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El Ojo Clínico

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Para todos los públicos El ojo clínico - Paliativos - ver ahora
Transcripción completa

Sería muy bueno que los hombres se hicieran

una revisión inicial a los 40 años,

porque podemos hacer un análisis de sangre,

un antígeno prostático específico,

que va a decirnos el riesgo que tiene ese hombre

de desarrollar cáncer de próstata en su vida.

- Todavía existen muchos mensajes

en torno a la masculinidad

que hacen que el hombre tenga un poco de temor,

de miedo, en ir al especialista

a ver qué le está pasando realmente.

Piensan que puede atacar a su virilidad,

a su masculinidad.

(FE) Hay una parte muy subjetiva. También se ha visto

que hombres que después recuperan la función sexual

no acaban de tener relaciones sexuales con normalidad

precisamente por el aspecto psicológico,

y esto es algo, desde luego, muy fácilmente tratable.

- Es muy importante el estado mental en el que tú te encuentres

y afrontarlo,

porque las cosas se pueden ver de otra manera.

No curan o no curarán 100%,

pero te ayudarán a afrontar los tratamientos

muchísimo mejor.

(Sintonía)

A lo mejor nos pensamos: "Qué dormido está.

No lo quiero ver así, quiero que abra los ojos,

que me agarre con la mano...".

Pero hay que aceptar eso, aceptar que, por su enfermedad,

va a estar más dormido de lo habitual,

que no vas a poder despedirte de él como quisieras, ¿sabes?

Pero es que hay que aceptarlo.

Cuesta mucho, pero hay que aceptarlo.

Muy pocas veces queremos pensar en el final de nuestra vida,

pero todos coincidimos en cómo queremos que sea:

sin dolor, sin sufrimiento,

en paz y rodeados de nuestros seres queridos.

Desgraciadamente, hay enfermedades incurables

y todos hemos vivido la terrible experiencia

de despedir a un familiar porque ha llegado su hora.

Nuestro mayor anhelo es que el enfermo sufra

lo menos posible.

La medicina lo ha conseguido en buena parte.

Es una de las funciones

de las Unidades de Cuidados Paliativos:

que el paciente no sufra y que la familia que le acompañe

esté lo más reconfortada posible.

Y Pedro Ruiz, gran creador y mejor persona,

compartirá con nosotros los cuidados y el cariño

que le ofreció su madre hasta los últimos días de su vida.

Pedro aparcó su carrera para dedicarse por entero a ella.

La doctora Julia Fernández Bueno nos explicará su labor

con estos enfermos terminales,

y además escucharemos palabras emocionadas y agradecidas

de José Julián,

cuyo hermano falleció rodeado de sus familiares y del cariño

de las enfermeras y médicos de cuidados paliativos.

Y la muerte de Felipe II en el año 1598

no fue precisamente serena.

Una muerte terrible con su cuerpo lleno de llagas

y sin remedio alguno que pudiera aliviar los dolores.

Retrocedemos en la historia hasta aquel año

para conocer el tremendo final que tuvo.

(Música tranquila)

(NA) Llamar "cuidados paliativos" a lo que hicieron con Felipe II

es, por lo menos, un sarcasmo.

La frase del divulgador histórico Carlos Fisas se refiere

al tratamiento dado al que, probablemente,

fue el emperador más poderoso de la historia de la humanidad.

El monarca murió el 25 de septiembre de 1598

en presencia de su hijo y heredero,

al que hizo llamar para que comprobase de primera mano

"en qué queda el mundo y las monarquías".

Realmente, el espectáculo era pavoroso.

Un rey dolorido y agonizante

afectado por todas las patologías posibles,

lleno de llagas, infestado de piojos

y cubierto por sus propios excrementos.

Así se despidió de sus cortesanos,

a los que, días antes, había exigido

que le llevaran en volandas hasta el Monasterio de El Escorial

para contemplar por última vez todas y cada una de sus obras.

Felipe II murió en unas condiciones míseras,

empequeñecido en una cama

cuyas sábanas ni siquiera se podían limpiar,

porque el monarca no era consciente de su propia podredumbre.

Ya en el siglo XX,

el doctor Gregorio Marañón llegó a escribir

que el emperador era víctima de su propia anosmia,

o sea, de su incapacidad

para percibir el pútrido olor que desprendía su cuerpo.

Felipe II no fue precisamente un monarca bien tratado

por sus médicos,

aunque puede suponerse que, en su época,

los galenos no encontraron fórmulas para paliar sus múltiples dolencias,

probablemente a consecuencia de una vida no demasiado ejemplar

desde el punto de vista de la contención.

Él había heredado de sus antepasados,

los Austrias, la enfermedad de la opulencia,

la gota,

una deformación artrósica

fruto de una alimentación perjudicial

y de la afición por las bebidas alcohólicas.

Cabe recordar que fue su padre, Carlos V,

quien introdujo en España la fabricación artesanal

de la cerveza.

No obstante,

el reputado historiador Pedro Gargantilla sugiere

que los especialistas del rey trataron la gota

que sufría el soberano con palo de santo,

un mejunje que contenía indometacina,

un antiinflamatorio que todavía hoy se utiliza

para la terapia de ciertas enfermedades reumáticas.

Felipe II, religioso hasta la superstición,

fanático de cualquier experiencia esotérica,

arrastraba también de los Austrias los efectos

de la consanguineidad real

y sus aficiones desbocadas de carnalidad.

Nunca fue un rey fiel pese a sus creencias religiosas.

Su padre se empeñó en casarle con María Tudor,

cuyo retrato, enviado a la corte española

por la pretendiente,

produjo en el monarca un absoluto rechazo

por su evidente fealdad.

Se matrimonió por capitulaciones, y María,

que padecía frecuentes ataques de histeria,

fingió dos embarazos que se quedaron en nada.

Más tarde se casó con María Manuela de Portugal,

que, según todos los indicios,

se entregó a las bondades eróticas del propio hijo del rey,

y después contrajo matrimonio

con Isabel de Valois y Ana de Austria.

Las tres últimas están enterradas en El Escorial;

la Tudor, no.

Eso parece que lo explica todo.

A Isabel de Valois, Felipe II le contagió

una sífilis realmente dolorosa que él, a su vez,

había contraído con la multitud de meretrices

que, entre boda y boda, pasaron por su lecho.

No parece que en este delicado asunto

se ganara el título del "rey prudente".

Por decirlo todo, parece que Felipe II sufrió

hasta una gripe aviar,

no se sabe si contagiado a su vez por la cortesana Isabel Osorio,

con la que tuvo dos hijos.

Murió entre atroces sufrimientos,

rodeado de médicos incapaces de aliviar su padecimiento,

acompañado de reliquias,

afectado también de carbunco

y no precisamente confortado

por los cuidados paliativos adecuados.

