El día del Señor La 2

El día del Señor

Domingos a las 10.30 h.

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Para todos los públicos El día del Señor - Catedral de Segovia - ver ahora
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Visitar Segovia nos hace encontrarnos

con grandes imágenes y con su milenaria historia.

Descubrimos edificios y personajes que nos sorprenden.

Por ejemplo, cerca del acueducto,

en el barrio del Salvador,

encontramos la iglesia de los santos Justo y Pastor.

Templo románico del siglo XII.

El ábside es la cabecera del templo.

Es muy austero.

En el interior descubrimos varias sorpresas interesantes.

Cristo del majestad bendiciendo con el libro de la vida

en su mano izquierda.

Nos contempla desde el centro del ábside.

Forma parte del conjunto de pinturas románicas

que cubren el templo.

También las representaciones del Cordero de Dios

y las escenas de la pasión como La Última Cena

y el prendimiento, pintadas con la fuerza expresiva

y con finalidad didáctica. Son frescos del siglo XIII.

Se descubrieron en 1963.

Otra sorpresa y dentro de una capilla barroca

es el Cristo de los Gascones. Se trata de una imagen de madera

de finales del siglo XI.

Para ser colgada con los brazos en cruz.

Y con los brazos sobre el pecho. Como la vemos ahora.

Se utilizaba para autos sacramentales.

En la capilla bautismal,

donde estaba otra entrada al templo,

se recuerda a la jesuita San Alfonso Rodríguez,

bautizado aquí en 1631.

Se celebra el cuarto centenario de su muerte.

Estamos celebrando el cuarto centenario porque queremos dar

a conocer con más intensidad entre los fieles la figura

de este santo que nos parece actual para nuestro mundo de hoy.

La mitad de su vida fue padre de familia.

Estuvo casado.

Fue empresario del siglo XVII. La otra mitad de su vida fue

un itinerario de búsqueda de su existencia después

de perder a su mujer y a sus hijos.

Lo encontró en Dios.

A través de la vocación de ser un hermano jesuita,

consagrando toda su vida a permanecer como portero

en el colegio Montesio.

Había nacido cerca de San Justo en 1531.

Fue el tercero de 11 hermanos.

Sus padres eran comerciantes. Con 10 años conoció

a dos jesuitas que se alojaron con la familia de paso por Segovia.

En 1545 Alfonso va a Alcalá de Henares a estudiar

en el colegio que acababan de abrir los jesuitas.

No puede terminar los estudios porque muere su padre

y regresa a Segovia para regentar el modesto negocio familiar.

En 1557, a los 26 años, se casa con María Juárez.

Se van a vivir a la calle del mercado,

donde está la parroquia de Santa Eulalia.

Abren un negocio de lanas. Tienen tres hijos. En cinco años fallecen

su madre, su mujer e hijos.

¿Qué quería el señor para él?

A los 31 años decide entregar su vida como religioso.

De frágil salud y escasos estudios es recibido

en los jesuitas de Valencia y después destinado

al colegio Monte de Sión de Palma de Mallorca.

Hace su profesión religiosa en 1573.

Durante 46 años fue portero de esta casa, atendiendo a todos,

caridad.

A Jesús, que se disfraza de prójimo,

no le podemos tratar con aspereza.

Era lo que decía.

Aquí se hizo santo.

¿Cómo se hace santo desde una portería viviendo desde la humildad?

Y sentimiento de obediencia a Dios. Se hizo santo con una

gran devoción a la Virgen María.

Y también desde una cualidad propia que era ser consejero.

Entre las personas a las que animó fue a San Pedro Claret.

Que fue a las Américas.

Una vida, por lo tanto, de servicio,

humilde y en segundo plano.

A los ojos de Dios, ciertamente tiene muchos méritos

que le llegó a que se le reconociera como santo.

Servicio, trabajo humildad,

oración y profunda vida interior que, por obediencia,

transformó en tratados espirituales escritos entre 1604 y 1616.

Son textos de gran belleza y lenguaje sencillo.

Murió en Palma de Mallorca el 31 de octubre sencillo.

Murió en Palma de Mallorca el 31 de octubre de 1637.

La diócesis de Segovia organizando iniciativas para proponerlo

como modelo de vida cristiana.

Hemos hecho actividades culturales y religiosas.

Lo más significativo es que hemos tenido un ciclo de conciertos

de órgano en la catedral.

