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No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 8 - La leyenda del tiempo
Transcripción completa

Es guapa esa muchacha.

Hay un montón de bancos vacíos en el parque.

¿Por qué tiene que sentarse en este?

Para que no esté usted solo.

Es evidente.

¿La conoce?

No, no la conozco. Pues por cómo la mira...

¿Nos hemos visto antes?

No creo.

Me acordaría.

Me llamo Federico.

Julián.

(Ruedas chirriando)

(Buscapersonas)

(Buscapersonas)

(Buscapersonas)

(Sintonía "Ministerio del Tiempo")

Caballeros, señorita,

tienen una misión importante que cumplir.

¿A qué época debemos viajar esta vez?

Al año 1924, concretamente a la residencia de estudiantes de Madrid,

buque insignia de la educación y la cultura española.

Sigue abierta, ¿no? Ajá, afortunadamente.

Gracias a Dios España conserva aún alguna de sus glorias.

Para que entiendan la importancia de esta residencia,

de los siete premios Nobel que tiene España,

cuatro pasaron por allí.

Ramón y Cajal, Severo Ochoa,

Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.

Y no solo eso. Grandes genios dieron allí conferencias,

como Marie Curie, Ígor Stravinski

o Albert Einstein.

Me gusta ese bigote. Perdón.

Estaba recopilando la última documentación para la misión.

Tras varias semanas de descanso, Irene se incorpora con nosotros.

Coordinará la misión.

Bien, en el año 1924 los estudiantes de la residencia

interpretaron una obra de teatro. Sí, "La profanación de don Juan",

una adaptación de la figura del tenorio de Zorrilla.

A ese lo conozco. Parece que un tal Antonio Lancha

quiso hacer una película sobre la obra

y hemos recibido el cartel que Salvador Dalí dibujó para ella.

Pero eso de ahí es una "tablet". Exacto.

Una "tablet" en 1924, y Dalí era un visionario, pero no tanto.

Por eso tienen que ir allí inmediatamente,

porque ni ese era el estilo de Dalí

ni la "tablet" se había inventado aún.

¿A qué estamos esperando?

A que yo termine de hablar, leche. Ah.

¿Por dónde íbamos? Ah, sí.

Ahí donde los ven,

el propio Salvador Dalí interpretaba a don Luis Mejía,

Luis Buñuel, gloria de nuestro cine, era don Juan Tenorio,

y Federico García Lorca interpretaba al escultor.

Junto a Picasso, constituyeron un nuevo Siglo de Oro

para la cultura española. Exacto.

Entonces España no era ni mucho menos una potencia,

como ocurría con Felipe II, lo cual tiene mucho mérito.

Como todos ustedes saben,

la misión del Ministerio es evitar que alguien reescriba nuestro pasado

y preservar nuestra memoria histórica.

En sus manos está protegerla.

¿Ya os encontráis bien? Sí, ya estoy mejor. Gracias.

¿Y tú? Nos diste un buen susto. Sí,

pero parece que Dios ha decidido

que aún no ha llegado mi hora de dejar este mundo.

¿Te pasa algo? No, ¿por qué?

Te ha cambiado la cara cuando has visto a ese tal García Lorca.

No te lo vas a creer,

pero es que esta noche he soñado con él.

No veo claro que Irene dirija esta operación.

Explíquese.

Bueno, ha recibido un golpe muy duro.

Primero lo de Leiva, después su mujer abandona la casa...

Creo que necesita más tiempo para recuperarse.

Lo que necesita para recuperarse es trabajar.

Además, ella misma me pidió volver.

No sé, me dijo que se le caía la casa encima

dándole vueltas a lo de Leiva.

-También me gustaría hablar de ese tema.

Ella fue la última que lo vio antes de su fuga.

Pero... Pero por Dios,

se limitó a darle unas simples pastillas para la tos.

Tuvo la piedad que yo debí tener hace tiempo.

El caso está cerrado.

(Puerta abriéndose)

(ANGUSTIAS) Les traigo dos cafelitos recién hechos.

Gracias, Angustias. -Gracias.

Pero llego tarde a una reunión.

(Puerta cerrándose)

¿Le pasa algo? -No, ya conoce a Ernesto.

El trabajo por encima de todo.

"Le dijo la sartén al cazo".

¿Cuánto se tomó el último día libre?

Hay demasiado trabajo, Angustias. -Hay días que mejor no trabajar.

Hoy es el aniversario de su boda, ¿verdad?

Ajá.

¿No se ha sentido nunca tentado de ir a al pasado,

de volver a ver a su esposa?

¿Para qué, para volver y echarla de menos con más fuerza?

Los recuerdos te ayudan a continuar vivo,

aunque duelan.

Pero si te dejas arrastrar por la nostalgia,

estás muerto.

¿Vais a ver a Goya? Sí.

Voy a contemplar cómo pintó los Frescos de la Florida.

Dibujando no era muy bueno, pero tenía una fuerza enorme.

Hoy es el día de los pintores. Nosotros vamos a ver a Dalí.

Ah. ¿No os gusta su obra?

Dibujaba como Dios.

Era capaz de hacerte una anunciación perfecta en una uña.

Eso tiene su mérito, ¿no? Lo tiene.

Ni yo sería capaz.

Pero el arte no solo es técnica.

Es... Es pasión, es... es...

tener algo que contar. Es alma.

Y de eso Dalí tenía poco.

