Presentado por: Bertín Osborne

'En la tuya o en la mía', presentado por Bertín Osborne, acerca a los espectadores el lado más desconocido de personajes relevantes de diversos ámbitos. Pablo Alborán, Mariló Montero, Carmen Martínez Bordiú, Pablo Motos, Lolita y Elena Furiase, Jesús Janeiro y Adolfo Suarez Illana abren las puertas de su casa o acuden a la del presentador para conversar sobre distintos temas de interés.

El eje troncal del programa será una conversación entre el invitado y el presentador, una entrevista que podrá ser completada con momentos vividos por ambos durante las horas compartidas: un almuerzo, la elaboración de una receta de cocina, la práctica de algún deporte...

En ocasiones, el programa se enriquecerá con imágenes del álbum de fotos del invitado y/o del archivo de TVE, que servirán para ilustrar determinados momentos de la conversación, y también con breves intervenciones del entorno del invitado o de personas que pueden contribuir a que el espectador lo conozca en toda su dimensión.

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En la tuya o en la mía - Bibiana Fernández - ver ahora reproducir video 01h 26 min
Transcripción completa

Bibiana Manuela Fernández Chica.

Chica por su madre, y por su destino.

Pocos nombres pueden decir tanto como el de esta amiga mía,

que siempre tuvo claro lo que quería.

Quería ser yo. Quería ser la mujer que está hoy aquí sentada.

Joven, pero la mujer.

Bibiana es actriz, cantante, modelo y presentadora,

pero Bibiana es Bibiana por encima de todo y de todos.

Había que sacrificar lo que fuera, y lo que fuera significaba padres,

madres, familia, lo que fuera.

No importaba nada, porque elijes entre el mundo y tú.

Se eligió a sí misma y para ello tuvo que emigrar.

En busca de un destino cambió por la noche barcelonesa

su Tánger natal.

Tengo muy buenas amigas de aquella época: Elianne, Rosa...

Que ellas, trabajar de alternador

se creían que era ir un día sí y otro no.

"No, nena, alternar es beber". (RÍE)

En los 70 se hizo un nombre en el espectáculo,

un nombre propio,

aunque se lo copió a una actriz sueca.

Fue Bibi Andersen, reina del cabaret y de la revista,

hasta que el cine llamó a su puerta.

Cuando dicen: "¿Te molesta el apellido Almodóvar?".

No, es un honor. Primero, que me llamen chica.

Que con 62 años me llamen chica me gusta mucho.

(RÍE) Chica Almodóvar, Chica de apellido,

chica por derecho. Chica por los cuatro costados,

aunque del dicho al hecho haya habido tanto trecho.

Pero nunca una chica cualquiera, sino toda una mujer de bandera.

Hay una fotografía que tengo en la que yo, si os fijáis...

(RÍEN) Yo estoy mirando bizco

al balcón de la luna. Era el balcón de la luna.

Balcón palpitante

al que se han asomado múltiples amantes.

Nunca ha tenido inconveniente en hablar de su vida,

quizás porque la ha construido con sus propias manos.

Tampoco le falta pudor para preguntar por la mía.

Dime la verdad, ¿te has vestido alguna vez de mujer?

Prometo no dejar tampoco yo preguntas sin respuesta,

porque sé que tú, Bibiana, antes que callada, muerta.

Y yo te quiero así de viva, de valiente y de auténtica.

Y te agradezco en el alma que hayas aceptado

abrir a este admirador las puertas de tu casa.

Mira, Hope, hoy viene Bertín. ¿Tú cómo me ves con este Dior?

Es bonito, es rojo, es llamativo... Ese programa tiene mucha audiencia.

Yo quiero estar mona, pero me parece que es mucho.

Igual se cree que le estoy tirando los trastos.

Vete tú a saber.

No sé, la gente igual me ve demasiado puesta.

Herrera, tú vas a venir, ¿no?

Yo ya estoy aquí en casa de Bibiana.

Parezco un novio antiguo con el ramo este.

Mira, después tenemos espaguetis a la puttanesca.

Este de Dolce & Gabbana.

Fíjate cómo queda Dolce & Gabbana a la puttanesca

con unas flores rojas aquí y unos corales, y un peperoncino.

Es muy italiano, cariño. Oye, ¿no opináis nada?

Oh, pero estos son una mierda de perros.

Los perros tenéis que opinar.

Sí. Para comer con nosotros, ¿no? Vale, vale.

Yo qué sé. No, tú no tienes que hacer nada de comida.

Ya lo han arreglado aquí, yo qué sé.

También me puedo quedar con lo que tengo,

que estoy más sencilla.

Bertín es muy llano. Bertín es campechano.

Esto le va a gustar más, le va a parecer más campero.

Tengo muchas versiones, lo que ustedes queráis.

(RÍE) Yo qué sé si tiene inducción o fuego la cocina.

Ni la campana tampoco sé si va o no. Déjate de cachondeo.

Bueno, vente para acá, que yo ya estoy aquí.

Voy a charlar con ella y te esperamos. Venga, adiós.

Corto y cierro. Adiós. Adiós. Adiós. Adiós.

¿Te gusta este? Esto va con mucho escote.

Esto es todo pecho al aire. Esto todo es "balconet".

Hijas mías, ¡qué poca sensibilidad tenéis!

Y vuestra madre agobiada.

No te asustes, si no te voy a hacer nada.

Solo besos. A vosotros, solo besos.

Solo besos.

(Telefonillo) Llaman.

Espérate, que viene Bertín. Voy a dejar los vestidos.

Yo me voy a quedar con esto y después ya veremos si me cambio.

Uh, los perros. Vienen Rintintín y su hermana.

Vamos a ver...

Si este hombre es ya el que yo espero.

Quítate, Hope, de aquí.

Hombre. Mi vida...

Me imaginaba que eras tú. Digo: "Este ya ha venido".

¿Qué tal, corazón? ¿Cómo estás, hija?

Toma. Oye, muchas gracias.

Las he ido recogiendo por el campo. Son silvestres.

¡Qué maravilla! Se las ve asilvestradas.

Como a mí.

Puedes tomar posición de tu casa. De esta. Y si quiere, se la vendo.

¿También? También te la vendo.

Estamos en venta los dos. Por aquí.

Venga. Estamos en venta todos. Yo también.

Yo también, si quieres, me puedes comprar.

¿Los perros entran?

Los perros, si quieren entrar, que entren.

Oye, ¡qué agradable esto!

Para mí lo más importante es que te sientas cómodo.

Ya era hora que viniera aquí a verte a tu casa,

porque está superagradable y además está muy cerca.

Yo vivo aquí cerca también. Yo te voy a decir

que cuando me vine a esta casa era muy distinta.

La cambiamos mucho. Porque uno de mis novios...

Yo todas las cosas que hice en mi vida

las hice siempre por los novios.

Los hombres han marcado mi vida, hasta hace 10 años o así.

Y además bien. Yo no tengo ningún rencor, todo lo contrario.

Creo que las grandes cuotas de amor de mi vida

se las debo a esas parejas.

Con el que vine aquí, que era un hombre un poco loquito,

y que mis amigos lo han criticado mucho, tiene razón él.

Él puso en mi casa...

En mi camino una casa que es cobijo,

un coche que es libertad y una perra que es compañía.

Él me regaló la primera perra, me compró un coche...

Tuvo mucho valor. Me enseñó a conducir.

Todo en una situación muy complicada, pero me vine aquí.

Y de hecho yo planté ahí una huerta, tenía gallinas...

Después un día se fuera por tabaco y no volvió.

Me dejó con las gallinas, con superproducción de huevos,

que no sabía dónde metérmelos... (RÍE)

Eso me ha pasado a mí también. Claro. Y conserva de tomates.

Porque a él el tomate le gusta mucho.

¿Quién era ese muchacho?

Es que ese es el único que no fue conocido públicamente.

De Asdrúbal o de Javier hablo con plenitud,

pero este, como no era muy conocido y tiene su vida, sus hijos...

Anteriores y posteriores. Porque a mí no me pudo dejar preñada,

pero a todas las demás, las dejó. Y tiene como tres.

Vamos a ver, como el chiste. Organización.

Organización. Vamos a ver, ¿tú dónde naciste?

Yo nací en Tánger. De padres malagueños.

Mi padre es de un pueblecito que se llama Villanueva del Rosario.

Y mi madre, de Málaga. ¿Qué pasó?

¿Qué tiene que ver Tánger?

Mi padre trabajaba para una empresa de coches, Conejero,

y era chófer del dueño de la empresa.

Y después hacía servicios también con camiones,

porque era una empresa de camiones. Se casaron en Tánger, en Ceuta.

Y después de la guerra civil y demás,

se pusieron las cosas feas y se trasladó la empresa a Tánger.

Mis recuerdos son como si fuera... Imagínate una librería

donde las pones por orden alfabético.

Pues mi orden es emocional.

Tengo primero unas connotaciones de vida muy particulares

que hacen que tenga memoria de cuando la gente

no suele tener memoria, porque se te pasa,

pero a mí la mirada hacia ciertas cosas o hacia ciertas personas,

o hacia cierto entorno me resultaba un poco que tenía que reprimirlo,

pues ya eso imprime carácter. Después mis padres se separaron

cuando yo tenía seis años una noche de Reyes.

Eso es lo que ahora se llama una familia desestructurada.

Entonces era que se separaban, se divorciaban y se acabó.

Y me fui una noche de Reyes a una portería

con mi padre en brazos,

con los juguetes en la mano, llorando a lágrima viva

porque allí se había montado la de Dios es Cristo...

Perdóname que te interrumpa...

Tú interrúmpeme, porque si no yo cojo carrerilla.

Como ya te conozco, digo: "Verás tú".

Y me recorro Tánger. Escúchame.

Cuando tus padres se separaron, tú te fuiste a vivir con...

Mi padre. Mi padre era un hombre...

Pues te cuento. Mis padres me tuvieron muy mayor.

Mis padres llevaban 17 años casados cuando yo llegué al mundo.

Mi madre iba... No tuviste hermanos.

No, no tengo. No había más hermanos, eso es.

Cuando mi madre se quedó embarazada,

ya creían que eran trastornos. Y menudo trastorno,

el trastorno era yo. He sido un trastorno toda la vida.

