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Para todos los públicos Dime qué fue de ti - 22/08/16 (1) - ver ahora
Transcripción completa

Cuando te preguntan: "¿Querrías volver a ver a una persona?"

No necesitas que sea de tu familia,

hay veces que hay una comunicación entre personas...

No sabes por qué, pero que existe.

-Un afecto que puede tener un profesor

a un alumno que promete.

-Yo veo ahora a Rocío, que está tan estupenda

y digo: "¿Cómo serán sus niñas? ¿Cómo estarán?"

De pronto, nace un niño al lado

y me despierta un sentimiento...

de una palabra que yo no sabía que existía, que era el amor.

-Yo siempre le tuve cariño, entonces...

Yo pienso que cuando se le tiene cariño a una persona,

el cariño se mantiene para siempre.

(Sintonía del programa)

-Un afecto que puede tener un profesor a un alumno que promete.

Yo siempre le tuve cariño, entonces...

Yo pienso que cuando se tiene cariño a una persona

y es de verdad el cariño, se mantiene para siempre.

Fue mi amor platónico. ¡Ah!

Eso es lo que yo quería saber.

"María busca a un antiguo profesor del Liceo de Barcelona,

con el que compartió momentos muy especiales

cuando ambos eran principiantes

en sus respectivas carreras profesionales.

Él tocaba el piano, ella era soprano.

Podrían haber sido la pareja perfecta,

pero la vida les separó.

Hoy María quiere saber qué fue de su gran amigo y compañero

el pianista Jordi Egea,

aquel que pudo ser su gran amor

y al que perdió de vista hace más de 50 años

en tierras italianas".

Tú, si tuvieras que hacer un balance de tu vida,

de la personal tengo la sensación de que sí,

pero también la profesional, ¿has sido una mujer con suerte?

En mi vida en general, sí,

en cuanto a mi vocación, no tuve suerte.

¿Qué te hubiera gustado, María?

A mí me habría encantado

salir siendo cantante, porque

toda mi vida desde que era pequeñita...

Mi mamá me explicaba que antes de hablar yo estaba cantando.

(RÍE) Entonces...

Siempre, mis juegos eran de ser yo la cantante

y esas cosas.

Vi películas de Mario Lanza,

y yo alucinada con los cantantes de ópera...

Y entonces... pues eso,

empecé a dar la lata:

"Que quiero ser cantante de ópera", no de otra cosa, de ópera.

Para llegar a este punto con 74 años,

hay que partir de una niña al principio sola,

en una familia humilde muy trabajadora.

Eso sí. Tu madre era peletera.

Y tenía que sostener la familia

porque tu padre tenía problemas de salud.

Sí, mi padre en la guerra estuvo en campos de concentración

y yo siempre lo recuerdo

que no estaba bien... del todo.

Siempre tenía como una bronquitis,

y...

Y eso quizá le impidió desarrollar una vida profesional

con más ambiciones y era tu madre

la que debía llevar las perrillas a casa.

La verdad es que quien sacaba adelante la casa era mi madre.

Hasta los nueve años estás sola, como una reina.

Sí... (RÍE) Pero a los nueve...

Y consentida... ¡Bueno! Y mimada.

Y a los nueve llega Joaquim. Sí.

Te pilló así un poco... "¿Para qué viene este niño?"

No, vino...

Lo único es que, claro, como mi madre trabajaba,

pues mi abuela dijo: "Ay, yo no puedo con tanta cosa"...

"La nena me tendría que ayudar", que yo no me acuerdo qué hacía,

pero me sacaron del colegio. Pero la vocación estaba ahí.

Erre que erre. Yo lo que quería era cantar.

Hasta que llegaste al conservatorio

del Gran Teatro del Liceo. ¡Qué vértigo!

A mí me hizo una ilusión enorme.

Lo único es que tenía la presión,

que como en casa éramos modestos,

que tenía que sacar sobresaliente.

"Si no sacas sobresaliente, no continúas".

"María tiene muy claro el precio que tuvo que pagar

para formarse en el canto, su gran vocación.

A su talento natural tuvo que añadirle trabajo duro,

pues su familia no podía permitirse su carrera en el conservatorio

si ella no sacaba sobresalientes.

Los sueños exigen sacrificio,

y María entregó todo lo que tenía para cumplir el suyo".

Tú y yo estamos conversando

porque quieres saber qué fue de una persona

de esa época crucial en tu vida.

Sí, porque cuando vi anunciar el programa,

pensé en un maestro que había tenido yo

que nos acompañaba muchas veces en clases de la profesora.

Era una persona especial para mí,

porque, una, como profesor siempre tuvo... atenciones,

como decirme: "Mira, María, que subo el precio de las clases,

no se lo digas a nadie, a ti no te la subo".

Porque él sabía que yo era de familia modesta.

Y luego siempre me trató con mucho respeto,

pero yo en el fondo

siempre he pensado que había respeto y un poco de tal vez cariño.

Pero aquel cariño de un profesor,

que no sé la diferencia de edad que teníamos,

pero como yo era una cría todos eran mayores que yo.

Pero que podía tener, no sé, cinco o seis años más que yo.

Cuando dices "cariño", ¿por su parte o por la tuya?

Bueno, por la mía fue mi amor platónico.

(RÍE) ¡Ah, eso es lo que yo quería saber!

Era más que cariño.

A mí me habría ilusionado

que me hubiera dado más de la mano, ¿no?

Pero no pasó de eso.

Quiere decir que tú quieres saber qué fue de tu amor platónico.

Sí, porque siempre le he tenido un recuerdo

porque fue muy caballeroso conmigo.

Un afecto que puede tener un profesor a un alumno que promete.

Más o menos.

¿Tú crees que por su parte no había más?

No.

No, porque viéndome,

que todo el mundo del conservatorio

sabían lo coladita que estaba yo por Jorge,

(RÍE) ...me habría podido decir algo.

Y ese algo nunca me lo dijo.

Me parece precioso

que quieras saber qué fue de esa persona

por la que tú sentiste cosas

sin que hubiera esa reciprocidad

en la misma medida que por tu parte. Es muy bonito.

Yo siempre le tuve cariño, ¿no?

Yo pienso que cuando se tiene cariño a una persona

y es de verdad el cariño, se mantiene para siempre.

"Tras su paso por el conservatorio,

María recibe una oferta de trabajo como cantante lírica en Alemania.

Su sueño estaba encaminado, pero su 'manager' acabó con él".

Mira, fue tan desagradable todo...

Fue, te lo aseguro, muy desagradable.

Una decepción.

Pero, bueno, como que me volví a casa

con una depresión tremenda.

Pero no fue una decepción profesional.

Fue una decepción de la forma que me ofrecía aquel "manager"

seguir con mi carrera.

No estaba preparada para afrontar eso.

Tú lo estás contando, eras una niña en el fondo.

¿Qué hiciste? No podía cantar.

¿No podías cantar? No.

Incluso fui a un médico,

y me dijo que lo que tenía era un estado de nervios

que se me había metido en la garganta.

Era un "shock" traumático,

que ahora se diagnostica perfectamente.

Pero que entonces no entendías.

No, es que yo... Pensaba: "¿Qué me pasa?"

María, ¿tú crees que aquel episodio

de intento de abusos o como lo llamemos,

cambió tu vida profesional?

Radicalmente.

Si no hubiera sucedido,

podrías haber estado cantando en cualquier escenario.

Pues como muchas otras cantantes, yo pienso que sí.

Lo que pasa es que eso fue fundamental.

Yo estuve después cuando me volví a casa,

estuve dos años sin abrir la boca para cantar.

Cuando yo siempre estaba cantando.

Estuve dos años sin abrir la boca.

Incluso le escribí a Jorge

y le expliqué un poquito...

Y me tendió una mano, por eso...

Por eso le guardo también afecto,

porque tuvo una deferencia conmigo.

¿Te arrepientes de no haber dado el paso?

No, porque las cosas pasan porque tienen que pasar.

Yo soy un poco quizá pesimista en esto,

pero pienso que...

¿Crees en el destino? Un poquito.

¿Crees que el destino hizo

que en ese momento de tu vida

Jorge no tuviera que estar?

¿Y crees que el destino te puede abrir una posibilidad ahora?

Hombre, a mí me encantaría,

sí que me gustaría poder volverle a ver.

Y en estos momentos ser un amigo, ¿no?

Ha pasado tanto tiempo...

Pero yo no le he olvidado, ¿eh?

Yo no le he olvidado.

Él quizá sí, porque... No lo sé.

¿Y si llegamos tarde?

Pues porque no nos teníamos que encontrar.

Es aquello del destino. El destino.

"Jordi Egea tendría ahora 83 años.

Inicio mi investigación con el miedo lógico

a que la búsqueda de María pueda haber llegado tarde.

