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No recomendado para menores de 16 años El final del camino - Capítulo 6 - ver ahora
Transcripción completa

(ALFONSO) (AF) -Raimundo se casará con Urraca...

(Música)

aunque cuelguen cientos de cadáveres de las calles de Toledo.

-Descubrid quién está detrás de la Conjura.

(AF) -Que todo el mundo sepa que la Conjura se ha terminado.

-No necesito un santo...

Necesito un lobo. ¿Eres tú ese lobo?

-Efraím, yo os condeno a muerte.

(GRITA) ¡¡¡Nooo...!!!

-Lo soy.

-Vete, si te descubren aquí te matarán,

y es lo último...

¿Qué te pasa? Vete...

-Que llegue a Toledo, padre.

Necesito quitarle los motivos para regresar aquí.

-¿Qué sucede?

Su mujer ha muerto.

-La Conjura no ha sido sofocada, hay alguien que le daba órdenes;

alguien que está dentro de la corte.

Mi hija, irán a por mi hija.

(Música de tambores)

(Música)

(RESPIRA AGONIZADO)

-Es menos de lo acordado. Necesito los suministros.

No me queda ajenjo. Y la melisa se está acabando.

No es mi problema. Fermín, por favor,

sabes que te voy a pagar... (GRAVE) ¡Elvira!

¡Ayúdanos! Pasa.

Rompe la flecha y corta la ropa con mucho cuidado.

¿Lo conocéis?

-Es el Cardenal Ricardo de Milhaud.

Sujetadle los brazos, que no se mueva.

¿Quién ha sido?

Hablan de un bandido. Lo llaman Satanás.

Se ha hecho dueño del camino.

Tiene a sus órdenes unos cuantos mercenarios.

Paños.

¿Puedes salvarlo?

Es pronto para saberlo. Es un cardenal de Roma

al que he llamado para venir aquí.

No puede morir. Esperad fuera, todos.

Ni una palabra.

El cardenal vivirá. -Don Diego,

prometisteis un camino más seguro.

En cambio, tenemos menos soldados, asaltan a nuestros peregrinos

y lo único que prospera es vuestro templo.

-El templo del Apóstol, en realidad.

Pero como siempre, mi señora, estáis en lo cierto.

Acabaré con esos bandidos cueste lo que cueste.

Y se acabó lo de subirle los tributos a la plebe.

Que paguen los nobles, -Eso es intolerable...

-Hijo, recapacita... -Si os parece un abuso,

siempre podemos escribir a nuestro querido Rey Alfonso.

Es muy dialogante cuando se trata de pagar tributos.

Pedro, reunirás a tus hombres y saldrás a cazar a esos bandidos.

-¿Será el Jefe de la Guardia

el que se ponga al frente de esas tropas?

-¿Se os ocurre alguien más capacitado, mi Señora?

-No, la verdad es que no.

Hubo un tiempo, en que los problemas de Compostela

eran resueltos por el Señor de Compostela.

Aquellos fueron buenos tiempos.

Está claro que no volverán.

-Cometes un error humillándolos.

-Eres mi padre y te respeto.

Pero no me cuestiones en público.

Venga, tenemos un bandido que cazar.

¿Tenemos?

Te vas a morir. Esa es la noticia buena.

La mala es que aún te queda un rato hasta que te ahogues en tu sangre.

Yo te puedo aliviar ese dolor.

Pero antes tienes que decirme

quién está detrás de la Conjura.

-Si buscas en mi misericordia, pierdes el tiempo.

Lo que hago lo hago por Cristo

y por el Reino.

Se va a morir y no va a hablar.

Acabemos con esto.

Gonzalo...

¡Eh! ¡Gonzalo! ¡Despierta!

¡Despierta, vamos...!

Maldita sea...

La Reina nos llama

y seguimos sin encontrar al líder de los conjurados.

Déjame... ¡Eh, Gonzalo, espabila!

Lávate un poco y ven a palacio. Debemos informar a la Reina.

-Déjame a mí. Por favor.

Beber no va a traerte a tu esposa.

Gonzalo, tienes, obligaciones que cumplir.

(ARISCO) ¿Qué tal si cumples con las tuyas

y vuelves a la cama del Rey y me dejas en paz?

(FATIGADA) -Esos traidores no van a parar

hasta acabar con Raimundo.

O con mi hija.

Encuentra de una vez a ese cabecilla.

Encuéntralos a todos y mátalos.

Siento llegar tarde.

Apestas.

Os pido disculpas por...

Debí dejar que os pudrieseis en el Castillo de Luna.

Encerradlo. Mi señora, por favor...

Teníamos un acuerdo.

La libertad a cambio de proteger a mi hija.

