"El documental de La 2" es un espacio que La 2 reserva para la excelencia. En él se seleccionan los mejores trabajos del ámbito nacional e internacional para este espacio y se combinan documentales actuales con aquellos que han hecho historia

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El documental - La felicidad según Vicente Ferrer - ver ahora
Transcripción completa

Era una persona excepcional.

-Una persona con la fuerza de mil elefantes.

-Sin miedo.

-Un hombre bueno que actuó para demostrarlo.

-Era una persona contemplativa en la acción.

-Era alguien que creía en la vida.

-Humanista.

-Altruismo absoluto.

-Una persona adorable. -Me gusta, le quiero.

-Vicente Ferrer era lo que hubiéramos querido ser algunos.

Soy Sara Crespo, tengo 35 años.

Tengo el síndrome de Usher, una enfermedad genética

que hace que no oiga y tenga una pérdida del capo visual.

Vosotros veríais así una calle de Anantapur.

Yo veo el mundo así.

Llevo unos audífonos de colores que me ayudan a oír.

Yo oigo el mundo así.

Ruidos del tráfico

Lo más molesto son los agudos,

como el grito de una vendedora o los cláxones.

Mi felicidad es también esta manera de ver y oír

Pero hay una imagen que veo muy clara.

Es la que ha identificado a Vicente Ferrer,

la del hombre del gran paraguas negro.

Un paraguas que no sostiene, pero que da cobijo

a la dignidad de 3 millones de personas en Anantapur

tras su muerte el 19 de junio de 2009.

Aquel día, yo estaba en España

y un amigo me envió un mensaje diciendo que Vicente había muerto.

Me hubiera gustado tanto estar en ese momento en Anatanpur,

con las colas de personas que venían de todos los rincones del distrito,

con la gente que había hecho el inmenso esfuerzo de pagar el viaje.

Música

Hablan en otra lengua

Era una sorpresa para todo el mundo

los cientos de miles de personas

que espontáneamente

vinieron a verle.

-Lo que hicieron en la capilla ardiente,

tanta gente cantando, llevando flores,

yendo a besar y a tocar, era impresionante.

-En este momento, estamos muy contentos

porque el trabajo que ha hecho Vicente,

tantos años después,

mucha gente de Bombay, de Aidrabat,

vino a verlo.

-Estábamos preparados.

Pero para no tener una persona como él,

nunca puedes prepararte.

-No hay día en que lo olvidemos.

Le recordamos cada día.

Pero no quiero hablar de la muerte, sino de la vida.

Quiero hablaros de la felicidad.

Quiero hablaros de la gente de Anantapur,

a quienes les fascina que les retraten,

se detienen cuando ven una cámara, con ojos profundos y limpios.

Quiero hablar de su felicidad, de la felicidad de las cosas pequeñas,

de la felicidad de ayudar,

de la que provoca la felicidad de los demás, de la que transmitimos.

Quiero hablaros de la felicidad según Vicente Ferrer.

Era un niño muy estudioso.

Tenía mucha personalidad desde pequeño, siempre.

-Ha luchado contra las desigualdades.

Era muy inquieto.

Y desde su infancia... -Y muy guasón.

-Hasta...

Desde los siete, nueve años, diez, quince años.

Era algo innato en su persona.

El espíritu de ser justo.

Es una necesidad vital de forma continúa de ayudar.

No es algo que tú sientas de forma momentánea,

sino que es su razón de existir.

-De verdad debería tener algo de por aquí arriba.

Algo extraordinario

que solamente le iba a él,

no nos iba a nosotros.

Iba directo a él.

Teresa es la hermana de Vicente Ferrer.

Vive en un pueblo costero de Barcelona.

Jordi Folgado es hijo de Teresa y director de la fundación en España.

De la guerra vino ya cambiado completamente.

-Sin duda, como todos los soldados disparaba,

pero nunca

donde pensaba que hubiera alguna persona que pudiera matar.

Al principio,

se dedicaba más que nada al cuidado espiritual de la gente,

pero, poco a poco,

vio que era necesario

dedicarse a la parte material, agrícola, de la gente.

-Donde haya ausencia de Dios,

poner a Dios.

La ausencia de Dios allí

era en forma de hambre.

Empezó a hablar un poco

de su trabajo en Manmad,

que tenía un hospital, que tenía un médico,

pero que tenía mucho trabajo,

que estaría muy contento si tuviera otro colega que le ayudara.

Yo, claro, aquello me gustó.

