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Para todos los públicos El Paisano - La Alberca - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Hola, amigos, soy Pablo Chiapella y soy de Albacete,

aunque gran parte de los veranos de mi vida

los he pasado en Ayora, un pueblo de Valencia.

Recuerdo que de pequeño me quería quedar a vivir en el pueblo.

Mis padres salían locos.

Para mí, el pueblo es un mundo sabio, auténtico,

pero, sobre todo, divertido.

Ahora vivo en Madrid, pero el cuerpo me pide pueblo.

Vosotros ya me conocéis

y ahora me toca a mí conoceros a vosotros.

(Música cabecera)

"Mi destino es La Alberca.

Un pueblo de la serranía castellana

situado al pie de la Peña de Francia.

En este pueblo salmantino viven 700 paisanos.

Con ellos voy a pasar 48 horas".

¡Buenas noches, paisanos de La Alberca!

(Aplausos)

(Música)

No puedo soportar estar así todos los días.

Tirado en la cama mirando la vida pasar.

Muy buenas. ¿Qué tal?

Aquí, cargando leña para la calefacción.

¿Podemos hablar?

¿Qué tal? Bien, ¿y tú?

¿Cuál es su nombre? Pepe.

Pepe.

Me llaman Pepe Camisetas porque tengo una tienda de camisetas,

pero no me gusta mucho que me llamen Pepe Camisetas.

¿Y por qué le dio por las camisetas?

Porque era un negocio que funcionaba muy bien aquí para el turismo.

Era un souvenir que compraban las abuelitas para los nietos.

¿Ah, sí? Sí. Era un negociete, sí.

Pero ¿se encargaba usted de los eslogan de las camisetas?

No, los compraba a un fabricante de Barcelona

de Santa Perpetua de Moguda. Ajá.

¿Cuál es el eslogan que recuerda que más tirón tenía?

El eslogan era "La Alberca of the colors".

En inglés. "Los colores de La Alberca".

(Risas)

Pepe Camisetas. Telita. Buenas noches. ¿Qué tal?

Pepe, la camiseta que más vendías era en la que ponía

"La Alberca of the colors".

Según tú, "Los colores de La Alberca".

"La Alberca of the colors" significa "La Alberca de colores".

¿Sabes qué colores?

Los que le sacas a la gente cada vez que te oyen hablar inglés.

¿Cuál es el eslogan más atrevido que ha vendido?

Hay un eslogan muy bueno que es

"El sexo es el único deporte que se puede realizar con la luz apagada".

(RÍE)

¿Pero es conveniente o no? Hombre, es conveniente.

Yo lo práctico de todas las maneras. O sea que, normalmente la gente...

Pero ¿usted ha probado a encender la luz también?

Es peor. ¿Por qué?

Porque se quita intimidad.

Además, si la chica no es muy guapa, pierde encanto.

El sexo...

es el único deporte que se puede practicar

con la luz apagada.

¿Y tú estás de acuerdo, no?

Estás de acuerdo porque si se enciende la luz...

es peor, es peor.

Es peor pero ¿para quién?

Según tú, si la chica no es muy guapa pierde encanto.

Pero vamos a ver, Pepe, ¿tú que te crees, Brad Pitt?

De eso se hubiera dado cuenta antes de apagar la luz, ¿no?

Ya, bueno. Pero cuando estás en trance tampoco te vas a parar...

Ah, que usted cuando se lleva a una chica a la cama va en trance ya.

Hombre, claro. Normalmente sí.

Es un trance un poco así como... No sé cómo explicarte.

¿Si tuviera un ruido qué ruido sería el del trance?

¿El ruido?

El marido que llega detrás a por mí, si está casada, claro.

Ah, que alguna de estas se ha encontrado ya.

Hombre, sí.

Normalmente es mejor casadas, porque así no te reclaman luego nada.

¿Alguna vez ha tenido que huir? Un par de veces.

¿Sí? Sí, sí.

¿Y eso? En calzoncillos.

De hecho, has tenido que huir hasta dos veces

de tu casa en calzoncillos.

Buenos, de tu casa no, de otras casas en calzoncillos.

A ver, Iker Jiménez.

Si algún día vienes a la Alberca y ves un fantasma en calzoncillos,

misterio resuelto. Es Pepe.

¿Qué más cosas peligrosas ha hecho usted?

Peligrosas, peligrosas... No sé.

Patinar, volar. ¿Cómo, cómo? ¿Volar?

Volar. Volar. Volar, volar.

Yo estuve en la Academia Regional del Aire.

No me digas. ¿Ha sido usted militar?

No, fui, fui. Ajá.

Y como me echaron, dejé de serlo. ¿Que le echaron?

Sí. ¿Por qué?

Porque me eché novia en Elche y no cumplía con el reglamento.

¿Qué pasó? Nada.

Que no acudía cuando tenía que ir, me distraía los fines de semana.

Soy un poco incompatible con la vida militar.

(Risas)

Pepe, no le des más vueltas.

El ejército del aire no era para ti.

Tú no puedes tener la avioneta quieta, macho.

(Música)

Mira qué sierra más espectacular. Esta es la sierra de Quilama.

Si anduviéramos hacia el norte, llegaríamos hasta Salamanca.

Al oeste, Portugal, todo este valle es el valle de Las Batuecas.

Hurdes, Cáceres, Extremadura,

y a nuestro pies La Alberca.

"Los alrededores de La Alberca me han impresionado.

Encontrarme con Pepe Camisetas en las afueras del pueblo

me ha hecho reír 'of the colors'. Empezamos bien.

Ya tengo ganas de conocer a más paisanos".

(Música)

Llego a La Alberca, aparco el coche

y con la primera persona que me encuentro es con Paqui.

Hola. Hola.

¿Qué tal? Buenos días. Buenos días.

¿Cómo te llamas? Yo me llamo Paqui.

Paqui, yo soy Pablo. Hola, Pablo. Encantada.

Igualmente. Paqui, ¿dónde ibas?

Iba a la panadería. A comprar el pan.

No, es que soy la panadera. Anda, eres la panadera del pueblo.

