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No recomendado para menores de 16 años El final del camino - Capítulo 5 - ver ahora
Transcripción completa

(OFF) Conozco a Pedro y no es un asesino.

No lo conoces. Conocías a un niño.

-Voy a matarte. -Yo soy lo que eres tú.

Soy el Maestro que ha dibujado el Templo.

-Vas a matar a su hombre, vas a arrasar su ciudad.

¿Piensas que va a querer ir contigo a África?

Dime tu nombre... Mi nombre es Abdel Rachid.

Yo, soy tu hermano.

Mis hermanos son los que me cuidaron cuando tú me abandonaste.

¡¡¡Mi nombre es Abdel Rachid!!!

-Me declaro culpable de traición.

Y me declaro indigno de ostentar mi cargo.

(CONSTANZA) -Si eres leal, y me conviene,

tal vez en pocos años Compostela sea tuya.

(CARDEÑA OFF) -Pedro de Catoira, en honor a tu hermano,

te encomiendo capitanear la nueva guardia de Compostela.

-Mejor que os vayáis acostumbrando a esas cadenas,

cargaréis con ellas el resto de vuestros días.

(Ruido de cadenas)

No sabes lo que estás haciendo, soldado.

(CARCELERO) -No lo entendéis, ¿verdad?

Vosotros dos estáis muertos.

¿Estamos qué...?

Escúchame bien, pedazo de imbécil: muerto estarás tú.

Yo me voy a encargar personalmente de eso.

Te voy a arrancar la cabeza y te voy a sacar las tripas...

¿me has oído bien? Muerto estarás tú.

En unas pocas semanas estaremos de vuelta en Compostela...

Ya verás, Gonzalo.

Estaremos de vuelta antes de que te des cuenta.

Pronto vendrá alguien y nos sacará de aquí...

(RESPIRA ANGUSTIADO)

(Música)

-Lo estás haciendo bien.

Cuando asesinaron a Gonzalo...

pensé que nunca llegaría a superarlo.

A veces pronuncia su nombre en sueños.

¿Y se lo has dicho? No quiero que lo olvide.

Sólo quiero que sea feliz.

Bueno, esto ya está.

Voy a por un poco de leche.

Es temprano.

Sigue durmiendo si quieres.

(SEDUCTORA) ¿Y si no quiero?

-Compostela se muere, Pedro.

Cada día llega menos gente y menos plata.

Me vas a hacer llorar. Alguien está metiendo mercancía

en la ciudad sin darme mi parte. Un poco de corrupción está bien;

el problema ahora... El problema...

es que te han dejado al margen, ese es el problema.

Fermín ha levantado dos molinos nuevos.

Demasiada plata para un panadero.

Alguien debería pararle los pies.

No soy uno de tus perros Tomás.

¡Pedro!

No dejes que el orgullo te nuble la vista.

Tienes una mujer guapa, de Gonzalo no se acuerda nadie;

no lo estropees y obedece. O contaré a Elvira

y a toda la ciudad que tu hermano sigue vivo.

Hay que dar ejemplo, Pedro. Quiero sangre.

(DOLORIDO) -Ahhh!

Con un poco de suerte no perderás el pie.

Esteban, necesito que hiervas... -...bardana y caléndula...

Mitad y mitad. Mitad y mitad.

Nos estamos quedando sin caléndula,

a ver donde la encontramos en esta época del año.

Ya nos apañaremos. Dirás que ya me las apañaré.

(SONRÍE CON REPROCHE)

No me quejo. Me gusta este trabajo.

Ayudamos a la gente... y estoy en paz.

¿Le has vuelto a ver? ¿Al monje?

Hace cuatro años ya que no aparece.

Desde que se pararon las obras del Templo.

(CARIÑOSA) Bien.

(GARCÍA) -Eh, soldado...

¡Soldado!

¿Qué quieres? (GARCÍA) En los próximos días

vendrá alguien de la corte de Toledo.

Quiero que le mande un mensaje a Alfonso de mi parte.

Que le diga que García se ha ido con dignidad.

Y que le perdono.

Eso es muy importante.

Debe saber que yo le perdono a él.

Eh, no, no, no... Esperad...

¡Gonzalo! ¡Gonzalo!

(GRITA) ¡¡¡Guardias!!! El verdadero Rey de Galicia,

morirá con honor. Qué manía con el honor...

¡Gonzalo! (GRITA) ¡¡¡Guardias!!!

¡Ehhh, no, no, esperad! ¡No, no lo hagáis!

¡García, no lo hagáis! (GRITA) ¡¡¡Guardias!!!

¡García, no! ¡No lo hagáis!

(GARCÍA AGONIZA AHOGADO)

-Fue hace tres días.

Se colgó del techo.

-No.

No se colgó, ¿has oído?

García murió de una enfermedad.

(GUARDIA) -Claro... Entendido.

(EMISARIO) -Trae dos hombres para que retiren el cuerpo.

¡Eh!

Vais a regresar a Toledo, ¿verdad?

Así es. Hacedme un favor.

Decidle a la Reina Constanza,

que Rodrigo de Limia está encerrado junto a un amigo.

Rodrigo de Limia, recordadlo.

Esperad.