Más bien, todo lo contrario.

Eran otros tiempos.

(Música de cierre)

Uno de los principales avances de la Medicina del siglo XX

es la anestesia, para aliviar dolores

y proporcionar un final lo más digno posible

al ser humano,

algo que no ocurría en la época de Felipe II.

Nuestro historiador de cabecera, Antonio López Vega,

nos lo cuenta.

(Música tranquila)

En 1598 fallecía, en medio de grandes dolores,

un monarca español

que había impulsado la construcción del Monasterio de El Escorial

y que había dirigido el Imperio "donde nunca se ponía el sol".

¿Sabe usted de quién se trata? ¿Sabe usted qué enfermedad padeció?

- Felipe II fue un emperador español,

hijo de Carlos I,

y estuvo...

Construyó el Monasterio de El Escorial.

Bueno, el Monasterio de El Escorial...

- Felipe II es el rey que trasladó la capital

desde Toledo a Madrid.

Lo sabemos todos; fue en 1561.

Es un rey muy poderoso, rey también religioso,

que ha hecho muchas cosas sobre Madrid.

Por ejemplo, en Madrid, los Austrias...

Es gracias a Felipe II.

- Enfermedades... Gota,

sobre todo.

Y fue hijo del emperador Carlos V.

- Sufrió gota, si no recuerdo mal.

- Entre 1558 y 1598,

iba a liderar los destinos de la monarquía hispánica

Felipe II.

Se trataba del mayor imperio

que, hasta entonces, había contemplado

la historia de la humanidad.

Felipe II encabezaba una monarquía compuesta,

una monarquía con un rey y diferentes reinos.

Estos reinos tenían su propia configuración jurídica,

institucional,

política y social.

Lo único que compartían era el rey y la política exterior.

Lo interesante de este monarca,

que tenía el mayor poder concentrado hasta entonces,

es que su propia condición personal iba a caracterizar

su acción política. Por un lado,

eso que algunos historiadores han llamado

"el síndrome de Felipe II".

Es decir,

su obsesión compulsiva por controlarlo todo.

Desde Manila al Virreinato de la Plata

o la Corona de Castilla,

él se empeñaba en resolver personalmente

todos los conflictos y situaciones que se pudieran plantear

firmando cada una de sus resoluciones

con su famoso autógrafo:

"Yo, el Rey".

Por otro lado, su puritanismo religioso,

que le llevó a condicionar su política exterior

desde su asunto medular, Flandes,

hasta cuestiones que también caracterizaron la época,

como, por un lado, la reforma protestante,

que se había abierto camino en los años 30 y 40 de ese siglo XVI

y a la que el Catolicismo trató de hacerle frente

desde los postulados del Concilio de Trento

y Felipe II, en particular, trató de encarnar, por un lado,

desde un punto de vista arquitectónico,

con la construcción y el impulso en un tiempo récord

del Monasterio de El Escorial,

pero también en lo militar,

porque se empeñó y participó en la Liga Santa

que el Papa puso en marcha contra...

el Imperio turco,

y que tendría como epígono la victoria católica

en la Batalla de Lepanto el 7 de octubre de 1571,

liderados por el hermanastro del rey,

don Juan de Austria.

Por todo ello, muchos historiadores sitúan,

en esa personalidad de Felipe II y en sus decisiones,

el origen de la crisis

a la que asistiría la monarquía hispánica

a lo largo del siglo XVII.

De hecho,

durante su propio reinado ya se asistió a tres bancarrotas,

fruto de los empréstitos

que tuvo que pedir a los banqueros

para poder sostener toda esa acción militar.

Por eso, Felipe II ha pasado a la historia de la humanidad

como uno de los grandes reyes de esta,

pero también como el origen del final del Imperio español.

La muerte digna, el debate médico ético

sobre si prolongar o no artificialmente

la vida de un paciente cuando ya se sabe

que está abocado a la muerte, aun a costa de su sufrimiento,

ya se planteaba hace décadas en Televisión Española.

Vean algún ejemplo de entonces.

(NA) El desarrollo moderno de los cuidados paliativos

tiene su origen en Reino Unido,

aunque el término surge en el Hospital Royal Victoria

de Canadá en 1977.

Tres años después,

la OMS incorpora oficialmente este concepto.

La primera Unidad de Cuidados Paliativos en España

se inició en 1982,

pero alcanzó su reconocimiento oficial

en octubre de 1987.

De esta forma lo contaban en la tele de entonces.

(TV) Tradicionalmente, la Medicina se rendía,

abandonaba cuando se encontraba con un mal incurable.

En el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander

las cosas ya no son así.

En el Departamento de Oncología,

el doctor Jaime Sanz y su equipo atienden, cuidan y alivian

a los enfermos terminales que llegan hasta su servicio,

pionero en el tratamiento de este tipo de enfermos

en nuestro país.

(NA) También en esos años,

se constituyó la Unidad de Paliativos

del Hospital de la Cruz Roja, en Barcelona.

Allí recogían este testimonio:

- Al enfermo le da mucho ánimo,

le da ganas de ir viviendo,

y el dolor que mi marido traía aquí, tan enorme,

de huesos, de espalda, de lumbago, de todo,

porque le dolía todo,

se lo quitaron completamente, no tenía ningún dolor.

Y, desde luego, eso sí,

humanitario, una barbaridad.

(NA) El concepto de muerte ha cambiado a través del tiempo.

Durante muchos siglos se consideraba que se producía

cuando dejaba de latir el corazón.

Ya en el siglo XX, se habla de muerte cerebral.

De esta forma lo contaban hace unos años,

y recordaban el caso de un futbolista

del Atlético de Madrid que estuvo en coma ocho años.

(TV) En nuestro país, el caso más llamativo fue

el del futbolista del Atlético de Madrid Martínez,

que sufrió una enfermedad vascular

que le produjo un coma irreversible.

En esta situación se le mantuvo durante ocho años,

desde 1964 hasta la fecha de su muerte,

en septiembre de 1972.

La autopsia reveló

que su tronco cerebral estaba dañado.

Y ustedes, ¿qué piensan? ¿Cómo querrían que fuera su final?

¿Conocen bien la labor que se realiza

en las Unidades de Cuidados Paliativos?

Los ciudadanos tienen ahora la voz en El Ojo Clínico.

Cuando uno está muy malito y no tiene otra solución,

que se le cuide lo máximo posible

y se le dé una sedación para que no sufra.

- Son un tipo de cuidados que se dan a los enfermos terminales

cuando ya la Medicina no puede tener

ninguna solución para la enfermedad.

- Afecta mucho.