Aunque he de reconocer que tenía una gran virtud.

¿Cuál? Me admiraba.

De hecho me plagió el bigote.

Buen viaje, amigos. Igualmente.

Nunca he visto a nadie más pagado de sí mismo.

Esta es la puerta, la 891.

La salida da exactamente a tres manzanas de la residencia.

Y este es el plano. Sé dónde está.

Muy bien. Allí os estará esperando un agente del Ministerio, Ortigosa.

Os dará toda la documentación necesaria sobre la época,

y lo más importante, los carnés de la residencia de estudiantes.

Suerte.

(Puerta cerrándose)

¿No te gusta "El tenorio"? La primera vez que la vi me gustó,

pero acabé harto. La ponían todos los años en la tele

la Noche de Difuntos. ¿Por qué razón?

A don Juan se le aparecen espíritus.

Mal asunto hacer chanzas con estos temas.

Ahora es peor, con Halloween. "Hal"...

¿Qué es eso? Una tradición yanqui.

La gente se disfraza de zombis, cosas así, y se van de fiesta.

Qué vergüenza. A los muertos se les debe un respeto.

Mirad, yo he matado a muchos hombres en la batalla,

pero después siempre recé por su alma.

Pues cuidado, no se te vayan a aparecer para darte las gracias.

No tentéis al diablo.

Señores, la residencia de estudiantes.

La fábrica de genios. (ALGUIEN CHISTA)

Soy yo, Ortigosa.

¿Amelia Folch? Sí, soy yo.

Pues tenga, su documentación,

sus carnés de estudiantes y todo eso.

Tienen que ir al teatro.

Digan que son los nuevos. Con eso basta.

¿Era necesario disfrazarse de jardinero?

No es un disfraz. Soy jardinero.

Ah. Lo del Ministerio

es para sacar un sueldillo para final de mes.

Por cierto, tengan cuidado.

Aquí la gente está un poco "p'allá".

Hacen cosas muy raras.

Se lo digo yo. ¿Cosas raras? ¿Como qué?

¿Le parece normal correr en pelotas con el frío que hace?

Qué salud tiene este Buñuel.

Te ha guiñado un ojo el director más grande del cine español.

Bueno, lo será. Él todavía no lo sabe.

¿Cómo podemos ensayar si no tenemos don Juan?

¿Y Buñuel?

Creo que está corriendo por el parque en pelota viva.

Esto es una vergüenza.

Yo esperaba una escenografía, ¿y qué tengo, eh? ¿Qué tengo?

Una tela colgada de mierda.

Salvador, ¿tú no eres un pintamonas?

Pues pinta, que por algo te he dado un papel en mi película.

-Perdona.

Tu película es nuestra obra de teatro,

que no se te olvide. -Tú cállate, Federico.

Me prometiste cambiar el libreto

y está como estaba... ¿No es con el que soñaste?

...plano. El mismo.

Sin giros dramáticos. -Hombre, es "El tenorio".

Seduce a una monja y se encuentra con el espíritu.

¿Te parece poco? -Sí,

pero esto es cine y no se oye como en el teatro.

Yo necesito expresar con gestos

y no veo por ninguna parte esa dramática sensación telúrica

que yo necesito para controlar mis imágenes.

Ay, qué desgracia ser engolado.

Pepín.

¿Por qué no llevas el traje de comendador?

No me gusta cómo me queda. -Pero es tu personaje.

¿No lo ves? Tu personaje.

Mira, yo no puedo más, de verdad.

¿Sabéis cuál es vuestro problema?

Que os creéis que habéis nacido artistas

y no tenéis ni idea de lo que es el arte.

El verdadero arte es asumir la trascendencia

de los tiempos cambiantes.

Yo no me he "enterao" de "na". -Porque eres una ignorante, Rosita.

A ver, ¿quién fue el imbécil que te dijo que ibas para estrella

por cómo iluminas la escena,

si tú iluminas menos que una bombilla del árbol de Navidad?

Ha pasado un ángel. -Sí, ha pasado un ángel.

Se ha ciscado en tu puñetera madre. Este necesita

que le peguen un par de mandobles. ¿Perdón?

¿Quiénes sois vosotros?

Los nuevos. ¿Podemos ayudar en algo?

Tráeme un poco de agua, niña, y algo para la cabeza,

que me va a estallar con tanta mediocridad.

Apártese. No, yo estudio Medicina.

Que se aparte, por favor.

¿Dónde podemos llevarlo para que descanse?

A... mi habitación.

Estoy mareado, ¿eh?

¿Qué me ha pasado? Es diabético.

Debería hacer dieta e inyectarse insulina.

¿Eso qué es?

Nada. Usted descanse.

Perdone, ¿cómo...? ¿Cómo ha sabido que era diabético?

Aliento dulzón, sed, ganas de orinar, náuseas, pulso agitado,

debilidad y sobrepeso.

Yo también estudio Medicina.

Sí, y veo que está muy enterado de los avances científicos.

La insulina se ha comercializado este año en Alemania,

pero aquí no ha llegado. Intento estar al día, como tú.

(Puerta abriéndose)

¿Cómo está el enfermo?

Pues muchísimo mejor, y todo gracias a...

Julián, me llamo Julián.

Yo me llamo Silvia. Encantado.

Igualmente.

Bueno, me voy a ir tirando que mejor que quede en silencio...

Bueno, adiós.

¿Por qué me mira así?