Así empezó.

Llegamos a Manmad

y empezamos a visitar

las cosas que Vicente tenía.

Era un hombre

que era optimista.

Todo te lo...

Quitaba importancia a las cosas.

Si le decías alguna cosa, decía: "No, pero esto no te preocupes".

"No te preocupes, esto no es nada".

Era todo como si el camino fuera mi llano, ¿no?

Todo se solucionará.

-Era muy conocido en aquellos años en India, en todas partes.

Por eso estaban escribiendo sobre él

en los periódicos.

Entonces, mi director

me pidió a mí y a ocho periodistas

ir a hacer una entrevista con él.

Yo no sé si me convenció aquel día

de dejar mi trabajo

para trabajar con él.

Pero, después de un mes, yo dejé

mi trabajo en el periódico

y me uní

a su campaña.

-Y el problema político

fue subiendo de tono tanto que llegó hasta Bombay.

De Ferrer pasaron ya a los misioneros extranjeros,

que nos dedicábamos a las conversiones.

"Demostrar que he bautizado a una persona".

"Me decís quién es y yo me voy al día siguiente".

Y eso es lo que era su defensa.

"Yo me voy. Decidme quién es".

Se hizo esa gran manifestación

por todo Bombay.

Cientos de miles de personas fuimos allí a demostrar

que no queríamos ni irnos ni que se fuera Ferrer.

Y entonces fue cuando Indira llamó a Ferrer y le dijo:

"Bueno, vete

y vete cuanto antes".

"Y te prometo

que, no sé cuándo, cuando yo pueda conseguir un estado

en que tú puedas trabajar y el gobernador esté de acuerdo,

yo te daré un terreno, un sitio, donde tú puedas trabajar".

Ferrer se fue.

Y al cabo de... debían ser... no llegó al año...

Le dijo que en Andhra Pradesh...

...que el gobernador de Andhra Pradesh estaba de acuerdo.

Y de allí salió lo que hay ahora: Anantapur.

Y Vicente Ferrer pudo volver a la India.

Pero no al pueblo de Mammadh, en el estado de Maharashtra,

sino a la ciudad de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh.

Y en Anantapur ya se quedó para siempre.

El lugar donde le conocí y donde trabajé como voluntaria.

Una oportunidad que me hizo feliz.

Vicente decía que, si tú eres feliz, es fácil dar felicidad.

La felicidad para él era ayudar a la gente.

-Hacer felices a los demás. -Recuperar la dignidad.

-"La clave de la felicidad

está en el equilibrio espiritual,

en quererse a sí mismo

y amar a los demás".

Es una de sus frases. Me gustó mucho.

Anantapur es uno de los 23 distritos de Andhra Pradesh,

al sur de India, donde no llueve casi nunca.

Allí se habla el telugu,

una de las lenguas de la India, que hablan 74 millones de personas.

En telugu, Anantapur significa "la ciudad del infinito".

Desde su llegada en 1969,

Vicente Ferrer trabajó

para transformarla en la ciudad de la esperanza.

Los días del monzón en Anantapur

son días de un cielo gris y lleno de nubes

que dejan poca agua en esta tierra desértica.

La sequía y el elevado porcentaje de analfabetismo la convertían

en una de las tierras más pobres de India,

donde la gente espera cada día que llueva

y el verde de los campos es una mentira

que esconde el desierto el resto del año.

La lluvia imprevista solo aparece en un chorro diario

los cuatro meses del monzón.

Tierras tan pobres que entierran a sus muertos

porque no hay leña para quemarlos ni dinero para pagar su incineración.

Es muy fácil erradicar la pobreza económicamente.

Y, en eso, hemos dado un paso gigante

económicamente.

Donde falta todavía es en lo social.

Moncho es el hijo de Vicente Ferrer. Una persona discreta y trabajadora.

Es de piel blanca, pero es indio, indio por dentro.

-Se siente más de aquí.

-Le gusta mucho

Anantapur.

Es su sitio favorito.

-Pregunta las necesidades de la gente

cuando entra en los pueblos.

-Nosotros, Vicente y yo, nunca

le pedimos que viniera a trabajar a Anantapur.

Dejamos que él tomara la decisión.

-Tiene unas ideas innovadoras, muy buenas.

Tras el desierto que hay en Rajastán,

el distrito menos lluvioso de India es Anantapur.

La gente siempre mira al cielo.

Un 75 % de la población

vive del campo y necesita el agua de lluvia para salir adelante.

