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Para todos los públicos El cazador de cerebros - Curarse en salud - ver ahora
Transcripción completa

Cuanta más información tengamos sobre nuestro

estado de salud particular,

riesgos específicos a los que estamos expuestos,

más podremos hacer una prevención, incluso personalizada.

Pero nuestro cerebro de hoy, ya verán qué cerebro,

dice que esto de la información no es suficiente,

porque en realidad no le hacemos ni puñetero caso.

La clave está en la educación.

Pero ¿se puede hacer ciencia para saber

cuál es la manera de educar que tenga el mayor impacto posible

y que logre instaurar de verdad unos hábitos de vida saludables?

Valentín Fuster es uno de los cardiólogos

más reputados del planeta.

Su trabajo en prevención de infartos le hizo merecedor,

entre otros premios internacionales, del Premio Príncipe de Asturias.

Y, bueno, de todos los cerebros con los que he conversado,

es el único que tiene un personaje de "Barrio Sésamo".

Hablaremos con él sobre el futuro de la salud

en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares

de Madrid, del que es director general,

y también aquí, en el prestigioso Mount Sinaí de Nueva York,

donde el doctor Fuster es jefe médico

y director del Instituto Cardiovascular.

Soy el doctor Valentín Fuster.

Lo primero que les diré a ustedes: "How can I help you?".

"¿Cómo les puedo ayudar?".

Todos los proyectos en los que mi equipo está involucrado

en estos momentos

tienen una misión social,

pero basada científicamente en datos muy precisos.

Tiene más de 1.200 artículos científicos publicados,

sobre todo en enfermedad cardiovascular,

pero últimamente dice: "Aparte de la enfermedad,

también quiero investigar la salud, cómo promover la salud".

Nos hemos dado cuenta de que es carísimo

tratar la enfermedad.

Lo que tendríamos que hacer es conocer cuáles son los mecanismos

por los que la persona tiene salud,

y entonces empezar a prevenir la enfermedad

y a promover la salud, que es económicamente más ventajoso.

Creo que en el programa de "Barrio Sésamo",

usted contribuyó a que el Monstruo de las Galletas

comiera menos galletas.

Contribuimos varios.

Uno empieza con una cosa que parece trivial, pequeña,

como es decirle al Cookie Monster que puede tomar galletas

un día a la semana.

Pues aquello yo creo que fue el incentivo

o, básicamente, fue la causa para que entonces "Sesame"

se empezara a mover.

Nosotros, naturalmente, hemos intervenido muchísimo

en este tema de salud.

Creo apasionadamente que los niños son la base del futuro.

El compromiso del doctor Fuster con la educación infantil es tal,

que en 2015 comenzó en varias escuelas de Nueva York,

como esta, en el humilde barrio de Harlem,

un proyecto llamado "Familia".

Bien, aquí tenemos el arcoíris del sabor.

Es educativo, pero también científico.

pues pretende medir y cuantificar qué impacto tiene

dar información de salud temprana en los hábitos futuros

de padres y alumnos.

-Naranja. (NIÑOS) -¡Naranja!

-Vale.

En el comedor del colegio, estos niños y niñas

siguen una dieta muy diferente de la que tienen fuera.

El proyecto "Familia" llegó a nosotros hace un par de años.

El doctor Fuster vino aquí

y le encantó el trabajo nuestro y nuestra misión,

que era promover un futuro mejor donde hubiera una mejor salud

en la comunidad.

Tenemos aproximadamente sobre 100 familias

que participan en el programa.

¿Y ha notado ya cambios tanto en los niños

como en sus padres?

Pues mira, fíjate que sí.

Yo te diría que hay un % significativo

que ha sido impactado por este proyecto.

Y ha habido unas cuantas familias que han encontrado

particulares condiciones. Ah.

Así que, gracias a familias, al proyecto,

se han podido nutrir y entender más

cómo es su condición de salud. Claro.

-Fresa. -Fresa.

Porque el entorno aquí, en EE. UU., no ayuda, ¿no?

No, no ayuda.

Además, esta es una comunidad, East Harlem,

que tiene muchos problemas de salud.