La Reina sabrá agradeceros esta información...

Y sed discreto.

(CAPITÁN) -Los almorávides han entrado en Granada

y han destituido al Rey de la taifa.

-Aseguran su posición en el sur.

-Porque se preparan para lanzar su ataque contra Toledo.

Es el objetivo de Yusuf; siempre lo ha sido.

Recuperar Toledo,

y lanzar su conquista en el norte.

-Enviaré mi ejército al sur y lo detendré.

-No creo que sea buena idea, majestad.

-¿Cómo osáis discutir una decisión de...?

-No perdáis vuestra posición dividiendo vuestras fuerzas.

Esperadles aquí.

Sus hombres llegarán cansados de la campaña.

Vulnerables.

-Tiene razón.

-Majestad, traigo noticias del Castillo de Luna.

-Hablad.

-Vuestro hermano García... ha muerto.

La enfermedad ha acabado con él.

-Por respeto a mi hermano, en los últimos años,

mantuve al reino de Galicia sin mando.

Ahora que ha muerto...

mi hija Urraca será nombrada Condesa de Galicia.

En los próximos días contraerá matrimonio

con un hombre noble y sabio;

con el que gobernará el norte.

Ahora dejadme solo.

-Ya habéis oído.

(MURMURA) -Convoca una reunión.

-Tenía que encarcelarlo.

No me dio otra opción.

Los tres reinos...

tienen que ser gobernados por un solo Rey.

-Hiciste lo que debías.

-Sí.

-Alfonso necesita un marido para Urraca.

Un caballero,

al que pueda nombrar Conde de Galicia.

Es nuestro momento.

-Los conjurados de San Juan.

Así se hacen llamar.

-¿Qué es lo que quieren? -Poder, como todos.

La mayor parte son nobles de Castilla y de León

que han perdido su influencia.

Sin duda tienen algún candidato para casarse con Urraca...

y querrán imponerlo.

-Envía un emisario a Borgoña;

que hable con mi sobrino Raimundo

y le diga que debe venir de inmediato a Toledo.

Que tengo... (TOSE)

que tengo planes para él... (TOSE)

-Majestad, ¿estáis bien?

(CÍNICA) -La Reina se encuentra perfectamente.

Y si alguien os pregunta, eso es lo que diréis.

-Desde luego.

-Que Raimundo venga a Toledo.

-Señora, traigo del Castillo de Luna un mensaje para vos.

Rodrigo de Limia está preso en el castillo

junto a un amigo suyo.

-¿Qué nombre has dicho?

-Rodrigo de Limia.

(GUARDIA) -¡Alto!

Registradla.

-Sólo es grano, para el monasterio.

En ese caso, no tienes nada que temer.

Me ha denunciado Tomás, ¿no es así?

No sé cuánto te paga, pero te ofrezco el doble.

(GUARDIA) -Quietos...

-Calma... Sólo es un malentendido, eh...

(SUPLICANTE) ¡No, por favor...!

No, no... Por favor...

Dios mío... ¿Pedro te hizo esto?

¿Qué has hecho, Fermín, para que te pegue de esta forma?

Tomás...

La guardia...

La guardia obedece a Tomás.

-¿Es cierto lo que dicen? ¿Qué deseas bautizarte?

-Estoy dispuesto a hacerlo,

si tú cumples tu palabra.

Dejarme marchar.

Tengo que volver al hospital, con Elvira;

donde me necesitan.

-Te bautizaré.

He bautizado a otros que lo merecían mucho menos...

Y quién sabe,

si el sacramento te acabará acercando a Cristo.

(IMPACIENTE) -¿Cuándo?

-¿Tantos años terqueando y te entran las prisas ahora?

Pronto;

mañana mismo, si quieres, después de la ceremonia

me dirás donde está el libro y se acabó... serás libre.

-No..., el libro no entra en el trato.

-El libro es lo que te ha traído a esta celda.

-No me pidas eso...

He cedido.

¡Voy a renunciar a la fe de mis padres!

¡Cede tú en esto...! (TAJANTE) -¡No!

Yo no comercio, con la fe.

-Madre, ¿para qué rezamos?

-Para hablar con Dios.

Él nos perdona, nos guía y nos conforta.

-Pero a mí nunca me responde.

-Porque aún eres pequeño. Reza mucho y sé bueno;

ya verás como el Señor acude a tu llamada.

Samuel era un niño, igual que tú, solo que vivía en un templo.

Y una noche, mientras dormía, una voz lo despertó.

Y la voz lo llamaba, y le decía...

¡Samuel, Samuel!

-¿Era Dios? -Mmm...

Al principio él no lo reconoció.

Pero cuando la voz lo despertó por tercera vez, Samuel dijo...

-Habla, Señor, que tu siervo escucha.

-Odamiro, ve a casa y da de comer a las gallinas.

-Sí, madre.

-Mañana vendré a buscarte y seguiremos hablando.

-No te daré el libro.

-Estás dispuesto a negar a tu Dios.

¿Por qué te sigues empeñando en esconder ese libro?

-¡Porque ayuda a salvar vidas!

No permitiré que lo destruyas.

La gente cree que estás con Tomás. No es cierto.

