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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

A ver, tenemos...

Uy. Esta es una romántica empedernida.

Mira, y le encanta viajar.

¿Y qué me dices de los atardeceres de Iguazú?

Llámame sensible si quieres, pero yo, cada vez que voy allí,

me emociono. ¿Sabes a lo que me refiero?

Yo, si tuviera que elegir un lugar para vivir,

me quedaría sin dudarlo con... Praga.

Joder, maja...

(RÍE) Cómo viene el tema.

Pasa muchas veces igual que con los rifles.

El calibre ahí se encasquilla...

Perdona.

Me estabas hablando de Praga, ¿no?

A ver, Gloria. Aquí pone...

¿Esto está bien? Está muy bien.

Máquina, que eres un máquina.

De máquina, nada. Nos vamos a forrar, socio.

Si no fuera por las facturas, iba a estar yo...

A ver, que esto es algo transitorio.

Sí, sí, sí. Muy transitorio.

(RÍEN) Me encanta, me encanta.

De hecho, bueno, ya lo decía San Agustín, ¿no?

Aquello de "ama et quod vis fac".

Ama y haz lo que quieras.

Esa frase la tengo enmarcada yo en mi casa.

No. Te lo juro.

No lo puedo creer.

Qué fuerte... Por favor, un brindis.

Ah, no. Yo tengo absolutamente claro

que el latín y el griego lo pasaría directamente

al temario de secundaria, vamos. Sí, ¿verdad?

Olé, olé. Olé.

Eso sí que son bombas de mano, y no lo que tiraron al Ebro.

Bueno, látex o silicona, ¿qué más da?

Mientras se sostenga una bicicleta en medio,

viva el látex, la silicona y la madre...

(RÍE) Olé.

Perdóname. Perdóname, que ha sido ver arsenal

y se me va la olla.

¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, de la reforma educativa.

Sí, bueno.

Real...

No, en serio. ¿Cómo lo haces?

Recursos.

Papá. ¿Sí?

¿Puedo hacerte una pregunta?

Claro que sí, hijo. Lo que quieras.

Hum... ¿Tú...

a qué te dedicas?

¿Cómo que a qué me dedico? ¿A qué va a ser, hijo? A trabajar.

Hay que traer las habichuelas a casa.

Ya, bueno, hasta ahí llego. Pero...

¿A trabajar en qué?

A ver. No es fácil de explicar, es cierto.

Pero, bueno, pues... Digamos que ayudo a la gente.

Eso es lo que hago. Ayudo a la gente.

Ayudar a la gente...

Pero ¿cómo?

¿Cómo que cómo? Pues que cómo. A ver.

Los bomberos ayudan a la gente apagando incendios.

La policía, atrapando chorizos. ¿Tú cómo ayudas a la gente?

Recursos humanos. Eso es lo que hago.

Es que lo necesito para un trabajo del "insti".

¿Y en qué consiste eso de los recursos humanos,

exactamente?

Joder, Chema, cuando coges el carrete, hijo,

válgame el señor.

Exactamente, exactamente. Tiene que ser así.

A ver, ¿qué se necesita

para trabajar en eso de los recursos humanos?

Recursos.

(SUSPIRA)

Qué barbaridad, hijo. ¡Uy, uy!

Qué susto me ha dado. Cuánta generosidad.

Bueno, bueno...

No tiene importancia, uno hace lo que puede.

Aquí, cuando me dicen que hacen lo que pueden,

lo único que echan es calderilla. Uy, la gente... La gente cómo va...

A la cuarta pregunta les das aquí y no...

Y con lo tuyo, y al ritmo que llevas,

podemos ampliar la iglesia. (RÍE) Qué exagerado es, padre.

No, no, no. Y poner una capilla ahí, al fondo.

(RÍE) Para nuestra señora

del perpetuo remordimiento.

Venga, Hugo.

Cada vez que pasas por aquí,

tienes "culpa" escrito en la frente.

(TARTAMUDEA) ¿Culpa yo? Sí...

Imaginaciones suyas, padre. Uy, uy...

No tengo ningún motivo. Hugo.

Aprovecha que estoy y cuéntame. Otro día, padre, sinceramente.

Hoy he quedado, tengo clase de zumba y no voy a faltar.

Sí, claro. Tú... Tú...

Tú en zumba y yo con la curiosidad que me llevan los demonios.

Perdón, perdón. Es una forma de hablar.

Estoy de chismes de viejas hasta la coronilla.

Para una vez que tengo un pecador de verdad...

¿Eh? Otro día vengo y se lo cuento.

No. Se lo juro.

¿Dónde vas? No, no. A mí no me dejes así, ¿eh, Hugo?

No. No, no, no. Dime algo, no sé.

Primero, un titular, un algo, un esquema.

Hugo, por favor. ¡Hugo!

En la anterior cita no me dijiste que te gustara el golf.

Ya. Pues no sé. Se me pasaría, o yo qué sé.

Ay, gracias.

Pues en mi familia juegan casi todos.

Y la mayoría de mis conocidos, también.

Pero a mí... No sé.

Nunca me ha llamado mucho. Pues no lo entiendo.

¿Qué te voy a decir? No lo entiendo.

El golf es el deporte perfecto.

¿Qué digo perfecto? Es mucho más que eso.

Es una combinación entre disciplina, equilibrio

y... Te estoy aburriendo, ¿no?

Que no, qué va. Para nada.

Me encanta oírte hablar de golf. Se nota que te apasiona.

Me encantan los hombres apasionados. Sí.

No te equivoques.

El golf para mí va mucho más allá de la pasión.

El golf es una religión.

Ajá. Es una forma de vida.

Un estilo. No es un deporte.

Como yo digo: "Al golf se juega, pero con el golf no se juega".

Cuidado, ¿eh?

Y, bueno, basta ya de hablar de golf.

Y a ti, ¿qué te gusta?

¿Qué te apasiona? ¿A mí?

Sí. (RÍE) Uf...

Viajar... Ah.

Leer... Ya.

Ir al cine. Me encanta el cine.

Las comedias románticas, es... Previsible, pero bueno.

Previsible, ¿por qué? ¿Por ser mujer?

A los hombres no les pueden gustar las comedias románticas, ¿no?

A ti, por ejemplo, ¿te gustan? Uy, me encantan.

Si no es comedia y no es romántica, no es cine.

(RÍE) Ay, Víctor, eres ideal.

Tienes una frase para cada cosa. ¿Sabes a quién me recuerdas?

¿Yo? A Jerry Maguire.

Ah... Jerry Maguire. (RÍE)

¿La has visto? Me encanta.

Me quedo con la escena donde él entra al camerino...

(ERUCTA) ¡Ay!

¡Cuidado! Estaba fuera.

Y digo:

"¿Para qué lo voy a devolver a chiqueros?"

No, no, no. Salud.

Mejor sacarlos, que si no se quedan ahí.

Jo. Se ha atravesado.

Se ha atravesado. Me temo que no...

Uy, cuidado. Cuidado. Uy... ¿Qué?

Uy, que me ha entrado el rayo. Uy... Uy, retortijón, claro.

Y anoche me puse...

Perdóname, que no llego. No llego, maja.

Uy, uy, cuidado. Pero...

