Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

-Mira, ahora lo más importante es que encontremos a un pasante

que se haga cargo del trabajo que hay pendiente.

-Resulta que he oído en el bar que buscan pasante para el bufete.

Zabálburu es uno de los más importantes

y, claro, es otra liga. Pues, hija, si no lo intentas...

Oli, de verdad, que todo eso no es para mí, no.

No has estudiado Derecho para trabajar de reponedora,

así que me haces el favor de ir a la entrevista con dos ovarios

y demuestras lo que vales.

-¿Y si en esa entrevista consigues lo que quieres?

Necesito solucionar lo de mi hermano.

¿Te han pegado?

Te prometo que te voy a sacar de aquí.

Confía en mí, por favor.

Siempre que hablamos era yo reprochándole cosas, y...

Me llamó para... para pedirme que fuera con él y...

le dije que le tocaba estar solo.

-Erais tres socios y ahora sois dos. -Bueno, y por eso

"va a venir Jorge,

para ver si se hace cargo de la parte de su padre

o prefiere vender".

-Y deja finalmente en los que lo conocieron

la memoria de un hombre que quiso y fue querido.

Mañana me paso por el bufete y arreglamos los asuntos legales.

-Tómate unos días, descansa.

Yo, la verdad, prefiero arreglar todo y...

volver a Chicago cuanto antes.

-Yo podría ser un buen socio.

Después de estos años trabajando para el bufete,

he demostrado mi valía.

-No sé, la verdad. Todo esto me parece muy precipitado ahora.

-A ver...

¿Cuál es esa urgencia tan terrible que no puede esperar?

Oli, no puedo ir a la entrevista.

No tengo nada que ponerme. No digas tonterías.

Eres la que mejor viste del barrio.

Se lo tuve que decir a la Patri,

la de la tahona, que... Necesito que me ayudes,

no que me cuentes los cotilleos. Venga, vale, vamos a centrarnos.

¿No habíamos decidido que te ponías el vestido azul marino?

El de la boda de la... de la prima del Chema.

Con ese pareces modelo. Vamos, es que más guapa no puedes estar.

Mira. Pues a esto le doy yo un planchado

en cinco minutos... Que no, que está roto.

Alguien me lo quemó el día de la boda.

Juli, por Dios, hija, pero si este agujero es enano.

Es que, vamos, ni con lupa se ve. Sí, esto claro que se ve.

Además, que yo sé que está ahí y... y sé que me sentiría insegura.

Cariño, a ver, que te conozco como si te hubiera parido.

Tienes miedo, ¿no?

Me lo juego todo.

Eso son inseguridades, ¿eh?

Yo confío en ti.

Oli, ¿me das un abrazo?

Te doy 50 millones de abrazos.

Gracias.

(Sintonía "Derecho a soñar")

-Venga, sube. Vamos. No. ¿Qué quieres, que me ensucie?

Si hemos ido mil veces en moto y nunca te has manchado.

Pero nunca había tenido una entrevista tan importante.

Ah, ya sé lo que te pasa a ti. No es por la ropa.

Es que estás muy nerviosa.

No hace falta ser psicólogo

para darse cuenta de que estoy nerviosa.

Bueno, pues no tienes que estarlo. Hay que estar más tranquila.

¿Y crees que decirle a alguien que está nervioso que no lo esté

es un buen consejo?

¿Ha funcionado en la historia de los consejos?

Bueno, "okay", que tienes razón.

Pero puedes intentar que no se te note, ¿o no?

Sí, claro, puedo intentarlo. "Okay".

Mira, lo que tienes que hacer: toma aire,

respira profundamente... Ejercicios de yoga, no, por favor.

Que no, que el otro día lo leí en una revista.

Daban consejos para entrevistas de trabajo, y este era uno de ellos.

Respirar profundamente... Ya, que me estás poniendo nerviosa.

¿Yo? Sí, tú.

Ese trabajo es muy importante para mí.

Y sí, ya sé que me quieres ayudar, pero...

pues agradecería que me apoyaras y ya está, sin consejos.