¿Y por qué defiendes sus intereses? Hoy casi matas a Fermín.

Infringió la ley.

(ESTEBAN) -Tomás hace cosas peores y a él nadie le planta cara.

(Golpe)

(ENFADADA) No quiero hablar contigo...

Ven-ven-ven-ven- ven-ven-ven-ven-ven...

(DULCE) ven.

Eres lo único que me importa.

Mírame, mírame.

Sólo quiero protegerte.

Por ti renunciaría a todo.

(CARCELERO) -Tengo orden de liberaros.

Os llevan a Toledo.

-Espero que sepáis comportaros ante vuestra Reina.

Tranquilo, hay confianza.

Majestad...

Majestad...

-¿Por qué estabais presos?

Hubo una conspiración en Compostela, para retirarnos de la guardia.

Nos traicionaron.

Majestad, os doy mi palabra de que no hicimos nada...

Ambos sois hombres de honor.

Y si decís que os traicionaron, os creo.

Voy a devolveros la libertad.

Gracias.

Me gustaría regresar a Compostela cuanto antes.

No.

No, a cambio del indulto

deberéis realizar un servicio para mí.

Mi hija va a ser Condesa de Galicia.

Es el primer paso antes de convertirla en Reina.

Pero hay fuerzas que tratarán de impedirlo.

Vuestra tarea será, despejar el camino al trono.

Hacer lo necesario para que sea coronada.

Cuando Urraca sea Reina, podréis regresar a Galicia.

Majestad.

Mi esposa está en Compostela;

y mi único deseo es poder verla cuanto antes.

Cuando Urraca sea Reina. Ese es el trato.

Confío en que cumpliréis con honor

el acuerdo... (TOSE)

Retiraos.

(BRUSCA) ¡¡¡Retiraos!!!

(CAPITÁN) -Gonzalo... Oí que habíais muerto

en el ataque de los almorávides.

Oísteis bien.

Me alegro de veros con vida.

De verdad.

-Acompañadme.

Os voy a llevar a vuestras estancias en palacio.

-Id, ya habrá tiempo de ponernos al día.

Deberíamos decirle que en Compostela hay un traidor desgraciado

que se ha vendido a los sarracenos.

No. No vamos a decirle nada a nadie.

Pedro es cosa mía.

Y ahora...

me vas a contar qué está pasando, entre la Reina y tú.

Fuimos amantes, en Borgoña.

¿Estás de broma?

¿Qué pasa? Yo también tengo mis encantos.

Perdón...

(CENSOR) -¡Ey!

Es la concubina del Rey.

Tenemos los mismos gustos.

-El Consejo va a decidir quién será tu esposo.

Tú ver, oír y callar. -Sí, madre.

-Mi Señora.

(SUSURRA) -Apóyame y no te arrepentirás.

(FERNANDO) -Majestad, con total humildad,

solicito contraer matrimonio con Urraca

y hacerme cargo del condado de Galicia.

Sabéis de mi lealtad... -Raimundo de Borgoña, mi sobrino,

viene de camino. Y viene para casarse con Urraca.

El matrimonio reforzaría nuestras relaciones con Borgoña.

(ACENTO FRANCÉS) -Y para la Abadía de Cluny.

Raimundo me parece... una excelente propuesta.

(FERNANDO) -Sin desmerecer la propuesta de la Reina,

creo que no deberíamos entregarle Galicia a un extranjero.

(DESPECTIVO) Un franco.

Ya cuentan con demasiadas influencias en la corte

y nos intoxican con sus costumbres.

-Eso ha sido ofensivo, Don Fernando.

-Si me permitís, Majestad,

Raimundo de Borgoña es conocido por ser un devoto soldado de Cristo.

Parece una elección idónea para hacerse cargo de Compostela

y del sepulcro de Santiago.

-¿Acaso no soy yo un buen cristiano?

-Sin duda, pero no queráis comparar vuestra fe

con la de Raimundo, famosa en todo occidente.

-Raimundo es la mejor opción. Tener a los francos como aliados,

sería muy útil ante la guerra contra los almorávides.

(ALFONSO RÍE DIVERTIDO)

-He aquí, la miseria de nuestros enemigos.

Seres viles,

rastreros, traicioneros...

que son capaces de vender a su propio hermano con tal...

de mantener... su posición en la corte.

Pero tiene razón.

-Mi señor...

-Raimundo desposará a mi hija y juntos gobernarán Galicia.

-Magnífica decisión, Majestad.

(OFF) Dijiste que siempre estarías conmigo...

(OFF) ¡¡¡Mi nombre... es... Abdel Rachid!!!

Demasiados días a caballo.

Los soldados de Alfonso te cazarán antes de llegar a Compostela.

Pero si quieres hacerlo, adelante.

Yo te cubriré ante la Reina.

-Madre...

Haré lo que sea necesario para ser Reina.

Pero ese hombre no me va a tocar, ¿verdad?

-No, no lo hará.

Al menos de momento. -No te preocupes.

No es un hombre de camas; es un hombre de Dios.

-Seguiré a Cristo, mi pastor, allá donde él me encomiende.

Si debo gobernar la tumba del santo apóstol Santiago,

aceptaré mi carga con humildad y determinación.

