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No recomendado para menores de 7 años Documenta2 - La inamovible Santa Sofía - ver ahora
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Santa Sofía.

Durante casi mil años fue el mayor edificio cerrado de la Tierra.

Su bóveda celestial se alza a 180 metros de altura,

soportada por arcos que aún hoy en día

inspiran admiración por su fuerza y resistencia.

Cuando fue dedicada, mosaicos de oro cubrían

más de 16.000 metros cuadrados de paredes y techos.

¿Pero cómo consiguieron sus arquitectos

construir un monumento tan magnífico?

No hay nada práctico en Santa Sofía. Todo es innovación.

Construida hace casi 1.500 años en Constantinopla,

la moderna Estambul,

Santa Sofía ha sobrevivido a choques de imperios

transformándose de iglesia en mezquita y finalmente en museo.

Santa Sofía guarda entre sus muros

tanto la historia de la Cristiandad como la del Islam.

Y lo que es más asombroso, Santa Sofía ha sobrevivido

a siglos de terremotos devastadores de ciudades.

¿Diseñaron sus antiguos arquitectos una estructura a prueba de seísmos?

¿O podría el próximo gran terremoto derribar Santa Sofía?

Para saberlo, un equipo de ingenieros

está monitorizando el edificio, ha construido una maqueta gigante,

y colocada sobre una plataforma hidráulica

y la han sometido a simulaciones de potentes terremotos.

¿Podrán desentrañar el secreto

que protege Santa Sofía de los seísmos

antes de que Estambul tiemble ante un próximo terremoto?

Siempre existe ese factor miedo,

el miedo de ver un colapso inesperado.

Santa Sofía se terminó en el año 537,

y es uno de los edificios más grandiosos jamás construidos.

Su tamaño por sí solo ya provoca admiración.

Durante casi mil años,

solo las pirámides la superaron en altura.

Está cubierta por una cúpula resplandeciente

de 33 metros de diámetro

que se eleva 55 metros sobre sus suelos de mármol.

La estatua de la Libertad

podría caber bajo la cúpula y sobraría espacio.

¿Pero cómo erigieron los antiguos constructores

esta gigantesca cúpula hace casi 1.500 años?

Desde su finalización,

Santa Sofía ha resistido el ascenso y caída de imperios.

Y ha pasado de ser basílica cristiana

a mezquita musulmana

y a museo secular.

Santa Sofía influyó sobre un gran número de mezquitas,

y también sirvió de modelo para iglesias cristianas.

Su diseño ambicioso e innovador

y su escala monumental

emocionan a gentes de todas las culturas y religiones.

¿Cómo puede un edificio ser símbolo de dos religiones diferentes

y seguir inspirando a la gente hasta el día de hoy?

Es un edificio único.

Solo un un puñado de estructuras en el mundo

acumulen tantas capas de historia en los últimos dos mil años.

Quizá su mayor misterio es cómo sigue manteniéndose en pie.

Porque Santa Sofía está en Estambul, la Constantinopla de la antigüedad.

La ciudad se encuentra a caballo entre dos continentes,

Europa y Asia, y sobre una gran falla geológica.

A lo largo del pasado siglo

la falla de Anatolia septentrional provocó una serie de terremotos.

El más reciente, en 1999,

se produjo a menos de cien kilómetros de Estambul,

y fue devastador.

Destruyó cientos de edificios por toda la ciudad

y acabó con miles de vidas.

Los daños del terremoto del 99 fueron enormes.

Y además murieron alrededor de 17.000 personas.

Pero de alguna forma, Santa Sofía sigue en pie.

De hecho ha soportado todos los terremotos

que se han producido durante casi 1.500 años.

¿Cuál es el secreto de su supervivencia?

Mientras Estambul se prepara para el próximo seísmo,

un equipo de ingenieros busca respuestas

construyendo un enorme modelo a escala.

Y sometiéndolo a una serie de terremotos simulados.

A lo largo del proceso,

descubrirán sus puntos fuertes y sus debilidades.

Debilidades que algún día

podrían amenazar la supervivencia de Santa Sofía.

LA INAMOVIBLE SANTA SOFÍA

¿Veis? Vuelve hacia nosotros.

Eser Çakti es la directora del laboratorio

de Ingeniería Sísmica en la universidad de Boğaziçi.

Y es la responsable de monitorizar

la integridad estructural de Santa Sofía.

Los suelos inclinados y las columnas escoradas pueden provocar alarma.

Pero lo que más preocupa a Çakti

es el núcleo estructural de Santa Sofía.

Un núcleo formado por varios elementos clave.

La gigantesca cúpula descansa sobre cuatro enormes arcos,

reforzados por cuatro pilares gigantes

y dos semicúpulas.

La parte más preocupante son los cuatro arcos.

Si alguno de ellos fallase, la cúpula podría derrumbarse.

Para monitorizarlos,

su equipo ha instalado sensores en puntos estratégicos

para detectar los movimientos más imperceptibles.

