familiar muy restringido.

Sus hermanos, sus hijos, sus nietos.

Punto.

Pero además, con eso claro, había que cumplir el trabajo.

"Oye, yo no tengo secuestrado a mi padre,

ni mis hermanos y yo hacemos nada raro con él".

Y necesitábamos algunos cómplices

fuera de la familia que pudieran ser testigos

de lo que ocurría.

Y hubo tres, que fueron el Rey, como no podía ser de otra forma,

que ha tenido acceso libre e ilimitado a mi padre

y ha venido a visitarle con cierta frecuencia.

Una persona que yo necesitaba y él también,

su confesor,

don Antonio Cañizares,

que había sido el arzobispo de Toledo,

cardenal primado de España en mi época de la campaña

y había sido obispo de Ávila

y tenía mucha relación con mi padre.

Y un tercero que yo necesitaba que fuese un contrario.

Yo había tenido muy buena relación con él,

en contra de lo que se inventan,

y tenía deseo de conocer en qué situación estaba.

Para mí fue un gran honor que me permitieran visitarle.

Y le pedí a Alfonso,

con el que tengo una relación muy buena.

Tipo personaje.

Un personaje muy profundo, con muchas cosas.

A mí me ha demostrado ser un hombre de palabra

y eso vale mucho. Sí.

Y ha estado preocupado por mi padre permanentemente.

Cuando uno se encuentra con una persona

que ha tratado en su plenitud

y le visita con una enfermedad tan terrible,

¿qué es lo que uno siente?

Es una mezcla de sentimientos y sensaciones.

En primer lugar, es un poco de tranquilidad,

porque su apariencia era muy buena.

Después hay una sensación extraña

cuando ve que busca las palabras y no las encuentra.

Y al final una inmensa tristeza de una persona tan importante

que estuviera perdido en la nebulosa.

En la memoria tenemos todos una foto que, además, es tuya,

que yo no lo sabía,

que encima haces fotos buenas.

Además de escribir, había una foto espectacular,

la que salen de espaldas el Rey y tu padre.

¿Cómo fue ese momento?

El Rey me comunica unos días antes de concedérselo

que lo va a hacer, el tema del toisón.

Y yo, pues no sé, alegría me da,

no sé qué, no sé cuánto.

"Tenemos que organizar algo

para ver cómo lo hacemos.

Tú me dirás si quieres que sea en Zarzuela,

si quieres que sea en tu casa... Lo que tú me digas.

Y quiero tener un recuerdo, una foto...".

En aquel momento me dio como un repelús,

una foto de mi padre... No sé.

Total, que pasó el tiempo,

casi un año,

y entonces, hablando con otro amigo muy conocido,

Julio Iglesias,

me dio la idea de hacer una foto de espaldas.

"¿Y por qué no la haces de espaldas?"

Mira, idea de Julio. Es idea de Julio.

Él me dijo textualmente:

"Oye, ¿por qué no le haces una foto de espaldas

caminando en un sendero con palmeras y tal?"

Dije: "No, Julio, te has pasado con las palmeras".

Pero yo sí vi en ese momento el tiro de cámara

de esa esquina de casa, de los bambúes que están ahí

y dije: "Esta es la idea".

Llegaron los reyes, vino con él el toisón,

que es un armatoste, que luego me visteis con él andando

y se lo entrega.

Mi padre no hizo ni puñetero caso al tema del collar,

lo miró en tal caso, el Rey se dio cuenta rápido

y se lo entrega al ayudante, sale con él

y de repente mi padre le dice al Rey:

"¿Y tú quién eres?".

Y dije: "Uf, la que se va a liar aquí, a ver qué pasa".

Y el Rey que tiene más tablas que el Teatro Real,

por decir algo, le dice:

"¿Quién coño voy a ser, idiota? Tu amigo, el Rey, Juan Carlos".

Y le echa el brazo por encima.

