Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

Lunes a viernes a las 18.15 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5290520
No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 114 - ver ahora
Transcripción completa

De pronto, sin consultarme,

está aquí viviendo Héctor.

No sé, ni se te ha pasado por la imaginación pensar

que igual me siento un poco invadida

o que me incomoda un poco tenerlo presente todo el rato.

Antes vivía sola

y de pronto somos tres personas aquí.

¿Te pasa algo con Olivia?

Ha tenido una mala experiencia con un chico.

Quizá...

tendría que pasar más rato con ella como antes.

Quiero que las cosas con Héctor funcionen.

En el bufete

ha empezado a correr un rumor...

Que la gente está diciendo que Jorge y yo

estamos juntos desde hace mucho tiempo.

Se dice que tenemos un tórrido romance clandestino.

Con sus altibajos, celos, traiciones,

gacelas laterales y no sé cuántas historias más.

(RÍE)

¿Te estás burlando?

Un poco sí.

Yo estoy seguro de lo que siento por ti, Julia.

Yo también estoy segura de lo que siento por ti.

¿Entonces por qué no puedo evitar escuchar una voz

muy dentro de mí que me dice:

"¡Héctor, Héctor!

Cuidado con Jorge"?

¿Qué te parece?

Es para la sesión de fotos.

Bien. ¿Bien?

Venga,

relájate y dámelo todo.

Sonriendo. Suelta las manos.

¿Escuchas las cosas que le está diciendo?

Pero, bueno, está guapa.

-Si Daniel tenía razón. ¡Además, está divina!

Ayer nos viste a tu padre y a mí discutir.

Tu padre y yo tenemos una relación muy visceral,

somos honestos y directos el uno con el otro.

Nos decimos las cosas a la cara y sin tapujos.

-¿Quieres decirme algo más?

-No.

Sabes que te quiero.

Y yo a ti.

Quiero decir que te quiero de verdad.

¿Estás bien?

Quería asegurarme de que lo sabes.

Cuando Ángel te dijo que se fue a un spa

en el País Vasco,

en realidad estaba en las Islas Caimán.

Chantajea a papá económicamente.

Cállate, Jesús.

(Timbre)

¿Qué hora son estas?

(Timbre)

¿Se puede saber...? -¡Déjame pasar!

-¡Que estamos durmiendo! -¡Alba!

-Pero ¿qué haces? -¡Alba!

¡Alba! -¿Qué haces?

-¡Alba! -Baja la voz.

Mamá, yo me encargo. Pero ¿qué pasa?

Hija, ¿estás segura? Sí. Vete, por favor.

Qué animal.

¿Qué quieres? ¿Cómo que qué quiero?

¿Por qué me haces esto?

No me has cogido el teléfono en todo el día.

¿De verdad no sabes por qué?

Has hablado con Jesús.

¿Qué te ha dicho?

Todo.

Me lo ha contado todo.

Lo que te ha contado es mentira.

¡Quítame las manos de encima!

Lo único que te suplico...

es que no te creas todo lo que van contando por ahí.

Ángel, que te vayas. Todo tiene una explicación.

Es tarde para explicaciones. No.

¡Vete de mi casa! ¡No es verdad!

-Ya has oído a mi hija, que te vayas.

-¿Me merezco que me echéis a patadas?

-He dicho que fuera de mi casa.

Ahora.

(Sintonía "Derecho a soñar")

(Timbre)

Buenos días, bonita.

Buenos días.

Bueno, ¿y esas flores?

Son para ti.

Por favor.

Gracias.

Dios mío. Pasa, pasa.

Muchas gracias.

Pensaba que estabas de viaje. Sí, debería,

pero lo he retrasado. Tenía muchas ganas de verte.

Ya. De verdad.

¿Sí? De verdad.

El otro día, cuando hablamos y te dije

que me iba de viaje, me quedé un poco...

Hace dos días que no como.

¡Ya, seguro! Vale, eso es mentira.

Pero no he desayunado.

¿Te hago el desayuno? Y tengo hambre.

Muy bien. Necesito comer.

Vale, sí. Comer...

Comerte a besos.

¡Mis hijos, por favor! Vale.

Álex... Hola.

Carlos. ¿Te acuerdas de Carlos?

Claro que me acuerdo. -¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-¿Y tú qué tal? -Muy bien.

Bueno, que ha venido para desayunar.

Sí, un poquillo. -Ya veo.

Hago el café. Sí, claro.

¿Sí? Bueno.

¿Te vas ya, Álex? Sí.

Voy un momento a coger una cosa y me voy.

Muy bien.

Don Francisco, qué susto.

-Tranquila, no soy un fantasma.

Venía a dejar unas cosas para Jesús.

Siéntate un ratito conmigo.

Anda, Carolina.

-¿Aquí? -Sí, aquí.

-¿Ocurre algo?

Me has preguntado si ocurre algo

y te tengo que responder que sí.

Algo importante.

Dime, ¿qué debo hacer?

-¿Qué debe hacer con qué?

Con la vida.

-Pues no sé.

Es que últimamente

estoy empezando a ver las cosas de otro modo.

Hace poco tuve un sueño.

Lo perdía todo en el sueño,

pero me encontraba mejor que nunca.

Me levanté con una sensación extraña, ¿sabes?

¿No piensas que este sueño es una señal

de que tengo que cambiar algo en la vida?

-Pues no lo sé, don Francisco.

Usted es el mentor y yo estoy en prácticas.

No sé.

-¿Conoces a Amiel?

-¿A quién?

-Amiel, un escritor.

Escribió una obra colosal,

un diario íntimo de más de 17 000 páginas;

se publicó después de que muriera.

