"El documental de La 2" es un espacio que La 2 reserva para la excelencia. En él se seleccionan los mejores trabajos del ámbito nacional e internacional para este espacio y se combinan documentales actuales con aquellos que han hecho historia

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El documental - Tráfico de residuos electrónicos: La tragedia electrónica - ver ahora
Transcripción completa

Este lugar es uno de los vertederos de residuos electrónicos

más tristemente célebres del mundo.

Producimos hasta 50.000.000 de toneladas de residuos electrónicos

y cada vez es más frecuente que acaben en lugares

como este vertedero en África.

Vine aquí por vez primera hace tres años

para filmar a los chicos que trabajan

rodeados por este humo tóxico,

y que corren el riesgo de sufrir cáncer o lesiones cerebrales.

Desde entonces, la situación ha empeorado dramáticamente.

La cantidad de residuos electrónicos que llega a África

casi se ha duplicado.

Pero también en Europa, Sudamérica y Asia, estos deshechos,

que simbolizan nuestro estilo de vida, estropean el paisaje

y contaminan la tierra, el agua y el aire.

Esto es un crimen, es un crimen de proporciones gigantescas.

Se calcula que el tráfico de residuos electrónicos

mueve ya más dinero que el negocio de la droga.

Aunque hace más de 30 años que las exportaciones de estos residuos

están prohibidas,

miles de contenedores atraviesan los mares cada año.

Y esta marea tóxica seguirá creciendo a pesar de la crisis,

la venta de productos electrónicos aumenta,

especialmente en los mercados emergentes.

Entre todos estamos creando una montaña de residuos

ante la que no podemos seguir haciendo la vista gorda.

Es como si a un paciente que se desangra,

un médico le dijera que no hay para tanto.

A los que hacen comentarios les digo:

“Id. Tomad un avión, vedlo con vuestros propios ojos y, ahora,

decidme que no es un problema.”

En todo el mundo, autoridades policiales,

activistas medioambientales, funcionarios de aduanas

e investigadores privados luchan por detener a los traficantes.

Para ese tipo de personas, el futuro no cuenta,

lo que cuenta es el beneficio inmediato.

Es una batalla difícil de ganar porque están en juego

beneficios enormes y que generan mucha corrupción.

Es todo un montaje con empresas fantasma.

Se puede hablar de red mafiosa.

¿Podremos frenar esta marea tóxica antes de que sea demasiado tarde?

Mike Anane es un activista y periodista medioambiental africano

que se ha marcado como reto personal detener

la entrada de residuos electrónicos en Ghana.

Ha descubierto que buena parte de los ordenadores vertidos aquí

aún llevan el nombre

de sus propietarios europeos y norteamericanos.

Busco etiquetas de inventario porque aportan mucha información,

dan pistas sobre quién era el propietario o quien lo utilizaba.

Eran de grandes instituciones públicas: universidades, hospitales,

bancos...

La primera la encontré hará unos ocho años.

Son demasiado grandes,

así que las tengo que serrar para meterlas en mi maleta.

Mike me dijo que tenía un plan.

Quería llevarse de viaje su colección de etiquetas

para hacer una investigación.

La idea es devolverlas a sus antiguos propietarios,

a los dueños originales.

Son residuos que pertenecen a gente del Reino Unido.

Les preguntaré si saben cómo han llegado a Ghana,

si me lo pueden explicar.

Alguien tiene que pagar por esto

porque las consecuencias medioambientales y para la salud

son terribles.

Esto está matando gente. Tienen que hacerse responsables.

Mike se lleva algunas piezas de residuos electrónicos al Reino Unido.

La primera perteneció originalmente al Ayuntamiento de Leeds.

Estimado señor concejal, me llamo Mike Anane.

Me gustaría reunirme con usted para enseñarle lo que he encontrado

y averiguar cómo puede ser que su antiguo ordenador llegara a Ghana.

Hace tiempo que espero este momento:

quiero escuchar la otra versión de los hechos.

Buenos días. -Buenos días.

Encantado de conocerle. Soy el Concejal David Blackburn.

Recojo las etiquetas de inventario de residuos electrónicos

que acaban en los vertederos de Ghana.

Real Colegio de Enfermería.

Departamento de aduanas de Thames Valley...

Universidad de South Bank Universidad de South Bank.

Eso está en Londres.

Hay una buena representación de Inglaterra.

Permítame que le enseñe donde lo encontré.

Aquí guardo los residuos que tienen etiqueta de inventario.

Si miráis ésta, por ejemplo, dice ‘Ayuntamiento de Leeds”.

Es en la ciudad de Leeds donde se debería haber reciclado.

Es terrible, terrible. Totalmente inaceptable.

¿Ocurre en toda África?

¿O es un problema específico de algunas zonas concretas?

Pasa en Nigeria y en Ghana sobretodo.

Son los dos principales países que reciben residuos electrónicos.

Con esta pieza en concreto, y a partir del número de serie,

hemos investigado tan atrás como hemos podido.

Pero claro, de esto hace ya 20 años.

Lo que entonces se consideraba ético era simplemente revisar

los ordenadores y donarlos a entidades benéficas

que no se podían permitir equipos nuevos.