"Okay".

Tú no te preocupes por Luis si no consigues el trabajo, ¿"okay"?

¿Has pensado en la otra opción? ¿Qué otra opción?

Pues en la boda, en la nuestra.

Creo que ahora no es el momento, ¿eh?

Venga, vamos. Bueno, "okay".

(Móvil)

(Móvil)

Hola. Pensaba que ya te habrías acostado.

(MADISON) "No, todavía no".

¿Cómo estás? "Bien, vistiéndome".

Me acabo de despertar y... y nada, a punto de ir a la oficina.

¿Tú qué tal?

Bueno, cansada, pero sin sueño. Supongo que te echo de menos.

Yo a ti también. "Bueno".

Menos mal que ya nos quedan horas para vernos. ¿A qué hora llegas?

Eh... Cariño, no... no voy a coger el avión esta tarde.

¿Y eso por qué?

Pues porque... pues todavía me quedan muchas cosas por hacer aquí

y no... no he terminado.

Ya, pero ¿no fuiste a España

al funeral? "Sí, sí".

Pero también hay más cosas.

Tengo que organizar el tema de la casa de mi padre,

las acciones del bufete...

Son cosas que no son sencillas.

Pero eso puedes resolverlo desde aquí, imagino.

Sí, podría hacerlo desde allí, pero no... no es lo mismo.

Son cosas importantes y... no sé, prefiero gestionarlas en persona.

Hay algo más, ¿verdad?

Sí.

¿Es por la llamada de tu padre? "Sí".

Es que no... no paro de pensarlo y...

No sé, no... no tendría que haberle hablado así

ni haberle dicho esas cosas.

A ver, cariño, tú no sabías lo que iba a pasarle.

"No puedes sentirte culpable".

Ya, pero... da igual. Es que no puedo evitarlo.

No sé, no creo que vayas a arreglar eso quedándote más tiempo allá.

Ya, cariño, pero es que necesito saber por qué estaba mi padre así.

No sé, estaba muy raro, le pasaba algo.

¿El qué? "No, no me dijo nada, pero me dijo"

que no podía hablarlo por teléfono

y que ya no confiaba en nadie, ni siquiera en Francisco.

¿Y has hablado con él? "Sí, sí, pero no...

no le he sacado el tema".

Además, en el funeral vi un par de cosas que no...

¿Qué viste en el funeral, qué? "Pues cosas"

que no me cuadran.

Pero bueno, es que también estoy un poco confundido

y no sé si estoy sacando las cosas de quicio o no.

"Muy bien, sí".

Lo entiendo. Lo entiendo.

Te dejo que... que sigas con tus cosas.

Vale. Hablamos, ¿vale?

Un beso. "Un beso".

-Hola. Hola.

-Eres el hijo de don Felipe, ¿no? Sí, soy Jorge Leiva. Encantado.

-Eh... Buenas, yo soy Daniel, el asistente de Carlota Duarte.

Encantado. Sentimos mucho lo de su padre.

Era un referente para nosotros. Gracias.

Si necesita cualquier cosa consúltelo conmigo. ¿Un café?

Sí, por favor. -Gracias, Daniel.

Ya me encargo yo.

Hola, Jorge.

Hola. Soy Carlota, socia del bufete.

Encantado.

Siento mucho la muerte de tu padre. ¿Cómo estás?

Bien, bien, gracias. Un poco...

desconcertado. No sé, ha sido todo muy... muy repentino.

Estaba hablando por teléfono con él hace unos días y...

ayer estaba en su funeral. No sé.

Ya. Lamento mucho no haber podido ir,

pero me fue imposible. Tenía un viaje.

Un viaje cerrado desde hacía mucho tiempo.

Bueno, no te preocupes. No pasa nada.

Acompáñame. Sí.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Tienes razón, ha sido todo tan repentino y tan inesperado que...

A mí lo que más pena me da es que...

muriera aquí, solo.

Sí.

¿Se... solía quedar mucho a trabajar hasta tarde?

Tu padre era un trabajador incansable.

