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No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 4: Una negociación a tiempo - Ver ahora reproducir video 01h 08 min
Transcripción completa

Qué barbaridad.

El interventor nos pide la factura del IVA por la compra de jubones.

¿Este hombre no sabe que en el siglo XVI no existía el IVA?

Es nuevo. Ya se acostumbrará.

(Teléfono)

Sí.

¿Está seguro?

Ajá. Hágalo pasar a mi despacho.

¿Pasa algo, jefe?

Hay un tipo en la puerta con una citación judicial a mi nombre

como responsable máximo del Ministerio.

Eso no es posible.

Este Ministerio es secreto de estado.

Ya.

Eso creía yo también.

(Sintonía "Ministerio del Tiempo")

Así que es usted míster Aaron Stein.

¿Y qué lo trae por aquí?

Vengo a defender los intereses

de los descendientes directos del rabino Abraham Levi,

autor del "Libro de las puertas".

Le suena, ¿verdad?

Me suena.

No juegue conmigo, por favor.

"El libro de las puertas" es el origen de este Ministerio.

¿Y cómo sabe usted tanto de este...

Ministerio?

Tengo muy buenos contactos,

en mi país y en el suyo.

¿Puedo continuar?

Abraham Levi entregó el libro a la reina Isabel la Católica

a cambio de protección.

Supongo que se sabe la historia.

Sí, me la sé.

¿Qué queréis de mí, Abraham?

-Protección para mi familia.

A cambio os ofrezco el trabajo al que he dedicado toda mi vida,

"El libro de las puertas".

Parte de él se ha quemado.

Lo salvé del incendio de la sinagoga.

-Solo veo garabatos y números.

Son las claves de las puertas del tiempo.

Gracias a ellas podréis viajar en el tiempo.

Eso es imposible. -No lo es.

En vuestra mano derecha

tenéis una leve cicatriz.

Os la hicisteis la primera vez que tirasteis con arco.

Fue en Aranda y vos apenas teníais nueve años.

Eso no lo sabe nadie.

Llorasteis cuando visteis vuestra mano herida.

Alguien pasaba por allí...

(Relincho)

...y os curó vuestra mano

con ungüento de raíz del traidor.

¿Erais vos? -Ajá.

Pero teníais la misma edad que tenéis ahora...

y han pasado 30 años.

Eso es magia.

A la ciencia que se anticipa a su tiempo siempre se la llama magia.

Os ofrezco ser la reina del tiempo

y solo os pido una migaja,

protegeréis a mi familia.

(AARON) La reina prometió que lo protegería,

a él y a su familia.

Sin embargo, no cumplió su compromiso...

y la Santa Inquisición lo condenó a morir en la hoguera.

(ABRAHAM) ¡Ah!

Lo veo muy documentado.

Pero permítame hacerle una pregunta.

¿Por qué esta denuncia ahora?

Se han hallado documentos hasta ahora desconocidos,

como la carta de protección firmada por la misma reina

y la sentencia del tribunal de la Inquisición.

Comprenderá que mis clientes quieran que se haga justicia.

Pero han pasado cinco siglos.

Hasta un estudiante de primero de Derecho

sabría que esta es una causa prescrita.

Cinco siglos es también demasiado tiempo

para seguir guardando un secreto tan grande como este Ministerio.

¿No cree?

Usted no...

no busca justicia.

Busca dinero, ¿verdad?

100 millones de dólares

y la inmediata devolución del libro a los herederos del señor Levi.

100 millones por daños irreversibles a una persona.

¿No es mucho dinero?

No estamos hablando de una persona.

Estamos hablando de un secreto.

¿Cuánto habría pagado el gobierno americano

para que WikiLeaks no saliera a la luz?

Según puede ver en la citación,

nos quedan cinco días para vernos en los juzgados.

Ese es el tiempo que tiene para darme una respuesta.

¿Y si no se la doy?

Al día siguiente este Ministerio dejará de ser un secreto.

Cinco días, ni uno más.

Y hoy es el primero de los cinco.

Angustias, llame a Amelia y su patrulla inmediatamente.

Les dio vacaciones hace dos días. -Pues que vuelvan ya.

(ESCRIBE) "¿Qué les ocurrió a mis padres?

¿Quién fue mi marido?

¿Dónde estará mi hija?".

(Buscapersonas)

(Puerta abriéndose)

¿Cuántas veces le he dicho que llame antes de entrar?

Bueno, solo venía a traerte estas flores.

Las ha enviado el hijo de los Nadal.

Su madre nos ha invitado a comer mañana.

No puedo, estoy ocupada.

Deje las flores donde quiera.

¿Adónde vas?

A la biblioteca.

Hija, la vida es más que leer libros.

Ya lo sé, madre.

Lo aprendí leyendo.

Dos días de vacaciones, qué miseria.

Sí, en mi época duraban más las licencias.

¿Y tú qué tal? Bien.

Vacaciones en familia, solo eso. Ya me gustaría pasarlas en familia,

pero los muertos no tenemos.

¿Y qué haces cuando vuelves a tu época?

Esta vez no he vuelto.

Pero os lo ruego, no se lo digáis a nadie, por favor.

Pero eso está prohibido. Debemos volver a nuestro tiempo

si no hay misión. Mujer, para una vez

que se salta las normas.

¿Y qué has hecho estos días?

Estudiar estos tiempos.

Son apasionantes.

¿Y tú? ¿Qué has hecho tú?

He vuelto a hacer fotografías, que lo tenía abandonado.

Me alegro. Eso significa que estás superando lo de Maite.

100 millones de dólares.

Si con los recortes no tenemos ni para bombillas.

Da igual lo que pidan, no lo pagaremos.

¿Y qué vamos a hacer?

Deben viajar a 1491 para salvar al rabino de la hoguera.

