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El Paisano - Burgui - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Hola, amigos, soy Pablo Chiapella y soy de Albacete,

aunque gran parte de los veranos de mi vida

los he pasado en Ayora,

un pueblo de Valencia.

Recuerdo que de pequeño me quería quedar a vivir en el pueblo.

Mis padres salían locos.

Para mí, el pueblo es un mundo sabio, auténtico,

pero, sobre todo, divertido.

Ahora vivo en Madrid, pero el cuerpo me pide pueblo.

Vosotros ya me conocéis

y ahora me toca a mí conoceros a vosotros.

(Música cabecera)

Voy camino de Burgui, en el Pirineo de Navarra.

Este pueblo de montaña es la puerta de entrada

al valle del Roncal. En Burgui, viven 216 paisanos

y con ellos voy a pasar 48 horas.

(Aplausos)

¡Buenas noches, paisanos de Burgui!

(Continúa la música)

(Música animada)

Vamos a tocar un rocanrol a la plaza del pueblo.

Vamos a tocar un rocanrol y nadie nos va a parar.

La gente se aproxima por la calle... ¡principal!

Hola. Hola.

¿Qué tal? Muy buenas. Bueno...

¿Cómo se llama usted? Pedro... Pedro Jesús.

Pedro, ¿qué tal? ¿No echas de menos algo?

Pues echo de menos... No sé.

¿La nieve? Ah, la nieve, claro, sí.

(RÍEN)

Pedro, ¿qué tal? Bien, bien.

Buenas noches. Te tengo que reconocer

que la primera vez que te vi pensé: "Este tío ha perdido el telesilla".

¡O la cabeza!

(Risas)

¿Y qué haces con ellos? Cuando te los pones, ¿qué haces?

¿Das vueltas sin más o...? Bueno..., hago de todo.

Voy al trabajo con los "rollerskis". Ah, ¿vas así al trabajo?

Sí. ¿Qué te dice tu jefe

cuando te ve llegar así? Bueno, mi jefe no me dice nada.

Es que yo soy el jefe. Ah...

Entonces, me perdona, claro.

(Risas)

Oye, ¿en qué trabajas? Tengo un aserradero... de madera.

Anda... Espera que luego sigan los sobrinos.

Hijos no tengo. Ah, no tienes hijos.

No, pero tengo tres sobrinos... Que te gustaría que siguieran...

Sí, sí, me gustaría. ¿Estás casado?

Sí, estoy casado, sí. Y lo de no tener hijos,

¿decisión propia? Sí, sí.

Me casé muy mayor. Ah, sí.

Me casé con 50 años.

(RÍE)

Vaya... Hasta los 50 años,

viví con mi madre. Está mal decirlo, pero es así.

(RÍE)

Viviste hasta los 50... Te costó que te echaran,

que tuvieron que echar al final, ¿no?

No, mi madre encantada. Y yo más.

Te cambia la vida cuando te casas, la verdad.

Hombre, ya, ya. Ya me imagino. En algunos aspectos para mejor

y otros, pues... Voy a decir también para mejor

si va a salir en la tele...

(RÍE)

(RÍEN)

Pedro, una cosa, tú me dijiste que eres el jefe,

pero esto no es verdad. Tú no eres el jefe,

tú eres el punto amo. O sea, vas a trabajar en chándal,

como los cantantes de reggaeton. Esquías sin nieve...

Y lo más fuerte de todo, lo más fuerte de todo,

te fuiste de casa de tu madre...

con 50 años.

Vamos a ver, lo normal es irse cuando tus padres tiene 50 años,

no al revés. ¿Qué pasó ahí, Pedro?

Que no te querías ir, ¿eh? Que estaba muy bien con mi madre

y no me quise precipitar tampoco. No, no...

No te precipitaste, no. Entonces, ¿qué pasó?

Al final, tu madre te tuvo que regalar unos "rollerskis"

para que te fueras ¿o qué? Por cierto, ¿ha venido tu mujer?

Sí, está por aquí detrás. ¿Dónde está?

¿Qué tal? Muy buenas. ¿Qué? ¿Cómo va la cosa?

¿Ya se duerme solo o le tienes que cantar una nana?

(RÍE)

Si quieres, puedes probar. No, no.

Oye, venga, probamos. ¿Qué pie calzas?

El 43. Yo, el 58. No puedo.

¿El 58? Pues tengo unas del 58 allí. Si quieres, te las traigo.

Venga, va, calzo el 43. Venga, venga, que sí.

Espera, yo me los quito aquí. Siéntate ahí.

Vale.

Ahí. Si quieres, ya me levanto.

Sí, levántate. ¿Cómo es la historia?

Tienes que ir... Impulsándote a la vez

con los bastones. Despacio. Muy bien, venga, ahí. Sigue.

(RÍE)

Los artistas de la pista.

Te suelto por esa calle. Ah...

(Música cómica)

Lleva para adelante, lleva para detrás.

Para adelante, para atrás. Menos mal que estabas tú al lado

porque íbamos así los dos... Como dos colegas salidos

de una despedida de soltero, ¿no? Concretamente, la tuya,

que fue hace cuatro días.

(RÍEN)

(IRONIZA) Oye, muy cómodo, ¿eh?

Muy cómodos para ir al trabajo. Joder, macho... ¡Ahí va!

(RÍE)

Pedro, yo quiero ser como tú, de verdad.

Yo quiero ir a todas partes en "rollerskis"

porque yo creo que tú vas en "rollerskis" hasta a esquiar.

Y si te molesta la nieve, que te la quiten,

que para eso eres el punto amo.

Oye... Venga...

¿Me los dejas un ratillo? Sí, hombre.

Luego, ya te busco. Vale, venga.

Nada, Pedro... Ha sido un placer. Muchas gracias.

Nada, encantado. Venga, voy para allá.

Muchas gracias. Chao. Hasta luego, adiós.

¡Hasta luego!

(Canción en inglés)

Panadería, "okindegia"...

Vamos dentro.

(RÍE) "Se venden migas".

(Llama a la puerta)

¿Hola? Hola, buenas.

¿Qué tal? ¿Qué tal?

