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No recomendado para menores de 12 años El Caso. Crónica de sucesos - Capítulo 6, 'El asesino de la mirilla'
Transcripción completa

Una limosna, por favor.

Una limosna, por favor.

Una limosna, por favor.

Una limosna, por favor. -¿Será posible?

(GRITA) ¡Fuera!

Fuera, escoria. ¡Fuera!

(SUSPIRA ENFADADA) ¡Por Dios!

(Música militar)

(Timbre insistente)

-¿Quién es?

¿Quién es?

(La música sube de intensidad)

(Música inquietante)

-El asesino del rosario está otra vez en la calle.

Quiero a todos vuestros hombres investigando. A todos.

Vamos, que ya tardamos.

(Música dramática)

Camacho. ¿Seguro que es el mismo asesino?

¡Coño! No preguntes.

No, no.

Paloma.

Lío la de san Quintín para estar con ella

y ahora cada día duermo en el sofá por las pesadillas del niño.

(RÍE)

Le digo al crío que hoy me tocaba cama grande

y ya ves. Tócate los huevos.

Qué bonita, la vida familiar.

(RESOPLA) Un consejo: no tengas nunca hijos.

No, tranquilo.

Con el asesino del rosario hemos duplicado la tirada.

Preferiría no haberlo escrito.

Otro consejo:

no te vuelvas loco con esto. (SUSPIRA)

Deja que la policía haga su trabajo.

(Música tranquila)

Cariño.

Mi amor.

¿Voy bien?

(DUDA) Sí.

Me marcho, que llego tarde

y deben presentarme a todo el ministerio.

Claro.

Suerte. Te quiero.

Sí.

Estás muy guapo. -Gracias.

-¿Cómo vais?

¿Él y yo? Él y tú.

Bien. Haciéndome a la idea de que queremos estar juntos.

¿Pero habéis hablado del asunto?

El beso que te ha dado es de hermano.

El asunto es que no quiero hablar del asunto.

Nos queremos... (LA INTERRUMPE) Clara.

No todo es el cariño.

Con el policía he visto que tienes necesidades.

¿Que tengo qué? Necesidades.

(Teléfono)

Dígame.

Massiel, han matado a una mujer del barrio de Salamanca

y tú, en camisón.

¿Qué ha pasado?

La chacha se ha encontrado el fiambre.

Ve para allá, que vives al lado.

Cómo no. (CUELGA)

¡Me voy!

(Música militar)

(Llantos y lamentos)

Muchas gracias. Jefe.

La chacha tuvo ayer día libre.

Al llegar esta mañana se la encontró muerta.

¿No ha visto nada raro? No, jefe.

-Yo sí.

Hay un hombre por ahí, es un mendigo,

que siempre nos molesta.

Bueno. Que busquen al mendigo. Sí, jefe.

Venga, corriendo.

Señora, muchas gracias. Nos ocupamos nosotros.

Gracias.

(LA CRIADA SOLLOZA)

(Música sensual)

Un momento, por favor.

No me lo puedo creer.

(Disparador de cámara)

Gracias.

Pero ¿quién ha muerto? -La del tercero izquierda.

-Ay, hija, menos mal.

Hola, chaval.

Buenos días, Massiel. ¿Sabemos algo?

Aún no. Pero ahora sí.

Eh.

Muy bonito. ¿Cómo ha muerto?

No os puedo contar nada. Ya empezamos.

Nos debes una, Peluso. ¿Ah, sí?

Sí. Muy bien.

(MOLESTO) Eh.

Mira, Mortadelo y Filemón. (RÍE)

Ya está el gracioso de los cojones.

(LA MUJER GRITA) -¡Policía!

Ahí le tenéis.

-¿Este es el mendigo? -El asesino.

(GRITA) ¡Asesino!

-Apártense.

¡Apártense!

(Disparador de cámara)

Con lo del barrio de Salamanca ya hay portada.

Íbamos flojos de sangre. A ver ese lenguaje.

Sin saña.

Quiero decir que esta historia demuestra

que los ricos lloran. Una lección moral.

Cierto es.

-Germán y yo estamos con los atropellos.

Con tanto coche es un no parar. -Los carga el diablo.

¿Y vosotros qué?

El falso técnico de Telefónica que tenía la mano larga.

Aprovechaba un despiste de la gente para... (SILBA)

-Varios domicilios asaltados ya.

-La técnica no trae nada bueno.

Aníbal, adviértalo.

Todos a trabajar.

Venga, esas máquinas. ¡No las oigo!

Yo, si no hay nada más, me voy a tomar un tentempié.

Vaya, padre, vaya.

(Máquinas de escribir)

¿Escribo para "El Caso"

o para "El apocalipsis según el padre Sanchís"?

Debemos comernos al padre con patatas.

Si no es por él, no publicamos.

Guito, perdona, tenemos que hablar.

-Hola, Guito.

¿Qué hace el niño aquí? No es sitio para él.

Ven, mi amor. Ve a pintar a mi mesa.

¿Con quién lo dejo, eh?

Aún no tengo colegio. Aquí molesta.

Y que no me llame Guito. Ni tu tampoco aquí.

Que te molesta está claro desde que llegó.

Perdóname.

Es que...

No me acostumbro. Necesito tiempo.

Lo sé, Guito.

Rodrigo. Rodrigo.

Rodrigo. (SUSPIRA)

Sé que es un gran cambio para todos.

Pero podemos hacer que funcione.

¿Me ayudarás? Por supuesto.

Consíguele un buen colegio. Tú tienes contactos.

Gracias.

Está demasiado borracho. Llévatelo y que duerma la mona.

¿Qué hace aquí?

Clara, te veo por todas partes.

De verdad, así no puedo... Hago mi trabajo.

El nombre lo tenemos. ¿Cómo ha muerto?