Mi padre a partir de que se separó, en esa época ten en cuenta que...

Los hombres y las mujeres, tenían una vida distinta.

No existía una perspectiva de vida como la que hay ahora.

Y entonces él sentía que el único objetivo

que tenía en la vida era yo.

Con lo cual, no existía otra ilusión.

Era un hombre de 52 años. Se dedicaba al taxi,

en una ciudad pequeña que se fue a vivir con su hermana;

que lo quería mucho, a él y a mí más.

Pero que daba mucho por culo porque era de esas muy quisquillosas.

Ranrán, ranrán... Ranrán, ranrán...

Machaca y machaca. "Porque yo qué necesidad tengo...

Porque fíjate que yo estaba aquí...".

Todo esto en una portería.

Todos durmiendo en una habitación por turnos porque mi padre

era taxista, tenía el turno de noche

y dormíamos por la noche

mi abuela con mi tía y yo en otra cama,

que era donde dormía mi padre por la mañana

cuando hacia el relevo del taxi y yo me iba al colegio.

Yo iba después a comer a casa de mi madre todos los mediodías.

Ten en cuenta que ahí las distancias eran muy cortas.

Pero mi padre nunca hubiera renunciado a mí.

Mi padre no quería que fuera a comer a casa mi madre,

pero yo iba a comer. Y fingía que no comía,

pero comía en los dos sitios. Con 12 años pesaba como 80 kilos.

Por eso digo que siempre he tenido un espíritu conciliador.

Vamos a ver, aparte de por cariño, más conflictos de los que hay,

yo no quiero. Yo me llevo bien con todos ellos

y he tenido conflicto con todos ellos.

A mi padre lo he echado mucho de menos de más mayor,

sobre todo, no para rendir cuentas, sino para poderle homenajear

y devolverle el cariño inmenso que yo le tenía.

Un cariño que no se podía mostrar del modo que se mostraba

porque entonces existía más pudor

y porque las circunstancias mías personales

no me permitieron crecer cerca de él.

Yo me exilié cuando tenía 13 años. Decidí irme a estudiar fuera,

porque no quería crecer en el entorno familiar

porque no me parecía propicio

para alguien que iba a crecer de no sé qué manera.

Mi padre, por las noches, como era taxista de noche,

pues se quedó con el servicio

de casi todos los bares de alterne de Tánger.

Recogía a todas estas mujeres. Ah, vale.

Y en algunas noches de amargura, supongo yo...

Esto es una visión desde la perspectiva del tiempo.

Vas a recoger... Como tú cuando vas a recoger

a un amigo en la discoteca y tienes un marrón y te quedas allí colgada.

Si te quedas allí colgada, ¿qué vas a hacer en un bar?

Pues beber. Y a las 08:00, que era cuando él venía

a recogerme para el colegio... El día que no venía,

era porque había habido algún conflicto.

Entonces yo no iba al colegio y me iba a buscarlo por los bares.

No he cerrado yo bares... Y miraba por debajo de las puertas,

de las persianas esas que bajan... "Papá, papá".

¿Con qué edad? Con ocho o nueve años.

Sí. Y yo,

que fui amante del cine negro,

incluso del cine negro de serie B...

Toda esa atmósfera me gustaba, porque yo no distinguía lo real

de la ficción, porque mi vida era natural.

Yo tuve una vida muy natural. A pesar de que las circunstancias

que me rodeaban siempre fueran en puro conflicto,

la vida después era natural. De los niños que viven

en zonas de conflictos, ahora en Siria, en la guerra...

A pesar del terror en el que viven, esos niños siguen siendo niños,

siguen jugando. Cuando les cae la bomba, corren;

pero mientras no cae la bomba, siguen jugando, porque son niños.

Yo tenía la edad que tenía y jugaba.

¿Cómo no iba a jugar?

¿Cómo recuerdas esa época de tu vida?

Siempre con mucha alegría. Siempre he vivido la vida

con mucha alegría. Tiene que ver con mi carácter.

¿Eres optimista de naturaleza? De naturaleza.

Dicen que los optimistas somos tontos.

No, no. Yo lo soy también y... Soy optimista por naturaleza.

Y vivimos felices. Allá los demás si no quieren serlo.

A pesar de todo eso. Eso no significa que todo eso

no me llevara a momentos de dolor, a llantos por las noches,

a extrañar a mi madre,

a soñar y pensar en situaciones felices...

Yo creo que todo lo que viví me hizo más fuerte,

porque yo ya en esa época me tenía que enfrentar a esas situaciones

y a la mía propia, que no estaba en el ajedrez,

en el tablero. Con lo cual estaba toda esa

y después la mía interna. Yo tenía mi vida cotidiana,

que era el colegio, los juegos, los amigos, las calles,

el escondite... Todo eso que dicen que le hemos robado en la infancia

a los críos, porque ahora juegan en las casas con los ordenadores

y no tienen esa vida social. En la calle se aprende mucho.

Yo llevo en las calles...

Cuando digo que me voy a las calles...

Las calles son infinitas,

porque llevo en la calle desde que tenía seis o siete años.

Vamos a retomar ahí, cuando tenías esos 13 años,

que te fuiste de tu casa. ¿Adónde te fuiste?

Me fui a Málaga a estudiar Formación Profesional.

A mío me parecía como si fuera... ¿Sola?

Sí, sola. Sí, me fui sola.

Me fui para crecer lejos de ellos.

Una persona que se exila de su vida...

Yo por eso entiendo a los emigrantes.

Una puede emigrar no solamente de una ciudad,

sino de un destino,

porque una lo que busca cuando se tira a una balsa...

Lo que busca no es un país, es una esperanza.

La patera no era patera, era un barco;

el destino no era Málaga, el destino era incierto.

Málaga era como esos campos donde los meten

hasta que los dejan llegar a Alemania o donde sea.

Entonces yo decidí que había que pasar por ese campito

un tiempo, el que fuera, para llegar a un destino

desde pudiera tomar decisiones que entonces o se podían tomar,

no estaban en mis manos. Hiciste Formación Profesional.

Profesional. ¿Estuviste allí mucho tiempo?

Cuatro años. ¿Y qué aprendiste allí?

No aprendí nada. Aprendí a sobrevivir,

que es muy importante. Bueno, eso es mucho.

¡Hombre! En la adversidad, sobre todo.

Era como aprender a vivir en la adversidad.

El destino es el menos oportuno para lo que yo busco,

pero aprendí a eso otro, que a sobrevivir en la adversidad.

Y eso es maravilloso, porque eso después se te queda.

Aprender a distinguir los ruidos, las opiniones,

las que son a favor, las que son en contra...

Como los ciegos, tenía un sexto sentido.

Cuando pasó el tiempo y ya llegué a los 20,

eso era más notorio aún,

porque en ese momento de transición...

No hablo de la política, antes de la política, lo personal.

Pues había ruido a mi alrededor y se ruido yo lo distinguía.

Notaba perfectamente qué representaba cada ruido.

Eso cruzando un restaurante. Desde la puerta del restaurante

hasta la mesa yo escuchaba 20 ruidos.

Las vibraciones. El... (EMITE SONIDOS)

El ruido era lo mismo, pero si era a favor,

si era en contra, si era desprecio, si era raro, si era...

¿Tú cómo te sentías?

Como una especie de...

En el horóscopo chino yo soy caballo.

Creo que en esos momentos me sentía como un caballo loco.

Una vez que tomas una decisión, en mi caso,

esa decisión es un camino que es... No hay marcha atrás.

Irreversible. No hay marcha atrás.

Entonces ya no importa lo que suceda por medio,

no importa la familia...

Fíjate, toda la consideración y todos los esfuerzos que hice

era un poco como para devolver ese amor a mi familia,

para crear un poco de esperanza. Era devolver amor,

nada más que eso. Nada más y nada menos.

Nada más y nada menos. Era devolver amor.

Pero después llegó un momento en que si había que sacrificar

lo que fuera, y eso significaba padre, madre o familia,

no importaba nada, porque eliges entre el mundo y tú.

Y entre el mundo y tú siempre te eliges a ti.

¿Tú ya sabías que querías ser artista,

que querías ser una estrella? ¿Qué querías ser?

¿Querías ser distinta? Quería ser yo.

Quería se la mujer que estoy aquí sentada;

joven, pero la mujer, y ese proceso lleva tiempo.

Yo iba... Yo tuve una cultura cinematográfica muy amplia y...

Claro, si te hablo de Chabrol, Godard,

Truffaut... Tú dices: "Qué culta es con 12 años".

Y una leche. Yo era una burra con 12 años,

pero me interesaban las mujeres

que eran las heroínas de esas películas.

Me gustaba Brigitte Bardot, Raquel Welch,

Ursula Andress, que hizo una cosa con Terence Young,

lo de "James Bond"... Sophia Loren...

O me gustaba la Loren, Claro. Y, además,

guardaba los programas de las películas

y los coleccionaba. Y cuando venía una famosa...

Por eso nunca niego un autógrafo. A veces estoy desesperada...

Si llevo 300, en el 301 no me voy poner borde

o entonces no me han servido para nada los 300 anteriores.

Claro, y firmo el 301. Yo era de perseguir a la gente.

¿Ah, sí? Sí, sí.

Yo perseguía. Era muy mitómana. Eres muy mitómana.

He sido y lo fui mucho más. Después ya una va pasando...

A esta edad ya no sé si soy mitómana.

Ya no sé ni lo que soy. Soy mayor.

(RÍE) Básicamente.

Pero mayor como algo bueno, no como algo malo.

Claro que sí. Eso significa que has vivido.

Es experiencia, es... ¿Y tú sabes lo que...?

Yo he hecho méritos para morirme varias veces

y no lo he conseguido porque tengo mucha suerte.

Viví los 80, los 70, los 90...

Es que son muchos años muy especiales.

¿Cuándo has sentido tú que la gente te aceptaba como eres?

Hace tiempo, pero la principal aceptación

es cuando a ti ya no te importa lo que piense la gente.

Pero a lo mejor tienes un círculo de familia...

Desde todo el respeto. No.

Hay un momento en que ya no cuestionas ni siquiera

si los demás te aceptan o no te aceptan.

Tú ya... Esa es tu vida.

Es tu vida y la has conquistado como los holandeses,

que conquistan la tierra al mar. La has conquistado paso a paso,

echando tierra y más tierra a puñados.