Tiene alta incidencia en asma, tiene alta incidencia en obesidad,

tiene alta incidencia en diabetes,

tiene alta incidencia en presión alta,

o sea, que puedes entender más aún cómo un programa como este

puede ayudar a crear consciencia, a corregir hábitos cotidianos,

que lo que hace es contribuir a que si tú no los corriges,

continúas teniendo el problema de salud.

Se habla mucho de la comida basura en EE. UU.

y que es barata comparada con la sana.

Bueno, eso es un mito.

En esta escuelita, nosotros hemos comprobado

que eso es un mito porque nosotros, desde el año 2000,

hemos estado cambiando los hábitos de comida

de nuestras familias.

De comer chatarra a comida ya precocinada,

ahora servimos una comida que es totalmente

granos integrales, vegetales, frutas...

Y nosotros no hemos incurrido en un centavo más.

Hemos escuchado muchas veces que tenemos que comer sano,

hacer ejercicio...

¿Diría que en poblaciones con las que usted trabaja

también lo han escuchado, pero no hacen caso,

o es que realmente no han tenido esta información?

Nosotros servimos a la población más pobre de los pobres.

Es una población que tiene muchos retos en su vida cotidiana

El grado de educación es muy bajo, educación formal,

así que a medida que tú tienes un grado de educación más bajo,

menos información tienes de por qué es importante

mantenerte saludable.

Es un factor que influye.

Nosotros les damos aquí lo que se llama "el plato".

Hace unas divisiones de cuáles son las porciones cotidianas

que tú debes de comer.

No solo las familias, los niños también.

Nuestra meta es que los niños pasen a ser

los maestros de sus padres. (RÍE)

Hola, mi nombre es Dulce, tengo un hijo aquí, en la escuela,

que, al igual que yo, participa en el proyecto Familia.

Cuando entró él aquí, no sé si era verdad,

pero él decía que comía mucho brócoli y que comía naranjas.

Tengo un niño de cinco años

y participamos en el proyecto Familia.

Lo que ellos aprenden es a comer más saludablemente.

Mi hijo ha aprendido mucho sobre lo que es estar obeso.

En vez de pedirme: "Quiero un dulce", me dice: "Comeré una banana".

Cuando tomamos soda, nos dice: "Mami, la soda no es buena.

Tiene mucho azúcar".

En el proyecto, bajé un poco de peso.

Aprendí a comer más saludable.

Aprendí a relajarme, porque te ayuda

no solo en lo saludable, sino a cuidar tu cuerpo, tu mente.

-Inhala. Por la nariz.

Y exhala por la boca.

-Tanto mi esposo como mi familia, mis padres,

tienen diabetes.

Básicamente, nosotros hemos aprendido a cómo balancear

la buena alimentación y el ejercicio.

Practicamos deportes o salimos al aire libre.

Aunque sea en el frío, nos abrigamos bien y salimos afuera,

porque ya tenemos eso inculcado en nosotros.

El proyecto no es solo un proyecto de promover la salud,

es un proyecto de investigación que quiere comparar

si esas intervenciones a edad temprana

tienen un efecto continuo en la salud.

En la edad de 3 a 6 años, es la ventana de la oportunidad,

porque nuestra conducta como adultos, tiene mucho que ver

con lo que hemos vivido a esa edad.

Piensa en tú mismo,

cómo eres ahora y qué viviste en aquella edad.

Verás como hay una relación que es importante.

Es un proyecto científico como cualquier otro.

En cáncer, en infarto de miocardio, en alzhéimer, es lo mismo.

Es un proyecto que ve cómo estos niños,

que los vamos a seguir, están en la edad de 20 años.

Tenemos un seguimiento de 10 años muy positivo.

Entonces, vamos a 20 años y vamos a ver qué hemos logrado.

Lo que intentamos es que el niño se dé cuenta

que la salud es una prioridad.

Una vez el niño capta esto, nosotros creemos

que, cuando llegue a adulto, esto será una prioridad en su vida.

Es específicamente cómo te puedo contestar a tu pregunta.

Claro.

¿Usted se cuida? No.

¿No? ¿No le preocupa su salud?

Mmm... Sí, pero... Sí, pero no.

Sí, pero no. Directamente.

¿Cuándo fue la última vez que fue al médico?

Hará 14 años. ¿Cuánto?

14. ¿14 años?

Fumar es malo. Ya.