Y por lo visto, no está en condiciones de cumplirlo.

Es un buen soldado. Y os es leal...

Aún puedo caminar...

¿Qué estás haciendo?

No hay en Toledo un solo hombre como él.

Pues entonces tenemos un problema, ¿no crees?

(CONSTANZA TOSE)

Siéntate.

Vete a avisar a su médico.

(CONSTANZA RESPIRA AHOGADA) Bebe un poco de agua...

(Música melancólica)

(MÉDICO) -Es el final.

No durará más que uno o dos días.

-Has sido una buena Reina.

-Reunión de pastores, oveja muerta...

(TOMÁS TOSE)

-Vino.

-Tu hijo heredó el carácter de su madre.

-No es carácter, es estupidez.

Enfrentarse así a sus nobles...

-Menos mal que te tiene a ti como padre.

Habla con él, haz que entre en razón.

-No escucha. -Pues tendrá que hacerlo.

Las arcas de los nobles están vacías

y él sigue sangrándolos para financiar el templo...

Ya sabes como son.

Pacientes y leales...

mientras nadie meta mano a su bolsa.

(TOMÁS TOSE)

(Ruido de obra)

-Abad, por favor... No podéis estar aquí.

-Marco, está bien

¿En qué puedo ayudaros?

-Quiero ver los planos del templo.

-Él no es nadie.

-¿Con qué autoridad? -Con la mía.

Necesito saber qué vais a construir.

-Yo solo respondo ante Diego Gelmírez.

Hablad con él...

si tanto os inquietan las obras.

-Esto no me gusta.

Yo no debería estar aquí.

-Quieres seguir siendo administrador cuando Gelmírez caiga.

Es aquí donde debes estar.

-Señora, esta parte del Camino es mía.

-Soy Isabel, Señora de Guimarei.

Supongo que tú eres el que llaman Satanás.

-El mismo.

-Vengo a proponerte un negocio.

(Ambiente de mercado)

-Fermín, prepárame un par de pipas de tinto.

Y que alguno de tus hijos me las lleve a la taberna.

(SECO) -No hay vino para ti.

-Juraría que estoy viendo dos barriles.

(FERMÍN)(FM) -Ya no sois bienvenidos en mi negocio.

-¿Fermín, estás seguro?

No.

(FM) -Abandona Compostela. Aquí ya no se te ofrece nada.

-No busco problemas. Si es tu voluntad...

nadie nos obliga a hacer negocios juntos.

Fermín y las otras hienas nos quieren fuera,

tenemos que hacer algo.

(TOMÁS TOSE COMPULSIVAMENTE)

(TOMÁS) Llama a Elvira...

(TOMÁS GRITA DOLORIDO)

Ponedlo boca arriba, voy a necesitar agua limpia.

Tranquilo, tranquilo... Efraím no puede tardar en volver.

-¿Qué le ha pasado? -Ha caído en la calera.

(TOMÁS GRITA DESESPERADO)

Voy a buscar a Efraím. -Hay que aliviar su dolor.

En las vasijas del fondo hay mandrágora. Tráemela.

Tranquilo, tranquilo... te curaremos.

Es hermosa.

Siempre lo fue. Desde niña.

Es mi prima.

-Demasiado hermosa para alguien como yo.

¿Por qué dices eso? Mírame.

Pues yo veo a un hombre fuerte,

capaz de superar uno de los peores dolores

para mantenerse con vida. Y un hombre así,

es capaz de conseguir cualquier cosa que desee.

He oído que necesitas leñadores.

-Leñadores. No tullidos.

-Puedo trabajar.

-Pues, si de verdad estás en condiciones,

puedo pagarte... -No... Un sueldo, no.

Prefiero parte de los beneficios.

Cuánto más gane yo, más ganarás tú.

-Es justo.

Pero te advierto que no te harás rico

picando leña. -Eso ya lo veremos.

Shhh...

Despacio.

Eso es...

Eso es... shhh...

¿Cuánto llevo aquí?

Poco. Ni siquiera un día.

A ver...

Esto ha salido de tu estómago.

-¿Qué me han envenenado?

Lo has hecho tú solo. Bebiendo.

Tienes el estómago lleno de llagas.

Ahora necesitas reposo para que remitan las fiebres.

Venga túmbate. Túmbate, Tomás.

¿Tienes algún problema, tú?

Vente Fermín, sal...

¿Qué quieres? -Échalo.

¿A quién?

Tú mejor que nadie deberías saber

que no merece ningún cuidado. Mi deber es sanar al enfermo.

Sea quien sea. Nadie lo quiere aquí.

Mantienes esto en pie por el dinero que te fío.

Tienes que escoger:

o estás con él, o estás con nosotros.