Fue el que dijo:

"Vivimos mientras nos renovamos".

También dijo que saber envejecer

es una de las partes más difíciles del gran arte de vivir.

-Pues no le conocía. -Sí, claro,

eres demasiado joven para conocerlo.

También dijo que igual te interesa.

Dijo:

"Nada se parece tanto al orgullo

como el desanimo".

(Móvil)

Mira, un viejo cliente o amigo.

Bueno, ya sabes cómo son estas cosas,

que con el tiempo se confunden.

Pero un viejo conocido.

Hacía tiempo que le había perdido la pista.

(Móvil)

¿Qué debo hacer?

-Contestar, supongo.

-Me parece que ya he acabado mi labor contigo.

Lo has hecho muy bien.

-Gracias.

Bueno, hasta luego.

Efrén Torres.

Buenos días.

-¿Buenos días?

¿Buenos días para qué?

O buenos días para quién, pregunto yo.

¿Tú qué tal? ¿Quieres un café?

-Sí, por favor.

Veo que empezamos la mañana con alegría y humor.

-Mira, te digo una cosa,

como pille al tontaina que va diciendo por ahí

cosas de mi Julia...

Y ojo que hablo en serio.

-¿Qué cosas de Julia?

-Mira, Rodrigo, no te hagas el tontito.

Me vas a decir que no te has enterado de los bulos

que corren sobre Jorge y Julia.

-Vale, sí me he enterado.

-¿Y tú no tendrás nada que ver así por casualidad?

-Si es que yo no hago esas cosas. -Ya.

¿Y el otro día con Héctor qué?

El pobre se fue pensando que Julia y Jorge están liados.

-Era una broma y Héctor se lo tomó como la broma que era.

-¡Ah, que ahora estamos todo el día de broma!

¡Mira, me parto la caja!

-Que no me hables como si fuera cosa mía.

-Júrame por tus muertos a caballo que nos has dicho nada.

-Te lo juro.

-Ya.

-Está rico este café. ¿Es de Colombia?

-Sí, sí.

Difama, difama.

¿Qué pasa, no te has enterado del último rumor?

¿No?

Por lo visto Jorge y Julia

lo hicieron en el office

y se quedaron enganchados en la fotocopiadora.

Sí, ríete, ríete.

La partida de nacimiento de don Francisco

estuvo ahí dale que te pego.

Y venga a fotocopiarse la partida de don Francisco.

-¡Madre mía el ingenio popular!

-Pobre Julia, de verdad.

Bueno, y pobre Héctor.

Aunque se coma todos mis cereales.

Aunque con esto de Julia

se pasa todo el santo día en mi casa metido.

-Pues qué bien.

Mira el lado positivo.

Mascota no tienes, pero tienes a Héctor,

que seguro que hace compañía por las noches.

-¡Calla, idiota!

Héctor es un poco pesado, pero es buena gente.

-Un poco.

Un poco mejor que el italiano sí, ¿no?

¿Cómo se llamaba?

-¿Te lo tengo que decir?

¿En serio? -¿Cómo era?

-Pietro. -Pietro.

Este sí que quedaría bien de mascota.

Un galgo afgano con orejones.

¿Cómo no te pillas un avión a Italia para adoptarlo?

-Antes me bebo cinco litros de lejía.

-Estás guapa.

La coleta esta, el recogido que te has hecho.

-¿Qué dices?

La coleta le voy a cortar yo

al que por ahí diciendo cosas de mi Juli.

-Bueno.

Voy a ir subiendo

que una retirada a tiempo...

-Faltan cinco céntimos. -Luego nos vemos.

Macarena.

¿Has visto a Francisco?

Llevo buscándolo desde hace rato.

No, hoy no lo he visto.

Y ayer tampoco, ahora que lo pienso.

Qué raro, ¿no?

Sí. ¿Y ese pin?

Ah, cosas de Daniel.

Un juego con premios.

No sé, me lo ha explicado, pero era muy complicado

y no lo he entendido bien. Ah.

Oye, Alba, en una boda, ¿crees que ir al juzgado

montada en una carroza tirada por dos caballos blancos

es demasiado? Un poco, ¿no?

A no ser que seas una reina o algo así.

Jopé, eso es lo que no entiendo.

¿Por qué una recepcionista no puede ir a su boda en carroza?

Porque es muy caro, ¿no?

Ah, bueno,

seguramente eso sí.

Sí.

Hola.

Quiero pedirte disculpas por lo que pasó anoche.

Sé que estuvo mal,

no he pegado ojo en toda la noche.

He enviado un mensaje a tu madre pidiéndole perdón.

Quizá si supieras por lo que estoy pasando,

entenderías un poco más.

Ángel, no es el momento.

Necesito aclarar esto... Suéltame.

¿No podemos hablar a solas?

Ahora estoy demasiado nerviosa para hablar.

Alba, es importante.

No me hagas esto, yo te quiero.

Primero debemos tranquilizarnos y ya hablaremos.

Compañeros, voy a robaros un par de segundos

para explicaros cómo va lo de la ludificación.

Habrá dos equipos, uno rojo y otro azul.

Vosotros sois del azul.

-No. -Te la dejo y te la pones luego.

Hay una serie de objetivos que cumplir:

llegar en horario o antes al trabajo;

reciclar papel; no gastar tanta tinta de la fotocopiadora;

ahorrar luz y agua. Yo seré el árbitro.

Y al final los ganadores recibirán alguna sorpresa.

Es una forma de trabajar divertida y amena.

Dani, lo siento, ahora no puedo.

¿Por qué?

¿Qué le pasa?

Pues muy bien.

¡Tino! Te estaba buscando.

Tú eres del equipo rojo, toma.