Sí, sí. Soy la panadera. La que hago el pan.

¿Eres feliz siendo panadera? Sí, sí.

Lo que pasa que echo de menos un poquito...

Un día libre a la semana. ¿Qué pasa?

¿No tenéis días libres? Nunca.

¿Nunca? Nunca.

¿Dónde está Paqui? ¿Paqui?

Hombre, Paqui, ¿qué tal?

¿De verdad que no has hecho vacaciones nunca? ¿Jamás?

Jamás. Madre mía.

Eres como Kiko Rivera pero al revés.

(Risas)

¿Siempre has querido ser panadera? Bueno... Te voy a contar.

Yo quería ser actriz de pequeña. ¡No me digas!

Quería ser actriz, toda la vida. Sí, sí.

¿Qué papel te gustaría hacer? No sé. De mala.

De mala mejor. Lo veo más difícil.

Lo veo más difícil, sí.

¿Cómo pondrías cara de mala?

Así, yo qué sé. Algo así.

(Risas)

Tú querías hacer de mala porque era más difícil.

¿Difícil? Tú lo tienes muy fácil, Paqui.

Mira. Tú cierras la panadería una semana

y verás cómo te conviertes en mala rápidamente.

(Risas)

Y con Paqui descubro la primera tradición del pueblo. La boda.

¿Tienes hijos? Dos.

¿Dos hijos? Sí, dos hijos.

El pequeño se me casa este año. Ah, ¿se te casa el pequeño?

Sí, sí, sí. ¿Con qué edad?

Con 33 años.

¿Y cómo son las bodas aquí en La Alberca?

Mira, las bodas son muy bonitas aquí en La Alberca.

Ajá. El día antes la alborada.

La alborada. ¿Qué es la alborada?

La alborada... Se dan dulces y sangría para todo el pueblo.

Aquel día se hace la boda de la cena al padrino.

¿Sabes?

El padre del novio va con dos vecinos cercanos

a darle la cena al padre de la novia.

¿Qué culpa tienen esos dos vecinos, digo yo?

Me imagino la junta de vecinos.

Pito pito gorgorito, tú y tú, a coger macarrones.

Y después, el día de la boda,

el mozo del pollo, que tiene que ser por la parte del novio.

El mozo del pollo. El mozo del pollo.

¿El mozo del pollo quién es?

Tiene que ser un hermano del novio, pero que no esté casado.

Lleva un árbol,

entonces sería un acebo, pero ahora no está permitido cortarlo.

Entonces llevan laurel.

Ahí se cuelga un gallo, pero vivo. Un gallo vivo.

¿Se cuelga de patas? Exacto.

Se ata...

No es el que mejor se lo pasa de la boda.

No. El pobre...

(RÍE)

Y después está la moza de la pica.

La moza de la pica por parte de la novia.

El mozo del pollo y la moza de la pica.

La moza de la pica por parte de la novia.

Después de la misa, el chocolate.

La alborada, la cena del padrino, el mozo del pollo,

la moza de la pica y la chocolatada, Paqui.

¿Estás segura de que son tradiciones

y no te lo has inventado para pillar unos días de vacaciones?

(Risas)

Pepe, ahora entiendo por qué vives en las afueras.

Con lo difícil que es casarse aquí en La Alberca...

Como para tenerte suelto por ahí, vamos.

(Risas, aplausos)

A disfrutar aquel día.

¿Te vas a animar a cantar tú? Sí, claro. Claro, ¿cómo no?

Lo que haga falta.

O sea que te vas a pasar el día bailando.

Bailando. Y los vecinos.

Y los vecinos y todo el mundo que quiera.

¿No paran de molestar? No paran de molestar.

Entonces sería... (CANTA) "Bailando,

me paso el día bailando".

Paqui, espero que la boda salga muy bien y te pases la boda...

Bailando.

"Me paso la boda bailando

y los vecinos mientras tanto no paran de cocinar".

(Aplausos)

Bailando, me paso el día bailando,

y los vecinos mientras tanto

no paran de molestar.

Muy buenas. ¿Qué lees?

Es la biografía de Aznar. ¿Te gusta?

No lo conozco. ¿No lo conoces?

No es la biografía de Aznar, obviamente.

"Las Argonáuticas". Sí.

¿Cómo te llamas? Me llamo Eduardo.

¿Eres de aquí del pueblo? No, nací en Venezuela.

Llevo aquí nueve años. Naciste en Venezuela.

¿Y qué haces aquí? Tengo un niño de cinco años.

Con una chica de aquí. Con una chica de aquí, sí.

Ajá.

Bueno, veo que pintas fenomenal.

Pinto muy bien y tengo más cosas que no están aquí,

que son bastante originales. Hago grabado aparte.

Bueno, yo que sé. ¿Vives de ello?

Sí, a duras penas, pero vivo.

Sobre todo porque no vendes nada.

Pero sí, hombre. Se sufre un montón.

Desde luego que esta mierda no se la deseo a nadie.

Te lo digo tal cual.

Pero bueno, aquí sigues. Sí, y aquí seguiré.

Nunca cambiaré.

Eduardo, buenas noches.

Muy buenas noches. (RÍE) Buenas noches.

(RÍEN)

Macho, tú eres un cachondo, te lo tengo que decir.

Me dijiste: "Yo esta mierda no se la deseo a nadie".

(RÍEN)

Macho, no sé qué hay que hacer para ponerte serio.

No sé qué hay que hacer. (RÍEN)

Igual...

colgarte boca abajo, como al gallo. (RÍEN)

No, te reirías. (RÍEN)

Yo recuerdo que pintaba en Alicante,

y me encontré con una tipa que me decía:

"Mira, si te pones sombrero, vendes más".

Y dije: "No me jodas, tío".

Digo: "Que sí, que haces más retratos".

"¿Me estás tomando el pelo?". Y... era verdad.

(RÍEN)

O sea... es que era una pasada, tío. Me puse el sombrero y...

¿Y por qué te lo has quitado?

¡Pff! Cuando me dejé la cresta esta.

