Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, casi 25 años después, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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No recomendado para menores de 12 años Documentos TV - Móviles, armas de adicción masiva - ver ahora
Transcripción completa

Hola. Soy Caroline. Primera noche sin móvil.

Son las 23:30.

No estoy muy bien.

Tengo un nudo en el estómago desde que el equipo de rodaje se fue.

No sé qué hacer con mis diez dedos, con mis manos...

Es muy duro. Espero que el tiempo pase rápido.

Es duro, duro...

-Bueno, es mi primer día. No es nada fácil.

Lo echo de menos, siento vértigo.

Podía ver mi propia mano yendo y viniendo buscándolo por todas partes,

sobre la mesa, en mi bolsillo, y ¡nada!

Es como si estuviera con alguien y de repente desapareciera.

Ya no está aquí. Y la busco por todas partes. Eso es.

Nunca una herramienta tecnológica había invadido nuestras vidas

en tan poco tiempo...

En tan solo 10 años,

el smartphone ha pasado de ser un simple objeto

a convertirse en nuestro mejor amigo.

Es el centro de nuestra vida, la dirige a golpes de tonos

y, en ocasiones, incluso la domina.

Es una relación de amor/odio que sus creadores entendieron muy bien:

la frontera entre la dependencia y la adicción es muy tenue

y, lo más terrible... es que ya ni siquiera nos damos cuenta.

Caroline Acevedo, 42 años, y Gauthier Maître, 44 años,

son los dos usuarios típicos elegidos para nuestro experimento.

Caroline es auxiliar de enfermería

en el Hospital Universitario de Ginebra;

adora la fotografía, a su compañero Raoul, a su perro,

WhatsApp e Instagram.

Es una mujer joven, de su tiempo que se enorgullece de serlo.

Gauthier Maître es un banquero ginebrino de trato cordial

y con pinta de eterno adolescente.

Deportista, siempre conectado, Gauthier viaja mucho,

Facebook es su escaparate y los “Me gusta” su razón de vivir.

-Es mi despertador.

Todas las mañanas, cuando suena, lo cojo inmediatamente

y compruebo si he recibido algún mensaje durante la noche.

Es importante.

En ocasiones, incluso hago vídeos a las cuatro o las cinco de la mañana.

-Lo último que miro antes de dormir,

y lo primero por la mañana al despertar.

-Subo muchas fotos a Facebook,

de forma que es importante ver cuántos “Me gusta” tiene cada foto...

y también ver cuál es la foto de mi fin de semana

que ha tenido más éxito.

-Para mí es como si fuera una persona.

-Hay un montón de personas en el interior de este aparato.

Están todos nuestros amigos, nuestras familias,

incluso nuestros amigos virtuales de facebook.

-Tengo la sensación de que es toda mi vida, mi segundo yo.

Todo lo que tengo está ahí. Toda mi vida está ahí dentro.

-Están mis fotos, mis películas, mis contactos, mis notas, mi agenda...

Absolutamente todo.

Cuando veo que tengo mensajes de amigos o de la familia,

tengo que leerlos inmediatamente.

Y si son 50 los que tengo que leer, genial.

Eso es lo mejor.

-3, 2, 1...

-Uso Facebook constantemente..., para dar un “Me gusta”

a lo que sube la gente

pero, sobre todo, para subir mis propias fotos y cosas de mi vida,

y esperar los “Me gusta”

para ver si a la gente le gusta o no mi vida.

-Yo creo que soy alguien a quien le encanta que le quieran...

y esta es una forma de poder sentirlo.

-Ayer vi que lo había usado unas 200 veces.

Te lo calcula.

Si lo piensas, es terrible saber lo que hago con mi móvil

a lo largo del día.

Nuestras dos cobayas hiperconectadas

han aceptado someterse a una aventura... dolorosa:

Vivir diez días sin teléfono móvil y sin pantallas.

Ni ordenador, ni tableta. Sus amigos no han sido advertidos.

Solo disponen de un teléfono fijo para emergencia.

-Es mi elección.

10 días durante los cuales grabarán un diario de a bordo

con sus cámaras GoPro.

La idea, descubrir la dependencia

que han llegado a desarrollar de sus smartphones.

¿Una vida sin móvil es realmente posible?

-Es difícil.

- Vale. Toma...

-Ya está. Una semana sin móvil.

-Sí, una semana sin el móvil.

Ya me siento como si estuviera desnuda.

Ya no tengo nada en las manos.

Nada que tocar, encender, apagar, o simplemente mirar...

Es bastante difícil.

-¡No va a ser fácil! Es muy extraño.

-Además, estaba esperando un par de mensajes antes de apagarlo

y no los he recibido. Así que no va a ser nada fácil...

Pero los más vulnerables a los cantos de sirena

de los móviles son, sin duda alguna, los adolescentes.

Cuando cumplan 18 años,

los jóvenes de hoy en día habrán pasado tres años de su vida

delante de la pantalla.

Una preocupación aun mayor,

considerando que prácticamente nadie escapa del móvil:

en 2017, en Suiza,

el 99% de los jóvenes entre 12 y 19 años tenía uno.

Creo que lo tenéis siempre en la mano.

-Sí, todo el tiempo, todo el tiempo.

-Yo nunca salgo de casa sin él.

-A mí me da miedo perderlo.

Incluso cuando estoy en clase, no puedo dejarlo en la mochila.

-Yo me lo guardo en el bolsillo.

-No puedo.

-Pero, ¿por qué?

-Es la costumbre.

-Siempre lo llevamos en la mano.

-Nos tranquiliza.

-Sí, no sabría explicar por qué.

-Hasta para dormir, siempre lo tengo al lado.

-Sí, es verdad.

-Yo necesito tenerlo siempre cerca.