Loco y según mi propio hijo.

Si yo le hubiera dicho algo así a mi padre...

Bueno, eran otros tiempos.

Martín, te recomiendo que te tomes esto

como si fuera un examen rutinario. Ya está.

Ya me dirás qué hay de rutina

en que un hijo acuse a su padre de loco.

A mí, que le he cambiado los pañales.

A partir de esto hay un antes y un después

en las relaciones con él.

¿Se sabe algo?

No, no.

Tienen que estar al caer los resultados.

Ahora la locura llega por correo urgente,

a eso hemos llegado.

A veces pienso que el más sensato de los mortales es el gato,

que duerme 15 horas y no molesta a nadie.

Bueno, la tortuga también es bastante equilibrada.

El otro día leí

que un griego

lleva 15 años intentando demostrar

que no está muerto.

¿Qué me dices?

15 años. (ASIENTE)

Bueno, me parece que es un asunto

más para un filosofo que para un abogado.

Sí, hay gente para todo en este mundo.

Jorge, si te hago una pregunta,

¿me prometes que vas a decirme la verdad?

Claro, por supuesto.

¿Tú crees que estoy loco?

No.

¿De verdad? De verdad.

Es más, si me pides que sea totalmente sincero,

te diré que pocas veces en mi vida

he conocido a alguien tan cuerdo como tú.

Gracias.

A ver, un poco idealista sí que eres,

pero a loco no llegas.

Siempre me lo han dicho,

así es que así debe ser.

Me lo decía mi padre, mi madre;

mi mujer que en paz descanse;

mi hijo.

Y ahora me lo dice mi abogado.

Así que he de serlo.

Además que parece por unanimidad.

Es que no tengo otra manera de vivir.

No puedo evitarlo.

A veces pienso que es un precio demasiado alto

para un viejo como yo.

La semana pasada me cortaron la luz;

esta el agua y hoy el teléfono.

Un momento.

¿Estás sin luz y sin agua?

Sí.

No calculé bien las consecuencias prácticas

que tiene para mí

el no tener esa cuenta bancaria.

Martín, no puedes estar viviendo en esas condiciones.

¿Estás viviendo a oscuras?

No, a oscuras no.

Tengo un camping gas bastante bueno.

Anoche me hice un arroz como para chuparse los dedos.

Con el camping y con la radio, pues estoy bien.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Te voy a hacer un préstamo

y tú cuando puedas me lo devuelves.

¿Te parece?

No.

Es un dinero, Martín, que te dejo hasta el juicio.

No te lo tomes como que te regalo nada.

No.

Gracias, Jorge, te lo agradezco de corazón.

Pero no, no puedo aceptarlo.

Pero ¿por qué no puedes?

Ya lo entenderás cuando seas más viejo.

Julia.

Carlota.

Quería comentarte algo importante.

Sí, dime.

Me he enterado de que por los pasillos del bufete

se murmura una relación entre tú y Jorge.

Carlota, eso es mentira. No hay nada de cierto

en los rumores, te lo aseguro. Eso ya lo sé,

pero no es lo que me importa.

¿Y entonces?

Lo que me preocupa es lo que diga la gente

y, sobre todo, lo que acaben creyéndose.

Y por lo que he oído, deberías tener cuidado,

mucho cuidado.

Vivimos en la época de la posverdad.

Ya, pero ¿qué quieres que haga

si la gente se inventa cosas?

Tú verás.

No sé, Carlota,

no puedo impedir que la gente

se meta en la vida de los demás y hable.

Mira, Julia, a mí todo esto me parece ridículo:

el romance de la secretaria con su jefe.

Es una cosa de la que hablamos, ¿te acuerdas?

Sí, claro que me acuerdo.

Y esto pasó el mismo día en que llegaste.

Si se ha mantenido en el tiempo, tú verás.

Ya.

No sé, qué quieres que te diga.

Te considero una persona muy inteligente.

Hola, Carlota.

Hola.

¿Qué tal, Rodrigo?

Bien. ¿Y vosotras?

Bien.

¿Vamos?

Sí.

Hola.

Pasa por aquí.

Perdona, Jesús, ¿has visto...?

Hola, hija.

Hola.

Si me permitís...

No sabes cómo empezar, ¿no?

Claro que no sé cómo empezar.

Bueno, pues tómate tu tiempo.

¿Cómo es posible, papá?

¿Cómo es posible que supieses todo eso de Ángel

y no me dijeses nada?

Lo intenté,

intenté hablar contigo en la cárcel de esto,

pero no me quisiste escuchar.

No digas que no. No es verdad.

Dijiste cosas abstractas: que Ángel no era de fiar,

que no era trigo limpio; pero nada concreto.

No fuiste claro. No podía ser más claro.

¿Por qué no?

Deberías haber sido sincero conmigo,

con tu hija.

Deberías haberte comportado como un padre de verdad.

Eso es precisamente lo que intenté hacer.

Pues no te salió nada bien. Ya.

No pude hacer nada más.

Alba, entiendo que todo esto te parezca confuso, difícil.

Pero es más sencillo de lo que parece.

Ángel me estaba chantajeando.

No podía hablar, ¿me oyes?

Si hablaba,

Ángel cortaba el grifo del dinero.

¿Así que todo esto es por dinero?

Hija mía, el dinero es lo que mueve el mundo.

Quizá el tuyo sí, pero el mío no. No.

El mío, el tuyo y el de todos.

Y antes de sentarme en el banquillo de los acusados,

recapacita. ¿Qué insinúas?

No insinúo nada.

Tú me has preguntado y yo te he contestado.

No.

No has contestado a nada.

Como en la cárcel, como siempre.