"Okindegia". "Okindeguía" se dice.

En euskera, eso es. ¿Cuántos años tiene esta panadería?

Porque este horno es como... Muchos, muchos.

¿Cuántos tiene...? 88. ¿88 años?

88. ¿Y no habéis cambiado

la manera de hacer el pan? Nada, aquí seguimos la misma receta

del abuelo. La del abuelo, la que ha hecho mi padre y, ahora,

lo que me toca a mí. ¿Tu padre ya no trabaja o qué?

Ya nada, ya está jubilado. Ahora me toca a mí.

Y ni viene. Viene, pero lo justo.

A dar una vuelta... y vale. Ajá.

¿Qué tal, Rubén? Bien, ¿y vos?

O sea, tú eres panadero por tradición familiar y dices

que tu padre se pasa por la panadería lo justo.

Lo justo, dice. Oye, perdona,

este señor que hay aquí, ¿quién es? Este es mi padre.

¿No decías que no venía? Estaba usted escondido, ¿eh?

¿Qué tal?

(RÍE) Muy buenas. ¿Cómo se llama usted?

Alejandro. Que estaba ahí amagado, ¿eh?

¿Qué tal trabajar con el hijo? Ah, pues bien...

Discutiendo siempre. ¿Discutís mucho?

Bastante. ¿Y por qué discuten habitualmente?

Hombre, porque somos de diferente generación.

Ajá. Esto se toman la vida más...

De otra forma que nosotros. ¿Qué tal llevas el trabajo

con tu padre? Lo que dice, todo el día riñendo.

Él dice A y yo, B. Pero si le tenías ahí sentado,

muchacho. Sí, pero mandando.

(RÍE) O sea, sentado pero mandando, ¿no?

Sí, sí.

(RÍEN)

¿Qué tal, Alejandro? ¿Cómo vas?

Usted está jubilado y, en lugar de irse a mirar

una obra, como todo el mundo, usted se va ahí, a la panadería,

se sienta... y venga a rajar. El otro, haciendo panes

y usted venga a rajar. Yo creo que a usted

más que hacer pan, lo que le gusta es ir a tocarle

los panecillos a su hijo.

(RÍEN)

¿Siempre discutís de pan solo o discutís de más cosas?

La mayoría de las veces de pan. Ah, ¿sí?

Porque somos diferentes también. Ah, ¿también diferentes?

También, también. Yo digo una cosa, él otra.

Ah, ¿sí? ¿Cuál es tu comida favorita?

Uy... No lo sé. El pan. El pan... ¿Y la tuya?

Un filete bueno, un chuletón bien gordo, de dos dedos.

El color favorito. El azul.

-Verde.

(RÍE) No doy una, ¿eh?

Os hice algunas preguntas y, en todas,

la verdad es que se veía lo contrarios que sois.

A raíz de aquello, entendí el cartel ese que tenéis en la panadería,

que pone: "Se venden migas".

¿Qué migas vendréis?

¿Las que saltan de los panes que os tiráis a la cabeza o qué?

¿Y os las compran? Porque yo creo que hacéis buen pan,

pero buenas migas...

(RÍE) Buenas migas... No sé yo.

(Aplausos)

¿Tú eres más de perros o de gatos? De perros.

¿Y tú? De perros, de perros.

Hombre, os podéis abrazar, ¿no?

(RÍEN)

Yo creo que cuando se acierta se abraza uno.

Os abrazáis un poco como a golpes, ¿no?

¿Cuánto hace que no os fundís en un abrazo padre e hijo de verdad?

Cualquiera sabe.

Venga, daos un abrazo con cariño. Hombre, que os vea yo.

Venga, apretaos bien. Sin golpes, sin golpes.

Madre de Dios...

Vaya abrazo, tú. Uno mirando para Pamplona

y el otro para Francia. Y ahí, a golpes...

¡Pam, pam, pam!

Ahí había más hielo que en toda la película de "Frozen".

No se vivía un momento tan tenso en Burgui

desde que Pedro le dijo a su madre que se iba de casa.

Lo que yo pediría para cerrar este momento es que os levantarais

y nos brindarais un abrazo fusionado de verdad.

Venga arriba, venga ese abrazo. ¡Bravo! ¡Eso es un abrazo!

(Aplausos)

(Canción en inglés)

A veces, nos cuesta expresar lo que realmente sentimos

o lo que de verdad queremos, pero estoy seguro

de que Rubén escucha más a su padre de lo que parece

y Alejandro está más orgulloso de su hijo de lo que dice.

(Continúa la canción)

Bueno, os sitúo. Este es el monte Kartxela. Detrás, Pamplona.

Todo esto que tenemos enfrente es la foz de Burgui.

Mira, date la vuelta, sígueme.

¿Ves aquel pico nevado al fondo? Pues detrás está Francia.

Todo esto es el valle del Roncal. El río Esca, que baña Burgui,

a mis pies.

(Continúa la canción)

Sigo andando por Burgui y me encuentro en un banco sentados

a Tomás y a Visi, que no han podido venir

porque están muy mayores los pobres.

¿Qué tal? Hola.

Muy buenas. Muy buenas.

¿Cómo se llaman ustedes?

Tomás Sanz. Tomás, encantado.

Yo soy Pablo. ¿Y usted? Yo, Visitación.

Para los amigos, Visi. ¿Qué tal?

Pues bien para la edad nuestra. Qué vamos a pedir más.

¿Qué edad tienen? Yo, 91.

¡91 años! ¿Y usted? 96.

Son pareja, entiendo. Sí, sí.

-Pareja. -De toda la vida.

¿Ustedes se quieren mucho? Ya, pues sí.

-Querernos... sí. -No es ese amor de principios...

-Ya no es aquella cosa de los 18 años ni mucho menos.

Ajá. Pero se siguen diciendo "te quiero".

Sí... -Hombre.

-Cuando quiera, también. -Si hay que darse un beso,

pues también nos damos. Ah, ¿se besan también?

¿Quién le echó el ojo a quién? Yo la engañé.

(RÍE)

Las invitábamos al bar, que, entonces,

las mujeres no llevaban dinero. Ah, ¿no?

