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Para todos los públicos Dime qué fue de ti - 04/07/16 - ver ahora
Transcripción completa

-Fue un maestro sensacional.

Muy bueno.

-Os quería mucho, yo no sé si eso lo sabéis.

-Maestros así, yo creo que son los que...

hacen falta, porque aquel era un maestro de vocación.

-No será importante que él me perdone o no,

solamente el que yo pueda pedir perdón.

-Yo creo que son niñas buenas, niñas trabajadoras, con estudios.

Yo quiero pensar en positivo siempre.

-Para la palabra que tú has dicho, lealtad, no existe el tiempo.

No pasa el tiempo, está ahí, en el fondo del corazón,

y del pensamiento, del sentimiento.

¿Ahí ha estado Eduardo estos años? (ASIENTE)

A mí encantaría darle las gracias

y, por lo menos, devolverle un poquito de lo que me dio.

(Sintonía de programa)

A los 13 años, en mi vida se rompió un eslabón

y él se puso allí y agarró la cadena

y le tengo que agradecer. (SE EMOCIONA)

Fue un maestro sensacional.

Muy bueno.

"Jon, nacido en Frúniz, un pueblo próximo a Bilbao,

perdió a su padre, víctima de un cáncer,

cuando tenía solo 13 años.

A esa edad, para ayudar económicamente a su madre

y a sus hermanos, empezó a trabajar en una carpintería.

Era un niño.

Sin embargo, gracias al esfuerzo de Rafael Sánchez,

su maestro en la escuela de Frúniz,

Jon pudo seguir estudiando y aprendiendo.

Hoy, con 58 años, arquitecto,

se pregunta qué fue de su antiguo profesor

del que nunca se ha olvidado".

Tú quieres saber qué fue de alguien muy importante en tu vida.

Muy importante. Sí, es un maestro,

D. Rafael Sánchez,

que lo tuve cuando tenía 13 años.

Es un maestro que vino a un pueblecito de Vizcaya, Frúniz.

Me dio clases,

pero lo que ocurrió

es que yo a los 13 años tuve que empezar a trabajar.

Entonces, ya corté con la escuela.

Tuviste que crecer muy pronto. Sí.

Mira que me gusta el concepto que has utilizado, maestro.

Un maestro.

Aquel fue un maestro excelente y mejor persona.

Porque es una persona, para mí...

para mí, fue sensacional.

Si ese maestro no me hubiera ayudado, ese eslabón se rompería.

Entonces, él me dijo:

"Aunque vayas a trabajar, no tienes que dejar de estudiar.

Tú cuando vengas, yo te voy a estar esperando".

Y el hombre... Yo llegaba, a las 19:00 cogía el autobús

y llegaba a las 19:30...

E iba a la escuela de Frúniz y él me estaba esperando allí

para darme la clase que habían dado ese día,

cuando él era un funcionario.

Él se quedaba para darme las clases.

Y él o cobraba nada,

eso lo hacía por voluntad propia.

¿Y eso lo hacía un día? ¿Dos a la semana...?

No, de lunes a viernes.

Todos los días, todo el curso.

Sí, todo el curso. Él me esperaba y me decía:

"Si tú necesitas trabajo algún día,

tú vienes allí conmigo y vas a trabajar con mi padre.

Él fue casi como un padre para mí.

Él, no sé por qué, me cogió mucho cariño, pero él...

Esa forma de enseñarme, era... Te emociona su recuerdo.

Sí, porque maestros así,

yo creo que son los que hacen falta.

Porque aquel era un maestro de vocación.

¿Por qué empezaste a trabajar tan pronto?

Mi padre, yo cuando tenía 13 años,

le diagnosticaron cáncer de colon.

Y ya el pobre hombre no pudo trabajar

y me ofrecieron un trabajo de carpintero en Munguía.

"Al enfermar su padre, Jon se vio obligado a trabajar

con tan solo 13 años en una carpintería de Munguía.

Trabajaba duro, 10 horas al día, de lunes a sábado.

Y los domingos, en el bar del pueblo, otras 10 horas.

Demasiada presión para un niño

que asumió desde muy pronto una gran responsabilidad".

(Música emotiva)

No nos remontamos muy atrás, eres un hombre joven.

Tienes 58 años. 58 años.

Eres arquitecto. Arquitecto técnico.

(RÍE) Eres arquitecto técnico, hay que contarlo,

porque, hombre, la vida, tu propia vida,

tu biografía es la de mucho sacrificio, también.

Pero ¿aquellos años fueron años felices para ti?

A pesar de la dificultad, de tu padre enfermo,

de todo lo que tú trabajabas.

Yo hasta los 13 años lo único que hacía era jugar,

ir a clase...

A los 13 años, cuando empecé a trabajar

ya fue un poco más duro,

porque en Munguía yo era carpintero

al lado del campo de fútbol y del instituto

se estaban edificando bloques

e iba allí a clavar tarima, a hacer puertas, armarios...

Y claro, yo por la ventana,

veía a mis amigos, de mi edad,

cómo jugaban al fútbol, iban a clase,

al instituto, y eso a mí me daba pena, me daba...

Con lo que me gustaba a mí jugar al fútbol,

con lo que me gustaba ir, estudiar,

joder, y no podía.

Pero por otra parte, estaba mi maestro.

Tu maestro. Siempre me decía:

"Oye, tú no dejes de estudiar,

aunque estés trabajando, intenta estudiar".

Cuando tenía unos dieciocho años

fui a sacar el graduado escolar,

saqué el graduado escolar...

Y después quise...

"Voy a seguir estudiando".

Después me apunté para sacar el Primero de B.U.P.

en el INBAD: el Instituto Nacional de Bachiller a Distancia.

(RÍE) Yo me acuerdo. Es verdad. Sí, sí, sí.

Ibas a un instituto en Bilbao, en Recaldeberri.

(DUDA)

Y cuando empezaba el curso te daban un montón de libros

y te decían: "En febrero vienes a examinarte".

Bueno, cogías todos los libros y para casa.

Qué orgullo sería para ese profesor

que se cruzó en tu vida en un momento,

pensar que este niño, que cayó en sus manos,

que tenía que sacar a una familia, que lo estaba pasando muy mal,

con un padre enfermo, después fallecido,

ver que, oye, mira, se ha convertido en un arquitecto,

que tiene un hijo que está estudiando arquitectura.

Tu hijo pequeño, ¿no? El pequeño, sí.

La vida es como una cadena.

En un año determinado, se rompió un eslabón

y si no hay alguien que agarre

los dos trozos de la cadena pues lo tienes difícil.

Se te rompe el futuro.

Y él fue una persona que...

intentó volver a unir esas cadenas

para que yo siguiese estudiando,

que no dejase de estudiar y aunque trabajase,

que tirase para delante.

He estado en Internet buscándole, ponía el nombre y no me salía.

Jope, ¿qué será de este señor?

¿Por qué le buscas ahora, Jon?

Para darle las gracias.

(Música emotiva)

(EMOCIONADO) Para darle las gracias.

Si él no se hubiera cruzado en mi camino,

yo creo que hubiera sido mucho más difícil.

Ese eslabón, en una cadena, cuando se rompe un eslabón,

es difícil, es difícil.

(TITUBEA) Él... A los 13 años,

en mi vida se rompió un eslabón

y él se puso ahí y agarró la cadena.

Le tengo que agradecer.

¿Y si es tarde?

Pues lo siento.

Pero me gustaría agradecerle.

Me gustaría agradecérselo porque se portó muy bien conmigo.

Porque un maestro sensacional.

Muy bueno.

En una época difícil de mi vida

y él solucionó un poco ese problema.

Hizo un puente ahí.

Hizo un puente. (RÍE) Está muy bien ese símil, Jon.

¿Cuánto tiempo estuvo contigo?

Pues dos cursos escasos.

Dos cursos. Sí.

¿70-71, 71-72? Calculo. Sí.

Yo nací en el 57...

Pues sí, del 70 al 71 y del 71 al 72.

¿Y el adiós cómo se produjo?

Quiero decir, en aquel tiempo hay que hablar de maestros rurales.

Maestro rural que vivía allí.

Vivía allí y tenía un destino que le iban cambiando asiduamente.

¿Has hablado a tus hijos de tu maestro?

Sí y a mi mujer, muchas veces.

Me encantaría darle las gracias y por lo menos...

devolverle un poquito de lo que me dio.

Teniendo ese afecto por esa persona, ese cariño tan grande,

¿qué le hubieras deseado?

Que le haya ido muy bien en la vida.

Yo creo que sí, porque él era una persona muy agradable,

muy cordial, creo que le habrá ido muy bien.

Pues que le haya ido muy bien.

Y si pudiera darle las gracias, mucho mejor.

"Empiezo mi investigación

para encontrar a Rafael, el maestro de Jon,

buscando en Internet posibles referencias.

Pero no hay nada que pueda conducirme hasta él.

Tras muchas llamadas y comprobaciones de registros,

logro averiguar que Rafael se fue de Bilbao a su pueblo natal,

Navaluenga, en Ávila.

Siguiendo la pista de la serrería que tenía su padre,

localizo a Rafael.

El maestro continúa viviendo en el pueblo en que nació,

donde convive junto a su mujer, Rocío, también maestra.

Consigo hablar con ella, que muy amablemente,

me ayuda a citarme con Rafael

para comprobar si recuerda a su alumno".

¿Tú eras vocacional, Rafael? ¿Siempre has querido ser maestro?

He disfrutado.

No habré ganado dinero, en magisterio,

pero lo que me he reído y lo que he disfrutado vale más,

me ha compensado.

Eso es formidable.

Aunque tengo la sensación, te preguntaba si eras vocacional,

porque tengo la sensación que tenías otra vocación guardada.

Vine, en aquella época... Cuánto hace, 60 años.

Vine al Ministerio del Aire porque quería ser piloto.

Piloto civil. ¿Y qué pasó?

Que en los pueblos...

En los pueblos económicamente no se podía.

No había instituto, había que ir a Ávila.

Y, claro, eso ya...

Y tuvimos la gran suerte de que un farmacéutico

nos daba clase pues a un grupo:

a una hermana mía, que hizo Magisterio, a mí,

a una prima... Pues salimos 7 u 8 maestros.

Por lo que me cuentas, el primer destino que tú tienes es el norte.

Es el norte, sí. A Bilbao.

Bueno, en Bilbao estuve tres años. Y después me fui a Frúniz.

¿Esa escuela dónde estaba?

¿Era parte del ayuntamiento? Sí, era municipal.

¿Tenía pupitres, estaba bien habilitada?

¿Sus armarios, sus cosas? (TITUBEA)

Había un armario roto que uno de los chicos arregló.

¿Cómo que lo arregló? ¿Un chaval lo arregló?

Es que había un niño que tuvo que salir de la escuela con 13 años.

Trabajó en una carpintería y demás.

Allí era maestro para todos.

¿Ese niño tuvo que dejar la clase

para ponerse a trabajar, con 13 años?

Sí, se fue a trabajar a Munguía.

¿Por qué? A una carpintería se fue.

De carpintero, de aprendiz.

Porque en casa, económicamente, no podían.

El padre murió joven.

Tenía tres hijos de familia.

Y tú le seguiste ayudando, le seguiste enseñando.

Sí, le dije que mi padre tenía una carpintería:

"si un día no encuentras trabajo y quieres ir para allá..".

-Su padre creo que tenía carpintería o serrería.

Y siempre me decía: "si tú necesitas trabajo algún día,

tú vienes ahí conmigo

y vas a trabajar con mi padre".

Él fue casi como un padre para mí.

Pero ¿le seguías dando clase?

Sí, él cuando iba, venía de trabajar.

Es que yo disfrutaba dando clase. He disfrutado.

Me gusta, es que me encantaba, la verdad.

Luego, lo dejé y lo pasé mal.

-Esa forma de enseñarme,

además, era un maestro muy especial.

Nunca le vi enfadado o chillando a la gente, a los alumnos.

Dime una cosa, Rafael,

¿qué recuerdo guardas de aquellos tiempos en Frúniz?

De aquellos, yo fui feliz.

Lo primero, el ir a Bilbao, me gustó mucho.

Porque soy muy aficionado al fútbol, me gusta mucho el fútbol.

Y estar en una capital que tuviera un equipo de primera división...

El Athletic te encantaba. (RÍE) No podía estar en Madrid...

¿Y te acuerdas de aquellos chavales?

Sí, sí. Hombre, ya si los veo son muchos años.

Quiero decir, aquí en el corazón los guardas,

¿piensas qué habrá sido?

Hombre, era como un padre para ellos.

Un segundo.

Es que quiero mostrarte una cosa.

Cuando has dicho que eras un maestro práctico,

que enseñabas las cosas de forma práctica,

he pensado en esto.

(Música emotiva)

¿Sabes qué es? Sí.

Tú enseñabas, ¿te acuerdas?

Sí, algo. (RÍE)

Enseñabas con un taquímetro

cómo de alto era un frontón.

Este dibujo,

lo ha hecho un alumno tuyo.

Ha dibujado lo que tú le enseñaste

hace ya 40 años.

Fíjate, 46 años. 46 años.

46 años, sí... (EXCLAMA)

Ese alumno,

lleva todo ese tiempo preguntándose qué fue de D. Rafael.

Jolines.

¿Has encontrado a otros alumnos tan importantes

como fueron aquellos chavales?

Ese alumno...

Este lugar, cuando nos hemos visto me has dicho: "Me suena a..".

¿A qué te suena? A arquitectura.

A un estudio de arquitectura.

Ese alumno es arquitecto. ¿Es arquitecto?

Ahora es arquitecto.

Y es él.

(Música emotiva)

Ábrelo.

Son sus notas en aquel curso 1970-71.

Y su nombre...

Juan Luis Aurteneche Uriarte.

Jon.

Es el niño,

el niño al que tú encargaste hacer un armario.

Sí, sí.

(Música emotiva)

Quiere verte, Rafael.

¿Sí?

Me gustaría.

46 años después, quiere saber qué fue de ti.

Ya me gustaría.

Fíjate.

Dice que es el hombre que es gracias a ti.

Bueno... (RÍE)

La verdad que sí. (RÍE)

A veces pensamos que pasamos por las vidas de otras personas

y que se olvidan de nosotros. Estamos ahí un ratito.

Y sin embargo, lleva 46 años recordándote.

Y es arquitecto. Es arquitecto.

Joer...

¿Quieres verle? ¿Eh?

¿Quieres verle? Hombre, no me digas, ¿sí?

Sí.

Jon, tú quieres saber qué fue de D. Rafael,

tu profesor de los 13. Efectivamente.

Y con la de maestros y profesores que tú has tenido en la vida,

todos sumamos en nuestro aprendizaje

personas que se han cruzado en nuestro camino, ¿por qué él?

Porque fue en una época de mi vida un poquito... (TITUBEA)

Fue justo en ese momento que me dio la mano

y me ayudó, en ese momento.

Entonces, bueno, a él, como se portó muy bien conmigo,

bueno, sería justo agradecerle.

La huella que deja en ti es lo importante.

Sí.

A veces, pensamos que es recíproco, ¿no?

Que alguien deja huella en nosotros y nosotros en la otra persona.

Y no tiene porqué ser así.

No, en este caso, yo estoy convencido

de que yo para él seguramente habré sido uno más.

Pero él, no fue uno más.

Él, para mí, fue un muy buen profesor o maestro.

Fue mi maestro. Eso lo bello.

Eso es lo hermoso, Jon.

Que hizo de ti el hombre que eres.

Seguramente, no sé...

Eso nunca se sabe, lo que hubiera sido,

pero claro, es muy bonito que él, en esa época,

que estuviese ahí y que me ayudase a saltar ese pequeño bache.

¿Si él no hubiera estado ahí, tú serías arquitecto ahora?

Pues no lo sé, pero sería más difícil,

porque si él no me hubiera ayudado,

yo no hubiera sacado el graduado escolar,

con lo cual, todo lo que viene al final pues no puede ser.

Una cadena.

Creo que de las anécdotas entre los dos,

hay como un primer encargo que él te hace en su día, ¿no?

Sí. (RÍE)

Una vez, el ayuntamiento trajo como un armario de esos desmontables

y me dijo a ver si yo sería capaz de montar aquello.

Hombre, claro, no voy a ser.

Entonces, fui allí y con un destornillador que yo tenía

lo armé y me dio un dinerillo.

Era como un guía, mirando hacia atrás, ¿no?

Un padre. Casi un padre, sí.

Un segundo padre. Un segundo padre.

Me gustaría darle las gracias porque en ese momento de mi vida

pues él fue una ayuda para mí.

Era un excelente maestro y, bueno, darle las gracias.

¿Y si es tarde ahora?

Puede ser.

Jon,

yo sé qué fue de D. Rafael.

Pero como en esta vida has tenido que trabajar solo

desde muy pequeño y afrontar muchos retos solo,

este último, tienes que vivirlo también solo.

(Música emotiva)

(ININTELIGIBLE)

-Sí te conozco.

¿Qué tal?

-Solo quería darle las gracias

por todo lo que hizo por mí. -Nada.

Me hizo muy feliz.

-Pues a mí me vino fenomenal que Ud. estuviera allí.

-Bueno, entonces hacíamos lo que podíamos.

(JON) Tengo las notas ahí del 70. -Las he visto, me han emocionado.

Es lo más emocionante que en mi vida he podido... (RÍE)

No sé, es algo que no tiene explicación.

-No he vuelto por allí. Tengo muchas ganas de ir

porque me dejó muchos recuerdos buenos.

-Yo me casé...

y llevo 30 años viviendo en Bilbao.

-Vivo en Ávila, en un pueblo. -Sabía que vivía en Ávila,

he entrado en Internet, pero no le he encontrado.

Yo he pensado en él muchas veces,

pero ¿cómo encontrarle? He entrado en Internet... y no.

Y cuando me he encontrado con él... mucha alegría.

Tienes que venir, a la familia.

Un viaje. Sí, que sí.

-Estoy aquí... para agradecerle lo que hizo por mí.

(EXCLAMA Y LE DA UNA PALMADA)

-A los 13 años tuve que empezar a trabajar.

Pero Ud. no tenía por qué estar allí esperándome a mí.

Estaba allí esperando para darme la clase...

-A ver quién no. ¿Y si no, quién te la va a dar?

-Yo he tenido muchos maestros en esa época...

Usted fue el mejor.

"La historia de Jon me demuestra que todos tenemos un maestro,

o una maestra en nuestra vida". Si lo pensamos,

hubo en nuestra época de estudiantes,

alguien que nos marcó el camino.

Que descubrió nuestra vocación.

Que vio nuestro talento cuando andábamos entre juegos

o aprendiendo de memorieta los libros.

Alguien que quizá nos guio para no entrar en el mal camino

o nos alejó de malas compañías, que puso un libro en nuestras manos

y ahí ya nos envenenó con la lectura.

Yo tuve una maestra.

Sí, yo también tuve una maestra que fue capaz de ver en esa niña

que no paraba de hablar en clase, que era una cotorra permanente,

que lo de darle a la palabra se convertiría en una profesión.

Gracias, maestra.

(Música emotiva)

"La emoción del maestro

es comparable a la del reencuentro con un hijo.

Pero, ¿y si perdemos la pista a nuestra propia familia?

Ese es el caso de Carmen y Loli, que llevan más de 20 años

sin saber qué fue de las hijas de su hermano".

Tu padre era muy cariñoso con vosotras y con todo el mundo.

Y os quería mucho.

(Música emotiva)

Os quería mucho. No sé si eso lo sabéis.

"La historia de Carmen y Loli es la de una vida de ausencias.

Perdieron a sus padres y a su hermano,

y, en medio de tanta pérdida, también a sus sobrinas,

Rosa y Tamara, hijas de su hermano

a las que no ven desde hace 24 años.

Su madre se las llevó cuando aún eran bebés.

Carmen y Loli se preguntan qué habrá sido de ellas,

si saben que tienen otra familia, si son felices.

Localizarlas se ha convertido para las dos

en una prioridad en su vida".

Bueno, estamos conversando, nos estamos conociendo

porque queréis saber qué fue de dos sobrinas vuestras.

Las hijas del hermano pequeño, Jorge.

En paz descanse.

-Sí que no sabemos nada de ellas, desde que eran chiquititas.

¿Cómo se llaman? Rosa y Tamara.

Son las hijas que tuvo con la mujer, con Rosa.

Sí, su pareja.

¿Hace cuánto que no sabéis de ellas?

(DUDA) ¡Uf! Veinti...

23 años o por ahí. O veintitantos años.

¿Ellas qué años tienen?

27 y 25.

Vosotras veis a Rosa y Tamara, por última vez, siendo dos crías.

Pero en la cabeza las seguimos teniendo como niñas chicas.

Ay, las niñas. El poder de los recuerdos.

Sí, claro es como las recordamos.

-Quisiéramos ver cómo están ahora, cómo son, qué ha sido de ellas,

solo para que sepan que tienen familia en Málaga,

que las echamos de menos, siempre las echamos de menos,

pero no teníamos forma de contactar.

¿Cómo era Jorge?

Pues muy juguetón, muy bruto, muy sanote

y muy cariñoso.

-Muy cariñoso, sencillo. -Estaba siempre canturreando,

siempre haciendo alguna trastada. Siempre.

Muy noble, muy sanote y cariñoso, no daba un ruido.

¿Qué le pasó a Jorge? Pues que cayó malo.

¿Por qué se torció? Se dejó llevar.

Yo creo que es la ignorancia de no saber el mundillo ese,

no conocerlo, dejarse llevar por los amigos.

Y nada... Después, ya no levantó cabeza.

-La vida le consumió a él.

La vida.

En ese período en el que nace su niña,

¿él ya se encuentra mejor?

¿Estaba rehabilitado? ¿Se incorpora a la vida?

Él hizo amago de dejarlo,

lo intentó y más cuando nació la niña.

Pero no lo consiguió.

De hecho, estuve yendo con él al Proyecto Hombre y todo,

porque quería recuperar a sus hijas, él quería recuperarlas,

pero no lo consiguió.

-Eso es muy malo. Es una enfermedad muy mala.

Es una enfermedad.

"Jorge, el hermano de Carmen y Loli, conoce a Rosa en su mismo barrio

siendo dos críos.

Rosa se queda embarazada de Jorge con 17 años

y la familia de su novio la acoge como a una más.

Se amaban con locura, como niños,

pero ser padres implica responsabilidades".

Pasa el tiempo y nace una segunda niña.

Nace una segunda niña, morenita, preciosa, como la madre

y muy bien, muy bien. Año 91, Tamara.

(ASIENTE)

Y ya eran dos.

Pero falleció mi padre, que en paz descanse,

el 23 de mayo del 91.

¿Había nacido ya la niña pequeña?

No, la niña nació después. Pero en muy poquito tiempo.

Sí, se hunde todo.

Se hunde todo porque en casa entraba solo la pequeña pensión de mi madre,

ya no podía tirar de todo.

No seguís manteniendo la tienda. No, la tienda se cerró.

-Y se vendió.

-Pero se vendió en el 93. -Sí, se vendió después.

-Después de que Rosa se fuera.

Rosa se fue antes de que se vendiera la tienda.

¿Por qué se fue Rosa?

Porque ya no había, no había...

no había medios.

-Y con Jorge, tampoco la cosa iba bien.

-Por eso, porque no había medios.

Ya no iba bien porque... no había.

-Tenía dos niños

y veía que con Jorge no podía tampoco.

Y se vino para Madrid, aquí estaba su familia.

Mientras estaba vuestro padre vivo

y se sostenía una economía familiar era más fácil.

(AMBAS) Claro. -Es que es normal.

Quizás los problemas de pareja, la dificultad que suponía,

en fin, la situación de vuestro hermano,

el hecho de ser muy joven con dos niñas,

pues ella se sentía arropada, por todo,

pero cuando faltan los recursos, es todo mucho más complejo.

Porque eran una carga para mi madre.

Entiendo que no quisiera ser una carga para una viuda.

¿Alguien de la familia buscó a las niñas?

¿La abuela, por ejemplo?

Mi madre en cosas de Internet y todo eso como que no. (RÍE)

Pero, nosotras sí.

Nosotras las hemos buscado por Facebook.

Por Facebook hemos averiguado dónde estudió Tamara, ¿no?

-Sí. -Y Rosita.

Hemos llamado, lo que pasa es que habían terminado los estudios.

Dicen que si llegan a estar ahí, sí, pero como ya han terminado...

Y no hemos podido dar con ellas. -Yo he hecho de Inspector Gadget.

De Inspector Gadget.

He mandado a la policía, superamable todo el mundo, en Madrid.

En Madrid, chapó la gente.

Nada, se ha mudado y no saben dónde se ha ido.

Después, en el instituto donde estuvo trabajando,

pues llamé a tal hora que viene la tutora que le dio el curso,

hablé con la tutora. Dijo: "mira, he conseguido el teléfono.

Voy a llamar y después te llamo".

Y dice: "Han cambiado de teléfono".

En un pueblo, he hablado con la Alcaldía.

La Alcaldía habló con el vecino que vivía ahí.

Y nada, que no tenía nada de dirección.

Después, otra familia dijo que creía que sus hijos la conocían.

Y después, no la conocían.

De Inspector Gadget, ya te digo.

¿Qué creéis vosotras que ha sido de ellas?

Yo creo que son niñas buenas, niñas trabajadoras,

niñas con estudios,

yo quiero pensar en positivo siempre.

"Mientras Carmen y Loli narran anécdotas familiares,

me muestran la cartera de su hermano dónde él siempre llevaba

las fotos de sus hijas.

La guardan como un tesoro.

Entonces, pienso en el último viaje de la familia Ramírez Alba,

el que emprendieron Rosa y Tamara junto a su madre,

en el año 1992, de Málaga a Madrid.

Y en el vacío que dejaron detrás.

En mi investigación,

encuentro referencias de varios domicilios,

casi todos en la provincia de Madrid,

En los que podrían haber residido las niñas junto a su madre,

dando la sensación de que no vivían mucho tiempo en la misma casa.

El rastro de las hermanas es escurridizo,

pero descubro una pista en la red

que ubica a una Tamara Rodríguez con un perfil similar

a la chica que busco.

Trabaja en la capital,

como asistente social con personas dependientes.

Así consigo dar con Tamara y citarme con ella.

En efecto, es la sobrina de Loli y Carmen".

Bueno, Tamara, 24 años y a mí que me parece

que es como si tuvieras más.

Pues sí que me lo suelen decir bastante.

¿Te lo dicen? Sí, pero desde siempre.

En cuanto se habla un poco contigo, dices, ¡guau!

Tamara es una mujer bastante madura.

Tu trabajo marca.

Sí, pero es muy agradecido.

Es uno de esos trabajos

en los que a pesar de tener que ver a las mismas personas todos los días,

no es un trabajo repetitivo, no es monótono.

Luego llegas a casa y te sientes bien contigo misma.

Dices: "He podido ayudar, he podido hacer esto, está guay".

Trabajas cuidando de personas dependientes

y para eso, pensaba... (PENSATIVA)

Una de dos, o hay que ser especialmente sensible

o, al contrario, uno tiene que crear una coraza alrededor

para no ser tan permeable y no llevarse a casa los problemas

a casa de las personas que cuidas. No sé cómo eres.

Pues es ni tan calvo ni tan peludo.

Es una mezcla. Me ha encantado.

Claro, es una mezcla.

No puedes ser ni tan sensible

porque entonces, en vez de ayudar, te hundes con ellos,

ni puedes ser tan impermeable porque a ellos les demuestras

que eres como una persona muy fría.

Vives en Madrid, pero naciste en Málaga.

Sí.

Pero no me conozco Málaga ni nada de nada.

He estado criada en Madrid, a mí como me dicen,

el sur se tiene o no se tiene, que yo lo he perdido. (RÍE)

Fíjate, yo no había caído en eso.

Menciono Málaga y para ti no tiene ninguna connotación especial.

Pues no.

Tú llegaste aquí siendo una niña, un bebé de meses,

con tu madre y con tu hermana.

Evidentemente, no tienes recuerdos de aquel momento

porque eras muy pequeña, ¿pero en casa se hablaba de aquello?

¿Qué te contaron?

Pues sí, mi madre, la verdad, siempre me ha contado todo.

Mi madre ha sabido ejercer de madre y de amiga.

Entonces, ella me contó que mi padre biológico,

pues que esa relación no cuajaba, no iba a ningún lado,

entraron en un bucle,

como hay veces, por desgracia, entre las parejas,

y se vino aquí a Madrid.

Luego, ya allí, pues la vida siguió.

No sé si tu madre a tu hermana y a ti os explicaba,

bueno, hay una figura, que es la figura paterna, está ahí,

aquello no funcionó...

¿O era como una especie de velo que cubría esa parte de tu vida?

Pues es que la figura paterna, por así decirlo, ya estaba cubierta.

Porque luego mi madre tuvo otra pareja,

que todavía está con ella,

y, entonces, figura paterna estaba cubierta.

(TITUBEA) Esa... no tenemos... tanta curiosidad, por así decirlo.

Es verdad, ¿y no la tenías?

Pues a ver, yo preguntaba, quién era mi padre,

mi madre me hablaba, me decía que era una persona rubia,

cosa que me chocaba porque mi hermana y yo somos morenas,

que tenía los ojos claros

y no los tenemos oscuros, pero tampoco los claros,

no los tenemos ni azules ni verdes.

¿Nunca has visto una foto suya? No.

¿En tu casa no había una foto de tu padre?

No, no tenía ninguna foto de él.

Siempre queda la cosilla ahí, como en el aire de:

"¿Por qué nunca se pusieron en contacto? ¿por qué nunca tal?"

Cuando dices se pusieron,

¿a quién te refieres, a la familia paterna?

Sí. Porque de él, ¿sabes algo más?

Pues sé que falleció en el 2006

porque nos llegó una carta diciendo: "Ha fallecido".

No me acuerdo si ponía el lugar en el que estaba enterrado,

pero no llegó nada más.

Pero ya el hecho de... jolines,

Habéis estado tanto tiempo sin decir absolutamente nada,

sin nada de nada y, de pronto, mandáis una carta

diciendo que ha pasado esto y no decís, yo que sé,

que tenemos allí una casa para cuando queramos ir,

que nos queréis conocer, que mandemos fotos para saber

cómo somos, que si yo que sé, que en esa carta mandaseis una foto

para saber cómo era, yo que sé, un número de teléfono,

para: "Os podéis poner en contacto".

¿No había nada de eso?

¿Hablabas de estas cosas con tu hermana o es algo muy tuyo?

¿Las dos gestionáis a vuestra manera esa relación?

No, las dos tenemos una idea más o menos parecida

a la hora de pensar de esto.

Siempre hemos tenido una parte de curiosidad

como una especie de espinita clavada, pues sí, nos da curiosidad conocerlo,

o nos hubiera gustado ver alguna foto, saber cómo es.

Saber si lo que tú dices, algún rasgo perdido, en plan,

esto no cuadra con mi madre o yo que sé, pues alguna cosilla.

Saber cómo era su voz.

Son cosas que yo no voy a poder saber.

Cómo conquistó a tu madre, por ejemplo.

Vosotras sois fruto de una historia de amor.

Claro. Son cosas que uno se pierde, pero que...

No todo en la vida es color de rosa.

Mientras antes lo afronte uno, pues mejor.

Tampoco puedo vivir en el pasado,

dándole vueltas 500.000 veces.

"Esta persona no está. ¿Por qué no está? ¿Y por qué no está?"

Tampoco podemos estar así.

(Música emotiva)

Hay algo

que quiero compartir contigo.

Es una imagen.

¿Puedo verla? 24 años sin verla.

Ese es tu padre, Tamara.

(NO DICEN NADA)

Esas partidas de nacimiento las llevaba encima.

Son las vuestras.

Las llevaba encima, pero... ¿cuándo?

Siempre.

Llevaba en la cartera vuestras imágenes,

vuestras fotografías y las partidas de nacimiento.

Nunca se olvidó de sus hijas.

No hay verdades absolutas, Tamara.

Hay tantas verdades como las de...

las personas que están implicadas en un hecho.

Quizás fue la víctima de sus circunstancias

y de su propia vida.

Tienes todo el derecho a tener esta foto.

Es parte de ti.

¿Quién...? ¿De dónde se ha conseguido esta foto?

Bueno.

Tamara, hay dos personas que llevan

24 años...

23 o 24 años preguntándose

qué fue de vosotras.

Son tus tías.

¿Mis tías? Carmen y Loli.

Y no...

¿No te han dicho si alguna vez pudieron ponerse en contacto conmigo?

O por qué nunca se pusieron en contacto conmigo.

Dicen que llevan años intentándolo.

Yo solo quiero contarte que ellas quieren saber

qué fue de vosotras.

A partir de ahí...

eres tú, es tu hermana también,

las que debéis decidir si abrís o no esa puerta.

(Música emotiva)

"Tamara, hasta hoy, ignoraba que tuviera familia paterna.

Ni siquiera había visto una fotografía de su padre.

La decisión que tome afectará a su vida para siempre.

Tamara quiere consultarlo con su hermana Rosa,

que está en su puesto de trabajo ajena a lo que sucede".

Loli, tú formas parte de una familia numerosa,

seis hermanos,

de la cual algunas piezas se han perdido en el camino.

Desgraciadamente. Tus padres, que ya no están.

Tu hermano, Jorge.

Y otras piezas pequeñas

no están porque no sabes qué ha sido de ellas.

No sé lo que ha sido de ellas.

Y me gustaría verlas y saber lo que ha sido de ellas.

Son Rosa y Tamara. Rosa y Tamara.

Rosa y Jorge, tu hermano, empezaron una relación muy jovencitos.

Sí. Es que eran muy jóvenes. Eran dos niños.

Eran muy jóvenes.

Rosa tomó a sus niñas A Rosita, como la llamas tú.

Sí, a Rosita y a Tamara. Y a Tamara.

Salió de allí.

Salió de la casa de mis padres. Por supervivencia.

Sí. Tú entiendes aquella reacción.

La familia lo entendió.

Yo lo comprendo, claro. ¿Pero cómo se quedó tu hermano?

Muy mal. Se quedó hundido.

Claro. Se quedó hundido.

Únicamente quería estar con sus hijas y ya está.

Quería estar con sus hijas, pero tampoco se veía capaz.

Era consciente de que no estaba

en situación de tirar para delante con las niñas y la mujer.

Qué debate interno. Sí.

El tener que superar su problema,

querer tener a sus hijas cerca de nuevo.

Lo que quería era ponerse mejor

y estar con sus niñas.

Pero desgraciadamente no fue así.

¿Él sabía dónde estaban sus hijas?

Sabía que habían ido para Madrid, pero no sabía dónde.

¿Hablaba de ellas?

Claro. ¿Comentaba tanto a tu madre

como a ti, o a tu hermana Carmen...?

¿Comentaba el dolor de la ausencia de esas crías?

Claro, claro que lo sufría.

Lo sufría.

¿Qué pasó con tu hermano?

Pues ya te digo que cuando falleció mi padre

fue duro para todos.

Pero mi hermano...

Recayó.

Se puso peor.

¿Qué diría Jorge si te vieran hablando conmigo?

(EMOCIONADA) Le gustaría mucho.

(Música emotiva)

A mi Jorge le gustaría mucho.

Loli.

Iniciasteis un camino

de búsqueda de Málaga a Madrid.

Esta etapa en el camino,

¿qué vas a hacer ahora?

Tienes que abordarla sola.

¿De acuerdo? Vale.

-¿Tú quién eres? ¿Tamara?

(SOLLOZA)

Después de tanto tiempo, por fin la he visto.

La he podido abrazar.

Es que, vamos, que no me lo creo. No me lo creo.

Me parece mentira.

Fue tan raro, no sabía que tenía tías.

No sabía... -¿No?

-No, no sabía.

-No lo sabías. ¿Has visto fotos de mi hermano?

-La que he visto hoy.

No sabía...

-¿Tu madre nunca te enseñó fotos de Jorge?

-No tiene fotos de él.

No tiene una sola foto de él.

Cuando me hablaba de vez en cuando de él...

yo le preguntaba cómo era.

Y ella me decía que tenía el pelo rizado,

no me dijo que lo tenía claro.

Me dijo que era rubio. -Sí, rubio.

-En la foto sale como castaño.

Y sabía que tenía los ojos claros,

pero no sabía si eran verdes, azules...

-Azules. -Si era alto, bajito.

-Sí, era alto.

-¿Era muy alto? -Alto y guapo.

-Muy guapo. Y muy niño en esa foto.

-¿Eres Tamara? Yo soy Carmen.

Qué guapa eres.

Eres como tu madre.

Qué guapa.

Si es que no me canso de darte besos. (RÍE)

-Solamente es una etapa más.

Es como un capítulo nuevo

en el que descubro que tengo más familia

y que tengo más gente allegada

con la que tengo que labrar una relación.

-Qué guapa.

-Pero era así cuando era un bebé, ¿verdad?

(RÍE) Con el pelo así, morenita.

Y la carita fina.

Como cuando eras un bebé, igual.

-¿Y Rosa?

-Rosa, lo que le comentaba, está trabajando.

Le ha sido imposible venir. Ella quería venir pero...

-No ha podido. -No tenía forma alguna.

Pero tu padre siempre se acordaba de vosotras.

-Siempre llevaba vuestras fotos en la cartera.

-Siempre.

-Lo que pasa es que tuvo muchos problemas.

Era muy noble, muy bueno.

-Él se quería poner bien para estar con vosotras.

-Pero no pudo. -No tuvo la fuerza suficiente.

(Música emotiva)

-Mi madre os tenía a ustedes en la mesita de noche.

-En la mesita de noche, ahí tenía... -Vuestras fotos.

Y decía "¿cómo estarán mis niñas?".

Y yo digo, Dios mío, las niñas habrán crecido,

y seguimos diciendo "las niñas". Les tengo que poner cara.

-Yo con Rosita. Siempre "Rosita". Y ella igual.

-Vamos a...

Vamos a quedar para poder echar luz sobre todos estos años.

Vamos a mantener el contacto. De hecho, me han invitado

a que, cuando quiera, vaya para Málaga.

Que están invitados mi pareja, mi hermana.

Que vayamos para allá.

Para que nos conozca el resto de la familia.

Lo que ha vivido hoy Tamara

es asomarse a un precipicio sin saber exactamente qué hay debajo.

Yo creo que 25 años,

24 o 25 años de silencio

no se pueden recomponer ni restañar

en un rato de conversación, en un programa de televisión,

en un abrazo. Es imposible.

Pero es verdad que Tamara ha dado un primer paso.

Ya tiene la llave para abrir una puerta

y un camino que ella va a decidir de qué manera debe andar.

A lo mejor lo apresura o a lo mejor se toma su tiempo.

Hay muchas preguntas pendientes de ser respondidas.

Hay una familia muy amplia a la que ir incorporando,

si lo desea, a su vida.

Pero de momento, insisto, tiene la llave.

Y todas las preguntas que había alrededor de ella,

sin saber cómo abordarlas,

ya sabe de qué manera responderlas.

"Otras veces las preguntas son tan rotundas como:

'¿Fue culpa mía?'

'¿Hice todo lo posible por estar al lado de esa persona?'

'¿Por qué no respondí a aquella carta?'

Estas dudas llevan repitiéndose en la cabeza de Julio

desde hace 40 años".

Yo he tenido tres amigos en mi vida.

Dos han fallecido.

Y todavía espero saber si Eduardo está en vida

o ha fallecido también.

Una de las primeras cosas que le pediría es perdón,

por no haber seguido esta amistad, esta relación.

"Julio y Eduardo fueron dos jóvenes madrileños

que emigraron a Inglaterra a buscarse la vida

a principios de los años 60, cuando el contraste

entre ambas sociedades era más fuerte que nunca.

Mientras grupos como 'The Beatles' o 'The Rolling Stones'

agitaban las radios y los pubs ingleses,

Julio y Eduardo se labraban un futuro como cocineros.

Allí descubrieron un nuevo mundo,

pero el tiempo, el trabajo y la distancia

los separó hace 40 años.

Hoy, ya jubilado, Julio busca a Eduardo

para cumplir una vieja promesa".

Julio, ¿cómo es tu vida ahora?

Ya estás jubilado, has regresado a España.

Fácil. Siempre ha sido fácil.

Dentro de la dificultad, hay que buscar la facilidad

para poder hacer frente a la dificultad.

¿Y es tranquila? Sí, mucho.

Tú eras un chaval, un hombre muy joven, en Madrid.

19 años.

Te planteas que lo que estás vives no te gusta.

No te gusta esta España gris. Quieres abrir fronteras.

¿Te apuntas a una escuela de idiomas

porque que te quieres ir a Inglaterra?

Es algo diferente.

Quizás la primera vez quise salir para ver qué ocurría.

Lo que había fuera.

Y, cuando llegué allí, no hablada nada de inglés.

Al cabo de unos meses volví a España.

Estuve más tiempo, tuve que hacer el servicio militar en Melilla.

O sea, que pasaron años.

Ahorrar, que ya era difícil en aquella época.

Y entonces sí, empecé a estudiar inglés.

Porque, Julio, tú y yo estamos hablando

porque quieres saber qué fue de una persona.

(ASIENTE) ¿De quién?

De Eduardo Martín.

Eduardo. Eduardo Martín.

¿Quién era Eduardo?

Una persona que conocí en la escuela de inglés.

En la Calle del Arenal, en una travesía de esa calle.

Congeniábamos y teníamos los mismos pensamientos.

Ahí empezó todo, porque es una historia larga.

Empieza en Madrid

y os lleva a Inglaterra.

Sí. ¿Cuándo?

En el 61.

Estuvimos en un campo de vacaciones, un campo agrícola,

que se llamaba en aquella época "de vacaciones",

pero íbamos a trabajar.

Nosotros no teníamos medios de vivir sin trabajar

y sin ganar dinero.

O sea, que estuvimos en ese campo durante dos meses, dos meses y medio.

Y luego fuimos a Manchester.

Esto del campo de vacaciones me hace mucha gracia.

Estabais trabajando, pero os lo pasabais bomba.

Sí. Por la noche se olvidaba el cansancio.

¿Qué hacíais por la noche?

Pues bailar. Él cantaba.

¿Eduardo cantaba? Sí, y muy bien.

¿Qué cantaba? De todo, todo lo moderno.

Los "Platers", Brenda Lee,

Elvis Presley. Todo lo moderno de aquella época.

(Música emotiva)

"Una vida en la Inglaterra de los 60 para dos chicos españoles

era un universo desconocido.

Recuerdo con Julio la música, las anécdotas...

Momentos imborrables que pasó con Eduardo".

Eduardo entró en la hostelería directamente,

porque no trabajaba de eso, trabajaba en una mercería

en la Calle Serrano.

Eduardo encontró una plaza en cocina

y empezó a ayudar.

¿En el mismo restaurante los dos? Sí.

¿Cómo se llamaba? El Pancho.

¿El Pancho? ¿En Manchester? En Manchester.

En Gloucester Street.

Él estaba en la cocina. ¿Y tú?

En la barra.

En la barra para empezar.

Allí estáis juntos, ¿cuánto tiempo?

Tres meses. Porque luego vais a otro sitio.

Luego vamos a otro sitio.

Es decir, empiezas a cambiarte de trabajo

y él te sigue.

No. De ahí ya no separamos. Ya no trabajamos juntos más.

Fuimos a Londres.

Él trabajó en un restaurante. No me acuerdo en cuál.

Yo entré a trabajar en un hotel cinco estrellas de alto lujo.

En un... (TITUBEA)

En un servicio como nunca se ha visto desde entonces.

Extraordinario. Ahí es donde aprendí el servicio verdaderamente.

El que ha sido tu oficio a lo largo de tu vida.

Has sido cocinero, has dirigido restaurantes,

has llevado equipos. Has sido un experto.

He sido jefe se sala en los mejores restaurantes...

En cocina francesa. (ASIENTE)

En ese tiempo en Inglaterra, ¿los dos vivíais juntos?

¿Compartíais casa o apartamento?

No. Solamente en Manchester.

¿Entonces?

Cada uno, su vida diferente.

Pero viéndonos continuamente.

Tuvimos siempre una buena relación. ¿Cómo era Eduardo?

Franco, noble.

(Música emotiva)

Yo pienso que es suficiente para...

decir la idea que tengo yo de él.

¿Cuánto tiempo estáis así en Inglaterra

antes de que des un salto que te lleva a Suiza?

Yo fui a Suiza...

En noviembre del 63.

Es decir, un par de años. Exactamente.

Juntos. Mucho tiempo juntos.

Sí. Estuvimos en Inglaterra unos 27...

Yo estuve en Inglaterra 27 o 28 meses,

¿Qué hizo Eduardo entonces?

Al cabo de unos meses se vino a Suiza para aprender francés.

¿Se fue contigo? ¿Te siguió? Sí, me siguió.

"Julio me presenta a su mujer, Françoise,

a la que conoció en Suiza en 1963,

cuando dejó Inglaterra en busca de trabajo.

Su amigo Eduardo no dudó en seguirle a su nueva aventura suiza,

aunque meses después volviera a Inglaterra

junto a la que sería su mujer, Maritina.

La distancia y el trabajo se convirtieron entonces

en una barrera difícil de saltar a pesar de su amistad".

Julio siempre ha guardado algo muy sincero en su corazón.

No hablaba mucho de Eduardo, pero cada vez

que miraba las fotos, y eso que tenía poco tiempo para hacerlo,

pero ahí, sí. "Eduardo, ¿dónde está Eduardo?"

Es como si vuestros viajes no fueran viajes individuales

en aquella época de vuestra vida. Sino que pensabais todo

para los dos.

Es más que eso. Cuando nosotros salimos de aquí,

decidimos poner el poco dinero que teníamos juntos.

Y lo que se ganaba iba a una caja común.

¿En serio? Sí.

Yo ganaba mucho en la agricultura.

El dinero iba allí.

Y lo que él ganaba, lo metía ahí también.

¿No te importaba que tú ganases más? (EMOCIONADO) No, al contrario.

Era más que un amigo. (ASIENTE)

Por eso estoy aquí.

Era más que un amigo. (ASIENTE)

Leal, ¿no? Un amigo que sigue a otro amigo en su aventura.

Siempre nos hemos seguido.

Porque cuando uno se iba a un sitio, el otro lo seguía.

¿Y cuánto tiempo hace que no sabes nada de él?

40 años.

¿No es mucho tiempo? No.

Para la palabra que tú has dicho, "lealtad",

no existe el tiempo. No pasa el tiempo.

Está allí, en el fondo del corazón,

del pensamiento y del sentimiento.

¿Ahí ha estado Eduardo todos estos años?

En el fondo de tu corazón.

Todos los años, aunque no siempre.

Seamos honrados, ha habido cosas de las que ocuparse.

Cuando se cruzaba por tu cabeza,

o por tu corazón, ¿qué pensabas? ¿Qué sentías?

Añoranza.

¿No has hecho nada en estos 40 años, Julio?

Sí. Desde que me instalé en España lo he estado buscando.

Recuérdame esa última vez.

¿Cuándo fue la última que lo ves? ¿En qué lugar y circunstancias?

Nos vimos en la Quinta del Berro.

Mis padres vivían al lado, nací al lado de la Quinta del Berro.

Y nos vimos allí.

Él vino con su señora.

Con su niño y su niña.

Y nosotros, mi esposa y yo, con nuestros hijos.

Y allí nos vimos.

Estuvimos una hora y media, dos horas, no estuvimos más.

No lo suficiente para guardar esta relación,

activar la relación y el calor de esta lealtad y amistad

que tuvimos en aquellos años deteriorarse.

Me cuesta entender que tanto tiempo sin veros,

se produce un encuentro y ya no hay nada más.

¿Hubo algo? Algo frío, algo...

No, no.

Cuando yo lo pienso, lo encuentro también raro,

porque no ha habido esta unión, esta comunión de amistad.

No me acuerdo de esto.

Claro, nuestras vidas han cambiado mucho.

Casados los dos, con hijos.

Y quedamos en que yo le escribiría.

La próxima vez que lo vea, lo primero que voy a pedir es perdón.

(EMOCIONADO) Por no haberle escrito.

Crees que tendrías que haber dado un paso y no lo hiciste.

Tendría que haber guardado este contacto.

¿Por qué no le escribiste? Pues no lo sé. No lo sé.

Yo en mi trabajo he trabajado muchas horas.

Tanto cuando era empleado...

Entonces trabajaba en uno de los mejores restaurantes del mundo

como jefe de sala como jefe de sala. Trabajaba 12 o 14 horas.

¿Te has planteado alguna vez que haya pasado algo malo?

Siempre.

No es malo, sería normal.

Para mí, todo lo que ocurre en la vida es normal.

¿Y si llegas tarde, Julio?

Lo sentiré. Pero es la vida.

Las maletas deben estar preparadas siempre.

Es la vida.

Si, en lugar de estar sentada yo aquí, estuviera Eduardo,

¿qué le dirías?

Perdóname.

Te prometí una cosa y no la he hecho.

Mi filosofía es

recuperar un poco el tiempo perdido, que es lo más importante.

Y no será importante que él me perdone o no.

Solamente el que yo pueda pedirle perdón.

Que cada cual tenga su punto de vista.

Tendrá todo mi respeto. Que es diferente.

¿No ha habido un amigo como Eduardo? No. No.

Seguro.

(Música emotiva)

Para mí es mi amigo.

¿Qué quedará para él de nuestra amistad?

A descubrir.

No puedo pensarlo hoy día.

No puedo saberlo.

Yo vengo a ver si puedo saberlo próximamente.

"En Internet no hay información sobre Eduardo Martín Montalvo,

por lo que trato de componer su historia a través de cartas,

llamadas de teléfono, recuerdos del pasado.

En principio sigo el rastro de Eduardo en sus viajes

desde España a Inglaterra,

y de allí a Suiza para volver a Inglaterra.

Y descubro que, 12 años después, retorna a Madrid,

ciudad en la que parece estabilizarse.

El dato de que Maritina, su mujer, fue una conocida maquilladora,

desvela la pista definitiva

que me permite encontrarlo en la actualidad.

Finalmente, consigo hablar con él.

Íñigo Urrechu, qué ganas tenía de colarme en tu cocina.

¡Bueno, Teresa! ¡Qué sorpresa!

¿Cómo estás? Bien.

Te presento a Eduardo Martín. Buenos días.

Íñigo Urrechu. Ven conmigo. Encantado.

-Yo he sido colega vuestro. No a este nivel, pero bueno.

¿Cómo que mi nivel? Mecachis en la mar.

¿También cocinero?

Eduardo fue, de alguna manera,

como muchos otros cocineros, hace ya algunos años,

quienes abrieron la puerta

para que otros más jóvenes pipiolos como tú

llevaran muy lejos nuestra cocina.

"Compruebo que Eduardo ha pasado toda su vida entre fogones,

así que quedo con él para que cocine junto a Íñigo Urrechu,

con la excusa de realizar un homenaje a esos cocineros

que abrieron camino a la cocina española fuera de nuestro país.

Eduardo aún no sabe que el plato que le preparamos será muy dulce".

Eduardo, ¿tú qué crees que estás haciendo aquí?

¿Aquí dónde? En esta cocina.

¿En esta cocina? Charlando contigo.

Y viendo a gente que me recuerda a otros tiempos.

Lógicamente, porque yo he visto muchas cocinas.

¿Sabes por qué estamos hablando tú y yo?

No, no lo sé. Pero me lo vas a decir.

Porque hay una persona que se pregunta qué fue de ti.

¿Ah, sí?

Ah, pues eso sí que me gustaría saber quién es.

Eso sí me intriga.

Porque creo que, aparte de mi mujer, he pasado desapercibido.

Tiene que ver con una cocina.

Con Inglaterra.

¿Con Inglaterra? Con aquellos años.

Bueno.

¿Y me la vas a presentar a esa persona?

Depende.

¿Depende de qué?

De lo que tú te preguntes qué ha sido de ella.

¿Es un hombre o una mujer?

Si me dices el sexo, a lo mejor lo adivino.

Es un hombre.

¿No será Julio?

¿O Juan Núñez?

¿Tú sabes el nombre de esa persona o no?

¿Quién era Julio?

Julio fue el amigo con el que me fui a Inglaterra.

Él trabajó de camarero, yo de cocinero.

Luego nos fuimos a las islas del Canal a trabajar.

Luego fuimos a Londres.

Luego me marché a Suiza.

No, me marché a Francia, a París.

Y luego me fui a Suiza,

que él estaba en Suiza. Y él se quedó en Suiza para siempre.

Se casó con una mujer suiza.

Él debe tener ya 80 años porque yo tengo 78.

Y él era, me parece, dos años mayor que yo.

¿Qué era para ti? No lo he vuelto a ver.

Era muy buen amigo, lo que pasa es que la vida te dispersa

y pierdes la pista de que gente.

Porque nos carteábamos y todo.

Empezó a decir que le costaba contestarme

porque tenía mucho trabajo y dejó de contestarme y ya...

La última vez que nos vimos fue en Madrid.

Que él vino a Madrid.

Y me llamó.

Nos vimos media hora y ya no nos hemos vuelto a ver.

¿Qué pasó ese día, Eduardo? ¿Cómo fue?

¿Ese día?

Pues un día nada más que vernos. Nos vimos en la Fuente del Berro,

que él vivía por allí cerca.

Nos vimos ahí. Él tenía dos hijos ya.

Y nos saludábamos, mucha alegría.

Estuvimos juntos, tomamos algo, no recuerdo qué.

"Bueno, a ver si algún día nos vemos".

Ese día no ha llegado.

¿Te dio pena?

Hombre, pena...

Pena, pena, no. Pero me acuerdo de él.

Y de vivencias que hemos tenido.

Y de tanta gente que he conocido en la vida.

¿Te decepcionó, Eduardo?

De alguna manera, sí.

Me decepcionó porque yo seguía escribiéndole.

Y él me dijo que no le escribiese más,

porque no me iba a poder contestar, porque estaba muy ocupado.

Entonces no había WhatsApp.

¿Te dijo eso? ¿"No me escribas más, que no voy a poder..."?

Que él no me iba a poder contestar aunque yo le escribiese.

Entonces a mí me pareció muy fuerte y no le volví a escribir.

Así se rompió la amistad.

Bueno, la amistad... La relación.

La amistad realmente se rompe si la dañas,

si te peleas, si hay mal rollo.

Pero no hubo ningún mal rollo, para nada.

Nos abrazamos cuando nos despedimos,

como siempre habíamos sido, buenos amigos

y compañeros de fatigas.

Como si os fuerais a ver a la semana siguiente, y nunca más.

Nunca más.

¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde entonces?

No lo sé.

Fácilmente... 40 años.

¿40? 40 años.

Julio lleva 40 años preguntándose qué fue de ti.

Pues tenía mi dirección.

Yo no tengo la suya.

¿Nunca le has echado de menos?

Pues no. ¿Sabes por qué no he echado de menos a casi nadie?

Porque tengo a mi lado a la persona a la que más quiero en el mundo.

Que es tu mujer.

¿Te gustaría saber qué ha sido de él?

Sí, me gustaría.

Y verle, una maravilla sería.

Aunque le vas a tener que decir que te decepcionó.

Bueno, tampoco le puedo decir eso.

Porque él podría decir a lo mejor lo mismo de mí.

A lo mejor él es consciente de haberte decepcionado.

Pues no lo sé. A lo mejor te quiere pedir perdón.

No me gusta que me pidan perdón por cosas que no hay...

Es que no hay perdón.

Mira, en la vida hay muchos caminos.

A veces eliges el que te conviene y a veces no.

Y con las amistades pasa igual.

Y es una amistad muy fuerte. Hemos vivido muchas cosas juntos.

Pero luego la vida nos ha separado y no hemos sido

lo bastante atentos

para conservar esa relación.

¿Lo arreglamos? Sí.

¿Serías capaz de preparar un plato para Julio?

Te va a ayudar Urrechu. Íñigo.

Que lo prepare ahí el jefe. (RÍE)

Que diga que he sido yo.

-Va a ser elegantísimo, emotivo y fácil de preparar.

¿Qué te parece? -¿Qué hay que preparar?

Una ensalada de bogavante. Venga, hecho.

Voy por los ingredientes. -Será la primera que haga.

(Música)

Voy a ver si este plato te gusta o no.

De acuerdo. ¿Qué te gustaría probar? ¿Verduras?

Lo que venga. Vamos a tomar lo que venga.

Voy a presentarte a una persona especial,

que es nuestro anfitrión aquí.

Tiene un gran sentido del humor

y que se mira en quienes un día dejasteis España

y llevasteis el estandarte de la comida española

muy alto y muy lejos.

Íñigo Urrechu, nuestro anfitrión.

(RÍE) Es un placer. -Estamos encantados.

-El paso siguiente que te estaba diciendo, Julio,

es probar esta ensalada de bogavante.

Lo habréis preparado con mucho cariño.

Por supuesto. Teresa, Julio, el cariño es innato en la cocina.

Y en este plato podemos garantizar que hay mucho cariño.

Mucho, mucho. (RÍE) -Muchas gracias.

-Os retiro esto y así tenéis la mesa libre para poder maniobrar.

Que aproveche. ¡Gracias!

Es un fenómeno, la verdad.

Para mí la cocina es puro egoísmo.

Siempre ha sido egoísmo.

Dar mucho placer para poder recibir un poco.

Dar mucho placer para recibir un poco.

Siempre pensando en los amigos

e invitados que vienen a casa.

Dar mucho cariño y sirve también eso, ¿no?

Para recibir un poquito. (ASIENTE)

En el amor siempre ha sido así. (ASIENTE)

En esa relación que tú me has contado,

¿quién daba más?

¿Quién ponía más?

¿Tu amigo Eduardo o tú? Ay, no lo sé.

¿Tú quién crees que puso más? No lo sé.

Eso nunca lo he medido.

¿Cómo decirlo? En amor,

en amistad, en relación nunca he medido mis sentimientos. Nunca.

¿Quién empieza? Por favor.

¿Me sirvo? Vale.

Voy a empezar con poquito. Adelante.

¿Te parece? Sí.

(Música emotiva)

Julio.

Yo sí sé qué fue de Eduardo.

Con la de platos que has cocinado en tu vida,

para ti y para los demás... Sobre todo para los demás.

Este plato, que está entre nosotros,

hoy tienes que tomarlo solo.

¿Solo? Solo.

No, necesito compañía. ¿Sí?

Sí. Ya veremos.

Hola. -¿Te acuerdas de mí?

-No, pero intento hacer memoria.

¿Eduardo? ¿De verdad eres tú?

(EMOCIONADO) -De verdad soy yo.

Hay que joderse. (SOLLOZA)

Hay que joderse.

-Tranquilo. ¿Cómo estás? -Muy bien.

-¿De verdad?

-Estoy bien. -¿En serio?

-Nos hemos hecho mayores. -Sí.

-¿Te acuerdas de cuando nos fuimos,

en aquel tren de madera? -Y de antes.

Llevo muchos años buscándote. Desde que llegué a España.

-Es que yo no sabía ni que estabas en España.

-Nadie lo ha sabido.

Voy a hacer una promesa, a cumplir una promesa.

Te ruego que me perdones por no haberte dado señales mías.

-Yo, la última vez... -Te lo prometí, ¿te acuerdas?

Y soy yo el que ha entrado en falta.

-¿Para qué vamos a pensar en eso?

Me gustaría que nos viésemos mucho. -Más.

-¿Nos vamos a ver? -Más.

-¡Vaya si nos vamos a ver!

-El encuentro ha sido fantástico.

No me lo esperaba y ha sido una alegría infinita.

Muchas veces hemos hablado de él.

Incluso a mis hijos les he hablado muchas veces de él.

De Julio. Porque Julio marcó.

Si tú, en la época que era aquella, los años 60,

te vas de España y te vas con tu amigo,

es porque es tu amigo.

Porque no emprendes un viaje así con una persona que no te va.

-Muy emocionado.

Y todavía no me creo que después de 40 años

nos hayamos podido encontrar.

Una historia desigual,

en la que uno extrañaba

y recordaba lo que quizá el otro no sentía con la misma intensidad.

O no recordaba igual.

Lo que está claro es que el pequeño agravio,

el olvido, la falta de afecto

en algún momento determinado de la vida

deja una huella. Y esa huella, con el paso del tiempo,

más cuando han transcurrido 40 años, se hace más y más grande.

Y en alguno de los corazones

ha estado dejando una señal muy marcada.

Estoy convencida de que Julio

no hubiera podido aguantar más tiempo

sin pedir perdón a su amigo.

Tengo la sensación de que pensaba en ese perdón.

Que cuando estaba solo en su casa, mirando viejas fotografías,

o leyendo un libro, se cruzaba por su cabeza Eduardo

y se decía, dentro de sí mismo: "Ya no puede pasar más tiempo".

(Música emotiva)

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Dime qué fue de ti - 04/07/16

04 jul 2016

Programa presentado por Teresa Viejo que ayuda a personas a encontrar a seres queridos. En este programa se podrán ver los casos siguientes:
"El Maestro del Arquitecto": Jon quiere encontrar a su profesor Rafael Sánchez.
"Sobrinas". Carmen y Loli quieren encontrar a sus sobrinas (hace más de 20 años que no las ven), hijasde su hermano pequeño fallecido.
"Cocineros" Julio busca a su amigo Eduardo, que se conocían desde los años 60 cuando viajaron a Inglaterra.

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  1. Beatriz G. M.

    Como me he emocionado viendo el reportaje yo fui alumna suya y para mi también fue un "gran maestro", muchas gracias a Jon por contarnos de esa manera tan emotiva su historia y por hacer este reconocimiento tan bonito a, por qué no decirlo a nuestro DON RAFA.

    06 jul 2016
  2. Gabriel Lazaro Sanz

    Emotivo reportaje...tienen q abrirnos los ojos desde fuera para saber apreciar lo q tenemos o hemos tenido ...También fui su alumno. ..Grande Don Rafa....

    06 jul 2016
  3. Miguel Villarejo

    Un gran profesor. Tuve la suerte de tenerlo allá por 6 ° de EGB en Navaluenga. Guardo muy buen recuerdo de sus clases y de aquellos años.

    05 jul 2016
  4. ruben meneses roble

    Hooooola jajajaj que ilusión ver cómo a un gran hombre como Don Rafa, se le reconozca como se debe yo también tuve el gran privilegio de ser alumno suyo y si gran persona a parte de profesor, yo no lo era tanto como alumno jajajaja pero si he de decir que nos apreciamos mucho y una gran afición nos unia, el equipo de fútbol Don Rafa era otro gran madridista ole ole un aplauso por el y como mi amigo el paste os digo que de parte de mi familia y mía que soy el hijo del sargento jajajaja un gran saludo

    05 jul 2016
  5. mar

    Fue también profesor mío en cuarto de primaria muy buenos recuerdos prometo ver el programa

    05 jul 2016
  6. Enrique

    Don Rafa y la sra Rocío.dos profesores en los 80. 90.en navaluenga .maestros de sangre.b buenos de espiritu.con ellos aprendimos materia y vida.asi somos.producto de los buenos modales.la infancia en la escuela del pueblo era mucho mejor que la que tenemos Madrid pAra mis hijos.alla salíamos llenos de ideas para la vida.un gran saludo para toda la familia .del hijo del pastelero.

    05 jul 2016
  7. erikka

    Muy emocionante también ha sido mi maestro y comparto muy buenos recuerdos! Siempre diciéndome no dejes de estudiar.

    05 jul 2016
  8. Teresa Mancebo Cuenca

    Maravilloso .ha sido mi maestro y amigo , maestro de mis hijos y es una persona encantadora al igual ke su mujer Rocio .Tengo muy buenos recuerdos de el y ademas vivo en Navaluenga. Se lo merecía .Enhorabuena por este reportage.

    05 jul 2016
  9. Lorena

    Don Rafa, un gran maestro y buenísima persona. Enhorabuena por este hermoso homenaje. Somos muchos los alumnos que no te olvidamos. Lorena

    05 jul 2016