Cuando llegaron Vicente y Anna, el único cultivo

era el cacahuete, una planta

ahorradora capaz de sobrevivir un mes sin una gota de agua.

Plantamos muchos cacahuetes. Nuestro distrito depende de los cacahuetes.

Esta cosecha no requiere dinero, pero requiere tiempo.

Y el agua es muy muy importante.

Nagappa es la historia de la fundación en fotos.

Pero Vicente fue más allá de la resignación.

Haciendo un oasis en este desierto,

como cuando era jesuita en Mammadh, incentivó

la creación de pozos para que el agua le diera el verdor de la vida.

No tenemos mucha agua dentro de la tierra.

Para beber tenemos que buscar

a 600 pies o a más

si podemos buscar.

En los veranos,

encontrar agua es difícil.

Cuando recibimos lluvia, se va muy rápido.

Entonces él pensó, hace muchos años, en construir

más de 3500 embalses parando el agua.

Igual que comprendió que el agua es la vida

para la gente y para las tierras de Anantapur,

el hombre que se protegía del sol con paraguas

entendió que la muerte es como el agua, la continuación de la vida.

Lancy es el primer niño apadrinado en la Fundación Vicente Ferrer.

Hoy es responsable, como portavoz, de la organización en Barcelona.

Contacta fácilmente con la gente.

Le resulta fácil transmitir y que le entiendan.

Nací en un familia intocable.

Pero, siempre que salía de la fundación a jugar con otros niños,

me respetaban.

Decían: "Eh, este chico es de la fundación".

Y esto me enorgullecía, ¿no?

Sasi es una persona afectuosa y cercana.

Le gusta hacer de guía de los visitantes.

Yo nací aquí, en la fundación. La conozco desde pequeño.

Hemos tenido...

He tenido una vida muy dura porque mi padre era alcohólico

y siempre nos pegaba.

Cuando estaba borracho, nos pegaba.

Vicente y Anna nos ayudaron en los estudios.

Y esto fue muy duro y empezamos ahí y...

Y terminé mi carrera y empecé mi trabajo.

Y, cuando estaba él trabajando,

llevaba caramelos a los pueblos

y me recortaba mi infancia también.

Y esto te emociona también.

Cuando ves esto,

a los niños que los reciben, te recuerda tu infancia.

Apadrinar a un niño de una familia de Anantapur

desde nuestro mundo occidental ha sido

siempre la piedra angular de la fundación.

La principal fuente de ingresos para dar un futuro

a estos niños y niñas es también una especie de círculo virtuoso

en el que los trabajadores, los primeros niños apadrinados,

hagan de guía para los nuevos padrinos.

Que trabajadores que hablaban telugo traduzcan al castellano miles cartas

con la única voluntad de mantener este vínculo entre niños y padrinos.

En los padrinos que llegan,

cuando los llevamos de visita, vemos mucho sentimiento en estas personas.

Los tratan como a sus propios niños.

Y, cuando reciben las cartas, ellos se ponen muy contentos.

Al día, escriben cuarenta cartas.

Es un trabajo mecánico normalmente, se podría decir.

Todo el día traduciendo.

En la India dicen que tener seis dedos en cada pie, como es el caso

de Sheeba, puede dar buena suerte.

Es maravillosa.

Cuando hay un problema, siempre está ahí para ayudar.

Una chica afectuosa, cercana.

"Querida Teresa: 'namaste'".

"Nosotros estamos muy bien".

"Esperamos que vosotras también lo estéis".

"Este año, he pasado a décimo curso y estoy muy feliz".

"A veces ayudo a mis padres en casa".

"En nuestro pueblo, celebramos el Duwali,

Año Nuevo en nuestro estado".

"Te agradecemos todo tu cariño y ayuda".

¿Trabajar de voluntaria?

Me parecía imposible.

Pero una amiga me dijo que allí había gente sorda y tenía que ir.

En la acción buena, él lo resumía todo.

Y nos insistía mucho en que no perdiéramos el tiempo.

"No perdáis tanto el tiempo hablando, discutiendo, planeando".

"No".

"Salid, haced algo bueno por alguien".

La dedicación y el entusiasmo incondicionales

son fundamentales para el éxito de la fundación.

Durante un tiempo, el campus de Anantapur es el proyecto de vida

para estos voluntarios con estudios

y muchas ganas de ayudar.

Él te cogía las manos

y te las acariciaba.