Entonces una vez que llegas a ese sitio, ya dices:

"Ya lo demás...". Yo siento un inmenso respeto.

Vivimos de una profesión que somos personas públicas.

Siento mucho respeto, porque he llegado hasta aquí

también gracias a todos ellos; a su respeto, al cariño,

al trabajo que he hecho, al esfuerzo

y a todo lo que tú quieras, pero hay un reconocimiento

por parte de los demás. Así que este viaje

no lo he hecho sola, lo he hecho en compañía

de la gente de fuera que no te conoce

y de la gente de dentro; los amigos, compañeros,

gente de profesión... Todos han formado parte del camino.

Y todos esos,

desde el colegio aquel que era tan ingrato...

Yo me fui del último curso llorando.

Yo recuerdo nombres de... José Luis Martín Molina,

Antonio Aranda Arjona, José Luis Álvarez Illesca,

Borja Illesca...

Puedo decirte nombres de compañeros.

Me los sé perfectamente. Tengo esa memoria emocional

donde todo está situado entre los novios,

después de los novios, después del primer novio,

antes del primer novio, después de mis padres...

Todo está situado así. Tengo mucha memoria por eso.

¿Ese viaje cuándo consideras que termina

o dónde consideras que termina?

Ese viaje no termina. Empieza cuando llegas al destino.

Ese destino deseado, que puede ser esa Alemania,

metafóricamente hablando... Una vez que pisas ese territorio

y te empiezas a convertir en la persona que deseas ser,

ya estás en el destino, lo que pasa es que ese destino...

Claro, acabas de llegar, eres una extraña.

Eres una extraña en esa vida.

Eres una extraña con respecto a todo.

Eres extraña ante la mirada ajena, porque eres una emigrante.

Entonces todo es diferente, pero ya has llegado al destino,

así que ya has pisado la tierra prometida.

Después te queda por hacer el resto del viaje,

que es toda la vida,

porque todos los días se aprenden cosas.

No creo que haya... La vida te va dando muchas cosas.

Creo que me va a salvar la curiosidad.

Yo voy a llegar a vieja con ganas de vivir.

Cuando dicen que me maltrato, que hago cosas que no debo

y que me meto mucha caña...

Es que me daría mucho coraje morirme nueva.

Creo que lo mismo que se gasta el dinero

hay que gastar también la vida. ¿Sabes a mí lo que me encanta?

Lo bien que lo explicas todo. A mí siempre me ha fascinado de ti,

aparte de tu personalidad, porque uno tiene que tener

una personalidad muy especial para vivir tu vida,

sobre todo, lo bien que hablas, lo bien que te explicas

y lo bien que te expresas en cualquier circunstancia.

Además, utilizas metáforas muy bonitas.

Ver la vida de esta manera y conseguir un objetivo

como has hecho tú, tan distinto,

es fascinante, la verdad.

Sí, además, me parece bueno que cada vez

haya más visibilidad con respecto a este tipo de cosas,

porque... Además, hay términos que no utilizo mucho,

pero que tampoco tengo problema en utilizarlos.

La gente se cree... No, cuando no quiero hablar,

no quiero volver al 70, al punto de partida.

No, pero te digo.

Cuando no me gusta el término "trans",

es porque si tú,

ahora que hay críos y crías con 5 años

que ya consiguen los papeles, afortunadamente,

porque los padres detectan la situación de pequeños

y con lo cual, ya. Si le preguntaras a cada uno,

cada uno te diría que, independiente del sexo biológico,

ellos dirán: "Soy un niño o una niña",

nadie te dirá: "Soy trans". No quieren ser trans.

¿Qué significa trans? ¿Qué?

Si "trans" significa "tránsito", evidentemente

tienen que iniciar un tránsito para llegar a ese sitio,

pero ellas ya sienten eso, lo sienten desde los que tienen

5 años y con menos.

Además, cada vez es más factible que en los colegios exista esto.

Si no quieren ir a los baños de los niños...

Sí; además, debe ser complicado. Claro, es un tema...

La vida es complicada.

Yo siempre digo que es complicada.

Mi abuela María, esa tuvo una vida complicada.

Se quedó viuda a principios del siglo pasado

sin saber leer ni escribir, con cinco hijos.

De esos cinco hijos, perdió a tres,

tiró para delante, cambió de país, de lenguas,

no de religión personalmente, pero terminó en un país árabe,

trabajando en una portería, no sé cuanto...

Y yo recuerdo que mi tía venía y decía:

"Mamá, he visto unos zapatos...".

La hija ya tenía 50, no te creas que tenía 10.

"Mamá, he visto unos zapatos... -Cómpratelos,

si tenemos mucho dinero". Mucho dinero serían 4 pesetas,

4 gordas chicas, ella las tenía liada en un pañuelo,

pero esa cosa, esa vitalidad... Ese espíritu.

Ese espíritu.

Yo pertenezco a esa casta de mujeres,

a mi madre, que pasó un hermano por la frontera de Ceuta

cuando el norte aún era español

y no tenía papeles para meterlo en Marruecos

y lo metió de forma ilegal subiéndolo y bajándolo

de la Valenciana, que se llamaba la Valenciana

los autobuses que hacían Ceuta-Tánger.

Entonces, ¿cómo me va a parecer difícil lo mío?

Claro que ha sido una vida especial,

claro que ha habido problemas, sí, muchos,

también ha habido muchas alegrías.

El problema de estas mujeres es que tenían muchos problemas

y muy pocas alegrías, las alegrías que tuviera el hijo de comer,

que el hijo se casara, que hubiera un nieto...

Cuéntame cómo empezaste a ganarte la vida.

Bueno, uy, eso ya... O dónde empezaste a trabajar...

No, no, sí puedo empezar.

El primer trabajo que hice fue en un hotel que hay en Las Palmas

haciendo camas,

después empecé con Plaza & Janés.

Entonces notaba que no podía formar parte de una empresa.

Vendiendo libros. Vendí los Pulitzer...

Tú tienes que ser buena vendedora.

Yo vendía neveras a los pingüinos si tuviera que vender,

vendí una lotería que se llamaba La Rápida,

que era ilegal en Málaga,

pero no puedo decir

que no haya tenido suerte en la vida,

no he tenido suerte en el azar.

Tu primera oportunidad de un trabajo...

Sí, te cuento.

Hay un cabaret en Málaga que se llama Pigalle

y yo iba a venderle La Rápida allí.

Entonces, un día de los que fui a vender lotería,

había una señora que cantaba rancheras en esa época,

tenía buena voz, pero ya había empezado el destape,

entonces lo hacía con unos ponchos transparentes

y yo decía que hacía ranchera y un poco de porno.

Era una manera de situar la cosa, pero no hacía porno,

hacía semistriptease, pero cantando rancheras.

Que tú dime a mí los dos géneros, pero era lo propio de la época.

Es que la época esa es una época tremenda,

vista con la distancia del tiempo es una etapa gris y oscura,

pero si la miras con humor, tiene su punto de gracia.

Entonces, yo llegué allí, ella me vio y dijo:

"Con esta hago yo dinero".

Y me ofreció formar parte de un ballet,

un ballet donde íbamos a actuar, a hacer un número musical,

de cabaret, lo que fuera, y después alternar.

Pero por aquel entonces, que era el 75,

se pedía el carnet del sindicato del espectáculo

y, claro, qué carnet de qué sindicato iba a tener.

No sabía si presentarme a circo, variedades, trapecio,

domadora de leones, porque te valía todo,

con el carnet este podías hacer cualquier cosa,

pero a mí no se me ocurrió presentarme.

Con lo cual, me quedé enganchada en Barcelona.

Y un día una amiga leyó un periódico y ponía:

"Se necesitan chicas para la cadena Ferrer".

¿Qué era la cadena Ferrer?

Era una cadena de cabarets de Barcelona,

tenía el RÍO, el New York y el Míster Dólar

y yo empecé como alternador en Míster Dólar.

Tú fuiste a acompañarla. A acompañarla.

Como estas que van con una modelo y la eligen a ella.

Sí. Yo fui a acompañarla.

Y se quedaron con mi amiga y conmigo.

Y no solo se quedaron, sino que iban a abrir una sala

y proponían hacer un espectáculo nuevo en Barcelona.

Yo creo que es de las cosas que recuerdo con más dolor

de mi vida, porque es de esas cosas que no puedes borrar

de tu pasado y que las haces en esos momentos

porque es eso o la nada,

pero eso sí es algo que no recuerdo con cariño.

Pero por nada, ¿eh?

Después tengo buenas amigas de aquella época.

Pilar, Sonia, Elián, Rosa...

Que ellas trabajaban de alternador y se creían que alternar

era ir un día sí y un día no y alternar es beber.

No puede ser que tú vayas un día sí y un día no.

¿Tú ya eras Bibi Ándersen? Sí, sí.

Cuando llego a Barcelona...

Claro, tras el cine que vi en Tánger,

vi el arte y ensayo en Barcelona,

entonces, en el arte y ensayo vi a Bergman

y entonces me parecía un poco coñazo,

incluso después, pero había que ver a Bergman.

Entonces, sabía quién era Bibi Andersson,

la actriz sueca.

Yo creo que entre un montón de nombres,

que los nombres de cabaret eran muy falsos,

eran unos nombres muy de mentira,

Bibi Andersson era un nombre de verdad.

Ellos se equivocaron y pusieron una O.

Entonces, por qué no,

qué más me daba,

nadie se iba a creer que la Bibi Andersson de Bergman

estaba trabajando en un cabaret de Barcelona.

¿Y cómo fue tu primera oportunidad en el cine?

Pues fue allí, trabajando en el cabaret,

con Vicente Aranda.

Vicente es un gran cineasta,

lo que pasa es que,

como esta película tiene que ver

y emparenta con la época del cabaret,

es la única cosa que también me molesta.

Quiero decirte que no me reconozco en esa mujer.

Pero sí era un grandísimo director,

todos mis respetos para Vicente Aranda,

pero es una época de mi vida que me gusta menos.

¿Y cuándo empezaste o cómo conociste a Pedro Almodóvar?

Eso vino después.

Yo vengo a Madrid a la revista.

Cuando termino la revista,

y a pesar de las necesidades económicas,

Hispavox me propone grabar un disco.