¿Usted y yo no nos hemos visto antes?

No, no. Debe de confundirme con otra persona.

Me extraña.

Soy de los que cuando ven una cara no se olvida.

¿Encontráis algo? No.

Amelia.

Tenemos que volver al Ministerio. Voy a avisar a Julián.

El asunto es más grave de lo que imaginaba.

Eso pienso yo.

Esta foto tiene el sello del Ministerio.

¿Qué insinúa? No insinúo nada.

Me gustaría saber si tienen nuestra vida entera en fotos.

No, el Ministerio no tiene ningún archivo de este tipo.

El asunto es saber quién consiguió la foto,

porque falsa no es.

Es de 1883.

Y parece de su boda. No puede serlo.

¿Amelia?

No lo sé.

Es de un futuro que todavía no he vivido.

Tal vez sea el momento de contar algo, ¿no?

Estamos deseosos de escucharla.

En la misión del rabino Amelia tenía problemas con su madre.

La vigilaba y eso ponía en peligro la misión.

"Esto es personal. No tenía derecho a leerlo.

Mañana irás a casa de los Nadal a merendar.

Ya se lo he dicho a la madre. No".

Así que...

decidimos prometernos.

"Y tengo que decirles dos cosas muy importantes.

La primera es que Amelia y yo queremos casarnos

y espero que den su consentimiento".

¿Se prometieron? Sí, pero poco.

¿Me lo puede explicar?

"Lo otro que no les dije es que la boda no se celebrará de inmediato.

¿Y eso por qué?".

Era todo una mentira para que la dejaran en paz.

Por eso lo de la Guerra de Cuba.

Pensamos que la cosa volvería a la normalidad.

Yo mismo se lo propuse.

(ERNESTO) Parece que los que guardaban un secreto

eran ustedes, no nosotros.

¿De verdad no lo sabían?

Mujer, os habríamos regalado algo.

Y por algún motivo...

no sé, seguimos adelante con la mentira.

Ajá. ¿Está seguro? Segurísimo.

Tanto como que esta misión es una trampa.

¿Una trampa? Yo no lo entiendo. A ver,

aparece un cartel de la película con una "tablet" en 1924.

Vamos allí y sin venir a cuento encontramos esta foto.

Mucha casualidad, ¿no?

Estoy de acuerdo.

La cuestión ahora es saber quién está detrás de ella.

Ajá.

¿Alguna idea?

Hablar con todos.

Especialmente Dalí.

Él pintó la "tablet". Él sabrá dónde la vio.

Amelia, por favor, ¿no creerás que es verdad?

Acuérdate que fue todo un montaje para que tu madre te dejase en paz.

Para ser un montaje es muy creíble.

Esta foto es verdadera.

Mira, llevo la diadema de mi madre, algo prestado,

y la mantilla de mi abuela, algo viejo.

Igual tuvimos que seguir con el engaño y nos hicimos esta foto.

¿Quieres viajar a ese año

y lo comprobamos? No, mejor no.

¿Por qué no? No quiero saber de mi futuro.

(SUSPIRA)

Hay una cosa que tienes que tener muy clara.

Yo no soy tu marido ni el padre de tu hija.

¿Cómo sabes...?

Me seguiste al cementerio.

Sí, te seguí.

No podía dejarte sola.

¿Y por qué no me lo dijiste?

Porque tú nunca me contaste que habías ido a ver tu propia tumba.

Amelia, eres mi amiga y mi compañera de patrulla.

Tengo que cuidar de ti igual que tú lo harías de mí.

Pero esta foto es una farsa

para que tu madre te siguiera dejando en paz.

Amelia, yo te quiero un huevo.

¿Eso es mucho? Lo más.

Pero como amiga.

Yo solo querré a una mujer esta vida y esa mujer es Maite.

Es la única cosa de la que estoy seguro ya.

Es guapa esa muchacha.

(Ruedas chirriando y golpe seco)

(Murmullos)

Qué lástima.

Tan joven...

Es él.

Otra mala noche, por lo que veo. Sí.

Ya no distingo lo que es sueño de lo que es realidad.

Como ahora. Irene.

¿Qué tal? Cuánto tiempo.

Pues sí, desde que nos encerraron en la prisión de Argamasilla de Alba.

Por favor, no me lo recuerdes.

Teníamos que pasarle material de escritura a Miguel de Cervantes

o no terminaba "El Quijote".

Disculpe, ¿usted no es...?

No se fíe de las apariencias.

A veces engañan... y otras veces no.

Bueno, os dejo que llego tarde a la misión.

Suerte. Hasta luego.

Hasta luego.

O sea, que viaja en el tiempo.

No es el único personaje conocido que tenemos en nómina.

¿Y a qué misión va? Pues a grabar el concurso.

¿No es verdad, ángel de amor,

que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?

Seguid. Pasión, arte.

Sigue, venga.

Pero ¿por qué cortas, si está quedando perfecto?

A mí no me toca nadie si no es mi marido.

Cuando lo tenga. -Rosita,

el arte está por encima de la moral.

Soy una actriz. No soy una cualquiera.

Venga, cinco minutos de descanso.

¿Y a esto lo llamas trabajar? Nunca entenderé esto del cine, de verdad.

Yo no entiendo por qué se pone así esta criatura.

Qué manía con desnudarse.

Picasso tuvo su etapa azul y su etapa rosa,

y Buñuel está ahora en su etapa naturista.

