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Para todos los públicos El escarabajo verde - Mi espacio vital - ver ahora
Transcripción completa

Hay tantas casas posibles

como las creadas por la imaginación de una niña.

Cada criatura sueña, como por instintos, con tener casa.

Desde el refugio de la cueva hemos avanzado

hasta tejados de hojas de palma, de corteza y ramas.

Luego logramos domesticar el lino tejido, la hierba y la paja,

los maderos y tablillas para llegar a dominar piedras y tejas.

Todo para construir nuestro espacio vital.

Un poco más oscuro. -¿Un poco más? Pues coge.

Hay que tratar las cosas, cuando las pintamos,

un poquito de la forma que han sido en la realidad.

¿Lo damos por terminado? -Sí.

Primero voy a dibujar este pajarito. -Anda, qué bonito.

-Voy a pintar mi firma. -¿Cómo te gustaría tu casa

cuando seas mayor? ¿Qué te gustaría tener?

La casa de tus sueños. -Me gustaría llena de animales.

-A mí también.

(Música suave)

Viajamos al corazón de El Bierzo

para desnudar un paisaje de piedra y silencio;

un reducto natural escondido entre los Montes Aquilanos,

en la frontera con Galicia.

Visitamos San Cristóbal de Valdueza y Peñalba de Santiago,

la naturaleza en estado puro, donde el tiempo parece detenido,

en busca de la esencia de las cosas.

Como dijo el naturalista americano Henry David Thoreau

en su ensayo "Walden: la vida en los bosques":

"El hombre contemporáneo vive demasiado rápido.

Sobre todo, ese hombre tendrá más valor

cuantas más cosas pueda dejar atrás".

Esa filosofía se cumple a rajatabla con la leyenda de San Genadio,

un asceta de Astorga referente de la vida contemplativa.

El Valle del Silencio es la leyenda de este monje eremita

que pidió a su Dios que acallara el flujo de un río

para tener la tranquilidad necesaria para meditar,

llegar a lo esencial y escribir.

Volviendo a Thoreau, una palabra escrita es la reliquia más valiosa,

la obra de arte más próxima a la vida.

San Genadio, diez siglos antes de Thoreau, buscó el sosiego

y la proximidad con la naturaleza precisamente para poder escribir.

Caminamos durante una hora y media entre robles y castaños

para subir a la cueva de San Genadio.

"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente,

enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida

y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñarme

y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido.

No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro.

Ni quería practicar la resignación, a menos que fuera necesario".

En la cueva, San Genadio halló la soledad interior

que no tuvo en el monasterio benedictino

de San Pedro de los Montes.

San Genadio fue abad en el año 899

y abandonó por voluntad propia para volver a su espacio vital.

Testigo del tiempo, ese tejo da sombra a la espadaña sin campana

de una ermita vacía.

1246 años de sabia y mirada quieta nos contemplan.

Un árbol singular de 15 metros de altura

y más de cinco metros de tronco.

Hace más de 30 años, una leonesa arribó a este rincón de El Bierzo

para incrustar una casa de madera sueca en este pueblo recóndito:

una microcasa de menos de 40 m².

Una pionera de la vivencia al lado de la naturaleza.

Cuando nadie cierra por dentro

y el sol hace de bisagra,

comparto tu misma noria,

la giro si no me paras.

En la Roma o en San Telmo.

La pequeña cabaña.

Esto no hagas caso porque no formaba parte de la cabaña.

La cabaña real era esto: un porche al aire libre.

Qué preciosidad.

Un espacio vital íntimo y personalísimo

que Matilde ha disfrutado en todas las épocas del año.

Matilde, 30 metros pero muy bien aprovechados.

Muy bien, porque la cocinita, el baño. Lo suficiente.

Me voy a sentar. Sí. ¿Quieres tomar algo?

Te pongo un orujín o algo. No. Eso después.

Me encantó el sitio. Perdida aquí, fuera del pueblo.

Ver tanta montaña.

Lo único que no tenía ni un árbol, pero digo: "Ya los pondré yo".

Los que están aquí los he plantado yo.

Hay un poco una estética hippie. Mi vocación era haber sido hippie.

No tuve la suerte de permitirme el lujo de ser hippie.

Para ser hippie había que tener dinero. Yo tenía que trabajar.

Luego pusiste las placas, ¿no? Sí.

Primero una pequeña, para apañarnos un poco. Luego, lo típico.

Tengo hasta una tele que está ahora por ahí camuflada. Antes, no tenía.

Entonces el poner más placas

era por la comodidad de una neverita pequeña.

Si tuvieras que explicar cómo es el espacio vital de esta casa,

¿cómo lo haces?

Yo diría que tengo todo lo necesario y un poco más

y me siento arropada, acogida, feliz.