Cuando las personas son mayores,

sin querer, alrededor, te ponen un poco...

Y claro, ese es el día a día, la noche a noche, y todo.

- Los familiares, mal,

porque ves que se va yendo lentamente y no puedes hacer nada.

- Yo soy de las que no estoy a una persona...

O sea, haciéndole de todo cuando sabes que no hay solución.

- A mí, desde luego, que me pongan morfina y no sufra,

y si me acortan la vida, me la han acortado.

En esa situación, tampoco es vida.

La medicina paliativa centra su atención

en los enfermos terminales, es decir,

aquellos cuya esperanza de vida es relativamente corta

por causa de una enfermedad que no responde

a tratamientos curativos.

Está enfocada en lograr la máxima calidad de vida

y actividad en los pacientes terminales,

sin intentar acortarla ni alargarla,

procurando el alivio del dolor y otros síntomas estresantes.

Uno de los fármacos más utilizados en medicina paliativa

es la morfina,

que, a su vez, ha sido objeto de polémica

por su posible relación con el acortamiento de la vida

de los pacientes a los que se administra.

La morfina es un derivado del opio,

que disminuye la percepción del dolor

a nivel espinal y cerebral, de forma realmente muy eficaz.

Además, ayuda a suprimir la tos y reduce la tensión.

Una de las ventajas de la morfina es que puede administrarse

por vía oral, intramuscular, intravenosa, rectal

y directa al sistema nervioso central,

lo que aumenta la eficacia del fármaco con menores dosis

y efectos adversos.

Su uso es especialmente eficaz en el dolor asociado al cáncer,

en el posoperatorio,

en el producido por un infarto cardiaco

y en la disminución de la sensación de angustia

en ciertas enfermedades del pulmón,

por lo que su utilización no se limita solo

a enfermedades terminales.

Como efectos adversos más frecuentes,

tenemos la disminución de los movimientos intestinales,

del ritmo circulatorio y de la respiración.

Si bien la morfina y los opiáceos pueden producir

depresión respiratoria,

especialmente en ancianos o en pacientes debilitados,

cuando se ajustan las dosis a las características del paciente

la depresión respiratoria es limitada

y rápidamente se desarrolla tolerancia a este efecto.

También es muy raro que la morfina llegue a inducir dependencia

en pacientes tratados crónicamente para el alivio del dolor crónico,

tal como el dolor canceroso.

Ana tiene más datos sobre cuidados paliativos.

(Música tranquila)

Cristina, podemos destacar algunos datos.

Más de 200 000 personas precisan cada año

estos cuidados en España

según datos de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

Se calcula que el 60% de los pacientes

que fallecen por cáncer

y el 30% de los que sufren otras enfermedades,

como el Alzheimer,

necesitan de estos cuidados.

Casi 54 000 personas mueren cada año en nuestro país

sin recibir los cuidados adecuados en su fase terminal.

En España, solo hay 400 unidades especializadas

en cuidados paliativos y están muy mal repartidas.

También existe la necesidad de aumentar

el número de unidades de cuidados paliativos pediátricos

en toda España,

ya que solo hay nueve unidades.

Queremos para nuestro familiar lo mismo

que querríamos para nosotros mismos:

terminar en paz y con el menor dolor posible,

algo que nos produce casi el mismo miedo que la propia muerte.

Julián perdió recientemente a su hermano

a consecuencia de un cáncer.

Él recuerda la dedicación de quienes cuidaron de su hermano

en la fase terminal: primero en casa

y luego en el hospital.

Por su parte, la doctora de cuidados paliativos

Julia Fernández Bueno ofrece a diario los cuidados

y el cariño que necesita el paciente y su familia.

Seguro que se sienten identificados con estos testimonios.

Los pacientes que tenemos en cuidados paliativos

son pacientes incurables de distintos tipos de enfermedades.

No solamente de cáncer,

sino también de enfermedades neurológicas degenerativas

o insuficiencias orgánicas,

hepáticas, renales, cardiacas o respiratorias.

Ese es el grueso de pacientes que atendemos.

- Mi hermano tuvo un tumor.

Le tuvieron que quitar el tumor y el riñón,

y estuvo durante dos años

haciéndose tacs cada seis meses.

Y la enfermedad evolucionó.

Evolucionó y al año tuvo una lesión.

Empezó a afectar a los huesos

y luego hizo metástasis también en el hígado.

- La atención en cuidados paliativos es una atención integral.

Es una atención integral donde el objetivo de la curación

ya no está,

y el objetivo es mejorar en lo posible

la calidad de vida del paciente y atender todas sus necesidades

de forma integral,

de manera que hay que aliviar los síntomas físicos,

como no puede ser de otra manera, como el dolor,

la disnea o los vómitos,

pero también toda la atención psicológica y espiritual,

atendiendo a los valores, las creencias

y el apoyo emocional al paciente.

- Luego, cuando hubo que llevarlo al centro operativo...

nos dieron opción,

y aunque yo trabajo en un medio hospitalario pedí otro,

pero era porque quería privacidad con mi hermano.

Queríamos eso, estar en la habitación solos con él,

planificar las visitas, no eso de tanta visita,

porque es un agobio.

Llevábamos un cuadrante y "tú puedes o no puedes venir hoy".

Claro, a tu hermano le ponen un laxante

y no tiene ganas de que venga la gente a verle por la mañana

o por la tarde. Pues no puede venir nadie.

Y estábamos las visitas

y mi familia con él.

- La muerte forma parte de la vida, y además es una certeza:

todos nos vamos a morir.

Ayudar a que una persona pase la última etapa de su vida

de la mejor manera posible,

cumpliendo sus deseos en la medida de lo posible

y que tenga una muerte tranquila y en paz

es muy satisfactorio para el profesional.

Y, aparte de eso, los pacientes y las familias

me han enseñado a valorar la vida.

- Tengo muy buenos recuerdos y, además, ¿sabes lo que pasa?

Que quiero ir a la Unidad de Paliativos a dar las gracias,

y no he ido porque mi madre todavía está...

Si para mí, para mis hermanos, es fuerte

haber despedido a un hermano,

imagínate para nuestra madre. Entonces, a ella le cuesta más.

Pero tengo que ir a darles las gracias

por todo lo bien que se portaron y la ayuda que nos ofrecieron.

- El que sea gratificante este trabajo, esta profesión,

no quiere decir que no pases momentos duros.

Hay días que pasas momentos muy duros.

Y hay veces que es imposible no llevarse a casa

esa preocupación y ese impacto emocional

que has sufrido durante el tiempo de trabajo.

Pero poco a poco uno tiene que aprender a autocuidarse.

- Debemos entender que los centros paliativos...

son para lo que son.