No creo que nadie se planteara mucho más, como por ejemplo,

qué hacer cuando dejaran de utilizarse.

No se conservan los registros de las donaciones

así que el concejal Blackburn no puede decirle a Mike

qué ordenadores se donaron ni a qué entidades.

La pista se ha esfumado.

Mike intenta seguir la pista de otras etiquetas

que encontró en Ghana.

Buenas tardes. Me llamo Mike Anane.

Quiero hablar con 2e2 por un tema de reciclaje.

¿Podría pasarme con alguien?

Mire, en pocas palabras, 2e2 está en bancarrota

y será absorbida por Daisy.

Todas las empresas de reciclaje implicadas cerraron

o se vendieron hace años.

¿Hola?

Tras una semana en el Reino Unido tratando de rastrear las etiquetas,

Mike no sabe aún quien envió los residuos a Ghana.

Estoy muy decepcionado.

He llamado a muchas puertas y la excusa

que me dan siempre es que han pasado 20 años,

o que los donaron a entidades benéficas.

Y me hace gracia porque estas excusas no resuelven el problema,

ni les exime de su implicación.

Y tampoco les libra de culpa.

Destapar el tráfico de residuos electrónicos

no es tan sencillo como Mike pensaba.

Pero está decidido a continuar con la investigación.

El tráfico de residuos electrónicos es ilegal desde 1989,

cuando se firmó la Convención de Basilea,

el primer tratado internacional

que prohibía el tráfico de residuos tóxicos.

Hasta la fecha, 190 países han firmado el tratado,

entre ellos China y Ghana.

La Unión Europea también ha incorporado la Convención de Basilea

en su legislación y prohíbe la exportación de residuos electrónicos.

Por tanto, todos los residuos de la Unión Europea

deben reciclarse en Europa.

A grandes rasgos, el sistema diseñado funciona así:

En Europa, cuando un consumidor compra un aparato,

el precio incluye una tasa de reciclaje.

Por ejemplo, el precio de un frigorífico

incluye una tasa de hasta 20 Euros.

Cada año se recaudan en Europa

unos 4.000 millones de euros por este concepto.

El sector utiliza este dinero para gestionar un sistema que recoge,

clasifica, transporta y recicla nuestros aparatos.

Por eso, cuando nos queremos desprender de ellos,

los podemos retornar para que se reciclen sin coste para nosotros.

En Europa se han construido miles de plantas de reciclaje altamente

especializadas como esta.

Los residuos se tratan sin perjudicar los trabajadores

o el medio ambiente.

Las empresas de reciclaje pueden recuperar muchos materiales valiosos

a partir de nuestros aparatos viejos.

Conseguiremos cobre, hierro, níquel, cadmio, poliestireno, ABS,

tarjetas electrónicas que todavía podrás tratar mejor en una planta

con más cuidado y podremos separar aquellos metales preciosos.

Pero las empresas de reciclaje en Europa

se quejan de que no funcionan a pleno rendimiento

y la Unión Europea calcula que al menos 2/3

de los residuos electrónicos nunca llegan

a una planta de reciclaje homologada.

España es uno de los países más afectados. ¿Qué está fallando?

Belén Ramos trabaja para la OCU,

la principal asociación de consumidores de España.

Quiere averiguar por qué los residuos electrónicos

no llegan a las plantas de reciclaje, y quiere hacerlo con un experimento.

Mira, aquí tenemos los trackers.

Entonces llevan una tarjeta que nos permite conectar,

como parecido a un teléfono móvil,

y nos va diciendo donde está localizado el residuo.

Belén y su equipo instalan rastreadores por satélite

en residuos electrónicos que podrían

salir perfectamente de cualquiera de nuestras casas.

En total, han instalado rastreadores en 16 aparatos.

El plan consiste en entregarlos en puntos de reciclaje de todo el país

y comprobar si llegan a plantas de reciclaje o no.

Belén lleva un ordenador a un punto de recogida municipal.

El rastreador ya está conectado y ella graba el viaje hasta la entrada.

Hola, buenos días. -Buenos días.

Vengo para... Ya lo cojo yo. Si, si.

Vale, muchas gracias. Hasta luego.

En poco tiempo, quedan repartidos por el país

todos los aparatos con registradores ocultos incorporados.

Todos envían señales por satélite con regularidad.

Todas las mañanas, lo primero que hago es abrir el programa

y veo donde están situados los residuos.

Esta mañana llegan noticias de Granada,

donde se entregó un ordenador con rastreador

en un punto de recogida municipal.

La CPU 3 de Granada hizo realmente un viaje muy cortito:

lo dejamos en el punto limpio de Granada, y no salió de Granada.

A las pocas horas se lo llevaron a una zona de descampado.

La foto del satélite muestra claramente que la nueva ubicación

del ordenador es un descampado y no una planta de reciclaje.

La CPU de Granada es el típico caso de un robo particular:

alguien que ha robado de un punto limpio,

se lo ha llevado a las cercanías de donde viva,

o es una zona periférica de viviendas, hay un descampado,

y ha abierto la CPU para ver qué podía sacar de ella.

Los robos en los puntos de recogida son habituales en toda España.