Vas por ahí con esos aires

y solo sabes hablar de dinero, dinero, dinero.

Es lo único que sabes repetir. Claro, vivir es muy bonito,

pero para vivir hace falta dinero

y ese dinero a ti te lo he dado yo.

Aquí está.

Esto es. Muchas gracias, Macarena. De nada.

Hola.

Jorge, Martín está en tu despacho,

pero hoy no tenía visita, ¿no?

No, lo que pasa

es que el hombre está un poco nervioso

con lo de las pruebas periciales

y había venido a ver si han llegado y acaban de llegar.

Bueno, he estado hablando con él

y me ha contado

que está viviendo sin gas, sin luz,

sin agua.

Con un camping gas cocina y vive.

¿Con un camping gas?

Como lo oyes.

No sé, lo he oído

y, la verdad, me da rabia

porque Martín es un buen hombre.

De verdad, hace falta gente como él.

Me lo estaba contando y me da una ternura

que no puedo no implicarme.

Es normal, te entiendo.

La verdad es que es un gran ejemplo de valentía.

Es como si fuera el último caballero, ¿no?

El último hombre de verdad

hecho y derecho de los pies a la cabeza.

Lo que más me impresiona es que no le importe

lo que digan de él, le da igual.

Bueno, casi todo,

que lo de su hijo le ha sentado fatal.

Normal.

Imagínate que tu hijo

se empecina en inhabilitarte

y encima haciéndote pasar porque eres un loco.

No sé ni cómo puede estar

tan entero, la verdad.

¿Tú estás bien?

Pues no, no mucho.

Carlota me ha echado la bronca.

Me ha dado un discurso sobre la posverdad.

Me ha dicho que ahora ya no importa la verdad,

sino lo que cree la gente.

Y me ha dicho que no me entero de nada.

Ha sido un poco humillante.

Bueno, pues lo siento.

No le hagas mucho caso,

ya sabes cómo es Carlota con sus discursos

cuando le da por algo.

Ya, Jorge,

los cotilleos en el bufete van en aumento.

Y, no sé,

las consecuencias van a ser graves para mí al final.

Es que no entiendo quién ha empezado todo esto,

no lo entiendo.

Rodrigo.

¿Cómo?

Que sí, que ha sido Rodrigo.

¿Y tú cómo lo sabes?

Porque me lo ha contado.

Me ha confesado que le dejó entrever a Daniel

que entre nosotros había habido algo

y supongo que el otro, que tiene la boca muy grande,

se habrá encargado de repartirlo por el bufete.

Claro.

Ahora entiendo por qué me saludó tan amablemente.

Ese tío es un imbécil.

A ver, Rodri es Rodri.

Con lo bueno y con lo malo.

Y lo que sí que me ha dicho y me ha insistido mucho

es en que él no ha contado nada.

Que si lo dejó entrever es por omisión.

Créeme, es un personaje,

pero le conozco y está diciendo la verdad.

Jorge, que me da igual,

quiero que esto acabe y ya está.

Si esto va en aumento,

las consecuencias graves serán para mí.

¿Lo entiendes? Por supuesto.

Mira, déjame, ¿vale?

Voy a acabar con esto de una vez por todas.

No sé cómo, pero se me ocurrirá algo.

Esa es la cosa, el cómo.

Bueno, confía en mí, por favor.

¿Vale?

Voy a darle esto a Martín. Muy bien.

(SUSPIRA)

¿Cómo voy a quererte a partir de ahora, papá?

Había decidido perdonarte y pasar página.

Confiaba en que pudiésemos ser una familia de verdad,

no una familia perfecta como la que quiere mamá.

Una familia en la que no hubiera secretos,

en la que pudiésemos hablar de todo

y en la que todos confiásemos en todos.

¿Y ahora qué?

Es muy fácil hablar así sin saber

sobre cosas que pertenecen al pasado,

pero las decisiones se toman en el momento.

La vida no consta de frases abstractas.

¡Muy bien, hablemos de cosas concretas!

Hablemos de Ángel, por ejemplo.

¿Por qué no me dijiste nada sabiendo que estoy enamorada de él?

Pues mira, lo hice por tu bien.

Por mi bien. Sí, sí, por tu bien.

Como tú vives en las nubes,

si te hubiera dicho que Ángel me estaba robando,

te hubiera hundido.

¿Más? ¡Sí, más aún!

Te hubiera hundido más porque tú inmediatamente

hubieras ido a decírselo a la cara.

Y él al día siguiente se hubiera largado

con tu dinero, con tus mensualidades;

con el dinero de tu futuro. ¿Lo entiendes o no?

¡No lo entiendo porque el dinero no importa!

Ah, no importa el dinero.

¿Y con qué te crees que pagué tus estudios, tu vida?

¿Con la buena voluntad?

Baja a la Tierra, Alba.

No puedo creer que digas eso.

¿Sabes cuándo se sabe que uno tiene realmente un amigo?

Cuando no tiene un duro.

Así es la vida, Alba,

aunque tú no sepas verlo.

Y yo tuve que conseguir mucho dinero

para que tú tengas la vida que tú quieres.

Basta ya de hablar de dinero. ¡Mira, soy tu padre!

Pues por eso.

Ahora tenemos que empezar de cero

porque sin confianza no hay nada entre nosotros.

Nada.

Martín, ya están los resultados.

Enhorabuena,

estás oficialmente cuerdo.

Menos mal,

ya empezaba a dudarlo.

Es el mundo el que se está volviendo loco

y no tú.

Bueno, yo creo que en el mundo

hay diferentes tipos de locura.

Cuando uno se acostumbra

a una clase de locura, aparece otra

y cuando te acostumbras a esta, ya hay una nueva.

