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No recomendado para menores de 7 años Documenta2 - Dazzle. La historia oculta del camuflaje - ver ahora
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Esta es la historia del camuflaje, inspirado por la naturaleza,

diseñado por artistas y usado por los militares.

En la naturaleza hay una necesidad obvia de camuflarse.

Eres cazador o presa.

Los seres humanos nos dimos cuenta de que copiando a la naturaleza,

nosotros también podíamos escapar de nuestros enemigos,

pero la guerra mundial exigía algo más.

En un arranque de ingenio nació el camuflaje.

El arma secreta de esta historia son los artistas

que han utilizado su genio creativo para engañar,

confundir y superar al enemigo.

No creo que puedas diseñar camuflaje

a no ser que tengas una mente creativa.

Al desarrollarse los movimientos artísticos,

también lo hizo el camuflaje, impulsándose entre ellos.

Pero cuando la guerra se volvió más sofisticada,

los artistas del camuflaje lucharon por hacerse oír.

Ahora mientras la guerra, el arte y la tecnología colisionan,

la pregunta es ¿cuál de ellos está al mando del camuflaje?

DAZZLE: LA HISTORIA OCULTA DEL CAMUFLAJE.

La historia del camuflaje comienza en el siglo XIX,

con un excéntrico pintor norteamericano llamado Abbot Thayer.

Abbot Thayer es uno de mis héroes.

Es el padre del camuflaje y como artista e historiador

de la naturaleza,

fue la primera persona que documentó las variadas técnicas

con las que la naturaleza emplea el camuflaje.

Pintaba retratos bastante convencionales de mujeres.

Eso es lo que hacía para ganarse la vida, pero como naturalista,

estaba fascinado por el camuflaje en el mundo natural,

más bien obsesionado.

Thayer notó que algunos animales tenían manchas, motas y rayas,

mientras que otros tenían distintas tonalidades de colores.

Vio que estas características los ayudaban

a evadir a los depredadores,

confundirse con el entorno y evitar ser devorados.

Creía que todos los animales

que existen estaban camuflados, incluso los más llamativos

y se dispuso a pintar cuadros de estos animales para demostrarlo.

Thayer creía que la investigación del camuflaje sería valiosa

para todo el mundo y para la sociedad y, sobre todo, en tiempo de guerra.

Pero pensaba que las únicas personas capaces de investigarlo

de una manera verdaderamente práctica eran los artistas.

Este es un cuadro de una serpiente cabeza de cobre.

Al principio no se ve,

pero a Thayer se le ocurrió el inteligente truco

de superponer una plantilla.

¡Voilá! Ahí está la serpiente.

Thayer había dado con algo importante y lo sabía.

De pronto, existía la posibilidad de utilizar lo que había descubierto

aplicándolo a la guerra.

Pero Thayer era un adelantado a su tiempo.

A finales del siglo XIX, los soldados

no trataban de ocultarse del enemigo; querían que los vieran.

Sobre todo el Ejército Británico, solían llevar túnicas rojo brillante.

La idea es demostrar que eres fuerte. Así atemorizarás al oponente.

El color de la chaqueta también mostraba de qué lado estabas.

Era importante que tuvieran una gran visibilidad debido a los disparos.

El humo era tan espeso que podrían terminar atacando

al soldado equivocado o quizá incluso yendo en la dirección errónea.

Pero cuando las ametralladoras reemplazaron a los mosquetes,

las túnicas británicas de colores brillantes

se convirtieron en un lastre.

Enseguida, todas las chaquetas rojas se mancharon de tierra,

de té o barro, para que los soldados fuesen un objetivo menos obvio.

El ejército cambió los uniformes rojos

por lo que ellos llamaron “parduzco”: uniformes que, al parecer,

desaparecían en el entorno y funcionó.

Eso no fue suficiente para el excéntrico artista, Abbot Thayer.

Thayer había ido incluso tan lejos como para sugerir

al Ejército Británico en 1914 que renunciara a los uniformes kakis

y adoptaran un uniforme compuesto por diferentes colores.

Thayer había cosido trozos de tejido a una vieja chaqueta de caza.

Es posible que fuera la primera chaqueta de camuflaje del mundo.

Pero él no era un militar y era difícil, malhumorado, beligerante.

Y eso desanimó a los militares.

Creo que Thayer se metía siempre en problemas porque era un artista,

no un científico y su tono de voz era muy combativo

y eso era muy fácil confundirlo con arrogancia

y hoy es probable que dijéramos

que era un maníaco depresivo bastante grave.

Así que el ejército, cortésmente,

desechó la chaqueta de camuflaje de Thayer como “poco práctica”.