También un ciclo de conferencias sobre la figura del santo.

Se ha hecho una peregrinación a Palma de Mallorca.

Han ido 40 personas de la diócesis.

Ahora tenemos la misa en la catedral,

quedamos a verla en directo.

Estará concelebrada por un par de jesuitas.

Esta tarde, vamos a cerrar el centenario con una escolaridad.

Queremos que este centenario no se quede solo

en actos culturales.

Queremos darle proyección en la juventud y en la infancia.

El papa León XII canonizó en 1888.

La compañía de Jesús lo reconoce como patrono de los jesuitas.

La diócesis dedicó una nueva parroquia

al santo segoviano.

Se inauguró en 1997.

Son enseñanzas de San Alonso,

Alfonso, en Segovia.

En cada momento de su vida,

encontró a Dios.

Esposo, padre, comerciante y jesuita después.

Construyó su mística en la profundidad de su vida religiosa

vivirá fielmente y en el servicio a los demás.

Así, la diócesis de Segovia nos presenta la figura

de San Alfonso Rodríguez. Que fue el místico de lo cotidiano.

Un jesuita sencillo.

(Música)

Bienvenidos a la máxima alegría.

Convocados en el nombre del Señor.

Celebramos la sagrada eucaristía. Sacrificio y banquete de su amor.

Sacrificio y banquete de su amor.

Reunidos en tu casa,

alrededor del altar,

nos invitas a la mesa de tu palabra y tu paz.

De tu palabra y tu paz.

Buenos días.

Empezamos aquí la celebración de la eucaristía.

Este domingo, desde la catedral de Segovia.

Ciudad donde vivió San Alfonso Rodríguez.

Un jesuita, como hemos visto, sacerdote.

Como hemos visto en el reportaje previo.

Se han sumado a esta celebración un numeroso grupo

de jesuitas que lo celebran con los miembros del cabildo.

Y también gente de Segovia.

Celebra monseñor César Franco, obispo de la diócesis de Segovia.

Sacrificio y banquete de su amor.

Para hacer un mundo nuevo más justo y más fraternal,

aquí te reconocemos

cuando partimos el pan.

Cuando partimos el pan.

Peregrinos en la paz y la alegría,

convocados en el nombre del Señor.

Estamos próximos a la fiesta litúrgica de San Alfonso Rodríguez.

Sacrificio y banquete de su amor.

Nos sirve de marco para la celebración

la hermosa catedral de Segovia. La última catedral gótica.

Pone incienso el obispo la pequeña

talla de San Alfonso que, normalmente, está en el Convento

de las Clarisas, de Santa Isabel. Es una talla del siglo XIX.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Hermanos,

bienvenidos todos a esta celebración de la eucaristía.

A los aquí presentes y a los que nos seguís desde

La 2 de TVE.

Nos reunimos para celebrar el cuarto centenario

de la muerte de San Alfonso Rodríguez.

Voy a leer el mensaje del papa Francisco.

Con motivo de la solemnidad

del cuarto centenario de la muerte de Alfonso Rodríguez,

religioso de la Compañía de Jesús,

el Santo padre saluda cordialmente a los miembros

de la comunidad eclesial y a los participantes en ese acto.

Su santidad les anima a profundizar en las enseñanzas

de este maestro de espíritu,

que fue capaz de contemplar al Señor en el hermano

que llamaba a su puerta.

También supo iluminar e impulsar la misión de su orden

con el ejemplo de su trabajo

sencillo y humilde.

Con estos sentimientos, el papa Francisco,

a la vez que implora la protección de la Inmaculada,

imparten la bendición apostólica.

Al final la eucaristía,

el obispo impartirán la bendición papal.

También servirá para los que sigan la misa por televisión

y que cumplan las condiciones para tal fin.

Antes de celebrar estos santos misterios reconozcamos

nuestros pecados.

-Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros,

hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra

y omisión. Por mi culpa, por mi culpa,

por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María,

siempre Virgen. A los ángeles, a los santos

y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios,

nuestro Señor.

Dios omnipotente y misericordioso os concede tiempos de verdadera

y fructuosa penitencia.

Corazón siempre arrepentido, reforma de vida

y perseverancia en el bien logrado.

Perdonados todos vuestros pecados, nos conduzca a la vida eterna.

-Amén.

(Música)

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos,

te glorificamos.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres

que ama el Señor.

