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Para todos los públicos Dime qué fue de ti - 18/07/16 - ver ahora
Transcripción completa

Si yo no conozco al señor Colsa, yo no tengo padre.

-En el mar me dio una alegría muy grande cuando me pretendió,

que no lo esperaba.

Y me quedé muy cortada.

Y luego, pues en el mar me quedé

como una gaviota, volando sin saber dónde.

-Espero encontrarme a mi familia, no espero ninguna otra cosa.

Poder hablar con ellos y poder vernos.

Si es vernos, mejor. Si no, pues hablar.

-Quiero saber lo que fue de mi primer amor.

Que yo creía que era un amor.

Quisiera saber qué ha sido de él,

porque quiero hablar con él.

(LLORANDO) Lo echo mucho de menos.

Y esa de coger.

Coger ese teléfono, marcarlo

y escucharlo para mí era mucho.

-Porque en aquel momento

yo no tenía nada, no era nada.

No las buscas tú, es el destino que te marca.

Desde entonces he tenido, como te he dicho,

un remordimiento de culpa.

(Sintonía de programa)

-Si yo no conozco al señor Colsa, yo no tengo padre.

Porque en aquel momento

yo no tenía nada, yo no era nada,

(NARR.) "Rocío, hija de madre soltera y de un hombre casado,

tuvo que empezar a trabajar a los 13 años para salir adelante.

Pronto se une a Galerías Preciados,

un trabajo que compagina con el de modelo.

A los 18 se proclama Miss Sevilla

Y es en ese momento cuando conoce a Enrique de Colsa,

director de Recursos Humanos en Galerías,

que, al saber de su historia, decide implicarse personalmente

para que la joven pudiera conocer a su padre.

Durante años compartieron en familia sueños y éxitos,

hasta que la vida les separó.

Hoy Rocío quiere saber qué fue de Enrique,

de aquel hombre que tanto le ayudó desinteresadamente".

(SUSPIRA) ¿Cómo estás?

Pues estoy bien.

Ahora sí. Ahora sí, estoy muy bien.

¿Ha habido que colocar algunas piezas en la vida?

Ha habido que colocarlas todas.

En ese momento en el que te pones a juntar las piezas

y escribir la biografía, que es lo que has hecho,

aparece un nombre,

de un hombre fundamental en tu vida.

Inevitablemente te haces una pregunta:

Sí. "¿Qué fue de él?"

Por eso estamos hablando tú y yo. ¿Quién?

Para mí, el señor Colsa. Pero se llama Enrique de Colsa.

Ese señor hizo lo más importante

para mí en aquel momento de mi vida.

Mi ilusión era venir a Madrid. Mira qué cosa más tonta.

¿Para qué?

Para conocer a mi padre.

Biológico. Biológico. Al único.

Vamos a ir hacia atrás. ¿Contamos la historia?

Venga. Rocío, tú naces en Sevilla.

Nazco en Sevilla. Y naces

y eso que antes se llamaba "madre soltera".

Mi madre fue una mujer muy fuerte, muy progresista,

con muchas narices, que me sacó para adelante.

Le dijeron que no podía tener hijos y de repente aparecí yo.

Y vio el cielo abierto.

(Música emotiva)

Con 12 años yo era el cabeza de familia.

Qué burrada. Tuve que ponerme a trabajar

y mantener a mi madre y a mi abuela.

¿Qué hiciste, Rocío? De todo.

Vendí sifones por las casas,

trabajé de dependienta de comercio,

trabajé de empaquetadora de regalos,

hasta que por fin, con 14 años, entro en Galería Preciados.

Las antiguas Galerías Preciados. Allí entro.

¿Y cómo llega a tu vida esa persona de la cual te gustaría saber?

Es persona llega... ¿Enrique?

Enrique, el señor Colsa.

¿Da Colsa? De Colsa, de Colsa.

Ese señor era el jede de los asistentes sociales,

hoy sería Recursos Humanos.

Entonces este señor viene a hacerme una entrevista

para el boletín de Galerías.

Entonces me hizo la entrevista, estuvimos charlando...

Te pregunta qué es lo que más querrías.

Eso me lo pregunta tomando café, cuando salimos.

Y me dice: "¿Qué ilusiones tienes tú ahora?".

Le digo: "Ir a Madrid".

"¿Para qué quieres ir a Madrid?".

"Porque tengo una ilusión

y creo que ya va siendo hora".

Y me dice: "¿Qué ilusión tienes?".

"Quiero conocer a mi padre, que vive en Madrid".

Y ese señor se quedó mirándome

y dijo: "Te voy a llevar a Madrid".

¿Qué datos tiene Enrique?

Los que yo le doy: Nombre y apellidos.

¿Nombre y apellidos? Los dos apellidos.

Que es lo que tú sabías de tu padre, nada más.

Que fue inspector de economato.

Enrique de Colsa viene a Madrid. Tú vienes con él.

Llegamos a su despacho

con otra asistenta social y nos sentamos los tres.

Nombre y dos apellidos.

Y un sitio donde trabajaba, que lo habían cerrado,

cuando llamamos, hacía 13 años.

¡Plof! Nos vinimos abajo. Dios mío.

¿Ahora qué hacemos? "Pues voy a buscar en la guía".

Y entonces busca "Gea Fernández, C".

y me dice: "Hay dos.

Pero voy a llamar a este".

Y le coge el teléfono su señora.

Él le dice que es un amigo

y que quiere localizarlo.

Le dice: "Pues él está en el Ministerio de Agricultura,

en la calle Almagro 33.

Y allá que os vais. Nos vamos los tres.

¡Qué vértigo, Dios!

Llega a su despacho un señor que no conoce de nada...

Él sube solo. Claro, por eso.

Que en la calle tiene usted a su hija.

Él abre la puerta.

Y mi padre le dice: "Hola, buenos días".

"Buenos días, soy fulanito de tal".

"Pues dígame".

"Abajo está su hija".

Y de pronto me dice la asistenta social:

"Ahí baja el señor Colsa".

"¿Pero viene con alguien?". "Sí, viene con alguien".

Me empezaron a temblar las piernas.

Y de pronto noto que me hacen así,

me doy la vuelta y lo veo.

¿Y qué ves? A mi padre.

¿Cómo era? Era yo.

Me voy, le doy dos besos, mi padre me coge la mano

y me dice: "Tienes las manos como mi madre".

(NARR.) "Gracias al empeño personal de Enrique de Colsa,

Rocío ve cumplido el sueño de conocer a su padre

y a sus hermanos.

Una nueva familia aparece en su vida

y todo gracias a la ayuda de Enrique".

Desde el encuentro con tu padre... (ASIENTE)

Enrique, ¿qué papel juega en tu vida? ¿Desaparece entonces?

Se refuerza la amistad muchísimo.

¿Tú por qué crees que el señor Colsa hizo eso?

Porque era muy bueno.

Ya, pero quiero decir, uno es bueno y no va por la calle

salvando perritos continuamente.

Estoy casi segura de que lo hacía, porque era muy bueno.

Creo que él se da cuenta

de que yo soy una niña, porque con 18 años era una niña,

que yo tenía una ilusión

y si no era por él, no iba a conocer a mi padre.

Yo conozco a mi padre porque el señor Colsa

es el que me trae a Madrid, es el que lo busca,

es el que va a verlo.

Yo no tenía a nadie, Teresa. ¿Quién iba a hacer eso por mí?

Hay un día en que estoy comiendo en su casa

y que nos estábamos contando cosas.

Le estaba contando cosas de mi padre.

Entonces se levantó y me dijo:

"Te voy a regalar una cosa que, para mí..".

(SUSPIRA)

(EMOCIONADA) Es que me emociono.

Él había tenido problemas de vista.

Su mujer era escultora, esculpía y tenía figuras muy bonitas.

Dijo: "Te voy a hacer un regalo".

Me regaló una figura que, según él,

su mujer la estaba haciendo justo cuando lo estaban operando.

O se quedaba ciego, o veía. Era una operación

no a vida o muerte, pero sí dependía toda su vida.

Y esa figura la estaba haciendo su mujer

mientras estaba en quirófano.

La estaba haciendo pensando en él.

Esa figura... ¿Qué dijo su mujer?

Me la regaló junto con él.

¿Los dos te dieron la figura?

Le pidió permiso y ella dijo: "regálasela".

(NARR.) "La figura de Rocío, regalo de Enrique de Colsa y su mujer,

cuenta con una gran carga emocional.

Muchos sentimientos contenidos en esta muñeca,

que primero apoyó a Enrique en su grave operación

y luego se convirtió en símbolo de una amistad imperecedera".

¿Podría ser un sucedáneo de padre la relación de Enrique contigo?

No, no. Porque, si te digo, fue más importante.

(SORPRENDIDA) ¿Más importante? Claro.

Si yo no conozco al señor Colsa, yo no tengo padre.

¿Cuánto tiempo hace que no sabes nada de Enrique de Colsa?

Puede hacer perfectamente 42 años.

Y tu afán por saber de él, ¿por qué es?

Es decir, ¿qué quieres conocer?

¿Si le ha ido bien la vida, si ha sido feliz?

(TITUBEA)

Mira, sé que le ha tenido que ir bien la vida, porque era bueno.

Tenía una familia maravillosa.

Recuerdo a su mujer. No la conocí mucho, pero era maravillosa.

Los niños eran pequeñitos.

Tuvo que tener una vida buena, porque era muy bueno.

Las personas buenas tienen que vivir bien.

