Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 4 - ver ahora
Transcripción completa

Tengo buenas noticias. He conseguido un trabajo estupendo.

-¿Te han cogido en el bufete? Ajá.

Mi hermanita, la abogada, el orgullo de los Rojas.

Bueno, no ha ido exactamente como esperaba.

¿Cómo?

Me han contratado como secretaria en vez de abogada.

Pero lo importante es que si todo sale bien,

mañana podrías estar fuera de aquí.

Ah, te he traído los papeles para que los vayas firmando.

El caso es que es un bufete muy exigente,

pero lo importante es meter el pie dentro, como dice Chema, ¿no?

Y una vez ahí, pues seguro que es más fácil ir ascendiendo.

Claro que sí. Enhorabuena.

No sabes lo orgulloso que estoy de ti.

Espero que el contrato de secretaria sirva para lo mío.

Que sí, Luis, claro que sí.

Un sueldo como el que tengo es lo que nos faltaba

para completar los requisitos de la comunidad.

En unos días vas a estar fuera de aquí.

Te lo prometo.

También me prometiste que nunca iba a entrar aquí,

y llevo más de medio año pudriéndome.

No, no digas eso.

Sabes... Sabes que lo he intentado todo, pero...

pero no he podido hacer más.

Pero ahora sí, ¿eh? Ahora está todo arreglado.

Ya puedes ir preparando las maletas.

Mejor me espero. No quiero hacerme ilusiones otra vez.

Ah, Luis. Luis, espera.

Te he traído palmeritas.

Y no te hagas el malote, que sé que te encantan.

Confía en mí, por favor.

(Sintonía "Derecho a soñar")

-Oye, que he estado pensando en... en lo de la boda.

¿Qué?

Pues que aunque tú tengas tu nuevo contrato,

no cambia nada de lo que hablamos, al menos por mi parte.

Bueno, dijimos que nos casaríamos si salía mal lo de mi hermano.

Ya, pero aparte de que tienes un nuevo curro

y que va a ser mucho más fácil sacar a Luis,

pues que no cambia nada entre nosotros,

y que si tú quieres, nos casamos y ya está.

Chema, ¿y tú de verdad te quieres casar?

Hombre, yo estoy bien como estoy ahora.

Que lo que te quiero decir es que si tú quieres casarte, lo hacemos.

Porque tú quieres casarte conmigo, ¿no?

Sí, sí. A ver, yo lo que digo

es que creo que no es el mejor momento.

Me acaban de contratar en la oficina, curro nuevo,

mi hermano, no sabemos qué va a pasar con él...

Y estamos viviendo en casa de tus padres y no sabemos si volverán.

Ya. Además, que el día que nos casemos,

quiero que sea... pues una boda guay, espectacular.

En una finca bonita, con una comida de ensueño,

música en directo... Hasta un cortador de jamón, por ejemplo.

Me casaría contigo hasta en el bar del Aurelio.

Sí. Con una bandeja de croquetas

y una ronda de cervezas. Sí, claro, claro.

Y que mi vestido de novia huela a fritanga durante dos meses.

Chema, de verdad, lo que te digo es que nos demos un poco de tiempo

para pensar todo esto, ¿eh? Que se calmen un poco las cosas.

"Okay". Oye, que te quiero mucho. Sí, yo también te quiero mucho.

Vale.

Vale, eh... Voy a por la toga, ¿vale?

Vale. ¿Te espero aquí? Sí, sí, es un momento.

-Oh, perdón.

Gracias. Vaya. ¿Usted otra vez?

Eh... Sí.

No se habrá metido en otro lío, ¿no? No, no. Estoy aquí por trabajo.

Ajá. Sí.

Asistente en un bufete de abogados. No sabía que tuviera formación.

Un poco sí. "Un poco".

Bueno, eh... Jorge Leiva, el juez Quintana.

Encantado. Mucho gusto.

Los espero dentro.

Llame al siguiente.

¿Os...? ¿Os acabáis de conocer?

Sí, bueno, eh... -Causa de Paloma Sáez

contra Mauricio Robles. Pueden pasar.

Vamos.

-Entonces, en principio la entrevista fue con normalidad.

-Bueno, sí. Hasta ese momento,

la entrevista fue más o menos normal.

Aunque era obvio que no tenían ningún interés

en conocer mis cualificaciones

o la experiencia que pudiera aportar al puesto de trabajo.

-¿Y qué ocurrió en aquel momento?

¿Qué le dijo exactamente el demandado?