Cuidado, va. Va, cómo voy. Ve pidiendo la cuenta, por favor.

Y vamos a escote, yo no voy a pagar.

No he pedido. Y el vino, tampoco, con lo cual...

Te has puesto a morapio... De eso, nada.

De eso, nada. Uf...

¿Quieres que pague lo de los dos? Que no, bobo. Que pago yo.

Mejor. Por eso no vamos a discutir.

Así... Uy, uy, uy, cómo voy, maja...

Cómo voy. Uf... Tranquilo, tranquilo.

Invito yo a la comida y tú, al postre, ¿vale?

Para postres estoy yo. Uf.

Te acompaño al coche, ¿lo tienes lejos?

No, aquí al lado.

Pero podemos dar una vuelta antes. Hace tan buen día.

Ya, lo único que yo, a las cinco tengo que ausentarme.

Tengo una cita importantísima en un bufete.

Olé, olé y olé.

Eso sí que es un portón trasero, niña.

Ahí me hacía yo una barbacoa. ¿Has visto qué culo?

Perdóname, no me he podido contener.

No, haces bien. La chiquilla se lo merece.

¿Y qué quieres que te diga? A mí, yo, viéndote

lo que te gustan las mujeres, me dejas mucho más tranquila.

Pues pensé que te podía haber molestado.

¡Para nada! ¡Para nada!

Me encanta que seas tan espontáneo.

Claro. Eso tienes que hacer, relajarte.

Que a veces te noto como muy tenso.

Sí. Como muy Harry.

De "Cuando Harry encontró a Sally". La encontró, sí.

No me digas que no la has visto. ¿Por quién me tomas?

Ah... No, igual... Digo: "Vete a saber".

¿Que no conoces "Cuando Harry encontró a Sally"?

Ya, pero es que no era sólo esa, ¿eh? Perdona.

Que si "Mejor imposible", "Los puentes de Madison",

venga, venga...

Yo no sé quién tiene tiempo de ver tantísima película.

Pues mira, tú a partir de ahora.

Te voy a poner deberes, como al Chemita.

¿Eh? (RÍE) Tómatelo como... Como una fuente de inspiración.

Entrenamiento para tu trabajo. Sí.

Entrenamiento, pero no sería para ella, Gloria.

No había manera de librarme de ella, te lo juro.

Y tiré de arsenal completo, de arriba abajo.

El apretón, el piropo chungo, el eructo... Nada.

Le hice la tres catorce barra sesenta y cinco.

Te ha tocado un hueso duro de roer.

Alguna vez tenía que ser la primera.

Yo te juro, Gloria, me puedes creer o no,

que mi comportamiento con ella rayó la mala educación exquisita.

No había manera. Madre mía...

Pero si es que tú tienes un don.

Oye... Comen de tu mano.

¿Se puede saber dónde vas? ¿Yo?

Me estás poniendo nervioso, "pim pam".

Al pueblo, a ver a mi prima. ¿No te lo dije?

No. Bueno, pues te lo digo ahora.

¿Al pueblo? Sí.

¿Tan "explosion"?

Así, con todo en venta. No.

Voy normalita, normali...

Que pierdo el tren. Bueno, va, va.

Deja, te la llevo yo. No.

Te la llevo yo. Que no, que tiene ruedas.

No permito que la bajes tú. Tengo el coche abajo, te llevo.

(Claxon)

(SUSPIRA) Lo sabía.

Sabía que era él, algo me lo decía.

Lo que no entiendo es por qué me engañas.

Que, por otro lado, no me engañas. Te engañas tú.

¿Me dejas en paz, que no eres mi padre?

Hola, amor. ¿Qué tal?

¿Cómo estás, fenómeno? Te veo muy bien.

¿Cómo estás? Bueno, y a ti.

¿Qué tal, amor? Bien.

Déjame, ya lo cojo yo. Deja, ya...

Ya la cojo yo. No te preocupes. No. Que no...

Lo meto yo. Te veo fuerte, ¿eh, Hugo?

¿Entrenas? ¿Juegas al pádel? Sí.

¿Echamos un día un partido juntos? Pides tú pista... O no, mira.

Mejor, tengo la tarjeta de mi club. Llamas de mi parte y pides pista.

¿Qué te parece? Vale. Bien.

Eh... Oye, ¿y cómo hacemos? ¿Jugamos a dobles?

Tú con Gloria y yo con tu mujer, por ejemplo.

Hugo, por favor, no empieces.

No ha dejado a su mujer. No.

No has dejado a tu mujer, ¿verdad? No.

Nadie ha dejado a nadie. Pero la separación es inminente.

Es un proceso en el que no hay marcha atrás.

En estos momentos de absoluta crisis sentimental, Hugo,

lo importante es mantener la calma, encontrar el momento óptimo para...

Para que baje la prima de riesgo, no te jode.

Venga, Ramón. Déjate de mítines, anda.

Que la única que está haciendo la prima es Gloria.

La utilizas como te da la gana, cuando quieres. El riesgo es este.

Ah, no, no. Perdóname, Hugo.

Hablas desde el corazón, te entiendo.

Pero tu discurso es populista. ¿Cómo?

¿Populista yo? Sí.

¿Yo, populista? Por favor, vete a buscar a tu hijo.

A ver, permíteme, Gloria.

Metiéndote donde no te llaman.

Que tengas buen día, Hugo.

Recuerda: compromiso y transparencia. Ese es mi lema.

Cambiaré tu opinión sobre mí.

No tienes cara...

(Claxon)

¿Qué tal, hijo?

¿Qué tal el día? ¡Eh!

Esa carita, ¿qué te pasa?

Papá, ya te he dicho que puedo volver solo a casa.

Pero si a mí no me cuesta acercarme.

¿Cuál es el problema? A ti, no,

pero a mí me va a costar mis colegas. Que ya no soy un niño.

Ya. Entonces, de la merienda, ni hablamos, ¿no?

Guárdate eso, que me arruinas la vida.

¡Hugo!

¡Sí! La que faltaba, la Merkel.

Pues por fin me he enterado de a qué te dedicas.

¿A qué me dedico? No sé lo que te habrán contado.

(RÍE) Bueno, a recursos humanos, ¿no?

Ah, sí, sí. Perdón, perdón.

Es verdad, recursos humanos, culpable.

Me lo ha contado Chema.

Ya.

Por lo de las charlas. (CARRASPEA)

Las charlas. Sí, charlas.

¿Qué charlas?

Los padres y madres están viniendo a clase a dar charlas

sobre sus trabajos. ¿No te lo ha dicho Chema?

Eh... No. Se ve que últimamente tiene otras prioridades.

No es obligatorio, que conste. No es obligatorio...

Aunque todos los padres han confirmado asistencia.

No ha fallado ni uno. Todos.

Debe de ser que a los chicos les hace ilusión.

Claro. Ya sabes que a estas edades

compiten por todo. Sí...

Pero, oye, si no puedes...

No, no, no. Por favor, apúntame.

Muy mal se tiene que dar para que en un momento no...

Muy bien. Pues confirmo tu convocatoria

y, cuando te llegue, eso sí te pido, puntualidad.

No, no te preocupes. Te aseguro que tendré puntualidad germánica.

Uy... Perdóname. Ha sido... Hasta luego.

Hasta luego.

No me lo puedo creer, Ramón. No me lo puedo creer.

No me dijiste que me traías a una convención de tu partido.

No es relevante. Lo importante es estar juntos.

O sea, que me toca estar sola. Comer sola, cenar sola...

No, en absoluto. Lo tengo todo pensado.

Estrecho un par de manos, hago un par de fotos

y pasamos el resto del fin de semana juntos.

Vamos a estar en la mejor suite del hotel.

Ya. Con jacuzzi.

Pedimos champán, fresas... Ya sabes. Ya.

Que puedo salir de la habitación, ni hablar, ni ver a nadie.

Como en Bilbao, que me quedé sin ver el Guggenheim.

¿Quién quiere ver el Guggenheim con estas vistas? Venga, anda, tira.

Hombre, Jorge.

¿Qué tal? No, en cinco minutos estoy contigo, ¿eh?

Entiéndeme, cielo.

Está todo lleno de gente del partido.

Pero te aseguro que, en cuanto la campaña pase,

lo nuestro dejará de ser secreto. Ya.

Eres un romántico.

Y yo, una boba.

Anda, que si lo llego a saber...

Eres muy comprensiva. Mira, ahí va Pepe.

¿Lo conoces? ¿Pepe?

Sí, es vocal de alguna comisión. No sé.

Pepe es abogado. Su bufete es especialista en divorcios.

Le he pedido que me lleve el mío y lo está considerando.

¿En serio? Sí. Palabra de boy scout.

Pasa. Ahora, pasa. Sí, sí, sí.

(TELEVISIÓN) "Robert se inclinó como cogiendo algo de la guantera".

(CHASQUEA LA LENGUA) Pero vete con Clint, hombre, vete con Clint.

No vas a tener otra oportunidad como esta.

(TELEVISIÓN) "Una semana antes..."

(Portazo)

Hola, ¿hay alguien en casa? ¡Chemita!

¿Qué tal, hijo? ¿Qué tal el día?

¿Qué ves? Una película de Clint Eastwood.

"Los puentes de Madison".

Bah. Me la habían puesto por las nubes y... (RÍE)

¿Tú te crees, una película de Clint?

Ni un tiro, ni una persecución, ni un "alégrame el día".

Este hombre, desde que hizo "Sin perdón",

se ha venido abajo por completo, ha perdido mucho.

Ha perdido mucho.

Fuera. Toma.

¿Qué es esto? La fecha y la hora de tu charla.

Ah, mira, de esto quería hablar. Siéntate. Siéntate, anda.

A ver, Chemita.

En el "cole" me dio la impresión de que no... No sé.

No te sentías muy a gusto.

Cuando te recogí: "Papá, ya soy más mayor,

tal, no sé qué".

A ver si voy a ir a dar la charla

y te vas a sentir incómodo. No, no, qué va. Por mí, bien.

¿Seguro? Lo último que quiero es que te sientas mal.

A ver, yo tengo ganas de que vengas. Ganas.

¿Cuántas?

Yo también tengo ganas a veces de irme a Baden-Baden.

Y luego, no. Voy a Alicante, tomo el sol un rato y ya está.

Ganas, ganas, de uno a diez.

Mírame. A ver, papá.

Si no quieres ir, dímelo, ¿eh? ¿Que no quiero ir?

Si estoy deseando, hijo.

Claro que quiero ir.

Lo que quería era asegurarme, nada más.

¿Sí? Dime "sí".

Sí. Vale. Ay, perdona.

(Teléfono)

¿Sí?

Susana... Ah, Susana.

Qué sorpresa.

Sí, sí. No, no te preocupes. No me molestas.

Sí, sí. Bueno, lo...

Lo único que no sé cómo habrás conseguido mi número de teléfono.

Ay, perdona.

No pude reprimirme y se lo pedí a Gloria.

¿Estás enfadado? No.

Lo único, que me pillas un poco a traición.

Pero, vamos, enfadado no estoy.

Sorprendido, quizá. ¿Seguro?

Sí, sí, sí, te lo aseguro.

Perdóname, que estoy un poco...

verde en estos asuntos.

Es que no sé.

Tengo la sensación de que conectamos tan bien el otro día que...

No puedo parar de pensar en ti. Bueno, no sé.

Pensaba que igual podríamos volver a vernos.

¿Estás ahí? Sí, sí, sí.

Ah... Susana,

¿te puedo llamar en otro momento? Me pillas un poquito liadillo.

Quedamos cuando tú me digas.

Te llamo, me llamas...

Vale. Espero tu llamada entonces.

¿Quién era? ¿Cómo que quién era?

¿Y a ti qué te importa? Cosas del trabajo de papá.

Chemita, oye, por cierto,

a ti como que lo del lenguaje de signos,

como que no te ha taladrado dentro, no?

¿Esto para ti que es?

¿La intermitencia? No, no puede ser.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Un tic nervioso? No, porque haría igual que así, así.

Vete, Chema.

Lo dice la propia mano: vete.

Papá, me tienes muy preocupado.

(SUSPIRA)

¿Qué hay? Vengo muerto. Me cambio y voy directo a la cama.

(Llaman a la puerta)

-Bueno...

Cuánta ropa llevas puesta aún, ¿no?

Ramón... Tú has venido a lo que has venido, ¿no?

¿Qué tenemos, 20 minutos? Que no, palomita.

Lo digo para que te puedas probar esto.

Ah. Anda.

Ay...

¡Ay!

Es preciosísimo, me encanta.

Y carísimo. No le pongo precio a nuestro amor.

Ya. Porque no lo has pagado tu.

Olvídalo, quédate con el gesto. ¿Con qué tarjeta lo has pagado?

Os andáis con unos líos con la cuenta del partido

que al final lo tengo que devolver. ¿Qué cuentas?

Menos preocupaciones y más insinuaciones.

Venga, anda, Ramón... Ramón...

Eres de lo que no hay. (RÍE)

Venga, ¿por qué no te lo vas probando y yo

mientras bajo y me escaqueo de la primera ponencia?

Venga. Venga, venga, palomita, anda.

(RÍE) En cinco minutitos estoy aquí.

Ve pidiendo champán. (RÍE)

Bueno, se trata de optimizar recursos.

-¡Sorpresa! -Pero ¿qué haces aquí?

-(RÍE) Mi madre. -¿Tu madre?

-Sí. Discúlpame, Pepe. Es que es mi mujer, Miriam.

-Encantada. -Encantado.

-Después continuamos, ¿eh? -Pero bueno.

-Mi madre. Mi madre, que dice: "Me quedo con los niños

y así tenéis un fin de semana para los dos".

-Ajá. -Te quejarás de suegra.

-Qué va, hombre. Si beso por donde pisa.

-Hombre, ya podrás. ¿Sabes qué me he traído?

-¿Qué? -El picardías rojo que me regalaste.

¿Te hace "ilu"? -¿El rojo?

Pero si me pongo cardiaco de pensarlo.

-Mira. Me he adelantado y he pedido una copia de la llave.

Subo a ponérmelo. A no ser que quieras ponérmelo tú.

-No, no, no vamos a subir, quiero decir.

Vamos a tomarnos una copa en el bar.

-No... -Me escaqueo de la primera ponencia.

-Que yo no quiero nada en el bar.

Tonto. -Que sí, venga, ven.

-Ven, anda, tira. -Bueno, vale.

Tira. Tira, tira, tira.

Dime. Cielo,

no imaginas lo que me ha ocurrido. ¿Qué?

Mi mujer se ha presentado sin aviso ni consideración.

¿Que se ha presentado aquí? Lo que oyes.

Pues... Pues... Pues deshazte de ella.

Sí, deshazte de ella. ¿Cómo? ¿Que cómo? Pues... (TARTAMUDEA)

Preséntale a Pepe y vais arreglando los papeles del divorcio.

Cari, he pensado que no. Que me voy a dar una duchita.

Si te la quieres dar conmigo, claro. -Claro que sí.

Pero ve yendo tú, que termino con esta llamada y estoy contigo.

-Pues cuelga pronto. -Venga, venga.

Tira, tira. ¡Ramón! Ramón, ¿estás ahí?

Cielo, sal inmediatamente de la habitación

porque mi mujer está subiendo y yo voy con ella.

¿Que está subiendo aquí? Ay...

La madre que te parió. La madre...

Vale, yo me voy, yo me voy.

Pero es la última vez. Te lo prometo, Ramón.

La última vez.

Vamos.

-¿Has visto?

¡Ay! Pero, bueno, qué prisa tienes, ¿no? (RÍE)

¿Qué? ¿Qué mira?

Hombre...

¡Hala! Pedazo de suite.

Y con champán, y dos copas y uvas, como me gusta.

-¿Sí? Pues es que lo acabo de pedir.

Qué eficientes son en este hotel, ¿no?

-¡Hala!

Tenemos jacuzzi y todo. -Sí.

-Es muy bonito, ¿eh? Está genial. -(GRITA)

-¿Qué te pasa? ¿El lumbago? ¿Te ha dado ya?

-No, no. Estoy mirando debajo de la cama. Estoy mirando.

-¿Para qué miras? -A ver si limpian.

-¿Y tú desde cuándo miras eso? -Ahí se sabe si limpian o no, mujer.

-Pero ¿cómo no van a limpiar en un hotel como este?

-Eso digo yo. -¿Adónde vas?

-Abajo, a por unos papeles. Pero en un minuto estoy aquí.

Anda, ve probándote ese picardías porque... Venga, leona.

-Pues date prisa porque estoy muy caliente.

(SUSPIRA)

¡Gloria, Gloria! ¡Espera, espera!

¿Cómo iba a saber que vendría Miriam?

¡Que me dejes en paz! ¡Que me dejes en paz!

Este viaje me ha servido para darme cuenta

que no puedo seguir así. Tienes razón. ¡Tienes razón!

Cambiará, pero no de la noche a la mañana.

Cuatro años, Ramón.

Cuatro años esperándote. Vamos a ver.

Estás muy alterada, Gloria. Te llamo el lunes y hablamos.

¡No!

Se acabó, Ramón, se acabó.

¡Ay!

Ahora... Ahora sí son... Ahora sí son las lumbares.

Ah.

¿Qué te parece? ¿Me sienta bien?

Susana, cuando se viene a jugar al golf,

lo importante es que la prenda sea efectiva.

Ahora no estoy delante de una mujer,

estoy delante de un deportista. Ay, Víctor.

No sabes cómo me gustas cuando te pones solemne.

Ni una broma con eso.

No sé si te he dicho, además, que tengo el hombro luxado.

Una vieja lesión.

Ajá. Y no estoy en mi mejor momento.

Si quieres reconsiderar la clase...

Ni hablar, ni hablar. Vamos.

Que con que me enseñes la teoría, me vale.

La teoría es importante. Desde luego.

Bueno, bueno, qué ilusión.

Siempre he querido conducir uno de estos.

No, no. Ni hablar, ¿eh? Nunca has cogido uno.

Que no, hombre, que sí.

Si además lo hago por tu hombro. ¿No te estaba doliendo?

Ya.

(SUSPIRA)

Con cuidado.

Ay. (RÍE) Hay que encenderlo.

La chicharra, que tarda.

¡Ahora! Cuidado.

Ve parando, que voy mareado.

¡Ay! (RESOPLA)

Sí. Susana, tenemos que volver al primer hoyo.

Empezar por el pie de salida, sí.

Nos hemos dejado el "tea". Yo soy más de "coffee".

Nada. Ni una broma, ¿eh? Perdón.

Si no te lo tomas en serio, suspendo las clases ya.

Ay. Perdona.

Sí.

¿Sí?

¿Qué quieres? ¿Eh?

No, pues no puedo. No. No puedo.

Lo siento mucho. No te puedo subir la pensión.

Pues porque no.

No, pues yo tampoco llego a fin de mes.

¿Qué le vamos a hacer? Sí.

Sí, ya. Bueno, pues haz lo que yo hago, ¿eh?

Llevo más de dos meses comiendo mortadela sin aceitunas,

que sabes perfectamente que no me gusta. Ya.

Venga, hasta luego.

(SUSPIRA) Perdóname.

Mi exmujer.

Me tiene asado en parrillas. Es... Uf..

Ah, ¿has estado casado? Cuatro veces.

No has encontrado a tu media naranja.

Sí, sí.

Sí que la encontré, mi secretaria.

Te puedes imaginar, me cebaba.

Me ponía como...

¿Te crees que va mi última mujer y se enfada?

¡Uh, los celos! Un clásico.

Bueno, venga, ¿nos centramos en esto?

Sí. Vale.

Primero pones la bola en su sitio. Ajá.

¿De acuerdo? ¿Eh?

Y ya la tenemos.

Ah, la pones ahí, ¿no? Eh... Bueno, sí.

La puedo poner aquí, si quieres. Ah, la cambias, mejor.

Bueno, te la cambio, donde estaba.

No. Es que no sabía... La cambio.

Me dices que la ponga ahí. Luego, que la ponga aquí.

¿En qué quedamos? Se nos va el vino en catas.

Bueno...

Bien, ya está. Vale.

Ahora, sentimos el palo. Cogemos el palo.

Muy bien. Cojo el palo.

Sí, bueno, pero casi mejor este. Ah, vale.

Que es más grande. Esto lo quito, ¿no?

¿Eh? ¡Ah!

Bueno. Ahí, siente el palo.

¿Eh? Y ahí, respiramos con suavidad y hacemos el barrido.

A ver.

Uf... Mira...

(MURMURA)

Vale. No voy a pagar los desperfectos.

(RÍE) No. Ya te lo digo.

Mira, ¿por qué no dejamos la teoría y empezamos con la práctica?

Eh... Va a ser la única manera

de que yo entienda cómo va esto. Venga, un poquito más cerca.

Bien. Ahí, mejor.

(RÍE) ¿Qué...? Eh...

A ver, así...

-Oye, ¿esa no es tu mujer?

Bueno, a ver, que tampoco es tan complicado. (RÍE)

Que... Eh...

A ver, así... Vamos a ver...

Quiero decir que esto no es bailar zumba.

Con que relajes los hombros y las piernas,

ligeramente flexionadas, no...

(RÍE) Vamos, me refiero...

A ver así. Que te...

Que no... No... Es que... (RÍE)

No, no, no, seguid con la clase. Sí.

