El Ojo Clínico La 2

El Ojo Clínico

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Para todos los públicos El ojo clínico - Depresión. Cuando te inunda la melancolía - ver ahora
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(Música tranquila)

Cristina, encantado de tenerte aquí.

Igualmente.

Veo que te hemos metido en un pequeño lío.

La verdad es que sí, nunca pensé hacer una cosa así.

Estamos empezando, no pasa nada.

-Ojalá no me tiemblen las piernas. -¿Temblarte?

Si no te suelen temblar las manos.

¿Estaré a la altura?

Totalmente, y esta vez sin anestesia.

(Música dinámica)

(Sintonía)

Bienvenidos aEl ojo clínico.

Soy Cristina Torres,

neurocirujana en el Hospital de la Princesa de Madrid.

Desde hoy les acompañaré en este nuevo programa

que pretende abordar de manera amena y divulgativa

alguna de las enfermedades que más nos preocupan.

Para empezar quiero presentarles al director de este programa:

Carlos Dávila.

Gracias, Cristina. Mejor aquí que en un quirófano, ¿no?

No sé qué decirte. Creo que esto me impone más.

Espero que todos uds. estén bien,

y espero que estén mejor después del programa

porque aprenderán a cuidar su salud.

Esta no es una consulta médica. Es un programa de testimonios,

de debate, de entrevistas, y de muchas más cosas

que les pueden alentar a eso, a cuidar su salud.

De la mano de Cristina Torres

y también de Ana Gugel.

Ana, un lujo, un lujo tenerte aquí.

Un placer estar con vosotros y con ustedes.

Yo volveré en unos momentos,

para moderar el debate deEl ojo clínico.

Os dejo.

Si te parece, Ana, podemos comenzar.

Para estrenarnos, una enfermedad muy complicada

y con muchas aristas: la depresión.

Para hablar de ella hemos acudido a una referencia universal,

a un personaje histórico que la sufrió:

Winston Churchill.

Veremos testimonios de especialistas y pacientes sobre esta patología

y enEl ojopregunta a quién vas a recibir.

Entrevisto a una paciente que tuvo un episodio depresivo

agravado por un embarazo, y además trabaja en un hospital.

Enseguida conoceremos esa historia. Pero, antes,

vamos a analizar puntos clave de la depresión.

(Música tranquila)

La depresión es uno de los trastornos más antiguos

y en diversos escritos clásicos ya aparecen

descripciones de sus síntomas.

Antes llamada "melancolía",

hubo que esperar a finales del XIX, principios del XX,

para que se empezara a estudiar en profundidad.

Churchill, nuestro protagonista, sufría depresión,

e incluso le puso nombre. Eran sus "perros negros",

unos perros que le acompañaban a todas partes.

(Música tranquila)

Winston Churchill no fue una persona corriente.

Era en sí mismo un cúmulo de contradicciones.

O ponía a sus colaboradores por las nubes

o los condenaba sin remisión.

De humor variable, su talante pasaba de ser angelical

a ser la expresión máxima de la furia.

Así le describió uno de sus Jefes de Estado Mayor

durante la Segunda Guerra Mundial.

Quien fuera uno de los artífices de la victoria aliada

contra la Alemania nazi,

sufrió desde su juventud estados depresivos

que le acompañaron en mayor o menor grado

a lo largo de su vida.

Una depresión alimentada por la falta de afecto

en su infancia, su ceceo al hablar

y un complejo de inferioridad

que supo remontar al mismo tiempo que en la guerra

elevaba la moral de las tropas y de todos los británicos.

En la historia, hay ejemplos de gobernantes

que han sabido aprovechar la enfermedad que padecían

para utilizarla a su favor.

La depresión preparó a Churchill para el liderazgo.

Salió reforzado y hasta se convirtió en un mejor líder:

supo mejorar su capacidad de juicio,

su estado de ánimo fue más llevadero

y tuvo menos depresiones durante su mandato

que cuando no ostentaba ningún cargo.

La pregunta clínica sobre Churchill fue, y sigue siendo,

si sufría una simple depresión o una depresión maníaca.

Nunca tuvo episodios patológicos evidentes de la segunda.

Sus manías, como ducharse dos veces al día,

dictar a su secretario desde la bañera

o repetir sus discursos ante el espejo

no pueden calificarse de enfermizas.

Churchill alternaba un júbilo ostentoso

con melancolía.

En sus momentos de pesadumbre, mencionaba a sus "perros negros",

sus desalientos.

Decía que la salud es un estado transitorio

entre dos épocas de enfermedad que no anunciaba nada bueno.

Escribir y pintar fueron, según sus palabras,

soberanos anticuerpos para su depresión.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial,

su estado de ánimo se resintió.

Desmovilizado y deprimido,

llegó a confesar a su médico personal

que sin guerra se aburriría.

Hasta el fin de sus días,

sus "perros negros" volverán a asaltarle.

Seguirá activo en política incluso por prescripción médica

ante el temor de que su inactividad pudiera aumentar su depresión.

Tras abandonar el puesto de primer ministro británico,

se encerró en su casa junto a sus "perros negros",

que, eso sí, nunca llegaron a devorarle.

(Música tranquila)

- La gente conoce sobradamente a Churchill

como uno de los grandes personajes históricos

de todos los tiempos.

Fue enterrado con todos los honores

como nunca se había hecho en el Reino Unido.

Sus intervenciones como político, como diplomático,

como militar, son sobradamente conocidas.

Lo que quizá no sepa es que padeció una gran depresión.

Viéndole la cara parecía que estaba alicaído,

parecía que estaba un poco deprimido.

Los gestos, la manera de actuar...

No sé, estaba como alicaído,

como si tomara medicación se veía.

No, no se le ve demasiado, la verdad.

Uno cuando ve ese tipo de documentales

no se fija precisamente en el aspecto...

que puede ofrecer un personaje histórico,

se basa más en los hechos que están...

exponiendo.

Creo que no, me pareció una persona segura.

Nunca he visto... Nunca he tenido ese dato.

Pues su expresión corporal, sobre todo su expresión facial,

cómo miraba,

cómo daba los discursos, con poco ánimo,

como decaído.

Sí, he leído algo acerca de esto.

Parece mentira que a Winston Churchill

se le considere históricamente como un depresivo,

habida cuenta de toda la actividad que mantuvo

a lo largo de su vida y sus magníficas biografías

así lo cuentan. Pero tampoco le faltaron...

muchas aficiones que, desde luego,

cultivó con gran acierto. Por ejemplo,

fue un gran pintor y, como tal,

lo tuvo bien ponderado Picasso.

Pero también recibió el Premio Nobel de Literatura.