(RÍE) ¿Y te da igual?

Hombre, a ver, no me da igual, pero no sé.

Hola. ¿Cómo está? Buenos días.

Buenos días. ¿Se encuentra bien?

Me encuentro estupendamente. ¿Y qué le dice el médico?

El médico, que ande mucho, cosa que ando poco,

y que coma cosas que no engorden mucho.

¿Y le hace caso? No.

No sé, porque me apetece aquello y digo:

"Para lo que voy a estar en este mundo,

voy a darme el gustazo de comer lo que quiera".

Ya, pero, mujer, no... No me obligues, ¿eh?

Pero ¿cree que el médico tiene razón?

Claro, ya lo creo. El médico siempre tiene razón.

Sí. Pero para ellos no se lo aplican.

(RÍE)

Yo no sé mi presión sanguínea.

Me la habré mirado hace dos años de manera puntual

y me da un valor.

¿Usted cree que dentro de un tiempo tendremos aparatos

que irán midiendo de manera más precisa?

El problema...

Toquemos el problema de la presión arterial.

El 50% de la población que tiene la presión alta no lo sabe.

Claro. Y si lo sabe, no se trata.

Y uno de los temas que se nos ha planteado es

si no tendríamos que obligar a la gente

a que la presión arterial se tome una vez al año

y esté registrado. Ajá.

Los adultos necesitamos obligaciones.

Tú ahora sales a la calle y me dices:

"Bueno, es que la democracia, es que tenemos que tener libertad".

Sal a la calle y saca los semáforos. Todo el mundo tiene libertad.

El problema está en que no habrá una circulación

si no hay semáforo verde, amarillo y rojo.

En la sociedad que vivimos es exactamente lo mismo.

Queremos que no lo sea.

No queremos, pero este es el gran problema.

Queremos hacer todo lo que nos da la gana.

¿Tú sabes, desde el punto de vista ético,

el coste que significa el que la presión arterial

del 50% no lo sepa o se trate mal?

Es la causa de mortalidad número uno en el mundo:

la hipertensión arterial.

¿No sería fundamental el obligar a tomarse la presión arterial

y actuar apropiadamente?

Lo que estoy diciendo es que lo que es

que la medida personificada de la que hoy se habla tanto

está muy bien cuando se ha elaborado

algo más que no está elaborado.

Y es nuestra conducta en la sociedad de consumo.

Debemos asumir responsabilidad sobre nuestra salud,

y en breve no habrá excusa,

porque tendremos dispositivos personalizados que medirán

y nos informarán de nuestro estado físico

en cada momento.

Viajamos a California para conocer a un genetista muy particular.

Hola, me llamo Michael Snyder.

Dirijo el Departamento de Genética de Stanford

y el Centro de Genómica y Medicina Personalizada.

Me han tomado muchísimas muestras, tanto de sangre como de otro tipo.

Las hemos ido recogiendo.

Y, últimamente, también he llevado varios dispositivos

para medir todo tipo de parámetros: la frecuencia cardíaca,

la temperatura de la piel, el estrés...

Con estos relojes inteligentes, me mido la frecuencia cardíaca

y otros parámetros de actividad.

Aquí está el monitor de radiación, que calcula la radiación

a la que estoy expuesto.

También tengo un monitor que mide muchas partículas en el aire.

Por último, llevo un pulsioxímetro,

que calcula la concentración de oxígeno en sangre.

Mira, si pongo el dedo aquí, ya verás lo que sucede.

Mi oxígeno en sangre es del 98% y mi frecuencia cardíaca, de 95,

porque acabo de ir en bicicleta.

¿Y eso es parte de un estudio? Eso mismo. Sí.

Intentamos definir qué significa estar sano,

comprender cuáles son los estados iniciales

que podemos definir como sanos y qué ocurre cuando enfermamos.

Estos sensores te resultaron útiles porque descubriste

que tenías una infección incluso antes de presentar síntomas.

Exacto.

¿Y los demás participantes en el estudio

descubrieron algo que no supieran?

Sí. Uno de ellos descubrió que tenía un defecto cardíaco

del que no era consciente porque su ritmo cardíaco era anómalo.

¿Y crees que acabaremos llevando todos estos "wearables"

para controlar nuestra salud?

