El Ojo Clínico La 2

El Ojo Clínico

Sábados a las 13.00 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
4079341
Para todos los públicos El ojo clínico - Hipocondría - ver ahora
Transcripción completa

Yo al final no bajaba de las 15 pastillas diarias...

Yo tomaba medicación, mucha.

Yo al final no bajaba de las 15 pastillas diarias...

de todo tipo. De todo tipo.

Los fármacos que más se utilizan o que más dependencia generan

son algunos para el dolor, los opiáceos,

los fármacos para dormir y los estimulantes.

-Pero muchas veces sucede que el paciente decide dos cosas:

o que la dosis la modifica, generalmente la aumenta,

o segundo: que el tratamiento, que tenía unas pautas específicas,

el paciente se las salta.

Tu cuerpo reacciona o se comporta exactamente igual,

cuando llevas determinado tiempo, tomando 11, 12 que 20.

Hay una tendencia a acumular medicamentos

por si me quedo sin ello, y a veces no me quedo sin ello,

porque siempre recetamos si hace falta.

Uno va acumulando, y al acumular, hay más riesgo de abuso del fármaco.

Ahora vivo. Ahora vivo.

Porque antes dejé de vivir. Ahora vivo. Ahora...

creo, genero, disfruto,

siento y padezco, pero consciente.

Sintonía "El ojo clínico"

Los trastornos de ansiedad y de estado de ánimo

referidos a la enfermedad, trastornos como la hipocondría,

ocupan el programa de hoy.

En este programa trataremos esta patología

y hablaremos de ella con el especialista Javier Quintero,

jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor.

La hipocondría es una sensación más o menos difusa

de padecer enfermedades graves.

El paciente afectado

se preocupa obsesivamente de sus funciones fisiológicas básicas,

y parece estar siempre seguro

de que ellas son una fuente cierta de un mal biológico definido.

El temor, incluso el pánico a tener una dolencia,

pueden llegar a convertirse en un trastorno grave.

Por ello queremos dar las claves imprescindibles

para controlar esta patología,

que afecta a entre el 15 y el 20 por ciento de la población.

Este trastorno implica un sufrimiento muy grande

y un deterioro de la vida social, laboral,

familiar y personal.

Alguien que sabe bien de qué hablamos

es el actor y humorista español Millán Salcedo,

que se sentará con Carlos Dávila para contarnos su experiencia.

Seguro que menos divertida que cualquiera de los episodios

que compartió con Josema en Martes y Trece.

¿Y quién es el personaje histórico de hoy?

Allan Stewart Königsberg, más conocido como Woody Allen.

Siempre se ha considerado

un sobrevalorado actor de películas mediocres.

Es el director que mejor ha manejado su persona

dentro y fuera del celuloide.

Neoyorquino hipocondriaco al que es difícil no asociar

con la imagen de judío neurótico que luce en pantalla.

Música

Un sarcástico, un histrión,

se suele reír de sus propios defectos,

incluso de sus provocaciones.

Así es Allan Stewart Königsberg,

nacido en Brooklyn en 1935

y convertido en Woody Allen cuando apenas contaba con 17 años.

Durante toda su vida ha acrisolado una supuesta fama

de hipocondriaco, con la que probablemente ha tratado

y trata de despistar a sus seguidores.

Un mundo, en general, al que detesta y celebra

casi al mismo tiempo.

Woody Allen, del que no se conoce ninguna enfermedad real padecida,

es el último gran exponente del humor americano.

Él, que se confiesa admirador de Groucho Marx y Bob Hope,

otro actor del gran Hollywood de la segunda mitad del siglo XX.

Un Hollywood que fue cuna y albergue de miles de personajes sugestivos

a medio camino entre la excelencia y la patología psiquiátrica.

Hollywood está plagado de estrellas con trastornos mentales.

Winona Ryder fue diagnosticada de cleptomanía,

Megan Fox sufre esquizofrenia,

Catherine Zeta-Jones tiene un trastorno bipolar

y Jim Carrey ha tenido varios episodios de depresión.

Woody Allen es un asiduo de las consultas médicas,

pero rechaza el calificativo directo de hipocondriaco.

"Hipocondriacos y alarmistas", ha dicho,

"están los dos en la misma categoría de enfermos".

"O en la misma sala de urgencias".

"Pero hay una diferencia:

yo no sufro de enfermedades imaginarias".

"Mis enfermedades son reales".

Pero cuando alguna vez se le ha preguntado

cuáles son estas enfermedades,

ni siquiera se ha dignado a revelarlas.

Es muy aficionado a las consultas médicas,

y sobre todo a las psiquiátricas.

Él asegura que acude al diván de estos especialistas

desde casi su primera juventud.

Judío de familia, estuvo primero

en un centro de esta confesión religiosa,

del que prefiere no acordarse, y después en una escuela pública

en la que según ha asegurado:

"Yo solo quería ser el capullo de la clase".

¿Ha sido Allen un permanente enfermo psiquiátrico?

Woody Allen es un obsesivo compulsivo,

y tiene muchas fobias.

Tiene fobia a los insectos, a los perros,

a los gérmenes y hasta a los baños de hotel.

Entre sus hábitos neuróticos destacan que no sube en ascensores,

que no atraviesa túneles y que tiene miedo a las alturas.

Lo cierto es que su vida ha transcurrido

en medio de algunos episodios escabrosos,

como cuando fue acusado de abusos sexuales por Dylan,

hija adoptiva de Mia Farrow.

Los medios americanos se dividieron

entre los que creían al genio y los que apostaban por la víctima.

Pero al final, Woody Allen fue favorecido

por sentencias exculpatorias,

que según afirma, no le han afectado en absoluto.

Él siguió haciendo sus películas, ganando sus Óscar,

el primero de los cuales fue como director

de una de las mejores comedias de la historia del cine:

"Annie Hall".

El escándalo con él suele estar servido,

con afirmaciones del tipo:

"Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado,

me quedo con el aire",

o al insistir en que "solo hay dos cosas importantes en la vida".

"La primera es el sexo. De la segunda, ni me acuerdo".

¿Es Woody Allen, aparte de un hipocondriaco,

un obseso o un enfermo sexual?

Sigmund Freud dijo que la hipocondría

es el nombramiento de la propia enfermedad.

De esto Woody Allen sabe mucho.

A los 24 años se tumbó por primera vez en un diván,

y todavía no se ha levantado.

Las películas reflejan la hipocondría del director norteamericano.

En una ocasión, cuando se le preguntó

por las dos palabras más bonitas que puede decirte un ser humano,

él dijo que son: "Es benigno".

Allen, director, guionista y actor,

ha llegado a asegurar que lo que distingue su hipocondría

es que al aparecer el más leve síntoma,

por ejemplo, un labio agrietado,

de inmediato llega a la conclusión

de que "debo tener un tumor en el cerebro,

o bien un cáncer de pulmón".

Incluso en una ocasión llegó a pensar

que padecía el mal de las vacas locas.

Sobre el sexo se ha expresado así

en la que quizá sea una de sus sentencias más célebres:

"¿El sexo es sucio? Solo si se hace bien".

Woody Allen es un genio.

