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No recomendado para menores de 16 años El final del camino - Capítulo 4 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Y los demás?

-Partieron al alba. Sólo quedamos nosotros.

-¿Dónde está? -En la logia.

Hace días que no sale de ahí. Está maldito.

-Esteban, debemos irnos.

Las obras en la Iglesia se han cancelado.

Nos vamos a Zamora.

Quieren construir un nuevo templo allí

y andan escasos de mano de obra.

-No puedo ir con vos.

Allá donde vaya me perseguirá el Diablo.

-Acabarás mal si te escuchan hablando así.

Te encerrarán...

-Es cierto.

El Diablo me sigue como me sigue mi sombra.

-Hay una mujer en el bosque.

Donde el agua cae entre las rocas.

Por lo que sé, tal vez ella puede ayudarte.

Ve a verla.

Espero que nos volvamos a encontrar algún día.

¡Nos vamos! ¡Recoged todo!

-¿Vendrá con nosotros? -No.

-Mejor.

-Las obras se han parado y los canteros dejan la ciudad.

Y con ellos se van también los comerciantes y los artesanos.

Soy panadero y este es el único pan que puedo hacer.

Porque ya no hay mercaderes que traigan grano.

Aunque las últimas cosechas han sido malas,

Compostela aún tiene reservas. Las tiene, sí,

¿pero en manos de quién?

¿Debe depender de él nuestro pan y el de nuestros hijos?

A nadie le faltará pan. Os doy mi palabra.

(CON ACENTO ÁRABE) -¿Ni a nosotros?

A nadie.

-¿Desde cuándo damos voz a los esclavos?

Desde ahora.

-Ya no hay trabajo para nosotros.

¿Cómo alimentaré a los míos? -Si no tenéis trabajo,

marchaos de la ciudad. No hay pan suficiente para todos...

(TAJANTE) He dicho que nadie en Compostela pasará hambre.

(Campanadas)

-Bienvenidos a Husillos.

El Concilio ha sido convocado.

De entre los aquí presentes saldrá el nuevo obispo de Iria

y Señor de Compostela. Que Dios nos ayude,

en la interpretación de su voluntad.

-Compostela ya tiene un Señor:

(FIRME) Yo.

-Don Diego Peláez.

Estáis aquí para ser juzgado por traición al Rey Alfonso.

Vuestro futuro está en juego,

así que os recomiendo prudencia.

Llevadlo a su celda.

-Cardenal...

-Discúlpeme.

-La reina acaba de llegar.

-¿Y dónde está?

-Me gustan tus nuevos aposentos.

Son apropiados para una rata como tú.

-Cierto.

Ambos nos sentimos como en casa.

¿A qué ha venido? -A ver cómo te cuelgan.

El tribunal va a decidir tu sentencia

y después designará tu sustituto.

-A mí solo me juzga Roma.

Y no hay nadie que pueda ocupar mi lugar.

-Pon los pies en la tierra. Da igual quien te juzgue.

Estás condenado...

pero Alfonso es generoso.

Declárate culpable de traición

y convencerá al tribunal para que te deje vivir.

(SERENA) De acuerdo. Lo he intentado.

Te veré colgar de una soga.

Y me alegraré,

porque te lo mereces:

eres un traidor

y un asesino.

-Tanto rencor y tanto odio... ¿por Andrade?

Compartíais lecho con él. Lo sé muy bien.

-Si quisiera venganza ya estaríais bajo tierra.

No, no quiero tu muerte por Andrade.

La quiero por el bien del reino.

¡Guardias!

-Tu alfanje.

El gran Yusuf me pidió que te lo trajera para la batalla.

Todo estará listo.

(HABLA EN ÁRABE) (HABLA EN ÁRABE)

Estoy seguro. Pedro jamás haría algo así.

Mató al esclavo. Tengo pruebas.

Conozco a Pedro y no es un asesino. La verdad es que no lo conoces.

Elvira... Conocías a un niño.

Animal dice que mataste a ese esclavo: Ahmed.

Es cierto, maté a Ahmed.

Era capataz de una mina de sal... ¿Vas a seguir con esa mentira?

Me torturó durante años. Pero conseguí sobrevivir.

¡¡¡Ahmed nunca estuvo en esa mina!!! (FURIOSO) ¡¡¡Ya basta!!!

Era un inocente, Gonzalo, y estaba bajo tu protección.

Cumple con tu deber. No fue un asesinato.

Fue justicia.

Estás mintiendo.

Lo asesinó.

Gracias.