Sí, creo que en el futuro todo el mundo tendrá

por lo menos un reloj inteligente, tal vez más cosas,

pero un reloj inteligente seguro.

Nos dirá si nos estamos poniendo enfermos.

Pero quizá también nos permitirá detectar

posibles problemas cardíacos o un inicio de diabetes o artritis.

Todo eso será posible gracias a los "wearables".

Ahora esperamos a que las personas contraigan una enfermedad

En cambio, en el futuro, si todo va bien,

podremos predecir el riesgo de enfermedades,

a partir del ADN u otras cosas, y atajar las enfermedades

de forma prematura, antes de que el paciente las note,

para tratarlas mejor.

¿Y quién hará el diagnóstico? Pues tú. Lo harás tú.

O sea, no serán los médicos. No será el médico.

Pasará como con los coches. Ajá.

Tú coche tiene unos 400 sensores.

La mayoría de ellos no sabes ni qué son,

pero cuando el coche se calienta demasiado,

se enciende el indicador del motor en el salpicadero.

Así funcionará la salud en el futuro.

Si salta el aviso, irás al médico.

Probablemente de inmediato, si la luz es muy fuerte.

Esto es un gran cambio en el papel de los pacientes

y el de los médicos, ¿no?

No sé cómo va en España, pero en EE. UU.

las visitas al médico duran 15 minutos,

30 como máximo, cada dos años.

En 30 minutos, nadie puede conocerte demasiado bien.

Para mí, ahora los médicos son dictadores de servicios sanitarios.

Necesitamos que se conviertan en coordinadores.

¿Dónde más tendremos sensores de salud?

¿En el retrete? ¿En los espejos? ¿Dónde?

El inodoro será, sin duda, uno de los lugares

donde en el futuro puede haber un sensor,

porque nuestros microbios contienen información importante de la salud.

Podemos añadir sensores automáticos para medir, en primer lugar,

todos nuestros datos bioquímicos,

y luego detectar si hay patógenos u organismos inesperados.

Imagino que, por lo menos, en el caso del cáncer de colon,

se podrán medir estos parámetros mediante un sensor en el baño.

Tendremos sensores que irán comprobando constantemente

nuestro estado de salud, pero no doctores

a quienes consultarles a todas horas.

Eso implicará responsabilizarnos más de nuestra salud

y, para eso, necesitamos conocimiento.

Cambiará la relación y el papel que tienen el paciente,

el doctor y la inteligencia artificial.

Uno de los proyectos más ambiciosos del doctor Fuster y su equipo

es el estudio PESA,

llevado a cabo en España con más de 4.000 voluntarios

entre 40 y 54 años.

Su objetivo es muy claro:

encontrar maneras de detectar la enfermedad aterosclerótica,

que es la primera causa de muerte en el mundo,

antes de que cause síntomas.

Viendo, por ejemplo, el estado real de las paredes de las arterias,

los diagnósticos y tratamientos podrán ser mucho más tempranos,

precisos y, sobre todo, eficientes.

¿Qué hemos encontrado?

Y ahora está bien que estés sentado, porque, si no, caerías.

Lo que hemos encontrado es que, en hombres de 50 años,

el 75% ya tienen enfermedad aterosclerótica cardiovascular.

En mujeres de 50 años, el 50%.

Pero no en una región, las coronarias...

En tres, cuatro, cinco, seis regiones del organismo.

Esto es un tema educativo.

¿Lo has oído esto antes tú? No.

Pues te estoy educando. Este es el tema.

Lo que estamos haciendo es intentar saber

quién tiene enfermedad cuando no lo sabe

y entonces intentar cambiar los hábitos de vida,

cuando es muy difícil para los adultos.

Si fuera al CNIC,

¿me podrían analizar con ultrasonidos mis arterias

y ver si yo soy un preenfermo de corazón?

Absolutamente.

Si estás dispuesto, lo haremos.

Pues ya estamos en el CNIC.

Anteayer me hice análisis de sangre y tengo el colesterol alto.

No otros factores de riesgo, pero el colesterol sí está alto.

De todas maneras, lo trascendente es si este colesterol

está creando placas en el interior de mis arterias.

Vamos a verlo.

Pase por aquí.

Le dejo aquí la bata para que se la ponga

con la apertura hacia delante. Gracias.

