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No recomendado para menores de 16 años El final del camino - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

Gonzalo...

Soldados de Alfonso vienen hacia Compostela.

¿Qué pasa? Sigue durmiendo.

Tenemos que impedir que entren en Compostela.

De acuerdo.

¿Qué ocurre?

Esa guerra que tanto temíamos...

ya está aquí.

(Música)

Capitán...

-Traigo órdenes del rey.

Vamos a entrar en Compostela y arrestar a Diego Peláez.

Si entráis con esos hombres, será una masacre.

Os pido unos días para resolverlo sin derramamiento de sangre.

Lo siento, pero mis órdenes son claras.

Por favor, solo unos días. Si no consigo capturar a Peláez

la ciudad es vuestra. Os lo prometo.

Dos días. Ni uno más.

(Música)

Es poco tiempo, Gonzalo. El que pude conseguir.

La ciudad está bien protegida por los mercenarios.

Tendremos que planear como vamos a entrar.

Lo sé.

Si consigues atrapar a Peláez... ¿vas a entregárselo al rey?

No. Lo voy a matar.

-Nada ha cambiado.

Simplemente, los acontecimientos se están precipitando.

Y es mejor para nosotros. -¿Mejor para nosotros?

Esperan entrar aquí y matarnos a todos.

Explicadme cómo esa situación es mejor para nosotros.

-¿Y qué esperabais? ¿Que esto iba a ser fácil?

-No. Esperábamos lo que nos prometisteis:

la ayuda de los ingleses en caso de que Alfonso atacase.

-Los ingleses están de camino.

Y hasta que lleguen, necesito que cada uno de vosotros

traigáis a vuestros hombres. ¡Debemos defender esta ciudad!

Diego Gelmírez, lo que tengas que decirle a tu padre

puedes compartirlo con todos nosotros.

-Iba a aconsejarle a mi padre que no trajera a sus hombres.

No hasta que el rey García esté sentado en el trono.

Porque ese era el plan, ¿no es así?

Coronar Rey a García y después defenderlo.

Si García no está en el trono, ¿a quién vamos a defender?

¿A vos?

-¡Alto!

Pase.

(NUNO OFF)-Liberar a García se ha complicado

más de lo que esperábamos. Alfonso a reforzado la guardia.

Saben que estamos aquí. -No conseguiremos entrar.

-!Eh! Nada de fuegos.

-Mi señor...

sabéis que os seguiría hasta la muerte.

Todos lo haríamos,

pero esta misión es una locura. Somos cinco contra un ciento.

El dómine podría enviarnos a la guardia.

-A la guardia...

La guardia a estas alturas no existe.

Y Peláez... Peláez está muy ocupado

manteniéndose vivo cerca del trono.

-Entonces, mi señor, ¿qué hacemos aquí?

-He comprometido mi honor a que liberaría a García.

-¿De qué nos servirá el honor, cuándo colguemos de una soga?

(Ruido)

-Es amigo.

Aún no está todo perdido.

-Que Dios te bendiga.

-¿Es verdad que vais a rescatar a García de prisión?

-Con vuestra ayuda, y con la de Dios.

¡Fue la voluntad de nuestro padre! ¡Y es la voluntad de Dios

que la corona de Galicia ciña mi cabeza!

¡La corona que tú me arrebataste, Alfonso!

¡Con embustes indignos de un rey!

Pero te perdono.

Mantén tus manos fuera de mis tierras.

Y juntos limpiaremos de infieles la península.

Tú y yo, Alfonso....

Porque te perdono.

(Música árabe)

-Eres tan hermosa...

Cuando recupere Compostela,

te llevaré a ver el Templo.

Perfecta.

-Tienes que cuidar el tono en el que le hablas al Dómine.

Siempre ha sido generoso contigo.

-No es momento de estar con los generoso, padre,

sino con los vencedores. -Peláez vencerá,

y traerá a García a Compostela. -Os veo demasiado seguro de eso.

-Tengo fe.

-Vos ocupaos de la fe, padre.

Que yo me ocuparé de la política.

-Necesitamos a García en el trono

si no queremos que todo se derrumbe.

-Deberíamos pensar un plan alternativo

por si Nuno no logra liberarlo.

-Nunca ha habido alternativa.

Esto es una apuesta a todo o nada.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Mi señor, perdonad que... (SECO) -¿Qué quieres?

-He traído mercenarios que han tomado la ciudad para vos

y lo he hecho sin recibir ningún pago.

-Te daré la plata que pidas. Y ahora déjanos.

-Mi señor, con el debido respeto...

He hablado con Simón y le he dicho que lo haría por un favor.

Yo he cumplido, os pediría que cumplierais vos:

exijo que se me entregue el hospital.

-¿Exiges?

¿Quién te crees que eres para exigirme a mí?

Te pagaré la plata que considere. Y ahora vete.