Te recibía con una ternura muy difícil de describir,

pero que te hacía sentir como un alma gemela de él mismo.

Antes de conocer a Vicente, nos lo imaginábamos con alguien increíble

que había hecho muchas cosas, y esto nos maravillaba.

Y, cuando le conocí, me di cuenta de que era solo un hombre.

Su estilo era muy sencillo, muy cercano,

muy compasivo,

de llorar con el que llora y de reír con el que ríe.

-Vicente era una persona, cuando yo le conocí,

muy sociable.

Le gustaba muchísimo hablar con todos los padrinos y los visitantes.

-Era una persona siempre positiva, tranquila,

pacífica, sonriente y jovial.

-Vicente tenía mucho sentido del humor.

-Tomaba el pelo, bromeaba.

A Vicente le gustaba pinchar mucho.

Una cosa que recuerdo de mi padre

es cómo me presentaba a la gente.

Cuando venía la gente, decía:

"Aquí, mira, Moncho, mi hijo, el salvaje de Anantapur".

-Veíamos una película en la televisión.

Y, si no le gustaba a Vicente,

y era normal que no le gustara y a nosotros nos gustara,

él, en vez de salir de la habitación y dejarnos en paz,

él danzaba

por la habitación

imitando a los actores y a las actrices.

Y nosotros no podíamos ver la película en paz.

Era una persona...

-Yo no sabía que mi padre era padre de todos.

Era solo mi padre.

-No pasaba mucho tiempo, muchas horas, con la familia

para ser padre.

Pero era

un padre muy cariñoso.

-Sí se enfadaba.

Y, cuando se enfadaba, se enfadaba mucho.

-Yo no lo hubiera querido tener de enemigo.

En mi opinión, se enfadaba

cuando

pensaba que alguien

estaba en contra de la organización.

Tenía su mala leche.

Tenía el carácter fuerte.

Un carácter que había demostrado siendo jesuita.

El padre Mann, harto de él, le dijo:

"Sálgase de mi despacho".

Y él le respondió: "¿Cómo me puedo salir del despacho de mi padre?".

Y, entonces, el padre Mann dijo: "Si no sale usted, ya salgo yo".

Y se fue.

-Durante las 24 horas del día,

su vida era la fundación y el trabajo.

Él sabía siempre dónde estaba la gente pobre.

Y siempre su objetivo y su misión iban en esa dirección.

-Por encima de la necesidad de ayudar,

de llegar a miles de personas, no había nada.

-Siempre trabajando, sin vacaciones.

Trabaja mucho, pero nos motivó muchísimo.

-En India, hay niños

que no tienen comida, no tienen ropa suficiente,

no tienen nada.

Son pobres.

Han nacido en una familia desgraciada.

No sonríen.

Los niños en la India siempre sonríen.

Son afectuosos y atentos con poca cosa que les des.

Mucha gente piensa que, si eres pobre, no puedes ser feliz.

Esto es mentira.

El dinero no tiene valor.

La gente tiene valor.

Vicente Ferrer luchó por la calidad de vida de la gente.

También desde el punto de vista sanitario.

Cualquier habitante es asistido en los hospitales de la fundación.

El hospital de Bathalapalli atiende a cientos de personas cada día.

La impresión al llegar es como la del tráfico

en una ciudad India, de caos.

Gente sentada, echada, transitando o durmiendo en cualquier rincón,

esperando pacientemente su turno.

Pero, cuando traspasas sus puertas,

ese caos paciente se transforma en servicio, atención y eficiencia.

Un lugar donde la vida late

con normalidad y esperanza.

Por toda definición, Vicente Ferrer dice algo tan sencillo como

"soy hermano de los demás".

Bienvenido, Vicente Ferrer.

-Siempre tuve la impresión de que él

venía porque era una gestión necesaria para realizar su obra,

no porque le interesaran la televisión ni yo,

conmigo estuvo cortés, amable, cariñoso,

ni nadie que pudiera creerse ningún tipo de mito

del mundo de la comunicación.

Él lo hacía porque era necesario para seguir con lo que hacía.

-¿Qué significa ese cuento?

Significa que

sueños que parecían imposibles

se están realizando.

¿Quién podía pensar que estas comunidades,

las más pobres de India...?

¿Cómo podrían ellos pensar jamás

que podrían tener una seguridad en la vida?

Es inconcebible.

-Este es el cuento al que te dedicas. -Sí, sí.

Siento que tiemblo casi

al ver las cosas que se están haciendo.