Lo primero que hago es ponerme en contacto con el Liceo,

donde me derivan a su propio conservatorio.

Descubro que Jordi aún vive en Italia,

cerca de Roma, y sigue trabajando con su piano.

Desde 1968 estuvo casado con Estefanía,

una actriz italiana que falleció este mismo año

y cuya desaparición ha dejado en Jordi

una profunda huella de tristeza.

Me cito con él en Barcelona para recordar juntos

sus años en el conservatorio del Liceo".

Jordi, te agradezco enormemente que estés aquí en Barcelona,

que es tu tierra. Sí.

Qué alegría encontrarme contigo. ¿Tú de dónde eres?

Yo soy de Madrid. ¡Ah, madrileña!

(CANTA) "Madrileña... (RÍE)

porque Dios ha querido que así lo seas".

A ti te sale la música a la primera.

Oye, la música mía la conozco.

Cuando se dirigen a ti, ¿te llaman maestro Egea?

Sí, cuando era más joven sí,

me llamaban maestro, maestro...

Pero últimamente, estoy convencido,

prácticamente he organizado una familia

entre los que cantan, porque hacemos un poco de opereta,

y me llaman Giorgio solo.

Giorgio, Giorgio.

¿Lograste lo que querías, tus ambiciones?

Sí, lo que quería. Yo no he tenido nunca

ambiciones artísticas ni nada de esto.

Yo he querido siempre trabajar con mi música.

He conseguido esto, tengo todo.

En el 65 te vas a Italia,

empieza toda tu vida profesional.

Allí empezó prácticamente. ¿Y por qué decides quedarte?

¿Qué raíz echas en lo personal?

No, no... encontré trabajo allí...

¿Solo trabajo, Jordi?

Bueno, encontré a mi señora también, me casé con mi esposa,

que ha fallecido ahora en enero desgraciadamente.

(SOLLOZA)

Eh...

En el año 67 conoces a Estefanía.

Te casas al año siguiente... Sí.

Y...

Y ha sido tu compañera durante todo este tiempo.

"Jordi está muy afectado

por el reciente fallecimiento de Estefanía, la mujer de su vida,

con la que estuvo casado casi 50 años.

Confío en que los recuerdos felices que hoy comparto con él

y el reencuentro con María puedan de alguna manera

devolverle la alegría perdida.

A veces es en los momentos más bajos

cuando uno puede encontrar una nueva ilusión".

Yo te he preguntado hace un rato si creías en el destino.

Sí, es que el destino no sabemos nadie lo que es.

Es una cosa muy difícil de dar una respuesta.

¿Cuál será mi destino? ¿Quién lo sabe?

No sabemos nada, absolutamente nada.

Pues tú y yo estamos conversando por un quiebro del destino

y te voy a explicar por qué.

Aunque tú residas en Italia,

y te acuerdes de cuando en cuando de tu época del conservatorio

en ese Gran Teatro del Liceo,

debes conocer que aquí hay personas que te recuerdan continuamente.

Es esto que verdaderamente no lo sé,

porque he perdido el contacto con todos.

Y hay una persona en especial,

hay alguien para quien en aquellos años

en que tú te convertiste...

en maestro, en referente,

en amigo y en cómplice...

para ella...

tú sigues estando presente de alguna manera.

Es probable que esté en alguna de esas imágenes

que tú me has mostrado.

Ella, después de una última carta

que te envió al poco de conocer

que te habías casado con Estefanía, que había fallecido tu madre,

dejó de tener noticias tuyas. Y por eso se pregunta

más de cincuenta años después, qué fue...

de Jordi Egea. (ASIENTE)

Su nombre...

es María. María Sanz.

¡Ah, sí, ahora me acuerdo de esta! Sí, sí.

Una muchacha muy delgadita, muy jovencita.

Sí, sí. ¿Por qué?, ¿está aquí?

¿Tú qué recuerdas de ella, Jordi?

Estudiaba canto, sí...

Pero he perdido el contacto con todos,

no lo sé, qué quieres que te diga.

¿Solo recuerdas que era... una alumna más

o era una alumna especial?

No, cantaba muy bien, tenía una voz de soprano ligera,

cantaba muy bien. Sí, me acuerdo bien.

Pero ¿no ves que habíamos tenido mucho contacto,

aparte de las lecciones...?

Hubo cartas. (SE EXTRAÑA)

Había cartas en aquella época.

Sí, os mandabais cartas. No me acuerdo.

De eso no me acuerdo, la verdad. Os mandabais cartas.

El tiempo que tú estuviste en Italia,

después en Dublín, etc., os carteabais.

E incluso le propusiste que diera el salto

y se marchara a Milán. Sí, me parece que sí, me acuerdo.

Sí, sí, es verdad.

Pero ella me parece que tuvo...

No sé, me parece que tuvo un contacto

con la Alemania...

con un... no era empresario,

Bien, no quiero decir la palabra. (RÍE NERVIOSO)

Que le hacía propuestas muy malas.

¿Ves como te acuerdas? Sí que me acuerdo, sí.

Y tú fuiste muy generoso.

Vivía en Hospitalet, me parece. Sí.

Su padre creó la banda de Hospitalet de Llobregat.

Y tocaba el trombón.

Sí, esto no lo sabía...

Jordi, se pregunta qué ha sido de ti.

"Ecco me".

(RÍE) Si has sido feliz...

Sí, sí...

Si alguna vez te acuerdas de los tiempos del conservatorio

en que ella andaba enamorada platónicamente de ti.

Fue mi amor platónico.

(RÍE) ¡Ah, eso es lo que yo quería saber!

Era más que cariño.

A mí me hubiera ilusionado que me hubiera dado más de la mano,

(RÍE) pero no pasó de eso.

-No lo sabía. (RÍE)

¡Si lo hubiese sabido antes! ¿Hubieras hecho algo?

No lo sé. Ahora no lo sé.

Ahí va el destino, ¿te das cuenta cómo es?

Pero ¿dónde está esta muchacha? Vamos a ver.

¿Quieres verla? Sí.

¿Mucho? Sí.

Quiero verla, sí. ¿Por qué no?

(Música emotiva)

Cuántas emociones, cuántas expectativas,

recuerdos, ilusiones, ganas... entre estas cuatro paredes.

Pues sí.

Nada más hay que pensar que aquí entré

con catorce años...

y fue un lugar donde... (DUDA)

Bueno, había muchas expectativas porque los profesores

me animaban a ello

porque decían que era una fuera de serie

en aquellos momentos.

Tenías todo por hacer. Sí.

¿Y se hizo o se deshizo?

No, se deshizo al final.

Tú quieres saber, María, qué fue de Jordi Egea.

Pues sí... Pero ¿por qué?

Porque guardo de él un recuerdo muy bonito

de una persona que...

Bueno, me trató con mucho respeto,

que era lo habitual de la época, ¿no?

Pero...

No me engañes, no es eso. (RÍE)

¿No? Es más.

Sí, era mi amor platónico.

Pero, bueno, que siempre me respetó,

porque yo era muy jovencita.

Yo no sé la edad que tenía él,

pero sí que era mayor que yo.

Le escribí una carta,

donde otras veces decía "Querido Jorge",

esta vez dije "Amado Jorge".

¿Qué decía esa carta, María?

Me acuerdo perfectamente,

porque es que se me quedó clavado en la mente.

Pues decía que me había enterado por Míriam

de la desgracia de su madre

y que se iba a casar.

Y que le deseaba

de todo corazón

que esa chica con la que se casaba

le consolase de la pérdida de su madre

y le diera todo el amor que yo le hubiera dado.

¡Le dijiste eso! Sí.

A esa carta no me contestó. (RÍE)

Claro. Es que yo tardíamente le dije lo que sentía.

Te declaraste.

Sí, en cierto modo sí.

Yo pienso que...

si hubiera pasado lo peor, yo creo que él lo hubiera sabido.

O no. O no.

No lo sé.

(Música esperanzadora)

Quiero que me digas...

si esta es la persona de la que tú y yo estamos hablando.

Yo diría que sí.

María, yo sí sé qué fue de Jordi.

¿Qué pasó?

Tú, un día,

hace muchos años no hiciste un viaje por miedo.

Sí.

Pero como crees en el destino,

te toca afrontar ese viaje otra vez.

Pero sola. Suerte, María.

(Música emocionante)

¿Tú eres la María Sanz?

-Sí. -¡Mi vida!

(ININTELIGIBLE)

"Com estàs?"

-"Tenim que parlar en castellà, m'han dit, eh?"

(RÍE) "Ah, quina alegria tinc a veure't!"

(LOS DOS RÍEN)

-"Ha passat tant de temps, eh?" -Pues sí.

-"Senta, senta".

Hemos cambiado un poquito, ¿no? -Sí.

Los años pasan para todos.

-Sí. Y mientras vayan pasando, ¿no? -Sí, sí, sí.

Bueno, ¿cantas todavía o no?

-Muy poquito. -¿Ah, sí?

-Sí, muy poquito. Pero explícame, ¿qué es de tu vida?

-Mira estoy aquí, la he vivido.

-Pero ¿tú vives aquí?

-No, yo vivo en Guidonia, en Roma.

-Ah... -Sí, me he quedado allí...

Tengo la casa allí

y todavía tengo el ambiente allí y me quedado allí. Sí.

-Pero ¿no vienes por Barcelona? -Sí, alguna vez.

-Pues cuando vuelvas a venir me tienes que llamar

y nos vemos un poquito -Sí, me das tu teléfono, por qué no.

Porque prácticamente aquí me ha quedado solo mi hermana

y sus hijas.

Y los hijos de las hijas. Y basta, no tengo nada más.

(MARÍA) No sé, he tenido una emoción muy fuerte.

No me esperaba encontrarme con el maestro

en estos momentos.

(JORDI) -Una sorpresa dentro de una sorpresa, digámoslo así.

Y, no, verdaderamente una emoción.

Después de tantos años, oye, ves a una persona...

¿Qué quieres que te diga?

Es difícil expresar estas cosas, muy difícil.

Si algo ganamos con los años es seguridad.

El hecho de cumplirlos nos permite hacer que se borren los tópicos,

que ya no tengamos miedo.

María ha mostrado una enorme valentía

contándonos quién era su primer amor,

ha sacado eso que guardaba desde hace tantísimo tiempo

y no le ha importado que lo sepan sus hijas

que las personas que la conocen estuvieran al tanto

de ese enamoramiento que vivió cuando era una cría.

No importa de verdad que no haya reciprocidad

en ese sentimiento.

Da la sensación de que Jorge no sentía lo mismo,

sin embargo Jordi, Jorge, ha sido tan generoso

que ha venido a España, se ha reencontrado con ella,

le explica que ha pasado en su vida desde hace 50 años

y ha encajado ese encuentro con una sonrisa.

Vivan los años, me encanta cumplirlos.

"El afecto de María hacia Jordi

se ha mantenido intacto durante décadas.

La admiración de una alumna hacia su maestro,

un amor platónico que ha llegado hasta nuestros días.

Y si hablamos de amores eternos, sin duda,

es el de madre el que se lleva la palma.

Sandra sabe bien lo que ese amor exige

y busca a Toñi, su compañera en los meses

en los que su hija luchaba por sobrevivir

tras un parto prematuro".

Yo veo ahora a Rocío, que está tan estupenda,

y digo: "¿Cómo serán sus niñas? ¿Cómo estarán?"

Sandra y Toñi se conocieron

en el hospital Materno Infantil de Granada.

Las dos fueron madres de bebés prematuros,

una dura situación que les unió muchísimo.

Durante los meses de hospital se forjó algo más que una amistad,

unos lazos que las mantendrían unidas el resto de sus vidas.

Hoy Sandra quiere saber

qué fue de Toñi y de sus dos pequeñas,

a las que no ha vuelto a ver después de ser dadas de alta".

Te llamas Sandra, tienes 34 años,

y eres de Atarfe, un pueblo de Granada.

Estas casada con José Joaquín.

El vuestro fue un amor muy moderno, ¿no?

Sí, nos conocimos por internet. Chateando.

Pero fue hace muchos años, en el 2002.

Él estaba haciendo Empresariales

y tú, Educación Especial. Y ahí empezasteis a salir,

os casasteis y en ese afán de ser padres te quedas embarazada.

¿Y qué pasa cuando estabas a punto de cumplir la semana 25?

Bueno, pues tuve una infección

que no fue tratada a tiempo

y me puse de parto.

Estamos hablando del Materno Infantil de Granada.

Es un hospital especializado en casos como el tuyo.

Que me digas que no habían tenido un caso tan prematuro

todavía indica de una forma más clara

la gravedad que tenía tu embarazo y tu parto.

Lo que me dijeron fue que teníamos que esperar 72 horas

a ver cómo evolucionaba el bebé.

Y ya a partir de ahí empezar la lucha o no.

Era difícil, no estaba en manos de nadie.

Ellos iban a poner todos los medios necesarios

para que la niña saliera adelante,

pero que no me podían dar esperanzas.

Entonces, difícil.

¿Qué pronóstico te dijeron?

Grave, muy grave.

A lo mejor no pasaba de esa noche. ¿Tú la viste?

No, esa noche no pude verla hasta el día siguiente.

Ya me pusieron en una silla de ruedas

y me llevaron...

Y solo pude verla, ni siquiera pude tocarla.

No la toqué hasta los tres o cuatro días.

No pude tocarla.

Y darle un beso, hasta el día nueve. Los tengo contados. (RÍE)

"Sandra tuvo que ser anestesiada durante el parto,

y sabedora de la gravedad, al despertarse

tenía dudas de que su hija estuviera viva.

Problemas respiratorios impidieron que la viera hasta las 72 horas,

y desde entonces vivieron una lucha constante

para superar todos los problemas de salud que se sucedieron".

¿Cuántas madres como tú estabais mirando a vuestros hijos

pidiendo al cielo, al universo,

a Dios, en lo que uno tuviera fe, que estos niños salgan adelante.

Estábamos en una sala de madres lactantes

y estábamos alrededor de... entre siete y diez.

Pero siempre se hace "feeling" con alguna mamá

que está más cerca o que están allí siempre.

Por eso estamos hablando tú y yo, porque quieres saber

qué sucedió con una de esas madres llamada Toñi,

y, en especial, qué fue de sus dos niñas.

Eso.

Porque yo veo ahora a Rocío, que está tan estupenda

y digo: "¿Cómo serán sus niñas? ¿Cómo estarán?"

¿Quién era Toñi?

Pues Toñi era una mamá que tuvo dos niñas

y también estuvo en la unidad neonatal.

Gemelos. Y coincidíamos en el lactario,

donde nos sacábamos leche.

Entonces yo siempre estaba con ella de broma:

"Tú siempre te sacas dos biberones enteros para ella

y yo con Rocío me saco muy poco". "No sé cómo lo haces".

"Toñi fue madre de gemelas también prematuras

como Rocío, la hija de Sandra.

Su compañía se vuelve imprescindible para Sandra

y ambas se apoyan mutuamente en las largas horas de espera

con el alma en vilo por la salud de sus hijas".

¿Cuándo es la última vez que tienes noticias de Toñi?

En el 2010, cuando las bautizó,

que me mandó la foto.

Y perdí...

No sé por qué, hice mudanza en mi casa...

No me acuerdo que pasó... No sé nada de ella.

Es decir, Toñi es una persona que se cruza contigo

durante un tiempo corto en tu vida,

pero en unas circunstancias que os hacen hermanaros.

Sí. ¿Por qué? Porque sois madres

de criaturas que han tenido un parto prematuro,

que viven situaciones difíciles, muy complejas

y que en el fondo sois mujeres solas frente al mundo.

En ese escenario...

nace algo único que no se va a olvidar el resto de la vida.

Ha llegado el momento de preguntarnos eso:

¿Y qué fue de esas otras dos niñas?

Eso. De Inmaculada y María José.

"Para buscar a Toñi y a sus hijas tengo mucha información.

Sé que vive en Córdoba, conozco sus dos apellidos

y que dio a luz en el hospital Materno Infantil de Granada.

Tras un par de llamadas y una visita al registro,

localizo a Toñi en su pueblo, Montalbán.

Ella se cita conmigo sin saber el motivo

por el que me he puesto en contacto".

(Música agradable)

Antes de nada, gracias, Toñi,

por el tiempo, por el rato, por el viaje,

porque vives en Montalbán, Córdoba. Sí, correcto.

Allí resides junto a tus padres y a tus dos pequeñas.

María José e Inmaculada.

Valentía la tuya, la de ser madre.

Por una parte es que era el deseo que tenía,

entonces para mí eso ha sido lo más grande.

Lo más grande.

¿El hecho de tener cerca a tus padres fue decisivo?

Sí, claro, sin ellos no habría podido hacerlo.

Mis padres y mi hermana

son lo más grande que he tenido hasta que han venido ellas también

y han sido mi apoyo

y sin ellos no habría podido hacerlo.

¿Qué edad tenías entonces? Tenía 38 años ya.

Fecundación artificial. Sí, artificial.

El riesgo de gemelos estaba ahí.

¿Cuándo empiezas a tener problemas en el embarazo?

En el quinto mes, cuando me hacen la eco-doppler

y detectan que, bueno...

el crecimiento de una de ellas no va como tiene que ir.

¿Una iba bien y la otra no?

Una estaba en la parte de arriba y la otra en la parte de abajo.

Entones el alimento, la de arriba decía que no,

que la de abajo. Y la de abajo tiraba del alimento

y era un 80% lo que se llevaba y la otra, un 20%.

Entonces me dijeron que había un retraso intrauterino.

Con poco más de cinco meses de gestación,

a Toñi se le diagnostica un embarazo de alto riesgo

y la derivan al Materno Infantil de Granada,

un hospital con mucha experiencia en casos como el suyo.

Durante un mes y medio

estuvo yendo y viniendo desde Córdoba a Granada día sí y día no.

En su sexto mes de embarazo

las niñas entraron en paro cardíaco y los médicos

se vieron forzados a provocarle el parto.

Las dos hijas de Toñi tuvieron que ser reanimadas

nada más nacer y durante dos meses vivió con ellas en el hospital

en medio de una gran preocupación.

Estoy viendo a tus dos niñas durante el tiempo del hospital,

pero no sé qué ha sido de esas niñas ahora.

Uf, pues están hechas dos leonas. ¿Tienes una foto?

Tengo aquí varias cositas. Enséñamelas.

Porque esto es que es por etapas.

Tienen ya seis años. Sí, seis años.

Mira tú aquí lo que hay,

desde el principio, este es el bautizo.

Este es el bautizo. Este es el bautizo.

Ahí tenían cinco meses ya.

Eso fue el mismo día del cumpleaños de su abuela.

Qué guapas son.

Tienes toda su vida en imágenes,

qué barbaridad.

Me he guardado esta foto

porque me resulta muy familiar.

(Música emotiva)

¿Habéis contactado con alguien?

No.

No sé a través de quién...

Tú y yo estamos hablando

porque alguien me ha entregado esta fotografía.

Alguien

que desde hace seis años

no deja de preguntarse qué fue de estas dos niñas.

No me digas.

Dice que te envidiaba porque tenías mucha leche

y ella no tenía ninguna.

¡Ay, mi Sandra! Sandra.

Sandra, la mamá de Rocío

se pregunta qué ha sido de ti y de tus hijas.

Qué fuerte, madre mía.

(Música emotiva)

¿Qué tal? Bien.

Muy bien, sí.

Tú y yo nos hemos conocido porque quieres saber

qué fue de una mamá

de niñas prematuras como la tuya, como tu Rocío

con quien coincides en el hospital Materno Infantil de Granada.

¿Y por qué es importante para ti?

Bueno, pues un poco para compartir mi felicidad con ella.

Y que ella comparta la suya conmigo,

porque supongo que si le dieron el alta y las niñas iban bien

estará feliz.

Y quiero saber un poco de ella y retomar el contacto que perdí.

Sandra, yo sí sé qué fue de Toñi.

Creo que estos seis años han sido años,

a pesar de lo que habías combatido, llenos de felicidad.

Que os reportan muchas cosas a las dos,

a la madre y a la hija, y, por supuesto, a su padre.

Pero ha llegado el momento de que conozcas la suerte

de Toñi, de Inmaculada y de María José.

Vale. No obstante, no puedo acompañarte

en esa averiguación.

Tienes que hacerlo sola, así que suerte.

¿De acuerdo? De acuerdo.

(Música emotiva)

(RÍE ILUSIONADA) ¡Toñi!

-¡Sandrita!

(SE BESAN)

-Te he echado de menos. (SANDRA RÍE CONTENTA)

(Sollozo)

-Cuánto te he echado de menos, de verdad.

-Qué guapa estás. -Tú sí que estás guapa.

-¿Qué tal Rocío? -Muy bien.

-Me alegro un montón, no sabes cuánto.

No sabes cuánto. -¡Ay, mi Toñi!

Que sepas que no he estado en contacto contigo

porque perdí todos los contactos del móvil

y todos los contactos del ordenador.

Yo no sé qué porras hice,

pero no sabes lo que me he acordado de ti todo este tiempo,

de verdad, día a día.

Cómo me alegro de que hayas hecho esto... imposible hija...

Porque vaya tela.

Era una de las cosas que tenía atrás

y lo han hecho realidad, o sea que, perfecto.

¿Cómo estás? Cuéntame, ¿y tus niñas?

-Yo muy bien, gracias a Dios. -¿Y las niñas?

-Bien, perfectas. -¿Cómo son? Cuéntame.

(RÍE) Pues mira, son...

Son increíbles, desde luego.

No te puedes hacer ni una idea de lo que son.

-He conseguido todo lo que quería.

No necesito nada más

en esta vida, lo tengo todo.

(RÍE CONTENTA)

"Las circunstancias límite unen muchísimo a las personas,

incluso cuando antes no se conocían de nada,

incluso cuando se vuelven a perder la pista el resto de sus vidas.

Pero hay algo que les hace estar unidos,

a pesar del tiempo.

Estas dos madres luchadoras

están presentes en el recuerdo, la una y la otra.

Toñi y Sandra, ¿cómo no van a tener un nexo importantísimo

cuando son madres que están peleando

para que sus hijas salgan adelante

y sus hijas siguen luchando para sobrevivir.

Claro que se recuerdan, claro que esas son niñas milagro,

y claro que ese abrazo sale de dentro.

Qué alegría volver a saber la una de la otra.

"El amor de una madre puede mover montañas.

¿Qué tienen esas personitas, esos bebés,

que son capaces de despertarnos sentimientos desconocidos.

Milagros, la protagonista de nuestro siguiente caso,

conoció lo que era el amor siendo una niña,

el día que le pusieron el bebé de sus vecinos en los brazos.

Hoy, 45 años después,

busca al adulto en que se convirtió ese bebé

para hacerle su heredero".

(Música emotiva)

Pues yo quisiera abrazar

de manera de tener un sentimiento

como el que nació cuando nació Adolfo

de abrazar a esa familia por sentir otra vez

esos sentimientos tan bonitos que yo recuerdo,

que nacieron.

Me encantaría decirle, no sé...

"Gracias por existir".

Somos sentimientos y emociones y sensaciones.

"Milagros busca a sus vecinos de la infancia.

Siendo la mayor de cuatro hermanas, encontró arraigo en Baena, Córdoba,

adonde trasladaron a su padre, guardia civil,

y allí pudo conocer a la familia Carmona,

los vecinos, también con un padre guardia civil,

que le descubrieron lo que era un hogar alegre y con amor.

Un nuevo destino para el padre de los Carmona

les separó hace 45 años,

pero Milagros jamás ha olvidado a su otra familia,

y no hay día en que no se pregunte qué fue de ellos,

en especial de Adolfo, el pequeño de la familia,

al que ella casi cuidó como una segunda madre".

Me parece apasionante tu trabajo.

¿Te gusta? A mí también, muchísimo.

Eres profesora monitora de Taichí...

De Taichí y de Chi Kung,

técnicas de relajación, rehabilitación muscular...

Es un camino...

consciente de crecimiento.

Y constante. (RÍE)

Sí, pero digo consciente en el sentido

de que el ser humano en la evolución de la vida

tiene que crecer a base de experiencias, pero en tu caso

hay una apuesta certera para estudiar.

Por qué y cómo sentimos. Y para estudiarme.

¿Para estudiarte a ti? Sí, siempre empiezo desde mí.

Siempre empiezo desde mí.

Porque lo interno va sacando todo lo externo.

Entonces me estudio yo, estudio para mi bienestar,

estando yo bien todo a mi alrededor está bien.

¿Cómo llegaste a las terapias orientales?

No sé si es correcto decir terapias orientales,

o terapias de autoconocimiento. Sí, orientales.

Pues estuve un tiempo malita

y como una técnica de rehabilitación un amigo mío que es médico

me dijo que era algo maravilloso.

Porque movías todos los músculos,

se recuperaban, y yo como lo había perdido

pues me dijo una frase...

que el que hace estas técnicas todos los días, siete minutos

recupera la flexibilidad del niño,

la fuerza del leñador

y el espíritu del sabio.

Y yo dije: "Aunque me toque la mitad, yo me apunto a esto".

¿En qué punto de tu vida estás?

Estoy en la mitad, me queda mucho.

Está muy bien. Estoy en la mitad.

Voy aprendiendo cada día.

"Hija de guardia civil, la infancia de Milagros

fue un ir y venir de cuartel en cuartel.

Es en Baena donde su familia consigue cierta estabilidad

y donde nuestra protagonista encuentra el amor familiar

entre sus vecinos, los Carmona".

Porque tú quieres saber qué fue de una familia.

De algún miembro de esa familia de una forma más especial,

vamos a contar el motivo de esa búsqueda.

Pero esa familia significó en tu vida

en un periodo de tu infancia algo muy importante.

La palabra "familia".

Tú lo has dicho. ¿Quiénes eran?

Pues eran vecinos como se llevaban antes,

que más que vecinos eran familiares.

Y siempre estaban las puertas abiertas,

yo estaba siempre en casa de Ana

y de Carmona.

Porque nosotras éramos cuatro hermanas

y ellos, cuatro hermanos.