-No merezco que me tratéis... (TAJANTE) -¡Sal de mi vista!

-Disculpad.

¡Espera! -Tú y yo teníamos un trato.

-No puedes hablarle así. -Si no fuera por mí,

su cabeza estaría clavada en una pica!

-No es un comerciante del que puedes abusar.

-Dame tiempo. Te conseguiré el hospital.

Pero ahora tenemos asuntos mucho más urgentes:

García no llega, hay un ejército a las puertas,

y Gonzalo está con ellos...

-De acuerdo.

Si el problema es ese, sé algo que puede ayudaros.

Hay alguien muy cercano a Gonzalo que no huyó con él.

Sigue en la ciudad.

-Pedro, esas columnas ya están construidas.

-Tenemos que hacerlas más altas...

Que busquen a Dios.

-Es fácil decirlo.

Esteban...

lo del triforio abovedado fue una idea brillante.

Pero esto...

Esto es imposible.

Mi señor...

-Prendedlo.

-Pero, ¿qué ha hecho? -Su hermano es un traidor.

-¡Soltadme!

-Perdón, señor...

No os lo podéis llevar.

-No se te ocurra volver a tocarme, Bernardo.

(SUMISO) -Perdón, señor.

Hay algo que debo deciros.

-Soltadle.

¿Es que no me habéis oído?

-¡Vosotros! ¿No tenéis nada mejor que hacer?

(SERIO) ¡Vamos!

Esteban,

tú serás ahora el nuevo maestro de obras.

(PERPLEJO) -¿Qué?

-Tú construirás el templo.

-Pero... vos sois el maestro. -Si...

y he sido superado por el aprendiz.

Ellos lo saben. Yo lo sé.

Y el Dómine, ahora, también lo sabe.

-No os defraudaré.

El Señor está de mi parte. -Ojalá sea cierto, Esteban.

Ojalá. -Así es.

El Señor está de mi lado.

(MISTERIOSO) Y me habla.

La primera vez que lo vi era un crío.

Acababan de matar a mis padres.

Durante años solo fue una sombra, un espíritu.

Hasta que hace unas semanas...

Me habló.

Me dijo que esta era su iglesia,

y yo iba el instrumento para construirla.

Me enseño el templo acabado.

Con cada arco... cada columna, cada detalle.

-Esteban...

El Señor no se muestra a hombres como tú y como yo.

-Pero yo... lo he visto.

Lo veo. -Ten cuidado, Esteban.

Tu talento está tan cerca de la gloria de Dios...

como de la vanidad del Diablo.

Entraremos por aquí.

Y cogeremos a Peláez aquí, en el salón del trono.

¿Cómo sabes que estará allí? Me ocuparé de que así sea.

¿Cuántos vamos a ir? Tú y yo. Si vamos más,

llamaremos demasiado la atención. ¿Cuándo quieres entrar?

¿Tienes algo mejor que hacer ahora?

Gonzalo...

La ciudad está llena de mercenarios

esperando para capturaros. Lo sé.

(AGOBIADA) Dios...

Si no lo hago,

los soldados de Alfonso masacrarán a nuestra gente.

Muerto no le sirves para nada.

(TOMÁS) -Hay que pagar...

(MUJER) -Necesito unos días más, por favor...

(TOMÁS) -Tienes que pagar. (MUJER) -Unos días más...

(TOMÁS) -Venga... Registra sus ropas.

(GRITOS DE LA MUJER)

(SUSURRA) Recuerda por qué estamos aquí...

-¡Todos lo habéis visto!

Esta mujer me ha robado.

Y no queremos ladrones en Compostela.

Quienes deseen seguir comerciando dentro de las murallas,

pagarán.

(GRITOS DE LA MUJER)

Aquí no vamos a encontrar nada.

Nos pondremos en marcha al anochecer.

¿Por qué no te marchas?

Podrías dejar Compostela.

Irte con Elvira a cualquier otra parte.

Y decides quedarte aquí...

Jugarte la vida e intentar recuperar la ciudad.

Vete.

Vete.

Porque ésta es mi ciudad.

Aquí es donde crecí, Pedro. ¿Cómo iba a marcharme?

Para ti debe de ser difícil entenderme.

Te has criado como un esclavo, pasando de amo en amo.

Pero ésta es mi casa, Pedro.

Y uno no huye de su casa cuando la atacan.

(SOLLOZA DESCONSOLADAMENTE)

-Sé lo que es.

Sé lo que es estar en la cama con un hombre que te asquea.

Te recomiendo que a partir de ahora,

dejes el corazón y el orgullo fuera de este dormitorio.

O perderás ambos.

(Música sacra)

(MADRE DE CONSTANZA) -Es tu marido. Le debes obediencia.

-Madre, no puedo.