Entonces, las mujeres no llevaban ni un céntimo.

Entonces, te invitaban, a lo mejor, a un porrón con cerveza y gaseosa

o moscatel y gaseosa. Ajá.

(Risas)

Tomás y Visi llevan juntos toda la vida.

Cómo lo han logrado, me pregunto yo.

¿Cuál es el secreto? Tomás me dijo

que, cuando eran jóvenes, invitó a Visi al bar.

Y Visi me contó que allí tomaban cerveza con gaseosa

o moscatel con gaseosa. Vamos, que el caso es ponerle gaseosa.

Bueno, el hecho de estar tanto tiempo juntos,

el secreto de la eterna juventud debe ser el amor...

Pues no, la gaseosa.

(RÍEN)

¿Han tenido hijos?

Sí.

-Tres nos viven. No me digan...

No, cinco. Dos se nos han muerto.

Uno, de pequeñico, dos añicos tenía. Vaya...

Se lo agarra un chaval que no estaba nada de bien

de la cabeza... Se lo agarra, se lo baja al río y ahí,

debajo de esa casa, me lo tira o se lo dejó caer.

Pero bueno... Al agua.

-Al agua. Y ahí se ahogó. No me diga...

Sí, sí. -A los dos años.

Otra tuve a los 17 años, la llevé a operar de apéndice

y no sé lo que me hicieron allá. En la mesa, dijeron,

bueno, todo ha salido muy bien. Pero no sé lo que pasó en aquella...

Si habían de poner oxígeno, pusieron otra cosa mientras tanto.

La cosa es que después de que a ella la habían operado bien,

ahí se quedó. A los 17 años...

Momentos duros, ¿no? Momentos durísimas.

-Fuimos al hospital con ella.

(Música triste)

La entregué viva y me la entregaron muerta.

Se acuerdan de ello, claro. Hombre, ese dolor nunca se te va.

Además, te queda en el corazón un hueco para ellos que no se llena

con nadie. -Yo le rezo todos los días.

Por las noches, le rezo todos los días a la hija.

Como pareja, ¿cómo se afrontan esas dos pérdidas tan duras?

Bueno, es así. -Bueno, a fuerza de que te queda

el sufrimiento dentro. -Es un trago muy duro, muy duro.

No un hijo, dos hijos.

(Música emotiva)

Tomás y Visi me contaron la tragedia de su vida,

la pérdida de sus dos hijos. Su historia me conmovió.

La vida, en ocasiones, puede ser muy cruel

y a ustedes les tocó vivirlo en primera persona.

Me dijeron que siempre, a diario, se acuerdan de sus hijos,

que les rezan y que, en su corazón, siempre hay un hueco para ellos.

Bueno, Tomás, Visi, quiero que sepan que, a partir de ahora,

yo y todos nosotros siempre os llevaremos en nuestros corazones.

Un aplauso para ustedes.

(Aplausos)

(Continúa la música)

Muy buenas. Hola.

¿Viene de la compra? Pues no,

vengo de la jubiloteca. A la jubiloteca...

Sí. Aquí, a entretener a la gente y a jugar un poco al poquino.

Perdona, ¿cómo te llamas? Marifé.

Marifé, yo soy Pablo. Encantado.

¿Qué es eso del poquino? Pues un juego al que jugamos aquí.

Si quieres, te invitamos y subes. Ah, ¿sí?

Hola, buenas... Hombre... ¿Qué tal?

Hoy viene con compañía. A jugar al poquino.

Vamos a jugar al poquino, venga. Vamos.

Todos los días. ¿Cómo se juega?

Venga, a ver... Esto es como un bingo, digamos.

Ah, es un bingo... Pero con cartas.

Ajá. Cuando se llena la fila de arriba,

póquer. Cuando se hace esta fila,

tres caballos y dos cincos. -Full.

Full. El poquino puede ser una fila así

o así o así. Las cuatro esquinas...

-Las cuatro esquinas es la estampa.

¿Si consigues las cuatro esquinas? Eso es esquina.

Es esquina. ¿Y cuándo es estampa?

Y esto es estampa. Buenas noches, Marifé.

¿Han venido las chicas de oro? ¿Sí?

(RÍE) ¿Qué tal? ¿Cómo estáis? Agotadas, ¿no?

Menuda paliza os mete aquí la amiga con el poquino.

Me dice: "Es fácil". El poquino es fácil.

"Es como el bingo, pero con cartas".

¿Fácil, Marifé?

Yo creo que el poquino solo lo entiendes tú, sinceramente.

De hecho, he mirado las instrucciones en Internet

y ¿sabes lo que ponía? "Lo que diga Marifé".

(RÍEN)

(Aplausos)

Y empezamos a jugar y Marifé empieza...

"¡Caballo de copas!". ¡Caballo de copas!

Vale, entonces yo haría así, ¿no? Sí...

-Alguien tendría que decir algo. ¿Algo?

Seis de espadas.

(Música animada)

Rey de copas. ¿Puedo mover así?

(GRITAN) ¡No, no!

(Risas)

¡Caballo de espadas! ¡Lo tengo!

¡Tres de espadas! Lo... No lo tengo.

¡Dos de bastos! -Centro, centro.

-¡Siete de espadas! Ah, que te han chivado...

Eh, sí, sí. Marifé,

suerte que nos ibas chivando los premios porque tú ibas cantando

las cartas, pero podías ir cantándonos el "Aserejé"

porque no nos enterábamos de nada. ¡El cuatro de copas!

¡Tres de copas! Y acabo de ver otra cosa.

¿Qué? Ah, la estampa.

-Ah, y en ti. ¿Y en mí...? En mí, ¿qué?

¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho mal?

No me echéis, por favor. Del tres de copas al tres de oros,

¿qué tienes?

¡Poquino! ¡Tengo poquino! ¿Tengo poquino?

¡Tengo poquino! Mira, mira.

(RÍEN)

(Aplausos)

Mi primer poquino.

Mi primer poquino, por favor...

¡Poquino, poquino, poquino!

(CANTA) "Poquino, poquino, eh, eh. Poquino, poquino, ah, ah".