-Peláez rehúsa declararse culpable y facilitar las cosas,

¿me equivoco?

-¿Y tú quién eres? -Diego Gelmírez,

hijo de Gelmiro, Señor de las Torres del Oeste.

Y ahí tenéis al cardenal Ricardo.

Judas vendió a Cristo por treinta piezas de plata,

este os saldría más barato.

-Hablará ahora el hermano Simón,

en representación de los intereses del Templo de Santiago.

-¡Proponemos como nuevo obispo de Iria

y Señor de Compostela a Don Hugo de Mezonzo!

Hombre noble y honesto. (GELMÍREZ) -Tiene fama de mercader.

Hugo multiplica la plata como Cristo los panes y los peces.

Y mantendrá como administrador de Compostela a Simón.

De ahí que cuente con el apoyo de los clérigos, claro.

-Odamiro, abad de Antealtares, apunta otra posibilidad...

-Don Miguel de Arlanza.

-¡Don Miguel, abad de Arlanza! (HABLA ODAMIRO DE FONDO)

-Eres un joven muy bien informado.

-El abad es la santidad personificada.

Un hombre cuya fe sólo es comparable a su sed.

-¿Un borracho?

-Bien, pues... si no hay más propuestas...

-¡Nosotros proponemos a don Pedro,

abad de Cardeña!

-¿A quién...?

-Don Pedro, por favor, están llamando...

-Ese viejo está a un paso de la tumba.

¿A qué estáis jugando tu padre y tú?

(PELÁEZ OFF) -...el templo que albergará

la tumba del Apóstol Santiago.

¿Acaso te estoy aburriendo, Diego?

Shhh... Diego Gelmírez... ¿de qué estaba hablando?

-Del templo de Compostela. Vuestro legado.

-El legado de todo un reino, en realidad.

Esta obra no será una simple iglesia...

será un faro para todos los cristianos.

Y cuando el mundo se acabe,

este faro seguirá en pie,

como testimonio de aquellos que lo hicimos posible.

Podéis retiraros.

Tú no, Diego.

Me disgusta mucho tu actitud.

No negaré que eres buen estudiante,

pero te pierde la vanidad. Tus compañeros te rechazan.

(DESAFIANTE) -En cambio a vos, os adoran.

-No te conviene tenerme como enemigo,

más bien todo lo contrario.

Recuerda quién soy yo y quién eres tú.

Y cambia esa actitud

o acabarás por agotar mi paciencia.

Puedes irte.

(PROVOCADOR) -Disculpad, su Santidad.

-Ignóralos.

-Son todos unos mediocres, igual que el Dómine.

-Lo sé.

-La Iglesia de Santiago va a ser más importante

de lo que ellos creen. No ven el futuro como yo lo veo.

-Algún día serás obispo de Compostela,

pero tienes que tragarte ese orgullo.

-La mora le tiene el seso comido. -El seso y lo demás.(RÍEN)

-El Rey lo que quiere es un varón al que pueda hacer Rey

para quitar de en medio a la Urraca.

(MURMURA) -Calla, Bernarda...

-Mi señora, Perdón...

-Debería cortarte la lengua.

-No, no, no se lo digáis a vuestro padre, por favor...

-Pégale.

Pégale.

Más fuerte.

Más fuerte.

¡Más fuerte!

-Ruda y aceite de argán.

Te hará estéril.

-Puedo acostarme con ese salvaje,

pero no engendraré a sus hijos.

-Lo harás.

Ningún brebaje evitará que cumplas tu destino.

(ALTERADA) -¡Mi señora! ¡Ayuda, por favor!

-Vuelve a Husillos y transmite mi mensaje:

quiero que condenen a Diego Peláez.

Me disgustará cualquier otro tipo de resultado en el concilio.

¿Has perdido la cabeza?

-Vuestra hija ha maltratado a una de sus damas.

Les obligaba a pegarse hasta marcarse la cara.

-Explícate.

-Se lo merecía.

Dijo que un bastardo sería Rey.

(INDIFERENTE) -¿Y?

-Que seré yo quien reine.

-Llevadla a las celdas.

(GRITA) ¡Eh, tú!

¿Qué ha pasado?

Hay peleas por toda la ciudad. Es el hambre.

Pásame esas gasas, por favor.

Toma. Gracias.

Te vas a quedar un rato y así nos aseguramos

que deja de sangrar... -A cambio de tres piezas de plata,

por supuesto. ¿Las tienes?

-No...

Aquí tienes tu plata.

-Tú y yo un día de estos deberíamos sentarnos a hablar.