No puedo dejarlo en otra parte.

También miramos el teléfono,

porque a veces no tenemos nada que hacer, nos aburrimos

y también tenemos una edad que...

Bueno, en otra época podíamos divertirnos con juguetes,

pero ahora que somos mayores y no tenemos otra cosa que hacer...

A algunas les gusta dibujar,

pero no vamos a empezar a hacer dibujos de gatos o manualidades.

-¿Lo pasarías mal si te quitaran el teléfono?

-Ya me ha pasado. De hecho, me pasa a menudo.

-Y cuando te ha pasado, ¿por qué ha sido?

Bueno, por discutir con mi madre y cosas así.

Y cuando no estoy de acuerdo,

ella se enfada y me castiga quitándome el móvil.

Siempre acaba mal.

-¿Qué os dicen vuestros padres para convenceros de que no lo uséis?

¿Qué razones os dan?

-Me dicen que me va a afectar al cerebro,

que mirar una pantalla tan pequeña hace daño a la vista

y que no es bueno pasar tanto tiempo mirándolo.

-¿Y tú qué piensas? ¿Crees que afecta al cerebro?

-Yo creo que... no demasiado.

-¿Tenéis la impresión

de que vuestros padres se sienten un poco excluidos de vuestro mundo,

que están menos en contacto con vosotras desde que tenéis móvil?

-Sí, yo creo que un poco.

-Antes, yo pasaba más tiempo con ellos.

Veíamos la tele juntos,

pero ahora estoy en mi habitación con mi móvil.

Sí, es verdad.

La falta de comunicación

entre los adolescentes y los padres no es algo nuevo,

pero ahora el teléfono inteligente aumenta los problemas

relacionados con la adolescencia:

falta de sueño, irritación, depresión

Noor tiene 13 años.

Nació en 2005, forma parte de esta generación nacida con el smartphone.

Es una adolescente casi perfecta: buena estudiante

y campeona de Ginebra de patinaje sobre hielo.

Sale con sus amigos

y se encierra en su cuarto nada más llegar a casa, normal.

Es una adolescente equilibrada.

Sin embargo, su madre está preocupada.

Fue ella quien contactó con nosotros.

Noor tiene móvil desde los siete años y medio.

Cuando me separé del padre de mis hijos...

y se iban de vacaciones,

bueno, yo necesitaba estar en contacto con ellos.

De hecho, creo que lo hice por mí,

para poder hablar con ella cuando lo necesitaba,

y también porque así me sentía más tranquila.

Pero, inicialmente, compré el móvil para poder hablar con Noor

y para que ella pudiera llamarme,

no para que viera series de televisión

o para que siguiera a blogueras californianas con uñas

y pestañas postizas.

-Noor, ¿siempre haces los deberes con el móvil en la mano?

-Sí, me gusta estar conectada todo el tiempo.

A veces miro las cosas que me mandan mis amigos, mensajes...

Así siempre estoy al corriente.

-¿Y eso no te desconcentra?

Bueno, la verdad,

cuando tengo mi móvil miro muchas cosas al mismo tiempo

y dejo de mirar el cuaderno de mates durante un buen rato.

Luego pienso, “debería ponerme con las mates otra vez”.

Y entonces me pongo a estudiar otra vez, pero no mucho tiempo.

-Ven, te voy a enseñar a hacer una cosa.

¿Qué?

-Una flor de tomates.

-¿Qué opinas sobre su forma de usar el móvil?

Lo que me parece, digamos, más complicado...

es conseguir que deje de mirar al móvil.

Normalmente, cuando le hablo,

por supuesto ella no me escucha, está mirando al móvil...

Y para que me atienda,

para conseguir que participe en la conversación,

o cuando vamos a sentarnos a la mesa, es:

“¡Ya voy, ya voy! ¡Dos minutos!”,

es un poco complicado.

Siempre tiene que contestar a un mensaje cuando estamos hablando.

A veces tengo la impresión de que ella está en otra parte,

mientras yo estoy aquí.

Así es.

-Y, la verdad, eso te consume mucha energía.

-¿Quieres aceite de oliva? -No.

-¿Y eso te preocupa?

-Lo que más me preocupa es el grado de incomunicación.

Yo creo que para construir algo, necesitamos interactuar

con otras personas,

y, de esa manera, ella evita hacer ese esfuerzo.

Normalmente, cuando vamos a comer con otras personas,

ella empieza a mirar su móvil y yo tengo que recordarle que lo guarde.

“Deja el teléfono”. “No, solo un mensaje”.

-Me aburren vuestras conversaciones.

Pero podrías participar en la conversación.

-No, me aburre.

-Pero no haces ningún esfuerzo por integrarte en la conversación,

porque es más fácil mirar a la pantalla.

-Sí.

-Y eso a mí me molesta. -No es tan grave.

Sí, sé que no es grave, pero a mí me molesta.

El móvil es un poco su zona de confort.

Y en ese sentido,

yo creo que no es lo mejor para el aprendizaje en la vida,

porque aunque seas muy bueno tocando el piano,

si eres incapaz de darle los buenos días a alguien que no conoces,

eso no me parece muy buena señal.

Y es en ese sentido por lo que me preocupa un poco.

-Me acaban de escribir. Espera, espera...

¿Y yo, paso a un segundo plano? -Espera, espera.

-¿Por qué es urgente? Yo estoy aquí, te estoy hablando.

Le puedes contestar dentro de 5 minutos.

¿Por qué es tan urgente?

Noor, te estoy hablando. -¡Espera dos segundos!

-¡No, estamos comiendo!

-No entiendo a los padres en este tema.

Los chicos tienen derecho a comunicarse,

tienen derecho a usar las redes sociales.

Yo también soy así,

de forma que no voy a empezar a decir que usamos demasiado los móviles.

