Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, casi 25 años después, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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No recomendado para menores de 12 años Documentos TV - El dragón de las mil cabezas - ver ahora
Transcripción completa

1 de octubre de 2.049,

centenario de la República Popular China.

Un grupo de cosmonautas chinos despega en el primer vuelo habitado

con destino Marte.

China ha seguido de cerca

la estela de las grandes agencias espaciales de Rusia,

Europa y Estados Unidos, y no se ha quedado a la zaga.

El gobierno chino se ha dado cuenta de qué tecnologías, destrezas

e información necesita,

para convertirse en una potencia competitiva en la economía global.

En el año 2049, China es la primera potencia económica

y tecnológica del sistema solar,

una potencia adquirida sin ningún miramiento.

Cuando hay una necesidad

y uno está dispuesto a pagar el precio que sea,

el proceso se acelera,

y cuando el objetivo es adquirir nuevas tecnologías lo antes posible,

el proceso se acelera el doble,

y eso es sinónimo de la aparición del espionaje.

Muy pronto la bandera china ondeará en el planeta rojo.

Puede que suene a ciencia ficción, pero esa imagen no es tan irreal

como parece.

China no tiene ningún reparo en buscar en cualquier continente

el conocimiento que necesita.

Nuestros servicios de inteligencia opinan que,

desde hace varias décadas, China es el enemigo número uno

en el campo del espionaje económico, tanto a nivel local como nacional.

Un enemigo que dispone de medios materiales y humanos casi ilimitados.

China es un país rico,

que se ha convertido en la segunda potencia económica mundial,

y es posible que 1.300 millones de chinos hayan sido contratados

voluntariamente o a la fuerza para recabar toda información

necesaria de una u otra manera.

Un primer ministro chino me dijo en una ocasión:

“¿Es consciente de que somos tan inteligente como ustedes

y que trabajamos más?

Así que, por más que guarde sus secretos,

nos pondremos a su nivel si no colaboran con nosotros”.

China tiene en la actualidad

la red de espionaje más grande del mundo.

Se trata de un dragón gigantesco con miles de cabezas,

muchas de las cuales son todavía una incógnita.

Aquí tenemos el premio.

Se trata de un certificado otorgado por el gobierno chino

a un grupo de expertos extranjeros que han establecido

una colaboración con China.

A mí me correspondió la investigación sobre la mecánica de sólidos.

Tuvimos el honor de que nos recibiera el primer ministro chino.

Aquí estoy yo.

Luego el presidente de la República de China nos invitó a cenar.

Aunque no nos sentamos en la misma mesa que él,

sino en mesas adyacentes, fue todo un privilegio.

Aunque parezca lo contrario, Ziad Moumni no trabaja en China,

sino en Palaiseau, a las afueras de París.

Dirige la unidad de mecánica

de la Escuela Superior de Técnicas Avanzadas,

una célebre escuela francesa de ingenieros que ahora cuenta

también con una sede en China.

¿Podrías por favor repetir esta secuencia?

Aquí, la presencia de doctorandos chinos no sorprende a nadie.

En este laboratorio, Ziad Moumni estudia con ellos

las propiedades de las estructuras denominadas “inteligentes”,

como por ejemplo los “materiales con memoria de forma”.

La dificultad radica en encontrar las ecuaciones con las que modelar

este comportamiento tan extraño.

Es decir, que el punto de partida es llevar a cabo una serie de pruebas

para encontrar y comprender ese comportamiento,

que luego hay que describir empleando modelos matemáticos,

que son las leyes del comportamiento.

Los trabajos desarrollados por el profesor Moumni

han captado la atención

de la Escuela Politécnica de Xi’an en China.

Este centro, que depende del ministerio chino de Defensa,

espera mucho del proyecto,

principalmente con miras al campo de los transportes,

los coches eléctricos y la industria espacial,

pasando por la aeronáutica civil y militar.

Ziad Moumni visita habitualmente Xi’an

para supervisar la formación de los futuros ingenieros,

algunos de los cuales han sido invitados a trabajar

en la sede parisina de la marca.

Esta cooperación ejemplar ha llevado a Ziad Moumni

a recibir el prestigioso galardón “Friendship Award”,

que también ha recaído en otros cincuenta científicos mundiales

de alto nivel.

Se trata de un acicate y de un importante respaldo

para el nombre y el presupuesto de su escuela.

Él está contento, y los chinos también,

pero en los pasillos se respira pesimismo.

El problema es que la gente que viene aquí no solo viene a admirarnos,

sino también a aprender y, si es posible,

a llevarse el conocimiento a su país de origen,

y cuando eso sucede nos llevamos una sorpresa.

En China, la carrera de la innovación

es la prioridad del régimen,

pero en los últimos años los resultados

no han sido los deseados.

Esto ha impulsado al gobierno chino a abrir un importante sistema

de contratación de expertos extranjeros,

con el fin de adquirir conocimientos

y formar a los futuros ingenieros chinos.

El programa más ambicioso en este campo se denomina

“Mil talentos”, y su objetivo es importar a China

a cerca de dos mil ingenieros extranjeros en diez años.

Ziad Moumni es uno de los ilustres elegidos.

En Francia, el número de investigadores galardonados

con el “Premio de la amistad” y con una beca “Mil talentos”

se cuenta con los dedos de una mano.

La colaboración con nosotros ya es una realidad.

Los chinos analizan al detalle

los ideales de los profesores invitados a los que contratan.

Se parte de un enfoque y de una colaboración científica,

con el fin de conseguir conjuntamente que la ciencia progrese.

El beneficio es mutuo y complementario,

porque si bien nosotros aportamos conocimientos a los chinos,

ellos también nos los aportan a nosotros.

Hoy, Ziad Moumni viene a presentar a Shanghái

sus trabajos de investigación,

llevados a cabo en la escuela de ingenieros chinos asociada

a la Escuela Nacional Superior de Técnicas Avanzadas.

Los intercambios han sido fructíferos,

y el investigador francés no puede esconder su satisfacción.

Se encuentra muy a gusto en un mundo

basado en el intercambio académico de conocimientos.

En los pasillos, esa pasión siempre se atenúa ligeramente.

¿Qué sucede cuando se juntan dos ingenieros?

Lo normal, es decir, que desaparece el concepto de las nacionalidades

y se ponen a hablar del oficio.

Entonces uno de los dos empieza a hablar ingenuamente de su trabajo,

de las investigaciones que está llevando a cabo

mientras el otro escucha atentamente,

y ese otro es un chino.

Los chinos son muy patriotas,

que no es lo mismo que “nacionalistas”.

Los patriotas trabajan por su país,

y cuando un chino escucha algo interesante lo guarda

a buen recaudo.

Los estudiantes chinos de la Escuela Superior de Técnicas Avanzadas,

en París, confirman esta afirmación.

Trabajamos para la ciencia y también para nuestro país.

