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No recomendado para menores de 7 años Documenta2 - La senda desde Jesucristo hasta Constantino: El gran misionero - ver ahora
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Me llamo Jonathan Phillips

y soy catedrático de Historia de la Royal Holloway

de la Universidad de Londres.

Les invito a acompañarme en un viaje trascendental,

un recorrido de más de tres mil kilómetros

por siete países

para descubrir y explorar

las historias de los primeros cristianos.

En Belén participé en la celebración del nacimiento de Jesucristo.

Después seguí los pasos de Jesús,

desde su infancia en Nazaret hasta la traición de su entrega,

su crucifixión, y su resurrección.

Los cristianos creen

que la historia del cristianismo

comienza con la resurrección de Cristo.

Aún quedan once de sus primeros discípulos,

que van a recibir un último encargo de Jesucristo resucitado:

difundir el mensaje del Evangelio, la Buena Nueva,

a todos los pueblos y todas las naciones.

Hay un hombre en particular

que se toma muy en serio esta llamada universal.

Llamado Saulo en hebreo,

y Pablo en griego,

será el catalizador

de una interpretación nueva y revolucionaria de Dios.

La suya es

una de las transformaciones más convincentes de la Historia,

aunque no es más que el comienzo de su increíble historia,

en la que conseguirá

que el Dios de una nación

se convierta en el Dios de todos los pueblos.

LA SENDA DESDE JESUCRISTO HASTA CONSTANTINO

EL GRAN MISIONERO

En mi viaje

a los primeros tiempos del cristianismo

me quedó claro que la clave de la supervivencia

y expansión de la fe cristiana está en San Pablo.

La Biblia nos presenta a Pablo,

no como un apóstol, sino como Saulo de Tarso,

fariseo y enemigo de la iglesia

que persigue a los cristianos y lo que éstos representan:

una amenaza para la religión ancestral de Israel.

Y sin embargo,

era el mismo hombre que, con su vehemencia,

apasionamiento y determinación,

impulsaría la propagación de esta fe incipiente

por todo el mundo;

alguien cuya historia y sus cartas

abarcan la mayor parte del Nuevo Testamento.

Pero,

¿quién era exactamente?

Necesitamos saber más cosas de él.

Riadas de turistas,

visitan las imponentes ruinas de la ciudad romana de Éfeso,

en la actual Turquía.

Recorren sus espléndidas calles

sin saber que un tesoro yace escondido

en las colinas que les rodean:

un santuario dedicado al apóstol Pablo

que ha permanecido oculto durante siglos.

Visitar aquel lugar fue sin duda emocionante.

Sabía que las imágenes en su interior

habían sido creadas con posterioridad a su muerte.

Aun así, me produjeron una gran emoción.

Es... es un momento increíble.

Después del esfuerzo de subir la ladera sobre Éfeso,

aquí me encuentro cara a cara con San Pablo.

Me siento realmente emocionado.

Llevo mucho tiempo leyendo sobre él.

Es una de las imágenes suyas más antiguas que tenemos.

Y es exactamente como me lo imaginaba;

alguien cuya mirada sin duda te atrapa,

y sabemos que era un gran orador.

Me parece que es muy hermoso.

Después de Jesús,

Pablo fue la persona que más hizo

para configurar el cristianismo.

Pero, para comprender quién era, tenía que empezar por el principio.

Y estaba en el lugar donde nació, como su nombre indica,

Saulo de Tarso,

ciudad situada en el actual país de Turquía.

Allí creció

formando parte

de lo que se ha llamado “la gran diáspora”,

que eran las comunidades judías

que se extendieron por el mundo conocido.

Viendo este bullicio,

los días de Tarso como reputado centro de estudio

de la retórica y la filosofía parecen haber quedado muy atrás.

Era un lugar de presunción y autoestima en exceso.

Su lema proclamaba:

“Metrópolis de Tarso, primera, principal, y más justa”.

Un lugar del que Pablo estaba orgulloso de proceder.

He venido a Tarso

para hacerme una idea

de cómo fueron

los primeros años de la vida de Pablo.

Mi intención era intentar descubrir más cosas

en el lugar donde creció.

Y la mejor forma de explorar Tarso es en motocicleta.

En el centro de la moderna Tarso,

los arqueólogos han descubierto recientemente

vestigios del casco antiguo de la ciudad.

Tarso estaba

entre las principales ciudades del mundo romano,

y personalidades como Marco Antonio y Cleopatra

decidieron celebrar su primera reunión

aquí, en el siglo Primero.

San Pablo nació siendo judío y ciudadano romano aquí, en Tarso,

y prosperó junto a su familia

en este floreciente asentamiento romano.

En el casco antiguo

me reuní con Nadir Durgun,

representante municipal y asesor sobre las ruinas.

¿Por esta calle caminó Pablo en persona?

Sí, claro.

Creemos que San Pablo, Cleopatra, César, Marco Antonio, Cicerón,

Adriano...

todos recorrieron esta calle.

Pienso que una de las claves para entender a Pablo

es su condición de habitante de una ciudad.

Cuando pienso tuvo una influencia tan grande

en la expansión del cristianismo y en la historia del mundo...

... miro alrededor y me imagino...

... ya, que un día pudo estar comprando por aquí...

Él era fabricante de carpas,

así que es posible

que se dedicara a hacerlas por esta zona.

Cuando Pablo era niño,

Tarso, a pesar de su riqueza y esplendor,

seguía siendo territorio conquistado,

y sólo unos pocos elegidos

gozaban del prestigio de ser ciudadanos romanos.

Aunque la mayoría de su población actual es musulmana,

la ciudad protege y conserva lugares antiguos

que podían ayudarme a imaginar la infancia de Pablo.

El Pozo de San Pablo, del cual sacaba su agua,

sigue siendo visitado por peregrinos.