Paradigma de un cierto humor cáustico,

que en el fondo ha tomado la decisión de reírse de sí mismo

riéndose de los demás.

Los expertos calculan que uno de cada cuatro ciudadanos

que hacen cola en los centros de salud y en las urgencias

son enfermos imaginarios. ¿Alguna vez se han angustiado

pensando que padecen alguna enfermedad?

¿Han notado síntomas de ansiedad? ¿Se consideran hipocondriacos?

No. Hipocondriaco yo no soy, y no conozco a nadie que lo sea.

Y la verdad es que yo, periódicamente,

una vez al año, me hago un chequeo general.

Por lo tanto, estoy tranquilo

de que lo que tengo en el cuerpo y en mi vida

está... en orden.

Yo no me considero hipocondriaco, pero sí, conozco gente de mi entorno

que en algún momento da síntomas de hipocondriaco.

No me considero una persona hipocondriaca,

pero sí conozco personas que... lo son.

Yo, la verdad, no me considero hipocondriaca,

pero sí, mi padre es bastante hipocondriaco.

He pensado que podría llegar a tener una enfermedad grave,

pero no al nivel de estar preocupado por el tema.

En alguna ocasión, sí.

Hace unos años pensé que tenía una enfermedad,

y... no era así. Es que estaba embarazada.

Cualquier mínima cosa enseguida piensa

que puede tener un tumor, o que puede ser maligno,

y... la verdad, es bastante difícil.

Y... ¿sabes?

Intentar que esa persona no...

no le dé más importancia a cosas que no la tienen,

o que aún no se sabe lo que puede ser.

La característica esencial de la hipocondría

es la convicción de padecer una enfermedad grave

únicamente por la interpretación personal

de alguna sensación corporal

u otro signo que pueda sentirse en el organismo.

Estos pensamientos generan una ansiedad

que produce o exacerba las sensaciones de estar enfermo.

Las manifestaciones de la ansiedad son muy variadas:

físicas, como la taquicardia, palpitaciones,

opresión en el pecho, falta de aire, temblores,

sudoración, molestias digestivas y alteraciones en la alimentación,

tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo,

aparentes mareos e inestabilidad.

Si la ansiedad es muy intensa, puede aparecer insomnio

y modificaciones en la respuesta sexual.

Intelectuales o cognitivas, como dificultades en la atención,

concentración y memoria.

Aumento de los despistes y descuidos, confusión.

También pueden presentarse problemas en la esfera social,

con irritabilidad,

dificultades para iniciar o seguir una conversación en unos casos,

y verborrea en otros. Bloqueo en el habla,

incapacidad para continuar expresándose.

Lo que vulgarmente se llama "quedarse en blanco".

Cada persona, según su predisposición,

manifiesta uno u otros síntomas,

y los sufre con diferente intensidad.

¿Y qué ocurría con la información

sobre el tratamiento de la hipocondría hace 15 años?

¿Cómo se hablaba de ella en la TV de entonces?

¿Se consideraba ya la hipocondría una verdadera enfermedad?

Recientemente nos llegaban noticias de encuestas

hecha en varios países

que nos decían que una de cada cuatro personas

piensa que está enferma,

o que puede ponerse enferma en cualquier momento.

Son personas que al menor síntoma

van al médico a contarle sus males: sus males imaginarios.

O bien se quedan aterradas

porque creen tener cualquier tipo de enfermedad.

Oiga, ¿cree usted que también se encuentra entre ellas?

Pues sepa a qué grupo pertenece

y qué es una persona aprensiva.

"No todo el mundo que espera a que le vea el médico

está enfermo o es un enfermo".

"Hay mucha gente que se siente desgraciada, confusa,

titubeante, que cree tener algún tipo de dolor o de malestar".

"Personas que van al médico por si acaso".

"Y la verdad es que una de cada cuatro personas que van a la consulta

no tiene absolutamente nada".

"La aprensión está presente en ellos. Eso es todo".

Los síntomas empezaron

casi desde la infancia, ¿no?

Desde los siete años, más o menos.

Mi madre era hipocondriaca también,

y la verdad, sí que estaba expuesta un poco

a temas de enfermedades, a muertes cercanas,

que..., bueno, me llegaron bastante, ¿no?

Y me afectaron en ese sentido.

Y yo creo que esa es la causa.

Es como... básicamente, para que la gente se pueda hacer una idea,

vivir constantemente en un estado

de que te confirmen una enfermedad grave, terminal.

O sea, te puedes imaginar

lo que es vivir pensando

que efectivamente te vas a morir.

Que te van a diagnosticar una enfermedad grave.

Tengamos en cuenta que nuestro organismo

recurrentemente nos dará señales, pequeños síntomas.

Todos, o la mayoría de ellos, carentes de valor y significado.

Pero estos, para el paciente con hipocondría,

le generan una preocupación ansiosa,

que por un lado reafirma el síntoma

e incluso es capaz de exagerarlo.

Pero también le genera todo ese complejo adicional

de ansiedad, que es lo que le llevará

a la búsqueda constante de esa ayuda.

Muchas personas sufren la sensación de padecer enfermedades graves

al mínimo síntoma real o imaginario.

¿Cómo debemos reaccionar si conocemos a alguien con hipocondría?

La solución pasa por atajar los temores

y a aprender a pensar diferente.

Pero ¿en qué consiste el tratamiento?

Los protagonistas de la historia.

María Ángeles fue hipocondriaca. Ahora ejerce como psicóloga.

Eduardo y Joaquín, médico y coordinador

de los servicios de urgencias.

Hipocondriaco anónimo: oculta su trastorno a la sociedad.

José Luis, psiquiatra e investigador de la hipocondría.

Los cuatro nos ayudan a entender

cómo es este trastorno mental desconocido para muchos,

vergonzoso y angustioso para quienes lo padecen.

La elaboración hipocondriaca,

que le lleva a la convicción de tener esa enfermedad,

le sitúa en el abismo, en el mismo abismo

en el que puede estar una persona

a la que le acaban de detectar un tumor cerebral,

quedándole seis meses de vida.

Empezaba a notar una dolencia en cualquier parte del cuerpo.

Un pinchazo... Cualquier cosa.

Y siempre relacionada con alguna tumoración, con algo malo.

Son enfermos huidizos que esconden su trastorno.

Están muy acostumbrados a que les manden a paseo,

por decirlo de alguna forma. Entonces,

tanto los médicos, los profesionales de la salud, como su entorno.

Al final es un trastorno que se lleva de puertas para adentro.

Podía surgir en cualquier momento del día.

Siempre algo grave, algo sin solución

a primera vista. No, era algo que te podía llevar

a la muerte en cualquier momento. Me iba rápidamente a Urgencias.

Son pacientes muy reacios

a que les den una explicación psicológica

de su sintomatología, fundamentalmente.

Suelen ser muy demandantes de pruebas complementarias.

En algunas ocasiones las hacemos, porque las creemos razonables,

y en otros casos no. Eso lleva muchas veces

a situaciones un poco incómodas, difíciles.

Pero sí que hay pacientes que ya son muy conocidos

en el servicio de Urgencias,

y que a través de varios episodios repetidos

al final terminas conociendo

o intuyendo un diagnóstico de hipocondría

en este caso.