Pase por aquí y se tumba en la camilla bocarriba.

¿Y es habitual que alguien tenga el colesterol alto,

pero no tenga placas,

tenga el colesterol bajo, pero sí tenga placas?

A nivel general, si cogiéramos todo un grupo de población,

sí que la gente que tiene el colesterol,

Lo que hemos visto en nuestros estudios

es que hasta un 25-30% de sujetos que tienen colesterol

no tienen placas, y también que hay otro 25-20%

de gente que no teniendo colesterol tiene placas.

Virginia te va a explorar las arterias

de diferentes territorios.

Las dos carótidas, las arterias del cuello,

y las dos femorales, las arterias que van a las piernas.

Porque si yo he empezado a tener enfermedad,

síntomas no noto, ¿no?

Los síntomas pueden aparecer muchos años después

de haber empezado a tener la enfermedad.

Con la enfermedad aterosclerótica se van acumulando

las placas de colesterol en las arterias

y puede estar varias décadas sin dar ningún síntoma.

Y un día, de repente una de estas placas se rompe

y, como la grasa no es soluble, se forma un coagulo enseguida

en la arteria y obstruye el flujo de sangre.

Sería como una tubería, la arteria.

Nosotros queremos ver la pared de la tubería,

si está más o menos gruesa.

Sonidos

Cada uno de estos sonidos es un latido

y, con cada latido, la sangre pasa por las arterias

O sea, que tengo el colesterol alto. Eso es. Colesterol alto.

O sea, si aquí salen placas, yo me preocupo.

Claro.

¿Ya tienes resultados?

-Sí, con esto ya tendríamos los resultados.

-Eso que ves entre el azul, la parte interna,

y lo rojo, la parte externa,

hay un punto en el cual se ve que está abultado,

que es donde está la plaquita.

Lo que me está diciendo eso es probabilidad

de un evento cardíaco en los próximos años.

Porque haciendo ejercicio y dieta sana,

¿las placas también van bajando?

Es una pregunta excelente.

La aterosclerosis puede ser bidireccional.

Puede degenerarse y puede regresar.

Nosotros hemos visto seguro que con tratamientos farmacológicos,

con estatinas,

las placas pueden incluso desaparecer.

-Listo. Entonces...

-Tienes una pequeñita placa en la carótida.

Es un "warning". Ahora es una pequeñita placa,

pero hay que evitar que esto vaya a más.

Hola. ¿Qué tal? ¿Qué tal? ¿Cómo estamos?

-Muy bien. Le ha hecho Virginia un 3D de la carótida.

-Tiene una pequeña placa. -¿Está mal?

-Bueno, una pequeñita placa.

-Tú tienes la placa. Como no te cuides pronto,

estás haciendo un error. Esto es lo que nosotros investigamos.

Estamos viendo que esto está...

Tal vez es más preciso que los factores de riesgo

como fórmula simplemente aquí.

Y esto es fácil entenderlo.

De 100 fumadores, a 50 les da un infarto.

Y a 50, no.

Pero aquí lo que vemos es cuál es el fumador

que está ya desarrollando la enfermedad

antes de que venga el infarto.

No juegas con estadística, juegas con la realidad.

Conocemos mucho más la ciencia de la enfermedad

que la ciencia de la salud. Ya.

Con lo cual estamos trabajando en los dos,

y aquí es donde se generan todos los proyectos

y las hipótesis de trabajo, etc.

Sí, aquí más para tratar la enfermedad.

No necesariamente. ¿Ah, no?

No necesariamente. Para conocer la enfermedad.

Aquí hacemos trabajos, por ejemplo, de tipo genético

para conocer los mecanismos que llevan a la enfermedad

y los mecanismos genéticos que prolongan la vida.

Esto se genera aquí.

Es decir, no necesariamente es el tratamiento.

Aquí, en el CNIC, los investigadores,

esos héroes del futuro, trabajan día a día

haciendo ciencia básica con un impacto directo

en nuestras vidas.

Un gran ejemplo, estudios recientes muestran que algunos infartos

en realidad no son infartos, sino una inflamación

del músculo cardíaco llamada "miocarditis",

que provoca los mismos síntomas, pero requiere otro tratamiento.

