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No recomendado para menores de 12 años  Documentos TV - Israel, los hombres de negro - 05/10/16
Transcripción completa

De los 8 millones y medio de habitantes de Israel,

un millón son judíos ultraortodoxos.

Una comunidad cerrada que sigue viviendo igual

que en el siglo XVIII, regida por la religión

y centrada en una lectura fundamentalista

de los libros sagrados.

Desde el mismo momento en que me despierto,

me siento ya un soldado del ejército de Dios.

Si quieres hacerlo, la mujer tiene sus reglas.

Y está totalmente prohibido tocarse.

Podemos decirnos palabras amables, pero no ir más allá.

Gracias a su entrada en la coalición que gobierna el país,

esta minoría ha multiplicado su influencia en la sociedad,

y en la vida cotidiana de los israelíes.

Antes, aquí, todo el mundo era laico.

Poco a poco, el número de ultra ortodoxos ha ido aumentando.

Hoy, no hay ni un solo laico.

Vamos, que ya es tarde. Todos a casa.

Se acerca el Sabbad, daos prisa.

Son una fuente de problemas.

Si trabajamos durante el Sabbad, se vuelven totalmente locos.

Mira, allí hay otro.

No es su barrio, no viven aquí, pero hacen esto todas las semanas,

y nosotros tenemos que soportarlo.

-Por primera vez, una cámara ha entrado en este universo radical,

que para muchos supone una amenaza a los principios democráticos

del estado de Israel.

-Sí, es democrático, pero ante todo, es un estado judío.

Márchense ahora mismo.

Si no, daré la voz de alarma a todo el barrio.

¿Es lo que quieren?

-No presionamos a los ultraortodoxos.

Hay acuerdos entre nosotros y ellos, así que eso no se toca.

Es un tema delicado.

-Si el estado utiliza la fuerza,

los ultraortodoxos también la utilizarán.

¿Quién ganará? Ni idea.

-"Israel, los hombres de negro", a continuación en Documentos TV.

Marzo de 2014.

Cientos de miles de hombres vestidos de negro se dan cita

en las calles de Jerusalén.

Son judíos ultraortodoxos.

Rezan y lanzan proclamas contra el gobierno

que quiere obligarlos a cumplir el servicio militar.

Tradicionalmente,

los ultraortodoxos siempre han estado exentos de hacerlo.

Más de un rabino ha terminado en la cárcel

por haber estudiado la Torá.

Nosotros también estamos dispuestos.

En la actualidad, de los 8 millones y medio de habitantes de Israel,

un millón son ultraortodoxos,

y tienen peso en todos los aspectos de la vida del país.

No es su barrio, no viven aquí,

pero hacen esto todas las semanas y nosotros tenemos que soportarlo.

Controlan el derecho de familia, el matrimonio y el divorcio.

En cambio yo, que trabajo, estudio, que soy una persona normal,

¡mire dónde vivo!, no puedo ver a mis hijos.

-¿Por qué?

-Porque no soy suficientemente religiosa.

Se convierten en los aliados indispensables

del partido en el poder, haciendo y deshaciendo las alianzas.

No presionamos a los ultraortodoxos.

Hay acuerdos entre nosotros y ellos, así que eso no se toca,

es un tema delicado.

Somos los primeros periodistas en entrar en esta comunidad

que da prioridad a las leyes de Dios por delante de las de la democracia.

Una amenaza para todo un país.

Si el estado utiliza la fuerza,

los ultraortodoxos también la utilizarán.

¿Quién ganará? ¡Ni idea!

Esta es la imagen que tenemos de Israel:

un país moderno, tecnológicamente puntero,

con sus rascacielos al borde del mar y una juventud efervescente.

Pero hay otro Israel, un estado dentro del Estado,

que nada tiene que ver.

Se trata del Israel de los ultraortodoxos,

un mundo en blanco y negro que vive igual que en el siglo XVIII.

La mayoría de los ultraortodoxos vive en Jerusalén.

Para realizar este reportaje, decido acudir a su centro histórico,

el barrio de Mea Shearim.

Aquí viven 15.000 ultraortodoxos,

entre ellos, algunos de los más radicales.

Para entrar en este barrio tan cerrado,

es imprescindible respetar unos estrictos códigos.

Me han aconsejado que hable con una periodista francoisraelí

que trabaja para una revista ultraortodoxa.

¡Buenos días! Betsabé.

-Encantada. Laly. -Igualmente. ¿Qué, vamos?

-Si de verdad quieres sumergirte en la sociedad ultraortodoxa,

vamos a tener que cambiarte de look,

porque llevas un poco de escote y vaqueros, y no puede ser.

-Entiendo.

-Así que tendremos que cambiar tu indumentaria.

Los códigos de pudor son especialmente estrictos

para la mujer.

¿Qué tal esto? -Sí, perfecto, así sí.

Tiene todo lo que tienes que tener: es largo, llevas falda, medias...

-Eso sí, estoy pasando calor. -Ya, pero...

-¿Buscamos algo más ligero? -Muy bien, busquemos.

Manga larga y dos camisetas superpuestas

para que no se adivine mi silueta.

Ahora me siento algo menos tapada. ¿Así está bien?

-Así está perfecto.

Muchas gracias.

A la entrada de Mea Shearim, nos topamos con un cartel.

En ese cartel, pone que está prohibido entrar en Mea Shearim

vestido de manera impúdica,

las mujeres con falda por encima de la rodilla

o un escote pronunciado, y los hombres, con pantalón corto.