-Cuando va a España,

él va a hacer

muchas entrevistas con los periódicos y todo.

Pero en India no hacía nada.

Porque aquí siempre dice:

"Aquí tenemos que trabajar, no hablar ni enseñar cosas".

-Yo quería ver a Dios. Soy un hombre de espíritu.

¿Verdad?

Pero, al terminar ese periodo, digo:

"Basta".

"Cierra todos los libros".

Si no pude ver a Dios cara a cara, con mis ojos,

al menos con mis ojos veía a los pobres.

¿Verdad?

Y esto va a constituir

la totalidad de mi vida.

Creo que Vicente quería transmitir sus enseñanzas, su filosofía,

su felicidad.

Este consagrarse a la vida de acción,

es decir, dejar a Dios por amor a Él,

esta vida de acción

es el 50 por ciento del sentido de la vida.

-El 50 %. -El 50 %.

-¿Y el otro 50?

-El otro 50 % es un poco más difícil.

Y es

descubrir el misterio que hay

detrás de esta entrega a los demás.

De que tu vida

se concentre en este espacio concreto.

Que no te vayas por las nubes.

-Tuve la sensación de que estaba ante alguien que no era de este mundo,

en un sentido no celestial del término, ni mucho menos,

pero sí en un sentido profundo.

De que paseaba por encima de las cosas

y de los pasillos y de nosotros como el que levita.

Una especie de Mister Chancey, que pasa por encima del agua.

Con amabilidad, con una gran afabilidad, cercano

pero distante al tiempo.

Como queriendo estar cerca de las personas y lejos del decorado.

Y esta impresión la mantuve durante todo el tiempo.

-No pienso en la muerte. No pienso en la muerte.

Pienso en la felicidad.

Yo, una vez, me estaba muriendo.

Y, en aquel momento, todos los médicos corriendo...

Y yo les dije: "¿Qué hacéis?".

"Precisamente, es un momento en que tengo una felicidad

extraordinaria".

"Me siento muy bien".

Me dijeron: "Te estás muriendo".

-Vicente, tarda mucho en irte.

Si puedes, desde allí, cuéntanoslo.

Doy la mano a un hombre bueno.

Gracias por venir. -Muy bien.

-Te queremos.

Aplausos

Pobreza, acción,

agua,

cosecha,

comida,

educación,

alegría,

muerte, Dios,

amor,

pasión,

felicidad.

Cada palabra que decía o escribía Vicente

tenía tanta fuerza que explicaba muchas cosas.

Pero siempre repetía una palabra casi mágica

que da sentido a su manera de pensar, de actuar y de ser feliz.

Nos dice que todo se arregla y nada es imposible.

Esta palabra es...

Providencia. -Providencia.

(TODOS) Providencia.

-Estaba muy en conexión con Dios y con la providencia.

E iba un poco

flotando

por el mundo.

Pero, a la vez, muy sereno.

-Era un hombre muy religioso.

Un hombre que tenía a flor de piel la palabra providencia.

Siempre te hablaba de la providencia.

-Su convencimiento de que es un ser infinitamente bueno,

infinitamente

inteligente.

Es que no tenemos capacidad de entenderle.

Pero la creencia en este ser supremo

era inmensa.

-Siempre decía: "No dudes".

"Si dudas, no encontrarás".

Hay alguien que ha personificado

y ha hecho realidad la providencia de Vicente.

Esta persona no es otra que Anna, su mujer, compañera y colaboradora.

Si hay problema, hay solución.

Si no hay solución,

hay providencia.

Entonces hay que seguir siempre adelante.

Para mí, Anna es un modelo de mujer.

La admiro.

Una persona humilde que acepta el segundo plano,

sin afán de protagonismo.

Siempre le cedía el primer plano a Vicente.

De hecho, al referirse a ella misma o a Vicente,

Anna, a menudo, habla de "nosotros".

Estábamos siempre felices.

Vicente era una persona feliz,

una persona muy positiva.

Era como motivaba a la gente Vicente.

Nunca decía algo negativo.

Hay gente que nos dice

que han sacrificado mucho trabajando.

Y nosotros pensamos que no hemos sacrificado nada.

Siempre felices en el trabajo, cada día.

-Anna ha sido...

Ya lo dije, pero es la verdad. Ha sido proverbial.

Vicente no hubiera podido hacer lo que hizo

si no se hubieran juntado el latino y la sajona.