-Aprende a dejar el corazón y el orgullo

fuera del dormitorio de Hugo o perderás ambos.

Debería matar a ese malnacido.

-Rodrigo... Mi amor...

No soporto ver como te trata.

Merece morir. No...

Y acabarías pagándolo.

Sus golpes puedo soportarlos,

pero tu muerte no.

Constanza...

(INCONSCIENTE) Constanza...

Constanza...

¡Constan...!

-Suéltame.

(RESPIRA DOLORIDO)

¿Qué hace?

Marca a los desahuciados.

No es la primera vez que me dan por muerto.

Gonzalo...

Gonzalo... ¿ha sobrevivido?

Sí... Huyó a los montes.

Y con él está el asesino de mi hermano.

Tendrá justicia.

(SONRÍE INCRÉDULA) ¿De ti? Gonzalo cumplirá la ley

aunque el culpable sea su propio hermano.

Lo conozco bien,

y tiene la mala costumbre de hacer siempre lo correcto.

Gonzalo ya no es el jefe de la guardia.

Si quiero justicia tendré que hablar con el obispo.

¡No! No.

Mantén la boca cerrada sobre tu hermano

o te corto la lengua.

¿Qué dice la gente de mi?

Que tienes bien ganado el nombre de Animal.

Que... eres un borracho pendenciero...

¿Y te han dicho de mi alguna vez que soy un mentiroso?

-Están más muertos que vivos. Los perderemos a todos.

Necesitamos al judío.

-¿Muchos heridos?

-Demasiados.

-Elvira no puede ocuparse de ellos sola.

-Elvira no está. Se ha ido con Gonzalo.

No quedan médicos en Compostela, Efraím.

Sólo tú.

-¿Me pedís que vuelva al hospital?

A cambio de ello...

¿Me dejareis libre?

-No.

Si eres el hombre que creo, lo harás a cambio de nada.

-Iré.

-Una cosa más.

Quiero que cures a los enfermos, pero bajo unas condiciones.

-Respetaré las leyes cristianas;

no abriré las carnes...

ni haré nada...

que podáis considerar blasfemia.

He echado de menos el sol.

-Apóyate en mi, Efraím.

-Vamos.

Lavaos las manos y hervid agua.

A partir de este momento, soy yo quién da las órdenes.

Cuando acabéis de lavaros pasad por el fuego el instrumental.

¡Vamos!

También tú has acabado aquí...

¿Qué ha sucedido?

Tropecé con una espada.

¿Me voy a morir?

Has perdido mucha sangre.

Te coseré la herida, es todo lo que puedo hacer por ti.

Y pedirte que... que bebas mucha agua.

¿Y no será mejor vino?

Búscate un buen motivo para vivir, Rodrigo.

Lo vas a necesitar.

Tranquilo, judío, tengo el mejor motivo que existe.

La venganza.

-¿Necesita algo más, Dómine?

(SUSURRA ABSORTO) -Un Rey.

-El padre Clemente nos facilitará la entrada.

En el cambio de guardia, fingiremos ser el relevo.

Tú y yo entraremos en el castillo, mataremos a los carceleros

y nos llevaremos al rey. Lo conduciremos al flanco oeste.

Y allí, nos aguardaréis vosotros con los caballos.

-Mi señor, hay muchos hombres.

No saldremos con vida.

Aún podemos salir con bien de ésta.

Cabalguemos hasta Toledo y jurémosle lealtad a Alfonso.

Conservaremos la tierra y los títulos.

-Procurad descansar,

mañana será un día duro.

(BORRACHO) -Soltadme...

-Vete a dormirla a tu pocilga...

-¡Vos no sabéis quien soy yo...!

Muerto de hambre...

Gracias, caballero.

Aún quedan hombres de bien en Compostela.

¿Os conozco...?

Esteban...

-Aquí solo pueden entrar los constructores.

Soy yo, Gonzalo. -Que se vaya.

Tienes que trabajar. -Gonzalo... ¿qué haces aquí?

Pedro y yo vamos a capturar a Peláez.

-No es cosa tuya. Necesitamos tu ayuda.

No es cosa tuya. -¿En qué puedo ayudaros?

Necesitamos que nos ayudes a distraer a los guardias.

-Dile que se ocupe él.

-No puedo ayudaros, Gonzalo. Estoy trabajando.

-Eso es.

¿No lo entiendes...? Si no lo conseguimos,

los hombres del rey entrarán y será la guerra.

-Tú no eres soldado. -Yo no soy soldado, Gonzalo.

Y no me importa si hay una batalla o no la hay.

Tengo que construir la catedral.

¿Entiendes la responsabilidad que supone?

Este templo seguirá en pie cuando miles de batallas hayan pasado.

Y tengo que construirlo yo. -Que se vaya. Te desconcentra.

-Y ahora, vete, por favor.

-Sigue trabajando. -¡Sé lo que tengo que hacer!

-Fuera de aquí, desgraciado...

(DESPECTIVO) -¡Puta!

-Serán dos piezas de plata. Tres, si haces lo que te digo.

-¿Qué quería?

-Nada para él. ¿Tú sabes quién es?

-Gonzalo de Catoira. El que era jefe de la guardia.

-¿Gonzalo? Ay, Dios... Yo no quiero líos.

-¿Qué quería? -Me ha pedido un favor que puede

acabar conmigo en una celda. -Haz lo que te haya pedido.

Por lo que sé de él... es un buen hombre.

¿Y Esteban?

(TARTAMUDEA NERVIOSO) -¿Que queréis de mí?

Algo muy sencillo.

Vas a regresar a palacio

y vas a hacer que el dómine esté en el salón del trono

después de vísperas.

N-no, entiendo, ¿por qué queréis que...?

Harás lo que te digo.

O no volverás a ver la luz del sol.

-Cada minuto que pasa la situación se hace más peligrosa.

García no llega... -No hay nada que podamos hacer,

salvo esperar.

-Dómine,

os ruego que reconsideréis...

que reconsideréis la posibilidad de huir.

-¿Quieres huir, Simón? -Lo único que digo...

-Porque si es lo quieres tendrás que irte muy lejos,

a donde no pueda encontrarte.

-No quiero huir, Mi Señor.

(Llaman a la puerta)

-Adelante.

-Dómine... -¿Si?

-Os he dejado la cena en el salón del trono.

-Tráemela aquí.

(NERVIOSO) -Allí estaréis más cómodo.

Ya lo hemos dispuesto...

-Gracias.

(PERSPICAZ) Tenemos un problema.

-He decidido que todos los presos sarracenos

condenados a muerte...

sean perdonados.

Quiero tender mi mano a los que habitan esta ciudad

y hacerles entender,

que mientras me consideren su rey,

no seremos enemigos.

Bajo mis términos,

moros y cristianos

podemos entendernos

y convivir.

-Lo ha hecho por Zaida.

-Quiere que ella le considere un hombre benévolo.

-Alfonso jamás ha querido que nadie lo considere benévolo.

Es más, le gusta que le teman.

-¿Y por qué creéis que ha cambiado ahora?

-Porque se está enamorando de ella...

No me importa que tenga amantes, me quitan una tarea desagradable.

Pero que se enamore... es peligroso.

Lo convierte en un hombre manipulable.

Y cuando ella se dé cuenta del poder que tiene sobre él...

-...lo utilizará a su favor. -Necesito apartarla de él.

Pero no puedo ir de frente contra ella.

Alfonso pensaría que estoy enloqueciendo

y no haría más que aumentar su vanidad.

-No es necesario que vos hagáis nada.

-Lo hará el propio Alfonso.

Todas las noches Zaida sale de la habitación

y recorre los pasillos de palacio asegurándose de que nadie la vea.

-¿A dónde va? -A ver a su amante.

(JIMENA OFF) Un tal Rodrigo,

un soldado del Conde. -¿Y está enamorada de él?

(MURMURA) -Por completo.

-Tenemos que acabar con esa relación.

-Señora, creo que podemos hacer algo más que eso.

-Jimena, ¿qué vas a hacer?

-¿Qué has dicho?

-Que tiene un amante.

Zaida recorre palacio cada noche para ir a su encuentro.

-Estás celosa.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Compruébalo tú mismo.

(Música de tensión)

(AMANTE JADEA TEMEROSA)

(Sigue música)

-Las mujeres como tú y como yo

no podemos permitirnos el lujo de enamorarnos.

-Las mujeres como túy como yo

no podemos permitirnos el lujo de enamorarnos.

-Ya no puedo hacer más por él.

-Hoy has salvado muchas vidas.

Deberías descansar.

-¿Me escoltaréis vos hasta la celda?

-Ésta era tu casa, Efraím.

-Lo era.

Antes de que vos me prendieseis.

-Puedes dormir aquí. Te lo has ganado.

Judío... Agua...

¿Pero tú no odiabas el agua? Odio más al obispo.

Y he de vivir lo suficiente como para aplastarle el cráneo.

Saldrás de esto.

Tu piel ha recuperado el color.

Efraím,

escapa...

si no el abad seguirá torturándote hasta matarte.

Yo me encargo de los monjes...

No. Mi sitio está aquí.

Eres un necio.

Nadie agradecerá tus sacrificios.

Un buen hombre me enseñó todo lo que sé de medicina.

Para tratar una herida, las manos han de estar limpias

así como las gasas y las telas que vayáis a utilizar.

Fijaos...

La sangre de esta herida era de color rojo escarlata;

y eso significa que la espada no dañó ninguna zona vital.

Si la sangre hubiera sido oscura, significaría la muerte.