Cuanta más gente éramos aquí, que a veces nos juntábamos 8 o 10,

mis sobrinas pequeñas por las camas, por ahí bajaban y decían:

"Matilde, que no quiero pisar a nadie". Todo eran las colchonetas.

O sea que esta casa tiene un poco de comunal, ¿no?

Y todos quieren estar en esta casa.

Tú la llamas la cabaña. La cabaña.

¿Por qué? Porque es una cabaña en realidad.

Tú sabes que hay microcasas de piedra en el pueblo.

Sí. Una amiga mía iba a comprar una de 30 metros.

Lo de la piedra, ya sé yo que hay que ir invirtiendo, arreglando.

Las que hay pequeñas eran pajares o eran de aperos

y hay que hacer una obra... Integral.

Tú tienes una edad, ¿no? 73 ya. En enero, 74.

Pero sigues viviendo en la cabaña. Sí. Me gusta la cabaña.

Un espacio vital menor de 40 metros no es una circunstancia atípica

en los rincones de El Bierzo.

Las casas de aperos se reciclan a segunda vivienda

respetando los materiales nobles de piedra y madera.

Una restauración armónica

con criterios arquitectónicos y ambientales.

Esta casa estaba arruinada. Tenía las paredes. Empecé por el tejado.

La fui haciendo poco a poco. Me llevó 7 u 8 años hacerla.

¿Tanto? Sí.

Pero tal vez, Ernesto, la obligación de restaurar

con madera y piedra responde a una unidad arquitectónica

que necesitan estos pueblos. Sí, sí. Debiera ser así.

Lo que no vas a hacer es una casa de ladrillo, otra de granito,

otra pintada, otra de plaquetas y yeso. Tendrían que ser iguales.

En este paisaje que es tan grande, tan inmenso,

tampoco hacen falta tantos metros para vivir cerca de la naturaleza.

No, no. Con estos 30 metros que tengo aquí me valen y me sobran.

No me hace falta más. No me hace falta un palacio ni nada.

Con que tenga un baño, una cama y una cocina para comer

y un sofá para tumbarme ya me vale. No me hace falta más.

Reducir al mínimo el espacio vital

es el espíritu del movimiento de las tiny houses: las microcasas.

Esta pulsión por lo pequeño surgió en Japón en la década de los 90.

Se mezclaba lo pragmático, lo social, lo estético

y lo ambiental. A EE. UU. llegó en 1997

y al Reino Unido, hace tan solo cinco años.

Viajamos a la campiña inglesa, al condado de Surrey.

Comprobamos in situ la demanda de las tiny houses en Gran Bretaña.

Visitamos el taller de carpintería de Mark Burton,

el creador y constructor de prototipos de estas casas mini.

A hora y media de Londres, esta factoría de tiny houses

comparte patio y espacio laboral con varias cuadras de caballos

y una empresa de carpintería artesanal de decoración navideña.

Mark vive, literalmente, a dos pasos de su trabajo,

en una tiny house de 10 m².

(Música suave)

Obviamente, esta es una casita diminuta.

No me he planteado vivir aquí. Desde luego.

Esta está hecha a escala. Es para los pájaros,

con los sobrantes de madera del taller.

Hacemos microcasas todavía más pequeñas.

Claro, recicláis. ¿Por qué cambiaste de trabajo y pasaste de ser albañil

a construir tiny houses?

El negocio de la construcción en Reino Unido es inestable.

Hay demasiados albañiles, constructores.

No hay suficiente trabajo y todo el mundo está con recortes.

No se puede encontrar empleo estable.

Decidí cambiar de rumbo y buscar algo que nadie estuviese haciendo.

El movimiento de los tiny houses estaba en EE. UU. durante 15 años,

pero aquí no había llegado.

Hace cinco años me dije: "Es buen momento para intentarlo".

Hay problemas de vivienda, crisis empresarial,

los jóvenes lo tienen difícil para acceder a una vivienda.

Por muchos motivos, era el momento para emprender esa idea.

Fui incorporando ideas propias. Lo que funciona en EE. UU.

no necesariamente se puede aplicar aquí.

Claro, estamos en Europa. Y el clima es diferente.

Es cuestión de ser exigente eligiendo el material.

Para una estructura de vigas en construcción convencional usamos

listones de pino, que no tienen ningún tratamiento.

Pino natural. Para estas tiny houses usamos listones de madera

de pino tratado, que tiene un color diferente.

Sí, ya lo veo. ¿Ves? Tiene un tono verdoso.

Es porque la madera tiene un tratamiento, un compactado

para que la madera no se pudra, detenga infecciones de parásitos,

de escarabajos, de insectos y todo eso.

La mayor parte de la estructura está formada por este material

que es la que usamos para las tiny houses.