Es el idealista, el que tiene una necesidad infinita de ayudar,

el que quiere empujar y hacer cosas muy grandes.

Y luego tiene a la otra persona, que es la estratega.

Que dice: "Sí, pero necesitamos estos recursos, estas personas".

La que diseña, ¿no?

-Vicente ve un desastre y dice:

"Mandemos a nuestra gente allá".

Y Anna: "¿Cómo lo hacemos? Vamos a organizarlo".

-Anna fue siempre el pilar de la fundación.

-Mi madre tiene los ojos para los detalles,

para ponerlo todo en marcha.

-El amor que tenía Vicente Ferrer, que quería con locura a su mujer,

no era solo un amor carnal, guapo.

Era un amor espiritual.

-Y, en esa simbiosis,

Vicente y Anna yo creo que han sido la pareja perfecta.

Cuando quiero cruzar una calle en la Ciudad del Infinito, la veo así.

Y, cuando Alba iba a cruzar una calle en Anantapur,

la veía y la escuchaba así.

Claxones

Compartí dos o tres meses con Alba en Anantapur.

Es una chica admirable, muy activa, muy fuete, muy luchadora.

Esto no es una ciudad india, es un barrio de Manchester.

Aquí vivió Alba tras haber estado en Anantapur

como profesora de niños ciegos.

De esta experiencia surgió su libro "Los colores de un sueño".

Alba nació ciega y relaciona los colores con sensaciones.

Vive con su perra guía Tory en un tercer

piso sin ascensor.

Trabaja de traductora de urdu.

Y para ella la ceguera no es una maldición.

Una persona que ha nacido con una discapacidad se cree

que ha nacido así porque se ha reencarnado

en algo malo por algo de otra vida.

Los niños tenían ordenadores normales.

Pero se les instala un programa, que se llama JAWS,

que, por medio de una voz, transmite lo que hay en la pantalla.

Y ellos, con los auriculares y ese programa de voz

instalado en el ordenador, pueden aprenderlo todo.

Y es algo que les abre muchas puertas.

Pueden ir a la universidad.

Puede acceder a cualquier trabajo de lo que sea.

Está al nivel de cualquier persona que vea.

-"Namaste".

-"Namaste".

-"Namaste".

-Otra parte de hacer nacido ciego y que sucedía mucho

es que no te explican los gestos.

Si no los ves de pequeño...

Es algo que aprendes por imitación.

Y esto también se lo enseñamos con clases de teatro y de expresión,

haciendo gestos, bailando, moviéndose.

Ellos no sabían cómo hacer el gesto de "namaste".

Lo hacen muchos niños, lo hace todo el mundo

para saludarse y despedirse.

Y eso se lo enseñamos.

Cuando entraba en clase, decía: "Namaste".

-"Namaste".

-"Namaste".

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver.

No es el caso de Anna Ferrer.

Entendió que los niños ciegos de Anantapur

necesitaban la misma educación que los otros.

En España o en Occidente, tenemos el concepto de integración.

Los niños invidentes van a estudiar a escuelas

a escuelas de sus pueblos,

a escuelas ordinarias con todos los niños.

Lo que hizo Anna fue

juntar a niños que ven y a niños que no ven estudiando

para que hubiera un poco de normalización,

que ellos vean cómo funciona el mundo del otro

y se ayuden mucho entre ellos y convivan

y que todos somos iguales en realidad.

En Anantapur, me sentía útil, valiosa.

Que aprendieran a decir su nombre

o "te quiero" en lengua de signos era para mí muy gratificante.

Risas

El silencio preside la belleza de las mujeres que tejen el yute.

Son sordas y, además, mujeres.

Dos palabras que, en la India, no dan derechos.

Todavía estamos a tiempo.

Hoy las mujeres ya son propietarias. Tienen propiedades a su nombre.

-Para mí, Doreen es una mujer admirable, luchadora,

un ejemplo,

un modelo para la cultura india.

-Porque en la India,

aunque existen muchas leyes que garantizan la igualdad

en el acceso a la propiedad,

no llegaban en la práctica a las mujers.

Pero en Anantapur,

las mujeres levantan la cabeza y exhiben su dignidad.

Las de esta aldea son un buen ejemplo de ello

Con microcréditos,

dependen de sus propios recursos

sin depender del marido. Inician un negocio,

compran una vaca o una búfala y venden la leche.

Las casas rurales en Anantapur

suelen tener dos únicas habitaciones,

una delante y una detrás, que se utiliza de almacén.

