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El Ojo Clínico

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Para todos los públicos El ojo clínico - Abuso de medicamentos - ver ahora
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Yo considero que, de sexualidad, hay que hablar desde cero.

Desde cero años me refiero desde que los niños preguntan.

Los niños muy pequeños preguntan. Mi hijo hacía preguntas peregrinas.

La prevención no está funcionando. Ese es el mensaje.

En nuestro país, todos los años desde hace una década,

se infectan por el virus del SIDA 3500 o 4000 personas.

Y esta cifra no disminuye.

Los jóvenes parece ser que no están tomando

todas las precauciones que deberían.

Yo creo que la gente piensa que la gonorrea

y la sífilis son enfermedades del siglo pasado

y que ya estamos inmunizados contra ello.

Un dato muy importante de la mayoría de estas enfermedades es

que pasarlas y curarte no excluye que te vuelvas a infectar

y que la vuelvas a tener.

Esto no te deja inmunidad, no es la varicela.

El miedo, al perder el miedo,

la gente se ha relajado.

Porque uno piensa: "A mí no me va a pasar".

Música

Antibióticos, antiinflamatorios, antiálgicos, somníferos

y antidepresivos forman parte de la dieta farmacológica diaria

de numerosos consumidores.

El abuso de medicamentos es una práctica habitual

en muchas personas.

Una práctica peligrosa.

Según las últimas estimaciones, se ha convertido

en una de las principales causas de mortalidad en España.

Por eso hoy les hablamos del uso correcto de los fármacos.

Del que prescribe el médico y de su abuso.

Una costumbre de pésimas consecuencias sociales,

económicas y, desde luego, patológicas.

El inadecuado y excesivo consumo de estos productos puede causar

daños irreparables.

También puede disminuir su efecto o incluso hacerlo nulo.

Hablaremos con nuestro especialista, el doctor Francisco Zaragoza,

catedrático y director de Farmacología

de la Universidad de Alcalá de Henares.

Además, "El ojo clínico" vivirá junto a pacientes y profesionales

los distintos tratamientos y pautas de rehabilitación.

Julián Contreras Ordóñez,

hijo de la desaparecida Carmina Ordóñez,

compartirá su experiencia con el consumo de fármacos

para la depresión, la ansiedad y los ataques de pánico.

Un combinado químico que, sin duda, ha alterado su día a día.

¿Y el personaje histórico de hoy? Adolf Hitler.

El uso y el abuso masivo de drogas durante la Alemania nazi jugó

un papel fundamental en el Tercer Reich.

Música

A Hitler, naturalmente, se le ha llamado de todo.

Criminal no es ni siquiera el menor adjetivo

con que le ha obsequiado la historia.

Sin embargo, hasta hace un año, nadie le había calificado

como superyonqui.

El periodista alemán Norman Ohler,

en su libro "El gran delirio: Hitler, drogas, y el Tercer Reich",

narra cómo el Führer fue un gran adicto a los fármacos.

Sobre todo a aquellos que le llenaban de energía,

que agudizaban sus sentidos, generándole gran euforia.

Desde la derrota del Reich, nadie se había ocupado de estudiar

la influencia que la medicación tuvo

en la personalidad del llamado Canciller Imperial.

En un intento de convertirse en un superhombre,

Hitler llegó a construir cócteles con hasta 80 fármacos diferentes.

Cuando los aliados llegaron a la cancillería,

encontraron armarios llenos de fármacos.

Había vitaminas, probióticos y metanfetaminas.

Fármacos recetados por su médico, el doctor Theodor Morell.

Al que conoció a Hitler con el nombre en clave de paciente A.

Hitler,

causante directo de la muerte de seis millones de judíos,

justificó toda su política en un pangermanismo antisemita

destinado a establecer un nuevo orden,

que solo se derrumbó tras la batalla de Stalingrado.

Poco antes de esa gran derrota,

el 20 de julio de 1944,

sufrió un gran atentado del que salió milagrosamente vivo.

Aunque el estallido de la bomba le reventó los tímpanos.

Hitler, que horas después se iba a reunir con Mussolini,

pidió a su médico

que le administrara cualquier medicamento

que le hiciera aparecer íntegro ante el Duche.

El doctor Theo Morell, en sus apuntes,

que fueron recogidos por los aliados,

sugiere que le administró una inyección

que calificó como "de las de siempre".

Y que definía como X.

Lo probable es que fuera un analgésico llamado Eukodal.

Pero ¿qué era entonces el Eukodal?

Hitler no era un ario ejemplar, no era alto ni era rubio.

Ni siquiera gozaba de buena salud,

características que se presumían a la raza aria.

En junio del año 1943 le inyectaron por primera vez Eukodal.

Un derivado de los opiáceos que utilizaba el doctor Morell

para calmar los dolores intestinales que sufría Adolf Hitler.

Las elegías del dictador dibujaban un Hitler limpio, ejemplar,

digno de imitación incluso por sus austeras costumbres.

De él se decía que se entregaba en cuerpo y alma.

Que ni fumaba ni bebía.

Comía casi exclusivamente verdura fresca

y no se acercaba a ninguna mujer.

Este canto a su contención en nada respondía a la verdad.

Hitler tuvo una amante, Eva Braun,

con la que se casó ya en los últimos días del régimen,

en el búnker de Berlín y en compañía de la cual se suicidó

en el mismo lugar el 30 de abril de 1945.

Sus costumbres distaron siempre, también durante su mandato,

de ser tan excelsas como proclaman sus correligionarios.

Sabemos que Hitler no fumaba y que era abstemio.

Si era vegetariano, es un tema muy discutido,

ya que parece una invención de Goebbels,

el ministro de propaganda nazi,

para impresionar al pueblo.

Uno de los platos favoritos de Adolf Hitler eran

las albóndigas de hígado.

Los papeles del doctor Morell revelan

que Hitler se mantuvo activo gracias a la ingesta masiva

de 74 estimulantes activos.

Entre ellos la metanfetamina, la cocaína

y, sobre todo, el citado Eukodal.

Un narcótico opiáceo pariente de la heroína.

Tras la guerra,

los soldados de la Wehrmacht combatieron

largo tiempo bajo el efecto de la metanfetamina.

La Pervitina que, en dosis masivas,

35 millones de pastillas,

se repartió entre los militares nazis.

Por ejemplo, en la batalla de las Ardenas.

¿Sería porque, en aquellos años,

el abuso de las drogas no estaba mal visto socialmente?

La historia de las drogas se remonta al siglo XIX,

cuando el consumo morfina, opiáceos

y cocaína tenía una enorme popularidad.

Hasta tal punto que se consumían como medicamentos.