En un país con un 26% de paro y pocas ayudas sociales,

hay quien roba residuos para sobrevivir.

Hay gente que viene muy preparada y viene con una rotaflex portátil.

Hay gente que viene con un mazo, hay gente que se ha cortado

y ahí se ha visto regueros de sangre por aquí,

hay gente que los destroza dentro del contenedor,

hay gente que se lo lleva.

Las cámaras de seguridad y las vallas metálicas

no consiguen disuadir a los ladrones.

Sencillamente cortan la valla y tienen acceso las 24 horas.

Mira, aquí tenemos la carcasa de una televisión que, justamente,

es lo que no tiene valor de la tele.

El resto que, donde están los metales pesados y demás,

es lo que se han llevado.

Un chatarrero puede llegar a pagar 2 euros

por la bobina de cobre de un televisor.

Un frigorífico puede llegar a los 10 euros

y una torre de ordenador, a 4 euros.

Pero los robos en los puntos limpios no son la única manera

en que los residuos electrónicos desaparecen.

En 2011, la Guardia Civil descubrió que en Madrid y Zaragoza

se habían desviado del circuito oficial 500.000 de frigoríficos

que acabaron en vertederos.

La ‘Operación Fragmento’, fue el primer caso importante

relacionado con residuos electrónicos en España.

Una enorme red criminal, que incluía a empleados de puntos de recogida

y de plantas de reciclaje, se había apropiado de la tasa

y desguazado los frigoríficos.

Su beneficio: 10.000.000 de Euros.

El problema es que el dinero es muy apetitoso.

Para ese tipo de personas, el futuro no cuenta,

lo que cuenta es el beneficio inmediato.

No tienen en cuenta el perjuicio que causan.

El caso está pendiente de juicio.

Hay tanta gente interfiriendo en el sistema legal de reciclado,

que será un milagro que alguno, por lo menos en España,

que alguno llegue a una planta oficial.

Resultado del estudio de Belén:

sólo 4 de los 16 aparatos llegaron a plantas de reciclaje homologadas.

El resto, un 75%, se eliminó ilegalmente.

Pero ningún rastreador ha aparecido fuera de España.

¿Entonces, cómo acaban los residuos en el Tercer Mundo?

Podemos encontrar una respuesta en Francia.

Aquí, en marzo de 2010, la Gendarmería descubrió

en una tranquila ciudad de provincias

una gran nave llena de residuos electrónicos.

El Capitán Dablement dirigió la investigación.

No mostramos su cara para no perjudicar casos futuros.

Era un desbarajuste.

Normalmente en las empresas legítimas, está todo ordenado

y identificado, y tienen previsto un protocolo,

un proceso para facilitar el tratamiento de los residuos.

Pero en aquel almacén estaba todo amontonado de cualquier manera.

Así que, ¿de dónde procedían aquellos residuos y a dónde iban?

D3E Recyclage recogía aparatos electrónicos

procedentes de toda la región.

Entre sus clientes había ayuntamientos,

hospitales y prisiones; incluso la propia Gendarmería.

Les llegaban montañas de residuos, por un motivo bien sencillo:

Según la legislación francesa, las empresas deben pagar

por el reciclaje de su material viejo.

Pero la oferta de D3E Recyclage era irresistible:

reciclaje gratuito de monitores,

que normalmente hubiera costado 5 euros por pieza.

Nadie pensó que la oferta fuera sospechosa

porque la documentación de D3E Recyclage era totalmente convincente.

Incluso presentaban listas con los números de serie,

alegando que todo se había reciclado de acuerdo con la ley.

Durante unos años, D3E funcionó de manera tranquila y discreta.

Nunca fue inspeccionada,

lo que hubiera revelado la falta total de equipos de reciclaje.

Aproximadamente hay un inspector por cada 50 instalaciones

que requieren autorización.

D3E Recyclage era una empresa

que sólo debía presentar una simple declaración.

En estas empresas la inspección de la DREAL,

la dirección regional del medio ambiente,

sólo interviene en caso de denuncia o accidente.

Por eso la administración no controló aquella empresa,

que a priori era de dimensiones reducidas.

D3E era una empresa pequeña pero formaba parte

deuna red internacional

de tráfico de residuos que operaba en tres continentes.

Cuando el Capitán Dablement descubrió

que se mandaban los residuos a Bélgica, contactó con la INTERPOL.

No tardó en salir a la luz

una extensa red internacional de traficantes.

Los monitores franceses se habían vendido a entre 50 cms y 2 euros

la pieza a una empresa belga llamada Mobo.

Los investigadores localizaron la sede principal de Mobo en Luxemburgo.

La policía luxemburguesa fue a la sede social de la empresa

y descubrió que se trataba de una oficina de ocho metros cuadrados

completamente vacía donde estaban domiciladas más de 50 empresas.

La policía destapó una verdadera red internacional:

Mobo, desde Luxemburgo, compraba residuos electrónicos a Francia,

Croacia y el Reino Unido.

Utilizaban una empresa rumana para la logística.

Los residuos se exportaban desde Holanda hasta Hong Kong,

Vietnam y los Emiratos Árabes.

Los accionistas están registrados en Delaware,

un conocido paraíso fiscal en Estados Unidos.

Es todo un montaje con empresas fantasma, negocios ilegales,

instalaciones en almacenes completamente ilegales...

Se puede hablar de una red mafiosa.

Los responsables de D3E fueron condenados

y su empresa de reciclaje ficticia, clausurada.

Aun así, Mobo sigue activa y anuncia sus servicios en webs

como Alibaba.com, donde se comercia sin trabas

con residuos electrónicos de todo el mundo.

Cada año salen de Europa miles de contenedores

de residuos electrónicos.

Esto no sólo causa daños medioambientales,

también afecta a la economía.

Por esta razón en 2008,

las instituciones europeas a trabajaron en una nueva versión,

más estricta, de la directiva europea sobre residuos electrónicos.

Un 10% del oro del mundo se utiliza en aparatos electrónicos

y una buena parte desaparece.

Lo mismo ocurre con la plata, el cobre...

Cada año, Europa tira millones de residuos,

incluyendo los valiosos materiales que contienen.

Creo que todos deberíamos asumir que en 20 o 30 años

habrá una enorme crisis de recursos y Europa en particular

es muy vulnerable.

Importamos seis veces más de lo que exportamos.

Actualmente Europa gasta 130.000.000.000 de Euros

cada año para importar metales estratégicos

aunque parte de esa demanda se podría cubrir reciclando residuos.

Esta refinería belga extrae cobre, estaño,

plata y oro de los residuos electrónicos

y los procesa para su venta.

De 50.000 teléfonos móviles se obtienen 1 Kg. de oro

y 10 kgs de plata, valorados en 40.000 Euros.

Actualmente sólo el 1% de todos los móviles se recicla.

Esto significa que Europa es una auténtica mina de metales preciosos

y de valiosas tierras raras.

En enero de 2012, el Parlamento Europeo aprobó

la nueva directiva de residuos electrónicos.

Aprobada.

El nuevo objetivo es incrementar el reciclaje

de residuos electrónicos en Europa facilitando a los consumidores

el retorno de aparatos usados.

También se pretende evitar que los residuos abandonen

territorio europeo mediante controles portuarios más estrictos.

¿Pero cómo se puede detener un contenedor

antes de que salga de puerto?

Mike Anane ha viajado hasta Escocia para entrevistarse

con la agencia de protección del medioambiente.

Hasta ahora, el destino principal ha sido África Occidental,

sobretodo Nigeria, en los últimos años ha aumentado el tráfico a Ghana.

¿Cuáles son las trampas más habituales

utilizadas por exportadores ilegales?

Por ejemplo, cambiar el punto de embarque de un contenedor

a última hora para que no lleguemos a tiempo para inspeccionarlo;

o también, poner material en buen estado en las primeras filas

de los contenedores y los aparatos estropeados hacia el fondo.

Sólo es legal exportar desde Europa aparatos de segunda mano

que funcionen, el resto se decomisa.

¿Entonces comprueban todos los aparatos?

No, todos no.

Con tantas exportaciones y tan pocos recursos no saldría a cuenta.

Los recursos se deben utilizar de forma eficaz.

Los inspectores ven el interior del contenedor con una cámara

y comprueban si alguno de los aparatos

se puede considerar un residuo.

Estáis inspeccionando un contenedor de 12 metros

pero el brazo de la cámara ¡y no llega al final!

Si, sólo es una información más.

Por eso destinamos la mayor parte de nuestros esfuerzos

a obtener información y efectuar controles en una fase más temprana.

Este exportador nos proporcionó información

que demostraba que habían comprobado todos los frigoríficos.

Ahora hemos hecho un control parcial

para verificar si coincide con la documentación.

Mike no está muy convencido.

Para frenar cualquier envío ilegal,

las autoridades escocesas dependen de la información facilitada

por los propios exportadores.

Poco después se autorizaba la exportación del contenedor.

A mí, el control que vi en el puerto escocés no me acabó de convencer.

Se debería comprobar que todos los aparatos,

todo el contenido del contenedor, funciona.

Sean frigoríficos, equipos de televisión u ordenadores.

Antes de enviarlos hay que constatar si funcionan bien,

o si sólo son chatarra.

Apesar de la legislación, los puertos europeos

están claramente desbordados por la inmensa cantidad de contenedores

con residuos que se exportan.

Pero ¿qué pasa con el país del mundo

que más residuos electrónicos produce

y que no ha prohibido su exportación?

EEUU genera una cantidad impresionante de residuos:

9.500.000 de toneladas al año.

Buena parte de estos residuos los procesan empresas recicladoras,

en “ fiestas del reciclaje”,

en las que se invita a la gente a donar sus aparatos viejos

a favor de una entidad benéfica.

Lo que mucha gente no sabe

es que muchos residuos electrónicos norteamericanos

van directamente al tercer mundo.

Si preguntas a la gente por la calle

“¿Qué crees que pasa con tu ordenador viejo cuando lo llevas a reciclar?”

Te dirán “que se recicla”.

Poca gente sabe que, en EEUU,

la mayor parte de los que se llaman recicladores, no reciclan.

Se limitan a exportar.

EEUU es el único país del mundo, a parte de Haití,

que no ha ratificado la Convención de Basilea,

el acuerdo internacional que prohíbe la exportación de residuos tóxicos.

Y lo que es peor, el propio gobierno norteamericano da muy mal ejemplo

a la hora de reciclar el material que tira.

El gobierno de EEUU es el mayor productor de residuos electrónicos

del planeta.

A menudo, la administración subasta públicamente los aparatos viejos

en vez de enviarlos a empresas recicladoras fiables.

Irá a parar al que haga la mejor oferta al gobierno,

es decir, el que se lo lleve gratis o casi gratis.

El gobierno, por ley, está obligado a elegir la opción más económica

para ahorrar dinero al contribuyente,

lo que pasa es que la opción más económica es también la más sucia.

Incluso las empresas que de verdad reciclan reciben ofertas sospechosas

El director de planta, Craig Lorch,

hace más de 20 años que trabaja en el sector.

-Y ¿donde está el oro?

-Está siempre en los chips.

Recibimos periódicamente ofertas de intermediarios

que operan desde otros países

y quieren comprar ordenadores, metales, portátiles...

cualquier cosa que incluya elementos valiosos.

Nosotros no les servimos

porque no sabemos dónde irán a parar estos materiales.

Craig pertenece a una minoría de recicladores concienciados

que colaboran con Jim Puckett y la Basel Action Network.

Pero muchas empresas de reciclaje norteamericanas sí que exportan.

La Basel Action Network

calcula que cada día salen de los puertos del país

entre 20 y 50 contenedores cargados con residuos electrónicos.

Para descubrir a dónde van a parar los residuos norteamericanos,

Jim ideó una técnica de espionaje muy efectiva.

Pasamos por delante de empresas que se hacen llamar “recicladoras”

y claro, lo mejor del caso

es que cuesta mucho ocultar un contenedor de 12 metros.

Son fáciles de fotografiar y además tienen números muy visibles,

o sea que los fotografiamos y registramos la fecha.

Después Jim busca en Internet hacia donde se exportan los contenedores.

Introduzco este número en una base de datos que se llama Track Trace

y aquí me sale toda la ruta que ha seguido este contenedor

en concreto en las últimas semanas.

Ha ido de Tailandia a Singapur y ahora está en Nueva Zelanda.

Al analizar

las principales rutas comerciales de residuos norteamericanos,

Jim se topó con una gran sorpresa.

En un 65% de los casos, los residuos de Estados Unidos van a Hong Kong.

No lo supimos hasta que empezamos a rastrear y rastrear.

Y vimos que todos iban a Hong Kong.

Hong Kong es el tercer puerto más grande del mundo

y todos los residuos electrónicos que Estados Unidos envía a Asia

entran por aquí.

Pero, ¿por qué no los decomisan y los devuelven al remitente?

Cada día llegan aquí 63.000 contendores,

en barcos mercantes de todo tipo.

Vincent Wong supervisa el equipo aduanero del puerto.

La terminal principal, Kwai Tsing,

recibe casi 50.000 contenedores al día.

Se calcula que alrededor de 100 contienen residuos electrónicos.

Rastrearlos es todo un desafío.

Hong Kong es un puerto franco.

Significa que ni el armador del barco ni el destinatario de la carga

deben declarar nada al llegar,

excepto que sean requeridos por los funcionarios de aduanas.

Después de importar o exportar un cargamento

tienen 14 días para declararlo.

Esto quiere decir que normalmente

cuando la declaración de aduanas llega a Wong y a sus compañeros,

ya hace bastante que la carga ha salido del puerto.

Para combatir esta laguna legal, las autoridades aduaneras

inspeccionan cualquier contenedor sospechoso,

bien sea por el historial de la empresa o por algún soplo,

y lo someten a una prueba radiográfica.

Podemos escanear un camión contenedor entero en menos de dos minutos,

y después, si hace falta,

abrimos el contenedor para inspeccionarlo a fondo.

Los residuos electrónicos tienen una apariencia característica.

Los monitores de ordenador resaltan claramente.

En cuanto a residuos electrónicos,

hemos detectado bastantes casos en los últimos años

y buena parte se declaran como residuos plásticos o chatarra.

Se calcula que cada año

hasta 36.000 contenedores de residuos electrónicos

transitan a través del puerto de Hong Kong.

Juntos, llenarían 20 cargueros de los más grandes.

Anualmente se interceptan alrededor de 40 contenedores

y se denuncia al propietario.

No podemos procesar

todos y cada uno de los contenedores que entran o salen de Hong Kong.

Ninguna administración aduanera en el mundo puede procesar

el 100% de los contenedores.

Por tanto, siempre hay contenedores que las autoridades no detectan,

pero los activistas chinos intentan seguirles la pista.

Siempre he querido contribuir a cambiar las cosas.

Por eso en 2002 me hice de Greenpeace.

La primera campaña estuvo dedicada a los residuos electrónicos.

Lai Yun está investigando de qué manera llegan a la China continental

los contenedores que superan los controles en el puerto del Hong Kong

Justo al norte de la isla de Hong Kong, en los Nuevos Territorios,

hay un escondite perfecto para estos residuos en tránsito.

Lai Yun está siguiendo su rastro.

Todo esto es zona agrícola.

He sabido que buena parte de los residuos

que vienen por mar hasta Hong Kong,

desde Estados Unidos, por ejemplo, se acumulan primero aquí.

Lai Yun encuentra rápido un patio de almacenaje.

Aquí, los residuos esperan para ser transportados

al otro lado de la frontera.

Como el almacenaje de residuos electrónicos no es ilegal,

las autoridades hacen la vista gorda.

En esta zona hay decenas de patios.

En este lugar hay de todo,

desde televisores hasta monitores y torres de ordenadores.

Si, tal como suelen afirmar las declaraciones aduaneras,

estos aparatos fueran realmente

mercancías de segunda mano reutilizables,

no deberían estar aquí bajo la lluvia.

Este viene

de la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos.

Vendría entonces de la máxima institución,

la oficina de protección del medio ambiente de Estados Unidos.

Pienso que es vital que China y Estados Unidos colaboren

para resolver el problema de los residuos electrónicos.

Es una cuestión de alcance internacional.

Desde los patios de almacenaje, los residuos electrónicos

se introducen clandestinamente en la China continental.

Está a pocos kilómetros, pero es ilegal.

Los camiones vuelven a cargar en los Nuevos Territorios

y cruzan la frontera.

Está muy cerca y pagan un soborno.

Es la única manera de poder pasar.

También está la opción de coger una pequeña lancha

y remontar el río de la Perla hasta zonas como Nanhai.

Allí pagan otro soborno para descargar.

Una vez que los residuos han cruzado la frontera,

viajan a lugares como la ciudad china de Guiyu.

Cuando llegamos a Guiyu

no vimos ningún indicador que dijera que aquello era Guiyu

pero notamos un olor muy fuerte

y enseguida supimos que habíamos llegado.

Guiyu es una de las muchas poblaciones chinas

donde los residuos electrónicos

se reciclan ilegalmente a escala industrial.

El 80% de la población participa

en el tratamiento de millones de toneladas de residuos cada año,

con la connivencia de los países industrializados.

Los propietarios de estos patios

compran los residuos en el extranjero a un precio irrisorio.

No invierten nada en tratar los restos tóxicos

o en proteger a los trabajadores,

con lo cual el coste del reciclaje

es una décima parte del que tendría en Europa o Estados Unidos.

Al contrario de lo que pasa en vertederos africanos,

en Guiyu hay división del trabajo.

Este es el típico taller de una familia local.

Los trabajadores también reciclan el plástico

o los tubos de rayos catódicos.

Este hombre está utilizando un mechero para quemar el plástico

y clasificarlo según el tipo.

Separar los diferentes tipos de plástico quemándolos y oliéndolos

es una técnica barata y eficaz, pero daña los pulmones.

Este taller familiar

se ha especializado en recuperar cantidades ínfimas de oro

sumergiendo placas base en baños de ácido.

Día tras día,

los trabajadores inhalan humos tóxicos que pueden provocar cáncer.

Después vierten el ácido que sobra al río, y listos.

Las aguas subterráneas también están contaminadas

y una simple taza de té se convierte en un cóctel de toxinas.

La exposición continua a productos como los bifenilos,

el plomo y el mercurio

provoca problemas de salud

como déficits neurológicos y cerebrales,

enfermedades de la piel

y un incremento de los defectos congénitos.

Lo que pasa es que la gente externaliza los gastos.

No quieres solucionar el problema,

prefieres que alguien te lo haga y encima no tengas que pagar.

No recibirás nunca una factura de China diciendo:

“Me has contaminado la tierra, págame”.

Las fábricas chinas de las provincias vecinas,

por ejemplo en Shanghai, Jiangsu y Guangdong,

absorben inmediatamente los materiales reciclados

como cobre, aluminio, hierro, oro y plástico.

Pero cuando hablamos de reciclaje de residuos electrónicos

no nos referimos sólo a metales.

Un negocio aún más lucrativo es el reciclaje de chips informáticos.

En talleres clandestinos se extraen transistores, circuitos integrados

y otros componentes de placas base.

Una vez clasificados y limpios,

los componentes recogidos se venden como si fueran nuevos

para fabricar otros aparatos electrónicos.

Se calcula que este mercado mueve 100.000 millones de euros al año

pero genera riesgos importantes

que pueden afectar cualquier parte del planeta

donde los chips formen parte de nuestra vida,

por ejemplo, en trenes,

aviones, coches, centrales nucleares u hospitales.

En pocas palabras: en todas partes.

A los fabricantes de los sistemas de control de este tipo de máquinas

les cuesta cada vez más distinguir

entre chips nuevos y chips reacondicionados y, por tanto,

garantizar que sus productos, de los cuales dependen muchas vidas,

sean seguros.

Para TQ Systems, en Alemania, se trata de un reto diario.

Aquí tenemos dos chips que no pueden ser originales,

como ya se ve a simple vista.

Uno de ellos tiene la superficie rayada

y el otro ya se ve de entrada

que en la parte posterior tiene restos de una soldadura anterior,

es decir, que tampoco es original.

Aún así, los dos se han vendido como si fueran nuevos.

Como han repintado la etiqueta original,

es difícil ver qué tipo de chip es en realidad.

Otro indicación de que un chip

podría provenir de un montón de chatarra

es que le falten pins o estén doblados

y también las marcas de un raspado con herramientas despuntadas

para borrar las etiquetas.

Si los chips fueran realmente nuevos,

vendrían de una fábrica como ésta en Dresden,

donde se producen chips en un entorno muy controlado.

Ahora bien, las superficies rascadas apuntan a un origen diferente.

Guiyu, o alguna otra población

de un país en desarrollo donde se reciclan residuos electrónicos.

Y eso significa que los chips pueden estar dañados.

Los chips pueden dañarse electroestáticamente

o por la humedad.

También es importante tener en cuenta

que a menudo se utilizan quemadores de gas

para extraer los componentes del circuito impreso

y esto es muy peligroso,

porque los chips soportan una temperatura máxima de 120 grados

y si se calientan durante demasiado rato, se estropean.

Los principales fabricantes de chips

han empezado a contratar a investigadores

para tener la situación controlada.

Actualmente investigamos el caso de un cliente

que compró un módulo de alimentación eléctrica en el mercado libre,

lo incorporó en un sistema de transporte público

y, al cabo de un mes de utilizarlo, explotó.

El módulo se había quemado por dentro.

Steven Jeter y su equipo

descubrieron que lo habían reetiquetado,

como si resistiera temperaturas más elevadas,

seguramente porque más resistencia implica un precio más alto.

Si tienes un módulo de alimentación que se ha desarrollado originalmente

para un entorno donde el voltaje máximo es de 1.200 voltios

y se reetiqueta para 2.400, es fácil imaginar que no durará mucho.

En este caso, los pasajeros tuvieron suerte.

No tenemos constancia

de que alguien resultara herido a causa de este incidente

y esperamos que continúe siendo el caso.

La empresa TQ Systems

ha decidido revisar todos los lotes de chips que les llegan

mediante un sistema de rayos X especial.

Aquí vemos un chip de silicio.

En el interior hay una conexión

con un cable muy fino que en este caso está torcido.

Ahora, obviamente, hay que valorar

si esto afecta al funcionamiento de la pieza.

Llevará tiempo y esfuerzo averiguar

si el problema detectado es inocuo o bien puede causar un fallo.

Una vez, encontramos unos componentes para un módulo de control

y no sabíamos con seguridad de donde venían.

Esto supuso un perjuicio más que considerable porque

habíamos empezado la producción y nos vimos obligados a retroceder.

Internamente las pérdidas se valoraron en casi 100.000 euros.

Mike ha vuelto a Ghana y observa el flujo constante de contenedores

que llegan de todo el mundo.

¿Por qué las autoridades de Ghana

no decomisan los residuos cuando llegan

y dejan entrar sólo los aparatos de segunda mano que funcionan?

Un joven investigador ghanés, Anas Aremeyaw, tiene algunas respuestas.

Anas siempre trabaja de incógnito y nunca muestra su rostro en público.

No hace mucho, fue con su cámara oculta al puerto de Tema,

el más grande de Ghana.

El área de los residuos electrónicos es una de las que más hemos examinado

La mayor parte de los fraudes se producen en ese circuito.

En la aduana tienen un protocolo para valorar estos electrodomésticos.

Y los valoran en casi nada.

Cuando alguien declara mercancía usada procedente de Occidente,

la clasifican como no apta,

y así pagan muchos menos aranceles de los que correspondería.

Así, en el Puerto de Tema, a nadie le interesa

separar los residuos de los aparatos reutilizables.

Todo se declara como “residuo” y entra prácticamente sin impuestos,

a través de un soborno o un obsequio a los aduaneros.

En muchas secuencias que he grabado

se ve a los funcionarios caminando entre los residuos.

Lo primero que hacen es quedarse con alguna cosa que les pueda ser útil.

Después, los importadores venden el material.

Los aparatos que funcionan van al mercado de segunda mano

y el resto, a chatarra.

Para los compradores es una lotería,

ya que hasta el 90% del material está roto o hay que repararlo.

Nadie se dignó a comprobar si funcionaban.

De hecho, en el punto de venta, te dicen que te los tienes que llevar

tal como están, tengan o no algún defecto.

Por ejemplo, si te llevas 30 sólo habrá uno o dos que funcionen.

Para los otros, los compradores ya cuentan

con que harán falta algunas reparaciones.

El material que funciona o que se puede reparar

se acaba vendiendo en las calles de Accra.

La mayoría de ghaneses, alrededor del 90%,

dependen de estos aparatos de segunda mano.

Sí que se venden teléfonos y portátiles nuevos

pero aún salen caros y la gente no se lo puede permitir.

El mercado de segunda mano es floreciente.

Un ordenador de 10 años,

desviado del circuito de reciclado europeo o americano

y que aún funcione, se vende por más de 25 euros.

Pero hay un problema considerable

con el material de segunda mano que se importa

y es que, a menudo, le queda muy poca vida útil.