Gracias.

(FERMÍN GRITA) -¡Al ladrón! ¡Se lleva mi pan!

-¡Estate quieto!

Como ves, el dinero que me pagas está bien empleado.

-¿Estás de broma? Has cogido a este,

pero estamos hartos de que nos roben los cachorros sarracenos...

-¿Es cierto eso?

Así que estáis hechos una banda de ladronzuelos, ¿eh?

Dicen que nos roban porque tienen hambre.

Pero yo digo que nos roban porque son unos salvajes

que no entienden que lo nuestro, es nuestro.

Pero yo se lo voy a enseñar.

(CON ACENTO ÁRABE) -Es un niño.

-Es un ladrón y merece un castigo.

-Seguro.

Pero no serás tú quien decida cual.

-Los moros nos roban pero no pagan por ello.

Son esclavos y piensan que están por encima de la ley.

Y cualquiera de nosotros puede ser su siguiente víctima.

Si Gonzalo y su guardia no hacen nada, lo haré yo.

Ofrezco veinte piezas de plata al que me traiga a ese crío.

Ya es hora de demostrar que aquí no toleramos

ni ladrones, ni asesinos.

-¿Qué estás haciendo?

-La gente necesita un culpable y no pienso ser yo;

mejor los moros.

Ha puesto precio a la cabeza de ese crío

y ha soliviantado a los comerciantes.

Iremos a buscarlo antes de que alguien haga alguna locura.

Y sé donde encontrarlo.

Ocupa tu puesto en la puerta del mercado.

Tu hermano ha dado por cerrado el asesinato de Ahmed...

yo no.

-Soy un esclavo de un templo cristiano

que a nadie parece preocupar. Pero es lo que soy.

Y estaré listo cuando las obras vuelvan a comenzar.

A no ser antes muramos de hambre.

(PACÍFICO) Harith, entrégame al niño.

Tariq no tiene culpa de pasar hambre.

Es un niño. Y actúa como tal. Como un ladrón.

Solo quería un poco de pan. Todo se aclarará en el juicio.

¿Juicio?

¿Qué juicio, si ya habéis ofrecido recompensa por él?

Te prometo justicia. Justicia. Ya...

La misma que nos diste por el asesinato de Ahmed.

Tu hermano lo mató. Y no lo veo ante un tribunal.

Eso es diferente. Lo único diferente,

es que el acusado es un cristiano: tu hermano.

Entrégame a Tariq. O vendrán otros a por él.

Nos defenderemos.

Tariq seguirá escondido.

Ni lo vas a encontrar aquí...

ni te voy a decir dónde está.

Gonzalo, el pueblo pasa hambre y los esclavos más.

O haces algo de una vez, o esto acabará en una revuelta.

-¡Eh! ¡Alto! ¿Pero qué hacéis?

Te llevas mi grano. Los esclavos tienen hambre.

Me gano la vida con él. ¡Ya has ganado suficiente!

Gonzalo, por favor... Y ten cuidado...

no queremos que nadie se tome la justicia por su mano.

Tú, ¿no me oyes? Ehhh...

-Pensé que te dábamos igual...

-Los moros nos roban,

y ¿cómo los castiga la guardia...?.

regalándoles nuestro grano.

¿Quién nos iba a decir

que echaríamos de menos a Peláez?

Olvidaos de las veinte piezas de plata...

ofrezco cuarenta piezas al que me traiga a ese mocoso.

¡Andando!

Quiero guardias custodiando el grano en todo momento.

Tomás no va a quedarse de brazos cruzados.

Llevad un saco a Harith. Necesitarán algo más que grano.

Ven conmigo a casa a ver lo que puedo encontrar.

Quiero guardias recorriendo la ciudad de sol a sol.

Encontrar a ese niño antes que lo haga Tomás.

Tengo un problema, Nadir.

-¿Algún obstáculo para el plan? No, no, el plan está bien.

Se acerca una revuelta y voy a aprovecharlo.

Mañana por la noche las puertas estarán abiertas,

no es eso.Entonces, ¿dónde está el problema?

¿Abdel?

Es una mujer.

Es cristiana. Se llama Elvira.

Imposible... no puedes salvar a esa mujer.

Solo pido que no se la toque durante el ataque.

¿Qué piensas hacer con ella? Llevármela a África... no lo sé...

Vas a matar a su hombre, vas a arrasar su ciudad...

¿Piensas que va a querer ir contigo? Has perdido la cabeza.

¡Te digo que no he pensado en ello!