Estas drogas fueron aumentando en consumo en el siglo XX.

En la Primera Guerra Mundial,

los países occidentales llegaron a poner medidas de seguridad

para evitar su consumo.

Esto propició que apareciera un mercado negro

que no imposibilitó que se siguieran consumiendo

y alcanzando las cotas más altas

en la década de los 60 y 70 del siglo pasado.

Hitler terminó por despedir a su médico

en las fechas finales de su largo aislamiento

en el búnker berlinés.

Morell fue detenido por los aliados

y a los dos años fue puesto en libertad.

Los jueces americanos llegaron a la conclusión

de que el médico solo ayudó a Hitler a autodestruirse.

A veces nos dejamos aconsejar

por lo que le ha venido bien a un familiar, compañero o conocido.

Consumir con frecuencia ciertos medicamentos

sin prescripción ni control médico alguno

puede acarrear graves consecuencias.

¿Han echado últimamente una ojeada a su botiquín?

¿Cuántos fármacos sobran o han caducado?

Muchas veces me he automedicado,

sobre todo, para dolor de cabeza, jaqueca.

Tengo muchos medicamentos, pero todos son prescritos por médico.

Cuando me encuentro un poco mal, pues me suelo tomar ibuprofeno.

Cosas para encontrarte un poco mejor.

Tampoco...

Ni mucho ni poco.

Mi madre es médica

y tengo una gran variedad de medicamentos en casa.

No es necesario que vaya al médico porque lo tengo en casa.

Entonces, si voy a hacer algo de eso, la llamo, le preguntó

y tomo lo que tenga que tomar.

No me he automedicado nunca.

Medicamentos, pocos.

Antigripales, a lo mejor,

y paracetamol, poco más.

No suelo ir al médico tampoco.

No me automedico.

No suelo tener muchos medicamentos en casa.

Solamente con receta del médico.

Nunca he comprado por Internet.

Directamente en la farmacia y ya.

No he comprado nunca porque, en primer lugar, no me fío.

Y en segundo lugar no creo que sea la manera de hacer las cosas.

Y menos ante un tema como es la salud.

De cada uno.

Yo personalmente no

y en mi familia nadie compra medicamentos por Internet.

Ya se conocen las razones que explican

que un fármaco no cause las buenas consecuencias sanitarias

que se busca con su administración.

Y es que sabemos que la habituación a la ingesta

de muchas sustancias se da cuando,

como resultado de su administración permanente

y continuada, el paciente presenta menor sensibilidad a ellas.

Así se comprueba que las dosis que toma producen menos efecto

y, por ello, es imprescindible aumentar la dosis

para que al final puedan observarse los resultados apetecidos.

Esta habituación se produce, entre otras razones,

porque una menor cantidad del fármaco entra a la célula

al reducirse el número de puertas de entrada a esta

o porque, aunque llegue la misma cantidad,

dure menos tiempo dentro de la célula,

ya que aumentan los mecanismos de eliminación.

El mal uso o abuso de los medicamentos,

los consejos para su utilización,

eran ya cuestiones que se planteaban ya hace décadas en TVE.

Contraindicaciones, efectos secundarios,

el prospecto de un medicamento está plagado de una información

que muchas veces pasamos por alto.

Y es que nos medicamos mal.

Un tercio de los ingresos en urgencias se debe

al mal uso de un fármaco.

Los jarabes para la tos seca contienen codeína.

Un compuesto que, en dosis elevadas, tiene un efecto alucinógeno

y puede ser adictivo.

El cloruro de etileno es un analgésico similar al réflex.

Esnifado se convierte en un poderoso estimulante.

El famoso inhalador de Vicks tiene 50 mg de metanfetamina.

No es psicoactiva, pero un inocente usuario

con resfriado podría dar positivo en un control antidrogas.

Otro caso es el medicamento diseñado para tratar la narcolepsia.

El modafinil, además, se ha comprobado

que puede llegar a mantener despierta a una persona 90 horas.

Sin los efectos secundarios

que tendrían las anfetaminas o el café.

Si hablamos, por ejemplo, de los antibióticos

es característico que el 50 % de los pacientes no saben

para qué se utilizan realmente.

Confunden un resfriado con infecciones respiratorias,

producidas por bacterias.

Respecto a los ansiolíticos, pues se ha visto

que se ha incrementado el uso en un 57 % o 60 %

en estos últimos diez años.

Respecto a los antidepresivos,

pues las cifran son aún más alarmantes.

Son de un 200 %.

Los opioides son unos medicamentos

que crean tolerancia y que crean dependencia.

Son muchas veces derivados de la unidad del dolor

y, en estos casos,

cuando el paciente se ve que no tiene en su domicilio,

baja a la farmacia a demandarlos

y, además, en ocasiones, insisten en ello.

Igual que insisten en la farmacia, deben insistir en el médico

en atención primaria, en el hospital, etc.

Y hay muchos otros países que tienen tendencia

a utilizar muchísimos medicamentos.

En España se restringe bastante

gracias a la buena información que existente

por parte de los profesionales de la salud.

Entre los que destaco a farmacéuticos y médicos.

En el abuso distinguimos dos partes.

Por un lado, el uso excesivo.

Y por otro lado habría que ver medicamentos que producen adicción.

Y esos sí que son medicamentos de abuso.

Hay tendencia a repetir su administración

para conseguir el efecto deseado.

Hemos sido testigos

de cómo trabajan los profesionales sanitarios

y qué procesos siguen los pacientes

para superar su adicción a los fármacos.

No automedicarse o hacerlo en exceso resulta clave

para gozar de salud

y no desarrollar resistencias a las medicinas.

Javier Gálvez Cañero,

terapeuta en la actualidad,

adicto a la benzodiazepina en el pasado.

Empezó con anfetaminas

cuando estudiaba Ingeniería de caminos.

Se conseguía fácilmente.

No había ni que falsificar recetas ni nada.

Se conseguía.

De hecho, a España se le llamaba el país de las anfetas.

Se tomaba para hacer horas extra, para aguantar en casa, lo que sea.

Pronto, su organismo pidió más.

Duplicaba la dosis.

Más tiempo sin dormir.

El efecto seguía siendo el mismo, necesitaba más cantidad

para que me produjera un poquito más de efecto.

Entonces, es cuando aparece de verdad lo que llamamos la tolerancia.

Pero todo ello nace de algo, de la falta de autoestima.

La persona tiene una falta de autoestima, ¿por qué?

Porque su eje es la sensación de ser capaz.

Y cuando alguien se encuentra inmerso en que necesita algo externo

para poder manejar su realidad,

el eje, sentirse capaz, se ve totalmente menoscabado.

Tolerancia significa necesidad de aumentar las dosis

para conseguir los mismos efectos del principio.

¿Por qué se produce?

El hígado aprende a metabolizarlas, a eliminarlas más rápido.

Por otro lado, los receptores se vuelven más duros.

Menos sensibles a su acción.

Por tanto, para obtener el mismo resultado,

hay que ir escalando esas dosis.

Yo tenía acceso a la farmacia y eso porque tenemos familia farmacéutica.

Y yo podía entrar por allí, y coger sin que se dieran cuenta.

Abusaba de ansiolíticas que mezclaba con alcohol.

¿Qué sensaciones le proporcionaba este consumo?

Depresión, no puedo con mi alma, con mi cuerpo, con mi día a día...

Mezclado con el alcohol, el efecto es explosivo.

El doctor Tamargo nos alerta de la cantidad de benzodiazepinas

que se recetan al día.

Son compuestos que se utilizan de una forma,

yo diría muy común,

muy alegre

y, muchas veces, sin el adecuado control médico.

Porque yo prescribo un fármaco,

pero muchas veces lo que sucede es que el paciente decide dos cosas.

O que la dosis él la modifica, generalmente la aumenta,

o, segundo, que el tratamiento, que tenía unas pautas específicas,

el paciente se lo salta.

Si el consumo de ansiolíticos llega a su fase crónica,

hombre, yo he vivido algún suicidio.

En habitaciones como esta son ingresados

los pacientes de esta clínica

para realizar el proceso de desintoxicación

y, sobre todo, para modificar su conducta y cambiar hábitos.

Pero la deshabituación es un concepto mucho más profundo

que lleva aparejado ese cambio de vida

que no es solo indispensable, sino fundamental.

No se puede lograr la mejoría, la cura, si no es de otra manera.

Una de las cosas que tenemos que tener presentes es

que hay algunas medicaciones, hablo de medicamentos

que se prescriben habitualmente,

aparte de esas sustancias que producen adicción,

que no se pueden suspender bruscamente

porque crean lo que llamamos un síndrome de abstinencia.

Hay dos abstinencias que matan, la de los psicofármacos y el alcohol.

Las demás, por ejemplo, la heroína es muy espectacular

pero, simplemente, llama la atención.

Pero el alcohol

y los psicofármacos sí producen un delirium

y producen luego un coma o...

Tras el ingreso y la terapia,

llega el momento de volver a la realidad.

El paciente tiene a su disposición el teléfono del terapeuta

y, además, Javier conoce las pautas

para evitar el consumo inmediato cuando la tentación asalta.

Cuando uno está en casa, el recurso es desde agua con azúcar,

respiración abdominal, una ducha de agua caliente...

Son remedios caseros,

pero funcionan y surten un efecto instantáneo.

Julián Contreras sabe muy bien de lo qué hablamos en este programa.

Por circunstancias personales, acabó viendo su vida

como un reflejo de la que llevó su madre

en alguna que otra etapa.

El abuso de medicamentos casi le cuesta la vida,

pero con fuerza de voluntad

y ayuda de especialistas supo superar sus problemas

de forma saludable.

Hoy nos cuenta esta experiencia tan íntima junto a Carlos Dávila.

Música

De entrada, ya tiene para este programa una virtud:

su atrevimiento.

Su gentileza en venir a contarnos su experiencia.

También la de su familia más cercana:

los Ordóñez, en el abuso de medicamentos.

Un descontrol muy extendido en España

y que parece favorecido por el fácil acceso

que tenemos a los fármacos más diversos.

Julián Contreras ha sufrido en propias carnes las consecuencias

de lo que técnicamente se llama la polimedicación

y que, lejos de ofrecer mejorías,

puede aumentar algunos signos patológicos.

Contreras, siempre expuesto a los vaivenes

casi nunca agradables de la prensa del corazón,

está en nuestro programa con otro deseo:

exponer su experiencia como ejemplo

de lo que quizá nunca se deba hacer.

Es un personaje de trayectoria popular muy conocida

y de una saga famosa en España

que acude al "Ojo clínico" de hoy

más como paciente que como protagonista.

Un papel insólito para él.

Lo primero que tengo que decirte es que me encanta verte así.

Porque la última o penúltima vez que te vi en televisión estabas,

por utilizar un lenguaje torero que a ti te va mucho,

para el arrastre.

Estaba mal, estaba mal.

Casi te diría que no estaba tan mal como me faltaba por estar.

Es...

Lo primero que uno tiene que saber cuando se ve en un proceso así es

que al final la caída realmente es sin cable.

Con lo cual, uno la para donde consigue.

Y a mí me faltaban todavía unos cuantos metros largos por caer.

Con lo cual, yo en mi caso estoy...

Estoy muy satisfecho.

Estoy muy satisfecho porque ha sido difícil.

Ha sido largo, ha sido raro, confuso

y al final el resultado uno lo saborea mucho más.

¿Y en ese proceso estás en la meta?

No, no estoy en la meta.

No estoy en la meta, porque no persigo ninguna meta.

Voy más al día.

Voy más al día.

A dejar de sentir cosas que sentía.

A dejar de pensar cosas que pensaba.

Recuerdo en vuestro programa,

el que hablabais de la figura de Winston Churchill,

y de sus perros negros.

Yo siempre lo he...

No he usado esa metáfora porque no la había escuchado,

pero siempre he hecho alusión a una cosa similar.

Al final son cosas que están en tu vida y te acompañan.

Esa depresión, ansiedad... Efectivamente.

Y que tratas de no reparar en ella porque ya no la sientes,

que es lo más importante, pero no lo olvidas.

¿Cuándo empiezas?

Empiezo el día que soy consciente.

Mucho después de cuando empiezo a estar mal.

Yo empiezo a estar mal.

Yo no sé realmente qué es lo que ocurre,

y ya un día, yo tengo una doctora

que antes que médico es mi amiga.

Le cuento lo que me está pasando y es ella la que me encomienda.

y de alguna manera me indica ir a un psiquiatra.

Y para mí es una figura completamente desconocida.

Un poco, además...

Claro.

Primero que no sabes por qué y, segundo, para qué.

Porque no eres consciente de lo que te pasa.

No, lo malo de esto es que es una cosa muy silente

y traicionera, porque tú no sabes que está.

La depresión te envuelve, te abraza, te aparta,

te aleja y te apaga.

No interesa que estés activo, no interesa que estés inquieto.

Interesa todo lo contrario.

Interesa que estés dócil.

Adormecido.

Inapetente.

Ahí es cuando maneja bien, te manipula a su antojo.

Todo eso te lo producía el abuso de medicamentos

que estabas autorrecetándote.

Yo tomaba medicación porque...

¿Pero te automedicabas?

No, la medicación en mi caso es...

Yo no la puedo demonizar porque la medicación es útil

y hay que utilizarla como tal.

El problema es que yo tomaba medicación

porque creía que eso era lo que me iba a ayudar.

No digo que no ayude.

Digo que ayuda hasta un punto.

¿Cuándo viene el problema?

Cuando tú crees que aumentando esa dosis potencias el efecto.

Cuando abusas. Sí.

Y ahí es donde ya caes en el peligro.

Yo en mi caso, por ejemplo, tenía una rutina bastante agresiva.

Yo tomaba entre 10 o 12 fármacos diarios.

¿Qué edad tenías entonces, Julián?

Pues 28.

Entonces, al final de la semana, son muchos fármacos.

Son muchos fármacos.

Pero, claro, tú tomas 10 o 12 y dices:

"Tomo 10, 12 y siento determinadas cosas".

"A lo mejor con 15 las siento menos".

"¿Y con 18?".

"¿Y con 20?".

¿Quién te para ahí?

Eso ya es otro problema.

Porque, además, tu cuerpo no reacciona ante eso.

Ese es el peligro.

Tu cuerpo reacciona o se comporta exactamente igual

cuando llevas cierto tiempo tomando 11, 12 o 20,

pero los efectos no son los mismos.

Te vas acostumbrando orgánicamente.

Yo tuve,

y quizá es la secuela física más evidente,

unas pérdidas de memoria horribles.

Horribles.

A corto y medio plazo. ¿Con 27 años?

Yo tenía que ir con una libreta.

Se me olvidaban las cosas.

Y hay muchas cosas que ahora,

porque estoy escribiendo un libro y abordo este tipo de cuestiones,

trato de recordarlas y me exige un esfuerzo

que no es ni lógico, porque uno cuando atraviesa una cosa,

y encima si es algo traumático pues con más razón

y con más evidencia podría acordarse de los detalles más pequeños.

En mi caso, no.

Pero a ti que te veo tan racional y tan sentado en tus reflexiones,

¿cómo llegas a eso?

Porque te pierdes, te pierdes en tu oscuridad.

Realmente te pierdes.

Y yo, fíjate,

lo que más puedo destacar es que es algo muy solitario.

Muy solitario.

Si llegas a un sitio escayolado del cuello a los pies, es visual

y la gente responde rápidamente al estímulo visual.

Te ven.

Se alarman.

Pero esto no lo ven. Tú se lo cuentas.

A las dos semanas, la gente ya no lo ve

y no lo tiene presente.

Si tú se lo recuerdas,

recibes la dichosa palmadita en la espalda.

"Anímate".

"No pasa nada". "Esto no es nada".

No, esto por desgracia es una cosa muy seria y muy trágica.

Y ese período, como es tan solitario, te acaba apartando de los demás.

Yo, de alguna manera,

siempre digo que fallecí hace cuatro años, socialmente

porque cuando te ves inmerso en una situación de estas,

falleces socialmente.

Sales de la sociedad.

No es como un ingreso en prisión,

pero, de alguna manera, la sociedad te excluye.

Eres una persona depresiva.

Ansiosa. Ansiosa.

Lo cual es un problema a la hora de acceder

a cualquier puesto de trabajo.

Desde el más básico hasta el más complejo.

Y máxime en mi caso, que encima era una cosa sabida

porque yo la había hecho pública.

Y te dificulta, a nivel social, en muchísimos...

¿Sentías ausencias?

¿Sentías, por ejemplo, la ausencia de tu madre?

Yo tuve un...

Cuando inicié mi tratamiento,

uno de los problemas era la similitud con el tratamiento de mi madre.

A mí madre le había pasado lo que yo te estoy relatando,

pero ya sobredimensionado

a niveles graves y preocupantes.

Mi madre falleció sin superar la adicción a las benzodiazepinas.

La gente siempre habla.

Hace alusiones a sustancias más exóticas o más...

O más, creen ellos, exóticas,

pero las hay mucho peores, ¿eh?

Las hay mucho peores que te las dan en la farmacia,

envasadas, con un blíster, con sus instrucciones...

Y te estás llevando a tu casa...

Veneno.

Veneno envasado

y armas de destrucción, pero en el momento.

Y la gente no te apoya.

No, no es que no te apoyen, al contrario.

Es que ahí, cuando tienes problemas emocionales

y problemas económicos y encima lo tienes junto,

hay una reacción alérgica hacia ti.

La gente tiende a apartarse.

No sé muy bien por qué,

pero la gente cree que tú eres como una especie de drogodependiente

y que eso a ellos les va a ocasionar una merma en su estatus.

¿En su prestigio social?

Sí, al final esto tiene mucho de...

Estamos en un país muy necesitado de etiquetas.

O sea, la gente se siente más cómoda

cuando le encuentran la etiqueta al que tienen al lado.

"Este señor, a ver, pues este es dentista".

"Está casado, tiene una hija".

Pasamos este episodio, Julián, y yo quiero que me digas

qué te está pasando ahora, cómo lo estás haciendo,

cómo lo has hecho.

Nos interesa de cara a nuestro público.

Pues mira, yo un día tenía toda la medicación...

Y haces así.

Tenía toda la medicación

y me hice una simple pregunta y un razonamiento

que fue lo que desencadenó los pasos que me han llevado a mi yo de ahora.

Yo tomaba medicación, mucha.

Mucha, yo al final ya no bajaba de las quince pastillas diarias.

De todo tipo, de todo tipo.

Y entonces yo pensé:

"Yo estoy tomando toda esta cantidad de fármacos,

de fármacos a cada cual peor,

y mi situación no cambia".

"No cambia y mis problemas no desaparecen".

"Y ¿qué me está pasando?".

Yo no podía hacer deporte, no podía dormir.

Yo tenía problemas físicos de todo tipo.

¿Por ejemplo?

Al final estas cosas te afectan a la memoria,

te afectan también...

Te afectan a nivel sensorial, mucho,

y son cosas que a uno le cuesta asumir y aceptar.

A nivel de analíticas también.

A nivel androgénico también.

O sea, al final es problemático.

Y dije: "Yo estoy tomándome todo esto y sigo igual?".

"¿Para qué me lo tomo?".

Quizá el tratamiento inicial era efectivo.

¿Esto en qué es efectivo?

Y lo corté.

Lo corté.

Experimenté un viacrucis infinito

porque yo pensaba o había días

que al final es un síndrome de abstinencia.

Igual que el que puede tener un toxicómano.

Y lo pasé como buenamente pude.

Y un día me di cuenta que llevaba un mes sin tomar nada

y me estalló una cosa en la cabeza llena de colores,

llena de luces y...

y decidí que tenía que resetear toda la maquinaria.

¿Y ahora qué haces?

Ahora vivo.

Ahora vivo, porque antes dejé de vivir.

Ahora vivo.

Ahora creo, genero, disfruto, siento

y padezco, pero consciente.

No adormecido, no atontado.

Encontré en el mundo del "coaching" un hueco apasionante para mí

porque para algo vivimos y para algo hemos vivido.

Y es muy enriquecedor.

La verdad es que estoy descubriendo cosas

que son fantásticas.

Está siendo una reinserción difícil, porque no está siendo corta ni larga,

pero también tu postura ante las cosas influye mucho

Yo antes, por ejemplo, las negativas me hundían.

Ahora, ante una negativa, llamo al día siguiente.

Si no, pues llamo a la semana siguiente.

Antes era el fin del mundo, ¿no?

Antes tú eres el primero que aceptas el papel,

la derrota, el fracaso ya.

No merece la pena luchar, no merece la pena intentar nada.

No merece la pena prosperar ni avanzar

porque no es para ti, porque ¿tú qué eres, qué vales?

¿Qué significas?

Al final, eres una persona adicta a medicamentos

y has tenido una depresión.

¿Y ya qué le vas a aportar al mundo?

Y eso te lo crees.

Eso te lo crees.

Pues voy a terminar como empecé.

Felicitándote y diciendo que persistas.

Yo, desde luego, la idea es dar guerra para rato.

Sí, sin duda.

Al final, las cosas que he pasado...

A veces pienso que mi vida, a lo mejor,

a estas alturas no podría haber sido de otra manera.

Me preguntan:

"¿Harías lo mismo que has hecho en tu vida hasta hoy?".

La respuesta es que sí.

De otra manera, pero lo mismo

porque el milagro, o el secreto en mi caso,

es que no sé cuál es el fin

y, hasta que lo averigüe, voy a seguir a toda marcha.

Ha sido más un monólogo, un testimonio ejemplar

y espero que también sea ejemplarizante

para gente que ha tenido problemas como los de Julián.

Abuso de medicamentos, depresión, ansiedad...

Ese estado de postración verdaderamente terrible

que te hace ser inactivo para ti mismo y la sociedad.

De ello también nos va a hablar el doctor Zaragoza.

El doctor Zaragoza es un farmacólogo muy reputado

que nos va a contar exactamente en qué consiste este abuso

y cuáles son sus consecuencias.

Y la semana que viene, ¿quién está aquí?

Una entrevista un poquito más divertida.

Millán Salcedo, Martes y Trece, ¿se acuerdan?

Un futuro terapéutico sin fármacos es complicado.

Sería lo deseable.

Eso quisiéramos todos.

Pero, desgraciadamente, creo que no será así

y es gracias a los fármacos, a los medicamentos más concretamente.

Gracias a ellos, entre otras cosas, vivimos más tiempo

y, sobre todo, con mejor calidad.

Y todos somos candidatos a tener que tratarnos con algún medicamento

porque la alternativa sería peor.

Si abusan de ellos, cada vez van a necesitar mayor dosis

Y dependencia es que cuando se quedan sin ellos,

le crea esa ansiedad añadida a la que ya genera el dolor.

Si empezamos por los antibióticos,

el principal peligro es que acaban siendo ineficaces.

Los antibióticos crean resistencias,

con lo cual si se abusa de ellos sin necesidad,

cuando realmente los necesites no te van a servir absolutamente

para tratar la enfermedad.

En relación a los fármacos

que se conocen como publicitarios y están en los medios,

sí es verdad que el paciente llega a la farmacia pidiéndolo con nombre.

Pero ¿por qué?

Porque asocian los síntomas o signos

que aparecen en el anuncio con el problema de salud que sufre.

¿Qué ocurre?

Que cuando llega a la farmacia, te lo exigen,

pero ahí está el profesional que debe hacer un cribado.

Debe hacer una serie de preguntas para valorar

si realmente ese medicamento que ha visto en televisión

o que ha oído en la radio es necesario

para su problema de salud.

El medicamento que más se consume abusivamente es

el omeprazol.

Las personas que toman a diario este medicamento

durante dos o más años tienen un 65 % más de probabilidades

de tener niveles bajos de vitamina B12.

El segundo medicamento que más se consume

en España es el paracetamol.

En cuanto al ibuprofeno,

más de 8 millones de españoles consumen

dosis diarias superiores a las recomendadas.

Exceden el máximo de 1800 mg por día.

Las mujeres utilizan más hipnosedantes,

fármacos para dormir, que los hombres.

El consumo de tranquilizantes en los jóvenes de entre 15 y 24

se ha multiplicado en la última década.

Según una encuesta sobre uso de drogas

en enseñanzas secundarias en España,

el 16 % de los estudiantes de 14 a 18 años ha tomado

hipnosedantes alguna vez en su vida,

que incluye tranquilizantes y somníferos con o sin receta.

En 1994, la cifra era tan solo de un 6,9 %.

En "El ojo discute" ofrecemos las pautas

para un uso correcto de medicamentos.

Como siempre, con nuestros médicos de cabecera.

Música

Hoy en "El ojo discute",

hablaremos con nuestros médicos de fármacos, de su uso y su abuso.

Yo quisiera empezar matizando que hay dos grandes grupos.

Uno, los fármacos que no causan dependencia,

pero mucha gente abusa de ellos,

y otros que causan dependencia.

Y causan esta dependencia

porque generan una necesidad real de tomarlos.

Sí, yo creo que son los dos grandes grupos.

Los fármacos que tenemos muy al alcance

y que nos habituamos a tomarlos,

pensando que no tienen ningún efecto secundario,

ni repercusión en que los usemos un poco

como Dios nos da a entender.

Y los fármacos que se consumen porque el organismo lo reclama

por una necesidad.

¿Cuál crees que son los fármacos

más frecuentes que no causan dependencia

a la hora de abusar de ellos?

El que yo diría es el antiinflamatorio.

Como el ibuprofeno.

El omeoprazol.

Lo que habla la gente del protector de estómago.

Lo de me duele y me tomo un omeoprazol.

Pero realmente la utilización, la mayoría de las veces,

lo ponemos como tratamiento para enfermedades digestivas.

No como protector.

Y también estaría el grupo de antibióticos.

Se emplea en infecciones víricas.

Un catarro.

Una gripe.

Una gastroenteritis, ¿no?

Cosas víricas que el antibiótico le hace cosquillas.

No va a mejorar uno por tomar el antibiótico.

Sería lo más frecuente.

¿Y cómo es de frecuente este abuso?

¿Cómo estimáis...?

Vamos a pasar con la primera pregunta.

Me gustaría saber si ustedes, los médicos, tienen problemas

por la gente que va a consultas a pedir recetas para un medicamento

o si les causan algún tipo de agresión o algo así.

Luego me gustaría saber si tienen problemas al contrario.

Gente que deja de tomar la medicación

y que no respetan los plazos y los tratamientos

que les han recetado los médicos.

Yo aquí haría como tres respuestas en la misma pregunta.

La primera es que cuando alguien viene a consulta

y nos pide la medicación,

siempre se revisa un poquito el tratamiento.

Se revisa lo que está pidiendo.

Si alguien que tiene la tensión alta

y me está pidiendo sus medicamentos para la tensión,

que yo sé cuáles son, aparte me pide ibuprofeno,

mi actitud siempre es explicarle que eso para él no es bueno.

El ibuprofeno una de las cosas que produce es subir la tensión.

Entonces, ahí siempre se le da una información.

La segunda parte,

si alguna vez por negarnos a dar una receta el paciente se enfada...

A mí personalmente no me ha pasado.

Siempre que expliques las cosas bien.

No es lo dices muchas veces, sino el cómo lo dices.

Sí, porque, por ejemplo para infecciones víricas, ¿no?

Muy frecuentes, la gripe y tal.

Todo el mundo cree, bueno, no todo el mundo...

Mezclan el tema de los antibióticos.

Yo diría que pienso que cada vez menos.

Por lo menos lo que a mí me da esa impresión.

Y realmente cuando alguien viene y te dice:

"Dame antibiótico, que a mí me va bien".

Si tú le explicas,

que muchas veces es el comentario que hacen,

qué infección tiene, el por qué no se lo mandas.

El qué produce el antibiótico tomado sin tener que tomarlo.

Que al final lo creas es resistencias.

Así si en un futuro lo necesitas,

no va a hacer el efecto deseado.

Si tú das la información bien y la relación es buena,

que es lo que hay que buscar, yo nunca he tenido problemas.

Pero mucha gente piensa

que genera resistencias a nivel poblacional,

pero a mí más me vale...

Es cierto que cada vez es menos,

pero sigue siendo un gran problema que tenemos.

La creencia, efectivamente, de que los antibióticos...

Es más, a veces te encuentras gente hospitalizada

que le pones el antibiótico y te dice:

"Me sigo encontrando fatal".

Obviamente, porque la función del antibiótico es

luchar contra una infección bacteriana

y lleva su tiempo. No es un antiinflamatorio,

o un antitérmico, que son de acción inmediata.

Te quitan la fiebre y el dolor,

pero el antibiótico tiene otra función.

De hecho, hoy por hoy,

se estima que el 30 % de los antibióticos

que se usan hospitalariamente...

Eso ha disminuido mucho,

pero, hasta no hace mucho,

el 30 % eran automedicaciones sin receta.

Además, se suelen tomar al final del episodio de infección,

por lo que uno dice:

"Estuve malo, pero tomé antibiótico al tercer día

y en dos días me curé".

Cuando te tocaba.

Pero es que eso además conlleva otro riesgo.

Mucha gente, en cuanto mejora, se quita el antibiótico.

Y el antibiótico debe tomarse los días que se tiene que tomar,

a las dosis que se tiene que tomar.

El mandarlos cada 8 o 12 horas,

dependiendo del antibiótico, no es un capricho del médico

y el que sean cinco, siete o diez días tampoco lo es.

Y mucha gente, en cuanto mejora, deja el antibiótico.

Eso favorece las resistencias.

-Es la otra parte de la pregunta que hacían.

Si realmente nos encontramos problemas

con el incumplimiento de tratamientos,

con hacerlo como diga.

Yo pienso que tengo más problemas con eso que con el abuso.

De hecho, las tasas de incumplimiento

de los tratamientos en pacientes que toman medicación crónica están

en torno al 20 % al 50 % de la gente

que no toma bien el tratamiento crónico.

-En muchas patologías se estima que es la primera causa

de fracaso del tratamiento.

"No me va bien".

No se lo toma como debe.

-Los pacientes incumplidores,

la tasa de mortalidad es el doble que en los cumplidores.

¿De qué enfermedades estamos hablando?

Las más frecuentes: la hipertensión, los fármacos para la tensión...

La tensión alta tampoco da ningún síntoma.

Uno se deja de tomar la medicación.

A lo mejor piensa:

"No, ya la tengo bien, me lo dejo de tomar ya".

Pero te lo dejas y sube otra vez, como la del colesterol.

-De hecho, la herencia es fundamental, ¿no?

A veces tenemos los mejores fármacos, se innova, cosas mucho mejores,

pero si uno no se lo toma...

Puede ser hasta peligroso, ¿no?

Por el efecto rebote, puede ser peligroso no tomar...

Por el efecto rebote puede pasar.

Ahora comentaremos aquellos que crean dependencia física,

que el efecto rebote es lo que nos suele llevar ahí,

pero, en general, cualquier medida para tomarlo bien es casi más eficaz

que sacar un fármaco nuevo.

Hablamos de abuso, pero también el término de mal uso es

lo que hablábamos con los antibióticos.

No es tanto abusar, sino usarlos mal.

Eso es labor del médico.

-Sí, hay que hacer autocrítica

y parte de la responsabilidad la tenemos nosotros.

-Por no explicar las consecuencias del mal uso de los fármacos.

¿Puedes explicar la diferencia entre dependencia física

y psicológica?

Son dos variables que van muy juntas.

La dependencia física tiene que ver cuando al quitar el fármaco,

uno empieza a tener síntomas físicos reales.

Hay algunos fármacos para dormir o la ansiedad

que cuando se quitan, si no se han usado bien o en exceso,

otra vez duerme peor, vuelven los síntomas de ansiedad...

Es el cuerpo el que lo pide. Es parecido a las drogas.

La dependencia psicológica es

la que tiene que ver con el deseo de consumo.

"Lo necesito, me apetece".

En los fármacos pasa con algunos.

Es más la dependencia física,

pero hay algunas drogas que pasa eso.

Es más el deseo que realmente la necesidad física.

Aunque, cuando hay una dependencia, suelen aparecer las dos cosas.

Una parte física y una psicológica.

Porque tiene algún efecto agradable.

La mayoría de los fármacos que provocan dependencia tienen

un efecto tranquilizador,

el efecto de mejoría que percibe la persona.

De hecho, los fármacos que más se utilizan

o más dependencia generan son algunos para el dolor, los opiáceos,

que son los que utilizan para dolores muy fuertes.

Los derivados de la morfina.

Los fármacos para dormir o ansiolíticos.

Los hipnosedantes, porque son para dormir y la ansiedad,

y los fármacos estimulantes para algunas enfermedades

como el déficit de atención.

Esos producen sensación de bienestar y, al quitarlo,

el cuerpo nota que no tiene el fármaco.

Lo que le pedí a uno es consumir, aunque ya no quisiera.

-Yo creo que ahí hay que hacer un abordaje bueno

del por qué uno no duerme bien.

Muchas veces están mandando medicamentos para dormir

cuando el dolor puede ser la causa de no dormir

o a lo mejor me levanto 20 veces al baño.

A lo mejor tienes un problema más de la vejiga.

-O he hecho deporte a última hora

o tomo tres cafés por la tarde, que a veces lo mezclamos.

Tiene que ver con eso. A veces, eso pasa.

Hay algo que también tiene que ver.

Una persona va al médico, le pide la receta

y luego acude al especialista y "Me quedé sin receta".

Se tiende a acumular medicamentos por si me quedo sin ellos,

pero no es así porque hacemos receta cuando hace falta.

Cuando se acumula, hay mayor riesgo de poder abusar.

Yo creo que deberíamos todos insistir

en que los medicamentos son muy útiles

para millones de cosas, que gracias a ellos la medicina

y la esperanza de vida y la calidad ha mejorado,

pero que un medicamento tiene un efecto secundario siempre.

Hay que formar a los pacientes. Me gustaría informar.

Estamos hablando mucho del abuso

y de la dependencia de determinados fármacos,

Pero también nos encontramos,

sobre todo, tú te lo encuentras más que nosotros,

alguien que tiene un problema de ansiedad

y le dices: "Le va a ir mejor si toma esto".

A lo mejor es temporal y también se coge mucho miedo.

"A ver si esto me va a crear dependencia".

Incluso ocurre con fármacos

que no pueden crear dependencia.

La gente también tiene cuidado con los que pueden crear dependencia.

-Pero tienen su uso. -Tienen su utilidad, claro.

-Pero hay que utilizarlos bien. No en tiempos muy prolongados.

Hay que utilizar la dosis mínima necesaria.

Cuando uno lo quite, hay que hacerlo despacito

para que no haya sensación de necesidad.

Y luego hay que sospechar que uno abusa.

La edad de inicio de consumo de tabaco o alcohol ronda los 16.

La edad de abuso de estos fármacos para dormir está sobre los 35.

Pensamos que quien abusa de fármacos es una persona joven

que está consumiendo alguna droga, y no.

Fijaos, es la única sustancia de abuso

que se consume más en mujeres que en hombres.

Los fármacos para la ansiedad.

Hay que sospecharlo.

-Y es más fácil sospecharlo en fármacos

que sabemos que crean adicción que en los de antes.

Incluso en fármacos que no se consideran fármacos.

Mira qué pregunta te han hecho, en la calle.

Estamos en una época

Los productos de herbolario se usan más que los químicos.

Se ha vuelto una moda, digamos.

¿Es recomendable sustituirlos por los productos farmacéuticos?

¿Es cierto que no tienen apenas contraindicaciones?

-Es verdad que no es habitual el abuso

o la adicción a estos compuestos

porque no son fármacos.

Generalmente, los médicos no somos muy prouso

de compuestos de herbolario.

Yo, en particular,

pero fundamentalmente por dos razones.

Una porque no son compuestos estudiados, demostrados

y, sobre todo, controlados.

Es decir, tú puedes comprar un compuesto X en una parafarmacia

y el mismo compuesto en otra,

y la cantidad que tienen es distinta.

Luego son compuestos de acceso libre.

Nadie controla el efecto de eso y tienen efectos secundarios.

Muchos son inocuos, pero algunos sí son eficaces

para lo que se mandan.

Y son eficaces, precisamente,

porque tienen de forma natural el mismo compuesto

que nosotros hemos puesto en una pastilla.

Cuando yo mando una pastilla, yo sé sus efectos secundarios,

sé por qué lo mando y ese señor vendrá a consulta

a que yo controle los efectos secundarios.

Pero los que se venden en herbolario deberían tener

un umbral mucho más alto

para producir un efecto adverso fuerte.

No están controlados.

-Luego otra cuestión: las interacciones.

Pueden interaccionar con los fármacos normales

y no lo sabemos porque no está estudiado.

A veces ni sabemos que los toma.

En el tema depresión, hay un fármaco muy conocido

que es la hierba de San Juan, el hipérico,

que tiene eficacia o funciona para la depresión,

pero nunca debería combinarse con antidepresivos.

Pueden hacer un efecto de potencia entre los dos

y al final provocar un efecto secundario.

Si tomas un fármaco de herbolario, díselo al médico,

pero combinarlo con otros tratamientos...

-Y es una falsa creencia.

Siempre les pongo el mismo ejemplo.

Una falsa creencia que lo natural es bueno.

Porque la cicuta es muy natural.

Ahora, buena lo que se dice buena no es.

Y hay fármacos que...

Por ejemplo, la digoxina viene de una planta:

el digindal.

Que se ha llegado a usar de veneno.

Son fármacos que tienen que estar controladas las dosis,

que tienen efectos secundarios y que necesitan un control.

Hay algunos que son eficaces por el efecto placebo.

Vamos a ver la tercera pregunta.

¿Cree que los medicamentos tienen

para muchas personas un efecto placebo?

¿Y que lo toman para tranquilizarse, más que por el efecto real?

Aquí en realidad son dos preguntas.

¿Qué es el efecto placebo?

Es aquel efecto positivo que tiene un fármaco,

no por su eficacia, sino por el hecho de tomarlo.

Uno toma una pastilla y tiene eficacia

aunque esté vacía.

Y esto funciona.

No es que la gente se lo invente o que se inventa el dolor.

En dolor o ansiedad esto funciona.

Y se ha visto con resonancias funcionales,

donde vemos qué pasa en el cerebro al tomar el fármaco,

que hay estructuras como el tálamo

o zonas cerebrales relacionadas, por ejemplo, con el dolor

que el fármaco placebo hace que se desactiven.

O sea, el efecto placebo funciona.

Da igual dar unas sustancias que otras.

Va a funcionar por el mero hecho de haberlo tomado,

pero de ahí a decir

que un fármaco solo le funciona por el efecto placebo, no.

Los estudios clínicos que se hacen con fármacos deben demostrar

que son mejores que el placebo.

Das un fármaco y un placebo, y si el efecto es igual,

esto funciona solo por el efecto placebo.

Siempre tiene que separarse del placebo.

Los fármacos que se venden funcionan mejor

que el placebo.

No es solo efecto placebo, tienen eficacia.

Está estudiado que las pastillas pequeñas parece

que son más potentes.

Un efecto placebo mayor. Hay muchas curiosidades.

Hay algunos jarabes o inhaladores que si tienen sabor desagradable,

parece que uno siente que tiene más efecto,

pero eso queda más en el título de la curiosidad.

Y también el efecto nocebo, que es muy curioso.

Cuando lees el prospecto de todas las cosas que pueden pasar

cuando se toma el fármaco y te empiezan a pasar.

Es un porcentaje similar.

Si consigues leerte todos los efectos secundarios.

-No hay que abusar del fármaco.

El prospecto hay que mirarlo, pero es una guía

para luego consultar con el farmacéutico,

con el médico o con el especialista y no abusar del fármaco.

¿Qué hacéis cuando un paciente abusa de una sustancia con dependencia?

Depende del tipo de sustancia.

Pero hay que considerarlo como si fuera una droga.

Hay que intentar deshabituarlo de ahí.

Con las benzodiazepinas para la ansiedad,

podemos empezar a bajarlo gradualmente,

cambiarlo por otra que sea de otra familia

que genere menos dependencia física y rebajar esa

o utilizar fármacos de otro tipo.

Hay antiepilépticos que tienen como efecto relajante.

Se pone el antiepiléptico

para poder ir bajando la benzodiazepina

y luego ya retiramos el antiepiléptico.

Todo esto acompañado de terapia cuando se pueda.

Algunos centros de drogas atienden a personas para hacer terapia

por el consumo de psicofármacos de este tipo.

Pero, insisto, bien utilizados no tienen riesgo.

Muchísimas gracias a los tres.

Espero que hayamos dado un mensaje claro

y que los pacientes tomen los fármacos en su justa medida.

Hasta el próximo programa.

En cuanto a avances de diagnóstico,

todas las técnicas de imagen,

pero, sobre todo, el tratamiento.

En relación con los fármacos que se utilizan actualmente,

primero cáncer, es lo que se me viene a la cabeza.

Hoy día, el cáncer realmente está controlado

y casi tenemos la tendencia de cronificarlo.

Si no curarlo, por lo menos cronificarlo,

que la persona se muera con muchos años

y de otra cosa tal vez,

pero también podríamos hablar de enfermedades cardiovasculares.

Están surgiendo nuevos tratamientos que son interesantísimos

y, sobre todo, muy eficaces.

Nos permiten vivir, además, con menor número de limitaciones.

Es decir, algunos evitando accidentes cardio

y cerebrovasculares,

y otros con un control de la hipertensión arterial

porque no podemos olvidar que un alto porcentaje de personas,

sobre todo del mundo occidental, tenemos tendencia a la hipertensión.

Y al ser un factor de riesgo importantísimo,

hay que controlarlo

y solo se controla,

independientemente de una dieta saludable,

que no es siempre suficiente,

con medicamentos adecuados.

Música

Hitler se metía en el cuerpo hasta 74 sustancias distintas.

Vamos, aquello aparte de un régimen nazi,

era un régimen yonqui.

Entre las drogas que consumía habitualmente:

metanfetaminas, cocaína, todo tipo de opiáceos...

A Hitler se le acercaba un perro

de los que olisquean maletas en el aeropuerto

y pobre animalito palmaba por sobredosis olfativa.

(LADRA)

Con este reciente hallazgo del Hitler politoxicómano,

uno se explica muchas cosas.

Por ejemplo, la obsesión de Hitler por invadir otros países.

Claro.

No es que Hitler borrara las rayas de los mapas,

se las esnifaba directamente.

¿Y pastillas?

Pastillas se metía hasta las de freno de los tanques.

Con esa afición a las pastillas, no entiendo cómo no invadió Ibiza.

Pastillitas de la risa aparte,

ojo con el consumo abusivo de medicamentos.

Se lo digo yo que,

como exhipocondríaco, sé de lo que hablo.

Yo entraba en una farmacia

y era como un niño entrando en un parque temático.

Lo quería probar todo.

Hasta los tampones.

Yo no usaba pastilleros, usaba "tupperwares"

y me hacía unos líos...

Lo peor era cuando confundía los astringentes con los laxantes.

Ahí la cagaba.

O cuando confundí el espray antiinflamatorio

con el desodorante,

que ese día fui por la calle así todo el día.

Y una vez confundí el colirio con el pegamento superfuerte

y me eché... Bueno, menuda noche.

Por lo menos esa noche pegué ojo.

Eso es verdad.

Ahora como ya estoy curado, ya no soy hipocondríaco.

Apenas tomo medicamentos

y las 28 o 30 pastillas de cada día, las llevo aquí sin problema.

En este tarrito las llevo

y sé perfectamente a qué corresponde cada una.

¡Ostras!

¿Ahora qué hago yo?

Esta es la del hígado, no, la del riñón.

Esta es la de la tensión, no, la de la próstata.

La de la...

¿Sabes lo que te digo?

Al final están todas, ¿qué más da?

(BALBUCEA) ¿Un vaso de agua tenéis por ahí?

Música

Hoy hemos hablado del mal uso y abuso de algunos medicamentos.

Un hábito poco recomendable

que puede derivar en serios problemas de salud.

Tomar medicamentos recetados por el médico,

siguiendo las recomendaciones acerca de las dosis

y período de tratamiento, es clave para su eficacia.

Es importante no automedicarse nunca

y leer los prospectos de los que vayamos a consumir.

No se debe abusar nunca de antibióticos

ni de ningún otro fármaco.

Es recomendable comprobar la fecha de caducidad

y desechar los que están caducados.

En el próximo programa hablaremos de la hipocondría.

Una patología que afecta a más personas

de las que podríamos imaginar

y que acarrea problemas tanto físicos como psicológicos.

Pueden seguirnos en Twitter, Facebook o Instagram

o si lo prefieren, a través de la web rtve.es.

Allí podrán disfrutar de nuevo de "El ojo clínico"

y estar a la última con el blog de nuestros médicos.

Y, como en cada programa,

la frase de Jardiel Poncela es la mejor despedida.

"La vida es una buena experiencia,

y la experiencia es la única enfermedad

que no se contagia".

Hasta la próxima. Adiós.

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El ojo clínico - Abuso de medicamentos

17 jun 2017

Programa de divulgación médica y de historia de las enfermedades y de personajes de la historia mundial que las han padecido.

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