(EN LATÍN) In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.

Vaya sermón...

Estamos aquí para protegerle. Dios me protege, soldado.

Sin duda, Señor.

Pero por si acaso, nosotros también.

-El viento está cambiando, Pedro.

Siéntate y escucha.

-Desde que el último obispo nos dejó hemos estado solos.

Hemos hecho y deshecho a nuestro antojo.

Un nuevo administrador va a suponer un problema...

para los tres.

Las decisiones ya no pasarán por mí, ni por ti, ni por ti.

Será como volver a los tiempos del Dómine.

-Y cuesta obedecer cuando se ha probado la libertad.

Simón, ¿qué queréis de mí? -Que sigas a nuestro lado;

tenemos que hacer un frente común.

¿Otra guerra, como la de Peláez?

No..., no hablamos de algo tan drástico.

Que el nuevo administrador ocupe su cargo,

le seguiremos el juego...

-Pero mantendremos el control de la ciudad.

¿Y si no se deja manejar? -Cada cosa a su tiempo.

¿Contamos contigo?

-Pedro está de nuestra parte. Yo respondo por su lealtad.

(FRUSTRADA) No lo entiendo y me da rabia.

Gonzalo nunca habría permitido que Tomás se saliera con la suya,

lo habría parado.

-Si has elegido vivir a su lado, como su esposa,

no puede ser un hombre malo,

¿me equivoco?

No...

¿Cómo va el hospital? ¿Has podido usar el libro?

Eso es imposible, Efraím.

La gente de Tomás está allí todo el día para asegurarse

de que los enfermos pagan. Pero no te preocupes,

el libro está seguro.

Odamiro sigue buscándolo.

Asegúrate de que nunca lo encuentre.

Pase lo que pase,

el libro no puede caer en sus manos.

(OFF) Tranquilo.

(GRITA) -¡¡¡No, no... no, no,... no, por favor,

no, no, mi hijo... mi hijo, por favor, mi hijo...

no, no, mi hijo...!!!

-Has hecho bien denunciándola.

-¿Sabes quién soy?

-Fagildo, el abad de Antealtares.

-¿Tu madre te trataba mal? ¿No cuidaba de ti?

-Sí que lo hacía.

-Y sin embargo la denunciaste... y ahora sufrirá prisión.

-Vendía su cuerpo. Y eso ofende a Dios.

-Dios es más misericordioso de lo que puedas imaginar.

¿Tienes un lugar a dónde ir?

Podrías venir a la abadía. Hacerte fraile.

-Si me hago fraile... ¿Dios hablará conmigo?

-Dios habla con todos,

solo que a él no se le escucha con los oídos;

tienes que tener abierto el corazón.

(GRITA ASUSTADA) -¡¡¡Aaahhh!!! ¡¡¡Aaahhh!!!

-¿Cómo es posible que hayan matado a un miembro de mi consejo?

¡Y su cadáver expuesto para que todos lo vean!

-La decisión de que Urraca se case con un francés

no ha sentado bien en algunos círculos.

-No ha sentado bien a los conjurados de San Juan.

Intentan influir en vuestra decisión mediante el miedo.

-Nadie influye en mis decisiones.

Raimundo se casará con Urraca y será Conde de Galicia.

Aunque cuelguen cientos de cadáveres

de las calles de Toledo.

-Los conjurados no permitirán que un franco se case con mi hija.

¡Descubrid quién está detrás de la Conjura!

-Ya han dejado un cadáver. Y no será el último.

(CONSTANZA TOSE)

-Este es Diego Gelmírez. (TOSE)

Le conocemos.

Podéis retiraros. (TOSE) Majestad.

-¿Qué hace él aquí? Le daba por muerto.

-Está aquí para proteger a Raimundo...

y acabar con la Conjura.

-Reza conmigo.

Necesito un administrador para Compostela.

Tú has vivido allí.

Háblame de la ciudad, de cómo la ves tú.

-Compostela es el pilar de la cristiandad, Señor.

Es el final del Camino de Santiago.

Un símbolo que une a los reinos cristianos...

-No... El Camino es mucho más que eso.

Es redención y esperanza para todos:

nobles, plebeyos, santos, pecadores...

y durará para siempre.

He oído hablar de ti, dicen que eres listo...

pero también mentiroso.

-Si me permitís, no... -No, no quiero que lo niegues,

solo que tengas claro que te conozco.

-Entonces no entiendo por qué...

-Soy un hombre piadoso, pero no un ingenuo:

tengo enemigos dispuestos a impedir mi proyecto para Compostela.

No necesito un santo al frente de mi ciudad;

necesito un lobo.

¿Eres tú ese lobo?

-Lo soy.

(SUSPIRA) -Serás el administrador de la ciudad.

Y en mi nombre,

reanudarás las obras del Templo de Santiago.

Puedes retirarte. -Señor.

-Antes de que salgas para Compostela,

hay algo de lo que debemos hablar.

Gonzalo asegura que alguien en la ciudad le traicionó

y le hizo encarcelar.

Eso puede significar que la guardia está comprometida.

Sé prudente...