Señor Dios, rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, cordero de Dios,

hijo del Padre.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres

que ama el Señor.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica.

Tú, que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

Porque solo tú eres Santo, solo tú, Señor,

solo tú, altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Oremos.

Señor, tú que otorgaste a San Alonso

la gracia de imitar a Cristo humilde.

Concédenos, por la gracia de este santo,

vivir nuestra vocación para que tengamos

la perfección que nos has propuesto en la persona

de tu Hijo.

Que vive y reina en la persona del Espíritu Santo

y ese Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

Nos disponemos a escuchar la palabra de Dios,

que va a ser proclamada en este domingo.

-Lectura del libro del Éxodo.

Esto dice el Señor:

"No maltratarás ni oprimirás al emigrante,

pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos.

Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor,

se encenderá mi ira y os mataré a espada;

vuestras mujeres quedarán viudas y a vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a alguien de mi pueblo,

a un pobre que habita contigo, no serás con él

un usurero cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo,

se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene

otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a

acostar?

Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo".

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

(Música)

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza.

--mi

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora,

mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Viva el Señor, bendita sea mi roca,

sea ensalzado mi Dios y Salvador.

Tú diste gran victoria a tu rey,

tuviste misericordia de tu ungido.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los Tesalonicenses.

Hermanos:

Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien.

Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor,

acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación,

con la alegría del Espíritu Santo.

Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes

de Macedonia y de Acaya.

No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya

desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe

en Dios se ha difundido por doquier,

de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada,

ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita

que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios abandonando

los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero,

y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo,

a quien ha resucitado de entre los muertos

y que nos libra del castigo futuro.

-Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Aleluya, aleluya.

Aleluya.

El que me ama guardará mi palabra, dice el Señor,

y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

Aleluya, aleluya. Aleluya.

El Señor esté con vosotros.

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

-Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar

a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos,

un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

"Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal

de la ley?".

Él le dijo:

"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma,

con toda tu mente".

Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

En estos dos mandamientos se sostienen

toda la ley y los profetas.

Palabra del Señor.

-Gloria a ti, Señor Jesús.

Ha sido el provincial de los jesuitas, Antonio España,

el que ha proclamado el Evangelio.

Nos preparamos para escuchar

las palabras de homilía del señor obispo.

Muy queridos hermanos,

sacerdotes con celebrantes,

saludo al padre provincial de la Compañía de Jesús

y a la numerosa representación de jesuitas que comparte

con nosotros este gozo.

También a las autoridades civiles y militares.

También a todos vosotros, hermanos y hermanas en el señor,

con un saludo muy especial para los televidentes.

Especialmente para impedidos y enfermos.

La diócesis de Segovia clausura el cuarto centenario

de la muerte de Alonso Rodríguez,

hermano jesuita que fundó una familia en esta ciudad

hasta que el Señor sembró en él la vocación religiosa.

Privado de todo,

ingresó en la Compañía de Jesús para abrazar a Cristo y a su cruz.

Como dice el papa Francisco en su mensaje,

que agradecemos vivamente, San Alonso es un maestro

de espíritu que fue capaz de contemplar

al Señor en el hermano que llamaba a la puerta y también supo impulsar

la misión de su orden con su trabajo sencillo y humilde.

Sirvió en el oficio de portero practicando la caridad.

¿Cuál fue el secreto de su santidad?

El Evangelio de este domingo nos da la respuesta.

Amar a Dios y al prójimo en perfecta armonía.

Es el principio y fundamento de la vida cristiana

y de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola,

en cuya escuela en aprendió a servir en todo al Señor

y ofrecerle su vida entera en oración

y desposeerse de sí mismo para alcanzar lo propio del cristiano.

Transformarse en Cristo mediante consejos evangélicos.

Cuando leemos su vida,

comprendemos hasta qué punto el Señor le unió a él

por las pruebas que pasó.

La muerte de su mujer y sus hijos le hizo comprender

la verdad absoluta que hemos cantado en el salmo.

"Peña mía, escudo mío, mi fuerza salvadora y mi baluarte".

Cuando el padre provincial,

después de un tiempo de discernimiento quiso acogerlo

en la Compañía de Jesús dijo:

""Vamos a recibirlo para santo".

Así fue. Se santificó en el humilde oficio de portero

que ejerció durante 46 años

entregando lo mejor de sí mismo, con una obediencia que refleja

la de Cristo al venir a este mundo.

