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No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 7 - Tiempo de venganza - Ver ahora
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(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

No se acerque.

Si supieras todo lo que te ofrece el futuro, no saltarías.

Yo no tengo futuro.

La vida se porta bien con unos pocos.

Los demás tenemos que aguantar que nos echen mierda encima, ¿verdad?

Deje de decir tonterías.

Usted no me conoce de nada.

Te llamas Irene Larra Girón.

Tu padre es general del Ejército.

Trabajas en el Ministerio de Asuntos Exteriores,

coordinas todo el aparato administrativo.

Eres la primera mujer que consigue llegar tan alto.

Te hacen la vida imposible desde que desvelaste

que el gobernador de la Guinea Española

se forra apoyando empresas británicas.

No debiste hacerlo.

El ministro se lleva el 50% de los negocios del gobernador.

¿Cómo sabe todo eso?

Como sé que vives una vida infeliz con tu marido.

Qué infeliz, vacía.

Él dice que estás mal de la cabeza.

Y tus padres le dan la razón.

Quieren un nieto,

pero no se lo vas a dar.

No son buenos tiempos para una mujer como tú,

íntegra, independiente,

diferente.

No saltes, Irene.

Si saltas les vas a dar una alegría a tus jefes, a tu marido,

No les des ese gusto.

¿Y por qué hace esto por mí?

No está la administración pública para perder talentos como el tuyo.

Bienvenida al Ministerio del Tiempo.

Pues esto no es nada.

Ven, te tengo que presentar a los demás.

Les he contado que eres un gran fichaje.

(Silbido del afilador)

(Silbido del afilador)

(EXTERIOR) (VOZ MASCULINA) ¡El afilador!

Buenos días. Irene.

¿Otra pesadilla? Ajá.

El examen del mir.

Llegaba dos horas tarde y dejaba 100 preguntas sin contestar.

Pues me alegro de haberte despertado.

Pero qué obsesión con el mir, ¿no?

Si eso lo aprobaste hace...

Ocho años.

Ocho años.

Pues ya es hora de ir superándolo, ¿eh?

Sí.

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Que llevo una semana sin pegar ojo.

Últimamente siempre tengo pesadillas.

El otro día soñé que entraba en quirófano

y a quien tenía que operar era yo.

Uf. Eso es mucho peor que lo del mir.

Creo que necesitamos unas vacaciones las dos.

Pero pronto.

A mí me deben unos días, así que si quieres...

podemos ir a...

A París. (RÍE)

París. Me has leído el pensamiento.

¿Qué hora es?

Puedes dormir un rato.

No.

Me levanto y desayunamos juntas, que luego no nos vemos en todo el día.

Es que tengo prisa.

Me tomo un café en el Ministerio, no te preocupes.

¿Tan urgente es lo que tienes que hacer?

Tengo un entierro fuera de Madrid.

De un antiguo compañero.

Llevaba un tiempo jubilado.

¿Alguien importante para ti? Sí, mucho.

¿Y por qué nunca me has hablado de él?

No conozco a ninguno de tus compañeros. Nunca hablas de ellos.

Al final voy a tener que ir a visitarte para conocerlos.

No merece la pena.

Tu hospital es mucho más interesante. Te lo aseguro.

Mi trabajo es muy aburrido.

¿Qué se puede esperar de un ministerio?

(Sintonía "Ministerio del Tiempo)

No sé qué veis de malo a Felipe V. Hombre,

yo hubiera preferido a Carlos de Habsburgo.

¿Qué más da? Al final todos mandan porque nacieron en un palacio.

Ya te digo yo que a los catalanes

no nos da igual uno que otro. Vamos a dejar el tema,

que bastante me duele la cabeza ya con esta peluca.

Hola, Irene.

¿Qué le pasa?

Creo que sé quién nos lo puede contar.

¿No os habéis enterado?

Ha muerto Armando Leiva.

¿Ese quién es? El agente que la reclutó.

Eran uña y carne.

Hasta se rumoreó que estaban liados.

Cosa que conociendo los gustos de Irene, era mentira, evidentemente.

¿Cómo puede ser que nunca hayamos oído hablar de Leiva?

Nadie se atreve a hablar de él.

Fue terrible.

Leiva era un héroe en la guerra contra los carlistas.

¿Era un militar? Sí, era capitán.

Y hombre de confianza de don Salvador.

Era su jefe de operaciones.

¿Ese no es el cargo que ostenta ahora Ernesto?

Sí.

Ernesto ocupó el puesto de Leiva

cuando pasó lo que pasó.

Angustias, por Dios, al grano.

Es que si no paráis de hacerme preguntas no puedo ir al grano.

Todo empezó hace 10 años, en el 2005.

El hijo de Leiva enfermó de leucemia

y la medicina del siglo XIX no lo podía curar.

Leiva pidió a Salvador traer a su hijo al presente.

En el hospital del Niño Jesús

tienen un gran servicio de oncología infantil.

Es la última oportunidad que tengo de salvar a mi hijo.

-Lo siento, pero no puedo concederte ese permiso.

Ni yo mismo me lo concedería.

Tú no lo necesitas. Tú vives en el siglo XXI.

Son las normas.

Putas normas. -Tú eres militar, Leiva.

Sabes mejor que nadie que las normas están por algo.

¡Os estoy hablando de mi hijo, coño! -¿Tiene más derecho a salvarse

un hijo nuestro que el hijo de alguien que no trabaja aquí?

Pues salvemos las vidas de todos. Podemos hacerlo.

-Leiva, ¿sabe lo que pasaría si aplicáramos la medicina actual

a todo el que la necesita en el pasado?

Sí, que salvaríamos muchas vidas.

Sí, y tendríamos una superpoblación. No habría cosecha para todos.

Morirían igual.

Además es la historia. No podemos cambiarla.

-No me contéis más la monserga de cambiar la historia.

Arriesgué mi vida 1.000 veces para que la historia no cambie.

He salvado muchas vidas, ilustres y miserables,

y como yo, muchos de mis compañeros.

Si el Ministerio no ayuda a nuestras familias,

algo hay que cambiar en el Ministerio.

Armando.

(Puerta cerrándose)

Salvador.

¿No cree que podríamos estudiar su caso?

No hay nada que quisiera más en este mundo,

pero si hacemos una excepción con él todos pedirían lo mismo

y ¿dónde pondríamos el límite?

(ANGUSTIAS) Salvador se negó

a que los funcionarios viajasen por el tiempo por razones médicas.

Pero los compañeros de Leiva se solidarizaron con él

y eso acabó en una huelga.

Al poco, Leiva y sus seguidores se radicalizaron

y la huelga se convirtió en revuelta.

Organizaron un plan secreto para tomar el Ministerio,

pero alguien lo traicionó.

Y Leiva y los suyos fueron encarcelados y borrados del mapa.

Pasamos página y aquí paz y después gloria.

La vida siguió su curso normal.

Qué barbaridad.

A ver, un momento.

Se montó un follón así en el Ministerio,

¿y nadie de fuera se enteró? Era diciembre.

Ese año el puente de la Constitución era de seis días y, claro...

Este país no cambiará nunca.

¿Y qué pasó con el hijo de Leiva?

Murió. Pobrecito.

(REZA EN LATÍN)

Imaginé que vendrías.

(CURA CONTINÚA REZANDO)

Leiva dedicó su vida al Ministerio.

No se merece este final.

Enterrado fuera de su época, sin familia.

Y entre proscritos.

Las normas del Ministerio son estrictas.

Estrictas son las personas.

Las normas son palabras en un papel.

Leiva llegó donde llegó por desesperación.

Pero antes hizo mucho por usted.

(SALVADOR) Por el Ministerio y por el Reino de Asturias.

Y por nosotros.

Qué rica.

La mejor sidra que he probado. Es del siglo VIII,

sin conservantes ni colorantes. Regalo de don Pelayo.

Qué menos. Le hemos salvado la vida.

Sí está rica. -Viva la reconquista.

Esto merece una fotografía.

Angustias, si tiene la bondad... -A mandar.

Vamos. -A ver cómo nos ponemos.

Eh, la rubia en medio. -Ah.

No faltaba más.

(ANGUSTIAS) Una sonrisa para la posteridad.

(Pasos acercándose)

Buenas noches.

Hola.

¿No vas para casa?

No. En un ratito.

Siento lo de tu amigo.

¿Es él?

Sí.

¿Te apetece una copa?

No estoy con mucho ánimo, la verdad.

Gracias.

Me dijiste que siempre que necesitara ayuda

podría contar contigo.

Quiero que sepas que tú también puedes contar conmigo.

Para lo que sea.

(Música en el interior)

Algo me dice que me hubiera entendido bien con Leiva.

Sí, porque tú también tienes un puntito rebelde como él.

¿Te espera alguien? Sabes que no.

Pero a ti sí. No. Nuria tiene guardia.

El apasionante mundo de las guardias.

Sí. ¿Hace mucho que estáis juntas?

Cuatro años. Ah. Pensaba que hacía menos.

Como eres tan... ¿Aventurera?

Exacto. Claro.

Pues no te confundas, porque seré aventurera,

pero no desleal a mi pareja. Ya, ya, ya.

Si te acuestas con alguien del XIX,

tu pareja no ha nacido y no la estás engañando.

Efectivamente. Era eso, ¿no?

Así es. ¿Cómo era? Tu juego, tus reglas.

Que no te gustan nada, observo. Las respeto, pero yo tengo otras.

Tú tienes otras porque las has elegido.

Yo tengo las mías porque me he pasado media vida

viviendo con las reglas que me imponían los demás.

Pasé mi juventud casada con un hombre que detestaba.

Mis padres me obligaron a casarme con él con 17 años.

Joder. Lo siento.

Podía haber sido peor. Casi me meten a monja

porque me encontraron con una amiga en el cuarto de baño.

Debe de ser duro que no te acepten como eres.

Ni te lo imaginas.

Por eso, cuando Leiva me ofreció cambiar de vida...

me juré a mí misma que jamás me arrepentiría

de no vivir lo suficiente.

Sigues viendo a Maite, ¿no?

¿Qué pasa, que se lo vas a contar a Salvador?

No, sabes que no haría eso. Te lo digo como amiga.

No deberías verla.

Tienes que dejar el pasado donde está.

O te vas a volver loco. Bueno,

Eso es asunto mío. Vale.

Si no te voy a hacer una terapia.

Si es que además hoy eras tú el psicólogo y yo la paciente.

Huy.

Me parece que me voy a casa,

porque si no, la tentación va a ser demasiado fuerte.

Oye, que me están mirando a mí, ¿eh, guapa?

Sí. Tú dame cinco minutos con ellas y ya veremos a quién sonríen.

Diviértete un poco, anda.

Un poquito de alegría no viene mal.

¿Pagas tú? Pago yo.

(CHICA) Está muy bien, ¿eh? Chao.

Te está sonriendo.

Qué mono es, ¿eh? Está muy bien.

(SUSPIRA) Ay, Dios mío.

(CHICA) (JADEA DE PLACER)

Buenos días. Hola.

Cuántas fotos.

No serás fotógrafo, ¿verdad? Mi ex lo era.

¿Y esta chica que sale en todas?

Deja esa foto donde estaba, por favor.

Vale, vale.

Estás casado, ¿verdad?

No.

Será mejor que te marches.

Oye, si te ha molestado algo... Quiero estar solo. Nada más.

(SUSURRA) Te echo tanto de menos.

(RECUERDA) "¿Te espera alguien?

Sabes que no, pero a ti sí. No, Nuria tiene guardia.

El apasionante mundo de las guardias".

Adiós.

(Puerta cerrándose)

(Buscapersonas)

Nunca me había sonado tanto

este artefacto del infierno. Será urgente.

Vamos, que Julián ya estará arriba.

Sorpresa. ¿Qué haces aquí?

Te echaba de menos.

Venga, en serio. En serio.

He pedido que me cubran para pasar el día contigo.

Qué mono.

Solo tengo un problema. ¿Cuál?

Tengo que ir a trabajar. O no.

Imagina que estás enferma, que podría ser.

Dámelo. Cualquiera puede enfermar,

o sea, que no pasa nada. Que voy a llegar tarde. Va.

Hola. Buenos días. ¿Me pasas con Leonor, de secretaría, por favor?

Gracias. Estás loco.

(CHISTA)

Leonor, soy Julián, el marido de Maite.

¿Cómo estás? Se ha levantado afónica. No podrá dar clase.

Sí, de repente. Habrá cogido frío, no sé.

Vale, yo se lo digo.

Venga, muchas gracias. Un beso. Un beso. Chao.

Que te mejores. Que te ponen una sustituta.

No me lo puedo creer.

Pero ¿qué mosca te ha picado, tío? La mosca del amor.

Por Dios, qué cursi.

Estás fatal.

¿Dónde está Julián? ¿Lo han avisado?

Sí.

Algunos llamaban a la sífilis el mal español, pero se equivocaban.

El mal español ha sido siempre la impuntualidad.

Si queréis, puedo ir a buscarlo. No, no.

No será necesario. Ya hablaré yo con él cuando aparezca.

Ahora tienen una misión importante que cumplir.

Ha ocurrido algo muy grave.

Esta madrugada han robado el cadáver de Armando Leiva.

Pero eso no puede ser. Vimos cómo lo enterraban.

Así es. Ahora tenemos que averiguar quién lo hizo y por qué razón.

Alonso, acompañará a Ernesto, irán al lugar de los hechos

y recabarán las pruebas posibles. Interroguen a quien haga falta.

Usted localice inmediatamente a Julián.

Vaya a su casa a ver si está. ¿Y si no está?

Entre como sea. No te preocupes.

Yo te dejo mis llaves mágicas. Lo abren todo.

¿Y yo qué hago?

Usted se queda. Que todo el mundo haga lo que tiene que hacer.

Dígame una cosa.

Cuando fue al castillo del siglo XI a interrogar a Walcott,

¿fue usted a ver a Leiva?

Hasta que no sustancie el caso

queda usted relevada de la misión.

Solo quería saber cómo se encontraba.

Le llevé unos medicamentos. Estaba muy mal.

Debe creerme.

Que yo lo crea o no es lo de menos.

Son las reglas del Ministerio.

Ahora puede marcharse.

Usted me puso a prueba.

Cuando me ordenó que interrogara al americano

lo que quería saber es si sería capaz de no ver a Leiva.

Puede marcharse.

(Timbre)

(Timbre)

¿Qué estás haciendo, Julián?

¿Sabes qué es lo que más me gusta hacer contigo?

¿Aparte de lo que acabamos de hacer?

Aparte de eso, claro.

Eh... ¿Darme un masaje?

Echar una siesta contigo.

A cualquier hora.

Y a mí.

Anda.

Tienes una arruguita aquí.

No me había fijado. Es nueva.

Será que me hago mayor.

No, es de sonreír.

Te queda bien.

¿Postura siesta?

Postura siesta en tres, dos,

uno... Cero.

Me gustaría que la vida fuera esto.

Siempre.

(ERNESTO) ¿Enterraron a Leiva con algún objeto de valor?

No.

Ya. Es la primera vez que roban un cuerpo.

Pasa a veces en otros cementerios. Aquí nunca.

Los huesos machacados son buenos para curar el mal de ojo.

Si usted lo dice...

¿Ha encontrado algo de interés?

Hay huellas, pero las han borrado. Se pierden al poco de seguirlas.

¿Por qué os preocupáis tanto por un muerto?

El Ministerio sobrevivió a duras penas a la rebelión de Leiva.

No podemos permitirnos otra.

Los muertos no ganan batallas. Se equivoca.

Acuérdese del Cid Campeador.

¿Y quién es ese?

Hola, Armando.

(ARMANDO) Hola. -Armando.

¿Te encuentras bien?

¿No estabas con lo de la patente de la fregona?

He vuelto unas horas antes de la misión.

Tengo mal cuerpo.

Pues ve ahora mismo a enfermería.

¿Dónde está el jefe?

De reunión en Presidencia de Gobierno.

Los presupuestos, ya sabes.

Tengo que acabar el proyecto.

Tú mismo. No será la primera vez que usas su despacho.

Te traigo un paracetamol. -Gracias. Me voy para casa.

¿No será mejor que te vea un médico? -No.

He acabado el informe.

Me voy a descansar.

(Puerta cerrándose)

(Puerta abriéndose)

Buenos días, Gadys.

(Puerta abriéndose)

Hola, Angustias.

¿Pasa algo?

Que no sabía que el paracetamol tuviera un efecto tan rápido.

Bueno...

Le das esto a Salvador cuando venga.

Dentro va la copia compulsada del registro mercantil

del prototipo de la fregona inventada por Manuel Jalón

en el año 1964.

Ya no nos roban el invento los americanos.

¿Por qué me miras así, Angustias?

Ja, ni que vieras un fantasma.

(Puerta cerrándose)

¡Ah!

Acabo de recibir un fax.

Me lo he enviado yo misma en el 2005.

Creo que jamás me acostumbraré a trabajar en este Ministerio.

¿Y qué se cuenta a sí misma?

Aún no lo he leído. No me atrevo.

Es un aviso general.

Ha aparecido un doble del agente Leiva en 2005.

Angustias me di...

Bueno, la Angustias de 2005, claro.

Me dice que... "está mucho más envejecido y muy mejorado".

Ha resucitado como Cristo.

No creo que se trate de un milagro.

Ni yo.

¿A quién llama, jefe? -Al Ministerio de 2005.

Mejor salgo.

No me vaya a coger un patatús al oírme a mí misma.

(SALVADOR) ¿Se sabe dónde está Julián?

No he podido localizarlo.

¿Habéis ido a su casa? Sí, pero no estaba.

Entré con las llaves de Irene,

pero no vi nada que indique dónde puede estar.

(Teléfono)

¿Sí, dígame? -Hola. Soy Salvador Martí.

La llamo del Ministerio de 2015. Acabamos de recibir su fax.

¿2015? ¿Todavía no se ha jubilado?

No, hija, no. No me dejan.

Una preguntita.

¿Cómo estoy de salud en el futuro?

Perfecta.

Menos mal. Me acaba de salir un bulto en el pecho

y estoy asustadísima. -Tranquila.

Diagnosticaron que no era maligno.

Yo mismo la acompañé al médico.

Ahora hábleme de Leiva. ¿Está segura de que eran

dos Leivas diferentes? -Completamente.

Además, el más viejo se comportaba raro.

Se metió en su despacho para ver el ordenador.

Ya. ¿Y no puede darme más información al respecto?

No sé... ¿Qué documentos estaba buscando?

Bien. Gracias, Angustias. Seguiremos en contacto.

Bueno, en contacto con la Angustias...

Bueno, nada, que un saludo.

Leiva ha encontrado una puerta para viajar

a febrero de 1844,

la época que mejor conoce, la suya.

No fue una buena época para el Ministerio.

¿Por qué? Fueron años convulsos.

En una década España pasó por un rey, dos regentes,

una reina y una guerra civil. Si hubiera sido solo una...

Luego vinieron dos más.

Mi abuelo me habló de esos tiempos, años terribles.

Lo más seguro es que Leiva escapara para salvar a su hijo.

Si la misión consiste en impedirlo, no contéis conmigo.

Ni conmigo.

No ha ido a salvar a su hijo.

Leiva ha viajado a 1844

y su hijo murió el 12 de enero de 1842.

Nunca se me olvidará esa fecha.

No lo entiendo.

Hay más puertas.

¿Por qué Leiva no ha entrado por una anterior a esa fecha?

Se bloquearon algunas puertas en aquellos años

para evitar males mayores. ¿Me puede decir qué significa eso?

No le dé más vueltas.

Leiva ha viajado a febrero de 1844.

-Por aquellas fechas, la reina Isabel II

reinaba con apenas 13 años.

Su madre acababa de volver de su exilio en París.

El 14 de febrero hizo su primera visita oficial a este Ministerio.

Gallinita ciega, ¿qué has perdido? -Una aguja en un pajar.

Pues da tres vueltas y la encontrarás.

Cógeme.

Isabel, Luisa Fernanda, ha llegado vuestra madre de París.

-Hijas mías.

-¡Madre!

No.

Ahora sois reina, Isabel.

¡Ahora sí! ¡Vamos! (RÍE)

¿Los demás hombres? -Preparados.

¿Los inhibidores? -Activados.

Este Ministerio ni puede hacer ni recibir llamadas.

Pero solo tenemos 24 horas.

Nos sobra tiempo.

Esperadme aquí.

¿Señor subsecretario Emilio Redón?

-Servidor. -Para servirle.

¿Quién es usted y... a qué debo el honor de su visita?

Soy Armando Leiva,

jefe de un comando intertemporal del Ministerio.

Ah, eso suena muy... importante,

pero no tengo ni idea de lo que es porque aquí no tenemos de eso.

Me envía Salvador Martí, jefe del Ministerio en 2015.

Ah, lo conocí en una comida de Navidad, sí.

Un tipo cabal, un tipo cabal.

Como usted comprenderá,

tengo que llamarlo para comprobar si lo que usted dice es cierto.

Normas de seguridad. -Por supuesto.

(Marcación en el móvil)

Qué raro, no hay señal.

Espere. (CARRASPEA)

Tampoco funciona.

Estamos incomunicados.

Eso confirma nuestras sospechas.

¿Qué quiere usted decir?

Vengo a avisarlo de que la reina Isabel II

visitará el Ministerio.

Hemos venido a protegerla. Van a atentar contra ella.

¿Quién va a atentar contra la reina en el Ministerio? ¿Quién?

Carlistas infiltrados. -Pero ¿tan lejos han llegado?

Ajá. Lo sabemos de buena tinta.

Bueno, vamos a tranquilizarnos. Quizá no le han informado bien.

La reina no está ni se la espera en el Ministerio.

-Señor. Señor, acaba de llegar la reina Isabel II,

la infanta Luisa Fernanda y la reina madre María Cristina.

Nada, no hay señal y llevamos más de media hora llamando.

Habrá puesto inhibidores. Conozco bien cómo trabaja Leiva.

No durarán mucho. La luz eléctrica se inventó en 1879.

Con baterías potentes, lo máximo 24 horas.

Entonces hay que ir cuanto antes.

Alonso, acompañará a Ernesto.

Recluten un par de hombres armados.

Ah, y que vistan como soldados de la época.

Quiero acompañarlos.

Puede costarle la vida. Son mis compañeros.

No los dejaré solos.

Ojalá Julián estuviera aquí y opinara lo mismo.

¿E Irene? Puede sernos de gran ayuda.

No. Irene se quedará aquí a...

coordinar la misión.

Tienen 24 horas para salvar este Ministerio y la historia de España.

Ahora salgan cuanto antes.

¿Qué te pasa con Salvador? Nada.

Tú sabes dónde está Julián, ¿verdad?

Es su decisión. Tengo que respetarla.

Vais a necesitar ayuda, la mía y la de Julián.

Irene, por favor. Es por su bien, te lo aseguro.

Vamos, Amelia.

(SUSURRA) Puerta 367 en el 2012. Gracias.

Ernesto, ¿estáis vos al mando?

Junto con Amelia.

Aquí al final, el único que nunca da órdenes soy yo.

De haber sabido de su llegada, habríamos organizado un recibimiento

a la altura de una reina. -Ha sido un capricho de su majestad.

Desde que leyó lo del Ministerio del Tiempo solo quería venir aquí.

En cualquier caso es un honor... -Métase sus zalamerías

donde le quepan.

Ya sabe que no soy nada partidaria de este Ministerio.

¿Podemos hablar en privado?

Isabel, quédate con tu hermana y con estos señores.

Emilio Redón. -Emilio Redón.

Y con el capitán también.

Así podremos jugar a la gallinita ciega.

A mí, es que la gallinita ciega... -Soy la reina.

Y se hará lo que yo diga.

Claro, claro.

Vamos.

Vamos, claro, sí.

Ha llegado a nuestro conocimiento que van a atentar contra la reina.

(ISABEL) Gallinita ciega... -Virgen santa.

Pero si es una niña.

-Cuenta tres vueltas y la encontrarás.

¿Conoce la fecha de ese infame plan? -Hoy.

Debemos volver a palacio ya. -No, las calles son peligrosas.

Aquí estarán protegidas. Esto es una fortaleza.

Como usted diga.

Don Emilio.

Hasta que abortemos el plan de esos canallas,

tomo el mando de este Ministerio con mis hombres.

Por supuesto. Capitán.

Obedézcalo en todo. -Sí, señor.

Quiero vigilancia en todos los pasillos

cuyas puertas vengan del año 2015.

Yo mismo me encargaré de ello, señor.

Diga a mi hombres cuál es la estancia

más segura de este Ministerio.

Síganme.

Sin pegarse demasiado a la pared, que mancha.

Cuidado.

Adelante.

Era el antiguo probador de vestuario.

(CARRASPEA) Aquí escondemos el libro de las puertas

en caso de peligro.

Los espejos crean mucha confusión.

Si usted lo dice...

¿Se queda con ellas?

Eh... Sí, por supuesto.

¿Y ustedes?

Haremos en el corredor.

(Puerta cerrándose)

(Cerrojo cerrándose)

¿Qué está pasando aquí?

(Timbre)

Ya se irán.

(Timbre y golpes en la puerta)

Pesados.

Voy.

(Timbre)

¿Qué haces aquí? No, ¿qué haces tú aquí?

¿Cómo me has encontrado, entrando en mi piso?

Debes volver al Ministerio.

Hay cosas más importantes que el Ministerio.

Tenemos un problema grave, Julián.

No puedes dejarlos en la estacada. ¿Quién es?

Una vendedora. Ya se iba.

Hola. Hola.

Aquí tiene un catálogo.

¿Eh? Enciclopedias.

Pensaba que ya no se vendían a domicilio.

Es algo del pasado, pero bueno, hay que ganarse la vida.

Ah. Gracias, pero no...

No, no nos interesa. Quédeselo.

Les dejo mi tarjeta.

Por si se arrepienten.

Gracias. Hasta la próxima.

Qué insistente.

(Vibrador de móvil)

(Pasos acercándose)

¿Sí?

(LEIVA) ¿Qué tal, amigo?

Armando.

Vaya, parece que vuelven a funcionar las comunicaciones.

Sí, pero solo un ratito.

De paso ahorro en baterías. -Ajá. ¿Qué quieres?

Lo primero, darte las gracias por todo.

Sobre todo por asistir a mi entierro.

Me han contado que fue un servicio muy emotivo.

Ya. ¿Y lo segundo?

Mira en tu ordenador.

¿Qué...?

Ti... Tienes a la familia real prisionera.

-Sí.

Morirán en unas horas y nadie me lo podrá impedir.

Espartero está en Londres y cuando quiera reaccionar será tarde.

El carlismo ganará la guerra que la historia dice que perdió.

Pero tú siempre odiaste a los carlistas.

¿No recuerdas que quería implantar la Inquisición?

¿Y quién es Isabel II?

La hija de Fernando VII, rey que traicionó a España con Napoleón.

Tampoco es la monda, ¿verdad?

La de cosas que se pueden hacer en el pasado con aparatejos del futuro.

¿Sabes qué estoy viendo ahora?

No. Dímelo tú.

-A la patrulla que has mandado salir.

Bueno, te tengo que dejar.

Tengo que darles la bienvenida.

Armando. Arman...

¡Armando! ¡Armando!

¿Alguna novedad? Han atrapado a los nuestros.

Voy a enviar al ejército.

Pero morirán todos.

Eso es algo que ya no podemos evitar.

Soy Salvador Martí. Envíen tropas.

¿Preparamos algo de comer y vemos una peli

o prefieres salir a comer fuera?

Me ha puesto un mensaje Ramón. Ha surgido un problema.

Ah. Espero que no sea grave. No lo creo.

Pero como me he escaqueado, no quiero que me pille el supervisor.

Joder, lo siento.

Y yo. Bueno, ¿vemos la peli el sábado?

Venga, vale.

Pero vamos a hacer un pacto.

Hagamos ver que esto no ha pasado.

¿Por qué? Es un juego.

Si prometes que no hablarás de lo que hemos hecho,

otro día te doy otra sorpresa.

¿Con nadie? Ni siquiera conmigo.

Cada día estás más raro.

Pero me encanta.

¿Sois del Ministerio?

-Arriba las manos, carlistas de mierda.

Nosotros no somos carlistas.

Un momento.

Un momento.

Os están engañando. Somos compañeros vuestros.

Cállate, asesino de niñas.

Los carlistas.

Bienvenidos.

Cuánto tiempo, Ernesto.

Leiva.

¿Dónde está Irene?

No está en esta misión.

Vaya.

El Ministerio siempre aparta a los mejores.

¿Son del Ministerio? ¿No son carlistas?

Por preguntar.

(Disparo)

¡Alonso!

Encerradlos.

Ah.

Necesita un médico.

Mi hijo también lo necesitaba, ¿verdad, Ernesto?

Ah.

¿Dónde quieres ir a parar, Leiva?

Donde tenía que haber llegado hace mucho tiempo.

¿Queréis salvar a vuestro compañero?

Dime el nombre de quien me traicionó.

No lo hagáis, Ernesto, no lo hagáis.

Llevároslos.

Si cambian de opinión, avisadme.

Aquí, aquí. Con cuidado.

Cuidado.

Alonso. Ah.

Alonso, no cierres los ojos.

Alonso, vamos. No te vayas, por favor.

Ha perdido mucha sangre.

Alonso, por favor.

Escúchame, Alonso.

Escúchame.

Fuerza y Honor será llamada la patrulla, como tú querías.

Te lo bordaré en una cinta.

Aprenderé a bordar, te lo prometo, pero no te vayas.

Y tú estarás al mando.

Escúchame, tú estarás al mando.

Julián y yo seremos tus soldados. Hablaré con Salvador.

Eh... ¿Qué dices?

Confesor.

(RESPIRA ENTRECORTADO)

Pide un confesor.

Hay que irse.

Pronto enviarán el ejército.

Salvador sabe que no negociaré y no pienso morir aquí.

¿Adónde vas? -Tengo un tema pendiente.

¿Quieres que te acompañe? -Iré solo.

Tenéis que terminar la faena.

Las niñas...

¿También? -También.

Y la madre.

No van a ser diferentes al resto.

Cuando terminéis, salid de aquí para la sierra.

Una brigada carlista nos espera allí camuflada.

¿Pasa algo?

Mira, Leiva,

sabes que iría hasta el infierno por ti.

Pero la idea era cambiar el Ministerio,

y tengo dudas de que esto no sea más

que una venganza personal. -Sí.

Es tiempo de venganza.

¿Algún problema?

Ponte el tuyo.

Esto no es muy de 1844, ¿no? No, ni esto tampoco.

Pero mejor ir protegidos. ¿Es necesario?

Te aseguro que donde vamos no reparten caramelos.

¿Se sabe algo de la patrulla? Están presos.

Si no corremos, morirán. ¿Salvador sabe esto?

No, Salvador ha enviado al ejército,

pero nosotros llegaremos antes.

Con el ejército que no se salva ni el apuntador.

¿Y con nosotros? Hay una posibilidad

de que el apuntador se salve.

La cuestión es dar con Leiva.

A mí me escuchará.

¿Estás segura de lo que hacemos? No tenemos otra opción.

Aún estás a tiempo de quedarte. Ni de coña. Son mis compañeros.

Ya los he dejado solos demasiado. Vamos.

(Puerta abriéndose)

Dios santo, qué carnicería.

Es la guardia del Ministerio.

No es ninguno de la patrulla. No.

(Disparos)

Disparos de arma automática. En esta época no había.

Deben de ser los hombres de Leiva. Cojonudo.

Vamos. Por ahí.

(Disparos)

¿Qué ha sido eso?

Tranquila. Aquí estamos seguros.

(Cerrojo abriéndose)

Por encima de mi cadáver.

Como quiera.

¡Haga algo!

Sí, señora.

Gracias, Dios mío.

Sí, gracias a Dios y a este señor tan guapo.

Si tenemos que depender de usted... ¿Se encuentran bien?

¿Dónde están mis compañeros? ¿Qué compañeros?

Vino un grupo antes. Los detuvieron.

Pues si no están muertos, estarán en los calabozos.

Se nos va.

(Disparos)

Y es muy posible que nosotros también.

¡Amelia, Alonso! Son ellos.

¡Julián, aquí! ¡Aquí! ¡Estamos aquí!

Julián

Ha perdido mucha sangre.

Levántate la falda. ¿Qué?

Que te levantes la falda, rápido.

¿Has venido solo? Con Irene.

¿Dónde está? Buscando a Leiva.

No he podido pararla.

¿Podrás salvarlo? Necesito una transfusión de sangre.

¿Eso funciona? Con un donante compatible, sí.

(TOSE)

Quiero su nombre.

Ni te muevas, Angustias.

-Déjalo ya. Piensa en los viejos tiempos.

Los viejos tiempos.

Los viejos tiempos.

Esta ha sido por los viejos tiempos.

Angustias, le... le agradecería que se callase,

porque tengo bastante con lo que tengo, ¿eh?

Dios.

¿Quién me traicionó?

¿Vas a matarme? -No.

Voy a dejarte vivo por dos razones.

Porque te lo debo

y porque quiero que vivas para ver cómo se derrumba este Ministerio.

Vigilad, uno al norte, otro al este.

General, desde ahora la seguridad de la reina queda en sus manos.

¿Y el tal Leiva? No sabemos.

Ordene a su gente peinar el Ministerio.

Quizá queden algunos de sus hombres ocultos.

¿No me ha oído?

Sí, pero no acostumbro a... Pues acostúmbrese

a recibir órdenes de una mujer.

Empezando por las de esa chiquilla que viene por ahí.

Informaré a Salvador. Bien.

Encuentren a quien ha hecho todo esto

y luego cierren este lugar. -¿Por qué?

¿Por qué? Esto es una locura endemoniada.

Así se hará. -La reina soy yo.

No mi madre.

Será mejor que las escolte a palacio.

Si fueran tan amables...

¿Has hablado con Salvador? No contesta,

ni Angustias tampoco. Ya.

Leiva está allí seguro.

Está obsesionado con saber quién lo traicionó.

¡Levántate!

Y busca el expediente de mi detención.

Es que para acceder a él necesito teclear la clave secreta.

Mira, Angustias, seré claro.

O me encuentras es expediente

o te mato.

¿No pone el nombre de vuestro informador?

Yo solo soy secretaria.

Hay otra forma de saberlo.

¿Cómo?

Los traidores siempre tienen recompensa.

Busca los ascensos inmediatos a la fecha de mi detención.

Ascendieron a Ernesto en tu puesto.

No, Ernesto ya era mi enemigo por entonces

y solo te traicionan los amigos.

Sigue buscando.

Solo hubo otro ascenso.

No puede ser.

(SALVADOR) Gracias, Angustias.

¿Qué ha pasado con la reina Isabel? -Salvada. Y el Ministerio también.

Gracias a Irene y a Julián.

Ha sido Leiva, ¿verdad? Sí.

Sabe que fuiste tú.

Ha buscado tu dirección y se ha llevado la copia de tu expediente.

Pero ya he mandado gente a su casa y no hay nadie, tranquila.

(Móvil)

Nuria.

Ni se te ocurra tocarla, Leiva.

No.

Ya sé dónde estás. Dígame dónde está

Voy a enviar a la Policía. Es un asunto personal.

¡Nuria! ¡Irene!

Nuria, tranquila.

Tranquila. No va a pasar nada.

Qué rápido has venido. La debes de querer mucho.

No lo dudes.

Entonces debería tener cuidado,

porque a mí también me querías mucho.

¿Recuerdas? Leiva, por favor.

¿Por favor, qué, Irene?

¡No tienes derecho a pedirme favores!

Yo evité que te suicidaras cuando eras una esposa infeliz

y te querían despedir del Ministerio de Exteriores.

¿Estabas casada? -Y fíjate cómo me lo has pagado.

¿Cómo puedes decir que la quieres si no le has dicho quién eres?

Ni se te ocurra sacar la pistola o la mato.

-¿Tienes pistola?

Déjala bajar

y cógeme a mí en su lugar.

Es una posibilidad, sí.

Pero antes...

antes vamos a contarle toda la verdad a tu esposa.

No. Como el año de tu nacimiento.

Venga, díselo.

No. ¡Díselo o la mato!

1930. ¿Qué? ¡Más alto!

¡1930!

¿Qué tontería es esa?

Se conserva bien, ¿eh?

Nuria.

Eso es imposible. -Sí,

tan imposible como que tu esposa lleva pistola.

Tu esposa y yo viajamos por el tiempo, Nuria.

Me... Me estoy mareando. Por favor.

Por favor.

¿Por qué me traicionaste, Irene?

Te estabas volviendo loco y eso iba a costar muchas vidas.

Como las está costando ahora. Solo quería

salvar la vida de mi hijo. Ya lo sé,

y yo te apoyé, ¿o es que no te acuerdas?

Pero perdiste el control.

Tú no eres el Leiva que yo conocí.

Aquel Leiva me salvó la vida y me lo dio todo.

Me enseñó que lo más importante era defender el Ministerio.

Yo no te traicioné, Leiva

Yo hice lo que tú me enseñaste que tenía que hacer.

He pasado los últimos años soñando con descubrir quién me traicionó

y vengarme de él.

Leiva, por favor.

Por favor.

Está bien.

Ya es hora de que se acabe esta historia.

Baja.

Tú hundiste mi vida.

Y yo acabo de hundir la tuya.

Estamos en paz.

No.

No. ¡No!

¡No! ¡No!

Irene y Julián.

Podría suspenderlos de sus funciones por haber roto la cadena de mando,

solo que esta vez la cadena de mando no ha estado a la altura.

Gracias.

Y usted, Alonso, ¿qué hace que no está en un hospital?

No me gustan los hospitales, señor.

¿Puedo hacer una pregunta? Ajá, claro.

Estoy vivo porque alguien dio su sangre

para que corriera por mis venas. Querría saber quién

para agradecérselo. No irás lejos para hacerlo.

¿Amelia? Sí.

Esto es una burla.

¿Corre por mis venas sangre... sangre de mujer?

¿Y encima te quejas? Bueno, bueno, bueno.

Dejo sus debates para ustedes.

Lo importante es que han salvado el Ministerio, ¿no?

No creo que lo hayamos salvado aún.

Nos queda un tema muy importante por resolver.

Verán, María Cristina de Borbón y Dos Sicilias

está muy afectada por lo sucedido

y presiona a su hija para que cierre el Ministerio de forma inmediata.

En otras palabras, como dice la canción,

"María Cristina nos quiere gobernar".

Bueno, pues nosotros no vamos a seguirle la corriente.

Es necesario inculcar a esa niña la importancia del Ministerio.

Mire, lo... lo dejo en sus manos, Ernesto.

No.

No, Salvador, un momento. Vamos a ver, yo no...

No tengo ni idea de tratar con niños.

-Pero todos lo hemos sido alguna vez.

Haga memoria.

Hay que pensar algo que le guste a una niña del siglo XVI

si viniese a nuestros días. No me tome el pelo.

Le puedo dar alguna idea, si quiere.

(CINE, VOZ MASCULINA) "When you're ready, close your eyes.

This begin...

now".

¿Esa es tu cena? Tengo la nevera vacía.

Pues yo compraré shushi.

Nuria se ha ido a casa de sus padres y...

paso de cocinar.

¿Sabes? De pequeño mi madre decía que no se puede sobrevivir

comiendo solo una cosa. Tenía razón.

Pues es mentira.

Yo he estado tres años alimentándome a pizzas congeladas.

¿Todo bien con tu chica?

Creo que no va a superar lo que ha pasado.

La he perdido.

Lo siento.

Lo superaré.

Esta es mi vida.

El trabajo nos salva siempre, ¿sabes?

Y deberías aplicarte el cuento.

Deja de hacer locuras con Maite, Julián,

o perderás lo único que te queda,

este Ministerio.

Como a mí.

Bueno.

Me voy antes de que me cierren el japonés.

Hasta mañana. Hasta mañana.

(Pasos alejándose)

(Puerta cerrándose)

Hola.

¿Ya estás en casa?

Claro, estoy enferma. ¿Te acuerdas?

Ah.

¿Y te ha dado por limpiar cristales?

Es que... me encuentro mucho mejor.

¿Me he perdido algo?

Qué pillo eres. ¿Yo, por qué?

Tío, podrías ser actor.

Eres muy bueno.

Estás como una cabra.

(RÍE)

¡Estás como una cabra)

No, no, no.

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El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 7 - Tiempo de venganza

06 abr 2015

En 1843, Isabel II asume la regencia con 14 años… Y exige conocer el Ministerio del Tiempo, un ministerio victoriano…  Lo que es una visita oficial, se convierte en un peligro. Un funcionario rebelde del Ministerio (Leiva) ha huido de la cárcel de la Edad Media para asesinarla y, así, lograr que se cierre el Ministerio en el siglo XIX. La patrulla viaja al propio ministerio  172 años antes para evitar el asesinato… Y la desaparición del Ministerio. 

Todas las alarmas se encienden y las sospechas de colaboración con el funcionario rebelde recaen sobre Irene, ya que fue reclutada por el propio Leiva en 1960. 

Mientras, Julián abandona a sus compañeros para volver al pasado para pasar un día con su esposa.

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