Sólo te quería dar otro par más ligero.

Prueba con este, Susana, verás que es mejor.

Encantado. Hola.

Gonzalo Vidal. Él es mi socio.

Sí. Víctor Fernández.

Bueno, soy el profesor...

Bueno, realmente le estaba dando una clase...

a su... A mi mujer, a mi mujer.

Mujer. No sabes la alegría tan grande

que me das, de verdad. (RÍE)

¿Cuánto llevo insistiéndole? Al final, la lío.

Sí. Ya había tirado la toalla y fíjate.

Víctor, te debo una comida, ¿eh?

Tú eliges el día y el sitio. Donde quieras, de verdad.

Encantado. Claro que sí.

Debemos irnos, que nos quedan tres hoyos y tengo una reunión.

Muy bien. A pasarlo bien, ¿eh?

Un placer. Igualmente. Luego te llamo.

"Ciao".

A ver si lo entiendo,

porque yo ahora mismo estoy flipando en colores.

¡Estás casada!

¿Y me traes al club donde juega tu marido?

Sí, y no ha servido para nada.

A ver, Víctor. Deja que te explique...

¿Qué me tienes que explicar? No me expliques nada.

Esto está claro. Es decir, la culpa es mía.

Mía. Por acudir a una agencia de citas donde es todo un timo.

No, de verdad, no digas eso, que la agencia fue legal.

Soy yo la que mintió. ¿Cómo...?

No le eches la culpa a Gloria.

Cómo he podido confiar en una persona como tú, por favor.

Hace falta ser tonto.

Tonto. Entrégate con el corazón abierto

para que llegue una mentirosa y se ría de ti.

Víctor, por favor, escúchame. Sól... No.

Lo siento, pero no.

Adiós, Susana. Espero que seas feliz.

(Teléfono)

¿Sí? ¿Dónde estás?

Que te esperamos para tu charla. Es verdad.

Entretenlos diez minutos, que llego ya, ¿vale?

(SUSPIRA) Lo siento, hijo.

¡Chema!

Puedo darte una explicación. ¿A mí?

Dásela mejor a tu hijo. Ha sido un accidente, Silvia.

Si me haces un hueco, te juro que vengo otro día y lo hago.

No tengo hueco. Comprenderás que hay otros padres

que colaboran en la educación de sus hijos.

Entonces, no me vas a dar otra oportunidad.

Ya te he dicho que no puedo.

¿Y? Se presentó la cretina de su mujer.

Así, por sorpresa.

Tuve que salir corriendo medio desnuda.

Ay, qué vergüenza, Hugo. Qué vergüenza, qué vergüenza.

Lo siento, lo siento, Gloria,

siento mucho tener que decirte esto,

pero ¿te lo dije o no te lo dije? Te lo dije.

Sí, Hugo, sí. Venga, venga.

Sí, pero lo último que necesito en este momento

es tener a alguien regodeándose en sus buenos consejos.

Por favor, ¿eh?

Vale, vale, de acuerdo. Lo siento, perdóname.

Tienes toda la razón pero es que me llevan los demonios.

No puedo. Lo único que espero es que, a partir de ahora,

Ramón sea historia. Sí.

Pero sí de verdad. Sí.

Pero sí de sí. No "sí" y ya veremos.

Sí. Mírame.

Te conozco. Esto lo has dicho mil veces.

Has dicho "sí".

Y luego llega Ramón, te hace dos carantoñas

y caes como una servilleta.

Sí, Hugo, sí.

(CHASQUEA LA LENGUA) Ay, Dios mío. Ven, anda, ven.

(CHASQUEA LA LENGUA) Ay, Dios...

¿Por qué no me harás caso, Dios mío? ¿Por qué no?

(SUSPIRA)

(Timbre)

No será el cretino de Ramón. No será el cretino de Ramón.

Me lo cargo. No va a tener Madrid para correr.

¡No, Hugo, Hugo! Hugo, ¿dónde vas?

Víctor.

¿Qué haces aquí? ¿Eh?

Qué casualidad. (RÍE) Qué casualidad.

(NERVIOSO) Me pillas que me... Que me estaba yendo.

Sí. Sí, me voy.

Porque realmente tengo muy poco que hacer aquí.

Te voy a decir una cosa, Gloria.

Da gracias a Dios que no te denuncie por estafa.

Te dije que Gloria no tiene culpa de nada.

Dios mío, me siento fatal. Todo es culpa mía.

Culpa. Sí, ¿no?

Pero ¿qué culpa? ¿De qué habláis?

Gloria, déjame que te lo explique todo, por favor.

Quédate tú también, Víctor. Me quedo. Como ya estoy dentro...

¿Puedo...? Pasa. Pasa, pasa.

Sólo pretendía dar celos a Gonzalo.

Una chiquillada que no ha servido para nada.

Pero... Lo que no entiendo, Susana,

es qué necesidad tenías de montar este numerito.

No... No... No lo entiendo.

Pues no hace falta ser muy listo, Hugo. Digo... Víctor.

Tu marido te engaña. Fijo que tiene a otra.

Todos los hombres son iguales, unos cerdos.

Bueno, menos él, claro, que es un santo.

No, ojalá fuera eso.

Si me mintiera porque tiene a otra, pues mira.

Sería señal de que le importo. Pero ese es el problema, que no.

Llámame idiota, pero a mí esta mañana,

cuando tu marido nos ha visto jugar al golf,

me dio la impresión sincera de que se alegraba.

Susana, en serio.

A lo mejor lo que estáis necesitando precisamente

es eso, algo que os conecte.

No, ¿tú sabes por qué está tan contento con que aprenda?

Para que pueda jugar con Raquel y Rocío,

las mujeres de dos socios suyos.

(RÍE) ¿Queréis oír algo gracioso?

Lo necesito como el comer.

Yo fui quien le consiguió el dinero para montar la empresa.

Se lo pedí a mi familia.

La montamos juntos, codo con codo.

Como un equipo. Pero, después,

el negocio creció,

él se hizo cargo y empezó a olvidarse de mí.

Pero ¿tú has probado a hablar con tu marido?

Así, claramente. Sin tapujos.

Sí. Yo, cada x tiempo, me planto

y trato de hablarlo con él.

Pero él le quita importancia, dice que son tonterías mías.

Después me hace algún regalo caro, para que se me pase.

Claro. Como el que le pone una zanahoria a una oveja.

A un burro, Gloria, a un burro. A un burro.

No, peor. Sé que me los compra su secretaria.

Él no tiene tiempo.

Si hablo más con ella que con Gonzalo.

Ay...

Gracias.

Y me he enterado por ella de que se va seis meses a Brasil.

Seis meses. Y ni me ha pedido que le acompañe.

Es que yo... Yo ya no sé qué hacer, estoy desesperada.

No se lo merece. Susana, no se lo merece.

Ningún hombre se lo merece. ¿Y tú sabes por qué?

Porque no nos llegan ni a la suela de los tacones.

Gloria, Gloria. Afloja un poco.

Te estás viniendo arriba. Se viene arriba y empatiza.

Lo siento, Susana. No, no.

Yo sí que lo siento por... (SOLLOZA)

Y además, siento más haberme encontrado a alguien

tan bueno como tú y haberlo arrastrado conmigo.