¿Y María qué?

¿Qué dice tu mujer de todo esto?

(TOMÁS)(TM) -¿Qué vas hacer? En este hospital mando yo.

Y tú, mejor que nadie, deberías saberlo.

Estaba buscándote.

He estado en el bosque, buscando caléndula.

Pero todavía no ha florecido.

Ay, estoy cansada...

¿Te vas?

En cuanto Gelmírez lo decida vamos a por esos bandidos.

Deja la guardia.

No puedo dejarla, es mi trabajo.

Ya he enterrado a un hombre.

No quiero perderte a ti también.

Sólo son unos bandidos. No va a pasar nada.

Eres igual que tu hermano.

Si hubieras podido escoger,

¿habrías preferido tener una vida con Gonzalo?

Nunca tuve elección. Si la tuvieses.

Abrid la puerta y dejadnos solos.

¿Cómo está la Reina?

Mal.

Enamorarte de una Reina...

solo a ti se te ocurre.

La Reina se muere casada con un hombre al que desprecia.

Y tú te pudres en la cárcel llorando por la mujer que amas.

Por ella no puedo hacer nada, por ti sí.

Eres libre para volver a Compostela.

¿Y tú, qué vas a hacer?

Cuidar de Raimundo y de Urraca. Se lo debo.

Supongo que no puedo hacer nada para convencerte de lo contrario.

Sí, que me pidas que te acompañe.

Pero no lo vas a hacer.

-He oído que habéis intercedido por Gonzalo.

Es un buen hombre.

Y lo que ha sufrido... ¿Hay algo que quieras decirme?

Que me dejéis hacerme cargo de la vigilancia de Raimundo

y su esposa. (FIRME) No.

Señor, quiero ser vuestra escolta. Ese es mi trabajo.

¡Ahora estáis solo!Me sobro. -Rodrigo, tiene razón.

Mi Señor yo... Tiene a su servicio al ejército...

Ni todos los ejércitos cristianos

pueden garantizar vuestra seguridad.

(CAPITÁN)(CAP) -Os hacía camino de Compostela.

Y yo.

Señor, me gustaría tener unas palabras con vos,

en privado.

Sé cómo acabar con los conjurados,

pero debéis confiar en mí.

-¿Quieres que confíe mi vida en un hombre que ahoga en el vino

la muerte de su esposa? Los borrachos nunca mienten.

¿Qué tenéis en mente? Una forma de dar con el traidor.

Pero tendremos que mentir. Al Rey, a la Reina, a Urraca...

a todos.

-No lo entiendo.

¿A qué viene que Urraca y tú salgáis de viaje?

-Debemos ir a Compostela y afianzar nuestra posición

como Señores de Galicia. -Para eso ya tienes a Gelmírez.

-Es una manera de mostrar vuestro interés

por el templo de Santiago.

-Está bien,

como quieras,

ve a Compostela. Aquí no te necesito.

Pero antes...

quiero que hagas algo.

-Por supuesto, Majestad, lo que sea.

-La reina agoniza...

y se va sin darme un heredero.

Mis otros intentos por conseguir un hijo varón

han fracasado porque esa mora no sirve para nada.

El caso, Raimundo, es que si no tengo un hijo varón...

necesito un nieto varón.

Concibe un hijo con Urraca.

Dame un heredero.

Y luego te vas a Compostela...

o a donde te venga en gana.

(DÉBIL) -Es una orden del Rey.

Debes darle un heredero.

-Lo sé.

(Música melancólica)

-Mi Señora.

-Cuando yo no esté,

servirás a mi hija,

igual que me has servido a mí.

Ve a buscarlo.

Sabe ver el futuro.

Aprovecha su don...

pero nunca te fíes de ella.

-¿Madre...?

Madre estás...

-Shhh...

Ve con tu marido.

Debes prepararte.

-No tenemos por qué hacerlo.

Le diré a tu padre que hemos cumplido con su orden.

Nadie lo sabrá.

-Lo sabré yo.

(Música melancólica)

(SOLLOZA DÉBIL) -Rodrigo...

Mi hija...

mi hija es solo una cría...

y cree que sabe más de lo que sabe.

Cuida de ella, por favor, cuídamela.

Abrázame, mi amor.

(Sigue música)

-Mi señor.

(GRITA) -¡Tú! ¡Conmigo!

(Sigue música)

¿Podría hablar un momento con vos?

Solo quería deciros...

que lamento lo que os dije en el jardín.

Aquí cristianos y moros conviven en paz.

Y eso, en parte, es gracias a ti.

-Pequeñas victorias, que no durarán.

Zaida...

Eres mucho más que una concubina.

Y no dejes que nadie te convenza de lo contrario.