Churchill intentó vencerla de alguna manera

con remedios propios de la época.

Él se dio a la pintura,

se retiraba a que le bendijera la luz del Mediterráneo

a la localidad de La Pause.

Y, allí, la ejerció con bastante buen gusto,

como así lo pondera Picasso,

que dijo que podría haberse ganado la vida muy bien como pintor,

aunque firmaba con el seudónimo de Charles Morin.

La depresión cursa con situaciones muy particulares

como de inutilidad, de impotencia, de abatimiento, de sentimiento,

en definitiva, de que uno no sirve para nada,

como se diría muy gráficamente.

Pero también se incorporan algunos nuevos

como, puede sorprender, la enfermedad periodontal

o la enfermedad de las encías,

y la permeabilidad intestinal aumentada.

Él tuvo alguna salida para esa depresión.

Igualmente tuvo esa sensación de culpa

esa sensación de abatimiento, de decaimiento,

de pérdida de interés por todo

que intentó suplir con algunos vicios cotidianos

como fumar los mejores puros cubanos

o beber el mejor whisky escocés de todos los tiempos.

Y así se le reconoce en muchas de las representaciones

en la iconografía de las esculturas y de los retratos.

Churchill tuvo un final muy triste

porque tuvo un segundo ataque cardíaco

que le llevó a decir en los últimos minutos

antes de fallecer:

"¡Qué aburrido es todo esto!".

Sin duda,

seguía siendo perseguido por eseblack dog,

el "perro negro" que él reconoció que era la depresión

que le había afectado durante la mayor parte de su vida,

pese a reconocer también que había tenido

una grandiosa habilidad de relación social,

de éxito y de triunfo.

Pero la depresión, a través de aquellos factores

que todavía no se conocían, se metió y se apoderó de su persona.

(Música dinámica)

De los "perros negros" de Churchill, de la depresión,

se habla mucho hoy en día,

¿pero reconocería usted a una persona con depresión?

Sí, por la manera de comportarse, o la manera de mirar.

Va todo fatal.

Nada más que ganas de llorar, no hacer nada, estar en la cama...

Pues apatía, tristeza en la cara...

No, me parece a mí que no lo reconocería, no.

Me parece que es difícil.

Yo he padecido depresión,

y entonces a mí me resulta familiar.

A lo mejor sí, porque he tenido a mi lado

a alguien que ha tenido depresión.

Yo creo que sí.

Por la forma de hablar, de actuar, de comportarse,

por la forma de... estar.

Supongo que sí, quizás.

Ya le digo que soy subjetivo. Ahora voy al psiquiatra o sea que...

Para nada,

no estoy capacitado para eso, ni mucho menos.

(Música de misterio)

Entre un 8 y un 15% de las personas sufrirán depresión

a lo largo de su vida.

Vamos a conocer más datos de esta enfermedad

que se ha convertido en un problema de salud pública.

Ana, cuéntanos.

Casi dos millones de personas padecieron depresión en España

en el año 2013.

Una enfermedad que afecta a un 4-5% de la población

y que va en aumento.

De hecho, se convertirá

en la primera causa de discapacidad en el mundo

en el año 2030 según estimaciones

de la Organización Mundial de la Salud.

Una de cada diez bajas laborales que se producen en España se deben

a esta enfermedad.

¿Y cuál es la edad de inicio más frecuente?

Pues se sitúa entre los 30 y 40 años.

El riesgo de sufrirla es mucho mayor en mujeres que en hombres.

De cada cuatro casos, tres los sufrimos nosotras.

La depresión deteriora la calidad de la vida

y la salud de las personas que la padecen,

incluso más que enfermedades como la artrosis,

el asma o la diabetes.

La depresión es una enfermedad más habitual de lo que pensamos,

pero con un tratamiento adecuado

la mayoría de personas que la sufren pueden llegar a recuperarse.

(Música dinámica)

Es...

En psiquiatría decimos que es un trastorno, no una enfermedad.

Y no hay que confundir entre estar deprimido

o tener síntomas de depresión.

Porque síntomas de depresión aparecen en muchas enfermedades.

La tristeza es un sentimiento que tenemos todos,

igual que la alegría, igual que la rabia,

que la ira, que la paciencia...

Son sentimientos que tenemos todos y que son normales y reactivos

a situaciones determinadas.

No porque uno tenga sentimientos de tristeza

va a llegar a tener una enfermedad tan compleja

y tan severa como una depresión.

Creo que hay que distinguirlo mucho.

La tristeza es algo que nos acompaña en la vida,

como la soledad o la alegría,

pero la depresión es otra cosa.

Una de cada cuatro familias va a tener una enfermedad mental

pero la depresión va a afectar casi al 20% de la población

a lo largo de la vida. La depresión como enfermedad.

Es sobre todo la incapacidad de disfrutar de las cosas,

la pérdida de energía...

Muchos de ellos tienen tristeza, la gran apatía,

la falta de impulso o los sentimientos de desesperanza

que acompañan a esta enfermedad.

Cuando uno diagnostica una depresión,

es una enfermedad seria y compleja que requiere muchos tratamientos.

Los tratamientos son siempre en tres aspectos:

el primero, un tratamiento médico, un tratamiento psicológico,

y luego un tratamiento de rehabilitación

para conseguir que esta persona vuelva a funcionar

como funcionaba antes de la aparición de la enfermedad.

Los tratamientos farmacológicos son antidepresivos.

A veces hay que añadirles, en algún momento determinado,

algún ansiolítico o un estabilizador del ánimo.

Son fármacos que se tienen que tomar un tiempo.

Pero también la psicoterapia es fundamental,

porque el paciente cuando se deprime tiende a tener pensamientos

muy negativos,

y la psicoterapia le ayuda a cambiar esos pensamientos negativos

por algunos más adecuados a la realidad

o más positivos.

Y el propio paciente dice: "¿Cómo me van a entender

si yo mismo no me entiendo? Si me quiero levantar de la cama

y no tengo ganas, si quiero ir al trabajo

y no tengo ganas, si quiero jugar con mis hijos

y no puedo".

"Si yo no lo sé explicar, ¿cómo lo van a entender?".

Los familiares, primero, lo entienden mal.

porque es alguien que parece que no quiere hacer las cosas,

que ha perdido el interés, que no disfruta,

que está muy apático.

Hay que decirles que no está así porque quiere,

sino porque tiene una enfermedad, como podía haber tenido otra.

Fui a coger el metro y me dio como un ataque de pánico.

Salí corriendo en Tribunal.

Me metí en mi casa, me tumbé en la cama...

Me encontraba fatal. Fatal, fatal, fatal.