Tenía tanta vitalidad y era tan... tan activo, tan... Bueno.

¿Y... tenía mucho trabajo, estaba estresado o nervioso?

Eh... Que yo sepa, no. No me contó nada. No creo.

Pero ¿por qué? ¿Por qué lo preguntas?

Bueno, por... por su corazón, más que nada.

No me había dicho que tuviera ningún problema

o que hubiera ido al médico. No hablábamos mucho, pero...

No sé, pensaba que quizá estaba...

teniendo un estrés fuera de lo normal

con algún caso o algo del trabajo.

No te puedo decir nada en concreto, pero yo creo que no.

A lo mejor tampoco era algo de trabajo, era algo más personal.

¿Personal?

Sí, algún problema con alguna relación,

algo sentimental.

No sé. Yo no te puedo ayudar en eso, la verdad, porque...

tampoco tenía un trato tan... tan estrecho con él.

Quizá deberías preguntarle a Francisco, porque...

él sí que tiene una relación mucho más estrecha.

-Perdón. -Tenía.

Eso haré. -Tu café.

No sé cómo te gusta. Te lo he hecho cortado,

como me lo pedía siempre tu padre. No, disculpa.

Si puede ser, mejor solo y americano. Gracias.

-Para mí, lo peor era el invierno. -Sí, eran bastante siniestros.

Pero no hay nada como el otoño en Harvard.

-Totalmente de acuerdo. ¿Te dio clases Sunstein?

-Sí. Me encanta su enfoque sobre Derecho Medioambiental.

Pero mi favorita era la senadora Warren.

Hasta que no te suspende una demócrata no sabes lo que te juegas.

Y la alergia... Es que lo pasé fatal, pero fatal.

¿Estáis por las pruebas de pasante? Sí.

Decían que ahora nos irán llamando. Gracias.

-Buenos días. -Buenos días.

-Berta. Eres tú.

-Francisco, qué alegría. ¿Cómo estás?

-Encantado de tenerte aquí.

-¿Vienes a la selección? -Sí.

Sabes que quiero trabajar aquí desde pequeña.

-Cuando acabes, te pasas por mi despacho.

Ah, tus padres, ¿cómo están? -Genial.

Acaban de llegar de Italia, 30 años de casados.

-Ay, por Dios, qué mayores somos. -No lo dirás por ti,

que estás estupendo, ¿eh? -Lo dicho, ¿te veo luego?

¿Algo para mí? -Sí. Solo esto.

Eh... ¿El servicio? Por allí a la derecha.

Gracias. De nada.

(ÁNGEL) Se trata de una empresa con domicilio en Alemania

y tiene una fiscalidad muy compleja.

-Oye, perdona, ¿podemos hablar de esto más tarde?

Ahora no tengo la cabeza para estas cosas.

-¿Estás nervioso? -No, nervioso no.

En todo caso, preocupado.

-Por el hijo de Felipe, ¿no? -Sí, sí.

No podemos consentir que revuelva cosas.

Igual encuentra algo y se lo comenta a Carlota o a mi hijo.

-Lo mejor sería que se marchara a EE. UU. lo antes posible.

-Sería una suerte, sí.

-Sabes que a mí no me gusta dejarme llevar por la suerte.

Deja que le compre las acciones del bufete

que su padre le ha dejado en herencia.

-Mucho has tenido que ahorrar tú para poder hacer esa compra, ¿no?

-Bueno, alguien tendría que prestarme algo de dinero.

-Ya, pero es que a lo mejor, las acciones del joven Leiva...

las quería comprar yo.

Y a ti no te necesito para nada.

-Llevo años trabajando en este bufete y merezco ser socio.

-No digo que no lo merezcas,

pero yo creo que en este momento el bufete no necesita más socios.

-Ya. -Pero no te lo tomes a mal, hombre.

Tú eres aún muy joven.

Haces muy bien tu trabajo, pero en tu puesto.

Algún día llegarás a ser socio del bufete, pero no ahora.

¿Eh? Hay que saber esperar.