Eso puede explicar por qué al final

en algún momento a los cuerdos

se les acaba acusando de locos. Sí.

Como en aquel manicomio que alguien colgó un cartel

en el que ponía la frase:

"No son todos los que están

ni están todos los que son".

Eso es una verdad como un templo.

Perdón. ¿Quería saber si todo estaba bien?

Sí. Y todo son buenas noticias.

Nuestro cliente está oficialmente cuerdo.

Me alegro mucho. Enhorabuena, Martín.

Gracias.

Entre nosotros, nunca ninguna mujer

me había felicitado por estar cuerdo.

Bueno, me siento muy halagada.

Nada, os dejo.

Gracias. Adiós.

Vaya, o mucho me equivoco

o creo que mi abogado

tiene un problema con forma de mujer.

¿Tanto se me nota?

Hay dos cosas que siempre me han intrigado en la vida:

qué puede haber más allá de los límites del universo

y por qué a todos los enamorados

se les pone la misma cara de pánfilos.

Bueno. Enhorabuena, Martín.

Muchas gracias.

Lo de la ludificación va de lujo.

Ya he repartido al menos cinco chapitas.

Seguro que te gano, como de costumbre.

-Tienes razón, has ganado.

-¿Cuántas chapitas llevas tú?

-Ninguna.

-¿Cómo que ninguna?

¿Ni una? ¿Cero chapita? -Cero chapitas.

-Eso no puede ser. Eso es que no lo has intentado,

no te estás esforzando. -Daniel, te equivocas.

Estoy colaborando, compitiendo y perdiendo.

En toda competición debe haber un perdedor

para que haya un ganador.

En esta sociedad son muy importantes los perdedores.

Fundamentales.

-No lo has intentado.

-Ni lo voy a intentar ni lo he intentado.

-Qué poca visión, qué ceguera. Así va el mundo

por gente como tú. ¿Qué te parece?

Lo podías intentar un poquito.

-Una cosita. ¿Me puedes explicar qué significan

esas chapitas de colores que circulan por el bufete?

¿Empezó el carnaval y no me enteré?

-No, forman parte del experimento práctico de ludificación.

"Ludi" igual a juego. -¡Ah, mira vos!

¿Y cómo funciona eso?

-Cada empleado tiene un número par o impar.

Y según el que tú tengas, compites contra los pares

y ayudas a los impares o compites con los pares

y ayudas a los impares. -Espera un cachito,

los pares compiten con los pares.

-No. En un principio pensé hacerlo así.

Pero no. Pares-impares, impares-pares.

-Una cosa, ¿a vos le entrena el enemigo?

Es del año de la corneta eso de la chapita,

es prehistórico, demasiado analógico.

-Hombre... -¡Perdón!

¿Alguien sabe que son esas chapas

que están circulando por el bufete?

Me han dicho que las repartes tú, Daniel.

-No. -No será la idiotez esa

de la ludificación. -No.

No, igual es una publi o algo. -Bien.

Mañana a primera hora

quiero el bufete libre de esas estúpidas chapas.

¿Me oyes? -Sí.

Si quieres, mando una circular.

-¿Vos me estás cargando a mí? -¿Eh?

-Me viste cara de tarada, ¿no?

Ven a mi despacho que tengo un par de cosas

que hablar con vos.

-Suerte.

Ponme un coñac, por favor.

-Madre mía,

qué carita traes.

¿A ti qué te pasa? -Nada.

-Venga, Rodri, que te conozco.

Y para que no me hagas un comentario impertinente,

algo te pasa.

¿El trabajo?

-No.

Bueno, no.

Nada.

-Venga, que no tengo todo el día. Suéltalo, ¿qué te pasa?

-Bueno, vale. Pues que...

Que parece que van diciendo por ahí calumniosamente

que yo he tenido que ver a la hora de difundir rumores

de lo que está pasando con Jorge y con Julia.

-¡Lo sabía! ¡Ja! -Que no es verdad, Olivia.

Te lo juro, no he hecho ni dicho nada.

Callar es lo único que he hecho.

Te lo juro. -Y si no has dicho nada,

¿por qué te atormenta tanto el problema?

-Porque Jorge está convencido de que sí he dicho algo

y creo que Julia también.

-¿Cómo sabes que Jorge está tan convencido?

-Porque me lo ha dicho.

-Qué fuerte. -Pues sí.

-Ya. -Mi mejor amigo que está mal,

porque está mal, está convencido

de que yo ando calumniándole.

Y no he dicho nada, de verdad.

Es que no he dicho nada.

¿A que tú me crees?

Dime que me crees.

-Ahora un poquito más.

-Oye, no te rías, estoy mal, ¿eh?

-Venga, anda. -No tengo ganas de nada.

No tengo ganas de moverme de esta barra.

-Venga, no te pongas melodramático.

Seguro que si hablas con Jorge, las cosas se solucionan.

Y siempre puedes ir a un médico y que te cosa la boquita.

O si quieres, te la puedo coser yo.

¿Te coso la boquita?

¿Te coso la boquita?

-Pienso en todos estos años,

en tantas historias Jorge y yo,

yo y Jorge. -Ya.

-Tú y yo, Olivia.

-¿Tú y yo?

Sí, no te rías, tú y yo.

-Ya.

¿Qué pasa, que Victoria hoy no está disponible o qué?

-No seas así. Sabes que en el fondo solo tengo ojitos para ti.

-Ya, sí, sí.

Es vox populi que Rodrigo es un romántico.

-Pues sí, soy un romántico.

Para fijarme en un chica tengo que estar muy enamorado.

-¿Ah, sí?