# Bom, pom, pom.

# Cuando llegas, # me hace el corazón.

# Como un rifle de repetición.

# Que no consigo parar. #

# Tanto.

# Porque tú sin decirme nada,

# tú me abrazas y me amas.

# Tanto.

# Porque yo estoy enamorada,

# porque yo sin ti soy nada. #

Y me pareció que era importante porque te daba una visualización

y alcanzaba... Siempre era un camino para ir a otro lado.

Yo no me he bajado de la balsa.

O sea, la balsa esa metafórica yo no la he dejado,

no la dejo ahora aún, yo sigo siempre en una balsa.

Siempre me parece que una cosa te llevará a la otra

y que la otra...

Esta profesión es muy así. Es así.

Tú conociste a Pedro en esa época. En la época de la movida.

En la época de la movida en una terraza de Madrid.

A partir de entonces, siempre digo que mi relación con Pedro

ha sido mucho más emocional que profesional.

Lo que pasa es que cuando dicen: "¿Te molesta el apellido Almodóvar?

-No, es un honor".

Primero, que me llamen chica con 62 años...

(RÍE)

Mucho, te vuelves loca.

Sea de Almodóvar o lo que sea.

Pero si es Almodóvar mucho más, porque quiero decirte,

cuando tú vas por el mundo,

la gente que te conoce, te conoce gracias a Pedro Almodóvar.

¿Hiciste con él una película enseguida?

No, tardé más tiempo.

Que fue "Matador", ¿no?

La primera colaboración que hago, antes que "Matador",

hago un tráiler para la Edad de Oro

que es "Tráiler para amantes de lo prohibido".

¿Qué pasa, no lo ves? Sí, está muy bien.

-No puedes hacerme esto.

¿Y por qué no si me apetece?

He dejado a mi familia y a mis hijos por ti.

Y yo te dejo a ti por estas dos pollas.

Vamos.

Y después viene "Matador"

y después "Kika"

y después por orden vienen las otras, "Tacones"...

Pero trabajar te permite ver esa atmósfera que se crea.

Y eso de la chica Almodóvar, ¿cuándo empezaron a decírtelo?

Entonces, hay mujeres que han trabajado con Pedro

más que nosotras, pero Rossy, Loles y yo,

por alguna razón, seguimos siendo chicas Almodóvar.

No sé,

quizás porque fuimos las primeras

que salimos del huevo almodovariano como quien dice,

pero somos muchas las chicas Almodóvar.

Lo bueno es que lo de chica al principio te hacía gracia

y ahora cada vez te hace más gracia porque te haces más mayor

y que te sigan llamando chica...

¿No se lo dicen a Marisa Paredes? Y Marisa ha trabajado más,

pero quizás porque Marisa tiene una trayectoria más amplia

o porque viene de un cine de antes,

pero tampoco lo tiene Victoria Abril.

Por alguna extraña razón, hay una serie de mujeres

que somos más reconocidas como chicas Almodóvar,

aunque las chicas Almodóvar, si se entiende por actrices,

la lista es interminable.

Adriana Ugarte, que ha hecho la última,

que aún no se ha estrenado... Penélope también hizo.

También, y Carmen.

Carmen era la mujer que empezó a trabajar con él

y que tuvo las primeras grandes películas de Pedro

y que eran muy grandes.

Oye, ¿no has pensado que hay cierta similitud

entre tu vida y películas de Pedro? ¿Sabes lo que pasa?

Tu vida podría ser una película de Pedro,

es a lo que me refiero. Pues fíjate...

Yo se lo decía a Pedro.

Cuando Pedro, a veces, en mis relaciones emocionales

me implicaba y había mucho sufrimiento,

además de la dicha,

pero claro, la dicha la vive una más en la intimidad

y no siempre los demás son testigos.

En cambio, el sufrimiento, como es más escandaloso,

por eso le gusta más a él la mujer como elemento narrativo

que el hombre.

Pues aquello que escribía me lo censuraba.

Me lo censuraba, como amigo, desde el cariño.

Sí, sí. No quiere ver el dolor de su amiga.

Me duele tu dolor, pero esto es lo que tú escribes.

Claro, no es que yo sea una heroína de tus películas,

yo amo como esas mujeres desesperadamente

que existen en tus películas, o esos hombres.

Una vez que amas desde ese lugar no pertenece a un sexo,

pertenece a una condición, que es la pasión.

La pasión es como la fobia, no la puedes racionalizar,

no puedes decir: "¿Por qué te da miedo esto?

Es una tontería". Lo otro es lo mismo,

no lo puedes racionalizar. Si no hubieras sido artista,

¿crees que en alguna cosa hubieras destacado?

Creo que me hubiera gustado ser periodista.

Ah, mira. Soy muy curiosa.

Y no necesariamente cotilleo. Me parece que los corresponsales,

que cada vez hay menos porque salen más caros

y ahora las guerras te las emiten en directo.

Los corresponsales los ha habido maravillosos

en España. ¿Y política?

¿Qué piensas de la política? De la política pienso...

Verás, creo en la política y los políticos,

creo en los seres humanos,

con lo cual creo que hay gente buena,

gente mala. Como en todos lados.

Pero ahora que se habla de nueva política

y de acuerdos y desacuerdos, me valen los hechos.

Creo que ahora mismo que hablamos de nueva Transición,

me río porque yo viví la antigua Transición

y en esos banquillos estaban sentados Fraga y Carrillo.

Más opuestos que esos dos no hay ahora nadie

en el arco parlamentario español,

pero tampoco ninguno tiene esa estatura política,

de ser capaces de llegar a un entendimiento

aunque sea desde una diferencia tan grande.

Tengo ideología, no la oculto y, a pesar de eso,

siento desencanto porque me parece que todo esto está muy bien

si se materializa en algo por parte de quien sea

y realmente se consigue la finalidad que tiene la política,

que es pelear por un bienestar

desde cualquiera punto de vista, sea de izquierdas o de derechas,

pero que se consiga en pelear y en que sean hechos.

Al final todo se reduce a que la gente viva mejor.

Yo mientras tenga salud llevo dando tumbos...

He ido a pensiones con chinches, a pensiones con derecho a cocina,

hoteles de cinco estrellas,

he dormido en habitaciones con papeles pintados

que eran como un tripi;

si te tomabas algo, era más tripi todavía.

Ya no me pasa nada, no me voy a asustar por nada.

Tengo la vida hecha, mis perros son mi vida,

mis amigos son mi vida y mi trabajo es mi vida.

Y todo lo que yo quería, casi todo lo que quería,

en algún momento lo he tenido

y lo que no he tenido será porque no lo quería de verdad;

si lo hubiera querido tener, hubiera peleado por tenerlo.

¿Ahora mismo te reconoces en la mujer que eres?

Sí, sí. Yo creo que ahora me reconozco más que nunca.

¿Quién me lo iba a decir a mí? Es más, incluso la soledad...

Yo hasta hace 10 años, no sé cuantificarlo,

para mí la pareja era un destino.

O sea, la pareja era una bandera, una patria,

un sitio donde vivir, donde yo me sentía cómoda,

era el lugar deseado.

Además, como amaba con esa pasión,

no tenía espacio para más cosas, el trabajo era mientras dormía.

Mientras que el otro dormía yo trabajaba,

hacía lo que fuera y volvía a guisar

o a lo que fuera y a mi casa.

Bibi tenía esa capacidad que hacemos muchas mujeres

que depende de con el hombre con el que estás

cambias toda tu vida a favor de ese hombre.

Le gustaba esquiar a uno, allá que se iba a esquiar ella;

le gustaba al otro subir a la montaña, a la montaña;

que el otro quería playa, para la playa.

Todo a favor de ellos.

Si me hablabas de que iba a estar sola,

me hubiera vuelto loca de pensar que estaría sola.

¿Has tenido muchos amores en la vida?

Sí, muchos. He tenido tres que han tenido más trascendencia,

pero yo he sido muy enamoradizo.

Tuve a Alfredo primero, conflicto completo,

pero guapo de morirte y bueno de morirte,

de un pueblecito de El Bierzo.

Él nunca estaba porque tenía adicciones peligrosas

en ese momento. Ya.

Y tenía una vida complicada.

Después me bailaba por Jim Morrison en las discotecas en los 70

y la cosa te cambiaba y se te iluminaba la sonrisa,

te daba lo mismo El Bierzo... Sí, sí.

Y todo lo que había detrás, que eran muchas sustancias y líos.

Después conocí a Javier.

Fue el hombre que puso orden en mi vida.

Parte de lo que soy en la vida,

aparte de lo que yo haya hecho después, se lo debo a Javier.

Él fue representante tuyo. Fue mi representante.

Más que mi representante, fue mi novio,

mi amante, mi amigo. ¿Muchos años?

Mi chofer. 14 años.

Caray. No, él fue la persona

que soportó, fue la estructura para que esta especie

de fiera desbocada que soy... En ese momento mucho más desbocada,

arrancaba las puertas de los armarios

cuando me contradecía algo. Arrancaba la puerta directamente.

Él, esa paciencia infinita, eso de estar haciendo de comer...

Una vez fui a tirar una caja,

teníamos un cajón, ya me había separado de él,

y un día había muchos bikinis y dije: "Los voy a tirar".

Fui sacándolos y todos los había comprado él.

Era porque me daba cosa ir a comprarlos,

no es que te los comprara por fetichismo,

porque le compras a tu mujer unas bragas o un bikini

porque quieres verla con eso,

no, sino que me daba cosa ir y él me los compraba.

Todos los había comprado Javier. Y todos otra vez al cajón.

Era una relación maravillosa,

de esas que nos quedamos huérfanos cuando se separaron,

como si fuéramos hijos adoptados por ellos.

Era una simbiosis tan perfecta.

Toda la vida estaba diseñada para que ella estuviera feliz.

Estuvo muy mimada por Javier.

¿Por qué terminasteis?

Porque yo era muy cargante, porque la confianza da asco

y porque aquellas cosas que tú pedías

y que él las aceptaba por amor

al final terminan por ser imposiciones.

Yo quise a Javier dos veces, infinitamente, y las dos veces mal.

La primera vez porque no le di lo que se merecía

y la segunda vez porque le di lo que ya no le correspondía.

O sea... Eso suena...