-Gracias.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

(LLORA)

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Me encanta cuando hay tanto movimiento.

¿A ti no? Salir de la rutina, que entre gente nueva...

Te recuerdo que este movimiento es porque ha muerto un socio.

Jo, Sofía, que no me refiero a eso.

La muerte del señor Leiva me ha afectado tanto como al que más.

Por eso me gusta un día como este,

porque es hora de volver a la normalidad.

Ay, sí, ojalá volvamos pronto a la normalidad.

A ti te pasa algo.

Cuenta. Es por Feli,

hoy tampoco ha venido. Estaba muy unida al señor Leiva.

Es compresible.

Llevo llamándola desde el día del entierro,

y como si se la hubiera tragado la tierra.

No creo que se ponga a trabajar enseguida.

No lo sé, y eso es lo que me agobia.

Pues sí que es un problema. Sí.

¿Te puedo ayudar en algo? No, tranquila.

Ya se me ocurrirá algo. Improvisar es mi fuerte.

Claro que sí. Si al final, estas cosas se acaban solucionando solas.

Sí. Mejor no agobiarse.

¿Has visto quién está en recepción? No.

Berta de Beltrán.

La novia de Gonzalo Somorrostro. Ay.

El arquitecto.

Hacen una pareja genial. Yo los sigo en FotoPic.

Ojalá la cojan.

(Puerta cerrándose)

-Vale, luego me paso a verte. Perdona. Eh...

Estáis buscando una secretaria, ¿no?

Eh... Sí, secretaria también. Pero eso lo lleva Sofía.

Su puesto es al final del pasillo, frente a la sala de juntas.

Pero creo que ahora está en el "office".

Pásate y lo hablas con ella. Es justo aquí detrás.

Vale. Gracias, muy amable. De nada.

¡Oh! Perdona. ¡Mierda!

¡Joder! Perdón, lo siento. Eh... Perdona.

Es que no te he visto. Toma. No, no. De verdad, gracias.

No hace falta que hagas nada más. Voy a pedir un quitamanchas...

No, no. Que no, que voy al baño y ya está.

Gracias, de verdad. Pues déjame que te pague el tinte.

Te he arruinado la camisa. Es que no es de tinte.

La echaré a la lavadora. Pero gracias.

(RESOPLA)

Perdone, señor Leiva, pero lo esperan en la sala de juntas.

Sí, sí, ahora mismo voy. Gracias. De nada.

Joder.

Disculpad.

-Cómo me recuerdas a tu padre.

Parece que lo estoy viendo salir de la facultad,

lleno de esperanza, de ambiciones, con ganas de comerse el mundo.

Cuánto lo vamos a echar de menos.

Pero quiero decirte una cosa.

Me gustaría que a partir de ahora me consideraras como tu segundo padre.

¿Eh? Que me pidas lo que necesites y consultes lo que quieras.

Siempre voy a estar aquí.

Como hago siempre con mi propio hijo.

Muchas gracias, Francisco, de verdad.

-Bueno, ¿qué os parece si hablamos de cosas más prácticas?

Siéntate, Jorge. Me gustaría saber...

qué idea tienes en relación al bufete.

¿Qué vas a hacer con las acciones de tu padre?

Sí.

Bueno, es que ha sido todo tan...

rápido. -Tranquilo, tranquilo.

Bastantes líos tienes en la cabeza. Por eso, hemos preparado un plan.

-Bueno, imaginamos que... Claro, tú tienes la vida en EE. UU.

y probablemente... -Sí, y por eso

habíamos pensado en ponértelo fácil y...

y comprarte las acciones inmediatamente.

Dado el caso y teniendo en cuenta...

pues a ti y el peso que tu padre tenía en el bufete,

vamos a hacerte una oferta generosa.

Vamos a valorarlas por encima del valor de mercado.

Yo te agradezco mucho la propuesta, Francisco, pero...

mi respuesta es no.

¿Cómo que no...? Eh... ¿Que no me las quieres vender?

¿Que tienes otro comprador?