(CONSTANZA OFF) ...ve con los ojos muy abiertos...

y averigua quién y por qué quería a Gonzalo fuera de Compostela.

Si hubo una conspiración capaz de acabar

con el protector de la ciudad...

tendrás que andar con pies de plomo.

(OFF) Soy el jefe de la guardia, no uno de tus matones.

(TOMÁS) -Ya sé que eres el jefe de la guardia...

¿a quién se lo debes?

-Día de cobro, venga.

(REMO OFF) ¿Qué es esto? Falta una pieza.

Aquí. Vente conmigo...

-Los demás, tened paciencia;

os iremos atendiendo en cuanto podamos.

-Diego Gelmírez...

¿qué hacéis vos aquí?

-Raimundo de Borgoña es ahora esposo de la infanta Urraca...

Conde de Galicia,

y me ha enviado para administrar Compostela.

Simón,

serás mi mano derecha, como en los tiempos del Dómine.

-Será un honor.

-¿Y tú eres...?

Pedro de Catoira, jefe de la guardia.

El hermano de Gonzalo...

-Gonzalo murió hace años en una reyerta contra los moros.

Ahora Pedro ocupa su lugar en la guardia.

-Gonzalo muerto...

Tú luchaste a su lado, ¿lo viste morir?

Así es, luchó como un héroe para defender la ciudad.

Una lamentable pérdida.

¿Sería posible presentarle mis respetos a la viuda?

Su viuda es ahora mi esposa.

(MORDAZ) Pues sí que has ocupado su lugar, sí...

-Diego Gelmírez.

Tengo algo que decir.

Los francos están ganando poder en la corte de Toledo.

Y eso es peligroso.

No por cuestiones políticas, que a mí no me competen...

Pero la abadía de Cluny ayuda a Roma

a imponer su liturgia “moderna” en nuestras iglesias.

Y Raimundo es un hombre de Cluny.

Quiero dejar claro que la fe

está fuera de vuestra jurisdicción.

-¡Por el amor de Dios!

Dad las misas como os venga en gana.

Estoy aquí para solucionar problemas de verdad.

Tú, espérame fuera.

Y el resto, podéis retiraros.

Señor.

-Bienvenido a mi humilde casa. Es un honor.

-También yo tenía ganas de conocerte.

-Si puedo ofreceros algo... -Vino, por favor.

-Ya lo has oído, Remo.

-¿Sabes qué se dice en Compostela? -Soy todo oídos...

-Que los nobles y los obispos mandan en el palacio,

pero en las calles mandas tú. -¿Eso dicen?

No, exageran.

-También que sois hábil con la plata;

el más rico de la ciudad.

-Y también el más generoso, si me lo permitís.

Esto es un regalo para vos...

o para el Conde Raimundo, como prefiráis.

-Me ofreces plata sin pedir nada a cambio...

un comerciante un poco extraño.

-Dejad el mercado a mi cargo, como ha sido siempre;

y yo os daré vuestra parte. Todos ganamos.

-Ha sido un placer conocerte.

Hablaremos pronto.

-Mi Señor.

-¿Cuánto te paga?

Nada.

Puedes decírmelo, yo también he aceptado su plata.

No me paga nada.

Mañana, al amanecer, reúne a unos hombres;

y espérame en el mercado. ¿Para qué?

Mañana lo sabrás.

-Mi señor, si no ordenáis nada más...

-¿Sabes por qué te he escogido?

-No. -Porque eres un cobarde,

y cuando las cosas se tuercen, cambias de bando

y te alineas con el vencedor. Como las ratas.

-Señor... -Tranquilo, Simón.

Era un cumplido.

Lo que te estoy diciendo es que ahora yo soy el árbol

al que debes arrimarte, y no Tomás.

¿Lo has entendido?

-Sí.

-Bien. Quiero que veas algo.

-El Templo de Santiago.

¿Pensáis retomar las obras?

-Es el deseo de Raimundo... y el mío.

-Señor, no tenemos plata, para acometer esas obras.

-La habrá. De hecho,

hoy he conseguido el primer donativo.

(OFF) No puedo más.

Avísame cuando el santo este acabe de confesarse.

¿A dónde vas, Rodrigo?

A resolver un asunto pendiente.

(ALFONSO OFF) -¡¿Cuándo me darás un hijo varón?!

¡Todas las mujeres que me rodean son yermas!

-¿Qué haces aquí a estas horas?

Esperando a que Raimundo termine de confesarse.

Nos hemos convertido en siervos.

Tú del Conde de Galicia y yo del Rey.

Creo que mi servidumbre es más llevadera que la tuya.

Sí, eso seguro.

Yo debería de estar en Sevilla, con mi padre;

y tú en Compostela, con tu mujer.

En palacio todo se sabe.

Te queda un largo camino hasta que te permita ir con ella.

Sea el camino que sea,

lo recorreré una y mil veces.

Ojalá alguien me quisiera como tú quieres a tu mujer.

Buenas noches, Gonzalo.

Buenas noches, Zaida.

Repítelo.

-¿Que repita el qué?

Lo que me dijiste en Chalons hace quince años.

Que nunca me quisiste.

Que solo fui una herramienta para casarte con Alfonso.

Lo nuestro era...