Ni siquiera el Rey.

Ni tampoco un soldado borracho que no sabía lo que decía.

Por favor,

no me dejes sola esta noche.

Constanza...

(Sigue música)

Adiós mi amor.

¿Por lo menos sabréis usarla?

-No creo ni que sepa cómo se sostiene.

¡Shhh...shhh...shhh...!

(Música de tensión)

Nos bajamos.

Los caballos se quedan aquí.

Su campamento tiene que estar cerca.

Es menos digno, pero más efectivo.

Toma.

¡Shhh!

(Gritos de lucha)

(GRITA) ¡¡¡Vete!!! ¡¡¡Vete!!!

(SATANÁS)(ST) -¡¡¡Que no huya!!!

Diles que se acabó.

-¡Tirad las armas! ¡Nos rendimos!

¡He dicho que nos rendimos!

-¡Los quiero vivos!

A ver qué podemos sacar por ellos.

Tú, guapito, tienes peor suerte.

Han puesto precio a tu cabeza. -¿Cuánto?

-¿Qué más te da? Vas a morir.

-Por eso mismo.

-Cien piezas de plata ahora.

Y cien cuando entregue tu cabeza.

-Soy el administrador de Compostela. Mi caballo vale más que eso.

Si son menos de quinientas piezas, os están estafando.

-Átalo.

Volverás a Compostela. Les dirás a los nobles,

que queremos un rescate por esos dos.

Doscientas piezas de plata por aquel

y mil por el guapito.

Si no regresas antes de cuatro días,

mueren los dos.

Solo los nobles sabían nuestra ruta.

Han sido ellos. -¿Crees que no lo sé?

(GELMIRO)(GM) -¿Y mi hijo? ¿Está bien?

-Mil piezas de plata.

-Ha descubierto que Gelmírez vale más de lo que le ofrecíais.

Y ahora tenemos un problema. -No.

La vida de ese miserable aún está en nuestras manos.

He de hablar con los nobles, mi marido acompañaba a Gelmírez.

-Es la esposa de Pedro.

-Lo han hecho prisionero.

Piden doscientas monedas por su cabeza.

No tengo plata, pero estoy dispuesta a lo que sea

con tal de traerlo de vuelta.

Lo único que puedes hacer es mantener la calma y esperar.

No abandonamos a los nuestros.

La ciudad pagará el rescate.

-Elvira. ¿Sí?

Tienes que salir.

(ISABEL)(IS) -Confía en mí.

Mi Señora.

(SIMÓN)(SM) -¡Cerrad las puertas!

(IS)-¡Señores!

En pos de hablar con libertad, exijo que bajo juramento,

todo lo que aquí se diga permanezca en secreto.

(SM) -Lo juro.

-Lo juro. -Lo juro.

(TODOS)-Lo juro... lo juro...

(RESIGNADO) -Está bien.

Lo juro.

Hablamos de la vida del administrador de la ciudad,

del vicario de Raimundo de Borgoña. Tenemos que actuar rápido.

Para que el rescate llegue a tiempo, debe salir mañana.

-¿Y quién lo va a pagar? La ciudad no tiene recursos.

(SM) -Todo lo que tenemos se ha invertido en el templo.

-Y después de las humillaciones a las que hemos sido sometidos,

¿no pretenderéis que lo paguemos nosotros...

otra vez?

-Sois sus vasallos.

-Cumpliré con mis tributos cuando toque.

Pero para esto no contéis conmigo.

Quién desee aportar su plata voluntariamente,

que lo haga.

Yo me voy.

-Es mi hijo.

No voy a dejarlo a merced de unos bandidos.

-Nuestras arcas están vacías. -Usa el tesoro del templo.

-No, eso no puedo... -¡Yo entregaré el rescate!

Y hazlo con discreción.

-He oído que los bandidos tienen a tu hombre.

A él y a Gelmírez.

Han pedido un rescate

y los nobles lo van a pagar.

(DÉBIL) Elvira...,

confías demasiado en las personas.

(FERMÍN) -¿Nunca te cansas? (TM) -A más leña, más plata.

-Buenos días. (AMBOS) -Señora...

-Como no te muevas rápido, ya puedes olvidarte de ella.

Eso son mitad de nuestras ganancias.

-Su mercado, sus normas. -De acuerdo.

¿Pero por qué pagamos tanto como los negocios más prósperos?

-Porque La Roca es el dueño del mercado.

Su mercado, sus normas.

(TOMÁS OFF) -Yo soy como vosotros;

también tengo un negocio pequeño, trabajo mucho y gano poco.

Pero pago lo mismo que el cambista,

o que el orfebrero, o las platerías;

y eso no es justo. -Son las normas.