Cuenta la tradición popular

que el agua de este pozo conserva propiedades curativas.

Objetos e inscripciones de los siglos Segundo y Tercero

encontrados en estas ruinas

indican que esta casa

fue el hogar de Pablo en su infancia.

Los restos de la vivienda

se conservan en el interior de un moderno recinto protector.

Mi siguiente parada fue a orillas del río Tarso.

Posiblemente estuviera más limpio en tiempos de Pablo;

hoy sufre la contaminación de los centros industriales cercanos.

Cuesta creer que en la época de Pablo

ésta fuera una floreciente ciudad universitaria,

como Oxford o Cambridge.

Los escritos describen a los estudiantes

tendidos ociosamente junto a la orilla,

con sus finas ropas de lino,

chismeando y comentando los asuntos importantes del día.

En una región donde una vez floreció la fe cristiana,

la única reminiscencia del cristianismo hoy aquí, en Tarso,

es ésta:

la iglesia de San Pablo, que en la actualidad es un museo.

Pero, cuando Pablo vivía en Tarso,

no había servicios religiosos cristianos,

porque el cristianismo todavía no existía.

Dos de los grupos judíos más importantes

eran los saduceos y los fariseos.

Los saduceos eran conservadores aristócratas de estirpe sacerdotal

que se oponían rotundamente a Jesús y al cristianismo

y no creían en una vida después de la muerte.

Los fariseos tenían un interés sincero en Dios y su Ley,

aunque Jesús los criticaba

por pensar que la santidad personal bastaba para acercarse a Dios.

La próspera familia de Saulo lo envió a Jerusalén

para que estudiara

con el rabino fariseo más reputado y brillante:

Gamaliel.

¿Cree que Pablo llegó a conocer a Jesús?

Creo que no;

pero sí pienso que ambos estuvieron al mismo tiempo en Jerusalén.

Porque,

si la conversión de San Pablo tuvo lugar en torno al año 33,

seguramente llevaba aquí desde el año 15 o así,

y Jesús fue crucificado en el año 30.

En Gálatas, Pablo escribió:

“Yo aventajaba en el Judaísmo

a muchos de mis compatriotas contemporáneos,

mostrando mucho más celo

por las tradiciones de mis antepasados”.

Pero, en Jerusalén,

una nueva secta, que al principio se llamó “el Camino”

y se basaba en las enseñanzas de un joven rabino llamado Jesús,

estaba atrayendo conversos.

Aseguraban que su fundador

había resucitado de entre los muertos

tras haber sido crucificado por las autoridades romanas,

y que con él

se cumplía la promesa ancestral de Dios a su pueblo:

la llegada de un Mesías para traer el nuevo Reino de Dios.

Para Saulo, esto era anatema.

Se sumó a la persecución de los seguidores de Jesús,

participando incluso en su muerte.

Uno de los perseguidos

fue el primer mártir cristiano, Esteban.

La primera vez que aparece Pablo, o Saulo,

que era su nombre entonces,

es en la lapidación de San Esteban,

el primer mártir cristiano.

Los textos nos dicen

que esto sucedió fuera de los muros de la ciudad,

y el lugar más probable es el que tengo justo detrás de mí,

la Puerta de Damasco.

¿En qué creían exactamente aquellos primeros cristianos?

Sin duda creían que Jesús era el mesías prometido por Dios.

Pero había también judíos devotos,

que seguían rindiendo culto en el templo

y acudiendo a la sinagoga.

Para ellos,

las exigencias de la Ley seguían siendo válidas.

Pero también creían que Dios estaba haciendo algo nuevo,

y estaban dispuestos a dar la vida por ello.

Este mural representa la lapidación de Esteban

y sus últimos momentos sobre la Tierra.

Detrás, con gesto aprobador, está Saulo,

perseguidor de los cristianos,

contemplando la muerte de su enemigo jurado.

Amenazados con la persecución,

muchos cristianos huyeron a la ciudad de Damasco,

y Saulo pidió permiso a las autoridades judías

para perseguirlos hasta allí y traerlos de vuelta a Jerusalén,

donde serían juzgados.

Sin embargo, en el camino a Damasco

tuvo lugar

uno de los acontecimientos más extraordinarios de la Biblia,

cuyas repercusiones

aún se dejan sentir en la actualidad:

y es el momento en que Saulo, el perseguidor,

se transforma en Pablo el discípulo.

Así lo cuenta Lucas:

Hechos 9:3-5

“Cuando se acercaba a Damasco,

de pronto una luz del cielo resplandeció a su alrededor.

Al caer a tierra,

oyó una voz que le decía:

'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?'

'¿Quién eres?', preguntó Saulo.

El Señor respondió:

'Yo soy Jesús, a quien tú persigues'.”

Esta impresión radical de cambio, de transformación,

ha sido experimentada por generaciones de cristianos,

que se han identificado con ella.

Sin embargo,

el relato que hace Pablo en su carta a los gálatas

es menos dramático.

No hace mención a esta famosa escena.

Lo que sí describe es una visión de Jesús,

después de la cual viajó a Arabia,

sin tener contacto con nadie y luego vino a Damasco.

Posiblemente intentaba asimilar

la enormidad de la experiencia que había vivido.

Sin duda tuvo que ser sobrecogedora.

Y en ese momento crítico,

al menos, los textos están de acuerdo.

Lo que dice Pablo

es que ha tenido una revelación del Cristo resucitado.

Asegura que ha vivido una auténtica experiencia visionaria.

Y que,

al comprender en ese instante que Jesús,

de quien no había creído que pudiera ser el Mesías,

le ha demostrado que sí lo es,

al menos en su mente, su visión cambia por completo.

Siguiendo la narración de los Hechos de los Apóstoles,

el cegado Pablo continuó hasta Damasco

donde, en lugar de perseguir cristianos,

pasó a engrosar sus filas.

Allí fue sanado y bautizado por el líder de la comunidad,

Ananías.

Saulo el perseguidor

sería, a partir de entonces, Pablo el apóstol.

Pablo comenzó a predicar sobre Jesús en las sinagogas.

Los demás seguidores de Jesús veían con asombro su cambio radical.

Su antiguo enemigo ahora trabajaba a su lado.

Lógicamente,

sus colegas judíos de antaño montaron en cólera;

el perseguidor pasó a ser perseguido,

y tuvo que salir de Damasco a toda prisa.

Pablo regresó a Jerusalén,

pero no a su antigua vida en el judaísmo,

como fariseo de clase privilegiada.

Intentó sumarse a la comunidad cristiana incipiente,

a pesar de que ésta

todavía desconfiaba de su conversión.

Él insistió en predicar para los demás judíos en la sinagoga

hasta que, tras recibir más amenazas,

decidió que debía regresar

por un tiempo a Tarso.

Hay tensiones que están en una fase incipiente,

casi como rencillas familiares,

podríamos decir,

que en cierto modo cabe esperar que surjan

si uno empieza a hacer cosas así....

Y Pablo no tiene una personalidad tímida, ni mucho menos.

Él cree firmemente

que comprende algo que los demás no,

y lo dice a las claras cuando discrepan con él.

Y, a veces, eso le trae problemas.

Pero había un cristiano en Jerusalén

que sí creía que la conversión de Pablo era real.

Se llamaba Bernabé,

y fue a Tarso en busca de Pablo.

¿Podría decirme qué importancia tuvo Bernabé,

el que fue la mano derecha de Pablo?

Pienso que Bernabé al principio fue su mecenas,

y más tarde su educador.

Creo que Bernabé pudo ser su guía

en lo que Lucas llama “su primer viaje”.

Juntos viajaron a Antioquía.

en la Turquía actual

iba a ser una de las ciudades más importantes de la historia

de los comienzos del cristianismo.

Detrás de mí está Antioquía,

la tercera ciudad más grande del imperio romano en aquella época.

Fue decisiva en la expansión del cristianismo.

Aquí, los discípulos fueron llamados por primera vez cristianos.

Cúando empezaron a ser llamados cristianos

es un tema muy controvertido.

porque no sabemos con seguridad

si ellos se llamaban a sí mismos cristianos

o eran otros quienes los llamaban así.

En los Hechos de los Apóstoles,

en el capítulo once, versículo veintiséis,

encontramos el primer ejemplo

donde se dice de ellos que los llaman cristianos.

Estamos tan familiarizados con la palabra “cristiano”

que olvidamos que los primeros seguidores de Jesús

no empezaron a usarla inmediatamente.

En parte,

porque no consideraban

que estuvieran al margen del judaísmo,

y menos al principio.

Lo que realmente creían

aquellos primeros seguidores de Jesús

era que Dios, encarnado en Jesucristo,

había llevado el judaísmo a la culminación prometida.

Pero había demasiadas tensiones,

y los seguidores de Jesús

terminaron siendo expulsados de las sinagogas.

El nombre “cristiano”

empezaría a popularizarse con la difusión del Evangelio

más allá de su base original judía.

Probablemente, la palabra Christianoi,

que hoy traducimos como “cristianos”,

estaría basada en un término latino,

que definiría a los creyentes como tales

en un contexto grecorromano.

Por tanto,

podría tratarse de una especie de “autodefinición”,

que respondería

a un intento de distinguirse de la fe originaria:

el judaísmo.

Los primeros cristianos no podían edificar iglesias

por miedo a sufrir persecución.

Se reunían en sus casas o en lugares alejados, como éste:

una cueva natural llamada la “Gruta de San Pedro”.

A pesar de que fue

una de las primeras iglesias cristianas de Antioquía,

hoy los cristianos

sólo pueden practicar su culto aquí, en ocasiones especiales.

He oído decir

que aún queda una iglesia católica que celebra misa todos los domingos.

Aunque no se publicita demasiado, mi taxista cree saber dónde está.

La iglesia católica de Antioquía

tiene permiso para funcionar desde 1852,

con las bendiciones de las autoridades musulmanas.

El sacerdote de la iglesia, el padre Domenico Bertogli,

nos explicó la importancia de Antioquía

para los comienzos del cristianismo.

Si leemos los Apóstoles, hubo una persecución en Jerusalén,

y por esa razón muchos huyeron de la ciudad

y marcharon a otros lugares.

Antioquía era una ciudad muy importante.

Allí anunciaron los Evangelios a los judíos,

y ellos los aceptaron.

Fue en Antioquía, en toda esta zona,

donde fuimos llamados por primera vez cristianos.

Después de pasar veinte años aquí como sacerdote,

el padre Bertogli afirma

que seguirá ejerciendo su ministerio

para el millar de cristianos que aún viven en Antioquía.

En su viaje,

Pablo recorrió gran parte de Asia Menor,

lo que actualmente se conoce como Turquía.

Usando como base Antioquía,

viajó por la región mediterránea predicando la palabra de Cristo.

Su primer viaje empezó aquí, en el puerto de Samandag,

al suroeste de Antioquía,

y su destino era la isla de Chipre.

Pablo predicó por todo Chipre

antes de navegar rumbo a Perga,

en la costa turca.

En tiempos de Pablo,

la mejor forma de viajar era por mar.

Te permitía recorrer

de cien a ciento cincuenta kilómetros en un día;

mucho más

de lo que se podía avanzar por tierra.

Lógicamente,

había algunos problemas.

Los arrecifes no figuraban en los mapas,

y la piratería era habitual.

Aunque el mayor de los problemas, eran las tormentas,

y Pablo vivió al menos tres naufragios

en su lucha por difundir el cristianismo.