Solo quiero que viva.

Es lo único que te pido.

De acuerdo.

Vivirá.

Pero los demás morirán.

Todos, Abdel. Es lo que debe hacerse.

Solo me importa ella.

La herida no es grave, pero si no la mantienes limpia

podría matarte.

Aplica este ungüento dos veces al día.

-¡Elvira!

¡Esteban!

¡Esteban! ¿Qué ha pasado? Lo acabamos de encontrar...

Dicen que lleva días deambulando entre las obras...

Aquí... Esteban... Esteban...

Esteban... Descálzale.

-Deberías haberme dejado en la calle Sí, claro.

Y dejarte morir de hambre.

Así se acabaría todo.

No me toques.

Si me tocas, tocas al diablo.

(CARIÑOSA) Esteban.

Sólo estás enfermo.

Si lo vieras como lo veo yo...

Elvira.

¿Qué hace aquí?

Gonzalo, por favor... necesita nuestra ayuda.

Nos abandonó cuando más falta nos hacía.

Escúchame. Su alma está rota.

No lo quiero en mi mesa. También es mi mesa.

Y no pienso permitir...

Esteban,

suelta ese cuchillo...

(GRITA) ¡¡¡Esteban!!!

¡Esteban!

¡Esteban!

-Veo que os tratan bien...

-Hasta mis enemigos saben que esto es temporal.

Una simple comedia para calmar a Alfonso.

Pero hablemos del futuro.

¿Cuánto me va a costar la absolución?

-Os aprecio, Diego,

pero mi honestidad está en juego.

Y no aceptaré sobornos de ninguna de las partes.

-Sigo teniendo amigos en Roma.

Amigos que se tomarían vuestra honestidad

como un insulto.

-Intentaré salvaros la vida,

aunque no será barato.

Y asumid que habéis perdido Compostela.

-Miguel de Arlanza es débil y Pedro Cardeña, un mal chiste.

Todos saben que vos seréis el nuevo obispo...

pero un título sirve de poco sin espadas que lo defiendan.

Y eso es lo que mi padre puede ofreceros.

El apoyo y la lealtad de los nobles del norte.

-¿Y cuál es el precio? -El precio es Simón.

-No tomo vino...

-No... No quitaré a Simón para ponerte a ti.

Simón es mi amigo. -Vamos... estáis entre amigos.

Simón es vuestro amigo, sí;

pero yo os ofrezco lo que más ansiáis en este momento...

las llaves de Compostela.

-Antes de que os marchéis...

ha llegado un correo de Roma con muy buenas noticias.

Su Santidad reclama para su corte

a uno de los alumnos de la Escuela Catedralicia.

Al más aventajado.

Y ese alumno es...

Marcos de Guimarei.

Enhorabuena, hijo.

Prepara tu equipaje, te espera un largo camino.

-Me esforzaré por ser digno de vuestra confianza.

-Ve.

-Lo merezco más que nadie, vos lo sabéis bien.

-Porque eres mejor que los demás. (SEGURO) -Sí...

-Otra vez tu vanidad, Diego.

¿Cómo voy a enviar a Roma a alguien que no sabe lo que es la humildad?

-Cambiaré, Dómine. Dejad que os lo demuestre.

-Demasiado tarde.

Alégrate por tu amigo. Llegará muy lejos.

-Míralo desde el lado bueno. Prosperaré...

Forjaré alianzas y te ayudaré.

Si algún día soy Señor de Compostela, tú serás mi mano derecha.

Haremos realidad esos sueños tuyos.

¡Por Dios! Te comportas como si yo tuviera la culpa.

Y te lo advertí, Diego:

debiste fingir amor por él y mostrar sumisión,

como hacíamos todos. ¿Ahora qué esperas de mí?

¿Que renuncie, para que tú ocupes mi lugar?

(Fuerte golpe)

-Llevadlo a la alcoba. Que duerma la borrachera.

(SIMÓN OFF) -¿Has oído? Odamiro retira su apoyo al abad.

Pobre borracho... -Una lástima.

-Mi hombre cuenta ahora con todos los apoyos.

Espero que tu padre y el resto de los nobles nos respalden.

Es lo mejor para Compostela.

-Lo harán, pierde cuidado.

Aunque...

En fin... os enteraréis de todas formas,

así que... mejor que sea por mí.

Hugo y mi padre han llegado a un acuerdo.

Sé que es tu amigo y me incomoda esta situación...

-Habla de una vez...

-Los nobles apoyarán a Hugo siempre que prescinda de ti

como administrador.