¿Para qué empleáis esta madera? Es la madera para exteriores,

para el cubrimiento del tejado. Es cedro. Puedes olerlo.

Es muy potente. Oh, sí.

Es madera natural. No está tratada. Tiene sus características

que repelen el agua, el mal tiempo. Se usa de una manera habitual

en Canadá para recubrimiento de tejados, claro.

La maqueta habitual de una tiny house al uso

es deudora de la arquitectura minimalista japonesa

y del diseño de interiores náutico. Paredes móviles, grandes ventanales

y conversión de muebles en objetos multifuncionales.

Visitamos el interior del hogar de Mark.

Es toda una sorpresa.

Cada tiny house tiene un referente.

El diseño británico de Mark

poco o nada tiene que ver con el modelo italiano.

Renzo Piano, por ejemplo, construye microcasas de 6 m²

en una estructura de madera con paneles solares

y recolección de agua de lluvia.

Tampoco tiene mucho que ver con el modelo americano,

original del diseñador Dave Shaffer,

y sus múltiples versiones en tonos pastel.

(Música suave)

Muy británico. Sí, muy británico.

Bienvenida a mi tiny house, mi hogar.

Muchísimas gracias. No sé si lo parece, pero solo son

10 m² en la estructura de abajo. Luego tienes la parte abuhardillada,

con la cama arriba. Es pequeño, pero la sensación no es agobiante.

Es espacioso. Todo alto.

Caray. ¿Me puedo sentar? Sí, claro.

Aquí hay un sofá, un sitio para ver la televisión, coger notas

o hacer informes en el iPad. Casi todo mi espacio vital

lo ocupo en esta zona. Un sitio pequeño.

Te tienes que acostumbrar, ser muy ordenado,

tener lo imprescindible, no dejar cosas a la vista

porque resultaría muy desordenado para aprovechar el espacio.

Tienes espacio de doble uso. Claro.

Esta especie de silla banco es, al tiempo, mira:

es una mesa de café, también sirve de almacenaje y esto es...

Genial. Es nuestro libro promocional

bastante vintage. Imágenes de todos estos años.

Un pequeño portfolio de las más de 100 casas que hemos construido.

¿Me dejas ver?

Ah, mira.

Esa casa está hecha en Londres. Sí, frente al Big Ben.

Una tiny house con ruedas. La construimos para Escocia.

Allí está ahora.

Esta tiny house tiene una pinball, una máquina de bolas.

Sí, una pinball. Este cliente quería una tiny house como cuarto de juego:

el sitio de los niños y sus amigos. Así no merodean por la casa.

Cada uno lo encarga con diferente uso.

Hay gente que las alquila como bungalós de fin de semana.

La gente dice que las tiny houses son como las caravanas,

pero no tiene mucho que ver.

No. No es lo mismo que una caravana. Las caravanas se construyen

de fibra de vidrio. El aislamiento no es realmente tan bueno.

Te sientes un poco cerrado porque los techos son bajos.

De algún modo similar, pero este es un espacio vital más amplio,

espacioso, más cálido. Es una versión mejor, si quieres.

Visitamos la segunda tiny house en una dirección del sur de Londres.

Con su réplica a escala para las ardillas del barrio.

Lo explica la devoción británica por la jardinería

y el patio de atrás. Jenny, su propietaria,

es una escritora de ficción criada en Sudáfrica.

Anochece pronto en el invierno británico.

Hola, Jenny. ¿Cómo estás? Hola. Bien, ¿y tú?

¿Preparando café? Sí. A punto de servirlo.

Es una casa preciosa. Muchas gracias.

Un espacio íntimo, privado. Eso es justo lo que es.

¿Cuántos metros cuadrados tiene? Son 28 m².

¿Te ayudo? Gracias.

Son 28 m² el tamaño máximo para no solicitar permiso de obra.

Así que bienvenida a mi tiny house. ¿Tienes dos camas arriba?

La casa tiene una cama doble en esa parte de arriba.

Mi biblioteca, que está en el otro lado, hay

una especie de sofá donde te puedes tumbar a leer

o echarte un rato.

¿Cuánto tiempo te llevó construir esta microcasa?

Les llevó unas seis semanas. ¿Solo seis semanas?

Eso es muy rápido. Sí.

¿Crees que podrías vivir aquí de forma permanente?

Claro. Podría. Esta casa tiene todo lo que necesitas.

Tiene un baño, una cocina, un espacio para vivir y trabajar,

un sitio arriba para dormir y no necesito mucho más.

¿Has oído hablar del movimiento de las tiny houses?

Sí, algo he oído. ¿Qué piensas sobre ello?

Creo que la sociedad de consumo ha tocado fondo.

No creo que sea feliz. Creo que la felicidad

es únicamente tener lo que necesitas y eso es más que suficiente.