Te puedes equivocar muchas veces. La explicación es lapidaria

y magnífica.

Tal cual. Y después de Javier vino ese hombre intermedio

que me trajo a esta casa. Y luego te casaste.

Te has casado una vez. Me casé una vez.

Las veces que no me casé amé igual.

Sí, tengo un recuerdo especial de mi boda.

No se me olvidará la primera vez que la vi vestida de novia,

la recuerdo y me emociono.

Fue un día inolvidable el día de su boda.

Parece que no cambia nada y realmente no cambia nada,

pues sí cambia algo.

No sé muy bien qué. ¿A que sí?

Sí. "Si llevamos mucho tiempo juntos,

al fin y al cabo es un trámite".

No es un trámite. Es un trámite... Es un trámite.

Pero tiene... Implicación especial.

Sí, sí. Te casaste en la casa. En esta casa.

Me casé en esta casa porque me parecía

que aunque no hubiera mucha liturgia

porque fuera una boda civil,

pero siempre un poco de liturgia porque reúnes a tus amigos,

a la gente que quieres

y haces una ceremonia para decirle a la gente que quieres.

Lo recuerdo como un día maravilloso y precioso.

Tengo un recuerdo muy claro de mi boda

y creo que puedo decir que fue el día más feliz de mi vida.

¿Tú eres creyente? Eh... Yo sí.

Creo básicamente en mi abuela María.

Mi abuela María me enseñó a rezarle a san Joaquín, a santa Ana,

y yo les pongo velas.

Tengo un altarcito que te voy a enseñar.

Vente. Ah, vale.

Bueno, estos son los vestidos que me iba a poner.

No me digas. Primero pensé en este,

digo: "Va a parecer que le estoy tirando los tejos".

Este, que para los espaguetis a la putanesca

me parecía muy italiano. Muy apropiado.

Es muy apropiado.

Después dije: "Eres campechano, mejor esto".

Estás fenomenal. Me gustan las mujeres así.

Y en mi altar está el Cautivo porque es el Señor de Málaga.

Y esto era de una caja de mantecados

que me mandó mi madre y yo lo cogí y lo enmarqué.

Qué bueno. Después, mis verdaderos ángeles,

mis santos,

mis creencias están aquí, en todos estos que están aquí.

Son mi padre, mi madre, mi abuela María,

mi tía Esperanza, Miguel, Javier Serrano.

Ya no está ninguno presente,

pero todos están presentes en mi vida.

Les enciendo velas los días de su cumpleaños,

me sé los cumpleaños de todos. ¿De verdad? Qué cosa.

Y los santos de todos. Les pones...

Les pongo las velitas y se las pongo muchas noches.

Un día que te ha ido bien y dices:

"No me acuerdo de vosotros nada más que para pedir".

No los dejo tranquilos ni muertos.

"Esta mujer hace 40 años que me he muerto

y todavía sigue dando por culo, está dale que te pego".

Los tengo siempre.

En las distintas casas donde he estado

procuro tenerlos muy cerquita de mi cama, de mí.

Incluso tengo... Estás acompañada.

Me acompañan. Con recuerdo y...

Tengo un corazón con cenizas de este amigo mío, Miguel,

que se murió en esta casa y que era como un hermano.

¿Sí? Mi madre no lo parió.

Yo lo cuidé, estuvo muy malito y lo cuidamos en casa.

Ese árbol que hay fuera

es un árbol que era el árbol de Navidad de ese año.

Se murió un 28 de diciembre.

Ese año quería Navidad porque sabía que era la última

y montamos como "Solo en casa", pusimos todas las luces.

Cuando llegaban las 18:00, decía: "¿Estamos ahorrando?".

Porque no se encendían las luces.

Poníamos todo el alumbrado como si fuera la feria.

Tengo el árbol ahí plantado.

Es lo único que no me gustaría que tocara nadie cuando venga

porque le dará suerte.

Creo que eso le dará suerte, te lo juro.

Ah de la casa.

Estaba lejos, espera. Ah de la casa.

Ah del castillo.

15 años sin venir, desde que me casé,

y vienes tirando la puerta.

Qué alegría verte. ¡Qué de tiempo!

En la radio, nada más que estamos a distancia.

No es lo mismo, no es lo mismo.

¿Tú no estás un poquito...? Yo estoy para comerme.

Siempre has estado para comerte.

Por eso. ¿No estás un poquito canija?

Canija no. Estoy bien, tócame.

Bueno, comprendan.

Con permiso. No, es para inspeccionar el terreno.

Son muchos años tocando aquí. Tengo de todo.

Regístrame. Perfecto. Todo perfecto.

La verdad es que estás muy bien. Estoy bien.

Vamos para adentro. Tira para delante.

Y mira lo que te traigo. ¿Qué pasa, Herrerita?

¿Qué pasa? ¿Cómo estás?

Estaba controlando que todo estuviera perfecto.

Bien. De momento veo queso ahí. Pero el queso no es para ti.

He hecho mozzarella porque no sabía lo de tu problema con los lácteos.

Pero a ti te voy a poner un poquito de jamón, que te viene muy bien.

Lo que voy a hacer es un espagueti a la "puttanesca",

porque para dos hombres así, lo de la "puttanesca"...

Que le gusta a ella.

Tú en cárgame a mí algo.

Te voy a encargar que vayas pelando ajos.

Tres o cuatro me vienen bien. Bien.

Después...

Mira, quiero enseñaros cómo se pela un ajo sin tocarlo.

Mira, es que lo estaba preparando,

porque visto el ajo ahí y lo estaba preparando.

Pero tendrás que soltar los dientes, ¿no?

Eso iba a decir. No, se sueltan solos.

Esto es muy fuerte.

Llevo pelando ajos desde que era chica.

Ahí tienes los dientes pelados y sueltos.

Pelados no, ¿o sí? Sí, peladitos.

No, pero casi. Casi, sí.

¿Qué, qué?

Bueno, le das un poquillo más, porque tendrás que pelar más.

Noto que en esta cocina no hay ninguna...

Vamos a sacar un libro de cocina.

Ninguna cosa con la que darse en la cabeza.

Machacar debidamente.

Coño.

Me cago en los muertos del puto...

(RÍE)

Cojones.

¿Por qué te crees que yo no cocino?

Mira, yo sí me doy a veces con la campana

cuando te agachas para guisar.

No sé quién me había dicho no sé cuántos de la inducción,

pero yo te digo una cosa, con la inducción no sé cocinar.

Es el fuego. Claro, si el fuego cambió...

Mira cómo salen, pelados.

Perfecto, tres dientitos de trabajo ahí

y os voy a dar un poco de perejil.

Este no tiene una cocina, tiene un váter.

¿Cómo coméis en esta casa? Es imposible, si eso no funciona.

Yo la manejo.

Eso es el demonio.

Eso no es una cocina.

Esto tiene vida.

Esto es un váter, no una cocina,

me habéis traído al váter a hacer de comer.

Oye, lavaos las manitas,

que sabe Dios lo que habréis tocado.

Hemos venido tocándonos por ahí. Todo el tiempo, sin parar.

Porque me ha dicho que estaba muy canija.

Le he dicho: "Si quieres ver lo de canija,

tócame, regístrame, estás en tu casa".

Llevaba muchos años sin venir.

Por cierto, hay una fotografía que tengo...

¿Nuestra? Sí.

¿Nuestra? Nuestra, tuya y mía.

Le voy a dar al agua caliente para que vaya saliendo.

De cuando tú y yo éramos unos chiquillos.

En la que yo, si os fijáis...

(RÍEN)

Estabas muy pendiente de su peinado.

Fíjate la habilidad del fotógrafo, qué foto más buena,

de coger el momento en el que te estoy mirando bizco

al balcón de la luna.

Es que era el balcón de la luna.

Por eso me iba a poner hoy lo de la "puttanesca".

No creas que era mala idea.

No, deja que corra para que salga el agua caliente.

Estaba ahorrando. No, si no es bueno.

El pie de foto: Carlos no pierde de vista a su pareja.

La complicidad es su mejor arma.

También gracia el que escribió el pie de...

Y las fotografías que tenemos aquí

son de cuando tú y yo éramos unos chiquillos.

Hombre, era el "Sábado noche". ¿Era el 88?

Sí.

Desde el 88, qué quieres tú. Han pasado 28 años.

De cualquier cosa que pienso y miro para atrás

han pasado 28 años o más.

28 o más. Sí que es verdad.

A esto no le voy a poner mantequilla,

le pondré aceite de oliva,

porque a ti no te va la mantequilla.

Pero el aceite en la cocina... Mándale hacer algo a este,

que yo estoy aquí liado con los ajos.

Oye, tendré que hacer yo algo,

tendré que poner por lo menos el agua en ebullición.

Escúchame,

el aceite en el agua no sirve de nada

porque no emulsionan.

Es simplemente para que no se pegue la pasta.

No, pero no llega nunca...

Primero el aceite se mantiene arriba,

a la pasta no le llega.

¿O sea, que llevo gastando aceite en esto

toda la vida como una tonta?

El aceite no se mezcla con el agua.

O sea, que a tomar por saco el aceite.

No pongas aceite, son ganas de perder el aceite.

Se lo echaremos al pan, voy a gastar dinero para nada

y no quiero. Pones el agua, echas la pasta...

Primero en infiernillo este para que hierva.

Que esto es un fuego, fuego, como Dios manda.

¿Cuándo tú cueces pasta le echas algún tipo de...

Sal.

Hay quien le echa una pastilla de caldo, que queda muy bien.

También queda bien con una pastilla de carne o eso que le da sabor.

Le da sabor y tan ricamente.

¿Tú haces...

Unos ocho minutos, para que esté "al dente".

Entre siete y ocho minutos.

Nada nuevo. Lo de los ajos.

¿Vas a sofreír ahora?

Ahora voy a sofreír. El aceite...

Con el ajo, el perejil machacado y la guindilla.

Todo en el mortero.

¿Así o más chico?

Así, así. Y el tomate, en otro momento.

El tomate, después.

Una vez que haya sofrito esto como un minutito o uno y medio.

¿Fríes mucho el tomate?

Es que el tomate lo quería comprar en cachos,

porque me gusta trocearlo, pero ya venía molido.

No me gusta comprar el tomate molido.

Hay magníficos tomates que se venden ahora molidos.