Desde Perga viajó hacia el norte, hasta Antioquía de Pisidia.

Hace dos mil años,

en este apartado valle vivía una próspera comunidad.

Lo único que queda hoy

son estos vestigios espectaculares de otra época.

Fue aquí,

donde Pablo y Bernabé

tomaron la decisión trascendental de dirigirse a los gentiles

en lugar de a los judíos.

San Pablo era sin duda un hombre valiente.

En el primero de sus viajes misioneros

se internó en Asia Menor para venir hasta Antioquía de Pisidia,

en la provincia romana de Galacia.

Su objetivo principal era la comunidad judía,

establecida en la sinagoga,

que hoy yace

bajo las ruinas de la Basílica de San Pablo,

detrás de mí.

Pero Pablo predicaba también para los gentiles,

y eso dividió a los judíos.

Sospechaban de las intenciones de aquellos que no se convertían.

Su misión con los gentiles es, en gran medida,

una extensión deliberada, no sólo del judaísmo en general,

sino de su convicción absoluta

de que Dios le pide

que lleve a los gentiles a abrazar el judaísmo

al final de los tiempos.

El sermón de Pablo en la sinagoga tuvo un éxito arrollador,

y pronto la ciudad entera quiso oírle.

Envidiosos de la atención que le prestaban,

los judíos empezaron a acosarlo.

Hechos 13:46

“Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valentía y dijeron:

'Era necesario

que la palabra de Dios

se os predicara en primer lugar a vosotros;

mas, ya que la rechazáis

y no os juzgáis dignos de la vida eterna,

nos volveremos a los gentiles.”

Pablo replicó

que Dios le había encomendado predicar para todos.

Furiosos, los judíos

empezaron a movilizarse para expulsarlo

y Pablo,

en un gesto de desprecio,

se sacudió el polvo de los pies

y partió hacia Iconio para continuar allí su misión.

A pesar del soberbio sistema de vías romanas,

viajar en tiempos de Pablo era muy duro:

se corría el peligro

de ser atacado por fieras salvajes o por ladrones,

lo que se sumaba

al agotamiento terrible

de estar constantemente expuesto al frío, la lluvia

o el sol abrasador del Mediterráneo.

Tras abandonar las frías y onduladas colinas de Antioquía de Pisidia,

Pablo atravesó un inhóspito paraje montañoso

para llegar a un lugar completamente diferente,

Iconio,

una inmensa metrópolis en expansión sobre una extensa llanura.

Como en Antioquía de Pisidia,

la elocuencia de Pablo

cosechó numerosos admiradores

pero también el antagonismo de los judíos.

Y finalmente tuvo que huir.

Cada vez se enfrentaba a un peligro mayor.

Le habían obligado a huir de Antioquía de Pisidia,

pero aquí, en Iconio, le molieron a golpes,

le encadenaron y le metieron en la cárcel.

Los viajes de Pablo en estos años

fueron el tema

de muchas leyendas cristianas posteriores.

Una de las más famosas

se sitúa precisamente en esta torre de Iconio.

Según la leyenda,

un día que estaba Pablo predicando en Iconio,

sus palabras

atraparon la atención de una joven de la nobleza

que estaba a punto de casarse.

Se llamaba Tecla.

Tecla lo oyó predicar

desde una ventana a la que estaba asomada

según uno de los textos,

“pegada como una telaraña”,

lo oyó predicar sobre la abstinencia y la salvación,

y decidió plantar a su novio

y seguir a Pablo en sus viajes misioneros.

La madre de Tecla,

horrorizada por semejante afrenta al honor de la familia,

exigió que su hija fuera quemada en la hoguera.

En la ciudad de Iconio, en el anfiteatro,

atan a Tecla a una pira a la que prenden fuego,

y todos los habitantes de la ciudad gritan pidiendo su ejecución.

En medio de la escena estalla una tormenta de lluvia

que apaga milagrosamente el fuego.

Desde Iconio, Tecla vino a este lugar,

Antioquía de Pisidia.

Nada más llegar

fue abordada por un noble del lugar,

que intentó propasarse con ella.

Como ella le rechazara,

el noble, furioso,

decidió vengarse

e hizo que la mataran en este teatro,

ante miles de espectadores.

Al parecer,

una de las leonas

defiende a Tecla de los demás leones

y de los otros animales.

En un acto de desesperación,

Tecla se lanza a un estanque lleno de voraces focas.

En el texto se interpreta como su “autobautismo”.

Y en ese instante,

un rayo golpea el agua

y mata a todas las focas dejando ilesa a Tecla.

El gobernador de Antioquía

queda tan impresionado ante el milagro

que la deja en libertad,

ya que no quiere despertar la ira de Dios.

Se decía que Tecla se había ido a vivir a Siria

durante muchos años;

pero ni siquiera allí estaba a salvo.

Cuando tenía noventa años

fue atacada por unos paganos envidiosos;

pero en ese momento

se abrió una grieta en la roca

y Tecla desapareció para siempre en su interior.

Aunque en el Nuevo Testamento

no hay indicios de la existencia de Tecla,

en las cartas de Pablo,

así como en los textos escritos sobre Pablo

inmediatamente después de su muerte,

sí hay testimonios desde el siglo Segundo

que parecen indicar que era una santa muy popular,

incluso a mediados de ese siglo.

Por tanto,

aunque la leyenda

no nos permita

afirmar su autenticidad como personaje histórico,

sin duda

tuvo una influencia enorme

en la iglesia de los primeros tiempos.

Algunos escritores cristianos

consideran a Tecla un apóstol más;

otros, como la primera mujer mártir.

Ciertamente

los detalles de su vida y su muerte pueden ser ficticios,

pero el hecho mismo

de que circularan historias

sobre una mujer cristiana que predicaba,

obraba milagros

y llevaba una vida ascética

dedicada a la religión es muy significativo.

El mundo antiguo era patriarcal, dominado por hombres.

Y hay muy pocas historias de mujeres religiosas

en el paganismo griego y romano.

El cristianismo ofrecía nuevos roles a las mujeres,

una forma nueva de adquirir fama.

Tecla era un modelo para esas mujeres,

y se convirtió en una santa

cuyos altares han sido visitados durante siglos, por peregrinos.

Pablo y Bernabé continuaron su viaje por Asia Menor,

rumbo a las ciudades de Derbe y Listra,

donde tuvo lugar un encuentro muy distinto.

En Listra,

Pablo sanó a un hombre

que no podía caminar desde el nacimiento.

En los Hechos de los Apóstoles,

Lucas nos cuenta que Pablo le dijo “con fuerte voz:

'¡Levántate derecho sobre tus pies!'

Y él saltó y se puso a caminar”.

Los paganos que contemplaron la escena

quedaron asombrados

y creyeron que Pablo y Bernabé

eran los dioses griegos Zeus y Hermes.

Para la perplejidad y consternación de Pablo y Bernabé,

el sacerdote de Zeus trajo bueyes y guirnaldas,

y dispuso el sacrificio de los animales en su honor.

Lo que el sacerdote obtuvo a cambio

fue un sermón sobre la verdadera naturaleza de Dios.

He aquí la segunda fuente de conflicto.

Además de la oposición del judaísmo,

el mensaje de Pablo

tuvo que superar los retos planteados

por las teologías griega y pagana.

Mientras, en Jerusalén se avecinaban problemas para Pablo.

Había llegado a oídos de los líderes cristianos judíos

que estaba predicando una versión del cristianismo

que parecía negar aspectos importantes de la Ley Judía.

Sin embargo,

pronto tendría que enfrentarse a un peligro más inmediato.

Hechos 14:19

“Entonces vinieron ciertos judíos de Antioquía y de Iconio

que persuadieron a la multitud y, después de apedrear a Pablo,

lo arrastraron fuera de la ciudad pensando que estaba muerto.”

Aunque malherido, Pablo sobrevivió.

Bernabé lo llevó hasta la cercana ciudad de Derbe

para que pudiera recuperarse.

Tras aquella experiencia cercana a la muerte,

Pablo tuvo que vérselas

con visitantes hostiles de Jerusalén.

Hechos 15:2

“Como Pablo y Bernabé

tuvieran gran disensión y debate con ellos,

los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé,

y algunos otros de ellos,

acudieran a Jerusalén,

a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión.”

Pablo se sometió a juicio ante los apóstoles cristianos judíos.

Necesitaba su aprobación para continuar su obra misionera,

pero sabía que no tenía muchas posibilidades

puesto que sus acusadores también serían sus jueces.

El futuro de Pablo estaba en juego.

Y, lo que era más importante,

el destino del propio cristianismo pendía de un hilo.

Partió hacia Jerusalén con el corazón entristecido.

Aquí, en Jerusalén,

los apóstoles Pedro, Jacobo y Juan

continuaron como dirigentes de la iglesia

después de la crucifixión y posterior resurrección del Señor.

Todavía no estaban convencidos del todo respecto a Pablo.

Había sido uno de sus perseguidores,

y asistido impasible a la lapidación de Esteban.

Aparte de Pablo y, naturalmente, de Pedro,

los dos grandes nombres de los que siempre oímos hablar,

otra figura importante

de esa primera generación del movimiento de Jesús

es el propio Santiago.

Llega a ser el líder

de los primeros fieles de Cristo en Jerusalén

pasados cinco o, tal vez, diez años de la muerte de Jesús.

Pero no hay que olvidar a Pedro,

el discípulo a quien Jesús confió la dirección de su iglesia.

Un judío devoto

que comprendió que Dios estaba haciendo algo nuevo.

Pedro representa un papel muy importante

como ejemplo prominente de los discípulos de Jesús.

Además,

cumple una función esencial en la difusión del cristianismo

desde Jerusalén y los alrededores de Judea

al resto del mundo.

Pero hay más cosas que decir de Pedro.

Llamado a ser líder,

ha de cambiar su manera de pensar.

Y esto sucede,

según se narra en el libro de los Hechos,

a través de una visión

que tiene justo antes de conocer a un centurión gentil

llamado Cornelio.

Cornelio es un gentil

con una disposición favorable al mundo judío,

alguien que parece interesado en el judaísmo

aunque no es judío.

Y Pedro tiene una visión.

Ve descender un lienzo que contiene varios animales,

la mayoría de los cuales

son alimentos prohibidos para los judíos.

En la visión,

una voz dice a Pedro que se levante y coma,

lo cual vendría a significar

que puede congeniar con los gentiles y tener compañerismo con ellos.

En definitiva,

es una manera de romper barreras entre judíos y cristianos.

Y Pedro se convierte

en alguien decisivo

en la vida de la iglesia de Jerusalén,

al ser quien empieza a romper esas barreras

y allana el camino

para que el cristianismo acoja a los gentiles.

Se está preparando el terreno para una especie de confrontación:

de un lado está Pablo,

convencido de que Dios

llama a su lado a los gentiles igual que a los judíos;

y del otro están Santiago y la iglesia de Jerusalén,

convencidos de que

el nuevo movimiento está reservado exclusivamente a los judíos.

Y en medio de ambos bandos está Pedro.

Tenemos a Pablo,

que ya se ha marchado en dirección a las ciudades gentiles

y realmente intenta difundir la palabra

en ese entorno.

Jacobo tiende a ser relacionado con Jerusalén y,

en casi todos los sentidos,

suele ser identificado con una forma del movimiento de Jesús

que era mucho más tradicionalmente judía.

Pedro, en ciertos aspectos,

está entre uno y otro,

y por tanto encontramos las diferentes posiciones

en estas primeras figuras del cristianismo.

La pregunta dominante en el Consejo de Jerusalén

era la siguiente:

¿es posible ser un completo seguidor de Cristo

sin adoptar las estrictas costumbres que exige el judaísmo?

Pablo es quien defiende que los gentiles, los no judíos,

sean admitidos de inmediato en la vida de la comunidad.

No sólo eso; también dice

que todas las marcas de pertenencia, como la circuncisión y otros,

no tienen cabida aquí.

La identidad judía

se basaba en seguir

los más de seiscientos mandamientos

contenidos en los cinco libros de Moisés.

Iban desde los Diez Mandamientos hasta oscuros preceptos dietéticos,

y se esperaba que los judíos observantes

los conocieran y obedecieran.

Para Santiago, se podía tener la Ley y a Cristo.

Para Pablo, la obediencia a la Ley era completamente irrelevante.

Al final, la posición resultante

es la asociada a los planteamientos de Pablo,

es decir,

la que defiende

que ya no es necesario

que los gentiles se sometan a la circuncisión

para formar parte de este movimiento.

Pero esto es algo que seguirá debatiéndose durante décadas,

en realidad durante generaciones,

hasta que consiga zanjarse por completo en toda la cristiandad.

Era un debate potente,

con posibles consecuencias de gran calado.

De haber llegado a otras conclusiones,

el cristianismo

se habría mantenido simplemente como una secta menor del judaísmo.

Pero al final, bajo la autoridad de Santiago,

se adoptó un planteamiento más abierto.

Pablo era libre de seguir predicando para los gentiles.

Fue un gran triunfo para Pablo,

y un gran triunfo para el cristianismo.

Con la bendición de los apóstoles de Jerusalén,

y la compañía de su viejo amigo y mentor Bernabé,

Pablo se dirige al sureste de Turquía

para organizar su segundo viaje misionero.

De nuevo me encuentro en Turquía,

donde voy a empezar la segunda etapa de mi viaje

siguiendo el camino de Pablo de retorno a su base en Antioquía.

Su propósito allí

era organizar su segundo viaje misionero

y llevar a los primeros cristianos gentiles que ya había allí

los edictos decretados por el Consejo de Jerusalén.

“Te abstendrás de comer carne de animales sacrificados

a ídolos paganos;

te abstendrás de comer carne

que no haya sido completamente desangrada;

de la carne de animales estrangulados,

de la carroña abandonada por depredadores

y de los restos de animales muertos accidentalmente;

te abstendrás de todo acto de inmoralidad sexual...”

Aun en estos simples mandamientos

se percibe la mano larga de la iglesia de Jerusalén,

que intentaba mantener viva la influencia judía

en unas comunidades mayoritariamente gentiles.

La influencia de Pablo sólo llegaba hasta ahí.

Su historia

ha vuelto a llevarme

a una de las primeras iglesias cristianas de Antioquía:

la Gruta de San Pedro.

Es de los pocos lugares de culto cristiano

que han sobrevivido en Antioquía.

Es fácil dejar volar nuestra imaginación aquí

y representarnos una imagen de Pablo rezando en esta iglesia.

Sin embargo,

persistían las tensiones

entre cristianos gentiles y cristianos judíos.

Cuando Pedro visitó a Pablo en Antioquía,

se negó a comer con los conversos gentiles,

una afrenta directa a Pablo.

El propio aliado de Pablo, Bernabé,

se puso del lado de Pedro

y decidió no comer él tampoco con los gentiles.

Sintiéndose traicionado, Pablo rompió relaciones con Bernabé.

Aunque es posible

que hubiera algo más en su desencuentro...

El motivo por el que pienso que se separaron

fue que Pablo insistía en resaltar la crucifixión,

es decir, la forma en que murió Jesucristo.

Mientras que, para Bernabé y todos los demás,

el kerigma primigenio era simplemente que Él había muerto por nosotros.

Para Pablo,

la manera de morir

demostraba el alcance del amor de Cristo,

y no iba a permitir que nadie lo olvidara.

Pienso que, sin Pablo,

no habría una narración de la pasión en los Evangelios.

Simplemente dirían que había muerto

y pondrían todo el énfasis en su resurrección y ascensión.

Esto era cuatrocientos años antes

de que la cruz empezara a utilizarse como símbolo,

quinientos años antes

de que se incorporara una figura a la cruz,

y seiscientos años antes

de que hubiera una forma realista en la cruz, una figura doliente.

Por tanto, Pablo

se distingue claramente del resto del Nuevo Testamento

en su manera de acentuar la forma en que había muerto Cristo.

Cuanto más sigo los pasos de Pablo,

mayor es mi admiración por su resistencia.

Me imagino al apóstol y sus doce acompañantes

recorriendo miles de kilómetros por caminos como éste,

justo al norte de Tarso,

la ruta que tomó en su segundo viaje misionero.

Para entonces,

Silas se había unido a Pablo en su segundo viaje misionero.

Empezaron por visitar de nuevo las iglesias de Derbe y Listra.

Pero en el camino a Iconio y Antioquía de Pisidia,

Pablo tuvo otra visión:

una llamada directa

a dejar su obra en Asia Menor

y centrar sus esfuerzos en otros lugares.

Pablo viajó a Tróade y, estando allí,

tuvo que decidir si ponía fin a su viaje

o continuaba hasta Europa.

Otra visión pareció dar respuesta a esa pregunta

con una llamada a la predicación en Macedonia.

En compañía de un médico llamado Lucas,

Pablo zarpó rumbo a la actual Grecia.

Lucas escribiría más adelante

el relato de los primeros años del cristianismo

que ha llegado hasta nosotros,

con el título de Hechos de los apóstoles,

además del Evangelio que lleva su nombre.

Pablo desembarcó en la ciudad griega de Neápolis;

era la primera vez que pisaba suelo europeo.

Neápolis significa “ciudad nueva” en griego.

Sometida al imperio romano, era un próspero puerto marítimo.

Me pregunto qué debió de sentir Pablo

al pisar tierra aquí, en Neápolis, en el norte de Grecia.

Su viaje le había llevado a cambiar de continente,

de Asia a Europa.

Era una perspectiva inquietante y un proyecto ambicioso

y arriesgado.

Sin embargo,

transformó las oportunidades que se le presentaban.

El padre Pavlos

es sacerdote de la Sagrada Metrópolis de Filipos,

Neápolis y Tasos, en Kavala.

¿Por qué cree que vino a Neápolis en concreto?

Sabemos que en aquellos tiempos

Filipos era una colonia muy importante,

y Pablo decidió llegar a este lugar estratégico,

a esta importante ciudad de Macedonia,

porque aquí sería donde Pablo se encontraría con Europa

y donde Europa se encontraría con el cristianismo.

Este encuentro cambiaría el curso de la historia;

a partir de ahí, todo será completamente distinto.

La siguiente escala de Pablo es en Filipos,

casi veinte kilómetros hacia el interior.

Había leído la historia de Filipos,

pero no estaba preparado

para encontrarme con sus esplendorosas ruinas,

que siguen irradiando el poder y la grandeza del imperio romano.

Esto es un tramo de una antigua calzada romana,

llamada Vía Egnatia.

Recorría mil ciento treinta kilómetros,

desde el mar Adriático hasta el mar Egeo.

Se construyó para que los ejércitos romanos

transitasen con rapidez por el imperio,

pero, para Pablo y sus acompañantes,

estas vías

eran arterias vitales

en su empeño de difundir la palabra cristiana.

Cuando Pablo llegó a Filipos

eligió este bello y sereno paraje,

situado a casi dos kilómetros de la ciudad,

para empezar a predicar.

De un grupo de mujeres que le escuchaban,

Lidia, mercader de púrpura, dio un paso adelante,

y Pablo la trajo a este río.

Lidia ostenta la distinción

de haber recibido el primer bautismo registrado en Europa.

El lugar del bautismo de Lidia

actualmente lo señala una capilla

que incluye un conocido baptisterio.

El padre Eleftherios

está al cuidado del Baptisterio de Santa Lidia.

No fue por casualidad

que Lidia estuviera entre las mujeres junto al río.

Era mercader de púrpura imperial,

un pigmento usado en la época para teñir telas preciosas.

Como Lucas escribió:

“Dios abrió el corazón de Lidia

para que comprendiera el mensaje del apóstol Pablo”.

Empezando por Lidia,

estas aguas han transformado a creyentes

durante casi dos mil años.

La inmersión ritual

ha sido un rito de purificación en el judaísmo

y en civilizaciones anteriores.

Pero, para el cristianismo,

el bautismo cobró un significado y una trascendencia

completamente nuevos.

¿Qué es el bautismo?

La palabra significa “sumergir”.

Por tanto, cuando eres bautizado,

eres sumergido en el agua para purificarte,

para lavar tus pecados.

Pero, para Pablo, el bautismo era algo más.

Era un rito por el cual te unías a Jesucristo;

y no sólo en ese momento, sino a perpetuidad.

Era, por tanto, algo muy serio.

Las imágenes que usaba Pablo para describirlo

son bastante chocantes.

Del mismo modo que Jesús tuvo una muerte física,

el converso experimenta en el bautismo

una muerte espiritual al sumergirse en el agua.

Según Pablo

el converso se une con Cristo

tanto en su muerte como en su resurrección.

Comienza una vida nueva,

vivir la vida con el máximo rigor moral.

Tal como Jesús ha vivido y ha muerto,

la misma obligación recae en la persona que siga a Jesús.

Conviene recordar

que en la sociedad de épocas antiguas como la de Pablo,

el sentido de pertenencia común era mucho mayor

que hoy en día.

Los individuos importaban,

pero la sociedad importaba más.

Por tanto,

si el cabeza de familia era bautizado,

las más de las veces iba detrás el resto de la familia.

En los Hechos de los Apóstoles,

leemos sobre individuos bautizados a la vez que sus familias.

Es precisamente el caso de Lidia.

Para muchos cristianos,

el bautismo

representa la profundización en su relación con Jesús.

Lidia fue bautizada aquí,

e inmediatamente después de su bautismo

pidió amablemente a Pablo y sus acompañantes,

Silas, Lucas y Timoteo,

que visitaran su casa.

Esa noche,

los familiares de Lidia fueron igualmente bautizados,

convirtiéndose en cristianos.

Y, de esta manera tan sencilla y discreta,

los familiares de Lidia crearon la primera iglesia local,

en Filipos.

Antes de marcharse de Filipos,

Pablo se encontró con una esclava que pensó que estaba poseída

porque era capaz de decir la buenaventura,

habilidad con la que ganaba dinero para sus amos.

Pablo bramó, enfurecido:

“¡En nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella!”

Los amos de la joven se indignaron

por su forma de tratar a su esclava

e hicieron que Pablo y Silas comparecieran ante el juez aquí,

en el foro.

Los sometieron a latigazos y golpes

y enviados a la cárcel.

De acuerdo con la tradición,

Pablo y Silas fueron recluidos en esta cárcel.

Cuando estaban de rodillas rezando,

un providencial terremoto sacudió la ciudad

y las puertas de la prisión quedaron abiertas.

El carcelero temió que huyesen,

pero Pablo, obstinado,

se negó a moverse

hasta que un juez se disculpara

por la paliza que habían recibido.

Después de todo, era un ciudadano romano.

Pablo se marchó de Filipos en dirección a Tesalónica,

mientras que Lucas se quedó.

Tesalónica, o Salónica en la actualidad,

es la segunda ciudad más importante de Grecia,

un centro neurálgico del comercio internacional.

En tiempos de Pablo

había muchos mercaderes

por ser un puerto marítimo

que además estaba

en una ruta comercial muy importante:

la vía Egnatia.

Muchos mercaderes de Tesalónica vendían sus productos aquí,

en lo que entonces era un bullicioso distrito mercantil.

Las decenas de locales consecutivos,

hoy parecen las ruinas de un antiguo centro comercial.

En Filipos,

Pablo contaba con el apoyo de la influyente Lidia,

pero aquí, en Tesalónica, no tenía ningún mecenas.

Escribe que tiene que trabajar día y noche

fabricando carpas sólo para cubrir gastos.

En cambio, su predicación iba bien.

Su mensaje del humilde mesías caló en muchos de los habitantes,

y gran multitud de griegos se convirtieron.

En Tesalónica,

Pablo fue invitado a la casa de un hombre llamado Jasón.

Durante su estancia allí,

convirtió a griegos gentiles,

pero además predicó el reino de Dios

ante griegos judíos y muchos se convirtieron.

Hechos 17:5

“Los judíos, llenos de envidia,

tomaron consigo a algunos hombres malvados y,

con su ayuda,

organizaron una turba y alborotaron la ciudad.

En su búsqueda de Pablo y Silas para llevarlos ante la asamblea,

asaltaron la casa de Jasón.”

El éxito de Pablo

provocó la oposición de algunos entre la comunidad judía.

Llevaron a sus seguidores ante el juez local

y acusaron a los cristianos

de promover los intereses de su propio rey

por encima de los del emperador.

Los hombres consiguieron pagar la fianza,

pero los ánimos se caldearon en exceso,

y Pablo y Silas tuvieron que escabullirse de aquí.

Aunque Pablo tuviera que irse de manera precipitada,

dejó establecida la primera comunidad de cristianos

en Tesalónica.

Y no la abandonó a su suerte.

Aunque no pudiera estar allí en persona,

sí podía brindarle su apoyo por escrito.

Las dos cartas de Pablo a los tesalonicenses

fueron sus primeras epístolas y, como todas las posteriores,

las escribió

en respuesta a un asunto o problema concreto.

En este caso, la cuestión era:

Si el Señor retornaría pronto, como prometió,

¿qué sentido tenía preocuparse por el porvenir?

¿Para qué seguir trabajando, por ejemplo?

La respuesta de Pablo es:

sí, creemos que Jesús retornará pronto,

pero eso no justifica la pasividad.

Al contrario,

deberíais vivir con esperanza y como si ya estuviera aquí.

Esto significa que no renunciáis a llevar una buena vida.

Y, para reforzar la idea,

usa una imagen reconocible

para su audiencia griega de Tesalónica.

El retorno de Jesús será su “parusía”,

término derivado del griego que significa “entrada”

y se usaba para describir

la entrada triunfal del emperador en su ciudad.

Por tanto,

el retorno de Jesucristo será tan justo como glorioso.

Pero puede tardar.

Sed pacientes.

Desde Tesalónica,

Pablo recorrió unos ochenta kilómetros hacia el suroeste

para venir aquí, a Berea.

¿Puedo preguntarle

qué características especiales

cree que componían

la personalidad de Pablo, su carácter?

No temía la privación ni la persecución.

Y, en cada sitio al que iba, enseñaba el Evangelio,

profundamente convencido de que todo lo que decía era verdad,

y eso hacía creer a la gente.

Este raro periodo de paz no iba a durar.

Los enemigos de Pablo en Tesalónica dieron con él

y volvió a ser expulsado.

En el siguiente episodio,

Pablo continúa hasta Atenas, la mayor ciudad de Grecia,

donde vivirá uno de sus encuentros más famosos.

En el curso de sus viajes misioneros,

su vida dará muchos quiebros y giros

que, finalmente, lo llevarán de nuevo a Roma

y a una situación de peligro mortal.

Con sus enemigos en la Ciudad Santa jurando matarlo,

la única escapatoria de Pablo

estará bajo la custodia de los romanos.

Y en la propia Roma,

Pablo deberá enfrentarse a su destino,

perseguido por uno de los tiranos más crueles de la historia.

Soy Jonathan Phillips,

y les invito a seguir acompañándonos

en nuestro viaje

por la senda desde Jesucristo hasta Constantino,

Subtitulado por: María Victoria Cerezo Olivares.

Documenta2 - La senda desde Jesucristo hasta Constantino: El gran misionero

51:03 12 ago 2019

San Pablo es la clave de la supervivencia y expansión del cristianismo convirtiéndose en el catalizador de una interpretación nueva y revolucionaria de Dios. Con su vehemencia y determinación, Pablo impulsaría la propagación de esta fe incipiente por todo el mundo.

Contenido disponible hasta el 19 de agosto de 2019.

Histórico de emisiones:
22/03/2018

San Pablo es la clave de la supervivencia y expansión del cristianismo convirtiéndose en el catalizador de una interpretación nueva y revolucionaria de Dios. Con su vehemencia y determinación, Pablo impulsaría la propagación de esta fe incipiente por todo el mundo.

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  • 51:03 pasado lunes San Pablo es la clave de la supervivencia y expansión del cristianismo convirtiéndose en el catalizador de una interpretación nueva y revolucionaria de Dios. Con su vehemencia y determinación, Pablo impulsaría la propagación de esta fe incipiente por todo el mundo. Contenido disponible hasta el 19 de agosto de 2019. Histórico de emisiones: 22/03/2018

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