(RÍEN)

Tuve que hacer algo.

(RÍEN)

Oye, ¿te cambió la vida tener hijos?

Sí, totalmente.

(ASIENTE) Claro. ¿Para mejor?

Bueno, a veces para mejor, a veces para peor.

Lo que pasa es que no valoras mucho tu vida, lo valoras...

Valoras su vida.

Lo que disfruta él lo... Te cambia eso, ¿sabes?

Y te preocupas más en que él disfrute y sea feliz.

(ASIENTE) Entonces, bueno, yo creo que es...

es lo más importante.

Ahora mismo, lo que yo dejó atrás o lo que hago

y me toca los cojones todos los días para que esté bien...

(CARRASPEA) ... no me importa.

¿A tu hijo lo quieres llevar a Venezuela?

No.

No, a vivir no, por Dios.

¿Y a conocerlo? Sí.

Sí, sí me gustaría.

Bueno, él ahora mismo quiere ir a la isla de los dinosaurios.

Que no sé muy bien cuál es.

(RÍE)

Entonces...

Iremos a la isla de los dinosaurios, donde esté.

Tu hijo quiere ir a la isla de los dinosaurios.

Tremendo destino ese, ¿eh?

Ahora, te digo, vas a tener que pintar cuadros...

pero bien. Bien. (RÍEN)

Oye, aún llevas la cresta, ¿no?

Llevo la cresta, sí. (RÍEN)

Pues mira.

Te he traído esto.

(RÍEN)

Que aquí te cabe la cresta...

y los dos billetes para llevar a tu hijo

a la isla de los dinosaurios. Toma.

(APLAUDEN Y VITOREAN)

(Música)

A Eduardo, su hijo le ha cambiado la vida.

Ahora sus prioridades son otras y saca fuerzas de donde sea.

Solo cuando tienes un hijo

entiendes lo mucho que han hecho tus padres por ti,

porque ahora tú haces lo mismo por él.

(Música)

Parece un cerdo. Por detrás parece un cerdo, ¿no?

A ver...

Ah, pues sí, es un cerdo.

Oye, perdona.

Es un cerdo, ¿verdad?

Es un cerdo. (RÍE)

¿Cómo te llamas? Octavian.

¿Octavian? ¿De dónde eres?

Soy de Rumanía. Eres... ¿Y qué haces aquí?

Trabajando. ¿Trabajando? ¿En qué trabajas?

En el ayuntamiento. En el ayuntamiento.

Mantenimiento, sobre todo.

Mantenimien... O sea, ¿mantienes a este cerdo?

(RÍE) También.

¿Sí? ¿Cómo que también? Bueno, a este no.

Hay otro que se suelta... todo el año.

Que se... Uno de verdad.

Se suelta un cerdo por el pueblo. Sí.

Es una tradición que tiene este pueblo.

(ASIENTE)

Se suelta desde...

desde junio a enero.

¿Y cómo...? ¿Y quién se lo queda, al final, el cerdo?

Eh... Hay una rifa. Ah, hay una rifa.

Octavian, ¿dónde estás?

¿Qué tal, Octavian? Buenas noches.

Contigo conocí la segunda tradición del pueblo.

O sea, que aquí, en el pueblo,

soltáis un cerdo durante siete meses.

Por la calle.

Y está todos los días por ahí suelto.

Bueno, menos los días de boda,

qué dirá: "Calla, yo no salgo, no sea que Paqui se invente...".

(RÍEN)

"... el mozo del marrano...".

(RÍEN)

"... y no tengo yo los jamones para que me los cuelguen".

(RÍEN)

¿Y va suelto por el pueblo? Sí.

¿Y no lo pillan los coches?

No. Porque...

lo vamos a enseñar.

¿Quién lo va a enseñar? Yo.

Yo soy el que lo voy... Lo enseño todos los años.

Todas las mañanas lo voy soltando por las calles...

¿Sí? Sí... Enseñarle...

todo el pueblo.

Octavian,

cuando tú vas a Rumanía y explicas...

(RÍEN)

... que trabajas en La Alberca domando cerdos...

(RÍEN)

... ¿qué piensan? ¿Que trabajas en el ayuntamiento o en un circo?

(RÍEN)

Cuando corre el cerdo, ¿alguna vez has tenido que correr detrás?

Pues alguna vez sí. Una vez, cuando le ha traído,

intentamos sacarlo del coche... Sí.

Y se ha escapado y...

Y estamos cinco tíos corriendo detrás de él.

(RÍEN)

Sería divertido, ¿no? Era... bastante divertido.

Bueno, divertido...

Para otra persona, no para mí.

¿No? ¿Por qué? Porque tenía que correr mucho.

(RÍEN)

Un rumano con gorra de Venecia... (RÍEN)

... corriendo detrás de un cerdo en La Alberca. ¡Toma ya!

(RÍEN)

Paisanos de La Alberca,

yo creo que detrás de la estatua que habéis hecho del cerdo,

tenéis que poner otra de Octavian así.

(RÍEN Y APLAUDEN)

(Música)

Y andando por el pueblo, de repente, descubro una cosa insólita,

una cosa única.

(RÍE) Mira qué balcón lleno de regaderas.

¿Quién vivirá en esa casa?

Vente.

(LLAMA AL TIMBRE)

"¿Sí?".

¿Hola? "Hola".

Mire, estaba dando una vuelta por el pueblo,

y he visto que tiene un balcón precioso,

lleno de regaderas. "Sí".

¿Podría enseñármelo?

"Vale. Ya bajo yo y le abro".

Venga, genial. "Vale".

Hasta ahora.

Nos lo va a enseñar.

¿Qué hay? Buenos días. Buenos días.

¿Qué tal? ¿Cómo se llama usted? Me llamo María.

María, soy Pablo. Encantado. Muy bien.

Vaya balcón más bonito que tiene. Sí, lleno de cachivaches.

(RÍE) ¿Lleno de cachivaches? Sí.

Oiga, ¿puedo ver el balcón?

Vale. ¿Sí?

No a todo el mundo lo dejó subir, ¿eh?

