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No recomendado para menores de 16 años El final del camino - Capítulo 2
Transcripción completa

Gonzalo,

sabes que a mi me da igual, pero... tú tienes una mujer,

Nos vamos con una serie espectacular. Disfrutadla. Gracias.

tienes otro hermano, eres el jefe de la guardia...

(Música)

¿Vas a arriesgar todo por alguien a quien apenas conoces?

Es mi hermano.

¡Vamos a llevarnos a ese hombre!

-Se dice que abres las carnes de los enfermos...

y que tu ciencia nace de un libro herético. Quiero ese libro.

-¿Qué quieres de mi? -Que me ayudes a construir mi catedra

Se acercan tiempos sombríos y todo va a depender de ti.

(PELÁEZ) -Mató a su hermano para quedarse con el trono

y encerró a nuestro verdadero Rey.

-Con nuestro ejército no podremos recuperar Toledo.

-Por eso ruego que se una a nosotros el ejército almorávide.

¿Voy a morir? No lo permitiremos.

-Tú eres... Abdel Rachid... Ojalá no me hubieras reconocido.

-Liberaré a García de su prisión y le haré Rey de nuevo.

-Peláez es un loco. Nos lleva a una guerra.

Gonzalo, tienes que...

-Gonzalo habló con él, lo sabe todo.

Hay que matarlo.

La reunión era con su majestad, no con vos.

-Hablo por boca de la Reina. ¿Que queréis de mí?

Peláez conspira contra el Rey. ¿Lo sabíais?

No tengo por costumbre mezclarme en las intrigas de los nobles.

Esta vez sí lo haréis. Si Compostela se alza contra el Rey,

mi Señora pasará por la espada a toda la ciudad.

Si queréis evitar una guerra, detened al obispo.

Conseguid pruebas de su traición.

¿Me estáis pidiendo que traicione a mi Señor?

Yo no os pido nada, es vuestra Reina quien lo ordena.

Y es solo el principio.

Tenéis la traición grabada a fuego en vuestro destino.

Cuatro días y Gonzalo sin aparecer.

¿En qué está metido mi hermano? Pues no lo sé, Pedro.

Es tarde.

(AFABLE) -¡Ah de los peregrinos!

¿Compartiréis el fuego con un pobre buhonero?

Si vos tenéis plata... yo tengo vino.

Y ganas de hacer negocio también.

¿Y... de dónde venís?

¿Del país de los francos, tal vez?

De un país de gente silenciosa, por lo que veo.

(ACENTO EXTRANJERO) -Nadie te ha dado permiso para acompañarnos.

-¡Ah... tenéis lengua!

Sabed que trae mala fortuna el ser descortés con el buhonero.

Pero esa manera de hablar vuestra, no es de los francos.

¿De los germanos, tal vez...?

-Haces demasiadas preguntas.

(PERSPICAZ) -¡Ay Dios...! ¡Eh...mirad, mirad!

La política no me interesa... y no tengo nada

contra los hombres de bien, aunque sean normandos.

Así que, seguiré mi camino...

(Música)

-¿Sabe alguien más que estáis en Compostela?

(ACENTO NORMANDO) -Nadie.

-El sepulcro del apóstol Santiago.

Este templo será el centro mismo de la cristiandad.

-Vuestro templo no me impresiona.

En mi país hay muchos como el que estáis levantando.

Y ahora, ¿podemos tratar el asunto por el que he venido?

-Entiendo que si estáis aquí, es que Guillermo está de acuerdo.

-Lo está.

Fuera. (GRITA) ¡Fuera!

-Levanta. ¡Arriba, vamos!

¡Vamos!

Ahora conmigo.

Puede que esas maneras te sirviesen para pelear con los moros,

pero se acabó luchar así.

La llevarás puesta día y noche,

hasta que aprendas amoverte con ella.

Pesa, pero es mejor que esos harapos que llevas.

No es el hombre más amable del mundo pero...

hará de ti un buen soldado.

(EXHAUSTO) Sé luchar.

Más que la mayoría. Bien.

Porque voy a exigirte el doble.

¿Dónde has estado estos días?

Debo informar al Dómine de mi llegada...

-¿Ingleses? Nuestros nobles se negarán.

-Ya me ocuparé yo de que obedezcan.

Tú reúnelos a todos. -Sí, Dómine.

-En cuanto a Gonzalo...

¿Qué has averiguado?

-Uno de los míos lo siguió, tal y como ordenasteis.

Yo tenía razón.

Conspira con la Reina.