Tenía poquino.

Tenía poquino. ¡Tenía poquino!

Es la primera vez...

que juego a algo sin entenderlo y gano.

Vamos, que si el poquino se retransmitiera por la tele.

¿Sabéis quién lo tenía que presentar?

Jordi Hurtado.

Se llamaría "No saber y ganar".

(Risas)

(Música)

El mus, la brisca, el remigio...

Mira que hay juegos de cartas, pues en Burgui

he aprendido uno nuevo, el poquino.

Todavía no puedo creer que haya ganado.

Bueno, habrá sido la suerte del principiante.

(Continúa la música)

La juventud...

Muy buenas. Hola.

¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? Fernando.

¿A qué juegas? A fútbol y a todo.

¿Y en qué eres bueno?

(TITUBEA) En nada.

(RÍE) ¿No eres bueno en nada?

No.

Dime la trastada más grande que has hecho en tu vida.

¿Vale romper cristales con piedras? Hombre, vale, sí. Eso vale.

Pues sí.

(Risas)

¿Tenéis cuadrilla de amigos? ¿Cuántos amigos sois?

Cuando nos juntamos, 11, si no, 2.

¿Qué tal, Fernando? ¿Cómo estás? ¿Lo sabes o no lo sabes?

(Risas)

Luego tenemos que aclarar lo de los colegas.

Porque sois dos,

pero cuando os juntáis sois once. ¿Qué pasa?

Cuando vienen, de allí, del pueblo, ¿qué vienen?

¿Todos enganchados así con un palo? ¿Como jugadores de futbolín?

(RÍEN)

Viene uno de Pamplona los fines de semana,

que ahí es cuando nos juntamos todos. Luego, en verano, Semana Santa y así,

nos juntamos 11. ¿Nunca habéis sido 12?

Bueno, sí, una vez. ¿Qué pasó?

Pues que el niño era de Francia.

(RÍE)

(Aplausos)

Entonces, no cuenta. ¿Cómo vas en el cole?

Ah, no me gusta. ¿Qué te gustaría ser de mayor?

Pues no lo sé. No me gusta la escuela,

pero quiero ser profesor.

Eso es curioso. Ahora, ¿cómo te portas en la escuela?

Eh... Sin más.

(RÍE)

Pero más llegando a mal que llegando a bien.

(RÍE) Luego, sabes que cuando seas maestro,

te puedes encontrar algún chaval como tú.

¿Qué le vas hacer?

Yo qué sé. ¿Por qué quieres ser profe?

Tampoco lo sé. ¿Cómo te ves cuando tengas 20 años?

Pues no lo sé. No lo sabe.

¿Cuándo crees que vas a empezar a saber?

(RÍE) Tampoco lo sé.

(RÍE)

Ah, ya sé. Cuando empiece a estudiar. Muy bien, muy bien.

Ahí has estado fino.

(Risas)

Entonces, empecé con Fernando a hablar y empezó con el "no lo sé".

No lo sé, no lo sé.

¿Y por qué entramos en esa conversación?

Yo no lo sé. ¿Tú? ¿Verdad que no?

Pues yo tampoco.

Vamos, no te preocupes. Eso nos pasa muchos.

¿O qué te crees? ¿Que las chicas de oro saben jugar al poquino?

¿Que el amigo Rubén sabe hacer buen pan?

Ah, bueno, mira. Eso sí que lo sé. Si le preguntas a su padre,

te dirá que no.

(RÍEN)

(Canción en inglés)

Ya de noche, entro en el bar y me encuentro con Tito y Jesús Mari.

Muy buenas. ¿Cómo va por aquí? Pues bien.

¿Me puedo poner ahí? ¿Cómo os llamáis?

Tito. Tito, yo soy Pablo.

Encantado. Encantado. ¿Cómo se llama usted?

¿Yo? Sí.

No sé... Me llaman. Ah, ¿cómo le llaman?

Jesús Mari. Jesús Mari. ¿Tiene familia usted?

Sí, sí, sí. ¿Está casado?

Sí. ¿Cómo conoció a su mujer?

¿Yo?

(RÍE) Pues no lo sé.

-En algún baile. -No. Como tenía bar, en el bar.

¿Se ligó a la camarera? No sé.

(RÍEN)

Esos son muy jefes. Eso no lo hace cualquiera.

¿Desde el primer momento le gustó?

(RÍE)

¿Cómo se aclaró usted? Ay, ay. No me acuerdo.

(RÍEN)

Jesús Mari, buenas noches, ¿qué? Yo le hacía preguntas

y el se descojonaba. Venga a descojonarse.

Digo, se está riendo de mí en mi cara, ¿no?

Y ya empezamos con el "no lo sé". No lo sé, tampoco lo sé.

Que yo digo, Fernando, ¿Jesús Mari no será tu abuelo?

(Risas)

Tampoco lo sabes, ¿no?

(RÍE)

¿Se acuerda usted del día de la boda?

Sí, sí. ¿Qué tal lo pasó?

Mal... ¿Y eso?

Porque me pegó un cólico de riñón y tuve que ir al hospital.

No me diga... El día de su boda le dio un cólico.

(RÍE)

Madre mía, qué mala suerte. ¿En qué momento de la boda?

A la noche. ¿Por la noche?

¿Pero tuvieron tiempo de...

celebrarla la boda o no? Yo creo que no.

Tuve que marchar al hospital. ¿Repetiría la boda?

¿Para qué? Ya hicimos una, pues ya vale, ¿no?

Para qué vamos a hacer otra.

(Risas)

O sea, en la noche de bodas, que ya estaba todo el mundo contentito,

que se iba para su casa ahí bien, con un pedete,

ustedes se van al hotel, y ya con el picardías puesto,

y ¡bum!, cólico. Qué barbaridad, de verdad.

Que no había noches.

Yo creo, Pedro, que te lo contó,

por eso tardaste 50 años en casarte.

Entonces, Jesús Mari, la boda no la repetimos, ¿no?

No, ¿para qué? No, ¿para qué?

Claro, me celebraremos los 50 años, los cólicos de oro.

Ha sido un placer conocerle.