Señores, me alegro de verlos.

Muchas gracias por lo de ayer.

Veo que la dieta no va con usted.

No, a mí no me hace falta dieta.

Me hace falta un apuntador. Tú mismo.

¿Yo? Ajá. Y alguien que vaya a por Dalí

para la siguiente escena. Voy yo.

Yo lo acompaño. -No, menor voy yo,

que me conozco bien el camino.

Como verás, a Julián le salen admiradores por todas partes.

Habla tú con ella y yo voy a consolar a doña Inés.

-¿Por qué le extraña que a Buñuel no le guste el cine?

No sé. Creo que le pega eso de estar detrás de una cámara.

Luis quiere ser ingeniero agrónomo, no artista.

A él el surrealismo le parece... una mariconada,

y yo un maricón, por supuesto.

Y no voy a negar que me gusten los hombres, pero...

odio las plumas, los marabúes y los afeminamientos.

Bien, me parece bien.

¿Está muy lejos la habitación de Dalí?

Quiero hablar contigo, Julián.

Y tranquilo, que no quiero nada de ti.

Yo amo a Salvador.

¿Y qué me quieres decir?

¿Tú vienes del futuro?

No, yo vengo de Carabanchel.

¿Por qué me preguntas eso?

Porque parece que vienes de allí,

de donde la gente corre con pijamas de colores.

Yo he soñado contigo, Julián.

Frente a nosotros corría una muchacha morena

que después aparecía tumbada en el suelo...

sangrando.

¿Has soñado tú conmigo?

(Pasos acercándose)

-Pues hala, a hacer el ridículo.

¿Vamos? -Vamos, sí.

Yo ahora voy, que tengo que ir al baño.

El baño está arriba. Vale, gracias.

(Puerta cerrándose)

Dicen que yo no valgo para ser actriz.

Pues yo me he hecho mis obritas y me he cantado mis cuplés.

¿Tú sabes que de mí se ha dicho que yo ilumino la escena?

Es que la iluminas, Rosa.

¿De verdad?

Como al parque la luna llena.

Huy, ¿y ahora qué te pasa, tonta?

Que lo que me ha dicho es muy bonito.

Pero ¿esto existe?

Pensaba que era todo imaginación de Salvador.

Oye, ¿y es de mucho valor? Bastante.

Descuida, que si sé de ella te informaré.

Julián y tú sois amigos, ¿no? Sí.

Y nada más que eso. No, nada más.

Debo de parecerte demasiado curiosa con tanta pregunta.

¿Por qué ibas a parecérmelo? Pues porque Julián me encanta.

He metido la pata.

No, no la has metido, pero vamos a sentarnos un momento.

Por favor, dime que no está casado.

No, no lo está. ¿Entonces?

Verás, Silvia, deberías centrarte en tus estudios.

Vas a ser mujer y médico, y no muchas pueden conseguirlo.

Ya, si mi madre siempre me dice lo mismo.

Ella también estudió.

Bueno, y mi abuela fue una de las primeras mujeres

que fue a la universidad. En Barcelona.

Y se llamaba igual que tú. ¿Amelia?

Ajá, Amelia Folch.

Siempre acaba apareciendo Lola Mendieta.

Nunca debieron haber pactado con ella.

Quiero que todo esto se corte de raíz.

¿Algo más? -Sí.

He investigado con Angustias las últimas subastas

por si había obras de Dalí. -¿Qué han averiguado?

Bien, se han vendido tres cuadros que los expertos dudan de su estilo,

pero no de su trazo.

Es como si el Dalí de los 40 hubiera pintado años antes.

¿Hace cuánto de eso? La primera hace un mes,

la última la semana pasada. -¿Un mes?

¿Y nos enteramos ahora?

¿No era Irene la que se ocupaba de estos temas?

Hablaré con ella al respecto.

Por cierto, ¿dónde está?

Se ha quedado en la residencia.

Cree que Rosa, la que hace de doña Inés,

puede tener pistas sobre la "tablet".

Irene, yo no sé si esto está bien.

¿Bien?

Pero si va a estar fenomenal.

(RÍE)

Mira, ¿sabes lo que te digo?

Que para una vez que alguien me trata con cariño,

yo me lanzo y que salga el sol por Antequera.

Esperemos que saque algo en claro.

Hay algo que no me cuadra.

Lola siempre suele moverse por interés económico.

¿Por qué dejó la foto de la boda de Julián y Amelia?

La mala gente hace cosas malas. Lo aprendí siendo pequeño.

O tal vez haya decidido dar un paso adelante

y conseguir que Amelia y Julián investiguen sobre su futuro

para cambiar el destino. No hay nada que investigar.

Eso espero, porque con el destino no se juega en este Ministerio.

Cuando terminen esta misión tendremos una reunión

y se van a acabar las tonterías.

Ahora centrémonos en el tema. Sí, será mejor.

Veamos el lado bueno del asunto.

Ah, pero ¿lo hay? Sí.

Si se ha subastado una obra de Dalí la semana pasada, Lola sigue cerca.

Está usted muy callada, Amelia.

¿Le pasa algo? No, nada.

Bien, entonces la clave está en Dalí.

Yo me encargo de eso.

(ROSA) (SUSPIRA) Estoy temblando...

de emoción.

Y de miedo. Tranquila,

que yo no se lo voy a decir a nadie.

No, no, si no es por eso.

Bueno, que también.