En su nivel más severo, el trastorno hipocondriaco

les puede llevar a la psicosis.

Acudía a Urgencias repetidas veces,

contando que tenían un mal, como decía él, perforante.

Es como una... Él lo describía como algo negro

que desde las extremidades le iba comiendo, por así decirlo.

Esto se llama delirio hipocondriaco de Feuerbach,

un señor alemán que lo describió, un fenomenólogo magnífico,

pero es un delirio.

Y es un delirio que se centra en el cuerpo.

La hipocondría suele ocultar una situación

de gran estrés emocional.

Hablaba con una chica que tenía miedo. Le había salido

una llaga en la lengua.

Y no podía pensar en otra cosa: solo que la llaga era un cáncer.

Y yo le preguntaba:

"¿Te ha pasado algo? ¿En qué momento vital estás?".

Y me decía: "No me ha... Bueno, hace dos meses murió mi madre".

No podía pensar en la muerte de su madre.

Lo que debía haber hecho es visitar a un psiquiatra.

Y posiblemente haber aprendido con un profesional

que ese tipo de cosas en realidad no ocurren.

Además de la medicación, la terapia es imprescindible.

La atención psicoterapéutica es una indicación prioritaria,

porque hay que trabajar con el paciente.

Eso que tiene en la cabeza, cómo lo vive, cómo lo siente

desde su perspectiva.

Hay momentos del día

que son definitivos para este tipo de trastornos.

La noche es terrorífica.

Porque es el momento en el que aparecen los temores,

y donde digamos, no pueden...

o sienten que no hay sitio donde revertir

toda esa angustia, y la solución es: "No puedo más,

voy a Urgencias". -En el servicio de urgencias,

muchas veces va asociado a situaciones de crisis

o a situaciones de desencadenantes de estrés

que potencian esto un poco,

y acaba trayéndoles aquí el miedo.

La convivencia con estos enfermos es dificilísima.

Para la persona que está a tu lado es siempre un poco de lo mismo.

Unas navidades estábamos cenando...

y bueno, mis hijos eran pequeños,

estábamos la familia reunida, y me tuve que ir a Urgencias

porque noté en el ano un pinchazo terrible.

Y bueno, fui a Urgencias,

me hicieron una colonoscopia en quirófano,

tuvieron que sedarme y todo,

y bueno, por suerte, no tenía nada.

Es difícil convivir con una persona hipocondriaca.

Primero por la pesadez, y segundo

por la dificultad para calmarlo.

Los hipocondriacos sufren su trastorno en soledad.

Un trastorno que de no ser tratado

puede tener consecuencias graves.

Actualmente, en España, yo al menos no conozco

ninguna organización que les preste ayuda.

Básicamente, yo creo que es por la idea,

incluso entre profesionales,

de que el hipocondriaco es ese enfermo imaginario

al que no le pasa nada, ¿no? "O sea, es que no te pasa nada".

Pero sí le pasa.

Tiene Millán Salcedo una amplia trayectoria como actor y humorista.

Pero a Millán Salcedo la presión de la fama

le llevó a un internamiento curativo.

Martes y Trece es la historia del humor en España.

Muchos espectadores, casi todos los españoles,

no perdonan ni a uno, Millán, ni al otro, Josema,

su divorcio artístico.

Pero las numerosas reposiciones de sus múltiples programas,

así como su actual carrera humorística en solitario,

siguen manteniendo la risa y la sonrisa del público.

Millán Salcedo es un personaje peculiar

que presume de algunas carencias y de otras demasías.

Entre ellas, su hipocondría:

una inmersión en enfermedades ficticias

que no sabemos si él somatiza

incluso hasta convertirlas en reales.

Millán es una garantía de entretenimiento,

y desde luego, un protagonista que puede ayudar a todos

a despojarse de esta molesta mochila, la aprensión,

que es quizá la supuesta enfermedad

que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Millán, estabas cantando antes de empezar. No te cortes.

Es una canción que se nos ha pegado, contagiado,

de una versión que hizo el grupo Los "Pispos".

Y como venía con Javier Quero...

Los mismos. Los "pispos".

No son los "pispos". Ya no son los "pispos". Y era...

(CANTA "SAVE YOUR KISSES FOR ME")

¡Ah, no, qué coño! Nos confundimos con esta.

Cantábamos la de:

# Pon alrededor del viejo roble aquel. #

Entonces, esta se parecía a esta otra.

Cantas porque hoy no te duele nada. No.

Porque el que canta, su mal espanta, seguramente,

y porque yo no entiendo mi vida sin la música.

Puede ser incidental, puede ser sintonía,

puede ser como anuncio. No sé de qué, anuncio de algo.

Te ganas la vida ahora

con un pianista al lado. Sí, señor. Muy bien llevado.

Y las cosas no son por casualidad.

Puede ser que en este tiempo que vivimos

de recortes, y venga recortes, y de crisis, y de critiqueo,

de crispación, cri, cri, cri,

pues a lo mejor puede parecer que he recortado. No, no.

Adoro, amo profundamente a los pianistas.

Y si además son cocineros...

Que cocinen notas. Con eso me sobra y me basta.

Eres un impostor. No te duele nada.

Traerte aquí... Me duele de "to"

y no tengo de "na". ¿Ni las junturas?

¿Nada por el estilo? Las junturas,

bastante tienen las esculturas grecorromanas.

Sin mangas todas.

Fíjate.

Pero... ¿no eres hipocondriaco? Un poquito.

A ver. (SIMULA HIPO)

¿Ves? Ya está. Te falta la "condria".

Sí, un poquito. Más que hipocondriaco, latente.

Esa cosa... no. Yo creo que soy maniático.

Un pelín maniático. Por ejemplo...

Pues yo qué sé. Por ejemplo...

Los calcetines. A ver.

Como yo llegue a mi domicilio y cuando esté ya

en el proceso de desnude

y vea que un calcetín lo he llevado al revés,

madre mía. Me puedo comer la cabeza.

Reviso qué ha pasado ese día, con quién he hablado,

cómo, tengo que llamar: "Perdóname".

No le digo: "Perdona lo que hablamos, que llevaba el calcetín al revés".

Pero... Eso no te lo cura...

No te lo cura ningún médico. Eso no tiene ni cura.

No tiene cura.

Ni siquiera aquí, en "El ojo clínico".

Y habéis puesto como si fuera una clínica.

Podría serlo. Son los colores. Ahí están las Torres Gemelas.

Nos las cargamos a última hora, porque no están.

Son jeringuillas. ¿Os habéis dado cuenta?

Oye, aquí todo tiene una perfecta adecuación.

Perdón. Pensaba... Entonces,

te hemos invitado para un programa en el que no debes estar,

porque no eres nada hipocondriaco. ¿Qué hago aquí?

Fíjate. Sí, soy un poco maniático. Maniático.

Igual me pienso que soy un poco maniático

y soy un profundo... ¿Eres mucho

de ir al médico, o no? Sí, sí, sí.

Yo, hasta hace bien poco

tomaba pastillas cada seis por dos.

Para esto, para lo otro... (TOSE)

Y cuando estaba con Josema. Josema me lo ha contagiado.