No, no tengo nada que perdonar. Estás perdonada.

Ay, cariño. Ven.

Si está todo bien.

(LLORA) Está todo bien. Total,

con tantas mentiras entre unos y otros, la casa sin barrer.

Si aquí el problema realmente lo tiene él,

que no ha sabido cuidar de su mujer. No otro.

Cuidado con tirar la primera piedra.

Que aquí somos todos pecadores.

Además, esto está más visto que el tebeo.

-Si está en la Biblia, no te digo más.

¿En la Biblia? En el Nuevo Testamento.

La parábola del hijo pródigo. Pero qué te voy a contar.

Si la conoce todo el mundo. Sí, sí.

Del... Del hijo pródigo.

Sí, cuando... Sí.

Llega él y le...

Es verdad, padre, no me acuerdo de nada.

¿Qué quiere que le diga? Es verdad, lo reconozco.

Por no saber, no sé ni lo que significa "pródigo".

A ver cómo te lo resumo yo. Eh... Ojo, que hay spoilers.

Esto es un hombre que tiene muchos hijos.

¿Eh? ¿Eh?

Y ellos lo cuidan, le ayudan en el trabajo...

Todos menos uno, ¿eh?

Que es un... Un pieza de cuidado.

Bueno, lo que viene sucediendo normalmente.

Pues también en la Biblia, ¿eh?

Y total, este hombre estaba tan obsesionado con este hijo,

que es un bala perdida, y lo quería tanto, tanto,

que le dio en herencia todo.

Y a los otros hijos, que eran los que querían al padre, nada.

Qué barbaridad, padre. ¿Y esto lo permite el Señor?

Que la cosa no es que lo permita o no, es que somos así.

Estamos hechos a su imagen y semejanza.

Y a ella le pasa lo mismo.

Ella quiere tanto, tanto, tanto a su marido

que está empezando a hacer cosas que yo, que no la conozco,

ya está empezando a caerme gorda... Sí, ahora lo tengo clarísimo.

Ya sé por dónde va.

Es el marido el que sería el padre.

¡No! El padre.

No, el hijo. No, el hijo.

El hijo. ¿Qué hijo?

¿Qué hijo? Me está volviendo loco, padre.

Me está volviendo loco. No sé si tienen hijos.

(TARTAMUDEA) Madre del amor hermoso...

Ahora ya lo tengo. Claro-

Usted se está refiriendo a que, en este caso,

sería yo el que sería... el hijo pródigo.

No. No, no, no, no, no. No. Sería ella.

Ella, pero en el supuesto de que tuviese amante.

Si él no tiene amante, no tie... (RÍE)

No tiene sentido que fuera ella, ¿no?

Ya... No, tampoco.

Ella es... No... No.

Joder, padre, qué difícil me lo pone, por el amor de Dios.

¿Y no se habrá equivocado de parábola?

¿No habrá otra que se adecue más a lo que está pasando aquí?

Con razón tienen esto tan vacío.

(GIME) Ella es el padre.

¿Eh? Y él, el hijo. Ya va ahora.

Que sabe que lo van a recibir siempre con los brazos abiertos.

Sí. Que...

Ahora ya sí.

Ahora ya sí. Pues esa es la solución.

Que ese hombre tiene que valorar lo que tiene en su casa.

¿Eh? Y ella,

si no es así, que lo mande a hacer puñetas. Ya está.

¿Y eso lo dice la Biblia? No.

Lo digo yo, Francisco.

Que de vez en cuando la Biblia no está mal leerla con otros ojos.

Uy, perdona. (RÍE)

Eh... Je... Je... Eh...

Gonzalo Vidal. Gonzalo Vidal, ¿qué tal?

El profesor de Susana, ¿verdad? Víctor Fernández.

De vuelta del campo, ¿no? Qué va.

Me ha plantado mi socio y no he jugado.

Eso es horrible. A mí, cuando me lo hacen, me sienta...

fatal.

¿Una cerveza para bajar el mal trago o qué?

¿Por qué no te animas y hacemos unos hoyos juntos?

Te lo agradezco pero no puedo. Tengo el hombro fatal.

¿Tendinitis?

Bueno, tendinitis,

pie de atleta, codo de tenista... La verdad, un revuelto de todo.

¿Sabes qué? Tengo un mono que no me aguanto.

A ver si lío a alguien para jugar. Vale.

Encantado de volver a verte. Igualmente, Gonzalo.

Gonzalo.

Al final me has liado. Te acompaño.

Al final me has liado.

No sé qué pasa, Gonzalo.

Se ha quedado la pelota encallada en la arena

y es que no... No...

Pero, bueno, aguanta, que esta... Que esta... Va.

Hala, perdón. Yo voy a seguir adelante,

que no llego al despacho.

Pero, hombre, Gonzalo, sé más comprensivo, por Dios.

Tengo el hombro lesionado. Se conoce que...

Me tiro más de este lado y por eso...

Es darle y sale ya.

Ahí va.

Perdón. Oye, ya te lo he dicho.

Tengo consejo y comida con los japoneses.

Lo siento. Ya sé que estás ocupado, ya.

Ya me ha dicho tu mujer.

¿Mi mujer? ¿Eh?

¿Qué te ha dicho mi mujer? ¿Qué más da? Chorradas.

Di, di, por favor. ¿Qué más da? ¿Qué importa?

Sí importa. Bueno, pues eso, que...

Que no tienes más vida que el trabajo

y que andas de reunión en reunión con el teléfono pegado a la oreja.

Es lo que tiene dirigir una empresa. Ya, qué me vas a contar.

Yo también tengo otros negocios y...

Sé de lo que me hablas perfectamente.

Te entiendo.

Quien no parece que te entienda demasiado es tu mujer, ¿verdad?

¿Por qué lo dices?

Bueno, entre "green" y "green",

algo me dijo. ¿Cuánto hace que no salís a cenar?

¿U os vais a un viaje los dos juntos solos?

Mira, no lo sé, pero a Susana no le falta de nada.

Yo creo que te equivocas.

Le falta algo.

Le faltas tú.

Os habéis convertido en dos extraños, amigo.

Curiosamente, lo tenéis todo, pero lo más importante, no.

Os falta quereros.

Y... perdóname si me estoy metiendo donde no me llaman. Lo siento.

No sé, Gonzalo. No sé si...

merece la pena demasiado seguir viviendo una vida así.

¿Qué tal, Chemita?

¿Cómo ha ido el día, hijo? ¿Bien?

¿Sí?

¡Hola!

"Papá, perdona, no me daba cuenta. No, sí, sí, bien. El colegio, bien.

Luego, lengua y tal..." ¿Habéis tenido algún imprevisto?

"No, no, no..." ¿Quieres dejar de hacer el tonto?

Pero vamos a ver, Chema. Te estoy hablando y no contestas.

Pues me invento la conversación. O quedo como un idiota.

¿Qué quieres que te diga?

¿Gracias por dejarme tirado en la charla?

Lo siento, lo siento, lo siento. Te pedí perdón.

Fue una fatalidad, llegué tarde.

Pues que sepas que, como no viniste, la Merkel nos puso examen sorpresa.

Y ahora todo el mundo me odia. Eso hay que solucionarlo, ¿vale?