Y entonces estuve así un par de días,

no dije nada en casa, y al tercer día que me dio

empecé a llorar desesperada, dije: "Me estoy muriendo".

Y ya me fui directamente al psiquiatra.

No es exactamente un consejo,

pero sí me acuerdo cuando... Siempre que te pasa algo...

Lo de la cabeza está como estigmatizado.

"Fíjate esta, tal, con los antidepresivos".

Y hay gente que todavía lo vive como algo así.

"No quiero tomar pastillas". "Yo voy a salir solo".

Entonces yo le decía al psiquiatra: "Si soy una tía positiva".

Y él me decía:

"Tú piensa en un diabético.

Tú no quieres tomar pastillas, pero piensa en un diabético y dile

'no, que tú puedes, no te pinches insulina

que no te hace falta, que puedes' ". Es un poco lo mismo.

Tuve agorafobia, estuve un mes y pico

sin poder salir de casa.

Porque...

primero me pasaba en la calle, pero hubo un momento

en que llegaba al portal de casa y no podía salir.

Siempre con miedo de que te volviera a pasar,

pero bueno... Al primer...

Cuando pasó un mes y medio, ya más o menos bien

pero luego para estar bien, bien, pasó un año o una cosa así.

Cuando he dejado de tomar las pastillas,

a lo mejor voy con el coche

y me empiezan a sudar las manos: "Me voy a matar".

Es un sinvivir.

Creo además que no tiene que ver ni con ser débil...

O sea, te pasa y ya está.

Sí hay que saber distinguir entre estar triste,

que es perfectamente normal y una depresión,

que de esto se sale, por supuesto.

Animo a todo el mundo a que vaya al médico.

Me da igual un psiquiatra, un psicólogo o...

al médico de cabecera.

Sí que me dijo el psiquiatra que probablemente,

y dio en el clavo y no me volvió a pasar,

no generaba la suficiente serotonina.

Entonces esta pastilla lo que hace es regularme la serotonina

y ya estoy normal.

(Música dinámica)

Hoy tengo el placer de presentarles a Silvia.

Silvia es técnico de laboratorio en el Hospital Infanta Leonor

y viene a contarnos su experiencia ya que padeció un episodio

de depresión mayor.

A Silvia la describe su familia

como una persona tremendamente alegre de toda la vida,

muy activa y con muchísimas ganas de disfrutar la vida.

Bienvenida.

Gracias.

Así que en pleno embarazo estabas con depresión.

Sí, todo empezó aproximadamente cuando estaba de siete meses.

Y se dan una serie de circunstancias en mi familia.

Detectan a mi hermana y mi madre una grave enfermedad

que ahora padecen muchas mujeres. (ASIENTE)

Y marca un poco el inicio de un proceso

que cada vez va a más.

Poco a poco me voy metiendo sin darme cuenta

en un estado anímico que no es el mío.

Y cuando me pongo en manos de los especialistas

pues...

ya he caído, por decirlo de alguna manera.

Posteriormente la cosa va empeorando y cuando doy a luz pues...

mucho peor.

Si habías tenido esos acontecimientos desfavorables

en tu familia, ¿cómo identificaste

que estabas teniendo una depresión y no un mal periodo o un...?

Es fácil de identificar, los síntomas son muy claros.

Es un decaimiento... Es un sentimiento de culpabilidad.

Es un sentimiento de infelicidad cuando eres una persona muy activa,

muy alegre...

Dejas de hacer las cosas cotidianas,

tus rutinas habituales para ti son imposibles de realizar...

Son una serie de síntomas

que rápidamente te hacen saltar la alarma y...

darte cuenta de que lo que te está pasando

no es una cosa circunstancial y que es más importante.

¿Y qué hiciste cuando pensaste que podías tener algo serio?

Lo primero y más importante yo creo que es...

hablar con la gente de tu alrededor.

Yo con quien primero hablé es con mi pareja.

Posteriormente con el resto de mi familia.

En un principio todo el mundo se alarmó mucho,

por mi estado.

Y, bueno...

rápidamente su primera decisión fue llevarme a un especialista.

Es lo que aconsejo a toda persona que se encuentre en mi lugar.

Lo primero es ponerse en manos de un buen especialista.

Cuando tú te das cuenta de que es una depresión,

no un mal momento,

la ayuda de un psicólogo, como mucha gente te aconseja,

ya no es suficiente.

La depresión es un trastorno, una enfermedad

de la que todo el mundo cree que sabe mucho.

Y creo que no se sabe mucho. La depresión es...

no es solamente un estado mental, un estado emocional.

La depresión es un estado físico.

O sea...

Tú te encuentras tan mal

que por mucho que la gente te diga: "Te tienes que animar",

"Vas a tener un bebé"...

No está en tus manos. No está en tus manos.

¿Y cómo influyó el bebé en tu depresión?

Pues...

cuando nació Rodrigo,

yo empeoré.

Durante los tres meses antes de nacer,

que es cuando yo empecé a estar peor,

todo el mundo opinaba que cuando le viera la cara al bebé

todo eso iba a pasar, que no era más que algo temporal,

que cuando le viera la cara todo iba a mejorar.

Recuerdo un día en la consulta del especialista,

cuando mi marido le dio ese punto de vista

y le dijo: "Estoy seguro de que cuando Silvia

le vea la cara a Rodrigo todo va a terminar".

El psiquiatra nos miró a los dos

y, con mucha rotundidad, dijo que estuviéramos preparados

que cuando Rodrigo llegara seguramente iba a empeorar.

Cuando yo subía de paritorio, se me vino el mundo encima,

me asusté muchísimo, sobre todo porque piensas

que en tu estado no podrás cuidar a tu bebé.

Entonces, pues...

la ayuda de la gente de tu alrededor es básica para tu curación.

En mi caso, mi madre pasaba por una enfermedad

y mi padre por otra y no podían hacerse cargo de mí

y de mi hijo,

pero gracias a Dios tuve a mis suegros,

que me llevaron a su casa.

Yo pude olvidarme de todo. Se ocuparon de mi hijo.

Yo solamente me ocupaba de descansar,

de comer aunque fuera un poquito,

de salir al jardín, que viven en una casita con jardín.

Y la tranquilidad que a mí eso me generaba

hizo que mi mejoría fuera siempre para adelante.

Y cuando lo contabas, ¿qué consejos te daban?

¿Qué opinaba la gente? ¿Te vinieron bien esos consejos?

¿Cómo te afectó?

Es muy importante no hacer caso a los consejos de la gente.

A mí me perjudicó mucho

escuchar cosas del tipo: "Una depresión es para toda la vida"

o "Mejorarás pero en algún momento volverá",

"La depresión está ahí agazapada

y en cualquier momento puede volver".