¿Sí? Sí, sí.

Josema es hipocondriaco.

Es un consumidor. Tenéis que traerle.

Hombre, por dios.

Éramos dos consumidores. ¿Y por qué no venís juntos?

Pues bueno, si insistes... no.

Esto... ¿de qué hablaba? Te metes por medio.

De los médicos. Ah, sí.

Incluso llegamos a hacer un sketch.

Se encontraban dos hipocondriacos y ellos hablaban como los cromos.

"Pues yo estoy tomando unas pastillas que son Hypodaxil seis".

-"Esa no la tengo yo. ¿Me cambias?". -"Bueno. Me quedan solo seis".

"Pero...". Todo esto. Como si fueran cromos.

Como si fueran cromos. Y en la vida real vas al médico.

Sí, sí.

¿Tienes amigos a los que das el tostón?

Antes más, ahora menos.

Ahora ya... ¿Ya te huyen?

El farmacéutico del barrio es como tu colega, ¿no?

"Pepe, mira esto, lo otro".

Y no en "fano", con "ufe",

hace 11 meses hará el día 9,

que... por teléfono yo me encontraba muy mal.

Me faltaba la respiración: "¿Qué me pasa?".

"Oye, Pepe. Se llama de otra manera".

"Pero ¿has ido a Urgencias?". -"No. Llevo dos días con sudores".

-"Vete a Urgencias ahora mismo. Llama".

Y luego resultó que tuve neumonía.

O sea, que fue de pura casualidad. Es que los sudores

es lo que llamábamos climaterio, que según dices, es andropausia.

Andropausia. "Androfoxia. Andrapustia".

Andropausia, menopausia... Ya sabes. Cosas diferentes.

Me gusta más climaterio. Te gusta climaterio.

La era de los climaterios...

invadieron los hunos... o los otros. Eso es muy griego.

Pero ¿sabes qué pasa? Que...

da lo mismo, todos cumplimos años, peinamos canas...

a veces más, menos... Fíjate.

Yo, porque has sacado el tema. ¿Cómo voy a decir yo eso?

Qué quieres que te diga. Entonces, nos pasan cosas

a todos. A unos por la cabeza, a otros por los pies.

Tuviste un arreón hace años, ¿no?

Hace muchos años, que eso fue un poco el detonante

de que yo, tranquilamente y plácidamente ingresado,

me dio un jamacuco por saturación. Ya lo he contado alguna vez.

Por estrés. Por estrés.

Una cosa que no quiero decir, porque antes que yo

lo había tenido la Pantoja.

Entonces ella decía: "He tenido un 'surmená'".

Entonces, a mí me da un poco de vergüenza

haber tenido lo que ella también tenía, fíjate.

Entonces yo decía: "Por exceso y por estrés".

Y es verdad, 24 horas al día ejerciendo de gracioso oficial,

eso no se lo deseo yo a nadie.

¿Todavía te pasa? Me pasa.

De hecho, acabo de venir recién

del norte, que estoy fichando por un grupo allí,

el grupo Nervión. Un beso a ellos. Estamos ahí.

Y me he visto un poco obligado a hacer de canelo, gracioso,

sin yo preverlo.

De pronto aparezco en un sitio, voy como engañado,

crees que vas a ver una cosa,

y es la boda de la hija de un amigo suyo,

que va a hacer un... ¿comprendes?

Entonces, ejercer de bufón oficial... pues no.

Por eso corté.

Una de las razones por las que corté con Josema,

aparte de otras cosas,

fue por esto. Porque era "overposesión".

Porque otras cosas no me contarás. No, no.

Qué te voy a contar yo.

¿Te pongo el fonendo?

El fonendo. ¿No jugaba en el Madrid? Sí.

Fonendo. Extremo izquierda.

Ah, no, Chendo. Como tú y como yo.

La verdad, tienes pinta de médico.

Qué vamos a hacerle.

Qué te iba a decir: ¿cómo trataste aquello?

Pues es que llegué sin voluntad. Me colocaron allí,

el representante que teníamos.

Me quedé en blanco en una actuación.

No me acuerdo dónde. En Sevilla. Eso pasa.

A mí me pasó. Fue al final. A mí también me pasó.

Pues para que veas.

Y sé de mucha gente, no digo nombres por pudor y por respeto,

que no han podido salir.

Alfredo Landa. Sí.

Sí, sí. Pero es que eso es saturación.

Todo el mundo espera de ti el chiste más gracioso,

la impronta más inmediata.

No sé cómo decirte. Que seas brillante, lúcido,

gracioso, ocurrente. Y dijiste:

"Hasta aquí hemos llegado".

Y tú no quieres decepcionar a nadie, y ahí estaba el error.

Tú no puedes estar 24 horas haciendo el tonto.

Primero, porque pensarán que eres tonto,

y segundo, no tengo por qué. Y eso la gente debe entenderlo.

¿Y te curaste? Eh... No.

Y dudo mucho que me cure.

Y ay de mí si me curo. ¿Qué hago? ¿Y cómo notas

que no te has curado?

Porque todavía tengo cosas climatéricas.

Esta palabra te acompañará siempre. Me gusta mucho.

Lo del climaterio me encanta.

La pena, que no regalen un sándwich mixto con él.

Te lo juro. Yo lo prefiero vegetal.

Bueno, pues venga, pedimos. Dos sándwiches.

Uno de ellos vegetal.

Con un poquito de climaterio.

Y tomate. ¿Eh?

Y tomate. Sí.

Bueno, me lo han prohibido. ¿Tienes ácido úrico?

Ácido úrico, pero no soy el "úrico".

Es verdad, se me puso el dedo gordo, pero gordo.

Como el dedo de King Kong.

Y era de la vida esta que llevo de...

Porque yo he sido fumador y bebedor social.

Claro, relacionado con la profesión.

Como todos los españoles.

Nos gusta celebrarlo. De tasca, ¿no?

De tasca o de asiento,

partida de mus, fútbol y cerveza va, cerveza viene.

Yo tenía un hermano que era cura,

y mi madre decía que tuvo un hijo que había nacido así

y otro que nació así.

Qué bueno. En la barra del bar.

Este sería... El otro.

Como en las tumbas estas, que vemos a los reyes como aquí.

Menos el doncel, que estaba como leyendo un libro.

¿El doncel de Sigüenza? De Sigüenza.

El doncel de Sigüenza. Sí, sí.

¿Qué es lo que más te ha dolido en la vida?

¿Lo que más me ha dolido en la vida?

Es que me acabas de hacer una pregunta...

Pues la muerte de mi señora madre. Por favor.

Digo del cuerpo serrano que tienes.

¿Cuál ha sido la pregunta? Lo que más te ha dolido.

¿Que me ha dolido en mi cuerpo? Sí.

En el cuerpo serrano.

Pues, pues...

cuando me operaron de osteopatía dinámica de pubis.

Hombre.

Y aquello se puso... Es casi de futbolista.

Sí, porque yo jugué muchísimo. Que jugaba

con los veteranos en lo que hoy es las cuatro torres.

En la antigua Ciudad Deportiva.