El ambiente cambia por completo, no sé si te has dado cuenta.

Esto no tiene nada que ver con lo que había hace 200 ó 300 metros.

Digamos que es más austero. -Sí.

Penetramos en un mundo férreo,

un mundo en el que solo viven ultraortodoxos.

Su forma de vestir y su práctica del judaísmo

nacieron en la Europa del siglo XVIII.

Perseguidos en su país por causa de los pogromos contra los judíos,

pasaron a instalarse aquí mucho antes de la creación

del estado de Israel.

De hecho, si tuviéramos una máquina del tiempo

y nos remontáramos 200 años,

los abuelos de los habitantes actuales, sus antepasados

e incluso los antepasados de esos antepasados

llevaban exactamente la misma ropa.

Para el judaísmo ultraortodoxo, conservar el mismo tipo de ropa

es una manera de preservar su naturaleza, su autenticidad.

Para ellos, es una forma de no parecerse a los judíos no religiosos,

y por eso es un honor para ellos seguir vistiéndose igual.

Un rechazo de la modernidad que prohíbe la radio,

la televisión e internet.

Para comunicarse, los ultraortodoxos pegan carteles en las paredes.

¿Y esos carteles para qué son?

Ese es para anunciar que alguien ha muerto.

-Muy bien. -Es para informar de quién ha muerto.

-O sea que son sus periódicos. -Sí, son sus periódicos.

-Entiendo. -Podríamos llamarlos así.

Son al mismo tiempo, un periódico, un medio de comunicación,

anuncios por palabras... Un poco de todo.

-¿Qué dice por ejemplo este cartel?

-Dice que ha habido un accidente terrible de autobús en Israel

hace unos días.

En este barrio,

la presencia de nuestra cámara es vista como una agresión.

¿Hay algún problema?

-En los barrios ultraortodoxos, no se puede grabar;

vaya a los barrios laicos, al centro de la ciudad.

-Pero estamos grabando en la calle.

-Ni siquiera se puede grabar en la calle en un barrio ultraortodoxo.

-El hombre que nos llama la atención no nos mira a la cara.

La razón es sencilla: somos mujeres.

-Márchense ahora mismo.

Si no, daré la voz de alarma a todo el barrio. ¿Es lo que quieren?

-No queremos nada.

-Márchense, vuelvan al centro de la ciudad.

¡Pero estamos en la calle!

Al cabo de un rato, el hombre recibe el apoyo de un vecino,

igual de enfadado que él.

Como no se marchen, empiezo a gritar.

¡Márchense de aquí! ¡Márchense de aquí! ¡Fuera!

-Nos escoltan hasta la salida del barrio,

para impedir que grabemos más.

-¡Ya estamos fuera!

Les he dicho que se vayan al centro laico.

-Pero ya hemos salido del barrio.

-Cuidado, que os rompen la cámara. -Venga, mejor nos vamos.

Nuestra incursión en el barrio de Mea Shearim

no ha durado más de un cuarto de hora.

Hasta entonces, ninguna cámara había lograba grabar imágenes

de la intimidad de los ultraortodoxos.

A lo largo de varios meses, hemos intentado entrar en esta comunidad,

pero los esfuerzos han sido en vano.

Al final, un hombre acepta abrirnos sus puertas.

Yonatan es un ultraortodoxo deseoso de defender

su modo de vida tradicional.

Casado y padre de familia,

nos cita una mañana en el centro de Jerusalén.

La primera regla que descubrimos es que es el rabino

quien lo decide todo en la sociedad ultraortodoxa.

En nuestra comunidad,

no te puedes sacar el carné de conducir cuando tú quieras.

Primero, tienes que preguntar al rabino si tienes derecho a sacártelo.

La primera vez que yo se lo pregunté, me respondió:

"No, no te lo puedes sacar".

Y luego me dijo: "Vuelve dentro de un año y lo vemos de nuevo".

Mi hermano también se lo preguntó, y el rabino también le dijo que no.

De hecho, todavía no le ha dado permiso para sacárselo.

-¿Por qué?

-Ni idea. Es nuestro rabino, ¡sus razones tendrá!

Desconozco por qué toma ciertas decisiones.

Si lo supiera, el rabino sería yo, y no él.

Segunda regla: los hombres no deben trabajar.

Su única ocupación: rezar y estudiar los textos sagrados, todo el día.

Como todas las mañanas, Yonatan acude a su yeshiva,

su círculo de estudios religiosos.

Un universo exclusivamente de hombres.

Se pasan todo el día repitiendo, comentando y explicando la Torá,

el texto sagrado para los judíos.

Hay que analizar bien y corroborar la imagen que dices.

-Teniendo en cuenta que ha escogido el camino más difícil,

no el más fácil,

podemos pensar que cuenta la verdad. Hay que creerle.

¡Esa respuesta es inaceptable! -¡Todo lo contrario!

-Muy bien.

Una vida regida las 24 horas del día por la religión y su estudio.

Desde el mismo momento en que me despierto,

me siento ya un soldado del ejército de Dios.

Tengo miedo de Dios, y lo que quiera Dios es importante para mí.

Pienso continuamente en Dios.

Por ejemplo, después de lavarme las manos y de vestirme,

me preparo el café, pero no lo bebo inmediatamente, primero rezo.

"Gracias, Dios, por haberme dado un café. Hágase tu voluntad".

Y luego voy a la sinagoga para rezar.

Tras la oración y el estudio de la Torá,

el valor central de la vida ultraortodoxa es la familia.

A los 32 años, Yonatan tiene cuatro hijos:

dos hijas en educación primaria y dos niños más pequeños,

uno en infantil y otro en la guardería.

Sacaré del horno lo que dejó preparado anoche mi mujer.

Aquí lo tengo.

Llaman a la puerta.

Buenos días, ¿qué tal? -Bien, gracias a Dios.

-Deja tus cosas en tu habitación.

Aquí no hay novelas ni periódicos.

En esta biblioteca, únicamente hay libros sagrados.

Estos niños nunca han visto una consola, una televisión

o un ordenador.

Todo eso está prohibido.

Cuando salen del colegio, juegan a las cartas.

El único objeto moderno es un teléfono móvil,

aunque también se supervisa su uso.

¿Tiene móvil?

-Sí, es mi teléfono casher, validado por el rabino.

Si uno de verdad necesita tener un smartphone, lo puede tener,

pero necesita la autorización del rabino.

Mi rabino me conoce muy bien,

y me ha concedido una autorización especial.

Se puso en contacto con la compañía de teléfono

para autorizarles a venderme un móvil.

El uso de internet está muy controlado,

y cada aplicación debe ser validada por el rabino.

Yonatan está casado con Haya.

Dios bendiga estos alimentos.

-Amén.

Su vida está totalmente regida por códigos, incluso su intimidad.

El contacto físico, las muestras de afecto como abrazarse,

no se pueden hacer en casa, o al menos delante de los hijos.

Si quieres hacerlo, la mujer tiene sus reglas,

y está totalmente prohibido tocarse.

Podemos decirnos palabras amables, pero no ir más allá.

-¿No os dais besos? -No, ni besos ni achuchones.

En vista de que los hombres se pasan todo el día estudiando,

son las mujeres quienes deben trabajar.

Haya regenta un negocio de pelucas,

un negocio floreciente puesto que todas las mujeres ultraortodoxas

deben cubrirse la cabeza por completo.

¿Lista?

Y aquí se prefiere la peluca antes que el velo.

La propia Haya lleva peluca.

¿Las mujeres se cubren la cabeza por pudor?

-No, es un deber específico de las mujeres casadas.

Y las mujeres divorciadas, aunque ya no estén casadas,

también deben cubrirse la cabeza.

Los hombres de negro están dispuestos a todo

para proteger este modo de vida ultraortodoxo,

aunque eso suponga enfrentarse al Estado de Israel.

El Estado de Israel como tal es menos importante para mí

que la Torá, el libro sagrado.

Entre el Estado y nosotros,

hacemos lo necesario para que no haya fricciones,

pero hay algunas cuestiones candentes

Si el estado utiliza la fuerza,

los ultraortodoxos también la utilizarán.

¿Quién ganará? ¡Ni idea!

Espero que nunca haga falta comprobar quién es más fuerte.

Por ahora, el Estado no hace nada para incomodar a los ultraortodoxos.

Al contrario, estos van poco a poco ganando terreno israelí

con total impunidad.

Yonatan vive en el barrio de Maalot Dafna.

Antes, aquí todo el mundo era laico.

Poco a poco, el número de ultraortodoxos ha ido aumentando.

Hoy, ya no hay ni un solo laico.

Queda algún practicante moderado, uno allí y otros allá,

pero son los únicos.

Cuando un número destacado de ultraortodoxos

se muda a un barrio laico, los laicos se marchan del barrio.

Hoy, en este país,

hay una distancia enorme entre los ultraortodoxos y los laicos.

No podemos ser vecinos.

Ahí está mi hijo.

¡Hola, mi rey! ¿Todo bien?

La sociedad ultraortodoxa aspira a crear su propio espacio,

una especie de gueto.

Yo me defino como una persona abierta, que ha visto el mundo,

¡incluso he ido a la universidad!

Sin embargo, cuando tengo que ir a Tel Aviv,

tengo la impresión de que voy de viaje al extranjero.

El Israel de Tel Aviv,

a su parecer resulta tan peligroso como los nazis

en la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad, nuestros rabinos presentan la realidad

al otro lado del mundo ortodoxo como "una shoah espiritual".

No es una shoah en el sentido de que la sociedad de Israel

intenta destruir el mundo ultraortodoxo,

pero lo que queremos decir es que aquel que salga del gueto

se arriesga a perder el modo de vida ultraortodoxo.

El resultado es prácticamente la shoah.

Una visión del mundo compartida por casi toda la comunidad de Yonatan.

Además, algunos grupos ultraortodoxos

llevan el razonamiento incluso un paso más allá:

sencillamente quieren la destrucción de Israel.

Son los Neturei Karta, es decir, "los guardianes de la ciudad".

Año tras año, queman la bandera de Israel el día de la fiesta nacional.

Y a continuación, despliegan la de Palestina.

No dudan en darse la mano con el líder iraní Ahmadinejad,

que aboga por borrar a Israel del mapa.

Con este regalo, os manifestamos nuestra gratitud

por la ternura y el amor que manifiesta hacia los judíos

y hacia toda la humanidad.

Incluso, hacen una visita a Ismail Haniyeh,

el líder de Hamás en Gaza, que está en guerra con Israel.

Y al humorista Dieudonné, acusado en Francia de antisemitismo.

Recibimos la invitación del rabino Hirsh, el líder del movimiento.

Vive en Mea Shearim,

rodeado de banderas palestinas pintadas en las paredes.

Los Neturei Karta se niegan a tener un carné de identidad israelí

y a recibir de este Estado todo tipo de ayuda.

Asimismo, no inscriben a sus hijos en el registro civil.

Buenas noches. -Buenas noches.

Para diferenciarse de los demás, hablan el yiddish,

una mezcla de alemán y hebreo que hablaban sus abuelos

en Europa del Este.

¿Su ideal? Vivir en un futuro estado palestino.

Nos negamos a ser ciudadanos en un Estado israelí de cualquier tipo,

porque sabemos qué está escrito en el libro sagrado.

Dios prometió sacar del exilio al pueblo judío.

Llevamos dos mil años exiliados, y mientras dure este exilio,

el pueblo judío tiene prohibido fundar ningún Estado

en ningún lugar del mundo, ni aquí ni en Uganda.

¿En serio quiere que Palestina se convierta en el Estado de Israel?

-¡Por supuesto! Reclamamos la justicia divina.

No puede haber un Estado judío sin la voluntad de Dios.

Hasta entonces, estamos en Palestina.

No puede haber "dos Estados para dos pueblos".

No es la mejor solución.

La mejor solución pasa por devolver todo el territorio a los palestinos.

Los ultraortodoxos no se contentan con aplicarse la ley de Dios.

También quieren controlar los barrios laicos,

barrios en los que no viven.

Nos encontramos en el mercado del centro de la ciudad,

muy lejos de Mea Shearim y de los barrios ultraortodoxos.

Son las tres y media de un viernes.

El ambiente es relajado, familiar.

Sin embargo, los ultraortodoxos han decidido

que se cierre el mercado los viernes por la tarde,

con el fin de prepararse para la llegada del Sabbat,

día de descanso semanal en Israel.

Y para lograrlo, disponen de una solución radical.

Tocando una trompeta, obligan a los comerciantes a cerrar sus puestos.

¡Vamos, que ya es tarde!, ¡todos a casa!

¡Se acerca el Sabbat, daos prisa!

Creyentes o laicos, judíos, musulmanes o cristianos,

todos deben obedecer.

¡Si quieres que me vaya a casa, cómprame todo esto!

-¡Ya lo venderás pasado mañana!

-Vale, ya llega el Sabbat, ¡pero falta más de una hora!

El hombre de negro no tarda en recibir el apoyo de otros como él.

Forman parte de una milicia religiosa.

No obedecen a dictados de la policía, únicamente de su fe.

¿Y qué pasa si alguien cierra su tienda diez minutos tarde?

-Entonces aparecen en tropel en el barrio un millón de religiosos

y empiezan a gritar: "¡Sabbat!".

-¿Alguna vez alguien se ha negado a cerrar?

Sí, y han montado una buena, gritando e incluso arrojando piedras.

Son una fuente de problemas.

Si trabajamos durante el Sabbat, se vuelven totalmente locos.

-Mira, allí hay otro.

No, no hace falta que entre.

Los clientes laicos del bar del mercado

asisten impotentes al cierre del local.

No es su barrio, no viven aquí,

pero hacen esto todas las semanas y nosotros tenemos que soportarlo.

¿Pero tienen derecho a hacerlo? ¿La policía se lo permite?

-No, no tienen derecho, pero juegan con los límites de la ley.

Se lanzan a todo aquello en lo que creen que pueden influir.

-Perdonen, ¿la policía les da derecho a decirles que cierren?

Perdonen, ¿la policía les da derecho a decirles que cierren?

Por favor, me gustaría que me respondieran.

No quieren responder, probablemente porque soy mujer.

Al parecer, se creen con el derecho de exigir a todo el mundo

que cierre su local, como si fueran la policía.

Los hombres de negro han conseguido cerrar todos los locales

antes del Sabbat, aunque se encuentren en un barrio laico.

Una batalla más ganada por los ultraortodoxos.

En el verano de 2015, arremetieron también en un barrio laico

contra un cine,

que seguía abierto en Jerusalén durante el Sabbat.

Y lograron que cerrara sus puertas.

Todos los viernes, Jerusalén se convierte en una ciudad fantasma

a partir de las tres de la tarde.

Pero Jerusalén no es la única ciudad en la que concentran sus esfuerzos

los ultraortodoxos, también actúan en otros puntos de Israel.

Eli es taxista.

Se crió en Beit Shemesh, a media hora de Jerusalén,

una ciudad que ya no reconoce.

Cuando él era pequeño, aquí vivían 20.000 laicos.

Hoy, 80.000 ultraortodoxos se han adueñado de la ciudad

y de sus afueras.

Eli nos lleva a barrios que se han vuelto totalmente ultraortodoxos.

Aquí, todas las calles tienen nombres de rabinos.

En las paredes, al igual que en Mea Shearim,

un cartel obliga a respetar el código de vestimenta ultraortodoxo.

Esta vez tampoco somos bienvenidos.

¿Qué hace?, ¿por qué está grabando? ¿Está hablando conmigo?

¿Por qué no me mira?

Les aconsejo que se marchen. ¿Para quién trabajan?

Se lo pregunto porque es un barrio peligroso para ustedes.

¿Por qué no se ha bajado del coche, como yo?

-Prefiero quedarme dentro. -¿Por qué?

-Porque ya no me siento cómodo aquí. -¿Ni para dar un paseo?

-Ni para dar un paseo. Me siento muy observado.

Siento que ya no soy de aquí.

-¿No es el Israel que conoce usted? -No reconozco este Israel.

Eli nos lleva a un punto alto de la ciudad

para demostrarnos que los ultraortodoxos no tienen límites.