La Primera Guerra Mundial cambió el terreno de juego.

Las ametralladoras, tanques

y aviones causaban una masacre en el campo de batalla.

La muerte y la destrucción llegaron en una escala desconocida.

Para sobrevivir, los soldados tendrían que ocultarse mejor

del fuego enemigo.

Se necesitaban con desesperación habilidades nuevas

y fueron los franceses los que abrieron el camino.

Los franceses fueron los primeros que concibieron una unidad de camuflaje.

Eran los más organizados,

en parte porque tenían que ocuparse de una enorme franja de primera línea

de cientos de kilómetros de longitud.

El Ejercito Francés reclutó decenas de artistas,

escultores y decoradores para que les ayudaran a ocultar

a los soldados y la artillería en los campos de batalla.

Los llamaron “camoufleurs”, del verbo francés por camuflar,

disimular o esconder.

Lo primero que hicieron los franceses

fue desarrollar trajes con capuchas, “cagoules” es como los llamaron,

y eran bastante siniestros

y tenían manchas de pintura para que fuesen menos visibles.

La “Sección de Camuflaje” se convirtió

en una unidad oficial en la guerra,

la primera de su clase en cualquier ejercito del mundo.

Durante toda la I Guerra Mundial,

los franceses reclutaron casi a tres mil artistas.

Antes de que se desarrollara el proceso de impresión industrial,

la única manera en que se podía camuflar la artillería, los tanques,

las armas y los edificios, era pintándolos a mano,

por eso necesitaban una enorme cantidad de artistas.

Otros países no tardaron mucho tiempo en organizar

sus propias unidades de camuflaje.

Las extrañas y maravillosas formas en las que los artistas

usaban su habilidad para crear toda clase de trucos eran infinitas.

Construyeron cabezas falsas para atraer al fuego enemigo.

Cubrían con redes los vehículos

y los emplazamientos de armas para ocultarlos entre sombras.

Y debido a que los caballos muertos eran una visión común

en los campos de batalla de la Primera Guerra,

hicieron réplicas de papel maché

para que los francotiradores se ocultaran dentro.

Y tenían una mirilla para poder mirar a través.

Podías observar Lo que estaba pasando.

Se podía utilizar como puesto de un francotirador.

Aunque era un poco peligroso.

Para muchos artistas,

el trabajo de camuflaje era un refugio de la misma guerra.

Es cierto que los artistas, a menudo, son personas sensibles

y es probable que fuesen los últimos que quisieran participar

en un conflicto armado así que,

en cierto modo, fue muy conveniente para ellos en la I Guerra Mundial,

que cualquier artista fuese enviado al regimiento de camufladores

y tuviera que pintar en lugar de ir a la guerra.

La historia de la creación del camuflaje moderno

no puede contarse sin su primo rebelde: el Cubismo.

Un nuevo movimiento radical que revolucionó el arte del siglo XX.

El camuflaje nunca habría existido sin el movimiento artístico cubista.

Fue solo tras la emergencia del Cubismo cuando los artistas

pudieron ver un camino en el que podían crear

una reproducción abstracta de la naturaleza.

El Cubismo nació en Francia en 1907,

fue una reacción a las tradiciones artísticas agotadas de antaño.

Los pioneros cubistas, George Braque y Pablo Picasso,

descomponen las formas y las convierten en figuras geométricas.

Desarrollaron nuevas maneras de ver, poco convencionales y abstractas,

para reflejar una nueva era en el siglo XX.

En realidad, hizo añicos la comprensión tradicional

de las formas naturales, era una nueva forma de arte

que celebraba la modernidad, la velocidad, las innovaciones,

las mecanizaciones y la ciencia,

todas esas cosas que constituían este nuevo y dinámico mundo moderno.

Mientras Los cubistas jugaban con la forma y el movimiento

sobre el lienzo, los camufladores aportaron una visión creativa

al campo de batalla.

Lo uno, de manera inevitable, influyó en lo otro.

Parece haber un vínculo obvio entre la forma cubista

de distorsionar el espacio, de presentar muchas visiones

al mismo tiempo, y el camuflaje.

Es la fusión más impresionante entre la guerra, la creatividad,

el arte y la industria.

Pablo Picasso, aunque no era un artista del camuflaje,

gustosamente se atribuyó el mérito de su creación.

En 1914, Picasso y Gertrude Stein, en París,

vieron un tanque camuflado y Picasso se quedó extasiado.

Dijo: “esto es Cubismo, lo hemos hecho nosotros”.

Mientras la I Guerra Mundial continuaba en las trincheras,

los británicos tenían nuevos problemas en el mar.

En 1917, tantos como 55 buques británicos fueron hundidos

por submarinos en una semana.

Se hizo evidente que si no se hacía algo al respecto, era muy posible

que los alemanes ganaran la guerra.

Era muy importante que los británicos desarrollaran

algún tipo de sistema para proteger

a los buques de estos submarinos de guerra altamente desarrollados.

Por ello, hubo muchas personas buscando maneras de camuflar

los barcos, de hacerlos menos visibles.

Abbot Thayer estaba entre ellos.

Con su habitual exceso de entusiasmo,

se le ocurrieron toda clase de ideas para camuflar los buques,

pero al no ser un hombre de mar,

algunas eran enormemente extravagantes.

Intentó utilizar una sábana que su suponía que parecía una nube

o algo así flotando sobre el barco.

Se hizo pedazos porque no sabía nada de la estructura de los barcos.

Thayer acosó a las Marinas a ambos lados del Atlántico

para que pintaran los barcos en varias tonalidades de negro,

gris y blanco y así fuesen más difíciles de ver.

Fue a Washington D.C. y propuso que no fueran de un solo color

y dijo que eran más vulnerables por ser de un solo color.

A estas alturas, Abbott Thayer era considerado un chiflado

y esta vez sus ideas no sólo fueron desechadas,

sino que fue eclipsado por otro artista.

A Norman Wilkinson se le ocurrió una idea y dijo:

“un momento, el problema no es cómo ocultar un buque.

No se puede ocultar un buque. Hay humo saliendo de sus chimeneas.

El verdadero problema es cómo conseguir

que sea difícil de alcanzar”.

El proyecto de mi abuelo difería

en que no estaba tratando de ocultar el barco.

Intentaba crear la ilusión de que llevaba una trayectoria distinta.

Norman Wilkinson era un artista respetado

y un oficial naval en tiempo de guerra.

Sugirió pintar los lados de los barcos con rayas osadas

y dibujos tipo cubista para confundir a los submarinos enemigos.

Llamó a este proyecto “Dazzle ”.

Si lleva rayas, el ojo humano no puede fijarse en las rayas

por lo que el diseño distorsiona la percepción de la dirección

en la que va el barco.

Si el barco está viajando en esta dirección en realidad,

el objetivo del capitán del submarino es golpear el centro del barco.

Sin embargo, si cree que el buque viaja en esta dirección,

el torpedo podría pasar de largo.

Debido a que los torpedos eran muy caros,

a no ser que tuvieran mucha confianza en que iban a hundir el barco,

no dispararían el torpedo.

Norman Wilkinson aportó lo que fue un modo muy innovador

y muy barato de intentar combatir la amenaza de los submarinos

en la Primera Guerra Mundial.

El único coste en realidad era la pintura

con la que se pintaba los barcos.

Los artistas del camuflaje utilizaban los lados de los barcos

como enormes lienzos.

Para probar los diseños, hicieron modelos de los barcos,

los pintaron con diseños Dazzle,

y los colocaron en una plataforma giratoria.

En una de estas demostraciones,

un almirante norteamericano los miró

y no le gustó el aspecto de estos barcos Dazzle y se equivocó

en la trayectoria, lo entendió todo mal y dijo:

“¿Cómo puñetas esperan que sepa hacia donde se dirige el barco

cuando está pintado con esos colores tan brillantes?”

Lo cual era todo el objetivo del ejercicio.

Hicieron experimentos empíricos en laboratorio en 1919,

esto fue al final de la guerra y demostraron que, algunas veces,

podían engañar a los cálculos de manera tan considerable

que podían equivocarse tanto como 56 grados.

¡Eso es impresionante!

Más de cinco mil buques a ambos lados del Atlántico

recibieron el tratamiento Dazzle en la Primera Guerra Mundial.

Los ciudadanos británicos y norteamericanos sencillamente

se enamoraron de Dazzle.

Cualquiera que fuera de paseo a los muelles,

podía ver los enormes y llamativos busques pintados a manera de circos.

Algunas personas lo llamaron un mal sueño futurista

o una pesadilla cubista.

De algún modo, Wilkinson,

un pintor de barcos a la antigua usanza, había introducido

a la Marina en el movimiento artístico Modernista.

Me hubiera encantado ver un Barco Dazzle.

Me hubiera encantado ver la enorme amplitud de un destructor

pintado con rayas, con esos extraordinarios

y ridículos diseños diagonales que habrían alterado ese extenso lienzo.

Fueron efectivos.

Aunque en el fondo, la Marina Real detestaba la idea

de que pudiera convertir sus maravillosos y enormes

vehículos de destrucción y defensa en algo que parecía una pintura moderna,

pero cautivaban la imaginación.