Aquí estoy para hacer tu voluntad.

Así explica su vida un poeta inglés jesuita, Hopkins,

en un soneto que le dedicó para su canonización.

"Años y años en un mundo sin aventura

cuando en Mallorca, Alonso custodiada la puerta".

Vista desde fuera fue una vida sin aventura.

Desde dentro, una aventura hermosa,

equiparable a la grandeza de los mártires.

Dios talla como artífice de toda belleza al santo

que tuvo que librar su batalla interior junto a Cristo.

El servicio que prestó San Alonso tiene dos caras inseparables.

Por un lado, vivir, trabajar y morir junto a Cristo

y amar a los hermanos en la sencillez

de la vida ordinaria.

Gracias a la obediencia,

sus superiores nos han dejado escritos espirituales

de gran piedad y altura mística.

En ellos, encontramos la larga sabiduría evangélica

hecha consejos y llamada a las entidad.

En el cuarto centenario de su muerte podemos

preguntarnos qué nos dice hoy este santo de nuestra tierra,

ciudad y alma castellana. ¿Es un modelo de vida imitable?

Cada santo tiene la historia que Dios hace en él.

En este sentido, cada santo es único e irrepetible.

Todos coinciden en un mismo fundamento. La calidad de Cristo.

Se despojó de todo para hacerse hermano y siervo de los hombres.

La santidad es la caridad en acción.

Es en la entrega de uno mismo sin condiciones.

Es la obediencia a Dios que rige la historia y nuestra

vida individual. San Alonso nos enseña a descubrir

a Dios en los acontecimientos de la vida y buscar su voluntad.

También seguirla con determinación.

Su magisterio, como hombre de espíritu es certero.

Al hombre de hoy le cuesta entender la vida de los santos.

A veces los calificamos de raros y extraños, alejados de la vida real,

pero sucede lo contrario.

El santo es el que ha alcanzado la plenitud de lo humano.

Como dice San Pablo a los tesalonicenses,

ha abandonado los ídolos y se ha entregado

al Dios verdadero esperando la vuelta de Jesús.

Nos hemos acostumbrado tanto a adorar a ídolos

que fabricamos y nos impone el mundo,

que vivimos en la esclavitud,

en la desobediencia a Dios, en nuestro propio interés.

Por ello, los santos nos resultan extraños e inevitables. Os invito

a admirar con atención

a San Alonso y ver el trabajo que él hizo en su vida.

A verlo en su tienda de paños segovianos,

en el amor a su mujer e hijos.

En la atención de quienes llamaban a su puerta.

Miradlo y vais a ver a un hombre de espíritu contemplativo.

Dios quiere también liberarnos de toda esclavitud

y hacernos libres para el amor y el servicio.

Pidamos para que la Compañía de Jesús, bajo el magisterio

de San Ignacio de Loyola y San Alonso Rodríguez,

y los otros santos que fueron canonizados con él,

siga siendo un semillero de santos. También pidamos para que esta

querida diócesis de Segovia

sea bendecida en todos los estados de vida con santos

que sean modelos y gloria de nuestro pueblo.

Hombres y mujeres, cuando escuchen la llamada de Dios

y la de los hombres, digan, sencillamente: "Va voy, señor".

Amén.

Confesamos el credo apostólico.

-Creo en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido

por obra y gracia

del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen.

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.

Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos.

Subió a los cielos y está sentado

a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,

la comunión de los Santos, el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

Oremos al Señor por intercesión de San Alonso Rodríguez.

-Por el papa Francisco y por nuestro obispo, César.

Por todo el pueblo santo de Dios para que contribuya

a sembrar la paz, la libertad y la reconciliación,

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por los que tienen responsabilidades en política.

En las empresas e instituciones.

Para que alejándose de intereses particulares trabajen

en estos momentos difíciles por el bien común.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por los que sufren el dolor de la enfermedad, los horrores

de la guerra y del terrorismo. También por los cristianos

perseguidos, los emigrantes y los refugiados.

Para que encuentren manos acogedoras que les ayuden

a salir de su situación.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por las familias, en particular, aquellas que están en crisis.

Para que el señor ilumine sus corazones con su amor

y logren superar los restos que se presentan en su caminar.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por las vocaciones al sacerdocio.

También a la vida consagrada y el servicio misionero.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por todos nosotros.

Reunidos para celebrar la eucaristía,

para que a ejemplo de San Alfonso busquemos siempre

servir desde la humildad del último puesto. Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Escucha, Señor la oración de tu iglesia y concede

lo que te pedimos con humildad y confianza. Por Jesucristo,

nuestro Señor.

-Amén.

Te bendecimos, Padre.

Dios del cielo y la tierra.

Te bendecimos, padre.

Junto el pan y el vino,

también se presenta un recuerdo de trabajo de portero

de San Alonso.

Lo ejerció durante 40 años. Y esas flores, delante

de su imagen.

De esa riqueza de la pobreza,

déjalo todo y seguir a Dios.

Hermano, Alfonso, amigo de Cristo,

cómo se enciende tu corazón.

Con la belleza de la pureza, los ojos limpios verán a Dios.

Te bendecimos, Padre. Dios del cielo y la tierra.

Lo escondido a los sabios, a los hombres revelas.

Te bendecimos, Padre.

Dios del cielo y la tierra.

Hermano Alfonso,

hijo de voto de la madre que Dios nos dejó.

Ruega ante ella por nuestra gente.

Porque tú eres nuestro tutor.

Hermano Alfonso, amigo de Cristo.

Cómo se enciende tu corazón.

Con la belleza de la pureza,

los ojos limpios verán a Dios.

Te bendecimos, Padre.

Dios del cielo y la tierra.

Lo he escondido a los sabios,

a los hombres revelas.

Te bendecimos, Padre.

Dios del cielo y la tierra.

Después de haber puesto incienso al altar

y a las conferencias,

el celebrante principal

de esta celebración pone incienso a los sacerdotes y el pueblo.

En estos momentos, todos somos sacerdotes que hacemos actual

el sacrificio de Cristo en la cruz.

-Orad, hermanos, para que

este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios,

Padre todopoderoso.

-El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza

y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

A ti, Señor, que con el consuelo temporal nos enseñas

a no desesperar de las promesas eternas,

te presentamos las ofrendas de nuestra devoción

para consagrarlas en la conmemoración de San Alonso.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

Es nuestro deber y salvación darte gracias

siempre y en todo lugar, señor, padre Santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Porque celebramos tu providencia admirable

en los santos que se entregaron a Cristo por el Reino de los Cielos.

Por tu providencia llamas

de nuevo a la santidad primera que había recibido.

Y la conduces a buscar y los dones que espera

recibir en el cielo.

Por eso, con los santos y todos los ángeles,

Te alabamos a una sola voz proclamando

sin cesar.

Santo, santo, santo es el Señor. Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

Hosanna en el cielo.

Hosanna.

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad.

Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión

de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros cuerpo

y sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

El cual, cuando iba a ser entregado a su pasión voluntariamente

aceptada, tomó pan. Dándote gracias lo partió y lo dio a sus discípulos

diciendo:

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo,

que será entregado por vosotros".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz.

Y dándote gracias de nuevo lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz

de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros

y por todos los hombres para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

Este es el sacramento de nuestra fe.

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús.

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte

y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida

y el cáliz de salvación. Y te damos gracias

porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue

en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y sangre de Cristo.

-Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra,

y con el papa, Francisco , con nuestro obispo,

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,

llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de todos nuestros hermanos que durmieron

en la esperanza de la resurrección y de todos lo que han muerto

en tu misericordia. Admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros, y así con María, la Virgen,

madre de Dios, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad

a través de los tiempos, merezcamos por tu hijo Jesucristo compartir

la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él.

A ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo.

Todo honor y toda gloria. Por lo siglos de los siglos.

Amén.

Llenos de alegría por ser hijos de Dios,

oremos ahora con las palabras del Señor.

-Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación

y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días

para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre

libres de pecado y protegidos de toda perturbación mientras

esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

-Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles:

"La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta

nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia. Y, conforme a tu palabra,

concédele la paz y la unidad. Tú, que vives y reinas

por los siglos de los siglos. Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Daos fraternalmente la paz.

También nosotros,

desde esta catedral de Segovia deseamos la paz,

esa paz que también vivió y repartió con todos

aquellos que llegaban hasta su puerta San Alonso Rodríguez.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad

de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Música)

Donde hay caridad y amor,

allí está el Señor.

Allí está el Señor.

Una sala y una mesa,

una copa, vino y pan,

los hermanos compartiendo

en amor y en unidad.

Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor.

Celebramos su memoria

y la entrega de su amor.

Donde hay caridad y amor,

allí está el Señor.

Allí está el Señor.

Invitados a la mesa

del banquete del Señor,

recordamos su mandato

de vivir en el amor.

Comulgamos en el cuerpo y en la sangre que Él

nos da y también en el hermano si lo amamos de verdad.

Donde hay caridad y amor, allí está el Señor.

Allí está el Señor.

Este pan, que da la vida, y este cáliz de salud...

Estamos celebrando la eucaristía en la catedral

de Segovia.

El miércoles, 1 de noviembre,

solemnidad de Todos los Santos,

la eucaristía será a las 11:00 de la mañana

desde un municipio francés.

El domingo que viene estaremos en Roa, Burgos.

Será el día 5 de noviembre para recordar al cardenal Cisneros.

Aquí, en Segovia, hemos venido a clausurar el cuarto

centenario de la muerte de San Alonso Rodríguez,

Alfonso Rodríguez,

como recuerdan en Segovia.

Nació en esta ciudad en 1531.

En esta hermosa catedral, vemos esta imagen

de la Virgen de la Paz.

Que preside este retablo del siglo XVIII.

Es el retablo mayor de esta catedral de Segovia.

Con las estatuas también de San Frutos, patrón de la ciudad,

y el primer obispo de la diócesis.

Alonso Rodríguez nació aquí en 1931.

Fue a Alcalá de Henares a estudiar.

Se casó, puso un negocio.

Al fallecer su mujer, su madre y sus tres hijos

se preguntó que qué era lo que le pedía Dios.

Es cuando decide entrar en la Compañía de Jesús.

"Recibámoslo para Santo",

dijo el provincial cuando lo acogió.

Especialmente en Mallorca, en el colegio de Monte Sión.

Allí se hizo santo. Estuvo prácticamente todo su tiempo

en la portería.

Y esa frase que ha quedado grabada de "Ya voy, Señor".

Cuando oía llamar a la puerta.

Quería acoger a todos.

Señor, a ejemplo de San Alonso nos mantengas en tu amor.

Lleva a su perfección la obra comenzada

en nosotros hasta que vuelva a Cristo.

El padre César Franco,

por voluntad de Dios obispo de la Santa Iglesia de Segovia,

en nombre del sumo pontífice,

dará la bendición con indulgencia

plenaria a los presentes y a los participantes

a través de TVE si están verdaderamente arrepentidos,

se hayan confesado y han recibido la comunión.

Rezad a Dios por la Iglesia,

por nuestro obispo

y nos tenéis que es forzar estar en plenitud con ella.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Dios nuestro padre, que nos ha congregado

para celebrar la fiesta de San Alonso Rodríguez,

os bendiga y os proteja

y os confirme su paz.

Amén.

Cristo, el Señor.

Ha mostrado en San Alonso la fuerza renovadora

de la fuerza pascual. Os testigos de su Evangelio.

Amén.

El espíritu que en

San Alonso nos ha ofrecido un ejemplo

de caridad evangélica.

Que puedan acrecentar en la Iglesia la verdadera

voluntad de fe y de amor.

Por la intercesión de los bienaventurados apóstoles Pedro

y Pablo, os bendiga Dios todopoderoso.

Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Amén.

Con la alegría de Cristo resucitado

y la intersección de San Alonso Rodríguez,

podéis ir en paz.

-Demos gracias a Dios.

(Música)

Gloria a ti, maestro de bondad,

humilde servidor, Alfonso Rodríguez, amigo del señor.

Nacías en Segovia,

coronando en Mallorca tu santidad cumplida.

Brindabas tu alegría en seguir al hermano.

En tu humilde portería,

tu oficio bien amado.

Recordando esta figura,

este hermano jesuita que se hizo santo sirviendo

a los demás y acogiendo en todos a Cristo,

terminemos la celebración de la eucaristía

de este domingo. El próximo miércoles,

1 de noviembre, a las 11, en La 2 de TVE,

celebraremos la eucaristía. Es la fiesta de Todos los Santos.

El domingo, 5 de noviembre,

a las 10:30, celebraremos "El día del Señor" desde Roa, en Burgos.

(Música)

Nosotros nos despedimos hasta el próximo martes,

hasta el próximo miércoles para celebrar el día

de Todos los Santos. Hasta entonces, que pasen un buen domingo

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El día del Señor - Catedral de Segovia

29 oct 2017

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