Pero me fío de ti.

Yo estoy acostumbrada a guardar secretos.

¿Y a qué más tienes miedo?

Mi madre...

decía de un mariquita que había en el pueblo...

que quien probaba con él luego ya no quería conocer mujer.

Y que eso siempre pasa cuando te acuestas con quien no debes.

Antes me has dicho que querías pedirme un favor.

Dímelo.

Yo por ti hago lo que sea.

Me parece que se ha sentado usted muy rápidamente.

Y perdone que sea descortés. ¿Tiene prisa?

Mucha. Tengo una reunión muy importante y no puedo llegar tarde.

Con su mecenas.

¿Y a usted qué le importa?

Me han dicho que una mujer le compra todo lo que pinta.

Ajá. Federico, ¿verdad?

Pero qué chismoso es. No, no ha sido él.

Y entonces, ¿cómo lo sabe?

Rumores.

Rumores...

No intente usted defenderlo.

Lo ha embaucado a usted también. No lo culpo, amigo.

Federico es capaz de venderle un bañador a un esquimal.

Es encantador y yo lo aprecio, pero es que él...

él busca algo que yo...

yo no busco.

¿Me entiende? Me hago una idea.

Y yo no sé qué hago hablando de estas cosas con usted.

Que tengo prisa, de verdad, ¿eh? Hábleme de esa mujer, por favor.

¿Y por qué quiere conocerla?

Bueno, yo... también pinto.

Ah. Razón de más para no presentársela.

Pero yo creo como usted en... en un nuevo arte.

Un nuevo arte.

Hay solo un arte,

y en pintura es el arte de Zurbarán y el de Velázquez.

Grande Velázquez.

Estoy pensando en dejarme el bigote como él,

a ver si así se me pega algo de su talento.

Todo el mundo hablando del nuevo arte para hacerse el interesante,

y lo peor es que tenemos que hacernos los excéntricos

para que nos consideren artistas modernos.

Qué harto estoy.

Pero ¿no cree usted en... en el cubismo?

No. ¿Y en el surrealismo?

Menos. ¿En qué cree entonces?

En lo que más dinero dé.

Has estado genial. No ha habido manera.

Amelia, ¿puedes venir un momento?

Yo también voy a empezar a prepararme.

¿Me acercáis el libreto de apuntador?

¿Qué es esto?

"Para Alonso".

¿Otra foto?

Es Blanca.

Mi mujer.

"Puedes evitarlo". Será miserable...

Y también lleva el sello del Ministerio.

Alguien va a pagar por esto.

Pero ¿dónde se meten ustedes por las noches?

Conozco un sitio con buen vino

y podemos hablar de nuestras cosas tranquilamente.

Y va a ser él.

¡Eh! Alonso, que te pierdes.

Así no se trata a las damas.

Mancillad su honor y os las veréis conmigo.

¿De qué siglo viene usted, amigo?

De uno en que los hombres se comportan con las mujeres

como caballeros; y si no es así, lo pagan.

Alonso, por favor, no es para tanto.

¿Me amenaza? ¿Se quiere batir en duelo?

¿Podríamos llegar a una acuerdo? Tú pides excusas y tú las aceptas.

Jamás. Nunca.

Me voy con Irene.

Si queréis un duelo, lo tendréis.

Elegid vos las armas.

Armas. A puño vivo, amigo, que lo mío es el boxeo.

¿Qué es eso?

El boxeo es un deporte de caballeros donde solo se usan los puños.

¿Solo los puños? Sí.

¿No se puede morder?

No.

¿Y arañar? No, claro que no.

¿Tampoco se pueden dar cabezazos? Tampoco, Alonso.

¿Y a eso lo llaman pelear?

Pues ya está.

¿Estás bien? Sí.

Solo hay una cosa más estúpida que el ser humano en general.

¿El qué? Cada hombre en particular.

(CARRASPEA) ¡Dormid!

¿Acaso les habéis pagado? ¿Qué broma es esta?

Broma ninguna con los muertos.

¿Quién sois? -Bien lo sabéis,

el fantasma del comendador.

Os advierto que si no sois el muerto fiambre saldréis de aquí.

Decidme, ¿qué queréis?

-Con vos quiero hablar, don Juan,

que vendréis conmigo para recibir castigo,

pues os reclama Satán. -¡"Vade retro".

-Eso es, don Juan, que se va concluyendo vuestra existencia,

y el plazo de la sentencia fatal ha llegado ya.

¿Qué queréis?

Os digo que hace poco perturbasteis a mi Inés,

que no hay mujer más santa.

Vuestra alma es condenada a vivir días malditos,

y por sus crímenes y delitos no tendrá gloria ni perdón.

Oh, esto un sueño ha de ser.

-Vuestra hora va a expirar

y doblando las campanas por vos están

y cavando la fosa en que os han de echar.

Acompañadme, rufián.

(DON JUAN) (ATERRADO) No, no.

¡No!

Cortamos.

No me digáis que no os ha gustado.

Es lo mejor que he visto en mi vida.

-Muy bien. Muy, muy bien.

Silvia, sube. Blanquea más a Pepín.

Vamos a la siguiente escena, ¿vale?

¿Julián? Dime.

He encontrado este sobre a su nombre.

Gracias.

-Más convulsión, más que estéis viendo ahí... todo.

Don Juan ha subido, ha bajado, ha vivido...

Lo ha hecho todo don Juan, ¿vale?