Wilkinson fue aclamado como un héroe

y dado el tamaño de sus lienzos,

se podría argüir que los barcos Dazzle fueron las obras de arte

de éxito más espectaculares del período.

A Wilkinson le concedieron una recompensa económica

por su trabajo en la guerra y Thayer se volvió un hombre muy amargado,

porque había tratado de persuadir a las autoridades norteamericanas

para que adoptaran estas ideas sin éxito alguno.

Thayer murió poco después de la guerra totalmente arruinado.

La Primera Guerra Mundial dejó 17 millones de muertos.

La magnitud de la destrucción, el horror de la guerra de trincheras,

los cuerpos destrozados esparcidos por los campos de batalla,

todo ello dejó profundas cicatrices.

El mundo del arte reaccionó con el surrealismo.

Toda la idea de los espejismos

y un mundo en el que no podías confiar en tus propias percepciones.

Esa es la clave del surrealismo y también es la clave

del tipo de guerra que se libra a través del camuflaje que apareció

en la Segunda Guerra Mundial.

La conexión es muy, muy estrecha.

Mientras los surrealistas

exageraban y distorsionaban la forma,

demasiado pronto otra guerra se avecinaba.

Una que provocaría aún más matanzas. Esta vez desde arriba.

A mediados de los años 30,

los espectaculares avances en el diseño de aviones

trajeron una nueva amenaza aterradora desde los cielos.

Los aviones de guerra,

capaces de volar en misiones de bombardeos masivos.

El ojo aéreo les ponía paranoicos a todos,

porque es el ojo que todo lo ve desde arriba y es una perspectiva

de tu vida que no era habitual.

En 1937, Guernica, en España,

fue arrasada hasta los cimientos en el primer ataque aéreo mundial

a gran escala de un pueblo.

Fue un aterrador presagio de las cosas que vendrían.

Picasso era muy consciente de lo que estaba pasando en la política

en la zona del Mediterráneo y después del bombardeo

de ese pequeño pueblo pintó este extraordinario cuadro,

un verdadero “cri de coeur” un sincero sollozo

por lo que les había pasado a estos niños indefensos

y a sus familias.

En todo el siglo XX, es posible

que sea la visión más potente de la atrocidad jamás pintada.

En diez meses, más de 50.000 bombas cayeron sobre Londres

y esto sin tener en cuenta

las miles de bombas incendiarias arrojadas en incursiones nocturnas.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial en 1939, erupcionó desde el cielo.

No había dónde ocultarse.

Los artistas del camuflaje fueron necesitados más que nunca.

El desafío esta vez era mucho más difícil, porque tenían

que camuflar zonas enormes de la visión aérea

y utilizaron toda una serie de técnicas nuevas para conseguirlo.

Esta vez se iba a necesitar algo más que pintura y brochas.

Además de artistas, se reclutaron decenas de arquitectos,

ingenieros y escenógrafos.

La II Guerra Mundial fue una guerra verdaderamente global y la amenaza

y la violencia provenían de cada sector,

por eso el camuflaje tuvo que incrementarse de un modo

que no se había visto antes.

Este pequeño cobertizo ya no molestará a nadie, ¿o sí?

Cada ejército en la contienda

creó un equipo muy significativo de camufladores.

Los camufladores tenían que ser más creativos

para engañar y derrotar al enemigo.

La amenaza, siempre presente,

de que los bombardearan desde el aire les obligaba a que su trabajo

fuese tridimensional, grande en visión y en dimensiones.

Se los utilizó de varias maneras,

a veces para ocultar objetivos potenciales como fábricas de munición

líneas de ferrocarril y otras veces para crear versiones falsas

de todo eso en otros lugares para desviar el ataque.

Era un engaño a gran escala.

Los arquitectos e ingenieros construyeron ciudades

y pueblos enteros falsos.

Tenían una comprensión de la escala.

Tenían una comprensión de la textura de los edificios y paisajes,

por lo que fueron capaces de generar espejismos.

Este pintoresco pueblecito belga

es tan falso como el apretón de manos de Hitler.

Hamburgo estaba bajo constante ataque

por lo que en una asombrosa hazaña de simulación,

los alemanes construyeron

una réplica de la ciudad sobre el río Elba,

desviando con éxito a los bombarderos enemigos.

El río estaba cubierto de estructuras de madera.

Lo pintaron todo para que diera la sensación

de una especie de extensión continua de la ciudad sobre lo que era,

en realidad, una extensión de agua.

En Estados Unidos, en algunos casos,

las fábricas de aviones se ocultaron por completo

colocando por encima barrios falsos con casitas modestas,

ropa tendida en cuerdas y tal vez unas cuantas amas de casa por allí.

Espero que estuvieran hechas de papel maché.

Montado apresuradamente, usando redes y contrachapado,

el tejado de esta fábrica de bombarderos en Seattle

ocultaba siete mil bombarderos B-17.

Incluso Australia tenía su propio equipo de camuflaje

en la II Guerra Mundial quienes también lograron increíbles hazañas.

Los artistas ocultaron el aeródromo de Bankstow a las afueras de Sidney,

disimulando las pistas de aterrizaje con vacas de papel maché.

Hicieron que los hangares parecieran tiendas, por lo que desde arriba,

parecía un soñoliento pueblecito rural.

La idea de que entraran los artistas y dieran consejos,

les pareció risible a muchos militares

porque el arte no se tomaba en serio en Australia.

Impertérrito, el líder del grupo, el zoólogo profesor William Dakin,

reclutó a más de cien pintores,

fotógrafos y diseñadores australianos de talento.

Entre ellos, al pintor y escultor Frank Hinder,

considerado uno de los mejores camufladores de Australia.

Frank Hinder era un artista abstraccionista de vanguardia

en un momento en el que la abstracción en Australia

era considerada una especie de locura.

La gente no entendía este arte ultra-moderno

y aportó sus habilidades,

que eran diseños gráficos además de abstracciones,

a los proyectos de camuflaje en los que los artistas estaban trabajando.

El prometedor fotógrafo Max Dupain, se convertiría

en el recluta estrella del grupo.

Había conseguido fama experimentando con redes sobre modelos desnudas.

El aspecto surrealista de su fotografía

creo que tuvo una aplicación interesante en la guerra.

Utilizaba las redes como un artista del camuflaje,

para difuminar los contornos del cuerpo y hacerlos sentido,

trabajaba en un área que un artista llamaría abstracción,

pero un artista del camuflaje llamaría patrón disruptivo.

Dupain conocía todos los trucos de las sombras

y usó ese conocimiento en el escenario de la guerra.

Recuerden esta sombra.

Es tan importante como el objeto mismo.

Puede delatar toda la instalación si no la mantienen difuminada.

Ahora veamos, ¿ven lo que consiguen?

¿Se podría adivinar que hay un avión ahí abajo?

Pero a pesar de sus éxitos, los camufladores australianas

fueron tratados con desprecio.

Eran civiles. No deberían estar en una unidad.

Ni siquiera llevaban uniforme y su nombre no ayudaba.

Desde la I Guerra Mundial, la palabra “camoufleur ”

se utilizaba para cualquiera que trabajara en camuflaje.

Esto era porque provenía de Francia.

La idea de que un “camoufleur” era algo floral, florido y pasivo

les hacía el trabajo mucho más difícil.

Frank bromeaba sobre sí mismo y sus compañeros de trabajo,

llamándose “mariquitas camuflaje”, tal era el miedo

de que los vincularan con afeminados por el nombre de su trabajo

desde un punto de vista militar.

En otras partes de la guerra también se burlaban

de los artistas del camuflaje y los ridiculizaban.

Cuando los tanques británicos llegaron

al Desierto Occidental en 1941, no estaban camuflados en absoluto.

De hecho, llegaron al desierto con tanques pintados

con rombos verdes y marrones y alguien dijo:

“ah, perdón, esperad, esto es todo arena.

Estos tanques no están camuflados contra nada”.

La necesidad de engaño y ocultamiento en el desierto

dio lugar a toda clase de inventos asombrosos.

Cuando esta estructura se cubra con tejido

y se pinte con los colores apropiados,

se montará en un camión de un cuarto de tonelada de peso

y parecerá un tanque ligero a mil metros.

Los británicos reclutaron incluso a un mago que lideró un grupo

llamado “La Banda Mágica” para atraer a los bombarderos alemanes

hacia un puerto falso en el desierto.

Los norteamericanos llevaron el engaño al extremo

con una unidad de alto secreto llamada: “El Ejército Fantasma”.

Reclutados en academias de arte y agencias de publicidad,

el trabajo del Ejército Fantasma era asustar y confundir al enemigo

creando batallones falsos en campos de batalla falsos,

falsas batallas... todo falso, en realidad.

Una torreta ficticia que, en un tanque de verdad

pesaría varias toneladas, se suelta con facilidad,

pero el blindaje simulado engañó al reconocimiento aéreo alemán

durante la guerra.

¿Han visto alguna vez a un tanque caminando?

Pues es fácil si eligen el tanque adecuado.

Hubo un intento de diversificar las maneras de engañar al otro bando y,

en algunos casos, los distraía.

En otros casos, hacía que desperdiciaran la energía

y los esfuerzos en objetivos o acontecimientos

de apariencia engañosa que, en realidad, no existían.

Estos descabellados programas

incluso incluían elaborados paisajes sonoros.

Montado en este vehículo van 400 kilos de equipo de sonido

que puede simular cientos de toneladas de vehículos blindados.

Este proyectaba el sonido de tanques subiendo.

Este proyectaba tanques bajando y se informó de que la columna

había girado de la carretera principal hacia la carretera del río.

Los uniformes de camuflaje aparecieron en el campo de batalla

por primera vez durante la II Guerra Mundial y fueron los italianos,

tan pendientes de la moda, los que dirigieron el camino.

Los italianos fueron los primeros

que concibieron un proceso de impresión industrial que permitía

una producción en masa rentable de tejidos impresos.

Hasta entonces había sido muy especializado,

sólo las fuerzas de élite

tenían uniformes de camuflaje pintados a mano.

Los francotiradores y otros especialistas.

Los italianos habían desarrollado el primer diseño,

“telo mimetico”, que se traduce literalmente como

“tejido de camuflaje”.

Pero fueron los alemanes quienes primero los entregaron

a cada soldado en la II Guerra Mundial.

Cuando se empezaron a desarrollar los diseños de camuflaje,

para el ojo inexperto todos parecían el mismo

lo que tuvo unos efectos devastadores.

Hubo muchos casos de norteamericanos saltando de los aviones,

bajando en paracaídas hasta los campos

y que los soldados británicos les dispararan

porque asumían que debían de ser alemanes

ya que llevaban uniformes de camuflaje.

A pesar de estas primeras calamidades,

los uniformes habrían puesto orgulloso a Abbott Thayer,

el padre del camuflaje moderno.

Cuando los uniformes de camuflaje no estén disponibles,

deben ser improvisados.

Esto se hace aplicando tinte o tiras de tejido de arpillera.

Pero un uniforme no era suficiente.

En 1942, los australianos estaban luchando contra los japoneses

en el suroeste del Pacífico,

pero los líderes militares australianos no apoyaron

a William Dakin y su equipo de camufladores.

Dakin tenía dos problemas.

Uno era convencer a los soldados de que no era afeminado esconderse

y segundo, convencerlos de que estaba bien tratar

de imitar el comportamiento de un animal en la selva.

Él les decía: “tenéis que tiraros al suelo boca abajo

y arrastraros como una serpiente”.

Era una especie de masculinidad animal la que buscaba,

una especie de masculinidad primitiva,

pero muchos soldados allí encontraban esto deshumanizador.

Había una lucha para hacer que la gente aceptara la idea

de que el engaño era parte de la guerra.

Y era un poco esquizofrénico porque la sociedad en la vida diaria,

no toleraba el engaño, pero la misma sociedad en la guerra,

promovía el engaño.

El cuartel de Pearl Harbour informa

de un ejército de aviones aproximándose.

En diciembre de 1941 ocurrió lo inimaginable.

Los japoneses atacaron

una base naval de los EEUU en suelo norteamericano.

Fue un punto de inflexión crucial

y trasladó la guerra cerca de Australia de manera peligrosa.

El llamamiento urgente de William Dakin

para enviar un equipo al norte para camuflar

el extremo superior de Australia, fue ignorado.

Él era ya el director técnico

de camuflaje de toda la región australiana,

sin embargo no le tomaron en serio.

Tras el bombardeo de Pearl Harbour, el equipo de camuflaje

tomó la iniciativa de subir allí

y tomar la medida a las vulnerabilidades de Darwin.

Por fin, un buque a vapor cargado

con toneladas de materiales de camuflaje navegó hacia el norte,

pero ya era demasiado tarde.

Los japoneses habían estado planificando el ataque

a Darwin durante meses.

Hubo 235 muertos y 400 heridos.

30 aviones destruidos y ocho barcos hundidos.

Fue el ataque más mortífero que recibió Australia.

Según William Dakin fue un desastre que no debería haber ocurrido.

Dakin era un hombre muy temperamental y expresivo

y no se reprimió de culpar al ejército

y la marina públicamente en los periódicos.

Creía que la destrucción en Darwin podría haberse reducido

si los militares se hubieran tomado en serio el camuflaje.

El fin de la II Guerra Mundial significó el final de una era

para los artistas del camuflaje,

que volvieron a sus estudios continuando

donde lo dejaron lo mejor que pudieron.

Tras los seis años de catástrofe global,

¿cómo iban a responder los artistas?

¿Cómo podía alguien escribir poesía tras Auschwitz?

Esa crisis existencial

sobre lo que significaba ser un individuo creativo,

fue catastrófica en muchos sentidos para los artistas.

Hizo que muchos de ellos produjeran obras deprimentes y,

en muchos aspectos,

eran una continuación de la violencia

que había rodeado a muchos de ellos en la guerra.

Tras la II Guerra Mundial,

los militares habían dado la espalda a los artistas

y tomaron el control del camuflaje.

La pintura y las brochas,

los señuelos y los tanques ficticios no eran rivales de los radares,

los sonares y la vigilancia por rayos infrarrojos.

Una nueva tecnología desenfrenada estaba de nuevo cambiando la guerra.

Los pintores no tenían ningún papel que jugar y eso llevó a científicos

y diseñadores a una nueva interfaz

para crear las innovaciones más extraordinarias.

La ciencia y la tecnología

lideraban ahora la carga en la guerra moderna.

El camuflaje, en manos de los científicos militares,

sufrió una metamorfosis.

Las formas orgánicas redondas dieron paso a pequeños cuadrados pixelados.

Me encuentro mucho con la observación

de que el camuflajeno es ciencia aeroespacial,

que cualquiera puede ver si el camuflaje está bien

o si va a funcionar.

Eso no es verdad. Es una combinación de psicofísica, biofísica y óptica.

Si dibujas algo en una hoja de papel como hace un diseñador de moda,

es probable que no funcione.

Cada conflicto nuevo produjo nuevas innovaciones

en ocultamiento y engaño.

No había espacio para el arte en estas zonas de combate

de alta tecnología.

¿Y qué les ocurrió a los artistas que despidieron del trabajo

de camuflaje tras la Segunda Guerra Mundial?

La respuesta está en los vibrantes años sesenta.

Entre la agitación social y política de la época,

los artistas hicieron los primeros disparos en una contraofensiva

para reclamar el camuflaje para el arte.

El italiano Alighiero Boetti de Italia,

enmarcó un fragmento del primer tejido de camuflaje del mundo,

“telo mimetico”, haciendo un corte de mangas al ejército italiano.

Sólo hizo falta un paso para que un artista lo pusiera en un marco

y dijera: “esto puede haber sido útil alguna vez,

puede que se haya usado alguna vez

para esconder a alguien de la violencia, pero miradlo ahora.

Ahora tiene propiedades estéticas propias. Disfrutadlo como lo que es”.

El representante norteamericano del arte pop fue un paso más lejos.

Decidió tomar el modelo de los bosques norteamericanos,

adaptar el tamaño del diseño

y transformar los colores en algo más loco, colores más de tipo pop.

La moda se unió a la refriega y ya en los años 90,

los excedentes del ejército habían pasado de la calle a la pasarela.

Supongo que soy un camuflador

y un proveedor de camuflaje con una intención muy fuerte

de cambiar el valor simbólico del camuflaje y hacer que la gente

entienda que esto pertenece al dominio de los historiadores

de la naturaleza y los artistas y no es propiedad de los militares.

Con las compuertas abiertas,

muchos artistas se reapropiaron del camuflaje,

elevándolo a arte de primera clase.

Tras reclamar su creación,

los artistas incluso empezaron a camuflarse ellos mismos.

El artista chino, Liu Bolin, es el hombre invisible.

Se pinta a sí mismo al fondo pero no es completamente invisible.

La primera impresión de la obra de Liu Bolin es que se trata de estar

escondido y sin embargo transmite muchas cosas en varios niveles.

Es muy inteligente.

Se trata de la invisibilidad de los artistas en la sociedad

y también de la falta de individualidad de muchos de nosotros.

¿Cómo nos aseguramos de que no desaparecemos al fondo?

Así que es una forma de camuflaje, pero es un tipo de camuflaje social.

Hoy en día, mientras el siglo XXI teme al terrorismo

y el enemigo interior alcanza estados de agitación extrema,

ha llegado la hora de desarrollar nuevas formas de camuflaje.

Adam Harvey es un artista rebelde

que trata de ocultarse en un mundo de vigilancia intensa.

Utiliza tecnología por ordenador

en su trabajo para engañar al software de reconocimiento facial.

Cada vez se utiliza más la cara como una huella en público

y no es una buena idea pasear por ahí mostrando a todo el mundo

un identificador único que pueden

utilizar para acumular datos sobre ti.

En su última incursión,

Adam Harvey está intentando burlar a los sistemas de detección

de imágenes térmicas e infrarrojas con una capa de camuflaje.

¿Un chubasquero francés futurista, quizá?

Hice algunas investigaciones,

se me ocurrió que había unos tejidos con láminas de metal

que suministran una barrera térmica

y luego trabajé con un diseñador de moda aquí,

en la Ciudad de Nueva York,

para diseñar prendas que mostraran la tecnología de un modo conceptual.

Todo lo que está debajo va a estar oculto,

porque el calor corporal va a reflejarse

en ese tejido con láminas de metal.

Adam Harvey tiene un rival en la contienda

por el camuflaje de vanguardia.

Guy Cramer se ha convertido

en uno de los mejores diseñadores de camuflaje militar del mundo.

No sé dibujar un muñeco de palitos que valga la pena,

pero puedo diseñar prendas de camuflaje en un ordenador

con una serie de ecuaciones gráficas y programas y utensilios para pintar

y lo que sea, sin ningún problema.

Un ex campeón de “Paintball”, Cramer fue un héroe insólito.

Nada impresionado con el camuflaje existente,

se dispuso a ganar al ejército en su propio juego.

Subí algo a Internet diciendo,

“mirad lo que puedo hacer con un programa de gráficos

de cien dólares y dos horas de trabajo y el Rey de Jordania hizo

que su primo me llamara y me dijera:

“¿Quiere diseñar para nosotros?”

Así empezó mi carrera y cuatro millones de uniformes más tarde,

aquí estamos.

Me encanta este diseño. Es el mejor.

Más de un millón de soldados en una decena de países

llevan uniformes de camuflaje de Guy Cramer.

Ha desarrollado doce mil diseños usando algoritmos matemáticos.

Es un Abbott Thayer de los tiempos modernos y está salvando

la brecha entre la ciencia y el arte.

Ser un camuflador es un proceso artístico

en el que esas técnicas artísticas para lograr lo que hicieron

en la I y en la II Guerra Mundial

y por ello, ya no es una forma artística subjetiva.

Es algo que está en gran medida basado en la ciencia,

pero el aspecto artístico es algo crucial porque si no es

un camuflaje agradable estéticamente,

el usuario final no va a querer ponérselo.

Como Maxwell Smart.

Guy Cramer también está en busca de lo definitivo en camuflaje:

la invisibilidad.

Hemos desarrollado una tecnología

que se ve en las películas de “Depredador”

o en la capa de “Harry Potter” de la que habla todo el mundo.

Con lo que él llama “una capa de ocultamiento quántico”,

afirma que puede hacer desaparecer a una persona.

Déjame que cierre algunos programas. No quiero que mire nadie.

Eso me incluye.

Pero hay un problema.

Es tan alto secreto que nadie tiene permiso para verlo.

Esta máquina utiliza rayos equis, ultravioletas y alfa, beta y gamma.

Estuvimos investigando lo que se había hecho con la luz,

con las partículas de luz y las ondas luminosas y, por accidente,

descubrimos este material.

De hecho, fue capaz de hacer desaparecer a nuestro gato

y luego lo mejoramos y ahora hace desaparecer a una persona.

Lo he visto, pero no puedo hablar de ello.

En realidad, la idea de una capa de invisibilidad es imposible.

Para mis críticos que piensan que no hemos descubierto nada,

que sólo estamos vendiendo humo, saldrá y saldrá a lo grande.

¿La historia del camuflaje,

la singular colaboración entre la naturaleza,

los artistas y los militares, ha cerrado el círculo?

No importa cuánto aporte la ciencia,

al fin y al cabo, sigue siendo una forma de arte.

Puedes inventar drones, puedes inventar capas de invisibilidad.

Puedes inventar todas las cosas que quieras.

En cuanto desarrollemos una forma nueva y muy efectiva de camuflaje,

sea cual sea la tecnología,

no pasará mucho tiempo antes de que avancemos y desarrollemos otra

y no parece ser un proceso al que se le vea un final.

La tecnología se está desarrollando a un ritmo tan rápido

que tal vez para cuando esa tecnología esté preparada,

ya hayamos descubierto el modo de que no haya ninguna guerra.

Documenta2 - Dazzle. La historia oculta del camuflaje

51:41 19 mar 2019

Este documental sobre la historia de camuflaje descubre un mundo de diseño, donde el arte, el cubismo, sepia y buques de guerra chocan, y que se inicia a finales del siglo XIX. A raíz de la Primera Guerra Mundial, se utilizará con fines militares.

Contenido disponible hasta el 26 de marzo de 2019.

Histórico de emisiones:
14/09/2017
06/09/2018

Este documental sobre la historia de camuflaje descubre un mundo de diseño, donde el arte, el cubismo, sepia y buques de guerra chocan, y que se inicia a finales del siglo XIX. A raíz de la Primera Guerra Mundial, se utilizará con fines militares.

Contenido disponible hasta el 26 de marzo de 2019.

Histórico de emisiones:
14/09/2017
06/09/2018

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