-Habréis oído que don Miguel, abad de Arlanza,

ha perdido todos sus apoyos.

Así pues,

Hugo de Mezonzo cuenta ahora con la mayoría de los votos.

-Compostela retira su aval.

-Si la Iglesia no lo quiere, nosotros tampoco.

-¡Los nobles no tenéis voto! ¡Ni siquiera debería estar aquí!

-Sentaos, por favor.

Gelmiro, es cierto que estáis aquí en calidad de invitado.

Pero también es cierto que vos habéis perdido vuestros apoyos.

-Tu padre y tú os habéis movido rápido.

-¡Proponemos de nuevo a Pedro de Cardeña!

Don Pedro,

aceptad la carga como buen servidor de nuestra madre Iglesia.

-Bien, si nadie más se opone... -¡¿Qué clase de broma es esta?!

-¿Qué sucede?

-Que sois el nuevo obispo de Iria y Señor de Compostela.

(OFF) Y que Dios nos ayude.

-Urraca.

Me gustaría que fuésemos amigas.

Pero no puedes comportarte así.

-Soy la hija del Rey. -Lo eres.

Y algún día llevarás su corona.

Por eso es importante que aprendas el uso del poder.

-Esas idiotas me ponían en duda.

-Los criados critican a sus amos; forma parte del juego.

Pero al final ellos siguen siendo criados

y tú sigues siendo una princesa. ¿Lo entiendes?

-¿Puedo salir?

-Convenceré a tu padre de que te libere...

Siempre que demuestres arrepentimiento.

-Perdonadme.

A partir de hoy seré buena y amable con vosotras.

-Lo has hecho muy bien.

-Gracias por esta lección. Me habéis abierto los ojos.

Cuando sea reina,

yo os arrancaré los vuestros.

-Acepta tu destino, Zaida.

Tú le darás un heredero a Alfonso...

o acabará reinando esa cría caprichosa

y sin entrañas.

Una cría que no va a dudar en arrasar a tu pueblo.

Podríamos irnos.

-¿A dónde?

No sé, a donde tú quieras.

Al sur.

Vivirías rodeado de moros.

Ya.

Pero me acostumbraría a no matarlos.

¿Qué te pasa?

Naima.

Me juraste...

que le ibas a hacer justicia a mi hermano.

Va a ser muy difícil llevar al hermano del jefe de la guardia

ante la justicia por matar a un esclavo.

Si no es justicia,

entonces será venganza.

Llevo todo el día buscándolo. Estará en las obras del Templo

o en los talleres, dibujando, como siempre.

No... no... Vamos...

Gonzalo. Necesita nuestra ayuda.

Así que, por favor, no discutas con él,

solo tráelo a casa.

(GRITA) ¡Esteban!

Harith.

Será mejor que no te vean.

Tal vez deberías encarcelarme por la muerte de Ahmed.

Olvídate de eso.

Buscaré en el sepulcro.

Harith.

¿Habéis visto a mi hermano? -¿El constructor?

Hace días no le veo. Gracias.

Agradezco nos hayas dado grano.

Pero eso no cambia las cosas.

Sigo suplicándote que sientes a Pedro ante un tribunal.

Esclavos o no, Ahmed merece justicia.

Y mientras no lo hagas,

Tariq seguirá escondido.

Esto no acabará bien para nadie.

Nada. Nadie ha visto a Esteban.

Y todo esto, por una tumba.

Algún día este lugar será el más importante

de la cristiandad...

Por lo menos lo es para Esteban.

Eres un buen hermano, Gonzalo.

Cuidaste de Esteban durante todos estos años,

y te jugaste la vida para rescatarme en Toledo.

Eres un buen hombre.

No mereces que te pase nada malo.

(ESCLAVO) -¡Gonzalo!

¿Quién te ha hecho esto? (DÉBIL) -Nadie.

¿Quién lo ha hecho? -Tomás.

Lo sabes igual que yo.

Lleváoslo. Que mi esposa cure sus heridas.

Ya habéis tenido vuestra justicia. Un niño apaleado.

Es lo que queríais y lo habéis conseguido.

No es lo que yo quería... ¡Habéis tenido vuestra justicia!

¡¿Y la nuestra?!

Sal de aquí.

Proteger a tu hermano te va a costar la ciudad.

Gracias.

-Pedro.

Parece que Gonzalo se ha quedado solo, ¿eh?

Los cristianos creen que protege a los moros,

y los moros creen que te protege a ti.

Si te entregase a un tribunal, todo esto acabaría.

