Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, casi 25 años después, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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Para todos los públicos Documentos TV - El ataque de los troles - ver ahora
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Internet.

En sus inicios fue un instrumento para conectar servicios militares,

gobiernos y universidades.

Más de 60 años después ha cambiado por completo

la forma de comunicarse e interactuar de la sociedad moderna

Hoy en día nadie escapa al control de los medios sociales

ni puede eludir la asombrosa conexión

a la que tenemos acceso casi todos los seres humanos en todo el mundo.

Sin embargo, muy pocas personas están preparadas

para enfrentarse a una de las consecuencias

de esta esta capacidad de interacción:

el surgimiento de una nueva e inquietante corriente

de comportamiento humano. Cada vez hay más personas

que se esconden bajo la máscara del anonimato

esperando el momento propicio para provocar,

acosar e incluso amenazar a cualquiera que les convenga.

Son los troles de Internet.

Los troles son personas que dedican gran parte de su tiempo

a atacar a otras personas a través de Internet.

Básicamente intentan hacerles la vida imposible.

Me mandan cosas a casa. Me da pánico pensar

lo que podrían hacerme. Saben dónde vivo y a que colegio van mis hijos.

Los troles pueden ser una simple molestia,

pero también pueden provocar un pánico atroz.

¿Qué ocurre cuando la sociedad intenta silenciarlos?

¿Quién pierde la partida?

El troleo tiene que ver con la libertad de expresión,

y si no eres libre para odiar a alguien no eres libre.

-Se me asocia con muchos grupos organizados de troleo.

Estiramos los límites del derecho a la libertad de expresión.

O lo usas o lo pierdes. Os vamos a hacer sufrir.

A los políticos y a los jueces les toca ahora diferenciar

cuáles de estos troles constituyen un verdadero peligro.

Me han llamado trol algunas personas influyentes que no se enteran.

Me han llamado homófobo, misógino, racista...

No son más que unos vagos que no quiere interactuar.

Gregory Alan Elliott es un artista en el ojo del huracán

por un caso de troleo histórico por el que puede acabar entre rejas.

Se podrían cambiar para siempre los límites de lo que cualquiera

puede o no puede decir en Internet.

Si condenan al señor Elliott por un delito penal

habrá que andarse con cuidado, porque nadie estará a salvo.

Mejor callarse, porque si no puedes ir a la cárcel.

Me llamo Gina Crosley-Corcoran, y escribo un blog,

«The Feminist Breeder», algo así como «Madre y feminista».

Sufro los ataques de troles despiadados.

Los troles pueden ser bastante escurridizos.

En cuanto a patrones de acoso, los acosadores

no suelen ser sigilosos, dejan pistas a sus víctimas

para que sepan que las están acechando y que se asusten.

Un catálogo de la «Tienda del obrero»,

a nombre de “Madre y feminista”, y llega a mi casa.

Mis troles me la mandan como insinuándome que soy

demasiado vaga para encontrar un trabajo que no sea el de bloguera.

En fin.

¡Hola! ¡Ven aquí, cielo!

El blog de Gina le proporciona unos ingresos aceptables.

Escribe sobre cómo ser una madre ama de casa;

su perspectiva es moderna y feminista, y se centra

en su derecho a decidir. Su blog congrega una comunidad

muy numerosa y activa de mujeres.

Me encanta ver que alguien se siente identificado y dice:

«¡Anda, yo también!». Por eso lo hago,

porque te sientes útil. Las feministas son un blanco

muy habitual para los troles. Gina se esperaba los ataques,

pero los niveles de ofensa son sobrecogedores.

Se ha asombrado mucho al descubrir la identidad de algunos de ellos.

Mis troles y las personas peligrosas que atraigo

son como yo, madres que tienen niños pequeños.

Vuelcan sus frustraciones en mí.

No les gusta que me haya convertido en una figura destacada,

y que la gente me preste atención, e intentan desprestigiarme

a toda costa.

Se pasan el día haciendo capturas de pantalla

de cualquier palabra que escribo en internet.

Lo despedazan todo con sus críticas. Hablan sobre mis hijos,

sobre mi ropa... Dedican una cantidad ingente de energía

a centrarse exclusivamente en algo que dicen odiar por completo.

Esa es la diferencia que yo veo entre alguien

que no está de acuerdo contigo y alguien que se dedica a vigilar

cada paso que das. Esos son los troles.

Gina no ve mucha diferencia entre un trol y un acosador.

Quieren hacer que salte y saben qué teclas deben tocar.

Un acosador quiere enfadarte, quiere atemorizarte,

y eso es lo que hacen los troles.

Sus comentarios tienen un tono que te provoca miedo

a lo que puedan hacer o a lo que vayan a decir.

Me dejan comentarios sobre mis hijos o con la dirección de mi casa

para que salte. Quieren que les ataque

para poder alimentar esa fuente de entretenimiento

tan siniestra y retorcida.

¿Cuál es la motivación de un trol?

El psicólogo Raj Persaud, establecido en Londres,

cree que Internet ha generado una serie de comportamientos humanos

completamente nuevos y todavía por investigar.

Tanto los psicólogos como los psiquiatras

nos hemos visto sorprendidos por la inmensa negatividad

que se ha instalado en la red. Es como si Internet hubiera liberado

una especie de fuerza oscura que se encontraban dentro

de millones de personas, de gente normal.

Uno de los problemas que existe en Internet

es la normalización de los comportamientos radicales.

Como vemos que hay muchas personas comportándose así,

nos parece más normal de lo que en realidad es.

Otro de los problemas es que se fomentan los comportamientos en masa.

Si un individuo desprende negatividad

y se ve respaldado por un amplio grupo de personas,

se forma un efecto cascada que no es fácil de ver en la vida real

fuera del entorno de Internet.

Los psicólogos creen, además, que hay un factor

que ha sido definitivo para potenciar la cantidad de troles

y su repercusión.

El anonimato parece ser clave en Internet;

desinhibe a los usuarios, y hace que desaten

sus comportamientos más perversos.

Sienten que pueden salir indemnes de su mala conducta,

que nadie los va a responsabilizar ni a señalar con el dedo.

Las consecuencias de este anonimato parecen ser importantes,

y podrían explicar la existencia de tanta negatividad

y de los comportamientos tan radicales en Internet;

algo que no sucede en nuestro cuando interactuamos en persona.

¿Qué motivación encuentran los troles?, ¿qué ganan?

Un autoproclamado trol de los más despiadados,

que opera desde una ubicación desconocida de Norteamérica,

ha accedido a contárnoslo desde el más estricto anonimato.

Soy Wild Goose, del grupo Bill Waggoner Crew.

En los últimos años me he dedicado a crear un podcast

que documenta la actividad en Internet de los troles,

los piratas informáticos, los gays locos por los videojuegos,

anonymous, los okupas...

Estoy metido en cualquier cosa que se te ocurra.

Creo que todos tenemos un lado oscuro cuando interactuamos en Internet,

no solo yo. Hay mucha gente que no aprovecha el poder del anonimato

y lo que les puede aportar.

Cuando eres anónimo eres libre de hacer y decir un montón de cosas

que en la vida real no podrías.

Eres incapaz de hacerlo en la vida real.

Goose se alió con otros troles como él que conoció en internet,

y desde entonces trabajan como un equipo para ofender

y exasperar a la mayor cantidad de personas posible.

Una de las cosas que te puedes encontrar si buscas en Google

al grupo Bill Waggoner Crew es la denominación «RIP troles».

Cuando alguien muere... y su familia le publica un homenaje,

lo que hacemos es montar otra página,

o incluso utilizar esa misma para armar follón.

El tema es conseguir el mayor número de seguidores posible en esa página,

y que parezca tan real que podamos ofender a cuanta más gente mejor

cuando subamos las publicaciones más «gores» e impactantes.

Acosar a alguien en su momento de mayor vulnerabilidad,

como en el duelo por un ser querido, garantiza el éxito del trol.

Es el camino más fácil para provocar un efecto masivo.

Es súper eficaz;

tienes a toda esa gente con la sensibilidad a flor de piel,

y les sueltas el bombazo, con fotos gores,

e incluso con alguna foto de contenido sexual.

Básicamente, los sacas de quicio.

¿Qué es lo que sacan los troles

de estas reacciones tan desesperadas?

Lulz, ele-u-ele-ceta.

La divisa de los troles.

Es lo único que buscan. Las "lulz" son risas;

divertirse y entretenerse a costa de los demás.

El grupo Waggoner se dedica a provocar a la gente

a través de Internet para ver cómo reaccionan.

Cuanto mayor es la reacción, más famoso se vuelve el blanco.

A los que se acaloran, gesticulan delante de la cámara,

si es posible,

o comienzan a gritarle al micrófono durante un podcast...

A los que se ponen a llorar, a todos, los llamamos vacas de lulz,

porque se les puede ordeñar continuamente.

Nos encantan esas reacciones; nos encanta hacerles llorar.

El campo abierto de Internet

es como un patio de colegio para Goose y sus amigos los troles.

Se dan cuenta perfectamente del contraste tan brutal que supone

con la sociedad real.

Imposible, no podría. Es decir, el mundo real es tan aburrido,

no hay lolz; no creo que pudiera encontrar algo así

en la vida real. Internet nos ha descubierto algo

que nunca antes habíamos conocido.

Hoy en día, cuando entramos en Internet,

nos adentramos en los dominios de los troles.

Pero, ¿cuándo comenzó su actividad?

Un discreto profesor de informática puede tener la respuesta,

e incluso podría ser uno de los primeros troles

que haya existido en Internet.

Soy Adam Steele, profesor adjunto del Departamento de Informática

en la Universidad de DePaul de Chicago.

Es posible que haya sido el primer trol documentado.

Seguro que no he sido el primer trol, pero sí el primero

del que hay registro. Esto lo tengo aquí

porque mi mujer no lo quiere ni ver. Se llama «el alquimista».

La verdad es que se parece a un trol removiendo el caldero.

Adam tuvo acceso a Internet por primera vez

cuando iba a la universidad, en la provincia de Quebec, en Canadá

No tardó mucho en empezar a remover otros tipos de caldero

utilizando su mordaz sentido del humor.

En 1993 estaba estudiando en la Universidad Concordia

en Montreal. En esos momentos Internet estaba dando

sus primeros pasos; interconectaba una cantidad relativamente pequeña

de universidades.

Existía una especie de tablón de anuncios que se llamaba

«La red de noticias». Había un grupo, por ejemplo,

que se llamaba rec.humor en el que se publicaban chistes.

Supongo que lo que pasó fue que había gente en el grupo

que tenía cierta predilección por los chistes de mal gusto,

y al resto le parecían desagradables.

Se vetó a algunos miembros, que abrieron un nuevo grupo,

y crearon alt.malgusto.

Cuando el grupo de conversación alt.malgusto

comenzó a funcionar, los chistes empezaron a ser

más y más radicales. Pronto llegó el momento

en el que no les ofrecía toda la emoción que buscaban.

Creo que fue un verano muy largo, y hacía mucho calor.

Parecía que todo el mundo empezaba a aburrirse

y se nos ocurrió la idea de invadir otros grupos.

Alguien sugirió el grupo rec.mascotas.gatos.

Los amantes de los gatos iban a ser su siguiente blanco,

y Adam iba a estar a la cabeza.

Como cualquier otra comunidad, estaban allí para hablar

de los problemas de sus gatos;

así que mi idea era captar su atención con una historia

que pareciera escrita por alguien verdaderamente interesado en el tema,

y conseguir que respondieran; un caballo de Troya.

Creé una identidad falsa y escribí de forma anónima en el grupo

rec.mascotas.gatos.

Lo que sucedió después es algo que, según la revista "Wired",

nunca había pasado antes en Internet.

Tengo dos gatos: Sootikin, una hembra de dos años,

y Choad. El problema es que la de Choad huele que apesta.

El comentario era soez y pasado de rosca,

pero tuvo cuidado para que pareciese creíble.

"Sooti tiene un celo salvaje, no hace más que aullar y mover el culo.

Mientras se hacía la cena intenté estimularla

con un bastoncillo para los oídos porque he leído que así

se puede provocar la ovulación. La chica con la que había quedado

entró en el baño en instante y no se creyó la explicación".

Los amantes de los gatos, sin embargo, se tragaron el anzuelo,

el sedal y hasta la caña.

Las respuestas que recibí al principio eran bastante útiles;

básicamente me aconsejaban que castrara a Sooti,

pero poco a poco empezaron a aparecer otro tipo de comentarios.

Cuando las respuestas subidas de tono

comenzaron a ser más brutales y radicales,

los amantes de los gatos empezaron a cabrearse,

y los chicos de alt.malgusto se lo pasaron de miedo.

Lo que hicimos fue básicamente un troleo.

Es decir, echas la caña y la mueves poco a poco

delante de los peces hasta que... alguno va y pica.

Adam y los chicos de alt.malgusto

acababan de convertirse en la primera panda de troles

de internet.

Adam era uno de los aproximadamente 14 millones de usuarios

que había en el mundo. Hoy, 25 años después,

hay unos 3000 millones de personas en línea,

y la naturaleza de los troles ha evolucionado.

Lo que ha pasado es que el troleo ha adquirido un significado

que dista mucho de la metáfora de la pesca, y se encamina más

hacia la de un trol debajo del puente en el que se publican cosas,

y sus respuestas son absolutamente destructivas;

básicamente dinamitan todo lo que se dice.

A principios de los 90,

Adam y sus amigos troleaban por diversión,

sin embargo ahora la negatividad inunda la red.

Ya de vuelta en Londres, Raj Persaud nos dice

que está convencido de que todos tenemos un posible trol

acechando en nuestra psique.

La respuesta a la pregunta de si somos o no troles en potencia

nos la proporciona otra pregunta más simple:

¿alguna vez hemos hecho un comentario negativo sobre otra persona

a sus espaldas? Si es así, estamos haciendo una especie de troleo

a pequeña escala.

Puede que no nos guste, pero está científicamente comprobado

que menospreciar a alguien puede hacer que nos sintamos mejor;

y este sentimiento tiene un nombre concreto.

Los psicólogos se están centrando cada vez más

en lo que se denomina el «efecto schadenfreude»;

una palabra alemana que define el placer que se siente

cuando otra persona se derrumba.

Hay mucha gente con muy baja autoestima

que siente que la vida los maltrata. Quizá el hecho de ver

que a otros les va mal, que también sufren,

hace que suba un poco esa baja autoestima.

Sentir placer por el sufrimiento de los demás es una característica

que, hasta cierto punto, todos tenemos;

pero los psicólogos están descubriendo

que los troles más despiadados tienden a mostrar

cuatro rasgos oscuros en su personalidad.

En Winnipeg, Canadá,

un estudio pionero sobre los troles de Internet

ha demostrado que uno de esos rasgos predomina sobre los demás:

el sadismo.

Las personas sádicas actúan así porque les gusta.

Les divierte ser repugnantes y groseros y hacer daño.

A veces el daño es incluso grave, y les resulta placentero.

El doctor Paul Trapnell y sus compañeros

han comprobado que Internet es un patio de recreo

para las personas con tendencias sádicas.

Hay millones de víctimas potenciales y ofrece la posibilidad

de esconderse tras el anonimato. Es un sitio en el que una persona

puede molestar a otras de forma continuada, avergonzarlas

o humillarlas, angustiarlas sin ninguna consecuencia,

y donde además, hacerlo es fácil.

Sin duda tendrá cierto poder de atracción

para aquellos que se divierten haciendo daño a los demás.

El equipo de Trapnell comenzó entrándose en personas

que habitualmente dejan sus comentarios en foros.

Una cantidad bastante significativa calificó abiertamente el troleo

como su actividad favorita cuando se dedican a publicar comentarios.

Les pedimos que rellenaran también algunos formularios

sobre la personalidad que incluían mediciones

sobre los tipos más reconocidos y estudiados de tendencias perversas.

Comprobamos que los troles tenían niveles más altos

en los rasgos malévolos.

Nadie lo había investigado antes con datos reales; nosotros lo hicimos

Y sí, lo podemos asegurar.

Voy a ilustrar con un ejemplo esas cuatro tendencias oscuras

que suelen tener consecuencias sociales especialmente tóxicas.

La psicopatía: nuestra indiferencia es cruel

por un afán temerario de conseguir lo que queremos.

El narcisismo: nuestra indiferencia hacia los demás es cruel

por un afán de grandeza y de protagonismo.

Queremos pensar que somos mejores que los demás.

El maquiavelismo: el afán de causar daños estratégicos

que nos beneficien.

El sadismo: es un tipo de maldad especial que hace daño a los demás.

Se busca el sufrimiento ajeno porque nos es placentero.

Todos tenemos potencial para llegar a ser perversos

de cualquiera de estas cuatro formas; y algunas personas

combinan estas tendencias convirtiéndose en individuos

especialmente malévolos y oscuros.

Así es una persona muy malévola.

Definitivamente, no es una persona con la que quieras tratar.

Estos individuos perversos han campado a sus anchas

por Internet, y el troleo sigue aumentando.

Pero cada vez más personas empiezan a combatirlo.

A este trol lo ha procesado un juzgado de Toronto

y le ha prohibido utilizar Internet durante tres años.

Ahora tiene que retirar sus ilustraciones

de las paredes de este café

por las enérgicas protestas que han suscitado.

Gregory Alan Elliott está entre dos tierras, esperando

el veredicto de un juicio emblemático por acoso en Twitter.

Usaba Twitter como un foro.

Al ser artista comentaba cosas como «esto es un pincel»,

«esto es pintura», «esto es un lienzo»,

también hablaba de política o ayudaba a los demás.

Un día me dediqué a responder a todo lo que iba apareciendo

en mi cronología, y alguien me dijo: «no tienes por qué responder a todo»,

y contesté: «ya lo sé, pero es lo que quiero hacer hoy,

como artista y por experimentar».

Llegó un momento en el que Gregory tuiteaba unas 300 veces al día.

Sus mensajes eran ácidos, groseros a veces,

y bastante inflexibles. Como no podía ser de otra manera,

se ganó algunas enemistades que querían cerrarle la boca.

Chris Murphy, su abogado, nos explica cómo pasó

de ofrecerse voluntario para diseñar el logo de un grupo feminista

a que lo arrestaran durante tres días.

Cuando me llamó Greg, ninguno de los dos entendíamos

por qué la Policía se había presentado allí.

Una vez lo arrestaron, y cuando ya estaba bajo custodia,

es cuando nos enteramos de lo que estaba pasando.

Una mujer, Steph Guthrie,

había acusado al señor Elliott de un delito de acoso

a través de Twitter. La única vía de acoso

por la que la demandante acusaba al señor Elliott era Twitter.

Ni correos electrónicos personales ni Facebook,

ni en persona; no hubo nunca contacto personal.

Ninguna conducta hostigadora.

A este le tiraron café encima. Puedes llenarlo de café,

pero la creación de un cuadro vale mucho más

que las miles de personas que intentan destrozarlo.

Representa la libertad de expresión. Quiere decir que puedo opinar

sobre lo que haces mientras no te amenace. Si te molesta,

si la verdad te molesta, no es mi problema,

yo me limito a decir la verdad.

El señor Elliott no estaba de acuerdo

con las políticas de Stephanie Guthrie.

Es la fundadora de la entidad «Mujeres en la política de Toronto».

El señor Elliott había sido su aliado durante muchos meses,

pero su relación se rompió cuando él defendió a un chico,

porque creía que la señora Guthrie y sus amigas

lo estaban acosando por Twitter.

Stephanie Guthrie, que se ha negado a participar en este documental,

incitó a sus seguidoras a «inundar Internet con ataques»

dirigidos a un chico que había creado un videojuego antifeminista.

Un juego que incluso Gregory Elliott consideraba claramente ofensivo.

Los ataques hacia este chico estaban orquestados y eran peligrosos

Hasta ese momento yo enviaba tuits del tipo:

«El chico no tiene más que 11 seguidores,

pasad de él. No os da buena imagen arruinar la vida de alguien».

Su contestación fue: «Que te den, Greg».

Y les dije: «Vale, si no me tomáis en serio es que no vais a parar».

Y les mandé un tuit. Lo voy a citar. Decía:

«Si se suicida os voy a hacer a todas responsables».

En ese momento tuve que dejar de ayudar,

porque comenzaron a atacarme a mí, y tuve que defenderme.

Gregory no sabía con quién se estaba metiendo.

Una comunidad lo había tachado de trol,

y estaba dispuesta a deshacerse de él.

Querían echarme de Twitter. Al principio fue solo

una campaña de intimidación, pero luego llegaron

las usurpaciones de identidad. Utilizaban mi imagen y nombres

que se parecían al mío. Eso es ilegal, y podría haber hecho

que echaran de Twitter a quien lo hizo.

Comenzaron las etiquetas, con mis iniciales,

que suenan parecido a gay, y crearon un insulto: #giliGAE.

Fue un ataque orquestado que se viralizó.

Gregory combatía estos ataques con tuits,

muchas veces mordaces y polémicos, pero nunca violó las condiciones

de servicio de Twitter. Lo que no ha evitado que la Justicia

lo acuse de un delito de acoso y le haya impuesto como fianza

la prohibición de usar Internet durante tres años.

Lo que he tenido que hacer estos tres años,

como me prohibieron usar Internet y el correo electrónico,

ha sido contar con mi familia y mis amigos;

tratar de que me hagan un hueco en sus vidas y en sus horarios.

De vuelta al mundo del lápiz y a la goma por obligación.

Interesante.

-He perdido la cuenta; me he pasado miles de horas así,

sentado aquí en mis ratos libres,

todo porque él no puede ni buscar sus propias pruebas...

para el caso.

Lo que más duele es tener que bucear en un mar de cotilleos en Twitter.

Es muy aburrido. Imagino que todavía lo es más

para todo el que intenta ayudarme.

Después del examen a conciencia que han tenido que hacer

de una red tan compleja de tuits y retuits, su abogado,

Chris Murphy, tiene muy clara una sola cosa.

Gregory Allan Elliot no es un trol; es imposible.

Publica un mensaje político y se defiende de las calumnias,

pero ambas cosas no le convierten inmediatamente en un trol.

No se acercó a ellas físicamente,

no las estaba amenazando, no había nada sexual.

Hablaba sobre política,

y acataba las normas de Twitter.

Como Gregory no se callaba,

sus detractoras acudieron a la Policía diciendo

que se sentían amenazadas. Ahora, Gregory está a la espera

de que un juez dicte su destino: la libertad

o seis meses entre rejas.

Si condenan al señor Elliot por un delito penal

habrá que andarse con cuidado, porque nadie estará a salvo.

Si te metes en una conversación política en Internet

y las masas te mandan callar,...

mejor callarse, porque si no...

puedes ir a la cárcel.

El troleo en Internet tiene dos bases:

el ataque y la reacción.

Lo que los troles esperan es una reacción desmedida,

y la forma de responderles es lo que decidirá

si el blanco vale la pena.

Si alguien que simplemente te bloquea y con eso da por terminada la partida

lo tienes que dejar, no va a darte mucho juego.

Wild Goose y su grupo, los Waggoner, son capaces de todo por unas lulz,

las risas que les provocan sus víctimas.

Las llaman «vacas de lulz, pero hay un límite lógico

en cuanto a lo lejos que van a llegar.

Hay una relación simbiótica entre el trol de Internet

y su vaca de lulz.

Los Bill Waggoner nunca han empujado a nadie a suicidarse

ni lo hemos intentado siquiera. Esa nunca es nuestra intención.

¿Qué razones podríamos tener para acabar con una vaca de lulz

que nos deja ordeñarla? Si acabamos con ellos en Internet,

o en la vida real, ¿qué ganamos? No creo que podamos conseguir

muchas lulz de alguien que está a dos metros bajo tierra.

Si no me equivoco,...

los muertos no tienen conexión a Internet.

Gina Crosley Corcoran, la bloguera profesional,

madre y ama de casa, se enfrenta a una facción

con motivaciones políticas dentro de su grupo de troles.

No están de acuerdo con sus opiniones

acerca del parto en casa, de la lactancia

o del sistema sanitario, y quieren que el blog desaparezca.

Llego a muchísimas personas, pero no me creo mejor que nadie

ni me siento influyente. Ellos me ven como alguien

que tiene poder, y quieren acabar con el blog.

Hace unos años, una campaña coordinada de troleo

le quitó todo sus patrocinadores.

Hubo un par de marcas que aguantaron,

pero al final me decían: «Mira, esta gente nos está llenando

la página de Facebook de comentarios negativos

y llenos de maldad. Ahora también hablan de nuestras familias.

No podemos seguir». De la noche a la mañana

me quedé sin mi fuente de ingresos, pero con un blog que costaba

mucho dinero mantener.

Gina se arriesgó e hizo la página de pago.

Por suerte resultó que a la mayoría de sus lectores

no les importaba pagar para formar parte de la comunidad

de “Madre y feminista”. Pero los troles, ahora frustrados,

iban a llegar a límites insospechados.

Uno de ellos llamó a la Policía, y les dijo que me iba a suicidar.

Se presentaron en mi casa a las tres de la mañana

y tuve que levantarme de la cama.

Me dijeron que habían recibido una llamada anónima avisándoles

de que era una suicida, y que me tenían que mantener

en observación psiquiátrica 72 horas.

Me metieron en la ambulancia, llorando y con un disgusto enorme,

preocupada por si mis hijos se levantaban y veían

cómo se llevaban a su madre. Por suerte pude hablar con el médico

y se lo expliqué: «Esta persona de Twitter no me conoce.

No me llevéis a ningún sitio, tengo que cuidar de mis hijos».

Tuve la suerte; se dio cuenta de lo que estaba pasando.

Me sacó de la ambulancia y me dijo que me fuese a dormir.

Descubrí que cualquiera puede llamar y decir que está preocupado

porque te vas a suicidar; o por el bienestar de tus hijos,

cualquiera puede poner una denuncia anónima.

no tienen que dar su nombre; así que, con la ley en la mano,

no hay nada que pueda hacer.

Los troles se dieron cuenta de que utilizar a la Policía

para acosarme y sacarme de la cama era una buena estrategia.

Me lo hicieron tres veces en un año;

así que fui a la Policía, y les dije que eso tenía que ser ilegal;

y su respuesta fue: «si no te gusta, no aparezcas en Internet».

Cuando la Policía no nos puede ayudar hay otra opción

a la que pueden recurrir las víctimas de los troles.

Encantada. -Siéntate, por favor.

Las víctimas se siente indefensas.

Esta situación les produce una gran frustración.

Roman Horak es el principal investigador forense de Infotransec,

una empresa internacional dedicada a la seguridad cibernética.

Localizan a los troles que las Fuerzas de Seguridad

no pueden o no quieren buscar.

La Policía no se suele implicar en estos casos,

porque o bien no cree que realmente representen una amenaza grave,

o porque las víctimas no tienen suficientes pruebas.

Tengo a un montón de gente en Internet amenazándome,

y me da miedo. No tengo claro qué puedo hacer.

-¿En qué páginas se producen principalmente las amenazas?

La mayoría en Twitter, y un par por Facebook.

-Uno de los interrogantes es la motivación del trol.

Hay algunos que simplemente se pasean por Internet

tratando de encontrar a alguien al azar a quien acosar.

En cambio, la gran mayoría de los troles son personas

que la víctima conoce. La víctima ha podido tener

algún tipo de relación con su agresor.

De hecho, el equipo de Roman ha descubierto,

gracias a sus investigaciones, que son personas conocidas,

familiares, amigos, compañeros de trabajo,

quienes suelen estar detrás de los ataques más atroces

a los que podemos enfrentarnos.

También han descubierto un nuevo y peligroso participante

en el juego de troles: troles profesionales

que se pueden contratar para saldar cuentas;

atacan a sus víctimas por dinero.

Troles a sueldo en internet.

Sus servicios están disponibles en la red como si fueran sicarios.

Algunos de ellos son muy profesionales.

Crean incluso software malintencionado

dirigido específicamente a la víctima,

lo programan ellos mismos.

Estos troles a sueldo pueden estar en cualquier lugar:

Ucrania, Rumanía, Rusia, allí hay muchos.

Localizarlos termina convirtiéndose muchas veces

en una operación internacional,

en la que hay que coordinar distintas fuerzas de seguridad.

Por suerte, una amplia mayoría

son auténticos aficionados que no saben borrar sus huellas.

Más o menos un 85% de las personas que se dedican a esto,

a trolear y acosar a gente por internet,

no son expertos en informática.

La mayoría de los agresores

van dejando a su paso un montón de huellas digitales todos los días,

cada minuto, cada segundo.

Casi todo lo que hacemos en internet es susceptible de ser archivado.

Muchos troles actúan con la idea errónea de estar seguros

en su anonimato y no son conscientes de las posibles consecuencias

a las que se enfrentan si se les descubre.

En Inglaterra, la ley ha tomado una posición clara

y ha trazado límites en el terreno digital.

Sí, envié algunos tuits en 2014 y me condenaron a 12 semanas de cárcel.

No solía insultar a la gente a través de Twitter,

pero hoy en día Isabella Sorley

es una de los troles más famosos de Inglaterra.

¿Qué delito cibernético cometió Isabella?

En el año 2013, una activista feminista, Caroline Criado Perez,

estaba haciendo campaña para conseguir

que apareciera impresa la cara de una mujer en los billetes de diez libras.

La reacción pública fue bastante positiva,

pero también sufrió una avalancha en Twitter de mensajes ofensivos,

irracionales y amenazadores. Isabella se unió a estos últimos.

Todo fue porque estaba muy borracha,

y cuando me fui a casa me puse a mandar tuits.

No tenía nada que ver con su campaña.

No me preocupa especialmente lo que aparezca en los billetes.

Sé que estaba luchando para que apareciera una mujer,

y la Reina ya aparece en ellos, así que...

No, no me importaba en absoluto el objeto de la campaña.

Incluso a día de hoy me pregunto por qué los mandé.

Me gustaría saber por qué y tener una respuesta más clara.

El caso es que estaba borracha

y me subí al carro.

Los troles no estaban discutiendo sobre el tema,

estaban propagando su odio y atacando

a Criado Pérez en lo personal por su programa feminista.

Isabella se sumó con 6 tuits propios.

La amenazaba con la violación y cosas aún peores.

Me levanté hecha polvo, obviamente,

y caí en la cuenta de lo que había hecho.

Me empecé a encontrar mal físicamente

y no sabía si eran los tuits o la resaca.

Absolutamente repugnante. Lo que tuiteé era despreciable.

Tanto, que solo el hecho de pensar que lo había escrito

con mis propias manos y que le había enviado aquello a otra persona

hizo que yo misma me diera asco.

Mortificada por el remordimiento la noche siguiente

a aquel diluvio de odio,

Isabella volvió a internet para confesar lo que había hecho

y pedir perdón.

Le pedí disculpas.

Le dije: «Mis amenazas no son reales, no te preocupes. Lo siento mucho».

No sé si a ella le sirvió de algo,

pero a mí me hizo sentir un poco mejor, en plan:

«está recibiendo amenazas de violación y de muerte,

al menos que sepa que las mías no son reales.

No se tiene que preocupar».

Las amenazas de muerte y de violación

se consideran un asunto muy serio.

Cuatro meses después arrestaron a Isabella y a otro trol.

Se hizo mucha publicidad sobre el juicio

y tuvo que enfrentarse al escarnio de todo el país.

Me condenaron a doce semanas de cárcel en la prisión de Holloway.

Fue muy duro, durísimo.

Tuvo tal repercusión que no podía esconderme.

Todo el mundo me preguntaba por qué lo había hecho:

el resto de las reclusas, los funcionarios...

El maltrato venía por todos los frentes,

me habían tachado de odiar a las mujeres y, claro,

estaba en una cárcel para mujeres, ¡madre mía!

Ahora me van a abrir la cabeza

porque alguien ha visto en las noticias lo que he tuiteado.

Me vi en Crimewatch, el programa de la tele, en mi celda,

y aquello sí que fue duro.

Después de su condena,

Isabella tuvo que prestar servicios a la comunidad

y pagar una indemnización a Caroline Criado Perez

por sus agresiones a través de la red.

En Inglaterra, el caso de Isabella Sorley sentó precedente.

La Corona había enviado un mensaje muy claro,

pero no todo el mundo está de acuerdo con la postura del gobierno.

Creo que el troleo tiene que ver con la libertad de expresión.

Creo que esta situación nos lleva a que se impida

que la gente diga ciertas cosas.

Vale, que en general,

son cosas bastante chocantes y no son socialmente útiles.

En su mayoría son solo insultos y ofensas,

pero para mí todo está metido en el saco de la libertad de expresión,

y si no eres libre para odiar a alguien,

entonces no eres libre en absoluto.

Brendan O’Neill es el editor de una revista de actualidad en internet,

Spiked. Está muy familiarizado con la polémica y los troles.

A mí me atacan a todas horas en lo personal.

Me ofenden, me difaman, me calumnian.

Si busco mi nombre en internet aparecen todo tipo de insultos;

a veces pasan al plano físico.

Una vez me enviaron a la oficina un sobre lleno de (pitido) de persona.

Te insultan a todas horas.

Si te dejas ver, si das tu opinión y dices lo que piensas,

te van a insultar.

Para mí es simplemente el precio que debemos pagar por vivir

en una sociedad libre en la que cada uno podemos expresar nuestra opinión.

Hoy en día todo el mundo da su opinión, y sin embargo,

cada vez menos personas toleran opiniones contrarias a las suyas.

Es como si se pudiese atacar a cualquiera

por decir algo remotamente ofensivo

y la línea que separa el troleo en internet de la humillación pública

se estuviera diluyendo.

Los troles son algo así como una minoría atroz y radical,

que usa un lenguaje muy extremista.

Cuando se humilla a alguien públicamente,

lo que ocurre es que hay buenas personas como nosotros

que ponen a alguien por los suelos solo por querer ser bellas personas,

agradables y empáticas.

Realmente somos nosotros los que hacemos el mayor daño,

porque, que te destrocen decenas de miles de bellas personas

como nosotros, porque no está bien visto tu chiste en Twitter,

es espantosamente traumático.

Jon Ronson un escritor galés de éxito,

cree que la corriente de los medios sociales y la humillación pública

de la que somos parte activa se nos está yendo de las manos.

Veamos por ejemplo la historia de Justine Sacco.

Antes de subirse al avión para ir a Ciudad del Cabo escribe un tuit:

«Me voy a África.

Espero no coger el SIDA. Es coña, soy blanca».

Se sonrió, le dio a «enviar» y nadie le respondió.

Se montó en el avión, apagó el móvil y se durmió.

Esa fue, probablemente,

la última noche que durmió a pierna suelta en un año.

Justine solo tenía 170 seguidores en Twitter

cuando publicó aquel chiste infame, pero mientras dormía,

internet estaba ardiendo.

Cuando se despertó y encendió su móvil descubrió

que había perdido su trabajo

y que las masas de todo el mundo la despreciaban y millones de personas

la insultaban en internet.

El tuit de Justine inundaba las cronologías.

Las de todo el mundo.

Yo estaba en Londres,

tumbado en la cama y pensé lo mismo que todo el mundo «¡Guau!

Date por j***»

Me incorporo y me da por pensar:

no tengo tan claro que tuviera intención de publicar

un tuit racista.

Jon Ronson estaba tan conmocionado con la respuesta pública

que se le dio al tuit de Justine Sacco que fue a verla.

Cuando conocí a Justine un par de semanas después, estaba rota,

destrozada.

Le pedí que me explicara el tuit,

y me dijo: «cuando uno vive en EEUU

está en una especie de burbuja en lo que atañe al Tercer Mundo.

Estaba riéndome de esa burbuja».

Y ahí llegaron los troles.

«Ahora casi estoy deseando que Justine Sacco coja el SIDA. LOL».

Otro escribió: «Alguien que sea positivo en VIH debería violar

a esta zorra para ver si su color de piel la protege del SIDA».

Y ¿sabéis qué es lo peor?

Nadie se puso en contra de los troles esa noche.

Estábamos todos tan emocionados acosando a Justine,

tan contentos destrozándola,

que a nadie le quedó un ápice de cabeza para ir tras alguien

que estaba despedazando a Justine de una forma tan inoportuna.

Tuvo el camino libre.

Cuando hay una humillación pública,

cientos de miles de bellas personas te están diciendo que no vales nada.

Y las personas que he conocido que estaban verdaderamente destrozadas,

traumatizadas, deprimidas,

no lo estaban porque unos cuantos troles les dijeran

que las iban a violar o a matar;

lo que las mataba era que los demás lo justificásemos.

La línea entre una mala conducta

y el troleo ya no se distingue con claridad

y como ya ha descubierto la trol más conocida de Inglaterra,

Isabella Sorley, las consecuencias pueden ser dramáticas.

Tuvo que pasar doce semanas en la cárcel

por enviar seis tuits con amenazas una noche de borrachera.

Aquellos veinte minutos todavía definen mi vida,

y es con lo que me cuesta horrores lidiar,

porque fue un periodo de tiempo tan corto...

y siempre voy a estar marcada como aquella chica del Twitter.

Se arrepiente de lo que hizo,

pero no cree que el castigo fuera proporcional al delito que cometió.

Evidentemente creo que lo que mandé,

si lo dices en persona te va a dar problemas,

pero no creo que me hubieran mandado a la cárcel.

El castigo se usó para dar ejemplo, porque todo había sido muy mediático.

A Isabella le hubiera gustado poder pedirle disculpas a su víctima

en persona, pero no es probable que lo consiga,

ya que tiene una orden de alejamiento de por vida.

Ahora los riesgos del alcoholismo,

que es lo que cree que desató su conducta de trol.

De momento, y seguramente para siempre,

le toca vivir con las consecuencias públicas y penales

que provocaron sus actos en internet.

Brendan O’Neill, defensor de la libertad de expresión y periodista,

no se anda con rodeos.

Cree que Inglaterra se está acercando peligrosamente al estado policial

que George Orwell describió en su novela “1984”

cuando se trata de lo que se puede y lo que no se puede decir en sociedad.

Ve los troles como una minoría que hace de cabeza de turco,

peones de una partida en la que está en juego mucho más.

Se nos muestra a los troles como quienes tienen el poder

y a sus blancos como una especie de víctimas.

Para mí es al contrario.

Creo que los cazadores de troles, la gente de los medios, por lo general,

que quieren parecer soldados valientes

que luchan contra la insolencia en la red,

son la mayor amenaza para internet.

Ellos son los que están mermando la libertad que hay en la red,

el acceso a la información y el derecho que tenemos a expresarnos.

Y los troles, ese pobre hombre o esa pobre mujer

que están metidos en su habitación diciendo chorradas en internet,

son las víctimas.

Mientras los gobiernos promulgan leyes para enfrentarse a los troles,

puede que todo el que se comunica a través de la red

sufra consecuencias inesperadas.

Me preocupa, cuando se habla del tema de los troles hoy en día,

que todo se mezcle.

Porque puedes llegar a una situación en la que trolear pueda ser

desde enviar una amenaza de muerte, que es algo muy serio,

hasta alguien escribiendo un artículo que diga:

«no creo que el cambio climático

sea el peor de los problemas de la humanidad».

Todo se considera troleo, y si crees en la libertad de expresión,

deberías estar escandalizado con los arrestos,

no digamos ya con las penas de cárcel,

con las que se castiga a alguien

que simplemente está expresando una opinión.

A 600.000 kms, en Toronto,

y después de tres años sin poder conectarse a internet,

tras sufrir actos vandálicos en sus obras y preguntarse

si iría a la cárcel por los tuits que publicó,

se dicta por fin la sentencia del juicio contra Gregory Alan Elliot.

Se le declara inocente de todos los cargos.

El juez asegura que el contenido de sus tuits

no era de naturaleza sexual ni violenta

y que no hay indicios de que tuviera intención de perjudicar

a las demandantes.

No estaba haciendo nada malo,

simplemente me defendía y defendía mi libertad de expresión,

y no me iba a dejar acosar ni intimidar por aquellos

que intentan proteger al mundo de acosadores e intimidadores,

por no llamarles otra cosa.

Gregory está libre,

pero ha pagado un precio

muy alto por los comentarios que sus detractores consideraron troleos.

El precio emocional es brutal, y el económico, dinero y demás...

Perdí un trabajo en el que había estado 17 años,

tuve que sacar el dinero de la jubilación.

Me arruinó económicamente. Me arruinó.

La reputación de Gregory también ha salido perjudicada.

Sus comentarios más abrasivos parecen chistes al lado

de los troleos que sufrió por parte de las masas en Twitter.

Aunque estuviera en su derecho,

queda un registro permanente de que el señor Elliott es un machista,

un misógino y un pedófilo

y esta etiqueta lo va a perseguir siempre por la red.

Y lo que tengo claro es que ni una sola de las personas

que lo acusaron de serlo se va a disculpar por ello.

Sus detractores aseguran que la misoginia

ha ganado la batalla,

y los troles antifeministas más despiadados

consideran su exculpación una victoria.

Por desgracia, su caso no ha servido para abrir más el diálogo en la red.

Mientras tanto en Chicago, nuestra bloguera,

Gina Crosley Corcoran está agotada.

A pesar del reconocimiento que le profesa la comunidad

de “Madre y Feminista”, los troles consiguen ir minándola.

Los comentarios mordaces, las bromas pesadas, las amenazas a su familia

y las irrupciones nocturnas de la policía son constantes...

Ha aprendido a sobrellevarlo, pero termina siendo agotador.

Me encantaría que internet fuese como un bufé:

consume lo que quieras y deja lo demás,

en lugar de esa perspectiva por la que cualquier cosa

que no les va bien o que les molesta

es una razón para pasar a los insultos.

Es como cuando voy a un bufé: a mí me gusta el pollo y también la pasta,

pero no me ofende que ofrezcan más platos que los demás pueden coger

o que les pueden gustar.

Simplemente me planteo que eso no me gusta y lo dejo ahí.

No me voy directa al encargado y me pongo a gritarle

que cómo se le ocurre poner eso en el bufé si a mí, no me gusta.

Me da la sensación de que la gente en internet reacciona

un poco de esa manera.

¿Seremos testigos algún día de la extinción

de este fenómeno psicológico de los troles?

La respuesta, muy probablemente, es no.

Más bien al contrario necesitamos encontrar las armas necesarias

para combatirlos y para no convertirnos en uno de ellos.

Es paradójico que hasta un trol tan conocido como Wild Goose

defienda el anonimato y nos advierta

que nuestra vida real debe quedar completamente fuera de internet.

Los usuarios tienen que distanciarse por completo

de su identidad en la red.

Es muy arriesgado mostrar tu personalidad real en internet.

Quedas expuesto a un montón de interlocutores muy peligrosos,

mucho más que el grupo Bill Waggone.

El tema de la privacidad es tan importante

como el de la libertad de expresión, van de la mano.

Consideramos el mundo real y la vida real muy diferentes

a nuestra vida en la red,

pero esa diferencia está desapareciendo a gran velocidad.

La mayor dificultad a la que nos enfrentamos para adaptarnos

a estos cambios tiene que ver con mantener nuestra libertad

dentro del espacio digital.

La adaptación de la libertad de expresión a esos cambios

va a ser la más complicada.

Por primera vez en nuestra historia las masas pueden dar su opinión

en un foro público.

Creo que es fantástico,

pero me preocupa que la caza del trol

pueda comprometer este avance de la democracia.

Las amenazas físicas deberían ser intolerables,

pero también hemos de garantizar el derecho de los demás

a no estar de acuerdo con nosotros,

a insultarnos o incluso a odiarnos dentro de la red.

Si vamos en serio con el tema de la libertad de expresión,

tenemos que permitir que se hagan comentarios detestables, repugnantes,

racistas y sexistas.

La libertad de expresión engloba cualquier forma de expresarse.

Documentos TV - El ataque de los troles

52:01 14 mar 2017

Internet es el espacio idóneo para que cada vez más personas den rienda suelta a sus más oscuros comportamientos. Los llamados troles acosan, provocan e incluso amenazan a quienes señalan como sus "blancos".

Contenido disponible hasta el 29 de marzo de 2017.

Internet es el espacio idóneo para que cada vez más personas den rienda suelta a sus más oscuros comportamientos. Los llamados troles acosan, provocan e incluso amenazan a quienes señalan como sus "blancos".

Contenido disponible hasta el 29 de marzo de 2017.

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