(SUSURRA) Dadme vuestro permiso

y el traidor dejará de ser un problema.

-"Benedicat te Deus", Dómine...

Algunos de vuestros vasallos solicitan audiencia.

También ha llegado un grupo de peregrinos...

-Me doy por saludado. Hoy no habrá más audiencias.

¡Gonzalo!

Hace días que no sé de ti.

Últimamente el camino a Compostela

se está convirtiendo en un nido de ladrones y asesinos.

La prosperidad atrae a los maleantes.

¿Alguna cosa más que quieras compartir conmigo?

Solo he venido a informaros de mi regreso.

Me alegro. Ahora más que nunca

necesito tener cerca a mis hombres más leales.

La traición de Andrade me ha hecho pensar.

¿Y si hay otros, en Compostela, que conspiran contra mí?

Tal vezsea un temor infundado, pero por si acaso...

mantén los ojos bien abiertos. Si hay otro traidor,

encuéntralo y tráelo ante mí.

Lo que ordenéis.

Dómine.

-Sé cuanto lo apreciáis, pero con los ingleses en Compostela

supone un peligro que no nos podemos permitir.

Hay que matarlo, y hay que hacerlo ya.

-No. -Conspira con la Reina.

Ha mentido en su cara... -La guardia le es leal a él,

no a mí. Si nos enfrentamos a él tendremos a 50 soldados armados

dentro de nuestras murallas, deseando cortarnos el cuello.

-Entonces, Dómine,

permitidme que os consiga un ejército.

Uno que sea sólo leal a vos.

¡No tienen nada contra ti! -Elvira...

¡Salvaste a un hombre! ¡¿Qué pecado es ese, por Dios...?!

El mismo pecado que robar cuando pasas hambre.

Gonzalo te sacará de aquí. ¡No!

Y tú no se lo vas a pedir. Es el jefe de la guardia.

Te quiere demasiado, y si tú se lo pides

hará lo imposible por liberarme, ya sabes cómo es.

¿Qué vais a hacer con él?

Elvira, no es aquí donde debes luchar por mi.

Voy a instalarme en la dependencias de la guardia.

¿Por qué? Esta es vuestra casa;

llevo demasiado tiempo aquí. Pedro...

Somos tu familia, y esta es tu casa.

(CARIÑOSO) Eh...

¿Qué te ha pedido la Reina?

Quieren pruebas contra Peláez. Niégate,

no te involucres... O intervengo...

o arrasan Compostela. ¿Y por qué tú?

Que sea otro quién les plante cara.

Ojalá hubiese otro.

(SECA) Vuelvo al hospital.

Sin Efraím, tengo el doble de trabajo.

¿Cuándo vendréis a ver el cadáver?

¿Qué cadáver?

Era uno de los esclavos de Bernardo. Trabajaba con los canteros.

Lo mataron de un solo corte de daga.

Al modo de los asesinos del norte de África.

Almorávides.Un esclavo moro mata a otro esclavo moro.

¿Debería preocuparnos? Da igual si son esclavos.

Una vez dentro de estas murallas están bajo nuestra protección.

Eres demasiado quisquilloso. Es la ley.

Y nuestro deber es que se cumpla. Encontrad al que lo mató.

(OFF) ¡¡¡Gonzalo!!!

¡¡¡Gonzalo!! ¡¡¡Gonzalo!!!

(GRITA DOLORIDO)

(NIÑA) -¡Nadir!

-¡Aaahhh!

(Fuerte golpe)

(AMABLE) -Come.

Me llamo Fátima.

Yo me llamo... Tu no tienes nombre.

(YUSUF HABLA EN ÁRABE)

-Aprended su idioma.

Aprended sus costumbres.

Los cristianos tienen miedo a morir.

Y hacen bien. Porque como infieles están condenados.

Por eso se cubren de hierro, en la batalla.

(HABLA EN ÁRABE)

Eres un guerrero. No un mártir.

Su vida es tuya.

Abdel Rashid.

Ese será tu nombre.

Y nosotros, tu familia.

¡Pedro!

Vamos, tenemos trabajo que hacer.

-Llamar a los almorávides, fue la decisión del consejo.

Decisión que yo acaté...

Pero un ejército extranjero paseándose por nuestras calles,

intimidándonos... Estás loco, Nadir,

si crees que voy a permitir algo semejante...

-Expulsarlos sería un insulto. -Has perdido la cabeza...

O estás de su lado, o del nuestro...

-Sólo hay un lado, Al-Mutamid.