Ahí no hay esperanza de darles vida.

La esperanza... El consuelo es

que la vida que les queda

van a estar lo más confortables posible,

tanto ellos como la familia.

Y que ese dolor que se presenta en esas enfermedades,

que es muchísimo,

va a estar atendido.

El Ojo Clínico ha visitado una Unidad de Cuidados Paliativos.

Hemos sido testigos de cómo trabajan allí

los profesionales.

Su gran vocación está dirigida a aliviar el dolor,

tanto físico como emocional, en esos momentos tan duros.

La satisfacción que sienten al recibir el cariño y la gratitud

de quienes rodean al enfermo. Y queremos compartirlo

con todos ustedes.

Estos días

está durmiendo,

está más tranquilo, sin dolores.

Porque él en su casa, los últimos días, decía:

"¡Ay!".

Pero aquí no; aquí está más tranquilo y bien.

(NA) El yerno de Emilio,

ingresado en la Unidad de Cuidados Paliativos

de la Fundación Vianorte-Laguna,

está en fase terminal por un tumor cerebral.

Solo tiene 46 años y es padre de dos hijas.

- Al decir esto me emociono,

(EMOCIONADO) porque mi yerno es muy buena persona

y se merece un final feliz.

O sea...

Porque es muy bueno.

Muy bueno.

- Siempre hay miedo porque...

no lo conocemos. Siempre hay miedo a lo desconocido.

Y la muerte es un tabú en nuestra sociedad.

Parece que siempre lo ha sido, pero no siempre lo ha sido.

La muerte ha estado muy presente,

y no hace tantos años que ha estado muy presente,

incluso en los pueblos aún está presente,

cuando se educaba desde la niñez sobre ella.

Se presentaba la muerte, se velaba el cuerpo,

los niños estaban presentes, veían el llanto...

Se les enseñaba cómo se expresan las emociones negativas.

(NA) Un equipo multidisciplinar reconforta no solo al paciente;

también a su familia.

- Yo lo que veo es

que hay un trato...

Aparte de la Medicina, que está muy bien,

con todos los medicamentos, que son lo mejor,

hay un trato humano maravilloso.

Un personal...

Los doctores, las doctoras,

las enfermeras... Está muy bien atendido.

Ante cualquier cosa,

enseguida van.

Humanamente está... Yo estoy...

(EMOCIONADO) Me emociono porque está muy bien atendido.

Muy bien.

- Se puede conseguir un aceptable control de síntomas,

de tal manera que aunque estén cercanos a fallecer pueden tener

pocas molestias físicas.

- El cuerpo es sabio y va adormeciendo a la persona.

Y sin poder hablar,

sin poder responder a ningún estímulo,

esa persona viva tiene la capacidad de dar,

de generar amor y de recibir amor.

Para eso valemos las personas.

(NA) Enrique tiene una EPOC muy avanzada

y su corazón bombea más lento de lo normal.

- Si te da un broncoespasmo fuerte y estás en casa te mueres,

porque es una enfermedad que te quita el aire de los pulmones

y te ahogas. Y cuando te ahogas, estás muerto.

(NA) Ingresado, Enrique aprieta el timbre

y rápidamente acuden a auxiliarle.

- Ponen una inyección de corticoides.

Te ponen unas mascarillas, y a esperar que no te mueras

en el proceso.

- Le preocupa...

perder su propia vida, perder a la gente que quiere.

Y hay dos cosas que siempre se hacen presentes

en el momento final de la vida,

que son el perdón y las gracias.

- Todavía no sé si tengo una fecha de caducidad,

pero evidentemente mi vida, con la enfermedad que tengo,

es más corta de lo que debía ser.

No sé, pensar que te va a doler solamente a ti.

Hombre, hay gente detrás que te quiere y se preocupa de ti.

- Igual que el paciente tiene que hacer el proceso,

la familia lo tiene que hacer también.

Y la familia tiene que asumir que va a perder a ese familiar.

- La familia se da cuenta de que el enfermo lo sabe

y ahora a compartirlo,

compartir el sufrimiento y compartir

este momento. "Sois familia y os queréis".

Y la mochila de piedra, como yo siempre digo,

no desaparece,

pero entre cinco se lleva mejor que uno solo.

(NA) En esta fundación apuestan por la dignidad de la vida

hasta el final, ayudando a enfermo y familiares

a asumir un final en paz,

cuidándoles y acompañándoles

en el proceso más misterioso de la vida:

la muerte.

Pedro Ruiz sabe muy bien de qué estamos hablando

en este programa.

Eligió aparcar sus tareas profesionales

para dedicarse en cuerpo y alma a su madre.

Estuvo a su lado hasta el último segundo.

Seguro que hacer eso, dentro del dolor

que supone perder a una madre,

lo ha reconfortado sabiendo que ella nunca se encontró sola.

Hoy nos cuenta esta experiencia tan íntima aquí, en El Ojo Clínico.

(NA) "Escritor, periodista, actor;

un artista".

Así se define Pedro Ruiz, un barcelonés sin pelos en la lengua

que debutó en Televisión Española en 1972

como primer presentador del programa deportivo

"Estudio Estadio".

También en esta casa condujo durante varios años

"La noche abierta".

Ha publicado varios libros, y ha hecho cine y teatro.

Fue nominado a los Premios Goya en el año 1987

como mejor actor de reparto por "Moros y cristianos".

Recibió el TP de Oro un año antes

como personaje más popular por el programa

"Como Pedro por su casa", en Televisión Española.

Una de sus mayores satisfacciones:

poder estar al lado de su madre hasta el final de su vida.

Pedro Ruiz, bienvenido y muchas gracias

por aceptar esta invitación,

porque sabemos que te va a hacer recordar momentos duros.

Bueno, gracias a vosotros por invitarme.

Y pasaré por encima de ellos.

Cuidaste de tu madre Juana 12 años,

después de que sufriera un ictus. ¿Qué secuelas le quedaron?

No podía hablar, aunque pensaba con toda lucidez.

La parte derecha del cuerpo la tenía inmóvil.

Los primeros seis meses fueron muy duros.

Y al final acabó andando, porque andábamos todos los días.

Empleé todas las técnicas que conozco

desde el punto de vista teatral para que recuperara el habla.

Establecía juegos; creo que aprendí a hacer,

con provocación, con estimulación y con cariño,

porque lo único que cura es el cariño,

una terapia que podría explicar más largamente

pero que no me ocupa.

Cuando ella quedó así, ¿quién te informó de esos juegos?

¿Cómo te preparaste...? No me informó nadie.

Fuiste autodidacta. Mi propia experiencia en la vida,

y el propio cariño,

que también se estableció con mi hermano, como es natural,

aunque yo luego me dediqué en cuerpo y alma a eso,

me dio a entender una serie de cosas que, por cuestiones personales,

no quiero explayarme en contar.