Vamos a hacer algo. Sí, ¿no?

Cámbiame de colegio. No, no, no.

Algo menos drástico, Chemita.

Déjame que piense.

Voy a llamar a la Merkel otra vez,

porque la he llamado dos veces. Imagínate...

No coge. Que me dé otra oportunidad para dar la charla

y, de paso, a ver si la convenzo

para que ese examen no puntúe para nota.

Haz lo que quieras, a mí me da igual.

Soy un apestado... ¡Chema!

Hola.

Se enfadó.

Me acaba de llamar Susana.

Su marido la deja. ¿Cómo que la deja?

¿Él? ¿El hijo pródigo? Lo que oye, padre, lo que oye.

Pero ¿qué ha pasado? Ni ella misma se lo explica.

Dice que llegó del golf y, sin comerlo ni beberlo,

le dijo que se habían convertido en dos extraños.

Que no tenía sentido seguir viviendo así.

Madre, ¿qué habrá pasado por la cabeza de ese hombre

para dejarla así, de repente? Y yo qué sé, padre, yo qué sé...

Cualquiera sabe. Cuando un matrimonio está roto,

rascar ahí es perder el tiempo.

¿Y si te dijera que todavía podemos arreglarlo?

Que no, Hugo, que no. Que no. Que este caso no tiene solución.

Él es un cabrón, como todos los hombres.

Y punto. Pero casi todos los hombres

tienen su talón de Aquiles, y es lo que tenemos que aprovechar.

Lo que pasa es que tienes que saltarte el noveno mandamiento.

Sí, "santificarás las fiestas". ¡No!

¡Ese es el tercero! El tercero.

"No desearás a la mujer de tu prójimo".

¿Lo pillas? ¿Eh?

Que una cosa es que tú dejes a una mujer

y otra, que te la quite otro hombre.

Sí. Cree que a lo mejor otro y...

Sí, sí, sí.

(TELEVISIÓN) "...si estuviera loco. Te quiero cuando después de..."

No, no me mires así.

Te quiero y necesito que seas tú la última persona

que me hable antes de dormirme por la noches.

(Televisión)

No. No, no.

No, no. No me mires así, no.

Te quiero y ¿sabes que?

Me gustaría que fueses tú la última persona

en decirme buenas noches antes de dormir.

Joder, vaya mierda. Vaya mierda...

(EJERCICIOS VOCALES)

(CARRASPEA) No, no, no.

No, no, no.

No. No.

No. No me mires. No me mires.

No. No me mires.

No me mires. No me... No me mires así, no.

No... No.

Quiero que seas la última que me hable...

Joder.

(EJERCICIOS VOCALES)

¿Sí? Papá, ¿estás hablando solo?

¿Eh? ¿Estás loco o qué?

Qué va, hijo. Estaba... Estaba cantando.

La de... (CANTA) "No me mires, no me mires así".

Anda, canta más bajo, por favor.

Vale, hijo. Buenas noches.

(Timbre)

Hola, tía. ¿Puedo cenar contigo? Claro.

Bueno, no tengo nada. Tengo la nevera pelada, pero...

Algo inventaremos.

Sándwich de salami.

Y si te quedas con hambre, me lo dices y te doy

otro sándwich de salami.

(RÍE)

¿Y tú no tomas nada? No. Yo ya me he tomado una tila.

¿Estás nerviosa? No.

Estoy a dieta. Si no estás gorda.

Ya... Pero...

Es que quiero eliminar todos los elementos tóxicos

que hay en mi vida. Pero no hablemos de mí.

¿Tú qué tal? ¿Novedades?

(RESOPLA) Ninguna. Bueno... Sí.

Papá. Últimamente está rarísimo. Rarísimo. ¿Y eso?

Olvida cosas, da plantones a la gente,

habla solo en el baño... Ah.

No sé, será eso de los recursos humanos.

¿Recursos humanos?

Sí, lo de su nuevo trabajo. ¡Ah!

¡Ah, sí! Sí, recursos humanos. Que...

Que me había olvidado yo...

(Timbre)

Ay, voy a ver quién es.

¿Sí?

"Gloria, soy yo, cariño. Por favor, déjame subir".

(Timbre)

Olvídate de mí, Ramón.

Lo nuestro, si es que alguna vez hubo algo

que pudiera llamarse así, se ha terminado, ¿me oyes?

Así que vete. No. No. No pienso...

No pienso irme de aquí sin hablar contigo.

Por favor, déjame subir. No... No puedo comer, no pego ojo.

No doy pie con bola.

Voté contra una ponencia de mi partido sin querer.

"Lo nuestro no puede terminar así. Por favor, déjame subir".

Pero ¿esto qué es? ¿Un escrache?

"Si hace falta, te monto un escrache ahora mismo

con tal de que me dejes subir".

(Teléfono)

Perdóname, ¿eh?

(Teléfono)

¿Sí?

Miriam, escúchame.

Cariño, no puedo hablar, estoy en mitad de una reunión.

Te llamo más tarde, ¿vale? Hala, adiós, cielo.

Gloria. Déjame subir, Gloria.

¿Estás ahí, Gloria?

¿Gloria?

-¿Quién era? Nadie.

No era nadie.

Un cartero comercial.

¿Y por qué estás así? ¿Ha pasado algo?

No, bueno, porque quería entrar y...

Y yo le he dicho que no y...

Y se ha puesto a decirme unas cosa que...

Que así, dichas de repente, como que duelen, ¿no?

¿Subo y se lo digo a papá? No, no, no.

Abrázame.

Abrázame, cariño.

(LLORA)

Ya mandaré a alguien a por mis cosas.

-Entonces, ¿es en serio?

¿No vas a volver?

-Lo hemos hablado. Por favor, no me lo pongas más difícil.

Susana... Víctor.

¿Qué haces aquí? He venido a por ti.

¿Cómo? Sí, tú vete, vete. Va, va.

No pierdas el avión.

Ni las reuniones importantes que tendrás.

Va, vuela. Vuela, pajarillo. Va, "go, go, go".

Pero ¿tú qué dices? Lo que estás oyendo.

Vete, que se te va el avión.

(IMITA A UNA RADIO) Puertas y rampas. Se te va el avión.

Ah. Y gracias, gracias

por dejar libre a una persona tan maravillosa como Susana.

Víctor, ¿qué dices?

No, Susana, no. No me mires así.

Te quiero y quiero que seas tú la última persona

que hable conmigo antes de irme a dormir de noche.

No. ¿Qué te ha entrado? -¿Qué le ha entrado?

Un ataque de cursilería, obviamente.

Susana, ¿me explicas de qué va esto? -Pues me gustaría, pero es que no...

No puedo. -¿Cómo que no puedes?

Como que no puede. A veces, las cosas ocurren porque sí.

Porque te da una chispa en la cabeza. ¡Pas!

Y entonces te das cuenta de que estás unido

a otra persona para siempre.

Víctor, no estoy entendiendo nada de lo...

Lo siento, Susana. Estoy loco por ti.

Y no puedo dejar que te escapes.

¿De qué va este juego? ¿Me lo explicáis?

Es que no se trata de ningún juego.

Es amor. ¿Recuerdas lo que era eso?

