El día del Señor La 2

El día del Señor

Domingos a las 10.30 h.

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Para todos los públicos El día del Señor - Misa de Todos los Santos - ver ahora
Transcripción completa

Buenos días, señoras y señores,

les saluda a Javier Valiente.

Vamos a comenzar

en estos momentos la retransmisión de la eucaristía

en este día de la fiesta de Todos los Santos.

La misa la ofrece en Eurovisión.

La misa la ofrece Eurovisión.

Estamos en una ciudad de 17.000 habitantes

situada en la zona norte de Bélgica.

Un pueblo que está vinculado a la gran Guerra.

El 18 de octubre de 1914

los alemanes lanzaron una ofensiva, sería seguida por una batalla.

Toda la región quedó sometida a un fuego violento.

Para romper la ofensiva alemana,

el rey Alberto abrió las esclusas, y los campos quedaron inundados,

lo que pone fin a la continuación del avance alemán.

Los belgas cavaron detrás del terraplén del ferrocarril

y lucharon durante cuatro años en las trincheras fangosas.

La misma ciudad cae en manos

de los alemanes el 10 de noviembre

de 1914.

La ciudad y sus alrededores quedaron completamente destruidos.

Cuatro años más tarde no quedan más que ruinas,

cráteres de las bombas,

y un paisaje totalmente desolado.

La gran Guerra tiene innumerables sitios conmemorativos en la zona,

y quedará grabada siempre en la memoria.

Hoy, la historia de la confrontación belga-Alemana

entre 1914-1918 se estudia.

Los cementerios son testigos silenciosos

de aquel terrible pasado.

Entre ellos, el cementerio militar alemán, con ese monumento.

En la fosa, la trinchera,

se puede sentir el olor de la guerra mundial.

Nos vamos a acercar al centro.

Aquí está el Ayuntamientos, con el campanario.

Después de su destrucción

durante la guerra fue reconstruida en 1923,

al estilo regional del renacimiento flamenco.

Muy cerca está esta iglesia de San Nicolás,

abre sus puertas en la festividad de Todos los Santos.

Fue destruida en 1914.

Luego fue destruida también en la Segunda Guerra Mundial.

A principios de los años 50 fue nuevamente reconstruida.

La iglesia sigue siendo

un testigo de fe a lo largo de los siglos,

una oración grabada en la piedra.

(Coro)

Comienza la procesión de entrada,

con ese grupo de veteranos de la guerra,

que participan en la procesión.

Bendito sea su nombre,

nos protegió a lo largo de su viaje,

cantemos juntos, rodeados por el coro de los santos.

(Coro)

Como Abraham,

llamado por Dios obedeció, partieron tan bien ellos.

Murieron en su nombre, no sabían más que lo que él decía.

No me avergüenzo de haberte llamado Dios.

Preside la celebración el deán de la ciudad.

Le acompañan otros sacerdotes de esta unidad pastoral.

"Cantemos juntos, rodeado por el coro de los santos",

nos invita la coral.

(Coro)

Aquellos que liberados del mundo de abajo

ahora descansan, hablan y testifican para fortalecer nuestra fe.

Podemos contemplar nuestro viaje

en unión con el coro de los santos,

animado por la esperanza y el amor.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espítiru Santo.

La gracia de nuestro señor Jesucristo,

el amor del padre, la comunión

del Espíritu, esté con todos nosotros.

Hermanos y hermanas...

(HABLA EN OTROS IDIOMAS)

Bienvenidos a todos a la iglesia de San Nicolás.

Bienvenidos a los espectadores de nuestro país,

de los países bajos, de Francia, de Suiza, de España, y de Irlanda.

Y de todos aquellos que se unen a nosotros

para celebrar esta eucaristía.

Se cumplen 100 años del fin de la primera guerra mundial.

Nosotros nos reunimos en este Día de Todos los Santos,

para rezar por la paz.

Los santos que nos han precedido

no han obtenido nada aquí abajo, decía el canto de entrada.