-Las normas pueden cambiarse. -¿Y cómo convencerás a La Roca?

-Tú me conoces, Fermín.

Sabes que si me propongo algo, lo consigo.

Los que estéis conmigo, a partir de hoy

me daréis una pieza de plata por semana. Sólo una.

Y ya me entenderé yo con La Roca.

Somos hombres de negocios seguro que llegamos a un acuerdo.

-Lo siento... No quiero problemas.

-Yo confío en ti.

-Una pieza de plata por semana.

Gracias.

Cuenta conmigo. Estoy con vosotros.

Muy bien.

Cuenta conmigo.

-Tu solo no podrás hacerlo.

-Compra cuchillos.

De matanza.

-Al final no te has muerto.

(DÉBIL) -Tengo cuentas que ajustar.

-¿Quieres que bebamos juntos?

(REMO OFF) -Con ese, pierdes el tiempo, Sancha.

-Lástima... eres muy guapo.

-¿En qué está trabajando Esteban?

-Preguntádselo a él,

aunque os responderá lo mismo que ya os ha dicho...

-Te lo pregunto a ti.

(AMENAZANTE) ¿En qué está trabajando?

-En una puerta.

La que servirá de entrada de los peregrinos.

Dice que será como la puerta del cielo.

-“La puerta del cielo”...

Su soberbia es infinita.

Quiero ver sus bocetos, tráemelos.

-El maestro no quiere compartirlos con vos.

-Sé lo que eres, Marco.

Conozco todos los pecados de esta ciudad...

Y el tuyo no es precisamente discreto.

Quiero ver el dibujo de esa puerta...

o someteré a juicio tus pecados delante de todos.

-Os podéis marchar.

-¿A dónde vais, Gelmiro?

¿Qué lleváis en esos sacos?

-Ya lo sabéis. Se trata de mi hijo.

-No queremos que vuelva. -Lo siento mucho, amigo.

-¡Aaah!

¡Aaah!

-Tu turno.

(NERVIOSO) -Que Dios me perdone.

-¡Aaahhh!

(Música melancólica)

-Mi señor,

el pueblo espera para mostrar su respeto a la Reina.

(AFECTADO) -¿Qué pueblo?

(CAP) -Majestad...

-¿El que lloró cuando murió mi hermano?

¿El que me acusó de matarlo?

¿El que me lanzaría a una jauría de perros hambrientos

si tuviera ocasión?

¿Ese pueblo?

(Sigue música)

¿Está todo listo?

Todo listo.

Pues vamos.

Capitán.

-Es un suicidio. Raimundo y Urraca

no pueden viajar a Compostela sin más guardia que vosotros dos.

Cuanto menos lamemos la atención, mejor.

Deja que alguno de mis hombres os acompañe.

Cualquiera de ellos podría ser uno de los conjurados.

Pongo la mano en el fuego por cualquiera de ellos.

Cosa que os honra. Pero no correré ese riesgo.

-No pienso ir vestida como una pordiosera.

Nos espera un largo y peligroso camino.

Pero menos peligroso para unos peregrinos,

que para la hija de un Rey. -Vuestra madre confiaba en ellos.

Hacedlo vos también. ¿Sabéis montar?

(DESAFIANTE) -¿Y vos?

(CAP) -Que Dios os proteja. Lo vais a necesitar.

(SILBA) -¿Qué sucede?

(Música de tensión)

Gonzalo. Protege a Urraca.

-Entregadnos a Raimundo.

No tenemos nada contra ella.

Permitidme que tenga mis dudas sobre eso.

Necesitamos a uno con vida.

¡Es una trampa...!

(Gritos de lucha)

-Me han dicho que no habéis comido nada en todo el día.

Debéis manteneros sana

si queréis darle un hijo a Alfonso.

¿Qué os pasa? ¿Estáis enferma?

(SUSPICAZ) No...

No lo estáis. -¡¿Qué haces?!

Quiero un nombre.

El del líder de la Conjura de San Juan.

-¡Lo vais a matar!

Conozco a este hombre.

Y no parará hasta hacerte hablar.

Ahórrate el sufrimiento y dinos lo que queremos saber.

¿Quién está detrás de la Conjura?

-El soldado y mi esposo me han usado como cebo...

(SERIO) -No hables si no se te pregunta.

¿Qué ha pasado?

-Necesitábamos atrapar a los conjurados;

al menos a uno, para poder interrogarlo.

-¿Se ha conseguido? Así es, mi Señor.

-El preso ha confesado.

Él es el líder de los conjurados.

-¿No estáis de acuerdo?

Ese hombre es un soldado. Los soldados matan y obedecen.