Ahora soy madre de la futura Reina.

Constanza, repítelo.

Di que nunca me quisiste y me marcharé.

Vete.

No...

Vete, Rodrigo.

Solo si tú te vienes conmigo.

Manda al infierno todo esto.

Si me lo hubieras pedido hace unos años,

te habría dicho que sí... sin dudarlo.

Pero ahora está ella.

Y es más grande que tú, y que yo.

Vete...

Si te descubren aquí te matarán;

y es lo último... (TOSE)

es lo último que quiero. (TOSE)

¿Qué te pasa? (CONSTANZA TOSE)

Constanza...

¿qué te pasa?

Vete...

Vete, por favor, vete.

Vete...

(SOLLOZA)

-Podemos irnos, Gonzalo.

¿Puedo preguntarte algo? ¿Cómo no?

¿Hace cuánto que no confiesas tus pecados?Mi problema,

no son los pecados que he cometido...

sino los que voy a cometer.

Mi espada... Detrás...

(RAIMUNDO) ¡Gonzalo!

¡¡¡Cuidado!!!

(OFF) ¡¡¡Ehhh!!!

Gonzalo, déjalo ya.

(GRITA) ¡¡¡Gonzalo!!!

Ya está bastante muerto.

Al Rey no le va a gustar.

-Este miserable me juró lealtad.

Pasaré por la espada a toda tu estirpe.

Detén a sus hijos y enciérralos.

Ahora sus tierras me pertenecen.

Me has prestado un gran servicio

acabando con esta traición.

Que todo el mundo sepa

que la Conjura de San Juan se ha terminado.

¿Qué? Tenías que estar conmigo.

Te salvé la vida. Podías agradecérmelo.

Me pasé la noche buscándote.

Y nadie supo decirme donde estabas.

Salvo una criada que te vio salir de la habitación de la Reina.

¿Y qué? Lo tuyo con la Reina...

era cierto.

Si el Rey se entera nos mata a los dos.

Deja de pensar con la entrepierna si quieres volver a Compostela.

Eh, eh...un momento; primero,

lo que hay entre Constanza y yo...

tú nunca lo entenderías. Y segundo,

a lo mejor no quiero volver a Compostela...

Constanza es la Reina y tú no eres nadie.

Lo siento.

Haz lo que tengas que hacer... o lo que quieras hacer.

Pero yo tengo que volver a casa.

¿Por Elvira?

Dime que es por volver con Elvira...

¿Tú qué crees? ¿Y tu hermano?

¿Ya no quieres vengarte de tu hermano?

No te equivoques;

me he pasado cuatro años encerrado por su culpa.

Soy el primero que quiere matarlo.

Y matarlo con calma.

Pero tú no eres como yo, Gonzalo.

El ansia de venganza te está comiendo por dentro.

Aquí estoy, como ordenasteis.

¿Y ahora?

-Ahora se cierra el mercado.

Nadie comercia en Compostela hasta que yo lo diga.

¿Es una broma? ¿Te lo parece?

¡Ya habéis oído!

Será el caos. Lo será.

Quiero que cierres la taberna de Tomás...

Señor, por favor... Cierra la taberna.

Después haces una visita al hospital.

He tomado una decisión.

(GUARDIA) -¡Todos fuera!

¡Este lugar permanecerá cerrado, por orden de Diego Gelmírez!

El hospital ya no te pertenece; órdenes de Diego Gelmírez.

-Esto es mi propiedad.

Desde hoy pertenece a la ciudad. Tienes que irte de aquí.

No me voy a ningún sitio. Estoy en mi negocio.

Yo de ti obedecería.

La orden es: arrestar al que se resista.

Te estoy haciendo un favor.

Ya hablaremos tú y yo.

Pedro...

Parece que el nuevo Señor no es tan malo como pensabas.

Cuéntaselo a los trabajadores del mercado.

Ese loco acaba de prohibir el comercio.

¡Ese malnacido de Gelmírez no puede seguir escondiéndose!

Queremos hablar con él! ¡Que salga!

¡Que dé la cara! ¡Que salga!

(TODOS GRITAN) -¡¡¡Sí, que aparezca!!!

-¡¡¡Ven aquí si tienes valor!!!

-¡¡¡Que salga!!!

(Alboroto)

-¡Señor, debéis hablar con los mercaderes!

-Déjales que griten, así se relajan.

-Mi Señor... (SECO) -Simón.

Así que tú has hecho esto.

Un hombre sin apenas formación.

El Templo será magnífico si tú sigues trabajando en él.

-Mi Señor, por favor, pedidme lo que sea menos eso.

Yo ya no soy constructor.

-Eres constructor.

Y uno de los mejores que he visto.

-No, no puedo hacerlo.

-Verás, no te lo estoy pidiendo.

Te estoy explicando lo que va a suceder.

Quiero este Templo...

y tú vas a levantarlo.

Empieza a dibujar.

(Gritos y abucheos)

(GRITA) ¡Calmaos!

(TOMÁS OFF) -¡Ahí lo tenéis!

¡El hombre que va a hacer pedazos esta ciudad!

-Antes de nada quiero agradecer ante Compostela,

el servicio que este hombre ha prestado a la ciudad,

vendiendo su protección a los mercaderes.