Un gran enemigo de la depresión también es Internet.

A mí me dio por consultar foros, opiniones,

y eso me hizo mucho daño.

No es cierto que la depresión no se cure.

Es un mensaje que se tiene que grabar la gente

en sus cabezas porque...

si yo hubiera escuchado a mi especialista

todas las veces que me lo repetía,

yo hubiera mejorado y me hubiera curado antes.

Porque tú empiezas la mejoría con cosas muy pequeñas,

muy básicas, como empezar a comer.

(ASIENTE) Como...

tener momentos del día en los que estás mejor.

Ya no es todo el día mal.

Hay momentos en el día en los que te encuentras mejor.

Empiezas a ser capaz de salir a la calle,

porque yo había dejado de salir a la calle.

Recuperas tu concentración, porque yo no era capaz de leer,

mi cabeza no retenía más de dos párrafos,

ni de ver la televisión, ni de escuchar la radio.

Progresivamente esas cosas van mejorando.

Pero eso ya me lo dijo mi especialista.

El problema era mío, que no me lo creía.

No hay que escuchar a la gente que no tiene ninguna experiencia.

Ni aunque la tenga, su caso ha sido diferente al tuyo.

La depresión se cura y tú vuelves a ser la misma.

Oíamos el testimonio de Mónica, una enfermera

que decía que tomaba la medicación antidepresiva

como si fuera para la diabetes o para una infección.

A mí me parece un error muy grave.

Hay muchos tratamientos para la depresión

y cada uno de ellos actúa en una fase o en un problema.

de ese proceso. Entonces,

a unas personas les hace falta ansiolítico y antidepresivo,

a otras personas solo antidepresivo.

Yo empecé con las dos cosas, y cuando las mejoras llegaron

evidentemente hay reducciones de medicación,

hay ajustes de medicación...

Automedicarte me parece una locura.

En un principio...

Yo he pasado por tres tratamientos.

Los dos primeros no me fueron bien:

no notaba mejoría, incluso notaba empeoramiento.

Notaba unas cosas que no eran normales,

una sudoración.

Entonces el especialista cambió mi medicación.

Sí que es verdad que las mejorías no son a corto plazo,

no son tratamientos de efecto inmediato,

como cuando te duele la cabeza y te tomas un ibuprofeno.

El antidepresivo tarda aproximadamente un mes en mejorar

o sea, en hacer efecto.

En mi caso fue bastante más.

Yo hasta aproximadamente los seis meses de empezar a tomarlo

no empecé a estar mejor. Entonces,

nada de automedicación.

Siempre ponerte en manos de un especialista.

Cuando tu especialista lo cree oportuno

te aconseja una atención psicológica,

que en mi caso también fue muy importante.

Pero en un primer inicio de la enfermedad,

el psicólogo no te puede ayudar.

Hay que ir primero a un psiquiatra.

Él es el que te dice, como fue en mi caso:

"Silvia, ahora necesitas un tratamiento.

Cuando estés mejor

ya hablaremos de la posibilidad de ir a un psicólogo",

al que posteriormente fui y me fue muy bien.

Y ahora que has superado este periodo,

¿qué has aprendido? ¿Cómo eras antes y cómo eres ahora?

- ¿Tienes cuidado con algo...? - He aprendido

- que los médicos nunca mienten, - (ASIENTE)

que por suerte o por desgracia

ahora mismo la medicina está en un momento

en el que un médico te tiene que decir la verdad.

Mi psiquiatra siempre me dijo que me iba a curar

y mi mayor fallo ha sido no creérmelo.

Yo creía que siempre iba a estar así ya.

Siempre que iba a la consulta decía: "Nunca me voy a curar, nunca.

Y aunque me cure esto volverá".

Entonces la posibilidad de tener ese fantasma

detrás de ti el resto de tu vida

te hace entrar en un bucle que no te permite la mejoría.

Tienes que creer a tu médico,

porque has perdido la confianza en ti,

has perdido tu seguridad,

y esa seguridad te la da la persona que está al otro lado de la mesa.

Y si él te dice que te vas a curar,

te vas a curar.

- Muchísimas gracias. - Gracias a vosotros.

(Música dinámica)

Llega el momento del debate. Les presento a los que van a ser

sus médicos de cabecera, que nos van a acompañar

en cada programa para debatir en profundidad

enEl ojo discute.

(Música dinámica)

Como médico mi objetivo es acercar la psiquiatría a los espectadores

en cada programa,

y demostrar que la psiquiatría es una especialidad clave

en la medicina del futuro, que es en la que ya nos encontramos.

No podemos hablar de una salud global,

de una salud completa, si no incluimos la salud mental.

Los internistas somos, como dicen ahora,

médicos globales. Somos los que todo lo sabemos

o, mejor, los que sabemos de todo.

Ese va a ser mi papel en el debate deEl ojo clínico.

(Música dinámica)

Mi especialidad es la medicina de familia.

Voy a ser, con permiso de mis colegas,

el médico más cercano.

Mi responsabilidad es tomar la primera gran decisión

en un problema de salud.

(Música dinámica)

Acaban de conocer a nuestros médicos de cabecera.

De sus consultas, directamente al plató.

Señores espectadores, bienvenidos aEl ojo discute.

Hace un rato, Bárbara, Fernando, José María,

una chica que ha estado en nuestro programa

reconocía que le había costado mucho venir aquí

porque ella creía que la depresión, cuando la sufrió,

era una enfermedad vergonzante y que encima no se curaba.

(DR. FERRER- FE) Eso es así.

(FE) En el día a día de nuestras consultas vemos

que al paciente con depresión le cuesta venir

porque se siente avergonzado por tener esa enfermedad,

se siente culpable. Ahí debemos entrar nosotros

a explicar que es una enfermedad, como decía Mónica en su testimonio,

como cualquier otra.

Podemos hablar de la depresión como hablamos de la diabetes.

La depresión afecta a un órgano, como es el cerebro,

igual que la diabetes afecta a otros órganos.

(DR. MORA- MOR) Estoy de acuerdo con lo que dice José María,

y por eso es muy importante diferenciar bien

qué es la tristeza normal, cómo uno puede estar triste

y eso no significa estar deprimido, porque todos,

en algún momento, vamos a estar tristes.

Eso no es estar deprimido.

Cuando uno tiene depresión, aparecen más síntomas.

Aparece esta tristeza que decimos, una tristeza que se establece,

que es todos los días, casi todo el día está uno triste,

se le altera el sueño, el apetito, la concentración,

Aparecen incluso ideas referentes a la muerte.