Yo he jugado con Puskas. Con gente así, ¿eh?

Con Héctor Rial. Imagínate. Con Fleitas.

¿Y te lesionabas? Claro.

Acuérdate, que nosotros trabajábamos en Cleofaso, en Caribiana,

aquella sala mítica, que ya no existe.

Bueno, ninguna existe, desgraciadamente.

Y luego, terminamos a las 4:00 de actuar,

y cigarro va, cigarro viene, copita,

y al día siguiente yo me levantaba a correr y a ser un deportista.

No.

¿No estás operado de nada? De todo. Tengo operaciones

en las operaciones.

Si te digo mi lista de operaciones, flipas.

Tengo hasta un hueso de otro. O de otra.

¿Un hueso de pollo que te tragaste? No, no.

Un injerto. Un señor injerto en el tobillo izquierdo, arriba.

Un cacho hueso del banco de huesos. Porque me dijeron:

"¿Quieres que te saquemos el hueso, tu cresta iliaca?".

Y yo dije lo del climaterio:

"Qué cosa más bonita ha dicho". La cresta iliaca.

Que anda por aquí eso. Pero claro, aquello significaba

dos operaciones: primero, abrirte

para sacarte el huesecito de tal para ponerlo allí,

y luego esperar para hacerte la operación en sí misma.

Dije: "No, el banco de huesos. Pero no me digáis de quién es".

Me fastidiaste el programa. Hipocondriaco no, pero aprensivo sí.

Soy aprensivo. Di que sí.

Maniaco, un poco. Maniático.

Maniaco no, maniático. Supersticioso.

Supersticioso. Y tengo el numerito del hueso.

Y siempre estoy: "No sé si entrar en Google".

¿Tú crees que si pongo la numeración aparece alguno?

Sí, seguro. Imagínate.

O a lo mejor es un pariente mío. No lo habrás conocido.

Porque el hueso agarra muy bien.

El astrágalo. Sí. ¿Eh?

El astrágalo. No me lo he tragado.

Me lo han implantado. ¿Cómo tienes la piel?

Que tengo que terminar. ¿La piel?

Pues la piel la tengo bastante... rara.

Siempre tuve problemas de piel.

Que si dermatitis, con tanto maquillaje...

Después de tantos años. Los focos...

Y luego que si acné juvenil.

De joven tenía acné juvenil. Me llamaban:

"¡Paella! ¡Paella!". Hombre, por favor.

Si se veía perfectamente que era un tío.

Y qué tío. Hombre.

Menudo.

Te digo lo de la piel porque hemos terminado,

pero la semana que viene está ahí Vanesa Romero.

¿Te suena? ¿Cómo no me va a sonar?

Me suenan más sus discos. Me encantaría conocerla,

y preguntarle por qué lleva ese flequillo tan...

Te llamaré el día que venga aquí, para que la veas.

Yo, como sigo en mis trece, te lo veré.

Porque Vanesa Romero tiene una enfermedad dermatológica

que ahora no descubriremos. Es nuestra próxima invitada.

Les vamos a dejar en un momento con el doctor Javier Quintero,

que es psiquiatra, y se ocupa de enfermedades mentales,

alguna de las cuales tiene alguna diferenciación típica,

arquetípica, mejor dicho, que ustedes van a entender.

Las nuevas tecnologías nos dan mucha información,

y a veces esa información debemos filtrarla.

Para un paciente con hipocondría, que vive obsesionado por su salud,

el tener acceso a una cantidad de información

que tampoco será capaz de filtrar,

probablemente le esté llevando muchas veces

a obsesionarse un poco más incluso de lo que lo hacían antes,

donde realmente el síntoma le generaba la preocupación

y esa preocupación ahora le lleva

a un río de información

que no será siempre capaz de analizar de una manera adecuada.

En tanto en cuanto la hipocondría

general un sufrimiento a quien lo padece,

yo creo que hablamos de un trastorno,

si es algo que evidentemente necesita de una atención.

Hay que tener en cuenta que un paciente con hipocondría,

recurrentemente irá buscando ayuda,

aunque la mayoría de las veces buscará la ayuda equivocada.

Buscará la ayuda en función del síntoma,

síntoma digestivo, síntoma respiratorio,

en lugar de buscar la ayuda que realmente le será eficaz,

que sería la ayuda en su salud mental.

La familia... no suele constituir un apoyo muy grande,

porque... la familia realmente acaba muy cansada.

No llegan a entender

por qué de un síntoma mínimo,

o incluso imperceptible para otros,

que se pueda desatar esa angustia, esa ansiedad

y ese miedo tan grande.

Entonces, la familia llega un momento

en que no sabe qué hacer,

ni cómo tratar ni cómo manejar el tema.

La superación de la hipocondría

no ha sido un proceso fácil ni sencillo,

y mucho menos, corto. Ha sido un proceso largo

en el que yo misma me he sometido

a terapia, a un proceso de psicoanálisis

en el que he podido identificar,

colocar qué hay detrás de la hipocondría.

Porque detrás de la hipocondría

generalmente se esconden otro tipo de angustias...

más concretas

a las que... bueno, tienes más miedo a enfrentarte.

Aproximadamente, entre el 1 y el 4 por ciento

de la población mundial es hipocondriaca.

Es un trastorno con frecuencia similar

entre hombres y mujeres.

La hipocondría suele iniciarse en la tercera década de la vida,

y su evolución es crónica,

aunque pueden existir formas transitorias

relacionadas con periodos de estrés.

Esta patología está muy relacionada con la ansiedad.

Se calcula que entre el 25 y el 50 por ciento de los enfermos

pueden presentar un trastorno de pánico asociado.

No existe ninguna medicación que se haya constatado

como absolutamente eficaz, aunque en la actualidad

varios fármacos mejoran sensiblemente

la estabilidad de los pacientes.

La psicoterapia es un tratamiento recomendado

para tratar este trastorno.

El porcentaje de éxito con terapia conductual

es superior al 80 por ciento.

La nueva era ha traído consigo

la hipocondría digital o cibercondría,

una patología que suele aparecer entre los 30 y los 50 años.

Las enfermedades que más preocupan a los internautas

afectados por episodios hipocondriacos

son la demencia, el tumor cerebral y el dolor de cabeza.

Si escribimos en Google "demencia",

aparecen más de 5 millones de resultados.

Si buscamos "tumor cerebral", aparecen 3 550 000 resultados.

Y "dolor de cabeza", más de 1,7 millones.

La hipocondría, insistimos, es un trastorno,

y como tal debe enfocarse. Nuestros médicos de cabecera

nos ayudarán a entender sus causas,

y también hablaremos de los últimos tratamientos para poder superarla.

Música

Hoy hablaremos con nuestros médicos de cabecera

del trastorno por hipocondría,

la enfermedad de obsesionarse con las enfermedades.

Y yo me imagino

que es difícil de detectar, ¿no?

No hay un criterio por el cual un paciente entra a consulta

y se pueda detectar que es hipocondriaco.

Es posible que en la primera consulta

sea complicado. Porque en la primera consulta

muchas veces te preguntan,

o te dicen qué síntomas tienen,

y a lo mejor no expresan la creencia irracional,

que es lo que es la hipocondría, de tener una enfermedad grave.