Pero yo prefiero los tomates enteros,

cortarlos un poco, los pico y así queda siempre

algún tropezón de tomate. Me gusta más.

¿Luego esa masa blanquecina?

Esa masa blanquecina, que tú tienes un problema con los lácteos,

normalmente con la albahaca queda estupenda,

con un buen aceite y una sal gorda queda estupenda.

Esa masa blanquecina... Ese detritus.

Si es una "burrata" maravillosa. Eso iba a decir.

Vamos a echar tres porque dice que le gusta el picante.

Voy a dejar primero que se caliente el agua, si no...

¿Quieres vino? Le voy a dar un traguito.

¿A temperatura ambiente o lo vas a enfriar un poco

antes de servirlo para darle un poco de...

Herrera, el vino lleva ahí desde que yo he llegado,

¿sabes, guapa? Esta es la temperatura que hay.

La temperatura ambiente, que ya mismo,

cuando tomemos el picante, estaremos ardiendo.

Es lo que viene siendo la temperatura ambiente,

que es el ambiente que hay aquí. Pero...

Voy a tomar también un poquito.

¿Quieres tintito? Sí, me voy a animar.

Si veis que tengo la boca negra,

porque el problema que tengo con el tinto

es que se te pone un filo negro aquí

y la gente no te dice nada, cuando llegas a tu casa

ya borracha, a las 7:00

y llevas un filo negro aquí dices: "Coño, me lo podían haber dicho".

Creo que si le das una punta de frío...

Tú vienes a tocarnos un poquito el fandango.

Llevo sin beber 10 días. Yo llevo sin beber tres meses.

No me habéis dicho nada de lo delgado que estoy.

Estamos todos muy delgados, si es que no comemos ni bebemos,

todo esto es ficción,

esto es para coger y decir que comemos y bebemos,

pero es mentira. Yo ya lo digo a las cámaras.

Es verdad que te veo con buena pinta.

Yo tengo la barriga para dentro ahora.

Yo también, yo también.

Hablando de la barriga metida, eso que te contaba,

que cuando vino la mujer a darme las clases de canto

para lo del teatro, me decía: "Tienes que respirar

con el diafragma, tienes que sacar la barriga".

Decir: "¿Cómo voy a sacar la barriga

si llevo 45 años metiendo la barriga?

¿Ahora cómo la voy a sacar? Va contra natura".

Bibiana, ¿tú me has dicho que utilizabas

la técnica del helicóptero? ¿Eso qué era?

No, el helicóptero es algo que te enseñan para calentar.

(HACE VIBRAR LOS LABIOS)

Sabes que lo fundamental es la respiración.

Y respirar desde aquí.

¿Él para cantar o yo para hablar todas las mañanas, por ejemplo?

Para todo eso.

Además, te suelta.

(HACEN VIBRAR LOS LABIOS)

Bueno, el primer día no sabes lo que era.

Yo decía: "Yo tengo la boca operada, no puedo.

Ya me he dado muchos pespuntes,

primero para ponerme, después para quitarme.

Entre pespunte y pespunte el aire se me va. No puedo".

Ella me miraba así y decía: "Pues vamos a ver, hazlo con la R".

(PRONUNCIA LA R)

¿Con la R también? Por eso lo de...

Haz escalas. Y yo iba haciendo eso.

(PRONUNCIA LA R)

Todo eso, es cierto. Espera, que voy a quemar...

Esto es muy bueno a las 6:00, cuando tú empieces.

Luego me llamas y me dices si funciona o no.

Mañana, mañana.

Bibiana, ¿no tiene nada que hacer este hombre?

Sí, puede magrearme mientras yo guiso.

Qué idea más buena.

Hombre, mientras yo guiso

puede ir haciéndome un masaje en la espalda,

yo qué sé.

Ay, hace tanto tiempo que mira, el pezón erecto.

¿No has dicho que ya no eres practicante?

Sí, es verdad, lo he dicho y lo puedo explicar.

Mira, yo...

Ay, ay, como sigas no hago la burrata.

Herrera, siéntate, coño.

Yo en el amor siempre fui muy apasionada.

Y las últimas veces me vi como haciendo una caricatura

de lo que yo había vivido en mis buenas épocas.

Cuando tú has vivido lo bueno, bueno, bueno,

ahora una metáfora con gente joven que me gustaba

¿qué hace una señora mayor con un niñato joven

que no sabes de qué hablar?

Cualquier cosa de las que le cuentas,

no había nacido, ¿me entiendes?

Te mira con cara de vaca mirando al techo.

Compartir es vivir.

Yo que te he conocido algún prometido que otro,

eran muchachos que te querían mucho.

Lo que pasa es que tú seguiste una evolución que fuiste...

A la inversa.

Del canalleo al mundo de la banca...

Al canalleo máximo.

Pasaste por la banca privada,

subiendo, luego otra vez a honrado pasantes de provincias...

No, fíjate tú,

yo iba a una casa de ricos,

venía un repartidor de bombonas o de cajas de cervezas

y era el que me gustaba.

El rico de la casa, no me gustaba.

Me aburría en arameo, en lenguas muertas.

Espera, que voy a echar sal y pimienta.

También hay ricos muy divertidos. No, hay ricos divertidos,

pero yo no tuve suerte de conocerlos,

a los que yo conocí eran aburridos.

Además, no tengo ningún problema.

De interesarme alguno,

me interesaría nada más que fuera rico. Aunque fuera feo.

De interesarme uno, solamente si fuera rico.

Pero el gran amor de tu vida,

¿lo hemos conocido?

Ha habido tres grandes amores en mi vida.

Conocidos. Bueno, uno, no.

Luis no era conocido.

Ahora lo he citado, antes no dije ni su nombre.

Pero los otros son Javier y Asdrúbal.

Javier supuso... ¿Javier mucho?

Mucho, mucho. Y con Asdrúbal me casé.

Con Asdrúbal desaprendí. Para dar el paso...

Claro, cuando te casas con alguien...

Casarme también era eso, celebrar la liturgia del amor.

El amor tiene una parte de liturgia que está bien,

es lo que te decía antes.

¿Es diferente si vives con alguien y estás enamorada

por el hecho de casarte?

No. Pues sí, hay algo que cambia.

Solamente la gente que se casa y se ha casado...

¿A ti no te pasó eso? ¿No te paso?

No quieres más ni menos,

pero no te rías, ya tiene cara de...

Déjate de cachondeo. Yo os declaro marido y mujer.

Aunque tú ya te consideres marido de ella,

¿no te cambia en la cabeza...

A mí sí, fíjate.

A mí sí.

Hasta el punto...

yo cuando he sido novia de un tío que tengo sensación de pertenencia.

Voluntariamente, no había ningún sometimiento.

Yo me acuerdo que la primera vez que me senté

encima de las rodillas de Asdrúbal, en La Habana,

era como si perteneciera a ese lugar.

Yo de aquí ya no me quiero levantar,

este es mi sitio natural.

En La Habana y en la vida en general.

Yo me acuerdo de tu boda, estuve en tu boda.

Cómo no te vas a acordar, claro.

Mariló trajo el traje de boda de Sevilla.

Exactamente.

Estuvimos en tu boda y pasamos un rato muy bueno.

Bueno y después... Ustedes, como sois personas de bien,

os fuisteis a una hora.

Pero yo luego como lo de Farruquito casi.

Yo, a las dos de la tarde, los echaba de la piscina,

en unas condiciones...

Me regalaron una pata de jamón y estaba aquí tapada.

Como habíamos puesto unas fresas, y chocolate, y no sé cuántos,

yo dije: "Pues estarán comiendo las fresas con chocolate".

Un día fui a destapar el jamón y estaba el hueso pelado,

como si hubiera pasado la marabunta.

"Pero estos hijos de puta, ¿no venían comidos de sus casas?".

Que esto sería antes del convite o después del convite.

Mira, te contaré una cosa.

Una vez, cuando Bibi y yo

inaugurábamos grandes superficies...

(RÍE)

Que trabajábamos, teníamos un complemento del sueldo

en inauguración centro comercial... El que fuera.

Cogíamos desde Madrid un avión, puente aéreo,

lleno del ejecutivo agresivo

que toma el puente aéreo Madrid-Barcelona,

año 88, 89, a esas horas,

y una de las veces teníamos el último asiento del avión,

y yo le cojo el culo y le digo: "Tira p'alante, campeona,

que yo no me pierdo el espectáculo".

Y ahora pasa, fíjate, el monumento...

Nueve de la mañana, ¿eh?

Por medio de la fila, andando hasta la fila 24 o 25.

Más. Bueno, la última.

Y todas las cabezas

de los 200 o 300 ejecutivos agresivos...

Qué coraje cuando te tocan...

Haciendo así y luego sacando la cabeza al pasillo,

que yo tenía que irlas quitando y diciendo:

"Un momento, que yo también voy a pasar, quitarse".

y yo pensé:

"Esto que estoy viviendo ahora con ella,

ella es todo los días".

Una delicia, las historias de tu madre de tu tía...

Hombre, claro. No, no, las hay de todo tipo.

Yo he hablado primero cuando iba a la Palmilla,

porque ellas avisaban y era como "Bienvenido Mister Marshall",

con lo cual, estaban todos los vecinos en la calle,

y entrar por allí en loor de multitudes,

que cuando vas a casa de tu madre

lo que quieres es un rincón donde cobijarte.

Pero ella, claro, quería publicidad,

y entonces aquello era un escándalo y un movimiento de gente

y tú eras un besamanos sin parar, y no se terminaba nunca.

Pero después tiene la versión navideña, que era aún peor,

porque ellas, en un afán de agradarte,

pues hacían una cosa como navideña.

Claro, dos mujeres mayores, cansadas, aburridas,

con mucho a sus espaldas, pues ponían encima de una mesita

como una especie de cenicero de cristal con dos bolas

y unos capulloncitos, y eso era un monumento a la soledad,

no a la Navidad. Decía: "Mira, mamá, Navidad

es ruido, niños corriendo, peleas, tu cuñada que viene,

que le viene malamente, que tiene mala cara,

que se lleva malamente, y esto es soledad, soledad del río,

soledad del agua, como Gracia Montes".

Sentadas aquí las tres con aquel espumillón en medio,

mirándonos, observándonos, y yo decía:

"¿No hay forma de hacer de esto una noche de reencuentro familiar?