(Aplausos)

(Música)

Después de esta charla en el bar, no sé si irme a dormir

o dar un último paseo por el pueblo. Tanto "no sé" se debe contagiar.

Ya me iba a dormir, vuelvo a pasar por el frontón

y empiezo a oír: "¡pim!, ¡pam!, ¡pim!, ¡pam!, ¡pim!, ¡pam!",

¡pim!, ¡pam!, ¡pim!, ¡pam!",

y digo: "Mira, Rubén y Alejandro, ya han abierto la panadería".

¿Qué tal? "Arratsalde on".

¿Os puedo invadir? Venga, vale.

¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? Javi.

Javi. Fernando.

Yo soy Pablo. Fernando.

Josu. Josu.

Fran. Y Fran.

¿Hay mucha afición aquí al frontón o qué?

Bueno... -Algo se sigue jugando.

¿Sí? Sí.

Es muy potencial este juego, ¿no? Es como de...

Es de demasiada fuerza, sí. ¿Sí, no?

Sí, te puedes lesionar, como me ocurrió a mí,

que me rompí el tendón del bíceps jugando a esto.

¿Te rompiste el tendón? Sí.

¿A ver? ¿Tienes cicatriz de aquello? Sí, aquí se ve.

Ostras, Pedro, chico.

Pero no acudí ni al médico ni nada, o sea, estuve una semana

a ver si se pasaba y no se pasó.

Tendrías un derrame ahí de la hostia, ¿no?

Sí, pero hasta que no vi un pequeño agujero

que se deformaba en el bíceps, pues no acudí al médico.

Madre mía. Cuadrilla, ¿qué tal? ¿Cómo estáis? ¿Bien?

Bien.

Javi, estuviste dos semanas sin ir al médico. Dos semanas.

De hecho, me dijiste que fuiste al médico

porque al final te salió un agujero. Así fue.

Pero vamos a ver, Javi, si te duele la cabeza, ¿qué haces?

¿Que te esperas, a que te salga un agujero también?

¿Qué acabas como...?¿La cabeza, como la Luna, llena de cráteres?

¿Ganaste? No. Encima, perdí.

Encima perdiste. Sí. Es lo más triste de todo.

O sea, el dolor fue por haber perdido, no por la rotura.

Sí, desgarrar a rabiar rompiendo alguna pala,

esas cosas ya hemos hecho también. ¿Has roto palas?

Sí, sí, algunos de estos ya te contarán, muchas hemos roto.

¿30 palas has roto? No, hombre, 30 no, no.

¿20? Dejémoslo en 10. 15.

10 palas, pero si es...

Pero vamos a ver, esto no debe de ser fácil de romper, ¿eh?

Bueno...

Un consejo, tío, deja el frontón. Deja el frontón.

Juega al poquino, que no se pierde nunca.

Yo también soy muy de no gustarme perder, ¿eh?

Pues venga, demuéstralo. Temo dejarme aquí el...

Demuéstralo, venga. ¿Sí? ¿Juego con vosotros un rato?

Venga, sí. -Toma, venga.

Vamos para allá, va. Bueno, pues venga.

Vamos para allá. Demuestra.

(Música)

¡Hostia, qué mal! (RÍE)

(Continúa la música)

Vaya...

Burgui nublado. Esperemos que no llueva.

Anda, mira.

¿Quién las hará?

Qué chulas.

Perdona, hola. Hola.

¿Qué tal? ¿Cómo te llamas? Silvia.

Silvia, ¿eres vecina del tipo que hace las esculturas estas de madera?

Sí, sí. ¿Sí? ¿Quién es?

Alain. Alain. ¿Cómo las hace?

Con motosierra. Perdona, ¿las hace con motosierra?

Sí, sí, con motosierra. ¿Dónde lo podemos encontrar?

Pues supongo que trabajando en el monte.

Venga, Silvia, gracias. Hasta luego.

(Continúa la música)

(Motosierra)

Hola.

¡Hola!

(Claxon)

Buenas. ¡Hola! Buenas tardes.

¿Qué tal? Muy buenas. Muy bien.

Pablo. Alain.

Lo sé. Lo sé porque hemos visto antes esculturas tuyas en el pueblo.

¿Ah, sí? Sí, nos han hablado de ti.

Te estaba buscando, de hecho. Pues mira, aquí estamos.

Alain, ¿qué tal? Muy bien.

Tengo que reconocer de una cosa. Cuando te vi, pensé:

"Como sea viernes 13, me cago".

Una, dos, tres...

Cuatro, cinco, seis y siete. Siete.

¿Siete?

Pues cada una para su cosa. Enséñame cómo te lo montas, a ver.

¿Cómo empezarías de cero, por ejemplo?

Por ejemplo, lo primero que empezaríamos sería visualizar

un poquito qué figura es la que quiero hacer ahí.

A ver, por ejemplo, ¿esta?

¿Este perro es como querías que fuera de origen?

A ese perro querría haberle hecho con un poco más de movimiento.

¿Qué raza es? Este es un perro de madera.

Ah... Una raza nueva.

Una raza nueva. Sí, sí.

Alguna vez también se rompen, ¿eh? Ya me imagino, claro.

¿Y alguna vez has estado al final del proceso y...?

Pues sí que me pasó con un ciervo y se me rompió un cuerno.

No puedes hacer ya otro. Pero te pones a gritar así

con la motosierra al aire, "¿Por qué? ¿Por qué?".

Sí, sí, sí. (RÍEN)

Si oís luego gritos, ya sabéis que se ha roto algo, ¿eh? Escapaos.

(Risas)

Alain, me dijiste que una vez estabas haciendo un ciervo

y cuando lo tenías prácticamente terminado

se te fue la motosierra y le rompiste un cuerno.

Javi, tío, no dejes el frontón.

Vamos, te pasa a ti esto y acabas con el Amazonas.

¿No te quieres animar a hacer tú una escultura?

Va, no... ¿Eh?

No. Que no es difícil, yo te enseño.

No, no, no. ¿Seguro que no?

Que seguro que... Bueno, venga. Empieza tú primero, que te vea.