Hay chicos que lo miran demasiado, vale, comprendo a los padres, pero...

... tampoco demasiado, muchas veces sus comentarios están fuera de lugar.

Los padres dicen que somos adictos.

La verdad, no creo que sea el término adecuado.

Me parece una palabra demasiado fuerte para eso.

Para mí, “adicto” es demasiado fuerte. Yo no lo veo así...

-¿Qué palabra utilizarías tú?

-No lo sé, pero, la verdad, “adicto”...

Cuando me dicen “adicta”, sí, me suena,

pero no sé qué otro término usaría.

Pero cuando me lo dicen, pienso “¡hala!”.

Suena fuerte, pero no sé qué otra palabra usaría.

¿Te sientes dependiente de tu móvil?

-Sí, todos somos dependientes.

-Hola. Caroline, segundo día.

Son las 12:30. Tengo mono... Tengo mono. No tengo nada en mis manos.

Echo de menos mi peluche moderno.

Es una sensación que me invade...

Es una mezcla de cosquilleo y calor en los dedos, en los brazos...

Es muy especial, muy inquietante;

y, bueno, espero que no dure mucho tiempo.

Hoy es viernes,

y los viernes me encanta buscar en Facebook sitios y eventos

cerca mi casa y salir de fiesta.

Y hoy no puedo hacer eso.

Es un momento terrible para mí,

porque me encanta buscar buenos planes y sitios agradables.

No resulta fácil sentirme solo el fin de semana.

Hoy siento una gran frustración.

Es un día muy frustrante, sencillamente.

Noor puede estar tranquila, ella aún no es una adicta.

Pero pertenece a una nueva generación hiperconectada,

conocida como IGeneración.

IGeneración... El término nació en Estados Unidos,

fue creado por la psicóloga norteamericana Jean Twenge.

Jean Twenge es una eminencia en su país.

Doctora en la Universidad de San Diego,

ha publicado una auténtica bomba sobre esta Igeneración.

En su libro habla de una generación rota.

Desde entonces, es una invitada omnipresente

en todas las televisiones estadounidenses.

A lo largo de 5 años Jean Twenge estudió a esa I-generación,

jóvenes estadounidenses nacidos a partir de 1995,

la primera generación que ha vivido toda su adolescencia

con un teléfono móvil.

Viajamos a San Diego, donde nos recibe

entre dos entrevistas.

Hola, pasad.

Sus conclusiones son demoledoras.

Muchos dicen que se sienten solos, que se sienten aislados.

Y también hay muchos, que dicen que no saben hacer nada bien,

que sus vidas son inútiles, no aprecian sus vidas.

En los tres últimos años,

hemos observado síntomas de depresión clásicos.

Es una generación que se siente mucho más sola que hace 5 o 10 años.

Se sienten más deprimidos y más infelices.

Ese aumento repentino de depresiones y de soledad

coincide exactamente con la llegada del smartphone.

Los jóvenes de hoy en día necesitan más tiempo para madurar.

Por ejemplo, a los 18 años,

la Igeneración tarda más en conseguir un permiso de conducir, un trabajo;

bebe menos alcohol, tiene menos citas amorosas,

salen menos en familia

y tienen menos relaciones sexuales que la generación anterior.

Necesitan mucho más tiempo para entrar en la vida adulta.

A esos adolescentes,

a los que por lo general, les gusta el riesgo,

no les interesa nada de todo eso.

Tienen tendencia a beber menos, a tener menos accidentes de coche,

a pelearse menos...

Es, realmente, una generación sobreprotegida.

Puede que esta sea la generación más protegida de la historia

en lo que respecta a los riesgos físicos.

Pero, en lo que concierne al plano mental, la historia es muy diferente.

Es una paradoja:

disfrutan de una mayor seguridad física

pero, mentalmente, son más vulnerables.

En el Centro para el tratamiento de las adicciones

de la Fundación Phoenix de Ginebra, Suiza,

hemos conocido a jóvenes psicológicamente vulnerables

tal y como los describe Jean Twenge.

Aún no son muchos,

pero su número se ha triplicado en un año

y eso, sin duda, es preocupante.

Es el caso de Cynthia una estudiante que tiene 20 años

a la que el uso excesivo de las redes sociales en su móvil

la sumió en una grave depresión.

-Iba a clicar en el icono de Instagram para ver las fotografías...

y pensé: “¡Vaya, todo el mundo tiene una vida de puta madre!”

―perdón- “y todo el mundo se divierte,

todo el mundo tiene un vida genial, hace cosas guays...

Y tú, tú estás aquí, en tu sofá pensando:

tengo que estudiar, tengo que ir a currar,

¿pero que puedo enseñarles a los demás,

para decirles que yo también hago algo?”.

Cynthia se pasaba los días subiendo sus fotografías a Instagram

aparentando, esperando comentarios...

todo para crear la ilusión de que tenía una vida.

Te descubres rompiéndote la cabeza

para intentar vivir una vida que sea considerada guay por otras personas,

aunque en realidad no tengas ni idea de lo que les gusta a esas personas,

ni de si les va a gustar...,

pero vas a intentar vivir una vida según las normas de la sociedad:

viajando mucho, saliendo los fines de semana, yendo de fiesta,

teniendo muchos amigos,

a ser posible de personas que sean más o menos famosas,

porque si consigues una foto con un famoso,

tienes los “Me gusta” asegurados.

Es un barómetro de dónde estás socialmente en ese momento.

Si te dan un “Me gusta”, genial,

y si te dejan un comentario, mejor todavía.

Para mí solo es algo para sentirte mejor.

Pero es la peor forma de valorarme;

al menos, para mí no fue la forma de valorarme que me hubiera gustado.

Yo hubiera preferido tener otro modo de valorarme,

pero fue ese el que encontré.

Y... después, es un poco como un engranaje.

Hasta que un día me derrumbé... completamente.

No sufrí la depresión y el agotamiento solo a causa de aquello,

pero estaba muy relacionado.

Porque mi teléfono era una herramienta,

era un catalizador que... magnificaba el impacto de cosas

que ya eran muy impactantes por sí solas...

y potenciaba el efecto de esas cosas, y yo me hundí totalmente,

porque me sometía a una presión demencial.

Me creé mi propia prisión.

Cynthia estaba hundida. Abandonó sus estudios y tocó fondo.

A pesar de sus 20 años, sus padres no lo dudaron,

no les quedó otra elección, y le confiscaron el móvil.

No sé qué sientes cuando te drogas

y dejas de consumir esa sustancia de golpe.

No conozco esa sensación,

pero, en mi caso, yo la describiría como la de tener mono.

Es decir, vas a buscarlo, lo necesitas, piensas en ello,

no tienes otra cosa en la cabeza.

Cuando de golpe dejas de tener en las manos el objeto

que te permite parar tal o cual pensamiento,

los pensamientos se agolpan...

y descubres que todo gira alrededor de tu teléfono.

En realidad lo usamos a cada instante.

Y, de repente, cuando te quedas sin él, estás desnuda.

Es como estar desnuda.

No hay ninguna pantalla entre el mundo y tú,

no hay ningún filtro, ninguna barrera.

Aquello fue una auténtica prueba.

Los primeros días fueron muy difíciles.

-Solo es el cuarto día

y tengo la sensación de que llevo dos semanas sin móvil.

Y me siento muy frustrada y enfadada

porque estoy tranquilamente al borde del agua viendo a Raoul hacer fotos,

y es muy frustrante no tener mi teléfono

para fotografiar a Raoul haciendo fotos.

Además, tenía que llamar a mi hermano,

porque hoy es su cumpleaños y se me ha olvidado.

Y ahora no puedo ponerme un recordatorio

para que le llame cuando vuelva a casa,

y me da miedo olvidarme de mi hermano hoy.

Ya está.

Lo que más echo de menos son los mensajes de Colombia,

de mi amor a distancia.

La verdad, no resulta nada fácil,

porque ya tenemos bastantes problemas para comunicarnos

debido a la diferencia horaria,

por lo que unas palabras, el mensaje del sábado,

“te quiero, amor mío”, “te echo de menos, cariño”,

eso lo añoro muchísimo.

Esa es la sensación que tengo hoy.

Es sobre todo en esa persona en quien pienso, nada más.

Por termino medio miramos nuestro móvil unas 200 veces al día.

¿Significa eso que estamos todos enfermos?

¿Cómo reconocer la adicción al teléfono móvil

cuando todos lo usamos constantemente?

Se lo hemos preguntado al doctor Zullino,

del Centro de Tratamiento de Adicciones,

del Hospital Universitario de Ginebra.

Sus consultas de adolescentes por adicción al smartphone

superan a las relacionadas con el cannabis y el alcohol.

-La adicción es una pasión fuera de control.

La adicción se define

por el consumo frente a la decisión de no consumir

o de consumir de otra manera;

de forma que consumimos en situaciones

en las que no teníamos intención de hacerlo

o en cantidades superiores a lo que habíamos decidido consumir.

De tal manera que perdemos el control

sobre el inicio de una sesión de consumo

y sobre la cantidad que consumimos.

La pérdida de control es tal que, para el Dr. Zullino,

los efectos de la adicción al móvil son comparables a los de la cocaína.

La cocaína, en el momento en el que llega al cerebro,

por un mecanismo muy, muy preciso, va a liberar dopamina,

y la dopamina va a reforzar las conexiones neurales

que están activas en ese momento.

El smartphone actúa directamente a través de nuestros ojos...

de nuestros oídos, como siempre ha ocurrido...

En ese sentido, se genera la adicción más pura,

porque no tenemos necesidad de inyectarnos nada.

-¿La adicción más pura significa que es la más peligrosa también?

-No es necesariamente la más peligrosa.

Desarrollamos rápidamente tolerancias a la cocaína

y a las anfetaminas,

y en el momento en el que actúan en exceso,

s necesario esperar horas y días

para que las reservas de dopamina se recuperen.

Pero eso no es el caso con los estímulos naturales.

Aunque es cierto que podemos agotarnos hasta morir,

como ya ha ocurrido, delante de algunos juegos.

El 14 de junio de 2018 fue una fecha clave.

Tras un año de negociaciones entre 48 países,

y a pesar de las presiones de los fabricantes de juegos,

la OMS reconoció la adicción a los videojuegos,

como una enfermedad mental.

Y la aparición del teléfono móvil, claramente ha agravado el problema.

Según las cifras de la OMS,

entre el 2 y el 3% de los jugadores del mundo la padecen;

es decir, 60 millones de personas.

Es el caso de este ginebrino de 38 años.

Su adicción a los juegos en el móvil le impide trabajar.

Desde los 8 o 9 años...

Ahora tengo 38 años, así que desde hace 30 años, más o menos...

Así que, sí, estoy enganchado.

Y, con el paso del tiempo, la cantidad aumentaba,

con todas las consecuencias que eso conlleva.

-¿Cuánto tiempo podías jugar?

-Pues, el máximo al que llegué, fueron casi 18 horas al día...

-¿Por qué el teléfono móvil agravó tu adicción a los juegos?

-Porque, en comparación con el ordenador, es más fácil,

es más rápido.

No tienes que encender el ordenador, buscar dónde está el juego...

Con el móvil lo tienes a mano.

Lo coges, lo abres, ¡zas!

En dos segundos, entras, empiezas y ¡listo!

-¿Esa adicción al juego y al móvil ha tenido un impacto muy negativo

en tu vida hasta este momento?

-Sí. Sin duda, he vivido situaciones de olvido o de retraso,

o incluso situaciones que podrían haber terminado en una demanda.

Porque “no quiero rellenar esta hoja”,

o, “no me apetece hacer esto”. “Quiero jugar, quiero jugar”.

Solo pienso en el juego y nada más.

Y corres el riesgo de caer en una depresión crónica, y eso...

Puedo decir que casi la tuve cuando jugaba 18 horas al día.

Estuve ahí, no muy lejos de aquí, en otra casa,

y recuerdo que me levantaba por la mañana y pensaba:

“No puedo vivir así; quiero cambiar”.

Tenía ganas de romperme la cabeza contra la pared.

Prácticamente no tenía necesidad de hacer nada más.

No quiero decir que me hubiera suicidado,

pero había muchas posibilidades... de que eso hubiera podido pasar

si hubiera seguido en esa dirección.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Hagamos memoria.

El 9 de enero de 2007,

Apple presentaba su primer iPhone

y el mundo entero lo celebraba con autentica euforia:

se podía acceder a Internet desde cualquier lugar

y en cualquier momento.

-¡Tengo dos!

-¡Steve, te quiero!

El 17 de mayo de 2012, Facebook salía a bolsa

en la que era la mayor operación en la historia de las tecnológicas.

Nuestra misión no es ser una compañía pública,

es hacer un mundo más abierto y más conectado.

Facebook, gracias a su aplicación,

entró en todos los dispositivos móviles

y fue en ese momento,

cuando se produjo la explosión de las redes sociales

al alcance de cualquiera.

Todos pensamos entonces que Facebook era una bendición,

pero lo que ocurrió fue exactamente lo contrario.

Los hombres más poderosos de la red entonan ahora su mea culpa

Sean Parker, antiguo socio de Mark Zuckerberg,

confiesa en las televisiones estadounidenses,

que crearon conscientemente,

aplicaciones hiperadictivas con consecuencias desastrosas.

Nuestra idea era cómo conseguir

la mayor cantidad posible de vuestro tiempo y de vuestra atención.

Es decir, que os daríamos un pequeño chute de dopamina de vez en cuando.

Esa necesidad de reconocimiento social

es algo que un hacker como yo, conocía muy bien.

Y eso es exactamente lo que nosotros hemos creado

para explotar las debilidades de la psicología humana.

Los inventores, los creadores, Mark, y yo, y los muchachos de Instagram,

todos ellos...

...éramos plenamente conscientes de lo que estábamos haciendo,

y aun así lo hicimos...

-Me siento terriblemente culpable.

-Yo creo que todos, en nuestro interior, lo sabíamos,

aunque fingiéramos pensar que no tendría ninguna consecuencia.

En el fondo, todos sabíamos que podía pasar algo malo.

Literalmente hemos llegado a un punto

en el que hemos creado herramientas que han destruido el tejido social

y el funcionamiento de la sociedad.

Si alimentas a la bestia, la bestia te destruirá.

Cómodamente sentados en su sillón,

los hombres más poderosos de la red pueden entonar su mea culpa...

Ya es demasiado tarde...

En Estados Unidos y Corea,

han empezado a aparecer clínicas privadas para jóvenes adictos.

Hemos visitado una de esas clínicas próxima a Seattle,

en la costa oeste de Estados Unidos...

Restart.

En esta clínica se lleva a cabo una terapia de choque,

en aislamiento total, sin contacto con el exterior y sin internet.

Llegué aquí hace 4 días.

Estaba nervioso y un poco asustado.

Vine con mi padre.

Habíamos cruzado todo el país, así que estaba cansado.

Me despedí de él y nos dimos un abrazo.

Sabíamos que no podríamos comunicarnos entre semana...

y sabíamos que sería un nuevo comienzo para mi vida.

Son una veintena en esta clínica de lujo, a 400 dólares el día.

20 jóvenes, entre los 18 y los 24 años,

con sus vidas rotas;

adictos a los ordenadores y a los teléfonos móviles.

Algunos pasarán aquí un año completo.

-Mis padres decidieron intervenir.

Y me dieron una sorpresa...

mi madre, mi cuñado, mi padre y mi hermano.

Me leyeron cartas

en las que me decían cuánto había afectado a sus vidas

mi adicción a la tecnología.

Y me pedían que buscara ayuda.

O venía a Restart o me quitaban el coche, el teléfono,

el apartamento, todo.

Y terminaría en la calle.

Venir a Restart fue una cuestión de supervivencia.

-Antes de venir a Restart, llevan vidas poco sanas.

Pasan entre 6 y 20 horas al día delante de la pantalla;

comen comida basura, no duermen...

Su ciclo del sueño está completamente destruido.

No hacen ejercicio, de forma que engordan

y, a veces, a la inversa, rozan la anorexia.

No están en forma, carecen de fuerza suficiente

y se sienten terriblemente solos.

-Yo usaba internet para anestesiarme.

Y, cuando haces eso para evitar sentir tu malestar,

caes en una depresión severa.

Antes de venir a Restart,

había llegado a un punto en el que todos los días pensaba en suicidarme.

Puede que, aparentemente, esta adicción no parezca tan peligrosa

como la del alcohol o las drogas,

pero el resultado es el mismo.

Las drogas y el alcohol te matarán más rápido,

pero, al final, tu vida acabará destruida.

Y, en mi caso, o bien me recuperaba o bien terminaba suicidándome.

-Cuando llegué aquí, solo quería irme.

No me sentía capaz de prescindir de los videojuegos y de internet,

así que la primera semana solo quería irme a casa.

Es lo único que quería.

-Cuando llegué aquí, estaba muy nervioso.

No sabía qué esperar.

Tenía síntomas de abstinencia,

debido a que no disponía de mi teléfono.

Constantemente estaba buscando el móvil en los bolsillos.

-Estaba furioso con mi familia. Me sentía traicionado.

Es un sentimiento normal

entre aquellos a quienes sus familias les obligaron a venir aquí.

La primera semana fue muy problemática

y enseguida me di cuenta de que pasaría más meses aquí

de lo que estaba previsto.

El tratamiento aquí se realiza en tres etapas,

con el objetivo final de una reinserción progresiva.

El método recuerda al que se usa en Alcohólicos Anónimos.

Tienen que volver a aprender a vivir desde cero.

Cuando llegan, no saben hacerse la cama.

Y les enseñamos a hacerla.

No saben usar la aspiradora, cocinar, hacer la colada, o la compra...

Muchos de ellos no saben hacer ninguna de esas cosas.

O bien no tienen la costumbre de hacerlas.

Uno de nuestros objetivos es que aprendan a hacer todas esas cosas,

de forma que cuando salgan de Restart puedan vivir

como jóvenes adultos normales.

-Ellos quieren que seas organizado,

porque tenemos mucho tiempo libre

y eso es un problema para muchos chicos aquí.

Y para mí también, porque no tienes nada que hacer.

En cualquier caso,

a mí me costaba mucho aceptar el aburrimiento.

Porque, cuando me aburría y me sentía solo,

siempre tenía la necesidad de hacer algo.

La semana pasada di un paseo muy bonito.

Todo estaba precioso aquí.

Brillaba el sol, los pájaros, las flores...

Vamos a hacer un poco de meditación en consciencia plena.

-Cuando has jugado mucho...

y estás acostumbrado a esos estímulos,

tu cerebro está habituado a querer hacer cosas todo el tiempo.

Y eso puede ser muy difícil.

Tu cerebro corre en todas las direcciones.

Pero, después de algunas semanas,

los chicos son capaces de relajarse

y de comprender los beneficios de la meditación.

Por favor, señala a la casa principal.

Ahora, señálate.

-Yo veo la adicción a internet

como una toxina para el cuerpo y el espíritu.

Y nosotros intentamos producir el antídoto para esa toxina.

Y ese antídoto incluye la naturaleza, porque somos animales...

y debemos ser conscientes de cuál es nuestro lugar +n la naturaleza.

Nuestro cuerpo necesita una alimentación sana,

hacer ejercicio y poder descansar plenamente.

Necesitamos interacciones humanas y sociales.

Todos estos jóvenes en vías de curación no podrán escapar

de los smartphone cuando vuelvan al mundo real...

Cuando salen de aquí,

tienen que comprometerse a limitar el tiempo que pasan en internet.

-En la segunda fase del programa,

te dejan un smartphone con acceso limitado a internet.

Ahora yo tengo el mío,

pero solo puedo usar los sms y la cámara,

así que no puedo hacer gran cosa con él.

Pero eso te ayuda a desengancharte

porque, cada vez que necesito sacarlo,

me acuerdo de que no hay nada.

-Tengo un teléfono concha, nada más.

Es interesante. Me hacen muchas preguntas.

Todo el mundo tiene smartphones.

Y yo sencillamente les contesto que soy adicto al móvil

y que esto me obliga a estar sobrio y a comunicarme con la gente.

Hola. Caroline. Termina el cuarto día. Son las 22:30.

Esta noche ha sido especialmente difícil,

porque he estado en una especie de festival...

Era un concierto, y, la verdad,

asistir a un concierto sin poder hacer fotos o vídeos,

entre personas que las comparten y grabando, ha sido muy duro.

En algunos momentos he sentido una gran tristeza.

Estuve a punto de echarme a llorar.

-Cuarto día.

Francamente ha sido un día muy frustrante para mí, la verdad.

Esta mañana fui en tren a Montreux .

El trayecto dura una hora y diez minutos,

y me he aburrido muchísimo... durante todo ese tiempo.

Compré algunas revistas, pero no pude concentrarme,

porque estoy acostumbrado a usar internet.

No es fácil estar sin tu móvil.

¿Habrá algún día clínicas como la de Restart en Suiza?

Es improbable.

Entre nosotros, los especialistas en adicciones no son partidarios

del método de aislamiento.

Prefieren el tratamiento ambulatorio,

en el medio habitual del paciente, con, ¿por qué no?,

aplicaciones como Space,

que le ayuden a desengancharse del teléfono.

-La aplicación te dice cuántas veces has desbloqueado tu teléfono

y el tiempo máximo que puedes jugar o usar el móvil.

Si miramos la última semana,

solo he superado ese tiempo en tres días...

-¿Y cuando logras pasar menos tiempo consigues regalos o premios...?

-Sí, exacto.

Todas estas pequeñas imágenes son los premios que he ganado...

En la medida en que disminuyas el tiempo que usas el móvil,

puedes ganar ciertos premios o ciertas imágenes...

-¿Entonces, es un poco como los juegos...?

Sí, salvo que, para mí,

esto significa que estoy saliendo de este infierno. Eso es.

Space, una aplicación que te ayuda a no usar aplicaciones.

Para saber qué se esconde detrás de todo esto,

hemos viajado a Venice Beach, California,

para conocer a los creadores de Space.

Oculto en un garaje recóndito,

Dopamina Lab se ha embarcado en una tecnología benefactora,

basada en las técnicas de la adicción de los juegos

y de las redes sociales.

Todo se reduce a una historia de recompensas.

-Esto es todo lo que quieres en la vida,

es la razón por la que la amas.

Cuando pulsas este botón, a veces obtienes recompensas,

y a veces no.

Los desarrolladores de juegos

y de redes sociales utilizan esta técnica todo el tiempo.

A veces, cuando abres Facebook te encuentras con muchos “Me gusta”,

que te estaban esperando;

y otras veces abres Facebook y no tienes nada.

Y es por eso por lo que es tan adictivo.

El objetivo de esta iniciativa es vender una solución

entre la neurociencia y la inteligencia artificial

para hacer las aplicaciones de los smartphone

lo más persuasivas posibles... pero, cuidado, no cualquier aplicación

sino solo aquellas que no afecten a su buena conciencia.

Utilizamos esta técnica para ayudar a los enfermos

a tomar sus medicamentos.

Ayudamos a la gente a estar más activa físicamente.

Animamos a la gente a decir cosas más éticas en las redes sociales.

A fin de cuentas, son siempre los mismos mecanismos.

¿Cómo puedes anticipar las necesidades de las personas,

para saber en qué momento la recompensa es más eficaz?

Esta iniciativa empresarial vio cómo cambiaba

la dirección del viento

desde el mea culpa de los grandes jefes de Silicon Valley.

Incluso decidió cambiar su nombre de Dopamina Lab,

demasiadas connotaciones.

Pero al final, nada cambia.

Ellos mismos lo dicen:

“sí, es manipulación, pero por nuestro bien”.

-Sí, es una manipulación de la mente.

No sé cómo se traduce al francés,

pero en inglés “manipulación” significa “cambio”.

Y estas tecnologías son muy eficaces para cambiarnos.

La pregunta es ¿quién va a controlarlas?

¿Serán utilizadas en beneficio del hombre a largo plazo

o en beneficio de la empresa?

Entre las aplicaciones como Space y las clínicas estadounidenses,

cualquier medio es bueno

cuando se trata de volver a llevar una vida más sana.

En el centro de adicciones del Hospital Universitario de Ginebra,

las terapias se concentran más en los hábitos de comportamiento.

Para que sean eficaces,

hay que domesticar a la bestia, no eliminarla.

-La terapia es el aprendizaje de comportamientos alternativos.

Por ejemplo, en el caso del tono de mensaje que emite la red social,

le pediremos al paciente que aguante.

Sabemos que esa necesidad intensa dura entre 5 y 10 minutos.

Y esa es una experiencia necesaria.

Es la forma de saber que podemos soportarlo y de que eso pasará.

Después vamos a exponer voluntariamente a esa persona

a los estímulos que normalmente le inducen esas conductas.

Le pediremos que coja el smartphone, que lo abra y que lo cierre.

Que espere y que vuelva a hacerlo sin mirarlo.

Eso puede parecer fácil, pero no siempre lo es.

Como se puede imaginar, lleva su tiempo.

El tratamiento de desintoxicación del móvil puede parecer simplista,

pero da resultados.

Después de seis meses de tratamiento,

Cynthia ha recuperado su equilibrio.

-He descubierto algunos intereses que creía muertos

y enterrados desde hacía mucho tiempo.

He vuelto a pintar al óleo.

He empezado a aprender guitarra.

He vuelto a hacer deporte con más intensidad que antes.

Descubres que tienes mucho tiempo

y que el día tiene 24 horas para todos nosotros.

Y que lo que hacemos,

solo depende de nosotros, y de nadie más.

Y que, en cualquier caso, no depende de una pequeña pantalla

que tenemos en la palma de nuestra mano.

Y eso también ha sido una verdadera liberación.

Cynthia ha hecho un largo viaje.

Como ella misma cuenta,

su teléfono la sumió en una enfermedad mental,

que le ha exigido un año de terapia.

Lo cuenta en una novela corta que quizá publique algún día.

Después de tan solo diez días sin móvil,

¿Caroline y Gauthier habrán descubierto otra vida?

- El balance es más bien positivo, aunque me alegra mucho recuperarlo.

Me ha gustado volver a tocarlo.

Pero después... ¿Cómo explicarlo? Yo diría que es positivo,

porque cuando lo dejas, te quedas sola contigo misma.

Eres más accesible y nadie puede cambiar tu plan decidido de antemano.

Estamos muy solicitados cuando lo llevamos encima,

porque es muy difícil hacer comprender a los demás,

que necesitamos estar más disponibles permanentemente.

Y eso me va a quedar.

La verdad, no sé cómo voy a gestionarlo.

¿Seré capaz de hacerlo, o no? No lo sé.

Pero tienes esa sensación especial de libertad, que...

Sí, me ha gustado, la verdad. Sí, lo reconozco.

-Bueno, yo diría que he aprendido a estar un poco más tranquilo.

Porque soy un poco inquieto,

siempre un poco nervioso, aunque esté muy contento,

pero necesito estar haciendo cosas siempre,

pensar en lo que voy a hacer el fin de semana y demás...

Así que creo, que el no tener el móvil me ha calmado un poco.

He aprendido a controlar ciertas emociones.

Ahora estoy un poco inquieto, porque voy a recuperar mi móvil.

Estoy un poco nervioso.

-¡Sí! ¿Ya está?

-Tú quieres conservar tu libertad y yo te devuelvo tu prisión.

-Gracias.

-¡Madre mía! ¡Qué gusto! Lo enciendo, ¿vale?

-Bueno, te lo vamos a devolver. -¡Oh, qué amable!

-Toma. ¿Quieres mirarlo? -Sí. ¿Lo puedo encender?

-Enciéndelo. -1,2,3,4,5,6,7,8,9...

-¡Uf!, 61 mensajes de grupos de WhatsApp.

-Es muy extraño.

Tengo algo en la mano, ya casi había perdido la costumbre.

Es una sensación que es al mismo tiempo emocionante

realmente emocionante, y al mismo tiempo...

¿es que realmente necesito esto? Es una sensación muy extraña.