Echa una sonrisa extraordinaria, se siente feliz,

cosa que no era fácil en aquel momento,

porque podía salir por cualquier lado.

Oye, y se van charlando los dos hacia la esquina de casa

y le digo: "Para allá, sigan".

Y yo me tiro al suelo con la cámara

y, cuando me doy cuenta, estaba en manual la cámara.

Digo: "La madre que me parió".

Mira, hice lo que pude y disparé cuatro o cinco fotos.

Plas, plas, plas.

Y las veo en la pantalla y veo esta.

Digo: "Esta es". Y le hago al Rey así.

Y ellos siguieron charlando por allí.

Me parece una imagen fantástica,

envidiable, porque esa foto es la que podíamos soñar

muchos de los profesionales, el haberla hecho.

La foto evoca sentimientos

que es lo importante.

Efectivamente,

se les reconoce perfectamente.

Sí, perfectamente.

Sin duda fueron dos personajes que en un momento histórico

tuvieron una trascendencia extraordinaria

y que quede ahí vigencia de que su relación

aun en un estado tan diferente permanecía,

es un buen reflejo de una etapa de transición.

La verdad que fue una persona tan querida

porque el día que murió

recibió el cariño de toda España.

Aquello fue un espectáculo.

Yo creo que desde el cielo lo agradeció

y yo desde aquí lo hago todos los días.

Pero también me gustaría insistir

en que no solo es emoción del hijo.

Yo creo que es bueno

que los españoles seamos capaces de reconocer

a próceres de la patria.

Suena un poco grandilocuente,

pero es necesario tener gente a la que imitar.

Todos tenemos defectos.

Adolfo Suárez los tenía enormes

y seguro él conocía alguno que nosotros no,

pero es un hombre que hizo cosas grandes.

Olvidémonos de los defectos.

No es que haya que olvidarse y decir que es perfecto, no,

pero hay que centrarse en lo que hizo bien,

en lo que hizo bien Santa Teresa,

en lo que hizo bien Felipe González,

Torcuato, Santiago Carrillo,

Jaime Lamo de Espinosa,

lo que hizo bien Perico el de los palotes...

Todo el mundo.

Y si tenemos la capacidad de señalar

qué es lo que hizo bien cada uno, jalearlo e imitarlo,

seremos cada día un poco mejor.

Me da igual que sean del PSOE, del PC o del PP.

¿Le sigues echando de menos aún? Sí.

(SUSPIRA)

Lo que quería con este programa, aparte de darte un abrazo,

como siempre que nos vemos, era hacerle un homenaje,

mío y de todo el equipo,

a tu padre, porque creo que es una parte importante

de la historia de España,

que además la gente de nuestra edad la vivió muy consciente

porque éramos conscientes de saber qué pasaba,

y la verdad que no hay palabras de agradecimiento

para expresar lo que pasó, cómo pasó y lo bien que pasó.

Pues en su nombre y el de mis hermanos, gracias.

Y, bueno, que todos sepan también que eres...

Bueno, dignísimo hijo de tu padre. Bueno, eso es difícil,

pero tampoco me lo planteo.

Gracias. Gracias de nuevo a ti, Bertín.

"Sí que lo es,

el más digno sucesor del hombre de la transición.

Tan parecido a él que, por momentos,

he sentido que con quien hablaba era con el padre

y no con el hijo.

De nuestra conversación me quedo con varios momentos.

Algunos entrañables, como la inquebrantable fe

en sus padres y la concordia entre paisanos.

Otros tiernos, como su congoja al ver al Suárez hombre

ya mermado, emocionado por el calor de la gente.

Y otros curiosos, como que detrás de esa última foto con el Rey

estaba Julio Iglesias.

Pero lo que sin duda supera a todos ellos

es el honor de que me hayan narrado casi en primera persona

y en mi casa, uno de los capítulos más apasionantes

de nuestra historia reciente.

Querido Adolfo, cómo no echar de menos a su padre."

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En la tuya o en la mía - Adolfo Suárez Illana

04 nov 2015

El programa contará con el testimonio de Adolfo Suárez Illana, el hijo del hombre de la Transición, Adolfo Suárez. Una entrevista en la que Suárez Illana dibuja la figura de su padre desde los ojos de un niño que, de pronto, ve que su vida se traslada a un palacio; de un adolescente que ve cómo su país experimenta cambios determinantes trazados desde su casa; de un hombre maduro que ve cómo su padre, poco a poco, va dejando de ser el que era. En la tuya o en la mía’ se convierte en el relato narrado, casi en primera persona, de uno de los episodios más apasionantes de la historia reciente de nuestro país.

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  1. Maria

    Preciosa entrevista....muy emocionante...suscribo las palabras de Irene.

    08 ene 2016
  2. Ana

    Completamente de acuerdo con Irene. Yo no podría expresarlo mejor. Felicidades por el programa.

    30 nov 2015
  3. mcserra

    he visto todos tus programas, y estoy de acuerdo con Arturo Fernandez donde está el asesor de imagen del programa que te deja repetir camisa horrorosa por cierto con Carlos Suarez y Pedro Sanchez,es que es la camisa de los políticos, por lo demás enhorabuena,me encanta como eres,no cambies

    26 nov 2015
  4. Irene

    La entrevista más emocionante, limpia y profunda hasta el momento. Gracias Bertín por hacer un programa tan EXCELENTE, gracias por conducirlo de esa manera tan natural y cercana y gracias por invitar a personas tan extraordinarias como Adolfo Suárez (hijo). Ojalá y los políticos actuales tomaran el ejemplo de humildad, sentido de la responsabilidad, honor y respeto que tuvo su grandísimo padre y que heredó su hijo. Pedazo de entrevista. Felicidades!!

    22 nov 2015
  5. Gran61

    Extraordinaria entrevista. Me ha hecho emocionarme y recordar todo aquello que viví en primera persona ya que en aquella época tuve la oportunidad de votar por primera vez a un político estupendo que fue Adolfo Suárez del que tengo un gran recuerdo y cariño y para mí ha sido volver a vivir un poco aquella época. La entrevista ha sido entrañable, una conversación entre amigos. Me gustaría dar las gracias a Bertín porqué nos ha dado la oportunidad de conocer mejor a Adolfo Suárez y también a su hijo el cual me ha parecido una gran persona. Creo que el éxito de tus entrevistas está en que lo haces con gente a la que admiras y eso se transmite. De momento sigue siendo mi programa favorito Un abrazo

    18 nov 2015
  6. Luisa valeriano

    La entrevista a Adolfo es entrañable, limpia y cumple sus objetivos: humanizar la historia. Bertín, eres el mejor. Gracias también al equipo maravilloso que es capaz de desvelar el mundo del invitado trasmitiendo respeto y cariño. Chapeaux

    15 nov 2015
  7. María

    Extraordinaria entrevista que nos ha permitido conocer a otro hombre extraordinario, Adolfo Suárez hijo. Adolfo, has demostrado una admiración infinita a tus padres y un enorme respeto a los que de verdad le quisieron, sean afines ideológicamente o no. Es todo un privilegio haber compartido la vida con un padre tan especial. Gracias por haber permitido conocerte un poco mejor.

    14 nov 2015
  8. Beatriz

    Es una clase magistral de Honor,Sentido del Deber,Amor Familiar y Muestra de Valores tan poco usuales hoy en dia, hay que ver el reportaje mas de una vez para sacarle todo su fruto. Enhorabuena a los dos.

    09 nov 2015
  9. ana

    Excelente clase de historia, contada con verdaderos sentimiento .

    08 nov 2015
  10. Alexis

    Excelente,excelente,excelente,....

    08 nov 2015
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