Pero no organizan conjuras. (CAP) -Ese hombre,

es querido y respetado por los suyos.

Dadme un barril de vino y vuestros soldados me adorarán.

-¿Vos, que decís?

Dudo que nadie aceptara una pena así si no fuera cierto.

La condena por traición es la muerte en el potro.

¿Podemos hacer algo por vos?

-Vengo a pediros permiso para volver a mi hogar.

A Sevilla.

-El día de hoy no lo olvidaremos jamás.

Hemos perdido una gran Reina.

Una Conjura ha sido aplacada.

Y en el vientre de esta mujer, crece mi futuro hijo.

Que si Dios quiere, será varón.

Olvídate de Sevilla.

Y preocúpate por parir un hijo sano.

Enhorabuena.

Serás la madre del futuro Rey de Castilla.

-Dicen que regresas a Compostela.

Aún no he decidido qué hacer.

Nadie me espera allí,

pero tampoco me quiero quedar aquí en Toledo.

¿Y si te diese un motivo para quedarte?

El hijo que llevo dentro va a necesitar a su padre.

-El rescate está de camino.

Puede que los nobles nos hayan traicionado,

pero mi padre no. Mi padre nunca lo haría.

(ST) (SARCÁSTICO) -¿Os tratan bien, excelencia?

-Aunque me siento un poco decepcionado.

Imaginé que seríais un hombre pragmático.

Alguien que sabe aprovechar las oportunidades.

-Contigo voy a ganar mucha plata. Vivo o muerto.

-¿Y de qué os va a servir aquí en el bosque?

Veréis, administro Compostela.

Y en este momento tengo un problema.

Debo mantener el camino limpio de criminales.

(SARCÁSTICO) -Y bien que lo estáis haciendo.

-Carezco de hombres. Pocos hombres, muchos ladrones,

pero... ¿y si os diese un jornal?

(RÍE) -Un jornal.

-A cambio tendríais que matar a los bandidos del camino.

Todos saldríamos ganando. Yo obtengo lo que quiero

y vosotros plata; el camino vuelve a ser seguro

y os convertís en hombres ricos y de bien.

-Vaya lengua tiene el guapito.

Verás,

el problema, es que si acepto;

entonces tú... serías nuestro Señor

y eso sería raro.

Un lobo no obedece órdenes de una oveja.

-Podría formar un ejército que os diera caza.

Pero sale más barato teneros a sueldo.

-Y ahora la oveja, me amenaza.

No estás en Compostela, chico.

¡En este bosque mando yo!

(LOS BANDIDOS RÍEN DIVERTIDOS)

(ESCANDALIZADO) -Dios mío...

-Al igual que en una montaña los riscos y las cuevas

se suceden a distintas alturas...

esta iglesia, formará parte del terreno.

Y, cada piedra...

cada columna,

nos llevarán hacia la gran puerta que vamos a construir.

Una puerta,

que ha de ser como, la entrada al cielo,

como si los peregrinos... (FURIOSO) -¡¡¡Blasfemia!!!

Esa puerta de la que hablas es una blasfemia.

Animales devorándose entre sí,

calaveras, demonios que rodean a Cristo...

No estás dibujando una puerta al cielo,

sino al infierno. -¿Quién le ha dado esos dibujos?

-No permitiré que construyas esa monstruosidad.

-Fuera de aquí, fuera de mi templo.

-¿Tu templo? Blasfemo arrogante...

¡Esta iglesia es de Dios, no tuya!

-¡¡¡Fuera de mi templo!!! -¡Te denunciaré a Roma!

No verás más puertas que las de tu celda.

-Dejadme solo...

(Música suave)

-Tal vez el abad tenga razón.

Y confundes el cielo con el infierno...

y a Dios con el Diablo.

(ALTERADA) Decidme que no es cierto,

que no los habéis abandonado.

(GRITA FURIOSA) ¡Prometisteis pagar el rescate!

¡Necesito hombres,

hombres que me acompañen a rescatar a mi marido...!

Tomás, por favor...

-Ya te dije que tienes demasiada fe en las personas.

Nadie va a arriesgar el cuello para ayudarte.

Quería comprar una pulsera,

puedo pagarte.

-La más cara.

-No.

Esta.

-Para ya, que nos van a ver...

-¡Qué más da! ¡Eh, María...!

-¿Qué?

-Vino para todos.

-¿Qué se celebra?

-Un nuevo negocio.

El precio por quedarme con el mercado.

Si aceptas podrás seguir en la taberna.

-¿Te estás burlando de mí? (FIRME) -No

-Estás muerto.

(Música de tensión)

(LA ROCA GRITA) -¡Aaahhh!

-A partir de ahora trabajáis para mí.

Así que empezar por sacar esta basura de mi local.

-No pagarán.

Me voy a tener que conformar con la plata de esa noble.

Acabemos con esto.

(Música de tensión)

Tú y yo, soldado.

A espada.

-Lo que pasó allí, nadie puede saberlo.

Tenéis mi palabra. A cambio, haréis algo por mí.

Tu secreto. Mi pasado ya no importa.

No voy a volver a Compostela.

Le diréis a Elvira que he muerto

y usaréis vuestras influencias para traer a Gonzalo de vuelta.

¿Y qué harás tú,

regresar a tu hogar con los sarracenos?

No tengo hogar. Nunca lo tuve...

¡Pedro, Pedro, Pedro...!

¡Pedro!

Escúchame... Creí que te había perdido...

Tengo que decirte algo importante.

Escúchame. Shhh... Shhh...

Vamos a tener un hijo.

Vamos a tener un hijo.

¿Ya sabes cómo funciona el potro?

Lo brazos y las piernas serán lo primero en romperse.

Luego la espalda...

y si tienes la mala suerte de seguir con vida,

acaba por arrancarte los miembros.

Y todo, por cargar con una culpa que no es tuya.

Tú no eres el jefe de los conjurados.

Es imposible.

-Se te acaba el tiempo.

Confiesa y ahórrate esta tortura.

(MORIBUNDO) -Moriré tranquilo.

Todo lo que he hecho,

lo he hecho por Cristo y por el Reino.

-"Lo que hago lo hago por Cristo y por el Reino".

Tú verás lo que haces...

Avisa al resto.

Has sido un soldado leal.

Haz lo que tengas que hacer.

¡Dios!

(GRITA) ¡¡¡Guardias!!!

¡¡¡Guardias!!!

¡¡¡Quieren asesinar a Raimundo!!!

¡Abridme, hay que avisar a Gonzalo!

-Traidor...

Sal de aquí, Urraca.

¡¡¡Capitán!!!

(GRITA) ¡No! ¡Basta, Gonzalo!

¡Basta de sangre! ¡Se acabó...!

¡Gonzalo, se acabó!

Gonzalo, Gonzalo.

Basta.

-¿Por qué?

-Estáis entregando la corte a extranjeros.

(GRITA FURIOSO) -¡¡¡Es mi corte!!!

¡¡¡Yo decido quién merece estar y quién sobra!!!

¡¡¡Porque yo soy el Rey!!!

-Sois el Rey,

porque vuestros hermanos están muertos.

¡¡¡No sois digno de la corona!!!

(GRITA FURIOSO) -¡¡¡Ahhhhhh...!!!

Arrodíllate, arrodíllate ante mí.

-Estoy en paz con Dios.

-No... Demasiado fácil.

Encerradle y que no vuelva a ver la luz del sol.

Habéis cumplido con vuestra palabra.

Podéis hacer lo que os plazca.

Majestad.

Espérame fuera.

(MURMURA) -¿Regresas a Compostela?

Allí no hay nadie que te espera.

Aquí te espera un hijo.

Que para todos será el hijo del Rey.

Te va a necesitar para sobrevivir en este nido de serpientes.

Por favor...

Quédate.

-Sentimos lo de vuestro padre.

Una verdadera tragedia.

-Cierto. Una verdadera tragedia.

-Daremos con los que lo mataron. Y se lo haremos pagar.

-No lo dudo ni por un instante.

Pero no es por mi padre por quien os he reunido aquí.

Abandonasteis a vuestro Señor.

Lo abandonasteis a merced de los peores criminales.

¿Cuál debería ser mi respuesta?

¿Acusaros de traición?

¿Quitaros las tierras?

¿Haceros ejecutar?

¿Qué satisfacción tendría yo viéndoos colgar de una soga?

Prácticamente ninguna.

Todos hemos cometido errores, yo el primero.

Por eso os perdono.

Os perdono a todos.

-¿Qué es esto? -Una carta,

en la que rogáis a Su Santidad el Papa,

me nombre obispo de Compostela.

Dado el nuevo clima de perdón y amor fraternal,

estoy seguro de que todos deseáis firmarla.

-¿Qué hacemos?

-Jugamos y perdimos.

Ahora toca pagar.

Me sorprende que a ti también te haya perdonado.

-En mi caso, Señora, el perdón tenía un precio.

(REMO) -Tomás...

-Me encantaría serviros. Pero ando escaso de vino.

(SARCÁSTICO) Problemas con los proveedores.

-Hemos venido a echarte de la ciudad.

Te lo hemos pedido por las buenas

y no has hecho caso.

-Ya.

Y ahora venís a arreglarlo por las malas.

¿Sabes cuál es el problema

de hacer las cosas por las malas?

¡Apartaos si no queréis que le rebane el pescuezo!

El problema es que hacen falta agallas.

Y tú de eso anduviste siempre un poco escaso.

Y vosotros, a trabajar.

Ya arreglaremos cuentas más tarde.

Debería matarte, Fermín.

Quedarme con tu puesto, con tu mujer...

Debería hacerlo.

Pero ella no me lo perdonaría.

Vas a recoger tus cosas,

a tu mujer, a tu familia...

y te vas a marchar de aquí esta misma noche.

-Debiste matarlo.

-Debí hacerlo, sí... hace diez años.

-Me alegra veros tan recuperado.

-He oído que no fui el único en sufrir la ira de esa escoria.

-Se portaron bien.

El nombre de Raimundo aún infunde respeto,

incluso entre esa clase de gente.

Sabéis por qué os he invitado a venir a la ciudad,

¿verdad?

-Lo sé y no puedo ayudarte.

Eres demasiado joven, Diego.

Aún no has sido ordenado sacerdote

y quieres... ¿qué? ¿Ser obispo?

Es imposible.

-Cuento con el apoyo de los nobles.

Todos han querido firmar una recomendación ante Roma.

-Ni aún con el apoyo de la corona sería suficiente.

No puede ser.

-Es el tesoro del sepulcro.

Le costó la vida a mi padre. Ahora es mío.

Debo ser investido aquí. Y no dejaré Compostela.

Decídselo a Su Santidad.

(GRITA) ¡¡¡Aaahhh...!!!

(GRITA) -¡¡¡Aaahhh...!!!

(GRITA) -¡¡¡Aaahhh...!!!

(GRITA) -¡¡¡Aaahhh...!!!

¡No puedo, no puedo!

(JIMENA) -Es un varón.

Se llamará Gonzalo.

(AF) -Tienes que saber manejar a los hombres mejor que la espada.

-El rey lo considera su sucesor. Y no lo voy a consentir.

Quiero al mocoso muerto.

-Hombres en un recinto sagrado. La tumba del Apóstol.

¿Vas a atacarme?

-Ha llegado a Roma una acusación muy seria:

que el templo del Apóstol Santiago no se está construyendo

de acuerdo al espíritu de la Santa Madre Iglesia.

-Le vi rezar como rezan los infieles.

Sal de aquí.

-Soy el obispo de Compostela, no me juzga nadie sino Dios.

-Quiero ser uno de los capitanes del reino cristiano.

Si me ven luchando con ellos, me respetarán.

Con los moros estarás muerto en dos movimientos.

Si mi religión te importa más que el vínculo entre tú y yo...

-¿Como te has convertido en uno de ellos?

-Los Almorávides se han hecho fuertes en Uclés.

-Enviaré mi ejército a Uclés. Presentaremos batalla.

(YUSUF) -Aquí es donde todo termina.

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El final del camino - Capítulo 6

15 feb 2017

Tras ser liberado, Gonzalo sueña con volver a Compostela para reunirse con su esposa, pero Gelmírez le comunica la muerte de Elvira y la desaparición de sus hermanos. El mayor de los Catoira encuentra consuelo en Zaida, la joven amante de Alfonso VI. Animal, por su parte, sufre por la reina Constanza, gravemente enferma. Mientras, la amenaza de los conjurados de San Juan sigue atemorizando la corte de Alfonso VI.

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  1. Meyer

    Señor Cid, en ningún documento histórico autentificado el rey firma como rey de Castilla. Se proclamó rey de Castilla pero integrado en la Corona de León, vuelvo a repetir que en ningún documento de la colección diplomática de la época tanto propia como extranjera se refieren al rey Alfonso VI como rey de Castilla refiriéndose a todos los reinos unificados. Documentación de la catedral de León, catedral de Burgos, Cluny, Archivo Histórico Nacional y un largo etc. Lo más históricamente correcto ya que el propio rey así se intitula es rey de la Corona de León, Rey de León y Toledo o ¿Ego Alfonsus Rex¿.

    17 feb 2017
  2. Cid

    Meyer, Alfonso VI fue rey de Castilla de 1072 a 1109, época en la que transcurre la serie. Asi consta en los documentos de aquel tiempo y en todos los libros de historia.

    16 feb 2017
  3. Meyer

    Bien que se tenga licencias artísticas para el desarrollo de la serie pero por lo menos cuando los actores hablen del reino que sea donde se desarrolla realmente. Alfonso VI nunca se intitulo rey de Castilla, Alfonso VI en toda la documentación de la época se intitula como rey de León o rey de León y Toledo, respeten por lo menos esta realidad histórica, cuando hablen del reino que digan el Reino de León.

    16 feb 2017