No consigo concentrarme. Veo los nombres, pero...

Estoy un poco emocionado.

Creo que leeré todos estos mensajes un poco más tarde.

-Ah, sí... 143... mensajes sin leer...

-¿Estarías preparado para vivir sin teléfono móvil?

-Me gustaría, pero hay una pequeña bestia aquí,

una vocecita que me dice: “¡no, por favor, no!

¡Estoy aquí guárdame en tu bolsillo y llévame contigo!”

Pero sería muy saludable, al menos una vez cada dos días...

y por qué no intentarlo cada día... Será duro, pero lo voy a intentar.

Olvidar el teléfono móvil de vez en cuando...

El camino promete ser difícil,

tanto para Gauthier como para todos nosotros.

Es innegable que el smartphone será cada vez más y más poderoso,

y el móvil del futuro será como una prótesis de nosotros mismos,

un segundo cerebro...

Así que, a partir de mañana, prometido,

desconectaré mi móvil lo más a menudo posible.

Documentos TV - Móviles, armas de adicción masiva

51:37 12 mar 2019

Documental que expone cómo las conductas de comunicación y de interacción han cambiado radicalmente desde que el teléfono inteligente ha irrumpido en la sociedad. Un hecho que ya ha provocado la apertura de espacios donde desintoxicar a aquellos que ya han sufrido los efectos de la adicción tecnológica.

En tan sólo diez años, el teléfono inteligente ha pasado a dominar la vida de las personas. La frontera entre la dependencia y la adicción es tan sutil que es muy difícil darse cuenta. Cada persona mira el móvil unas doscientas veces al día. Las estadísticas arrojan otra cifra alarmante, la de los adolescentes, que cuando cumplan 18 años habrán pasado más de tres años de su vida frente a la pantalla.

Nunca antes ninguna herramienta tecnológica lo había conseguido en tan poco tiempo. Las redes son los actuales escaparates donde se exhibe la gente y los ‘me gusta’, la razón de vivir para muchas de esas personas.

Contenido disponible hasta el 27 de marzo de 2019.

Documental que expone cómo las conductas de comunicación y de interacción han cambiado radicalmente desde que el teléfono inteligente ha irrumpido en la sociedad. Un hecho que ya ha provocado la apertura de espacios donde desintoxicar a aquellos que ya han sufrido los efectos de la adicción tecnológica.

En tan sólo diez años, el teléfono inteligente ha pasado a dominar la vida de las personas. La frontera entre la dependencia y la adicción es tan sutil que es muy difícil darse cuenta. Cada persona mira el móvil unas doscientas veces al día. Las estadísticas arrojan otra cifra alarmante, la de los adolescentes, que cuando cumplan 18 años habrán pasado más de tres años de su vida frente a la pantalla.

Nunca antes ninguna herramienta tecnológica lo había conseguido en tan poco tiempo. Las redes son los actuales escaparates donde se exhibe la gente y los ‘me gusta’, la razón de vivir para muchas de esas personas.

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  • 51:37 pasado martes Documental que expone cómo las conductas de comunicación y de interacción han cambiado radicalmente desde que el teléfono inteligente ha irrumpido en la sociedad. Un hecho que ya ha provocado la apertura de espacios donde desintoxicar a aquellos que ya han sufrido los efectos de la adicción tecnológica. En tan sólo diez años, el teléfono inteligente ha pasado a dominar la vida de las personas. La frontera entre la dependencia y la adicción es tan sutil que es muy difícil darse cuenta. Cada persona mira el móvil unas doscientas veces al día. Las estadísticas arrojan otra cifra alarmante, la de los adolescentes, que cuando cumplan 18 años habrán pasado más de tres años de su vida frente a la pantalla. Nunca antes ninguna herramienta tecnológica lo había conseguido en tan poco tiempo. Las redes son los actuales escaparates donde se exhibe la gente y los ‘me gusta’, la razón de vivir para muchas de esas personas. Contenido disponible hasta el 27 de marzo de 2019.

  • 1:59 06 mar 2019 En tan sólo diez años, el teléfono inteligente ha pasado a dominar nuestras vidas y lo peor es que, la frontera entre la dependencia y la adicción es tan sutil, que ni siquiera nos damos cuenta. ¿Es realmente posible una vida sin móvil? Teniendo en cuenta que miramos el móvil unas doscientas veces al día, las estadísticas arrojan otra cifra alarmante, la de los adolescentes, que cuando cumplan 18 años habrán pasado más de tres años de su vida frente a la pantalla. “Móviles, armas de adicción masiva” expone con claridad cómo nuestras conductas de comunicación y de interacción con los demás han cambiado radicalmente, desde que el teléfono inteligente ha irrumpido en nuestras vidas. Un hecho que ya ha provocado la apertura de espacios donde desintoxicar a aquellos que ya han sufrido los efectos de la adicción tecnológica. .

  • En la brecha

    En la brecha

    55:37 05 mar 2019

    55:37 05 mar 2019 Un retrato de las experiencias de siete trabajadoras que soportan a diario en sus profesiones machismo, invisibilidad, falta de reconocimiento o agresiones sexuales, por el simple hecho de ser mujer. El reportaje cuestiona la necesidad de las mujeres de esforzarse el doble que sus compañeros para recibir la misma valoración laboral. Mujeres que han decidido romper con estereotipos de género en su práctica laboral luchan doblemente contra las barreras sociales, económicas familiares y culturales, impuestas por la sociedad patriarcal. Contenido disponible hasta el 20 de marzo de 2019. Puedes ver el documental interactivo de En la Brecha entrando en rtve.es/enlabrecha

  • En la Brecha - Avance

    En la Brecha - Avance

    2:03 27 feb 2019

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    Shootball - Avance

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