No, no, no. No os daremos más información.

Ni a ningún otro plumilla. Mi jefe no quiere veros.

Ni a ti, ni a él. Ya veo, ya. (SUSPIRA)

Me encargaré de que el asesino acabe en la cárcel.

Lo encontraré antes que vosotros.

Ten cuidado, Expósito.

¿Ah, sí? Sí.

Tú y tus compañeros, dejad de hurgar.

-¿Molesto?

Tú nunca molestas.

La autopsia de la víctima del barrio de Salamanca. Qué escabechina.

Bueno, yo mejor...

Sí, mejor.

Dáselo a Montenegro. Él lleva el caso.

-Claro. -¿Cenamos luego?

-No, que tengo prueba de vestido y me tiene que entrar.

-Pero ¿qué dices? Si estás estupenda.

-Me mientes. -No te miento.

-Me mientes.

(Timbre)

(Música de suspense)

-¿Quién es?

¿Quién es?

(Música de tensión)

(Máquinas de escribir)

(TARTAMUDEA) -¿Qué pasa, chavalín? -Me aburro.

-¿Te gustan? -Sí.

Pues venga. Te vienes conmigo, campeón.

-¿Cómo te vas a llevar al pobre? -A que le dé un poco el aire.

Coge la chaqueta.

A ver... ¿Vosotros qué tenéis?

Aún no sabemos si el asesino es el mendigo o no.

¿No tenemos nada más? Una foto o algo.

Sí, de la detención.

Y el nombre de la víctima. Necesitamos algo

o mañana no salimos al quiosco. ¡Venga!

Vended a vuestra madre, pero quiero información.

¿Le endilgas todo el trabajo a la novata?

Redacción de "El Caso".

Otra mujer muerta en el mismo edificio.

-Ahí, Germán, ahí.

Abajo, abajo.

Sube la guardia, Nuño. No descuides el costado.

(NUÑO GIME)

-Vale, vale.

-Hoy me has trincado bien.

-¿Te he hecho daño, muñequita? (RÍE)

-Empléate a fondo mañana, Nuño.

Que dure un par de asaltos. Hay mucha pasta en juego.

-Contra él no puedo.

-Déjate de chorradas, que mañana daremos espectáculo.

Y del bueno.

-Nuño, un rato de saco. Te veo flojo.

-Ven, quiero comentarte algo.

-Campeón.

Espérame aquí, ayudante. -Vale.

-Esa derecha no la controlas.

-Buena derecha, lo único que...

-¿Qué me tenías que comentar, Rulo?

Pero ¿tiene que ver con este?

A mí no me interesa.

-Castro, Castro.

No vengo a pedirte monises.

-Escucha al viejo.

-No me andaré por las ramas.

En el combate se juega mucho dinero.

La gente deseaba que os zurrarais Nuño y tú.

La gente sabe que le darás para el pelo.

-Has dicho que no te andarías por las ramas.

-Tercer asalto.

Nuño te mete una que no esperas y... (SILBA)

Caes sobre la lona.

-¿Quieres que me deje ganar?

-Quiero que ganemos todos.

Yo, que apuesto un riñón por tu amigo,

y tú, que te llevas diez mamelucos por no hacer nada.

-Germán, es dinero fácil.

Así le das una alegría a tu colega, que ni muerto te ganaría.

-Largo.

¡Fuera!

(Música de tensión)

-La segunda muerte en ese portal. Saben que ese edificio

es residencia militar. -El ministerio está inquieto.

Lleven el asunto con discreción.

-Descuide, mi capitán.

Montenegro...

Los plumillas.

Sois dos moscas cojoneras. ¡Fuera de aquí!

Peláez, Matallana. Id para allá.

Sí, señor.

Otra mujer asesinada en el edificio.

"El portal de la viuda", lo llaman. Viudas de militares.

Peluso, que no nací ayer.

El mendigo no ha sido. Durmió en el calabozo.

Por eso estaba aquí Cabrera. ¿Están nerviosos arriba?

¿No nos dirá el "modus operandi"?

El caso lo lleva la brigada. Nosotros nos ocupamos de todo.

O sea, que no tenéis nada.

Y mandáis a Peláez y Matallana, no sea que le pase algo

a otra vieja y se os caiga el pelo.

No nací ayer. Que no naciste ayer.

¡Coño, ya te he oído! Coño...

Y ahora, si no os importa...

Joder. Cada vez te pareces más a Camacho.

Bueno... (SUSPIRA)

Anda que este pringado...

(SUSPIRA) Voy a la morgue.

Y tú, a ver si seduces ya a Peluso y le sacas algo.

Os traéis un trajín... Yo no me traigo ningún trajín.

(ASIENTE) Pues andando, que es gerundio.

Consígueme algo.

Hasta luego, Germán. -Hasta luego, Jose.

¡Blas...! Deja las taquillas.

(BLAS GIME DE ESFUERZO)

(BLAS GIME DE ESFUERZO)

Se ha caído.

-Esa es la taquilla de mi amigo Nuño.

Siéntate, que ya lo recojo yo.

(Música de intriga)

Eh.

Eh, amigo.

¿Sabes si siguen aquí las dos mujeres asesinadas?

Las dos viudas.

¿Lo sabes?

A una se la llevaron al duelo y la otra...

La estarán velando.

Gracias, listo.

Venimos al velatorio.

-No podemos, por orden judicial. Es aquí enfrente. Pasen.

(Música de órgano)

-Qué buena eres, Ángela.

Dejar que velemos aquí a la pobre Pepi.

-Ya me conoces.

-Sí, hija.

-Les acompaño en el sentimiento. -Gracias.

¿Y usted? Ah, sí, la de Mezquetillas.

-Sí, la prima.

-La solterona.