Ah, ¿no? Ya hay gente que me lo ha dicho.

Bueno, bueno. Soy un afortunado, entonces.

Vamos para allá. Pues hala.

Venga. Venga.

Vaya casa tiene usted, llena de recuerdos.

Me gusta guardar todo.

Aquí estamos.

Tan bonito como parece desde abajo.

Pero, ¿y cómo empezó esta idea de colgar...?

Pues porque me gustaban las regaderas y cada vez que veía una bonita decía:

"Me la voy a comprar". Y luego digo: "¿Dónde las pongo?

No las voy a poner en la cocina". Hala, al balcón.

Mira todas las que hay.

No las he contado. Una, dos , tres...

cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve...

Pero también tiene macetas, tiene campanas... calabazas.

La idea surgió de las calabazas, más bien.

(ASIENTE) Sí, porque las cultivaba mi padre,

la sembrada en una finca que tenía... Sí.

Y cuando las traía, no sabíamos qué hacer con ellas,

y a mí se me ocurrió: "Pues las pongo en el balcón".

Y fue lo primero que comencé a poner, las calabazas.

¿Dónde está María?

¿Qué tal, María? Buenas noches.

Menos mal que no arreglaba coches. (RÍEN)

Si no, tendrías aquello como el taller de la Seat.

(RÍEN)

La verdad es que cuando vi tu balcón, pensé:

"Pero quien vive aquí tiene que estar colgado

o como una regadera, vamos". (RÍEN)

Porque tú en el balcón tienes más regaderas

que la sección de jardinería de El Corte Inglés.

(RÍEN)

Ya tiene falta alguna de cambiarla. Esa era de mi suegra.

Tendrá, por lo menos, 60 años esa regadera.

Y mire cómo está, toda rota. Esta, la azul.

Esa era de mi suegra. ¿La puedo coger?

Sí. A ver.

O sea, es la regadera de su suegra. Era de mi suegra.

Le recuerda a ella en cuanto la ve. Sí, hombre, claro. Claro que sí.

Luego, esa... Esa creo que era de mi madre,

pero esa ya la puse bastante después. Ah, ¿sí? ¿Cuál?

La gris. Está gris. Sí.

O sea, está gris era de... Esa gris.

... de su madre. ¿Cómo se...? Victoriana.

Victoriana. (ASIENTEN)

¿Cómo era su madre?

¿Mi madre? Sí.

¿Pues qué te voy a decir yo? La mejor madre del mundo,

como dirías tú con la tuya, ¿no? (RÍE) Sí.

Muy buena.

¿Se llevaban bien? Muy trabajadora.

Una mujer que adoraba a sus hijos.

(ASIENTE)

Trabajó mucho para vosotros.

Mucho.

Mucho, porque tienen una historia... Ah, ¿sí?

Menuda historia la de mis padres, que se quedaron...

desnudos en la calle y se les quemó la casa.

¿Qué me di...? ¡No me diga! (ASIENTE)

Se incendió la casa.

¿Pero estaban dentro? Todos. Durmiendo.

¡No me diga! Mis hermanos y...

¡Uy, uy, uy! Mi padre, mi abuelo y yo.

(ASIENTE)

Fue... Fue de pena, de verdad. ¡Ay! Mira...

No quiero ni hablar de eso porque me entristece mucho

saber por lo que pasaron mis padres

para salir a flote y llegar luego hasta donde llegaron.

(ASIENTE) ¿Se siente afortunada?

Pues sí. De los padres que tuve...

y... del legado que me han dejado.

(ASIENTE) De que ayudara a los demás,

y ser buenas personas.

(Música emotiva)

María, vaya historia. Fíjate, además, que es curioso, porque...

las regaderas llenas de agua sirven para apagar el fuego.

Y a ti te recuerdan cómo sobreviviste a las llamas.

Parece un detalle increíble. Y, de verdad,

que deseo que las regaderas de tu balcón

sigan regando tu simpatía por muchos años.

(APLAUDEN)

(Música emotiva)

Los padres de María lo perdieron todo,

y sus vecinos les ayudaron.

¡Menuda lección de vida!

Ahora, María aprecia cada día la importancia de ser buena persona

y ayudar a los demás.

Lo material viene y se va,

pero las enseñanzas perduran para siempre.

(Música)

(LEE) "Turrón... de vino.

Pedro Ximénez.

Turrón de aceite de trufa y nueces".

(RÍE) "¡Turrón de jamón ibérico!". Bueno, esto no puede ser.

(LEE) "Turrón de naranja, jengibre y Peta Zetas".

¡Peta Zetas! Vamos para adentro.

Hola. Hola, buenas.

¿Qué tal?

Aquí estamos. ¡Qué maravilla!

(RÍEN) -Sí, hacemos aquí...

todo tipo de elaboraciones tradicionales

y de mi propia creación.

¿Cómo se llama usted? Yo soy Mariluz.

Mariluz. Hola.

Hola, Mariluz, yo soy Pablo.

Encantada. Encantado.

¡Uy, qué moderna! ¿No? Sí, un poco.

(RÍEN) Es un poco Lady Gaga.

Sí. Bueno, no, no. No llego. (RÍEN)

Mariluz, buenas noches.

Tú, en realidad, te llamas Mari, ¿no?

Porque la luz ya la pone la chaqueta.

(RÍEN)

Mariluz, tú vendes turrones todo el año.

O sea, que tú estás siempre en Navidad.

Vamos, ahora entiendo la chaqueta.

(RÍEN)

¡Eso es para crear ambiente!

(RÍEN)

¿Usted hace el turrón? Sí.

Mi hija Patricia y yo hacemos todos estos turrones.

Ese es el tradicional y ese.

Y luego, todos estos, son nuestras propias creaciones.

He visto que tienen turrones muy curiosos, ¿no?

Sí, procuro hacer algo que no se venda en otros comercios,

porque es la forma de sobrevivir en los sitios.

Y todos los años hacemos uno nuevo.

Mariluz, tú haces turrones

que no haya hecho nadie antes.