(Motosierra)

(HABLA ALTO) Un poco lo que estamos haciendo...

Es perfilar ahora, ¿no? Es perfilarle

porque ya la forma la tiene hecha.

Entonces, un poco refinarle lo que es la barba.

Oye, desde que apagas la motosierra hasta que dejas de gritar,

¿cuánto tiempo pasa? Ah, perdón.

(RÍEN) Es que estoy con los tapones.

(RÍEN)

(RÍE) Qué cabrón.

¡Un poco lo que estamos haciendo es perfilarle

porque la forma ya la tiene hecha!

No había oído tantos gritos desde que me depilé las ingles.

Bueno, y voy y me animo y me pongo a esculpir mi propia obra de arte.

(Música)

Bueno, ya está. Muy guapa, ¿eh?

Te he hecho un revistero así, para el salón.

Ah, mira qué buena idea.

A ver, te dije que te había hecho un revistero.

Es mentira, no sabía ni... Bueno, te voy a decir la verdad.

¿En realidad sabes lo que pensé? Te iba a hacer un micrófono.

Por aquello de que yo voy con un micrófono.

Fíjate hasta qué punto tengo yo las expectativas.

Era la segunda vez que cogía una motosierra

y pensaba hacerte un micrófono con tu nombre.

Menos mal que me cortaste a tiempo, porque sino te hago

una caja de palillos y un saco de serrín.

Oye, es impresionante lo que haces. Sí, te la tendré que regalar yo a ti.

¿Esta me la regalas? Sí.

¡Ostras! ¿Quieres que nos tomemos una cerveza?

Por todo el esfuerzo que has hecho. Por favor.

Nos vamos a poner aquí porque ¿has traído tú abridor?

No. Yo no llevo abridor. ¿No?

¿Que la vas a abrir con la motosierra?

Con la motosierra. O, por lo menos, lo vamos a intentar.

(Motosierra)

(RÍE)

¿Qué? Te ha gustado esto más ¿verdad? Bueno, Alain, suerte en la vida.

Eres un artista. Muchas gracias.

Qué buena. En este pueblo todo está bueno.

(RÍEN)

Entonces esta es para mí, ¿no? Llévatela, ¿eh?

¿Siempre regalas así detalles manejables?

Sí, claro, manejables, sobre todo, manejables.

(RÍE) Muchas gracias, Alain.

(Música)

Alain es un fuera de serie.

Me ha impresionado su forma de trabajar la madera.

Burgui está rodeado de bosques y los montes y sus árboles

han sido desde siempre parte fundamental

de la vida de los paisanos de este valle.

(Continúa la música)

¡Uy! Está lleno de avenidas este pueblo.

Pasa, vente.

¿Puedes?

Pues una avenida muy bonita, yo pondría alguna farola,

pero bonita está.

(Continúa la música)

Hola. Buenas.

¿Qué tal? Pues muy bien, aquí, de paseo.

¿Cómo te llamas? Elena.

Elena, ¿qué tal?

¿Y el pequeño? Isai.

Choca.

¿Qué hacéis, dando un paseíto? Sí, de paseíto.

Dando un paseo, a ver el río. Ajá, ¿eres de aquí?

Sí, soy de aquí. ¿A qué te dedicas?

Pues bueno, yo soy la alcaldesa de Burgui.

¡No me digas! ¿Eres la alcaldesa del pueblo?

Sí, sí, soy la alcaldesa del pueblo. Joe, cuánto honor. Qué bien.

Sí, bueno. En estos pueblos es un cargo así, bajito.

Bueno, qué va, es ser alcaldesa. De trabajo y trabajo, pero...

Tomarás decisiones, ¿no? Sí, sí, tomo decisiones

junto a mi grupo. ¿A ti qué te parece?

¿Que sea tu mamá alcaldesa? Bien, bien, bien.

Elena, no sé... ¿Te llamo "Elena" o "señora alcaldesa"?

No, no, Elena, Elena. Elena, ¿no?

Tú aquí tienes que tomar decisiones y yo me pregunto:

"¿Qué tipo de decisiones?".

¿Permitir que la gente vaya con "rollerskis" por la calle?

¿Partidas clandestinas de poquino?

Me dijo que era alcaldesa, pero que ser alcaldesa

era un cargo bajito, ¿bajito? ¿Bajito gobernar a toda esta tropa?

Eso tiene más mérito que Rubén aguantando a su padre

todas las mañanas.

¿Qué tal eso de vivir tan cerca de un río?

Bueno, pues muy bien, una gozada. Nos encanta verlo, escucharlo, sí.

Y nos trae pues muy buenas sensaciones.

(RÍE) Buenas y malas, tenemos. ¿Qué pasa? ¿Ah, sí? ¿Y eso?

Bueno, ahora buenas, pero hemos tenido muy malas.

¿Verdad, cariño? ¿Sí? ¿Qué ha pasado?

Hace tiempo. Cuéntalo.

-Que más arriba iba a llenar un cubo de agua y me caí al río.

Qué miedo, ¿no? Ya.

¿Sabías nadar? No.

¿No sabías nadar? ¿Pero qué edad...? Tenía cuatro años.

¡Con cuatro añitos!

Con cuatro, no. ¿No?

Con tres. ¡Ah, con tres! Menos todavía.

Pero ¿qué pasó? Bueno, pues una historia muy potente.

Pues se cayó al agua en un momento de...

Que se fue al río solito y bueno, nos costó encontrarlo.

¿Y cuánto tardasteis en encontrarlo?

Jo, pues miramos por todo el pueblo. Estábamos mucha gente, además.

Pero... 10 minutillos o así ya habíamos tardado.

Madre mía. ¿Qué época era? Pues era marzo.

¿Marzo? Sí, con el agua helada, congelada,

y esa es la suerte que tuvimos que eso lo salvó.

Pero ¿y por qué eso lo salvó? Porque nada más...

Bueno, la teoría es que nada más caer al río, su cuerpo se congeló.

¡No me digas! Claro.

Todo su cerebro, sus órganos y todo se congelaron.

Sin saber nadar, con tres años, claro.

No, no, no. De hecho, bajaba flotando, claro.