Gracias, Tomás.

Pero a partir de ahora,

la guardia se ocupará del mercado.

Y el que quiera tener un puesto deberá pagar una tarifa.

El dinero servirá para reanudar las obras del Templo.

-Esto es un abuso, es intolerable. No pagaremos.

(MERCADERES) -Eso... ¡No pagaremos!

-Sólo habrá sitio para los 30 primeros.

El resto tendrá que vender fuera de las murallas.

El que acepte que lo diga ahora.

Simón, anota a los 30 primeros.

-¡A mí...!

-¡Apúntame a mí también...! -¡Y a mí...!

-¡Yo...!

-Tú no.

-Yo... Yo... -Yo también...

-Apúntame a mí. -Anotadme, por favor...

(Gemidos)

-¡¡¡Fuera de aquí!!!

Fuera de aquí... ¡Fuera!

(FURIOSO) ¡¡¡¿Cómo te atreves...?!!!

¡Mancillar... (MONJE GRITA) -¡Aaahhh!

la santidad... de nuestra orden!

¡Cometer actos impuros,

como si fueras un hombre normal!

(MONJE GRITA) -¡¡¡Aaahhh!!!

(FAGILDOOFF) -Lo azotaste hasta arrancarle

la carne del hueso.

Tiene la espalda y los brazos llenos de heridas.

-Estaba pecando. -Lo sé.

Pero un hombre que castiga tan severamente a un pecador

tiene que considerarse a sí mismo libre de pecado.

¿Es que tú nunca has sucumbido a la tentación?

-Jamás.

(DÉBIL) -Serás mi sucesor al frente de la abadía;

en tus hombros dejo mi carga.

Recuerda el Evangelio de San Lucas,

no hay mayor pecado que el odio.

-¿Para qué me habéis hecho venir?

-Queremos solicitar la ayuda de vuestra abadía.

-¿Qué queréis? -Plata.

Debéis pagar un tributo, como todos.

-La abadía no tiene plata. Somos pobres.

-Me basta con que paguéis una sola moneda. Pero pagad.

-Y esa plata que vais a recaudar, ¿para qué la vais a utilizar?

-Para el Templo.

-¿Reanudáis las obras de esa blasfemia?

Esa Iglesia,

es un monumento obsceno a la vanidad de Diego Peláez

y de su constructor, el tal Esteban.

Las estatuas, los relieves...

no pretende adorar a Dios, sino a sí mismo.

No contéis conmigo.

-Todos los hombres tienen un punto débil.

¿Cuál es el suyo?

-El Rey se equivoca.

La Conjura de San Juan no ha sido sofocada.

Esta carta estaba entre las cosas de Don Fernando.

(LEE) “Mi leal Fernando,

tendréis la oportunidad que buscamos mañana al atardecer.

Raimundo acostumbra a rezar en el jardín

con uno de los monjes de palacio. (CONSTANZA TOSE)

Una vez hayáis cumplido con el objetivo

daremos el siguiente paso”. Según esta carta, Majestad...

Fernando no era el líder de la Conjura.

Hay alguien que le daba órdenes

(OFF) y que sigue con vida.

Alguien que está dentro de la corte.

Esta vez fracasó porque tú estabas allí, Gonzalo.

Pero no se va a rendir. Habla de un...“siguiente paso”.

(GRAVE) Mi hija.

Irán a por mi hija. No, eso no pasará.

Encontraremos a quien dirige la Conjura.

(CONSTANZA TOSE)

Dejadnos a solas, por favor.

¿Por qué no está aquí tu médico?

He hecho venir a los mejores del reino.

No hay nada que hacer.

¿Quieres hacer algo por mí?

Lo que sea.

Ayuda a Gonzalo a encontrar al traidor.

Estás loco.

(SUSURRA) ¿Por enamorarme de una Reina?

(SOLLOZA) No,

por enamorarte de mí.

(MONJE OFF) -Es hora de que reanudes tu labor...

Tienes que construir mi catedral.

(ESTEBAN OFF) -¡Elvira, Elvira..!

¿Qué?

Lo he vuelto a ver. ¿A quién? ¿Qué pasa?

(ATEMORIZADO) El Diablo... ha vuelto.

Efraím.

Cuéntaselo.

Me persigue el Diablo...

Me hostiga para que dibuje...

susurrándome al oído sus ideas...

Ese monje no existe. ¡Pero yo lo veo!

-No, no, no... no lo ves...

Tu enfermedad es... una dolencia del alma.

Y solo tú, puedes curarla.

-¿Yo? ¿Cómo?

-Dándote cuenta de que esa figura que ves...

está dentro de ti.

Eres tú mismo.

-Venimos a por el judío.

-¿Qué hago yo aquí?

-Enseguida lo sabrás.

-¡Este hombre y su destino me pertenecen!

No tenéis derecho a...

-Yo administro la ciudad y su justicia.

Vos habéis acusado a este judío de blasfemia.

¿Son ciertas las acusaciones?

-Sí, son ciertas...

-Podéis suplicar clemencia para el preso.

¡Es un buen hombre!

¿Cuál ha sido su mal? ¿Curar a los enfermos?