Mariluz,

si antes no lo ha hecho nadie, por algo será.

(RÍEN Y APLAUDEN)

¿Cuál es el último que ha hecho?

El de gambas al ajillo, pero lo hice después de Navidad.

Esto, cuando vas a comerlo, hay que concienciar la cabeza.

Sí, ¿no? Y no decir: "¡Ay!".

No hacer eso. Ya.

Porque si haces eso, no me gusta.

(RÍE) Tienes que pen... Escúchame.

Hay que entenderlo. Esa es la palabra.

Al turrón hay que entenderlo.

(RÍEN)

Que yo digo: "¿Vamos a comer turrón o a hacer álgebra?".

(RÍEN)

A ver. Bueno, lleva más cosas que chocolate.

Curiosísimo.

Es muy curioso, sí. (RÍEN)

Esto está buenísimo. (RÍEN)

¿Y esto qué es? Pues esto es...

lo mismo que esto, turrón de guirlache.

(ASIENTE) Lo hice en el año 2010.

Un día estaba haciendo este turrón y, de repente,

cuando lo agarro, lo muevo y digo: "Anda, hice un jarrón".

(RÍEN)

Y, de repente, ¡pum! (RÍEN)

Te salió un jarrón. (RÍEN)

Mariluz, te felicito porque eres una artista.

Eres tan artista, que me lo trasmitiste de tal manera,

que el otro día en casa,

me levanto una mañana y dijo: "Voy a innovar.

Me voy a hacer un turrón, pero un turronaco, un turrón bueno".

(RÍEN)

"El turrón arroz tres delicias".

(RÍEN) Mira lo que me salió.

(RÍEN)

(RÍEN Y APLAUDEN)

(Coro)

Y ya, por la noche...

me adentro por las calles del pueblo...

Ando entre sombras,

apenas iluminado por la luz tenue de las farolas.

Veo un gato que huye. No sé muy bien de qué.

Y, de repente, empiezo a oír...

(Campana)

Y veo dos mujeres con una campana.

(Campana)

Fieles cristianos, acordémonos de la muerte

y las benditas ánimas del purgatorio

con un padrenuestro y un avemaría, por el amor de Dios.

(Campana)

Hola. Hola.

(RÍE) ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Rita.

Rita, yo soy Pablo. Encantada.

-Hola. E ibas con...

Sí. -Con Carmen.

Carmen. Encantada.

Carmen y Rita, ¿qué hacíais?

Pues nada, hacemos la oración a las ánimas.

Ajá. ¿Qué es esto? A las ánimas benditas.

¿Qué es esto? Es un culto que, vamos,

se sale todos los días al atardecer.

Sí, sí, todos los días. ¿Todos los días?

Todos los días. ¿Y siempre eres tú?

No. No, no, no.

Son... Lo tenemos por meses.

Cada mes lo tiene una familia, por así decirlo, la esquila,

y, entonces, ese mes se hace cargo de salir a tocarla.

Esto es la esquila. La esquila de las ánimas.

Ajá. ¿Y qué se supone que provocas al...?

Salimos para que se acuerde la gente, los vecinos, de los difuntos,

de las ánimas, y para que recen por ellos.

Rita, Carmen, ¿qué tal, guapas? (AMBAS) Hola.

Vosotras salís todos los días del año,

bueno, vosotras no, realmente la que sale es la campana

o, mejor dicho, la esquila.

Menos mal que lo hacéis a una hora razonable,

porque como algún día lo hagáis a las tantas,

se van a acordar de los muertos, pero de los vuestros.

¿Qué oración es? Fieles cristianos...

Sí. Acordémonos de la muerte

y de las benditas ánimas del purgatorio...

(ASIENTE) Un Padre Nuestro y un Ave María.

Ay, ya no me acuerdo. -Por el amor de Dios...

-Por el amor de Dios. ¡Se me ha olvidado!

-Y otro Padre Nuestro.

-Luego tocas tres campanas, otro Padre Nuestro y otro Ave María.

(AMBAS) -Por los que están en pecado mortal,

para que su Divina Majestad los saque de tan miserable estado.

Menos mal que estaba Carmen. ¿Qué es, tu apuntadora?

(RÍEN)

Era como: "Un Padre Nuestro y un Ave María...".

(RÍEN)

Y Carmen... (SUSURRA) "Por el amor de Dios".

"Por el amor de Dios". (RÍEN)

¿Y los días de mucho, mucho, mucho, mucho, mucho frío?

Ahí sí que... Hay que salir igual.

-Siempre salimos. -No. ¿No dice...?

Tú te sabes la leyenda de un día, por que no se salió

o alguna historia. -Me lo ha contado mi madre.

¿Qué pasó? Pues que un día se olvidó...

Vamos, no la salieron a tocar

y dicen los antiguos, la gente mayor,

que salió la esquila sola por las esquinas tocando.

Es una leyenda que te la... ¿Que se oyó la esquila?

Sí, sí, sí. ¿O que la llegaron a ver?

No, no, que se oyó la esquila.

Uy, uy, los pelos de punta. Sí, sí.

¿Nadie ha tenido la curiosidad de decir: "Hoy no salgo,

a ver si sale sola"? Pues no.

-Venga, sí, hombre. -No, no, no.

-No tientes al diablo, por Dios. (RÍEN)

Rita, Carmen, ¿alguna vez de estas noches que habéis salido

os habéis encontrado corriendo a Pepe en calzoncillos?

(RÍEN Y APLAUDEN)

Que sería como: "¡Ton, ton! ¡Ton...! ¡Hombre, Pepe!, ¿qué tal?

¿Cómo vas? Los calzoncillos los llevas al revés.

¡Ton, ton! ¡Ton, ton! Uy, se está haciendo como de día".

"No, no, es Mariluz con la chaqueta".

(Canción en inglés)

Después de cumplir con la tradición albercana

y haber rezado a las ánimas,

creo que me tengo muy merecido un felices sueños y hasta mañana.

(Música)

(Canción en inglés)

(RÍE) ¿Qué tal?

Hola, hola, hola. Que me atropellas, mujer.