Edificios en construcción por todas partes.

-Están construyendo en todas las colinas de alrededor.

Este será su nuevo barrio.

El gobierno les ha dado permiso para construir aquí.

Será un barrio ultraortodoxo muy grande,

es decir, otro barrio periférico de la ciudad de Beit Shemesh.

-¿Será exclusivamente ultraortodoxo?

-Seguro. Son barrios en los que no vivirá ningún laico.

Alrededor de Jerusalén, se están construyendo

otras dos ciudades como Beit Shemesh para los ultraortodoxos.

Regresamos a Jerusalén.

En la prensa, descubro que los ultraortodoxos utilizan

también otros métodos para ejercer presión sobre los laicos.

En el centro de la ciudad, varios comercios resisten

y se niegan a cerrar durante el Sabbat.

Todos ellos tuvieron que pedir una dispensa especial del ayuntamiento.

Uno de estos comercios es la tienda de alimentación de David,

abierta desde 1995.

Buenos días.

En esta ocasión, no nos encontramos con manifestantes

delante del comercio.

Los ultraortodoxos han optado por la vía política

para lograr su objetivo:

han presionado directamente al ayuntamiento.

Según una ley de hace más de 60 años,

los comercios deben cerrar durante el Sabbat,

pero durante décadas respetamos un acuerdo:

los ultraortodoxos se quedaban en su barrio

y nosotros en el centro de la ciudad, y no nos molestábamos mutuamente.

Así podíamos vender a los turistas y a los estudiantes, sin problema.

Hasta que un día el alcalde decidió cerrar nuestros comercios.

El resultado es que los comercios tienen prohibido abrir

durante el Sabbat.

Los ultraortodoxos han logrado que el actual alcalde de Jerusalén

cancele los acuerdos que les había conferido.

El alcalde de Jerusalén se llama Nir Barkat.

Antiguo candidato laico y sin etiquetas,

ha cambiado por completo su actitud: ahora es miembro del Likoud,

el partido de derechas que gobierna en la actualidad,

y se siente muy próximo a los ultraortodoxos.

Resulta incomprensible.

Lo elegimos nosotros, lo votamos en las urnas,

los habitantes laicos de Jerusalén optamos por que nos representara él.

Es una puñalada por la espalda.

Solicito una entrevista con el alcalde,

pero el equipo de gobierno me la deniega.

Tres, dos, uno... ¡Adelante!

Decido entonces acudir a la maratón de Jerusalén.

Nir Barkat organiza el evento, e incluso participará en él.

Son de la televisión francesa.

-Buenos días. Encantada.

-Fue elegido usted en las urnas tras prometer que protegería a los laicos

tanto como a los creyentes.

La ciudad está dividida, ¿cree usted que ha cumplido lo prometido?

-Como alcalde, trabajo para que haya buena relación

entre todos los habitantes de Jerusalén.

Hago lo posible para que todas las comunidades se sientan bien.

-Y sin embargo, algunos laicos creen que los ha traicionado usted.

Los comerciantes de algunas tiendas de alimentación

del centro de la ciudad se sienten traicionados,

porque no los está protegiendo.

-En absoluto. Fíjese en esta maratón: la gente está feliz

y considera que la ciudad avanza en la dirección correcta.

Lo que sucede es que esas tiendas estaban en situación ilegal.

Soy un ciudadano responsable,

así que debo actuar en el marco jurídico y solucionar esos problemas.

-Desde que fue usted elegido,

da la sensación de que protege usted a los ultraortodoxos,

en detrimento de los laicos.

-No es cierto, ¡no es cierto!

¿Entonces qué le diría a los comerciantes

a los que les ha cerrado la tienda?

-Las tiendas de alimentos no tienen derecho a abrir durante el Sabbat.

Así son las cosas, ¡es ilegal!

Soy alcalde, y como tal debo respetar la ley y velar por su respeto.

¿Le vale? Muchas gracias.

-¿No tiene la sensación de que los ultraortodoxos

han secuestrado Jerusalén?

El alcalde ha decidido prestar atención

a los seguidores ultraortodoxos de su ciudad.

Cabe decir que estos representan en la actualidad,

a la mitad de los votantes de Jerusalén.

A escala nacional,

los ultraortodoxos representan a un millón

entre los ocho millones y medio de israelíes.

Están a las órdenes de su rabino, incluso cuando se trata de votar.

Con una media de seis hijos por hogar,

constituyen una fuente de votos cada vez más atractiva

para los políticos, que les ceden terreno.

Un ejemplo reciente: el Ministerio de Asuntos Religiosos ha recaído

en manos de un ultraortodoxo, David Azoulay.

Y por primera vez en mucho tiempo,

su ministerio se encarga de gestionar la institución

del matrimonio y los divorcios.

Desde entonces, las mujeres israelíes tienen muy difícil

conseguir el divorcio.

La razón es que en la ley judía,

respetada al pie de la letra por los ultraortodoxos,

el marido es el único habilitado para conceder el divorcio

por mediación de un tribunal religioso.

Orit, maestra de educación especial y madre de diez hijos,

ha tardado siete años en conseguir que su marido

le concediera el divorcio,

tiempo durante el cual él ya ha rehecho su vida.

¿En su caso no le ayudaron los rabinos del tribunal religioso?

-No. He tenido que esperar muchos años

para que los rabinos obligaran a mi marido a concederme el divorcio.

Sin embargo, él vivía en el extranjero, con otra mujer,

y no pasaba la pensión. ¡Es increíble!

La víctima era yo,

y sin embargo los rabinos de una y otra audiencia

se cebaban conmigo, no con él.

-¿No encontraba la salida? -¡Aquello no tenía solución!

Hoy, Orit ha acudido al parlamento para testificar ante una comisión.

Frente a las injusticias,

cada vez más numerosas que sufren las mujeres,

un grupo de diputados deberá evaluar

el funcionamiento de los trámites de divorcio.

He tardado varios años para que los rabinos del tribunal religioso

exigieran a mi marido concederme el divorcio.

En la primera audiencia,

el rabino que presidía la sesión me echó la culpa a mí.

Me dijo: "Es usted culpable.

¿Por qué ha iniciado usted este trámite de divorcio?

Es usted la culpable".

Es decir, que siendo la víctima de todo esto,

el rabino del tribunal me convirtió en la responsable

de todos los problemas de nuestra pareja.

El destinatario de esta comisión

es el director de los tribunales religiosos.

Se trata de un rabino ultraortodoxo, Shimon Yacoobi.

Dicen que en Israel no es posible resolver

el problema de los divorcios, ¡y lo peor es que es verdad!

Pero no porque sea difícil o porque les falten medios para hacerlo, no,

¡es sólo porque no quieren ustedes!

-¿Cómo espera que resolvamos con tan pocos medios

todos los problemas relacionados con los divorcios?

Sinceramente, señora diputada, ¿no quiere entenderlo?

-He escuchado esa explicación miles de veces. Estoy harta.

Tengo que seguir trabajando.

-Si esperan que yo cambie la forma que tienen los tribunales religiosos

de aplicar la ley judía, olvídense.

El Parlamento es un verdadero diálogo de sordos.

Aliza Lavie dirige esta comisión parlamentaria.

¿Por qué no se puede tocar el tema del matrimonio

y del divorcio religioso? ¿Es por este gobierno?

-Sí. El gobierno ha aprobado con los ultraortodoxos

una serie de acuerdos, y les dijeron:

"Si nos apoyáis,

no tocaremos los temas que tengan que ver con la religión".

Es decir, que todo lo referente a la separación

entre la religión y el Estado está en punto muerto,

como el transporte público o los comercios

que abren durante el Sabbat.

No es posible avanzar en esos campos.

Decido, entonces, entrevistarme con el ministro de asuntos religiosos,

el ultraortodoxo David Azoulai.

Presidiendo su oficina,

los rabinos ultraortodoxos fundadores de su partido.

Muchas mujeres dicen no sentirse respaldadas

por los tribunales religiosos.

Sin duda, lo más fácil para las mujeres

es decir que los problemas vienen por parte de los tribunales religiosos,

pero es inaceptable.

Los tribunales religiosos hacen su trabajo.

Criticar es muy fácil,

pero ellos cumplen con su trabajo, que es muy difícil.

-Para las mujeres laicas,

¿aceptarían ustedes un matrimonio y un divorcio civiles

al margen de los tribunales religiosos?

-El Estado de Israel es un país judío.

-Pero también un Estado democrático.

-Sí, es democrático, pero ante todo es un Estado judío.

-Para el Estado de Israel, ¿un judío laico es un judío?

-Por supuesto.

-Y sin embargo, en Israel, sólo tiene derecho a casarse y a divorciarse

ante los tribunales religiosos.

-La ley de Israel obliga a casarse en la religión judía

a todos los ciudadanos que quieran vivir aquí como judíos.

Si alguien viene al Estado judío, debe vivir como un judío.

Quien va a vivir a Arabia Saudí debe respetar a Arabia Saudí

y comportarse como un saudí.

-La diferencia con Arabia Saudí es que Israel es una democracia.

¿Considera que Israel es un Estado religioso?

-Nos gustaría que fuera un Estado religioso,

pero lamentablemente no lo es.

-Entonces, pone usted un límite a la democracia, que es la religión.

-¡Como si la democracia tuviera un único límite!

Un ministro que sueña con someter la democracia a la religión.

Un sueño por el que luchan dos partidos políticos

fundados por los ultraortodoxos, Yahadout Hatorah y los Shas.

"Shas, la revolución está en marcha".

Dos partidos que actualmente están en el gobierno

y que ostentan el 11% de los escaños.

No son pocos los que deciden abandonar este mundo ultraortodoxo,

cerca de 1.300 al año.

Buenos días. Bienvenida.

Aviva abandonó la comunidad ultraortodoxa hace tres años.

He aquí algunas imágenes de cuando aún estaba dentro.

En la fotografía de la izquierda, ha cortado a su marido,

un hombre al que nunca ha amado

y con el que ha tenido seis hijos, seis varones.

Hoy, mi situación ha mejorado mucho.

Tengo una vida maravillosa, no como antes.

Ahora me divierto, sonrío,...

Antes era una persona muy cerrada, que hacía mi trabajo y nada más.

Hoy, a pesar de las circunstancias, amo la vida.

Pero salir de este mundo tan cerrado tiene un precio.

Aviva ha recibido un castigo:

su marido, respaldado por el tribunal religioso,

le ha prohibido tener contacto con sus hijos, acusándola de mala madre.

Dijo que me drogaba, que tenía que acudir a un centro de desintoxicación

Les dije: "Háganme un análisis de sangre, ¡o todos los que quieran!";

si encuentran cualquier rastro de droga no volveré a ver a mis hijos,

pero si no lo encuentran, quiero verlos.

Obviamente, se negaron a hacerme los análisis

y me negaron la posibilidad de ver a mis hijos.

Estas cosas sólo pasan en un tribunal religioso.

En un tribunal normal, y en cualquier país del mundo,

hasta un asesino que está en la cárcel puede ver a sus hijos.

Y en cambio yo, que trabajo, estudio, que soy una persona normal,

¡mire dónde vivo!, no puedo ver a mis hijos.

-¿Por qué? -No soy suficientemente religiosa.

Los niños tenían entre 3 y 16 años

cuando se dictó la sentencia de divorcio.

Fue hace tres años, y desde entonces Aviva no ha vuelto a verlos.

Mira qué pequeños están aquí.

Se ve que están felices conmigo, ¿no crees?

Creo que estuve con ellos dos horas en aquella ocasión.

Es la última vez que los he visto.

Al igual que Aviva,

cada vez más jóvenes intentan huir del entorno ultraortodoxo

en el que han nacido.

Cuentan con el apoyo de una asociación creada en 1992.

¿Alguien se ha quedado con hambre?

Esta noche se sientan a la mesa unos 15 antiguos ultraortodoxos,

los que están "saliendo", como dicen ellos.

¿Es la última noche con nosotros?

-¡Sí! Se muda definitivamente a Tel Aviv.

Yehuda tiene 27 años

y se ha pasado al laicismo hace tan solo nueve meses.

¿Por qué viene aquí? -Por la gente.

Aquí vienes, te sientas, comes relajadamente,...

Es como un verdadero hogar.

Salirse de esa comunidad es sinónimo

de perder todos los puntos de referencia

y sumergirse en un mundo totalmente desconocido.

Por ello, aquí se encargan de todo:

manutención, alojamiento y apoyo psicológico.

Incluso se les ofrece ropa.

Vestirse supone todo un reto

para las personas que llevan vistiéndose

con el uniforme blanco y negro ultraortodoxo desde que nacieron.

No sé nada de ropa. Para mí es un gran problema.

No estoy acostumbrado a tener que elegir la ropa.

Antes siempre iba vestido igual.

Soy incapaz de entrar en una tienda y ponerme a elegir. Es superior a mí.

-¿No le sale de forma natural?

-No, en absoluto. Es un mundo desconocido para mí.

-¿Le gustan los colores?

No lo sé. Para mí casi todo es lo mismo, no veo ninguna diferencia.

Yehuda era otro hombre hace pocos meses.

El día que se marchó grabó este vídeo con el móvil:

Hola. Me llamo Yehuda Konofnitsky.

He nacido y crecido en una familia ultraortodoxa.

Nunca he estado de acuerdo con la forma de vida de mi comunidad.

Me apetecía abrirme y conocer otras cosas,

pero claro, estaba prohibido.

Y por eso he decidido marcharme.

Quiero construirme una vida mejor, más feliz.

Y... espero conseguirlo.

Yehuda nos invita a su casa para hablarnos de sus sentimientos.

¿Qué es lo más difícil de tu nueva vida?

¿Encontrar un piso? ¿hacerte la comida?

-No, a eso me he acostumbrado.

Lo más difícil ha sido encontrar una vida social.

Y sobre todo las mujeres, eso es muy complicado.

El peor recuerdo que tiene Yehuda es su matrimonio.

Un matrimonio concertado con una chica a la que no conocía.

No solo me casé con aquella desconocida,

sino que se supone que esa primera noche

tenía que acostarme con ella.

Un rabino me explicó cómo tenía que hacerlo:

tenía que ser en la oscuridad total, la mujer tenía que quitarse la ropa

y yo tenía que quedarme tumbado a su lado, sin tocarla.

-¿Cómo que sin tocarla?

-Es que no hay ningún contacto con las manos.

-¿Y besos? -No, no, nada.

Todo eso está prohibido.

Tenía que esperar a que pasara algo, a que aquello se pusiera duro.

Y entonces era la mujer la que "tenía que hacerme entrar en ella".

Uno no tiene derecho a tocar nada. Me sentí muy mal.

Hoy, Yehuda es capaz de hacer un retrato sin concesiones

sobre la comunidad en la que ha crecido.

La comunidad ultraortodoxa es muy extremista,

así que cuando te marchas, te pasas al bando enemigo.

Si me hubiera criado en un hogar religiosamente moderado,

creo que no me habría marchado,

porque los moderados te permiten pensar de otra manera,

sin que eso sea un delito.

Por el contrario, en mi comunidad está prohibido pensar.

Para mí eso tiene un nombre: secta.

Es un modo de vida que te dice: prohibido reflexionar.

Otros antiguos ultraortodoxos han decidido ir más lejos

y atacar al estado de Israel judicialmente.

53 demandantes acusan al Estado de haberlos abandonado

a este grupo sectario y a una educación puramente religiosa.

Argumentan que los ultraortodoxos desarrollan en una red paralela

de escuelas, una educación que sigue su visión del mundo

y que no incluye la enseñanza de las disciplinas de base.

Yossi y Bar son dos de estos 53 demandantes.

Me acuerdo de las clases de biología.

Los libros con los que estudiábamos

pasaban previamente por una especie de censura.

Nuestros profesores eliminaban los fragmentos

que hablaban de cosas como "la reproducción hombre-mujer"

y otros temas que no tenías derecho a conocer.

La única clase de biología que recibí era conforme a la ley judía,

pensando en mi futuro matrimonio.

Los chicos, por el contrario, no han tenido ni siquiera esa clase.