El de los fieles a Alá.

-Es mi ciudad...

Vuestro ejército levantará el campamento...

-No.

Hemos cruzado el mar para ayudaros.

¿Qué clase de hermano te obliga a dormir en la calle

cuando llamas a su puerta? Ahora, todos somos uno.

-Esposo...

Un emisario de Sevilla espera en el salón.

Lo envía ese almorávide, Yusuf.

-Iré enseguida.

El mensaje de Yusuf, ¿cuál es?

-El gran Yusuf os invita a convertiros al Islam

y a rendirle vasallaje. Si lo hacéis,

os perdonará la vida.

-Fuera.

(GRITA FURIOSO) ¡¡¡Fueraaa!!!

-Te está provocando.

No caigas en su trampa.

-Falta grandeza, Bernardo. El Templo de Santiago

tiene que impresionar a todo aquel que entre en la ciudad.

-Será magnífico, Señor... -Hay otros muchos como este.

Este tiene que ser único, imponente. -Vamos a ampliar el triforio...

¡Necesito más, Bernardo!

Ideas que conviertan este templo, en algo que no se haya visto jamás.

-Señor...

Señor... os estoy dando lo mejor de mí.

-Pues no es suficiente.

Si es un monje, solo puede estar en la abadía.

-Pues allí no estaba. Llevo días buscándolo y nada.

Así que un monje, que nadie conoce, que tiene conocimientos,

sobre construcción y que te los muestra a ti

en vez de a Bernardo... Así es.

-Buenos días.

-No sé por qué me ha elegido a mi, pero necesito dar con él.

Hablamos más tarde, ¿vale? Tengo que irme.

-Te he elegido a ti para que des fruto;

y que ese fruto perdure por los siglos de los siglos.

Mi Señor...

¿Podemos hablar?

-Claro. En privado.

...que Peláez va a liberar a García y reponerlo en el trono...

Y que le va a declarar la guerra al Rey Alfonso.

Eso dijo Andrade antes de morir.

¿Quién lo mató?

Simón.

Sé que Andrade y vos os respetabais.

Era un hombre de honor. ¿Y vos?

Porque no me puedo creer que apoyéis en esto al obispo.

Negarle mi espada me costaría la vida y mis tierras.

Y por tu propia seguridad,

también tú deberías permanecer a su lado.

En esto hay más en juego que mi seguridad, o la vuestra.

¿Cuándo van a liberar a García?

García... es el último paso.

Antes, el obispo debe forjar alianzas que le permitan defender Compostela.

Ha traído a alguien a la ciudad. ¿A quién?

No sé quienes son, pero sí sé que el obispo

se ha tomado muchas molestias para esconderlos.

-Algo de comida te ayudará a reponer fuerzas.

¿Quieres acompañarme, Efraím?

-Me ofrecéis pan y palabras amables...

pero vuestros monjes me torturan

y me impiden rezar.

No negaré a mi Dios.

-No es tu religión lo que se está juzgando,

por perversa que sea. Es tu ciencia.

-En ese caso...

os equivocáis también.

-¿Acaso no has abierto las carnes a un enfermo?

-Sólo así podía salvarlo.

-¿Quién tiene el libro, Efraím?

¿Elvira?

Dámelo;

confiesa tu crimen contra Dios... y te dejaré libre.

-Si vos estuvierais en mi lugar...

y os ofrecieran... la libertad

a cambio de renunciar a vuestras creencias,

¿lo haríais?

-Al final te doblegaré.

Que le dejen rezar si eso le ayuda.

Entrad, ya.

¡Vamos!(CON ACENTO ÁRABE) -Esperad... No podéis...

O te apartas o te arranco la cabeza. Ahmed era nuestro hermano...

No lo asesinamos...

¿Quién es?

Un esclavo más... el cabecilla de esta chusma.

Ahmed, uno de los vuestros...

fue asesinado hace unos días.

Le cortaron el cuello a la manera de los almorávides.

Uno de vosotros lo mató. Y quiero saber su nombre, ahora.

Interroguémosles uno a uno.

Eso llevaría mucho tiempo...

-¡Abad!

¡Abad!

Dicen que seguís interrogando al judío.

-El judío tiene más dignidad en una uña

que tú en todo tu cuerpo.

¿Qué buscas? -Haceros la vida más fácil.

Entregádmelo y haré que practique sus sanaciones con arreglo a la ley.

-¿Tú? "Tú" velarás por la ley...

-Trabajará en el hospital que a partir de ahora yo dirigiré.