Han desarrollado su propia resistencia y fortaleza.

Ellos testificaron que Dios es verdadero,

y que realiza su palabra.

Queremos honrar su testimonio.

Imploremos la misericordia de Dios,

porque confiamos a veces demasiado en nuestras fuerzas.

Seguimos nosotros sus pasos,

inspirados en las bienaventuranzas.

Bienaventurados los que lloran,

los que están mal en nuestro mundo, experimentarán

cómo Dios los defiende.

Abramos nuestros corazones para el Señor y hacia los demás.

Comienza ahora el acto penitencial.

Cristo, tú que nos invitas

a vivir el espíritu de las bienaventuranzas,

ten piedad de nosotros.

Cristo, que nos invitas a vivir este espíritu,

y nos das la fortaleza

y los sacramentos, ten piedad de nosotros.

-Que Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,

perdone nuestros pecados, y nos lleve a la vida eterna.

(Música)

Kirieleisón.

Kirieleisón.

Kirieleisón.

(Coro)

Kirieleisón.

Kirieleisón.

Kirieleisón.

Hoy, día de fiesta,

toda la Iglesia entonada, canta el "Gloria"

en esta fiesta de Todos los Santos.

(Coro)

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

que nos has otorgado venerar

en una misma celebración

los méritos de todos los santos,

concédenos, por esta multitud de intercesores,

la deseada abundancia de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-La primera lectura, del libro del apocalipsis.

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello

del Dios vivo.

Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados

de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:

"No dañéis a la tierra ni al mar

ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de

nuestro Dios". Oí también el número de los

sellados,

ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa,

que nadie podría contar, de todas naciones, razas, pueblos y lenguas,

de pie delante del trono y delante del Cordero,

vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Y gritaban con voz potente:

"'¡La victoria es de nuestro Dios,

que está sentado en el trono, y del Cordero!".

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono

y de los ancianos y de los cuatro vivientes

cayeron rostro a tierra

ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:

"Amén. La alabanza y la gloria

y la sabiduría y la acción de gracias

y el honor y el poder

y la fuerza son de nuestro Dios,

por los siglos de los siglos. Amén".

Y uno de los ancianos me dijo:

"Estos que están vestidos con vestiduras blancas,

¿quiénes son y de dónde han venido?".

Yo le respondí:

"Señor mío, tú lo sabrás".

Él me respondió:

"Estos son los que vienen de la gran tribulación.

Han lavado y blanqueado sus vestiduras

en la sangre del Cordero".

En el salmo,

el coro nos va a invitar a cantar:

"Hay una tierra de luz pura".

(Coro)

"Hay una tierra de luz pura donde reinan los santos.

El día dorado nunca termina en la oscuridad o el dolor.

Siempre allí es primavera,

todas las plantas están en flor.

Solo el estrecho mar de la muerte

nos separa de esta tierra bendita.

Vemos al otro lado el campo de un verde brillante,

como Israel vio la tierra prometida más allá del Jordán".

Queridos hermanos,

mirad qué amor nos ha tenido el padre,

para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos.

El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios,

y aún no se ha manifestado lo que seremos.

Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él,

porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza,

en él se purifica a sí mismo,

como él es puro.

Palabra de Dios.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados",

dice el Señor, "y yo os aliviaré".

Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lectura del Santo Evangelio, según San Mateo.

En aquel tiempo,

al ver Jesús el gentío,

subió al monte,

se sentó y se acercaron sus discípulos;

y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

"Bienaventurados los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten

y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Alegraos y regocijaos,

porque vuestra recompensa será grande en el cielo".

(Música)

La alabanza, los himnos,

Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

"La gente camina en la jaula de su planeta",

dijo un dramaturgo francés,

"porque se olvida de que pueden mirar hacia arriba".

Con suerte, en momentos especiales

la gente sentirá nostalgia por Dios,

el deseo de conocerlo más de cerca.

Podemos alimentar esta emoción especialmente

durante el Día de Todos los Santos. Es un día de reflexión y oración.

Por un momento el hombre puede olvidar su estrés

y agitación para reflexionar sobre el misterio

más profundo de la existencia.

Una vida que parece acabar en la tumba,

pero lleva consigo una vocación celestial.

El Día de Todos los Santos

un fuego se enciende en nuestros corazones,

no está oculto por la oscuridad del tiempo.

En cada bautismo se nos recuerda que nuestro nombre

grabado en la palma de Dios.

Por este signo nos incorporamos

a una comunidad que llamamos en el credo

la comunidad de los santos.

Esta comunidad es nuestro destino,

un círculo de personas,

una multitud de personas que encuentran su alegría en Dios.

Ya estamos conectados a ellos en oración.

Las bienaventuranzas también hablan de esta vocación.

Felices aquellos que lloran,

porque la justicia es violada

tan a menudo, ellos recibirán justicia.

Felices la que los que viven en un mundo de ambigüedad,

con un corazón puro, verán a Dios.

Bienaventurados los que traen la paz,

en medio de la vanidad y la jactancia,

porque serán llamados hijos de Dios.

Ocho posibilidades de ser feliz

han sido mencionadas en el Evangelio.

Las Bienaventuranzas

son la puerta de entrada al sermón del monte,

la compilación más importante de las palabras de Jesús.

No lo necesitamos para sobrevivir,

sino para vivir una vida llena de significado,

y conectados con Dios.

Ellas forman nuestra segunda naturaleza,

nuestro deseo de un mundo

de acuerdo con el sueño de Dios.

Un mundo en el que él pueda ser una vez más Dios,

y nosotros, su pueblo.

Expresamos este sueño en este lugar

donde hace 100 años tuvieron lugar los últimos días

de la Primera Guerra Mundial.

Una región señalada por el cantante flamenco,

si alguna vez pasas por aquí,

encontrarás la guerra y las tumbas de mil soldados.

El padre de uno, el hijo de otro, muerto, silencioso y abandonado.

Demasiado terrible.

También, en palabras de otro sacerdote,

que estuvo de guardia como soldado cerca de esta ciudad,

durante 18 meses estuvo al servicio del ejército belga.

En ese momento sufrió mucho,

pero era para proteger las posiciones.

Era mejor que retirarse.

En ese momento, hace cien años,

todavía sabíamos por qué estábamos luchando.

¿Por un país en el que podamos convivir

con personas de origen extranjero?

La fortaleza necesita raíces.

El hombre moderno corre el riesgo de olvidar esta raíces.

Él cree que puede controlar todo,

la vida, el medio ambiente, su salud,

sus relaciones, sus esfuerzos y sus habilidades.

Pero esta audacia le cuesta mucho,

pues existe la ola de migraciones,

también el cambio climático,

el aumento de la individualización y la soledad,

el auge del populismo.

El hombre nunca encontrará su plenitud

si no aprende a profundizar.

No lanzar una guerra de posiciones,

sino descubrir las propias raíces.

Como hijo de Dios, discípulo de Jesús,

como templo del Espíritu Santo.

Podemos hacernos la siguiente pregunta:

"¿Cuál es nuestro grado de determinación

para realizar nuestra vocación celestial,

para alcanzar las cosas esenciales?".

Jesús es muy claro en las bienaventuranzas.

Para convertirse en un hijo de Dios,

no confies en tus fuerzas propias, trata de seguir a Dios.

Sin pretensiones,

simplemente con confianza, con un corazón puro.

Ahora, el celebrante nos invita a rezar el credo.

(REZAN EN OTRO IDIOMA)

Después del credo,

Después del credo,

rezamos en la oración universal

por todos aquellos que dependen de nuestra oración,

por la intercesión de todos los santos.

-Bendice a los humildes,

a la gente que aprecia la vida como un regalo, como un milagro.

En español se ha presentado la primera petición.

"Escúchanos, Señor, escúchanos la oración,

tu paz en nuestras oraciones", canta el coro y la asamblea.