¿Ha mostrado arrepentimiento

por practicar medicina contraria a la Ley?

La verdad.

-No,

no ha mostrado arrepentimiento.

(FAGILDOOFF) -Eres incapaz...

de perdonar los pecados de tus hermanos, Odamiro.

Que Dios te ayude

cuando tengas que perdonarte a ti mismo por los tuyos.

(GELMÍREZ) -Yo creo que este hombre es bueno...

y honesto.

Pero ya veis que su acusador insiste en que es culpable.

Efraím, yo os condeno a muerte.

(GRITA) ¡¡¡No!!! ¡No, por favor...!

¡Por favor, Pedro... haz algo, Pedro!

¡Pedro! ¡Pedro!

¡Efraím! ¡Efraím! ¡Efraím!

-Miserable...

-Su sangre está en tus manos, no en las mías.

Señor, por favor, perdonad a Efraím.

-No.

Cumple con tu deber y ejecútalo.

Entonces, tendréis que buscaros un nuevo jefe de la guardia.

Muy bien.

Sé donde encontrar un nuevo jefe de la guardia.

Se llama Gonzalo de Catoira.

Y a pesar de lo que digan, sigue vivo.

Puedo hacer que su viuda lo sepa ahora mismo.

Ejecuta al judío.

-Te perdono.

Ya sabes que hacer.

(OFF) ¡Esperad...! ¡Lo tengo, tengo el libro,

tenéis el libro...! (GRITA) ¡¡¡Noooooo...!!!

No, no, por favor, no...

(LLORA DESCONSOLADA)

-Ya no se le puede salvar.

Al menos que no muera traicionado.

Por favor, no...

por favor...

Que lo traduzcan,

debe conservarse.

-Ya me lo habéis quitado todo, ¿qué más queréis?

-Vengo a ofrecerte un permiso para comerciar.

Pero tiene un precio.

-Como todo. ¿Qué queréis de mí?

-Te enfrentaste a mí delante del populacho

y levantaste a los mercaderes en mi contra...

-No es verdad... -Necesito el respeto de todos.

Todos tienen que saber que ahora estoy al mando.

-De acuerdo. ¿Cuál es el precio?

¡Mi Señor, mi Señor, por favor, perdonadme!

¡Tened compasión de mí! ¡Por favor, os lo suplico!

¡Clemencia, por favor!

-Te perdono, Tomás. Puedes seguir comerciando.

-¡Gracias, gracias!

¡Gracias mi Señor por vuestra benevolencia!

¡Os lo agradezco, gracias! ¡Gracias!

-A partir de ahora quiero tu absoluta lealtad.

La tendréis, Señor.

Que llegue a Toledo, padre.

-Si descubre que todo esto es mentira, te matará.

-No lo descubrirá.

Necesito quitarle lo motivos para regresar aquí.

Gonzalo tiene ideas propias, pero Pedro,

me será leal sin condiciones.

Es lo mejor para la ciudad.

Hazla llegar a Toledo, padre.

Gonzalo, acaba de llegar de Compostela.

(GELMÍREZ OFF) Estimado Gonzalo.

Lamento tener que escribiros para daros malas noticias,

pero es mi deber.

Vuestro hermano Pedro ha desaparecido.

Nadie sabe nada de su paradero desde hace años.

En cuanto a Esteban,

lo último que se supo de él fue que abandonó Compostela

y se fue a trabajar en las obras de otro templo.

Pero la peor de las noticias que debo daros es que,

Elvira, vuestra esposa...

falleció hace unos meses presa de las fiebres.

Creedme cuando os digo que siento vuestra pérdida.

Sed fuerte, Gonzalo, y servid bien a la Reina.

-¿Qué sucede?

Su mujer ha muerto.

Beber no va a traerte a tu esposa.

-Teníamos un acuerdo: proteger a mi hija.

Y no está en condiciones de cumplirlo.

Eres libre para volver a Compostela.

(GELMÍREZ OFF) -Es el cardenal, Ricardo de Milhaud.

(OFF) Los peregrinos hablan de un bandido,

lo llaman Satanás. Restituiré el orden

y acabaré con esos bandidos.

-Quiero ver sus bocetos, tráemelos.

O someteré a juicio tus pecados delante de todos.

Quiero un nombre, el líder de la Conjura de San Juan.

(ALFONSO OFF) -Concibe un hijo con Urraca,

y luego te vas a Compostela, o a donde te venga en gana.

(OFF) Enamorarte de la Reina...

(ISABEL) -A tu hombre lo han hecho prisionero.

No voy a volver a Compostela.

(SATANÁS) -Han puesto precio a tu cabeza.

(GELMÍREZ) -Si son menos de 500 piezas os están estafando.

-Yo mismo entregaré el rescate.

¡¡¡Prometisteis pagar el rescate!!!

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El final del camino - Capítulo 5

08 feb 2017

Tras 5 años encerrados en el Castillo de Luna, Animal y Gonzalo son liberados por Constanza y trasladados a la corte de Alfonso VI en Toledo. Allí, la reina les ofrece la libertad a cambio de que protejan a su hija Urraca y a su prometido de aquellos que intentan impedir su matrimonio.

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