La ciudad volvería al orden y todos tan contentos.

Claro que a ti la ciudad no te importa demasiado, ¿no?

Déjame en paz. ...pero Elvira sí.

Elvira sí que te importa.

He visto cómo la miras.

Mi hermano hará que te maten por lo que le hiciste a ese crío

y como sigas hablando le adelanto el trabajo.

Deberíamos ser aliados. Conseguiríamos lo que deseamos.

Yo tendría la ciudad... y tú a la mujer de tu hermano.

(FURIOSO) No sabes nada de mí.

(Sonido de cascada)

-El maestro Bernardo me habló de vos.

-Eres Esteban de Catoira.

(OLFATEA) El diablo te está comiendo por dentro.

Pero yo te puedo ayudar.

-¿Vas a curarme?

-¡Shhh...!

Esta noche habrá plenilunio.

En el plenilunio caen los muros.

Los muros que separan el cielo y el infierno...

y podrás matar a tu demonio.

-Voy a matarte.

-Yo soy lo que eres tú.

Soy tu miedo y tu genio.

Soy el niño al que asesinaron a sus padres.

Soy el maestro que ha dibujado el Templo.

-El tribunal te convoca. Van a dictar sentencia.

Traigo un mensaje para ti:

el Rey ha hecho un trato con el cardenal.

Le da el monasterio de San Servando a cambio de que seas condenado.

Su oferta es esta:

te declaras culpable de traición e indigno de tu cargo...

y el cardenal te entrega al Papa sano y salvo.

Pero yo quiero pedirte un favor personal, Diego.

Niégate.

Diles que eres inocente.

Que intentar liberar a García no fue traición,

sino una cuestión de honor.

Niégate a que te declaren culpable.

Lucha contra ellos.

Así podré pedirle al Rey que te ahorque.

Y mañana mismo te veré por fin colgando de una soga.

Declárate inocente, Diego.

Hazme ese favor.

Vamos, el cardenal te espera.

-Así que un monasterio...

os habéis vendido barato.

-Bien, creo que ya estamos todos.

Este tribunal está reunido,

para decidir sobre el futuro de don Diego Peláez;

que fuera obispo de Iria y Señor de Compostela.

Don Diego,

se os acusa de conspirar contra el Rey Alfonso,

de levantaros en armas

y de traicionar vuestro ministerio.

¿Tenéis alguna defensa?

Don Diego, vuestra defensa.

Don Diego... -Me declaro culpable de traición.

Y me declaro indigno de ostentar mi cargo.

Que sea la Santa Madre Iglesia quién imponga mi penitencia.

-Así sea.

Llevadlo a su celda.

-Os ruego me disculpéis, Majestad.

Está hecho.

-No me siento orgulloso. -Ni yo.

Pero alguien me dijo una vez

que la historia se construye sobre cadáveres.

(GELMÍREZ NIÑO SOLLOZA)

-Ha sido la voluntad de Dios.

Un trágico accidente.

-Era mi amigo... -Ya lo sé.

Pero debes sobreponerte, tienes una misión que cumplir.

Irás a Roma en su lugar.

-No, no puedo...

No ha sido un accidente.

Yo lo he matado...

Yo lo he matado...

-Lo sé.

-Entonces castigadme.

(GRITA FURIOSO) ¡¿Por qué no me castigáis?!

-Taparé tu crimen por la amistad que me une con tu padre;

pero escúchame bien:

nunca progresarás en Roma.

Y Compostela está vedada para ti.

Yo me ocuparé de eso.

-Supongo que estarás disfrutando.

-Mucho.

Pero no estoy aquí por eso. Simón y los nobles

han hincado la rodilla ante el nuevo obispo.

El Cardenal Ricardo os ha vendido a la corona.

¿Quién os queda?

Yo.

-Dios mío...

Entonces, sí que estoy perdido.

-Hagamos un trato. -Dijo el diablo.

-Usad vuestra influencia para que el Papa me reciba.

Y yo, defenderé vuestra causa en Roma.

-Sólo buscas medrar. -Es cierto.

-Sé de primera mano como pagas la amistad.

¿Por qué debería confiar en ti?

-Porque soy como vos.

Y porque no tenéis otra opción.

O yo,

o pasar el resto de vuestra vida cagando en un caldero.

-Fuera de aquí.

-Los otros candidatos eran jóvenes.

A ese anciano le quedan como mucho cinco inviernos,

tiempo suficiente para que un joven con talento como tú,

se convierta en obispo. Has ganado, Gelmírez...

y sin embargo no pareces satisfecho.