Bajaba flotando, ¡madre mía! Qué imagen, por favor.

Lo encontró mi hermana. ¡Buah!

Sí, sí, y también para ella...

Pero bueno, muy buena reacción desde el primer momento,

con el masaje y demás, y no parar hasta que llegó al hospital,

allí también apostaron.

Claro, porque tú en algún momento llegaste a pensar seguramente que...

Bueno... Sí, claro.

¿Sí, no? Sí, hay unas cuantas horas ahí que...

Que ahora no sabes ni cómo las has pasado.

En ese momento ni estás, yo creo que no estás ni consciente.

Y bueno, pues todo un aprendizaje de la vida.

O sea, porque ahora disfrutamos cada momento cada situación.

Pero escúchame, ¡tú eres un superhéroe!

Un superhéroe, ¿verdad? (RÍE) ¡Un superhéroe!

Has estado congelado y has vuelto a la vida.

¿Le has cogido miedo al río?

Cuando me caí, algunos días estuve con miedo, pero ahora ya no.

Ahora ya no, ¿no?

Ahora tengo un poco miedo a los cangrejos.

Me da miedo que me pinchen. ¿Ah, sí?

¿Qué superhéroe te gusta?

Flash, el que corre rápido. ¡El que corre rápido!

¿Te gustaría correr rápido? Sí, ya corro bastante.

¿Ah, sí? ¿Me lo demuestras? Vale.

Venga, a ver.

Te cuento de aquí hasta allí y volver.

Uno, dos y tres. ¡Vamos!

(Música heroica)

Cuatro, cinco. ¡Cinco segundos! ¡Cinco segundos en ir y volver!

¡Oh! ¡Qué bien!

(RÍE) Eres un tiaco.

¡Qué bien! Eres el hijo del viento, ¿lo sabes?

Ha sido un placer conocerte. Cuida tu madre.

Vale. Venga, hasta luego.

Vaya historia más impactante que me contasteis, de verdad.

O sea, los pelos se me pusieron de punta.

Lo que vosotros vivisteis ahí es un milagro.

Un milagro auténtico. De hecho, es tan extraordinario,

que Isai se ha ganado la categoría de superhéroe.

Isai cuando te caíste me dijiste que le habías cogido miedo al río,

pero que ahora ya no, que ahora le tiene miedo a los cangrejos.

Pues tú nada de miedo, con lo que corres,

los cangrejos ni te ven.

(Continúa la música)

Elena e Isai han vivido el lado más duro del río,

pero a pesar de todo, vuelven a él y disfrutan de lo que les da.

Para los paisanos de Burgui el río es casi un orgullo,

y el sonido de sus aguas, la banda sonora de sus días.

Y cuando pensaba que ya lo había visto todo,

me encuentro a un hombre con dos trozos de carne en la mano

en medio de un descampado.

¿Qué tal? Muy buenas. Bien, ¿y tú?

No te puedo dar la mano porque estoy ocupado.

¿Qué lleva? ¿Cómo se llama usted, perdone?

Pedro. Pedro. ¿Qué lleva usted?

¿Porque esta aquí con carne en medio del solar?

Pues sobras de jabalí, que las tiramos porque se ponen malas

y las echo a los buitres para que coman.

¿Ah, sí? ¿Y acuden muchos? Sí, muchos, 200, igual.

¿200? Sí.

¿Y qué más le echa, aparte de esta carne?

Porque veo que lleva ahí...

Todo, se muere alguna oveja a algún pastor o así,

las echo y acuden y se la comen enseguida.

¿Y pueden llegar a bajar 200? Sí, sí, que hay aquí.

Están aquí criando. ¿Le podemos acompañar?

Vale, sí. Venga, pues le sigo con el coche.

Vale. Venga, Pedro.

Pedro, que le iba a echar de comer a los buitres.

Vamos, una afición normal. Lo más normal del mundo.

Entonces con Pedro vamos a un balcón que tenéis ahí en la montaña.

Bueno, ¿qué, Pedro? ¿Aquí les pones la comida habitualmente?

Sí, sí, aquí les echo.

¡Buah!

¿Puede solo o le tengo que ayudar? Porque es que me está dando...

Esto es bueno, hombre. ¿Que es bueno para quién?

Para todos. Si eres buitre es bueno.

Pesa, ¿eh? Es de las grandes.

Tienen que venir porque ahora están haciendo los nidos.

Ya estarán preparando, tienen que venir.

¿Y qué vienen, en manada desde allí? ¿Se les ve llegar?

Sí, sí, todos seguidos. Mira, ¿ves? Ya vienen todos.

¡Mira, mira, mira! Ya están encima. Ya están encima.

Ya han venido. Míralos desde donde vienen.

(Música)

Ostras, impresiona, ¿eh? ¡Qué va!

¿Que no? Usted porque está acostumbrado.

Pero es que son enormes. Yo antes los cogía hasta vivos.

Cuando están todos comiendo, yo iba corriendo y por las salas.

Te agarran y te rompen la chaqueta de un picotazo.

Pero bueno, es que están aquí al lado. ¿Lo estás viendo, no?

Sí, ya vendrán, aún más tienen que venir.

Y empiezan a llegar buitres, buitres y buitres

volando por encima. Aquello la verdad es que era impresionante,

precioso, ahora, también acojona.

Cuando no lo has visto muchas veces te da cosica verlos ahí.

Es impresionante, pero no llegaban a posarse.

Y entre tanto, usted y yo, tuvimos una conversación...

Que vaya tela.

Una pregunta, si usted fuera un pájaro,

¿qué pájaro le gustaría ser?

Pues quebrantahuesos, que es el más protegido.

(RÍE) Buena respuesta esa. O sea, a usted le gusta que lo cuiden.

Sí, sí. No sé hacer nada. No he hecho ni un huevo.

¿No? Me lo ponen todo hecho.

¿Quién se lo pone hecho? Mi hermana.

Ah, que su hermana lo tiene bien cuidado.

Yo no hago nada, ni coger el vaso de vino, todo en la mesa.

Qué bien vive, ¿no? Va... Mientras dure...