-Me dijo que si pensaba dejar de engordar

en algún momento de mi vida.

-Ajá. ¿Y usted qué contestó?

-Nada. Me quedé callada. Fue horrible.

Pero él siguió. -¿Cómo?

¿Cómo siguió? ¿Qué más le dijo?

-Me dijo que si era consciente

de que allí trabajaban con seres humanos, y no con vacaburras.

Que iba a ser mejor que me quedara en el extrarradio,

que no sacara los pies del plato, que allí no pintaba nada.

-Nos hacemos cargo, Paloma.

Y mis disculpas por avivar recuerdos tan penosos.

No hay más preguntas, señoría. ¿Para qué?

Con la venia, su señoría. Eh... Señora Sáez...

-Señorita, si no le importa.

Disculpe, señorita.

¿No es esta es la tercera demanda que presenta por el mismo motivo?

Sí. ¿Y no le parece

que esto denota un patrón de conducta?

Desde luego. Es evidente que me han discriminado por mi aspecto

en las entrevistas de trabajo.

Un patrón que su cliente siguió de forma muy desagradable.

Me refería al suyo.

¿No es verdad que mi cliente se limitó a rechazarla para el puesto

y usted ha buscado una excusa

para sacar algo de dinero presentando una demanda?

Mire, señorita, yo no me creo

que cada vez que va a una entrevista de trabajo,

todo el mundo la insulte, todo el mundo la critique,

la menosprecien o la humillen por su condición física o sexual.

Es más, ¿no es cierto que usted se aprovecha de su condición

para hacerse la víctima y sacar tajada?

¿Es necesario que me insulte? -Usted debe responder.

-No, no es verdad,

y de hecho, es horroroso que usted piense eso de mí.

A ver si va a ser culpa mía que me insulten,

y encima me tengo que callar. No, no, no.

Disculpe, pero nadie pretende eso.

Lo único es que mi cliente asegura que no la insultó.

Pues miente. ¿Igual que mentían

todas las otras personas a las que demandó?

Porque, si no me equivoco, eh...

todas las demandas que usted puso con anterioridad no prosperaron.

(MASCULLA) No.

Disculpe, ¿eso ha sido un "no"?

Sí, ha sido un "no". Las perdí como voy a perder esta.

Pero eso no significa que no sea verdad,

y algún día, alguien me hará justicia.

-Muy bien. ¿Alguna otra pregunta desconsiderada, letrado?

Eh... No, señoría. He... He terminado.

"Yo es que soy imbécil".

No me mires así, que tú también me lo puedes llamar

y no podría decirte lo contrario. No, Jorge.

No pienso decirte nada de eso.

¿Has visto el ridículo que he hecho ahí dentro?

La tenía atrapada por sus propias mentiras,

y no, me he tenido que venir arriba, crecerme,

decir la tontería esa de "sacar tajada"

y de que es una aprovechada... ¿Para qué?

Para victimizarla delante de toda la sala

y que todos digan: "Mira el abogado este abusón,

que está acorralando a esta pobre mujer,

ensañándose con ella...".

Joder, que era muy sencillo,

que solo tenía que mostrar los hechos,

probar los hechos, que es que esta mujer está mintiendo.

Yo no lo tengo tan claro.

¿Cómo que no lo tienes tan claro? No tengo claro que mienta.

Julia, es la tercera demanda que pone por esto.

Quizá las otras también son verdad. Ya, y ninguna prospera, ¿no?

Es lo que dice ella,

que todo el mundo se mete con ella y tiene mala suerte.

Julia, estamos en el siglo XXI.

Esas cosas se miran con mucho cuidado.

Pues quizá no estamos tan avanzados socialmente como nos creemos.

¿Sabes qué es lo que pasa?

Lo que pasa es que lo he hecho tan mal

que hasta tú has empatizado con ella,

como el juez y toda la sala. No.

Eso pasa. Si he empatizado con ella,

es porque la creo,

y si la creo es porque yo también sufrí una situación parecida.

Por eso conozco al juez Quintana. Me condenó por agredir a mi jefe.

¿Agrediste a tu jefe? Sí.

Llevaba días acosándome sexualmente y... bueno, al final, exploté.

Lo siento.

Debió de... Debió de ser horrible.

Sí, sí, claro que lo fue.

Sobre todo después, en el juicio.

No pude probarlo, así que a mí tampoco nadie me creyó.

Julia, entiendo lo que me estás diciendo, pero es que ella miente.

Ella miente, de verdad, estoy seguro.

Pero lo que no quiero es que...

no quiero que tú estés mal, incómoda.

Si tienes problema... No te preocupes.

Tengo muy claro que hay que ser profesionales.

Y sé que estamos defendiendo a la parte contraria.

Julia, solo quiero que entiendas que necesito ganar este caso.

Por mí, por mi padre, por muchas cosas.

Y lo que no quiero es perderlo por hacer el torpe y el inútil,

como he hecho en la sala.

Perdona, ha venido... -¡Pero, capullo!

¿Cómo no me habías dicho que estabas de vuelta?

Casi me da algo cuando has entrado en la sala.

Bueno, te mandé la esquela del entierro de mi padre.

¿Seguro? Sí.

Pues no me suena de nada.

Que... Oye, que sabes que lo sentí mucho,

que siempre me gustó tu padre. Lo sé.

Y que no soy yo muy de entierros, ya me conoces, que me agobio.

Madre mía, mírate. Eres como el hijo pródigo.

De vuelta en casa, el ternero cebado y todo aquello.

Supongo que para quedarte...

No, no digas nada. Esta vez no pienso dejarte que huyas.

Pero ¿quién ha huido, Rodri? (RÍE)

Tú, cobarde.

Nunca supiste encajar que te dieran calabazas, ¿eh?

¿O no te largaste en cuanto te dijo que no?

Pero ¿qué estás diciendo? Que...

-No me lo puedo creer.

Vengo buscándote a ti y me encuentro contigo,

como en los viejos tiempos. Qué casualidad.

-Una casualidad increíble. Pero ¿y esto?

-Adivinad, ¿quién trabaja desde hoy en el bufete?

¿Tú? Sí.

No me lo puedo creer. Esto es un notición.

Sí. Enhorabuena, Berta.

-Esto hay que celebrarlo. -Por todo lo alto.

¿Dónde me vais a llevar?

-Eh... Tú dirás.

Nos tomamos una abajo y vamos viendo, ¿vale?

¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Muy bien.

-¿Sí? -Sí.

-¿Sí?

Ay, qué bien, por favor.

No me he podido quitar los zapatos en todo el día.

-Ya verás como las cosas empiezan a cambiar a partir de ahora.

Ya nos toca un poco de suerte, ¿no? A ver, tienes un trabajo,

Luis va a salir dentro de poco

y tienes un tío superguapo que te hace los mejores masajes del mundo.

¿Qué más puedes pedir? Pues mira,

se me ocurre otra cosa más. ¿Cuál?

Pues que podríamos pintar un poco la casa y cambiar los muebles...

No sé, dar un buen meneo a todo esto.

Otra vez con el temita. Chema, Chema.

¿No te gustaría tener un sofá nuevo, por ejemplo?

Pues claro que me gustaría, mi vida,

pero aquí estamos viviendo de prestado.

Es la casa de mis padres, no podemos hacer nada. Es así.

¿Qué? Que yo solo te estoy diciendo

de pintar un poco el piso, ¿eh?

Tus padres viven en el pueblo.

No sé, a ellos no les va importar, seguro.

Bueno... "Okay, okay. Okay".

Yo hablo con ellos.

Toma. Oye.

Mi padre es muy cabezón, tú lo sabes.

Yo no te prometo nada, ¿eh?

Gracias por todo.

Y... ¿ahora dónde vamos a celebrarlo?

Nos vamos a quedar en casita. Chema, ¿de verdad?

Voy a ver qué hay por la nevera.

Yo creo que quedó lasaña de ayer, fíjate.

(Televisor encendiéndose)

¿Te apetece? No.

-¡Enhorabuena! ¡Ah! ¡Julia! Pero ¿qué haces aquí?

¡Ay, gracias! Ay.

Carmen, tú también has venido. Gracias.

-Enhorabuena, Julia.

(OLI) Pásame la tarta.

(Puerta cerrándose)

¿Mauricio Robles? -Sí.

Soy Julia Rojas, la secretaria del señor Leiva.

¿No viene él? Sí. Sí, sí.

Se retrasa un poco, me acaba de avisar.

Llegará para la vista, supongo, ¿no? Sí, claro. No se preocupe.

Eh... Me ha dicho que vayamos repasando las preguntas.

Sé muy bien lo que tengo que decir. No... No lo dudo.

Pero bueno, siempre viene bien repasar un poco.

De acuerdo. Vamos a ello.

Eh... Estas son las preguntas que le va a hacer el señor Leiva.