No sé si sabes que los socios del bufete

tenemos prioridad sobre las acciones.

Sí, lo sé, pero...

no quiero vender, por lo menos de momento.

Ya, pero bueno,

desde Chicago, ¿cómo vas a poder controlar el bufete?

Estas acciones ahora mismo es lo único

que me sigue vinculando con mi padre.

Y no sé qué le parecería a él que yo vendiese

o qué le gustaría que hiciese con sus acciones, no sé.

Tengo que... que pensarlo.

No quiero... No quiero precipitarme.

Entonces, bueno, pues de momento quiero quedarme por un tiempo aquí

y pensar qué hago con las acciones.

-Pues desde luego, por mí no hay ningún problema, Jorge.

-No, claro, es que estás en tu derecho.

-Encantado, encantado. Tómate todo el tiempo que necesites.

Faltaría más. Perfecto.

-Si quieres, puedes ocupar el despacho de tu padre.

Con el tiempo, podemos ayudarte con la legislación española,

si te parece, ¿eh? -Bueno, sé que sabes

que aquí no es como en Estados Unidos.

No hay alegatos y es bastante más aburrido.

Lo sé, lo sé.

Aun así, me gustaría empezar cuanto antes.

-¿Estás seguro? Sí, sí.

No sé, no quiero estar metido en un despacho, aislado de todo.

Me gustaría integrarme, estar en activo...

Además, creo que con todo lo que ha pasado, me... me vendrá bien.

Y... no sé, me hace ilusión hacerme cargo de los casos de mi padre.

¿Estaba llevando algún caso en este momento?

-Llevaba varios casos a la vez,

pero este es el más apremiante, el de Ferrasa.

Ahí tienes toda la documentación con notas escritas por él.

¿Estás bien? Jorge.

Sí. Sí, gracias.

Hola, Francisco. -Hola.

Bueno, ¿qué, primer caso?

Sí, el... el caso Ferrasa. Perfecto, no es un caso difícil.

Tengo que confesarte que me has sorprendido.

No creí que te fueras a quedar.

Una temporada, por lo menos.

Siento que, de alguna manera, tengo que despedirme de mi padre.

Ajá. Sé que tu padre tenía muchas ganas de trabajar contigo,

codo con codo, pero siempre decía que estabas ocupado.

Sí. No sé, a lo mejor esto es una manera de...

cumplir uno de sus últimos deseos.

Pues no lo defraudes. Gana su último caso.

Perdona. ¿Eres Sofía? Sí. Dime. ¿Te puedo ayudar en algo?

Sí. De hecho, creo que nos podemos ayudar la una a la otra.

Ay, perdona, no te entiendo. Dime.

Sé que necesitas una secretaria,

y, bueno, puede que yo sea tu mejor opción.

Estoy aquí, necesito un trabajo y tengo conocimientos de derecho.

Ya. Mira, no sé de dónde has sacado que necesitamos una secretaría,

pero esa información es falsa.

Además, esto es muy irregular.

No sé quién eres ni cómo has llegado aquí.

Sí, sí, tienes toda la razón. Toma. Perdona, ¿eh? Soy Julia Rojas.

Ya. Venía por las pruebas de pasante.

Ah, vale, las pruebas de pasante.

Tienes que esperarte ahí, en recepción,

y os llamarán para la selección. Sí, lo sé, vengo de allí.

Ya. Eh... Bueno, te voy a ser sincera.

Eh... Me he dado cuenta de que no tengo la cualificación adecuada.

No tengo nada que hacer con los demás candidatos.

Por eso, cuando... bueno, he oído que decías

que la secretaria hace unos días que no viene...

A ver, pero has oído, ¿dónde has oído?

En el baño. No... No pretendía escuchar, solo que...

Bueno, el caso es que...

Bueno, el caso es que necesito un trabajo.

Además, llevo un día horrible, y daría lo que fuera

por trabajar en este bufete. Lo siento, pero...

-Si tienes duda... Perdóname.

...Sofía se encarga de todo,

despachos, secretaria, el aparcamiento... Lo que sea.