A lo mejor en siguientes consultas,

cuando vas viendo que las pruebas son negativas

y ellos siguen expresando muchas veces: "Tengo que tener algo".

"No, que es negativo...".

"No, pero seguro...". Ahí ya empiezas a sospecharlo.

Y ya, cuando viene varias veces

con otra sintomatología, y siempre centrándose

más que en el síntoma, en la enfermedad.

En vez de decir que le duele la cabeza:

"Creo que tengo un tumor cerebral". Enfermedades generalmente graves.

-Es muy importante

señalar lo que ha dicho José María: que es una enfermedad de descarte.

La negatividad de las pruebas te hará pensar...

Y la preocupación reiterada del paciente

es la que te hará pensar que el paciente tiene este trastorno.

Claro, pero a veces las pruebas dan una pequeña alteración.

Quiero decir, pruebas hechas de forma innecesaria, a veces...

Ahí el médico ha de ser muy consciente, y hay

que explicarle muy bien al paciente...,

efectivamente, que las pruebas tienen sus limitaciones,

que pueden dar lugar a hallazgos que no tienen ninguna relevancia,

pero que pueden aumentar la ansiedad del paciente.

Incluso muchas veces, nosotros, por medicina defensiva,

entramos en una rueda de pruebas, y más pruebas y más pruebas,

con los efectos secundarios que algunas puedan tener,

con la preocupación que le añades al paciente.

Porque parece que puede haber algo.

Al final, yo muchas veces

lo digo: que es más difícil a veces no hacer que hacer.

Es muy fácil entrar en la rueda:

"Si no esto, te pido lo otro, y si no, lo de más allá".

-De todas maneras, es importante

decir que preocuparse por tener una enfermedad no es ser hipocondriaco.

Cualquiera que tenga síntomas y no se haya hecho

ninguna prueba, es normal que se preocupe.

O si uno está mal y está esperando una prueba...

Si no, cualquiera diría: "Soy hipocondriaco".

Realmente, el trastorno hipocondriaco,

cuando hablamos de ello,

tenemos a una persona con una convicción casi segura

para él o para ella de tener una enfermedad

cuando las pruebas son negativas.

Y sobre todo, que esta preocupación causa mucho malestar.

Cuando se juntan estos tres componentes,

teniendo en cuenta que al final

es una interpretación personal de un síntoma

sin que haya realmente una base real.

Ahí habría un trastorno hipocondriaco.

Lo que hablamos de una prueba, si da positivo y tal.

Habría que terminar el estudio, porque como decía Bárbara,

el trastorno hipocondriaco se diagnostica por descarte.

Es una persona muy preocupada por tener una enfermedad

cuando realmente no tiene nada. Sería un hipocondriaco.

Un trastorno hipocondriaco, como contaba el testimonio.

Lo mal que lo pasaba, que pese a que todo era negativo,

uno no acaba de quedarse tranquilo. ¿Y cuál es

el límite exacto, por así decirlo,

entre una persona que es aprensiva en general,

a tener un trastorno hipocondriaco? -Yo, fíjate,

creo que en la primera consulta ya lo puedes percibir,

porque viene una persona a la consulta, imagínate,

que tiene un dolor de cabeza.

Tú le exploras,

la exploración es absolutamente normal,

y diciéndole que la exploración es normal,

que no ves indicios de nada...,

pero que no obstante vas a pedir otra prueba.

Imagínate que pides otra prueba. Esa persona ya está tranquila.

Ya la has explorado bien, le has dicho que no tendrá nada.

Que para asegurarte harás una prueba, pero eso

te tranquiliza.

A alguien que tiene un trastorno hipocondriaco

la exploración no le tranquiliza tanto

como a una persona que solo está preocupada por una enfermedad.

Yo vería ahí la diferencia. -Lo que dicen

los tratados es que te tranquiliza temporalmente.

Uno más o menos se tranquiliza, pero reaparece la preocupación.

Lo que marca la diferencia

es el grado de sufrimiento que genera.

Como puede pasar con la ansiedad. ¿Cuándo alguien es nervioso

y cuándo tiene ansiedad? ¿Cuándo se está triste y cuándo deprimido?

Con la hipocondría pasa igual. Cuando la preocupación

genera mucho malestar y la vida gira en torno a la preocupación,

entonces estamos ante un trastorno hipocondriaco.

Claro. Y al final tienes deterioro social y laboral.

Estás todo el día de médicos, de pruebas,

y lógicamente afecta a tu funcionamiento.

¿Y ellos tienen conciencia de enfermedad?

Porque me imagino que uno pensará:

"He ido al médico 20 veces. Se va a enfadar, o...".

Cambiarán incluso de médico,

que eso dificultará el diagnóstico. Les cuesta.

Les cuesta mucho.

Aunque, cuando tú ya percibes

que efectivamente ese paciente

puede tener un trastorno hipocondriaco,

muchas veces les cuesta,

aunque les sugieras que vayan al psiquiatra, que es un trastorno,

que no hay ninguna enfermedad física, y les cuesta mucho,

porque al final ellos tienen la convicción

de que tienen una enfermedad física, y que tú no la estás encontrando.

Es verdad que el encauzarlos, por así decirlo,

les cuesta. -Cuesta mucho

ir al psiquiatra. Alguien que nota un síntoma,

que se encuentra mal y le digan: "No te pasa nada, ve al psiquiatra",

pues a veces se genera la sensación de: "¿Dices que me lo invento?".

Y eso es algo que hay que trabajar muy bien.

Porque muchas veces, la preocupación, la mente, como sabemos,

es poderosa, y la preocupación puede ser tan alta

que necesite tratamiento.

Yo muchas veces hablo con ellos de la depresión

o de la ansiedad que les genere. Empezar a tratar eso

para luego centrarnos un poco más en el trastorno hipocondriaco.

Pero cuesta ir al psiquiatra cuando uno se encuentra mal físicamente.

Vamos a ver la primera pregunta que te hacen los espectadores.

Me gustaría preguntarle si en el caso de yo tener hipocondría

podría llegar a desear mi propia muerte,

y en ese caso,

si a mi familia podría llegar a repercutirle en algo.

Bueno, aquí hay dos preguntas.

La primera nos habla respecto a la posibilidad de intentar morirse.

No, rotundamente no. El hipocondriaco, precisamente,

tiene miedo a la muerte. Es su gran preocupación.

La hipocondría no es por acné o por un dolor de rodilla,

"a ver si voy a tener...". Son preocupaciones graves.

¿Siempre son graves? Casi siempre.

¿Suelen ser sobre el mismo tema, o varían?

Pues mira, normalmente,

cuando se enfocan en un tema,

la preocupación por ese tema suele perdurar.

Pero sí es cierto que una vez que se resuelve,

porque a veces se hacen tantas pruebas que se convencen,

puede reaparecer la preocupación por otro tema.

Generalmente, tumores,

enfermedades degenerativas, algunas infecciones,

como el VIH. Son preocupaciones bastante frecuentes.

Generalmente tienden a ser

preocupaciones por enfermedades graves.

¿Y cuál es la causa?