Tiene que ser...

grande.

(MASCULLA) Hijos de puta.

Tranquilo, tranquilo.

Me parece que Lola no va a venir.

Mejor volvemos a la residencia.

Vamos.

(Pasos acercándose)

¿Y Lola? No ha llegado a su cita.

(MUJER) (LLORA)

Esa es la joven de los "affaires". Esperad un segundo.

Amelia, por favor. Un segundo.

(MUJER) (LLORA)

¿Qué haces aquí escondida?

¿Sigue Julián sentado ahí fuera? Sí.

Bueno, pues no quiero salir hasta que se vaya.

Es que...

he sido tan tonta, Amelia.

Tenías razón. No puedo ilusionarme con ningún hombre.

Lo que tengo que hacer es terminar mis estudios.

Me alegra oír eso.

¿Por qué no me dijiste la verdad sobre Julián?

Me hubieras evitado el disgusto, ¿no?

¿Qué no te he dicho de Julián? Que le gustan los hombres, Amelia.

Lo que oyes. Esta tarde me lo he encontrado...

abrazado a Federico como una lapa y...

y te aseguro que Federico no es de los que les gustan las mujeres.

Es que... Es que no entiendo cómo los únicos hombres interesantes

o están casados o...

o son homosexuales. Es que no es justo, Amelia.

Es que...

ese hombre lo tiene todo, es...

educado, inteligente y...

y va a ser un médico estupendo,

porque no sabes cómo se las apañó el otro día con el director.

Además es tan guapo...

Sí.

Lástima que tenga el corazón en otros asuntos.

Vamos, anímate.

Esto es una tontería. Se te pasará enseguida, te lo prometo.

Gracias. ¿Por qué?

Bueno, por preocuparte por mí.

Nunca pensé que iba a decir esto.

Estoy decepcionado y mucho.

No encuentran a Lola Mendieta,

usted se pelea con Buñuel por el honor de su compañera.

Por Dios y por la Virgen, Alonso.

Estaba en 1924, no en su época.

Usted es una máquina de matar,

un soldado como no hay otro en el Ministerio.

Lo siento. No me pude controlar.

Después de ver esto tuve que sacar toda la rabia

que tenía dentro de mí. ¿Otra foto?

Y con el sello del Ministerio.

¿Qué pasa, que tienen un álbum de nuestras vidas?

Julián, ¿adónde va? Estoy harto de tanta mentira

y de jugarme la vida por el Ministerio.

Me importa una mierda la "tablet" que pintó Dalí.

Salvamos la vida del Empecinado,

cuando el rey se lo iba a cargar igual.

Lorca es de puta madre, pero no puedo evitar que lo asesinen

como no puedo evitar que mi esposa muera.

Julián, espera.

Creo que tenemos que hablar.

Y será mejor que lo hagamos fuera del Ministerio.

Si el objetivo de Lola Mendieta era minar la moral del Ministerio,

lo está consiguiendo.

Silvia es vuestra nieta. Sí.

¿Y por qué no nos lo habías contado antes?

Pensé que era casualidad, pero después de la foto de tu esposa...

No es la única foto.

Vos también.

Julián, no podemos dejarnos arrastrar por la rabia y el dolor.

Eso es precisamente lo que Lola está buscando.

Primero ataca al Ministerio con el cartel de esa obra de teatro

y nos hace estar allí.

Luego nos ataca a nosotros recordando nuestro pasado

para que nos rebelemos. No me faltan ganas de hacerlo.

¿Y vos qué decís?

No tengo claro que sea Lola.

No es de mi devoción, pero no para llegar tan lejos.

¿Y quién si no?

Aunque le agradezco una cosa.

Me ha abierto los ojos.

(Móvil, vibrador)

Quiere hablar conmigo mañana en la residencia.

A solas.

Os equivocáis de culpable y lo sabes, Amelia.

Si no, jamás habrías quedado conmigo a solas.

¿Y la "tablet"? Mía.

Me dejé el bolso en la habitación de Dalí

y el muy fisgón me lo miró todo.

Cuando me di cuenta ya estaba dibujada.

Entonces eres culpable,

tanto como de encargar a Dalí cuadros que subastas en 2015.

Sí, reconozco que he pagado a Dalí por dibujos y cuadros

y que he ganado mucho dinero.

Estados Unidos y Japón se vuelven locos con Dalí.

Pero de las fotografías que dices que habéis recibido yo no sé nada.

Eso te lo juro. ¿Y por qué creerte una cosa

y la otra no? Amelia, piensa.

Yo me estaba forrando con los dibujos de Dalí.

El día que Irene y tú lo seguisteis

me iba a entregar media docena de dibujos que ya no tendré nunca.

¿Nos viste? Siempre doy un rodeo

antes de llegar a mis citas.

Recuerda que fui espía. Sí.

Tan buena espía como para organizar algo así.

Yo no he sido, Amelia.

Sí, odio el Ministerio, pero no a los que lucháis en él.

Yo también lo hice... muchos años.

Lo siento, Lola.

(Puerta abriéndose)

Me has traicionado.

No, has traicionado tú al Ministerio.

Siempre me dices que nos engañan, pero la que me ha engañado eres tú.

No he sido yo. Por las veces que sí habéis sido.

Vamos.

Muy bien. Ahora me detenéis,

pero no tardaréis en traicionar al Ministerio vosotros también.

