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Para todos los públicos El cazador de cerebros - El rincón más interesante del planeta - ver ahora
Transcripción completa

El programa de hoy no va de un tema, sino de un lugar.

Visitaremos uno de los centros más emblemáticos del mundo

cuando se habla de ciencia, tecnología e innovación.

La universidad del MIT.

El MIT, en Boston.

Una ciudad desbordante de conocimiento

y un punto en el centro del campus que...

Estoy en el lugar más interesante

de todo el planeta, de verdad.

O sea, en solo 200 metros a la redonda,

detrás de mí está el Broad Institute,

que es el instituto más importante del mundo en genética;

el Koch Institute, de cáncer;

el CSAIL, de inteligencia artificial;

el McGovern, de neurociencia;

detrás, la facultad de economía del MIT,

de donde han salido más de 20 Premios Nobel;

los laboratorios de física, ingeniería y robótica del MIT,

claves en la revolución tecnológica y aeroespacial del siglo XX,

y el lugar donde vamos ahora,

el sitio más creativo y multidisciplinar del MIT,

el Media Lab, cuyo lema es: "Construir el futuro".

El Media Lab es el espacio más creativo y futurista del mundo.

Repleto de cerebros brillantes de cualquier disciplina,

científica y humanista,

desarrollando conjuntamente las ideas y prototipos más locos

y potencialmente rompedores que se les puedan ocurrir.

No hay límites a la imaginación.

Si alguien tiene un proyecto tan novedoso

que no encaja en ningún departamento,

lo desarrolla el Media Lab.

Vayamos a ver a un viejo amigo.

¡Hola, Pere! Hombre, César.

¿Cómo estás? (RÍE) Bien.

Ostras, es inspirador este lugar, ¿eh?

La filosofía del Media Lab es bien ecléctica y extraña,

porque el Media Lab parte de una manera

bien poco ortodoxa.

Una idea de formar un laboratorio que sea distinto,

que junte a toda la gente que no case en otras partes,

pero que aún hace cosas interesantes. Es la filosofía de este espacio.

Esta multidisciplinariedad,

esta conexión entre diferentes investigadores.

Exacto, porque muchas veces la academia es un poco rígida

y no tiene espacio para las personas creativas.

Tiene espacio para las personas que continúan el desarrollo

en un área que ya existe.

Pero ¿dónde se hace academia de las áreas que no existen?

El Media Lab es un lugar pensado para eso.

Vale, lo que no encaja. Es bueno.

Es para "outsiders". Exacto.

Lo que no encaja, aquí. Los "misfits".

Uno nunca sabe lo que se puede encontrar en el Media Lab.

Te muestro acá el Grupo de Design Fiction.

Estas imágenes muestran a una pareja de mujeres

Y con estas dos hijas que crearon de manera sintética

usando información de sus genes.

Y les presentaron a las dos mamás un libro

con toda las fotos familiares de esta familia que ellas no tienen.

Fue muy emocionante.

O un grupo donde construyen instrumentos musicales

que todavía no existen.

Exacto. Crean hiperinstrumentos y también hacen óperas

con ciudades completas, donde las personas de la ciudad

les envían sonidos

y ellos luego los agregan en una composición.

Es que es claramente tecnología, arte, cultura,

innovación, creatividad...

Y allá, por ejemplo, tienes el Lifelong Kindergarten,

que trabaja en el desarrollo de "scratch",

que es una herramienta muy popular que millones de niños usan

para aprender a programar. Sí.

Hay programación en bloque.

No programan "tipeando" comandos, sino moviendo cajitas.

Y con eso pueden hacer que el gatito baile,

el gatito salte, se comunique con otros personajes

dentro del mundo...

Tienen una comunidad "on-line" donde hay muchos niños

que crean estos pequeños vídeos o juegos

y los postean como en YouTube.

Vamos a seguir cazando por nuestra cuenta.

Vosotros me veis, o esta cámara me ve,

porque la luz rebota en mi cara y llega a vuestros ojos.

¿Se podría hacer lo mismo con otro tipo de ondas?

¿El wifi, por ejemplo?

Fadel Adib hace algo impresionante.

Aprovecha que las ondas wifi interaccionan diferente

con los objetos sólidos que con nuestros acuosos cuerpos

para utilizarlas como escáneres

y detectores de movimiento, con una precisión increíble.

Lo bueno de las señales inalámbricas, como la wifi,

es que atraviesan paredes.

Por eso te llega la señal aunque estés en otra habitación.

Te pondré un vídeo que muestra qué pasa

cuando el dispositivo está en otra habitación.

Aquí ves el resultado.

El punto rojo muestra el lugar en el que el dispositivo

cree que está la persona en cada momento.

Mira el vídeo.

Verás que el seguimiento es extremadamente preciso.

Puede seguir incluso los gestos de alguien,

para controlar cosas con solo apuntarlas.

Oh, guau. Pero hay más.

Este sistema nos permite tener información sobre la respiración.

Si aumentamos la resolución que nos da el dispositivo,

veremos inhalar y exhalar a este bebé a tiempo real.

Y también tendremos información sobre su frecuencia cardíaca.

¿Atraviesa la ropa también? Exacto.

De hecho, en el vídeo, el dispositivo está tras la pared.

Reúne información sobre la respiración

y el ritmo cardíaco a través de la pared.

Para decirlo de algún modo, es como si viviéramos en un mar

lleno de ondas de señales inalámbricas.

Con cada movimiento voluntario o involuntario,

alteramos las ondas que nos rodean,

y eso se puede captar mediante señales inalámbricas.

Ostras. Muchas gracias. Gracias.

Esta tecnología puede tener aplicaciones civiles, médicas,

o de espionaje y seguridad.

No olvidemos que la investigación militar

ha sido una gran impulsora de la ciencia.

También en la historia del MIT.

(LEE LA PANTALLA)

Y del wifi pasamos a la medicina y la bioelectrónica,

pero con ingenieros que rompen la barrera

entre lo artificial y lo vivo, redefinen cirugías

y unen máquinas directamente a nuestros músculos

y sistema nervioso.

Y estáis construyendo las primeras prótesis biomecánicas

que conectan los nervios con la prótesis.

Qué pasada, ¿no? Sí, eso es.

Pero vamos un paso más allá, porque rediseñamos

la cirugía de amputación.

Transformamos la intervención para que las nuevas prótesis

sean más funcionales y se puedan establecer

conexiones directas entre los nervios del organismo

y la prótesis.

Algunas prótesis pueden ser incluso mejores

que el miembro amputado original, ¿verdad?

Por ahora, principalmente queremos que los pacientes

vuelvan al estado inicial, pero definitivamente

la posibilidad que mencionas existe y puede tener ciertas aplicaciones.

Militares, por ejemplo.

Para caminar largas distancias y cosas así.

Pero creo que todavía estamos lejos de eso.

Uf, superinteresante.

Cómo conectar los sistemas biológicos

con los sistemas artificiales físicamente.

Algo en lo que hay muchísimo margen de mejora

Conoceremos a un grupo que trabaja en "smart cities",

pero no pensando que la inteligencia es el objetivo,

sino que es la herramienta para hacer ciudades mejores.

¿Cómo serán las ciudades del futuro?

¿Cómo podemos mejorarlas?

El grupo del arquitecto Luis Alonso

utiliza la ciencia para abordar los grandes retos urbanísticos.

Un ejemplo concreto:

¿cuál es la mejor manera de integrar 70.000 refugiados

en la ciudad de Hamburgo?

Creamos un convenio con la Universidad de Hamburgo

y con el ayuntamiento porque llegaron 70.000 refugiados

a la ciudad, algo que no se esperaban,

y el alcalde dijo:

"¿Cómo podemos resolver esto con Lego,

con vuestros modelos, con vuestras simulaciones?".

Pudimos generar mesas en las que, alrededor de ellas,

generábamos estas reuniones de la comunidad,

donde había gente de la extrema derecha

de la extrema izquierda, de centro,

más ciudadanos, más empresas,

y la idea era encontrar lugares en Hamburgo

en los que pudieras tomar algunas familias de refugiados

y mezclaras con los ciudadanos de Hamburgo

sin generar y sin romper el equilibrio social.

Además, intentando encontrar que esa mezcla fuera positiva

y trajera innovación y un distrito vibrante.

El resultado final fue que, casi nueve o diez meses después,

se está viendo que sí existe este ecosistema económico

alrededor de los refugiados y que Hamburgo se está volviendo

un sitio más vibrante, más interesante,

donde se ha realojado a esta gente.

El reto es volver a traer esa escala humana a la ciudad.

¿Y cómo lo hacemos?

Pues mirando cómo la gente utiliza la ciudad.

¿Cómo? Mediante los datos. Claro.

Para conseguir estos datos, una herramienta es

que todos los edificios o el alumbrado

estén conectados a internet, el "internet of things".

"Internet of things" no solo nos da datos

para entender cómo funciona la ciudad,

sino que también tenemos, el coche inteligente autónomo.

Es un proyecto que tenemos aquí.

Ahora los coches inteligentes son Einstein, por así decirlo.

Tesla es un coche que tiene todo el cerebro involucrado

porque la ciudad es tonta.

Entonces, una vez que a la ciudad podemos darle algo de inteligencia

con "internet of things", la ciudad habla al coche.

El coche ya no tiene que ser Einstein,

ya puede ser un Luis, algo más de andar por casa,

que pueda hablar con la farola, con el semáforo,

y solo necesite la visualización como la usamos nosotros,

para entender que cruza alguien o que hay un obstáculo en la calle.

Eso es hacia dónde nos lleva "internet of things" a nivel ciudad.

Claro.

Por los pasillos del Media Lab,

no solo encontramos alumnos e investigadores,

sino también muchos empresarios en busca de talento.

La idea de que ellos están contribuyendo

para que hagamos lo que ellos no están pensando.

Deben darnos libertad para hacer lo que queramos.

En ciencia asumimos que se hacen muchísimas investigaciones.

Algunas no sirven para nada, pero otras, sí.

En tecnología e innovación, hay esta filosofía.

Exacto, y esa es la gracia de trabajar en este ambiente

donde uno trabaja con muchos estudiantes brillantes,

pero aun así tienen la oportunidad de correr el riesgo de equivocarse,

y eso es muy valioso.

En el MIT, a pesar de que estén jugando

al futbolín y al pimpón, hay mucho estrés.

Y, de hecho, les preocupa, y una cosa que hicieron es

poner sensores en diferentes lugares de la universidad

para medir el estrés de los individuos.

Y lo hicieron aquí, en el Grupo de Affective Computing,

computación afectiva, que vamos a conocer ahora mismo.

Javier, ¿qué tal? Hombre, Pere.

¿Cómo estás? Cuánto tiempo.

Tú con tus sensores, ¿no? (RÍE)

Javier investiga en sensores y software informático

que reconocen expresiones faciales, movimientos corporales

o incluso constantes vitales para intuir

o incluso constantes vitales para intuir

nuestro estado físico y emocional.

Da miedo. Uf.

Si de alguna manera podemos obtener una medida objetiva y cuantitativa

de cómo la gente se siente en el MIT, podemos hacer intervenciones,

cambiar los días de los "assignments"...

Entonces, esta idea de tener sensores...

Los habéis puesto en el MIT, pero puede haber en tiendas,

puede haber en todos lados, midiendo algo como las emociones.

¿Hacia dónde nos lleva esto?

Imagínate, por ejemplo, que dependiera de tu ánimo

cambiar a la interacción de una manera u otra.

Ahora si tienes un amigo y ves que está estresado

o muy contento, cambias tu interacción

de una manera mucho más natural. Sí.

Pero si estás estresado

o estás contento,

la tecnología sigue comportándose igual.

Los ordenadores te seguirán actualizando

cuando menos lo quieres.

Y lo que queremos es incorporar esa inteligencia emocional.

Y no creáis que es tan fácil escapar de estos sensores.

La magia del Media Lab es cruzarte con eminencias

como Rosalind Picard,

fundadora del grupo de computación afectiva,

cazarla por unos minutos y que nos explique

cómo humanizar a la tecnología,

hasta permitirle que vigile nuestra salud física y mental.

Es gracioso, porque al principio la gente decía:

"¿MIT? ¿Emociones? No.

No se pueden unir esas dos cosas, no pegan ni con cola".

Pero estábamos decididos a transformar la informática.

Hasta entonces, la informática era fría, frustrante.

Y no tenía ninguna consideración por los sentimientos humanos.

Si pudiéramos dotar a los ordenadores de ciertas habilidades

de inteligencia emocional, disfrutaríamos trabajando

con las máquinas de una forma mucho más productiva.

Sí, porque a veces nos quejamos de que no entendemos

a los ordenadores, pero debería ser al revés,

que los ordenadores nos entiendan a nosotros.

Exacto. Antes de la entrevista,

estabas dando una ponencia y he visto una diapositiva

en la que hablabas de predecir la salud que tendremos

mañana por la noche.

Hace un tiempo, nadie se tomaba en serio

a los que pretendían predecir la meteorología.

Ahora creemos que es posible usar "wearables"

y teléfonos inteligentes para detectar el comportamiento.

Y con toda esa información, con esos montones de datos,

alimentar un sistema de aprendizaje automático,

concretamente, de aprendizaje profundo.

El sistema intenta aprender patrones de salud

sobre personas como tú, pero también predecir

específicamente sobre ti, porque cada persona es diferente.

Es interesante, porque los "wearables",

además de medir la salud física, también pueden medir

la salud mental y psicológica. Sí.

Hemos descubierto que algunos comportamientos

se asocian con sentirse más deprimido o más positivo mentalmente.

la depresión será la principal causa de morbilidad en el año 2030,

según la Organización Mundial de la Salud.

Así que queremos ayudar a detectarla cuanto antes

y hacerlo de un modo respetuoso.

Queremos descubrir cuáles de nuestros comportamientos individuales

pueden aumentar el riesgo de sufrir depresión.

Abandonamos el Media Lab y caminamos hacia el Koch Institute,

un centro de investigación contra el cáncer

que tiene una peculiaridad. Además de biólogos,

está repleto de nanotecnólogos e ingenieros como Michael Cima,

construyendo maneras de luchar contra los tumores.

Hola, profesor Cima. Hola. Bienvenido.

Gracias. Un placer conocerle.

¿Qué hace un ingeniero en un centro de investigación sobre cáncer?

Investigación traslacional, es decir,

intento aplicar la ciencia básica a la clínica.

Creo que el objetivo de la ingeniería es trabajar con grandes problemas

para intentar diseñar una solución.

Soy inventor.

Hace 31 años trabajaba con piezas de aviación y electrónica.

Ahora me dedico a la investigación sobre el cáncer.

Son micro, micro. Vaya. (RÍE) Es un dispositivo de diagnóstico.

Ajá.

Es difícil verlo, pero hay agujeritos minúsculos

por todo el dispositivo.

Cada uno de los cuales lleva un fármaco distinto.

El cirujano lo coloca en un tumor y lo deja 24 horas.

Luego se hace una biopsia del tejido de alrededor

para poder saber cómo responde el tumor...

A cada uno...

...a cada uno de los diferentes fármacos.

Ahora el gran problema es que hay muchos fármacos distintos.

Es difícil saber exactamente a qué fármaco responderá el tumor,

y los médicos a veces tienen que adivinarlo

e irlos probando secuencialmente. Solo 24 horas.

En lugar de intentar un fármaco y luego otro y otro,

Veo que aquí tienes otro.

Sí, este se usa para detectar sustancias químicas en el cuerpo

sin necesidad de extrae una muestra.

Por ejemplo, cada vez que alguien sufre un ataque al corazón,

se liberan tres sustancias distintas en el organismo.

Este dispositivo puede detectarlas.

A los pacientes con riesgo cardíaco, se les puede colocar

este dispositivo bajo la piel.

De este modo, bastará con que el médico

lo escanee para saber si el paciente ha sufrido

algún problema cardiaco desde la última visita.

Guau. ¿Y con el cáncer también? Sí.

Algunos cánceres liberan... ARN, moléculas...

Exacto.

Se trata de marcadores de progresión del cáncer.

Si el paciente responde al tratamiento,

los marcadores deberían bajar.

Algo muy característico del MIT es la conexión con la industria.

Tenéis patentes, incluso empresas...

Bueno, es una parte muy importante, porque los ensayos clínicos

y el desarrollo de nuevos fármacos e instrumentos de diagnóstico

son muy costosos.

La propiedad de mis inventos le corresponde al MIT.

De hecho, no puedo desarrollarlos ni recabar fondos

para realizar ensayos clínicos y obtener su autorización

sin solicitarle al MIT una licencia de mis propias patentes.

Sin embargo, ha quedado demostrado que es una forma muy eficaz

de convertir las ideas básicas del laboratorio en productos reales.

Tú también tienes algunas empresas, ¿no?

Sí, tengo varias.

Es fantástico ver cómo se pasa de la investigación básica

a las aplicaciones finales.

Bueno. Encantado de conocerte.

Un placer. ¿Me puedo llevar uno? No.

(RÍEN)

Estamos yendo al McGovern

y al Picower Institute, de neurociencia,

que se llaman así porque los señores McGovern y Picower

pusieron muchísimo dinero en fundar estos institutos.

Eso se llama filantropía.

La gente que tiene mucho dinero lo dedica a investigación.

Es un buen ejemplo a seguir. (RÍE)

Uno de los "tops" de la neurociencia en el MIT es Ed Boyden,

quien posiblemente ganará el Premio Nobel

por su cocreación de la optogenética,

una técnica que permite encender y apagar

circuitos neuronales concretos de nuestro cerebro

solo con un haz de luz.

La optogenética permite manipular físicamente

el funcionamiento de nuestro cerebro.

Me llamo Ed Boyden.

Quiero entender cómo funciona el cerebro,

como se generan los pensamientos y sentimientos que nos definen.

También quiero ayudar a tratar enfermedades cerebrales

que afectan a millones de personas y para las que aún no hay cura.

¿Cómo estás? Bien, ¿y tú?

Bien. Bienvenido.

Ed, tu laboratorio se llama Grupo de Neurobiología Sintética.

¿A qué se refiere?

Sintetizamos herramientas que nos ayudan a entender el cerebro.

Y también esperamos aprender para sintetizar un cerebro desde 0.

¿Podemos construir un sistema que piense como un humano?

Espera, ¿acabas de decir "construir un cerebro desde 0"?

¿Es eso posible?

Creo que en los próximos diez años podremos simular en un ordenador

algunos cerebros muy simples.

Los peces y los gusanos tienen un número muy reducido de neuronas,

pero, sin embargo, toman decisiones,

aprenden y llevan a cabo tareas interesantes.

Espero poder dilucidar el funcionamiento

de sistemas nerviosos sencillos y construir modelos informáticos

que aprendan y decidan como los cerebros naturales.

Ah, o sea, que hablamos de modelos informáticos,

no de construir circuitos neuronales reales.

Con el tiempo queremos construirlos a partir de "wetware".

El cerebro es muy eficiente energéticamente.

Es fascinante, porque hemos estado influyendo

en el cerebro, primero con el aprendizaje,

luego aprendimos a usar la química para modificarlo,

la electricidad, el magnetismo, y ahora usáis la luz.

Sí. ¿Cómo funciona?

En la optogenética, queremos que las neuronas

se puedan controlar mediante la luz.

La mayoría de neuronas del cerebro no percibe la luz,

pero en el árbol de la vida se pueden encontrar moléculas

que convierten la luz en señales eléctricas.

Por ejemplo, en las algas unicelulares

hay un receptor que percibe la luz.

Si pudiéramos verlo de más cerca, veríamos que incluye

pequeña moléculas que convierten la luz en señales eléctricas.

Dichas moléculas son importantes, porque ayudan a que las algas

se desplacen en el agua y hagan mejor la fotosíntesis

como respuesta a la luz que les llega.

Pues bien, si ponemos estas moléculas en una neurona

y exponemos esta neurona a la luz con un láser, por ejemplo,

estas moléculas individuales se abren y obtenemos impulsos eléctricos

parecidos a los que se generan en tu cerebro

al oírme decir estas palabras.

Se pueden activar neuronas concretas con luz

y, por ejemplo, modificar comportamientos.

Bueno, activar una neurona nos permite descubrir qué hace,

si activa una conducta, modifica un estado mental

o altera una emoción o cambia una decisión.

E intentamos poder usar la optogenética

para el tratamiento de enfermedades.

En EE. UU., ya hay en marcha un ensayo clínico

que recurre a la optogenética para tratar la ceguera.

Muchos casos de ceguera se deben a la pérdida

de los fotorreceptores del ojo, a que los ojos ya no perciben la luz.

¿Y si pusiéramos nuestras moléculas en el resto del ojo

y convirtiéramos el ojo en una cámara?

Deja que te lo muestre con un ejemplo.

Aquí tenemos unos ratoncitos ciegos.

Mira este ratón.

Intenta buscar la salida en un laberinto lleno de agua.

En la parte de arriba hay una plataforma.

El ratón tiene que encontrarla,

y está ciego, así que le cuesta porque no la puede ver.

Ajá.

Aquí tenemos el mismo ratoncito unas semanas después,

tras recibir una dosis de moléculas optogenéticas.

Ahora puede localizar la plataforma e ir directamente.

Guau, es impresionante.

Entonces, el cerebro humano, todo su funcionamiento,

los pequeños detalles,

¿crees que es algo que la ciencia logrará comprender del todo?

Bueno, no lo sabremos si no lo intentamos.

En mi opinión, entender el cerebro es la principal incógnita

Si comprendiéramos cómo funciona, entenderíamos la manera de pensar,

la economía, la conducta, la toma de decisiones

y muchos problemas de la era moderna, las guerras, los conflictos,

los enfrentamientos políticos...

Si pudiéramos entender la mente, igual entenderíamos

por qué tomamos decisiones malas.

Y el mundo no deja de sucumbir a crisis económicas,

guerras u otros problemas.

Otro tema fundamental son las enfermedades cerebrales.

El alzhéimer, el párkinson...

Ninguna tiene cura ahora mismo. Son asignaturas pendientes.

Con el envejecimiento de la población,

este problema irá a peor.

Qué pasada, esto del cerebro.

Voy a tomarme un café y a conversar con algunos españoles

que investigan en el MIT.

Tal vez ellos me puedan ayudar a entender cómo es trabajar

y vivir en el rincón más interesante del plante.

Hombre. ¿Qué tal? -Buenas. (RÍE)

¿Qué tal? ¿Cómo estáis? (TODOS) -Muy bien.

Lo que hemos visto hoy en el programa es espectacular.

Y, a veces, también da la sensación...

No sé si exageramos un poco con el MIT,

porque gente buena hay en todos lados,

pero la concentración... O sea, ¿no es un mito?

¿Esto está rodeado de excelencia científica por todos lados?

¿Es así o exageramos? -Yo creo que, en general, sí.

Hay muchos recursos, y eso se nota en los proyectos.

-Sí. -No sé.

-Yo creo que todo el mundo que está aquí

de alguna manera es excelente en algo,

destaca en algo.

-Yo creo que no es que aquí haya más que en otra parte,

pero sí es cierto que en MIT, cuando tienes el estatus de MIT,

los recursos de MIT, la financiación de MIT,

te puedes permitir ciertas cosas que en otros sitios no puedes.

Aquí hay proyectos que son totalmente locos.

Y se los pueden permitir porque si no funcionan,

no pasa nada, merecía la pena intentarlo.

Pero si funcionan, te llevan al siguiente nivel.

Y eso pasa continuamente. -Puedes arriesgar más.

-En otras instituciones no te la puedes jugar.

Debes ir a proyectos con una mayor seguridad de éxito.

Entonces, es el ecosistema. Claro, unas mentes brillantes,

pero es el ecosistema el que hace que todo esto florezca.

-Hay muchas oportunidades para estudiantes.

Cualquiera que tenga una idea, puede pedir financiación,

y normalmente la dan, empiezan con 2.000 o 5.000 dólares.

Son estudiantes de distintos ámbitos o tú, como persona,

puedes también ir y decir: "Esta es mi idea",

y si la valoran positivamente, te dan dinero para ponerla en marcha,

para hacer un prototipo.

-Hay una tercera pata, la filosofía.

Es un poco lo que hablábamos.

Por ejemplo, Joi Ito en el Media Lab tiene los nueve principios.

Uno de ellos es "Es mejor pedir perdón que pedir permiso".

Ya te está diciendo que te saltes un poco las reglas.

En el MIT no hay una idea mala.

Aquí es: "Vale, ¿cuál es el siguiente paso?".

¿Sabes? No juzgan tu idea.

-La siguiente pregunta es: "¿Cómo lo harías?".

-Es como dice la definición perfecta de los estudiantes del MIT:

gente muy creativa,

con total libertad de hacer lo que quieran

e infinidad de recursos económicos para llevarlo a cabo.

Todo esto en un único día.

Lo que hemos visto no es solo el MIT,

es los valores de la ciencia y el darnos cuenta

de que son la ciencia y la tecnología

lo que está construyendo el futuro.

Espero les haya inspirado y también hecho reflexionar.

  • El rincón más interesante del planeta

El cazador de cerebros - El rincón más interesante del planeta

03 oct 2017

¿Cuál sería la meca de los científicos? Viajamos a uno de los lugares con más ideas e innovación por metro cuadrado. Veremos una manera de entender la ciencia, vinculada a la economía, a la creatividad y a la sociedad.

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