La razón es que en el mundo ultraortodoxo,

los hombres reciben menos educación que las mujeres.

Su vida está únicamente planificada para la oración

y el estudio de los textos sagrados.

El objetivo del colegio debería ser prepararnos para la vida,

pero mi colegio solo me preparó para convertirme en un buen hombre de fe.

Tenían que haber añadido a aquellas lecciones, otras disciplinas,

que me ayudaran a ganarme la vida, a ser un buen ciudadano.

Todavía hay gente que nos pregunta por qué no demandamos primero

a nuestros padres.

"Los responsables son ellos, ¿por qué atacas al Estado?".

La respuesta es muy sencilla.

El Estado sabía que en el colegio no me enseñaban nada.

Mientras que mis padres no tienen ni el bachillerato.

Mi padre no tiene ningún título, y mi abuelo tampoco,

así que no pueden ser conscientes de lo que me falta.

Pero el Estado escribe en la Ley las bases

de lo que debe aprender un alumno

para convertirse en un ciudadano responsable.

Yo soy israelí, y a mí no me han dado esa educación de base.

Yossi y Bar tienen muchas esperanzas puestas en esta demanda.

Desean despertar las conciencias.

En Jerusalén, los ultraortodoxos representan el 60% de los niños

que van a la guardería.

No podemos olvidar que esos niños ultraortodoxos

constituirán la próxima generación de adultos en Israel.

No podemos dejarles sin una educación fundamental,

y no decir nada.

¿Está dispuesto el Primer Ministro a cambiar el rumbo de las cosas?

Acudimos a entrevistarlo, pero Benjamín Netanyahou se niega.

Quien nos recibe es Nourit Koren, la vicepresidenta del parlamento.

Hola. -Buenos días.

-A ver si podemos acabar pronto,

porque tengo que ir al médico, estoy enferma.

-¿Por qué el gobierno respalda la ausencia de educación

de los ultraortodoxos?

-Cuando era pequeña,

yo estudié precisamente en un colegio ultraortodoxo.

Me daban geografía y una parte de las disciplinas fundamentales.

-Pero es usted mujer, con los hombres no sucede lo mismo.

-Sí, es más problemático, es cierto.

Solo estudian las materias sagradas.

Es cierto. Al gobierno le encantaría añadir las enseñanzas fundamentales

en los colegios ultraortodoxos, pero se niegan.

-¿Resulta más difícil avanzar desde que hay ultraortodoxos

en el gobierno?

-No presionamos a los ultraortodoxos.

Hay acuerdos entre nosotros y ellos, así que eso no se toca,

es un tema delicado.

Verá, está tocando algunas de las cuestiones más complejas del país,

y ahora no podemos hablar de eso.

Además, me estoy quedando sin voz.

-¿Cómo es posible que en un país democrático como Israel

se firmen acuerdos con partidos religiosos

que consideran que la ley religiosa es más importante que la democracia?

-Ya no puedo hablar más. Hasta aquí. Tengo que ir a ver al médico.

Vamos a parar. -Muy bien. Gracias.

-De nada.

Se trata de un tema delicado porque de aquí al año 2059,

la tercera parte de la población israelí será ultraortodoxa,

y estará convencida de que la ley de Dios

es más importante que la de los hombres.

Es posible que Israel, un Estado amenazado desde su creación

y rodeado de países enemigos,

terminará carcomido por el enemigo que tiene en su propia casa.

Subtitulación realizada por Mercedes Escudero.

Me llamo Florence Aubenas, soy francesa.

Soy periodista del diario "Liberation".

Por favor, ayúdenme.

Hubo varios disparos cercanos.

Y después, recibimos un impacto directo.

Me hirieron en la pierna.

Creo que mi colega Mary Colbin ha muerto.

Si querías ser un buen periodista en Irak,

tenías que arriesgar tu vida para conseguir la noticia.

De lo contrario, no podías hacer nada.

Y merecía la pena.

En los últimos 10 años,

alrededor de 700 periodistas han sido asesinados

en diferentes puntos del mundo.

La mayor parte de ellos, en conflictos armados.

Y fue una terrible tragedia que los helicópteros disparan

contra esa gente.

Nuestros corresponsales fueron asesinados junto con los demás

-Pero también en algunos países que no están en guerra,

informar de la verdad supone un alto riesgo

se sufrir amenazas, agresiones, secuestros o la muerte.

-A Misa le mandaron 2 matones, le atacaron en su propia casa.

Usaron bates para romperle las piernas, las manos,

y le aplastaron el cráneo.

-Está ocurriendo en esta frontera el enfrentamiento

entre fuerzas federales y lo que viene siendo prácticamente

alguna célula de delincuencia organizada.

-La pasividad de las autoridades favorece la impunidad

con la que se puede silenciar a quienes resultan molestos.

-El gobierno está siendo cómplice al no investigar

a los asesinos de los periodistas.

-El asesinato de periodistas no es un daño colateral.

-No voy a dejar de grabar, claro que no. Si de esto vivo.

"Matar al mensajero", la próxima semana en Documentos TV.

Subtitulación realizada por Mercedes Escudero.

Documentos TV - Israel, los hombres de negro - Avance

05 oct 2016

De los ocho millones y medio de habitantes de Israel, un millón son judíos ultra ortodoxos. Constituyen una comunidad cerrada, regida por la religión y centrada en una lectura fundamentalista de los libros sagrados, que mantiene unas costumbres y forma de vida similar a la que llevaban en el siglo XVIII.

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