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Para todos los públicos El cazador de cerebros - La ciencia del embarazo - ver ahora
Transcripción completa

Te lo imaginas de muchas maneras porque mucha gente

te explica, te cuenta...

Pero, no sé, yo creo que, sobre todo, es un aprendizaje entre el bebé y tú.

-Me imagino que será la mejor experiencia que he tenido,

pero creo que también será un proceso duro de adaptación,

por su parte y por la mía.

Yo creo que será un cambio de vida total

porque llevo un ritmo de vida bastante dedicado al trabajo,

con lo cual supongo que será un parón,

pero, bueno, también me apetece.

Supongo que será una experiencia muy rica para mí.

El embarazo.

Una experiencia transformadora para cualquier persona

y un pequeño milagro de la biología.

Hoy conoceremos cerebros que están intentando entender

el secreto de la formación de una nueva vida

para asegurarse que todo salga lo mejor posible

y quizás incluso para superar los límites de la naturaleza.

Tener un hijo te cambia.

Te cambia la vida, pero, incluso como veremos hoy,

te cambia el cerebro.

De la misma manera que durante la adolescencia

el torrente hormonal transforma el cuerpo y la mente de un niño

en la de un adulto, en el embarazo,

las hormonas cambian algunas estructuras del cerebro

y lo condicionan para que piense y sienta como el de una madre.

Soy Susanna. Me dedico a estudiar

las bases neuronales del vínculo maternofilial,

pero donde más aprendo es con mi hija de un año y medio.

Lo que más feliz me hace es ver a mi hija

reírse a carcajadas y motivarse con las pequeñas cosas de la vida.

Susanna, según tu estudio, el cerebro

de estas chicas embarazadas, futuras madres,

está cambiando en este momento. Exacto.

Está cambiando para adaptarse para la maternidad.

A nivel popular, siempre se dice que las madres tienen

déficits de memoria durante el embarazo.

Nosotros evaluamos la memoria antes y después

y no encontramos cambios significativos.

Lo que creemos que ocurre es que las madres tienen

un cambio de atención.

Lo que para ellas es importante es todo lo relacionado con el bebé.

Se acuerdan perfectamente de cuánto pesaba

en la semana X de embarazo, pero no se acuerdan

de si han cerrado la puerta. Ajá.

Esto es un poco lo que se conoce como "mommy brain".

Lo que sí observamos es que los cambios cerebrales

correlacionaban con medidas de vínculo.

Es decir, cuanto más placer al interactuar con el bebé,

más nivel de cambio a nivel neuronal.

¿Y vosotras estáis notando un cambio drástico

más allá de que estáis embarazadas? Ya es mucho.

Pero ¿a nivel de cómo os sentís o cómo pensáis?

-Toda yo he cambiado: a nivel físico, a nivel emocional...

Es verdad que te vuelves más sensible,

el olfato te cambia, estás todo el día pensando,

al menos yo, en cómo estará mi bebé,

si estará bien, si estará vivo...

-Si te paras a analizar lo que ha dicho Emma,

o sea, dedicar más del 80% de tu tiempo

a pensar en una persona que no eres tú

es un cambio muy importante. O sea...

Claro, pero yo estaba pensando en algo cerebral.

Es... Es cerebral.

Claro, pero es como que sabes que tienes que cuidarlo.

No, no. Piénsatelo de otra manera.

Piénsatelo desde el punto de vista de que normalmente tú,

si no estuvieses embarazada o no fueses mamá,

estarías pensando gran parte de tu tiempo

en cómo satisfacer tus necesidades. Sí.

Es un cambio tan potente, que el protagonista de tu vida

dejas de ser tú, el protagonista ahora es el bebé,

y estás pensando constantemente en cómo satisfacer

las necesidades del bebé.

A más cambios cerebrales, más vínculo maternofilial.

El equipo de Susanna Carmona escaneó los cerebros de mujeres

antes y después del embarazo y vieron que había

áreas relacionadas con la empatía y la cognición social, entre otras,

que cambiaban de estructura física,

y no solo durante el embarazo.

¿Cómo se os ocurre el experimento? De una forma muy bonita.

Estábamos en el laboratorio en 2009 tres chicas de 30 años,

Celine, Erika Barba y yo.