-¿De qué lugares del cuerpo brota esa sangre oscura?

¿Por qué quieres saberlo?

Para aprender a herir de muerte a un enemigo.

Soy médico, Capitán. Yo no enseño a quitar vidas.

Las salvo.

Disculpad mi torpeza.

Vuestro marido es un hombre con suerte.

-Ven "pa cá". Ven "pa cá", anda...

-Salud, Gonzalo.

Vengo a por vos.

Veo que ya no me llamas Dómine ni Señor.

Porque no sois ninguna de las dos cosas.

Voy a darte una última oportunidad.

Suelta esa espada y únete a mí.

Coged vuestra maza.

(Música de tensión)

Podrías haber sido alguien.

Podrías haber tenido mi apellido y un ducado

a nombre de tus hijos y al tuyo.

Y mira cómo vas a acabar.

Durmiendo en las mismas celdas que los ladrones de gallinas.

Prefiero dormir entre ladrones que entre traidores.

Lleváoslos. Los ejecutaremos mañana.

-¿A dónde vais?

-Todo lo lejos que pueda, mi Señor.

-No os iréis hasta que terminemos la misión.

-No lucharé contra vos,

pero tampoco sacrificaré mi vida en una causa perdida.

-Aléjate del caballo.

-Mi Señor... -¡Ahora!

-Sois un buen Señor.

Lástima que no tengáis más cabeza.

(CAPITÁN) -Situad un destacamento en la retaguardia,

por si el obispo recibe ayuda de los nobles.

Atacaremos de frente. Los arqueros, en primera línea.

(ENFADADA) ¡Capitán! Disculpadme.

Prometisteis que daríais más tiempo a Gonzalo.

Y se lo he dado.

Pero no tengo noticias suyas.

Y cuanto más tarde en atacar, más tiempo tendrá Peláez

para conseguir ayuda. Lo siento.

El capitán os llama. -¿A mí?

(Galope)

(CAPITÁN DEL REY) (GRITA) -¡Eh!

-¡Esteban! ¡Esteban!

El Dómine ha apresado a tus hermanos. ¡Los va a ejecutar!

¡Esteban! -No me interrumpáis, por favor.

Tengo demasiado trabajo que hacer.

-No puedes quedarte aquí mientras ellos aguardan la muerte...

(MALHUMORADO) -¡No puedo irme! ¡Tengo que continuar el trabajo!

¿O es que podéis hacer crecer estas columnas sin mí?

¿Eh? ¿Podéis hacerlo?

¿Os hablará el Señor como me habla a mí?

-Cuida ese tono, Esteban. -Si no os gusta mi tono,

echadme de la obra y continuad el templo sin mi.

-¿Se puede saber qué haces? Van a ejecutar a Gonzalo.

Las heridas no están cerradas... Lo sé.

Prepárate, Efraím.

En las próximas horas este hospital se va a llenar.

-Ha corrido la voz de que vais a ejecutar a Gonzalo.

Quizá fuese mejor cambiar de estrategia.

Mantenerlo en prisión... pero vivo.

-No.

No podemos fundar un reino sobre la debilidad.

-No tenemos ningún reino.

-Porque no sabemos dónde está García.

¿¡Por qué no está sentado en el trono!?

-¿Cómo voy a saberlo yo? -¡Averigua por qué no está aquí!

¡Quiero a García sentado en el trono ya!

-Vamos allá...

-Y que Dios os proteja.

-Me conformo con que mire para otro lado.

(GUARDIA) -¡Eh, vosotros!

-¿Algún problema, hijo mío? -Ah, sois vos...

Podéis seguir con vuestro camino. -Y que la paz sea contigo.

Por aquí.

-¿Estáis seguro de que no desconfían?

-No os separéis de mi lado.

¿Veis esa puerta?

Lleva directamente a la celda de García.

No tiene pérdida.

-¿Qué hacemos con la guardia?

-¿Hacemos?

No, hijo mío.

Que tengáis éxito en vuestra misión.

Ojalá que liberéis a García y le devolváis el trono.

Yo seré el primero en arrodillarme ante él.

Pero hasta que llegue ese día, mi camino termina aquí.

-Esperad...

Vengo a confesar al reo.

(GUARDIA)-¡Eh, tú!

Jesucristo, que sólo sean dos

y te juro que no me vuelvo a saltar una misa.

Tranquilos...

(IRÓNICO) Gracias, Señor. Muchas gracias.

-Vengo a liberaros, Majestad. -¿Habéis tomado el castillo?

-Callad o atraeréis a más hombres. -¿Y el resto de mi ejército?

-No hay ejército. Solo yo.

Ponéoslo.

-¿Que me disfrace?

Es... Indigno.

(TAJANTE) -¡Ponéoslo!

-No tenéis hombres... Nos van a matar...

¡No puedo morir, soy el rey legítimo!