Tendrás noticias mías, Amelia. Dejad de amenazar ya

o el camino de vuelta al Ministerio

se os hará más largo de lo que pensáis.

Felicidades por su trabajo.

Por fin tenemos a buen recaudo a Lola Mendieta.

¿Dónde la van a llevar, al penal del Ministerio?

Ajá. Es lo que toca.

¿Le da pena Lola?

¿No recuerda al Empecinado?

¿O al sujeto que se fugó al futuro para ser corregidor de Salamanca?

¿O que por su culpa los nazis casi controlan este Ministerio?

Además, muy bien no os ha tratado, ¿no?

A ti te envía la foto de tu boda, a Alonso la de su mujer maltratada

y a Julián...

le recuerda el día más triste de su vida.

Se lo merece. Por Dios, Amelia,

¿aún queréis más razones?

Una mujer que ha luchado por la libertad no merece ese final.

Tal vez no lo merezca. ¿También usted ha sucumbido

a los encantos de Lola Mendieta? No, pero ella no es la culpable.

¿Y quién es, si no?

Tú.

¿Cómo sabías que recibí una foto? Aquí no lo he dicho.

Eso es cierto.

¿Y dónde encontramos Alonso y yo las fotos?

En el teatro. Exacto.

Y la última foto me la dio Rosita, la que hace de doña Inés.

La encontró en su libreto.

Y quien más contacto ha tenido con ella has sido tú.

Irene.

Dígame que no es cierto.

Lo es.

-Sabías que Lola subastaba dibujos de Dalí desde hacía un mes

y en vez de intervenir, lo silenciaste, ¿no?

Has trabajado como lo haría Lola para que creyéramos que era ella.

Pero todo el tiempo eras tú.

¿Por qué lo ha hecho?

Porque yo no soy la culpable de todo esto.

Es usted, Salvador.

Es por lo de Leiva, ¿no?

Usted permitió que nuestro mejor agente se pudriera en la cárcel

gracias a mí, que me infiltré entre los rebeldes.

Era tu obligación. Sí,

pero no a costa de tanta injusticia.

Porque ¿qué he ganado yo? Dígamelo.

He perdido mi vida y a mi pareja.

Todo esto es una mierda y usted lo sabe.

Yo solo sé que sois mi superior y que me habéis traicionado.

No me importa el castigo que os ponga el Ministerio.

No os perdonaré en la vida.

Esos rebeldes, Leiva, dieron la cara.

No urdieron un plan para culpar a otro,

no tiraron la piedra y escondieron la mano.

A lo mejor se me está pegando el estilo del Ministerio.

Ernesto.

Llévesela.

Cuidaos mucho, por favor.

El Ministerio trata a sus agentes como si fueran clínex.

Los usa y los tira.

Por favor.

Nunca me dolió tanto decir a alguien que ha hecho un buen trabajo.

Excelente.

Y ahora déjenme, por favor.

Necesito estar solo.

¿Y ahora en quién podemos confiar?

En nadie.

¿Qué hacemos?

Acabaré la película en la residencia.

Luego se toman una copa. Yo iré.

Y tú deberías ir. Así preguntas a tu nieta qué fue de tu vida.

Creo que prefiero no saberlo.

Gracias. Pues yo pienso ir,

a despedirme de Federico.

¿Federico? Cuidado, que os ha calado bien hondo ese poeta, ¿eh?

Y creo que quiere algo más

que una charla con vos. No.

Él está enamorado de Dalí y lo estará bastantes años.

Lo he leído.

Me he documentado mucho sobre él.

Escuchad este poema.

A ver si lo encuentro... Aquí.

"Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron".

Es estremecedor.

Y lo es más si sabes que lo escribió en 1930

en su libro "Poeta en Nueva York" seis años antes de que lo mataran.

Junto a otros dos hombres, dos banderilleros.

Tres esqueletos. Y a día de hoy...

todavía no se ha encontrado su cuerpo.

Lorca tenía sueños premonitorios. Este no es el único.

Quiero darle un abrazo. De la buena gente hay que despedirse.

Voy contigo. Quiero despedirme también de Silvia.

¿Y tú?

Lo mismo puedes pelearte otra vez con Buñuel.

Ya cometí un error, no volveré a cometerlo.

No, prefiero...

dormir.

Suerte, amigo.

Señores, quiero brindar.

Un brindis por la obra de arte que hemos hecho juntos.

Y por las que haremos. Un brindis por el futuro.

(TODOS) Por el futuro. -Y por el talento,

que sin él no hay futuro.

¿Estás mejor? Ajá.

Bueno, todavía duele un poco.

No puedo entender, con lo guapo que es, que le gusten los hombres.

(FEDERICO) Por el futuro. Y por el talento.

¿Y qué vas a hacer ahora? No pareces muy alegre.

No lo estoy.

Buñuel se va a París y Salvador se va con él.

Julián, ¿puedo hablar contigo a solas?

Claro. Pero lo importante es que ahora

te centres en tus estudios.

Sí, si tienes razón. Ya habrá tiempo.

¿Tiene un momento, señorita? Claro.

Es privado.

Madre mía, la de secretos que hay en esta residencia.

Usted dirá. Lola Mendieta

me dio un sobre para usted.

Me dijo que se lo entregara en caso de no estar aquí ella.

Gracias. Gran mujer esta Lola.

Debería haber muchos como ella

para que el arte de este país dejara de ser tan pueblerino y miserable.