Evidentemente, las preguntas de la parte contraria no las sabemos.

Ajá. Pero bueno.

Practicamos un poco, que siempre viene bien.

La primera pregunta es:

¿trabaja en la empresa

Efectos, Repuestos y Suministros Ferrasa?

Sí.

¿Y podría decirnos qué cargo desempeña en esa empresa?

Soy el director de recursos humanos de la compañía.

¿Es de su competencia entrevistar a los candidatos

a ocupar los puestos que oferta su empresa?

Sí, es una de mis atribuciones.

¿Qué impresión le dio a primera vista

cuando la demandante, Paloma Sáez, se presentó?

Pues el de una chica algo nerviosa, pero que tenía visos de agradar.

¿Y cómo se desarrolló la entrevista?

Pues muy correctamente.

Porque yo procuré integrarla en un ambiente de relativa confianza

tratando de que se sintiese... Vamos a intentar empezar de nuevo.

¿He hecho algo mal? No, solo que...

parece que se haya aprendido de memoria las respuestas,

y sería mejor que intentara utilizar su propio vocabulario

para ser un poco más natural. Es que no quiero fallar en nada.

¿Fallar en nada?

Sí, bueno, ya me entiende, meter la pata, que se me olvide algo.

Ya. Eh... Lo único que tiene que hacer

es decir la verdad. ¿La verdad?

La verdad es que esa bollera quiere arruinar mi vida

y no solo voy a permitir.

Tengo una familia, ¿lo entiende? ¿La acaba de llamar bollera?

Hola.

Disculpa el retraso. He cogido un atasco imposible.

Eh... ¿Habéis repasado la declaración?

Sí, más o menos. Bien.

Pues, si os parece, vamos a buscar la sala.

Es por aquí.

Señor Robles, podría decirnos quién es Pedro Santolaya?

Es un empleado de nuestra compañía.

Trabaja en el taller desde hace al menos ocho años.

Entiendo que si lleva tanto tiempo trabajando en su compañía

es porque están satisfechos con su trabajo.

Por supuesto. Es un técnico de nuestra máxima confianza.

Diría que uno de los mejores en el sector.

¿Podría decirnos, aproximadamente, cuánto pesa el señor Santolaya?

Pues no se me ha ocurrido preguntárselo,

pero así, a ojo, diría que pasa de largo los 100 kilos.

Fue usted el responsable de su contratación.

El mismo. De hecho, Antonio fue una de mis primeras apuestas

cuando entré como jefe de personal. Y en ese momento, hace ocho años,

¿el señor Santolaya ya padecía de sobrepeso?

A ver, todos empeoramos con los años.

Pero no se crea que por aquel entonces

era el David de Miguel Ángel.

¿Y su peso no influyó a la hora de contratarlo?

Claro que no. ¿Por qué iba a hacerlo?

Ni su peso ni su aspecto comprometen en nada

su rendimiento en el trabajo. No hay más preguntas.

-El abogado de la acusación tiene su turno.

-Con la venia. (CARRASPEA) Dígame, señor Robles,

¿Llamó usted vacaburra a mi cliente? -No.

Jamás uso ese tipo de lenguaje, es algo terrible y rotundamente falso.

-Entonces, según usted, la señorita Paloma Sáez miente.

-Disculpe, pero yo no soy el que está acusando injustamente

sin aportar pruebas. -Responda a la pregunta.

-Sí. Está mintiendo.

-¿Y por qué tenemos que creerlo, señor Robles?

-Porque me considero una persona honesta,

y cuando uno dice la verdad, no tiene nada que temer,

y, lógicamente, espera que lo crean. -Ya.

Pues la señorita Sáez no opina lo mismo.

Afirma que no solo la llamó vacaburra,

sino que también hizo alusiones a su maquillaje e higiene personal.

-Yo nunca he disfrutado humillando a nadie,

y menos en una entrevista de trabajo.

Como director de recursos humanos, tengo una gran responsabilidad.

No se me ocurriría decir nada parecido.

Pueden preguntar a quienes me conocen,

a todos los que trabajan día a día conmigo.

-¿Qué tramáis tan escondidas? -Aquí, hablando de la nueva.

A Carol le parece maja. -Y dale.

-¿Maja? Yo más bien diría que es un bombón.

Espero que sea tan buena como guapa, o por mucho enchufe que tenga,

no durará dos días aquí.

-El comentario baboso no lo había hecho nadie,

pero gracias por la aportación. -A ver, mis ojos no mienten.

¿O me vais a llevar la contraria?