-¡Vamos! ¿Estáis loco? ¡Corred!

Majestad, tenéis la libertad a un paso...

A un paso, Majestad...

¿Me acompañáis... Rey García?

Eso es...

-¡Este hombre intentó secuestrarme!

¡Es un traidor a Alfonso! ¡Un traidor a nuestro rey!

-Cobarde...

-Intentó secuestrarme... Yo no tuve nada que ver, lo juro.

¡Yo no tuve nada que ver! ¡Decídselo a Alfonso!

-¡Por favor...! Yo no he hecho nada...

¡Por favor, yo no he hecho nada!

¡Decídselo a Alfonso, por favor! ¡Decidle que me secuestraron!

¡Decídselo!

Decídselo. Decídselo.

¿Me conocéis?

-Eres la mujer del traidor.

¿Vienes a presenciar su ejecución?

Llevadme con Tomás.

Tengo algo que le interesa.

¡Rodrigo!

Ayúdame.

Creímos que habías muerto... Ya ves...

Soy difícil de matar.

¿Qué haces aquí? ¿Por qué no has huido?

¿Rescatarte?

No sé cuál era el plan pero no ha salido muy bien.

Es que... no tenía ningún plan.

Te he echado de menos.

Vamos a dejar los abrazos para cuando salgamos de aquí,

¿de acuerdo?

-Gonzalo de Catoira,

Pedro de Catoira y Rodrigo de Limia.

Se os acusa de traición a vuestro Señor y a vuestro reino.

Y se os condena a morir. (SARCÁSTICO) Vaya por Dios...

Preparadlo todo para ejecutarlos de inmediato.

Vais a teñir Compostela de sangre por nada.

Vuestro trono está vacío. Y sin vuestro rey...

nada de esto tiene sentido.

El tiempo pasa. García no llega

y los hombres de Alfonso se preparan para tomar Compostela.

-Eso no es asunto mío.

Tú trajiste a los mercenarios que tomaron la ciudad.

¿Cómo crees que Alfonso se lo va a tomar cuando lo sepa?

Tomás...

Tú no eres de los que apuesta por el bando perdedor.

¿Elvira, qué quieres de mí?

Que me ayudes.

Eres una proscrita. No puedo ayudarte.

Tengo algo que ofrecerte.

Mi hospital.

Es lo que siempre has querido, ¿no es así?

Es tuyo.

¿Qué necesitas exactamente?

-En nombre de García, legítimo rey de Galicia,

y de don Diego Peláez,

se procede a la ejecución de estos tres traidores.

¿De verdad vais a permitir esta barbaridad?

(Música)

(GRITA) ¡¡¡Basta!!!

Envainad la espada.

-Ya lo has oído. -¿Qué estáis haciendo?

-No se va a ejecutar a nadie. -Son órdenes del Dómine.

-Estos hombres son míos.

Que nadie mueva un dedo hasta que yo lo diga.

¿Estás bien?

¿Qué has hecho, Elvira? Lo que tenía que hacer.

Gonzalo,

vuelves a ser jefe de la guardia.

-Gonzalo,

la ciudad vuelve a estar en tus manos,

de donde nunca debió haber salido.

Desde este momento Compostela vuelve a ser fiel al rey Alfonso.

Y Diego Peláez será considerado un traidor.

-Así será.

-Si quieres seguir con vida, vete.

Buscadlo y traedlo para que sea juzgado.

-Nadie puede juzgarme por mis pecados, Señor...

tan solo vos,

pues es en vuestro nombre que levanto este reino.

Y si el precio que he de pagar es la sangre de mi hijo,

que así sea.

-¡Dómine!

-¿Está hecho?

-Gonzalo ha sido liberado. (INCRÉDULO) -¿Qué?

-Vuelve a estar al mando de la guardia.

-¡No! ¡Necesito hombres! -No tenéis hombres, Señor.

Debemos huir. -No...

estamos demasiado cerca... Debemos recuperar la ciudad...

-¡Gonzalo vendrá a por vos de un momento a otro!

Por favor, Señor, debemos escapar.

Démonos prisa, Señor, por favor.

-¿Y tu guardia?

Esto es entre tú y yo.

¿Estás seguro de que quieres hacer esto?

¡Simón!

¿Simón?

-Buena suerte, Señor.

-Sabes que no voy a entregarme.

Ni yo deseo que lo hagas.

(Música de tambores)

¿Cuántos hombres han muerto por tu culpa?

Hombres buenos que te juraron lealtad,

y que habrían hecho cualquier cosa por ti.

Yo habría hecho cualquier cosa por ti.

De rodillas.

Gonzalo, no lo hagas...

¡De rodillas!

-¡Gonzalo!

Retira la espada.

La ejecución de Peláez es cosa del Rey.

Gonzalo...

-¿Qué haces aquí?