Tal vez así no tendríamos que irnos todos a París.

¿Aplico los procedimientos habituales?

¿Con Lola? Por supuesto.

Y con Irene también, ¿no? -No, con Irene no.

La enviaremos a un centro de readaptación para que se reponga.

No podemos perderla.

-Sabe que soy el último al que le gustaría hacer esto,

pero ha atentado contra el Ministerio.

Y aunque niegue que ayudó a escapar a Leiva,

fue ella la última que lo vio antes de su fuga.

Seguro que le dio alguna droga para que pareciera que había muerto.

No lo reconocerá nunca porque no fue ella quien lo hizo.

¿Ah, no?

¿Y por qué está usted tan seguro?

Porque fui yo.

Así que si quiere aplicar el reglamento

es a mí a quien debe enviar al penal.

Así que fue usted.

Ajá.

Por eso Leiva me perdonó la vida cuando volvió al Ministerio.

"¿Vas a matarme? -No.

Voy a dejarte vivo por dos razones,

porque te lo debo

y porque quiero que vivas para ver cómo se derrumba este Ministerio".

Yo mismo le administré la droga.

Yo hablé con el director del penal.

Sí, ya sé que tenía que haberlo hecho hace tiempo.

Era nuestro mejor agente.

Nuestro amigo.

Y no había derecho a que se pudriera en aquel infecto penal.

¿Qué tiene este Ministerio que nos convierte a todos en hijos de puta?

¿Qué piensa hacer? -Sabe que le soy

y le seré siempre leal, a usted y a este Ministerio.

No quiero ni pensar qué sería de todo esto sin usted.

Gracias.

Bien.

¿Oficialmente qué hacemos?

Ya tenemos una culpable, ¿no?

Lola. -Sí, Lola.

¿Y qué le contamos a la patrulla?

La verdad.

Pero a su debido tiempo.

Tú también te vas, ¿verdad?

¿Por qué lo dices?

Porque tienes carita de adiós.

¿Tanto se me nota?

Pues sí.

Puede que no volvamos a vernos.

No estés tan seguro.

Aún nos quedan los sueños.

Anoche imaginé un poema.

"El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero...

Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño".

Pero ¿cómo puedes saber un poema que imaginé anoche?

Tú vienes del futuro, ¿verdad?

Federico.

Adiós, amigo.

Despídeme de los demás.

¡Julián! Tengo que hablar contigo. Tengo algo importante que hacer.

No debí venir. Total, ¿para qué, si no puedo salvarlo?

Estoy harto de que me manipulen,

de que me digan lo que debo o lo que no debo hacer.

Vas a salvar a Maite, ¿verdad? Sí.

Y no intentes impedírmelo. No te lo voy a impedir.

Te voy a ayudar.

Alto ahí.

(ASUSTADO) ¡Ah!

No puede ser.

Estáis muerto.

Lo estoy.

Y en cuerpo presente os digo

que hace poco perturbasteis a mi Blanca,

que no hay mujer más santa.

Si lo volvéis a hacer, habréis de venir conmigo

para recibir castigo, pues os reclama Satán.

No. "Vade retro".

Vuestra alma sin salvación,

que vivió días malditos de crímenes y delitos,

no habrá gloria ni perdón.

Os... Os juro que no lo volveré a hacer.

(MUJER) ¿Alonso?

Alonso, ¿eres tú?

Soy la sombra del que fue.

¿Vienes del cielo?

¿O del infierno?

Del cielo, mujer.

En el infierno no dan licencias.

Y volveré cada vez que sepa que sufrís.

¿Eres mi ángel de la guarda?

Sí.

Lo soy y lo seré.

De vos...

y de nuestro hijo.

Me gustaría abrazaros.

Pero sois un espíritu.

Volveré a serlo endespués de que me abracéis.

(Claxon lejano)

Ya has vivido esto más veces, ¿no? No me lo quito de la cabeza.

No debías haber venido. Quiero ayudarte.

Es la mujer de tu vida. Quiero que sea más que un recuerdo.

(Ruedas chirriando)

(Aviso sonoro para peatones)

¡Cuidado!

(Aviso sonoro para peatones)

Vámonos.

¡Vamos, Julián, estás a punto de llegar! ¡Vámonos!

(Sirena de emergencias)

Maite, no, no.

No, por favor.

¿Cuánto le durará el efecto del mejunje que le habéis dado?

Un par de horas.

Voy a tumbarme un rato al sofá.

Tranquila. Yo me quedo haciendo guardia.

Yo lo he conseguido, Julián.

He conseguido cambiar el destino de mi esposa.

Recé para que lo consiguieras vos también.

  • T1 - Capítulo 8 - La leyenda del tiempo

El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 8 - La leyenda del tiempo

13 abr 2015

Una tablet aparece en una película del año 1923 realizada en la residencia de Estudiantes. La patrulla debe viajar allí para recuperarla. Pero lo que se encuentran es con un ataque organizado al propio Ministerio: publicación de sus fotos… Y nuestros protagonistas son también sacudidos al recibir datos de su vida personal que les pondrán a prueba en su lealtad al Ministerio. ¿Merece la pena salvar la vida de insignes protagonistas de nuestra Historia cuando a cambio no pueden salvar la de sus seres queridos?

Por otra parte, conocer a Buñuel, Dalí y, sobre todo, a Lorca supondrá para Julián un impacto emocional inolvidable.  

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