Pero sí sé que la autoridad del cariño es básica,

sí sé que la compañía es fundamental,

sí sé que establecer juegos que tengan que ver

con la recuperación del lenguaje es mucho más efectivo

que, naturalmente, dejar a las gentes solas...

Y quisiera hacer un pequeño inciso.

Cuando hablo de mi madre,

hablo siempre de mi madre, de las madres y de los parientes

de cualquier persona que nos esté viendo ahora.

Lo que yo he hecho con mi madre no tiene mérito;

es lo que hay que hacer.

Lo que sí tiene mérito es

que personas con menos posibilidades económicas que yo lo hayan hecho

y lo sigan haciendo con 800 o 1000 euros al mes.

Algunos sin ningún tipo de ingresos. Por lo tanto,

hago este pequeño inciso porque no me gusta que parezca

que presumo de este asunto. Es un asunto natural, nada más.

¿Tuviste alguna ayuda,

tenía un cuidador adicional...? Sí, había cuidadores,

había señoras que nos ayudaban, evidentemente.

Pero...

la cuadriga estaba guiada por mí y por nosotros.

Y... En fin.

Yo la llamaba por teléfono 14 veces al día, o 15 o 20.

¿Para qué? Para provocar la conversación.

Y establecía juegos con ella del estilo:

"Madre, te llama el rey".

Y, entonces, ella: "Hola".

Mil cosas que no puedo contar aquí en televisión; sería muy largo.

Pero el juego y la provocación... Ejemplo:

Al cabo de cuatro o cinco meses, menos,

de sufrir el ictus, cuando no tenía plena consciencia

y hablaba muy poco, yo la bañaba en alta mar, casi,

y la sumergía por completo en el mar,

para que tuviera el sentido de la provocación

y que, en la respiración subsiguiente a estar sumergida,

tuviera un "espabilamiento".

Jamás la había tocado, en la vida.

Nunca había sido una persona muy efusiva.

Sin embargo, en cuanto le ocurrió esto,

yo no paraba de tocarla,

de provocarla y de obligarla a reaccionar.

Entonces, en las reacciones supongo que se establecían

conexiones neuronales que tú conoces mejor que yo.

Es frecuente que los cuidadores, a veces,

se enfrenten con los pacientes

para que hagan cosas que no quieren hacer,

porque les supone un sobreesfuerzo; que es lo que les hará mejorar.

¿Tuviste tú ese problema, ese conflicto con ella...?

Permanentemente, lo que pasa es

que mi madre era una persona de un coraje extraordinario.

Sabes de lo que hablamos, en una persona

que tiene medio cuerpo paralizado

andar todos los días, todos los días

durante 12 años y pico.

12 años, 1 mes y 8 días.

No todos porque no empezamos a andar hasta que pasaron 4 o 5 meses.

Hacerla andar todos los días sin estar...

dispuesta. Contábamos los pasos.

"Hoy hay que dar 500". "Hoy, 490".

Muchas veces no se tienen ganas. Y, como bien sabes,

una hemiplejia produce falta de capacidad de respiración,

falta de capacidad para ir al baño, etcétera.

Dolor... Pero había que poner unas metas,

establecer una obligación y no perdonar,

porque eso favorece, como sabes, el tracto digestivo, etcétera.

Estar sentado en una silla solamente se convierte en un problema mayor.

¿Cómo era tu día a día?

¿Hiciste un horario con actividades

o era espontáneo? No, mi día a día,

ayudado por las señoras que se contrataron, etcétera,

consistía en tenerla despierta siempre,

en comer fuera de casa todos los días,

en andar todos los días,

en ir a sitios distintos todos los días,

los sitios que le gustaban,

en ir al mar, en comer en los restaurantes

de Madrid o Barcelona que nos apetecían,

en caminar por Las Ramblas, en caminar por la Castellana,

en movernos como si fuera vida normal...

Mi madre iba a la peluquería con toda normalidad.

Iba incluso a jugar con mi hermano al bingo,

y le rellenábamos el cartón o lo que fuere.

El resumen es: vida normal dentro de lo posible.

A las cuidadoras, cuando yo no estaba,

yo les tenía prohibidos, por ejemplo, los diminutivos.

Nada de "vamos a tomar un caldito". No.

"Usted está hablando con una persona que rige perfectamente".

Otra cosa es que no pueda llevar del cerebro a la boca

lo que quiere decir. Por lo tanto, naturalidad,

fortaleza, coraje, reto y sonrisa.

Muchas veces había enfados, porque ella no quería

o porque uno se cansaba.

12 años dan para mucho.

Habría momentos muy duros, incluso para ti.

¿No te dieron ganas nunca de tirar la toalla...?

No, de tirar la toalla nunca.

Los momentos eran muy duros, pero eran más duros para ella.

Porque una persona que con 8 años había leído Los miserables...

8 años.

Una persona que con 8 años se había ido a la iglesia

a hacer la comunión, ella sola una tarde,

porque no había dinero en casa de mi abuelo...

Mi abuelo era pescador; pescadero también.

Pues que no pueda contar ni siquiera "me pica el pie"...

Establecer juegos que tienen que ver con el teatro.

Yo empezaba una frase y ella la terminaba.

Ejemplo: "Las mujeres de Bar..."

"celona", decía ella,

"tienen la falda...". Y ella decía: "muy mona".

Juegos como estos había muchísimos, tantos que no los podría contar.

Cantar canciones, escuchar zarzuelas,

inventarnos gestos,

mímica...

Las cosas que conozco del teatro las apliqué a esta terapia,

que seguramente no era muy ortodoxa, pero que a mí me funcionó muy bien.

Indudablemente fue muy positivo para ella, pero...

¿podrías decir que has sacado algo de esta experiencia, también?

Sí, yo tuve que cultivar, primero, el no derrumbarme

ante el dolor que le veía pasar.

Luego mi vida cambió del todo.

Y tuve que cultivar una cosa que nunca he tenido,

que es paciencia. Yo nunca he tenido paciencia.

No diré que sea una persona desasosegada.

No lo soy, en absoluto, siempre he sido un tipo sereno,

aunque a veces no lo parezca. Pero tuve que...

Yo que no tengo hijos, que no me he casado,

me casé con la enfermedad, con mi madre

y con las cuidadoras,

y tuve que pasar una intendencia que nunca había manejado.

Pero valía la pena, había que hacerlo

y es lo mejor que he hecho en la vida.

¿Te ha pasado factura desde el punto de vista psíquico

o físico?

Un poquito sí. Primero porque...

entrar al coche y sacar del coche

y de la cama...