¿Y no cree que tendría que ir intercambiando las labores?

No, no. ¿No? ¿Por qué?

Porque ya estoy acostumbrado así. Ah, claro.

Está usted acostumbrado. Mi madre me hacía todo así, conque...

¿No se hace usted la cama por la mañana?

Nunca, en la vida.

Me levanto, llego, me descalzo, tiro todo y ya está.

Cuando vuelvo ya está recogido todo.

Pedro, por no hacerte, no te haces ni la cama.

Pero calla, que llega a casa, se desnuda,

y deja la ropa por ahí tirada. ¿Pero qué te crees?

¿Que tienes 15 años?

O sea, que a ti lo del siglo XXI es una cosa

que le ha pasado a los demás, ¿no?

Te pregunté que cuál era el pájaro que más te gustaba

y me dijiste que era el quebrantahuesos

porque estado protegido y era al que más cuidaban.

No, no te equivoques.

Al pájaro que más cuidan en Burgui es a ti.

¿Los cordones sabe atárselos? Sí.

Pero ¿eso sí que lo hace o no? Sí, sí.

Eso sí, ¿no? (ASIENTE)

Se me sueltan y los llevo sueltos por no atarlos luego.

Cuando quiera.

O sea, que puede ir todo el día con ellos desabrochados.

Sí. Por no agacharse.

No, porque para que se suelten otra vez, pues tira.

Otra cosa, ¿cómo llevas los zapatos?

¿Los llevas abrochados? A medias.

(RÍE) A medias...

Es que si se le desabrochan, puede ir así todo el día.

Yo me pregunto: "Si se le desabrochan los pantalones,

¿te la juegas a ir todo el día así, como un pingüino?".

(Música)

Pedro, no terminan de acercarse, eso es que igual están

un poco temerosos, ¿no? Porque nos ven que estamos cerca dos.

Habrá que ir a donde echamos otras veces, a ver.

¿Probamos en el otro sitio? Vamos a ver.

(Continúa la música)

Mira, por aquí se ven ahora.

A ver si bajan, porque venir sí que han venido.

Sí, pero... Están volando alto, ¿no?

Muy alto vuelan para que se echen. Ahora remontamos en un momento.

Venga, va.

Mira, mira, mira. Este baja ya, ¿no?

Mira, ahí se paran todos. Y de ahí... ¿Irán bajando andando o qué?

Luego se van a ir, sí. Ya están todos echados.

En cuanto pique uno, en un bolo se meten.

Lo que yo no sabía es que los buitres,

antes de posarse sobre la pieza,

hacen guardia a una distancia prudencial

y luego, cuando uno, el más atrevido, baja por la presa,

todos los demás le siguen. Para que nos entendamos:

el primero que baja es el de los "rollerskis".

(Música)

A eso se van a echar todos.

¿No ves cómo estiran las garras? Sí. Sí es verdad, sí.

Mira, mira, mira, mira cómo bajan. Sí, están bajando todos.

Y ya, poco queda de carne ahí.

Qué pasada.

Es impresionante, ¿eh?

Vamos ahí.

A ver lo que ha quedado, ¿no? Nada.

Madre mía, madre mía. Qué pelado lo han dejado.

No me lo puedo creer. Si ya ni huele.

¡Pero bueno! Bien limpia.

Pero si han estado nada de tiempo.

Oye, qué rápido comen, ¿no?

Cuando llegué, solo quedaban la lana y los huesos.

Comían más rápido que unos jubilados en un buffet libre.

Pedro, para cuando vuelva me tiene que prometer

que por lo menos ya sabrá hacer un par de cosas:

o la cama, o freír un huevo.

Y si se lo toma con seriedad y poquito a poquito,

en 70 años se puede ir de casa.

(Música)

Estos días en Burgui he hecho cosas extraordinarias.

He podido esquiar sin nieve, ganar al poquino,

esculpir un tronco con una motosierra,

y aún así, me ha sobrado tiempo para alimentar a 100 buitres hambrientos.

Lo que no te pase en Burgui...

Después de pasar 48 horas aquí ya puedo decir que sus paisanos

son, sin ninguna duda, algo fuera de lo normal.

Paisanos de Burgui, sois muy buena gente.

(Música)

Eres de las primeras personas que conozco

que se van de casa con 50 años, ¿eh? Bueno, pues aquí es la mayoría.

Irse antes de los 50 es casi un sacrilegio.

¿Habéis vuelto a discutir desde aquel día?

No, de momento no, ha pasado poco tiempo aún.

Sí, pero... ¿Esperáis que nos lo creamos eso?

Oye, queda en pie nuestro reto. ¡Ah!

Le propongo que se mire un tutorial en YouTube, que los hay,

y me lo haga con puntilla para la próxima vez que venga.

¿Qué va a hacer con ese huevo? Tirarlo.

(RÍE) ¡Pues ya está!

(Risas)

¡Poquino! ¡Tengo poquino! ¡Tengo poquino!

  • Burgui

El Paisano - Burgui

18 may 2018

Pablo Chiapella conduce su jeep rumbo al Pirineo de Navarra; su destino es Burgui, un pintoresco pueblo de montaña del valle del Roncal. En Burgui nuestro paisano va a pasar 48 horas.

Durante su estancia en Burgui, Pablo vivirá experiencias de lo más increíbles; con Pedro aprenderá a esquiar sin nieve, con las chicas de oro se convertirá en un crack del Poquino, también tendrá tiempo de hacer esculturas con una motosierra y, como colofón final, se dedicará a alimentar a un centenar de buitres hambrientos.

Burgui, cuenta con unos paisanos fuera de lo normal y con un río que es el orgullo del pueblo, el Esca. Este río forma parte de la vida de los burguiarras, quienes han obtenido muchos beneficios de sus aguas, aunque no todo han sido buenos momentos. Y así se lo cuentan Tomàs, Visi, Elena e Isai a Pablo.

Todas las experiencias vividas e historias explicadas por los paisanos de Burgui, Pablo las recogerá en un monólogo en el que contará, con una fuerte dosis de humor, su paso por este pueblo navarrense.

Contenido disponible hasta el 3 de abril de 2023.

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