-El caso es bajar de la nueva, ¿no?

Pues a saber qué decíais de mí hace un par de meses.

-Solo maravillas. ¿Qué vamos a decir?

Y si Berta es una belleza, también es justo decirlo.

No os pongáis celosas.

Vosotras siempre vais a ser mis favoritas.

-En tus sueños, seguro que hay sitio para todas.

Oye, digo yo,

¿no estaría bien hacerle algo para darle la bienvenida?

-Sí. Le hacemos la del tóner.

No, no, no, la de la bicicleta.

No, mejor: la mandamos a Carlota. -Eres mala, Charly.

-¿Os acordáis de que a mí Carlota ya ni me habla

desde que me mandasteis a su despacho?

De verdad, o sea, sois lo peor los dos.

-Pero, Carol, no te enfades, que es una broma.

(DANIEL) Hombre, Berta.

Qué casualidad, hablábamos de ti.

-Ya decía yo que me pitaban los oídos.

No te preocupes, nada malo. Que este es un bocazas.

¿Qué tal lo llevas? -Bien, bien.

Me encanta el ritmo. No me dejan parar ni un segundo.

-Si te gusta el ritmo, enhorabuena.

Este despacho no te va a decepcionar.

-A ver, el estilo es un poco más rígido de lo que estoy acostumbrada,

pero bueno, que a eso me iré adaptando, ¿no?

-Bueno, cualquier cosa que necesites, cuenta con nosotros.

No somos nada rígidos. De hecho, ya nos tienes ganados.

Lo importante es brillar con los jefes,

que vean que vales.

-Deja de explicar obviedades. Berta es nueva, no tonta.

Ahora en serio, objetivo Carlota, la mejor abogada, pero la más dura.

Si la tienes de tu lado, estás salvada.

-Yo creo que conmigo ha sido bastante amable, pero bueno.

Es que no sé cómo puedo saber eso.

-No hay nada que hacer. Carlota es una lotería.

A Carol no le habla desde el día que llegó.

-Sí, más vale que te lo cures. Te lo dice su "personal assistant".

-Bueno, chicos, os dejo.

(CAROL) Hola. Hola.

El expediente de Torremocha,

para que revises la tasación de bienes inmuebles.

Oye, ¿te apetece que quedemos a comer juntas?

He quedado con los becarios para ir al "burguer".

Ya ni te pregunto porque siempre nos das largas.

Sabes que a ti te adoro,

pero el plan al Burger con el resto de becarios, como que no.

Me da un poco de pereza y me siento totalmente fuera.

Luego si quieres tomamos un café y cotilleamos un poco.

Vale. Charly está que rabia

con la nueva pasante. Buah.

Ya sabes cómo es cuando se la atraviesa alguien.

Seguro que tiene celos, porque Berta es lo máximo.

¿Sabes que tiene casi 20 000 seguidores?

Mira. La verdad que ahí está guapísima.

Y mira su novio. No me digas que no es un pibón.

Su chaqueta debe de costar mi sueldo de tres meses.

Al final va a tener razón Charly.

Yo creo que a Berta se la regalan para que la saque en FotoPic.

Podríamos preguntarle.

Una excusa para hablar con ella. Ay, no, tía, qué corte. Yo paso.

Huy. ¿Qué pasa?

Un mensaje de Fernando.

Pero ¿no lo habíais dejado? No.

No lo habíamos dejado exactamente.

Estamos dándonos un tiempo. A ver...

Me invita a la convención de muñecas de Bilbao.

Pero ¿este no te dijo que odiaba lo de las muñecas?

Sí, pero mira, parece que ha rectificado.

Tú te acuerdas que me pediste que te avisase

si tenías una recaída, ¿no?

Pues soy tu conciencia y aquí estoy.

Justo por no gustarle las muñecas, el detalle cuenta el doble, ¿no?

Significa que se preocupa por mí.

Si es que cuando quiere, es un encanto.

-Pues claro que es un encanto. La mejor becaria que hemos tenido.

-Bueno, yo os dejo que tengo muchísimo lío

y no me puede entretener más. -Hay que ver

cómo explotamos a los becarios aquí.

No tienen tiempo ni para relajarse. No la agobies.

¿Ya no se puede ni ser simpático o qué pasa?

Si soy borde, por borde, y si trato bien a la becaria, mal.

Parece que las vas persiguiendo. Podrías darle un poco de aire.

Qué tonterías dices. Y sabes de sobra que no es mi tipo.

Pues razón de más.

Y no te hagas el tonto, que nos conocemos.

Bueno, va. No hace falta que te pongas así.

Yo también te dejo, que me espera una visita.

-Hola, Sofía. Una cosa. Dime.

¿Has hablado con Feli? La verdad es que no,

y estamos todas preocupadas. Perdona.

Debí decírtelo antes. Feli no va a reincorporarse.

Algo así me imaginaba.

¿Le ha pasado algo? Está bien. No debes preocuparte.

Su hermana, que se ha puesto enferma de algo repentino.

Esperamos su llamada para tramitar su baja.

Y tras tantos años trabajando para Felipe,

hubiera sido duro adaptarse un nuevo jefe.

Sí, eso es cierto. ¿Y lo de la hermana es grave?

Creo que no, pero tampoco me habló de ello.

Vaya, espero que no sea nada.

De todas maneras, no sé, despedirse así, sin decir nada...

Me parece todo un poco extraño, ¿no?

Ahí me disculpo yo personalmente.

Después de lo de Leiva, no he estado muy pendiente

y pensé que estabas informada.

Estos días está siendo una locura todo esto.

Ahora me quedo un poquito más tranquila.

Creo... Creo que deberíamos tener un detalle del bufete.

Para que guarde un buen recuerdo.

Me parece una idea estupenda, ¿eh?

¿Y habéis pensado alguna cosa en concreto?

Confío plenamente en tu capacidad para encontrar el mejor regalo.

Vale, perfecto. Yo me ocupo.

Por cierto, que quería informarte

que he tenido que recurrir a una sustituta,

porque Jorge necesitaba una secretaria ya.

Francisco me ha puesto al tanto.

La de la mancha de café, ¿no? Sí, la misma.

Julia Rojas se llama.

¿Y qué, qué hacemos con ella?

¿La contratamos así, permanentemente?

Pues démosle un periodo de prueba.

Pero supongo que Jorge tendrá algo que decir.

Claro. Pero bueno, de todas maneras, como Jorge acaba de llegar

y te encargas tú de estas contrataciones...

Habla con él, y lo demás lo dejo en tus manos.

De acuerdo.

¿Qué pasa? Sigues dándole vueltas.

No sé, Jorge, sigo sin tenerlo del todo claro.

Mauricio parecía muy seguro.

No sé, todo lo que ha dicho es muy creíble.

Es que... ojalá tuviéramos un poco más de tiempo

para seguir investigando.

Yo, de verdad, no podría perdonarme estar equivocándome en algo así.

Ya. ¿Y qué más pruebas necesitarías?

¿A ti no te ha sonado todo a discurso aprendido?

Sus respuestas eran de manual, Jorge, eran de manual.

Y ya lo sé, ya sé que Paloma no es nuestro cliente,

pero es que yo no quiero contribuir a una injusticia como esta.

No sé, a mí me ha sonado creíble.

Pero es que da igual si me lo creo o nos lo creemos o no.

Tú misma lo has dicho, ¿quién es nuestro cliente?

Sí, Mauricio. ¿Y qué estamos haciendo

y tenemos que hacer?

Proporcionarle la mejor defensa posible, punto.

Claro.

Y si estuviera tan claro y ella tuviese razón,

¿por qué su abogado es incapaz de aportar ninguna prueba?

¿Por qué preocuparnos nosotros de lo que no hace su abogado?

De todas formas, no te preocupes, porque se va a acabar ya.

He pensado que le voy a ofrecer a Paloma un acuerdo,

que retire la de demanda

y nos olvidemos de las costas de la defensa.

¿Y tú crees que el abogado de la parte contraria va a querer pactar?

Por supuesto. Pero si es que Rodri no tiene nada.

Si por eso ha accedido a venir esta tarde al bufete.

Y si Paloma no acepta el acuerdo, ¿qué?

Pues si Paloma no acepta, no solo no le voy a perdonar las costas,

sino que también la voy a denunciar

por intromisión en el honor de Mauricio.

Lo siento, Julia, pero es que esto funciona así.

Soy abogado y es lo que se hace.

Quiero ganar este caso.

Hola.

-Hola.

Tú eres la chica del juzgado, ¿no?

Sí, soy Julia, la secretaria del abogado Leiva.

Ah, sí. Muy amable el señor Leiva.

Solo está haciendo su trabajo, defender a Mauricio.

Ese hombre no tiene defensa. Ese hombre es un hijo de...

¿Estás bien, Paloma?

No, no estoy bien. Claro que no estoy bien.

¿Cómo voy a estar bien?

No te des por vencida, porque entonces, sí que habrá ganado,

independientemente de lo que pase el día del juicio.

¿Y qué voy a hacer, eh?

Con gente como Mauricio no se puede luchar.

Ya lo has visto, lo tiene todo de su parte.

Yo intento confiar en la justicia,

¿y qué consigo? Que además, me llamen mentirosa.

No merece la pena.

Rodrigo parece un buen abogado.

¿Y si insistes en que investiguen un poco más?

¿Tú crees?

Ahora seguro que está reunido con tu jefe

intentando llegar a un acuerdo para quitarse de encima a la amargada.

¿Y sabes lo que te digo?

Que lo voy a aceptar. No quiero seguir sufriendo con esto.

Seguro que no eres la primera ni la última a la que ha hecho algo así.

No, no, claro que no.

Hay otras muchas a las que les ha hecho pasar por lo mismo... o peor.

Pero... ¿tú conoces a otras chicas a las que también ha maltratado?

Sí, una chica de mi barrio que trabaja en Ferrasa de cajera.

Pero hay más. ¿Más?

Hay otras muchas que no han aguantado y han acabado dejándolo.

Pero siempre consigue que sean ellas las que pidan la liquidación

Pues.... Pues esto no puede quedar así, no.

Tenemos que hacer algo.

No podemos dejar que Mauricio esta vez gane.

Pero ¿tú no estás de su parte?

Sí, sí, debería.

¿Entonces conoces a la chica de la que me estás hablando,

a la cajera?

Sí, ya te he dicho que es de mi barrio.

Pues... estaría muy bien que hablara con ella.

Si me puedes pasar sus datos, su nombre, su teléfono...

¿No irás a jugármela tú también?

Paloma, yo solo quiero ayudarte.

Confía en mí, por favor.

Eh... Te van a ofrecer un acuerdo, pero no la aceptes.

Dame un poco de tiempo para que pueda investigar.

¿Seguro? No quiero que esto me cueste dinero. No tengo trabajo.

Ya, lo que me faltaba. Ya lo sé, ya lo sé.

Solo te pido que confíes en mí y que no lo aceptes, por favor.

-Eh... Hola. Hola.

-Hola. -Buenas noticias, Paloma.

Podemos llegar a un acuerdo. -¿Qué clase de acuerdo?

-Mejor bajamos y lo hablamos tomándonos un café tranquilamente.

¿Te parece? -Vale.

Sí, ahí habrá una persona que ya está avisada

y les abrirá el apartamento.

No, no.

Perdona, ¿eh? No, no, no. Pasa, pasa.

No, no. Simplemente quiero que dejen las cajas en el salón.

Yo ya me encargo de colocarlas y de abrirlas.

Muy bien, pues mañana nos vemos. Hasta luego.

Disculpa.

Es que quería contarte la última noticia sobre el caso.

Paloma sigue adelante. No ha retirado la denuncia.

Ah, ¿no? No.

Y mira que Rodrigo me dice que le ha dicho que se arriesga

a no tener que pagar solo las costas,

sino también una indemnización, pero ella parece que no...

que no... que no lo entiende.

Qué quieres que te diga.

Me parece que esta mujer muy bien de la cabeza no está.

El juicio lo voy a ganar y tendrá que pagar más dinero.

Es que no lo entiendo.

Quiero decirte algo que creo que no te va a gustar mucho.

A ver, no me asustes.

Eh...

He sido yo la que ha aconsejado a Paloma que no acepte el acuerdo.

¿Cómo? Pero, Jorge, mira,

tengo el teléfono de la cajera de Ferrasa.

Ella también está siendo acosada,

otras mujeres también están siendo acosadas.

Dime que no me estás diciendo esto en serio.

No, solo te pido que me dejes hablar con ella

para intentar convencerla... Para ya.

¿Tú sabes lo que has hecho?

A lo mejor ahora mismo no me estás entendiendo.

Te prometo que... La que no me entiende eres tú a mí.

Entiendo que no eres licenciada en Derecho

y que no entiendes mucho de esto,

pero es una falta de respeto para nuestro cliente

que hables con la otra parte y encima le aconsejes algo así.

¿Te parece normal? No, Jorge,

solo te pido 24 horas para demostrar...

No, ni 24 horas ni 1 hora ni 1 minuto.

No quiero que trabajes conmigo en el caso.

Márchate de mi despacho.

Y no te despido porque sé que el acoso que sufriste

no te está dejando ver las cosas claramente.

Pero como hables con esa cajera,

te prometo que no vuelves a entrar en este bufete en tu vida.

¿Te ha quedado claro? Sí.

¿Se puede? -Pasa.

Siéntate. No, gracias.

Llevo todo el día sentado

y prefiero quedarme de pie, la verdad.

¿Un día complicado?

Sí, un día complicado.

No sé si te puedo ayudar en cualquier cosa,

me lo dices... No, no te preocupes,

que tú bastante lío debes de tener

si a estas horas todavía sigues trabajando.

Bueno, la verdad, a veces prefiero estar aquí por la noche, porque...

hay más silencio y... bueno, se está mejor.

Entonces, eh... coincidirías mucho con mi padre, ¿no?

Quiero decir que tú me dijiste

que él también se quedaba hasta tarde.

Sí. Bueno, a veces coincidíamos por la noche en el bufete.

Trabajando, sí. ¿Los dos solos?

Bueno, a veces coincidíamos con otras personas, pero...

Pero sí, habitualmente coincidíamos,

los dos, cada uno en su despacho.

Él no...

no se distraía mucho, ¿no?, no hacía muchos planes.

Lo digo, no sé, la última vez que hablé con él, me...

me dio la sensación de que estaba un poco solo aquí.

Yo tenía muy buena relación con tu padre, Jorge, pero los dos somos...

los dos éramos muy discretos.

No te puedo decir.

Bueno, ¿y tú?

¿Qué, te has asentado en casa o...

todavía no? No, no.

Me he alquilado un apartamento.

No me sentía con muchas fuerzas de quedarme en su casa y...

Bueno, he organizado para...

que me manden todas sus pertenencias al apartamento

y... es más, creo que llegan... sí, esta noche.

Así que, bueno, cuando encuentre el momento y las fuerzas,

me pondré a revisarlo todo y a ordenar... No sé.

Qué duro es, ¿no? Ver las cosas de...

de un ser querido cuando muere. Sí.

Pero bueno, hay que enfrentarse a ello.

Bueno, te dejo trabajando.

Hasta mañana. Hasta mañana.

Que los objetos sustraídos del establ...

-¿Quieres que te ayude en algo? Bueno, es algo más personal.

Dime lo que quieras siempre que quieras.

Estoy encantado de poder ayudarte.

-Creo que perdiste este expediente del caso Valdivia.

(JESÚS, RÍE A CARCAJADAS)

"Bonito reloj. ¿Es un regalo?".

Parece la típica cosa que te regalan,

no que se compra uno mismo, ¿no?

-No te asustes. La jefa no siempre es tan dura.

Tienes las mejores referencias, no te preocupes.

-¿Qué referencias?

-Si todo esto explota antes de que se sepa toda la verdad,

no sé qué va a ser de nosotros.

No debes hablar con nadie, y mucho menos con Jorge.

¿Tú estabas enfadado con él? -¿Qué pregunta es esa?

Que yo sepa, no pasaba nada, no...

Mi padre no se hubiera puesto nervioso

como un caso como el de Ferrasa.

El caso es que no sé cómo se lo voy a decir a Luis, no lo sé.

-Pero tú no te preocupes, tranquilízate.

¿No puedes llamar a alguno y solucionarlo antes?

¿Qué quieres que haga?

Esta profesión sirve para hacer justicia.

No es solo ganar dinero.

Si no tienes escrúpulos, el que acaba podrido eres tú.

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Derecho a soñar - Capítulo 4

22 ene 2019

La zambullida de Julia en el universo judicial va a ser controvertida, pues ya en el primer caso en que colabora se posiciona en contra de la actuación de Jorge y, no contenta con eso, actúa contra su estrategia. Jorge termina por retirarla del caso y por amenazarla con un posible despido. En mal momento llegaría eso si llegara a producirse, pues Julia acaba de recibir la notificación de que su hermano Luis podrá salir del reformatorio y quedar bajo su tutela si ella garantiza tener un empleo fijo y condiciones de vida estables. Entre los más jóvenes del bufete se abre paso la malicia de hacerle una novatada a Berta, la nueva pasante. Alba se plantea reverdecer laureles con un exnovio al que ya había dejado plantado. Ángel manipula a Sofía para que renuncie a todo intento de contacto con Feli, la secretaria del difunto Leiva. Precisamente examinando pertenencias de este, su hijo Jorge encuentra un curioso reloj con una 'C' grabada en su reverso.

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    26 ene 2019