Es decir, estar triste no es estar deprimido,

y eso es importante que lo diferenciemos.

- Además, enlazando un poco con lo que decía José María

de que no hay que avergonzarse,

también tiene importancia la familia.

Ellos lo piensan: "De esto puedo salir",

y muchas veces es la familia la que dice "de esto te recuperas",

"Esto es un mal bache", "Tú puedes, tú solo puedes".

Y ella lo explicaba muy bien, esto es un problema bioquímico

en cierta parte: falta una sustancia en el cerebro

(DRA. PAGÁN-PAG) y dándola mejoras mucho,

igual que la diabetes u otra enfermedad.

Es decir, Bárbara, que no solo con psicoterapia,

hablando con el paciente,

se arregla esto, sino que hay que darle un fármaco.

Sí, sin duda, como en cualquier enfermedad.

Es como decirle a alguien que se cure una neumonía

solamente pensando que se va a curar.

El tratamiento de la depresión consta de dos partes muy claras:

el tratamiento farmacológico y la psicoterapia.

Cuando hablo con las personas con depresión

se lo explico así:

una depresión es como si uno se hubiera caído de la bici,

y tiene que volver a levantarse, a coger el ritmo.

La medicación son los ruedines de la bicicleta.

Te van a ayudar a mantener el equilibrio,

algo como hacer la psicoterapia, aprender a no volver a caer,

pero los tenemos que quitar y uno debe seguir rodando.

Fíjate que recurro al testimonio de otra persona,

de un amigo mío que ha tenido o tiene depresión,

no lo sé ahora, y dice:

"Los médicos me han llenado de pastillas,

parece que las tengo que llevar en una bolsa de grandes almacenes".

Bueno, pero eso es porque la depresión necesita...

¿Tantas?

A veces necesitas más y a veces menos,

- depende del caso... - Es igual que la hipertensión:

hay gente que tiene una y otros quince.

A veces están bien puestos,

y a veces es verdad que...

(MOR)Los antidepresivos son eficaces pero a veces

no controlan todos los síntomas. - (PAG)Hay que tener en cuenta

de qué tipo de población hablamos. No es lo mismo una persona

(PAG) como la del testimonio, una persona joven,

con una depresión mayor que, obviamente,

lo hemos dicho todos, tiene una enfermedad seria

que tiene que estar medicada,

y luego hay otra parte donde hay otra serie de población

que a lo mejor no tiene una depresión de tanto riesgo

y tendemos a cronificar los tratamientos

por miedo a quitarlos, los médicos o los pacientes.

Creo que aquí es un poco... el típico paciente mayor,

que ha ingresado y está triste

y te dicen: "A ver si le pones una medicación...".

Y ahí sí que los tratamientos...

- Los tratamientos funcionan, pero a veces

no cubren todos los síntomas, y si una persona mejora el ánimo

pero duerme o come muy mal, tenemos que añadir otro tratamiento.

Y si aparece una crisis de ansiedad, hay que complementarlo con otro.

Utilizamos... La bolsa de...

No, pero lo mínimo. Como el que tiene una neumonía

y toma el antibiótico, el fármaco para la fiebre,

el fármaco para el dolor o el inhalador,

pueden usarse varias medicaciones.

(PAG) Es poco probable que el antibiótico

lo tome seis meses,

y es más probable que los tratamientos se cronifiquen

pero vuelvo a lo mismo,

porque tanto el médico como el enfermo,

no hablo de psiquiatras, que es pan nuestro de cada día,

y tratáis depresiones muy serias, pero sí que hay otros campos

y otros tipos de pacientes, porque los vemos,

donde los tratamientos se cronifican por miedo del médico a quitarlos

o por miedo de los pacientes.

(FER) El problema es que los tratamientos de la depresión

no son como los de la neumonía. - (PAG) Son a largo plazo.

En un tratamiento para la depresión,

en un primer episodio, como mínimo,

tienes que mantener los seis meses...

Se nota que eres médico de familia. Es el primer médico

que recibe a un enfermo.

Yo voy a tu consulta.

Pongo esta cara.

¿Y estoy deprimido?

(FER) No, no solo por la cara...

La cara tampoco es solo el espejo del alma.

Y solo por la cara... Por ahí no vayas, mejor que no.

(FER) No tenemos tanto ojo clínico como para saber la enfermedad

que tienes por la cara,

pero para eso está el preguntar y el hablar.

Pero si con esa cara me expresas que también estás triste,

que tienes falta de energía, que no duermes bien,

que no disfrutas con las cosas,

entonces podemos hablar de síntomas de depresión,

y la depresión si se diagnostica, si tengo claro que la tienes,

tengo claro que necesitas un fármaco.

Si es un primer episodio sé que deberé mantenerlo seis meses,

si es un segundo episodio deberé mantenerlo doce meses,

si es un tercer episodio, dos años, y si es un cuarto episodio

probablemente toda la vida.

Llegado este punto creo que Ana Gugel nos podría explicar,

nos va a explicar, qué es una depresión,

y con qué no debe confundirse.

Carlos, ¿cómo podemos detectar la depresión?

¿Cuáles son los síntomas?

Una disminución muy fuerte

de la capacidad para disfrutar de las cosas,

alteración del apetito,

insomnio o sueño excesivo y pérdida de energía.

Se produce también una menor capacidad de pensamiento

o concentración.

Hay sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva

y pensamientos recurrentes de muerte.

¿Y con qué no debe confundirse?

Pues con la tristeza,

que aparece cuando ocurren situaciones difíciles

como el fallecimiento de un ser querido

y tiene una duración pasajera,

o con los trastornos adaptativos,

que surgen cuando hay unas circunstancias desfavorables

que nos provocan una preocupación muy intensa.

No debe confundirse con algunas enfermedades médicas,

que pueden causar síntomas similares,

como alteraciones del tiroides, anemia o infecciones.

Tampoco con el consumo de algunos medicamentos

o sustancias como el alcohol o las drogas.

De dónde se deduce, que diría el Profesor Matilla,

catedrático de Microbiología,

que no es lo mismo un "depre" que un "deprimido".

- No, no, nada que ver.

Una persona depre, como se entiende generalmente,

es una persona triste, a la que algo le ha sentado mal,

tiene un problema...

Cualquiera, en algún momento, puede estar "depre".

La depresión, sin duda,

es un trastorno de mayor envergadura,

con unos síntomas claros,

incluso algunas veces afecta a otras enfermedades:

uno puede ir peor de la diabetes o de la hipertensión.

Uno deprimido no hace igual de bien los tratamientos.

No tiene nada que ver estar "depre" con tener una depresión.