Sofía, por favor, ¿te puedes encargar del señor Leiva?

Claro. Jorge, yo os dejo.

Y, bueno, ya sabes que mis puertas siempre las tienes abiertas.

Muchas gracias, Carlota.

Vale. Buenos días, señor Leiva.

Sofía, ¿cómo que "señor Leiva"? Que nos conocemos de toda la vida.

¿Qué tal? ¿Todo bien por aquí?

Bien, estupendamente. Jorge, que he sentido mucho lo de tu padre.

Pero... Lo sé. No... No te preocupes.

Muchas gracias.

Pero bueno, ahora ya toca ponerse a trabajar y ya tengo mi primer caso.

Así que... Claro. ¿Qué necesitas?

Pues lo primero sería reunirme con mi secretaria

para que me ayude con la documentación del caso

y luego le quiero pedir que...

haga unas gestiones con mi llegada a España y todo eso.

Claro. ¿Está Feli?

Es que no me he fijado

si estaba al entrar. No, no, Feli no está. No...

Bueno, que se ha tomado unos días con todo esto y...

Ya. Pues necesito una secretaria. No sé cómo lo vamos hacer.

¿No...? Ya...

¿No hay nadie que la sustituya? Sí. Julia.

Ju... Ju... Un momento. ¡Julia!

Julia. Julia es la sustituta de Feli, la secretaria.

¿Eh? Sí. Sí, sí, claro, sí.

Mira, Julia, él es tu jefe. Sí.

¿Ves? Eh... Oye, perdóname otra vez,

es que no te he visto,

iba con el teléfono... No.

Es mi culpa, de verdad. ¿Ya os conocíais?

Sí, nos hemos encontrado antes. Ah, qué bien.

Soy Jorge Leiva. Julia Rojas.

Eh... Jorge, ¿quieres que te acompañe al despacho o algo más?

No te preocupes, sé dónde está.

¿Me dejas a Julia un momento, por favor?

Sí, por supuesto. Te veo ahora en mi despacho.

Ajá. Eh...

Necesitaré más datos tuyos, ¿vale?

El currículum está muy bien. Sí.

Oye, muchísimas gracias por todo. Por favor, no me falles, por favor.

No. No, no. Gracias.

-Tías, porra. Las pasantes, ¿con cuál creéis que nos quedamos?

Cinco pavos cada una. Yo lo tengo claro:

Berta de Beltrán; es genial y tuvo notazas en Harvard.

No hay color. -Pues yo no tengo pasta.

Además, tampoco creo que elijan a nadie hoy.

Seguro que hacen otra convocatoria.

-Te equivocas, rubia. El puesto es para la pija que parece una modelo.

Es amiga de la familia. -Joder.

Así que tendremos a otra "hija de" tocándose las narices

y dando trabajo a los demás.

Luego se quejan de cómo está el país, por favor.

Te he visto en Acorder.

Yo hubiera elegido otra foto, la verdad.

Perdón.

Eh... ¿Es tu padre?

Sí.

Murió hace unos días.

Este era su... su despacho.

Lo siento mucho.

Gracias.

No teníamos tampoco mucha relación y...

Bueno, desde que murió mi madre, tampoco hablábamos mucho.

Yo vivía en Estados Unidos...

Sé cómo te debes de sentir, ¿eh?

Mi padre también falleció en un accidente laboral,

y mi ma...

bueno, mi madre ya nos había abandonado antes.

Pues vaya dos que nos hemos juntado.

Sí. La alegría de la huerta. (SUSPIRA)

Bueno, vamos a ponernos con el caso, que...

nos queda mucho por hacer.

A ver.

-Tú dirás. -El joven Leiva tiene ideas propias,

y eso no nos conviene.

-No todos son tan fáciles de controlar como...

-No me lo recuerdes. -¿Ha puesto muy caras las acciones?

-Peor, no ha pedido nada. No quiere vender.

-¿Y eso? -Dice que tienen valor sentimental,

que es lo último que conserva de su padre.