-Eso es el anillo obispal...

Hijo,

en esta ciudad, la ambición puede ser muy útil...

siempre que esté moderada por la prudencia.

-Diego Peláez ha caído.

Manda mensajes a todos los Señores de nuestras ciudades

e infórmales que Peláez pagará cara su traición.

A mí se me guarda lealtad.

Dije que perdonaría la vida a los presos condenados a muerte...

pero las cosas han cambiado.

He aprendido que los sarracenos son traidores por naturaleza.

No saben mostrar agradecimiento ni lealtad.

A partir de ahora, los sarracenos de Toledo

tienen prohibido practicar su religión.

¡Cerrad todos sus templos!

(MADRE DE CONSTANZA) -Rodrigo va a ser ejecutado

por asesinar a tu esposo. -Defendió su vida... y la mía.

-Ojalá las cosas fueran tan sencillas.

Pero no lo son.

Sin embargo, hay una manera de parar esto.

De evitar que Rodrigo muera. Claro que depende de ti.

-Lo que sea, Madre.

-Contraerás matrimonio con Alfonso de León.

Y él le perdonará la vida.

-Tú lo provocaste todo.

Provocaste la muerte de Hugo...

para que me quedara viuda

y poder casarme con el rey.

(DECEPCIONADA) Madre, ¿por qué me haces esto?

(FRÍA) -Ya eres mayorcita, Constanza.

Déjate de fantasías y pon los pies en la tierra.

(Música melancólica)

¿Estás bien? ¿Te han hecho algo?

Mi amor... no te preocupes, a mí no me importa lo que me...

-Entre tú y yo ha habido nada parecido al amor.

(CONFUSO) ¿Qué estás diciendo, Constanza?

Necesitábamos a alguien que matase a Hugo.

Y tú eras perfecto.

Tenía que enviudar, Rodrigo...

para poder casarme con el rey.

¿A qué viene esto?

¿Te han obligado a decirme...? ¡Nadie me ha obligado a nada!

No seas necio y despierta de una vez.

Has sido la herramienta de una tarea

que está muy por encima de ti.

Te quitarán las cadenas y te dejarán vivir.

Vete...

Vete o dejaré que te maten.

-Enhorabuena, Señora.

Habéis conseguido derrotar a vuestra rival.

-Lo único que he conseguido es fabricar a un monstruo.

Sé muy bien cómo se hace.

-Han pasado ya diez años.

¿No vais a dejar de pensar en aquel soldado?

(Puerta)

-¿Qué queréis?

-Hablar.

-Márchate.

Necesito estar sola. -No.

Lo que necesitas es escuchar lo que tengo que decirte.

Lo que ha sucedido debería servirte de lección.

Los juegos de palacio son siempre crueles.

Casi nunca dejan espacio para la benevolencia o el amor.

-Es algo que no pienso olvidar.

-La cuestión es que debes aprender a jugar ese juego.

Y debes aprender rápido.

La reina Constanza no es capaz de darle un hijo varón al rey.

Pero tú... tú sí lo harás.

-No tengo ninguna intención...

-Ya sé que ahora mismo lo último en lo que puedes pensar

es compartir lecho con Alfonso. Pero el caso es que lo harás

y le darás un hijo varón.

Cuando llegue ese momento, Constanza perderá su poder.

Tú, en cambio... serás la madre del futuro rey.

Déjame enseñarte a jugar a este juego, Zaida.

Déjame ayudarte a ganarlo.

(TEMEROSA) -¿Quién eres tú?

-¿Vos estáis de acuerdo? -Él es el maestro de obras.

-¿Cuánto miden las nuevas columnas?

-Treinta varas.

-Imposible... (TODOS MURMURAN)

-El aumento de la base es proporcional.

No habrá peligro de derrumbe.

-Eso no lo he visto en ningún sitio

y es la tercera Iglesia en la que trabajo.

-Esta Iglesia no es como ninguna otra.

No puede serlo.

-Hacedle caso.

-No me voy a subir a un andamio, a treinta varas del suelo,

para que vos podáis cumplir vuestro sueño... maestro.

Si queréis morir, hacedle caso a este loco.

-Os falta fe. ¡A todos!

(ENLOQUECIDO) ¡Os falta fe!

No podéis iros. -¿Y quién me lo va a impedir?

(AGRESIVO) -¡Nadie abandona estas obras!

-Habéis perdido la cabeza. -¿Qué haces?

No puedes tratar a un cantero así.

-¡No estamos levantando una basílica!

¡O la casa de un Conde!

Estamos poniendo en pie

un templo que tiene que asombrar al mundo.

¿Quieres irte?

Vete.

Y avergüénzate cuando tus hijos, y los hijos de tus hijos sepan

que huiste como un cobarde de la construcción de un templo

tocado por la mano de dios.

¡Los que quieran marcharse,

éste es el momento!