Pues yo para fijarme en ti

tengo que estar muy borracha.

-No me tortures, Olivia.

-No me aburras, Rodrigo.

Ya casi estoy. Muy bien.

¿Cómo que has cambiado de opinión?

¿Ha pasado algo?

Eh... No.

No he cambiado de opinión,

sino que Oli me ha pedido que lleguemos tarde.

Ah, vale. O sea, que estoy aquí

porque tu amiga te ha dejado plantada.

No, a ver... ¡No, no!

Es reconfortante saber que soy la segunda opción.

Podría ser peor.

Ya sabes que Oli no está muy bien

y también se merecía una noche de juerga.

Reconozco que lo de llegar tarde no me importa.

Es la idea, ¿no?

¿Y cuál es el plan?

Te voy a llevar a un sitio que te va a encantar.

Te doy una pista:

se ve toda la ciudad desde arriba.

Hola. Hola.

Hola, Jorge. ¿Qué tal?

¿Vamos? Sí.

Ay, la americana. Ah.

Bueno,

espero que no te importe que te la robe un poco.

¿Perdona?

Nada, es igual. Está bien.

No, no.

¿Se puede saber qué has querido decir con eso?

¿Con qué? Con lo que has dicho.

Es una broma y ya está.

No sé, como pasáis tanto tiempo juntos.

Esto es otra broma también.

Pero ¿qué he dicho ahora?

Héctor, escúchame una cosa.

Tú a mí no me tienes que robar nada

porque no me pertenece nadie. ¿Te queda claro?

Vale, ya está, es una forma de hablar.

Ya sé que no te pertenece ella.

Pues ya está. ¿Nos vamos?

Claro.

Hasta mañana. Adiós.

(SUSPIRA)

¿Se puede saber qué está pasando contigo?

-¿Y se puede saber por qué tengo que estar sometido

a estos interrogatorios?

-¿Qué interrogatorios?

-No, déjalo.

-Paco, llegas a cualquier hora.

Después aparece Ángel a las tantas.

Tu hija no me dice nada, tú no me dices nada.

-Nada, estuvimos hablando de un problema de trabajo.

-Ya, el trabajo. -Sí,

eso es. -Sí.

Paco, esto ya no de más de sí.

Creía que las mentiras en esta casa habían acabado.

Estoy harta de ser la última en enterarme de todo siempre.

-Tienes razón.

-¿Qué ha ocurrido, Paco?

Cuéntame.

-Ángel me ha estado chantajeando.

-¿Chantajeando con qué?

-Bueno, pues yo tenía un lío fiscal

con una empresa que estaba representando

y le pedí a Ángel que me lo solucionara,

le di unos poderes.

Y cuando tuvo los poderes,

se enteró que tenía un dinero ahorrado en una cuenta

y se lo quedó todo.

-¿Te robó?

-Ese miserable no solo se quedó con todo el dinero,

sino que me dejó en el paro para tenerme controlado.

Por eso acabé en la cárcel.

-Pero ¿cómo?

-Desde entonces me tiene en sus manos.

Dependo económicamente de él,

totalmente.

Me pasa las mensualidades para ti, para la niña y poco más.

Por eso te pedí que vendieras las naves,

para pagar la fianza porque no tengo un duro.

-No me lo puedo creer.

¿Has hablado con la niña?

-Esta mañana, sí.

Pero no quiso escucharme, está muy resentida.

-¿Cómo quieres que esté?

-Maricarmen, todo lo que he hecho, bueno o malo,

ha sido pensando en ti y en la niña.

Nunca pensé que Ángel fuera a traicionarme

ni pensé que fuera a convertirse en el novio de mi hija.

-Ángel, el yerno perfecto,

un chantajista de la peor clase.

Y yo confiando en él.

Cocinándole, invitándole a las cenas familiares.

La familia inclusiva.

Qué ingenua he sido, por Dios.

-No te preocupes,

al final todo se paga.

-Eso es lo que interesa, que pague.

Paco, ¿no se puede recuperar el dinero de esa cuenta?

Eso sí, Francisco te habrá hablado mal de mí.

¿Me puedes decir qué te han dicho?

Basta, Ángel. Necesito saber qué te han dicho.

Y yo necesito saber la verdad.

Así que en lugar de hacerme tantas preguntas,

¿por qué no me cuentas todo?

Desde el principio.

Está bien.

Está bien, te lo voy a contar.

Aquella vez que te dije

que me iba de vacaciones a un spa,

al País Vasco,

no fui.

Aquella semana fui de viaje a las Islas Caimán

a solucionar un problema de tu padre.

Estaba metido en tal lío fiscal

que no pude salvarle de la cárcel.

Eso es todo.

No,

no es todo y lo sabes. ¿No te das cuenta

de que lo hice para salvar a tu padre y protegerte a ti?

Eso no es lo que me contó él

ni lo que me contó Jesús.

Lo sabía.

Pero es su palabra contra la mía.

Alba, ¿no ves que es un hombre que te ha mentido toda tu vida?

Creo a mi hermano.

Engañaste a mi padre, le robaste

y me mentiste a mí.

Alba...

Solo te pido que abras los ojos.

Jesús ha estado repitiendo las palabras de tu padre,

unas palabras que no son ciertas, que son mentira.

Jesús jamás aceptaría la versión de nuestro padre

si no es verdad y la ha contrastado.

Si me lo ha dicho es porque es así.

Yo creo a mi hermano.

Jesús lo sabía todo,

absolutamente todo

y te lo ha ocultado durante todo este tiempo.

Que me lo ha ocultado. Sí, te lo ha ocultado.

Lo sabía todo desde un principio:

las cuentas offshore, que Francisco era tu padre

y que tú eras su hermana.

Lo sabía todo

y te lo ocultó. ¿Cómo puedes decir eso?

Alba, te estoy diciendo la verdad.

¡Basta, Ángel!

¡Alba, Alba!

¡Déjame! Alba, te quiero.

Te quiero con locura.

Te quiero.

Te juro que esto lo hago por ti. ¡Que me dejes!

Por favor,

no dejes que las mentiras de Jesús y Francisco

estropeen lo que tenemos tú y yo.

Te quiero como no he querido a nadie en mi vida.

Yo sin ti no sabría qué hacer.

¿Sabías que yo era la hija de Francisco

cuando empezamos a salir?

¿Lo sabías?

¿Lo sabías? No, no lo sabía.

¡Lo supiste siempre! Te juro que no lo sabía.

No te creo.

Ya no te quiero.

Álex, me pregunto qué le pasa a tu hermana.

¿Qué pasa con Cris? Ah, que no pasa nada, ¿no?

Que se comunique con nosotros escribiendo

es lo más normal del mundo. Ay, mamá,

son cosas de críos. Ya sabes que un día quieren una cosa

y al otro día otra. Es una niña.

Pero esos comportamiento son un poco, no sé...

Me pregunto si la hemos malcriado o algo así.

A ver, tampoco exageres.

Ya te veo fustigándote como los de "Por mi culpa".

Que no, no digo que sea culpa mía.

Pero creo que Cris

está afectada con la separación

y hace todo esto para llamar la atención o algo así.

¡Qué dices, mamá! Que sí.

Seguramente la niña necesita más cariño.

Y toda esta historia de la comunión

pues solo la utiliza para que le haga caso,

para llamar la atención.

Puede ser también que rece todos los días

para que su padre no vuelva nunca más.

Álex, por favor,

no digas eso de tu padre. ¿Qué...?

Cris está afectada con la separación.

¿Quieres que te diga lo que pienso del tema de Cris?

Sí, dime. Pienso que es una actriz excelente.

¿Qué dices? Sí, piénsalo.

¿Qué imagen tienen los niños de la comunión?

Uf, muchas cosas. No, muchas cosas no.

La fiesta y los regalos. Exacto.

La fiesta con sus helados, con sus tartas

y principalmente los regalos. Ajá.

Piensa que a la comunión vienen parientes

que no ves desde hace ni se sabe cuántos años

y vienen con muñecas, con juguetes y un montón de cosas.

Cris habrá visto a sus amigos haciendo la comunión

y habrá montado este circo para no quedarse sin la suya.

Sí, yo pensé también eso al principio, pero no.

Me parece que el asunto es un poco más serio.

Qué va.

Admítelo, Cris es una genio de la actuación.

Todos somos muy buenos actores cuando queremos algo.

¿Yo? Sí, tú también.

Pues voy a hacer también la comunión.

Ah, muy bien.

Te vas a vestir de marinerito. Pues ya no lo hago.

¡Ay!

(SUSPIRA)

A ver, Jorge, tampoco saquemos las cosas de quicio.

No estamos sacando las cosas de quicio, Berta.

Te lo digo en serio.

No sé qué me pasa, llevo una semana

que todo lo que hago la cago, no doy una.

Es normal que estés así, pero no te agobies.

Creo que se te está juntando todo y ya está.

Es que no sé qué hacer ya

para parar los rumores del bufete.

Lo único que sé es que fue Rodrigo quien los empezó

y ya he hablado con él.

¿Qué me queda?

¿Voy por el bufete poniendo la oreja

y al que pille hablando del tema le despido?

Los rumores no los vas a poder parar.

¿Qué quieres decir?

Mira, no sé lo que dijo Rodrigo,

pero es evidente que si la gente le creyó

es porque vio algo en Julia o en ti

o vio algo en Julia y en ti que confirmaban sus teorías.

No, tienes razón, la culpa es mía.

No, la culpa... La culpa es mía,

lo acabas de decir. Yo no he dicho que sea culpa tuya.

Sí es cierto que hay que ver la situación tal y como está

y ser inteligente.

Julia acaba de empezar una relación y está contenta,

feliz, enamorada.

Quizá lo mejor sería

que la dejaras volar y que mirases para otro lado.

¿Y de qué serviría que hiciera eso?

Aquí lo importante

es todo lo que he hecho en estos meses;

la actitud que he tenido,

que es lo que ha causado todo esto. A ver.

No, de verdad, piénsalo.

¿Qué he conseguido en estos meses?

¿Arruinar la relación de Julia con su exnovio?

¡No, por favor! Me metí por medio

y la confundí. Si te metiste...

La hice sentir incómoda en el trabajo.

Pero no es culpa tuya. ¿Y lo de Madison qué?

Lo de Madison estaba roto antes de venirte de Chicago.

Si también lo hice con lo nuestro.

Todo lo que he tocado en estos meses me lo he cargado,

lo he destrozado.

¿Y todo por qué? Por no asumir

que Julia y yo no vamos a estar juntos.

Por no quitarme el capricho de la cabeza,

la obsesión.

Ya está, no estamos predestinados y punto.

¿Ahora crees eso?

No creo en nada.

Pero sí sé que estoy cansado

de hacer daño a la gente.

Si es que soy un capullo, de verdad.

No eres un capullo. He tenido que llegar a esto

para darme cuenta. No eres un capullo.

Eso lo dices tú porque...

soy tu amigo y me ves con buenos ojos.

Muchas gracias por haber venido

y por aguantar esta charla.

Para eso estamos, ¿no?

Y menos mal.

Anda, ven aquí.

Um...

Ahora entiendo por qué no le hablabas a Ángel en las comidas.

Hay que recuperar ese dinero, Paco.

-No es fácil.

-Hay que hablar con la gente de esa empresa,

con Obli "Versis" o como se llame.

-Esa gente es capaz de cualquier cosa.

No se paran ante nada, ¿me oyes?

-Pues el dinero es nuestro.

Y hablando se entiende la gente.

Si quieres, hablo yo con ellos. -No, no.

De ninguna manera, Maricarmen.

La gente de Obli Services no existe.

Ni Alba ni tú las conocéis,

así debe seguir siendo.

Es mejor para todos. ¿Me oyes?

-Pues que pague Ángel.

Cada vez que pienso

que le abría la puerta a ese monstruo,

se me revuelven las tripas.

Y encima se llama Ángel, Angelito.

Hola.

Hola, hija. -Hola.

-¿Cómo ha ido?

Bien.

¿Qué ha ocurrido, cariño?

Nada.

Os dejo solas.

-Ven aquí conmigo, cariño. Siéntate.

¿Qué ha pasado, cariño?

Se ha terminado.

¿El qué?

Se acabó.

¿Has cortado con Ángel?

Sí.

Ya está, olvídate de Ángel,

de ese chulo chantajista.

Lo sabía todo, mamá.

Todo.

Déjalo, olvídate de él.

Ya está, ya pasó. Como si fuera fácil.

Ya lo sé, cariño. Pero ¿qué vas a hacer?

¿Sentir lástima de ti?

Eso es lo más fácil.

Compadecerse de una misma porque el mundo es malvado.

Hay que seguir, seguir siempre.

Prométeme que lucharás

para salir de esta con más fuerza.

Tú vales mucho, Alba,

y tienes que hacerte valer.

¿Tú crees en mí?

¿Cómo preguntas eso?

Dime, ¿tú crees en mí?

Claro. Vale.

Pues que nunca se diga

que la madre fue más valiente que la hija.

Prométeme que recordarás esto.

Te lo prometo.

Nunca lo olvidaré.

Exponer tu vida en las redes sociales

para buscar fama tiene su precio.

-Cuando acepté hacer este reportaje de fotos,

sí pensé en todos los seguidores que tendría después de ello.

No todos son comentarios negativos.

Si te fijas, hay mucha gente que te anima,

que es positivo contigo.

Además, muchos dicen que vayas a juicio,

que no le dejes así.

¿Has visto cómo está Alba? ¿Lo que has hecho

le ha servido de algo? -He sido sincero con ella.

Algo que podrías haber hecho tú si tanto te importa.

-No hay nada que me importe más que Alba.

Teníamos planes y tú los has arruinado todos.

-¿Qué vas a hacer para salir limpio de todo este lío?

-¿Crees que tengo miedo,

hijo de papá?

Que no puedes ni hablar ante un juez porque te tiembla la voz.

Eres patético.

-Podrías haber exhibido toda esta valentía

para decirle la verdad, ¿no?

Quiero irme de casa.

Pero ¿qué tonterías dices, hija?

Necesito estar sola

y alejarme de todo esto.

¿De todo esto soy yo?

Es sobre el tema de los rumores.

He pensado en hablar con todos esta tarde

y acabar con esto de una vez.

He dado pie a estos comentarios

con ciertas miradas,

ciertas actitudes

que son impropias de un jefe hacia su empleada.

Y esto lo he dicho

miles de veces.

Pero hay algo que no le he dicho

y que está generando toda esta situación.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 114

Derecho a soñar - Capítulo 114

21 jun 2019

Ángel toma por asalto la casa de Alba en un intento de evitar lo inevitable, pero Maricarmen lo saca por piernas. Más zorro, Francisco pasa de mentor a discípulo y le pregunta qué debe hacer a la pobre Carol. La estrategia inversa aplica durante el interrogatorio que le hace Alba, horrorizada ante las respuestas de su padre. Carlos le da una sorpresa a Sofía y se le aparece con un ramo de flores. Jorge estrecha su amistad con Martín Lago, quien según la pericia no está loco y según Jorge es el más cuerdo. Alba desea una confesión de Ángel, pero éste sólo quiere saber qué le dijeron Jesús y Francisco, para contragolpear. Daniel tiene una idea genial: la ludificación. Carlota no está convencida de su genialidad, hecho que desata la furia de Victoria. Julia se entera de que Rodrigo ha sido el causante de los rumores, pero el buen Rodri logra esquivar la ira femenina y convence a Olivia de compartir una velada nocturna. Asqueada, Alba le dirige a Ángel la pregunta final: “¿Sabías que yo era hija de Francisco cuando empezamos nuestra relación?”. Ángel vacila y Alba huye: se acabó. Héctor continúa sumando puntos y mantiene la calma frente a Jorge, que en su impotencia está a punto de liarse a mamporros. Alba llega destruida a su casa y Maricarmen le hace jurar la máxima fundamental: que nunca pueda decirse que su madre fue más valiente que ella.

ver más sobre "Derecho a soñar - Capítulo 114" ver menos sobre "Derecho a soñar - Capítulo 114"
Programas completos (130)

Los últimos 132 programas de Derecho a soñar

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Ana Luz

    La trama se está convirtiendo en una auténtica pesadilla para que tenga algún tipo de significado la serie, todo lleno de buenas intenciones y de sueños rotos, pero en un bucle que hace que sus personajes se repitan con sus problemas, reacciones y comportamientos. Seguramente les vendría bien algún giro del destino y empezar a desarrollar algo más la psicología del comportameinto de los personajes para que no se vuelva una serie lineal y predecible... lo siento pero eso parece que va a pasar.

    22 jun 2019