-Ahora las acciones tienen valor sentimental.

-A mí también me extraña. -Pero se va a Estados Unidos, ¿no?

-Por ahora no. -Si nunca ha ejercido en España,

lo mejor que puede hacer es volver. -Nos conviene que desaparezca,

pero ahora hay que andar con mucho cuidado

para que no se dé cuenta de que queremos quitárnoslo de encima.

El chaval no es nada tonto. -¿Entonces?

-No, entonces nada.

Dice que se va a hacer cargo de los casos de su padre,

que quiere continuar con su trabajo.

Ahora, de momento, se va a hacer cargo del caso este, Ferrasa.

-Sí, sí, Ferrasa. -Una tontería.

-La que dice que la llamaron gorda y bollera

en una entrevista de trabajo. -Cuando vea

que ser abogado en España es tan aburrido,

se volverá a Estados Unidos.

-Eso sería lo mejor para todos. -Sí.

-Y tú, ¿qué me dices? -¿Sobre lo de Feli?

-Sí. ¿Tengo que preocuparme? -No, está todo controlado.

-Bien. ¿Seguro que puede estar tranquilo?

-Sí, puedes estarlo. Voy a ir a hablar con ella personalmente.

-Muy bien, así me gusta. Confío en ti.

(Puerta abriéndose)

...a la demandante...

aquí, Paloma Sáez,

que estaba en periodo de prueba, que...

que, bueno, que ellos jamás trabajarían con...

"una gorda bollera como ella"...

madre mía, "lesbiana, camionera".

Puede considerarse un cargo por delito de discriminación.

Totalmente.

Vaya panda de capullos.

No pluralices, es capullo, y es nuestro cliente.

¿Cómo? Me estaba dando la impresión

de que no te estaba quedando muy claro

que nosotros defendemos al jefe de recursos humanos de Ferrasa.

Mauricio Robles.

Así que lo que nos toca es que ese capullo, como tú lo llamas,

parezca presentable.

Vaya.

¿Qué pasa, te sorprende?

Me sorprende tener que defender a un tío como este.

Ajá. Bueno, no sé.

Me imagino que de eso va ser abogado, ¿no?,

defender a tipos impresentables.

Presuntamente impresentables.

No olvides que aquí la única persona que ha sido testigo

de esos presuntos insultos es la víctima.

Así que, hasta que no se demuestre lo contrario,

nuestro cliente es inocente. Sí. Sí, claro, tienes razón.

¿Y... ya sabes cómo vas a enfocar el caso?

¿Qué vas a hacer, poner en duda la declaración de la demandante?

Pues, la verdad es que si te soy sincero, no...

no lo sé, no tengo ni idea.

Entre que acabo de aterrizar y que es mi primer caso en España,

tengo que estudiarlo bien y darle una vuelta.

Es que ni sé si voy a ser capaz de... llegar a los juzgados.

Estaban en la calle Mayor, ¿no? No. No, no.

Están en la plaza de la Paz.

Es que justo hace poco tuve que ir...

a acompañar a una amiga. Ya.

La plaza de la Paz.

Pues menos mal que te tengo,

porque si no, mañana habría hecho un ridículo espantoso.

Solo nos queda ver qué tal el juez Quintana.

¿Quintana? Sí, sí.

Es el juez que nos ha tocado, sí.

¿Lo conoces? No.

No, no, si... No, yo es que de jueces no...

Pues nada, mañana saldremos de dudas.

Oye, ahora sí que sí me voy a tomar un café.

¿Quieres uno? ¿Me acompañas?

No te lo voy a tirar encima, te lo prometo.

Jorge, que estoy pensando que a lo mejor no es buena idea

acompañarte mañana a los juzgados. ¿Por qué no? No, no, no.

Tú mañana te vienes conmigo.

No me vas a dejar solo con mi primer caso.

Esto lo vamos a hacer juntos.

Eh... Jorge, ¿qué, qué tal con Julia?

Eh... Bien, todo bien. ¿Por?

Bueno, porque siempre es importante pues encajar y... ¿No? Esas cosas.

Sí, no... De momento, todo va perfecto.

Bueno, le he tirado un café esta mañana encima.

Sí. Pero por lo demás, todo en orden.

Vale, entonces bien, ¿no? Sí, sí, muy bien. Eh...

Me está ayudando mucho.

Si no, no sabría ni donde están los juzgados.

Estoy un poco perdido todavía. Pues me alegro.

Eh... Voy al "office". Hasta ahora. Vale.

Sofía. ¿Qué?

Muchas gracias por todo, de verdad.

Bueno, aún no estoy muy segura de lo que he hecho, la verdad.

¿Por? Bueno,

porque es que tú no eres secretaria y no te conozco de nada

y te he puesto de secretaria del hijo de Felipe Leiva.

Bueno, pues no te voy a decepcionar, te lo aseguro.

Además, también he estudiado Derecho.

Bueno, yo solo te pido que no... no la líes,

no hagas nada fuera de sitio y... No, por supuesto, claro que no.

Confía en mí, de verdad. Vale.

Yo no puedo permitirme perder este trabajo, lo necesito demasiado.

Ya, son tiempos difíciles y hay que trabajar, ¿no?

Sí. Así que nunca voy a olvidar que tú me ayudaste a conseguirlo.

Vale, vale. Pero no se lo digas a nadie.

No. No, claro que no. Este va a ser nuestro pequeño secreto.

Vale.

Bueno, gracias. De nada.

Jesús, ¿tienes un momento? -Claro.

Es que, mira, me han pasado este informe de aquí y no consigo...

No sé, hay unos números que no sé de dónde vienen.

¿A ver?

Tampoco es que yo sea un gran experto en contabilidad,

pero algo haremos.

¿Qué es lo que no te cuadra? Pues es esta columna de aquí.

Estos números de aquí, no sé, no sé de dónde vienen.

Creo que es la retención, pero debería ser del 15%, ¿no?

-¿Qué haces aquí?

-¿Qué? -Que qué estás haciendo aquí.

-Pues Alba me está preguntando por unas cuentas

y le estoy echando una mano. -No tienes bastante trabajo

y vienes aquí a molestar a la gente, ¿no?

He sido yo, que tenía una duda con unos números y...

Ya, ¿y tú qué vas a decir?

Mejor lo arreglo por mi cuenta.

Venga, a tu despacho, ¿eh?

Como si nos faltara trabajo.

-¿Qué ha pasado? Nunca sueles perder los papeles así.

-Yo no he perdido los papeles.

-Un poco nervioso sí estás. -Ah. No, hombre, no. Mi hijo,

que me fastidia que ande perdiendo el tiempo.

-Simplemente estaba intentando tontear un poco con Alba.

Tiene derecho, ¿no? -No me vas a decir

lo que tengo que decirle a mi hijo o no, ¿verdad?

-Vamos, Francisco, todos hemos coqueteado alguna vez en la oficina.

Y además, Alba es mona.

¿No? -Ajá.

-¿No será que a ti también te gusta?

-Mira, cállate la boca.

Este no es un sitio de encuentros ni de ligues.

Esto es un bufete de abogados, ¿está claro?

Aquí no hay tiempo para frivolidades.

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Derecho a soñar - Capítulo 3

22 ene 2019

Aunque tanto Ángel como Francisco tienen intención de comprarle a Jorge sus acciones en el bufete para librarse de él, el joven Leiva no tiene ninguna intención de vender ni de volverse inmediatamente a Chicago. Quiere quedarse a esclarecer las circunstancias en las que murió su padre y ocupar su lugar. Julia, que ha llegado para aspirar a una plaza de pasante para la que no está suficientemente cualificada, acabará siendo elegida por Sofía para sustituir a la desaparecida Feli y ser la secretaria de Jorge, con el que, antes de conocerse, ya ha tenido un encontronazo accidental. Por otra parte, Francisco contempla, preocupado, la tendencia de su hijo Jesús a coquetear con Alba, que es, aunque él no lo sepa, hermanastra suya.

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