Entonces, más o menos de la misma edad prácticamente.

Las edades ahí se me pierden en el tiempo,

se me pierde un poco todo, pero la esencia la tengo en mi corazón.

Y es la sensación que me despertó

el niño cuando nació, Adolfo, que se llama Adolfo.

Y me despertó un sentimiento que yo no conocía.

No lo había vivido en mi entorno, no lo había vivido en mí, nada.

Y de pronto nace un niño al lado

y me despierta un sentimiento...

de una palabra que no sabía que existía que era el amor...

Y que yo quería protegerlo y amarlo,

aunque yo no sabía esas palabras, pero el sentimiento me tiraba.

Jugaba, lo apretaba, lo quería...

Era algo especial.

Me despertó un sentimiento que yo no conocía.

Tú tenías tres hermanas menores que tú.

¿Ese sentimiento no te lo habían despertado ellas?

Pues, sí... lo que pasa es que cuando...

Yo era como el perro guardián de que no les pasara nada.

De que si llovía no fueran mojadas,

de que no les pegara ninguno...

De hecho una vez les pegó uno y madre mía...

Yo siempre era la que era defendiendo,

entonces no te desarrollas emocionalmente,

sino proteger, que no les pase nada.

Llevarlas al colegio, pagar el colegio...

Ya lo entiendo, esa familia tuya,

como eras la mayor y ocupabas un papel

a lo mejor excesivo para una niña,

era una familia en la que tenías que desarrollar un control,

una autoridad, pero no había calor humano.

Y descubres el calor humano en los vecinos.

Claro, yo veo que allí hay un sentimiento

que yo no había visto.

Y entonces pues...

aquello me impactó un poco.

Estás descubriendo el mundo, te estás descubriendo a ti.

Y descubriendo tu familia y descubriendo todo.

Eres una exploradora y...

Quizá el momento, me aventuro,

el momento en el que tú sientes raíz...?

Fue en Baena. En Baena, en Córdoba.

En aquella casa cuartel cuyos vecinos eran...

Era la familia Carmona,

que su madre se llamaba Ana, no sé si estará viva.

Ojalá sí, me encantaría verlos.

Y tiene un hermano que se llama Joaquín,

el mayor era José Luis, pero al mayor no lo recuerdo mucho

porque se llevaba muchos años con nosotros.

Pero sí de Joaquín, de Manolo, que era más o menos de mi edad.

Fuimos novios siete minutos...

(RÍE DIVERTIDA) ¡Me encanta!

"A la familia Carmona llega un bebé, Adolfo,

que en seguida se convierte en la compañía favorita de Milagros.

Lo pasea, cuida de él, va con ella a todas partes.

Para Milagros, el amor es Adolfo Carmona,

y aún hoy se emociona cuando piensa en él.

Milagros, ¿qué tenía la familia Carmona que no tenía tu familia?

Normalidad.

Normalidad. ¿Y eso qué es?

Sencillez. No había odio, ni rencor, ni había malas caras,

ni malas palabras, no había nada de eso.

Milagros, tú abrazabas a tus padres...

Yo no, nosotros nunca nos hemos abrazado.

¿No había un contacto físico? No, ni de besos, ni de abrazos.

Yo recuerdo que una vez Ana me dijo:

"¡Qué guapa eres!"

Y me voy corriendo:

"Mamá, ¿tú por qué nunca me has dicho guapa?"

"Te lo tienen que decir las demás, yo no te lo tengo que decir".

Y: "Mamá, los vecinos les dicen a sus hijos que los quieren".

Esas palabras que a lo mejor parece una chorrada,

yo iba descubriendo palabras fuera

que yo no las había oído.

"Te quiero" o "Qué bonita eres",

o un achuchón o un beso.

Eso no existía antiguamente, por eso yo no culpo a nadie,

porque yo en su situación hubiese hecho igual.

No me llegas a decir por qué ahora.

Sí, porque, mira, me divorcié hace...

Soy felizmente divorciada.

Y de pronto pones todo sobre la mesa.

Y dices: "Voy a arreglar estos papeles".

Me quedo con esta casa, me quedo con la otra,

me compro una cochera...

Voy al notario, me hago amiga; yo me hago amiga de todo el mundo,

y me dice el notario:

"Tendrás testamento". Digo: "No, no tengo".

Dice: "Que 15 años no tienes". Digo: "¡No me digas eso!"

Estás comprando cosas

y lo estás arreglando todo, ¿por qué no arreglas esto?

Y digo: "¿Yo a quién le dejo esto?"

Dice: "Tendrías que hacer testamento".

Digo: "Yo qué sé, eso me lo tengo que plantear".

Y me siento y empiezo a pensar:

Y empiezo a pensar, vuelvo atrás, atrás, atrás.

Y me acordé de Adolfo, veo el número de televisión

llamo y digo: "Bueno..." ¿Qué le dirías a Adolfo?

¡Ay, mi niño, yo qué sé!

Me gustaría abrazarlo recordando aquel niño,

pero ya es un hombre tan hombre

que estaríamos frente a frente

casi sin distinguir la edad.

Porque yo era tan chica...

Pero en mi corazón existe ese niño,

no existe Adolfo como hombre.

Pero como lo siento como parte de mi familia,

esa prolongación de mi familia...

Abrazar de manera...

de tener un sentimiento como el que nació

cuando nació Adolfo.

De abrazar a esa familia por sentir otra vez

esos sentimientos tan bonitos que yo recuerdo,

que nacieron...

Me encantaría decirle, no sé, "Gracias por existir".

"Para buscar a Adolfo,

el destinatario de la herencia de Milagros,

cuento con el dato del servicio de su padre como guardia civil.

Tras unas cuantas llamadas y averiguaciones,

descubro que los padres de los Carmona han fallecido,

pero localizo a uno de sus hijos, Manolo, en El Ejido.

A través de él, encuentro también a Adolfo,

en Nerja, Málaga.

Me cito con ellos para darles la noticia de que Milagros,

aquella niña a la que conocieron en Baena,

nunca les ha olvidado.

Manuel y Adolfo Carmona.

Qué ganas tenía de veros.

Gracias. -Gracias.

Gracias por venir a esto que ha sido vuestra historia,

este paisaje, las calles de Baena.

No sé, supongo que habrá muchos recuerdos, ¿no?

Claro, la niñez.

La niñez.

Diez años nos hemos tirado en Baena.

-Yo nací aquí, en el año 63.

¿Guardas en tu memoria, anécdotas...?

Sí, algunas. Instantáneas, imágenes

de esa casa cuartel.

Del cuartel recuerdo cosas graciosas.

-En el 63 nació.

Porque era uno de los más pequeños en el cuartel.

Y como suele pasar, las bromas las hacían conmigo.

También los mimos, supongo, como eras el más pequeño

serías arropado por la familia y por los vecinos.

Y por la hija de los compañeros de mi padre.

Por la hija de los compañeros, ¿las hijas?

Las hijas, yo recuerdo que me llevaban incluso al cine

o al parque, un parque precioso.

Hijos de guardia civil,

vosotros en la familia también lo habéis sido.

(AMBOS) Sí.

Menos tú, el resto de los hermanos.

Pepe Luis, Joaquín y yo. Los tres.

Se lleva en la sangre. Sí, sí.

¿Y qué fue de vuestro padre?

Mi padre ya falleció. Falleció en Almuñécar,

en el año 96.

Mucho tiempo. ¿Y vuestra madre, Ana?

Ella murió en el 2004.

También de enfermedad.

También ya con 79 años que tenía.

"En compañía de Manolo y Adolfo

voy conociendo la historia de su familia,

la parte que Milagros desconoce y no podría contarme.

Menos Manolo, todos los hermanos han seguido los pasos de su padre

en la Guardia Civil.

Me alegra ver que ellos también se acuerdan de Milagros

y no puedo esperar más a ver su reacción

cuando sepan que es ella quien les busca".

Voy a explicaros algo.

Hay una persona...

de vuestra vida, de esa infancia,

que lleva 45 años

preguntándose eso que yo os he trasladado ahora.

Qué fue de vosotros.

Y esa persona...

es ella.

Esta es Milagros.

¿Puede ser?

Yo qué sé, por la pinta, Milagros.

-Tu Milagros. -Milagros, la hija de Macario.

A ver si Adolfo es capaz

de recordar un poco más así.

¿Quién era Milagros, Adolfo?

Milagros, yo recuerdo...

que había dos hermanas que me llevaban con ellas...

unas veces al cine o al parque.

Y estaban conmigo bastante.

Eran las hijas de Macario. Y Josefa.

Y Josefa, que será la mayor.

Las hijas de Macario y Josefa. Ah, ¿ves?

Macario era compañero de vuestro padre.

Sí.

-Nos hemos criado juntos, ya le digo.

Ya hace años. Coño, ya hace 45 años.

Y cuando ves esas imágenes, en el caso de Adolfo

era muy chico, pero hasta los siete años

puedes tener recuerdos, y en tu caso, Manuel,

eras más mayor.

¿Qué os traen a la memoria estas dos fotos?

Como yo era el más pequeño,

sí recuerdo que venían a estar conmigo,

a llevarme a un lado o a otro. Te cuidaba.

Podemos decir que me cuidaban. ¿Cómo una hermana mayor?

Bueno, se puede llamar así, sí.

-Yo quería protegerlo, quererlo, achucharlo,

darle el biberón... A mí ya se me olvidaron los juegos,

me encantó.

Ella quiere saber qué fue de vosotros y en especial de Adolfo.

Anda. De ti.

Porque ese cariño que te mostraba,

ese afecto,

el cuidado... Sí.

Te cuidaba, te daba el biberón, tú no lo recordarás.

Cuando correteabas iba detrás,

le hacías alguna trastada y no le importaba.

Has sido para ella lo más parecido a la maternidad.

Me emociono.

Me emociono con ella.

Pero Milagros era... (LE DA UNA PALMADA)

-Claro, que tú con ella, con Milagros,

convivíais porque sois más o menos de la misma edad.

-Claro, claro. -Claro.

Si ella os pregunta

si habéis sido felices en este tiempo, ¿qué le diríais?

Sí. -Sí, claro.

Pues tiene la necesidad de recuperar a aquella familia

que fue tan importante en su vida.

¿Os apetece entonces contarle

a Milagros qué ha sido de vosotros? Sí.

Claro que sí.

No se puede imaginar que vuestros padres ya no están,

se lo tenéis que decir. (AMBOS) Vale.

Sí, sí. Y darle un abrazo.

Brindamos con vino de la tierra, vino cordobés,

por este encuentro 45 años después.

Qué alegría le vamos a dar. Salud.

¿Estás bien? Muy bien.

Hoy somos tu familia has dicho.

Hoy sí, sois mi familia. Yo vivo el presente.

Cierra los ojos, hazme un balance muy rápido

de tu infancia.

¿Fuiste feliz?

No sé. Creo que habría ratos que sí,

porque al no tener carencias básicas,

de comida, de alimento...

pues yo nunca me tuve que preocupar.

Lo que pasa es que en otras casas yo veía que se daban muchos besos,

se querían muchísimo, y claro... Mi madre estaba triste.

Yo la veía triste.

También es verdad que hay personas que encuentran su familia

en otras que se cruzan en el camino, en la pareja,

quizá en unos amigos, quizá en unos vecinos.

Y si tú tuvieras que definir con una palabra

la relación de los Carmona contigo, ¿cuál sería?

Quizá es palabra de amabilidad que viene del amor, ¿no?

Yo muy bien no lo entiendo

La palabra amabilidad que viene del amor, creo,

qué bonito es encontrar gente amable

situaciones amables, familias amables.

Recuérdame las circunstancias.

¿Qué pasó en esa conversación con el notario?

Sí, el notario decía que estaba todo muy bien,

había puesto todo a mi nombre y dice:

"¿Tú tienes testamento hecho?" Y digo: "¿Yo? No".

Y dice: "Pues yo creo que te deberías preocupar.

Porque si tuvieras un piso, pero tienes un piso, la casa...

¿No tienes a quién?"

Y al decirme eso me quedé pillada un poco. Digo: "Pues no".

¿A tus hermanas?

No, ellas están bien económicamente...

¿Tus sobrinas? A mis sobrinas casi nos la conozco.

No hemos tenido trato, no hemos vivido juntos...

Yo no sé nada de ellos ni ellos de mí, entonces...

Entonces haces balance de tu vida y piensas:

"A la única persona a la que yo le daría lo que tengo

es...

...al niño que tuve esos cinco años,

que era mi niño, mi juguete, mis recuerdos...

Que me gustaría que se acordaran de mí, eso sí me encantaría.

Aunque decía mi madre: "Tú dejas huella en todo el mundo,

quien te conoce no te olvida".

Milagros...

Yo sí sé qué fue de la familia Carmona.

¿Cómo?

(Música emotiva)

Iniciaste un viaje, hacia fuera y hacia dentro,

y sigues en él.

Un viaje de conocimiento interior.

La siguiente etapa de este viaje interior

tienes que vivirla sola.

(SE ECHA A LLORAR) ¡Eh, Milagros! Mucha suerte.

Mucha suerte, confía en mí.

(SOLLOZA)

(EMOCIONADO) ¡Uy, uy!

¡Milagros!

(LOS DOS LLORAN)

-¿Tú eres Jose?

-Manolo. -¡Manolo!

-Y yo soy Adolfo. -¿Tú eres Adolfo?

(ADOLFO RÍE)

Qué sorpresa me has dado, madre mía.

Qué cosa más bonita has hecho. -¿Y te acuerdas de mí?

-Claro. -¿De verdad?

Tú no te acuerdas, ¿verdad? -Yo bien poco.

-Pero yo de ti tengo fotos con cinco y seis años.

-Sí, claro que sí.

Y nosotros también tenemos en casa fotos.

Y me has dado una sorpresa. -¿Tú sabes que naciste en Baena?

-Claro. -¿Y tus padres viven?

-No, fallecieron los dos.

(CONTENTA) -¡Ay, Adolfo!

Si vieras lo que he jugado contigo y lo que me he acordado de ti.

No te lo puedes imaginar. Eras mi niño.

-Sí, me lo dicen.

-Eras mi niño. Salía del colegio y me iba contigo a jugar.

-Yo recuerdo esas cositas, de llevarme al parque...

llevarme a los escalones de ahí de la plaza.

-¿Te acuerdas? -Sí, de eso sí.

-La historia es que todo esto ha surgido

porque yo me divorcié,

hice los cálculos de mi casa, de lo otro,

y uno de los notarios, me hice amiga de él...

Me decía: "¿Por qué no haces un testamento?"

Y yo digo: "No tengo a quien dejarle nada". Dice: "No puede ser".

Y ya me fui a mi casa pensando, pensando,

y digo: "Estoy pensando y no tengo a nadie a quien dejarle nada".

Digo...

"Bueno, yo conozco a una familia de cuando éramos chicos

que yo no sé qué habrá sido de ellos".

Y dice: "¿Por qué no te pones en contacto con ellos?"

-Bonito lo que ha hecho,

no me esperaba yo esto.

Y recuerdo que cuando tú naciste

nació en mí un sentimiento nuevo en mi vida

de protección, de amor...

Tú no te puedes acordar mucho de mí,

pero te he querido, te he llevado en mi corazón toda mi vida.

Fuiste mi niño... (MANOLO) Y en brazos.

-Era mi juguete.

El principio se une con el final.

Estoy muy contenta. Nunca es tarde,

que siempre existe otra posibilidad,

que siempre hay un renacer,

que todo en la vida surge a cada instante de cualquier sitio.

Y que si miras atrás incluso lo triste

se puede convertir en alegría.

"La manera en la que afloran los recuerdos es caprichosa.

Lo que me llama la atención de la historia de Milagros

es el modo en que ella

justo cuando tiene que ir al notario

y hacer balance económico y decidir a quién lega todo lo que posee

cómo aparece en un momento en su cabeza en un primer plano

la imagen de un niño al que ella cuidaba

cuando era una cría. Era el hijo de sus vecinos, solamente.

Pero para Milagros ese niño representó

el amor, el cariño, el afecto de una hermana...

Mucho más, por primera y única vez en su vida

tuvo instinto maternal.

Esto me demuestra que recordamos a aquellas personas

que son capaces de despertar en nosotros sentimientos,

aunque pasen solo un rato por nuestra vida

o aunque estén toda la vida con nosotros.

"Hay personas que aunque no son de nuestra familia,

nos abren las puertas de su casa y nos tratan con el mismo amor,

la misma implicación que si fuéramos parientes.

Ese fue el caso de Milagros con los Carmona

y también el de nuestra próxima protagonista,

la periodista Paloma Gómez Borrero,

que en sus viajes por el mundo encontró otros hogares

en los que sentirse como en casa".

Cuando te preguntan: "¿Querrías volver a ver a una persona?",

no necesitas que sea de tu familia,

hay veces que hay una comunicación entre personas, no sabes por qué,

pero que existe.

Paloma Gómez Borrero ha buscado sin suerte

a una persona por medio mundo, su amiga Gemma,

compañera de profesión a la que conoció en Varsovia.

Gemma, corresponsal de la Agencia Efe en Polonia,

descubrió a Paloma los entresijos de una ciudad

que era el epicentro del cambio político y social

que sacudía a la Europa anterior a la caída del muro de Berlín.

Desde hace diez años, Paloma no tiene noticias de Gemma,

y no se explica su ausencia.

Paloma, me encanta estar contigo. -Y a mí.

Menuda tarea tengo ahora,

porque tú y yo estamos tomando un café en este momento

porque tú quieres saber qué ha sido de dos personas

que han marcado dos épocas de tu vida. ¿Quiénes son?

Pues la parte, digamos, de mi juventud

es una princesa afgana

que se llama Mermon Zaida.

Voy a apuntar. Y Mermon Zaida...

estudió en Alemania. Bueno, más que estudiar en Alemania,

era hija de una familia rica muy noble de Afganistán.

Qué cosas te están esperando a lo largo de los años.

El destino. El destino te marca mucho.

A mí me ha marcado con momentos extraordinarios,

algunos yo definiría incluso históricos.

Y personas. Y personas.

El hecho de que hablemos es porque hay algunas personas

que te han marcado la vida pero que el destino

como es caprichoso hace que no las tengas al lado.

Una, tu princesa afgana, me encanta llamarla así.

¡Mi princesa afgana!

Y la segunda persona de la que quieres saber qué fue...

La otra la conozco en Polonia,

se ha casado con un polaco...

acompañando a Juan Pablo II, se llama Gemma Azpitarte.

Gemma Azpitarte.

Es vasca.

Ella está en Varsovia.

Se ha casado con un polaco, pero cuando la conozco está separada.

Habla perfectamente polaco. ¿Ella quién era?

Era periodista.

Y es más, ella me ayuda enormemente en Polonia,

desde el primer viaje.

No solo me hace de intérprete,

porque, claro, yo dos palabras que sé de polaco y nada más.

"En 1979, Juan Pablo II

celebró una misa en la plaza de la Victoria en Varsovia.

Concluyó su sermón diciendo:

"Dejad que el espíritu descienda y renueve la cara de esta tierra".

Esto tuvo un gran impacto en los ciudadanos polacos,

que lo vieron como un incentivo para los cambios democráticos.

Paloma y Gemma fueron testigos privilegiados

de esos acontecimientos históricos

del final de ese telón de acero que dividió al mundo

en dos bloques durante más de 40 años.

Ella me ayuda mucho, me enseña cómo es la mentalidad polaca.

Yo conocía un poco por el papa Juan Pablo II

que es por lo que voy a Polonia y cómo la conozco.

¿Y Gemma allí era periodista?

Estaba en la Agencia Efe.

Pero creo que no estaba fija,

porque cuando he llamado no me han sabido decir de ella.

¿Por qué se había marchado a Polonia?

¿Tenía familia allí?

Yo creo que se fue a lo mejor a conocer Polonia.

Pero yo creo que se casó por amor con ese polaco,

no le salió bien, por lo menos por lo que me contó,

pero, bueno, tenía una hija maravillosa.

¿Era una niña pequeña o mayor? Era pequeña.

Porque cuando tú la conoces, ¿qué años tendría?

Como mucho veintitantos años.

¿Veintitantos solo?

¿Y su niña?

Era una cría. ¿Qué tendría su niña...?

Cuatro o cinco años.

¿Y Gemma era una periodista combativa de raza?

Yo creo que sí. ¿Cómo la definirías tú?

Que captaba la noticia muy rápida,

y sobre todo muy para la agencia.

Tenía mentalidad de agencia de noticias.

Era una grandísima periodista

para lo que era entonces la agencia Efe.

Y yo buscaba la anécdota,

podía contar cosas más largas,

entonces a mí Gemma me contaba.

Que yo luego como una esponja, cogía.

Entiendo entonces que fue de alguna manera tus ojos

y tus manos al principio? Me ayudó muchísimo.

Porque yo creo que mi primer viaje

a Polonia...

Yo he hecho como 18 o 20 viajes a Polonia.

También he estado hace muy poco.

Y creo que me marcó tanto ese primer viaje...

desde el punto de vista social incluso.

Porque a mi Gemma me llevó a su peluquería.

Una peluquería muy barata

que me lavaban la cabeza con una jarra de agua

porque estaban bajo la URSS. Era una Europa dividida,

por ese muro de Berlín

que cambió la vida a la mitad de Europa.

"Paloma me enseña fotos de su vida, sus viajes por el mundo.

La lista de personajes históricos que tuvo el privilegio de tratar

es abrumadora y lo cuenta con la pasión

de quien estuviera empezando.

Son legendarios sus recuerdos de Juan Pablo II,

un papa viajero al que Paloma supo retratar mejor que nadie".

Esa actitud de ayuda permanente,

de abrirte los ojos, de mostrarte,

digamos que era...

¿Formaba parte de su carácter?

¿Se comportaba así con todos los periodistas

o era algo especial?

Entre nosotras surge una gran amistad.

Por entender esa necesidad de saber de ella.

Y yo recuerdo que me contaba incluso cosas

de su vida personal,

que no las voy a contar porque eran cosas que me contaba

de su marido, de su vida...

Y de cómo era todo en Polonia y cómo había sido difícil.

Y yo le decía: "¿Por qué no te vuelves al País Vasco?"

Y dice: "Yo tengo a Polonia en el corazón y mi hija es polaca".

A mí me ha hecho un favor inmenso

y yo si la pudiera ver le diría:

"Aparte de quererte y agradecerte todo lo que me has ayudado,

y todo lo que me has dado como amiga...

yo querría decirte que en mi carrera

tú has sido una piedra especial".

Si tú la última vez que os veis hace...

Yo creo que sería en el 2000.

Hará 15 años que no la veo.

15 años. Y yo decía:

"No es tan difícil encontrarla, ¿por qué nadie me da una pista?

¿Se ha vuelto a casar? ¿La niña qué ha hecho?

Es que la cogería un día y empezaría a preguntarle tanto

que tendría que decirme: "Cállate, que me estás mareando".

¿Por qué la buscas ahora? Porque has llegado tú.

(RÍE) ¡Eso es muy bonito!

Me ha encantado. Gracias, Paloma. Gracias a ti.

Ojalá la veamos.

A Mermon, no sé, está más difícil.

Pero Gemma tampoco es fácil.

"En cuanto acabo mi café con Paloma

empiezo mi investigación para localizar a Gemma,

esa amiga de la que ella no ha vuelto a saber nada.

Cuento con sus apellidos, su pasado profesional

y la pista de que su último paradero estuvo en Varsovia.

En internet no hay un solo dato sobre ella.

Finalmente consigo su teléfono a través de un contacto en común.

Sigue viviendo en Polonia y estoy deseando hablar con ella

para entender por qué se perdió el contacto con Paloma".

Gracias por sacar un rato y charlar conmigo,

porque cómo me ha costado dar contigo.

Gracias por la invitación. ¿Dónde te escondes?

En Varsovia. En Varsovia.

Que sepas que en un primer intento de búsqueda

metí tu nombre en Google, redes sociales,

no estabas en LinkedIn, en ningún sitio.

Habías desaparecido, pero no.

Francamente, no participo mucho,

porque el trabajo y otras aficiones ya me roban todo el tiempo.

¿Cuál es tu trabajo ahora? Es de consultoría pura y dura.

Para inversiones y para búsqueda y análisis de mercados.

Del gobierno vasco, es tu tierra. Sí, es una agencia.

¿Lo echas mucho de menos? Muchísimo.

¿Nos echas de menos a los españoles? A todos.

Aunque vienes con cierta frecuencia.

Sí, por trabajo tenemos que venir cada tres meses aproximadamente.

Luego también vengo de vacaciones y entonces ya tomo aire.

¿Y echas de menos el periodismo?

Echo de menos las circunstancias en las que desarrollé mi trabajo.

Es decir, fueron unas circunstancias emocionantes,

por el momento histórico que me tocó vivir.

Pero estoy contenta en este trabajo, creo que es el siguiente paso.

¿Qué se te perdió a ti siendo una joven

del País Vasco recién licenciada en Historia

en Polonia en ese año 1981?

Como siempre, me pica la curiosidad.

Y me pierde.

Entonces...

pensé que lo mejor era hacer una tesis en el extranjero.

¿Y llegaste con un pronóstico de tiempo concreto?

Sí, para uno o dos años máximo.

Era lo que se preveía para una tesis de licenciatura.

¿Qué sucedió para quedarte allí?

Pues que nada más llegar, al mes y medio

me declaran la ley marcial.

Supuso que cerraran la universidad,

la gente se declaraba, no en huelga, pero bueno...

la vida quedó totalmente en "stand by".

Los extranjeros no podían salir, los naturales tampoco.

Era el golpe de estado de Jaruzelski

y decías: "Yo no soy combativa, no soy una mujer de trinchera".

Te encontraste con un golpe de estado.

Sí. Y me dio mucho miedo además ver los tanques por la calle.

Los soldados con la bayoneta cargada,

Había muchísimo frío, nieve a montones.

Yo es que me veía ahí un poco desvalida,

como en medio de una escena de "Doctor Zhivago".

"No me perdono si no consigo trabajar de periodista".

Y acabaste siendo corresponsal. Sí.

Fui periodista permanente de una agencia de noticias.

¿Y no te planteaste volver?

Sí, pero al terminar la tesis. (RÍE)

O sea, cabezona.

Del norte, ¿verdad? Vasca.

En algún momento de tu vida en Polonia

te has planteado "Me arrepiento"?

O "Voy a regresar", o no ha valido la pena.

Yo creo que siempre logras algo

renunciando a otras cosas.

Entonces yo creo que no cabe el decir eso.

Pienso que ha merecido la pena.

¿Y Polonia te ha dado buenos amigos?

Y tu trabajo allí. Muchísimos buenos amigos.

"Repaso con Gemma sus años en Varsovia.

Y recordamos los esfuerzos que tuvo que hacer

para salir adelante como periodista.

Era un momento clave para Europa y para el mundo

y sus vivencias allí podrían formar parte

de cualquier libro de historia".

El verdadero afán de esta conversación nuestra

es trasladarte esta imagen.

Toma.

Hay alguien que quiere saber de ti.

Porque... Ábrelo, ábrelo. ¿Sí?

Porque han pasado muchos años.

Sí, sí. ¿Quién es?

¿Quién es? Es Paloma.

Paloma Gómez Borrero. ¿Cuándo os conocisteis?

Quizá en la primera visita del papa, en el 83.

Luego nos hemos visto muchas veces en las consiguientes visitas.

Solo hubo una que no pasó por Varsovia, la última.

Y luego, vamos...

hemos tenido muchísima buena amistad,

no es que ha dejado de existir la amistad,

simplemente que hace pocos años hemos perdido el contacto un poco.

Yo he cambiado mucho. Diez años.

Yo he cambiado, por ejemplo, ha cambiado mucho mi vida.

Y cambié de parejas.

Cambié de profesión...

Y me ha absorbido mucho el día a día,

supongo que a ella le pasa lo mismo.

Me ha dicho que de las personas que han dejado huella

en su vida, y fíjate si no habrá conocido

en sus muchísimos viajes Paloma Gómez Borrero a personas,

si no habrá sumado en su biografía amigos y amigas.

De las personas que le han dejado huella tú eres

de las más importantes.

Y yo si la pudiera ver le diría:

"Aparte de quererte y agradecerte todo lo que me has ayudado,

y todo lo que me has dado como amiga...

yo querría decirte que en mi carrera

tú has sido una piedra especial".

No se explica por qué desde hace diez años

no sabe lo que ha sido de ti, no lo entiende.

Pues eso, un cambio de vida brutal.

Y también que...

Bueno, he tenido que rehacerme de nuevo.

He conservado un recuerdo muy cálido

de la persona de Paloma fuera de la Paloma periodista

como una mujer que siempre ha sido muy buena compañera,

no solo conmigo, con todos los periodistas

que éramos del cotarro español generalmente.

¿Os enfadasteis? ¡Qué va, por favor!

Nada de eso. ¿Entonces?

No puedo entenderlo. Es que a veces

hay situaciones en que uno debe centrarse en uno mismo.

Y ese trabajo te evita dedicarte a los demás,

pero es solo un momentito.

Es que a mí no me engañas.

Yo sé que hay algo ahí detrás que no me estás contando.

Es posible, pero tampoco conviene contar todo, ¿verdad?

Y creo que son cosas muy personales,

y que cuando encuentre a Paloma algún día se lo cuento.

Pero que yo me quede tranquila, no hay nada malo

entre vosotras dos. ¡No, por favor!

En absoluto. ¡Imposible!

Paloma, ¿cuánto tiempo hace, organizando tu memoria,

que no sabes nada de Gemma?

Ah, de Gemma... Pues, sí, yo creo que 15 años o 20.

Y además ha sido imposible, yo decía:

"¿Cómo puede ser tan difícil una chica que es de San Sebastián?"

Aunque haya vivido muchísimos años en Varsovia.

¿Es posible que nadie me pueda hablar de ella

ni saber nada de ella? ¿Has intentado buscarla,

preguntar a amigos comunes, buscar en los lugares comunes,

en las agencias, en su casa, etc.?

He buscado donde trabajaba, en la Agencia Efe de Varsovia.

Pero ¿qué ha pasado que nadie sabe nada?

Yo digo: "¿Por qué no me busca ella a mí también?"

Yo soy más fácil de encontrar, yo creo.

Es una buena pregunta esa.

Quizá me está buscando, como cambié el teléfono.

En Roma nos cambiaron los teléfonos.

Es que a veces las cosas más fáciles no son siempre

las posibles.

Tú tienes afán por buscarla,

pero ¿te has planteado que ella no tenga ninguno?

No, yo estoy convencida de que ella quiere que hablemos,

quiere que yo le cuente...

No, ¿por qué no?

Hemos tenido un contacto amistoso espléndido.

Y yo sabía de su hija, yo sabía de su vida,

no solo hasta llegar a Polonia,

sino otras cosas de otros países, porque ella ha viajado mucho.

No, son circunstancias que muchas veces no te explicas.

No lo sé. Has dicho una frase:

"Tiene que haber un motivo,

lo suficientemente sólido o contundente

para que no dé explicaciones de su desaparición, entre comillas.

A veces digo: "¿Le habrá pasado algo? ¿Estará enferma?

No lo sé, pienso todo.

¿Qué le dirías?

Yo le diría: "Gemma, qué mujer más extraordinaria eres,

qué gran periodista. Cuánto me has ayudado y cuánto te quiero".

¿Y le preguntarías por qué...?

Por qué ha desaparecido. (RÍE)

Pues sí,

quizás por cortar todo aquello que te unía a Polonia.

Le preguntaría.

En el fondo, la unión mía con Gemma

era la parte de trabajo en Polonia donde me ayudó tanto.

Quiero darte una cosa, Paloma.

Hay algo que tienes que tener tú. (EXCLAMA CONTENTA)

Las cajitas que compraba yo con Gemma en un mercado,

en un mercado de los rusos,

en Varsovia, que me llevó ella. Y como mi pasión son las cajitas

me llevó y compré todas las cajitas que encontraba.

Esas cajitas rusas pintadas a mano, que había preciosidades.

Y ella me llevó precisamente a ese mercado.

Qué bonita es, además firmada.

Paloma...

Yo sí sé qué fue de Gemma.

No me digas.

¿Qué ha sido? ¿Se ha muerto?

¿Se ha muerto?

La amiga de los viajes

tiene que hacer este viaje sola.

Así que... ¿Ha muerto?

¿De verdad? Tranquila.

(Música melancólica)

¡Gemma!

(GEMMA RÍE)

¡De verdad! Cuando me han dado la cajita...

Qué ilusión. Qué guapa estás.

-Tú también. -¿Y la niña?

-De eso ya hablaremos más tarde, hay muchas cosas que contar.

-Pero no has perdido tu acento vasco, ¿eh?

-Hay cosas que no se pierden nunca. (LAS DOS RÍEN)

-Ahora sí que no te pierdo,

ahora sí que te voy a ver a Varsovia.

-Que la gente esté lejos no quiere decir que no te recuerde con cariño.

-¿También tú? Porque yo muchísimo, y agradecimiento, enorme.

Esa Polonia sin ti habría sido distinta,

sin Juan Pablo y sin Gemma no era la Polonia.

-Me halagas demasiado.

"Días después del reencuentro de Paloma con Gemma,

seguía dando vueltas al motivo que apartó a las dos amigas".

Un cambio de vida brutal.

Y también que...

Bueno, he tenido que rehacerme de nuevo.

"No tardé en recibir una llamada de Paloma que lo aclaraba todo.

Una gran desgracia en la vida de Gemma

fue la causante de su desaparición".

(PALOMA) Gemma me dijo que su vida se había roto

el día que asesinaron a su hija.

Y para Gemma, que su hija era la hija única,

era además un ser adorable,

guapísima, tenía todas las cualidades

que se pueden querer de una hija

y que te la arrebaten de esa manera tan cruel...

Puede suceder que la vida nos golpee con tal dureza

que necesitemos huir. Huir del presente,

de lo cotidiano, de los amigos, de la pareja.

Huir del trabajo, huir de nuestra propia vida.

Y es humano y es entendible

y cuando se quiere de verdad

uno tiene que ser generoso

consintiendo esa desaparición del ser querido.

A veces uno tiene que estar solo

para restañar heridas, para cicatrizar.

Luego, cuando pasa el tiempo, y aunque uno no olvide,

llega renovado.

Y puede abrazar a los seres queridos

que si quieren de verdad estarán esperando sin reproches.

(Música emotiva)

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Dime qué fue de ti - 22/08/16 (1)

22 ago 2016

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