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Para todos los públicos El cazador de cerebros - Felicidad urbana - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Vivimos en un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso.

Nuestras vidas son cada vez más urbanas,

más digitales y más estimulantes, pero ¿somos más felices?

Hoy estaremos en Nueva York

y en San Francisco para conocer a tres cerebros

que están investigando, cada uno a su manera,

los factores que condicionan nuestra felicidad

o, mejor dicho, satisfacción o bienestar.

En 1900, el 70% de la población de EE. UU. y Europa

vivía en áreas rurales.

A medida que esta tendencia se invertía,

apareció un interesante debate.

Varios estudios observaron que, en condiciones similares,

la gente era más feliz en ciudades pequeñas y pueblos

que en las grandes urbes.

Pero también concluyeron algo clave cuando se habla de felicidad:

depende.

La salud o la amistad son factores claramente asociados a la felicidad,

y el crimen o la pobreza, al malestar.

Pero otros como vivir en una ciudad grande o pequeña,

estar casado o soltero, son relativos.

Depende de la ciudad y de la pareja, de la personalidad,

de circunstancias individuales e, importante, de la actitud.

Hola.

¿Qué tal? ¿Qué tal?

Bien. Bienvenido al programa. Encantado. Gracias por invitarme.

Soy Luis Rojas Marcos

y aquí estoy, en Nueva York.

Tengo la suerte de vivir en esta ciudad diversa,

con mucho ritmo, y también la suerte

de poder ir a mi tierra cada vez que puedo.

Profesor Rojas Marcos, usted fue director

de los servicios psiquiátricos de una ciudad tan loca

como Nueva York.

O sea, ¿esta vida urbana nos pasa factura o...?

La idea de que las ciudades crean problemas no es real.

La diversidad, el ritmo de la ciudad y las oportunidades

son una fuente tremenda de satisfacción en la vida.

¿Igual está un poco sobrevalorada la tranquilidad?

Yo creo que sí.

Cuando uno pregunta a personas que viven en esa tranquilidad,

la mayoría te dice: "Sí, está bien, pero...".

¿Faltan estímulos?

Faltan estímulos y faltan situaciones

donde yo pueda aplicar mis energías, mi creatividad.

Dicen que para el bienestar y la felicidad

se tiene que meditar, se tiene que estar con la familia,

y en estas ciudades no hay tiempo.

¿Cómo podemos ser felices en un entorno tan estresante?

Bueno, no es estresante las 24 horas del día.

Vamos a casa, dormimos, miramos la tele,

hablamos con amigos,

nos relacionamos con nuestras familias...

Pero ahora estamos viviendo otro cambio,

de la vida analógica a la vida digital,

y está pasando ahora mismo.

¿Hay datos que nos digan si somos más felices o menos?

La tecnología, el mundo digital, es muy útil.

¿Contribuye a la felicidad?

Bueno, depende de cómo la persona la use.

Indudablemente, contribuye a una mejor comunicación,

contribuye a aprender más y más rápidamente,

contribuye a estar unidos a un mundo más global.

Es un instrumento más.

El 11 de septiembre de 2001 es una fecha marcada a fuego

en la memoria de cada neoyorquino,

especialmente en la de Luis Rojas Marcos,

que, además de tener la enorme responsabilidad

de ser entonces el presidente del sistema de hospitales públicos,

fue testigo directo del horror.

(HABLA EN INGLÉS)

Televisión en inglés

La Zona Cero, donde estaban las Torres Gemelas,

y usted estaba muy cerca el día que cayeron, ¿no?

Tuve la suerte de salvar la vida, por poco,

porque mi teléfono no funcionaba y alguien me ayudó

a que entrara en este edificio y, cuando cayó la torre,

pues me libré.

Fue un impacto muy significativo.

O sea, usted estaba al lado de la torre

y se apartó porque no le funcionaba el teléfono

justo antes de que cayera.

Efectivamente. Las torres estaban ardiendo

y yo estaba con un grupo de policías y bomberos

que habían montado un centro aquí en la calle esta

de enfrente de las torres.

Yo intentaba llamar al jefe de uno de los hospitales públicos

que yo dirigía entonces y mi teléfono móvil

no me funcionaba.

Entonces un ángel sin nombre ni rostro

me invitó a que entrara en el edificio

para poder tener acceso a un teléfono fijo,

y mientras yo hablaba por teléfono, fue cuando cae la primera torre,

que, de hecho, pues cae sobre...

el grupo de policías y de bomberos

con el que yo había estado minutos antes

y todos mueren. Guau.

Eso debió de ser traumático para los familiares,

para usted que lo vivió... Sí.

Y usted, una de las funciones que tuvo es

ayudar a los familiares, a las personas,

a sobrevivir este trauma.

Ya no solo este, sino personas que han vivido

otros tipos de trauma en sus vidas.

¿Queda marcado de alguna forma neurológicamente en el cerebro?

Sin duda. Traumas de esta magnitud

marcan los circuitos cerebrales, sobre todo aquellos

que influencian la memoria y el estado de ánimo.

El impacto mayor fue en las neuronas, justamente,

que regulan el impacto del trauma.

Por eso el servicio más importante que se prestó a los supervivientes

fue de salud mental, para evitar que ese trauma

pudiese enquistarse en la persona y pudiese afectarle.

¿De qué depende que algunas personas lo superen más rápido y otras menos?

¿Es de lo marcado que ha quedado en el cerebro,

es de unas terapias "versus" otras? O sea...

En primer lugar, sabemos, y esto se corroboró aquel día,

que las personas que sufrían

o sufrieron traumas antes del 11-S,

tenían más dificultad de superar el trauma del 11-S.

Quiero decir con esto que el ser humano tiene un límite

en el número de traumas que puede soportar.

Y en segundo lugar, también influye mucho

que tengan unos servicios...

inmediatos, que puedan hablar.

Hablar es el mejor mecanismo para superar un trauma.

Hablar.

Esto es muy interesante, porque no nos apetece nada.

Cuando estamos en una situación,

sea traumática o simplemente negativa,

la tendencia que tenemos es a aislarnos

y decir: "Bueno, ya más adelante hablaré."

No, por lo que dice, para superarlo

es mejor actuar rápido.

Actuar rápido, y con los niños también, ¿no?

Al niño: "Cuéntame qué viste".

Porque había niños que lo habían visto en la televisión.

Directamente.

Lo mejor es preguntarles qué han visto

por las preguntas que puedan tener.

Qué lugar más icónico.

Con la Estatua de la Libertad al fondo, los turistas,

los edificios, la gente corriendo...

Entonces, la felicidad depende más de nosotros mismos

que de las circunstancias, ¿no? Absolutamente.

Depende más de nosotros mismos.

Y cuando estudiamos la felicidad no le llamamos "felicidad".

Es una palabra cargada de simbolismos.

Hablamos de satisfacción con la vida en general.

Entonces, si yo te pregunto: ¿Del 0 al 10...?

Porque no tenemos un aparato para medirlo.

¿...cuál es tu nivel de satisfacción con la vida en general?

La mayoría se da un 7, un 8...

Curiosamente, si yo le hago la siguiente pregunta:

¿Y qué satisfacción con la vida en general

le das al mundo, a los demás?

Mucho menos.

¿Por qué? Porque el cerebro humano está programado

para hacernos sentir satisfacción con la vida en general.

Es decir, el cerebro humano está programado para ser optimista.

Un poco para autoengañarnos también. No, no.

Es que yo no estoy de acuerdo en la conexión...

Ah, OK. ...optimismo y autoengaño.

Yo prefiero a un piloto optimista cuando viajo en avión.

Cierto. ¿Verdad? ¿Por qué?

Porque el piloto va a decir: "Un motor no funciona,

pero yo voy a hacer todo lo posible para que funcione

y lo voy a conseguir y lo voy a tratar".

El optimismo no es ignorancia, no es impulsividad.

No, no. El optimismo es eso.

Es pensar que esto lo pude resolver en el pasado

y lo voy a resolver ahora y tener esperanza.

Según el informe mundial de felicidad de la ONU de 2017,

Noruega, Dinamarca e Islandia son los países más felices

y los africanos, los más infelices.

España cayó al puesto 34 por la crisis.

En cuanto a factores individuales, una encuesta de la OECD

vio que los principales factores de felicidad en África y Asia

son economía y salud; en América Latina, la educación,

y en EE. UU. y varios países europeos,

el amor.

Curiosamente, en España, las relaciones de pareja

ocupan un lejano cuarto lugar tras salud,

educación y satisfacción laboral.

Ahora tengo una cita con una mujer

que es quizás la que más ha investigado el amor,

su relación con el bienestar y cómo esto está cambiando, o no,

nuestras relaciones.

Me llamo Helen Fisher y estudio el amor.

Me preguntan muchas veces por qué lo estudio

y me gustaría tener una respuesta sexi a eso,

pero el caso es que tengo una gemela idéntica

y hace un tiempo me di cuenta de que todos tenemos en común

lo que compartimos mi hermana y yo: el amor.

La gente vive por amor, sufre por amor,

tiene esperanzas por amor, mata por amor, muere por amor.

El mundo rebosa de esta emoción humana tan básica y potente.

Gracias.

¡Hola, Helen! Hola. ¿Qué tal estás?

Muy bien.

Nos conocimos hace dos años aquí. ¿Te acuerdas?

Claro. Investigabas las citas por Internet.

Sí, lo hacía y sigo haciéndolo. Fascinante.

Supongo que ahora investigas "apps" como Tinder.

Sí, soy la asesora científica principal de match.com,

y el grupo Match tiene la propiedad de Tinder, de OKCupid

y de varias páginas más, creo que más de 25 distintas.

¿Qué has descubierto?

¿Están cambiando estas páginas o "apps" el amor

o nuestra manera de entablar relaciones?

Muchos creen que han cambiado el amor drásticamente,

pero el amor no puede cambiarse.

Lo que cambia es el cortejo.

Yo estudio con escáneres cerebrales el circuito cerebral

del amor romántico,

y las regiones cerebrales que entran en juego

están por debajo de la corteza donde tiene lugar el razonamiento

y del sistema límbico asociado con las emociones.

Están en regiones cerebrales relacionadas con los impulsos,

los deseos, la atención, la motivación...

Justo al lado de las regiones de la sed y el hambre.

Las rutas cerebrales del amor romántico jamás morirán.

Evolucionaron hace cuatro millones de años

y seguirán con nosotros dentro de cuatro millones de años.

Pero el cortejo sí que está cambiando muchísimo.

Interesante.

¿Quizás tenemos demasiadas expectativas ahora?

Demasiadas alternativas, demasiadas posibilidades.

Si nos remontáramos 500.000 años en el pasado,

o un millón de años,

una chica podría ver a un chico atractivo

al otro lado de un arroyo y pensar que era guapo.

Y luego conocer a otro.

Podía tener tres opciones a lo largo de su juventud.

No tres mil opciones. Claro.

(RÍE) El cerebro no puede con eso, ni cuando se trata del amor.

Ni siquiera en el supermercado, cuando tenemos demasiadas opciones.

El cerebro se satura. Nos enamoramos muy a menudo.

Más que las mujeres. ¿Sí?

Los hombres se enamoran más rápido que las mujeres,

y también con más frecuencia. Somos más románticos.

Sí, sois más románticos. Lo sois.

¿En serio? Llevo intentando convencer

a las revistas de mujeres de eso desde hace 30 años,

porque se empeñan en creer que las mujeres son más románticas,

y las mujeres lo verbalizan más, pero los hombres son más románticos.

Cuando se rompe una relación, los hombres son más propensos

a suicidarse por amor que las mujeres.

Helen, has estudiado el amor romántico

en parejas que llevan décadas juntas.

Sí. ¿Qué ocurre en su cerebro?

¿Está de algún modo relacionado con la felicidad?

Hemos detectado cosas que nos permiten entender la felicidad.

Lo hemos visto en dos estudios: uno en China

y otro con personas felices a largo plazo.

Hay tres regiones cerebrales que se activan al estar enamorado.

Y hablo de estar enamorado, no de querer,

sino de estar enamorado a largo plazo.

Una región cerebral vinculada con la empatía,

una relacionada con el control del estrés

y las emocionas propias

y otra conectada con lo que denomino "ilusiones positivas",

es decir, la capacidad de pasar por alto

lo que no nos gusta de alguien y centrarnos en lo que sí nos gusta.

Pues bien, se activa la región de la empatía

y también la que controla el estrés y las emociones propias.

En cambio, en la región de las ilusiones positivas,

hay menos actividad,

porque es una región relacionada con la negatividad.

Somos animales que recuerdan lo negativo,

y la actividad en esta zona disminuye,

lo que permite ignorar lo negativo y centrarse en lo que nos gusta.

¿Y hay estudios que comparen la felicidad

de las parejas convencionales y la de las parejas

con una relación abierta?

La diferencia entre el poliamor de ahora

y el adulterio del pasado es que los poliamorosos

quieren ser transparentes. Exacto.

Y esto es difícil. Imagino.

Porque somos animales celosos, no se nos da bien compartir.

Ajá. Yo los admiro, yo no podría.

No quiero compartir, ¿sabes? Claro.

Pero algunos de ellos lo que no te dicen...

Les encanta mi trabajo porque sostengo

que cuando quieres a alguien hay tres sistemas cerebrales

que entran en juego: el deseo de sexo,

el sentimiento de amor romántico y la sensación de apego profundo.

Y dicen: "Puedo sentir un apego profundo por esta persona

y esta otra también,

y tener romances y sexo por otro lado".

E intentan ser sinceros con eso, pero es difícil.

Es duro.

Y lo que no te dicen, aunque ahora empiezan a admitirlo,

es que puede que tengan otras relaciones,

pero luego se pasan horas hablando de cómo se sienten,

de cómo van a encararlo.

Intelectualmente, saben que quieren darle a su pareja

las prerrogativas que quieren para ellos mismos,

pero el cerebro no está bien preparado para eso.

Está configurado para el adulterio, pero no para la transparencia.

Acabo de hacer un estudio con 5.000 estadounidenses

y al 86%...

Perdona, no, al 68% de los solteros les parece bien el poliamor.

No tienen ningún problema con eso,

pero solamente el 6% lo practica abiertamente.

Y no creo que vaya a aumentar, es demasiado complicado.

Y de Nueva York volamos hasta San Francisco

para conocer a los profesores del curso

"La ciencia de la felicidad" en la Universidad de Berkeley.

Pero antes de los datos objetivos...

(HABLA EN INGLÉS)

Desde Platón hasta Kant, la filosofía se ha preguntado

si la sabiduría nos hace más o menos felices.

O la religión. O el placer hedonista.

Si algunas personas son intrínsecamente más felices

o si es positivo o no buscar la felicidad.

Ahora la ciencia intenta aportar su metodología experimental

a este amplio debate.

Me llamo Emiliana y la última vez que fui muy feliz

fue anteayer porque estaba jugando a softball.

Le di muy fuerte a la pelota, corrí hasta la segunda base

y contribuí a que mi equipo ganara el partido.

¿Qué es exactamente el "mindfulness"?

Hay varias definiciones distintas, pero la más habitual

es que es una manera de ser consciente del momento presente

y prestar atención de una forma que no juzgue ni categorice.

Simplemente acepta el momento

tal y como es ahora mismo.

Eres psicóloga cognitiva y trabajas en un centro

que estudia la ciencia de la felicidad.

Sí.

¿Habéis corroborado la hipótesis de que el "mindfulness",

la práctica de la atención consciente,

hace sentir mejor a las personas incluso más felices?

Sí, hay publicaciones de mucho peso sobre "mindfulness" y bienestar

a cargo de muchos científicos. Y el principal descubrimiento es

que cuando alguien mejora la práctica de atención consciente

o adopta una manera de vivir más acorde con eso,

suele tener menos ansiedad ante las experiencias difíciles

de la vida.

Todos experimentamos dificultades.

Nos pasarán cosas que nos harán sentirnos muy tristes.

Presenciaremos algo injusto que nos llenará de enfado.

Son sentimientos importantes.

Se vuelven un problema cuando duran demasiado

o nos sobrepasan y abruman. (ASIENTE)

El "mindfulness" es una manera de tener sentimientos,

pero recuperarse airosamente y de una forma adaptativa

para que nos guíen al resolver los problemas que se nos presentan

o recuperarnos de las dificultades a las que nos enfrentamos.

¿Y se trata de algo absoluto o relativo?

Me refiero a que en el campo de la psicología

algunas cosas son relativas.

Casarse puede hacer felices a unas personas y no a otras.

En cambio, otras cosas son absolutas.

¿Cuáles son los absolutos de la felicidad y de la infelicidad?

Cuando estudiamos los datos una y otra vez

para intentar entender quién encaja en la categoría

de persona muy feliz,

el principal factor que siempre aparece

y que distingue a ese tipo de personas del resto

es que tienen una intensa sensación de apoyo social.

Se sienten conectados con alguien, ¿de acuerdo?

Sienten una sensación de conexión profunda.

Esas personas suelen ser más generosas y amables

y tienen una sensación de pertenencia y utilidad

en la comunidad.

Es la cualidad de la vida humana que se ha vinculado

de un modo más sistemático con la felicidad.

Y creo que es universal.

Creo que nuestro sistema nervioso está configurado así.

Estamos más conectados que nunca.

Redes sociales, herramientas de la era digital...

¿Nos hacen más felices?

Pues depende de cómo se usen.

Si se usan para reforzar y potenciar las relaciones valiosas,

pueden ser beneficiosas.

Si se usan para... Sustituir.

...sustituir dichas relaciones, o incluso para expresar hostilidad,

para buscar la reacción de los demás porque uno no encuentra

la atención que necesita en la vida real,

entonces pueden ser muy nocivas.

¿Y qué nos hace infelices, el estrés, por ejemplo?

Yo siento cierto estrés, pero el otro día leí

sobre el término "euestrés", o algo así,

el estrés positivo. ¿Existe?

Sí, desde luego.