Movilizar un cuerpo que no podía valerse por sí mismo...

Aparte de que lo hagan otros, yo lo hacía permanentemente

y mi hermano también.

Y había días que tenías la espalda tronchada,

aunque soy muy deportista, un tipo muy fuerte,

y psíquicamente y...

desde el punto de vista psicológico, del dolor, sin duda.

Muchas veces me quedaba detrás de ella, mirándola,

cuando había dejado de hablar con ella,

y me paraba a pensar: "¿Qué estará pensando ahora,

que no puede hablar?".

Me marchaba de casa y me llamaba de todos los sitios.

Y hacíamos juegos por teléfono. Por ejemplo,

me encontraba con alguien muy conocido

en un acto mío.

Ella adoraba a Antonio Mingote;

me encontraba con Mingote en sitios y se lo pasaba al teléfono

para saludarla.

Permanentemente, establecía cuestiones

que fueran la salida de la rutina de esa postración

que supone no poder valerte por ti mismo.

Pedro, nos ha encantado conocer tu historia.

Si te parece, vamos a dar paso al debate.

Hoy es muy controvertido porque, entre otros temas,

vamos a ver cuándo deben comenzar los cuidados paliativos

y quién debe decidirlo.

Yo solamente les diría una cosa, agradeciendo tu frase.

Solo cura el cariño.

En esos casos donde no llega la Medicina,

solo llega el cariño.

(Música emotiva)

(Música dinámica)

Bienvenidos al Ojo Clínico de hoy, que va a tratar un tema peliagudo,

problemático, con polémica,

con discusión general,

sobre todo cuando se plantea en círculos próximos

en momentos muy difíciles.

Son los cuidados paliativos.

De entrada, yo les hago una aproximación

a lo que es la definición de la Real Academia Española

sobre el verbo "paliar". Dice:

"Disminuir o hacer más soportable el dolor".

(FE) La Organización Mundial de la Salud nos dice

que los cuidados paliativos son aquellos que se enfocan

en mejorar la calidad de vida de los pacientes y familias

que se están enfrentando a una enfermedad amenazante

para su vida.

Esto implica prevenir y tratar el sufrimiento,

y esto tiene que ver con tratar el dolor,

otros síntomas físicos e incluso aspectos psicológicos.

En resumen, los cuidados paliativos consisten

en ayudar a una persona con una enfermedad grave

a sentirse mejor. Esa es la mejor definición

de qué son los cuidados paliativos.

Y esto lo hacéis en los hospitales todos los días.

(BA) Lo hacemos en los hospitales, los hacen los médicos

de atención primaria desde sus consultas,

los hacen los oncólogos desde la consulta...

Los hacemos en conjunto.

Los hacen los psiquiatras también como apoyo externo...

Se puede hacer desde muchos sitios. Hay organizaciones que ayudan...

Es un abordaje de múltiples especialistas.

Sé que es difícil recoger esta otra cuestión,

que ha planteado otro paciente... No un paciente;

una persona que ha tenido a un paciente muy cercano.

¿Cuándo se debe dejar de tratar a un enfermo?

(BA) Nosotros no dejamos nunca de tratar a los pacientes.

Lo que pasa es que tratamos cosas distintas.

Inicialmente tratamos, por así decirlo, la causa.

Y una vez no podemos quitar la causa que genera esos síntomas

pasamos a tratar solo el síntoma.

Lo más típico son los pacientes oncológicos.

Una vez que no tienes nada que hacer contra el tumor,

pasas a tratar los síntomas de dolor, de cansancio,

de falta de aire... Pero esto,

que la mayoría de la gente lo conoce aplicado a pacientes oncológicos,

se puede aplicar a todas las enfermedades médicas:

a pacientes con enfermedades respiratorias evolucionadas,

a pacientes con enfermedades cardiacas...

Porque una cosa es tratar de curar la enfermedad

y otra cosa es, sencillamente, paliar, sanar, ¿no?

(JO) Claro, sobre todo paliar.

Cuando decimos, entre comillas, que no hay una esperanza curativa,

ya se trata de...

que la persona esté con el máximo bienestar posible,

con el máximo confort posible

y con la mejor calidad de vida que le podamos ofrecer.

No solo a él sino, como decía Fernando en la definición,

también a la familia. En esta

y en otras enfermedades, es clave y muy importante

esa cercanía de la familia, con la que tenemos que trabajar,

junto con el paciente.

Para ti, José María, hay otra pregunta complicada.

¿Dar morfina a un enfermo terminal acorta su vida?

(JO) La morfina,

que parece que cuando hablamos de morfina nos referimos solo

al paciente en cuidados paliativos, o al paciente oncológico,

no necesariamente tiene por qué acortar la vida.

De cualquier manera, tampoco es nuestro objetivo

en estos casos alargar o acortar la vida;

es simplemente darle la máxima calidad de vida al paciente,

el máximo bienestar y el máximo confort

en esos últimos días, cuando ya no hay,

como hemos dicho antes, una esperanza curativa.

La morfina no solo se emplea en cuidados paliativos,

sino que también se emplea para el dolor.

Hoy en día manejamos la morfina.

Hay otro tipo de fármacos de ese tipo

para cuadros de dolor importante.

¿Os puedo preguntar más ampliamente

si alguno de vuestros enfermos, o vuestros enfermos en general,

os reclaman este cuidado, esta morfina,

no solamente para terminar con su dolor

o terminar con ese padecimiento que se alarga indefinidamente?

¿Os lo puedo preguntar? Sé que es difícil.

(BA) La morfina, como bien decía José María,

es verdad que dependiendo del ámbito la usamos, quizá, para varias cosas.

Está el uso analgésico,

tanto en pacientes con enfermedades que no son amenazantes para la vida

como en pacientes...

Antes hemos puesto el ejemplo del paciente oncológico

con un dolor incontrolado.

Y luego está el uso que más hacemos nosotros en el hospital,

cuando ya llega el final de la vida,

que es para sedar.

En ese caso, cuando ya sí lo usamos

para una sedación paliativa, que se llama,

es cuando no puedes ofrecerle otra cosa que...

no tengan mayor sufrimiento. El objetivo es quitarles el dolor.

La morfina también alivia los síntomas respiratorios.

Y el objetivo principal es ese.

Otra cosa es que a veces, secundariamente,

puedas tener una mínima disminución...

Un acortamiento de la vida.

Pero nuestro objetivo no es ese. El objetivo es

aliviar los síntomas del paciente mediante esa sedación.

(JO) Como dijimos

en la primera temporada cuando hablamos de cáncer,

igual aquí, la información hay que darla.

Desde luego, nunca mentir.

Tampoco es bueno quitar la esperanza.