Bendice, Señor, a los artesanos de la paz,

las personas que no destruyen a los demás,

que siempre ofrecen nuevas posibilidades.

(Coro)

-Bendice, Dios, a los que lloran,

personas que enfrentan las dificultades de la vida,

a las que están sufriendo la enfermedad,

o afectadas por desgracias.

-Bendice, Dios,

los poros de corazón,

las personas que hacen lo que tú les pides,

sin intención oculta.

Que sean sostenidas por el aliento de tu espíritu.

-Padre celestial,

tú que compartes nuestras preocupaciones,

que nos das a los santos como intercesores y ejemplos,

sé nuestro ideal, te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

(Coro)

"Espíritu Santo,

aliento vivo de Dios,

trae la presencia del Señor resucitado

para renovar mi corazón y sanarlo.

Que tu palabra se haga vida en mí,

dame fe cuando no vea, dame la pasión,

en cada pensamiento, acción y actitud,

amabilidad hacia lo más grande y lo más pequeño.

Dame una dulzura para trazar un camino de paz".

"Espíritu Santo,

que tu alegría se refleje en todo lo que hago.

Convierte mis esfuerzos en obras de gracia.

Aliento de Dios, revela a Cristo en cada uno de mis actos".

(Coro)

(Coro)

"Espíritu Santo,

que brote la fragancia de nuestros corazones,

guíanos en el camino del sacrificio".

"Que el rostro de Cristo

se muestre a todos en claridad, para que todo el mundo pueda verlo".

-Orad, hermanos,

para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios,

Padre todopoderoso.

Sean agradables a tus ojos,

Señor, los dones que te ofrecemos en honor de todos los santos,

y a que intercedan por nuestra salvación

a los que creemos seguros en la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

darte gracias, Padre Santo, siempre y en todo lugar,

por Jesucristo, tu Hijo amado.

Hoy nos ofreces celebrar al Jerusalén celeste,

nuestra madre, donde te alaba la corona de nuestros hermanos.

Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe,

nos apresuramos jubilosos,

compartiendo la alegría por la glorificación

de los mejores miembros de la Iglesia.

Nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad.

Por eso,

con la muchedumbre de los santos,

los ángeles, proclamamos tu grandeza,

y te alabamos clamando a una sola voz...

(Coro)

(Coro)

-Santo eres en verdad,

Señor, fuente de toda santidad.

Por eso te pedimos que santifiques estos dones

con la efusión de tu Espíritu,

de manera que sean para nosotros cuerpo y sangre de Jesucristo,

nuestro Señor.

El cual, cuando iba a ser entregado a su pasión

voluntariamente aceptada, tomó pan.

Dándote gracias lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo,

que será entregado por vosotros".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz.

Y dándote gracias de nuevo

lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él,

porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por muchos para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

Este es el sacramento de nuestra fe.

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús.

-Así pues, Padre,

al celebrar ahora el memorial de la muerte

y resurrección de tu Hijo,

te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación.

Y te damos gracias porque nos haces dignos

de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo

congregue en la unidad

a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo.

-Acuérdate, Señor,

de tu Iglesia extendida por toda la tierra,

-Con el papa Francisco, por nuestro obispo,

con todos los pastores que cuidan de tu pueblo,

llévala a su perfección por la caridad.

-Acuérdate de nuestros hermanos,

que durmieron en la esperanza de la resurrección,

y de todos los que han muerto en tu misericordia.

Admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de nosotros, y con María,

la Virgen Madre de Dios, su esposo San José,

los apóstoles y cuantos vivieron

en tu amistad a través de los tiempos,

merezcamos por tu hijo Jesucristo

compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

-Por Cristo, con él y en él,

a ti Dios padre omnipotente,

en la unidad de la Espíritu Santo, todo honor y toda gloria,

por los siglos de los siglos.

Nos invita el celebrante a rezar el Padre Nuestro.

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El día del Señor - Misa de Todos los Santos

01 nov 2018

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