Nuestras investigaciones tienen un fin personal, por supuesto,

pero al mismo tiempo contribuyen al desarrollo de nuestro país

y a su defensa militar.

Es necesario que defendamos la innovación nacional

en todos los campos,

y eso pasa por la protección de los laboratorios,

lo que no significa convertirlos en una base militar

como la de Fort Knox o en una especie de Corea del Norte;

no se trata de interponer fronteras o alambres de espino,

sino de analizar a fondo qué debemos proteger.

Y por lo demás, sin problema.

Desde el punto de vista de la defensa nacional, Ziad Moumni

no está obligado a guardar secreto profesional,

pero otros investigadores no tienen derecho a compartir

conocimientos abiertamente.

Los servicios occidentales de inteligencia han comprendido,

que los homólogos chinos aprovechan estos escenarios para reclutar

a los colaboradores más valiosos.

Así, el Dragón deberá buscar otra manera de engullirlos.

Todo el mundo sabe que la lamprea es un tipo de anguila habitual

en algunos estuarios en determinadas estaciones del año.

La lamprea se pega a sus presas y absorbe todo lo que puede de ellas,

para a continuación desprenderse de lo que le sobra.

Los primeros objetivos de esta lamprea a finales

de los años noventa fueron los trenes de alta velocidad.

China se propone desarrollar su red ferroviaria,

así que abre su mercado a las empresas extranjeras.

Pone encima de la mesa jugosos contratos que nunca llegará

a firmar, y mientras tanto aprovecha para absorber el saber hacer japonés,

alemán y francés.

¿Qué podemos decir?

Está claro que no podemos reaccionar diciendo: “Nos habéis estafado,

lo que habéis hecho no está bien”, sino que prefiero decir:

“Hemos sido ingenuos

y nos lo teníamos que haber imaginado”.

En vez de pensar que nuestro tren era tan fantástico

que conseguiríamos abrirnos camino allí,

teníamos que haber pensado: “¿Aquí no hay gato encerrado?”.

Lo cierto es que, más que de gato encerrado,

los chinos prefieren hablar de “reinnovación”.

Desde 2006, tal como consta por escrito en el programa

del gobierno, sus conocimientos “adquiridos sibilinamente”

se maquillan en cierto modo como patentes chinas para uso chino;

un método que legaliza el saqueo y cierra las puertas del país

a todos aquellos que se niegan a ceder.

En el caso de los trenes de alta velocidad,

esta política ha funcionado a las mil maravillas.

Así, la lamprea devora todo lo que va por tierra,

pero tampoco hace ascos a criaturas voladoras.

Además, sabe seducir a los grandes pájaros, induciéndoles a anidar

en su propio territorio.

Este es el caso del grupo europeo Airbus.

A cambio de sus conocimientos, China le promete felicidad

y prosperidad en su mercado interior y le ayuda en su carrera

contra la estadounidense Boeing.

La propia China adquiere varios cientos de aeronaves,

pero con una condición: que los A320 se ensamblen en el país,

más en concreto en Tianjin.

Louis Gallois, a la sazón director de Airbus,

era perfectamente consciente de las implicaciones.

Nos dijeron claramente: “Lo que queremos es la tecnología,

y seguiréis vendiendo aviones en China en la medida

en que la transfiráis”.

No se contentaban solo con los conocimientos.

En las cadenas de montaje de Tianjin,

los chinos ya tienen acceso de forma legal a tecnologías

que no son de su propiedad.

Y no tienen pensado prescindir de ellas.

Sin embargo, su curiosidad va mucho más allá.

A principios de 2007, un A320 comprado a Airbus

por una compañía regional china

debe acudir a una revisión de mantenimiento.

Sin embargo, el aparato no llega a su destino;

desaparece de los radares sin dejar rastro.

El avión termina apareciendo, intacto,

en la pista de un aeropuerto chino.

Algunos expertos consideran

que lo más probable es que se ocultara en un hangar,

se desmontara por completo, se examinara y se volviera a montar.

De este modo, Pekín va adquiriendo poco a poco competencias

y prepara ya la entrada en servicio de su propio avión de medio alcance.

En junio de 2015, la noticia ya es vox populi

en el mundo de la aeronáutica: el C919 chino está muy avanzado.

El aparato tiene un gran parecido con su primo europeo:

el Airbus A320.

El fabricante chino COMAC solo presenta de momento una maqueta

de su futuro avión monocolor,

un avión de pasajeros “made in China” apadrinado

por el propio presidente Xi Jinping

y que terminará por echar al Boeing 737

y al Airbus A320 de los cielos chinos.

Con respecto al C919 y a la competencia anunciada,

¿les preocupa o están a la espera de acontecimientos?

Si lo he entendido bien, no creo que sea mejor avión que el A320.

¿Está impaciente por ver el aspecto del 919?

No, no especialmente.

No hay lugar para comentarios desafortunados.

El mercado chino es el más importante del mundo

y, de momento, con sus acuerdos, Airbus es el beneficiario

del cincuenta por ciento de los pedidos de aviones de China.

¡Qué más da si los nuevos socios del consorcio europeo

desean tener más información!

En chino se usa la misma palabra para “copiar” y “aprender”.

Un buen alumno es aquel que copia fielmente a su maestro.

Por supuesto, también hay algo de malicia,

pero, en principio, para un artesano chino,

fabricar el mismo bolso que los europeos

y con la misma calidad es algo digno de elogio.

¡Por fin se levanta el telón!

Este avión es el más moderno de su clase;

el extraordinario fruto de la investigación

y el desarrollo de la República Popular China.

El C919 realiza sus primeras pruebas de rodadura en Shanghái

a finales de 2015.

La ceremonia es grandiosa;

todos los telediarios abren con los desfiles marciales,

los himnos y las banderas nacionales.

Sin duda, será difícil superarlo cuando el C919 realice

su vuelo inaugural.

Unas semanas más tarde, en marzo de 2016,

Airbus anuncia en Tianjin la inauguración de una nueva cadena

de montaje para ensamblar,

esta vez, aviones de largo alcance.

El A330, que entrará en servicio a finales de 2017,

se montará en Tianjin en virtud del mismo tipo de acuerdo

que posibilitó el ensamblaje del A320.

Durante todo este tiempo, COMAC ha seguido con la puesta

a punto de su avión de largo alcance, que debería parecerse

al A330.

Su C929 debería estar operativo en 2023.

Se avecinan turbulencias para Airbus.

La lamprea parece más bien un dragón y es insaciable.

En París, las autoridades francesas no quieren oír hablar de ello;

sin embargo, están perfectamente al tanto

de las ambiciones estratégicas de China.

El ministro chino de ciencia y tecnología les expuso claramente

un plan a 15 años publicado en 2006.

Este programa fue diseccionado por los expertos franceses

de la delegación interministerial de inteligencia económica.

El Elíseo recibió en 2010 un informe altamente confidencial

de veinticinco páginas.

En él se advertía de las prácticas ilegales de China

y se enumeraban las trampas en las que no había que caer:

el robo de muestras en el transcurso de visitas a empresas,

el encanto de las “golondrinas”, expertas en confesiones de almohada,

o la asignación de falsos estudiantes en prácticas

a las empresas francesas.

Este fue el caso de Lili Wang.

En 2005, la policía halló en su ordenador datos confidenciales

que había robado en su empresa, Valeo.

Tras pasar dos meses en prisión, esta fiel soldadita de inteligencia

regresó discretamente a China.

Robos, sexo, mentiras y dinero: la fórmula es ya un clásico,

no así la magnitud de su aplicación;

mientras tanto, el autismo de determinados dirigentes,

cegados por la inmensidad del mercado chino

resulta especialmente sorprendente.

Francia está totalmente volcada en el objetivo de recibir

cincuenta mil estudiantes chinos en 2015.

Invertir en Francia,

instalaos en Francia

Orgullosos de haber sido los primeros en reconocer

a la República Popular China en 1964,

los dirigentes franceses se han mostrado siempre

muy hospitalarios,

sin duda demasiado.

Es innegable que los franceses somos por naturaleza algo inocentes.

En numerosas ocasiones he oído a altos ejecutivos de empresas decir:

“Pero, por favor, señor, cómo puede pensar eso.

Nosotros no, nosotros no; nosotros somos”.

“Claro, señor.

Puede que usted haya estudiado en una gran institución

y cuente con un equipo extraordinario,

pero a usted le pueden engañar como a todo el mundo”.

Luego hay un segundo elemento, que es la arrogancia.

Tendemos a pensar que somos realmente superiores al resto,

y por esa razón nos parece imposible que nos puedan robar

y, de todos modos, si nos roban,

somos tan buenos que no tiene importancia.

Sin embargo, la historia demuestra todo lo contrario.

En la otra orilla del Rin,

las desventuras del tren de alta velocidad o de Airbus

no le hacen gracia a nadie.

Aquí no hay inocencia ni arrogancia;

la relación de poder entre la canciller Merkel

y las autoridades chinas es bastante franca.

Sin embargo, ello no impide que la propia Alemania sea presa

también de los servicios secretos chinos.

A mediados de la década del año 2000,

la sensación de estar siendo espiada por China es tal en Alemania,

que la revista Spiegel dedica su portada

a “Los jóvenes espías”; estudiantes en prácticas corruptos,

escuchas al más alto nivel, software espía.

Cualquier información es buena.

Los expertos en inteligencia han bautizado esta recogida de datos

a todos los niveles como “la técnica del grano de arena”.

Supongamos que en una playa los granos de arena

son la información que se debe recoger;

los servicios occidentales o rusos enviarían a alguien de noche

con un enorme contenedor y una pala para que lo llenara

lo más rápido posible y desapareciera antes del amanecer.

Los chinos son totalmente diferentes.

Ellos llevarían a cabo lo que denominan

una “recogida en masa”.

Así, enviarían quizás a un millar de bañistas cada día,

con su toalla y su pequeño traje de baño.

Disfrutarían de la jornada y por la noche,

una vez de vuelta en el hotel, irían todos al mismo rincón

a sacudir su toalla para dejar caer los granos de arena.

Esa es una diferencia muy importante

entre los servicios secretos occidentales y los chinos,

que utilizan prácticamente todo lo que tienen a su disposición.

Al igual que sus homólogos franceses,

en Berlín los servicios de contraespionaje

están totalmente al corriente.

Sin embargo, ellos se muestran mucho más habladores.

El gobierno chino tiene planes muy ambiciosos en lo que concierne

a la economía,

pero también en materia armamentística.

Para alcanzar sus objetivos económicos,

tienen que movilizar todos sus recursos.

Además, tendrían que obtener determinada información,

pero para ello serían necesarios muchos años de investigación.

Resulta más sencillo y menos caro, ya sea mediante ciberataques

o a través de espías,

recoger en otra parte los frutos de este arduo trabajo, es decir,

apropiarse de ellos mediante espionaje.

Con el paso del tiempo y la experiencia de sus contratos

con China, Alemania ha aprendido a minimizar los daños ocasionados

por las hordas de ladrones de arena.

Sin embargo, los servicios de inteligencia alemanes

calculan que el coste anual de este saqueo asciende

a más de 50 000 millones de euros, desde el sector del automóvil

hasta la “máquina herramienta”,

pasando por las motosierras más sencillas.

El problema está en cómo mantener la cooperación a la vez

que se garantiza que, si China quiere ser competidora,

esta competencia sea leal.

Otra cosa es que todo el mundo compita de forma leal.

En Washington también son plenamente conscientes de que el gran peligro

en materia de espionaje ya no son la Unión Soviética

ni sus agentes infiltrados, sino, paradójicamente,

el primer socio económico de los estadounidenses: China.

Según el FBI, el espionaje económico les cuesta cada año

a los Estados Unidos, miles de millones de dólares

y millones de empleos.

Cuatro de cada cinco investigaciones de la agencia conducen

a socios comanditarios chinos,

que se interesan absolutamente por todo.

Sanidad, energía, transporte, comunicaciones,

servicios financieros, comercio.

No hay un solo sector de nuestra economía

en el que no hayan puesto el punto de mira.

En mi opinión se trata de un problema muy grave que no solo afecta

a nuestra seguridad económica,

sino también a nuestra seguridad nacional,

ya que los chinos no solo van

a por nuestras agencias gubernamentales,

sino también a por nuestras empresas privadas y a por las personas,

con el fin de aumentar su competitividad.

La lucha contra el espionaje económico se ha convertido

en una de las prioridades de la administración estadounidense.

La preocupación es tal en Washington,

que el FBI puso en marcha en 2015 una gran campaña de sensibilización,

colgando en su sitio web un auténtico éxito de taquilla:

The Company Men.

Desde luego, no se puede decir que en la agencia

se anden por las ramas.

Robert Moore

¿Señor Moore?

En este cortometraje, Robert Moore

es un ingeniero de una pequeña empresa de Iowa

que diseña cristales aislantes de alta tecnología.

Aunque sueña con ganar más dinero, no se siente apreciado

y tiene problemas para ascender.

Es entonces cuando recibe la llamada de una empresa china

que desea hacerse con la tecnología que él domina.

Robert acaba reuniéndose con dos reclutadores chinos,

que ponen las cartas sobre la mesa.

Hola, Robert, encantado.

Estamos dispuestos a ofrecerle 100.000 dólares

por los planos del equipo

y la fórmula del aislamiento del cristal,

y otros 100.000 por ayudarnos a montar la fábrica.

Le ruego que lo considere.

En la vida real, la historia de Robert Moore se asemeja bastante

a la de Dejan Karabasevic

empleado de un fabricante de componentes de alta tecnología

de la costa este estadounidense.

Producto de la innovación estadounidense,

American Superconductor es una empresa fundada y dirigida

por ingenieros del legendario

Instituto Tecnológico de Massachusetts

y se dedica al diseño de software y componentes electrónicos

para turbinas eólicas.

En 2004, American Superconductor contrata a Dejan Karabasevic

para que la represente en Austria.

La empresa estadounidense se encuentra en ese momento

en plena expansión mundial

y registra patentes a diestro y siniestro.

Esta es de una unidad superconductora para generadores y motores,

que puede integrarse, incluso en turbinas eólicas.

En 2006, Daniel McGahn recibe la llamada del grupo chino Sinovel

futuro gigante del sector eólico

y entre cuyos socios inversores se encuentra ni más ni menos,

que el hijo del entonces primer ministro chino, Wen Jiabao.

Pekín acaba de promulgar una ley sobre energías renovables

que favorece el desarrollo de parques eólicos.

Todo parece estar hecho a la medida del inmenso mercado chino.

Sinovel fabrica la estructura metálica de los aerogeneradores.

Por su parte, American Superconductor suministra

la tecnología.

El ingenio estadounidense y el dinero chino

hacen muy buena pareja.

Sin embargo, el dragón come con los ojos y quiere utilizar

la tecnología por su cuenta.

La empresa estadounidense da por supuesto que su software

está seguro hasta que, en 2010, un incidente en un área de ensayos

descubre el pastel.

Nuestro equipo descubrió

que los chinos utilizaban una versión de nuestro software

que todavía no habíamos lanzado.

No hay duda, habían pirateado el software, inviolable.

Sin embargo, consciente de los riesgos,

McGahn había implantado un complejo sistema de barreras informáticas,

cuya clave se encontraba en Austria.

Un análisis interno de cientos de comunicaciones demuestra

que Sinovel se ha beneficiado de la complicidad

del ingeniero serbio radicado en Austria.

Los investigadores descubren

que ha vendido el código fuente del software

a cambio de un millón setecientos mil dólares.

Hedonista o no, lo cierto es que le proporcionaron una nueva vida

en China: casa, dinero, mujeres

y contratos por un valor de 1,7 millones de dólares.

Dicho de otro modo, no solo buscaban su ayuda o sus conocimientos,

sino que iban mucho más lejos y querían hacerse

con nuestra propiedad intelectual.

Un juez austriaco declaró a Karabasevic

culpable de espionaje industrial en beneficio de Sinovel y lo condenó

a un año de prisión y al pago de una multa de 200.000 euros.

La jugada no les había salido tan mal.

Sin embargo, para American Superconductor, los daños

fueron considerables.

El grupo registró mil millones de dólares en pérdidas

y tuvo que despedir a 600 personas,

las dos terceras partes de su plantilla.

Y la historia no acaba aquí.

Desde su litigio con Sinovel, la empresa estadounidense

ha constatado intrusiones frecuentes en su sistema.

Por este motivo ha recurrido a CrowdStrike

una empresa dirigida por un antiguo responsable

de la seguridad informática del FBI,

con el fin de analizar la procedencia de los ataques.

Por experiencia, en CrowdStrike saben en qué dirección buscar.

Utilizan a sus mejores expertos para acceder de forma remota

a las redes y robar datos que posteriormente proporcionan

a empresas chinas que son competencia de las occidentales.

Un falso correo electrónico interno, en apariencia inofensivo,

llega a todos los ordenadores de American Superconductor.

Al abrir el archivo adjunto, un informe muy interesante

sobre su antiguo socio Sinovel, se propaga por todos los ordenadores

de la empresa un virus invisible que brinda acceso a todos sus datos.

Los analistas de CrowdStrike tiran del hilo y no tardan

en encontrarse con una gigantesca máquina:

el aparato de espionaje económico chino.

Si analizamos de cerca estos ataques, podemos señalar con el dedo

a un responsable.

Se trata de un adversario

al que hemos denominado “Comment Panda”

y que nos lleva directamente a la unidad 61.398 de China,

una de las unidades del Ejército Popular de Liberación,

que es el responsable de gran parte de este ciberespionaje.

Detrás de los ataques contra American Superconductor

se encuentra por tanto el ejército chino.

El cotejo de las direcciones IP y los numerosos índices

que detectaron los expertos permitieron identificar

una unidad de inteligencia militar china especializada

en ataques informáticos.

Y llegar hasta este discreto inmueble en Shanghái.

Donde trabajaban cientos de hackers.

Encargada de actuar únicamente en los Estados Unidos y en Canadá,

la unidad 61.398 emplearía a varios miles de personas

fieles soldaditos de internet,

que también tienen sus puntos débiles.

Eso es precisamente lo que vemos mediante estos ataques:

el momento en que cometen errores,

en un elemento en una línea de código,

un índice que se dejan o algo que se olvidan de borrar.

A menudo observamos que la actividad coincide exactamente

con el horario de trabajo de Pekín,

de nueve de la mañana a cinco de la tarde,

por lo que hemos deducido que se trata de empleados

que van a trabajar, paran para comer, vuelven a casa al final de la jornada

y duermen plácidamente;

el típico comportamiento burocrático.

Por lo tanto sería el gobierno chino el que estaría orquestando

directamente el robo de la propiedad intelectual

de cientos de compañías estadounidenses

en beneficio de empresas chinas.

Una acusación delicada

desde un punto de vista diplomático que debe verificarse,

fundamentarse y documentarse mejor, y que también exige valor

para hacerse pública.

Eso es precisamente lo que hizo el Departamento de Justicia

de los Estados Unidos en mayo de 2014.

Una minuciosa investigación permitió identificar

a cinco funcionarios de la unidad 61.398.

El rostro y el nombre de los cinco espías chinos se difundieron

a todo el mundo.

Acusamos públicamente a cinco miembros

del Ejército Popular de Liberación de atentar gravemente

contra la seguridad de seis empresas estadounidenses.

Queremos decir a las autoridades chinas: “Ya basta”.

Los ataques informáticos

y el ciberespionaje en beneficio de empresas

tendrán consecuencias legales, aunque los demandados sean Estados.

El fiscal de Pensilvania provoca la ira de Pekín.

China lo niega todo y, lógicamente, rechaza entregar a los cinco espías,

ya que afirma que no lo son.

China entró en la Organización Mundial del Comercio en 2001

y, al hacerlo, pasó a formar parte del comercio mundial “civilizado”.

Todo el mundo aplaudió su entrada, ya que suponía la apertura de todo

un nuevo mercado.

Sin embargo, la organización tiene unas normas,

que incluyen la protección de la propiedad intelectual.

Estas normas han sido acatadas por todos, incluida China.

Los estadounidenses, que no son precisamente angelitos

en materia de espionaje, parecen haberse vuelto más astutos

que ellos, para desagrado de los chinos.

Así, en septiembre de 2015, cuando el nuevo presidente chino

visitó Washington por primera vez, su anfitrión no dudó en hacerle

quedar mal en público.

Creemos que las naciones son más prósperas

y el mundo progresa más cuando las empresas compiten

en igualdad de condiciones.

China combate firmemente el robo de secretos comerciales

y cualquier otro tipo de ataques informáticos.

Si Xi Jinping se limita a asentir, no habrá incidente diplomático.

Pero sus cinco espías no se moverán de China,

y a las empresas perjudicadas no les quedará otra que lamentarse.

Es el caso de American Superconductor,

que constata todos los días que Sinovel no solo le robó

su software, sino que prosigue con su desarrollo y exporta

sus turbinas al extranjero, incluso a los Estados Unidos.

La compañía de aguas del Estado de Massachusetts

ha adquirido recientemente uno de estos aerogeneradores,

que se ha instalado a orillas del río Charles, en Boston,

prácticamente frente a la ventana misma de Daniel McGahn.

El dragón se desternilla de la risa,

mientras sopesa tranquilamente su próximo movimiento.

Está claro que China necesita los secretos del universo,

pero lo que no es tan conocido es que se ha convertido

al mismo tiempo en referente mundial de la propaganda encubierta.

Hagamos un pequeño viaje en el tiempo.

A su llegada al poder en 2003,

el presidente de la República Popular China, Hu Jintao

fundamenta la estrategia política del partido

en un importante principio confucionista: la armonía.

De este modo, tras permanecer mucho tiempo proscrito,

el confucionismo vuelve a gozar

del favor de la élite dirigente china.

Un giro sorprendente, pero muy práctico para Pekín.

El tono consensuado y pacífico del filósofo de largos bigotes

le viene a las mil maravillas al secretario general del partido,

que desea hacer olvidar Tiananmén,

de cara a la organización de los Juegos Olímpicos en Pekín.

La figura protectora de Confucio se elige como emblema

de la proyección cultural china, a través de institutos

que llevan su nombre.

En la actualidad, hay más de quinientos por todo el mundo.

Todos ellos se controlan y dirigen desde este edificio de Pekín.

Según los servicios de inteligencia occidentales, no hay prácticamente

ninguna asociación china que no controle y dirija

los servicios de inteligencia chinos o en la que no estén infiltrados.

Esta influencia se extiende a todos los ámbitos de la sociedad:

industrial, académico y religioso si llega el caso,

pero sobre todo al político.

Está presente en todos los niveles.

Si hay un país que ha sabido leer las intenciones de Pekín,

ese es Canadá.

Sin duda, el motivo está en el gran número de canadienses

de origen chino, que conocen demasiado bien al dragón.

Los ciudadanos que optaron por abandonar China están seguros

de que Pekín quiere de nuevo meter las narices en su vida diaria.

No han tardado en denunciarlo,

y los medios se han hecho eco de su preocupación.

Hoy, en China sin censura: ¿está invadiendo la propaganda china

nuestras escuelas?

La universidad McMaster ha decidido cancelar

un polémico curso de chino.

Por supuesto, nos referimos a los ya tristemente famosos

institutos Confucio

Los institutos Confucio no tardan

en señalarse como el caballo de Troya del intervencionismo chino.

El debate adquiere una dimensión pública,

como sucede en octubre de 2014 aquí, en Toronto.

El consejo académico más importante del país decide intervenir.

Me llamo Michel Juneau-Katsuya

y fui jefe de la oficina de Asia-Pacífico

del Servicio Canadiense de Inteligencia y Seguridad.

Las agencias occidentales de contraespionaje

han concluido que los institutos Confucio son una especie de agencia

de inteligencia, dirigida por el gobierno.

Por supuesto, nadie se opone al estudio de lenguas extranjeras.

A lo que sí nos oponemos es a esta forma de injerencia extranjera

orientada a nuestros ciudadanos, con el fin de utilizarlos,

con o sin su consentimiento,

y en ocasiones incluso en contra de los intereses o valores

de nuestra nación.

Ya en 2007, los servicios secretos canadienses alertaban a su gobierno

en este memorando confidencial.

En él subrayaban que “China desea que el mundo se quede prendado

de su país y de todo lo chino”.

Y que “el poder blando de China tiene un gran valor estratégico”,

en particular a la hora de “detectar personas de talento,

que resulten útiles para la expansión de las empresas

y del gobierno”.

Este memorando expone que Pekín busca personas fieles al país,

pero manipulables;

lo que en los tiempos de la Guerra Fría

se denominaba “tontos útiles”.

China tiene la imperiosa necesidad de descifrar más a fondo

a un país miembro del G8, del G20 y de la OTAN.

Como objetivo de primer orden, en Canadá el dragón

también está muy activo.

Lo que distingue a China es el volumen de personas

que son capaces de desplegar;

la cantidad de personas que están dispuestas a salir

y servir a su país, quizás porque esa es precisamente

la única forma de salir.

Se utiliza a todo el mundo para recabar información

que a muchos occidentales puede parecerles trivial.

Sin embargo, estas personas quieren esta información

para pasar a otro nivel.

Puede que la siguiente fase sea enviar a alguien que contacte

con personas que tengan simpatía por China para, en última instancia,

captarlas y convertirlas en agentes de influencia.

Por lo tanto, estos agentes de influencia

son tremendamente importantes.

Debido a la estrecha vigilancia

y a la presión de la opinión pública,

algunos institutos Confucio han tenido que cerrar.

En Canadá, este canal de información e influencia resulta ahora

menos útil para el dragón, pero este dispone de otros recursos.

La información está bien,

pero no hay nada mejor que el control.

Pekín no tolera que sus opositores puedan expresarse,

sean quienes sean.

Cuando los tibetanos exiliados se manifiestan en París,

los servicios de inteligencia chinos se enervan.

Da la sensación de que estén por todas partes.

¡No!

Los opositores tibetanos son una de las cinco plagas

que el partido comunista chino considera letales.

Después están los demócratas de Hong Kong y de Taiwán,

que rechazan la anexión a la madre patria;

por último, las otras dos plagas

que aterrorizan al partido comunista chino

son los tradicionalistas de Falun Gong y los uigures,

independentistas musulmanes de Xinjiang

muy activos en el extranjero, al igual que estos tibetanos.

Creo que a China le preocupa enormemente

el riesgo de inestabilidad dentro del país.

Una de las principales fuentes de inestabilidad son las minorías.

Las autoridades chinas pueden gestionar fácilmente

las amenazas potenciales circunscritas a su territorio;

sin embargo, cuando las amenazas proceden de exiliados

en el extranjero, representan un riesgo mayor

para la estabilidad del país.

Al pie de los Alpes bávaros,

hace años que el dragón no da abasto.

Aquí reside la mayor comunidad de emigrantes chinos musulmanes.

Religiosos, independentistas

y en ocasiones partidarios de la lucha armada,

pero sobre todo muy politizados,

estos uigures que huyeron de Xinjiang son un dolor de cabeza

para las autoridades chinas.

Para los chinos, soy muy peligroso, un separatista.

Los chinos utilizan la palabra “terrorista”.

Umit Hamit no es un ciudadano alemán cualquiera.

Desde Múnich, combate el poder central chino

que, según él, está destruyendo su país.

Hace veinte años, Umit vivía aquí, en Ürümqi, la capital de Xinjiang,

la provincia más occidental de China.

Los uigures eran mayoría en la ciudad,

pero todo eso cambió.

China animó a los hanes la etnia mayoritaria del país,

a colonizar la región, con el fin de sofocar por superioridad numérica

todos los focos independentistas

y no perder el petróleo ni una inmensa zona de desiertos

que la protege de los bárbaros del oeste: los rusos y los indios.

Se puso en práctica una política de “asentamientos”,

dirigida con mano de hierro por la policía y el ejército.

Una ocupación intolerable para los uigures,

que en ocasiones responden haciendo uso de la violencia.

Julio de 2009.

Un ajuste de cuentas entre hanes y uigures se descontrola.

Durante varios días, se suceden manifestaciones

y contramanifestaciones que se saldan

con cerca de doscientos muertos,

miles de heridos y numerosos desaparecidos.

Los grupos de uigures se radicalizan y comienzan a cometer atentados

en la propia China.

Xinjiang es nuestra tierra, nuestro hogar, no el de los chinos.

Una afirmación inaceptable para Pekín.

Resulta fácil imaginar que el Congreso Mundial Uigur

de Múnich supone una pesadilla para China.

Umit Hamit es plenamente consciente de que el dragón le vigila,

sobre todo cuando se manifiesta

frente a las puertas del consulado de China.

Los diplomáticos chinos nos graban constantemente.

Graban la manifestación de principio a fin.

Después, muestran la grabación en China para poder presionar

y chantajear a los que todavía tienen familia allí.

Les dicen: “Vuestros familiares, vuestros hijos e hijas,

han participado en una manifestación.

Tenéis que hacer algo para impedirlo; de lo contrario, tendréis problemas”.

Siempre hacen lo mismo.

Las amenazas y el chantaje

son las armas preferidas de los servicios secretos chinos.

Estos últimos años,

a consecuencia de las presiones ejercidas sobre los familiares

que permanecían en China,

algunos uigures han regresado y proporcionado información

a las autoridades chinas.

Dos de ellos fueron detenidos en Múnich y condenados por espionaje

en contra de su propia comunidad.

Los servicios de inteligencia chinos no consideran necesariamente

una amenaza a todos los uigures de la diáspora, sin embargo,

sí que temen que se engendren terroristas

en el seno de su comunidad.

Así que, para atrapar a un solo pez,

están dispuestos a vaciar todo el lago.

Con vaciar un lago no le bastaría a China para deshacerse de la peor

de las cinco plagas que la amenazan: los seguidores de Falun Gong

un movimiento tradicionalista y espiritual que ya ha hecho temblar

el poder central.

Diez años después de la matanza de Tiananmén,

el presidente Jiang Zemin no soporta que Falun Gong no jure lealtad

al partido, y ordena detenciones.

Estas no causan sorpresa alguna entre los adeptos del movimiento:

en abril de 1999, decenas de miles de ellos rodean pacíficamente

el barrio de Zhongnanhai la sede central del poder.

Ese día, el gobierno es testigo del poder del movimiento,

que afirma contar con más miembros que el propio partido.

Ante esta amenaza, se pone en marcha una feroz política de eliminación

que se mantiene hasta la fecha.

La encargada de aplicarla es la oficina 610,

que tiene conexión directa con la oficina política del partido.

En un principio, actúa por toda China,

aunque también en otros lugares.

Su cometido es bastante sencillo: perseguir y neutralizar

por todos los medios posibles a los miembros de Falun Gong,

especialmente a los que se encuentran en el extranjero,

ya que tienen la posibilidad de manifestarse

con mayor contundencia contra el gobierno chino.

Sin embargo, desde fuera, estos grandes enemigos de Pekín

no parecen muy peligrosos.

En este parque público del extrarradio de Toronto,

practican una modalidad de gimnasia meditativa tan ancestral

como la propia China.

Sin embargo, para el Partido Comunista Chino,

desde los acontecimientos de 1999,

se trata de una competencia ideológica demasiado peligrosa

que hay que erradicar a cualquier precio.

En Toronto, el mismísimo vicecónsul chino

arremetió directamente contra el portavoz del movimiento

y ciudadano canadiense, Joël Chipkar difamándolo en la prensa

y catalogándolo de miembro de una “secta siniestra”.

Este agente inmobiliario interpuso una demanda y ganó el juicio.

El vicecónsul ya había regresado prudentemente a China,

con el fin de no sufrir un escarnio público.

Conocemos la naturaleza profunda del Partido Comunista Chino.

Desde que se hicieron con el poder en 1949,

han destruido la cultura china y el espíritu del pueblo chino.

Quieren que la gente venere al partido como a un dios,

como al mayor poder sobre el planeta.

Y a cualquiera que trate de empoderar al pueblo, lo eliminan.

Tienen auténtico pavor a perder el poder.

En los ochenta países en los que Falun Gong

está implantado oficialmente, todo ciudadano chino

que se considere patriota debe vigilar y denunciar

las actividades de la “secta”, como lo denomina Pekín.

La oficina 610 cuenta por tanto con un enorme ejército de delatores.

Sin embargo, en 2005, Pekín pierde a un valioso colaborador.

Chen Yonglin está por entonces destinado en Sídney, Australia,

donde goza de inmunidad diplomática.

Sin embargo, en realidad forma parte de la oficina 610 y tiene la tarea

de vigilar a los seguidores de Falun Gong.

Mediante infiltraciones y seguimientos,

elabora una lista con los nombres, las direcciones,

los números de teléfono

y las relaciones de todas las personas vinculadas, directa

o indirectamente, al movimiento disidente;

ya sean chinas o australianas.

Sus documentos alimentan durante cuatro años

la potente máquina de lucha contra Falun Gong.

Sus relatos ponen la piel de gallina.

No es ninguna exageración comparar a la oficina 610

con la Gestapo, ya que ha recurrido a todo tipo de métodos para reprimir

a Falun Gong,

desde eliminaciones físicas

hasta destrucciones psicológicas.

Dirigidos contra un sector tan amplio de la población,

se puede hablar de una auténtica política de destrucción.

Así que el apodo de “Gestapo” no es de ningún modo exagerado.

Cuando decide desertar, Chen Yonglin espera de todo,

pero no que Australia deniegue su solicitud de asilo político.

El momento no es el adecuado, ya que Camberra negocia por entonces

con Pekín cuantiosos contratos de gas.

El estado de ánimo de Chen Yonglin no es tan importante.

Así que recurre a la opinión pública australiana.

Mi vida corre peligro.

Los agentes de seguridad de la embajada

podrían secuestrarme.

Aunque él se sepa estrechamente vigilado, su fama

y sus numerosas apariciones públicas garantizan su seguridad.

Donde quiera que vaya, este antiguo espía describe

el aparato de espionaje chino, la ambición geopolítica del partido

y su miedo a que llegue el día en que el pueblo chino deje de creer

su sueño.

Este supuesto sueño de país poderoso

es un sueño totalmente ficticio,

un tigre desdentado.

¿Cómo va a convertirse en una gran potencia mundial

una sociedad que va en contra de la humanidad,

que no respeta los derechos humanos?

Es probable que Chen Yonglin se equivoque.

China avanza a pasos agigantados hacia su objetivo,

sin temor a nada ni a nadie.

Quiere convertirse en la primera economía mundial,

una meta que debería alcanzar, según sus planes, en 2020.

Una vez que lo consiga, es probable que no dé descanso a su dragón.

Existen directivas, directivas de inteligencia;

y déjeme que le diga, hay determinados agentes chinos

que disponen de verdaderas listas de la compra para saber

qué recabar en Europa, ya sea en el ámbito civil o en el militar.

Una vez más, no se trata de marginar a los chinos, sino de proteger

nuestros datos y nuestras tecnologías,

porque lo que está en juego es nuestra industria,

nuestra economía y, en última instancia,

nuestros puestos de trabajo.

No queremos abrir los ojos a la realidad china;

a ese jugador que es un poco tramposo,

que no quiere jugar con las mismas normas que los demás

en el patio del colegio y que siempre acaba saliéndose

con la suya, y todo, porque dependemos de China

en demasiados niveles.

Esta dependencia es el motivo de la impunidad del dragón

y una fuente infinita de felicidad para sus amos.

Hace varios siglos, en su ansia por dominar el mundo,

Occidente robó sin ningún pudor los secretos de la pólvora

y la brújula a los chinos.

En la actualidad, los vientos han rolado

y son muy favorables a China.

Documentos TV - El dragón de las mil cabezas

57:34 08 may 2018

China, como el país con la red de espionaje más grande del mundo, es una potencia ávida de conocimiento en infraestructuras, tecnología e innovación, y está dispuesta a todo para conseguirlo, ante la connivencia de algunos dirigentes occidentales.
El espionaje industrial chino cuesta a Occidente anualmente miles de millones en pérdidas. Los primeros objetivos de China a finales de los 90 fueron los trenes de alta velocidad. Después, el dragón extendió su cabeza hasta la industria aeroespacial y hoy se ha infiltrado en las más innovadoras tecnologías. Occidente le ha suministrado la mayor parte de ese conocimiento, gracias a la connivencia de algunos dirigentes, cegados por la dimensión económica de este mercado.
China introdujo además el espionaje industrial de las formas más variadas. Software espía, escuchas al más alto nivel, robo, sexo, dinero, son algunas de las técnicas que la inteligencia china emplea para conseguir sus objetivos. Según el FBI, Estados Unidos pierde al año miles de millones de dólares. Las potencias europeas no se quedan a la zaga.
Los conocimientos adquiridos impunemente por parte de China y la competencia desleal son los precios que Occidente ha de pagar por la gran dependencia económica que tiene de la segunda potencia del mundo.

Contenido disponible hasta el 23 de mayo de 2018.

China, como el país con la red de espionaje más grande del mundo, es una potencia ávida de conocimiento en infraestructuras, tecnología e innovación, y está dispuesta a todo para conseguirlo, ante la connivencia de algunos dirigentes occidentales.
El espionaje industrial chino cuesta a Occidente anualmente miles de millones en pérdidas. Los primeros objetivos de China a finales de los 90 fueron los trenes de alta velocidad. Después, el dragón extendió su cabeza hasta la industria aeroespacial y hoy se ha infiltrado en las más innovadoras tecnologías. Occidente le ha suministrado la mayor parte de ese conocimiento, gracias a la connivencia de algunos dirigentes, cegados por la dimensión económica de este mercado.
China introdujo además el espionaje industrial de las formas más variadas. Software espía, escuchas al más alto nivel, robo, sexo, dinero, son algunas de las técnicas que la inteligencia china emplea para conseguir sus objetivos. Según el FBI, Estados Unidos pierde al año miles de millones de dólares. Las potencias europeas no se quedan a la zaga.
Los conocimientos adquiridos impunemente por parte de China y la competencia desleal son los precios que Occidente ha de pagar por la gran dependencia económica que tiene de la segunda potencia del mundo.

Contenido disponible hasta el 23 de mayo de 2018.

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  1. Fernando

    gracias por exponer la polémica de los Institutos Confucio, el poder blando de China

    04 may 2017
  2. Marta

    Increible documental, muy bueno. Gracias.

    04 may 2017

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  • Cuando la red no es social

    Cuando la red no es social

    51:40 pasado martes

    51:40 pasado martes 'Cuando la red no es social' analiza si las redes sociales están volviendo a las personas más agresivas. El anonimato y cierta sensación de impunidad parecen facilitar el discurso de odio en las redes sociales. La Fiscalía General del Estado ha alertado del incremento de este delito a través de Internet. 'Documentos TV' aborda el fenómeno con este documental que reflexiona sobre si estas nuevas formas de compartir información están propiciando el aumento del odio.

  • 1:58 09 may 2018 La xenofobia, machismo, racismo, homofobia parecen no tener freno a través de plataformas como Twitter, Youtube o Facebook. Personas de estos colectivos vulnerables que, casi a diario, sufren acoso e insultos cuentan en el documental su experiencia con los “haters”, los odiadores profesionales de las redes sociales. En el documental “Cuando la red no es social” de Documentos TV, responsables de Youtube y Facebook reconocen los errores que se han cometido y nos cuentan las iniciativas para atajar el odio en la red. Sociólogos, psicólogos, penalistas, policía y otros expertos dan muchas claves para conocer este fenómeno y cómo enfrentarse a él. “CUANDO LA RED NO ES SOCIAL” está producido íntegramente por TVE, con guión de Curro Aguilera y realización de Enrique Pérez Cabezas. Se emite en Documentos TV la noche del martes 15 de mayo a las 23:30 h, por La 2 de TVE.

  • 00:53 09 may 2018 Mujeres, homosexuales, negros, musulmanes y gitanos son las principales víctimas de los odiadores profesionales. Sus testimonios son una prueba del acoso, violencia y odio que sufren a diario cuando se conectan a Internet, especialmente en Twitter, Youtube o Facebook. Mira el documental compelto 'Odio en la red' de DocumentosTV.

  • 3:20 09 may 2018 Documentos TV aborda este fenómeno con el estreno de “Cuando la red no es social” un documental de producción propia con el que se quiere reflexionar sobre si estas nuevas formas de compartir información y comunicación están propiciando el aumento del odio en nuestras vidas. Un reportaje que se estrena este martes 15 de mayo a las 22.00 h en las redes sociales de RTVE (Facebook y Youtube) , y a las 23.30 h en La 2 de TVE. ¡ Participa de la conversación con el hashtag #OdioenlasredesDTV !

  • 57:34 08 may 2018 China, como el país con la red de espionaje más grande del mundo, es una potencia ávida de conocimiento en infraestructuras, tecnología e innovación, y está dispuesta a todo para conseguirlo, ante la connivencia de algunos dirigentes occidentales. El espionaje industrial chino cuesta a Occidente anualmente miles de millones en pérdidas. Los primeros objetivos de China a finales de los 90 fueron los trenes de alta velocidad. Después, el dragón extendió su cabeza hasta la industria aeroespacial y hoy se ha infiltrado en las más innovadoras tecnologías. Occidente le ha suministrado la mayor parte de ese conocimiento, gracias a la connivencia de algunos dirigentes, cegados por la dimensión económica de este mercado. China introdujo además el espionaje industrial de las formas más variadas. Software espía, escuchas al más alto nivel, robo, sexo, dinero, son algunas de las técnicas que la inteligencia china emplea para conseguir sus objetivos. Según el FBI, Estados Unidos pierde al año miles de millones de dólares. Las potencias europeas no se quedan a la zaga. Los conocimientos adquiridos impunemente por parte de China y la competencia desleal son los precios que Occidente ha de pagar por la gran dependencia económica que tiene de la segunda potencia del mundo. Contenido disponible hasta el 23 de mayo de 2018.

  • 1:58 02 may 2018 Es una potencia ávida de conocimiento en infraestructuras, tecnología e innovación y está dispuesta a conseguirlo de cualquier manera, ante la connivencia de algunos dirigentes occidentales, entregados al poder económico de su mercado China tiene en la actualidad la red de espionaje industrial más grande del mundo Software espía, escuchas, robo, sexo y dinero son algunas de las herramientas del espionaje industrial chino, que cuesta a Occidente anualmente miles de millones en pérdidas China no tiene ningún reparo en buscar en cualquier continente el conocimiento que necesita. Para conseguirlo dispone de medios materiales y humanos casi ilimitados. Las siempre oscuras cifras de sus estadísticas presuponen, que miles de chinos hayan sido reclutados voluntariamente o a la fuerza, para recabar toda esa información precisa. Lo que sí está matemáticamente demostrado por las potencias de Occidente, es que China posee en la actualidad la red de espionaje más grande del mundo. “El gobierno chino se ha dado cuenta de qué tecnologías, destrezas e información necesita para convertirse en una potencia competitiva”, asegura el ex director adjunto del FBI en “El dragón de las mil cabezas”. Los primeros objetivos de China a finales de los 90’ fueron los trenes de alta velocidad. Después, el dragón extendió su cabeza hasta la industria aeroespacial y hoy se ha infiltrado en las más innovadoras tecnologías. Occidente le ha suministrado la mayor parte de ese conocimiento, gracias a la connivencia de algunos dirigentes, cegados por la dimensión económica de este mercado. “Nos lo dijeron claramente. Lo que queremos es la tecnología y seguiréis vendiendo aviones en China, en la medida en que la transfiráis”, relata el exdirector de Airbus. Pero por si no fuera suficiente, China introdujo además el espionaje industrial de las formas más variadas. Software espía, escuchas al más alto nivel, robo, sexo, dinero, son algunas de las técnicas que la inteligencia china emplea para conseguir sus objetivos. Según el FBI, Estados Unidos, pierde al año miles de millones de dólares. Las potencias europeas no se quedan a la zaga. “Lo que está en juego es nuestra industria, nuestra economía y en última instancia nuestros puestos de trabajo”, manifiesta un experto francés en “El dragón de las mil cabezas”. Los conocimientos adquiridos impunemente por parte de China y la competencia desleal son los precios que Occidente ha de pagar, por la gran dependencia económica que tiene de la segunda potencia del mundo. “EL DRAGÓN DE LAS MIL CABEZAS” se emite en DOCUMENTOS TV el martes, 8 de mayo de 2018 a las 23:45 h. por La 2 de TVE PROGRAMA APTO PARA MAYORES DE 12 AÑOS

  • Impuesto rosa - avance

    Impuesto rosa - avance

    1:58 25 abr 2018

    1:58 25 abr 2018 Investigaciones en Estados Unidos revelan que las mujeres pagan hasta 1.400 dólares más que los hombres en artículos de higiene, cosmética, ropa y por los juguetes infantiles ¿POR QUÉ A LAS MUJERES LES CUESTAN MÁS QUE A LOS HOMBRES LOS MISMOS PRODUCTOS BÁSICOS DE CONSUMO? La disparidad en el precio lo marcan dos colores, el rosa y el azul, una estrategia comercial empleada por las marcas para segmentar el mercado y obligar sibilinamente al consumidor a duplicar compras Lo denominan el impuesto rosa, porque “grava” con precios más elevados, los mismos artículos de consumo, pero destinados al mercado femenino. “El caso de las maquinillas de afeitar es escandaloso. ¿Por qué las ‘Gillette’ para mujer son más caras que las ‘Gillette’ para hombre?”, comenta asombrado un vendedor de unos grandes almacenes. Estudios recientes en Estados Unidos han demostrado que las mujeres llegan a gastar hasta 1.400 dólares más que los hombres por los mismos productos básicos de consumo. En Francia, desde 2014 las asociaciones de consumidores han puesto el grito en el cielo, porque la historia se repite aquí, en Europa. El ‘marketing’ de género sería el responsable de esta disparidad de precios, aplicada de modo más evidente en los artículos de higiene y aseo, cosméticos, ropa y juguetes. El fenómeno es reciente. La diferencia en el precio la marcan dos colores. Desde hace una década, determinados sectores industriales han convertido el rosa y el azul en una estrategia comercial que está saliendo muy cara a los consumidores. “Por ejemplo, un patinete para niña cuesta 49$ y exactamente el mismo patinete, pero en rojo en vez de en rosa cuesta 24”, afirma una de las técnicos de consumo y en este sentido, una socióloga asegura en el “El impuesto rosa”, que “es de sobra conocido, que segmentar algo en ‘marketing’ duplica las ventas” El marketing de género está muy presente también en los productos cosméticos. ¿Podría explicar que los productos femeninos fueran más caros por la inversión en publicidad? “Todas las marcas de cosméticos venden muchos sueños y eso cuesta mucho”, afirma un experto en marcas cosméticas. Y ahí entra en liza otra herramienta comercial empleada para aumentar el coste, el precio psicológico, o el precio que la mujer está dispuesta a pagar por la importancia que le da a su aspecto. “El impuesto rosa” revela, que la publicidad de género se aprovecha del sueño de belleza y eterna juventud para inflar los precios de los productos femeninos. ¿Será posible liberarnos de este ‘marketing’? “EL IMPUESTO ROSA” se emite en DOCUMENTOS TV el martes, 1 de mayo de 2018 las 23:45h. por La 2 de TVE

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