La vida,

la higiene, la ducha

y el inodoro están en el exterior.

Delante de la casa hay un porche donde se conversa, se trabaja

y se cocina. Porque la cocina también está en la calle.

En Anantapur, quien tiene una vaca

tiene un tesoro. El animal sagrado

ha pasado a ser un elemento más

para las familias rurales de estas tierras.

Desde el año 2003, la Fundación entrega una vaca lechera

a mujeres de las castas más bajas para que puedan salir adelante.

Tener cinco animales

ha creado otra revolución.

Con sus excrementos y agua, se produce metano,

un gas nocivo, pero que, providencialmente, en las casas,

se utiliza para cocinar y no depender de la escasa leña.

Es el biogas,

la energía renovable que enciende el fuego.

Sin un lugar digno donde vivir, no hay dignidad.

Un derecho fundamental

es el acceso a una vivienda. Para Vicente, en cambio,

que la gente tuviera una casa

era una prioridad fundamental.

Sagar es el responsable de los proyectos de vivienda.

Es sociable. Le gusta el contacto humano.

Tiene un gran corazón.

Es un inmenso placer

trabajar en la construcción de casas para los pobres.

El padre Ferrer pensaba que la vivienda

es una de las necesidades básicas,

como la educación, la sanidad,

el vestir o el comer.

Él pesaba que estas casas,

estas casas nuevas, decentes, eran para esta gente

como un rayo de luz en sus vidas.

Pensaba que si la gente vivía en una casa decente,

sería más respetada por la sociedad. Yo también lo creo.

Las casas que hace la Fundación

tienen un detalle diferenciador:

Llevan escrito el nombre de la mujer.

Este gesto reconoce la propiedad y, en caso de quedarse viudas,

de que el marido las maltrate o cambie de mujer, no podrá echarlas.

Ni a ellas ni a sus hijos.

Por las calles de Anantapur vemos estatuas doradas.

Son para sus habitantes los santos o dioses del día.

En India la gente cree mucho en religión,

en supersticiones, en los dioses. Hay muchos.

El dios no está en las figuras, sino entre nosotros.

Está elegido por la gente y está entre la gente.

Cualquier pequeño gesto que hagas hacia la gente pobre

te hará ser considerado como una gran persona.

Para la gente de India, Vicente es como un dios.

Es un dios para ellos.

Después de morir Vicente, le hicieron una estatua dorada.

Me pregunto qué pensaría él

si se viera representado así y venerado como un dios.

Fue el primero en ayudar a cambiar las vidas

de millones de personas.

Nadie lo había hecho antes en esta zona.

Para esta gente, es más que un santo.

Es mucho más.

-Vicente no era un santo.

Yo creo que Vicente era un revolucionario,

que es mucho más importante que ser un santo.

Por la gracia de Dios, no era un santo.

Era algo más que un santo.

Tenía una gran veneración. Primero, de los suyos.

Pero de los que no eran suyos, de los que no creían,

de los de la calle, también ellos creyeron en él.

Un dios en la India no es uno en Occidente.

El hinduismo tiene miles. Sería como un santo.

Él llevaba esta devoción con naturalidad.

Yo me sorprendí al principio cuando vi que una persona,

una campesina, quizá,

de un pueblo lejano a quince o dieciséis horas,

se hacía todo el trayecto solo para tocarle los pies

o darle una florecita y volver a su casa.

Esta veneración él la vivía con humildad, con sencillez.

Solo aceptaba las consecuencias de su trabajo.

Creo que él le gustaba.

Es decir, cuando vas por la calle

y alguien te besa o te dice algo, te gusta.

Decía: "Si yo fuera Dios,

haría las cosas mejor". Cuando ves que la adversidad

no cesa nunca, supongo que él, que hablaba con Dios,

supongo que en muchas de estas charlas

que debía tener con Dios, le debía decir:

"¿Por qué me das tanto trabajo? ¿Esto no acabará nunca o qué?".

También me pregunto cómo vería su herencia,

qué se hace con su obra.

Pienso que querría mantener viva la llama de la vida.

Moncho es la herencia de Vicente.

Moncho tiene más ventajas.

Es hijo de Ana y de él, lo cual es una gran virtud.

Todos los hijos tienen algo de su padre,

de su madre...

Yo tengo, espero, algo bueno de los dos.

Algo que yo tengo es ser positivo.

Creo que no hay sitio en el mundo,

en la vida, para ser negativo.