-Aquí, mi sobrina. Lo siento mucho.

Gracias.

-Niña, la silla. -Ah, sí, perdona.

Me gustaría despedirme de la difunta.

¿Puedo verla?

No te gustaría verla como está ahora.

¿Por qué?

Aquí está la silla.

Disculpe.

Gracias. De nada.

(REZAN) Dios te salve, María. El Señor es contigo...

(MURMURAN ORACIONES)

-Discúlpeme. El baño, ¿por favor?

-La primera puerta a la derecha.

(REZAN) Dios te salve María...

(MURMURAN ORACIONES)

(MURMURA ORACIONES)

(SOLLOZA) -Seis años hacía que estaba con mi señora.

(SOLLOZA) Y ahora, en la calle.

Si no le importa, iré yo también un segundo.

(MURMURAN ORACIONES)

-¿Quién le ha podido hacer esto?

-Hemos dicho a la policía lo que sabemos.

Perdón, venía por una tila.

(MURMURA) No sé cómo hacer la foto. (SOLLOZA)

-Tranquila, que te dará algo. (LA CRIADA SOLLOZA)

(SOLLOZA)

Ay, Dios mío.

-Ya nos íbamos.

Está fatal.

Está fatal.

Le va a dar algo. (LA CRIADA SOLLOZA)

-Pidamos ayuda.

Ocúpate.

-A la pobre chica de la cocina le va a dar un patatús.

¿Alguien tiene agua del Carmen?

-Sí, yo tengo en mi tocador siempre un frasco

para cuando me acuerdo de Francisco. -Pobre chica.

(SUSURRA) Rápido, antes de que vuelva el aquelarre.

Venga.

(EXCLAMA) ¡Dios!

Alguien le ha saltado el ojo. ¡Dios mío!

¡Rápido!

¿Ya? Sí.

¡Corre!

(REZA)

No era para tanto. (REZAN EL AVE MARÍA)

"...bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de vientre Jesús".

(SIGUEN REZANDO)

¡Eh, eh! ¿Dónde vas con tanta prisa?

Tengo más hambre que Carpanta, mira qué hora es.

Y tú a ver si te centras un poquito,

que estamos a día de cierre y no tenéis una portada decente.

Menudo humor, papaíto, ¿alguna petición más?

¿Papaíto? Don Rodrigo, teléfono.

(RESOPLA) Venga.

Jefe, soy Clara, hay novedades.

Sí, cuéntame.

Le clavaron algo en el ojo.

¿En el ojo? ¡La órdiga! ¿Tenéis fotos?

Sí, sí, tengo fotos.

¿Y se sabe cómo ha sido?

Aún no sé cómo ha sido. ¿Quién es?

Un momento.

Jefe, ahora sí sé cómo las mató.

Buen trabajo, Clarita, siga con ello.

¿Cómo tienes la desvergüenza de venir aquí?

-Solo he venido a dar el pésame,

Doña Ángela.

-¿Cómo se te ocurre?

-Viene a pedirte dinero, como siempre.

Mira que eres tonta. Tu sobrino es una deshonra

para el cuerpo que defendieron nuestros maridos.

-Usted se calla. ¡Harpía! ¡Urraca!

-¡Fuera de aquí! -Tiene razón, eres una deshonra.

¡Lárgate, no quiero verte más!

-Doña Mercedes, madre, no es este el momento. Disculpe...

-¡No es lugar para que te andes insinuando!

Hasta luego.

¿Quién es usted?

Clara. Soy familia de la difunta.

Pues quién lo diría.

No lo parece. Aquí todas son unas harpías.

(RÍE)

Me encantaría verla a la luz del día.

(Música de suspense)

(GIME DE DOLOR)

¡Hijoputa!

¡Ah!

¡Eh!

(Crujido de articulación)

(GIME MALHERIDO)

¿Tú qué haces aquí? ¿Estás bien, jefe?

Creo que me ha jodido el hombro. Déjame ver.

(SE QUEJA) ¡Joder!

Me lo ha hecho fosfatina. ¡Hijoputa!

Las criadas no sueltan prenda.

Yo tengo cita con el sobrino de las viudas, un militar.

Ahí hay algo, ¿eh?

Por fin la doctora.

¡Qué alegría, habéis venido todos!

Una pregunta sencillita. Solo es una luxación.

Eso han dicho en urgencias. No me refería...

¿Ni un "qué tal estás" ni un "ahí te pudras" ni nada?

Lo sé por Germán: un intento de atraco chapucero.

¿Viste al agresor? Qué va, fue como una centella, ¿eh?

Pues ya está.

¿Nos puede contar algo de las viudas asesinadas?

Pues no, no puedo. -Pues no lo digas...

Solo confírmanos si la primera tenía un ojo reventado.

Creemos que le han clavado algo afilado por la mirilla.

Eso provocaría una hemorragia que le llegaría hasta el cerebro. ¿No?

Solo dinos si tenían los ojos reventados.

Solo asiente.

¿Y mismas heridas?

¿Y objeto punzante?

(SUSPIRA)

¡El asesino de la mirilla!

Esto es un titular de agárrate y no te menees.

Todavía estamos a tiempo de entrar en rotativas. ¡Todos a escribir!

Tú a casa a curarte. No me voy a casa, leche.

Si pareces el manco de Lepanto. ¡Pues lo dicto!

(TARTAMUDEA) Por una noche te llevo a casa.

¡Ay!

¡Vamos, lumbrera, que es para hoy!

Usted dirá, maestro.

Titular:

"El asesino de la mirilla". Si no, a Rodrigo le da un telele.

Subtítulo:

"Psicosis en el barrio de Salamanca".

(Sonido de rotativa)

(Puerta abriéndose)

Hola.

Hola. Llegas tarde.

Ha sido un día largo.