Y no se necesita la Navidad, la Navidad somos nosotras,

que menudo Navidad tenemos las tres".

Mi madre me ha dado muchos recuerdos para ti,

porque hay madre siente adoración por Bibi, porque es mi madrera.

Conoce a la madre de alguien y se la come.

Las madres de mis amigos quieren venir todas a verme,

porque ellas están encantadas, porque además saben

que cuido también de sus hijos.

Yo, en ese pueblo de Ponferrada del que hablaba antes,

ese novio primero, tenía una historia dura,

pero la abuela, en ese pueblecito,

me tenía en esos muebles antiguos, como de formica,

tenía la tele aquí, aquí dos vírgenes

y una foto mía vestida de lentejuelas de Juanito Navarro

así de grande, como si fuera la virgen del Pilar,

en lo alto de todo aquello.

¿Qué más le has echado ahí? Pues ya no le hecho más nada.

Lo que pasa es que ahora hay que echarle las anchoas

y las aceitunas negras, antes de que esté la pasta lista.

Entonces, picadme como cuatro o cinco anchoas.

¿Quién se va a animar a picar? Yo, porque este tío...

Aceitunas no, que engordan mucho y no puedo, que estoy a régimen.

Venga, esto está picado.

¿Ya está picado? Sí.

Pero todas esas anchoas no les puedo echar.

No, echa las que quieras. Pica algunas aceitunillas.

¿Las aceitunas se pican?

Sí, pero pica como tres como tres o cuatro. Si no las pico yo.

Pero ¿cómo vas a picar una aceituna?

Mira, verás. Mira, niño. ¿Qué haces, Carlitos?

¿Tú qué estás haciendo?

La técnica del espagueti en la pared.

Ah, si se queda es que se ha pasado.

No, si se queda es que está casi, casi.

Ahora los voy a sacar a una fuente. ¿Cómo?

Voy a poner en esta fuente lo que nos vamos a comer,

con lo cual siempre se ve más bonito.

Oye, una cosa te digo: la mesa... Ahora voy a poner la mesa,

pero primero voy a sacar los espagueti.

Pero que nos digas a nosotros. Un mantelito ahí.

Eso frío... Coge un mantelito por ahí.

No, la pasta no se puede hacer esperar, como a las mujeres.

¿Cómo hicisteis el programa juntos,

cómo surgió lo de presentar el programa?

Yo trabajaba entonces, hacía un programa,

que era "Coplas de mi Ser". Maravilloso.

Y el productor, que era Pío Núñez...

¿Ah, Pío? Claro.

Pío Núñez venía de producir ese programa,

había probado con algunas parejas de presentadores, bueno,

quería buscar algo más, y entonces me dijo....

Era un momento en que Pilar había apostado por renovar.

Pilar Miró dice: "¿Y por qué no pensáis en esta muchacha?".

Y Pío Núñez, que si algo veía eran los negocios rápidos, dice:

"Perfecto, es la pareja ideal

para una noche diferente de sábado, etc.".

Entonces nosotros y la compañía, la tercera pata,

que era Antonio Guerrero. Antoñito.

Antoñito Guerrero, la verdad es que nos empezamos

a poner a trabajar, como hubo además conexión...

Trabajar con ellos era un placer.

Para mí era mi primer trabajo en televisión, Carlos ya tenía

alguna experiencia y Bibi algo también.

Todo fluía naturalmente y todo regado con muchas risas,

y tenemos conciencia además de que estábamos haciendo

un programa moderno.

Era un antishow en el show más importante del mundo.

¿Fue mucho tiempo? Un año y pico, ¿no?

Un año y pico, casi dos.

Por ese programa pasaron Rod Stewart, Joe Cocker,

pasó Blondie...

Además, era... Jerry Lee Lewis... ¿También?

Y era muy divertido, porque ella el inglés en ese momento

lo tenía un poco atravesado.

Sigo teniéndolo atravesado.

Y me acuerdo con Blondie, fíjate tú, la imagen de Blondie,

que era aquella cosa etérea... Angelical, sí.

Sosa, propia de los 80, etc. Y maravillosa, pero...

Y me dice: "Pregúntale, por favor,

qué le gusta de la música española".

Y entonces yo le pregunto.

Y la otra la verdad es que no me acuerdo lo que me contestó,

que le digo: "Me dice que le gusta mucho Dyango".

Y ella: "Lo sabía": (RÍE)

Bueno, claro, es que ante semejante respuesta,

no podía decir otra cosa. ¿Cómo no va a ser de esa manera?

Claro, Blondie, se te nota el buen gusto.

Se te nota, se te ve.

Era cachondeo pero, detrás de eso...

Trabajábamos con una gran realizadora

y un equipo de Televisión Española extraordinario.

¿Había de verdad el buen rollo ese que parecía?

Sí, sí lo había. Sí, ¿no?

Sí, buen rollo, buen rollo.

Y si no, se puede ver una cosa amable, el guión puede ser

más o menos inteligente, pero lo otro es una cosa de piel.

Quiero decirte, para que exista esa complicidad,

tiene que ser de verdad.

La primera presentación que teníamos que hacer

era presentar al cantante británico Rick Astley,

con 80 folios de dossier de prensa que me había mandado.

Yo dije: "¿30 segundos, 80 folios?".

Y viene Bibi y me dice: "No vaya a hablar Carlos

más que yo, que dice mi asistenta Paquita

que Carlos es muy de hablar y de quitarme la palabra".

Dije: "Esto es lo que tengo que contar", y empieza Carlos:

"Queridas, queridos, buenas noches, esta noche...",

Y Bibi lo interrumpe y dice: "Oye, que dice mi asistenta Paquita

que vayas a hablar tú más que yo,

mi asistenta Paquita sabe mucho de televisión...",

Y Carlos dijo:

"¿Tu asistenta Paquita va a mandar en el programa?",

y 29 segundos: "Con ustedes,

el gran cantante británico Rick Astley".

Ha habido grandes presentadores de televisión,

grandes parejas de televisión que se han odiado, que era odio...

Yo me acuerdo, una de las cosas de las que yo he sido más seguidor

son los festivales de la OTI, y yo recuerdo una pareja que presentaba,

se celebraba creo que en Paraguay,

y la pareja, yo no he visto a nadie odiarse, odiarse tanto,

tanto que ya daba la vuelta y el espectáculo era apasionante.

Claro, por ver qué se decían.

Porque ella decía:

"Y bien, Luis Romualdo,

con tantos años a tu espalda,

25 ya en los medios de comunicación",

y él: "23,

aunque hay otras que llevan más

y todavía no lo han aprendido".

Ese odio entre aquellos dos no lo podían evitar,

de la misma manera que tú tampoco puedes disimular cuando hay...

Lo contrario. Afecto personal.

Es el momento perfecto para enseñar esto.

¿Qué será?

Sí.

Espera, porque ahora el volumen, eso sí que ya no sé dónde está.

Arriba. Es que cada vez nos ponen las cosas

más complicadas. Bueno, pues ahora las camisetas ya te van a hablar.

Yo ya tenía una casa que tenía domótica, que me decía el agente:

"-¿Tú quieres que te llame la casa si se está quemando?

-¿A mí? ¿En primera persona? -Oye, que me estoy quemando.

-Como se le ocurra llamarme la casa, le mato".

Te voy hacer una pregunta y dime la verdad:

"¿Quién te gusta más, Raffaella o yo?".

Hombre, mujer, así a bote pronto...

Si me vas a decir que ella, cállate.

Sois dos estilos diferentes, ella es...

Tú eres más egipcia,

ella es como más mediterránea, ¿verdad?

¿Egipcia de qué edad? Hombre...

Mira, si no quieres que te digan lo que no te gusta,

no hagas las preguntas que no convienen.

(RÍEN)

Es que, claro, egipcia, ¿de qué edad? ¿De qué edad?

Pero ¿tú valoras haber sido

una de las mujeres más deseadas de España?

Yo nunca he sentido... ¿Sabes lo que pasa?

Yo nunca me he sentido en tercera persona,

yo nunca me veo desde fuera.

Sé muchas de las cosas que han pensado,

para bien o para mal,

pero nunca me he visto en tercera persona.

Yo siempre me veo en primera persona;

y entonces, tú llegas a tu casa y te acuestas y el sentirte

ni la más ni la menos deseada, no te sirve para nada.

Y si me acostaba con quien quería y de quien quería

no me sentía deseada por él,

todo ese deseo de fuera no te valía de nada.

Es como si tienes un millón de euros y estás en el desierto.

Es verdad que lo tienes, pero no vale para nada,

no hay agua, no hay quioscos, no hay una gaseosa.

Pero ¿tuviste épocas...?

No hay para nada, o sea, ni para lo más primario.

¿Más desatada y te llevabas por delante

el equipo olímpico de waterpolo?

Yo tuve etapas desatada, sí, tuve etapas desatada.

¿Quién no las ha tenido? Yo he tenido todas las etapas.

Yo, pobre de mí, si yo... Ay, calla.

(RÍE) Pero ¿dónde voy yo?

Todos las hemos tenido y tú también.

Afortunadamente, claro que sí. Y además están ahí.

Ella sabe que cuando trabajábamos juntos yo le hablaba a una muchacha

y no salía de eso... Bueno, bueno.

Pero hablabas de la reja para fuera, ¿no?

Yo le hablaba a una muchacha...

Hoy somos grandes amigos, por cierto.

Siguió su vida, yo la mía.

Y yo le contaba mis penas a... Y antes, que había otra muchacha.

Y antes de la otra... No.

Bueno, pobre de mí, pero bueno... Bueno, esas son las cosas...

Sin maldad, sin maldad.

(Aplausos)

"Bravo, bravo, bravo.

Es Rocío. Oh, Rocío.

Rocío en persona.

¿Cómo estás? No me levanto

porque tengo la pierna mala, pero por ti me levantaría.

Está muy herida ella. No, si me dejas mejor así.

Rocío, hazme caso a mí antes que a la larga."

(RÍEN)

Pasaron todos los grandes.

Pasó Camarón.

Ver a Camarón... Pasó Plácido, pasó Carreras,

pasó... Pasaron todos.

Pasó Lola. Yo recuerdo que Lola venía del Rocío.