Hola. ¿Cómo te llamas?

¿Qué tal? ¿Yo? Me llamo Macu. Macu, soy Pablo.

Hola. ¿Dónde ibas?

Pues voy a mi huerto. ¿Al huerto?

Sí, es que tengo ovejas y las tengo que sacar a pastar.

¿No prefieres ir en coche?

No, no, no. Yo siempre voy en bici.

¿Siempre vas en bici? Siempre. Mira, ecocivismo.

¿Ecocivismo?

Ecocivismo. Esto es ecocivismo.

Esto es ecocivismo, sí, señor. ¿Tienes otro ecocivismo para mí?

Sí, sí, sí, tengo. ¿Dónde?

Tengo una bicicleta de mi hijo, si quieres...

¿Te puedo acompañar? Sí, sí, por supuesto.

Ah, vale. Venga. Por supuesto, sí.

Venga, te sigo.

(Continúa la música)

Venga, ahora sí que sí, ahora de verdad.

Vamos.

Nacho, esta es la Facia, la Blanca, Luz...

Oye, qué saltos pegan, ¿no? ¿Has visto? ¿Has visto cómo corren?

¿A qué te dedicas? Tengo una tetería en La Alberca.

Tienes una tetería. Sí, hombre.

Te tengo que invitar a tomar un té. Claro que sí.

Claro. Encantado.

Y hago unos mojitos muy ricos. ¿Ah, sí? ¡Anda!

Y hago unas limonadas... Vamos, todo natural, ¿eh?

Mira, además, no tengo ningún envase que sea envase no retornable,

no utilizo plásticos ni nada desechable.

(ASIENTE) Ni latas ni nada de eso.

Luego, siempre reciclo todo, todo, todo. Lo plástico...

¿El aceite también? Sí, también hago jabón.

¿Qué le dirías tú a alguien que no recicla?

¿Que no recicla? Bueno, yo es que a veces me cabreo mucho

y digo para mí misma una cosa muy dura, pero...

¿Como qué? No lo puedo decir en alto.

Dilo, hombre, dilo. (RÍE) Porque es que es muy duro.

Dilo, dilo. Si nada cambiara, imagínate, que nada cambia...

¡Pues nos vamos a la mierda! ¿Cuánto calculas?

¿Cuánto tiempo calculas que...? Nos vamos a la mierda, pero pronto.

Macu, ¿dónde estás?

Hola, Macu. ¿Qué tal, guapa?

Como sigamos así, nos vamos a ir a la mierda, ¿no?

Que digo yo: "Hombre, muy optimista no es".

(RÍEN) Muy optimista no es.

Si fuera muy optimista, me hubiera dicho:

"Nos vamos a ir a la mierda 'of the colours'", por lo menos.

Y la conciencia esta ecológica que tienes, ¿de qué te viene?

Pues no sé. ¿Sabes de qué me viene? De mi contacto con la naturaleza.

Yo me emociono mucho en el campo y me emociono bailando.

Mira, eso es lo que echo de menos. ¿Bailas?

Sitios para bailar. ¿Ah, bailas? ¿Qué tipo de baile?

Pues me gusta bailar la música que siento, casi toda.

Me gusta también el folclore.

También me he apuntado a clases de flamenco,

ahora estoy haciendo clases de piano, clases de taichí...

¿Clases de taichí? En un pueblo hay también

muchas ofertas culturales. ¿Me enseñarías a hacer taichí?

Sí, sí, sí. Venga. ¿Cómo es?

¡Uy! Espera. ¿Dónde nos ponemos?

Pero ¿aquí? Sí, hombre.

¿Aquí, aquí? Pero... (RÍE)

Yo lo intento, no lo he hecho nunca.

Y nos pusimos a hacer taichí.

Y menuda estampa, ¿eh? Tú y yo ahí...

(Música relajante)

¿Tú te imaginas cosas cuando lo vas haciendo?

Hombre, lo suyo es no imaginarse nada,

lo suyo es estar muy consciente del movimiento.

Sobre todo eso, y con la mente muy despejada.

Ya me he perdido. Si es que no se puede conversar.

(RÍEN)

Yo iba haciendo como que podía y lo único que hacía era hablar

y me dices: "Cállate, cállate, que si hablas, me pierdo".

Y digo: "Menos mal". (RÍEN)

"Te pierdes tú, porque yo ya estoy perdido, ¿eh?".

Vamos a hacerlo en silencio un poco, va.

Un poco en silencio.

Yo me callo.

Bueno, pues vamos a seguir por donde íbamos. A ver.

La palabra "shiwa"

es un estado espiritual.

Si la dices alta... (RÍEN)

Perdona. El mundo se iluminará.

Verás como ah, ah, ah.

Es como un gran ah, ah, ah.

"Shiwa, shiwa".

"Shiwa, shiwa". Uh.

Mira cómo baila,

sandalia aquí, sandalia allá.

Mirad, todas las calles de La Alberca son empedradas

y sus casas están construidas a base de madera

y sobre muros de piedra.

Venir a La Alberca es como un pequeño viaje en el tiempo.

Ah, ah, ah.

"Shiwa, shiwa".

"Shiwa, shiwa". Uh. -"Shiwa".

Más tarde, voy por detrás de la iglesia

y saliendo de su casa conozco a Andrés.

¿Dónde está Andrés? Aquí.

Andrés, ¿qué tal? Buenas noches.

¿Qué hay? Buenos días. Hola, buenos días.

¿Qué tal? Bien.

¿Cómo se llama usted? ¿Yo? Andrés soy yo.

Andrés, yo soy Pablo. ¿Pablo?

Encantado. ¿Se vive bien en el pueblo?

Aquí se vive muy bien. ¡Mejor que en Madrid!

¿Ah, sí? Yo voy a Madrid y allí me matan.

¿A qué se dedicaba usted? Yo, a la agricultura toda la vida.

Mucho trabajo, pero muy sano. Muy sano, ¿no? Así está usted.

(RÍE) ¿Y dónde iba?

¿Yo? A coger pan. Vamos para abajo.

¿Vamos para abajo? Sí.

Venga, vamos. Tira para abajo.

¿Le ayudo con la escalera? ¡No! No hace falta.

Yo cogía mucha fruta, muchas cerezas, muchas castañas...

Tenía vacas lecheras también

y vendía todos los días 70 l de leche.

¿70 l? Sí.

Algunas veces se implaban, había que darle para...

Para desimplarla. ¿Qué es desimplarla?

Desimplarla... Es que se implaban de aire

porque comían pienso muy fuerte.

¿Y cómo se desinfla? Y comen...

Pues se le echaba gaseosa, una botella de gaseosa.

¿Ah, sí? Sí.

Y un poco de leche.

Y se le echaba por el papo así, para abajo y ya estaba.

¿Y luego cómo...? ¿Lo demás qué? ¿Qué pasaba?

Y después ya se empezaban a desinflar.

¿Por dónde se desinflaban? Pues por el...

Por el culo, que se empezaban a echar...

A ventosear.

(Risas)

Se llenaban de aire y para desinflarlas,

usted les daba gaseosa.

¿Eso qué era? Como... (SORBE) Mu.

(RÍEN) (SORBE) Mu.

(SORBE) ¡Mu!

Claro, por algún lado se tendría que desinflar, ¿no?

Por atrás, porque, si no, salían volando. Tú imagínate...

Tu imagínate, Octavian, que te pasa a ti eso con el cerdo.

(RÍEN)

Oye, ¿y dónde compraba la gaseosa usted?

Aquí había gaseosa. La hacía uno que se llamaba Huevato.

¿Huevato? Sí, sí.

(RÍE) Vaya nombre, ¿no? Juan Huevato.

Un día estaba los amigos, que se hacían meriendas y eso...

Sí.

Dijo que se comía dos docenas de huevos.

Y apostaron que se lo tenía que comer en 18 minutos.

¿Cocidos? Fritos.

Vaya. Se los comió.

¿Cuántos exactamente? 18 minutos, dos docenas.

(RESOPLA) Y se los comió todos.

Pero tardó dos minutos más y perdió la apuesta.

Juan el Huevato. (RÍEN)

Erais un poco cabroncetes, ¿eh?

Que se zampó 24 huevos fritos.

¿Luego qué le dijo usted, un poquito de gaseosa y leche?

(RÍEN)

(Música)

(Canción en inglés)

¡Anda, un 600!

(RÍE) ¡Ay, ay, ay!

¡Anda! ¡Hombre!

Mari, ¿qué tal? Pablo, ¿qué tal?

No sabía que tenías este cochazo. Pues mira,

mira qué Porsche tengo descapotable. (RÍE)

Qué maravilla. ¿Lo coges mucho? Sí, mucho.

¿Sí? Sí, sí, sí.

Ajá. Casi todos los días.

¿Todos los días? Cuando tengo que ir a comprar.

Si quieres, dejo que lo lleves. ¿Te hace ilusión?

Me hace mucha ilusión. ¿Puedo llevarlo yo?

Sí, venga. Venga.

Te lo dejo. Vamos.

Pero cuídamelo bien. Hombre, te vienes conmigo.

Qué coche más chulo, María. Me encantó.

Oye, ¿tú sabes si tu 600

si le cae un rayo, viaja en el tiempo?

Seguro que sí. Seguro que sí, ¿eh?

Porque para mí fue como viajar al pasado.

Pablo, ¿te gusta el 600? (RÍE)

(Canción en inglés)

¿Ves lo que da un coche pequeño? Te metes por donde quieras.

Lo que da de sí, la verdad. Es maravilloso.

(Continúa la música)

Conducir un 600 en pleno siglo XXI.

Esto solo podía pasarme en La Alberca.

Ojalá los paseos con el 600 de María

se conviertan en una tradición más del pueblo.

(Continúa la música)

Y andando por las calles del pueblo,

por vuestras calles bonitas y empedradas, de repente,

descubro un museo y digo:

"Un museo en La Alberca. ¿De qué será?".

Uy, un museo.

Hola. Hola.

¿Podemos pasar? Sí, pueden pasar, pasen.

Buenas. (AMBOS) ¿Qué tal?

Así que esto es un museo. Bueno, más que un museo,

es la casa donde yo viví de pequeño. Yo viví en esta casa...

¿Usted vivió aquí? Yo viví aquí.

Por cierto, ¿cuál es su nombre? Sátur.

Sátur, yo soy Pablo. ¿Usted vivió en esta casa?

Sí, sí, sí. ¿Hace cuánto tiempo?

Yo tengo 55 años, desde que nací,

en el 62, hasta el 72 viví en esta casa,

con mis abuelos prácticamente los primeros años,

porque mis padres tuvieron que emigrar,

pero como mucha gente del pueblo, de la zona.

Ajá. En homenaje a los abuelos,

mi mujer y yo hemos reconstruido la casa

y la enseñamos a toda la gente que quiere conocer La Alberca

y las raíces albercanas. O sea, esta casa la reconstruisteis

tal y como estaba cuando viviste aquí con tus abuelos.

Efectivamente. Sátur, ¿qué tal? Muy buenas, Sátur.

Tú haces una cosa maravillosa,

porque lo que enseñas es tu propia casa.

Eso es como si vas a conocer el Titanic

y te lo enseña un calamar gigante. (RÍEN)

Y, por ejemplo, cuéntame esto. ¿Qué era esta entrada?

Esto no es una entrada normal. No, por donde hemos entrado,

esto son las cuadras.

Teníamos dos cerdos que comían en esta pila de granito.

¿Sí? Una mula, que comía en este pesebre.

Ajá. Tres o cuatro cabras

en las pequeñas góndolas. En la parte de atrás,

está como separado el animal mayor, una vaca lechera.

Y en el corral teníamos 10 o 12 gallinas.

Y aquí es donde comía la mula. La mula.

Ajá.

Ahí veo como... No sé, ¿una salida de humos?

(RÍE) No, no. ¿Qué es eso?

En todas las casas de La Alberca... Sí.

Tenían una caja fuerte. Se llamaba la tinaja del oro.

¿Qué me estás diciendo, que esta era la caja fuerte?

La caja fuerte de la abuela. ¿Tú recuerdas venir,

a tu abuela venir aquí a guardar cosas?

Yo ya me enteré cuando era mayor.

Menos mal que nunca entraron a robar,

porque si llegan a entrar a robar, yo creo que la vaca se caga.

El cerdo se va con Octavian... (RÍEN)

Y el gallo, bueno, el gallo dice... (RÍEN)

"¡Pff!

Yo no me voy a mover.

Total, en cuanto haya boda, me van a poner boca abajo.

Que vigile la caja fuerte su tía, vamos".

(RÍEN)

Aquí dormían mis abuelos, yo dormía en esta otra cama,

compartida con mi tío Lorenzo.

No tengo buen recuerdo. Mira, el colchón de hoja de maíz.

¡Buf!

Madre mía.

¿No había nada más cómodo? No sé, alfileres,

tenedores, enanos con espada... (RÍEN)

Yo creo que, sin darte cuenta,

tú, desde aquella época, te has hecho faquir.

Tú ahora mismo te tumbas así en una cama de clavos

y estás más cómodo que Paqui de vacaciones.

(RÍEN)

Mira, esta es la cocina. Aquí se hacía el fuego,

nos sentábamos todos aquí alrededor, siempre al calor del fuego,

colgaban aquí los embutidos. Sí.

Y en estas cachas de castaño se secaban las castañas.

¿Tú recuerdas ver aquí a tu abuela? Hombre, recuerdo verme yo.

¿Eh? Vaya trabajo.

¿Los niños sabes qué me preguntan cuando vienen?

¿Qué? Que dónde nos bañábamos.

Te lo voy a contar. (RÍE)

Este barreño... Sí.

Se ponía en el balcón los días de sol,

dos cantaritas de agua de la fuente de la plaza

que se subía la abuela. Pero esa agua vendría fresquita.

Fresquita, claro. Se calen...

Y cuando era invierno, en el fuego se calentaba.

Lo que recuerdo del baño, solo nos bañábamos una vez a la semana.

Y os bañabais solo una vez a la semana.

Que no me extraña con el frío que hacía.

Te llegas a bañar todos los días

y ese verano apareces en el cartel de la Frigo.

(RÍEN) El Frigodedo de Sátur.

El Frigopie de Sátur.

El Calippo de Sátur. (RÍEN)

¿Y con tus abuelos cómo te llevabas? Fenomenal.

¿Sí? Yo era aquí el rey.

Un detalle. Era la hora de cenar y me decía la abuela:

"¿Qué quieres cenar, hijo?". Me llamaba hijo.

Decía: "Un huevo frito, abuela". Iba a la despensa,

tenía un pucherito de barro, no había huevos,

se bajaba hasta abajo, hasta la cuadra,

subía al nidal, cogía un huevo

y si había un huevo, ¿sabes quién lo comía?

El nieto. Ellos no comían por darme de comer a mí.

Qué bonito, ¿no? Muy bonito.

Oye, si pudieras ver a tus abuelos, ¿qué les dirías?

Nada, darles las gracias por lo bien que me criaron en esta casa

y lo que me inculcaron de pequeño.

Lo que has hecho en esa casa es algo maravilloso.

Es toda una declaración de amor hacia las personas que te quisieron,

te cuidaron y ya no están entre nosotros.

Estoy seguro que si tus abuelos pudieran ver esa casa,

estarían orgullosísimos de ti, Sátur.

Así que brindo por ti, brindo por tus abuelos

y por todos los abuelos que nos criaron cuando éramos niños.

(Aplausos)

(Música emotiva)

En La Alberca la tradición se palpa en sus casas,

sus rincones y sus paisanos.

Pasear por sus calles me ha transportado a los tiempos

que con tanto cariño recuerda Sátur.

(Continúa la música)

He descubierto ritos que vienen de lejos,

como las bodas con su mozo del pollo,

que con tanto cariño me ha contado Paqui,

o la moza de ánimas,

una antigua costumbre que Rita y Carmen siguen con orgullo.

Los albercanos valoran sus tradiciones

y las conservan porque con ellas trazan su identidad.

Paisanos de La Alberca,

sois un pueblo de costumbres maravillosas.

Ya he pasado con vosotros 48 horas

y ya puedo decir que me siento vuestro paisano.

Paisanos de La Alberca, sois muy buena gente.

Muchas gracias.

(Vítores)

(Música)

¿Qué tal, Eduardo, tío? Bueno, mal.

(RÍEN)

No esperaba menos, no esperaba menos.

No esperabas menos de mí, ¿no?

He puesto esto de plástico porque no tenía otro material.

Pero es reutilizable, ¿a que sí? Totalmente.

De hecho, creo que lo llevaba ya... Te perdono.

¿Lo puedo volver a probar por última vez?

Sí, pruébalo.

¡Mm! Increíble.

Sabe a arroz tres delicias. Lo he clavado.

Sí. -Te voy a regalar...

¡No me digas! Un hornazo. "El Paisano".

Hecho a horno de leña por mí. ¡Ay, esto es para mí!

¡Venga, hasta luego!

(Música créditos)

La Alberca "of the colour". En inglés.

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El Paisano - La Alberca

15 jun 2018

Pablo Chiapella hoy se dirige a la Alberca, un pueblo de la comarca de Salamanca. Pablo conocerá sus tradiciones y disfrutará del humor de Pepe Camisetas y de los turrones de Mari Luz. Se relajará haciendo Tai Chi con Macu y podrá viajar al pasado conduciendo el seiscientos de María.

Contenido disponible hasta el 3 de abril de 2023.

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  1. Mayte felipe sanchez

    Modesto creo q te confundes , La Alberca , pertenece a La Sierra de Francia , esta en el sur de Salamanca , lindando casi con la provincia de Caceres

    30 jun 2018
  2. Modesto

    La Alberca, entérate, no es castellana, es de la región leonesa de Salamanca.

    20 jun 2018