Pero sí que hay que dar la información

que el paciente exige que le demos.

A él y a la familia.

Muchas veces tenemos el conflicto de la familia,

que nos dice que, por favor, no le digamos nada al paciente.

Pero si el paciente reclama información

y pide que le expliquemos realmente

si su enfermedad tiene una esperanza curativa o no,

por supuesto que hay que decírselo,

porque él se tiene que preparar.

Tiene que hablar con la familia y esta con el paciente.

Y al final hay un silencio que nunca es bueno.

Ni para la familia ni para el paciente.

Me quedé muy sorprendido, no hace más de dos meses,

cuando un periódico tan sesudo como La Libre Belgique, de Bélgica,

decía que los cuidados paliativos eran, nada más y nada menos,

que una alternativa a la eutanasia.

(FE) Alternativa a la eutanasia... Los cuidados paliativos

lo que ofrecen es confort y calidad de vida.

Decían dos médicos franceses en el siglo XIX

que los médicos tienen que curar a veces,

aliviar a menudo y consolar siempre.

¿No era Hipócrates el que decía esto?

(FE) (RÍE) No, dos médicos franceses del siglo XIX.

Y esa es la filosofía de los cuidados paliativos:

si no vamos a ser capaces de curar, mínimo vamos a aliviar síntomas.

Y si el alivio llega hasta un tope,

al menos consolaremos a las personas con las que tratamos

porque lo necesitan. De hecho,

hasta el 50% de las personas que están en una situación paliativa

tienen algún síntoma psiquiátrico o psicológico,

de tipo depresión, ansiedad...

Y es muy frecuente que aparezca el insomnio.

El papel de psicólogo y psiquiatra en los cuidados paliativos

es fundamental.

En la definición de la OMS se hablaba de aliviar síntomas

síntomas de dolor, físicos, y también síntomas psicológicos.

Y ahí sí que, generalmente,

hacemos un abordaje integral del paciente y los familiares,

porque cuando llega una situación paliativa

no solo es para la persona,

sino para el entorno que le rodea. Hay que dar soporte

a todos y hacer una serie de estrategias

con la persona en cuestión y también con la familia.

Bárbara, otro periódico, en este caso español,

también recogía, hace menos tiempo todavía,

una noticia que titulaba de esta forma:

"Francia aprueba el derecho de todos los pacientes

a la sedación terminal".

(BA) Lo hemos hablado antes: nosotros lo hacemos.

Es también lo que se ha hablado de la muerte digna y demás:

Frente a morirse con sufrimiento

cuando a alguien no le puedes ofrecer

la curación de su enfermedad,

creo que es humano aliviar los síntomas.

A veces ese alivio es simplemente una pastilla de morfina

o un paracetamol,

y a veces ese alivio requiere muchísima más medicación

y tienes que llegar a una sedación paliativa.

Hay que ir graduando lo que necesita cada paciente.

Pero...

me parece que es lo más humano que podemos ofrecer.

(JO) Y algo que no solo se realiza en los hospitales;

también nos ocupamos nosotros en el domicilio.

Los médicos de familia, a día de hoy,

tenemos una muy buena formación en cuidados paliativos,

pero también tenemos la muy buena ayuda

de equipos de soporte domiciliarios.

Son auténticos expertos en cuidados paliativos.

Visitan al paciente en su domicilio

y lo tratan en toda esa última fase de su vida.

Y si es necesario hacer una sedación,

se hace una sedación en el domicilio.

Y la verdad es que...

(BA) Me gustaría reforzar el papel de los médicos de atención primaria

y del equipo de paliativos a domicilio,

porque muchas veces los diagnosticamos

en estadios evolucionados

en los que no puedes ofertar tratamiento,

por la situación del paciente, ya muy deteriorada.

Y es verdad que para ellos, cuando tienen un problema,

muchas veces su primer impulso es venir al hospital.

Desconocen el circuito y el apoyo que pueden tener;

para ellos es mucho más cómodo que andar desplazándose al hospital,

ingresando, y con el trastorno que eso le supone al paciente,

el moverle de su ambiente.

Y tenemos la suerte en España

de que el SAD y primaria funcionan. Tienen todos los recursos

para ofrecer ese apoyo. He planteado esta cuestión

porque quiero dejar bien claro

que la sedación no tiene nada que ver con la eutanasia.

(JO) Nada, en absoluto. Es una equivocación, un error,

que muchas veces se dice interesadamente,

otras veces de una forma muy frívola,

pero que circula por los ambientes y hace realmente mucho daño,

sobre todo a los pacientes

y a los médicos.

(JO) Claro, lo que hace esa sedación

lo oíamos en el testimonio de Julián.

En los últimos días de la vida de ese paciente,

muchas veces se entra en una fase de agonía

en la que sufre el paciente y sufre la familia.

Esa sedación disminuye mucho ese sufrimiento.

Es algo necesario.

No es que en Francia se haya hecho que tengan el derecho todos.

En España se hace y se lleva haciendo mucho tiempo.

Ya se están probando por ahí eutanasias activas,

en algún país.

(BA) Nuestro objetivo es paliar los síntomas,

aliviar los síntomas y ofrecer confort,

no acortar la vida ni acabar con la vida del paciente.

El objetivo es que estén cómodos, que no tengan sufrimiento gratuito.

Aquí ha habido un juicio hace tres meses

de un personaje muy famoso en un hospital de Madrid,

precisamente porque utilizaba métodos

que no parecían de sedación,

sino directamente relacionados con la eutanasia.

Y hubo una polémica muy grande.

Por eso creo que ustedes deberían dejar muy claro lo de los términos.

(JO) Y se dejó bien claro

que se hacía sedación, no eutanasia.

¿Incluso judicialmente?

(JO) Sí, sí, se dejó claro

que era sedación y no eutanasia.

(BA) De todas maneras, esto es una opción.

Siempre, volvemos a recalcar,

es muy importante la información. Esto se le explica a la familia,

que suele ser la que...

El paciente no suele estar en condiciones de tomar la decisión.

A veces sí, pero no es lo habitual.

Se le explica a la familia

en qué consiste la sedación, pros y contras,

por qué se hace... Y a partir de ahí es un consenso.

Hay veces que la familia no quiere,

porque lo percibe más como un acortamiento de la vida,

pero, por norma general, si lo explicamos bien...

Y cuando tú te encuentras con una carta de un paciente

que en cierto momento estaba perfectamente sano

y que llegó a advertir

que si él estuviera en algún momento en ese estado,

terminal,

no hubiera ningún tipo de aplicación extemporánea

o demasiado artificial..., ¿qué haces?

(BA) Estamos obligados a respetarlo.

Es lo que se llaman "voluntades anticipadas"

o "testamento vital".