Espera, espera.

¿Y si nos oye tu tía?

Espera, es que no... no puedo.

Es esta casa.

No deberíamos estar viviendo aquí.

¿Qué tiene de malo vivir aquí?

¿No quieres tener tu propia casa?

Lo que quiero saber es si esto va a funcionar,

en esta casa o en la que sea. (SOLLOZA)

Te acompaño a comer después, que tienen un menú de lentejas...

Qué pesado, pareces mi guardaespaldas.

Coño, Peluso, ¿qué haces aquí?

Ni Peluso ni hostias. ¡Eh, eh!

Una vecina ha intentado matar al mendigo.

Cabrera está que rabia, ¡me tiene en la picota!

Solo hacemos nuestro trabajo. ¿Y de dónde habéis sacado esto?

Un tipo que mata a través de las mirillas. ¡Venga, coño!

¿Tiene la policía otra versión?

Cuando hagáis vuestro trabajo,

vienes y te cagas en mis muertos, mientras tanto, adiós.

Podías ser más diplomático, que este chico nos ha dado mucho.

Y además es amigo tuyo. ¡Ese es el Peluso!

¿Qué lío te traes con Jesús? -Yo, ninguno.

-Eh, que te conozco, bacalao. Ya estás largando.

Así que familia de militares...

Su padre debe de estar orgulloso. No, no... Mi padre murió.

Lo siento. Tranquila.

Solo me queda mi tía, Mercedes, la hermana de mi padre.

Aunque esa mujer...

tiene la misma personalidad que un caracol. (RÍE)

Se deja llevar siempre por esa bruja asquerosa.

Su vecina.

¿Ángela? (ASIENTE) Esa mujer

tiene a todo el portal acogotado.

¿Y su padre... murió en la guerra?

Nuño, mi compañero del gimnasio...

Le han contratado para que se encargue de Jesús.

-¿Qué?

-¡Joder! Esto es por lo del rosario.

Tiene que saberlo. -¡No!

Esto tengo que solucionarlo yo, a mi manera.

Jesús es mi amigo...

pero Nuño también.

-Durante la guerra, dos oficiales amigos de mi padre

hicieron... cosas que avergonzarían a cualquier militar.

Mi padre, por supuesto, quiso denunciarlo,

pero estos dos consiguieron librarse y...

Es usted preciosa.

Y...

¿Y qué pasó después? Lo que pasó...

es que a quien condenaron fue a mi padre.

Le hicieron un consejo de guerra acusado de deserción.

Y le condenaron a 20 años de cárcel.

Este, el presidente del tribunal,

mi tío, su propio cuñado.

¡Dios...!

Al poco tiempo...

mi padre se colgó en la cárcel.

Oh, Dios, lo siento mucho.

No se preocupe.

Espero que haya conseguido hacerle justicia.

¿Justicia?

Ellos dos murieron, mi tío también.

Y ahora sus dos mujeres han muerto, menos mi tía.

Que se jodan todos.

¿Ahora?

¿Las mujeres del edificio son sus viudas?

Ah.

Si quiere vamos a un sitio más tranquilo a charlar a solas.

Niña, vaya artículo te has marcado,

no he pegado ojo con eso del asesino de la mirilla.

-Eres periodista.

Sí, pero... ¡Hija de puta!

(GRITOS INCOHERENTES)

¡Me has mentido! ¡Me has mentido!

¡Cabrona! -¡Fuera!

-¡Me cago en la puta! -¡Me has mentido! ¡Cabrona!

(BREVE FORCEJEO)

¿Comisario Montenegro?

¿No está?

Sí, es sobre el caso de las viudas. Necesito que envíen a alguien...

Sé que el edificio está vigilado, pero hay novedades.

Dígale que he llamado, por favor. Soy Clara López.

Has intentado matar a mi amigo.

-Matarlo no, solo asustarlo.

-¿Has cobrado ya el trabajo?

-Todavía no.

-Estás a tiempo, no hagas el trabajo.

-Necesito el dinero, tengo deudas.

Si no termino el encargo, vendrán a por mí.

-Cuando te cargaste a Garcés me encargaron que te matara.

Pero no estaba dispuesto a esto,

esto tiene un límite.

¡Tú eres como mi hermano, coño!

Rechacé el trabajo.

Hay elección.

No lo hagas, Nuño.

Lárgate de Madrid una temporada, yo te ayudo.

-Está bien.

Mañana después del combate me iré.

(Timbre)

(SUSPIRA ALIVIADO)

Hola. Pensé que no estabas.

Toma, bocadillo de jamón del Lido, sé que eres de gustos finos.

Se agradece. ¿Quieres pasar?

¿Cómo va lo de la mirilla?

Tengo un sospechoso y sé quién es su próxima víctima.

He avisado a la policía, tranquilo. Descansa. Y come.

Muy bien, Massiel.

¿Por qué es tan importante ese caso para ti?

Asunción Montenegro.

¿Montenegro? (ASIENTE)

Montenegro.

La hermana de Miguel. Y mi primera novia, mira.

Aquí está el Peluso de pequeño con ella.

Y la primera víctima del asesino del rosario.

Por ella me metí a policía, para saber quién la mató.

Y luego vino otra... y otra... y otra.

Camacho y yo éramos compañeros,

muy buenos amigos.

Pero los jefes y él

querían cerrar el caso, algo olía muy mal.

Alguien a quien proteger.

Y se sacaron de la manga a un cabeza de turco.

Garcés. Sí.

El hombre del río. (ASIENTE)

Yo sabía que el verdadero asesino estaba en la calle,

pero cuando quise volver a investigar

me apartaron del caso, me despacharon.

Y dejé el cuerpo.

¿Estás seguro de que es el mismo asesino?

Hace unos días...

recibí esto, una esquela de la muerte de Asunción.

En la escena del crimen me encontré una escena dantesca,

una muñeca siniestra representando el asesinato

con unas cuentas de rosario.

El mismo rosario que usa para estrangularlas.

Y luego aparece muerta

la chica a la que le compraba la prensa todos los días.

Está jugando conmigo, Clara. Me está rondando y me quiere joder.

Es importante que estés alerta, también estás en peligro.

Cualquier cosa que te suceda me la tienes que contar.

(Música de intriga)

¿Qué pasa?

¿Qué pasa? Oh...

No sé si tendrá algo que ver...

¿Qué?

¿Recuerdas el caso del manicomio?

Sí, claro.

Cuando ayudé a Amelia a salir de allí...

un paciente nos ayudó a escapar, un hombre muy extraño.

Le di un colgante que llevaba.

Ese colgante apareció hace unos días,

en mi mesilla de noche, todavía no sé cómo.

No le di importancia, pero ahora me dices esto...

Manicomio...

¿Quién era ese paciente?

(Música de intriga)

(Televisión de fondo)

(Timbre)

(Timbre, segunda vez)

(Música tensa)

¿Quién es?

¡Jefe!

¿Qué pasa?

El portero vio a un militar saliendo por detrás.

Hemos encontrado esto. Eso es del ejército de tierra.

Podría ser de algún vecino.

En este edificio, de cualquiera. Eso también.

¡Nos están matando a todas y la siguiente seré yo!

Tranquilícese, para eso estamos aquí.

¡Coño!

Ya está bien, ¿no? ¿A quién han matado?

¿Qué ha pasado?

Es Mercedes, la han matado. Y ya van tres.

¡Dios Santo bendito! ¡Maldita sea!

¡Se colaron en mi casa, carroñeras!

Sabemos que son de "El Caso". -Menos remilgos, señora.

Intentamos ayudar a que detengan al asesino.

Vamos.

-Pilar trabajaba en el psiquiátrico de San José

cuando estalló el tema de los experimentos.

¿Sabes si en esos días dieron el alta a algún paciente?

No.

Pero hubo uno que se escapó, en el hospital causó mucho revuelo.

¿Recuerdas su nombre? No, todo fue muy discreto.

-¿Y en los archivos del hospital no habrá nada?

-Se quemaron todos en un incendio al poco tiempo.

El incendio, es verdad.

Puede que haya alguien que lo sepa, algún médico o algún celador.

A ese paciente le llevaba el doctor Alborán.

-Alborán...

Es el tipo que metieron en la cárcel por experimentar con los pacientes.

¡Es verdad!

(Llaman a la puerta)

Perdón. Doctora, han traído el cuerpo.

Es el único familiar de la mujer, siempre le pedía dinero.

¿Y eso le convierte en asesino? ¿Qué hay de las otras víctimas?

Te llamé para contártelo, pero no devolviste la llamada.

Su padre murió en la cárcel.

Su tío y los maridos de las otras dos víctimas

y le montaron un consejo de guerra. Y eso es un móvil clarísimo.

Es militar, ¿verdad? Capitán del ejército de tierra.

Disculpe, ¿nos permite un segundo?

Comisario Montenegro. Lo lamento. Muchas gracias.

¿Dónde estaba ayer por la noche? En el campo. Tengo una casa allí.

Si me permite, mi tía acaba de fallecer.

Es Ud. militar, ¿verdad?

(GRITO)

¿Te crees que no lo sé?

¡Hostia, el hombro, coño!

Gracias. ¡Anda!

¡Me cago en la hostia!

(SE QUEJA) ¡Joder!

Que, ¿te gusta el oficio?

¿Así que un militar? Y sobrino de la víctima.

No me jodas que fue por la herencia.

Fue el móvil del asesinato del último número.

Mucho mejor: venganza. (DISFRUTANDO) ¡Venganza!

Los maridos de las víctimas montaron un consejo de guerra

a su padre y se suicidó en el penal de Cartagena.

Ahí lo tienes, 10.000 números más. (RÍE)

Cabrera estará subiéndose por las paredes.

¡Ay, ay, ay! Eres la recaraba, Jesusín.

Maltrecho y reduciendo malhechores. Siempre en medio, como el jueves.

Casi me descoyunto. Gracias.

Vaya al interrogatorio, quiero el testimonio del asesino.

Hecho.

¡Paloma!

-Pero ¿qué ha pasado? -¿Qué has hecho? ¡Díselo!

Le he visto peleándose con un niño y me he ganado una pedrada.

-Casi te da en el ojo. -Esto es por llevarle al gimnasio.

-Mejor eso que ande por las calles deambulando.

-Creo que tenemos que hablar.

(RESOPLA)

¿Sabes dónde está Guadalajara?

Hay un colegio donde vas a conocer a muchos niños.

-¿Y qué colegio es ese? -En el internado que le dije.

Le he conseguido plaza. Me ha costado, ¿eh?

-¿Cómo? Sí, no te comenté...

que en Madrid es muy difícil.

Y es lo mejor para un niño, estando ustedes amancebados.

(ENFADADA) ¿Un internado? ¡¿Un internado?!

¿Se puede llevar al niño, por favor? Gracias.

¡El internado no está mal!

¡Yo estudié allí y mírame, dirijo un periódico!

¡Ah! ¿Y quién te ha dicho que te quiero de ejemplo para él?

Sí, efectivamente...

Doctor Alborán,

trabajaba en el sanatorio psiquiátrico de San José.

No sé, ingresaría hace unas semanas.

¿Seguro?

Bien, gracias.

Esto es suyo, ¿verdad?

-Ya se lo he dicho...

No.

-¿No? -No.

Vamos a ver, Montijano.

Esta es la daga con la que mataron a su tía.