Los datos que nos llegan aquí son muy importantes

para comprender el comportamiento estructural general

de este gigantesco edificio.

se transmite a los ordenadores del Centro Sísmico de Estambul.

Cada una de estas líneas de colores

representa las vibraciones detectadas

por un sensor de movimiento.

Normalmente las líneas son casi planas.

Pero cuando se produce un terremoto, reflejan picos dramáticos.

Tras analizar los resultados de años de monitorización,

Çakti ve dos puntos potencialmente peligrosos.

Estas son las vibraciones verticales de los arcos

orientados al este y al oeste.

Dos de los arcos gigantes se están moviendo más que en el pasado,

lo que podría tener graves implicaciones en el futuro.

Si se produce un terremoto lo bastante fuerte,

creo que existe una posibilidad real de que haya daños.

¿Podría el próximo terremoto hacer que cayera finalmente Santa Sofía?

¿Estás pensando en construir una estructura de este tamaño?

Para investigar los riesgos

que realmente podría correr Santa Sofía,

Çakti va a utilizar una técnica de eficacia probada,

una mesa sísmica para hacer pruebas de resistencia.

Ya ha funcionado antes.

En 2012 Çakti formó un equipo con Eren Kalafat y Korhan Oral

para analizar la integridad estructural de la mezquita

de Mustafá Pachá en Macedonia.

Construyeron este gran modelo a escala,

lo colocaron sobre una plataforma motorizada de acero,

y lo hicieron vibrar violentamente para simular un terremoto.

La idea es que los lugares

donde se producen daños en la maqueta

son los puntos débiles del edificio,

proporcionando una información crucial

para proteger la estructura real.

En la mezquita de Mustafá Pachá funcionó.

¿Pero funcionará con Santa Sofía, un edificio mucho más grande,

pesado y complejo?

Los ingenieros tienen sus dudas.

Me preocupa que no podamos construirlo.

Se caerá antes de terminarla.

El principal problema es la escala.

Es esencial reproducir

las proporciones del núcleo estructural con la máxima precisión

para que el experimento con la mesa sísmica sea fiable.

Si se aplica, como quiere Çakti, una escala de 1:10,

el diámetro de 33 metros de la cúpula

sería en la maqueta de 3,3 metros.

Demasiado grande para la mesa sísmica.

Cada mesa sísmica tiene una capacidad en cuanto a dimensiones

y a la energía que puede generar.

La capacidad de la que van a utilizar es de 10 toneladas.

Conocemos los límites de la máquina.

A la escala que quiere aplicar Çakti el modelo sería demasiado grande,

por lo que es necesario reducirlo.

Después de recalcular las dimensiones una y otra vez,

parece que una escala de 1:26 podría funcionar

al menos sobre el papel.

Siempre hay ciertos nervios con la mesa sísmica. ¿Funcionará?

Hacer un modelo a escala es un proyecto muy ambicioso,

sin garantías de éxito.

Pero no es nada en comparación

con el desafío de construir la auténtica Santa Sofía.

¿Quién construyó Santa Sofía, y por qué?

Santa Sofía fue erigida

durante una de las grandes encrucijadas de la historia:

la decadencia del imperio romano y el ascenso del bizantino.

En el año 324 después de Cristo, devastada Roma por la guerra civil,

el emperador Constantino

establece una nueva capital en la ciudad de Bizancio.

Da su nombre a la ciudad, abraza una nueva religión,

el cristianismo, y Constantinopla se convierte

en el centro del imperio bizantino mientras Roma se sigue debilitando.

El imperio florece, pero a principios del siglo VI,

se desata la lucha por el poder

tras el ascenso al trono de un nuevo emperador: Justiniano.

Y estalla la rebelión desafiando su autoridad.

Teodora, su esposa, mucho más joven que él

y supuestamente una excortesana,

le persuade para que pelee en lugar de huir.

Justiniano actuó con decisión.

Convocó a los rebeldes,

dando a entender que iba a acceder a sus demandas,

los reunió en el hipódromo, hizo cerrar las puertas

y su ejército los masacró a todos.

Tras aniquilar a decenas de miles de rebeldes,

Justiniano se alza victorioso.

Pero durante las revueltas

los rebeldes habían quemado gran parte de la ciudad,

incluyendo una antigua iglesia imperial,

también llamada Santa Sofía.

Esto es todo lo que queda de ella.

Gran parte de la ciudad de Constantinopla

fue destruida durante las grandes revueltas,

brindando a Justiniano

la oportunidad de reconstruir Constantinopla

y la iglesia de Santa Sofía para su propia gloria.

Justiniano necesitaba un edificio

que reflejase su poder como emperador

y su piedad como cristiano.

¿Pero qué construir?

Joan Branham es profesora de Historia del Arte

en el Providence College

y experta en historia del diseño de espacios sagrados.

Está en la iglesia de San Juan Evangelista,

en la ciudad de Rávena, en Italia.