Vale el haber hecho un papel firmado y con testigos.

En la Comunidad de Madrid hay un registro

de voluntades anticipadas.

Casi todos los médicos están obligados a comprobarlo

ante esta circunstancia

que se les presenta en cualquier paciente.

Y nosotros estamos obligados a respetarlo.

De hecho, es algo de lo que...

procuro informar a mis pacientes.

Pueden ser pacientes oncológicos, que es como mucho más claro,

pero en los pacientes neurológicos también ocurre.

Si tú sabes que te han diagnosticado

una enfermedad neurológica degenerativa

y sabes dónde puede acabar,

debes tener muy claro hasta dónde quieres llegar.

Todos tenemos muy claro hasta dónde queremos llegar.

Muchas veces tomar esa decisión por un familiar es muy difícil.

Tendrías claro que no quieres que te pongan

una sonda nasogástrica pero, si es tu padre,

lo que sea y haga falta.

Esa decisión la tiene que tomar uno.

Y tenemos que informar a la gente de que eso está ahí.

Nosotros lo respetamos siempre porque es nuestra obligación.

Es lo que se llama "ley de autonomía del paciente".

(FE) Uno de los principios básicos de bioética,

el de "autonomía del paciente":

uno tiene derecho a decidir sobre las decisiones que se tomen

respecto a su salud.

Consiste en que, en un determinado punto,

no se sigan haciendo acciones médicas para prolongar

la vida artificialmente. Agresivas.

(FE) Agresivas o no, llega un punto en la enfermedad de uno

en el que no quiere que se le siga tratando

y eso, por el principio de autonomía del paciente,

la ley lo respalda,

y con el testamento vital

queda aclarado.

(BA) Y no solo eso, medidas extremas.

Si a un paciente le diagnosticas un tumor

y él decide que no se quiere tratar,

estás obligado a respetarlo. No puedes obligar a nadie

a aceptar un tratamiento. Siempre que le informes bien

de los pros y los contras...

Digámoslo claro: adelgazar el dolor o, sencillamente,

mejorar la calidad de vida.

La calidad de, casi, pre-muerte es lo que podemos llamar

"cuidados paliativos". Lo único que los médicos hacen.

Nada que ver con la eutanasia

y mucho menos con la eutanasia activa.

En estos momentos no le voy a dar ningún pie humorístico,

ni muchísimo menos, a Javier Quero,

para que termine este Ojo Clínico de hoy,

porque creo que no es momento para hacerlo.

Sencillamente desear que ustedes entiendan exactamente

cuál ha sido el sentido de este programa

que ahora terminamos.

(Música animada)

¡Y dale con la borrica del "prao"!

¡Que yo no soy hipocondríaco ya, hombre!

¡Que me encuentro bien!

Qué pesados estos de El Ojo Clínico.

Y mira que me gusta el programa, porque hacen reportajes...

Por ejemplo hoy están hablando de Felipe II.

Y decir Felipe II es decir San Lorenzo del Escorial.

Y lo más destacable de San Lorenzo del Escorial es

que hay cinco consultorios médicos.

¡Cinco! Cinco, una maravilla.

Con sus médicos, sus camillas, sus tensiómetros...

Pues lo que viene siendo un consultorio clínico.

Una gozada. Luego tienen también el monasterio,

que es donde murió Felipe II, sí.

Felipe II es uno de los monarcas más importantes de nuestra historia,

bajo cuyo reinado nunca se ponía el sol.

Hay que ver lo que se ahorró en bombillas este hombre.

Dicen que Felipe II murió rodeado de reliquias.

En vida llegó a amasar más de 7000.

¡Más de 7000 reliquias!

En sus últimos días tenía en la cama

un hueso de la rodilla de San Sebastián,

una costilla del obispo Albano,

un brazo de San Vicente Ferrer...

Aquello, más que la cama de un moribundo,

parecía la receta de un puchero.

Era muy supersticioso Felipe II, muy supersticioso.

Yo no, yo no.

Yo no soy supersticioso porque da mala suerte,

básicamente.

Eso es tan tonto como ser hipocondríaco.

Igual.

Hay cosas que los supersticiosos hacen sin sentido.

Por ejemplo, para llamar a la buena suerte:

tocar madera.

¿Tocar madera? Si eso funcionara,

los carpinteros estarían forrados, todos.

Pisar una caca de perro. O sea,

uno pisa una caca

y si se acuerda de la madre que parió al dueño del perro,

¿es para agradecérselo porque le ha traído buena suerte?

No tiene sentido. En los partidos de fútbol

dos aficionados de los equipos rivales hacen

los mismos rituales.

A ver ahí cómo se decide

a quién le acompaña la suerte.

Además, da igual lo que suceda;

si el análisis de la victoria y la derrota va a ser

siempre el mismo: estilo...

Del Bosque.

(IMITA) No cabe duda, hemos jugado 11 contra 11,

no hemos jugado mal, y el resultado ha sido

el que ha sido porque, bueno,

no hemos podido poner otro jugador más.

El fútbol es así y hay que conformarse

porque son en realidad estos muy buenos chicos.

Da lo mismo.

Bueno, como la vida misma.

Como la vida misma.

(SUSURRA) Hasta otro día.

(Música animada)

Hoy hemos hablado de cuidados paliativos,

un gran avance de la Medicina que permite morir con dignidad

y sin sufrir dolores innecesarios.

Los cuidados paliativos no son únicamente para enfermos de cáncer.

Otros pacientes también los reciben.

Los cuidados paliativos también se pueden recibir en domicilio.

Usted puede decidir si prefiere que los especialistas acudan

a su casa,

al menos hasta llegar a una fase en la que sea imprescindible

el ingreso hospitalario.

Lo importante, pese al dolor inevitable

de perder a un ser querido,

es saber que ha muerto sin sufrimientos innecesarios.

Hoy la Medicina ofrece esta posibilidad.

El próximo "Ojo Clínico" tratará de patologías hematológicas

tan importantes como la leucemia.

Repasamos todos los avances y opciones de tratamiento,

incluidos los trasplantes.

Seguiremos acompañándoles a través de Facebook,

Twitter y en la página web de rtve.es.

Y ya lo saben: la vida es una buena experiencia

y la experiencia, como decía Jardiel,

es la única enfermedad que no se contagia.

Hasta el próximo programa.

(Sintonía)

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El ojo clínico - Paliativos

27 nov 2016

Ana Gugel y Cristina Torres nos brindan los últimos avances médicos en el cuidado de los enfermos terminales. Gracias a la nueva Medicina Paliativa, más de 200.000 personas en España acceden a estas Unidades, bien de forma domiciliaria o mediante ingresos hospitalarios.

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