Bueno, mientras haces memoria... ¡Suelta eso!

-Por favor. Estaos... ¡Ah!

(Motor)

Cariño...

Ay...

Ay... ¿Te duele?

Eh... No, tranquila. Tranquila, Susana.

Ay, Víctor...

Oye, ¿es verdad todo lo que acabas de decirme?

¿Qué te he dicho? Perdóname, he visto una cosa negra venir,

luego se me ha hecho blanco y ha sido como un coma.

No sé qué te he dicho. Bueno, pues que...

Que me quieres, que me necesitas. Ah, ¿sí?

Que me vas a cuidar. Sí.

Si te he dicho eso...

Vamos, muy mal se tiene que dar para que no...

Vamos. Que más o menos... Ay, Víctor.

Me enternece oírte hablar así. Ya, está bien.

Le he querido mucho, ¿sabes? Y... Voy a seguir queriéndole.

Bien. Pero gracias por lo que has hecho.

Va. Uy.

Perdón. Está bien.

¿Estarás bien? No.

La verdad, no. No estaré bien. Pero tranquila, que me...

Que me recuperaré bien pronto. Venga.

Te lo prometo, ¿vale? Vale.

(RÍE)

(RÍE)

¡Sí!

Hola, Silvia. Hola.

¿Qué tal? Bien.

¿Qué tal, chicos? ¿Cómo estáis?

Cuando quieras. Muy bien.

Eh... Trae.

Vale.

¿Qué tal, chicos? ¿Cómo estáis? Bueno, me llamo Hugo Bermúdez,

soy el papá de Chema, ¿qué tal hijo?,

y hoy vengo a hablaros de algo tan importante

como son los recursos humanos.

Bueno, pues efectivamente, recursos humanos

es un trabajo, y es mi trabajo.

Y lo importante en mi trabajo y en la vida, sin duda ninguna,

es...

conectar. Pues alguien conectó con su ojo.

¡Silencio! Muy bien, chicos.

Hoy vamos a aprender a utilizar esos recursos humanos

que cada uno de nosotros tenemos precisamente para conectar.

Es decir, vamos a saber qué tenemos que hacer, chicos,

para ligar.

(Música romántica)

No daba un duro por ti y por tu charla.

Tú siempre tan positiva y alegre. Calla. Déjame terminar.

Has estado fantástico. ¿En serio?

Sí, tienes mano izquierda con los chavales.

Te los has metido en el bolsillo.

Yo creo que más que mano izquierda es experiencia.

Date cuenta que durante muchísimo tiempo

he tenido que hacer un dos por uno en casa.

Al final, aprendí.

Sí, me lo ha dicho Chema, lo de su madre.

Lo siento. Bueno, cosas que pasan.

Esto... Es que me da un poco de vergüenza pedirte esto, pero...

Di.

Viendo lo bien que te manejas con los chicos,

pues me gustaría pedirte consejo.

¿Para ligar? ¡No!

Para ayudarme a conectar con los alumnos.

¿En serio? Sí.

No me lo puedo creer. Yo creo que no te hace falta.

Sinceramente, Silvia. Hugo...

Me llaman la Merkel. Algo de falta sí me hará.

Te llaman la Merkel.

Si pudiera rebajarlo a la Dragui, ya sería algo.

Los chicos te llaman así porque te tienen respeto, lo sabes.

No. Me tienen miedo. Por favor...

Que sí. Si yo sé que me tomo muy en serio mi trabajo.

Pero, de verdad, no soy ninguna bruja.

Yo les aprecio muchísimo.

Venga, tú eres el experto. ¿Qué hago?

A ver... Vamos a ver.

Lo primero que hay que hacer para conectar es relajarse.

Dejar el trabajo a un lado

y tener aficiones.

¿A ti qué te gusta? Pero que te guste mucho.

Que te apasione.

Ah, no. Eso no te lo digo. ¿No me lo dices?

No. Pues el "coaching" ha terminado.

Adiós. Bueno, vale, te lo digo.

Pero si te ríes, suspendo a Chema a perpetuidad.

Lo prometo. Te lo juro. Vale.

(CARRASPEA) Me gusta mucho el cine.

Y de todo el cine, las comedias románticas.

No me lo puedo creer. Sí.

No me lo puedo creer. Hugh Grant,

Jennifer Aniston, Sandra Bullock... Y sobre todo, los clásicos.

Cary Grant, Katharine Hepburn... Ingrid Bergman, Gregory Peck...

¡Sí!

Si a mí me dicen hace tiempo

que iba a tener una coincidencia tan grande contigo, no me lo creo.

Porque, aunque lo creas o no lo creas,

estás hablando con alguien con doctorado en comedia romántica.

No eres tan mal tipo, Hugo Bermúdez.

Tú tampoco, Angela Merkel.

Chema.

Andando, campeón.

Hasta luego, monstruo.

¿Qué? Ha estado guay.

¿Te ha molado? Sí, mucho.

¿En serio? Sí.

¿De verdad?

Que te marches, que se te va el avión. ¡Uh!

¡Ya "tá"! No llego.

Ah... El mundo te espera.

Y porque me he ido yo.

Su puta madre...

Está muy limpio, está bien. -¡Paco!

-Está bien, está bien.

Bue...

Sí... -¿Paco?

-¿Paco?

¿Que no cono...? ¡Uh! Perdón.

(RÍE)

Cariño...

¡Cariño!

¿La ópera? ¿Te gusta?

En cuanto tengo un momentito, escucho ópera.

-(GRITAN)

¿Y este quién es? Mario Martín, pediatra.

Pero ¿a ti qué te importa? Que te largues de aquí

-¿Y quién me va a echar? ¿El pediatra?

Es que me han salido unos granitos en salva sea la parte

y... Ajá.

¿Qué haces, Agustín? Están rojos y me pican mucho.

Súbete... Súbete los pantalones, Agustín.

Súbetelos, súbetelos.

¿Qué haces, Gloria? No, no... ¡No! No.

Perdón.

Qué miedo me das tú, chaval.

¿Te apetece un bocadillo?

(RÍE) No, claro.

Mejor una misa negra.

  • Capítulo 2

El hombre de tu vida - Capítulo 2

26 may 2016

El “amor de tu vida” va viento en popa. Hugo es un verdadero camaleón. Hoy es un catedrático de lenguas muertas, mañana un crítico de arte y al otro un intelectual. Para lavar su conciencia, alimenta generosamente el cepillo de la iglesia del padre Francisco, que se muere de ganas de conocer más detalles de sus aventuras. Hugo enamora y desenamora a las mujeres con una facilidad pasmosa hasta que da con Susana, una mujer con la que no funciona ninguna de sus tretas. La mujer se resiste a plantarle por más que Hugo se muestra grosero y maleducado. En este asunto quizás no sea sólo Hugo el que miente sobre sus verdaderas intenciones.

Para complicar aún más las cosas surge un inconveniente no previsto por Hugo: Silvia, la profesora de su hijo. Cada vez que se ven se produce un encontronazo entre ambos, y Hugo empieza a tener la sensación de que esta chica no le deja del todo indiferente.

A Gloria, su amante Ramón la deja colgada en plena convención del partido en un hotel. Es la gota que colma el vaso y corta definitivamente con el político.

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