¿Por qué sale alguien...? Esa era la otra pregunta.

Si esto se hereda, si...

Realmente, el mecanismo por el que se hereda o no,

no se sabe el mecanismo último.

Pero sí que es conocido

que hay familias donde hay mayor tendencia.

Digamos que al final, lo que determina

que acabe en trastorno hipocondriaco es:

la parte personal, es decir, genética y educación.

Habrá unos genes que predispongan, que no se conocen,

que hagan que se transmita ese miedo,

y muchas veces el trastorno salta por un desencadenante,

que suele ser la muerte de un familiar,

una enfermedad de algún amigo,

un periodo muy largo de estrés... Ese cóctel de persona

con cierta vulnerabilidad y el factor ambiental

hace que se desencadene ese miedo. -Yo, los casos

que he tenido, siempre han tenido relación con lo que dice:

con alguna enfermedad grave de algún familiar,

o una muerte inesperada por un infarto de repente,

y cosas de estas.

¿Se ha identificado algún factor religioso, cultural...?

¿La gente que es muy religiosa

tiene menos miedo a la muerte y tiende menos a la hipocondría?

Yo no te sabría decir.

-Es un trastorno en el que las creencias personales

tienen mucho peso en lo que pasa. Como decíamos, el tema educacional.

Más que creencias religiosas, el haber vivido en casa

el miedo a la enfermedad, o el estar rodeado de enfermedades,

puede hacer que se desencadene. Volvemos un poco a las creencias.

Más que a lo religioso, a las creencias, y esa ansiedad que genera.

En las últimas clasificaciones psiquiátricas

ya no se llama trastorno hipocondriaco,

sino trastorno de ansiedad por enfermedad.

Lo que marca el trastorno es esa ansiedad

como núcleo de lo que le pasa a la persona.

Y muchas veces, a lo mejor, está enmascarado

por una enfermedad real. Tendréis pacientes

con hipertensión arterial,

o con algún problema

que en realidad sea consecuencia de mucha ansiedad. ¿Puede ser?

No. Lo que pasa es que es verdad que un paciente con un trastorno

por hipocondría puede tener otra serie de enfermedades.

Puede tener una diabetes, puede tener una hipertensión

o puede tener otras enfermedades,

aunque no sea en la que él focaliza sus miedos.

Entonces, ahí sí que está un poco

el cuidado del profesional, que no tiene

que dejarse llevar por su patología psiquiátrica,

que a veces es muy fácil decir:

"Como tiene un trastorno de hipocondría, pues ya está, no...".

Y entonces se te pueden pasar cosas.

La verdad es que los pacientes psiquiátricos en general,

hay que tener mucho cuidado, porque a veces uno tiende

a minusvalorar la sintomatología.

Hay que estar muy pendiente, y siempre descartar.

Yo, lo primero que intento hacer

cuando sé que alguien con trastorno hipocondriaco

entra en la consulta, es olvidarme

que tiene este trastorno. Hablamos del gasto sanitario,

pero es muy difícil... Pero el que tú estés pensando:

"No, ya viene el paciente con trastorno hipocondriaco".

"Seguro que me dirá algo relacionado con su enfermedad".

No. Me tengo que olvidar de ello.

Si me pregunta, la queja de síntomas que tenga,

lo que voy a tender

es a infravalorarla, si pienso que tiene

un trastorno hipocondriaco. Claro.

Hay que explorarle siempre.

Además, que si tú no les exploras o infravaloras su sintomatología,

lo único que haces es incrementar su enfermedad hipocondriaca.

Un poco en relación con esto vamos a ver la segunda pregunta.

¿Cree que la mente puede crear una enfermedad por sí sola,

si nosotros estamos seguros de que la tenemos?

Yo no diría tanto.

La mente es muy poderosa, pero no lo suficiente

como para generarte una enfermedad orgánica.

Yo, por el hecho de pensar y creer que tengo diabetes,

no voy a tenerla realmente, ¿sabes?

No por pensar que tengo un cáncer de riñón

voy a llegar a tenerlo.

Lo tendré si tengo factores de riesgo,

unos genes, una herencia... Factores externos y genes, ¿no?

Entonces, otra cosa es que yo me crea que tengo una enfermedad.

Pero de ahí a tenerla, hay un camino largo.

-Hay matices en eso, ¿no?

Rompiendo una lanza en favor de la ansiedad.

La ansiedad o la depresión se relacionan con el estrés,

con algunas patologías,

como pueden ser el ser más hipertenso,

o el riesgo de infarto.

Pero a día de hoy, por creer uno que tiene un tumor

generarse un tumor, no hay ciencia que esté detrás.

Sí, vamos, que solo influye el estrés asociado...

Exactamente. Vemos la tercera pregunta.

¿Cómo deben actuar los médicos

frente a las personas que van a la consulta

intentando que les digan que tienen una enfermedad grave?

¿Les acusan ustedes de no hacer su función como médicos?

Esto es lo que ya hemos hablado, ¿no?

Cuando tenemos un paciente que va hacia ese camino,

lo primero, siempre, es prestar atención

y hacer las pruebas destinadas a descartar patología real,

patología física.

Y... si él no confía,

el problema lo tenemos nosotros.

Te ponen una denuncia, a lo mejor. La relación médico-paciente

y la confianza es responsabilidad del médico.

Somos nosotros quienes debemos ganarnos su confianza,

ponernos a su nivel

a explicárselo de la forma que sea.

Pero es nuestra responsabilidad.

Con información, con las razones que puedan darse...

Intentar hacerle entender a él y a su familia

que desde un punto de vista objetivo no hay nada por lo que preocuparse.

Por qué hacemos las cosas, qué descartan, para qué sirven...

Y esa es la forma de tratar con... Bueno, y derivarlo

a psiquiatría. Y después, una vez

que te has ganado su confianza y has llegado a ese punto,

efectivamente, derivarlo a psiquiatría.

¿Y qué tratamientos estáis aplicando?

-Fármacos específicos para este trastorno no hay.

No hay ningún fármaco para el trastorno hipocondriaco,

como puede haberlo para la diabetes o para la depresión.

Lo que se trata en psiquiatría con fármacos

son o bien los síntomas asociados, como puede ser la ansiedad,

que es muy frecuente, con ansiolíticos,

o si aparece algún trastorno

como un trastorno depresivo, que en una persona

que siente síntomas continuamente, que va a médicos, que no le ven nada,

que se desespera, es fácil que haya síntomas en el ánimo.

¿Piden ayuda ellos a los psiquiatras por esa desesperación?

¿Acaban cayendo ya en...? Por el trastorno hipocondriaco

no se suele pedir ayuda.

Suele ir uno al médico de primaria, porque buscan la enfermedad.

Hay que tener, como decía Bárbara, la relación médico-paciente.

Hacerle ver que puede ser un trastorno psiquiátrico,

un trastorno psicológico, y a partir de ahí, intentar que acuda

al psiquiatra. Es verdad que pueden acudir por depresión.

"Es que no me encuentran nada, y no puedo creer que no tenga nada,

y al final estoy peor de ánimo".

Ahí podemos utilizar fármacos específicos.

Y luego, el tratamiento recomendado,

como contaba el testimonio, la persona que lo había padecido,

es la terapia.

