www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.14.0/js
4608118
Diario de un nómada - La ruta de la seda. Capítulo 2: Kazajistán el reino de los baches  - ver ahora
Transcripción completa

Vuelve Miguel Silvestre,

el escritor nómada que viaja en moto por todo el mundo.

Comienza una nueva travesía por Asia Central.

Desde la ciudad rusa de Volgogrado

hasta la capital de Kirguistán

pasando por las ciudades joyas de Uzbekistán.

Jibá,

Bujará

y Samarcanda.

Una aventura total recorriendo caminos imposibles

de polvo y piedras.

Soportando aguaceros terribles.

Durmiendo en tienda de campaña.

Cruzando herméticas fronteras.

Conviviendo con animales salvajes.

Comiendo lo que encontremos.

Pero sobre todo descubriendo personas maravillosas.

Admirando monumentos magníficos.

Y contemplando paisajes inolvidables.

Esto es: "Diario de un nómada".

Capítulo 2.

Kazajistán.

El reino de los baches.

Astracán es una ciudad al sur de Rusia

a orillas del río Volga,

y puerta del mar Caspio.

En 1558 Iván el Terrible conquistó la región

y erigió el Kremlin local.

Lo que se considera como fecha de fundación de la ciudad.

Hoy una urbe de medio millón de habitantes

y ritmo lento.

Es una población fronteriza que tiene muy cerca a Kazajistán.

Y en ella se pueden encontrar centros ortodoxos

como la catedral de la Asunción.

Donde se profesa la religión mayoritaria de la nueva Rusia.

Coexiste con otro tipo de santo local.

Lenin.

A quien la ciudad dedica su plaza principal.

Hay mezquitas por la proximidad con Asia Central,

al otro lado del Volga.

Territorio mayoritariamente musulmán.

Hacia allí se dirige Miguel Silvestre.

Aunque quiere encontrar antes algo en el casco urbano.

El viajero circula por las calles de la ciudad vieja de Astracán.

Un laberinto de casas de madera.

Árboles frondosos.

Y enormes charcos

que han quedado después de un intenso aguacero

que cayó la víspera

y nos recuerda que el verano es la época de lluvias

en esta región rusa.

Estoy buscando el número 102

de esta calle.

Porque aquí se encuentra una iglesia,

luterana

alemana, de los alemanes del Volga en Astracán.

Por la pinta creo que es eso.

Esta es una ciudad que yo conocí

en 2009, cuando hice mi primer viaje por esta región.

Y fue la única ciudad rusa que me gustó.

Tiene un ambiente muy particular.

Edificios decadentes de madera como era la arquitectura

tradicional rusa.

Porque este es el país con más árboles del mundo.

Esto hizo que los incendios fueran devastadores.

Por eso cuando Napoleón llegó a Moscú

no encontró nada.

La Moscú de piedra que hoy conocemos

no era la que existía en el s.XIX.

Era una ciudad de madera.

De casas como estas.

Algunas resisten al tiempo y otras han sido abandonadas.

Me producen una sensación particular.

Me recuerdan a Nueva Orleans

y también a Ámsterdam con los canales.

Me encanta Astracán,

y tiene un ambiente distendido la gente es muy amable

no hay tensión.

Son todos pacíficos y simpáticos.

Es la última posta que tenemos en nuestro viaje

hacia Asia Central.

Ahí empieza la dureza del camino.

No vamos a encontrar comodidades como aquí.

La iglesia luterana recuerda el paso de los alemanes del Volga

por toda esta región.

Estuvo perseguido por Stalin.

Los deportó masivamente.

Cometió según algunos un genocidio.

Se trata del raro caso de un pueblo

que obtuvo reconocimiento de su sufrimiento

en tiempos de la Unión Soviética.

Juschrov, después de Stalin les pidió perdón

por ser injustamente tratados.

Se persiguió a un pueblo inocente

se les dispersó y confiscó todas sus propiedades

y se le aventó como las cenizas en el aire.

Los alemanes del Volga una tragedia olvidada.

Un mercado, es el sitio donde voy a conseguir algo importante

Es repelente para los mosquitos que me están devorando.

No vale uno cualquiera.

Es el repelente de cada sitio.

Porque cada sitio conocen sus mosquitos.

Sus mosquitos son su adversario.