Hay muchos peregrinos enfermos dispuestos a pagar una buena plata

por un médico como él. Yo, por supuesto,

os daré una parte de las ganancias... -No comercio con almas.

Si el judío es culpable, morirá.

Y si es inocente, volverá al hospital.

-Todo el mundo fuera. ¡Está cerrado!

¡Vamos!

-¿Tienes a los ingleses bien escondidos?

-Te prometí discreción y yo cumplo mis promesas.

-Si alguien hace alguna pregunta... -Nadie hace preguntas

sobre mis asuntos, Simón. Podría enfadarme.

-El Dómine requiere tus servicios para otro asunto.

-El obispo ha superado con creces, mi cuota de favores gratis.

La fe alimenta el alma, pero no llena la bolsa.

-Quiero hombres que sepan luchar

y los quiero dentro de las murallas.

-¿Cuántos? -Muchos. Cuantos más, mejor.

-¿Y qué se supone que deben hacer esos hombres que pedís?

-Acabar con la guardia de la ciudad y matar a Gonzalo.

-¿Qué sucede?

-Que últimamente estáis todos de lo más sanguinario.

A este paso vais a dejarme sin clientela.

-Recibirás diez más como esta.

-No.

-¿Vas a negarle un favor al Dómine? -No quiero tu plata, Simón.

Conseguiré esos hombres y armas,

y sí, iremos a por la guardia. Pero tu dinero no me interesa.

Cuando esto acabe voy a pedirle un favor al Dómine

y espero por tu bien, que no me lo niegue. ¿Queda claro?

-Y otra cosa, Simón...

no vuelvas a tratarme nunca como a una ramera,

¿de acuerdo? Yo no soy una ramera.

(ESCLAVO) -¡No! ¡Por favor, por favor!

¿Qué sabes de la muerte de Ahmed?

(HABLA EN ÁRABE)

No sabe nada.

(GRITA DOLORIDO)

Te cortaré los dedos uno a uno hasta que tú,

o cualquiera de vosotros, me dé lo que he venido a buscar.

De acuerdo. -¡Naima!

Naima, Naima ella... Naima es...

es la hermana de Ahmed.

¿Y dónde puedo encontrar a esa tal Naima?

En la taberna de las rameras de Tomás.

Es ramera de Tomás, por favor... Naima, por favor...

Hablaré con ella. No.

Me encargaré yo. Tú llévate a este al hospital.

¿Qué pasó? Animal.

¿Y qué hizo para merecer un castigo semejante?

(HABLA ÁRABE)

(HABLA ÁRABE)

-Mi mujer... creo que ha empeorado.Voy.

El vendaje tiene que estar limpio. Si le sube la fiebre, que vuelva.

(HABLA EN ÁRABE)

“Que la bendición de Alá esté contigo”.

Gracias.

(MUJER GRITA DOLORIDA)

Ya está... -¿Se va a curar?

Necesitamos agua fresca. Ve al río y tráela.

Ahora mismo. ¿Puedo ayudar en algo?

La fiebre la está matando y tiene el vientre hinchado.

-¿En qué costado? Derecho.

Está muy débil y si nada lo remedia,

en un par de días morirá.

No es la primera vez que tú y yo nos enfrentamos a este mal.

No, yo no sé hacerlo... Sí... En el vientre...

No puedo... ... detrás de las vísceras.

No puedo hacerlo, Efraím...

Tienes que abrirla y quitarle el mal.

El libro.

En él encontrarás las respuestas.

Los nobles...

¿De verdad crees que esos inútiles van a liberar a García?

Es lo que pretenden. Pero los voy a detener.

Y necesito saber si estás a mi lado. ¿Ponerme contra el Dómine?

No.

Si no hacemos nada, será la guerra, y la ciudad entera arderá.

Pues la veré arder con un vaso de vino en la mano.

Antes no eras así. -¡Hombre, Animal!

De nuevo en la guardia. A ver cuánto duras esta vez.

La prostituta...

Naima, la mora. ¿La quieres?

Creía que no soportabas a los moros.

Tampoco es que vaya a casarme con ella.

Me gustaría terminar esta conversación.

Te has pasado la vida besando por donde pisa el maldito Dómine,

¿y ahora me pides que lo traicione?

Si quieres enfrentarte a él, adelant de algo hay que morir.

Pero no cuentes conmigo.

Eres la hermana de Ahmed.

(CON ACENTO ÁRABE) -¡Suéltame! Cuando contestes a mis preguntas.

Un moro ha despachado a tu hermano.

No es que me importe mucho, pero va contra la ley

y yo estoy para que se cumpla. Dime qué sabes.

No fue un moro. A Ahmed lo mató un bárbaro.

¿Un cristiano?

Cuando lo encontramos, tenía esto en la mano...

Es de ese tal... Pedro, el hermano de Gonzalo.

Eso es imposible... Es suyo... Lo he visto.

No harás nada contra él, ¿verdad?

Porque es el hermano de tu amigo.

Hablas la lengua de los moros.

¿La sabes leer? Un poco.

¿Es el libro que te niegas a entregar?

Aquí.

(LEE EN ÁRABE)

La incisión, debe hacerse,

a la medida de siete dedos...

desde el arranque de la pierna.

Y... cuatro dedos...

desde el costado.

(SUSPIRA)

Sigue.

(APRENDE A LEER ÁRABE)

-Tú... Tú eres cristiano... Ayúdanos...

¡Shhh!

Venid conmigo. Bien hecho, chico.

-Los caballos están fuera. También hay comida.Gracias.

Hacen el cambio de guardia con la llamada a la oración.

Será el mejor momento para marcharnos.

-Ahora o nunca...

¡Asesinos!

¡Corre! ¡Corre!

¿Dice algo más?

La cicatriz,

ha de lavarse, con...

una solución,

de... tres partes de agua,

por dos...

vinagre, por dos de vinagre.

Has salvado una vida...

La hemos salvado los dos, Pedro.

Gracias.

Será mejor que me marche.

Vaya tarde de perros.

Y peor se va a poner.

¿De dónde vienes?

De la taberna.

De ahí vengo yo y no te he visto. ¿Dónde estabas, Pedro?

¿A qué viene tanta pregunta?

El moro que asesinaron...

ya sé quién lo hizo.

¿Por qué?

Ese hombre,

era el capataz de una mina de sal en Córdoba,

estuve allí dos años.

Desollaba a los cristianos a latigazos.

¿Vas a decírselo a mi hermano?

Tu hermano tiene otros asuntos de los que preocuparse.

Yo ya me iba.

-Os llamé para que nos protegieseis de los cristianos...

¡No para que declaraseis una guerra!

-Es obligación del musulmán combatir al infiel.

-Enviarle un Corán y pedirle que se convierta...

¡Estás loco! Ahora Alfonso atacará.

Nos habéis dejado sin opciones...

Tal vez sería mejor para todos que regresaseis a vuestra tierra...

Os compensaré igualmente... -Guardaos... vuestra plata.

Nosotros no abandonamos a nuestros hermanos.

Vuestros hombres no son de fiar.

Con los míos estaréis más seguro.

-¿Hasta dónde han llegado los almorávides?

-Tienen puestos en Badajoz, pero están avanzando por el centro.

-¿Por dónde crees que podemos atacar?

-Majestad, quizá sea precipitado buscar un enfrentamiento...

-No voy a quedarme de brazos cruzados mientras Yusuf me insulta.

Quiero aplastarlo

y devolverlo a África con el rabo entre las piernas.

-La mayoría de los puestos de los almorávides

están muy bien protegidos. -Pues busca uno que no lo esté.

-Pero no disponemos... (IMPERATIVO) -¡Búscalo!

¡Dadme una batalla!

-Alfonso va de mujer en mujer...

Busca un heredero varón para su trono.

-¿Y alguna le dará un hijo? -Estas no.

Pero llegará una que sí lo hará. -¡No!

Urraca será la Reina.

-Vuestra hija podrá reinar, sí, pero todo dependerá de vos.

Tendréis la corona en vuestras manos,

no la soltéis y Urraca reinará.

Pero tened en cuenta que para que una Reina ocupe el trono...

otro Rey debe morir.

(TOMÁS) -En este mismo instante mis hombres caminan por Compostela,

listos para cumplir vuestras órdenes cuando así lo consideréis.

-Retírate, Tomás.

Tus servicios tendrán justa recompensa.

Ojalá hubiera otra forma de hacer esto...

-Desgraciadamente no la hay. Ayer me siguió.

Ha visto a los ingleses.

-¿Qué estás mirando? Tu hermano...

¿fue capataz en una mina de sal?

¿Qué...? No... claro que no.

Era cocinero, como mi padre.

Lo fue, hasta que los bárbaros arrasaron nuestro pueblo

y nos vendieron como esclavos.

-Señores,

la península hierve consumida por la traición y la guerra.

Compostela será clave en los sucesos que están a punto de ocurrir.

Por eso, debemos estar preparados.

Os presento a Adela,

hija de Guillermo de Normandía, Rey de Inglaterra.

-¿Qué hace aquí?

-Cuando repongamos a García en el trono,

Alfonso no se quedará de brazos cruzados.

Nos atacará. Todos lo sabemos. Por eso necesitamos un aliado.

-¿Inglaterra?

-¿Y a cambio de qué nos prestaría su apoyo?

-El Rey García se casará con la princesa Adela.

-Inglaterra y Compostela quedarán unidas por un matrimonio.

-Eso es. -No, no, no, no,

llamemos a las cosas por su nombre: unidos no, seríamos sus vasallos.

-A cambio, os protegeremos de Alfonso.

-¿Quién nos protegerá de vuestro padre?

Proponéis que nos vendamos a los ingleses... Ingleses.

¿Cómo podéis siquiera escuchar esta idea sin vomitar?

¡Pasaremos de ser siervos de Alfonso a siervos de Guillermo!

¿Es que no os dais cuenta?

-Solo un necio compararía a Alfonso con Guillermo.

Guillermo es un Rey noble y sabio.

Y nosotros no sobreviviremos sin su ayuda.

No estoy sometiendo este asunto a debate.

¿Queda claro?

-¡Aliémonos con Inglaterra!

Lo que sea con tal de librarnos de Alfonso.

(AMENAZANTE) -Nuno, amigo mío,

a ti voy a encomendarte una tarea digna de tu coraje.

-Quiero que seas tú quien construya esta Iglesia.

No Bernardo. Tú.

-¿Por qué yo? Solo soy un cantero.

-¡Esteban! ¿Con quién hablas?

¿Con quién, Esteban?

-Con nadie, maestro.

¿Quién eres?

-Tengo muchos nombres.

Prepárate, Esteban. Se acercan tiempos difíciles.

Y el futuro va a depender de ti.

-Hay que darse prisa.

Alfonso tiene un espía en Compostela que pronto le informará.

-Entonces, debo marchar de inmediato.

-Entregadle esta carta a vuestro padre...

y este anillo, en prueba de nuestro acuerdo.

(Llaman a la puerta)

Nuno... pasa.

-El obispo ha enloquecido.

Ha hecho un trato con Guillermo de Normandía.

Querías saber de sus planes y he cumplido.

Espero que hables en mi favor cuando me acusen de traición.

¿Qué vais a hacer? Nada de lo que me sienta orgulloso..

Si pretendes parar esto, debes actuar ya.

No queda tiempo. Solo unas pocas horas antes de...

antes de que todo empiece.

Nuno.

(OFF) Se os ve cómodo ahí sentado.

Supongo que ya no necesitáis fingir.

-Que me hayas traicionado tú, Gonzalo,

precisamente tú...

¿Vos, me llamáis traidor?

Traidor a tu ciudad,

y a tu reino... y a mí.

¡A mí, que siempre te he tratado como a un hijo!

Vuestro plan,

es una locura. Costará miles de vidas...

La historia se levanta sobre cadáveres, Gonzalo.

Y la recompensa que busco merece el sacrificio.

Recompensa... ¿Qué recompensa?

¿Que la mitad de Compostela termine muerta

y la otra mitad siendo sierva de Guillermo?

¿Guillermo?

Guillermo es solo una marioneta, ¿es que no te das cuenta?

El objetivo de todo esto... El objetivo es que vos, reinéis.

Contigo a mi derecha, Gonzalo. Piénsalo.

Nuestro propio reino, Gonzalo...

nuestro propio reino.

Dejadlo ahora... y no informaré al Rey.

Os estoy dando la oportunidad de hacer lo correcto...

¡No se te ocurra ser condescendiente conmigo!

Esto ya no se puede parar.

O estás conmigo, o estás contra mí.

Entonces...

estoy contra vos.

Por favor, Gonzalo, no nos conviertas en enemigos.

¡Gonzalo, vuelve aquí!

(GRITA) ¡¡¡Gonzalo!!!

Los ingleses han abandonado la ciudad.

Se dirigen al paso de Calais. Hay que alcanzarlos.

Desde ahora, no obedeceréis las órdenes del obispo, sólo las mía

Nadie, entra ni sale de la ciudad sin nuestro permiso.

Proteged Compostela hasta que yo vuelva.

¡Guardia! (GRITA) ¡Por Gonzalo y por el Rey!

(TODOS GRITAN) -¡Por Gonzalo y por el Rey!