Pero me encantaría volver a verlo.

Para darle dos besos, ahora se los podría dar.

Ya la edad me lo permite.

Y porque creo que tengo algo que no debo tener.

¿El qué? La figura.

Esa figura, en ese momento,

(EMOCIONADA) yo la recibí con muchísima alegría.

Pero creo que ya la debe volver a tener él.

¿Quieres devolver la figura que te regaló?

Sí. Porque se la hizo su mujer.

Junto a la figura, ¿qué le dirías?

"Gracias".

¿Qué más?

(NARR.) "Rocío quiere agradecer a Enrique de Colsa

la ayuda que le prestó cuando más lo necesitaba.

Sé que para ella es vital cerrar ese capítulo de su vida,

por lo que empiezo a investigar inmediatamente.

Tecleo en Internet el nombre de Enrique de Colsa,

con la esperanza de encontrar alguna pista.

Pero no aparece nada.

Ahora tendría más de 80 años y, aunque me resisto a admitirlo,

debo pensar en la posibilidad de que haya fallecido.

En la red me topo con un blog de antiguos empleados

de Galerías Preciados,

donde encuentro a una antigua compañera suya,

que parece tener información.

Desgraciadamente, me confirma su fallecimiento en Vitoria.

En esta situación, me centro en encontrar a su mujer y e hijos.

Finalmente localizo a uno de ellos en Colombia

y él me ayuda a citarme con su hermano mayor:

Enrique de Colsa hijo".

Te agradezco muchísimo que hayas sacado un rato

para recibirme y charlar, porque la tele no te gusta.

(TITUBEA) No... Vamos, no sé.

No sé si... Pero no la suelo ver. Lo mismo te termina gustando.

Vives en Cañamares, en Guadalajara. Sí.

¿Qué haces allí? Soy constructor.

(ASIENTE) No siempre has vivido ahí.

No, antes vivíamos en La Rioja... En muchos sitios.

En París... Tu familia es una familia grande,

y con miembros con actividades y lugares de residencia diversos.

Tu abuelo fue abogado, fue juez. (ASIENTE)

Y tuvo cuatro hijos, tu abuelo paterno.

Uno de sus hijos fue Enrique, tu padre.

Tu padre también fue abogado un tiempo.

Sí, fue abogado laboralista.

Y, a su vez, tuvo también cuatro hijos.

También cuatro hijos.

Uno de tus hermanos, artista, me ha permitido dar contigo

y ha facilitado este encuentro. Vive en Colombia.

Estáis repartidos los hermanos.

Sí, cada uno en un lado. Efectivamente, sí.

Mi hermano está en Colombia,

Mi hermano Pocho está en Colombia, mi otro hermano está en Granada,

mi hermana está en Orense y yo vivo en Guadalajara.

En Guadalajara. ¿Vives tranquilo?

Sí, hemos salido de las ciudades, básicamente.

Enrique, ¿qué fue de tu padre?

Pues mi padre murió.

Mi padre murió en el 2006. Creo, ya no me acuerdo.

Murió hace unos años.

¿Qué años tenía? 73.

(APENADA) Uy, era joven... Sí.

Era responsable de Recursos Humanos en Galerías,

estaba en Sevilla, en Córdoba, en Eibar... Muchos sitios

Ya lo entiendo. Era la época en la que él trabajaba

en lo que ahora se entiende como Director de Recursos Humanos

en Galerías Preciados. Algo así.

¿Cómo era tu padre? Me da la sensación

que un hombre muy volcado en ayudar a los otros.

Sí, era una persona muy íntegra éticamente y muy generosa.

La verdad es que en Galerías fue donde se desarrolló.

Allí estaba encantado con ayudar a la gente.

Y nada. La gente lo quería mucho.

-Cuando yo he escrito el libro y he visto lo que ese hombre

hizo por mí en aquel momento,

que además no tenía por qué hacerlo,

porque yo no le podía ofrecer nada,

y lo hizo desinteresadamente.

Para todo lo que tu padre hacía

con los trabajadores de la empresa

y con todo el mundo. No queda gente así, Enrique.

Hombre, mucha no hay.

La verdad es que, como mi padre, no hay muchos.

Fue un buen ejemplo, tengo la sensación.

Sí. Le dio prioridad a otras cosas en vez de al dinero.

La verdad es que con la gente se volcó.

Sé por experiencia que la gente lo quería mucho

y estaba muy agradecido, porque hizo, yo creo,

una muy buena labor en Galerías.

Habéis tenido los cuatro hermanos unos padres singulares.

Tu padre volcado en el mundo exterior, en ayudar.

Y tu madre, una artista con enorme sensibilidad.

Porque algún dato que tengo de ella me lleva

a París. Allí estuvo trabajando, ¿no?

Estuvo de "freelance". Antes de formar vuestra familia.

Exacto. Estuvo haciendo "christmas".

Después volvió, conoció a mi padre, se casaron y lo dejó.

Dejó de dibujar

hasta que se separó de mi padre la primera vez.

Allí lo volvió a retomar. Aparte de por necesidad.

Tenía que dar clases de pintura. Empezó a exponer.

¿Exponía pintura? Sí.

¿O también escultura? No, pintura.

Sí. Quiero que veas una cosa.

(ASIENTE) Una imagen.

Este...

Bueno, esta figura.

No sé si sus formas, sus colores, te resultan familiares.

La muñeca es una pieza de mi madre, sí.

De las primeras, además. Es muy antigua.

No sé si es de Zakros, o cuando tuvo la empresa,

pero sí que lo recuerdo, claro.

¿Recuerdas haberla visto alguna vez en tu casa?

(DUDA) Eh... Pues...

Es que había muchas piezas de mi madre,

pero puede ser. Me es muy familiar.

Mira, esta figura tiene algo especial.

Si te fijas, voy a ampliarla,

no tiene ojos. Ajá.

Ahora que lo dices, sí. Efectivamente.

Ella la elabora en un momento (ASIENTE)

difícil, muy difícil de tu padre.

Cuando tenía que enfrentarse a una operación

en la que podría perder la vista. ¿recuerdas aquello?

Sí que me acuerdo. Se la hizo como un gesto de amor.

(ASIENTE)

Esta figura en realidad ha estado muy poco tiempo

en tu familia. La tiene una persona

para quien tu padre fue alguien importantísimo.

"Ahora te voy a hacer un regalo mucho más especial.

Porque le voy a pedir permiso a mi mujer para dártelo.

Esta figura la estaba haciendo ella

justo cuando me estaban operando de la vista".

Voy a mostrarte una imagen, por ver

si te refresca la memoria.

Pues sí.

Creo que es Rocío Martín.

Sí, es Rocío Martín. (ASIENTE)

Es la época en la que ella trabajaba en Galerías Preciados

Y consiguió un título de belleza.

Ella le contó su historia

y tu padre dio con su padre biológico.

Tenía 18 años y le cambió la vida. Fíjate.

¿No sabías esto? No, la verdad. No lo sabía. No.

Rocío llegó a conocer a tu madre, a Pilar,

estuvo en tu casa.

Os recuerda a vosotros siendo niños.

Y tiene así, todavía en la retina

guardado el momento en el que tu madre le obsequia

aquella figura. (ASIENTE)

Ha pasado más de 40 años sin saber qué fue

de Enrique, de tu padre.

Ella cree que todavía sigue vivo.

Y esa figura entiende que no le pertenece.

Quiere devolvérosla a la familia.

Creo que se lo tienes que decir tú.

Pues nada. Adelante, se lo digo.

¿Te animas? Sí, hombre. Claro que sí.

(Música emotiva)

¿A tu biografía la quieres llamar...?

La quiero llamar "Mi pola". ¿"Mi pola"?

¿Por qué? Vamos a ver, porque es el resultado

de mí. Cuando yo era pequeña

mi madre que compró un muñeco llamado Juanito,

el hermano de Mariquita Pérez.

Entonces lo metí en una bañera. Se le puso la cabeza así,

porque era de cartón. Y llegué y dije:

"Mami, mami, mi, mi, mi pola".

"Mi pola" es "yo sola".

Me encantaría que la portada de mi libro fuera

un libro partido por la mitad, con una foto mía de pequeña,

que pusiera "Mi pola", y una de ahora y pusiera "Yo sola".

Porque realmente mi vida ha sido siempre igual, yo sola.

Es duro lo que dices. Pero es que lo ha sido.

¿Tu vida sola? Yo sola.

Nunca he tenido a nadie.

Ahora entiendo que quieras saber qué fue de Enrique.

(ASIENTE) Enrique...

De Colsa. De Colsa.

El señor Colsa, para mí.

Ya lo entiendo. Porque marcó algo.

En ese universo tuyo, sola, sola, sola,

marcó algo en compañía. Con alguien.

En compañía. Claro. Que es hombre

se complicara la vida por mí,

irse a un señor y decirle "ahí tiene a su hija"... Es muy duro.

Yo no sé si sería capaz.

Y te entrega, voy a por ella, una figura.

(ASIENTE)

Que es esta figura.

Esta figura que, según él me cuenta, era muy especial.

¿Qué quieres hacer con la figura?

Devolvérsela.

¿Por qué?

Porque ya no me pertenece. Ya la he tenido mucho tiempo.

Creo que le pertenece a él y a su descendencia.

Estamos aquí y dejamos una descendencia, que son los hijos

y nuestro nietos.

Y creo que la deben tener sus hijos y nietos.

¿Cómo lo recuerdas físicamente? Mira, era más bajito que yo.

Siempre sonriendo.

Los ojos rojos.

Esa sí es una cosa que tengo muy grabada.

Era muy nervioso, era muy inquieto.

Pero era muy amable.

Era muy tierno. Era una persona tierna con carácter.

En esos más de 40 años sin saber nada de Enrique de Colsa,

¿no ha habido una carta? No.

¿No ha habido una llamada? No.

¿Una noticia que hayas leído? Nada.

Nada. Nada.

Porque luego... ¿No teníais amigos comunes?

No. ¿Compañeros tampoco?

Él vivía en Madrid.

EN Madrid no llegué a vivir nunca en aquella época.

Fui a vivir a Valencia.

Ya te digo, no era como ahora,

que te metes en Internet, buscas y encuentras.

No había móviles. ¿Por qué ahora, Rocío?

¿Por qué quieres saber en este momento qué fue de Enrique?

Porque cuando recuerdas tu vida desde que naciste

te das cuenta de los que dejas en el camino

sin haberles agradecido las cosas como debías.

Y creo que ha llegado el momento.

Creo que en aquel momento no fui injusta, porque él sabe

que le estaba muy agradecida.

Pero lo tendría que haber hecho mejor.

Y no lo hice. ¿Qué le dirías?

"Gracias".

"Gracias".

Cuando digo "gracias", me emociono.

Porque dentro de ese "gracias"... La palabra más bonita del mundo

es "gracias".

Si a él no lo conozco, no tendría a mis hermanos ahora mismo.

Rocío, yo sí sé qué fue de Enrique.

¿Sí? (ASIENTE)

Tú un días hiciste un viaje a Madrid

junto a él.

Sigue.

Tengo la sensación de que las cosas importantes

las tienes que abordar sola.

Por tanto, este paso también tienes que darlo así.

Mucha suerte, Rocío.

(Música emotiva)

-Hola. -Hola.

-¿Sabes quién soy?

A ver si me reconoces.

-Tú eres su hijo. -Ajá.

-Pero yo te vi así de pequeño.

-Un beso, anda. Sin filosofía.

-Es que eras muy pequeño. -Era muy pequeñajo, ¿no?

¿Cuántos años tenía?

-No lo recuerdo, pero yo creo...

Llegabas del colegio. Había uno que no iba al cole todavía.

¿Cuánto erais? ¿Dos hermanos?

-Tres chicos y una chica.

-No, yo me quedé en menos.

-¿En menos? -Me quedé en menos.

-Entonces iríamos... Yo soy el mayor, yo soy Quique.

-¿Y tu padre?

-Pues mi padre falleció.

Falleció hace... En el 2006 murió.

Y nada. Mi madre está con alzhéimer.

Ya sabes, esto de la edad. A ver cómo va.

Le hemos oído hablar de ti, que lo sepas.

Éramos muy pequeñitos.

La verdad es que sabes tú lo que era Galerías en aquella época.

Pero vamos, estate tranquila.

Porque la verdad es que mi padre

era mayor. -¿Tu madre se llamaba Pilar?

-Sí, se llamaba Pilar. -Era estupenda.

-¿Te acuerdas de esta figura? No puedes,

me la regalaron cuando eras muy pequeñito.

-Recuerdo el modelo.

-(RÍE) -Recuerdo el modelo.

-Era de tu madre. -Sí

-Qué guapa, ¿eh?

-Me dijo que normalmente no hacía ella los ojos así.

Para mí ha sido muy bonito.

(TITUBEA) Es que... Es que...

Parece que no han pasado 40 años.

Puedes estar orgullo de tu padre,

porque a muchas de las personas que estábamos en Galerías

nos hizo mucho bien. Se portó muy bien con nosotros.

Gracias a tu padre, yo conocí a mi padre.

-Increíble. En ese sentido, se volcaba.

Era como un Don Quijote. -Sí. Fue bueno, Quique.

Yo estaba buscando a tu padre porque,

se lo he dicho a Teresa, le quería dar las gracias.

Lamento no podérselas dar a él. Me hubiera encantado.

Pero te las doy a ti.

(EMOCIONADA) Esta figura que me dio y que yo sé lo que importaba,

tanto para él como para tu madre.

Creo que ya la he tenido un tiempo y que la debes tener tú.

-Te voy a decir una cosa. Creo que esta figura es tuya.

Y hablo en nombre de mis hermanos y mío, vaya,

y, aparte, es una cosa preciosa.

-La hizo tu madre.

-Y te la mereces.

Te la regaló mi padre, te la regaló mi madre. Es tuya.

-Pues fíjate, que yo he venido con esta figura

porque pensaba que lo bueno era que la tuvierais tú y tus hijos.

Que recordaran sobre todo que su abuelo

hizo algo por una persona que conoció un día

y que me cambió la vida.

Y que gracias a eso yo tengo hoy dos hermanos

y tuve padre.

Si no lo llega a hacer, yo no llego a tener ni padre ni hermanos.

Entonces siéntete muy orgulloso, porque tuviste un gran padre.

-Me alegro muchísimo por ella. ¿Sabes?

Que se sienta tan agradecida con el tema de mi padre

me parece que es de agradecerle a ella.

(EMOCIONADA) De verdad te agradezco que me hayas podido...

Esperaba verlo a él. Pero bueno, te he visto a ti,

que eres su legado y su herencia en la Tierra.

Rocío ha sido muy valiente.

Ella ha iniciado su búsqueda porque dentro iban creciendo

unas "gracias", tanto, tanto, que ya no le cabían en el cuerpo.

Sus riesgos, que ha pasado tanto tiempo

que quién tenía que recibir las gracias,

ya no estaba para recogerlas.

No importa.

Al final ese proceso de búsqueda, para ella,

ha sido feliz. Le ha merecido la pena.

(NARR.) "Rocío asegura que 'gracias' es la palabra más bonita

que se puede compartir con alguien.

Ella no llegó a tiempo de decírselo a Enrique,

pero espero que Carmen,

la protagonista de la próxima historia

tenga más suerte.

Carmen quiere agradecer a Domingo la ayuda que le prestó

tras el accidente donde falleció su marido.

Un ahogamiento en el mar que cambió sus vidas para siempre".

En el mar me dio una alegría muy grande cuando me pretendió,

que no lo esperaba.

Y me quedé muy cortada.

Y luego, pues en el mar me quedé

como una gaviota, volando sin saber dónde.

(NARR.) "Carmen y Domingo están unidos

por la trágica muerte de Zósimo,

el marido de Carmen, en el Cantábrico.

Hace 38 años, Zósimo, Domingo y el hijo de este

entraron al mar en Playa España para bañarse.

Un mar muy picado acabó con las fuerzas de Zósimo,

que no pudo luchar contra la corriente

y falleció entre las rocas.

Sintiéndose responsable de lo sucedido,

Domingo ayudó a Carmen durante años,

hasta que terminaron perdiendo el contacto.

Carmen nunca ha olvidado el apoyo de Domingo,

y hoy lo busca para superar definitivamente

aquel día que lo cambió todo".

¿Cuándo miras hacia atrás, piensas:

"no ha sido generosa la vida conmigo"?

No. "Me ha quitado mucho".

Me ha quitado mucho.

Me ha quitado mucho, mucho.

¿Tú te acuerdas de esa mañana? Sí.

Fuimos a la playa, a pasar un día de comida, de familia y eso.

Y fue cuando nos pasó la desgracia tan horrible,

que se puso el mar muy fiera, muy fiera, muy fiera.

Y ahí os pasó todo. Ahí nos pasó todo lo que nos pasó.

¿Y qué pasó? Dijo Domingo que si nos apetecía

pasar un día en la playa. Cedimos y fuimos a la playa.

Llegamos allí, era un día nuboso.

Con frío, además. Hacía frío del norte.

Era el tres de julio... Tres de julio de 1977.

¿Qué sentiste cuando te acercabas a la playa?

Yo veía la mar, que estaba tan mala, y dije:

"Madre mía de mi vida, cómo está la mar".

Y a la madre de Domingo, Ramona, digo,

"Uy, si he visto cabezas, Ramona".

"¿Cómo va a ver cabezas, Mari Carmen?

No, es imposible.

¿Quién va a ser el loco que se meta?"

Al poco tiempo vi a mi marido más allá, en una roca,

que era muy alta. Cómo le subía y le bajaba.

Como un juguete.

Entonces empezamos a pedir socorro y la gente se acercó.

Y a mi marido, se tuvieron que meter con sogas

y unas ruedas de coches a buscarle.

Ya cuando salió mi marido,

dobló las piernas e hizo así con la cabeza.

Se le pusieron las orejas y las uñas moradas.

"Ay, ay, que esto está ya". Lo vi muy mal.

Se trató de reanimarlo.

Y no se pudo hacer nada. Se le trasladó a un hospital,

a Gijón, y allí entró ya como cadáver.

Como un cadáver ya entró.

Fue un momento muy duro, muy duro, muy duro.

Hija, no podías hacer nada.

Porque veías que nada. Que había pasado y que nada.

(SUSPIRA)

Respira.

(Música emotiva)

(NARR.) "La vida de Carmen está irremediablemente ligada

al mar Cantábrico.

En una barcaza como la que visitamos

para recordar, Zósimo le declaró su amor

con un anillo.

Hoy, en un precioso día soleado,

parece mentira que estemos en el mismo mar que, en un arrebato

de furia acabó con la vida de su esposo.