Y eso no se descubre hasta el quirófano.

Yo iba a ser zoóloga, me encantan los animales,

y, de repente,

entré a hacer unas prácticas a un laboratorio de inmunología

y me enamoré de la disciplina.

Me pareció alucinante y me quedé.

Pilar, aclárame esto de que entre un 15 y un 20%

de infartos en realidad no lo son.

Totalmente cierto y, además, poco conocido.

Realmente es un porcentaje muy alto. Claro.

Son pacientes sin obstrucción en las arterias coronarias

donde 1 de cada 10 son miocarditis.

Hoy en día no hay ninguna prueba diagnóstica

y por eso es tan difícil de cuantificar.

Y estas miocarditis tendrían unos síntomas idénticos al infarto,

pero estarían causadas por una reacción autoinmune

del propio cuerpo. Exactamente.

Todos los síntomas simulan un infarto agudo de miocardio,

y también a nivel de analíticas.

Las pruebas bioquímicas dicen que es un paciente de infarto.

Entonces, este paciente inmediatamente va a un cateterismo,

cuando en realidad no tiene nada que ver.

Un infarto de miocardio conlleva la obstrucción

de una arteria coronaria

y una miocarditis es la inflamación del músculo cardiaco.

El problema de estos pacientes es que, al no estar bien diagnosticados,

necesitan un tratamiento específico que a veces no es el que reciben.

Simplemente porque no hay un diagnóstico claro.

Claro, y aquí viene vuestro trabajo científico

e intentar buscar alguna señal molecular

que en sangre te pueda indicar que eso no es un infarto,

sino que es una miocarditis y, por tanto,

necesitas un tratamiento diferente. Sí, es importante.

La idea es no tener que llegar al corazón para hacer una prueba,

porque muchos de estos pacientes en media hora

tienes que hacerles un cateterismo, que no quieres que...

Si son infartos, se van a morir.

Lo que pretendemos ahora es poder detectar un marcador

que te diagnostique si es una miocarditis o no

en media hora,

y que lo encontremos en la sangre y que sea específico de miocarditis

y no de otras patologías.

Pero ¿habéis construido ya un sensor que los detecte

y esto está patentado, está en fase de utilización,

o cómo funciona?

Nosotros hemos colaborado con una empresa

que ha patentado un biosensor y hemos patentado un kit conjunto.

La idea es que se pueda llevar a cualquier sitio,

en una ambulancia, en un centro de salud de un pueblo,

en cualquier sitio, y que solo con una muestra de sangre

puedas medir en 30 minutos y por lo menos diagnosticar

a esos pacientes y tratarlos adecuadamente.

Hay que tener en cuenta también que 1 de cada 10 pacientes,

si se aplica este biomarcador, no va a ir a un cateterismo,

con el consiguiente ahorro en la seguridad social

de médicos, de todo un quirófano, con anestesistas, etc.,

porque son técnicas muy caras.

Pues felicidades. Gracias.

(RÍEN)

La política científica española, ¿alguna recomendación?

Primero, descubrir el talento.

Quién tiene el potencial para ser un investigador.

En este aspecto, yo creo que el CNIC es un ejemplo.

Es un centro duro,

en el sentido de que no entra todo el mundo.

Y creo que es más importante es el poder financiar

con bastante dinero, suficiente dinero,

a pocos investigadores de talento,

que el financiar con muy poco dinero a muchos investigadores

que naturalmente no necesariamente tienen el talento del que hablo.

Normalmente termino yo el programa haciendo como un ON,

que llamamos, a cámara, y sacando una conclusión.

Yo creo que hoy me gustaría hacer una excepción.

Si usted quiere sacar un mensaje importante

para las personas.

"Science, health and education".

Pero la ciencia no es suficiente.

Ha de haber un programa educativo de mucha intensidad.

Ciencia, "science".

Salud, "health".

Education, "educación".

Creo que son las bases del futuro.

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El cazador de cerebros - Curarse en salud

21 nov 2017

¿Cómo podemos evitar la enfermedad antes de que aparezca? Valentín Fuster, el mejor cardiólogo de nuestro país, nos contará desde NY sus proyectos de salud en las escuelas infantiles y desde los laboratorios del CNIC, en Madrid, los últimos avances en investigación cardiovascular.

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