Con un terapeuta, bien psiquiatra, bien psicólogo,

que le ayude un poco a...

Es que lo decía muy bien: a encontrar la causa tras ese miedo.

¿Siempre hay una causa?

Bueno, depende de la terapia que se utilice.

Esta paciente hablaba del psicoanálisis.

Y el psicoanálisis lo que intenta

es buscar alguna razón inconsciente

por la que uno debuta con esos miedos,

si parece que hay alguna causa debajo.

Es lo que intenta hacer el psicoanálisis:

encontrarla y resolverla. Hay otra terapia más cognitiva,

más conductual, de estructurar pensamientos,

de no dejarse llevar por unos pensamientos

y saber bloquearlos para no entrar

en ese ciclo de obsesión con la enfermedad.

Entonces, los fármacos, para tratar síntomas y enfermedades comórbidas,

es decir, que puedan aparecer a la vez,

y la terapia para el tratamiento del núcleo del trastorno.

Es el abordaje que se hace.

¿Y se curan? Mejoran mucho.

No podemos decir que todo el mundo se cure,

pero son personas que tienden a la preocupación.

Pero el ayudarles a bloquearlas.

Al menos, dejan de sufrir tanto por el síntoma.

¿Se toman la medicación?

Otro miedo que tienen es que no se toman la medicación

por miedo a los efectos. Es otra

de las grandes cuestiones que aparecen en los libros sobre esto:

que le recetas un tratamiento y ya no es miedo a la enfermedad,

es miedo a los efectos secundarios.

Hay que trabajar bien en esa línea,

porque son pacientes que tienden a no cumplir bien por ese miedo.

Nuevamente, se apela a la relación médico-paciente.

A negociar con el tratamiento,

a hablarlo con él, a motivarle para tomarlo,

porque es cierto que todos los síntomas

de la ansiedad y el ánimo mejoran mucho con los tratamientos.

Pues con este mensaje positivo

nos despedimos hasta el próximo día.

Hablaremos de una patología muy interesante:

la patología cutánea.

Se aborda y se trata a los pacientes con hipocondría

como un trastorno de ansiedad,

y se maneja desde el punto de vista psicoterapéutico,

en la mayoría de los casos,

y en algunos desde el punto de vista farmacológico,

pero intentando abordar lo que nutre el problema,

que es la ansiedad.

Una ansiedad que el paciente no puede regular,

y que a partir de ahí genera, de alguna manera,

toda esa concatenación de búsqueda de ayuda.

Yo creo que es importante diferenciar

cuando la ansiedad nos lleva al síntoma,

el trastorno somatomorfo.

El cuadro típico podría ser el niño que los lunes por la mañana

le duele la cabeza, la tripa..., y la ansiedad le lleva al síntoma.

Aquí es al revés, el camino es inverso.

Lo que aparece es una ansiedad...,

perdón, un síntoma que le lleva a la ansiedad.

El hipocondriaco empieza a tener una percepción sencilla,

de alguna manera, una señal de nuestra percepción,

una señal interna de nuestro cuerpo, a la cual le da un valor patológico.

Que,insisto, la mayoría de las veces no es así.

¿Cómo se aborda? Intentando transformar esas percepciones

y mejorando los estilos de afrontamiento de la ansiedad.

Música

Me siento identificadísimo con el personaje de hoy:

Woody Allen. De él todos dicen que es hipocondriaco.

Bueno, Woody Allen se ha pasado media vida haciendo películas

y la otra mitad en el diván del psiquiatra

escribiendo los guiones de esas películas.

La primera vez que yo fui al psiquiatra fue por un error.

Por un diagnóstico equivocado. Sí.

Que le dije al médico de cabecera: "No puedo más".

"No me sale nada bien". Al psiquiatra.

Y lo que quería decir es que estaba estreñido.

Que no me salía nada bien. Bueno, que me expliqué mal.

Qué le vamos a hacer. Me identifico mucho con Woody Allen.

Dicen que en un momento de su vida llegó a estar seguro

de que padecía la enfermedad de las vacas locas.

A mí me pasó lo mismo. Sí, sí.

Durante un tiempo yo pensé que era una vaca.

Por las noches incluso mugía.

(MUGE)

Hasta que fui al médico y me dijo: "Está ya curado. Está como un toro".

Entonces empecé a mugir, pero en tonos más graves.

(MUGE CON VOZ GRAVE)

Como un toro. Lo que me dijo el médico.

Hay quien padece hipocondría.

Pero yo no la padecía, no. Yo la disfrutaba.

Eso se acabó. Ahora soy otro.

Soy... otro. Soy otro.

No me conozco, y claro, por las noches no duermo.

Porque no me atrevo a dormir con un desconocido.

Cualquier día me echo de mi cama.

Bah, menudo soy yo cuando me pongo. Que yo me conozco.

Bueno, me conocía. Ahora ya no me conozco.

Lo reconozco.

Ay, dios. Estoy perdiendo

el conocimiento.

Creo que estoy siendo abducido por el propio Woody Allen.

(IMITA A WOODY) Oh, dios mío.

Esta mañana me tomé el pulso, y no me lo he encontrado.

¿Puedes creerlo? Dios mío, ya sabes.

Me pregunto... si esto es un trastorno en el tejido neuronal.

No entiendo nada. El pulso siempre ha estado ahí.

Siempre ha estado ahí, y de repente es como si...

Oh, dios, es terrorífico.

El pulso me ha abandonado.

Yo no sé si realmente podré superarlo.

Oh, dios mío. ¿Puedes creerlo?

Música

En el programa de hoy hemos podido comprobar

cómo hay gente que lleva el natural temor a la enfermedad al límite,

y lo convierte en un miedo irracional

que requiere la ayuda de profesionales.

Por ello es muy importante tener una relación de apoyo con el médico.

Él es la ayuda más inmediata y más eficaz

para solucionar este trastorno.

Aunque los pacientes con hipocondría no tienen una enfermedad real,

el seguimiento médico continuo puede ayudarles con los síntomas.

La psicoterapia es casi siempre un método eficaz

para resolver un problema que puede llegar incluso

a convertirse en verdaderamente patológico.

En el próximo programa hablaremos de enfermedades de la piel.

Sobre todo haremos hincapié en el melanoma

y en el cuidado que precisa nuestra epidermis

con gran radiación solar.

Ya saben que pueden consultar todo el contenido del programa

en la página web RTVE.ES,

donde encontrarán también el blog de los médicos de cabecera.

Y saben que además pueden seguirnos en las redes sociales,

en Twitter, Instagram y Facebook.

Y recuerden: la vida es una buena experiencia,

y la experiencia, como decía Jardiel,

es la única enfermedad que no se contagia.

Adiós. Hasta el próximo programa.

  • Hipocondría

El ojo clínico - Hipocondría

24 jun 2017

Programa de divulgación médica y de historia de las enfermedades y de personajes de la historia mundial que las han padecido.

ver más sobre "El ojo clínico - Hipocondría" ver menos sobre "El ojo clínico - Hipocondría"
Programas completos (39)
Clips

Los últimos 151 programas de El Ojo Clínico

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios