El día del Señor La 2

El día del Señor

Domingos a las 10.30 h.

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Para todos los públicos El día del Señor - Parroquia de Santo Tomás- Madrid  - ver ahora
Transcripción completa

Cerca del madrileño cementerio de la Almudena encontramos

el barrio de Pueblo Nuevo.

Una de sus zonas, conocida como barrio de Bilbao,

experimentó un intenso crecimiento en los años 60 del siglo XX.

El aumento de población hizo que se creara en 1962,

provisionalmente en barracones de obra,

la parroquia de Santo Tomás Apóstol. En los 90 la comunidad parroquial

se embarca en la construcción del nuevo templo que,

tras no pocas dificultades, será consagrado en junio de 2012.

A mi parecer la característica más importante de esta parroquia

es la apertura,

es una parroquia abierta al encuentro de las personas.

Como nos recuerda siempre el papa, estar atento a las periferias

es donde el corazón del hombre siempre está buscando y preguntando.

A mí me parece que una sociedad tan narcisista y autorreferencial,

que existan lugares, una parroquia lo es,

donde podemos encontrarnos con muchísima gente

y es una riqueza infinita.

De esta comunión eclesial nace una vida que, si Dios quiere,

cada vez llega más a cada ángulo recóndito del barrio.

El moderno templo es amplio y luminoso.

La construcción del complejo parroquial es fruto del empeño

de los sacerdotes y los fieles que, superando obstáculos,

recaudaron fondos y se movilizaron para disponer de un espacio

para la oración y la celebración de los sacramentos y para acoger

múltiples actividades. Sirve de encuentro a una comunidad parroquial

viva y participativa. Expresión de esto es la diversidad de grupos

de fe, actividades formativas y de implicación social

que movilizan a un buen número de catequistas.

Además de los grupos habituales de catequesis de iniciación cristiana,

en la parroquia y otros dedicados a los adultos,

en la parroquia hay otros dedicados a los adultos,

como la renovación carismática.

El grupo de renovación carismática pretende que vivamos

enamorados del Señor, que nos sintamos hijos queridos

y amadísimos, perdonados y salvados. Jesús ya dio la vida por cadauno

de nosotros. Entonces, para conseguir esto,

tenemos todos los martes por la tarde un grupo de oración

y de renovación carismática donde alabamos, tenemos enseñanza

sobre la palabra y el tema fundamental es el anuncio

del queaizma. Es hablar del amor de Dios y de cuánto nos habla el Señor.

Nosotros somos pecado y el señor nos ha salvado.

La conversión de entrega al Señor,

recibir la fuerza del Espíritu Santo, los carismas

y como último módulo es la comunidad. Vivir en comunidad.

En una nave lateral de la Iglesia se abre la Capilla del Sagrario,

donde se celebran las misas de diario.

En las vidrieras se recuerdan algunos pasajes evangélicos

en los que aparece como protagonista Santo Tomás, el titular del templo.

Un gran lienzo de luz y cristal

representando la anunciación rompe la pared del coro recortando

el misterio de la Virgen, que responde con su sí al plan salvador

de Dios sobre el mundo y su historia.

Un plan que también puede realizarse por la presencia del EspírituSanto.

(Música)

Alegre la mañana que nos habla de ti,

alegre la mañana.

En nombre de Dios padre, del Hijo y del Espíritu Santo

salimos de la noche, estrenamos la aurora.

Saludamos de gozo...

Buenos días, amigos.

Comenzamos aquí la celebración de la eucaristía del último domingo

de julio y 17 del tiempo ordinario.

Preside la celebración Jorge Delgado, y le acompañan

Jesús Martín, becario parroquial

y el diácono permanente Manuel Gómez.

Alegre la mañana que nos habla de ti,

alegre la mañana.

Alegre la mañana que nos habla de ti,

alegre la mañana.

-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

-Amén.

-La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre

y la comunión del Espíritu Santo estén con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Bienvenidos a la fiesta del Señor.

Un domingo más nos reunimos en la Iglesia.

Es el mismo Cristo quien nos convoca a su casa, a nuestra casa.

Nos convoca para alimentarnos de la mesa de la palabra

y para recibir al mismo Cristo en la eucaristía.

Para que cada uno de los que aquí estamos vivamos en plenitud

como cuerpo de Cristo que somos.

Pues por un mismo espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo.

Ya judíos o griegos, ya esclavos o libres,

porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

Muchos que formamos la comunidad cristiana.

-Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios,

reconozcamos nuestros pecados.

-Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros,

hermanos, que he pecado mucho de pensamiento,

palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen.

A los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

-Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros.

Perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

-Amén.

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

-Porque el señor nuestro Dios

nos ha otorgado su perdón reconciliándonos en Cristo

proclame hemos nuestro himno de alabanza y acción de gracias.

Gloria, gloria al Señor, gloria en el cielo,

paz en la tierra.

-Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz

a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos,

te glorificamos. Te damos gracias, Señor Dios,

rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, cordero de Dios, hijo del Padre.

Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Tú, que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica.

Tú, que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

Porque solo tú eres Santo,

solo tú, Señor, solo tú, altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Gloria, gloria, gloria al señor,

Gloria, gloria, gloria al Señor,

gloria en el cielo, paz en la tierra.

Oremos.

Oh, Dios protector de los que en ti esperan,

y sin el que nada es fuerte ni Santo,

multiplica sobre nosotros tu misericordia para que instruidos

y guiados por ti, de tal modo, nos sirvamos de los bienes pasajeros,

que podamos adherirnos ya a los eternos.

Por nuestro señor Jesucristo tu hijo, que vive y reina contigo

y es Dios por los siglos de los siglos.

-Amén.

Nos disponemos a escuchar la palabra de Dios

que va a ser proclamada en este domingo.

-Lectura del segundo libro de los Reyes.

En aquellos días, acaeció que un hombre de Baal Salisá vino trayendo

al hombre de Dios primicias de pan, veinte de cebada

y grano fresco de espiga. Dijo Eliseo:

"Dáselo a la gente y que coman".

Su servidor respondió:

"¿Cómo voy a poner esto delante de cien hombres?".

Y él mandó:

"Dáselo a la gente, que coman, porque así dice el Señor:

'Comerán y sobrará'".

Y lo puso ante ellos,

comieron y aún sobró, conforme a la palabra del Señor.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

-Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

-Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

-Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles;

que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas.

-Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

-Los ojos de todos te están aguardando,

tú les das la comida a su tiempo;

abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.

-Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

-El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones.

Cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente.

-Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

-Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:

Yo, el prisionero por el Señor,

os ruego que andéis como pide la vocación

a la que habéis sido convocados.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos,

sobre llevaos mutuamente con amor;

esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Un solo cuerpo y un solo Espíritu,

como una sola es la esperanza de la vocación

a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo.

Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos,

actúa por medio de todos y está en todos.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Aleluya cantará quien perdió la esperanza

y la tierra son reirá, aleluya.

y la tierra sonreirá, aleluya.

Un gran profeta ha surgido entre nosotros.

Dios ha visitado a su pueblo.

Aleluya cantará quien perdió la esperanza

y la tierra sonreirá, aleluya.

El señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

-Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea

o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente,

porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente,

dice a Felipe:

"¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?".

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:

"Doscientos denarios de pan

no bastan para que a cada uno le toque un pedazo".

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

"Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada

y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?".

Jesús dijo:

"Decid a la gente que se siente en el suelo".

Había mucha hierba en aquel sitio.

Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes,

dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados,

y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

"Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda".

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos

de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

"Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo".

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey,

se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor.

-Gloria a ti, Señor Jesús.

Ha sido el diácono permanente Manuel Gómez quien ha proclamado

el Evangelio de este domingo.

Hemos empezado nuestra celebración con la belleza del canto

"Alegre la mañana" y en la misma letra nos explica

y nos dice por qué la mañana es alegre,

y no es porque tengamos salud, Dios lo quiera, que tengamos salud,

no es porque tengamos dinero, Dios lo quiera, que tengamos dinero,

no es porque nos vaya bien en la vida, Dios lo quiera, que nos vaya

bien en la vida,

dice el canto: "Alegre la mañana que nos habla de ti".

Esta es la razón por la cual uno debe mirar la vida con esperanza.

Más allá de cualquier circunstancia o dificultad,

"legre la mañana que nos habla de ti",

alegre esta mañana que podemos celebrar con nuestra comunidad

parroquial de Santo Tomás Apóstol, la fe, la eucaristía,

porque nos habla de él.

Alegre los geriátricos porque la vejez también está

y nos habla de Jesús, de él.

Alegre la mañana a los hospitales porque dentro del sufrimiento

podemos descubrir el inmenso amor,

la ternura, que Dios tiene por cada hombre. Alegres los hospitales.

Alegres las catedrales que dan gloria a Dios y que no sabrán de ti.

Alegre la Cañada Real que con opciones equivocadas

esos hombres también ahí Jesús se hace presente y nos hablan de él.

Alegre las familias que acompañan con discreción y con ternura,

como así es Dios con nosotros, a sus hijos, los corrigen y los sostienen,

los quieren. Cuántos y cuántos ejemplos tenemos de familias

que en el día a día, cotidianamente, acompañaís a vuestros hijos

y, para nosotros, es un bien y un testimonio. Alegre la familia

cuando siempre habla de ti. Alegre el estudio, el silencio

que nos habla del Señor. El trabajo en lo cotidiano que nos habla de ti.

Si en la existencia humana, en la vida humana,

también vemos que si estamos mínimamente atentos descubrimos

y descubriremos siempre en la vida humana, la vida nuestra,

una desproporción entre lo que hay que hacer en la vida

y lo que podemos hacer.

Una desproporción, una distancia entre las necesidades de la gente,

fijados cuantos tramas vemos cotidianamente,

lo que nos viene de fuera como drama, como grito,

como respuesta que tenemos que dar,

una desproporción entre las necesidades de la gente,

que son muchísimas, y nuestras respuestas.

Y también, si estamos mínimamente atentos, una desproporción

entre nuestro corazón, lo que desea uno,

y lo que con nuestras propias fuerzas conseguimos y logramos.

¿Qué estatura humana tiene este hombre? ¿Quién?

Aquel que percibe esta distancia entre nuestras fuerzas

y las necesidades que hay que cumplir o hacer.

Y ante este panorama Jesús

nos habla en el Evangelio hoy y no se detiene ni un segundo

ante las dificultades. Le seguía mucha gente de toda condición.

Pobres, ricos, listos, tontos,

buenos, malos, coherentes o incoherentes.

Jesús no se detiene ante las dificultades,

no se quedó de brazos cruzados,

no es la queja lo que predomina en sus quehaceres y tareas.

Qué bonito es encontrarse muchísimas familias y personas

en donde no es la queja lo que predomina,

sino un agradecimiento, una amplitud de miras, un horizonte

que nos educa y nos ayuda a cada uno de nosotros.

No hay cosa más bella que encontrarse cristianos alegres

y no hay cosa más triste que encontrarse cristianos quejosos.

Aquel hay que salva al hombre, Jesús, se pone en acción.

No es el pesimismo lo que determina su vida.

Eso sí, pide nuestra colaboración.

Pide nuestros talentos que él mismo nos ha dado, porque todo es de él.

Pide nuestras capacidades, que las pongamos,

como así vemos muchas veces, en juego.

Y el resultado es para aquellos que no se reservan,

para aquellos que no se detienen,

para aquellos que no es la queja y no puede cambiar las cosas,

para aquellos que quieren apostar por él, el resultado

es una sobreabundancia de vida,

un gusto por la vida que vemos gracias a Dios en muchísimas cosas,

una sobreabundancia como la de los panes y los peces

que nos proclama el Evangelio.

Con muy poquito, con muy poco, el Señor hace maravillas,

pero necesita nuestra colaboración, necesita de nuestra libertad,

necesita que uno diga sí al Señor.

Sin eso no hay nada que hacer.

No se va a saltar nuestras personas. La ley suprema de la vida,

y tenemos la existencia para entenderlo, la ley suprema

es acompañar y compartir el corazón del hombre, que va más allá,

como así lo descubrimos, de lo material.

Nos ha dejado muchos instrumentos, la compañía de la Iglesia,

su cuerpo, esencial para vivir, para vivir la vida cristiana,

los sacramentos, estamos celebrando la carestía y nos convoca

él porque necesitamos de él para vivir.

Tantos y tantos medios que Dios pone a nuestro alcance para que podamos

experimentar el ciento por uno que es su presencia entre nosotros.

Hemos escuchado las palabras de homilía del párroco

de esta parroquia de Santo Tomás Apóstol aquí en Madrid.

Jorge Delgado que, comentando el Evangelio animaba

y nos señalaba la ley suprema de la vida.

Y compartir el corazón.

-Creo en un solo Dios, padre todopoderoso,

creador del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo señor Jesucristo, hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos.

Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero.

Engendrado no creado, de la misma naturaleza del Padre

por quien todo fue hecho, que por nosotros los hombres

y por nuestra salvación bajó del cielo.

Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen

y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato. Padeció y fue sepultado.

Resucitó al tercer día, según las escrituras, y subió al cielo

y está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida que procede del Padre

y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración

y gloria y que habló por los profetas.

Y en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.

Reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados.

Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

Oremos a Dios padre que en Jesucristo su hijo

nos ha amado hasta el extremo.

-Para que la calidad de la Iglesia reproduzca el milagro

del pan multiplicado, roguemos al Señor.

Para que los saciados en lo material tengan también hambre de vida

y justicia, roguemos al Señor.

-Para que el monto del hambre obtenga el pan que necesita

y pueda alcanzar el otro pan, roguemos al Señor.

Para que participando del pan de la eucaristía sepamos compartir

con los demás el pan de nuestra existencia, roguemos al Señor.

Dios Padre nuestro, coge con amor estas súplicas,

concédenos lo que te pedimos con fe. Por Jesucristo nuestro señor.

(Coro)

(Coro)

Junto al pan y al vino,

también esas niñas presentaban los libros de catequesis

que han utilizado este año.

-Orad, hermanos, para que este sacrificio,

mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El Señor reciba de tus manos este sacrificio,

para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien

y el de toda su santa Iglesia.

Recibe señor la afrenta que te presentamos gracias a tu generosidad

para que estos santos misterios de tu poder santifique

en las días de nuestra vida y nos conduzcan a las alegrías eternas.

Por Jesucristo nuestro señor, amén.

El Señor esté con vosotros. Levantemos el corazón.

Demos gracias al Señor nuestro Dios.

En verdad es justo bendecirte y darte gracias.

Nos has convocado en tu casa en este domingo.

Hoy tu familia, reunida a la escucha de tu familia

y la comunión del pan de vida único y partido celebra el memorial

del Señor resucitado mientras espera el domingo sin ocaso

en el que la humanidad entera entrara en tu descanso.

Entonces contenplremos tu rostro, le daremos por siempre tu misericordia

y con esta gozosa cantamos el himno de tu gloria.

Santo, Santo, Santo,

Santo es el Señor,

Santo es el Señor, Dios del universo.

Santo es el Señor, Dios del universo.

Y no se están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

-Santo eres en verdad, Padre,

y con razón te alaban todas tu criaturas. Ya que por Jesucristo,

tu Hijo y Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo,

das vida y santificas todo y congregas a tu pueblo

sin cesar para que ofrezca en tu honor un sacrificio

sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo espíritu

estos dones que hemos separado para ti, de manera que sean cuerpo

y sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,

que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan.

Dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz.

Y dándote gracias de nuevo lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros

y por muchos para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

Este es el sacramento de nuestra fe.

-Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús.

-Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora

de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos en esta acción de gracias el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia

y reconoce en ella la víctima

por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad.

Para que, fortalecidos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo

y llenos de su Espíritu Santo,

formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu.

-Que él nos transforme en ofrenda permanente para que gocemos

de tu heredad junto con tus elegidos, con María,

la Virgen madre de Dios, los apóstoles y los mártires,

el beato Juan Pablo II y todos los santos por cuya intercesión

confiamos obtener siempre tu ayuda.

En el domingo, reúne en torno a ti a todos tus hijos dispersos

por el mundo. Nuestros hermanos difuntos, y una especial forma

te pedimos por nuestros hermano sacerdote Adolfo

y nuestra hermana Gregoria. Y a cuantos murieron en tu amistad,

recíbelos en tu reino,

donde esperamos gozar de la plenitud eterna de tu gloria,

por Cristo, señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios padre omnipotente,

en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria,

por los siglos de los siglos.

Llenos de confianza, por ser hijos de Dios,

digamos la oración que el mismo Cristo nos enseñó.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, señor, y concédenos la paz en nuestros días

para que ayudados por tu misericordia vivamos siempre libres

de pecado y protegidos de toda perturbación

mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro

Salvador Jesucristo. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria,

por siempre, Señor.

Señor Jesucristo, que dijiste los apóstoles, la paz os dejo mi paz os

estoy, no tengas en paz nuestros pecados sino la fe de tu inglesa.

Conforme a tu palabra, la paz del Señor esté siempre con vosotros.

Y con tu espíritu.

También nosotros deseamos la paz, esa paz que nace de saber que Cristo

está a nuestro lado.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios,

que quitas el pecado

del mundo, danos la paz.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Estamos celebrando hoy la misa de este domingo,

el 17 del tiempo ordinario,

en esta parroquia Santo Tomás Apóstol de Madrid.

El próximo domingo, el 5 de agosto, estaremos también aquí

en La 2 de TVE a las 10:30 y celebraremos

"El Día del Señor" desde la parroquia

de Nuestra Señora de la Natividad de San Martín de la Vega.

He venido para que tengáis una vida en plenitud.

El azul del cielo, el verde de las aguas,

el rostro de los niños y el sol,

las flores del campo,

las gotas de rocío,

el ímpetu del viento y el mar.

Toda la existencia, el amor de mis hermanos,

navega en compañía de ti.

Del amor que siento, que vive aquí en mi pecho,

cuando canto para ti.

He venido para que viváis y viváis en abundancia.

He venido para que tengáis una vida en plenitud.

He venido para que viváis y viváis en abundancia.

He venido para que tengáis una vida en plenitud.

Es tu palabra la fuente de mi vida,

la fuerza que nos lleva hacia Dios,

condenas mis pecados, me curaste mis males...

Estamos en este templo cerca del cementerio de la Almudena,

en Madrid, en la zona del barrio lineal,

para los que conocen la ciudad.

Este templo se consagró en 2012

después de una insistencia grande por parte de los fieles,

nos comentaban los mimbres de esta comunidad parroquial,

y muchos de ellos gente que vino a vivir a Madrid en los años 70

en esta zona y se fueron asentando y que intentaron

tener una iglesia más grande que aquella que tenían.

Tuvieron muchas dificultades,

recaudar dinero y superar dificultades a nivel administrativo,

político, de construcción, etcétera, y se sentían muy orgullosos

de esta iglesia, de este templo, pero sobre todo

de esa comunidad parroquial que han ido creando.

Una comunidad parroquial

que, como sucede en muchas de nuestras grandes ciudades,

en este mes de julio se ve un poco más mermada.

Hay muchos ellos que están en vacaciones.

También el propio coro y que animan también con los chavales

de comunión que ahora, durante este tiempo de verano,

están fuera.

He venido para que viváis y viváis en abundancia.

He venido para que tengáis una vida en plenitud.

He venido para que viváis y viváis en abundancia.

Tiempo de verano que también en nuestras comunidades

parroquiales, asociaciones, movimientos y congregaciones

religiosas se vive con numerosas actividades.

Campamentos, el camino de Santiago, encuentros de formación, etcétera,

que reúnen a miles de jóvenes,

especialmente a través de todas las actividades que organizan

las instituciones de la Iglesia.

Escuchábamos este domingo ese evangelio, el relato de San Juan,

que habla de la multiplicación de los panes y los peces.

Es significativo.

En el Evangelio de San Juan hay seis milagros, seis signos,

y cada uno de ellos tiene una importancia catequética

y teológica importante.

Se escribía en la carta pastoral:

"Proclamaremos en la liturgia dominical el discurso

del pan de vida del Evangelio cuarto según San Juan".

A partir de la multiplicación de los panes y de los peces,

hoy lo hemos escuchado, y en los próximos domingos escucharemos

la invitación de Jesús a penetrar en la revelación de la eucaristía.

Él mismo se presenta como pan de vida.

Su carne como verdadera comida para la vida del mundo,

de la experiencia de comunión con el íntima y única de aquellos

que lo coman con fe y de la invitación a ser creyentes,

vivir con responsabilidad su seguimiento. Y es que la eucaristía,

como nos decía Benedicto XVI,

es la fuente cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.

Danos un corazón...

"Si contemplamos de manera más asidua el rostro del verbo

encarnado, realmente presente en la eucaristía, practicaremos

el arte de la y nos oración y nos comprometemos con la Iglesia".

Danos un corazón grande para amar.

Danos un corazón fuerte para luchar.

Hombres nuevos, luchando en esperanza,

caminantes sedientos de verdad,

hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,

hombres libres que exigen libertad.

Danos un corazón grande para amar.

Danos un corazón fuerte para luchar.

Hombres nuevos, amando sin fronteras

por encima de razas y lugar.

Hombres nuevos al lado de los pobres compartiendo con ellos

techo y pan.

Danos un corazón...

Y es que la eucaristía que ahora se ha reservado en el Sagrario

es el memorial de la Pascua, el acontecimiento central

de la salvación de la humanidad. Debemos amar mucho la misa,

escribe el obispo de Urgell, tanto la del domingo,

que es la pascua samaral como la misa de cada uno de los días.

Y amar con devoción la presencia del Señor en la eucaristía que nos lleva

a la adoración silenciosa de Cristo.

(CANTAN EN LATÍN)

El misterio de la eucaristía es el don más grande

que nos ha hecho Dios,

que multiplica el pan de vida para todos. No hay amor más grande

que el que da todo lo que uno es y tiene y puede,

y eso es lo que hizo el Señor en La Última Cena.

Precisamente prefigurada en ese milagro que hemos escuchado hoy.

Hemos recibido, Señor,

el Santo Sacramento memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo.

Concédenos que este don que él mismo nos entregó con amor inefable

sea provechoso para nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor. -Amén.

El Señor quiere seguir multiplicando el pan a través de nosotros

que todos al ver el signo de nuestro amor puedan reconocer

a Jesús presente y decir: "Este si que es el profeta

que tenía que venir al mundo".

-El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu.

-La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo,

descienda sobre vosotros. -Amén.

Glorificad a Dios con vuestra vida. Podéis ir en paz.

-Demos gracias a Dios.

(Coro)

Y con el canto de alabanza de María concluimos la eucaristía

en este domingo.

Saben que a continuación pueden ver el programa "Pueblo de Dios"

que les presenta el rostro misionero de la Iglesia.

Nosotros nos despedimos hasta el próximo domingo, el 5 de agosto,

que estaremos en San Martín de la Vega,

en la Parroquia de la Natividad en allí estaremos celebrando

durante algunos domingos de agosto "El Día del Señor".

Y es que también en verano el señor sigue a nuestro lado,

aunque nos vayamos de vacaciones. A él también nos lo llevamos.

Va con nosotros. Nos acompaña en cualquier lugar donde vayamos.

También para acercarnos a cualquiera de las iglesias que tenemos cerca

y saludarle, rezarle y visitarle.

(Coro)

Pues hasta el próximo domingo.

Que tengan una feliz semana y un buen domingo.

Buenos días nos dé Dios.

Es mi alegría, es mi plenitud,

él es todo para mí.

(Música)

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29 jul 2018

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