A mi me están matando.

Esto no es lo que busco.

Esto es ropa de mujer.

Mosquito.

Un hombre del mercado indica que busque una anteca.

o sea, una farmacia.

Para comprar el repelente.

Así que el nómada callejea para conseguir el antídoto

antes de abandonar la ciudad.

Una farmacia, voy a ver si compro algo porque en el mercado

no lo he conseguido.

Son un infierno.

Es una fábrica de mosquitos.

Busca ese repelente que le libre de la plaga,

pero toda gestión es complicada en Rusia si no hablas ruso.

Casi nadie habla inglés.

La gente es muy amable y se esfuerzan por entender

lo que el viajero español quiere decirles.

El encargado le entiende y le aconseja cómo usarlo.

No puede ponerlo en la piel solo en la ropa.

Y los mosquitos se alejarán.

España.

Le admira que haya venido de tan lejos montado en moto.

Para la mayoría les parece difícil que eso se pueda hacer.

Esto me ha dicho que lo eche en la ropa.

Y no en la piel.

¿Cómo me lo echo en la ropa sin ponérmelo en la piel?

Supervenenoso.

Me ha caído en la mano.

Si esto te lo venden en la farmacia y te dicen que no toque la piel

es que tiene que ser

me está viniendo un aroma cojonudo.

Voy a echar un poco más.

Cerca de la cara.

Una vez bien rociado de repelente,

se interna en el extrarradio para abandonar Astracán.

Aquí permanece la inundación de la tormenta de ayer.

Resulta algo complicado circular.

Pero nada que no pueda superar "la gorda".

Pronto decimos adiós a los últimos edificios

cruzamos el Volga

y aparecemos en una región pantanosa.

Astracán es una de las ciudades más secas de Europa.

Pero las escasas precipitaciones se concentran en el periodo estival

que estamos comenzando.

Eso hace que el paisaje generalmente ocre,

haya cambiado a verde.

Pero no solo se han producido esos cambios,

como nos explica Miguel.

Hice este camino, en julio

del 2009.

Lo estoy repitiendo a finales de junio

del 2017.

Y veo las cosas muy diferentes.

Ese puesto en medio de la carretera

era un puesto de la policía.

Toda la carretera,

estaba sembrada de ellos.

Y la policía salía continuamente a parar a los conductores,

especialmente a mi.

Porque llevaba una moto,

grande, diferente a las que se ve por aquí.

Era extranjero.

Y trataban de extorsionarme continuamente.

Era la rutina del protocol armony,

se inventaban una infracción

y si no les pagaba rápido,

me decían que protocol, al final les decía que protocol y venga.

Haz tu trabajo pero no pienso pagarte un duro más.

Sin embargo,

en esta, que también me pararon,

y me pedían todos los papeles,

no hay nadie.

Esto ha sucedido en todo el camino.

Todo lo que llevo de Rusia

que son miles de kilómetros,

no me han parado ni una sola vez.

Alguna vez de buen rollo

y he notado un cambio total.

Estos puestos hoy están vacías,

se ha producido un cambio

absoluto en estos años.

Me sorprende el paisaje.

En julio estaba más marrón.

Era una estepa árida.

Ahora lo vemos,

convertido en un vergel, hay tanta agua,

que la ciudad está inundada por las lluvias.

Está todo verde.

Si ha llovido en Kazajstán del mismo modo

vamos a ver una estepa distinta a la que yo conocí.

Si es así veis algo que no es habitual.

Me gusta.

Y que no me pare la policía.

Es un puente flotante, que nos lleva a la frontera

con Kazajistán.

Es el símbolo de que empieza lo bueno.

Hasta ahora teníamos carreteras bacheadas

Decentes.

Incluso algún tramo de autovía.

A partir de ahora,

se pone la cosa un poquito más difícil.

A mi me gusta

aunque sea incómodo.

Vamos a cruzar el puente flotante.

Para dirigirnos hacia ella.

Cruza el inestable puente flotante.

Al hacerlo es como si entrara en otra dimensión.

Una dimensión fantástica que pronto empieza a mostrarle

sus secretos y sorpresas.

Os dije que cuando viésemos caballos salvajes molaría.

Y mola.

Eso quiere decir que estamos en la frontera con Asia.

Los bichos después molarán más.

Los camellos o dromedarios.

Para disfrutar plenamente de este universo onírico

y surrealista primero hay que cumplir

con un engorroso trámite.

Cruzar la frontera rusa y luego la kazaja.

Para lo cual es imprescindible tener visado en regla

y enseñar el pasaporte.

Hay que enseñarlo una vez.

Hay que enseñarlo otra vez.

Enseñarlo otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y otra vez.

Y por fin estamos dentro.

Y ahora toca conseguir moneda local.

¿En un cajero?, ¿en un banco?

Parece que va a ser que no.

En la misma carretera empieza el trasiego de la negociación

para el cambio de moneda.

1000 rublos son 5200 dengue.

Pero es que no tengo 1000 rublos.

En Asia Central, cualquier transacción comercial

es contemplada, comentada y evaluada por una pequeña multitud.

Saque señora, ese fajo.

Una vez acordado el tipo de cambio hay que contar los billetes.

Tarea que no es sencilla por el escaso valor nominal

de las divisas en cuestión.

Hoy voy a hacer la compra del día.

100.

200.

A pesar de lo caótico de la operación

parece que a Miguel le divierten estos trapicheos multitudinarios.

Se le ve como pez en el agua.

Como cambista es usted un desastre.

No manejan el dinero.

2700 dengues.

Buenos son.

España.

Bienvenidos.

Esto es un espejo.

Resuelto el dinero en la frontera

como las de África, lo mismo.

Pero con gente mucho más amable y simpática.

Es cojonudo, me encanta.

Por fin entramos en Kazajistán.

¿Qué nos ofrecerá el nuevo país?

Por lo que vemos en los primeros metros

lo que más abundan son los profundos baches.

Hemos entrado y como veis por estos agujeros en el suelo

predominan los baches.

No es que sea solo este tramito,

o que esté en obras,

la carretera será así hasta la ciudad.

Dificulta el viaje pero lo hace más interesante.

Vamos a entrar en un territorio desconocido por los españoles

pero que me parece maravilloso.

Es donde más he flipado, Asia Central.

Es extremo en los paisajes, en los climas

extremo en la humanidad de sus gentes,

extremo en las dificultades.

En las emociones que te genera.

En las sensaciones.

Aquí no hay que buscar ninguna actividad

de riesgo, de aventura, porque el mero hecho del viaje

es en sí una auténtica odisea.

Vamos a empaparnos bien.

Y a sufrir un poquito.

Pero disfrutando.

Aunque cuando lleve un rato harto de pegar botes en los baches

ya no esté disfrutando tanto.

Kazajstán.

Ya lo puedo decir.

Welcome to Asia.

Bienvenidos a Asia Central.

A los pocos kilómetros me los encuentro.

Son camellos.

Que no dromedarios.

Tienen dos jorobas.

Las cosas que se aprenden en el libro gordo

del diario de un nómada.

El escenario que le rodea

es lo más parecido a la película de Mad Max.

Desierto.

Carreteras destruidas.

Poblados miserables.

Vehículos oxidados.

Bandadas de cuervos.

Cementerios.

Y enormes camiones solitarios.

La carretera es tan mala,

es habitual en las carreteras antiguas que sean así.

La gente abre vías alternativas a los lados.

Que se mete campo a través y abre caminos.

Paralelos a la carretera de asfalto.

Está tan agrietado que les hace polvo las suspensiones.

Ya veis como tienen que sortear los coches y los camiones

esta carretera.

Así se negocia un buen bache.

Podría volcar.

Me gusta mucho.

A pesar de que

es una odisea viajar por aquí, pero

yo lo hago por diversión, soy un turista profesional

en cambio ellos lo hacen por obligación

no les queda más remedio que meter los camiones

por estas carreteras para llevar

un magro jornal a su casa.

Siento enorme respeto por los camioneros.

Porque los he visto

atravesar territorios imposibles.

Pero el camionero tiene la ventaja de la potencia de su motor.

Es la jerarquía que marca este tipo de carreteras.

El camionero está arriba del todo.

El tipo que tiene un coche caro

aquí no le sirve de nada.

La jerarquía que manda en la ciudad que pasean sus coches,

los nuevos ricos rusos, o kazajos

van fardando, les sirve solamente en las grandes ciudades.

Aquí no les sirve de nada.

El que manda, el que entra con paso firme en los cafés

el que pide primero de comer el que saluda con autoridad

es el camionero.

Pero después voy yo.

Porque yo soy pequeño pero soy más ágil.

Los camioneros me respetan y yo a ellos.

Cuando entro en un café,

me ven con la moto.

Me preguntan cuánto cuesta la moto.

No para viajar, para tenerla en su casa.

En fin, esta es una de las naciones más grandes del planeta

que sin embargo es un desierto poblacional.

La densidad demográfica ronda los 7 habitantes por Km2.

Eso es menos que en Laponia.

Y gran parte de la población se concentra

en 4 grandes ciudades.

Astaná, Almatí, Atirau, Actó.

Lo que queda es una inmensa estepa vacía,

que es el reino de los mosquitos, de las vacas, camellos

y caballos salvajes.

Y de los camiones que llevan los productos.

Indestructibles camiones.

Los camioneros experimentados

circulan por estos carriles alternativos.

Podríamos llamarlos carriles de aceleración.

Van paralelos a las autopistas.

Para permitir la incorporación.

Esto es un país que si no existiera habría que inventarlo.

Se desvía por las pistas de arena paralelas a la calzada destruida

para avanzar más rápido.

Esto le proporciona un encuentro inesperado.

Hay van los camiones.

Fijaos la velocidad que llevan.

Porque no pueden avanzar.

La carretera es como.

Un mar de alquitrán roto.

Una tortuga en la estepa.

Intentando avanzar como nosotros.

Vamos como tortugas.

Se avanza mejor por los carriles

paralelos a la carretera

que por la carretera en sí misma.

Los camiones van metiéndose en las bañeras.

Yo aquí con mis amigas las vacas.

Mi compañero la tortuga.

Le preguntaré por Aquiles.

¿Qué sabes de Aquiles?

Nunca podía alcanzar a la tortuga.

La paradoja de Aquiles y la tortuga es una de las más famosas

del sabio Zenón.

Si Aquiles concedía 100 metros de ventaja a la tortuga,

y corría 10 veces más rápido,

cuando el héroe hubiese alcanzado la posición inicial del quelonio

este había recorrido 10 metros.

Cuando Aquiles hubiese alcanzado el nuevo punto de partida

de la tortuga,

está habría recorrido 0,1 metros.

Cuando Aquiles llegase a este nuevo punto

la tortuga habría avanzado 0,001 metros.

Y Aquiles no la habría alcanzado ni la alcanzaría jamás.

Se está haciendo tarde.

Será cuestión de buscar

un hotel de 5 estrellas.

Y creo que por ahí hay uno.

Y allí podré acampar

sin que se me vea desde la carretera.

Que aunque este sea un país de nómadas

es mejor tener cierta intimidad.

Puede el espectador quedarse pensando en la paradoja,

pero no por mucho tiempo.

Se hace de noche y es necesario buscar alojamiento.

Se interna por los senderos de tierra

¿Qué habrá visto en el horizonte para elegir este sitio

para pasar la noche?

Confiemos en su olfato de nómada.

Un cementerio kazajo.

Con un mausoleo.

De alguien que debió de ser muy importante.

Y por lo que veo murió a comienzos

del s.XX.

Creo que es,

un lugar estupendo

para dormir sin molestar

a los muertos.

Ellos en su sitio.

Y yo aquí contemplando la estepa.

Y mañana cuando abra la cremallera

veré el mundo nacer para mi.

  • La ruta de la seda. 2: Kazajistán el reino de los baches

Diario de un nómada - La ruta de la seda. Capítulo 2: Kazajistán el reino de los baches

20 may 2018

Salimos de Astrakhan para adentrarnos en el continente asiático, cruzando la frontera con Kazajistán. Allí recorremos un paisaje onírico y surrealista, capitaneado por caminos destruidos, cementerios, bandadas de cuervos y camiones solitarios.

ver más sobre "Diario de un nómada - La ruta de la seda. Capítulo 2: Kazajistán el reino de los baches " ver menos sobre "Diario de un nómada - La ruta de la seda. Capítulo 2: Kazajistán el reino de los baches "
Programas completos (87)
Clips

Los últimos 173 programas de Diario de un nómada

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos