Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 118 - ver ahora
Transcripción completa

No se lo he dicho todavía a nadie,

A ver, desapareces durante todo este tiempo

y ahora apareces como si nada.

Quería darte una explicación, he cambiado, soy un hombre nuevo.

¿Cómo están los niños? Los niños están bien.

¿Preguntan por mí...? ¡Basta

Ahora que estaba bien, que estaba empezando a levantar cabeza,

va y aparece José, no puedo, no puedo soportar esto.

Si la conozco podrías decirme quién es.

Te voy a guardar el secreto, Jesús. Inés.

Inés...

La jueza. No...

Sí, Larrechea.

-No creo que pueda ser, soy la jueza de tu caso.

Chocaría con la ética profesional si alguien nos viera cenando, ¿no crees?

Lo siento.

Si no hubieras sido su hija, nunca me habría acercado.

Por eso me hice un perfil.

Por poder, por ambición, no lo sé.

Pero he cambiado gracias a ti.

Estoy cansada.

Alba, escúchame, por favor.

¡Suéltame!

Estoy dispuesto a devolverle el dinero a tu padre.

-Dado que la demandante se ha sentido agraviada,

mi cliente ha establecido un pago como compensación de 200 euros.

-¿Qué?

Aunque la cifra sea absurda,

si la aceptas,

tendrán que reconocer su culpabilidad.

-Gracias, pero no, Carlota.

Si pierdo, lo haré con la cabeza alta.

.Te enfrentaste al tío que te faltó en un supermercado,

pero con Jorge no, hay que entenderlo porque no tiene mala intención.

Sí la tiene, Julia, porque ocupa una posición de poder.

Vamos a hablar claramente de una vez.

Voy a buscar otro trabajo.

Me doy una semana.

No eres quién para dar lecciones de moralidad

porque los dos ocultamos secretos.

¿O has contado a Alba, Maricarmen y Jesús

la verdad sobre Felipe?

-Baja la voz. -¿Por qué?

-¿Temes que sepan que fue asesinado?

Quizá no le siente muy bien a Jorge.

-Si yo vuelvo a la cárcel, ocuparás la celda de al lado.

Y la cárcel, piénsalo,

no es lo peor que nos puede pasar.

Vengo luego a por mi café.

No, hombre, no, quédate.

Si no va a parecer

que también te crees los rumores.

Toma, mira.

Gracias.

Estaba pensando

que con todo esto de los rumores que no paran,

ya que el otro día crucé el umbral del ridículo,

podría subirme cada hora en la mesa de Sofía

y empezar a gritar a todo el mundo que no tengo nada contigo,

a ver si así...

La situación no solo es incómoda por lo que se pueda decir en el bufete.

Ay, perdón.

Perdón, no quería interrumpir.

Ni he visto ni he escuchado nada. Ya, no hay...

Vengo luego, no pasa nada.

Pues nada, ya con esto nuestro amigo Daniel

tendrá para una trilogía sobre las aventuras de Jorge y Julia.

No, Jorge, de verdad, no tiene gracia, estoy muy agobiada.

Afortunadamente, Daniel no es representativo de nadie.

Ya, ya sé que no es representativo de nadie,

pero después de lo que pasó el otro día mi situación no es muy fácil.

Que tu jefe se declare públicamente

no es a lo que aspira una abogada júnior a poner en su currículo.

Lo sé, créeme que me ha quedado claro.

Pero, vamos, tampoco creo que esté todo el bufete

hablando de nosotros, no somos tan importantes.

Perdón. -Ya...

Volvemos luego.

A lo mejor un poco sí.

Un poco sí, pero es solamente por lo que ha pasado,

se les pasará.

Mientras no se les pase, la situación será esa.

Me gustaría trabajar en una empresa donde se me valore

por..., por mi trabajo

y no por los rumores de estar liada con el jefe.

Yo pensaba que ara ti yo era algo más que...

"el jefe".

No sé, a lo mejor más adelante sí que...

fuera de aquí podemos ser amigos.

Pero ahora mismo eres mi jefe

y solo puedes ser eso.

Bueno, mejor me tomo el café donde Olivia.

A ver si me da un poco el aire.

Hasta luego.

(SUSPIRA)

(Sintonía "Derecho a soñar")

O sea, muy bien, el BOE lo escriben en hebreo.

Estupendo.

¿"Los sulfatos de la norma"?

Hola, Oli. Los sulfatos de la norma.

Hola, ¿qué tal?

¿Los sulfatos de qué?

Ay, Dios mío...

El BOE, hijo, el BOE, no me entero de nada.

¿Qué te pongo?

Un café solo americano.

Marchando.

¿Y qué haces tú leyendo el BOE? Si se te puede preguntar.

Sí, me llegó una carta del ayuntamiento

¿Una carta diciendo qué?

Cuando abrí el negocio y solicité la licencia,

me pedían una reforma que no hice porque no tenía un duro,

y me pilla el toro.

Ya.

¿Y qué reforma tienes qué hacer?

No lo sé porque en la carta no lo concreta, no me entero.

Viene en chino o en hebreo, yo qué sé en qué idioma viene.

Pásate por el ayuntamiento.

No, no, si ya he estado. ¿Y?

¿Te has enterado tú de algo? Yo no.

Pero ¿qué pasa?

¿No te dijeron nada?

No, ¿sabes qué pasa? Que no pedí cita.

Si no pides cita, eres, no sé, la peste, ni los buenos días.

Estuve una hora de reloj esperando mi turno.

Cuando llega, me dicen que no era ahí.

Me chupo otras dos colas y me dicen que lo mire en la BOE.

Esa gente te contamina el aura.

Es gente chunga, es como oscura, ¿sabes? Gris.

Burocracia española. Sí.

Es lo que tenemos.

A ver, que me aclare.

Como no te han dicho nada, estás intentando, leyendo el BOE,

averiguar a qué normativa se adscribe esto que te están diciendo.

Sí, pero es como buscar una aguja en el pajar

sin saber si busco la aguja correcta o es el pajar correcto.

Quizá es el pajar de al lado.

O la ventanilla de al lado. ¿Desbloqueas el móvil y veo el BOE?

Te puedo ayudar.

¿Sí?

Sí, claro, estoy acostumbrado a mirar cosas en el BOE.

Muchas gracias, Jorge, la verdad.

Gra... A ver.

¿Tienes la carta del ayuntamiento? Sí, es esta.

¿Qué dice?

Un momento.

¿Lo has encontrado?

Un segundo.

Dime, por favor, que no es una obra muy complicada.

¿Ya?

Sí, ya.

Vale.

¿Qué pasa, Jorge?

Vale, vale.

Según la normativa,

te obligan a instalar una salida de humos

en la cubierta de tu negocio

o se te retira la licencia.

¿Cómo que me retiran...?

¿Me cierran el negocio?

Bueno, si... A ver.

Si no cumples la nueva normativa de salida de humos

en un plazo de 30 días, sí.

Soy idiota.

En 30 días no me da tiempo, Julia tenía razón.

No entiendo por qué he sido tan dejada.

No sé qué me pasa últimamente. Vale, Oli, vale.

Yo te voy a echar una mano.

Voy a confirmar el plazo para seguro saber que son 30 días

y voy a sondear la posibilidad de que pidas una prórroga.

Así ganamos un poquito de tiempo y vemos a ver...

qué va a suponer todo esto.

Gracias, Jorge.

Me salvas la vida.

Para eso estamos.

Francisco, qué linda visita de cortesía tan temprano.

-No, no estoy yo para muchas cortesías, fíjate.

-Qué pena oír eso.

-Venía... a hablar contigo de un tema.

-Ah, me encantaría.

Me encantaría, pero, como ves, estoy hasta arriba de trabajo.

Yo sé que vos tenés... -Es Ángel.

-¿Qué pasa con Ángel?

¿Algún problema con él?

-¿Por qué no hablamos claro, Victoria?

-Me parece poco prudente hablar de ciertas cosas acá.

-Prudencia es algo que empieza a escasear por aquí.

-¿Qué querés decir?

-No sé si lo has notado, pero Ángel está bastante nervioso.

-Ah, ¿sí?

¿Podés ser un poco más concreto?

-Creo que todo empieza a írsele de las manos.

Si pierde la calma y empieza a hacer tonterías,

nos puede meter en un buen lío.

-Sí, claro, te entiendo. -No, yo creo que no lo entiendes.

Si Ángel habla más de la cuenta,

nos podemos dar todos por jodidos, todos.

Tú incluida.

No dejaré que me perjudiquen.

¿Y qué querés que haga yo?

-Hablar con ellos y decírselo.

-¿Y qué les tengo que decir exactamente?

-Pues eso, que Ángel ya no es de fiar,

que nos puede poner en peligro

y que no es el hombre idóneo para llevar los asuntos del bufete.

-Ah, ¿y quién es ese hombre? ¿Sos vos?

-¿Quién si no?

Tengo más experiencia y bastante más carácter que él.

-Me parece que te estás confundiendo.

Francisco, en la escala de jerarquía

estoy primero yo,

luego Ángel

y varios puestos más allá ahí recién venís vos.

-Está bien, está bien.

Entonces haz lo que tienes que hacer

y adviértelos del peligro que corren.

Si Ángel descarrila, nos arrastra a todos.

-No traicionaré a Ángel.

-Es Ángel el que nos va a traicionar a todos.

Nos va a hundir a todos, ¿no lo ves?

-No, yo veo otra cosa.

Yo confío en Ángel, no cometerá tonterías.

Tenés una visión distorsionada.

-Ah, yo tengo una visión un poco distorsionada de él,

justamente creo que te pasa a ti.

-Son maneras diferentes de ver las cosas.

Así es la vida, ¿no?

-Vale, pues si tú no lo vas a hacer,

ya hablaré yo con Torres.

-Ah.

Por fin te enteraste de quién es el jefe.

-¿De verdad creíais que podíais ganarme aun juego que inventé yo?

-Bueno, llamalo entonces.

Llamalo a ver si te coge el teléfono. -He hablado varias veces.

Sí, sí.

Es un viejo conocido, hemos recuperado el contacto.

-¿Para qué viniste a verme a mí si tenés línea directa?

-Pues vine porque creía que le movimiento lo tenías que hacer tú,

pero ya veo que no das la talla.

-¿Sabes qué? No te creo.

¡No te creo ni que le llamaste ni que le vas a llamar, nada!

El libro es el suyo, Jacinta, no ha habido ningún cambiazo.

No puede ser, le puedo asegurar que no puede ser.

Ya.

El libro está seriado.

No hay ninguna duda de que es el mismo que entregó.

Lo que podía haber hecho es haber documentado cuidadosamente

en qué estado se encontraba

y así, en caso de que hubiese algún deterioro, podría denunciar.

Por lo demás, está claro que es su libro.

No, tiene que creerme.

Ese no es mi libro.

Yo lo veo claro,

pero si usted está tan segura,

lo único que puedo hacer es seguir indagando.

Se lo agradecería un montón.

Perdón, no sabía que estabais reunidos.

No te preocupes, la señora Pastor ya se marchaba.

¿Quiere que le acompañe? No te preocupes, gracias.

Jacinta, cualquier cosa, estoy en contacto.

Muchas gracias.

Hasta luego. Hasta luego.

Jorge, me ha llamado Olivia para decirme

que le has estado comentando lo de la salida de humos.

Sí, sí.

Está muy agobiada la pobre.

Bueno, es que es un...

tema bastante complicado.

A ver, no es una cosa que se soluciona en cinco minutos,

pero tampoco es la gran obra de ingeniería.

No, no es la gran obra de ingeniería,

pero tiene un plazo muy corto, ha perdido mucho tiempo

y es una... salida de humos nada sencilla.

Tienen muchos requerimientos simplemente por dónde está ubicado.

Con lo cual, me da que va a ser

una obra larga y que le costará un dineral.

Pues muy bien.

Me siento en parte culpable porque el día que lo comentó en casa

lo comentó por encima

y yo no le di más importancia.

Tendría que haberlo investigado.

Bueno, escúchame,

tú no ganas nada ni preocupándote así ni sintiéndote culpable.

Yo le voy a ayudar.

Te agradezco mucho, Jorge.

Para mí es algo importante.

Lo sé.

Dejo que acabes de trabajar.

Tengo que acabar unas cosas.

Perfecto.

Gracias.

Necesito que me escuches. Que no.

Será solo un minuto, te lo prometo.

¿Te importa si vamos donde nadie nos oiga?

Por favor.

Ángel, estoy cansada de que me sigas.

Ya he escuchado todo lo que tenías que decir.

Hay algo que todavía no has oído.

Le he reingresado todo el dinero a tu padre.

¿Lo dices en serio? Sí.

Las cuentas están en orden con él.

No me he quedado nada, puedes comprobarlo.

Me alegro.

Pero hay algo que quiero...,

que quiero arreglar contigo.

Así, tan fácil, ¿no?

Ya sé que no es fácil.

No te felicitaré

por algo que tendrías que haber hecho hace tiempo.

¿No te das cuenta de que lo hice para proteger a tu padre?

Venga, Ángel.

¿Qué pasaría si hubiese recibido el dinero

estando en el punto de mira de la Fiscalía?

Lo habría perdido todo.

Ese dinero no tiene nada que ver con nosotros.

No sabes lo que es tenerte tan cerca y no poderte besar.

Alba.

Ángel, no puedo.

De verdad no puedo.

Dime que ya no sientes nada por mí.

No puedo decir eso.

No he dejado de quererte de un día para otro.

No puedo arrancarme un cacho de corazón y tirarlo.

No soy tan fría como tú.

¿Entonces?

Entonces nada, Ángel.

Yo no puedo olvidar todo esto.

¿Cuánto queda para empezar?

-Pues si no se retrasan, 10 minutos más o menos.

¿Sigues convencida? -Por supuesto.

Si hubiese aceptado esa cantidad indigna

estaría comiendo chocolate, depresiva perdida, no sé.

-Bueno, espero que salga todo bien. (SUSPIRA)

-Tú....

¿Cómo lo ves? ¿Qué sensación tienes?

-Lo que hemos pedido es bastante razonable.

Tal y como están las cosas, si lo aceptan,

será una victoria.

-¿Y qué crees?

-No sé.

-Muy buenos días.

Parece que llegamos a tiempo.

-Sí y, la verdad, podríamos aprovecharlo.

¿Me acompañas?

-¿A qué te refieres?

-Creo que deberíamos parar esto aquí.

-Ha sido tu cliente la que se ha empeñado,

a mi cliente, como comprenderás... -Sí, sí, ya lo sé.

Son los pasos que una cree que tiene que dar,

pero creo que llegado a este punto

lo más razonable sería

llegar a un acuerdo.

Mi cliente se conformaría con una disculpa pública

y con una cantidad de dinero digna.

-¿Qué cantidad?

-2000 euros.

-¿2000 euros?

Es 10 veces más de lo que ofrecemos.

-Sí.

Lo que habéis ofrecido es insultante.

Lo que te pido es más que razonable.

-Sabes de sobra que en el juicio no os darían ni siquiera los 200 euros.

-Eso ya lo veremos.

-¿Has dicho algo de una disculpa?

Te escucho. -Sí.

Nos conformaríamos con una disculpa pública de la revista,

una nota, nada más.

-¿Os conformaríais? -Sí.

-Ya.

Nos vemos en la sala.

-Perdona.

¿Y no deberías consultarlo con los responsables de la editorial?

-Tú y yo sabemos lo que opinan nuestros jefes.

Tienes el juicio perdido.

Tu cliente no está en situación de conformarse.

-Mi cliente es muy importante en las redes sociales.

Los tuyos lo saben y por eso la llamaron para hacer una entrevista.

No creo que fuera una buena publicidad

que ella airease todo esto en redes.

-Ya.

Lidiamos a diario con cosas más terribles

que la pataleta de una abogada bloguera con ansias de figurar,

y esas cosas se olvidan.

-Sí, pero unas fotos como estas no se olvidan.

Mi cliente tiene una carrera profesional.

-Sabes que no tienes mucho que hacer.

Ella firmó una cláusula que permitía el retoque.

-Sí, pero eso no es un retoque,

le han dibujado otro cuerpo.

-Que hubiese leído lo que firmaba.

Debería estar agradecida.

-¿Agradecida por qué?

-Por aparecer en la revista.

Puestos a conformarse, que se conforme con eso.

-Vamos. -¿Qué ha pasado¿

-Nada, tranquila.

-Pero ¿ha ido bien? -Sí, va a ir todo bien.

Sí. -¿De verdad?

No sé, no tengo yo...

Lo he visto un poco alterado. -Berta, vamos.

Mira.

-¿Qué es? -La invitación de Macarena.

-Ah.

-Le habría resultado más fácil mandármelo por correo a mi casa

o como toda la vida, en un sobre.

Pero veo que hay gente que le supera la informática.

-¿Por?

-Resulta que se había confundido con mi correo electrónico.

-¿Eso te ha dicho? -Sí, fíjate.

Como las señoras mayores que se lían cruzando la calle.

Y yo pillándome el rebote del siglo.

-Bueno, ahora tienes que ir, ¿no?

-Bueno, tampoco le voy a decir que no.

Si no se va a pensar que es por algún motivo, porque me cae mal...

-Ya.

-¿Sabes qué te vas a poner?

-No sé, he estado mirando, pero no me quiero gastar mucho.

-Me voy a poner un vestido

con un escote en la espalda que te quedas sin aliento.

¿De qué color es tu vestido? -¿De qué color?

-Sí, hija, sí.

El color de tu vestido.

No vamos a ir las dos combinadas.

-Siempre me ha parecido patético

las parejas que van igual a los eventos.

-¿Quieres ir conmigo como pareja?

No tenía esa idea, la verdad.

-Ah, ¿no?

-No sé, estaba buscando con quién ir y creía que harías lo mismo.

Estamos siempre juntas aquí, si vamos juntas, no sé,

ni que fuéramos novias, ¿no?

-Vale, vale.

Yo pensaba que precisamente esa era la gracia,

que fuésemos juntas, nos riésemos y nos emborrachásemos.

Veo que ese no es el plan.

-No sé.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Hola, Jesús. -Hola.

Soy el primero, ¿no?

-Sí, faltan 10 minutos para la reunión, es normal.

-Claro.

Espero fuera mejor.

-No, no, por mí no hay problema, puedes pasar.

-Como quieras.

¿Cierro? -¿Tú qué crees?

-Yo en mi despacho suelo cerrar casi siempre,

pero hay gente que no.

Jorge Leiva, le conoces,

tiene la puerta abierta.

Supongo que dependerá de cada uno.

-Cierra, anda. -Cierro.

-A ver.

Vale.

Bua...

Siéntate.

Si quieres.

Uf...

-Es posible que Rodrigo venga con una estrategia bastante ofensiva.

Yo creo que es lo que más le conviene.

-No te adelantes a la reunión. -Perdona.

Me callo.

-No, no he dicho que te calles.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Bien.

Yo también bien, un poco agotada, la verdad, pero bien.

-¿Tú qué tal?

-Te acabo de contestar.

-(RÍE)

-¿Qué vas a hacer después de la reunión?

-Voy directo al bufete, quiero ponerme a fondo

con todo esto del caso ahora que lo tengo reciente.

-Ya. -Mejor que me ponga con ello.

-¿Y tú?

-Por eso quería saber.

-¿El qué?

-Olvídalo.

-Sí, mejor.

Mira, aquí los tienes. Genial, gracias.

¿Qué cotilleo se traen esas?

Ah, la boda, con quién van y todo eso.

¡Ah...! ¿Tú con quién vas a ir?

Héctor, es mi pareja.

Claro, claro, es tu pareja.

¿Y... tú se lo vas a decir a Carlos o qué?

No sé, me encantaría decírselo a Carlos.

A ver, si no fuera una boda del trabajo, se lo decía seguro,

pero aquí todo el mundo sabe que llevo muchos años casada con José.

Ahora de repente presentar a una pareja nueva

delante de los jefes, me da cosa y todo.

Sofi, es tu vida y puedes hacer lo que te dé la gana.

¿Tú con quién quieres ir? Con Car... ¿José?

Hola, Sofía. ¿Qué haces aquí?

Sé que no tenía que haber venido.

¿Y por qué estás aquí?

Necesitaba hablar contigo.

Ya, vale, pues tendrás que hablar cuando acabe mi jornada, ¿vale?

Ya, es que es urgente.

Sí, mi trabajo también es muy urgente.

Ya.

Ven, vamos. Hola, Julia.

José, por favor.

Bueno, ¿qué?

¿Qué es tan importante para llamar la atención así?

Nuestros hijos.

¿Son importantes ahora? ¿Qué les pasa ahora?

Necesito verlos, no sabes cuánto les he echado de menos.

A mí lo que me preocupa es que te han echado de menos.

Irte así, sin dar ninguna explicación,

sin ninguna opción para que entiendan.

Lo sé, y tienen toda la razón del mundo.

Por eso quiero explicarles.

Y a ti también. No, mira...

No sabes por lo que he pasado. No, no, José, no es el momento.

Ni es el lugar, no.

Bueno, si quieres, nos vemos luego en el parque.

Cuando acabe el trabajo. Vale, vale, te esperaré.

No, no, ahora, por favor, vete.

Vale, gracias, Sofía.

(SUSPIRA)

¿Es el señor Vizcaíno?

-Sí, es que justo en esa fotografía no se le distingue.

-No, está de perfil.

-Aquí podemos ver que es claramente el señor Vizcaíno

en actitud cariñosa con una mujer

que no es su prometida.

-Pero...

Perdona, señoría, esto es completamente irregular.

No puede presentar estas fotos a estas alturas...

-Está claro que mi colega no sabe por dónde salir,

que esto le pilla desprevenido.

-Si no le importa, permita que evaluemos la situación

con la mayor seriedad posible

-Por supuesto, disculpe, señoría.

¿Se sabe quién es la persona

que está en esta actitud tan romántica con el señor Vizcaíno?

-Sí, es una de las mejores...

Era una de las mejores amigas de mi cliente.

Por si la infidelidad fuera poco,

añadimos traición rastrera.

-Los juicios de valor no vienen al caso.

-Sí vienen al caso.

Se entiende que plante al novio que le ha puesto los cuernos.

Es indignante. -Aquiete su indignación.

Se trata de entender por qué presenta estas pruebas ahora.

-Acabo de conseguirlas; si no, las hubiera presentado antes.

-O las has reservado para dar un golpe de efecto ahora.

-Qué acusación más fea, Jesús.

-A ver, si no entiendo cómo no lo ha obtenido hasta ahora,

tendré que desestimarlo.

-Señoría, las fotos son antiguas, es evidente,

pero mi cliente

destruyó las copias que recibió por el dolor que le causaba.

Se lo puede imaginar.

-Ajá.

-Son ellas no me parecía prudente

hacer acusaciones sobre el señor Vizcaíno,

pero en cuanto hemos recibido copia del detective

las he presentado en el registro.

-Había destruido las copias que recibió y ha pedido otras.

-Exactamente.

Creo, señoría, que mi cliente destruyese

estas fotografías

es prueba suficiente

de que no tenía intención de plantarle.

Ella le amaba, usted como mujer puede entenderlo.

-Señoría, lo siento, pero no entiendo para nada

el culebrón repentino que se está sacando de la manga.

Me parece absurdo.

-Bueno, porque mi colega no entiende demasiado de sensibilidad femenina.

-Señoría, si la señorita Virginia Argüelles

quería defender su postura

ante una instancia judicial,

habría sacado esa prueba el primer día.

Es lo lógico, venir el primer día y poner estas fotos encima de la mesa.

-No podemos presuponer eso.

No es una conjetura más válida

que las razones que ha aducido el abogado de la otra parte.

Aceptaré las fotos.

-Bum.

Gracias, señoría.

Cuánto han tardado, ¿no?

-Os dejo, tenéis muchas cosas que contaros.

-¿A qué se refiere?

-Venga un momento conmigo. ¿Qué pasa?

-Nada, no ha sido usted.

Tengo los brazos hechos un Cristo por los pinchazos.

-¿Qué pinchazos?

-No, las vacunas para la luna de miel.

No sabe usted cómo están esos países, y además para nada.

-Es comprensible teniendo en cuenta que ha engañado a su prometida.

¿Cuándo pensaba contármelo?

-Pensé que no era importante.

-¿Cómo no va a serlo?

-No tuvo importancia, Virginia no lo sabía.

-Claro que lo sabía, claro.

Por eso he hecho el ridículo: ella lo sabía y yo no.

Me he tenido que enterar por unas malditas fotos.

¿Usted sabe qué cara de tonto?

.De verdad, lo siento.

Debí contárselo. -Soy su abogado.

El primer interesado en salvaguardar su vida íntima soy yo.

Así no puedo hacer mi trabajo.

-Entiendo que esté enfadado. -No, estoy preocupado.

Encima la jueza ha admitido esas fotos como prueba

y ahora se ve claramente que entiende la motivación de su novia.

-Estamos mal. -Estamos fatal.

Y encima usted va...

y le engaña con una amiga suya.

-No debió pasar.

Llevo muchos años con Virginia,

ellas siempre han sido amigas, no sé.

Yo notaba que me miraba, pero tampoco.

Hasta que pues eso, que pasó.

Suena mal, pero no tiene que ver con lo que sentía por Virginia.

Esa chica...

Esa chica era...

¿Sabe usted esas mujeres que con solo mirarte hacen que te tiemble todo?

-Yo no le voy a juzgar porque a mí no me toca,

pero solo le pido una cosa:

no busque culpables fuera. -No me estoy justificando.

Simplemente quiero que me entienda. -Le entiendo.

Más o menos.

No soy yo quien tiene que entenderlo.

Vamos.

-Cuidado. -Perdón, perdón.

Me encanta este sitio, está muy bien.

No nos ve nadie de mi trabajo.

Lo siento, Sofía.

Pero sé que si te pedía verte me ibas a decir que no.

No, ya sabías que no quería verte y tú ahí...

Insistiendo hasta que lo consigues. Sí.

Como siempre, no te enfades.

Oh, sí, enfádate.

Enfádate lo que quieras, estás en tu derecho.

Muchas gracias, en eso estamos de acuerdo.

Cómo me gusta tu ironía.

Ahora mismo no quería ser irónica.

José, ¿qué quieres?

Necesito ver a Cristina y a Alex.

Ya, pero yo no quiero que sufran más.

Ni yo.

Ni yo, pero...

Las cosas han cambiado mucho.

¿Qué cosas?

Básicamente yo. Ah.

Sí, he tomado distancia, perspectiva...

Sé lo que te hecho sufrir,

sé lo que has tenido que aguantar

y sé por lo que has tenido que pasar.

Pero

ahora las cosas han cambiado, de verdad.

He tenido suerte.

¿Te acuerdas de aquel proyecto absurdo que tenía de los zumos...?

Lo de los zumos, ya.

Sí, aquella que iba entre el cigarrillo electrónico

y la gorra refrigerada, ¿no?

Sí, que no funcionó nunca.

Pues, mira, esto ha funcionado.

Me han comprado la idea.

Con el dinero he pagado las deudas y me ha quedado un remanente

para montar un negociete.

¿Qué negociete?

Relacionado con esto de las frutas y los zumos.

Te contaré con más detalle.

Lo importante es que quiero que sepas que estoy en condiciones...

de coger las riendas de la familia.

No solo se necesita dinero para coger las riendas de la familia.

Ya, pero no..., no... No te entiendo.

O sea, José, que nuestra familia...

En nuestro matrimonio había...

cosas que no funcionaban, cosas que no...,

que no estaban ahí y que había que cambiar.

Bien, vale, pero...

Yo creo que puedo hacer que todo sea como antes.

De verdad, Sofía.

De verdad, no sabes lo que he cambiado,

lo mucho que he cambiado en tan poco tiempo.

Tan poco tiempo para ti, ¿no?

Para mí y para los niños no ha sido poco.

Y no, no sé lo que has cambiado.

Mira...

Te entiendo, estás en tu derecho.

Pero, por favor,

dame otra oportunidad.

No sé, José, no sé, yo voy a pensar lo de los niños.

Déjame que lo piense.

¿Y nosotros cómo...¿ Mira...

Es que... yo... Vale.

Yo me tengo que ir, ¿sabes?

Tendría que estar preparando la cena.

Te digo algo.

A todas les gusta que les digan que las quieren.

Sí. A esta no porque estamos peor.

¡Rodri!

No es solo el ridículo absoluto que yo he hecho,

es que a ella, y tiene razón, la he puesto

en una situación complicada..., en evidencia.

Evidencia... No hagas dramas. Sí, en evidencia.

Seguro que la mitad del bufete piensa

que lo dijiste porque te tomate unas copas.

Ah, muy bien, nada, mejor eso.

Mejor que estoy enamorado,

que piensen que soy el abogado borracho, el socio etílico

que trajo sus problemas de alcoholismo

desde EE.UU.

Lo que me faltaba con cómo son los rumores en este bufete.

Venga, hombre.

(Llaman a la puerta)

Voy.

¿Ahora quién llama?

Jorge...

Te quiero.

Tú eres tonto. Anímate un poco, tío.

¿Me estás animando o deprimiendo más?

Eh, Berta. -Hola.

-Menos mal.

Menos mal, a ver si animas un poco a este.

-Traigo un bajón que me muero.

¿Qué te pasa?

Que soy idiota.

Yo no sé dónde me dieron a mí el título de derecho, de verdad.

No sé dónde me lo dieron.

¿Por qué?

Porque he firmado un contrato sin leerlo siendo abogado.

¿A quién se le ocurre?

¿A quién se le ocurre firmar un contrato sin leerlo,

y más yo, señora letrada. -A ver.

Porque te hacía mucha ilusión. -No, Rodri, soy lamentable.

De verdad.

Les he dado permiso para que hagan con mis fotos lo que han hecho

porque no me... -Eh, eh, escucha.

No lo saquemos de quicio.

¿Qué han hecho? Tampoco tanto.

Te han movido un poco los ojos y tocado un poco

las arugas no, las líneas de expresión.

-A lo mejor... -Te han puesto tetas.

Y te han subido el culo.

-El culo no se ve, Rodrigo. -¿No?

-No. -Me lo he imaginado.

(RÍEN)

Eh.

Tendrían que haber buscado a otra.

Si te cambian entera,

búscate a otra.

Absurdo.

Gracias, Jorge, muchas gracias.

A ver, no lo estamos enfocando bien, se puede enfocar de otra manera.

Yo leí un artículo

en el que se hablaba de esto mismo,

de los límites,

de dónde están los límites.

No, no, espérate.

¿Dónde están los límites del retoque?

Ahora esta moda de tocar todas las fotos

y de que todo el mundo es perfecto.

¿Cuándo deja de ser retoque...

y se convierte en caricatura? En caricatura.

-Chicos, de verdad,

me merezco lo que tengo, ¿de acuerdo?

No os preocupéis.

No os preocupéis porque el caso ya está perdido.

No pasa nada, brindemos.

Brindemos y "proud" ya está.

¿Y qué?

"Proud, finito, acabato", no sé.

Vaya dos.

Hay un límite y se han pasado.

Madre mía, tengo una tensión acumulada.

Un cuello así no se lo merece.

(RÍE)

Y...

¿Cómo sigue lo de tu amigo?

Vale, sigo, el caso es que el tío este es un crac

y ahora quiere montar su propio despacho.

Está pensando en buscar un "staff" joven y prometedor

y le he hablado de ti.

¿De mí? Ajá.

Como abogada.

Si quieres, te puedo conseguir una entrevista con él.

Ajá. Ajá.

¿Qué?

Es lo que habíamos hablado, ¿no?

Sí, sí, sí. Sí.

Eso, te estoy ofreciendo una entrevista

por la que mataría cualquier júnior.

Gracias, de verdad, gracias.

No sé, no veo mucho entusiasmo.

¿Ha cambiado algo, Julia?

Eh... ¿En el bufete? Ajá.

Con Jorge.

No, no. Si habéis hablado...

Las cosas están igual y yo tengo muy claro

que quiero trabajar en un sitio

en donde no ocurran esos rumores

y en donde se me valore por mi profesionalidad.

Otro trabajo, es lo que hablamos.

Pero ni siquiera te has inmutado.

No, Héctor...

Ay, de verdad, lo siento. No, lo siento, que estoy...

Tenemos mucho trabajo, estoy un poco agobiada

y, yo qué sé, que lo de tener tantos ojos

controlándote todo el día tampoco ayuda.

No... No hay más.

Ya.

De verdad, te lo agradezco mucho.

Gracias por...

Por pensar en mí.

¿Sabes qué? Voy a hacer la entrevista.

Lo mejor que pueda, a ver si me sale.

Estoy seguro de que los vas a impresionar y vas a conseguirlo.

Si te soy sincero,

será un alivio dejar de escuchar el nombre de Jorge a todas horas.

Mensaje recibido.

Mensaje recibido.

Mensaje recibido.

¿Igual un poquito más de sal?

No sé, ya huele raro.

¡Hala!

Así.

Muy bien.

Yo creo que ya está.

¿Qué le has echado?

Soja, ver... ¿Soja?

Es una receta de mi madre.

¿Y sal? Sí.

Gorda. Sí.

Ah. Vamos a sacarlo.

Vale.

Vale, vamos a probarlo.

Lo pruebo si quieres. Vale.

No quemará, ¿no? Sí, un poquito.

(TOSE) ¿Está bueno?

No. ¿No?

¿Seguro? Sí.

(Timbre)

¿Estás esperando a alguien?

No.

Bueno, voy a ver.

Pruébalo tú.

(TOSE)

¡Alba, estamos salvados, han venido tu madre y unas albóndigas!

-Hola.

Hola.

-Bueno, yo me voy al cuarto, que tengo que estudiar.

Aprovecho que no está mi madre.

Vale, si necesitáis algo...

-Gracias.

Perdóname por venir,

pero es que no podía estar más sin verte, como me evitas.

Mamá, no te estoy evitando.

Bueno, como estás enfadada conmigo...

No estoy enfadada contigo, mamá.

Hija, ¿entonces?

Mamá, ya te he explicado

que se me ha caído el mundo, me han pasado muchas cosas

y todas desagradables.

Hija, yo no tengo la culpa.

No tenía ni idea de los manejos de tu padre y Ángel.

Ya lo sé.

No sé por qué tengo que pagar

todo esto.

No pagas por nada.

Te has ido, me has dejado...

Mamá.

Te dije que necesitaba espacio, de verdad que no estoy bien.

Cariño, si no estás bien, ¿con quién mejor que con tu madre?

Te voy a cuidar siempre.

No son ese tipo de cuidados los que necesito.

Lo que yo quiero es que...

Querría cosas que no pueden ser,

pero no puedo volver a esa casa porque me vuelvo loca.

Ya lo decía yo, pago yo por los líos de los demás.

Mamá...

¿podrás por una vez,

en vez de pensar cómo te sientes tú,

hacer un esfuerzo por entenderme?

Yo te entiendo, pero no comprendo por qué te has marchado.

Si quieres, hablo yo con Francisco.

No, mamá, no, ya lo hemos hablado, ¿vale?

Gracias por venir.

Y gracias por las albóndigas.

Mañana hablamos.

¿Me voy?

¿Segura?

Vale.

¡Hola!

Hola. -Hola.

Hija, qué horror, de verdad.

Llevo toda la tarde llamando a los albañiles

para lo de la salida de humos.

¡Son carísimos!

-Te puedo echar una mano, he llevado cosas así.

Están fastidiando a varios negocios.

La floristería de al lado de mi despacho.

Ese sitio es monísimo. Le están tocando las narices.

¿Dónde está la carta?

-No te preocupes, me están echando una mano.

-Mujer, dos abogados mejor que uno, ¿dónde está la carta?

-La tiene Jorge.

-Ah, que Jorge es tu abogado.

-Eh...

Eh, no, no, no, lo que pasa es que...

Ayer vino a tomarse un café a la terraza

y yo estaba con un agobio horroroso,

le estuve contando. Mañana te la traigo.

-Si fueras una petrolífera,

igual Jorge era el adecuado, pero siendo un negocio pequeño

te diría que no.

A ver, en ZL&D se llevan casos de todo tipo.

Claro, no hay más que ver el logo.

¿Qué pasa con el logo?

Olivia, dile que te pida una prórroga.

No creo que tengáis tiempo material ahora para pedir todos los papeles.

Dudo que ya lo hayáis hecho.

-Es mejor que dejemos el temita,

como vuelva a escuchar "ayuntamiento",

"plazos" o "salida de humos", me estalla la cabeza.

¿Habéis cenado?

-Yo sí.

Estoy un poco cansado, creo que me voy a casa.

Pero te ibas a quedar a dormir, ¿no?

Sí, pero es que mañana tengo vista previa a primera hora

y entre que llego a casa y me ducho...

Bueno, puedes ducharte aquí sin problema.

Mañana nos vemos.

Olivia, suerte con lo tuyo.

-Gracias.

¿No vas a desayunar? No has tocado nada.

-No, no tengo apetito, luego...

En la oficina me tomaré un café.

-A mí tampoco me entra nada.

-Deberías tomar algo.

-Es por la niña, Paco.

Estoy con una angustia...

No hago más que dar vueltas por la casa

Está todo tan..., no sé, tan apagado, tan silencioso.

Salvo por tus ronquidos, parecía que se había colado un animal.

-Yo no sé qué me pasa con esto hoy.

-Ay, déjalo.

Te lo hago yo.

-Eres un tesoro.

-Sí, ya, para lo que me vale...

-No...

No me gusta que te pongas así.

-Es mi niña, Paco, lo está pasando muy mal.

Todo lo que ha sabido de tus líos y...,

y lo de su novio, que ha resultado ser un pájaro de cuidado.

-Sí, desde luego que sí.

-Quiero que vuelva.

Lo que quiero de verdad es que no sufra.

-¿Y te crees que disfruto con eso?

También me preocupa.

-Durante toda su vida he intentando que no le faltase nada,

ser madre y padre, no podía llevar el suyo.

-Ay, Maricarmen...

-Te toca ser el que luche por ella.

-Sí, sí.

Sí, y lo voy a hacer.

Lo voy a hacer, ya lo verás.

-Tienes que conseguir que vuelva.

Tengo miedo.

-¿Miedo por qué?

-No sé...

Tengo la sensación...

Creo que le puede pasar algo,

que puede sufrir todavía más.

-No, ven aquí, ven aquí.

No, yo no voy a escurrir el bulto.

Voy a hacer todo lo que sea

para protegerla

porque ahora somos una familia.

Ay...

Ay, ay...

Un soberbio y un prepotente.

El típico abogado mediocre

que como ha tenido la suerte de ser contratado por un grupo editorial

se cree que manda.

-Veo que te escoció lo de ayer.

-Hombre, fue de una soberbia insultante.

¡Ni siquiera valoraron la posibilidad de un acuerdo!

-¿Para qué si tienen las de ganar?

-Tienen mucha chulería, ¡los dos!

Tanto la editorial como el abogado.

Ya que han hecho unos retoques infames, lo son...

¡Hombre!

Ten un poco de vergüenza e intenta arreglarlo,

pero no porque son unos prepotentes y es un imbécil venido a más.

Fue humillante.

¿Y Berta qué dijo?

-¿Berta?

Berta está hundida.

No es que pensara que iban a aceptar el trato a la primera,

pero tampoco rechazarlo de plano.

No, ella cree que el caso está perdido.

-¿Y tú?

-¿Yo? En absoluto.

Además se ha convertido en algo personal.

-Cómo ha cambiado la historia.

-Pues sí.

No se puede permitir

que esta gente haga lo que le dé la gana sin consecuencias.

-No sé cómo vas a contraatacar si Berta firmó ese contrato.

-Encontraré alguna fisura.

Los límites de la ley siempre tienen

resquicios abiertos a interpretaciones.

Siempre.

-Yo te confieso que este caso

lo daría por perdido si no fuera por eso.

-¿Por qué?

-Esa mirada tuya, así.

Si estuviera en la otra parte,

empezaría a temblar.

(RÍE)

-Anda, tira.

Es un amigo de Héctor, por lo visto es brillante.

No sé, a mí el nombre no me suena.

Tampoco estoy muy puesta en las nuevas generaciones de abogados.

Bueno, el caso es que quiere abrir un nuevo bufete

y está buscando abogados.

Vaya, y estás pensando en...

Sí.

Héctor me puede conseguir una entrevista.

Esto va en serio, ¿no?

¿El qué?

Que quieres dejar el bufete.

Sí, Sofi, sí, es lo que tengo que hacer.

Ya, pero es que las crisis acaban pasando.

Ya, pero ahora mismo la situación es muy incómoda para mí.

No sé, todo el día tengo los ojos de toda la gente mirando y controlando.

Ayer me decías que no haga caso a lo que piensa la gente.

Ya, ya, pero...

No solo es eso, no.

¿Y qué es?

Ay, pues que con Jorge es muy incómodo trabajar

después de lo del karaoke.

Está todo el rato entre nosotros y lo tenemos en la cabeza.

Ya.

Además, no es justo para Héctor.

¿Para Héctor?

Trabajo con una persona

que ha declarado sus sentimientos hacia mí públicamente.

Ya, pero si tiene algún conflicto con eso es su problema.

No puede condicionar si trabajas aquí.

No, no me condiciona, pero... A ver, para él no es cómodo.

Ya, creo que si él tuviera claro

lo que hay entre vosotros,

no sé, no tendría que preocuparse de nada, ¿no?

Bueno, Sofi, yo he pedido ayuda a Héctor

y él me la ha prestado.

Además, me puede venir bien la entrevista.

Sí, y así evitas tentaciones, ¿no?

No, no...

Sofi, de verdad, ya está, ya he tomado la decisión.

Vaya, ¿ya se lo has dicho a Jorge?

No, no, y...

Estaba pensando ir ahora.

¿Ahora? Sí.

No sé, piénsatelo.

Ay, bueno, luego te cuento.

Tú misma.

Hola. Hola.

No sé si es buen momento, quería decirte algo.

Sí, sí, claro, pasa.

Además, yo también quería... comentarte algo.

Siéntate.

No me gusta verte tan seria.

Ya.

Bueno, me gustaría estar más contenta, pero ya sabes.

Ya, ya lo sé.

Si no te importa, me gustaría

contarte primero.

Será... Será muy breve.

Sabes lo que siento por ti.

No, Julia, no te preocupes, de verdad, que no...

No va por ahí, no soy tan idiota como para seguir insistiendo.

Gracias.

Adelante, te escucho.

Lo que quería decirte es que sabes lo que siento por ti,

ves lo que siento,

no puedo evitarlo y no sé...

si voy a poder disimularlo, si lo voy a superar.

Ya sé que para ti es complicado, es violento,

y lo entiendo.

Para mí también es difícil,

pero por otras razones.

Para mí es complicado y por eso quería acabar con todo esto.

Y yo.

Por eso he pensado en una solución para el problema.

No se lo he dicho todavía a nadie,

quería contártelo primero.

Pues dime.

Me voy.

Dejo el bufete.

Nadie te obliga a volver con José.

Tengo miedo. ¿Y si nos vuelve a abandonar?

¿O si ha saldado la deuda con algún chanchullo de los suyos?

No dejaré que pierdas el trabajo, aquí el que sobra soy yo.

Ya estoy buscando opciones en otros bufetes.

Voy a hacer una entrevista.

Si todo va bien, estaré fuera de aquí.

Podrás seguir con tu vida y yo con la mía.

Aquí tenemos todo lo que necesitamos.

-Es una modelo con su hija en un jardín.

-A la niña no la han pixelado y es una menor.

-Esto no tiene nada que ver con mi caso.

-Imagínate en el lío en el que pueden meterse si le damos bombo a esto.

Hay muchas cosas de las que me avergüenzo.

Todavía hay muchas cosas que no sé, ¿verdad?

Sí.

Ángel está fuera de control.

-A ver, explícate. -"Quiere hablar".

Desvincularse, contarlo todo.

-¿Estás seguro?

-"Completamente".

-Está bien, Francisco, ya nos ocupamos nosotros.

-Voy a comprar esas acciones

y todo será como antes.

-Dudo que Jorge y Carlota estén de acuerdo.

-Prefieres que las compre Victoria. -No he dicho eso.

Nadie quiere que Victoria sea la socia mayoritaria,

sería la muerte para el bufete. -Pues échame una mano

y convence al resto de los socios de que soy su mejor opción.

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Derecho a soñar - Capítulo 118

27 jun 2019

Julia sigue agobiada por las consecuencias de la declaración de Jorge y pide ayuda a Héctor con vistas a un cambio de trabajo. Héctor se siente inseguro por la sombra de Jorge sobre su relación. Alba no da oportunidad de reconciliación a Ángel, aunque éste ha devuelto el dinero a Francisco. Éste pretende que Victoria comunique a Torres que Ángel podría ser un elemento incontrolable. Jose quiere que Sofía le permita ver a sus hijos, asegura que ha cambiado. Olivia tiene que hacer una reforma en su negocio, o le quitan la licencia. El cliente de Jesús engañó a su prometida con una amiga de ésta. El abogado de la revista que publicó las fotos de Berta rechaza la propuesta de arreglo de Carlota en forma humillante. Jorge está deprimido por la situación con Julia y decide irse de ZL&D.

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