Nos dedicábamos a la investigación, pero siempre teníamos en mente

que, en algún momento, queríamos ser mamás.

Y nos preguntábamos un día volviendo en coche

qué cambios se asocian con el cerebro al ser mamá

y vimos que no había nada en humanos.

Empezamos sin financiación.

Con muchas ganas y con mucho deseo de ver

qué pasaba en el cerebro de las mamás.

¿Participasteis vosotras en el estudio?

Sí, algunas participamos como futuras mamás

y otras como personas control para ver...

Empezasteis sin financiación y acabó publicado

en una de las revistas más importantes que existen

y era la primera vez que se demostraba

que el cerebro de la mujer se preparaba para ser madre.

Sí, y que esos cambios perduraban al menos dos años después del parto.

Y posiblemente mucho más. Sí, a veces pasa.

Mira, Pere, te voy a presentar a Ana y a su pequeña, Nora.

Hola, ¿qué tal? -Hola.

Qué guapa. Hola.

-Ana vino a hacerse la resonancia antes de quedarse embarazada de Nora

y ahora viene a la segunda parte. ¿Te sientes como otra persona ahora

que antes de quedarte embarazada?

-Pues la verdad es que sí.

La verdad es que las prioridades cambian,

estás más despistada en otras áreas,

estás con una señal de alerta con respecto al bebé.

-Todo lo que cuenta Ana lo podemos demostrar científicamente

comparando su cerebro de antes de ser mamá

con su cerebro después de tener a Nora.

Te voy a presentar a Erika, Erika Barba.

Con ella empezó parte del estudio.

Hizo la tesis doctoral sobre él, ¿y qué ha durado?

-Ocho años y medio. Todo chicas, por eso.

Todo chicas, todo chicas que hemos sido madres, además.

(RÍE) Sí.

Este es el cerebro de Ana que están escaneando.

Sí, así es. Es el cerebro de Ana.

Lo que sí llama la atención es que los cambios son

reducciones en sustancia gris. Ah...

Es algo equiparable a lo que sucede en la adolescencia,

donde también hay grandes cambios hormonales,

por una parte, y, por otro lado,

una ganancia en cuanto a funciones y, curiosamente,

reducción en volumen de sustancia gris.

Ajá. Una pregunta, porque en estudios de neuroimagen,

se está diciendo que a veces hay mucha exageración,

que se ven cambios, pero que no son tantos...

Vosotras tenéis mucha experiencia en este tipo de estudios.

O sea, ¿son cambios muy notables o no?

-Yo llevo 16 años haciendo investigación.

He trabajado con poblaciones con patología grave,

como esquizofrenia, y nunca hasta ahora he visto

cambios tan potentes como los vistos aquí.

Fíjate que cogiendo solamente las imágenes de cambio,

podemos clasificar con un 100% de acierto

si esa persona ha pasado o no por un embarazo antes.

Y eso no lo he visto en ningún otro estudio

que yo haya realizado.

O sea, tú podrías coger a una mujer al azar,

te podría traer aquí a una chica, tú le miras el cerebro

y podrías mirar... Ves la imagen antes y después

y podemos acertar si esa persona ha tenido o no un embarazo

entre los dos escáneres.

Qué fuerte.

-Es más, son cambios que perduran dos años de posparto.

Sí, ese es el punto clave, ¿no?

No es que el cerebro cambie en el embarazo

porque es una situación nueva, es que está preparándose

para una nueva situación que será definitiva.

Sí. Yo creo que así está perfectamente bien dicho.

El embarazo prepara al cerebro para que la madre

haga mejor sus funciones.

¿Y los padres, qué? ¿También nos cambia el cerebro?

Pues, de momento, siento decirte que no.

No hemos observado cambios en el cerebro de los padres

que participaron en el estudio.

Es cierto que se dice popularmente que la madre es mamá

al quedarse embarazada y el padre lo es

una vez nace el bebé.

No sabemos qué ocurre una vez está interactuando con el bebé

y si eso va a modificar su cerebro. Lo estamos estudiando.

Vais a medir cerebros de padres para ver si la interacción

con el bebé les cambia el cerebro. Puede modificar el cerebro.