Para los que se queden...

Las columnas serán de treinta varas.

Ni una menos.

-¡Ya habéis oído! ¡Tenemos trabajo que hacer!

Espero que sepas lo que haces.

-El Señor es el que lo sabe.

-¿Te incomoda que me vean contigo?

¿Por qué habría de hacerlo? Soy una puta.

Y además... sarracena.

Y yo un borracho pendenciero.

¿Qué quieres?

Ahí está...

como si nada hubiera pasado.

Te he dado mi palabra.

Pedro pagará por la muerte de tu hermano.

-Peláez fue un gran obispo.

-Va camino de ser ejecutado. Tan bueno no sería.

-Él levantó el templo de Santiago.

(SARCÁSTICO) -Con sus propias manos.

-Tú no respetas nada, ¿no?

-Simón, yo solo respeto una cosa.

La verdad es que el tiempo de Peláez pasó.

Pero tú tranquilo, en unos días mandarán a otro obispo

al que puedas lamerle el trasero. Y todo seguirá como siempre.

Los obispos van y vienen,

pero tú y yo estaremos siempre aquí.

Por los tiempos venideros. -Por los tiempos venideros.

-¿Sois vos Pedro de Catoira?

Nadir... Rashim...

Alá esté contigo. Alá esté contigo, hermano.

¿Te envía mi padre? Me envía Yusuf Ibn Tasufin,

para decirte que te prepares.

Abdel: tu momento ha llegado.

Vamos a atacar Compostela.

(NADIR OFF) Nuestro ejército navega hacia aquí

para tomar la ciudad, y tú...

serás quien nos abra paso.

¿Qué tengo que hacer? Dentro de dos lunas,

a medianoche,

abrirás la entrada sur de la ciudad.

Nuestro ejército,

atravesará las puertas mientras los compostelanos duermen.

Arrasaremos la ciudad...

y echaremos abajo esa Iglesia que están levantando.

-¡Eh!

Ten cuidado ahí arriba.

-Esos muros, más altos. -Más altos...

tienen que ser más altos.

-Y en la fachada, una torre para el campanario.

-Una torre como nunca se ha visto.

(MONJE) -Ya nadie va a dudar de ti, Esteban.

-Nadie lo hará. Soy el maestro constructor.

No dudarán.

-Tú les vas a enseñar lo que es la fe.

-Cuando vean este templo terminado, nadie dudará.

Nadie.

(Ruido atronador)

-¡Dejadme pasar! ¡Apartad!

-Vete de aquí.

(FURIOSO) ¡Largo! ¡Ahora!

(ATERRADO) -¿Quién sois...?

Esteban...

Esteban...

Esteban, ¿qué pasa? (ATERRADO) El Diablo...

El Diablo está en Compostela.

Esteban... suelta ese cuchillo.

-Estáis aquí para ser juzgado por traición al rey Alfonso.

(CONSTANZA) -Me gustan tus nuevos aposentos.

Son apropiados para una rata como tú.

-¿Tanto rencor y tanto odio por Andrade?

Y todo esto por una tumba... Algún día este lugar

será el más importante de la cristiandad.

-Hay una mujer en el bosque.

Tal vez ella pueda ayudarte. Ve a verla.

-¿Por qué debería confiar en ti? -O yo,

o pasar el resto de vuestra vida cagando en un caldero.

-Elvira sí que te importa.

He visto como la miras.

¡Ahmed nunca estuvo en esa mina! ¡¡¡Ya basta!!!

Eres un buen hermano, Gonzalo, no mereces que te pase nada malo.

(TOMÁS OFF) -Eres un superviviente,

y por eso vamos a llevarnos bien.

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El final del camino - Capítulo 3

25 ene 2017

Pedro, el hermano mediano de los Catoira, es ahora un salvaje almorávide, educado en la fortaleza de Yusuf en el Rif y dispuesto a aprovecharse de sus hermanos para destruir Compostela. Mientras, el trono de Galicia se enfrenta a una posible sublevación dirigida por el obispo Peláez, que pretende que García se convierta en Rey. Gonzalo y su hermano Pedro harán todo lo posible para frenar las intenciones de Peláez. Esteban continúa con la construcción de la catedral, en la que impondrá sus ideas por la fuerza.

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  1. Flávio Cabral

    Muito boa série! Conta história cultural espanica e suas batalhas reais.

    20 may 2017
  2. Miguel

    Yo cada mas que veo esta serie mas defectos de todo le encuentro. El del andamio, en donde iba a colocar la piedra que intentaba subir? En el aire? Si es que no habia construccion en esa altura todavia. Que pena. Con lo que se habra gastado tve en esta serie?

    03 feb 2017
  3. Mercedes

    Excelente

    29 ene 2017
  4. Mercedes

    Maravillosa !!!

    29 ene 2017