Gracias.

Te estás equivocando.

Pero tenía que coger un bando y para no perder la costumbre,

elijo el de los perdedores. O el de los justos...

¿Cuál es la diferencia? Rodrigo, la ciudad es tuya.

Y una cosa más... Tranquilo...

cuidaré de Elvira.

Mentiste sobre la muerte de Ahmed.

Tú lo asesinaste y vas a pagar por ello.

-Panda de buitres...

ayer nos llamaban bárbaros

mientras rendían pleitesía a los sarracenos...

Y hoy se postran ante Alfonso...

-Pero no son ellos los que deben preocuparos, mi Reina.

-La hija de Al-Mutamid de Sevilla, está aquí,

y ruega que la escuchéis.

-Salud, Majestad.

-¿A qué has venido?

-Yusuf y sus almorávides han ocupado Sevilla.

Persiguen tanto a cristianos como a musulmanes.

Está siendo una matanza.

(ALFONSO RÍE CON GOZO)

Tu padre se lo buscó pidiéndole su ayuda.

-Lo sabe.

Y también sabe que sois un hombre de honor.

Y un amigo.

Es por esto que me envía ante vos con un ruego.

Dadme refugio.

-¿Y yo qué recibo a cambio?

-Será ella.

Ella le dará un varón.

-Los rumores sobre ti eran ciertos.

Está bien.

Ahora estás bajo mi protección.

Lleváosla y acomodadla.

Que no le falte de nada.

-Queréis aseguraros de que vuestra hija reine,

¿no es cierto?

Ya os lo he dicho:

todo depende de vos...

(Ronquidos)

-Llénamela...

(YUSUF REZA EN ÁRABE)

-Todavía estás muy débil.

¿Y Fátima?

(SUSPIRA) Muerta.

Lo siento. Yo sólo quería... Ayudar a los tuyos.

Ven.

Tú lo salvaste, su vida es tuya.

-No, chico...

No, no...

Mi nombre es Abdel Rashid.

(HABLA ÁRABE)

-Ha llegado la hora.

Regresarás a tu tierra.

-¡Perra!

El anillo no sale. -Córtale el dedo.

(LLANTO DE DOLOR)

(Relincho)

Marchaos. Esto no es cosa vuestra.

En realidad... sí que lo es.

-¿Quién eres?

No os pertenece. Seguro que no.

Tú estás con Alfonso.

Eres el espía del que hablaba Peláez.

Seguro que ahora me matarás. Ese es el plan.

Espera.

Decidle a vuestro padre, que Compostela jamás será suya.

¡Hia!

¿Y ahora?

Volvemos a casa.

-Dime, ¿qué ves a tu alrededor?

-Las obras del Templo.

-Yo haré que abras los ojos, Esteban.

Yo estaba aquí,

cuando el apóstol Santiago vino a predicar a esta tierra.

Y estaba aquí cuando regresó a Jerusalén

y Herodes lo mandó decapitar.

Estaba aquí cuando sus discípulos,

trajeron su cadáver de nuevo a esta tierra.

Yo estaba aquí cuando llegó el primer peregrino.

Y estaba también aquí,

cuando se puso la primera piedra de este templo...

como estaré cuando se ponga la última.

El que tenga ojos... que vea.

(Música celestial)

-En la entrada meridional no habrá un portón, sino dos.

Y en el tímpano de la izquierda,

veremos a Cristo tentado por los demonios.

Sobre las naves laterales el triforio,

con la cubierta de cuarto de cañón...

-¿Qué sucede?

¡Esteban!

¿Qué es esto?

-Lo he visto, maestro.

-¿Que has visto qué? -El Templo de Santiago.

Lo tengo entero en mi cabeza.

-De parte de Gonzalo de Catoira.

-Te advertí sobre esa víbora.

-Arma a un grupo de hombres y sal hacia Compostela.

-¿Con qué misión, mi Señor? -Capturar a Diego Peláez.

-Pero...

Es un obispo... -¡Un obispo que conspira contra mí!

Y que quiere entregar Galicia a los ingleses.

Tráemelo para que pueda matarlo.

-Los soldados están esperando vuestras órdenes, mi Señor.

-Dómine... llegó la hora.

-Que Dios me perdone.

(SUSPIRA FUERTE)

Limpiemos Compostela de traidores.

(GRITA) ¡¡¡Encontrad a Gonzalo!!!

(GRITA) ¡Esteban! ¡Esteban! Tenemos que irnos.

-¿Cómo? No, no... no puedo... El templo...

Lo tengo en la cabeza... ¡Vámonos de aquí o te matarán!

¡No! -Esteban...

-Tengo que quedarme. Demasiadas cosas dependen de mí...

Tenemos que irnos. ¡Esteban!

-Yo cuidaré de él. Huye.

Mientras esté bajo mi protección el obispo no le hará nada.

Nos vamos. Cuídate...

(Música de tensión)

¡Corre!

(GRITA) ¡¡¡Ahhh!!!

¡Elvira!

¿Estás bien? Animal está en los talleres.

Está cercado y lo van a matar. ¡Ponla a salvo!

(Sigue música)

Mercenarios...

¡Ahhh!

(GRITA FURIOSO) ¡¡¡Dómine!!!

¡Os juro que volveré y os mataré! ¡Os lo juro, padre!

¡Hia!

Esto será solo el principio.

Habrá una guerra entre Alfonso y Peláez

y morirán muchos más. ¿Y Animal?

No llegué a tiempo.

Luchó como un valiente hasta el final.

Lo siento mucho.

(NUNO OFF) -Ahí es donde lo tienen encerrado.

García es nuestro Rey.

Aunque no nos guste, es nuestro Rey.

Entraremos en el castillo y lo sacaremos de su celda.

Lo llevaremos a Compostela. Y después...

que Dios nos proteja.

¿Qué vamos a hacer?

No puedes rendirte, Gonzalo, tienes que luchar.

-Tendrás que luchar.

Regresarás a Compostela y te harás pasar por cristiano.

Nadie sabrá que eres mi hijo.

Nadie. Pase, lo que pase.

Nunca confiarán en mí. Haremos que confíen...

y que te vean como una víctima.

Los cristianos te rescatarán.

Y cuando llegue el momento...

cumplirás con tu destino:

abrirás las puertas de la ciudad para que podamos arrasarla.

Al-Yihad.

Tenemos que volver.

Hay que recuperar la ciudad.

Esteban, ¿qué pasa? -El diablo...

el diablo está en Compostela...

Si consigues atrapar a Peláez, ¿vas a entregárselo al Rey?

Lo voy a matar.

-Tenemos un problema.

La ciudad está llena de mercenarios esperando para capturaros.

(OFF) Si no lo hago,

los soldados de Alfonso masacrarán a nuestra gente.

(BERNARDO) -Tú serás ahora el nuevo maestro de obras.

Tú construirás el Templo.

-¡No estamos levantando una basílica! ¡Estamos poniendo en pie,

un Templo que tiene que asombrar al mundo!

(CONSTANZA) -No me importa que tenga amantes,

pero que se enamore, es peligroso.

-Quiero a García sentado en el trono, ya.

-Vengo a liberaros, Majestad.

-Podías haber tenido mi apellido

y un ducado a nombre de tus hijos y el tuyo...

y mira como vas a acabar.

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El final del camino - Capítulo 2

18 ene 2017

El obispo Peláez continúa conspirando para conseguir poner a García en el trono. Para ello, precisa la alianza con Guillermo de Normandía, la cual se fraguará por medio de su hija Adela, que llega a Compostela. Ella es el arma que el obispo necesita para terminar de convencer a los señores y nobles de Galicia. Sin embargo, todo esto debe hacerlo a espaldas de Gonzalo, que ahora cumple una misión para la reina Constanza: conseguir una prueba de la traición de Peláez.

Pedro, una vez recuperado de su reclusión en Toledo, comienza a sentirse atraído por Elvira; y junto a Animal, investigará la muerte de Ahmed, el esclavo árabe asesinado.

Esteban cada vez goza de mayor prestigio gracias a las indicaciones del misterioso monje, al que parece no conocer nadie y que, en esta ocasión, le mostrará la visión de una catedral inconcebible, asombrosa, que afectará al constructor hasta llevarlo a los límites de su cordura.

Mientras todo esto sucede en Compostela, en Sevilla, Yusuf y su ejército almorávide se han ido haciendo con el poder sin encontrar demasiada oposición: a los que no comulgan con su propuesta los pasa por la espada. Ante esta situación, Al-Mutamid decide ganarse el favor de Alfonso VI enviándole a su hermosa hija Zaida como ofrenda de paz.

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  1. SharkCeive

    Compostela!! Será sometida a Galiza no a compostela hasta eso omitís vergonzoso! Garcia era rey de Galiza nunca de compostela, en aquellos tiempos eran más mondoñedo o Lugo que compostela jajaja

    19 ene 2017