-El Papa no me entregaría Compostela

sin el beneplácito de Peláez.

-Y se ha negado.

-Y... si fuese cierto y tuviese esas aspiraciones,

¿contaría con vuestro apoyo?

-Ni el Rey ni yo,

nos enfrentaremos al Papa por ti.

Pero hay sitio en la Corte para un hombre de tu talento.

Si eres leal,

y me conviene,

tal vez en pocos años Compostela sea tuya.

Buenas noches. -Buenas noches.

Todo esto pasará.

Ya lo verás.

(VECINOS) -¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!

Busca a Animal.

¡Rápido, traed más agua!

-Vas a pagar por la muerte de Ahmed.

Estoy en Compostela para ayudar a nuestros hermanos

a tomar la ciudad.

Barcos almorávides vienen hacia la costa...

pronto estarán aquí.

Yusuf Ibn Tasufin no tiene hijos cristianos.

Ya habéis oído.

-¿Vas a dejar que se vaya? -Es uno de los nuestros.

-¡Asesinó a mi hermano!

-¡Naima!

-¡Gonzalo!

¡Pedro... os está engañando a todos!

Dime tu nombre.

Dime tu nombre.

Mi nombre es Abdel Rachid.

Apártate.

Te mataré, Gonzalo.

Soy tu hermano.

Esta noche arrasaremos Compostela.

¡Yo soy tu hermano!

Mis hermanos son los que me cuidaron

cuando tú me abandonaste.

Pedro...

(GRITA) ¡¡¡Mi nombre, es: Abdel Rachid!!!

¡Detened a Pedro!

¡¡¡Detened a Pedro!!!

¡¡¡Nooo!!! Escúchame, Gonzalo...

¡¡¡Suéltame!!! Escúchame, por favor...

los moros vienen hacia aquí. No hay tiempo que perder.

(GRITA) ¡¡¡Traidor!!!

Suéltame... No.

¡¡¡Suéltame!!! ¡¡¡No!!!

Matadlos a todos.

(GRITA) ¡¡¡Yaaa!!!

(Gritos de lucha)

(GRITA) ¡Gonzalo!

(CONMOCIONADO) -Santo Dios...

No creo que Dios haya estado aquí hoy.

-Te dije que tú y yo tendríamos que hablar...

¿Qué has hecho para que tu hermano te haya encarcelado?

Porque casi nadie que entra aquí acaba saliendo.

Y eso significa que acabarás... muerto.

Claro que lo podemos evitar...

si tú y yo llegamos a un acuerdo.

Tendremos que reclutar nuevos hombres

para la guardia de la ciudad. (CONVENCIDO) No.

Se acabó, Rodrigo, lo dejo.

Solo volveré a empuñar una espada para matar a Pedro.

Me gusta la idea. Yo también lo dejo.

(SORPRENDIDO) ¿Tú? ¿Y qué vas a hacer?

Irme al sur, con la mora.

Me temo que no puedo permitir que entres en mi ciudad.

¿Tu ciudad? ¿Qué estás haciendo, Tomás?

Dile a tus hombres que bajen las armas.

Gonzalo, tú y yo...

pudimos haber sido amigos.

Y saludos de tu hermano...

¿Qué has hecho?

(INCONSCIENTE) -Soy yo...

El diablo, soy yo...

Estás delirando.

No hables y guarda fuerzas.

El diablo... soy yo.

Shhh...Shhh...

(VOCES) -¡La guardia! ¡La guardia ha vuelto!

¡La guardia! ¡La guardia ha vuelto!

¿Qué pasa?

Un grupo de moros han intentado invadir la ciudad.

¿Gonzalo?

Pedro...

¿dónde está Gonzalo?

(SUSPIRA ANGUSTIADA)

(CARDEÑA OFF) -Esta ciudad ha sufrido mucho.

Más de lo que cualquier otra ciudad podría soportar.

Sin embargo,

nos pondremos en pie y saldremos adelante.

Porque somos los custodios de la tumba de Santiago.

La guardia de la ciudad, nuestra guardia,

defendió el sagrado sepulcro del ataque de los almorávides.

Jamás olvidaremos a nuestros héroes.

Pedro de Catoira,

en honor a tu hermano,

te encomiendo capitanear la nueva guardia de Compostela.

(CARDEÑA OFF) A ti, Pedro de Catoira,

confiamos nuestras vidas;

el bienestar de tu pueblo, y el porvenir de Compostela.

Que Dios te proteja.