Así no tendrán nada que reclamar.

¿Eso no es ir contra las normas del Ministerio?

Esta es una situación límite.

Le aseguro que no pasaré a la historia

como el que dirigía el Ministerio del Tiempo el día que lo cerraron.

Pues entonces, ¿a qué esperamos?

No es tan fácil.

Ernesto, por favor. -Sí.

Bien, en esta misión tenemos tres problemas a tener en cuenta.

Problema número uno: la única puerta para ir a Toledo en 1491

es la puerta 148

y da al mismo día de la ejecución, es decir al 12 de mayo.

¿Y no hay otra puerta ese año?

La puerta más cercana da al 1486.

Eso quiere decir que deberíamos permanecer allí unos cinco años

hasta llegar el momento.

Lo cual nos lleva al segundo problema:

la puerta 148 está en un permanente bucle temporal.

Quiere decir que cada vez que se cruza se está en el mismo día.

Como el Día de la Marmota, pero en medieval.

Ha entendido bien el concepto. Pues yo no.

Significa que tenéis que volver ese mismo día.

Pasadas 24 horas la puerta se cierra

y quedaríais atrapados en el pasado

hasta poder encontrar una puerta temporal cercana,

y eso supondría tener que esperar al año 1500.

Eso significa...

Que deberán viajar al amanecer para aprovechar la luz del día,

porque otro problema que tienen

es que la puerta de salida está en Illescas, a 40 kilómetros de Toledo.

Pues esa distancia a caballo supone...

dos horas de ida y dos horas de vuelta,

y eso llevando buenos caballos.

Necesitaremos refuerzos. He pensado en ello.

Angustias, ¿ha llegado don Manuel?

-Sí, señor, con retraso, como siempre.

Hágalo pasar. Don Manuel, don Manuel.

Tiene nombre de gran soldado.

¿Dónde...? ¿Dónde combatió?

Damas y caballeros, les presento a don Manuel López Castillejo,

especialista en Derecho Medieval.

Perdonen, pero es que últimamente me hago un lío con las puertas

de padre y muy señor mío.

Con el debido respeto,

el rabino estará fuertemente custodiado.

Necesitamos soldados, no leguleyos.

No quiero peleas, Alonso. Quiero ganar el juicio.

Bien, el plan es el siguiente.

Aquel día amaneció a las 7:43.

(Canto del gallo)

A esa hora fueron a buscar al rabino para llevarlo al juicio.

-¡Levanta, marrano!

(SALVADOR) Lo primero será neutralizar a Beltrán de Montilla,

abogado defensor del rabino.

(MANUEL) A ese es al que sustituyo yo, ¿no?

-Exacto, a ese.

Buenos días. ¿Eh?

¿Es usted monseñor Beltrán de Montilla?

El mismo.

¿Lo conozco de algo? Sí,

de ahora mismo.

Baje del burro, si es tan amable.

No llevo nada de valor encima.

No me haga daño.

Solo el necesario.

Hala, ya puede ponerse sus ropajes. Qué bárbaro.

Perdón. Supongo que no le gusta la violencia.

No se crea. Muchas veces en los juicios

me dan ganas de hacer lo mismo.

(Rebuznos)

(Gritos y abucheos)

-¡Sinvergüenza!

¡Hereje!

¡Heresiarca! -¡Fuera!

¡Infiel! -¡Fuera, a la hoguera!

¡Marrano! -¡Demonio!

¡A la hoguera! -¡Muere, hereje!

Qué ambientazo. -¡A la hoguera!

¡Hereje!

Esa debe de ser la esposa del rabino.

-¡Fuera, a la hoguera, marrano!

No entiendo que la gente disfrute con estas cosas.

-¡Infiel! El hombre siempre ha disfrutado

de las miserias de otros.

Si no, no habrían existido los circos romanos, los autos de fe,

los programas del corazón... ¿Los qué?

Nada.

(Gritos y abucheos)

Hecho. Ahora estamos en manos del viejo.

-¡Judío! "El viejo"

es el mayor experto en historia medieval que hubo en España.

Doy fe de ello. Da clases en mi facultad.

-¡A la hoguera! -¡Que muera quemado!

¡Fuera, fuera!

¡Perro sarnoso!

(Ladridos)

-¡A la hoguera! -¡Fuera!

En pie. Entra su excelencia el inquisidor general

don Tomás de Torquemada.

Torquemada, palabras mayores.

(SUSURRA) Fijaos. No puede ser.

Pues lo parece.

Recibe la señal de la cruz de la que te alejaste

y que has negado.

¿Y bien, qué te parece?

Pues que nuestra hija tiene una imaginación admirable.

Y muy buen estilo escribiendo.

Y lo dices tan tranquilo.

La niña está trastornada.

Viajar por el tiempo...

No he visto nunca mayor estupidez. -Mujer, solo es literatura.

No montes dramas.

Amelia novelista.

Por Dios, pero ¿qué hemos hecho mal?

A este hereje

se lo acusa de judaizar el secreto y de blasfemia.

Lo oyeron decir: "El gran inquisidor

es el más perro de los hombres".

(MANUEL) ¿Y quién lo acusa de ello?

Que venga aquí, que comparezca y declare.

El nombre del acusador siempre se mantiene en secreto.

Vos lo sabéis bien.

¿O acaso dudáis de este santo tribunal?

No hay poder en la Tierra que se compare al de este santo tribunal,

pero tampoco hay poder en el cielo

que se compare con el poder del perdón.

¿Y quién ha dicho eso?

La Biblia, monseñor.

"Perdonad las ofensas a vuestro prójimo

y Dios perdonará vuestros pecados".

-Monseñor, os recuerdo que vuestra función

es aconsejar al hereje que confiese y aliviar su alma.

No entréis en temas que no conducen a nada.

Y yo os recuerdo

que está en juego la vida de un hombre.

"Si condenamos a muerte a malhechores,

razón de más para condenar a muerte a herejes", Santo Tomás de Aquino.

"No condenéis y no seréis condenados",

Lucas, capítulo sexto, versículo 36.

"Usen contra los herejes la espada de la excomunión

y si no basta, la espada de hierro", dijo el papa Inocencio III.

"Si perdonáis a los hombres sus ofensas,

vuestro Padre celestial también os perdonará las vuestras",

Mateo, capítulo sexto, versículo 14.

"El padre de los judíos no es Dios, sino el diablo", San Cipriano.

Este juicio no lo gana ni Dios, y eso lo digo yo.

¿Tenéis algo más que decir en defensa de este judío?

Sí. Recuso a este tribunal porque uno de sus miembros

ha declarado ser enemigo mortal del acusado.

En esta carta de hace un año

monseñor Torquemada ya describe al reo

como "un infame enemigo del cristianismo".

¡Y yo os recuso a vos!

Y a doble recusación, la que vale es la mía,

que para eso soy quien soy.

Y callaos o seréis el siguiente.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia,

yo, Tomás de Torquemada,

condeno a este hombre a la muerte en la hoguera.

(ABRAHAM) ¡Ah! ¡Ah!

¡Ah! ¡Ah!

Hemos aprendido que no se gana un juicio a la Inquisición

con sus mismos medios. No se desanimen.

Han hecho lo que han podido. ¿Está seguro?

Si tienen algo que decirme, díganmelo.

¿Dónde está Ernesto?

En una misión en los años 70.

Poca cosa, papeleo. ¿Por qué?

Dejémonos de tonterías, por favor.

¿Sabe que Ernesto se parece al cabrón de Torquemada?

No es que se parezca, es idéntico.

¿Por eso hay tanto misterio sobre su procedencia?

Aquí nadie está obligado a decir quién es ni de dónde viene.

Además hay gente parecida en todas las épocas.

Ahora recuerdo que... que en una misión en el XIX

encontramos a un organillero clavadito a Bertín Osborne, ¿verdad?

¿Sabe qué es lo que más me molesta en esta vida?

Que me tomen por tonto.

Julián... No, déjelo.

Ya se le pasará.

Bien, mañana volverán allí con nuevos planes

y nadie se atreverá a atacarlos.

Llevaremos refuerzos.

No será necesario.

Serán emisarios del mismísimo papa de Roma.

(Puerta abriéndose)

Hola, madre. Padre. (PADRE) Hola, Amelia.

Qué horas. Sí.

Voy a cambiarme. No, espera, ven.

Ven aquí.

¿Qué tal tu día? Bien.

Bien, estudiando en la biblioteca.

He hablado con Ana María Nadal.

Como no podíamos ir a comer,

le he dicho que iremos a merendar el jueves.

Estará Joan, su hijo mayor, que es un encanto.

Madre, no insista. Tengo cosas más importantes que hacer.

Claro, como ir a la biblioteca, ¿verdad?

Mira, Amelia, a tu madre no la engañas.

¿Qué quiere decir?

Que tú no vas a la biblioteca. ¿Me está vigilando?

He ido esta tarde y no estabas. -Oye, no sigas.

Si no se lo dices tú, se lo diré yo. Decir, ¿el qué?

¿Por qué pierdes el tiempo escribiendo estas locuras?

Esto es personal. No tenía derecho a leerlo.

Mañana irás a casa de los Nadal a merendar.

Ya se lo he dicho a la madre. No.

-Hija, a ver. El mayor de los Nadal es un hombre culto y educado.

No pierdes nada por conocerlo.

Y así tu madre nos dejará en paz por un tiempo.

Pero es que... no puedo.

¿Por qué? Porque... Por...

Porque tengo un admirador.

Por eso no estaba en la biblioteca.

¿Tienes un pretendiente...

y no se lo habías dicho a tu madre?

Será universitario, imagino.

¿Por qué no lo invitas mañana a cenar?

Así lo conocemos.

Sí, claro.

Habéis mentido a vuestros padres. Os habéis metido en un buen lío.

Me salió sin pensar. No sé qué hacer.

Decirles la verdad, es lo mejor.

Si hago eso, no me dejarán en paz. Mi madre me vigila.

Es muy tenaz. Averiguaría hasta la puerta por la que vengo aquí.

Entonces podéis llevar a casa a un novio falso.

Anda, que tú vaya ideas tienes.

Una gran mentira solo se tapa con una mentira todavía más grande.

Es una gran idea,

pero ¿dónde encuentro yo un novio falso?

Ni de coña.

Que no insistáis, no haré de novio falso.

Además la idea es tuya. ¿Por qué no vas tú?

Habláis mejor que yo. Se me puede escapar un "vos" o un "voto a tal".

No sería cuestión. Ya me arreglaré yo,

como siempre. ¿Todo bien?

Bien, muy bien. Vamos a la Edad Media a saludar a Torquemada,

la juerga padre.

Toma. A ver si con la ayuda del papa conseguimos el indulto.

Parece real. A ver si Torquemada opina lo mismo.

Suerte.

(Canto del gallo)

¡Levanta, marrano!

(Gritos y abucheos)

-¡Quemadlo! -A la hoguera con él.

¡Hereje!

¡Heresiarca! -¡Fuera!

¡Infiel! -¡Fuera, a la hoguera!

Fijaos, todo se repite como ayer.

Ahora levantarán al niño en volandas.

¡Marrano!

¿Y ellos no notan la repetición? No.

Solo nosotros, porque venimos de fuera del tiempo.

Menos mal que el rabino no se da cuenta de nada.

Debe de ser terrible repetir eternamente el día de tu muerte.

¡Me cago en mis muelas! ¡Perro sarnoso!

(Ladridos)

No dirás que no estabas avisado. -¡Fuera!

(Gritos y abucheos)

A este hereje

se lo acusa de judaizar el secreto y de blasfemia.

Lo oyeron decir: "El gran inquisidor

es el más perro de los hombres".

-¿Reconocéis esas palabras?

El que calla, otorga.

Y como dijo Inocencio III,

"Usad con los herejes la espada de la excomunión

y si no basta, usad la de hierro".

¿Tiene algo que decir el defensor del acusado?

Que perdonando al culpable seríamos injustos con los inocentes.

Como bien dijo Santo Tomás de Aquino,

"Si condenamos a muerte a malhechores,

razón de más para condenar a muerte a herejes".

¿Quién se atreve a interrumpir este oficio?

Señorías, monseñor.

Llevamos varias jornadas cabalgando sin descanso.

Exhaustos y sucios por el polvo del camino,

venimos de la Santa Sede con una alta misión.

¿Qué tal, cómo va? Al grano.

Traemos una bula papal de absolución del reo.

El sello parece auténtico.

¿Acaso dudáis de nosotros?

Porque eso sería dudar del mismísimo papa.

No, no, líbreme Dios, no.

Pero...

me extraña un poco este asunto.

Su Santidad hace semanas que está postrado en el lecho

esperando que llegue su hora.

Una bula es una bula.

No, si alguien lo ha forzado a firmarla.

El Santo Oficio deberá confirmar la voluntad del papa.

Hasta entonces retiraos. Tenemos que acabar el juicio.

Si no acatan esta bula, arderán en el infierno.

No decidís vos quién arde en el infierno.

¿Y acaso sois vos quien lo decide?

No.

No, yo solo decido quién arde aquí.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia,

yo, Tomás de Torquemada,

condeno a este hombre a la muerte en la hoguera.

(ABRAHAM) ¡Ah! ¡Ah!

¡Ah! ¡Ah!

Será hi de puta... Pues no se cree más que el papa de Roma.

No, se cree más que Dios.

Hay una cosa que no entiendo.

Si la reina Isabel prometió protección al rabino,

¿por qué Torquemada osó desobedecer a la reina?

Entonces Isabel solo tenía en la cabeza la conquista de Granada.

Todo lo demás quedó paralizado,

las negociaciones con Colón,

el estudio del "Libro de las puertas"...

Quizá no sepa lo que está pasando.

Pues habrá que decírselo. Solo nos quedan dos días.

Pero ¿la reina estaba en Toledo? La corte era itinerante.

Exacto.

¿Angustias?

¿Sí, jefe?

Averigüe dónde estaba Isabel la Católica

el 12 de mayo de 1491.

-Oído cocina.

Lo tengo, jefe. La reina Isabel estaba en Toledo,

pero partió a Granada a mediodía. -Gracias.

Bien, ya saben lo que tenemos que hacer.

Mañana no irán de procesión.

Irán a ver a la reina antes de que salga de viaje.

Ahora vayan a descansar.

Una pregunta que me...

¿Dónde está Ernesto?

Vayan a descansar.

Dejad a Ernesto de mi cuenta.

(Puerta cerrándose)

¿Puedo hablar con vos?

No sé quién sois ni de dónde venís,

pero vuestro parecido con Torquemada es insolente, asombroso.

Que Dios me perdone lo que voy a decir, pero...

Los judíos nunca han sido santo de mi devoción,

y aquí estoy, arriesgando mi vida para salvar la del rabino.

¿Y sabéis por qué?

Porque soy un soldado dispuesto a morir por su causa.

Yo he arriesgado mi vida muchas más veces que tú por este Ministerio.

Estoy convencido de ello.

Lo que no entiendo es por qué no la arriesgáis ahora.

¿Voy bien para la ocasión?

¿Vais a venir a la cena? Sí.

Será más agradable cenar con tus padres que ir a ver a Torquemada.

Además esta puerta no está en bucle.

No, la que está en bucle es mi madre.

He pensado en cómo nos conocimos,

por si preguntan tus padres. Cuéntame.

Nos conocimos en la universidad.

Yo llevaba un ratón para diseccionarlo.

Ajá. Se me escapó el ratón

y tú lo viste y casi te desmayas.

Para que te crean mis padres debes cambiar el final.

Yo no me desmayé.

Lo cacé.

Esa es la copa de vino.

-Mujer, déjalo.

Son los nervios. Lo siento.

Los nervios o falta de hábito. Madre, por favor.

¿Y cómo ve el pacto de alternancia en el poder entre Cánovas y Sagasta?

Eh... Estupendo, lo veo estupendo.

¿Y qué me dice de la situación en Cuba?

Eso ya no lo veo tan estupendo.

Creo que es hora de dejar de hacer teatro.

Soy de familia humilde, y lo soy a mucha honra.

Nadie me ha regalado nada.

Pero sé tratar a un enfermo mucho mejor

que algunos que saben distinguir la copa de vino de la de agua,

se lo aseguro. ¿Usted quiere a mi hija Amelia?

Claro que la quiero. Estoy aquí, cenando con ustedes.

¿Y qué es lo que más le gusta de ella?

Amelia es inteligente y divertida.

Y guapa, muy guapa.

Pero lo que más me gusta es que decidiera ir a la universidad

cuando la mayoría de las mujeres son la sombra de sus maridos.

Son tal para cual, no cabe duda.

No vayamos tan deprisa.

Mi hija es casi una niña

y usted un hombre hecho y derecho.

Y bien parecido.

Seguro que no es la primera de sus conquistas.

No, no lo es. Soy viudo.

¿Y de qué murió su mujer? Ya está bien.

Murió en un accidente,

atropellada por... por un carruaje.

Cuando me despierto me pregunto por qué la vida es tan injusta.

Todavía lloro cuando la recuerdo.

Creo que eso es el amor,

saber que sin la persona a la que quieres...

te mueres más rápido.

Y...

esperas que suceda un milagro, aunque no creas en ellos.

Hasta que ocurre y encuentras a alguien

con quien cada día es una aventura.

"Collons".

Será mejor que me marche, pero antes déjeme darle un consejo.

Usted ya ha vivido su vida.

Deje que su hija viva la suya.

(Canto del gallo)

-¡Levanta, marrano!

¿Qué tal fue la cena?

Mal. Bien.

Vive Dios que uno de los dos miente.

La reina os espera.

Su majestad, son emisarios del Santo Padre.

Sed bienvenidos a la corte.

Os presento al cardenal Cisneros, de mi plena confianza,

más en asuntos religiosos.

(SUSURRA) Juraría que la conozco de algo.

(CISNEROS) ¿Traéis nuevas de Roma? Así es, excelencia.

¿Cómo se encuentra el sumo pontífice?

Débil de cuerpo, aunque despierto de mente.

Esperemos que el Señor tarde en llamarlo a su lado.

Rezamos por ello.

Y bien, ¿cuál es el motivo de vuestra visita?

La Santa Sede pide la absolución

de don Andrés de Luis.

Vos lo conocisteis como el rabino Abraham Levi.

¿La absolución?

¿Acaso la necesita?

Pero ¿esto qué es?

Abraham Levi está bajo mi protección.

¿Vos sabíais algo? -No, alteza.

¿Y mi esposo?

Llevadla a monseñor Torquemada. No nos recibe, señora.

Tal vez si su alteza se la entregara en mano...

-No, eso es imposible. La reina marcha de inmediato para Granada.

Escribiré una carta de mi puño y letra antes de partir.

Se la llevará alguien de mi plena confianza.

Podéis retiraros. Yo me hago cargo de todo.

¿Cuántas veces he dicho que no se haga nada sin mi consentimiento?

Vaya carácter.

Una mujer lo necesita para llegar al trono.

Mientras escriba la carta... -Vuestro esposo...

-¡La reina de Castilla soy yo, no mi esposo!

(Gritos y abucheos)

"¡Hereje!". ¡Hereje!

"¡Infiel!". ¡Infiel!

-¡Leproso! -¡Demonio!

¡Muere, hereje!

"¡Marrano!". ¡Marrano!

-¡A la hoguera, fuera! -¡Fuera, fuera!

¡Perro sarnoso! Pero si me he cambiado de sitio.

-¡Fuera! -¡Fuera!

Es el destino. Hay cosas que no se pueden cambiar.

(TORQUEMADA) Con sus manos puras

Jesús tumbó la mesa de los usureros

y con un látigo

espantó a los bueyes que con sus heces profanaban el templo.

Jesús gritó a los mercaderes: "¡Fuera de aquí, judíos!

No convirtáis la casa de mi Padre en una cueva de ladrones".

No es costumbre del inquisidor general

tomar la palabra en los actos de fe,

pero me puede el anhelo por defender a Nuestro Señor

y a la Santa Iglesia.

Nada queda por añadir a la crueldad de la herejía de judaizar el secreto

y a la blasfemia contra mi persona.

Pero no quiero alargar en demasía mis palabras, pues la verdad...

¿Dónde se habrá metido el emisario de la reina?

Llegará.

Isabel siempre fue mujer de palabra.

Pero si alguien más en esta sala tiene algo que decir,

puede hablar.

¿Quién se atreve a interrumpir este oficio?

Un emisario de la reina.

Ha escrito esta carta para su eminencia.

Y me ha ordenado que os muestre esta bula papal.

-¿Una bula?

¿Cómo va a escribir el papa una bula si se está muriendo?

Desde luego este hombre no es de los que dicen cada día una cosa.

Decid a la reina que luego le contestaré.

-Os informo que la reina está de camino a Granada.

Pues allí enviaré mi respuesta.

Y ahora dejadme, que tengo que continuar con el juicio.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia,

yo, Tomás de Torquemada,

condeno a este hombre

a la muerte en la hoguera.

¡Ah! ¡Ah!

No hay manera, ni con la reina ni con el papa.

Jamás conocí a nadie que use así la religión

para sus intereses políticos.

Porque eres muy joven, cariño,

porque de iluminados está la historia llena.

Si no arreglamos esto mañana, sabrá de nosotros

hasta la prensa del corazón. Sí, lo sé.

Pienso que la única posibilidad es una intervención armada.

Permítame que le diga una cosa, Alonso.

Yo lo admiro, y mucho,

y en poco tiempo será uno de los mejores agentes del Ministerio.

Gracias, señor. Pero me tiene hasta las...

mollejas con tanta intervención armada y tanto refuerzo.

Una intervención de ese calibre significa muertos.

¿Y quién le dice que entre ellos no esté el propio rabino,

o un campesino que pasaba por allí

y es un antepasado lejano de Ramón y Cajal y este no nace?

Bien, ahora pueden retirarse.

Mañana antes de partir recibirán instrucciones.

Creo que solo nos queda una posibilidad.

Y usted sabe a lo que me refiero.

Nunca entenderé esta costumbre

de encerrar los alimentos en este invento del diablo.

Trae. Dame.

Toma.

No sé cómo tienes hambre con la situación en la que estamos.

No tengo hambre, pero un buen soldado debe alimentarse,

aun sin hambre. Vosotros deberíais comer.

No puedo.

Pensar en el rabino, su esposa, el Ministerio...

y saber que esta noche debo ir a cenar

para seguir aguantando a mi madre.

Me dais envidia, sin tener que llevar una doble vida,

sin nadie que os pida cuentas, nadie que os espere en casa...

(CARRASPEA)

Lo siento. No debía haber dicho eso.

Soy una imbécil y una egoísta. No, no lo sois, no.

Lo que pasa es que este asunto del rabino nos está volviendo locos.

A mí, porque no entiendo lo de Ernesto,

a vos, porque siempre os preocupáis en cualquier época en la que viváis

y vos, porque no podéis dejar de pensar en una única cosa.

¿Ah, sí? ¿Y en qué pienso, si puede saberse?

En que porqué salvar la vida del rabino,

cuando el Ministerio no os dejaría hacer lo mismo con vuestra esposa.

Yo soy un soldado y un antiguo,

pero no soy gilipollas, como decís en esta época.

Y pienso en vos y en vos.

Ahora sois mis compañeros, mi nueva familia,

pase lo que pase tenemos que estar unidos.

Así que acompañad a Amelia y desfaced el entuerto con su madre.

Pero... Ni "pero" ni nada.

Mañana os necesito centrados para la misión.

Y pase lo que pase en el Ministerio debemos seguir con vida.

Al menos para poder seguir echando de menos a los nuestros.

Me gustaría pedir disculpas. Anoche dejé a medias la conversación.

Y tengo que decirles dos cosas muy importantes.

La primera es que queremos casarnos y espero que den su consentimiento.

Lo tienen. -Eso está por discutir.

Tiempo tendrán de ello,

porque otra cosa que no le dije es que la boda no será de inmediato.

¿Y eso por qué?

La semana que viene parto a Cuba como oficial médico.

¿Hay guerra otra vez con Cuba? Sí, se declarará en unos días.

Un periodista amigo mío lo sabe de buena tinta.

Así que...

si consideran inaceptable el compromiso,

lo entenderé. De ninguna manera.

Será un honor llamarte hijo cuando regreses.

Pero... -Luego hablamos de ello a solas.

Yo también tengo una noticia importante.

¿Qué noticia, padre?

He hablado con un editor de tu novela,

de ese diario que escribes sobre los viajes en el tiempo,

y le ha encantado la idea.

Dice que puedes ser la Julio Verne española.

¿Vas a publicar un libro de viajes por el tiempo?

Yo no aguanto más. Esto es una casa de locos.

Mi hija quiere ser novelista, usted...

usted es un farsante que lo único que quiere

es aprovecharse de nuestra fortuna. Madre.

Estoy segura de que ni siquiera es médico.

Pero lo averiguaré,

porque he pedido que investiguen en la universidad.

Padre. Levante.

-Por Dios. Padre.

Enrique, ¿estás bien? Siéntate.

Agua, toma.

¿Está bien? Sí, sí.

Gracias.

(SUSURRA) Destruye el diario esta misma noche.

Hoy tampoco han conseguido liberar al rabino.

Supongo que por eso me ha hecho llamar.

Así es.

¿Se imagina lo que será del Ministerio

el día que deje de ser un secreto?

Prefiero no pensarlo.

Saldremos hasta en los dominicales.

Nuestro archivo de fotos se venderá,

cuando Colón pisó América, la coronación de Isabel la Católica,

la Batalla de Bailén, la Toma de Granada...

Todo el mundo sabrá cómo realmente fue.

Y las pinturas de nuestros museos valdrán menos que un viejo tebeo.

Se mezclará el presente con el pasado,

inventando guerras absurdas para cambiar...

una historia que ya está escrita.

Y todo por intereses políticos o de dinero.

¿Es que no han sido las dos cosas siempre lo mismo?

Ernesto.

He de enviarlo a una misión

a la que jamás quisiera tener que haberlo enviado.

Pero solo nos queda una oportunidad.

Solo voy a pedirle un favor.

-El que sea.

Que nadie venga a por mí, pase lo que pase.

(Golpes en la puerta)

(ENRIQUE) Hija, ¿puedo pasar? Un segundo, padre.

Ya.

¿Te encuentras bien, hija?

No es nada, se me pasará.

Mira, a mí no me engañas.

Estás triste porque Julián se va a Cuba, ¿no?

Pero volverá, ya lo verás.

Siento haberme enterado de esta manera de qué época eras.

De alguna forma tenías que enterarte.

Estás a tiempo de negarte.

Tengo que ir.

Es mi obligación.

Y como bien dice Alonso,

los soldados tenemos que entregar nuestra vida por una causa.

Y no encuentro mejor causa que esta.

¡Levanta, marrano!

En pie.

Entra su excelencia el inquisidor general don Tomás de Torquemada.

Recibe la señal de la cruz que negaste

y a la que has abandonado.

No hagamos esperar a Dios. ¿De qué se acusa al reo?

Se lo acusa de judaizar el secreto y de blasfemia.

Lo oyeron decir:

"El gran inquisidor

es el más perro de los hombres".

¿Reconocéis esas palabras?

El que calla, otorga.

Y como dijo Inocencio III:

"Usad con los herejes la espada de la excomunión,

y si no basta, usad la de hierro".

¿Tiene algo que decir el defensor del acusado?

Que perdonando al culpable, seríamos injustos con los inocentes.

Como bien dijo Santo Tomás de Aquino:

"Si condenamos a muerte a malhechores,

razón de más para condenar a muerte a herejes".

¿Quién se atreve a interrumpir este juicio?

Señorías, monseñor.

Traemos una bula papal de absolución del reo.

(Murmullos)

(Puerta intentando abrirse)

¡Ah!

Traed a la guardia. ¡Corred!

¡Llamad a la guardia!

El sello parece auténtico.

¿Acaso dudáis de nosotros?

Porque eso sería dudar del mismísimo papa.

No, no, líbreme Dios.

Dejadme ver.

Si el papa lo manda, no hay más que juzgar.

-Señor, no podemos... -Hemos terminado.

-Os llamó "el más perro de los hombres".

Gracias por recordármelo. Me han llamado cosas peores.

Acabemos ya. -Pero monseñor,

este converso apesta a judío.

Desde aquí se huele que no ha probado el tocino.

Guarda los sábados y muda su ropa el mismo día.

¿También oléis eso?

Sus vecinos así lo dicen.

Dejad que murmuren.

El papa ha hablado.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia,

yo, Tomás de Torquemada,

absuelvo al reo de todas las acusaciones.

Señora, hemos venido a ayudarlos.

Vengan con nosotros, por favor.

¿Estáis seguro de lo que habéis hecho?

Debajo de Dios, solo el papa.

Tendríamos que irnos cuanto antes.

Vamos.

(Voces de asombro, murmullos)

-¡Herejía! -¡Esto es cosa del demonio!

¿Qué está pasando aquí?

-¡Virgen santa!

¡Huid!

¡Guardias! Obedece.

¡Prended a este impostor!

Rabino Levi, señora, bienvenidos.

Soy Salvador Martí, responsable del Ministerio del Tiempo.

Qué extraño es todo esto y qué hermoso a la vez.

¿Y Ernesto? (ABRAHAM) Este lugar...

Decidme, caballero, lo que hay en los pasillos,

¿son todas puertas del tiempo?

Sí, y hay muchas más gracias a su libro.

Les enseñaré todo esto palmo a palmo,

pero antes Irene los acompañará a nuestro servicio médico.

Pueden acompañarme.

Vengan a mi despacho.

Cuéntenme qué ha pasado con Ernesto. Lo atraparon varios guardias.

Se ha comportado como un héroe.

Sin él no hubiéramos podido cumplir nuestra misión.

Hay que volver. Ni hablar.

Faltan cuatro horas para medianoche.

No llegarían a tiempo a la puerta. Asumiré el riesgo.

Pero yo no. No quiero perder más agentes.

En los Tercios teníamos un lema:

ningún hombre se queda atrás. Pero ¿qué se cree,

que no querría que estuviera aquí, en vez de quemarse en la hoguera?

Yo sabía lo que le pasaría si atravesaba la puerta, y él también.

¿Sabe lo que me pidió cuando supo que intervendría en la misión?

Que no permitiese que nadie fuese a rescatarlo.

Eso es lo que pienso hacer.

Me gustaría hacerle una pregunta.

¿Qué relación tenían Ernesto y Torquemada?

¿Quién eres?

Soy tu padre.

No puede ser.

Soy Pedro Fernández de Torquemada, te guste o no.

No uséis su nombre.

Hace años que descansa en paz.

Tu padre no descansa, hijo,

y mucho menos en paz.

Mírame, me tienes aquí delante.

¿O es que eres tan ciego que no eres capaz de reconocer nuestro parecido?

Sí lo veo

y es obra del maligno.

Os ha enviado para torturarme,

para que reniegue de mi fe en Cristo.

No uses el nombre de Jesús en vano.

Él se sacrificó por los hombres, tú los matas.

Hijo, tú no eres Cristo.

Tú eres Pilatos.

Puedes pegarme si quieres,

puedes matarme,

pero no por eso dejaré de ser tu padre.

¡Tú no eres mi padre!

Ojalá no lo fuese, te lo juro.

Escúchame, hijo, escúchame.

Mi madre, tu abuela Ana, era judía.

Por sus venas corría sangre judía. -¡Era cristiana!

No, se convirtió a la fe en Cristo porque no le quedaba más remedio,

pero su sangre era judía

y ahora tú persigues a los de tu misma sangre.

Cumplo con mi deber.

Son herejes.

No, son hombres y mujeres, hijo,

y no son menos que tú por tener una fe distinta.

Nadie es menos que nadie por ser cristiano, judío o musulmán.

Hijo, y si cometieran pecado,

es Dios quien debe juzgarlos,

no tú.

Antes os juzgarán a vos.

A medianoche moriréis en la hoguera.

Es tu libro. -Sí.

Y por suerte, veo que ha caído en buenas manos.

Ya puedo morir tranquilo.

Por favor, no diga eso. Lo hemos salvado de la hoguera.

Era lo que me tenía reservado el destino.

Yo ya solo soy un viejo.

Estoy enfermo.

Sangra, tiene tumores.

La medicina ha avanzado muchísimo. Le buscaremos un buen médico.

Ya habéis lo hecho suficiente

permitiendo que pueda despedirme de los míos.

Aunque supongo que no me habéis salvado solo por eso.

No, no lo hemos salvado solo por eso.

¿Para qué se me necesita?

¿No van a pagar? -No.

Ni tampoco les vamos a dar "El libro de las puertas".

¿Bromea? -En absoluto.

Angustias, por favor.

Le presento al mismísimo Abraham Levi.

Curioso retablo.

"Tablet", es "tablet". -Ah.

Entonces, curioso "retablet".

A fe mía que este hombre es uno de mi estirpe.

-En una semana le adjuntaremos una analítica completa del señor Levi,

así como muestra de su ADN, incluso análisis de su ropa.

Ya que vamos a ser famosos,

que por lo menos sepan que trabajamos bien.

Usted es judío, ¿verdad?

(EN EBREO)

Lo volveré a llamar pronto.

No se preocupe.

Resolveremos este asunto.

¿Qué le ha dicho?

Que ni él ni mis herederos

avergonzasen a Yahvé con su comportamiento.

¿De veras?

¿Por qué le mentiría?

Solo soy un viejo que está a punto de morir.

Falta poco para que se cierre la puerta, ¿no?

Apenas una hora.

Ernesto no podrá volver.

¿Qué tal te sienta tener a tu prometido en Cuba?

Ojalá todas las desgracias fueran esa.

Pues sí.

Tendrás que escribirme cartas de amor para que las vean mis padres.

Te escribiré, aunque te aviso que no se me da tan bien como a ti.

¿Te has desecho de tu diario?

Debió de costarte mucho, ¿no? Sí.

Para mí era como una manera de... de saber quién soy,

escribir mi propia historia entre tanto viaje.

¿Y descubriste lo que pasó?

Poca cosa. Los archivos habían desaparecido.

La Guerra, ya sabes.

¿En qué piensas?

En nada.

Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿no?

Lo sé.

¿Y tú en qué piensas?

En Alonso, que hace rato que no lo veo.

¿Dónde se habrá metido?

¡Levanta! Llegó tu hora.

Alonso.

¿Qué hace usted aquí?

¿Creíais que iba a dejar que os mataran?

Usted está loco.

La puerta está muy lejos, nunca llegaremos.

Sabe Dios que lo haremos.

Usted está como una cabra.

Vámonos.

(Moto acercándose)

¡Me encanta el futuro!

(Sirena antiaérea)

Es una alarma antiaérea.

En la Guerra Civil, la aviación alemana bombardeó Guernica

en el día del mercado.

El cuadro se lo encargaron los republicanos a Picasso.

Si encontramos el recibo, queda claro a quién pertenece el cuadro,

pero ha desaparecido.

Sé que quiere conocer a Picasso, pero no es posible.

No está en España, sino en Francia, no hay cobertura. Es usted obsesivo.

(Bombardeos)

Nada es fácil, nunca.

A veces no tengo claro no estar trabajando para el mismo diablo.

¿Qué pasa, que para ti toda la ropa del siglo XX es igual?

Pues si conocieras a Tino Casal lo ibas a flipar.

¿Seguro que no hay un equivalente al Ministerio del Tiempo en EE UU?

¿Dicen el tiempo que hará mañana? Parece cosa de brujería.

(SALVADOR) ¿Se cree que el servicio de inteligencia español

descubrirá algo que EE. UU. quiera ocultar?

¿Me acompañas a un concierto?

¡Salid ahora mismo!

¿Usted sabe lo que vale

un dibujito con mi firma? -¿Me está sobornando?

Pondré una queja en mi embajada. De momento cuente tres.

Sabía que os meteríais en un lío. Déjame en paz.

Lo primero sería conseguir la firma original de Picasso.

Tengo inmunidad. -Uh, mal asunto.

Quítate de en medio, Alonso,

o te juro que al final... ¿"O te juro" qué?

Años 80, allá voy.

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El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 4: Una negociación a tiempo

16 mar 2015

Abraham Levi, creador del Libro de las Puertas, regaló si obra en 1491 a Isabel la Católica a cambio de protección ante la Inquisición. Sin embargo, pese a las promesas de la reina (y a espaldas de ésta) muere quemado tras auto de fe. No es una historia muy edificante, pero es la que es… hasta que el abogado de los herederos de Levi, descubre documentos que evidencian lo ocurrido y se presenta en el Ministerio exigiendo una fuerte indemnización a cambio de no hacer pública la existencia del Ministerio, un secreto guardado durante siglos.

La patrulla deberá viajar a 1491 para salvar de la hoguera al rabino. El problema es que la puerta está en bucle y sólo tienen 24 horas para evitar su muerte… Una y otra vez, como si fuera el día de la marmota, vuelven al mismo día sin lograr que Torquemada ejecute al rabino… La gran sorpresa para ellos será descubrir quién es Torquemada.

En paralelo, la madre de Amelia insiste en que su hija tenga novio y se case. Para ello, la vigila, poniendo en peligro la labor secreta de Amelia en el Ministerio. Julián, para arreglar el problema, se presenta a sus padres como si fuera su pretendiente… y el remedio es peor que la enfermedad.

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  1. Vivian v.

    Es impresionant, muy buena serie

    19 feb 2016
  2. Márcia

    Adorei! Assistindo do Brasil!

    14 ene 2016
  3. Dsan

    Chromecast no funciona más en rtve

    17 ago 2015
  4. RedPath

    Capítulo 4 Transcripcion de Subtítulos termina a las 08:20 - porque?

    10 abr 2015
  5. David Castro

    La he visto aquí en internet, por que me la han puesto por las nubes. Y ya me ha enganchado! Enhorabuena s RTVE por una serie de esta calidad. A mi también me recordó s una especie de Dr Who. Ojala perdure

    09 abr 2015
  6. Damorte

    Quien dice que los audivisual made in spain no vale un duro? Que gran serie ya era hora de que se usara nuestra historia en contenido audivisual, y no cómo casi todas las películas made in hollywood, dónde los guiones y películas historicas sólo aparecen las victorias inglesas y estadounidenses... Enhonorabuena por crear una serie de calidad aunque sea ficción.

    29 mar 2015
  7. Janne

    Muchísimas gracias por los subtítulos.

    24 mar 2015
  8. palons27

    En casa todos estamos enganchados! Es inteligentisima, sorprendente, educativa, entretenida, didactica...Una serie redonda, completa, una idea sencillamente GENIAL! GRACIAS POR GENERAR TV DE TAL CALIDAD, ENHORABUENA!!!

    22 mar 2015
  9. Marisol

    Hola Por favor, se lo ruego que piensen a los sordos, nosotros no nos enteramos ni la mitad. Sabemos leer la boca, pero no entendemos todo, porque no siempre se ven los actores. Se lo ruego, suban los subtítulos. Muchas gracias Marisol

    20 mar 2015
  10. Michael

    Muy buena, la producción, los actores, el guión, todo! Me encanta que hay una serie de esta calidad en la televisión pública. ¿Por favor, podéis añandir los subtitulos para el capítulo cuatro? Gracias

    20 mar 2015