¿Tú has vuelto a esa playa? Pues sí.

Yo quería ir y me dijo mi hijo: "No, mamá, tú sola no vas.

Te acompaño yo". Y entonces me acompañó él.

¿Por qué querías ir a la playa?

El volver a esa playa y volverme a encontrar con Domingo,

es lo que más he deseado.

Cuando a mí me pasó lo de mi marido,

él siempre se portó bien conmigo y me apoyó mucho.

Me consolaba mucho.

Carmen, ¿tú me llevarías a la playa hoy?

¿Me la enseñarías? Sí, yo sí.

Porque creo...

Creo que hay que renovarse y hay que luchar

siempre contra marea, porque no es muy fácil.

Es imposible. Es imposible.

Es imposible.

(NARR.) "Carmen busca a Domingo Brunelli,

Con una edad aproximada de unos 80 años.

Sabemos que su profesión fue la de pescadero,

que había vivido en Gijón

y que se separó de la prima de Carmen en 1980.

Ahí fue cuando le perdió la pista.

Mi investigación arranca buscando en los periódicos de la época

algún dato del suceso.

Averiguo que Zósimo no fue la única víctima

de aquel día de tormenta en el Cantábrico.

Pronto consigo encontrar a Marco Antonio,

el hijo de Domingo, en Santa Colomba de la Vega,

y es él el que me conduce a su padre,

quien en la actualidad vive en la localidad leonesa

de Astorga.

Convenzo a Domingo para que se reúna conmigo en Santander

y así hablar con él".

¿Cómo puede ser tan, tan traicionero

como para que esta piscina, esta balsa,

se convierta en algo tan dañino?

La mar es muy traidora, nunca se puede saber lo que te aguarda.

¿Tú piensas muchas veces en ese día?

Cada vez que lo pienso, y despierto pensando en lo que era,

de hecho, yo aquí, en el Cantábrico, no volví a bañarme.

Domingo, ¿quién era Zósimo para ti? ¿Qué representaba?

Era más que un amigo, más que un amigo.

Él y su mujer, Carmina, muy buena también,

nos llevábamos bien todos.

La cosas cambiaron, fuimos perdiendo contacto. Y fin.

¿Has vuelto a ir a esa playa?

No.

No he vuelto.

Le he cogido mucho respeto.

Domingo, voy a contarte una cosa.

Te tengo que explicar que hay una persona

que lleva casi 40 años preguntándose qué fue de ti.

Que piensa cómo estarás.

Que se pregunta incluso si aún estás.

Que recuerda aquel día

y que guarda muchas cosas por decirte.

¿Te imaginas quién es?

Creo que es Carmina.

¿Cuánto hace que no ves a Carmina?

Buf. Exactamente no lo sé.

¿Quieres verla? ¿Está aquí?

Pues sí. Quisiera verla, sí.

Carmen, nos has llamado porque quieres saber

qué fue de Domingo. ¿Qué le tendrías que decir?

¡Uy! Tú le miras a los ojos.

Me miras a mí a los ojos.

Uy. Le diría: "Domingo,

me parece increíble, pero sabía que este momento iba a llegar.

Y estoy contentísima de volverte a ver,

porque no me quería ir de este mundo sin haberte visto".

Carmen, hay una cosa

que quiero que veas.

Estoy nerviosa. (SORPRENDIDA) Uy, Domingo.

Domingo.

(EMOCIONADA) Domingo. Oh, Domingo.

El mismo, el mismo.

El mismo.

El mismo.

Carmen, la vida está llena de etapas.

Es un magnífico viaje.

Y esta última etapa

del viaje la tienes que hacer tú sola.

Sí. (MURMURA ALGO)

Mucha suerte Carmen. Muchas gracias.

(Música emotiva)

(SORPRENDIDA) ¡Uy!

(EMOCIONADA) ¡Domingo! ¡Domingo!

-Carmina.

-¡Ay! Cómo sabía yo que te iba a ver.

Que no me iba al otro mundo sin verte, Domingo.

-Estás hecha una moza. -Y tú también estás muy bien.

Te voy muy bien, muy bien.

Domingo, nunca te he olvidado.

-Ni yo. -Nunca, nunca, nunca.

Había querido siempre saber de ti y no sabía cómo.

-Siempre me acordé de vosotros. -Y yo también.

Yo también. No sabes la alegría que me has dado, Domingo.

Los años que he esperado para poderte ver.

Jamás, jamás te he olvidado. Nunca.

Nunca.

-Que han pasado años.

(MURMURA ALGO ININTELIGIBLE) -Ya han pasado años.

Pero hay que tirar para adelante. No queda más remedio.

Yo quisiera volver otra vez a la playa. ¿Nos acompañas?

-Yo... Si hay que ir a la playa, voy.

Pero no me meto más. -No, al agua no.

No me he vuelto a meter en el agua.

Jamás me he vuelto a meter. -Vamos.

-Cuando yo he visto a Domingo,

me he sentido recordando aquel día, aquel momento.

La ansiedad que tenía de conocerlo me hizo a la vez muy feliz.

Muy feliz.

-Eso fue un desastre que no se olvida nunca

Eso fue demasiado.

Eso fue para no olvidarlo jamás.

-A ver si nos vemos más y nos llamamos.

Y tenéis la puerta abierta.

Mi casa nunca se ha cerrado para nadie.

Ni para ti ni para nadie. Yo estoy muy agradecida

de cómo te portaste conmigo.

"Carmen y Domingo pudieron regresar juntos

al lugar donde hace 38 años sus vidas cambiaron para siempre.

El mismo mar que se llevó a Zósimo

junta ahora a las dos personas que más lo echan de menos.

Es curioso que mi próxima investigación

me lleve a buscar a otro hombre llamado Domingo.

En esta ocasión se trata de un tío de Ángeles,

una mujer andaluza que necesita recuperar

el contacto con su familia gallega.

Son el último vínculo con su padre, ya fallecido.

Yo espero encontrarme a mi familia, no espero ninguna otra cosa.

Poder hablar con ellos y poder vernos.

Si es vernos, mejor. Si no, pues hablar.

Yo no les voy a recriminar nada.

Solo me gustaría saber de ellos, nada más.

Yo lo echo mucho de menos.

Y eso de coger ya su teléfono.

Marcarlo.

Y escucharlo, para mí era mucho.

(NARR.) "Hace más de 20 años que Ángeles,

natural de Jerez de la Frontera,

no ve a su familia gallega.

Echa de menos a unos parientes

fundamentales en su infancia y juventud.

Los hijos y nietos de una hermana de su abuela, doña Ángeles,

cuyo nombre heredó y a la que le unía

una relación muy cercana.

La pequeña Ángeles pasó temporadas

en la casa de su tía abuela en Galicia.

Compartiendo grandes momentos con ella,

con Domingo y las hijas de este, de una edad similar a la suya.

Esta relación duró hasta el fallecimiento de su tía abuela.

Pero aún hoy, más de 20 años después,

Ángeles no se resigna a vivir sin la única familia

que le queda por parte de su padre".

El caso es que tú necesitas recomponer

esa parte de tu familia, esa parte de tu vida,

que es la familia paterna. De mi padre, sí.

Porque él ya no está. No, se fue hace 10 años.

Y él, como perdimos contacto y eso,

su solución era ver que yo hablaba con él.

Él murió y no habló más con su primo.

Estamos hablando... De mi tía Ángeles.

De tu tía María Ángeles. María de los Ángeles.

Yo me llamo así por ella.

Correcto. Ella se marcha pronto a Galicia.

Su marido era militar, le destinan a Vigo.

Cuando se va tú no habías nacido. No

Para nada. No, nada.

Pero esa figura que podría haber desaparecido de tu vida

no es así, es una figura muy presente.

Sí.

Ella tuvo un hijo. Un hijo, Domingo.

Que era realmente... Primo hermano de mi padre.

Correcto, que sería primo segundo o tu tío.

Sí.

Él tuvo... Él tuvo dos hijas.

Dos hijas, que son... Sí

Mercedes y María de los Ángeles, que le decimos Tati.

En la familia le decimos Tatina.

Ángeles, voy a tener que apuntar lo que me estás contando.

Porque si no va a ser muy difícil.

(NARR.) "Sigo hablando con Ángeles para reconstruir

el árbol genealógico de su familia.

Doña Ángeles era hermana de su abuela paterna

y ayudó muchísimo a sus padres a salir adelante.

Ella era la madre de Domingo,

el tío a quien Ángeles busca.

A su vez, Domingo tuvo dos hijas,

Mercedes y María de los Ángeles.

Sabiendo que su tía abuela falleció hace años,

estas tres personas son la única familia gallega

que Ángeles busca hoy con mi ayuda".

¿Pero por qué entiendo yo que es tan importante para ti

saber qué fue del tío Domingo?

Eran las relaciones de tu familia, un familiar lejano si lo piensas.

Sí, lejano.

Pero tú date cuenta que para mí, de la parte de mi padre,

quitando un par de primos que tengo en Jerez,

que también son primos de ellos, primos hermanos de Domingo,

de mi padre solo me queda eso.

La familia que he rozado de mi padre han sido ellos.

Era mi tía, es la única tía que he rozado.

Digamos que es lo único que me queda de mi padre.

Entonces yo quiero saber qué fue de ellos.

Porque todos estos años he intentado buscarles donde sea,

pero no le he conseguido.

¿Querer saber de Domingo es como recuperar una parte de tu padre?

Claro, sí.

Claro.

Es decir, todos los años

hay un contacto estrecho, fluido, continuo.

Sí, hablábamos dos o tres veces a la semana.

Siempre. ¿Y cuándo se rompe?

Pues se rompe un día que...

La última vez que fui allí fue en el año 91.

Agosto del año 91.

Fue cuando fui con mis hijos.

El mayor tenía tres años y medio

y mi niña no tenía ni dos meses todavía.

¿Esta imagen es de esa visita?

Sí, es de la última.

Esa es la última vez. Con tu niño.

Mi niño y mi niña.

Y la niña en brazos. La última vez que vi a mi tía.

¿Te acuerdas de lo que te dijo cuando te metías en el coche?

Sí, me dijo que me cuidara.

Que siguiera como iba.

Que tenía un marido muy bueno, que mirara por él.

Y que yo siguiera así de buena.

Esas fueron sus últimas palabras.

Y que a ver si nos veíamos pronto.

Y ya no la vi.

Viviendo en el mismo país como vivimos,

que lo que hay de diferencia son kilómetros,

no nos hemos vuelto a ver.

Por lo menos si mi primo está mayor,

no sé cómo está, si estará malo o...

Pero mis primas tienen la edad mía.

Yo creo que ellas también se han podido mover como yo.

Yo a mis dos primas las quería igual.

Pero con la que más roce tenía era con la mayor, Mercedes.

Porque Mercedes es la que venía más.

Íbamos de visita por Jerez.

Yo hablaba más con Mercedes

porque también estaba muy pegada a la tía Ángeles.

Entonces yo tenías más confianza con Mercedes.

Yo comprendo que ella también se podía haber interesado por mí.

Pero no sé lo que ha pasado ahí.

No lo sé.

(NARR.) "Charlando con Ángeles

mientras repasamos sus fotos de familia,

me doy cuenta de la enorme importancia

que tiene para ella encontrarlos.

Con ellos compartió algunos de los momentos más felices de su vida.

No se resigna a que fueran los últimos.

Sus primos son todo lo que le queda de la familia paterna

y se aferra a su recuerdo con la misma intensidad

con la que añora a su padre".

Ángeles, ¿y por qué ahora?

Porque esa es la asignatura pendiente que me queda.

Por mi padre y por mí.

Hablaba por teléfono con ella

hasta que ya hablo un día

y me dice mi primo que está enferma.

Que está mala.

Entonces a raíz de venir ella del hospital

yo hablo un par de veces más con ella por teléfono.

Pero hablo muy poca cosa

porque ella ya estaba en la cama.

Pero una de las últimas veces que hablé me dijo

que a ver si esa no era la última vez que hablábamos.

Y fue la última vez que yo hablé con mi tía.

A las dos o tres semanas me llamó mi primo y se había muerto.

Era un 27 de enero.

Me llamó a las dos de la tarde y mi tía se había muerto.

Por si yo quería ir, pero no pude ir.

Eso fue en el año 97.

Sí, creo que fue en el 97.

El 27 de enero cierto y creo que del 97.

Ángeles, ¿por qué no pudiste ir?

Porque estábamos casi recién llegados a Canarias.

Estábamos trabajando,

pero yo no tenía la economía para hacerme un gasto de viaje.

Ese día recuerdo que trabajé todo el día llorando.

Todo el día.

Porque no pude ir.

No sé yo si a mi primo le sentó mal que yo no fuese.

Porque de la manera que me contestó ese día,

me dio esa impresión, eso siempre lo he tenido yo.

¿Te arrepientes? Sí.

Sí.

Sí, porque a raíz de eso he perdido todo.

Y mi padre antes de fallecer

también intentó buscarlos, pero nada.

Ángeles, ¿te has planteado que sea tarde?

Puede ser.

Puede que sí. ¿Y?

Yo los echo mucho de menos.

Cuando murió mi abuela.

Porque mi tía Ángeles con su hermana eran mucho.

Yo los he echado mucho de menos.

Y eso de coger ya su teléfono.

Marcarlo.

Y escucharlo, para mí era mucho.

Yo espero encontrar a mi familia, yo no espero ninguna otra cosa.

Poder hablar con ellos y poder vernos.

Si es vernos, mejor. Si no, pues hablar.

Y además es muy lícito componer las piezas que andan

dispersas en la vida de una.

Tienes esa necesidad dentro

y tienes todo el derecho a hacerlo. A mis hijos también les falta eso.

Les falta.

Ellos se lo merecen también.

Yo los llevo buscando mucho tiempo.

Ha habido otras circunstancias, yo he intentado buscarlos.

A mis hijos les he dicho

que lo miraran por Facebook y cosas de esas.

Y nunca ha dado nada ni han encontrado nada.

Incluso otro primo mío de Jerez fue allí.

Tampoco pudo encontrar nada.

A raíz de que os he visto a ustedes

pues me chocó ese anuncio de "¿Qué fue de ti?"

y me dije que tenía que intentarlo otra vez.

Pero yo nunca lo he dejado, yo llevo años así.

Rastreo por las redes sociales los apellidos Cos Estrada

y contacto con todos los perfiles que podrían encajar

con las personas que busca Ángeles.

Consigo hablar con algunos familiares lejanos

que en realidad no me aclaran mucho.

Continúo mi búsqueda de los Cos Estrada

a través de guías telefónicas, archivos de empresas,

hasta que una pista me lleva

a la empresa municipal de transportes de Vigo.

Allí pudo haber trabajado el marido de una de las dos primas.

Finalmente localizo en Vigo al esposo de Mercedes,

que es quien me pone en contacto con ella.

Aún no sé nada de Domingo".

Por fin.

Mercedes de Cos Estrada Fernández.

Sí. Ya te tengo frente a mí.

Ya. Que apellidos más largos.

Sí, el primero es compuesto.

El primero, que es un apellido andaluz.

Bueno, por lo menos la parte de tu familia paterna es de allí.

De Andalucía, de Jerez de la Frontera.

Mercedes, ¿qué hay dentro de ti de andaluza y qué de gallega?

De gallega creo que casi todo.

Puesto que nací en Galicia.

Todas las costumbres y eso son gallegas.

De andaluz, algo tendré.

El origen de ese apellido tuyo, de tu familia,

se sitúa en Jerez.

Cuando tu abuela, María Ángeles... Sí.

Se traslada junto con tu padre. Y mi abuelo, que es Tomás.

Y tu abuelo, a Vigo.

En un principio estuvieron en Santiago, en Bertamiráns.

Porque mi abuelo era militar. Correcto, luego terminaron en Vigo.

En Vigo, sí.

Entonces entiendo que mientras vivía tu abuela

el contacto era más estrecho.

Recuperaba su tierra, su familia. Sí, sí.

Sí, yo sé que con su familia, cuando vivía ella,

se hablaban todas las semanas o todos los meses.

Entonces siempre había una carta o una llamada.

Pero después...

Unos fueron falleciendo. Otros...

Y pierdes el contacto.

Mi abuela ya llevaba varios años viuda

y le dio una trombosis.

Estuvo muchos años encamada.

Y falleció.

Hace 13 años que se nos fue.

Era como mi madre.

Porque es la que nos crió a mi hermano y a mí.

Mercedes, ¿qué fue de tu padre, de Domingo?

Pues mi padre, al cabo de los años, creo que echaron 26 años en Francia,

volvieron a España.

Y después le dio un infarto.

Ya le había dado uno en Francia.

Cuando vino porque falleció su padre,

el mismo día en que volvía marchar a Francia le dio el segundo.

Siempre estuvo mal del corazón.

Va a hacer 13 años que falleció.

Le dio el tercer infarto.

¿Tu padre no vive? No.

Ni mi abuela.

Se fueron los dos el mismo año.

Con solo 10 meses de diferencia.

Hasta el mismo número de día.

Mi abuela falleció el 28 de enero

y él falleció el 28 de noviembre.

¿Y la familia de Jerez lo sabe? Sí.

Y a raíz de eso no...

No se tuvo ningún contacto más.

(NARR.) "En los ojos de Mercedes

todavía se aprecia el dolor

por la muerte de su abuela y su padre.

Aunque la noticia de la muerte de Domingo supone un duro revés,

no puedo esperar más para darle una buena noticia.

Su familia andaluza, personificada en su prima Ángeles,

jamás les ha olvidado.

Me emociono al pensar que el reencuentro está cerca".

Tú y yo estamos hablando porque alguien allí en Jerez

lleva mucho tiempo,

más de 20 años,

preguntándose qué fue de Domingo.

Preguntándose qué fue también de vosotras.

Y esa persona es tu prima Ángeles.

Es con la que me llevaba.

Ella no sabe eso que tú me estás contando, Mercedes.

No lo sabe. Pues es así.

Conoce el fallecimiento de tu abuela.

A la que ella consideraba también su tía.

Su abuela. Su tía, mi madrina.

Ella lo sabe.

Estaba trabajando en Canarias con su familia, con todo el pesar

por no haber acudido al entierro a despedirse de ella.

Además recuerda nítidamente la última vez

que se vieron en el año 91, de la última conversación en el 97.

La última que pudieron mantener,

porque dice que ni siquiera fue posible llegar al teléfono,

ella estaba incapacitada en la cama.

No hablaba. Ella hablaba con tu padre, Domingo,

le dejó un número de teléfono

y habló con él varias veces en ese número de teléfono.

Un día se truncó la comunicación y ya nunca más.

Le dijeron que en ese teléfono no había nadie llamado Domingo.

No tenía manera de hablar con vosotras.

Porque ya te digo que mi padre falleció a los diez meses justos

de que falleció mi abuela. Ella no lo sabe.

Yo sé que mi madre ya no vive allí.

Entonces posiblemente por eso el teléfono

nunca más se le volvió a coger. No lo sabe.

Cree que Domingo se ha mudado de casa.

No.

Ojalá.

Ojalá se hubiese mudado de casa.

¿No te extrañó que no llamara nunca más?

A ver, es que yo una vez que ya me fui a vivir

con el que hoy en día es mi marido,

yo directamente no hablé aunque sabía algo de ellos.

Me decía que había llamado Ángeles de Jerez o Miguel.

El padre, que le decíamos Miguelito.

Miguelito.

Pero después...

Yo sé que a mi madre... ¿Ni con tu hermana?

¿Tampoco? Pues me parece que no.

No lo sé.

¿No tienes relación con tu hermana?

Hace mucho que no la veo.

Ni con mi madre. ¿Tampoco con tu madre?

No.

¿Y por qué, Mercedes?

Por desavenencias.

¿Familiares? Sí.

Tu tío, porque Miguel era como tu tío.

Al fin y al cabo estaban solos los dos.

Domingo y Miguel. Sí.

Sí. El hombre se fue con la pena

de no haberse despedido de Domingo.

Y por supuesto sin imaginar que Domingo había fallecido.

Porque él pensaba que seguía vivo.

Y tu prima cree que su tío Domingo sigue vivo.

Pues no.

No sabes la de veces que se acuerda de vosotros.

Yo muchas veces también pienso.

O sea, estás en casa de noche y estás pensando, ¿no?

Piensas en los años que pasaste.

Pues mira, cuando estuve allí.

A mis hijas les he hablado de la Semana Santa,

cuando fui a Andalucía a Jerez de la Frontera.

Estuve con ellos pasando la Semana Santa.

Pero con...

Ella se acuerda de los viajes en el coche cantando.

Tú y tu hermana atrás en el coche. ¿Te acuerdas?

Sí. Tu padre conduciendo.

Sí. Y vosotras tres enredando.

Una vez que vinieron ellos y fuimos por todas las Rías Bajas.

Sí.

Mercedes, ¿a ti te apetece sentarte con tu prima

y contarle esta conversación que estamos teniendo tú y yo?

Sí. Decirle que Domingo,

que tu padre ya no está pero que tú la recuerdas.

Sí. ¿Te apetece hacerlo y abrazarla?

Sí.

Está aquí. No me digas.

(Música emotiva)

Que alegría me acabas de dar. Está aquí.

Pues me he sentido muy sorprendida.

A la vez emocionada.

Pero sobre todo sorprendida.

Porque nunca me podría imaginar

que era ella.

¿Cómo estás, Ángeles? Bien.

Un poquito nerviosa, pero bien.

Es que has dado el salto. Sí.

El de querer recomponer una parte de tu pasado

que te lleva a saber que ha sido de la familia paterna.

De lo único que te queda de tu padre.

De mi padre sí.

¿Buscar esa parte de la familia es recuperar a tu padre?

Mucho sí. Una parte muy grande, sí.

Me conformo con hablar con ellos, fíjate tú que poquito.

Si los veo, mejor.

Yo no les voy a recriminar nada.

Solo me gustaría saber de ellos, nada más.

¡Qué cosa es la vida!

Querer una tierra que no es tu tierra de origen,

Pero que te une

a una parte

de tu familia. Sí.

Yo sí sé qué fue de Domingo.

¿De verdad?

Algunos viajes a Galicia

los hiciste en compañía de los tuyos.

A veces con tu padre o con tu madre.

Con alguno de tus hermanos.

Con tu marido.

Algún viaje sola.

Unos pocos.

Bueno, pues este va a ser uno de ellos,

porque este viaje imaginario

tienes que hacerlo sola, yo te tengo que abandonar ahora.

Mucha suerte. Gracias

(Música emotiva)

(LLORA)

(Música emotiva)

¿Y tu hermana? ¿Y tu padre?

-Está con la abuela.

(LLORA)

Estás igual.

Estás igual.

Lo siento mucho.

Me he acordado de ustedes.

-Yo también de ti. -Y mucho.

-¿Y tu padre?

-Pues mi padre falleció.

-¿Hace cuánto de tu padre?

Pues va a hacer 13 años.

El 28 de noviembre.

A los 10 meses de morir la abuela, murió papá.

-¿10 meses? ¿Fue en el año 97 la abuela?

-No, en 2003.

-¿En 2003 fue la abuela?

¿Cómo me he confundido tanto con la fecha?

-En 2003, el 28 de enero de 2003.

-Yo sabía que era en enero.

-Y él el 28 de noviembre del mismo año.

-Mi padre murió en 2005.

Pero para mí que había sido en el 97.

-No, en el 97 es cuando se puso mala.

-Pues ves, entonces me he confundido.

-Es cuando le dio la trombosis. -Sí.

Y tu padre, el pobre.

-En un principio me he emocionado, eso sobre todo.

Me gustó encontrarme con ella después de tanto años.

Y sobre todo muy satisfecha.

Y muy contenta.

Ahora mismo, contenta.

-Yo... Además enterarme de que no está.

Ya no lo veo más.

A él sí que no lo veo, pero bueno.

Que le vamos a hacer, la vida es así.

Tengo a mi prima.

Algo que me aporta "Dime qué fue de ti"

es poder observar desde un lugar privilegiado

como ha cambiado la familia española con el tiempo.

Antes en nuestra familia estaban

los primos segundos, los primos de tu padre,

los tíos abuelos, el tío en enésima generación.

Hoy por hoy familia es apenas un padre, madre, los niños

y a lo sumo, los abuelos.

Para el padre de Ángeles, para Miguel,

ese primo un tanto lejano que se fue a Galicia

era como su hermano.

De ahí que ella se afane y sea tan importante en su vida

saber qué fue del tío Domingo.

Es muy loable que busque sus lazos en Galicia.

Aunque aquella familia de Galicia haya hecho su vida

y para ellos Ángeles sea una fotografía diluida.

(Música)

(NARR.)"El fallecimiento de su tía abuela,

mantuvo a Ángeles separada de su familia gallega

durante más de 20 años.

En este caso, la separación se vio forzada por causas mayores.

En nuestro próximo caso, es una decisión consciente

la que separa a Concha del que fuera su prometido, Constantino,

para casarse con el que finalmente sería su marido, Emmanuel.

Hoy, muchos años después,

aunque Concha no se arrepiente de su decisión

quiere pedir disculpas a Constantino para cerrar definitivamente

ese episodio".

(Música)

Quiero saber lo que fue de mi primer amor,

que yo creía que era un amor,

quisiera saber qué ha sido de él

porque quiero hablar con él.

Son cosas que no las buscas tú.

Es el destino que te marca.

Yo desde entonces, como te he dicho, he tenido un remordimiento de culpa.

No me arrepiento, lo que pasa es que debo una explicación.

"En 1957, la gran riada de Valencia,

cambió la vida de Concha para siempre.

En aquel momento, Concha era poco más que una adolescente

cuando la casa de sus padres quedó totalmente destruida

y para pagar su reforma emigró a Paris

dejando atrás a su familia y a su prometido, Constantino.

Allí conoció otra vida y se enamoró

por completo del que después sería su marido, Emmanuel.

Concha cambió el cariño de Constantino

por un amor arrebatador hace más de 50 años.

Pero hoy quiere cerrar esa herida del pasado

disculpándose con él".

Tú naces en un pueblo valenciano que se llama Alfafar.

(ASIENTE) Y en el año 1957,

el 14 de octubre, de alguna manera,

te cambia la vida como a otros muchos valencianos.

Fue la riada, ¿verdad? Sí.

¿Tú te acuerdas de aquella fecha? ¿qué años tenías?

16 años.

Y era una noche que se presentaba muy negra,

el cielo estaba como no sé... feo, daba miedo.

Y empezaron con unos truenos y unos relámpagos,

no había luz, se cortó la luz.

Entonces empezó a diluviar, pero diluvio.

Y teníamos la radio, bueno, y como oyéndolo antes

de que se fuera la luz, de que había una alerta

de riada, que venía mucha agua porque el pantano

se había abierto, entonces nos venía el agua.

Pero al día siguiente, tú sales a la calle y dices,

esto no puede ser.

Era todo un barro.

Era como un barranco,

las calles eran como barrancos.

No tenías en casa las sillas todas.

Bueno, el mobiliario todo pues para tirar porque estaba todo...

Todo se llevó, todos los recuerdos, todo estaba en la planta baja,

todo se lo llevó.

Así llegáis al año 1960, tus padres iban recuperando la casa como podían

pero se necesitaba dinero. La casa se la hicieron,

pero antes eran contratistas del pueblo que veían la necesidad

y dicen, María, a mi madre: "Tú no te preocupes,

te la vamos a hacer, tú la pagas poco a poco".

Quieres saber qué fue de alguien. Exacto

Quiero saber de lo que fue de mi primer amor.

Que yo creía que era un amor.

Quisiera saber qué ha sido de él.

Porque quiero hablar con él.

Tú con 19 años, estás prometida a una persona.

(ASIENTE) A Constantino.

¿Cómo os conocisteis, Constantino y tú?

Empezamos a hablar,

bueno, pues el domingo iremos a tal sitio, pues vale.

Ya empezamos así y ya nos hicimos novios.

Y todo iba bien.

Todo iba bien, venía a casa. ¿Tú le querías?

Sí. Tú le querías, a Constantino.

Sí, sí, sí. Yo le quería y él también.

Bueno, no sé, creo que sí.

Es decir, en enero de 1960, él se marcha a la mili,

que le tocó Ceuta. Sí.

Eran milis de estas largas.

Por eso.

Y tú te marchabas, un par de meses después,

te fuiste a Paris.

Le contaste a Constantino, oye, para ayudar a mis padres,

¿me puedo ir? Sí, él lo sabía.

Yo dije, mira, mientras tú estás en la mili

yo voy, ayudo en la casa y cuando venga,

ya haremos los planes de bodas.

¿Él qué te dijo? En ese momento, cuando estáis ahí.

Nada, que todo pasará,

que llegará el día en que estaremos los dos y que ya haremos una vida.

Yo digo, bueno, yo también tenía esa ilusión, de verdad.

Tenía que ir a Paris para que todo cambiara, pero la vida es así.

Yo no he buscado la vida, la vida me ha buscado a mí.

Desde marzo, hasta septiembre de ese año en 1960,

tú prácticamente no pisas la calle.

No.

Pero en septiembre, un día, tu hermana que estaba en otra casa,

ella que te insistía, venga, vamos a salir, vente conmigo,

te dice que la acompañes a una fiesta.

Siempre me invitaba, nunca salía, yo estaba allí,

los domingos me los pasaba allí, leyendo, escuchando música y tal.

Decía: "Antonia, te invita a que vengas".

Digo: "Pero es que yo no quiero salir".

Me dijo: "Va, va pesada, va". "Pues voy a ir", digo.

Pero dijo: "no, tú vienes".

Y venían chicos y me sacaban a bailar.

Y yo les decía que no.

Me venía otro, que no. A ninguno.

Pero estoy yo como aquí y por allá hay una puerta

y me veo entrar a un chico.

Pera es que esa cosa que te ha dado, oye, es que es verdad,

me dio un "boom".

Y lo veo y digo, ay, ¿no me sacará a bailar este chico?

Y ya que viene para acá.

Pero en verme mi cara, viene cara a mí, pero se desvió,

porque había un amigo y fue a saludarlo.

Y digo, pues vaya,

yo por dentro.

Entonces, ya viene a mí,

y me dice: "mademoiselle, vous voulez dansez avec moi ?".

No le había dicho aún y ya me había levantado.

(RÍEN)

Porque es que me dio, de verdad, un algo, un algo.

Y ya, toda la noche bailando.

Pero ya llegó un momento en que un día sales,

otro día sales y ya entonces coges más confianza.

Y como yo lo vi que era muy honesto, porque hay veces

que intentaba besarme y tiraba hacia atrás.

Me dijo: "el día que tú quieras, me besas tú".

¿Y fue así? Y fue así.

Le besaste tú. Sí.

Cuando ya vi que la cosa iba.

Entonces, yo ya tenía un pecado. ¿Qué paso?

Tenía un pecado, un pecado.

Pero eso fue después de que le escribí a Tino.

Eso fue después. No le besaste antes.

No. Entonces yo ya dije voy a decirle

algo a este chico porque no quiero que se ilusione

y que yo le esté aquí mareando. Que se ilusione.

Ah, que se ilusione Emmanuel. Claro, claro.

Entonces yo es cuando le escribí y le dije eso.

¿Qué le dijiste en la carta?

En la carta le dije, mira Tino, vamos a dejarlo porque

yo creía que... (DUDA) que yo te quería

y yo te quiero, pero no es amor.

Porque he conocido a otro

y, digo, me ha hecho un flechazo.

No puedo evitarlo, no sé cómo decírtelo, le decía.

Y digo, es que, además, es negro.

Se lo voy a decir.

Y dice: "vale".

Me escribió una carta

diciéndome que no me creía capaz de dejarle por un negro.

Pero que él no se daba por vencido hasta que yo no me casara

porque creía que era una chiquillada.

Entonces, yo ya nunca más le escribí.

Porque ya que dijo eso, podría haberlo dicho de otra manera.

Ya no le escribí más y todo lo que tenía lo rompí.

(NARR.) "Repasando las fotos de Concha

revivo su historia de amor con Emmanuel.

En la época no era fácil para una española casarse

con un hombre de raza negra.

Requería de mucha valentía enfrentarse

a la sociedad del momento y a sus convicciones

profundamente conservadoras.

Amigos y vecinos lo vivieron como un escándalo

y su boda atrajo a tantos curiosos

que fue todo un acontecimiento social

en el pueblo de Concha".

¿El momento más duro cuál fue?

Por momento más duro, fue la pérdida de mi hijo.

Porque, además, se lo tragó él todo.

¿Por qué?

Porque mi hijo,

lo voy a decir, no pasa nada, todo el mundo lo sabe,

mi hijo murió de una sobredosis.

En casa.

Él estuvo enganchado muchos años a la droga, muchos años,

cuando no existía, cuando no se hablaba de la droga.

Él estuvo enganchado, se enganchó.

Yo siempre: "hijo, mira";

y él: "sí, mamá". Era un chico muy bueno.

Y él, cuando le hablaba, me escuchaba, a su padre, también.

Entonces,

dice que no la puede dejar.

Él quería, pero no podía.

Así estuvo muchos años.

Yo no me puse luto, dije que no me ponía luto.

Porque si llevo luto, llevo más pena.

Sé que mi hijo se ha muerto, si no llevo luto, pues nada.

Entonces, yo me rehíce, porque tengo tres hijos más y tengo nietos

y ellos me necesitan y yo los necesito a ellos.

¿Por qué dices, Concha, que de alguna manera,

tú piensas que perder a tu hijo, tiene que ver con lo que hiciste?

Porque pienso que fue un no sé, digo, Dios me está castigando,

porque otra cosa mal, yo no hago mal a nadie.

Yo si puedo ayudar a la gente, la ayudo.

Estoy en mi casa y no me meto con nadie,

que cada uno haga lo que quiera, ¿no? Eso me ha roído toda la vida.

¿Por qué has esperado tanto tiempo?

Pues no lo sé, porque... ¿Sabes qué pasa?

Te voy a decir la verdad.

He pensado tanto en él, pero ya digo, no puedo más, más que nada,

por la familia de él. Por lo que él tiene,

si tiene hijos,

por la familia.

Porque no quiero que piensen otra cosa que no es.

¿Y si llegas tarde?

Madre mía, no me digas eso, porque si llego tarde,

por mí no ha quedado.

Si he llegado tarde, por mí no ha quedado.

Porque toda la vida he estado con ese sentimiento.

Entonces, si he llegado tarde, que me perdone donde esté.

Y que me perdone.

He dado este paso por eso, que llego tarde,

pues como decía el refrán: "más vale tarde que nunca".

Yo a él lo he querido.

A mi manera, de una forma diferente,

pero yo a él lo he querido.

Y eso era engañar a las personas,

yo lo que no quiero para mí no quiero para nadie.

No me arrepiento de lo que hice, pero sí que me duele la forma

en la que se lo dije y en el momento en el que se lo dije.

(Música)

(NARR.) "Inicio mi investigación en Alfafar.

El pueblo de la infancia de Concha.

Allí localizo a la que fuera una de sus mejores amigas,

Mari Carmen, integrante de la pandilla

en la que se conocieron Constantino y Concha.

Me cito con ella para intentar averiguar

algo sobre Constantino".

(Música)

Mari Carmen, tú formabas parte de esa pandilla de amigos

donde se conocieron. Donde se conocieron,

Concha y Constantino. Concha y Constantino.

Lo que pasa con la juventud, hasta que te llega el tiempo

de que el novio se te va a hacer el servicio

y te rompe el corazón.

Pero es que la mili de aquel entonces eran de tres años.

Y la chica, pues se lo pasaba mal.

Pero claro, vino la riada, las casas se estropearon

y ellas tuvieron que irse a Francia

para ver si ganaban dinero para arreglarle la casa a su madre.

Mari Carmen, ¿qué recuerdas de Constantino?

¿Cómo era?

Era un chico muy bien, claro.

Porque en aquel entonces, no eran como ahora,

a ver si me entiendes,

eran chicos pues diferentes.

La vida, la vida ha cambiado mucho.

¿Tú te acuerdas de cuando empezaron a salir, ellos dos?

De Conchi y Constantino, ¿te acuerdas?

Sí. ¿Hacían buena pareja?

Sí, sí, claro que sí.

¿Te acuerdas de cuando se marcha a Paris y él a la mili?

Eso fue un bombazo.

Fue un bombazo porque ella le escribió una carta

diciéndole que se lo iba a dejar porque había conocido un chico

e iba a casarse con él.

Pero no sabíamos que lo iba a traer de color. (RÍE)

¿Tú cómo te enteraste?

¿Cómo lo supieron las amigas, lo supisteis todos vosotros?

Cuando ella vino para casarse.

Hasta que ella vino no sabíais nada.

Pensabais que ellos seguían juntos y que un día se casarían.

Claro, esas cosas son íntimas.

¿Me entiendes?

Nos enteramos cuando lo trajo a Alfafar.

¿Qué pasó?

Se casó con él y aquello fue como si fuera la boda de Lolita.

Lolita Flores, cuando se casó con tanta gente, así.

Fue una cosa, un bombazo.

¿Fuiste a la boda? Sí, yo estaba invitada a la boda.

Yo me acuerdo, que la hicieron en casa después el convite,

en su casa, ya la otra, y, estuvimos allí.

¿Hace cuánto tiempo que tú no ves a Conchi?

Pues ya hace muchos años, muchos.

Muchos, muchos porque la vi una vez, pero fue por casualidad

que estaba con la hermana que había fallecido.

Ahora hace años que no la he visto.

(Música emotiva)

(NARR.) "Mari Carmen me ayuda a llenar los vacíos

en el relato de Concha.

La historia vista desde la perspectiva

de las amigas que se quedaron en Valencia.

Sin duda, para Concha, no fue fácil irse,

pero compruebo que para los que se quedaron

tampoco resultó sencillo".

(Música)

Mari Carmen, ¿sabes que ha sido de Constantino?

Sí, que se casó y, después,

poco, porque yo como ya te dije, cuando vino la riada yo ya trabajaba.

Después, me fui a trabajar a Benetússer,

pero nunca lo he topetao por Benetússer.

¿Él se marchó de allí?

No, no. ¡Qué va!

Él vivía en Benetússer.

Y tenía su trabajo y todo allí.

¿Se quedó en su pueblo? Sí, sí.

Y aún sigue en Benetússer.

Aún sigue.

Mari Carmen, ¿sabes cómo se encuentra él?

Mal.

¿Está mal? Sí.

¿Mal de salud? Mal de salud, claro.

¿Se olvidó de ella?

Eso ya... (RÍE)

¿Crees que Constantino ha recordado siempre a Conchi?

Yo creo que sí que la quería mucho, sí.

¿Por qué no?

Ya te digo que los amores primeros no se olvidan.

¿Tú me ayudarías a encontrarle? Claro que sí.

¿Sí? ¿Tú me puedes indicar cómo seguir buscándole?

Enseguida. (RÍE) Venga.

(NARR.) "Mari Carmen me cuenta que Constantino sigue viviendo

en el pueblo en el que nació, Benetússer.

Y esa pista es definitiva.

Paseo por sus calles y tras realizar un par de indagaciones

localizo a Constantino.

Aunque está enfermo y se siente mayor,

consigo conversar con él unos minutos más que suficientes

para volver a citarme con Concha y así cerrar definitivamente

su historia".

Conchi, tú me pediste que te ayudara a saber qué fue de Constantino,

pero me gustaría que recordáramos cómo conoces a Constantino.

Pues éramos jóvenes, éramos críos,

como aquel que dice

y... (DUDA)

y salíamos a pasear.

Había un paseo en Catarroja

que ese era donde se hacían novios.

(RÍE) En Catarroja, había una calle

que se decía el paseo. El paseo de los novios.

Sí y está a tres pueblos después de Alfafar.

Nos íbamos allí y paseábamos, las chicas y los chicos iban detrás.

Nosotras haciéndonos las tontas, las ñoñas y ellos detrás.

Y ahí, más o menos, ya hubo algo.

Y íbamos todos los domingos

y él tiraba mucho por mi hermana.

De primero, tiraba mucho por Rosa, pero mi hermana era una volandera.

Esa no le hacía ni caso.

Ella: "¡Bah! Este a mí".

¿Constantino se declaró? ¿Te dijo, oye, vamos a salir?

Sí, ya me dijo: "Bueno, ¿qué? ¿salimos juntos?"

Le dije: "Estamos saliendo todos juntos".

Dijo: "No, no, solos. Como novios".

Ahí me subió un pavo que no veas tú.

Digo este se ha declarado, que no me lo esperaba tampoco,

pero bueno, yo también tenía un poquito de eso por él

porque era un buen chaval.

Y... (DUDA)

Y ya, pues así, empezamos, ¿no?

Pero ya lo que te he dicho antes, ya para entrar en casa, no,

porque no podía entrar, me dejaba en la esquina

y él se tenía que ir.

Porque ahí tenía que venir a pedir la mano a los padres.

¿Qué años tenías tú entonces?

¿Qué tendría, 16 años?

Sí, 16 años.

En ese grupo de amigos, ¿quiénes estabais?

Estaba tu hermana Rosa, ¿no? Sí.

¿Y quién más?

Ahora no me acuerdo yo, las veo,

pero no me acuerdo casi de los nombres.

Aurelia... eh... (DUDA)

Muchas chicas y chicos también había.

Si yo no te conociera

y te estuviera viendo ahora mismo por primera vez, Conchi

y tú me dices: "Yo quiero saber qué fue de Constantino",

y yo te digo: "¿Quién es Constantino?"

¿Tú qué me dices?

Pues mi primer amor.

El primero que tuve.

Porque aparte de él, yo no tenía otro allí.

Yo solo he tenido dos hombres, aunque este solo entre comillas.

Fue él y luego mi marido.

Ya no ha habido nada más.

¿Cuánto tiempo hace que no sabes nada de Constantino?

Desde el año 60.

¿Esa fue la última vez que os visteis?

(ASIENTE) Cuando él se iba a la mili.

En enero del 60.

Él se iba a la mili y tú a Paris. (ASIENTE)

¿Qué recuerdo tienes de ese día, Conchi?

Pues, una despedida

que ahora la gente se reiría, ¿no?

Porque ahora, la gente, es diferente todo.

Todo ha cambiado mucho y, luego, cuando llegué a Paris, también,

yo tanto que estaba preocupada y aquí van por la calle besándose

y todo. Entonces fue eso, salimos y... (DUDA)

Paseamos un rato por la calle y nos dimos un beso, o dos, o tres.

Ahí quedó la cosa.

¿Qué os prometisteis en esa despedida?

Nada, que si él se iba

a la mili, no es que él quisiera, era una obligación.

Entonces, yo me voy a Paris con mi hermana a trabajar

para poder pagar la casa y luego recoger un poco de dinero

para cuando venga, rehacer la vida y casarnos.

Todo quedó así, él no se opuso a nada.

Y que nos teníamos que escribir todos los días y todo quedó así

y así fue.

Esa era tu voluntad, tú querías. Sí, sí.

Tú querías hacerlo. Sí, claro.

Y eso fue... (DUDA)

Eso fue en enero, pues en septiembre,

a últimos de septiembre es cuando hice la salida

que fui con la hermana y con la amiga a la fiesta esa antillesa

y ahí es donde conocí a mi marido ya.

Ya han pasado 56 años.

¿Por qué ahora?

Porque tengo algo ahí dentro que me dice que tengo

que decirle algo.

No puedo guardarlo más.

Desde el primer día quería decírselo.

Yo siempre he respetado mucho la familia y digo

y si está casado, si tiene hijos,

No quiero yo que haya malos entendidos, ¿entiendes?

¿Qué cosa es lo que le tienes que decir?

Le tengo que decir que no me arrepiento de lo que hice

porque la cosa no me ha ido mal.

Yo sigo enamorada de mi marido y mi marido de mí.

Pero dejarlo en la situación que estaba,

en las circunstancias que estaba, allá tan solo,

eso me dio que pensar.

No pensar por volver, sino que digo, a este chico lo he dejado tocado.

Porque cuando somos humanos también pensamos en el mal de los otros.

A los 56 años, son muchos años.

Muchísimos.

Un día cogí, porque para ir a Alfafar,

puedes ir en tren, es la primera parada después de Valencia

y para en Alfafar, que está Alfafar y Benetússer,

cruzas y estás. Pensé y digo, ¿qué no iré yo?

Digo, pero es que no sé dónde vive, sé dónde tenía la tapicería,

pero es que ahora... Muchas veces lo he pensado,

pero no me he atrevido nunca. Y ahora, es la ocasión.

Este programa, pues digo, voy a ver.

No solo eso, es que en 56 años

la gente va y viene, deja su ciudad, su país...

Claro, claro. A saber.

Bueno, si no se encuentra, pues...

¿Qué quieres? Yo lo he intentado.

Y lo intentaría muchas veces también.

Si es el caso.

Yo sí sé qué fue de Constantino.

¿Sí?

(Música emotiva)

La vida está llena de decisiones.

A veces las tomamos en compañía

y otras en soledad.

Mucha suerte.

(Música emotiva)

(Música dramática)

(LEE) "Conchi, eres el amor más grande que he tenido.

No tengo nada que perdonarte.

Eres el amor más grande que he tenido

pero ya estoy muy viejo y enfermo".

Yo también estoy vieja.

(LEE) "Te dejo mi número de teléfono

para que me llames cuando quieras,

pero quiero que sepas

que no tengo que perdonarte nada.

Constantino".

(Música emotiva)

Está enfermo.

Gracias.

Yo no creía que era así.

Creía que me tenía odio.

Que nunca ha tenido rencor y que me perdona de todo

y que no hay nada que perdonar.

Y eso a mí me ha dejado...

Bien.

(Música alegre)

Pero ahora que sé que todo está bien sí que iré a verlo.

No conozco a nadie

que no se pregunte en algún momento de su vida

qué fue de su primer amor.

Es inevitable.

Es inevitable cuestionarse qué habría sido

si hubieras seguido a su lado.

Qué hubiera sucedido si tú en lugar

de decir "no", hubieras dicho "sí".

Si le hubieras elegido

a él o a ella en lugar de elegir a otra persona.

Todos en algún momento

de nuestra existencia nos preguntamos,

bien por nostalgia,

bien por arrepentimiento,

qué fue de él o de ella, del primer amor.

(Sintonía del programa)

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Dime qué fue de tí - 18/07/16

18 jul 2016

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