(HABLA EN LATÍN) "Gloria Patri,

et Fili,

et Spiritui Sancto...

amén".

-Ya no hay nadie en la ciudad que sepa quién eres.

Excepto tú.

Nada une más que un secreto.

¿Gonzalo y Animal? Se ha hecho tu voluntad,

no volverán a pisar Compostela.

Aunque yo creo que has cometido un error;

lo más sensato habría sido matarlos.

No me importa lo que tú creas.

Hace solo unos días ibas a arrasar Compostela

y matarnos a todos... incluyendo a Gonzalo.

Eso era la guerra. Y en la guerra hay honor.

(TOMÁS RÍE) Oírte a ti hablar de honor...

tiene hasta gracia.

Me dijiste que no sé nada de ti.

Pero sé una cosa:

eres un superviviente.

Y por eso vamos a llevarnos bien.

¡Ah!

Por si se te ha pasado por la cabeza la estúpida idea de matarme,

he dejado instrucciones de que si me pasa algo...

Gonzalo sea liberado.

Y esconde esa espada mora antes de que alguien la vea.

(JINETE) -¡Al paso...!

Cuando huya, vas a ser el primero al que mate.

¿Huir?

Mejor que os vayáis acostumbrando a esas cadenas.

Cargaréis con ellas el resto de vuestros días.

Soy el jefe de la guardia... ¡Cállate!

Escúchame, desgraciado, mi nombre es Gon...

Tú no tienes nombre.

(CONST OFF) -Raimundo de Borgoña, mi sobrino, viene de camino.

Viene para casarse con Urraca.

(HURRACA) -Haré lo que sea para ser Reina.

Pero ese hombre no me va a tocar, ¿verdad?

-No necesito un santo al frente de mi ciudad...

necesito un lobo. (OFF) ¿Eres tú ese lobo?

(GELMÍREZ) -Ahora se cierra el mercado.

Nadie comercia en Compostela hasta que yo lo diga.

-Esto es un abuso, es intolerable: no pagaremos.

(COMERCIANTE) -Eso, no pagaremos.

Yo de ti obedecería.

La orden es arrestar al que se resista.

¿Le has vuelto a ver, al monje? -Hace cuatro años que no aparece.

-Es hora de que reanudes tu labor.

Tienes que construir mi Catedral.

-Vete, Rodrigo. Sólo si tú te vienes conmigo.

Manda al infierno todo esto.

(OFF) Lo tuyo con la Reina... era cierto.

Si el Rey se entera nos mata a los dos.

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El final del camino - Capítulo 4

01 feb 2017

Tras la rebelión del obispo Peláez, la ciudad de Compostela se encuentra en la miseria: no hay apenas grano en la ciudad, las obras de la Catedral se han detenido, los canteros se marchan... La situación es insostenible y Gonzalo debe hacerse valer o la situación acabará en tragedia.

Cuando la miseria campa a sus anchas alguien siempre saca beneficio y, en Compostela, este alguien tiene nombre: Tomás. El hambre al que se ven sometidos los esclavos musulmanes provoca que un niño robe pan en el mercado. En su huida, uno de los mercaderes de Compostela acaba muerto. Tomás, para evitar que le acusen a él de ser el causante de los problemas de la ciudad, ya que posee gran cantidad de grano, ofrece una generosa recompensa por la cabeza del joven moro.

Por su parte, los esclavos sarracenos reclaman justicia para Ahmed. Gonzalo protege a su hermano Pedro enviándolo a custodiar la puerta de entrada de la ciudad. La batalla por el futuro de Compostela está servida.

Mientras tanto, en el Concilio de Husillos, se dirimen dos asuntos de vital importancia para Compostela: el juicio por traición a Peláez y la elección de un nuevo obispo para la ciudad. Dos asuntos en los que los intereses de Constanza, Gelmírez, Simón y Odamiro se enfrentarán sin contemplaciones.

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  1. Picheleira.

    Aupa Compostela !

    08 mar 2017
  2. Xoxo

    Me complace decir que una serie que la vi empezar titubeante y dispar ahora se sostiene al menos por el buen oficio de los actores. La trama es entretenida pero tiene discrepancias en el paso del tiempo y el montaje ademas de algunos insertos extraños. El vestuario y decorados siguen siendo tristes y diatraen al no acompañarr bien el periodo con estilo y veracidad en los materiales. Pero me alegro de que se hagan series de corte historico que son mis favoritas y si el tema es España y sus reinos en la Edad Media mejor que mejor. Gracias TVE

    11 feb 2017