Los seres humanos hemos evolucionado con mecanismos para estresarnos

de un modo adaptativo.

Hay momentos en los que conviene...

Imagina que fueras un deportista de élite, ¿vale?

No lo soy. Bueno, imagínalo por un momento.

Imagina que estuvieras a punto de correr una carrera.

Sentirías mucho estrés, pero ese estrés

te prepararía para hacer algo que significa mucho para ti

y que te importa.

Ese tipo de estrés es adaptativo e importante.

Te ayuda a solucionar un problema o a conseguir un objetivo conductual.

El estrés que interfiere en el bienestar

es el que no está relacionado con nada de lo que pasa ahora.

Muchas veces divagamos pensando en el pasado o en el futuro.

Nos planteamos con preocupación y ansiedad

todo lo que puede ir mal más adelante.

O nos preocupamos por algo malo que nos ha ocurrido antes.

Y el cuerpo no sabe detectar la diferencia.

Ya.

El cuerpo cree que el estrés sobre el pasado o el futuro

no es distinto del estrés sobre algo que nos está ocurriendo ahora.

Y cuando pasamos mucho tiempo agobiados por el pasado o el futuro,

con ansiedad,

ese estrés sí que supone un problema para nuestra salud y bienestar.

Mi exjefe, Eduard Punset, escribió un libro

sobre ciencia y felicidad,

y él dice que la felicidad es la ausencia de miedo.

Ajá. ¿Estás de acuerdo?

Bueno, yo en general creo que todas las emociones que sentimos

son importantes.

Nunca propugnaría la idea de eliminar ninguna de ellas.

Ahora bien, cualquier emoción que dure demasiado

o sea demasiado intensa, puede convertirse en un problema.

Si tienes miedo sobre algo que en realidad

no supone ninguna amenaza, tienes un problema.

Si sientes demasiada alegría, si crees que todo va bien

cuando en realidad deberías tener miedo,

lo que tienes es manía, ¿sabes?

Así que las emociones exageradas o extremas,

o las que se expresan en el contexto equivocado,

no son sanas.

Pero expresar miedo cuando algo nos asusta,

es muy importante.

Solo hay que evitar vivir con miedo durante un período de tiempo

demasiado largo,

cuando lo que tanto temíamos ya no es una amenaza.

No atascarse en las emociones. Exacto. Eso es.

Y el "mindfulness" puede ayudarnos mucho a lograrlo.

Porque a menudo en la práctica de "mindfulness",

te percatas de que lo que te preocupa ya no está ahí.

Y que estás pensando en algo que te ha pasado,

o que puede pasar luego,

pero ahora mismo no hay nada que temer.

¿Habéis hecho algún descubrimiento contraintuitivo?

Me refiero a que todos sabemos lo que nos hace más o menos felices.

Pero ¿hay algo con lo que digáis:

"No, los datos demuestran que no es así"?

Es una pregunta muy buena, y tiene que ver

con lo que decíamos antes sobre el miedo

y la importancia de sentir un abanico completo

de experiencias emocionales.

La felicidad no significa sentir alegría en todo momento

durante todo el día.

Eso no conduce a la verdadera felicidad.

La felicidad implica ponernos contentos con facilidad,

sentir alegría cuando nos ocurren cosas buenas,

pero también experimentar tristeza de una forma profunda y real

si nos pasan cosas tristes.

Y estar dispuestos a expresar la tristeza en el rostro

para que los demás puedan darnos apoyo.

Porque esa conexión, esa sensación de apoyo,

es mucho más importante para la felicidad

que la sensación burbujeante de placer que sentimos

cuando nos pasa algo muy agradable.

La ciencia no es una disciplina, es un método,

un método basado en analizar de manera objetiva unos datos

y comprobar si nuestras ideas, nuestras hipótesis,

son ciertas o no.

Y, como método, sirve para estudiar fenómenos complejos,

como la historia, el amor o la felicidad.

Obviamente, no nos da los resultados tan exactos,

son mucho más relativos que los que estudia la física

o la bioquímica.

Pero sí nos da un conocimiento fiable,

un conocimiento que si lo usamos bien,

y relacionado con el resto de conocimientos que tenemos,

nos puede servir para tener vidas más sanas,

más cultas, más lucrativas, o incluso más felices.

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El cazador de cerebros - Felicidad urbana

26 sep 2017

¿Somos más felices en el campo o en las ciudades? ¿La masificación y las nuevas tecnologías nos ayudan a ser más felices?. Hablamos en Nueva York con el psiquiatra español Luis Rojas Marcos, encargado de velar por la salud mental de los neoyorquinos tras el atentado del 11-S.

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