¿Piensas que ese movimiento puede tener éxito en Reino Unido?

¿Ser un modo de vida habitual? Aquí tenemos carestía de espacio.

Es de sentido común reducir espacios.

Conozco a mucha gente que usa las tiny houses para los padres,

gente mayor. Los eligen para vivir en ellas.

Por un lado tienen su espacio vital. No tenemos mucho territorio.

Si eres capaz de instalar una tiny house al fondo de tu jardín

es una opción. Todo el mundo que entra en esta casa la adora.

Nada más cruzar la puerta, lo primero que dicen es

que les encanta la madera y el olor de la madera,

que permanece aunque la casa acabe de cumplir ahora dos años.

¿Has leído "Walden", de Thoreau? No.

Era un naturalista americano del siglo XIX

que decía que debemos ir a lo esencial.

Defendía que uno no necesita más que refugio, comida y abrigo.

Eso es todo. ¿Estás de acuerdo? Bueno, alguna cosita más.

Yo no podría vivir sin mis jerséis de cachemira.

Viajamos ahora a Westerham, el hábitat de la tercera tiny house.

Es un territorio donde se valora tanto el espacio vital

como la luz del sol, fugaz y tímida casi todo el año.

De las mansiones de la campiña inglesa

al movimiento de las tiny houses construidas en el jardín

hay un gran salto ideológico.

Apostar por un menor espacio vital es, al tiempo, favorecer

la reducción del gasto energético

y dar ejemplo de uso responsable de los recursos naturales.

(Música suave)

Nos recibe en su microcasa Amanda, su propietaria,

una ciudadana británica que conoce de largo nuestro país.

(Continúa la música)

¿Qué problemas tenéis, o no tenéis problemas, a la hora de hacer casas

con los permisos de construcción del ayuntamiento?

Es móvil, entonces estamos legal.

Conformamos con todos los reglamentos que hay.

Es una casa que no cualquiera puede venir:

tiene escaleras, tiene dificultades técnicas.

Sí, pero cuando se alquila se ven fotos.

Ponemos en la descripción que hay escaleras y tiene que subir.

Si no hay una cama en el sofá

que se puede quedar también la gente mayor o los niños.

Tú que has estado viviendo en España durante unos años,

¿cómo ves este proyecto en España? ¿Crees que en España tendrá éxito?

Yo creo que sí. En el campo, sí. Creo que sí, que irá muy bien.

¿Sí? Sí, es una buena idea.

Lo que pasa que es una casa muy inglesa.

Algo diferente, no sé. De todas maneras, en Inglaterra hay

una protección del medioambiente bastante fuerte.

Cuando decidís hacer una tiny house en un espacio como este,

¿cómo fue la respuesta de vecinos, de gente de la ciudad?

No tenemos que decir nada. La vecina ha venido a verlo y le gusta mucho.

¿Se va a hacer una? No creo.

(Música suave)

Volvamos a la lectura de Thoreau. Fijó su residencia en los bosques

en 1845.

El hombre quería una casa, un lugar cálido y confortable.

Primero, con el calor físico. Luego, con el de los afectos.

Ser filósofo es amar la sabiduría y vivir con la sencillez,

independencia, bondad y confianza que ella te dicta.

Valdría la pena vivir una vida primitiva y fronteriza,

incluso en medio de una civilización exterior,

aunque solo fuera para aprender

cuáles son las necesidades corrientes de la vida

y la forma de satisfacerlas.

No hace falta dinero para comprar lo que el alma necesita.

(Música créditos)

  • Mi espacio vital

El escarabajo verde - Mi espacio vital

13 abr 2018

Reducir al mínimo el espacio vital es el espíritu del movimiento de las “Tiny Houses”, las microcasas. Esta pulsión por lo pequeño surgió en Japón en la década de los 90 con el nombre de “kyosho jutaku”. Las Tiny Houses nacieron como nano hábitats inferiores a 40 metros cuadrados en las que se mezcla lo pragmático, lo social, lo estético y lo ambiental. 

Esta fiebre por lo esencial asociado a la vivienda llegó a Estados Unidos en 1997 y en el Reino Unido, hace tan sólo 5 años. La maqueta virtual de una tiny house al uso es deudora de la arquitectura minimalista japonesa y del diseño de interiores náuticos: paredes móviles, grandes ventanales y conversión de muebles en objetos multifuncionales. El Escarabajo Verde viaja a la campiña inglesa, a la granja Woodcote Grove en Couldson, el condado de Surrey. Y comprobamos, in situ, la demanda de las “Tiny houses” en toda Gran Bretaña: grabamos el taller de carpintería y construcción de Mark Burton, el creador de todos los prototipos de estas casas mini. A una hora y media de distancia de Londres.

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