Es una daga del ejército y resulta que Ud. es capitán,

qué casualidad.

Perdón, comisario, lo que pidió. -Gracias.

-¿Por qué no va de uniforme?

-He estado destinado en el Sáhara,

y me han dado un permiso especial. ¿Un permiso especial?

El desierto es duro, hay gente que pierde la cabeza.

-Tanto como para desertar.

Por eso salió zumbando del hospital.

¡Te están buscando, guripa! ¡No, yo no he matado a nadie!

Mi único pecado es ser un cobarde... -Te has ganado un consejo de guerra.

Es de familia. A su padre también...

¡No meta a mi padre! ¡Él fue acusado injustamente!

Sí, por su tío y por los maridos de las otras víctimas.

¿Por eso las has matado? ¡Yo no he matado a nadie!

-Menos gritos, Milagritos.

Bueno...

Vamos a empezar otra vez.

-No puede interrogar a un militar sin avisarnos.

-No lo sabíamos. -Los cojones.

Póngalo a disposición del Ejército.

-¡No hay pruebas, esta daga no es mía!

-Este hombre podría ser un asesino.

-No se meta en nuestros asuntos. Y van dos advertencias.

-¿Y qué? ¿Me va a poner a dar vueltas en el patio?

-No me ponga a prueba.

No, Margarita, no mucho. No ha confesado.

Se lo están llevando los militares.

Muy bien, ahora te veo.

Cuidado con lo que escribe.

A ustedes se la tengo jurada. ¿A nosotros o a mí?

No se haga la importante.

Alégrese de que haya vuelto Gerardo. Le vi ayer, tomamos un café.

Le ha sentado bien Marruecos, aunque haya sido breve.

Me llamó él. Ah...

devuélvale esto, que se le olvidó, en la barra del bar.

(Música melancólica)

(GIME DE DISGUSTO)

(Música detectivesca)

(DA UN PUÑETAZO)

-¡Blas! No me gusta que vengas al gimnasio.

-Deja al niño, Paloma.

Mejor que esté aquí a que esté danzando o por ahí...

-No me quiero ir, mamá.

Quiero ser luchador como Germán.

-¿Ves lo que has conseguido? No quiero darle malas influencias.

(TITUBEA)

¿Yo soy la mala influencia?

-No, perdona, no quería decir eso.

-No tienes de qué disculparte.

Lo soy.

Oye, campeón,

aquí no vas a aprender nada bueno.

-Pero... -Ni pero ni pera. Haz caso a mamá.

Y fíjate en Rodrigo, en Guito.

Él es una persona...

ejemplar.

¡Hay que tener aspiraciones en la vida!

¿Vale?

(LE DA UN BESO)

(Música melancólica)

Oye, ¿todavía está en pie lo del viejo?

(ASIENTE)

-Pues dile que vale,

que quiero mi parte ya.

-Hola, cariño.

Tenía que dejarle claro que no quiero volver a verle.

¿Ha habido otros...

antes que él o después...?

No quiero hablar de eso. Quiero que todo vuelva a ser igual.

Y lo vamos a conseguir.

(TÍA) ¿Hay alguien? (ELLOS SUSPIRAN)

-Yo me marcho, que llego tarde.

(LA BESA)

Hasta luego.

-Voy al estreno de "Yerma", Aurora Bautista.

Ha vuelto a ver a ese hombre, tía.

Tú crees que no va a cambiar, ¿verdad?

Me da que la que lo cree eres tú.

-Las tres murieron de la misma forma,

un objeto punzante les atraviesa el ojo.

Pero en este caso no me cuadra. La herida está más desgarrada.

Entonces el asesino no usó la daga con las primeras víctimas.

Con las dos primeras usó un objeto punzante diferente.

Igual de contundente, pero más fino.

¿Por qué el asesino cambiaría de arma?

Eso no tiene sentido.

Quizá para incriminar al sospechoso más claro, el sobrino.

Sí, pero con la psicosis que hay,

lo normal es cerciorarse de quién llama a la puerta.

Sí, todo el mundo sabe lo del asesino de la mirilla.

Lo hemos publicado nosotros.

A lo mejor no la mató a través de la mirilla.

Si oyes una voz conocida tras la puerta, abres.

Es decir, sea el sobrino o no,

las víctimas conocían al asesino. Tiene que ser alguien del barrio.

¿Siguen vigilando? El edificio está blindado.

Los policías vigilan todas las plantas.

Venga, al lío, que tenemos boxeo.

Yo quería ver pelear a Germán.

¿Otra vez? Acabamos de hablar del tema,

no puedo llevarte al boxeo. -¿Pelea hoy Germán?

¿Cómo no me habéis dicho nada? -Te has quedado sin entradas.

Nosotros vamos al Capitol, que reponen "Los siete magníficos".

¡Anda! -Oye, esa no es tolerada.

¡Tolerada, dice!

Nos colamos, como hacía yo con mi padre.

Te metes debajo del abrigo y listo.

Hala, vamos.

¡Adiós, vaqueros!

(Gentío)

(SALUDO) ¡Eh!

Échame una mano, que estoy lisiado.

Gracias, chicos.

(JADEA)

(Gentío animando fuera)

"Buenas noches, señoras y señores.

Bienvenidos a esta emocionante velada".

¡Vámonos!

(MUCHOS) ¡Vamos, Germán!

¡Ese Gato!

"El siguiente combate enfrentara, por un lado,

con calzón negro, con 85 kilos,

¡a Germán Castro, el Gato de Lavapiés!"

(Vítores)

(Aplausos y vítores)

"Y a mi izquierda, con 85 kilos,

calzón blanco, a Nuño Chupo Portera!"

(Abucheos y silbidos)

Recuerda, al tercer asalto... (HACE UN SONIDO)

(Público animando)

Señores, vamos a restringir un poco el espectáculo.