Aunque ha sido reconstruida numerosas veces,

su planta data de la época en que el cristianismo

se convierte en religión estatal.

Durante los primeros siglos

los cristianos celebraban su culto en privado,

en casas y pequeños edificios,

pero esto cambia completamente en el siglo IV.

El cristianismo había sido un culto clandestino

y sus practicantes eran perseguidos.

Pero cuando se convierte en la religión oficial del Imperio Romano

los cristianos se enfrentan a un problema diferente.

¿Cómo debería ser una iglesia?

Los primeros constructores de iglesias

estudiaron prototipos bíblicos,

como el templo de Salomón descrito en la Biblia hebraica.

Pero es un edificio secular romano

el que se adaptó como lugar de culto para los cristianos.

Ese edificio es la basílica,

destinada en Roma a tribunales y otros tipos de reuniones públicas.

Su planta, una nave central

flanqueada por dos laterales y un ábside al fondo,

se convirtió en el modelo para las iglesias.

Un espacio ideal para que se congregaran los fieles.

Justiniano adopta la forma rectangular de la iglesia

para demostrar su piedad cristiana.

Pero necesita algo más que simbolice su poder imperial.

Se fija en la cúpula del Panteón de Roma,

el símbolo supremo del poder y la gloria del Imperio Romano.

Pero la cúpula del Panteón

descansa sobre una pesada estructura circular.

Y Justiniano quiere que su cúpula

esté centrada sobre una basílica cristiana rectangular.

Justiniano se propuso hacer algo que no se había hecho nunca.

Quería fusionar dos estructuras arquitectónicas

en un espacio híbrido colosal.

¿Pero dónde encontrar constructores capaces de crear algo

a una escala desconocida hasta entonces?

Justiniano acudió a dos matemáticos griegos.

Justiniano contrató

a Antemio de Tralles y a Isidoro de Mileto.

Los dos gozaban de gran renombre en la época como matemáticos,

físicos y científicos, les encargó crear

el edificio más grande e imponente jamás construido.

Justiniano pone a disposición de estos dos profesores

cien contratistas y diez mil trabajadores,

así como la totalidad de las arcas del imperio bizantino.

El emperador está haciendo una apuesta muy arriesgada.

No hay nada práctico en Santa Sofía.

Todo es innovación.

Fantasías geométricas que superaban

todo lo que ningún arquitecto práctico

había intentado construir jamás.

El primer desafío era encontrar la forma de sustentar la cúpula

manteniendo debajo un gran espacio abierto para los fieles.

Si la soportaban sobre muros o columnas

el espacio interior no estaría tan diáfano.

Sería mucho más pequeño y limitado.

Para hacerlo tan amplio y aéreo necesitaban un gran espacio.

Y eso solo se podía conseguir con grandes arcos.

La cúpula gigante tenía que sustentarse

sobre arcos igualmente gigantes.

A los arquitectos originales

debió preocuparles enormemente cómo sustentar esta cúpula gigantesca.

El equipo de ingenieros del Centro Sísmico

se enfrenta al mismo desafío en la construcción de la maqueta.

¿Serán los arcos lo bastante sólidos como para soportar la cúpula?

Para saberlo cargan sobre ellos sacos de cemento

para simular el peso de la cúpula.

Cada saco pesa 25 kilos,

y cada arco debería resistir el peso de diez.

Pero al colocar el quinto...

Por suerte nadie resulta herido

al colapsarse el arco con algo más de cien kilos de carga.

Se hundió antes de que pensáramos que podía venirse abajo.

Creo que ha pasado

porque no hemos esperamos a que la argamasa se secara bien.

Aunque esto supone un contratiempo para el equipo,

Çakti defiende que este desplome imprevisto

ilustra una de las grandes ventajas de construir un modelo físico.

Siempre es interesante ver

el mecanismo del colapso en la realidad.

Cuando haces simulaciones en un ordenador,

te haces una idea de cómo puede suceder.

Sin embargo, solo en una prueba de este tipo

se puede ver el patrón del desplome.

Reproduciendo a cámara lenta el derrumbamiento

vemos que la fuerza vertical descendente de los sacos

empuja los laterales del arco hacia fuera.

El peso de la cúpula ejerce la misma fuerza

sobre los grandes arcos de Santa Sofía.

El arco tiende a abrirse hacia los lados y a caer.

Hay que reforzarlos lateralmente como con un sujetalibros.

Para crear esas sujeciones, Antemio e Isidoro,

los matemáticos griegos,

construyeron cuatro enormes pilares angulares,

gigantescas moles de ladrillo y argamasa, y dos semicúpulas.

Esta estructura refuerza los arcos

contrarrestando el empuje lateral que genera la cúpula.

Pero Antemio e Isidoro todavía tenían que resolver un problema más:

cómo apoyar la cúpula sobre las cimas de los arcos.

Los arquitectos necesitaban crear

una transición de un círculo a un cuadrado.

Y lo consiguieron utilizando lo que se llaman pechinas.

Son esas formas triangulares

construidas sobre los ángulos del cuadrado.

La combinación de las pechinas y los arcos

transforma la base circular de la cúpula en un cuadrado.

Y las semicúpulas convierten el cuadrado en un rectángulo.

Ahora Justiniano tenía todo lo que quería:

la planta clásica rectangular de la basílica

coronada por una monumental cúpula circular.

Antemio e Isidoro terminaron Santa Sofía en solo seis años,

y en efecto dejaron casi vacías las arcas del imperio bizantino.

En el año 537 el emperador Justiniano y su esposa, Teodora,

presentaron su iglesia al mundo.

Todo aquel que entra queda maravillado

por su tamaño y por la riqueza de su decoración.

Columnas rematadas por capiteles tan finamente tallados

que parecen de encaje.

Los suelos y techos de mármol asombran a los fieles

con los colores arremolinados de sus vetas.

Justiniano hizo traer mármoles remotos lugares del imperio.

Las grandes columnas moradas que vemos en las esquinas, por ejemplo,

vienen de las canteras imperiales de Egipto.

En otras partes del edificio

vemos piedra traída de lugares tan lejanos como los Pirineos.

Un testimonio de la época dice que la cúpula

"parece como suspendida del cielo por una cadena de oro".

Como la iglesia que la había precedido,

Justiniano la bautiza como "Hagia Sophia",

que en griego significa "Divina Sabiduría".

Pero la cúpula que vio Justiniano entonces

no es la misma que corona Santa Sofía hoy en día.

Apenas 20 años después de la dedicación de Santa Sofía,

la cúpula se desploma durante un terremoto de efectos catastróficos.

La verdad es que no sabemos qué hizo Justiniano

cuando la primera cúpula se hundió.

Seguramente no le hizo mucha gracia.

Pero por suerte para Isidoro y Antemio,

para entonces ya había muerto.

Cuando se desplomó la cúpula en el año 558

se encargó su reconstrucción al arquitecto Isidoro el Joven,

un sobrino del arquitecto original.

Çakmak cree que Isidoro el Joven rediseñó la cúpula.

Para reducir su peso abrió 40 ventanas en la base.

Las ventanas tienen dos propósitos,

deshacerse de ladrillos innecesarios, que suponen un peso adicional,

y el otro es dejar entrar la luz.

Santa Sofía pasa la prueba de al menos

otra docena de violentos terremotos.

La cúpula sufre dos colapsos parciales

que pudieron ser reparados,

de modo que los visitantes actuales tienen ante sus ojos

la misma cúpula que construyó Isidoro el Joven.

Santa Sofía ha resistido a la actividad sísmica.

Pero también ha sobrevivido a grandes choques culturales.

Seiscientos años después de Justiniano

Constantinopla sigue floreciendo, pero su esplendor inspira envidias.

En 1204 los cruzados cristianos europeos

que se dirigen a Tierra Santa toman la ciudad

y saquean los tesoros de la iglesia cristiana bizantina de Santa Sofía.

Y además una nueva religión está desafiando el viejo orden: el Islam.

Sus huestes asedian Constantinopla

siete veces a lo largo de ocho siglos.

Finalmente en 1453 el sultán Mehmet conquista la ciudad debilitada

y la convierte en la capital del imperio otomano.

Mehmet entra en la iglesia de Santa Sofía un martes,

y ese mismo viernes está orando en la mezquita de Hagia Sophia.

Para Mehmet el Conquistador, Santa Sofía era la conquista suprema.

Era el símbolo que buscaba para representar a su nuevo imperio.

¿Pero cómo se convierte una iglesia en mezquita?

Desde el punto de vista arquitectónico no es difícil.

Se añadió el minbar desde el que el imán pronunciaba el sermón.

Y el mihrab mostraba la dirección en la que se encontraba la Meca.

Posteriormente los otomanos

añadieron grandes discos caligrafiados

con versos sagrados del Corán, enlucieron los mosaicos cristianos

y construyeron minaretes en el exterior

para la llamada a la oración.

Pero la cúpula de Santa Sofía

fue el elemento que más fácilmente se adaptó a la conversión.

La cúpula en sí misma tenía un significado religioso

tanto para los fieles cristianos como ahora para los musulmanes.

Para ambos era un símbolo del cielo.

El núcleo estructural de Santa Sofía,

la cúpula redonda sobre la planta cuadrada,

tenía un significado tan poderoso para el Islam

como para la Cristiandad.

Santa Sofía es tan admirada en el mundo islámico

que se convierte en el modelo de mezquitas

por todo el imperio otomano.

Actualmente Santa Sofía es un museo,

una muestra de su historia religiosa y cultural.

Al entrar al edificio miras a tu izquierda

y ves un maravilloso panel de mosaico del imperio bizantino.

Y miras a tu derecha

y ves una espléndida cita del Corán caligrafiada.

Tienes ante tus ojos toda la historia de la ciudad,

y en cierto sentido de toda la región, en el mismo lugar.

Pero decidir qué capas de historia son las que se debe mostrar

es una batalla que sigue librándose entre sus muros.

Y el investigador Hitoshi Takanezawa ha entrado en ese campo de batalla.

Su misión es buscar mosaicos cristianos

cubiertos cuando Santa Sofía se convirtió en mezquita.

Y el reto es encontrar los mosaicos bizantinos

sin dañar la decoración de la época otomana.

El arma secreta de Takanezawa es un escáner electromagnético.

Normalmente se utiliza para buscar fallos estructurales

en grandes construcciones, como puentes.

Pero nadie lo ha usado nunca para buscar a Jesús.

Estamos desarrollando nuevos instrumentos para la investigación.

Es crucial encontrar una tecnología que permita saber

si en un mosaico en algún lugar pero sin dañar lo que hay encima.

Takanezawa y el ingeniero Satoshi Baba

pasan cuidadosamente el escáner por secciones de la pared.

¿Qué encontrarán?

Encontramos una deslumbrante muestra

del aspecto que debían tener los mosaicos de Santa Sofía aquí,

en la iglesia de San Vital de Rávena, en Italia,

también construida durante el reinado de Justiniano,

hace casi 1.500 años.

Los visitantes bizantinos debían sentirse transportados

a un mundo completamente distinto.

Y eran los mosaicos los que producían ese efecto.

Eran un vehículo para poner al visitante en contacto con lo divino.

Es el resplandor divino de los mosaicos bizantinos

lo que los hace tan inspiradores.

Y el misterioso material que les da ese brillo

será esencial en la búsqueda de los mosaicos ocultos de Santa Sofía.

Luciana Notturni y Gabrielle Warr

están empleando los mismos materiales

para hacer mosaicos en la actualidad.

Empiezan a trabajar con discos de cristal coloreado

que parten cuidadosamente en trozos más pequeños

hasta transformarlos en diminutos cubos llamados teselas.

Notturni coloca las teselas una a una

sobre un diseño que ha pintado en el yeso fresco,

inclinándolas ligeramente para que reflejen la luz.

Se cree que en los mosaicos bizantinos,

la colocación de las teselas estaba directamente relacionada

con la procedencia de la luz.

Donde estaban las ventanas era donde estaban las fuentes de luz.

Y para hacer brillar esa luz se añadía algo más a las teselas.

Lleva una capa muy fina de pan de oro.

Y el hecho de que tengan oro

los hacen mucho más reflectantes y luminosos.

Las teselas de oro dan a los mosaicos bizantinos

un brillo celestial.

Y dado que el oro es un metal, puede ser la clave

para redescubrir los mosaicos perdidos de Santa Sofía.

El mosaico está compuesto con teselas metálicas.

Y por eso creemos, esperamos,

encontrar mosaicos con nuestros instrumentos.

El escáner de Takanezawa emite señales electromagnéticas

que penetran bajo la superficie del enlucido.

Si las ondas chocan contra teselas metálicas se reflejan,

creando una imagen de lo que hay detrás del enlucido.

Hemos escaneado esta parte cinco veces.

Y esta zona verde está compuesta con teselas metálicas.

Podemos ver aquí un diseño circular.

Esto es claramente obra de la mano del hombre.

El escáner está funcionando.

Ha detectado un círculo de mosaico bajo el enlucido.

Pero Takanezawa no está buscando solo círculos.

Vamos a aplicar ahora este método a otras zonas,

y puede que nos muestre imágenes de santos

o alguna imagen de Cristo.

Los muros de Santa Sofía esconden algo más que mosaicos.

También guardan el secreto de su resistencia a los seísmos.

Muy por encima de las calles de Estambul

un equipo de trabajo está reparando un muro

como parte de las labores de restauración de Santa Sofía.

Su directora es la arquitecto Sonay Sakar.

Estamos retirando la argamasa de la superficie que vemos aquí.

Y a continuación repararemos la capa de ladrillos que hemos descubierto.

Su equipo tiene que sustituir

el mortero deteriorado de una restauración realizada hacia 1950.

Y están utilizando una mezcla más resistente,

formulada según la receta original:

cal, arena, agua y un ingrediente secreto,

ladrillo molido.

Resulta que la mejor forma de preservar Santa Sofía para el futuro

es utilizar materiales del pasado.

El mortero que se empleó en Santa Sofía

es más flexible que la argamasa moderna.

Y se adapta más fácilmente a las deformaciones estructurales

que causan los terremotos.

La flexibilidad del mortero es crucial,

pero también lo es la forma de aplicarla.

Santa Sofía es diferente de otras estructuras,

porque la capa de mortero es más gruesa que los ladrillos.

En las construcciones modernas de ladrillo

se aplica una capa muy fina de mortero,

pero en Santa Sofía se aplicó una capa tan gruesa

que tiene un efecto amortiguador.

Y los ladrillos de Santa Sofía

también juegan su papel en la protección contra los terremotos.