Pero sí que es cierto que hay hombres que,

cuando la mujer está embarazada, sienten síntomas físicos.

Sí, eso se llama el síndrome de Couvade.

Sienten síntomas físicos y psicológicos.

Entre los más llamativos, hay casos en la literatura

que describen hinchazón del abdomen o incluso que empiecen a segregar

leche durante... ¿Ah, sí?

Sí. Es por las hormonas.

Por el efecto de las hormonas.

Interesante cómo cambia el cerebro de las madres,

pero lo realmente misterioso es lo que ocurre en el feto

en esos nueve meses durante los cuales

una única célula se divide sin parar hasta formar un individuo completo.

El cerebro que investiga estos procesos

y se asegura de que todo funcione bien

y que analiza cómo esta etapa fetal influye en nuestra vida futura

es Eduard Gratacós,

el médico de los que todavía no han nacido.

Me llamo Eduard Gratacós

y soy médico investigador.

Las cosas que más me gustan son la música, sobre todo de Wagner,

y mis tres hijos.

Una no me abandonará nunca y los otros sí,

pero esto es parte del proceso vital.

A veces pensamos en el embarazo como un proceso pasivo,

ligado por la biología, pero lo que ocurre allí dentro

esos nueve meses es fundamental para la vida futura del individuo.

Tu inteligencia depende de tres tercios:

de tu vida intrauterina, primer tercio;

del segundo tercio, tus primeros años de vida,

y el tercer tercio, de tus genes.

Vale, pero...

Tus genes son importantes, pero necesitan el ambiente.

Entonces, si el ambiente intrauterino no ha sido óptimo, perfecto,

has recibido todos los alimentos que necesitabas,

no ha habido un estrés elevado en tu madre,

no has recibido tóxicos, si el ambiente es óptimo,

tus genes se podrán expresar bien. Ajá.

Pero hay muchas circunstancias que podrían hacer

que este desarrollo dentro del útero no sea perfecto.

Un tercio, que me parece muchísimo,

es lo que ocurre durante el embarazo.

Sí. Se calcula que, en una sociedad desarrollada,

podría haber 1 de cada 10 niños con problemas de neurodesarrollo,

que se traduce generalmente en fracaso escolar,

porque es donde se demuestra la capacidad cognitiva,

y se estima que entre un 60 y un 70% son de origen prenatal.

El feto es como un árbol que se planta en la madre

y pone unas raíces, porque tiene que vivir de la madre.

Eso se llama placenta, esas raíces.

Es como un tiesto donde se va a plantar.

Ese tiesto no siempre crece tan bien como nos gustaría,

porque tiene que haber un lenguaje biológico

entre el feto y la madre para que ella deje

que esas raíces crezcan, porque es otro ser, es su hijo.

Puede quererlo mucho,

pero su sistema inmunológico no lo sabe.

Lo atacaría.

Pero hay un lenguaje entre la madre y el feto,

y el feto envía unas señales biológicas

y la madre, en vez de atacarlo, es la única vez en su vida que,

en vez de atacar a un trasplante, lo va a proteger.

Tú eres investigador, aparte de médico.

Una célula se empieza a desarrollar y en 9 meses forma a un individuo.

Sí. Eso es alucinante.

O sea, ¿qué...?

Imagino que mil cosas, pero ¿qué no sabéis,

por ejemplo, de este proceso? ¿Qué estáis investigando?

No se saben muchísimas cosas, pero una célula lleva

toda la información para construir a un individuo

y que funcione durante 90 años. En cada momento,

ha de saber en qué sitio está esa célula,

lo que está arriba, abajo, derecha, izquierda.

A las pocas horas de crearse un embrión,

ya sabe dónde está la derecha, la izquierda, arriba y abajo.

Y aún no se sabe cómo lo puede saber.

Sabemos que hay campos gravitatorios

y también sabemos que hay que campos bioeléctricos,

diferencias de potencia en las células,

que hacen que el cuerpo sepa que aquí ha salido una oreja

y que ha de tener esta forma.

¿Cómo saben las células que se han de parar justo ahí

y no crecer más o menos?

O sea, fuerzas físicas que influyen en la expresión de genes

para que, eso, salga una oreja donde tenga que salir

y no en otro lado. ¿Se puede manipular eso?

Se puede manipular y hay experimentos interesantes.

Tú puedes hacerle salir a una rana una oreja donde quieras

manipulando los campos bioeléctricos, está demostrado.

Ostras. Está bien, porque nos permite soñar

con fuerzas que algún día quizás nos sorprendan.

Y una de las cosas más fascinantes que hacéis

es cirugía intrauterina.

Podemos entrar y hacer pequeñas cirugías en el feto.

Debemos usar instrumentos muy finos para no alterar

la fisiología del útero.

No podemos abrirlo y después cerrarlo.

Pero con unos instrumentos endoscópicos,

podemos entrar, acceder al feto, meternos por su boca

y llegar al estómago, a la tráquea, a la vejiga...

Podemos hacer bastantes operaciones.

Por suerte, son poco comunes.

Es decir, sería necesaria 1 en cada 1.000 embarazos.

Pocas, unas 450 en España en todo el año, no es mucho.

Pero pueden salvar vidas en casos muy trágicos.

La edad de maternidad está claramente aumentando, ¿no?

¿O es solo una sensación social?

No, hay datos objetivos de que está aumentando,

más en algunos países, el sur de Europa.

No es un dato bueno, que aumente la edad materna,

porque se sale de la franja óptima y eso empeora un poco los resultados.

En el embarazo, por ejemplo, puede haber más abortos,

más prematuros, más hipertensiones...

Pero también es importante remarcar que esos incrementos

son pequeños, en general.

Estadísticamente son aumentos,

pero desde un punto de vista personal,

son incrementos muy pequeños.

Si una mujer decide tener un hijo a los 40 años,

que hoy en día es bastante común, tampoco debe alarmarse.

Es decir, los 40 ya los tiene, no puede tirar para atrás.

Entonces, no pasa nada.

Tiene que hacer un buen control y estar tranquila.

Las cosas irán bien.

¿Tienes hijos? No, no tengo.

Pero ¿te gustaría tenerlos? Pues sí, quizás sí.

Por fortuna, no. De momento no quiero.

¿A qué edad te gustaría tenerlos? Bueno, voy a cumplir 31 años.

Sí. Estaba pensando este año,

como a finales de año o el año que viene.

Me es indiferente. ¿Ah, sí?

Sí, sí, sí.

No me importaría tener ahora un hijo o tenerlo dentro de 20 años.

Mínimo, unos 30 o 30 y pico... largos.

Que la mujer tenga un hijo a los 35, a los 40,

actualmente es una cosa muy normal.

No es arriesgado porque la salud de una mujer actualmente en los 40

no es la misma que la que tenían anteriormente.

Una señora de 40 años antes era una señora.

Hombre, es evidente que hasta con 50 y 60 puedes tener.

Es eso, que cuentes la energía, el tiempo,

lo que quieras vivir con el niño tú. (RÍE) Lo que te permitan.

Eduard, entre que nos cuidamos más y que la medicina avanza muchísimo,

¿tenemos quizás una falsa expectativa

de que podemos extender la edad de embarazo

a límites casi que superan la biología?

Es posible que haya esta percepción. Es falsa, obviamente.

La salud depende de la edad.

Hay una estadística que se cumple, después hay casos individuales.

Clarísimamente, la salud es mucho mejor

a edades altas en este momento y podemos alargarla muchísimo.

Pero no debemos olvidar que todo tiene unos límites.

El óvulo es muy importante para la salud reproductiva.

Por tanto, si un óvulo de una mujer fuese más joven,

sí que una parte de los malos resultados

a partir de los 40-45 es porque el óvulo es de peor calidad

y el embrión que sale de él, también.

Pero después hay un envoltorio, que es una madre,

que debe responder a ese embarazo, debe adaptar su presión arterial,

debe adaptar su metabolismo, y, sin ninguna duda,

está más preparada para hacerlo cuando es joven.

Una vez más, eso no significa que no se pueda hacer.

Pero los límites existen seguro.

Y en los hombres, ¿la calidad del esperma

también se afecta tanto con la edad o no?

Lo cierto es que se afecta mucho menos

que la calidad de los óvulos.

Y vemos en los medios, a veces, mujeres que han tenido hijos,

con ayuda, me imagino, de fertilización artificial,

a los 60 años o incluso más.

¿Eso vosotros cómo lo gestionáis?

Hombre, es un debate complejo.

Incuestionablemente, tiene más riesgos.

Decir que no, sería falso.

Es un debate también bioético en el que yo no estoy capacitado

para entrar... Hombre, sí.

Pero es un debate importante.

Bueno, está la crianza del hijo.

Si la diferencia de edad es correcta o no o es la ideal...

En esto deberían entrar también más especialistas,

no solo los que nos dedicamos al embarazo.

La edad en que las mujeres tienen su primer hijo

ha ido aumentando en todo el mundo desarrollado.

En España ha pasado de los 25,2 años en 1975

a los 30,6 en 2004,

convirtiéndose, junto con Italia, en los países europeos

de edad materna más tardía.

De hecho, el 33% de niños españoles son hijos de madres

mayores de 35 años.

Sin embargo, solo el 3% nacen gracias a técnicas de fertilidad.

Esto puede sorprender, ya que, a los 25 años,

las opciones de embarazo por ciclo son del 25%,

a los 30 baja al 12% y a los 40, al 5%.

Si las mujeres son madres primerizas a edades en las que las

posibilidades de embarazo son bajas, esta cambia.

¿Nos cuidamos más?

¿Controlamos mejor la biología de la fertilidad y maternidad?

Un embarazo hoy a los 40 es, sin duda,

más seguro que hace 50 años, pero ¿y la fertilidad?

Vidas más sanas, pero también más estresados.

¿Somos más fértiles ahora o no?

De hecho, cada vez acudimos más a clínicas de fertilidad.

¿Será esto la norma? ¿Y cuál será el límite?

¿Abuelas que decidan volver a ser madres?

¿Bebés con tres padres biológicos? ¿Úteros artificiales?

Estamos en Valencia para conocer a un cerebro

que está en la frontera técnica y ética

de la fertilización humana,

en los límites de lo que podemos hacer

y lo que debemos hacer.

¿Todo vale para tener hijos sanos?

Carlos, escuchamos muchas informaciones sobre estos temas,

pero ¿alguien de 40 años ahora, hombre o mujer,

es menos, más o igual de fértil que hace 50 años?

El problema, para responder a esa pregunta,

es que realmente no tenemos datos fidedignos

de cómo era la fertilidad hace esos 50 años,

porque es ahora cuando están accediendo

las personas a esta edad a poder tener hijos

por razones exclusivamente sociales que todos comprendemos,

y es que no puede ser de otra forma. Claro.

Lo que sí sabemos es que antes se tenían más niños y se morían más,

pero porque también... (RÍE) Sí.

También lo hacían en la década de los 20,

que es cuando estamos programados para poder tener hijos

porque realmente ese es nuestro límite de vida.

¿Hasta dónde podéis extender esta fertilización, en edad?

Hasta el cielo y más lejos aún. (RÍE) ¿Sí?

No hay límites.

En investigación y en técnica no hay límites.

Hoy por hoy, disponemos de todas las armas,

médicas y técnicas, para conseguir un útero inmortal

y para poder obtener gametos que, cuando el ovario muere,

poder incluso generarlos cuando él no existe.

Eso es en lo que se está trabajando.

Soy Carlos Simón y mi profesión

y mi pasión durante toda mi vida ha sido ser médico,

y lo he querido ser desde que en mi infancia

vi al médico de mi pueblo cómo, cuando mi hermana estaba enferma,

venía, la auscultaba, sabía lo que tenía,

le daba el tratamiento y se curaba.

Eso es lo mejor que puede hacer un ser humano por otro.

Antes de ver cómo crear óvulos y espermatozoides,

que es espectacular, tu gran tema de investigación

es la creación de úteros artificiales.

Sí. Esto es, hoy por hoy, posible, igual que se crean otros órganos.

Ya se pueden crear otros órganos vitales.

Nosotros, desde el conocimiento básico de conocer el endometrio,

luego saber los mecanismos que lo regulan

y luego utilizar el órgano completo, lo que pretendemos

es poder tratar lo que se llama el factor endometrial

de la esterilidad. Ajá.

Porque trasplantes de útero ya hay,

pero eso sería hacerlo con las propias células del paciente

y trasplantarlo a alguien, una mujer, en principio.

Trasplante de útero ya hay, y se hace con útero de cadáver,

con el útero de la madre, con el útero de una amiga,

y eso tiene los problemas de rechazo lógicos de un trasplante.

Pero lo que estamos tratando es de recelularizar el útero

para introducir las células de la propia persona

para que no sea rechazable.

Y en el caso de los transexuales, alguien con cuerpo masculino

pero identidad sexual femenina que quisiera ser madre,

¿se le podría trasplantar o incluso hacer un útero?

¿Sería viable? Claro.

Si ha cambiado su fenotipo a femenino,

se le puede trasplantar el útero porque, hormonalmente,

se va a mantener, dado que ya es una mujer.

Por tanto, podría funcionar. Guau.

Uno de los proyectos más increíbles que llevan a cabo

es crear óvulos y espermatozoides a partir de células de la piel.

Te presento a Inmaculada Moreno, la investigadora principal.

-Hola. ¿Qué tal?

Estás convirtiendo células de la piel

en o esperma o en óvulos. Esto es espectacular.

¿Es muy complejo, se está mejorando rápido o...?

Sí, a ver, es un proceso muy complejo.

Realmente es la reprogramación de células.

Es algo que es relativamente reciente

y se está avanzando mucho,

tanto en la tecnología de reprogramación genética

como en otros aspectos. Pero eso ya lo habéis logrado.

Se ha publicado en artículos científicos

que lo habéis conseguido. Sí.

Nosotros lo hemos hecho en células de piel humanas

que hemos reprogramado directamente a óvulos o a espermatozoides,

a gametos humanos. ¿Y tú...?

Es que le comentaba antes a Carlos...

¿Convertir una célula de hombre en esperma o en óvulo

es indiferente? Sí, sí.

Realmente, a nivel genético, a nivel fenotípico,

eso se puede conseguir sin ningún problema.

Ostras. Los gametos tienen

la mitad de la carga cromosómica y no necesitamos que sea ni XX ni XY.

Con que sean o X o Y tendríamos suficiente.

O sea, que una célula de mi piel se podría convertir en un óvulo,

darme un entorno hormonal e introducirme un útero artificial

y quedarme embarazado.

Sí. O sea, ¿sí que se podría?

Sí. Técnicamente, se puede.

Lo que pasa es que no lo hacemos para eso.

No lo hacemos con ese fin, sino con un fin médico,

porque la mitad de las pacientes infértiles

hoy en día necesitan donación de ovocitos

porque sus ovarios no les funcionan,

y todos queremos tener hijos genéticamente propios.

Y lo que quisiéramos es que, dentro de unos años,

el donar ovocitos de una mujer a otra quedara completamente obsoleto

y que fueran las mujeres que no tienen

las que crearan sus propios ovocitos, sus propios gametos.

Además de la creación de úteros y células reproductoras,

otra línea que está avanzando de manera impresionante

son los análisis genéticos,

tanto de parejas que puedan llevar un gen defectuoso

como del embrión.

Aquí comenzamos con la pareja que quiere tener un hijo

sabiendo si ellos comparten una mutación

que va a dar lugar a que el niño esté enfermo

y poder prevenirla.

A continuación, analizamos el embrión

antes de ser colocado en la madre

para asegurarnos de que no tiene ninguna enfermedad genética

ni cromosómica y que la podamos prevenir.

También conocemos el momento más apropiado

para poner el embrión en la madre haciendo un análisis

en el endometrio, que se llama ERA.

A continuación, una vez se ha producido el embarazo,

tenemos la capacidad de investigar en la sangre de la madre

los cromosomas del niño para estar seguros

de que el niño está bien en caso de no haber tenido

estas técnicas.

Analizamos 14.000 mutaciones. 14.000...

Esto es tanto el padre como la madre, los futuros padre o madre,

y lo que tratamos de ver aquí es si hay alguna mutación recesiva

o ligada al cromosoma X que sea compartida por la pareja,

porque si comparten una, 1 de cada 4 niños

va a nacer con esta enfermedad y va a morir por ella.

Ah, vale. Entonces, tratamos de estar seguros

de que no comparten y, si comparten, cuando ya analicemos el embrión,

poder estar seguros de si el embrión está afecto.

Carlos, es un proceso milimetrado.

La naturaleza eso lo hacía a ciegas antes.

¿Entiendes que haya gente que se sienta incómoda con esto?

La naturaleza, queramos o no, no es perfecta.

Claro. Para eso estamos los médicos.

Esto es un paso más en la prevención de enfermedades,

tanto cromosómicas como genéticas, y eso es lo que hacemos los médicos.

Claro, pero está la palabra esta, "eugenesia",

que tiene como unas connotaciones negativas,

pero es una eugenesia positiva lo que estáis planteando.

Claro, estamos tratando de evitar que un niño nazca enfermo.

Y para eso nos remitimos a los problemas en los padres,

las mutaciones en los padres o incluso en el embrión

antes de colocarlo.

Y con eso lo que pretendemos es lo que todos los padres quieren:

tener un niño, un hijo sano,

un hijo que no tenga una enfermedad que les va a causar un desastre.

¿Y tú crees que en el futuro incluso los padres

que no tengan problemas de fertilidad

pueden utilizar este proceso para asegurarse

la calidad genética de sus hijos?

Claro que sí.

¿Por qué vamos todos a tener nuestros hijos,

los partos, a los hospitales?

Porque queremos que esa parte sea muy bien cuidada

y que los niños nazcan en buenas condiciones,

que la mujer no se muera y que los niños estén bien.

¿Por qué no, si prestamos tanta atención a esa parte,

prestar atención a la concepción, al momento donde se crea el embrión,

donde se crea el feto de verdad, donde se comienza el embarazo?

Si en ese momento sabemos que el niño está bien,

lo que viene después va a ser bueno. Claro.

O sea, incluso sin tener problemas, no dejarlo a la aleatoriedad

de la naturaleza, sino dirigirlo desde un principio.

¿Por qué no?

La maternidad, los primeros meses,

Pau tiene cuatro meses, ha sido más dura de lo que imaginaba.

Se habla mucho del parto, del embarazo,

pero casi no se habla del posparto.

-No descansas nunca.

Das el pecho como siempre, al principio.

No tienes tiempo para nada.

Estás como muy... estresada.

-No te imaginas tanto trabajo.

Te imaginas que estás con el peque, que vas al parque,

que estás con él, que juegas, como las cosas bonitas.

De repente desapareces un poco tú y toda tu vida se centra en él.

-¿La parte buena? (RÍE)

Bueno, la parte buena es Pau.

Pasarte todo el rato mirándolo. Al final es por eso

que no tienes tiempo, porque estás todo el rato mirándole.

Te enseña a amar de una manera que yo no sabía que existía.

Te liga a una persona por el resto de tu vida

de una manera muy bonita.

Te enseña de que eres más fuerte de lo que podías llegar a imaginar.

Y, no sé, es que la parte buena es todo lo demás.

  • La ciencia del embarazo

El cazador de cerebros - La ciencia del embarazo

10 oct 2017

Después de miles de millones de embarazos, el ser humano quiere controlar el proceso, desde la concepción hasta el parto. La medicina moderna ha ayudado a que los embarazos y partos sean mucho más seguros ahora que hace unas décadas; es más seguro dar a luz hoy en día con 45 años que hace unos años con 20. Nos adentramos en el útero y el cerebro de mujeres embarazadas. ¿Qué sucede durante esos nueve meses en la mente de las madres? ¿Y en la del bebé? ¿Podemos decidir y controlar genéticamente cómo queremos que sean nuestros hijos?
Lista cerebros:
- Susanna Carmona, Co-autora estudio. Investigadora del Hospital Gregorio Marañón, Madrid
- Erika Barba-Müller, Co-autora del estudio. Psicóloga, psicoterapeuta y Doctora en Neurociencias
- Eduard Gratacós, Dir. Centro Medicina Fetal Hospital Clínic - Sant Joan de Déu, Barcelona
- Carlos Simón, Catedrático de Obstetricia y Ginecología. Univ. de Valencia. Dir. Científico de Igenomix
- Inmaculada Moreno, Coordinadora de investigación, Igenomix

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