Choquen los guantes.

(Público animando)

(Campana)

¡Vamos, Germán!

(Público animando)

¡Venga, lumbrera!

(RECUERDA)"Las víctimas conocían al asesino.

Tiene que ser alguien del barrio o del edificio.

Entonces el asesino no usó la daga con las primeras víctimas".

(REBECA) "No, con las primeras usó un objeto punzante diferente.

Igual de contundente y más fino".

(Público animando)

¡Pero dale!

-¡Dale, que está hecho un lío!

(COMENTAN, INAUDIBLE)

¡Germán!

(TODOS EXCLAMAN)

-Uno, dos, tres...

cuatro, cinco...

(Campana)

(Gritos de fervor del público)

¡Germán!

¿Qué le pasa? Está muy flojo.

El chuletón del mediodía.

Muy bien, muy convincente.

Un par de minutos más y hemos terminado.

(Ánimos del público)

¡Venga, Germán, coño!

(Campana)

¡Vamos, Germán, vamos!

(Gritos del público)

(MUCHOS EXCLAMAN) (MARGARITA) ¡Bien!

(ÁRBITRO) Cinco, seis, siete

ocho, nueve y diez.

(Campana)

(Vítores)

(Música tensa)

¿Qué has hecho? ¿Te has vuelto loco?

Te lo va a cobrar caro.

(MARGARITA RÍE) ¡Vamos!

Ese es mi lumbrera, ya te veía en la lona.

He apostado por ti. No cojas frío.

Hemos disfrutado.

(JESÚS Y LOS DEMÁS HABLAN A LA VEZ ANIMADOS)

-Podrían traer unos chipirones...

-Nos has hecho sufrir.

(Cuchillada)

(Música tensa)

-¿Qué cojones has hecho? ¿Sabes en qué lío te has metido?

-Pero... -No aprendes, joder, Germán.

Garrulo, enhebrando. ¿Qué coño ha pasado?

¡Tenía que impedirlo!

No me jodas, ¿quería matarme?

Matarte no, pero alguien quiere asustarte, Jesús.

¿Y tú qué sabes de esto?

¿Estás metido en este tema? Este no es sitio para esta charla.

Y tú deberías tener cuidado. ¡Los dos debéis tener cuidado!

Suelta, hale.

(Música de suspense)

¡Eh, ¿dónde vas?!

(SUSPIRA) Necesito hablar con una vecina.

No le podemos dejar pasar.

¡Será posible!

¡Ángela! ¡Ángela! ¿Qué quiere ahora?

Necesito hablar con usted.

Es importante.

La escucho porque ha ayudado a coger a ese malnacido.

(Música de moda)

¿Quién está en casa?

Mi hija, en su cuarto.

Esos seriales le tienen sorbido el seso.

¿Y la criada? Es su día libre.

(Música de suspense)

Creo que su criada está implicada.

¿Rosita? Sí.

Eso es imposible, es una muchacha de confianza.

(Timbre de la puerta)

¿Quién es?

¿Quién es?

-"Mamá, soy yo, abre".

-¿Hija?

¿No estabas en tu cuarto?

-He salido y me he dejado las llaves.

"Abre". (RESOPLA)

¡Ay! Pero ¿qué es esto? ¡Pero niña...!

(GRITAN)

¡Ah!

(LA MUJER GRITA)

(SEÑORA) ¡Auxilio! ¡Socorro!

(FORCEJEA) -Voy a sacarte los ojos.

(GRITA DE DOLOR)

(FORCEJEAN)

¡Quieto! ¡Quieto!

¡No! ¡Quieto! ¡Quieto!

(LA SEÑORA LLORA)

-Qué fuerza tiene. Toma.

(POLICÍA) ¿Está bien? Sí...

-Sacar los ojos... -¡Ay, hija!

¡Ay, Dios!

¿Has encargado que me den un navajazo?

¿De qué estás hablando?

¿Sabes lo que pasó en el gimnasio Maravilla?

Mira, Expósito...

Jesús,

hay gente muy poderosa detrás de esto, hazme caso.

Se escapó un loco del manicomio. Olvida el asunto.

Ha sido él, ¿no?

(Música detectivesca)

-Eres un hijo de puta.

-Te he salvado la vida.

-¿Cómo?

Ya he cobrado y no he hecho mi trabajo.

-Para que te largues una temporada.

Como acordamos, tu dinero.

Y un pequeño regalito de mi parte.

-Pero si tú siempre andas a real y media manta.

¿Qué has hecho?

-Yo tenía que caer en el tercer asalto.

También cobré por anticipado.

Hice correr la voz del tongo de nuestro combate.

Todos cambiaron las apuestas a tu favor.

Y entonces aposté por mí con el dinero que me dio el viejo.

-Cámbiame mi apuesta a Nuño.

-¿Nuño?

-Caro se lo van a cobrar, joder.

Ya sabes cómo...

-Eso ya es asunto mío.

(TOSE UN POCO)

Mi madre es una zorra...

Ella no quiere que sea feliz.

No soportaba verme feliz...

con Enrique, mi amor.

Ella no quiere que me case con él.

Me quiere solo para ella. (SOLLOZA)

Le insultó... Le echó... No le dejaba verme.

Y yo vivo solo para ella.

¿No se da cuenta? Vivo solo para ella.

(LLORA) Enrique me quería de verdad.

No buscaba nuestro dinero.

Él me quería a mí,

pero ella no le dejó...

No le dejaste.

Ella misma me compró el traje de novia.

Pero Enrique no se presentó a la boda.

Mi madre habló con él...

y no se presentó.

Y luego ella me miraba desde el altar.

(RÍE) Me miraba y sonreía. ¡Sonreía!

La muy puta sonreía.

La muy puta sonreía.

La muy puta sonreía... la muy puta sonreía... la puta...

...la puta... ¿Por qué se vistió de militar?

(SOLLOZA)

¿Y las demás?

¿Las demás?

Son todas iguales.

Todas se reían de mí.

Todo del día con lo mismo:

"Te vas a quedar para vestir santos",

"Eres una solterona"... (LLORA)

Son unas harpías.

Las voy a sacar los ojos. Las voy a sacar los ojos a todas.

(Música de intriga)

(Timbre)

"Las voy a sacar los ojos a todas",

(LLORANDO) "Las voy a sacar los ojos a todas..."

"Voy a sacar los ojos...

a todas".

"Criada en un ambiente...

marcial y opresivo,

a Eugenia le arrebataron

la posibilidad de amar a quien quisiera.

Su madre le robó

ese derecho".

"Nada justifica sus crímenes, pero ayuda a entender su locura;

a comprender cómo el amor que sentía por ese hombre

se transformó en odio por su propia madre".

¿Cómo vais, chicas?

Yo ya lo tengo.

Muy bien, Massiel.

¡Ay! ¡Ay, coño!

Vaya par. ¿Le han mirado el hombro en un hospital?

Sí, no es nada. Yo también estoy muy bien.

Y dejad de meteros en problemas.

Tengo al equipo titular en cuadro.

¿Cómo? Que estoy de acuerdo.

El internado de Guadalajara es la mejor opción.

Pero... ¿estás segura, mi amor?

Te puedes quedar en casa con el niño.

Llámame mala madre, pero quiero seguir trabajando.

Y quiero la mejor educación para Blas.

El padre Sanchís me ha hablado muy bien de ese colegio.

De ahí han salido ministros, ¿no?

Aún tengo amistad con alguno de ellos.

Y directores de periódico.

He hecho lo que me han dicho,

pero necesito saber quién es el asesino del rosario.

-Tengo otros aspirantes para comisario de la brigada criminal.

Solo tengo que levantar este teléfono.

Vamos a ver, yo entiendo perfectamente, de verdad,

que haya que llevar el caso con discreción,

pero no creo que meterle un navajazo a un periodista lo sea.

-Tiene usted huevos, por eso se le eligió para esto.

Pero no tiente la suerte.

¿Se queda con nosotros o no?

-Lo que Ud. tiene es una enfermedad.

Como el sarampión o la tuberculosis, no se preocupe.

Verá, dentro de un tiempo solo tendrá ojos para las mujeres.

-Para las mujeres, no... para mis esposa.

Ese hombro tiene que descansar.

Esto lo cura todo.

He localizado a tu loquero.

¿Alborán?

Le trasladaron a una cárcel de alta seguridad en la sierra.

Parece que quieren tenerlo escondido.

¿Y tú cómo sabes que lo buscaba? Coño, Jesús, que soy policía.

Y de los buenos.

Me alegra no estar solo en esto.

Massiel... Expósito...

Por lo que veo esa mujer te hizo daño de verdad.

No es nada. ¡Ay! Ya, claro.

Ven, que te ayudo.

Así.

Con ese brazo no podrás conducir.

¿Te acompaño a casa? Tu marido te estará esperando.

(RÍE)

Gracias. Venga, vamos.

Hasta luego.

(Música detectivesca)

(GRITA) ¡Eh! ¡Vamos, coño, vamos!

¡Tiren las armas y salgan con brazos en alto!

Haz foto a las manos, tiene estigmas.

-Lo que tiene es fiebre.

-Estigmas. -Fiebre.

Me gusta el olor de una buena cabecera.

Portada y tres páginas.

¡Estáis acorralados, suéltala! -No deis un paso más.

¡Eh, oye! ¡Me cago en la puta!

¿Te casas conmigo o no?

Es la peor petición de mano que me han hecho.

Se acabó.

Estoy viendo a un psiquiatra. Dice que me puedo curar.

(JUEZ) Fallamos que debemos condenar y condenamos a pena de muerte.

-No está pendiente de él,

es lógico que busque consuelo en otros brazos.

Porque Ud. lo ha castrado. Ah.

¡Hijo de puta, fuiste tú!

Me ha parecido ver al comisario Camacho.

Está obsesionado con un interno que escapó de San José.

-¿Está listo, padre?

(GRITA POSEÍDA)

Tenemos que demostrar que están manipulando el caso.

Jamás he visto a un psicópata más horrible.

¿Cuál era su nombre? Santa Fe.

  • Capítulo 6, 'El asesino de la mirilla'

El Caso. Crónica de sucesos - Capítulo 6, 'El asesino de la mirilla'

19 abr 2016

Una mujer aparece asesinada en el barrio de Salamanca. Clara y Jesús investigan el caso pero se encuentran con más hermetismo de lo habitual por parte de la policía. Cuando otras dos señoras aparecen asesinadas del mismo modo y en el mismo edificio, los periodistas descubren que todas las víctimas son viudas de importantes militares, de ahí que el Ejército, representado por Cabrera, se involucre personalmente para mantener el caso lejos de la prensa. Con ayuda de Margarita y tía Laura, Clara se infiltrará en el clasista vecindario de las víctimas.

Después del asesinato de la quiosquera en el episodio anterior, Jesús tiene la convicción de que el asesino del Rosario le acecha y la muerte de la joven es una pieza más en el juego que el asesino se trae entre manos. Jesús confronta a Camacho exigiéndole que le dé la identidad del asesino pero éste no puede contarle nada ya que él mismo la desconoce. Jesús no sabe hasta qué punto hay una conspiración urdida en torno a él…

En la redacción, la llegada de Blas, el hijo de Paloma, causa tensión entre la pareja Paloma-Rodrigo y es que éste no está acostumbrado a convivir con un niño. 

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