Aquí tenemos un ladrillo original de Santa Sofía,

y este es un ladrillo moderno.

Como pueden ver, el ladrillo original

es significativamente más ligero que el ladrillo moderno.

Y eso tiene una enorme importancia.

Si se construye un edificio más ligero,

puede balancearse con los terremotos,

como un árbol al viento, flexible pero resistente.

Hace 1.500 años,

otros arquitectos construían edificios pesados y macizos

para que resistieran a los terremotos.

Antemio e Isidoro, los arquitectos griegos,

hicieron lo contrario: una construcción ligera y flexible.

El principio de la ingeniería sísmica moderna.

¿Pero seguirá en pie este tesoro de la humanidad en el futuro?

Eser Çakti y su equipo

están construyendo un modelo del núcleo estructural de Santa Sofía

para investigar su resistencia.

Resuelto el problema de los arcos, pasan al siguiente reto:

las semicúpulas.

Han preparado una mezcla

que se comporta como el material utilizado en las semicúpulas reales

y lo aplican sobre un molde de madera.

Hemos trabajado mucho sobre el papel para que salga bien,

y hemos determinado cuál debe ser el grosor

y cómo debe ser el material.

Cuando se seca la argamasa retiran el molde de madera.

Ten cuidado de que no se agriete nada por arriba.

Pero al retirarlo de repente aparece una grieta en la parte superior.

¿Hay grietas en más sitios?

Que aparezcan grietas en esta fase

indica que la semicúpula es demasiado débil

para la prueba de la mesa sísmica.

No podemos hacer la prueba con esto así, se vendrá abajo.

Siguen rompiendo trozos de la semicúpula

para examinar en detalle el mortero.

Mide el grosor que tiene ahí.

Tiene cuatro centímetros por este lado,

y cuatro por este otro lado,

pero la parte que ha fallado era demasiado delgada.

Tenía casi medio centímetro.

Un problema de grosor

por la forma en que se aplicó la masa

ha hecho que la parte superior de la semicúpula

fuese mucho más delgada de lo previsto.

Siempre hay cierta contracción cuando se seca el mortero.

Estamos pensando en añadir algún tipo de elemento al mortero

para mejorar su resistencia.

El equipo tiene que reconstruir la semicúpula.

Y tendrán que encontrar un método mejor

para construir la pieza final del modelo,

la gran cúpula central.

Y eso llevará su tiempo.

En su búsqueda de mosaicos bizantinos ocultos,

Hitoshi Takanezawa se dirige al nivel más elevado de Santa Sofía,

una estrecha plataforma situada bajo los arcos principales.

El edificio es tan grande que es necesario limitar la búsqueda.

Es muy difícil decidir en qué lugares hay que centrar la investigación,

porque es un espacio de unas dimensiones enormes,

así que hay que adivinarlo.

Originalmente esta parte estaba decorada

con figuras de santos u obispos, como aquellos.

Dado que los nichos del muro norte están cubiertos por mosaicos,

Takanezawa piensa que en el muro sur también podría haberlos.

¿Pero habrán sobrevivido?

pasan el escáner electromagnético a lo largo de la pared.

Encontramos reflejos muy fuertes bajo el enlucido.

Así que suponemos que hay restos de mosaicos,

con un 70 % de seguridad.

El equipo examina más de cerca el escáner.

Encuentran metal detrás del yeso,

pero no el oro que esperaba Takanezawa.

Solo hay líneas horizontales.

Yo diría que no es un mosaico,

sino más bien una estructura de soporte de metal.

Takanezawa se equivocaba.

En este nicho no hay ningún resto de mosaicos.

El problema es que su escáner

mide una banda de 60 centímetros en cada pasada,

y Santa Sofía tiene una superficie total

de más de 18.000 metros cuadrados.

Para reducir la búsqueda, Takanezawa ha venido a Bellinzona, en Suiza,

para consultar su archivo estatal.

Allí el archivero Carlo Agliati le muestra

un asombroso registro de los mosaicos bizantinos de Santa Sofía.

En 1847 el sultán encargó al arquitecto Gaspare Fossati

la tarea de restaurar la mezquita de Santa Sofía.

Estos dibujos fueron realizados por los hermanos Fossati,

arquitectos suizos contratados

para renovar el edificio, que entonces era mezquita,

en la década de 1840.

Los Fossati arrancar el yeso de las paredes

y quedaron asombrados ante lo que encontraron.

El gran descubrimiento de Fossati durante la restauración,

oculto tras el enlucido,

fueron sin duda estos extraordinarios mosaicos bizantinos.

Rápidamente copiaron todas las imágenes

antes de volver a cubrirlas de yeso.

Aunque se han encontrado

algunos de los mosaicos reproducidos en los dibujos,

otros no han aparecido.

Uno en particular llama la atención de Takanezawa.

Hay un dibujo circular de los Fossati,

pero la localización exacta sigue siendo objeto de debate.

El dibujo representa a Cristo con un nimbo crucífero,

una cruz enmarcada en un círculo.

Cerca de Santa Sofía, la iglesia de Chora

contiene una imagen asombrosamente similar en el remate de una cúpula.

Takanezawa cree que el dibujo de los Fossati

reproduce un mosaico parecido de una cúpula de Santa Sofía.

Y sospecha dónde se puede encontrar.

Una hipótesis muy plausible

es que hay una gran imagen del rostro de Jesucristo

en el centro de la inmensa cúpula de Santa Sofía.

Pero hay un problema.

Actualmente está cubierta de yeso y versos del Corán,

pero algún día, con nuestro escáner, nos gustaría descubrir esa imagen.

Ese es mi sueño.

Un sueño que Takanezawa podría hacer realidad,

porque para la restauración que se está llevando a cabo

se está instalando un enorme andamio

que llegará hasta lo alto de la cúpula.

Pero si encuentra ese Cristo debajo de los versos del Corán,

¿cuál de las dos imágenes debería quedar a la vista?

Esa pregunta está en la raíz de la identidad de Santa Sofía.

Y es una pregunta con una larga historia.

Religiosamente hablando era una iglesia ortodoxa rusa.

Durante la cuarta cruzada fue tomada y convertida en iglesia católica.

Y cuando llegaron los musulmanes la transformaron en mezquita.

al final pasó a ser un museo,

y creímos que con eso se solucionaba el problema.

Pero por desgracia los ortodoxos quieren que vuelva a ser una iglesia,

y los musulmanes quieren que vuelva a ser una mezquita.

Y el conflicto y la controversia continúan.

Pero que Santa Sofía siga siendo un museo

o vuelva a convertirse en iglesia o mezquita

podría acabar siendo irrelevante si hay un terremoto.

La cuestión más apremiante

es si se convertirá en una montaña de escombros.

Eser Çakti espera que la prueba de la mesa sísmica

aporte respuestas.

Las semicúpulas son cuidadosamente reconstruidas con mortero.

Pero el mortero sería demasiado frágil para la cúpula central,

que como la auténtica, se construirá con ladrillos.

Llegamos a la conclusión

de que construir una cúpula de ladrillo

sería mucho más fácil y realista.

Así que en cuanto a la cúpula, confío en el resultado.

Pero respecto a las semicúpulas tengo mis dudas,

porque son mucho más frágiles.

Pero antes de la prueba, el modelo de siete toneladas

primero tiene que sobrevivir al traslado hasta la mesa sísmica.

Este es el modelo más grande

que hemos construido nunca en el laboratorio.

Hay que tener mucho cuidado al elevarlo,

todo tiene que estar perfectamente horizontal.

De lo contrario podríamos dañar el modelo.

El modelo es tan pesado que curva la plancha de acero que lo soporta,

lo que ejerce presiones sobre la estructura.

Una vez asentado sobre la mesa sísmica,

hay que comprobar que no ha sufrido daños.

Al retirar los refuerzos de madera Çakti busca grietas.

Si el modelo se ha resquebrajado en esta fase,

no se podrá realizar la prueba sísmica,

y se habrán echado a perder meses de trabajo.

Hemos encontrado algunas grietas en las semicúpulas,

pero no se ven desde fuera.

Solo son grietas interiores.

Çakti opina que estas grietas

no comprometen la integridad estructural del modelo.

De modo que siguen adelante,

instalando sensores de movimiento en los mismos lugares

donde están situados los de Santa Sofía.

Así podremos comparar las vibraciones

que registremos durante la prueba en la mesa sísmica

con las que hemos obtenido en la estructura real.

El modelo es una reproducción a escala

del núcleo estructural de Santa Sofía:

la cúpula central, los cuatro grandes arcos,

los cuatro pilares y las dos semicúpulas.

¿Pero se comportará el modelo en la mesa sísmica

como se comporta el edificio real durante un terremoto?

Asombrosamente, durante la noche

se produce una comprobación espontánea de los sensores,

un terremoto real.

Hacia las cuatro de la mañana hubo un terremoto cerca de Estambul.

Tuvo una magnitud de 3,6.

Así que por casualidad,

ya hemos registrado lecturas de un terremoto en el modelo.

Y tenemos el mismo terremoto

registrado por nuestros instrumentos en Santa Sofía.

Las lecturas paralelas confirman

que los sensores del modelo y los del edificio real

están captando respuestas similares.

Ahora ha llegado el momento de ver

cómo reacciona el modelo ante un terremoto más potente.

Se calibra la mesa sísmica

para simular la intensidad del devastador terremoto de 1999:

una magnitud de 7,4.

La duración de la prueba se reduce en función del tamaño del modelo:

tres segundos.

Los sensores capturan hasta la menor reacción.

El modelo parece haber resistido el temblor sin sufrir daños.

Pero lo que todos quieren saber realmente

es si resistiría un terremoto aún más violento.

Para averiguarlo, el equipo va a forzar la mesa sísmica

hasta límites que nunca han alcanzado.

El terremoto simulado se mide en G, la aceleración sísmica.

Vamos a incrementar la amplitud del terremoto un escalón más,

así que ahora vamos a probar con 2,2 G.

Pero dos era el máximo y ahora vamos a pasar de dos, ¿no?

Y si lo resiste, probaremos con 2,4. -Perfecto.

Someten el modelo a un terremoto simulado

más violento que ninguno de los registrados

a lo largo de la historia de Estambul.

Çakti comprueba los daños.

Veo una nueva grieta en este arco.

Pero lo sorprendente es que no les ha pasado nada a las semicúpulas.

Nos preocupaban pero están igual que estaban antes.

El modelo de Santa Sofía

ha sobrevivido a dos enormes terremotos

prácticamente seguidos con unos daños mínimos.

Pero la prueba aún no ha terminado.

Ya hemos sobrepasado la capacidad conocida de nuestra mesa sísmica

y parece que su mecánica nos permite ir todavía más allá.

¿Podrá la mesa sísmica llevar al modelo hasta el punto de desplome?

Ahora la activan a su máxima potencia.

En este momento el modelo ha sido sometido

al equivalente de un violento terremoto diario durante una semana.

Y aunque está al borde del desplome, se mantiene en pie.

Hay dos partes vulnerables: las semicúpulas y los arcos.

Solo es cuestión de tiempo ver cuál de los dos cae primero.

Todo el equipo está pendiente de las semicúpulas y los arcos.

Nadie imagina lo que va a ocurrir.

La gran cúpula central se hunde.

Estoy un poco sorprendida, la verdad.

Yo esperaba que se hundiera un arco,

y en lugar de los arcos se ha hundido la cúpula.

Al reproducir el colapso a cámara lenta

vemos que las semicúpulas se separan de la estructura.

Y al estar dañados los arcos,

el soporte de la cúpula queda gravemente comprometido.

Mi obra maestra se ha derrumbado.

Pero si es por la observación científica, puedo aceptarlo.

Ya hemos llegado al final.

Pero por otra parte sabemos que ahora

tenemos mucho trabajo de análisis e interpretación de datos.

Esto es un poco terrible, pero hay que hacerlo.

Es pronto para sacar conclusiones.

Pero que el modelo haya resistido quince asaltos

contra los terremotos más violentos

que la mesa sísmica ha producido

explica la supervivencia supuestamente milagrosa

de Santa Sofía.

Si hay algún milagro, está en su diseño.

Fue construida para sobrevivir.

El equilibrio entre sus elementos estructurales

nos hace pensar en una danza.

La cúpula, los arcos, las semicúpulas, los pilares,

se relacionan con armonía.

Aunque el modelo se ha derrumbado,

Çakti cree que los datos obtenidos con este experimento

aportarán valiosa información sobre la fuerza estructural de Santa Sofía

contribuyendo a su futura conservación.

Los científicos han pasado décadas

intentando analizar el sistema estructural de Santa Sofía.

Pero cuando entras hoy en Santa Sofía no ves la estructura.

Se supone que no debemos entender cómo se sostiene esa cúpula gigante.

Solo vemos la cualidad aérea del edificio.

Eso era lo que importaba realmente.

Comprendemos el interior

como una experiencia completamente diferente

a algo que exista en la Tierra.

Después de casi 1.500 años,

Santa Sofía sigue asombrando a los ingenieros modernos

con sus antiguos secretos de ingeniería sísmica y su resistencia,

y no solo como estructura,

también como símbolo de las grandes civilizaciones que la hicieron suya.

No pensamos en Santa Sofía

basándonos en el significado que le han dado otros.

Santa Sofía tiene una identidad propia.

Es un edificio monumental, es un edificio especial.

Nuestro objetivo es pasárselo a las siguientes generaciones.

Santa Sofía tendrá que resistir

muchas más sacudidas de la tierra sobre la que se alza

y de las culturas a las que les ha sido encomendada.

Esperemos que su majestuosa belleza y su diseño revolucionario

inspiren a las gentes de todas las religiones y culturas,

y entre todos la preserven para las generaciones futuras.

Documenta2 - La inamovible Santa Sofía

52:01 17 oct 2017

Después de mil quinientos años, Santa Sofía sigue asombrando a los científicos por su revolucionario diseño de ingeniería sísmica. El documental desvela el secreto sometiendo a terremotos simulados a un modelo que reproduce a escala el núcleo estructural del edificio.

Contenido disponible hasta el 24 de octubre de 2017.

Histórico de emisiones:
01/06/2016

Después de mil quinientos años, Santa Sofía sigue asombrando a los científicos por su revolucionario diseño de ingeniería sísmica. El documental desvela el secreto sometiendo a terremotos simulados a un modelo que reproduce a escala el núcleo estructural del edificio.

Contenido disponible hasta el 24 de octubre de 2017.

Histórico de emisiones:
01/06/2016

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