No tenemos tiempo para esto. Hay que ser positivo.

Todos tienen

su propia motivación para seguir trabajando.

Moncho y yo no tenemos que motivarles para trabajar.

Tienen su propia motivación.

Echamos mucho de menos su presencia,

pero la organización sigue adelante igual:

Trabajando siempre,

buscando nuevas zonas y nuevas personas para ayudar.

Después de la muerte de Vicente, la gente viene a la Fundación

para conocerlo a él, conocer su tumba

y conocer el proyecto.

Y porque, después de su muerte,

él está transmitiendo a la gente.

Y esto es...

Esto significa que está vivo todavía.

Tenemos en el distrito millones de personas

que quieren ser pequeños Vicente Ferrer, ¿vale?

Eso es muy importante.

No podemos tener uno, pero vamos a tener millones de Vicente Ferrer

pensando en Anantapur.

Nunca le vi triste, fíjate.

Esa tristeza que a veces tenemos.

Hacía sonreír a la gente.

-Siempre era feliz.

No tengo...

No pienso que él no fuera feliz.

Los últimos años estaba muy tranquilo,

tranquilo con lo hecho

y con lo que faltaba.

Podía ver el futuro y estaba contento

con lo que estaba enfrente.

-Ha sacado de la pobreza a millones de personas.

Eso da mucha alegría.

-Murió feliz, pero,

si le preguntabas

si él era feliz con lo que había hecho,

él siempre decía que no: "Quiero hacer más".

Prometió volver a Maná.

No pudo. Y esa renuncia

la viví intensamente con él.

El dolor que tenía

por no volver y hacer algo

que había prometido.

-Yo le preguntaba: "papá, muchos preguntan. ¿Qué hacemos?".

Dice: "No pierdas el tiempo".

"No tengo interés

en lo que hemos hecho".

"Si quieres decirme algo, tienes que decirme

lo que falta".

Seguro que desde arriba sigue dando órdenes.

O a lo mejor se ríe a carcajadas cuando ve que aquí fallamos.

O sonríe cuando ve

que alguien lo hace bien.

Seguro que querría nacer otra vez

para hacer el doble.

Cuando yo fui, le despedí y le dije:

"Bueno, Vicente, estoy aquí".

Me mira.

Con la mirada yo entendí

que está bien.

Yo tengo que seguir mi camino.

Le di las gracias por la vida que me ha dado,

le pedí perdón.

y ya volví.

El perdón. Si he hecho un fallo en alguna de estas vidas,

que me perdonara.

Y fui.

Y es esto.

A veces hablo con él.

A vedes hablo con él.

Y allí, bajo las nubes avariciosas de Anantapur,

Ana y Vicente se dicen que la felicidad son las personas.

También podría ser tener seis dedos en cada pie.

La felicidad es una mirada.

La felicidad es una mujer con su búfala.

La felicidad es un niño que saca agua de un pozo.

La felicidad es un quirófano

o ver respirar a un recién nacido.

La felicidad

es una pizarra.

Es poder decir "te quiero".

La felicidad

es saludar a quien no puedes ver.

La felicidad es un aspersor,

es encender un fuego,

es tener una hija.

Es poder hacerte una foto en el porche de tu casa.

Y también que la casa lleve escrito tu nombre.

La felicidad es estar orgulloso de tu propia dignidad.

La felicidad es estar bajo un paraguas

incluso cuando no llueve.

La felicidad según Vicente Ferrer.

El documental - La felicidad según Vicente Ferrer

57:26 25 mar 2016

El documental analiza a través de quienes compartieron su vida y su obra, la biografía y el legado de un hombre dedicado a los más débiles en la India.

Histórico de emisiones:
09/01/2014
03/08/2014

El documental analiza a través de quienes compartieron su vida y su obra, la biografía y el legado de un hombre dedicado a los más débiles en la India.

Histórico de emisiones:
09/01/2014
03/08/2014

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  1. Ariadna

    Ha sido grato para mí tener la oportunidad de apreciar la vida y obra de Vicente Ferrer pues desconocía por completo su trayectoria, si en el mundo existiesen millones como él estaríamos en un mundo alejado de las guerras y lleno de oportunidades para todos, me quedan grandes enseñanzas sobre la necesidad de actuar siempre por aquellos menos favorecidos, hacer sin pensar en que es imposible lograrlo pues la felicidad está en el resultado de tus acciones y en los cambios que logras en los demás. Saludos desde Colombia.

    21 jul 2016

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