- Lo hemos dicho, la depresión es una enfermedad

que tiene principio y final

y en el medio una necesidad de tratamiento,

y el "depre" digamos que es casi un continuo.

¿Consideráis que hay muchos "depres" que llegan a vuestras consultas,

sobre todo a la tuya,

automedicados?

Fíjate, la automedicación es más con medicamentos

que no son antidepresivos.

Vemos mucha automedicación en medicamentos, a lo mejor,

(FER)para la ansiedad, o para dormir.

A veces incluso pensando que son medicamentos

que les subirán el estado de ánimo, cuando nunca va a ser así.

El "depre" al que llamamos "depre" es alguien que está triste

por algún problema concreto:

la pérdida de un familiar, pérdida de trabajo...

Y es durante un momento determinado que uno está triste,

y está lejos de lo que es la depresión como enfermedad.

- Yo sí que creo que los "depres" se automedican.

Tengo la sensación de que tienen un ansiolítico

o una medicación que relaja, de algún conocido.

Hay que transmitir el mensaje de que hay que ir al médico,

y la medicación debe prescribirla un médico

porque no es lo mismo un síntoma que otro

y cuando uno va "depre", que vienen muchos,

lo primero es tranquilizarlo y decirle "es una tristeza normal,

te podemos ayudar a salir de ella pero no hay tanta indicación

de tratamiento farmacológico.

- Creo que hay mucha gente que el insomnio, por ejemplo,

la dificultad para dormir, lo relaciona con la depresión.

Lo hemos dicho como elemento diferenciador antes.

Y hay mucha gente que está triste, que le cuesta dormir,

por problemas personales o laborales,

y es verdad que es muy fácil el acceso a los fármacos.

Estoy de acuerdo con José María. Es más los fármacos ansiolíticos,

el "voy a intentar dormir", que ha banalizado un poco su uso,

se ha generalizado y el acceso es fácil,

que los antidepresivos como tal.

(PAG)Aunque...

aunque es verdad que son personas que confunden un poco

estos términos de depresión, ansiedad, insomnio...

- Es importante no confundirlo: "Si estoy triste y duermo mal

tengo depresión". No.

Son un conjunto de síntomas.

La forma de no dormir es particular,

no le doy vueltas a la cabeza por un problema.

Uno se despierta con desasosiego a mitad de la noche,

tiene alterado el apetito, no rinde a nivel de concentración,

tiene problemas de relación... Quiero que quede claro,

La depresión es un conjunto de muchos síntomas.

Estar preocupado y no dormir no es tener depresión.

(FER)Y ojo con la automedicación con ansiolíticos,

(FER)que estoy de acuerdo, es con lo que se automedican más,

por la dependencia que crean los ansiolíticos,

a diferencia de los antidepresivos.

Yo tengo una curiosidad:

¿La depresión se hereda? Porque yo conozco cada cenizo

o hijo de cenizo que es verdaderamente notable.

- (MOR)La depresión se hereda. - ¿Se hereda?

Sobre todo la depresión importante, me refiero...

¿Pero se hereda bioquímicamente o, sencillamente,

por contagio psicológico?

Las dos cosas, hay una heredabilidad

como en las familias que tienen todos diabetes,

que tienen el colesterol alto...

Hay familias que heredan la depresión.

Es verdad, ¿cuánto influye la educación?

Y de ver la depresión en casa acaba uno conociendo los síntomas.

- Estas cosas tienen dos factores. El genético, siempre se dice

"Tienes la predisposición genética", y luego hay partes...

¿Hay un gen de la depresión?

Un gen no se sabe. Se sabe que se hereda,

y que quizá tiene que ver con un conjunto de genes.

- Se han relacionado con la depresión,

pero es lo que estábamos hablando.

¿Solo el tener la herencia hará que tengas una depresión?

Yo creo que no. Tiene que ser

que haya una herencia, unos genes afectados,

más lo que hemos hablado, otras cosas.

- ¿Solo tener genes para ser diabético es suficiente?

No, hace falta también una exposición a azúcar,

es decir, una mala alimentación. Con la depresión, igual.

Como decía Bárbara, factores genéticos y ambientales

que pueden causar depresión.

Me interesa la familia.

Decía esta chica de la que hablábamos

que sin su familia no sería nada y no hubiera venido aquí,

no hubiera hecho su testimonio.

La familia es fundamental por dos motivos.

Primero, porque puede ser un factor que haga que no mejore,

porque pasa una cosa, la familia muchas veces

tampoco entiende. Y se avergüenza.

Se avergüenzan, no entienden la depresión,

le dicen al paciente: "Si va todo bien, ¿cómo estás así?".

"No lo entiendo, mejórate". Como si fuera tan fácil.

-"No llores". - "No llores".

Es importante que la familia venga a la consulta,

y entiendan lo que hemos hablado:

que la depresión es una enfermedad más,

y que la persona que la padece no es culpable de tenerla.

Por eso son importantes

de cara a la progresión y a la mejoría de la enfermedad.

- Decía José María de la culpa... El sentimiento de culpa

es un síntoma de depresión, uno más, de estos que decíamos.

No es "me siento un poco culpable", no, no,

está recogido entre los síntomas, y es muy importante saberlo

porque casi siempre se siente culpable con la familia

el propio paciente. "¿Por qué estoy así?",

"Soy una carga", "No puedo seguir así".

Entonces la familia, en lugar de reforzarlo,

tiene que ayudarle a salir de ahí, ser comprensivo,

entender que es una enfermedad

y remar todos juntos para salir de ella.

Una cosa es la familia y otra el ambiente social, laboral.

Es decir,

hay mucha gente que no quiere decir que tiene depresión

ni siquiera al psiquiatra, que va a ver al internista,

al médico inicial, no vaya a ser que le den de baja.

Es un temor.

Yo creo que a día de hoy, con las enfermedades psiquiátricas,

uno de los problemas con estos pacientes

es que les planteas "Vete al psiquiatra"

y es como: "Dios mío, el psiquiatra, si yo no estoy loco".

Todavía tenemos mucho estigma y mucho desconocimiento

de muchas de estas enfermedades,

los pacientes, las familias y todo el mundo en general.

- Por desgracia debo darle la razón. Se lucha mucho contra el estigma.

¿Pero "por desgracia" por qué?

Porque me gustaría decir que no hay estigma,

que se va al psiquiatra sin problema pero hay mucha dificultad

para arrancar e ir al psiquiatra, por el miedo al "qué diran",

pero la realidad es que somos un médico como otro cualquiera:

diagnosticamos, tratamos, ayudamos,

consolamos y sacamos al paciente de la enfermedad.

Hay que ir al psiquiatra como a otro médico.

- Somos los que los introducimos. Muchas veces nos los encontramos

y no puedes manejarlo. Lo mandas al psiquiatra

y cuando a veces lo planteas es como...

Yo prefiero que quien conoce los fármacos,

sabe todo el arsenal... Podemos manejar un par de fármacos

o los ansiolíticos que menos efectos adversos tienen en los mayores,

pero prefiero que lo haga alguien...

¿Qué es un ansiolítico?

Un fármaco para la ansiedad, para el insomnio...

La primera sí porque manejamos

los que tienen menos efectos adversos.

A partir de ahí, con los efectos secundarios,

que lo haga alguien que conoce el arsenal,

que son muy específicos dependiendo del síntoma,

Fernando lo puede decir bien,

no todos valen para todos los síntomas,

- Si una persona sospecha, siente, incluso la familia,

que puede estar deprimido, el circuito es muy fácil.

Su médico de atención primaria

en un elevado porcentaje de casos lo hace muy bien.

Empiezan los tratamientos, los manejan,

y si la cosa se estanca, no mejora, o no es capaz de salir la persona,

derivan al especialista, que estamos encantados de atender.

- Estoy de acuerdo, lo hacemos bien.

Nosotros, de inicio, estamos perfectamente capacitados

para diagnosticar la depresión,

para iniciar tratamientos de depresión,

para hacer un seguimiento de la depresión,

y sobre todo en depresiones leves-moderadas.

En el contexto de depresiones leves-moderadas,

muchas veces no es necesario consultar al psiquiatra,

a no ser que tengas una resistencia al tratamiento,

que no haya mejoría...

Estamos hablando de un tratamiento...

Estos son tratamientos, perdón, convencionales.

Convencionales.

Es que, como ustedes saben,

la Dra. Cristina Torres trabaja con nosotros,

es la presentadora. Y tenía muchísimo interés

en que habláramos de un asunto que ella está tratando,

de un tratamiento que está haciendo que es la neuromodulación cerebral,

la introducción de electrodos.

Pero que lo explique mejor ella.

Pues sí, para pacientes que tienen depresiones graves,

incapacitantes, que no han respondido

a otro tipo de medidas, como la medicación,

la psicoterapia o la terapia electroconvulsiva,

o que han respondido pero recaen y tienen una depresión crónica,

realizamos unas intervenciones de carácter experimental

que consisten en la introducción de este electrodo

a través de unos pequeños trépanos.

Estos electrodos van a sitios concretos del cerebro

y se ha demostrado que tienen un metabolismo hiperactivo,

que tienen una actividad exagerada en pacientes con depresión

en relación a sujetos sanos.

Estos electrodos van conectados a una batería

que va debajo de la piel, nada de esto se ve por fuera,

y dan pequeños impulsos eléctricos, como si se tratara de un marcapasos.

Consiguen normalizar el metabolismo de esas áreas

y que el sujeto tenga una funcionalidad normal,

con sus sentimientos de alegría y de tristeza,

pero dentro de la vida

que pueda hacer cualquier sujeto sano.

Los resultados son muy prometedores

ya que aproximadamente el 60% de los pacientes que intervenimos,

que no habían respondido a ninguna otra terapia,

mejoran de una manera muy significativa

o remiten por completo sus síntomas.

Suelen ser terapias de por vida.

El paciente consigue llevar una vida normal:

ya no está deprimido

y sus síntomas podrían ser los de cualquier persona normal,

unos días mejores y otros peores.

Una tristeza habitual. No enmascara tampoco

los sentimientos normales de una persona.

Hay que decir que este método, naturalmente un poco más agresivo,

es para depresiones severas, pero...

sin cargaros el método, ¿qué os parece?

A ver la depresión, generalmente,

con medicación y psicoterapia mejora, y mucho,

y se recuperan, pero hay algunos casos

que no terminan de recuperarse, y para eso hay alternativas.

Una muy utilizada, que suena muy de ciencia-ficción,

es la terapia electroconvulsiva, el electrochoque.

Funciona fenomenal, y con muy poquitos riesgos.

Qué antiguo.

Como la desfibrilación del corazón, parece que recuperas el ritmo

de segregación de serotonina y neuroadrenalina, etc.

Recupera el funcionamiento del cerebro,

y luego en casos muy concretos, y aún en desarrollo de la técnica,

existe la neurocirugía.

- La neuromodulación. - La neuromodulación,

introducir un electrodo en una zona concreta,

lo estimulas y parece que estimulas el ánimo.

Lo que pasa es que, insisto, es en pacientes muy concretos,

persistentes, donde han fallado otros métodos,

y se debe hacer un buen estudio previo

con el psiquiatra y el neurocirujano.

Estamos hablando muy bien de los fármacos antidepresivos,

pero José María, a todos os pregunto,

¿son adictivos? ¿Crean adicción?

No, los antidepresivos no son adictivos.

Yo les explico a los pacientes, porque esa pregunta la hacen,

de hecho tienen miedo a tomar un antidepresivo

porque tienen miedo a que les produzca una adicción

y tengan que mantenerlos durante toda la vida.

Lo que yo les explico

es que igual que la depresión es una enfermedad

como cualquier otra, si yo a un diabético

le dejo de poner un tratamiento y le sube la glucosa,

quiere decir que le tendré que seguir poniendo

el tratamiento.

-Hay siempre dos miedos que tiene quien va a tomar el antidepresivo:

el primero es que le afecte al rendimiento.

"No quiero una medicación que no me deje pensar".

Eso queda claro que no es así, tienen efectos secundarios mínimos.

¿La memoria?

Hay mucha más afectación de la memoria

a causa de la depresión que por los fármacos.

Los fármacos hacen que la memoria mejore.

Y el otro gran miedo es a tener adicción.

Le digo a los pacientes y personas que tienen depresión

que cuando uno va a tomar un tratamiento antidepresivo

es como los niños cuando van a un campamento:

"No quiero ir, no quiero ir, yo me quedo en casa",

"No quiero empezar el tratamiento", pero luego mejoran tanto,

se encuentran tan bien y recuperados que les pasa al revés:

"No me quiero volver".

Hay miedo a quitar el tratamiento. No es tanto que cree adicción

sino que hay miedo a retirarlo, pero retirado bien,

ningún tipo de adicción.

- Es más la cuestión de explicarlo. No crean adicción

como otro tipo de fármacos que solo el retirarlos

sí que te crea síntomas físicos de...

De ansiedad. Eso es,

por el abandono del tratamiento.

Como que tienen miedo de que al quitárselo

recaigan porque es una enfermedad en la que uno lo pasa muy mal.

Explicándolo bien, "es una enfermedad como otra",

si has cumplido el tratamiento y has mejorado

se puede dejar con el ejemplo que decía Fernando,

explicándolo bien no tiene por qué haber esos miedos

porque no es una dependencia del organismo,

es más miedo a recaer que otra cosa.

- La comunicación con el paciente es clave,

son tratamientos que tardan en hacer efecto.

Uno tiene que estar un mes tomándolo y no va a notar el beneficio,

y uno duda. Hay que explicarlo bien:

"Esto tarda un mes". Y luego habrá que estar seis meses

en tratamiento, entonces...

hay que explicarlo. - Eso es importante

porque es decir "lo vas a empezar a tomar hoy"

pero hasta tres- cuatro semanas no notarás el efecto del fármaco,

porque muchas veces hay esas prisas de "quiero estar bien ya".

Y eso es un dato fundamental. - A veces damos por hecho las cosas,

te pongo el fármaco y se acabó, sin explicar

que son fármacos a largo plazo, que la mejoría no es

como cuando te duele un pie, que te tomas un paracetamol

y a la media hora estás estupendo,

que va a llevar su tiempo y que son tratamientos prolongados

que tendrás que tener como mínimo seis meses

dependiendo de cómo vayas. A veces lo damos muy por hecho,

- Y hay otro miedo también que no quería pasar por alto

en cuanto a los efectos secundarios. Dicen en la consulta:

"Esa medicación me va a dejar dormido",

"voy a estar adormilado, voy a estar zombi todo el día".

Y creo que es porque se confunden los antidepresivos

con los fármacos para la ansiedad, que pueden provocar somnolencia

en algunos casos.

Y esos crean dependencia a diferencia de los antidepresivos.

La confusión viene por ahí. - Crean dependencia...

quiero decir, van usados con un uso prolongado.

Quiero romper una lanza a favor de los psicofármarcos,

los fármacos para enfermedades psiquiátricas,

que manejados en su justa dosis y retirándolos despacio

no hay ningún problema con ellos. - Los tienen que manejar quien sabe.

Tengo una pregunta que debí haberla al principio.

¿De la depresión tiene la culpa uno mismo o es de los demás?

- De nadie, es una enfermedad. - "Culpa" es una palabra feísima.

Responsabilidad, origen.

- ¿Y el responsable de la diabetes? - Etiología.

- ¿Y el responsable de la diabetes? - No me riñáis, estoy preguntando.

¿De quién es responsabilidad ser diabético?

Pero existe una depresión que se llama endógena.

"Endógena" quiere decir que sale de dentro,

sin culpa ni responsabilidad,

como una diabetes, que sale de dentro,

u otras enfermedades como la hipertensión.

- (FER) Efectivamente. - Al revés, "culpa" es algo

que hay que abolir y desterrar de la depresión.

(TODOS) Ninguna culpa.

Me gustaría terminar siempre el debate deEl ojo discute

con un lema o un eslogan, o un deseo,

de proclamar "de esto se sale", "de la depresión se sale".

De la depresión se sale, y de su recaída también.

- Lo hemos dicho aquí, es una enfermedad como otra.

Empieza, se trata y acaba.

- De la depresión se sale y muchas personas salen reforzadas.

Han aprendido de sí mismos, de dónde pueden llegar de malestar,

de sufrimiento, y me han dicho mis pacientes

que son mejores personas después de tener una depresión.

Bárbara, Fernando,

José María. Muchas gracias.

- (TODOS) A ti. - Gracias sobre todo

porque esta última cuestión me da para decir,

aconsejar a nuestro hipocondríaco de cabecera,

que es Javier.

Javier es un hombre verdaderamente...

Javier Quero, a Javier Quero me estoy refiriendo.

Un hombre que es un depresivo a medio hacer.

Y él les va a decir a ustedes qué está haciendo

para seguir siendo depresivo. Ahora mismo.

(Música de misterio)

Me encuentro fatal.

Los últimos 15 días solo he conseguido dormir una noche,

y me la pasé soñando que estaba despierto.

(SUSPIRA) El médico me dice que no pero estoy convencido

de que tengo una depresión de caballo.

De hecho, a veces relincho.

Dice el médico que mi problema es que tengo demasiadas dudas,

y yo estoy seguro de que no.

Bueno, puede que sí, no sé.

A veces pienso que tiene razón y a veces no.

El caso es que el médico se niega a diagnosticarme

que tengo depresión, y a mí eso me deprime.

Es cierto que siempre he sido un poquito pesimista,

Desde joven. Cuando me declaré a mi mujer,

le pregunté que si quería ser mi viuda.

Y lo peor es que me dijo que sí.

Y claro, caí en depresión, como ahora,

ahora que no tengo ni ganas de comer.

Me ven así con tripita, pero porque me engordan los nervios.

porque no como nada.

Hoy a mediodía, me he comido tres platos de fabada

a la pura fuerza.

Vamos, que casi no me entra el arroz con leche de postre.

Qué depresión.

Sé que me vendrían bien unas vacaciones pero...

¿y si luego me da el síndrome de la depresión postvacacional?

Además,

seguro que en el destino que elija llueve,

y a mí la lluvia me deprime una barbaridad.

(TARTAMUDEA) Me encuentro fatal. Ahora siento unos temblores

en el pecho...

(Vibración)

Qué temblor, y se repite,

esto va a ser un infarto.

No, perdón, que es el móvil,

que estaba en modo vibración y... Es que con la depresión...

Vaya paciente.

Cómo está este hipocondríaco... En fin.

Y después de conocer más de cerca la depresión,

enEl ojo clínicoqueremos destacar alguna de las claves fundamentales.

Algunas claves como esta:

que la depresión es un trastorno frecuente

pero diferente de la tristeza normal.

Además es fundamental acudir al médico

para su correcto tratamiento.

Existen terapias muy eficaces, pero nunca hay que automedicarse.

El pronóstico de la depresión es bueno

con altas tasas de curación.

Cristina, qué te parece si acabamos el programa con un mensaje positivo

como este que acabamos de dar, y con una frase,

que la tienen que recordar. Es esta:

La vida es una buena experiencia,

y la experiencia, como decía Jardiel,

es la única enfermedad que no se contagia.

Hasta el próximo programa. Adiós.

(Sintonía)

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El ojo clínico - Depresión. Cuando te inunda la melancolía

14 feb 2016

En este programa inicial trataremos de analizar la depresión como un trastorno severo pero reversible si es tratado a tiempo.

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  1. Sergio

    El día que está cadena no exista, la tv gratuita no tendrá sentido. Muy buen programa y muy buenos profesionales, no como los que se ven en otros programas.

    16 feb 2016