Venía cansada, se había dado radio

y yo creo que más que la radio le había cansado el Rocío,

porque Lola en el Rocío era mucha Lola.

Vamos, Lola era mucha Lola en cualquier parte.

Es que mira, déjame, el siguiente es Lola.

Ahí está, dale ahí al... Bueno, es... Ahora...

"Lola.

Ya les advertíamos que ella era todo un huracán

y lo ha demostrado con creces, hasta ronco se ha quedado uno

de gritar 'olé'. Lola, tú rompes,

siempre que apareces en un plató. Esto es un pequeño homenaje.

Realmente estas flores no son nada comparadas con..."

Cómo se te ve de enorme, la verdad. Es que, claro, ten en cuenta

que yo llevaba unos tacones... Bueno, es que yo tengo 1,84.

Pero de todas maneras... Más diez, 1,94.

Cuando eran diez, a veces... Tú mides 1,84.

Casi lo mismo que yo.

¿Y a ti te han gustado siempre hombres altos o no?

No, a mí me han gustado hombres... Te daba igual.

Que me gustaran. ¿Te hubiera gustado ser madre?

Sí, yo en una época me hubiera encantado la adopción.

Pero me parece que una vez que pasó esa edad,

que era entre los 40 y cuarenta y algo

y que no los tuve, pues después hubiera sido un acto de egoísmo,

porque aunque después lo hubiera decidido,

yo, me parece, que si tú no tienes una situación familiar

que te rodee y económica, tener un hijo, si me pasa algo,

yo me muero de pena. Me daría pena no morirme yo,

me daría pena por mi hijo.

Y con tu ahijado, ¿qué relación tienes?

Muy buena, muy buena, es el niño que yo no he tenido.

Hombre, yo siempre le digo el niño, lo será hasta que se muera,

pero el niño ya tiene 23, se va y aparece a los tres días.

La madre me dice que está sofocada y yo digo: "Ya ves tú, si es...".

Es hijo de Manolo, ¿no? De Manuel y Marisol.

Manuel Bandera, ¿no? Claro.

Eh... Somos dobles compadres por partida doble,

porque él es padrino de boda también.

Es la madrina que cualquier persona le gustaría tener.

Una madrina como Bibiana, tan generosa como ella, tan...

Tan buena persona, porque Bibiana es muy buena tía, ¿no?

Oye, ¿alguien juega...?

Tú me has dicho que jugabas al pimpón, ¿no?

Yo le doy al pimpón. ¿Y tú, Carlitos?

Yo sí, pero me tengo que ir a coger el AVE.

Sí, ¿no? O sea, que...

Bueno, dos bolitas. Bueno, jugaba, de vez en cuando.

Dos bolitas. Pero me pongo unas zapatillas,

a ver si me caigo de boca y me tuerzo el pie.

Pues venga, vamos.

Bueno, chicos... Bueno, Carlitos...

¿No te apuntas a esto? Yo os dejo porque...

Tengo, primero, que llegar a Sevilla...

Tiene la suerte de que se va a Sevilla.

Tengo que dormir. Eso es una suerte.

Dormir también tengo que dormir yo. Tengo que mañana hacer el programa,

tengo que adelgazar, quitarme toda la pasta que me he comido.

(RÍE) Y todo eso.

Encantado de verte otra vez. No pases 20 años sin verme.

Si no, vas a tener que venir a la residencia.

Iremos los dos con taca-taca. Con el taca-taca.

Adiós, corazón. Un placer tenerte, mi vida.

Que gane el mejor. Va a ganar él, verás.

Pasadlo bien. Estoy desentrenada.

Bueno, entonces ya sabes cómo va esto.

El que gane, le pregunta al otro algo.

Y si no gano nunca, ¿cómo me entero de lo tuyo?

Venga.

Anda. Hombre, pues mira.

Venga, esta era de calentamiento. Venga.

Esta no, esta ya no. El viento se la ha llevado, venga.

Primera tuya. Dime la verdad,

¿te has vestido alguna vez de mujer?

Todos los días.

Todas las semanas me visto en el teatro con Paco Arévalo,

me visto de doña Inés y él del Tenorio.

Él hace de don Juan y yo de doña Inés.

Esa pareja... No, no...

¿Sabes lo que pasa? Que cuando hemos coincidido de gira,

estábamos los mismos días. Empezábamos a la misma hora.

Bueno, venga, va. Vamos allá.

Ah, vaya por Dios.

La primera. Esta es mía.

Eh...

¿Cuánto...? Tú, que has hablado de tus operaciones de estética

y todo eso, ¿cuánto te has llegado a gastar tú

en operaciones de estética? No lo sé cuantificar en dinero.

Me hice el pecho, me hice un lifting, recién separada,

porque además aproveché ese momento de separación.

Y además me pasó una cosa muy graciosa,

que me dijo Loles León todo lo que no tenía que hacer,

sobre todo en relaciones sexuales. Yo, en ese momento, no tenía novio,

que por eso me operé, pero tenía un ligue

y vino a verme un día y me salté todas las normas de aquello.

Estropeé todo lo que supuestamente no tenía que haber hecho,

lo hice todo ese día. No hiciste caso a Loles.

No le hice caso a Loles y creo que algunos puntos se me saltaron,

pero eso formaba parte del viaje. Bueno, sacas tú, venga.

Me cago en diez. Sé que del armario no has salido,

pero ¿te has tenido que meter alguna vez en algún armario?

Sí. ¿Muchas veces?

Sí, conozco los armarios por dentro.

Sí, en varias...

No entremos en profundidades. No, no.

Me metí una vez.

Una vez, fue lapidaria además, ¿eh?

Porque me la jugué.

Y estuve en el armario metido más de cinco horas,

metido en un armario, que se me dormía todo.

Digo, pero como te muevas, te matan.

Si ya te has metido, ya... Como te muevas, te matan.

Tienes que aguantar el tirón. Sí, sí. Va.

Anda, le doy con el dedo, seré imbécil.

Es que tenemos dedos que es una cosa sin tontería.

Ay. ¿Qué te iba a decir?

Yo he confesado mis operaciones, vamos, no solo hoy, siempre,

no tengo ningún problema. ¿Tú te has operado de algo?

No, pero igual me opero en cualquier momento.

No sé, de momento, pero...

¿Sabes lo que me han dicho mis hijas?

Que me opere esto.

Que me opere. Una chispita de esto.

Me lo han dicho mis niñas y yo... No sé, a mí me da igual, pero...

¿Eso es muy caro?

Hombre, a mí me lo hizo una muy buena, que era caro.

Tú vas a operarte a una que te gusta y no miras el dinero.

Pues me lo pienso porque me dan mucha paliza mis niñas.

Y Fabiola también, de vez en cuando.

Entonces eso es lo único que... Pero, de momento, creo que no.

Bueno, ahí voy.

Joder, macho, de verdad... ¿Qué quieres, niño?

Es una catástrofe, tío.

Venga, pregúntame.

¿Cómo conseguiste que Iker te diera una entrevista en su casa?

Ah, qué encanto.

Es que yo soy muy madridista, he sido muy de Iker.

Es un tío encantador, adorable y entrañable.

Es que a mí me lo parece. Es un chaval...

De verdad, se lo dijimos como cuatro o cinco veces.

Yo sabía que él veía mi programa y que le encantaba.

Y entonces le dije: "Macho, tienes que estar".

Oye, facilísimo y fenomenal. No, no, es que...

Vamos, es lo que él transmite.

Yo lo sigo mucho, incluso en la distancia.

Y además, su mujer era compañera, la veía muy poquito.

Es una mujer encantadora.

Y Bellísima. Bueno, yo la veía allí, pero yo...

Es que, claro, lo he visto...

Como soy mayor, lo he visto de chiquitito.

Venga, dale. La última, venga, va. Venga.

¡Ay, toma!

Mira, nada más que viendo esas imágenes

que hemos visto ahora mismo con Carlos Herrera,

te das cuenta de que cuando entrabas tú en algún sitio,

aquello tenía que ser...

Que lo ha contado Carlos, lo del avión y tal.

¿Hubieras soportado lo contrario? ¿Pasar desapercibida?

No lo sé, supongo que ahora mismo te molestaría más incluso

la indiferencia que lo contrario, pero no te la puedo contestar

con sinceridad porque necesitaría haber pasado por ahí,

y he pasado por los aviones, por muchos aviones,

por muchos pasillos, por muchos lados raros,

pero no he vivido la otra parte.

Por suerte o por desgracia, no la he vivido.

Mi vida... Campeón...

Muchísimas gracias por traerme a tu casa,

por invitarme... Es tuya.

Mientras que no la vendamos, sigue siendo tuya.

Estás aquí al ladito, vente cuando quieras.

Eres un pedazo de ser humano maravilloso.

"Bibiana Fernández Ándersen, Bibi, da igual el nombre que elijas,

la ropa que te pongas o la edad que tengas,

yo siempre encontraré en ti a la chica que me ha recibido hoy,

la chica que desde la niñez sabía lo que quería;

la chica que aprendió a amar el cine negro

buscando a su padre entre señoritas de compañía;

la chica que con 13 años emigró buscando su identidad

y aprendió a sobrevivir en la adversidad;

la chica que huyó de los suyos y que, a golpe de tacón,

se hizo experta en murmullos;

la chica convertida en cabaretera y reina de la revista,

porque para ser quien es

hay que ser valiente y también artista.

Y que, por cierto, habría sido una excelente periodista.

La chica eternamente enamorada que, por amor, solo amaba;

la chica que ha vivido tanto que ha podido morir mil veces;

la chica que aún viaja en patera porque su destino es la vida

y lo último que querría es morirse nueva;

la chica actriz, cantante y presentadora,

la que encandiló al Herrera y a Pedro Almodóvar;

la chica sensible y profunda y a la vez provocadora y fresca,

que lo mismo reza a sus muertos que hace pasta a la puttanesca;

la chica, en definitiva, buena, honesta y divertida,

que me ha abierto las puertas de su casa,

de sus fantasmas y de su vida.

Una vida llena de dificultades, pero también de dicha.

Una vida que, sin duda, merece ser vivida.

Espero, Bibiana, que la curiosidad te mantenga igual de auténtica

de aquí a la eternidad."

En la tuya o en la mía - Bibiana Fernández

16 mar 2016

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