Deberíamos controlar no sólo los residuos

sino también los aparatos que están al final de su vida útil,

es decir, cosas que rápidamente se convertirán en residuo.

Ghana no dispone de instalaciones de reciclaje,

así que todo el material que entra en el país,

sean residuos electrónicos para tirar, aparatos electrónicos nuevos

o importaciones de segunda mano,

acaban tarde o temprano en un vertedero como éste.

Muchos de estos artículos

pasaron oficialmente por un sistema de reciclaje europeo

y, sin embargo, después fueron exportados.

Quien de hecho hace el trabajo de reciclaje

es un grupo de niños que malviven

vendiendo pequeñas cantidades de metales que pueden recuperar.

A esto, no se le puede llamar reciclaje eficiente de recursos.

Todo esto plantea una pregunta aparentemente ingenua:

Puesto que cuando compramos un ordenador nuevo en Europa,

su reciclaje está incluido en el precio.

¿No debería este dinero acabar en manos de quien realmente recicla,

esté donde esté?

Si los residuos electrónicos continúan exportándose,

¿no se debería ampliar el sistema de reciclaje europeo

y construir plantas de reciclaje modernas en lugares como Ghana?

¿Y por qué no lo miramos desde una perspectiva completamente distinta?

Dado que los controles portuarios no impiden la entrada de residuos...

Dado que se comercia libremente en Internet con aparatos estropeados...

Dado que montañas de residuos atraviesan los mares...

Dado que Europa y Estados Unidos no impiden que los barcos zarpen...

Dado que el sistema europeo de reciclaje

es un colador que beneficia a intermediarios deshonestos...

tenemos que recordar quién está al principio de esta cadena:

El consumidor.

No hay mucha gente que pueda resistirse

ante el último aparato que sale al mercado;

y nos hemos acostumbrado a reemplazarlo enseguida

por el último modelo, y así, una y otra vez.

En el mundo, el año pasado se vendieron

casi 50 millones de televisores de pantalla plana...

300 millones de ordenadores...

y 2.000 millones de móviles y smartphones.

La venta de aparatos electrónicos crece continuamente

y no sólo en Europa sino también en mercados emergentes

como India, China o África.

El reto de este siglo

es que la calidad de vida aumentará en todo el mundo.

¿Qué haremos de aquí a un par de años

cuando tengamos 5.000 millones de personas en el mundo

utilizando teléfonos móviles que sólo se usaran entre 12 y 18 meses?

Tenemos que encontrar la manera

de prolongar la vida útil de estos aparatos.

Kyle Wiens dirige ifixit,

una de las muchas empresas que están apareciendo por todo el mundo

para animar al consumidor a reparar él mismo sus aparatos

y alargar su vida útil.

Somos una comunidad global

que aprendemos los unos de los otros a reparar cosas.

Compramos productos, los desmontamos,

intentamos entender cómo se pueden arreglar,

y redactamos manuales de reparación y los compartimos con todo el mundo.

Kyle y sus colegas también venden piezas de repuesto

que a menudo ya no suministran ni los propios fabricantes.

Éste es nuestro almacén.

Tenemos todas las piezas y las herramientas que puedes necesitar

para reparar aparatos y evitar que vayan a parar al vertedero.

En garajes de todo el planeta

está surgiendo una nueva cultura de la reparación.

¿Se podría convertir en una nueva tendencia que contribuyera a reducir

la cantidad de residuos electrónicos que producimos?

No me gusta mucho la palabra consumidor.

Quiere decir que estamos destinados a ser simples depósitos,

recibimos publicidad, nos compramos las cosas, las usamos y las tiramos,

pero en el fondo sólo nos han utilizado.

Prefiero el concepto “reparador”

porque significa que tenemos el control de nuestras cosas.

Y “tener el control” quiere decir ser conscientes

de lo que le pasa a un producto cuando acaba su vida útil.

Quizá es hora de redefinir nuestro papel como consumidores

y empezar a utilizar nuestros aparatos durante más tiempo,

antes de que el planeta se convierta en un vertedero de artefactos

con una larga y tóxica vida por delante como residuos electrónicos.

El documental - Tráfico de residuos electrónicos: La tragedia electrónica

52:35 01 jun 2016

Documental que trata sobre el tráfico de residuos electrónicos a nivel internacional

Contenido disponible hasta el 30 de mayo de 2064.

Documental que trata sobre el tráfico de residuos electrónicos a nivel internacional

Contenido disponible hasta el 30 de mayo de 2064.

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  1. MArcos

    Un tema muy bien enfocado desde el reportaje. Os dejo un articulo hablando sobre el mismo tema que puede ser de ayuda: La obsolescencia programada, lo que el consumo nos oculta.

    14 oct 2016
  2. Miller

    Por que no puedo ver el vídeo, me dice no esta disponible en mi país (Colombia)?

    20 sep 2016
  3. Carlos

    Vea también: http://www.storyofstuff.org Por otro lado, la obsolescencia programada es otro factor que nos afecta que debería ser prohibido, y planeta solo tenemos uno. Sigue estando en nuestras manos cambiar el rumbo de las cosas. Igualmente, otra forma de hacer política es posible.

    02 jun 2016

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